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27.11.23

Cómo se llegó a la dolarización ecuatoriana

 "Para la economía internacional el segundo quinquenio de la década de 1990 estuvo signado por la denominada crisis asiática, inaugurada en 1997 con el derrumbe del bath tailandés, a la cual siguieron las tormentas financieras en Rusia y Brasil, así como una agudización de la situación en la vecina Colombia.

Fisiología del «crack» financiero

No obstante su condición de eslabón casi perdido en la cadena del capitalismo mundial, Ecuador resintió esas conmociones por la vía del deterioro de sus exportaciones primarias (petróleo, banano, camarón, flores) y de la contracción de los flujos de inversión productiva externa. La asfixia fiscal no se hizo esperar, agudizada por las protuberancias en el servicio de la deuda externa y por los coletazos de la corriente de El Niño que, entre 1997 y 1998, devastaron la agricultura y la infraestructura de la Costa.

Este orden de factores -desequilibrios externos y fiscales- galvanizaron una situación recesiva que no tardaría en proyectarse al sector financiero, que hasta entonces había sido el principal beneficiario de un modelo económico especulativo, exacerbado por las reformas liberales y aperturistas del gobierno de Sixto Durán y el “mago” Alberto Dahik. En esencia, tal modelo consistía en privilegiar al capital financiero sobre el capital productivo y en fomentar el ingreso de capitales externos cortoplacistas -“golondrinas”- garantizándoles elevadas tasas de interés.

Cuando Mahuad juró la presidencia con su memorable discurso cosmogónico (10 de agosto de 1998), el terreno de las finanzas se encontraba minado, tanto por las tendencias económicas descritas como por las recurrentes prácticas permisivas y corruptas de la mayoría de entidades bancarias. 

Apenas dos semanas después de la posesión del mandatario demócrata cristiano, el ministro de Finanzas, Fidel Jaramillo, anunciaba la liquidación del Banco de Préstamos. En noviembre del mismo año y a pesar de un jumbo e ilegal préstamo de salvataje por 760 millones de dólares otorgado por el Banco Central, se derrumbó La Filantrópica (Grupo Isaías), supuestamente la institución financiera más poderosa y sólida del país.

El liberalismo esquizofrénico de Mahuad -Estado de bienestar para los ricos, Estado mínimo para los pobres- terminó por desnudar el descalabro económico-financiero que había incubado en Ecuador el Consenso de Washington.

Presionado por la rancia oligarquía costeña liderada por el expresidente León Febres Cordero, el gobierno mahuadista hizo aprobar en el Congreso, a fines del 98, la creación de la Agencia de Garantía de Depósitos (AGD), un instrumento de protección estatal a la banca privada. Igualmente, respaldó un proyecto de ley, promovido por el entonces diputado socialcristiano Jaime Nebot Saadi, norma que sustituyó al Impuesto a la Renta por el Impuesto a la Circulación de Capitales (ICC). La entrada en vigor de esta última ley terminó por detonar la institucionalidad financiera nacional, puesto que para eludir el nuevo tributo los banqueros y financistas nativos y extranjeros intensificaron sus operativos de descapitalización del país.

 

Similar efecto tuvo la desaprensiva decisión de Carondelet de disponer, ateniéndose a una recomendación del FMI, la flotación del tipo de cambio. Algo similar a buscar apagar el fuego con gasolina.

A resultas de las susodichas medidas, entre enero y febrero de 1999 habrían fugado al exterior unos 2 mil millones de dólares, un equivalente a la mitad de las exportaciones anuales del país. De su lado, el servicio de la deuda extenuaba el presupuesto estatal (a comienzos de ese año, el 80 ciento de los ingresos ordinarios del Fisco se destinaba al pago de ese tributo imperial, del cual se nutrían también connotados “buitres” criollos).

Esta constelación de factores tornaba inminente la “explosión” de la fragilizada economía ecuatoriana, la misma que llegó en marzo de 1999.

La Semana Negra y el desplome del sucre

La primera y simbólica víctima del colapso económico/financiero de Ecuador fue la moneda nacional. Entre el 1 y el 5 de ese mes, el sucre se desplomó desde una relación de 7 mil por dólar hasta los surrealistas niveles de 17 y 18 mil.

A propósito de evitar nuevas “corridas” de depósitos y proteger a las entidades con problemas de liquidez -particularmente al Banco del Progreso (Grupo Aspiazu)-, Mahuad decretó un feriado bancario que se extendió entre el 8 y el 12 de marzo. La reapertura del sistema se concretó ligada a un congelamiento/incautación de una gran masa de depósitos e inversiones del público, aproximadamente unos 4 mil millones de dólares.

El “corralito” ecuatoriano perjudicó inmediatamente a un estimado de dos millones de agentes económicos, pese a lo cual la mayoría de entidades financieras terminó desbarrancándose. A la quiebra del Banco del Progreso, en abril de 1999, siguieron las caídas del Banco Popular, Pacífico, La Previsora, Azuay, etc. La debacle bancaria derivó en una estatización pro capitalista del 70 por ciento del sistema financiero y en la fuga a Miami de sus principales protagonistas y responsables.

 Ni qué decir que para comenzar a equilibrar nuestros desequilibrios económico/financieros, la mano invisible del mercado dispuso el éxodo de 1.5 a 2 millones de depauperados compatriotas, especialmente a USA, España e Italia.

Además de la macro “socialización de las pérdidas” y sus inherentes tragedias humanas, el derrumbe del sistema bancario debilitó aún más las finanzas públicas al punto que, en septiembre del 99, el régimen mahuadista –en el cual el banquero Guillermo Lasso, que fungía como superministro, se vio forzado a declarar una moratoria de la deuda Brady -aproximadamente unos 6 mil millones de dólares- y a abdicar de la soberanía monetaria mediante la dolarización inconstitucional decretada el tristemente memorable 9 de enero del 2000, medida que nos convirtió en una opaca estrella de Washington y Wall Street.

 Acción y reacción. La espectacular decisión del hasta ahora prófugo Mahuad derivó en vastas movilizaciones a lo largo y ancho del país con proclamas de orden ético y nacionalista. La mayor de ellas, concertada por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador y los mandos medios de las Fuerzas Armadas, y cumplida en Quito el 21 de enero del referido año 2000, desalojó de Carondelet al mandatario “dolarizador”.

 A este evento, la prensa internacional lo identificó como “el primer golpe de Estado del siglo XXI”, en tanto que los shamanes lo bautizaron con el estético nombre de la Revolución del Arco Iris."

"René Báez: Profesor (J) de la PUCE y de la Universidad Central. Rebelión, 16/11/23)

5.10.23

Con la subida de los tipos de interés de los bancos centrales y de los préstamos, el riesgo sistémico no se ha visto alejado... Este coste récord de los préstamos en términos reales ya ha provocado una minicrisis bancaria en EE.UU., con varios bancos pequeños haciendo aguas. Y ha llevado a un grupo de gobiernos de las llamadas economías emergentes a incumplir sus obligaciones de préstamo con los acreedores, tanto estatales como privados, de las ricas economías occidentales... El nuevo riesgo que ha "surgido" es el de las instituciones financieras no bancarias (IFNB), que comprenden fondos de inversión, compañías de seguros, fondos de pensiones y otros intermediarios financieros. A veces se les llama "bancos en la sombra"... Los bancos están directamente conectados con las entidades del sector de las IFNB a través de préstamos, valores y exposiciones a derivados (Michael Roberts)

 "El coste de los préstamos para invertir o consumir está alcanzando niveles récord.  Una referencia para ello es el tipo de interés real de los bonos del Estado en todo el mundo.  Los gobiernos se consideran los prestatarios más seguros, con menos probabilidades de impago que las empresas o los particulares.  Por ello, los acreedores (o inversores en bonos) están dispuestos a pedir menos intereses por los préstamos públicos que a las empresas y los hogares.  La media mundial de los rendimientos de la deuda pública a diez años en términos reales ha subido por encima del 6% pts, algo que no se veía desde finales de los años sesenta.

La razón de estos elevados rendimientos es doble.  En primer lugar, está la propia inflación.  El aumento de la inflación en los dos últimos años significa que los acreedores quieren más intereses para cubrir la pérdida de valor real de sus compras de bonos o préstamos.  En segundo lugar, los principales bancos centrales han subido sus tipos de interés hasta niveles que no se veían desde finales de los años setenta.  Como ya se ha comentado en este blog, los bancos centrales consideran que la subida de sus tipos de interés, que fijan el suelo para todos los demás tipos de interés, acabará reduciendo la tasa de inflación hasta su objetivo arbitrario de una subida de precios del 2% anual.  Los tipos de interés de los bancos centrales se sitúan actualmente en torno al 4-5% en las principales economías, lo que repercute en los tipos de interés generales de los préstamos.  Además, parece poco probable que los principales bancos centrales reduzcan sus tipos antes de 2025.

 Este coste récord de los préstamos en términos reales ya ha provocado una minicrisis bancaria en EE.UU., con varios bancos pequeños haciendo aguas.  Y ha llevado a un grupo de gobiernos de las llamadas economías emergentes a incumplir sus obligaciones de préstamo con los acreedores, tanto estatales como privados, de las ricas economías occidentales.  Y se prevé que otros se unan a los morosos actuales.

Pero la otra consecuencia de esta "restricción de liquidez" es el creciente riesgo de un nuevo colapso de los mercados financieros, similar al colapso hipotecario y especulativo del crack financiero mundial de 2008.  Los "reguladores" financieros se están preocupando.  La Junta Europea de Riesgo Sistémico, el Banco de Pagos Internacionales y el regulador mundial de valores Iosco han advertido de los crecientes riesgos.  Refiriéndose a la pretendida mejora en la regulación de la especulación tras el crack de 2008, un responsable de la política de estabilidad financiera de aquella época de crisis afirmó: "Nunca pensamos realmente que estábamos resolviendo un problema y cuál sería la repercusión", argumentando que los reguladores están entrando ahora en una "nueva fase", en la que tienen que preguntarse "dónde ha surgido el riesgo y cómo lo afrontamos".

El nuevo riesgo que ha "surgido" es el de las instituciones financieras no bancarias (IFNB), que comprenden fondos de inversión, compañías de seguros, fondos de pensiones y otros intermediarios financieros.  A veces se les llama "bancos en la sombra".  Las IFNB representan ya el 50% de los activos de los servicios financieros mundiales y prácticamente no están reguladas.

 En la zona del euro, el crecimiento del sector de las IFNB se aceleró tras la crisis financiera mundial, duplicándose desde 2008, de 15 billones de euros a 31 billones.  La proporción del crédito concedido por las IFNB a las sociedades no financieras de la zona del euro aumentó del 15% en 2008 al 26% a finales del año pasado. En conjunto, los activos del sector de las IFNB se sitúan ahora en torno al 80% en relación con el tamaño del sector bancario.

Y aquí está el problema.  Las IFNB son propensas al riesgo de "desapalancamiento" repentino cuando los precios de los activos cambian repentinamente y se vuelven volátiles.  Esto no es nada nuevo y forma parte de la naturaleza de este tipo de capital especulativo.  Y el colapso de cualquier gran IFNB repercutirá en el sistema bancario en general.  Los ejemplos son numerosos: el colapso del fondo de cobertura Long Term Capital Management como resultado de mostró cómo la tensión financiera en una IFNB altamente apalancada puede transmitirse directamente a los grandes bancos en el corazón del sistema financiero

Los bancos están directamente conectados con las entidades del sector de las IFNB a través de préstamos, valores y exposiciones a derivados, así como a través de dependencias de financiación. Cito al BCE "La financiación de las entidades NBFI es posiblemente uno de los canales de desbordamiento más significativos desde la perspectiva del riesgo sistémico, dado que las entidades NBFI mantienen sus reservas de liquidez principalmente como depósitos en los bancos e interactúan en los mercados de repos con los bancos."

 Más recientemente, el colapso del fondo de cobertura Archegos reveló la ineficacia de la gestión de riesgos y los controles internos de los bancos, lo que permitió a las IFNB asumir posiciones excesivamente apalancadas y concentradas. Las pérdidas del desaparecido Credit Suisse vinculadas a Archegos ascendieron a 5.500 millones de dólares.  De nuevo el BCE: "Esta pérdida no sólo fue sustancial por sí misma, sino que fue un factor que contribuyó a la caída final del banco, lo que llevó a su adquisición por UBS, orquestada por el Gobierno".

Un reciente informe del Banco de Inglaterra concluía que: "los bancos en la sombra operan junto a los bancos comerciales para titulizar préstamos individuales de riesgo y producir así valores estandarizados respaldados por activos. Los inversores perciben estos valores, libres de cualquier riesgo idiosincrásico, como casi tan seguros como los depósitos bancarios tradicionales y, en consecuencia, los compran. Esto, a su vez, permite a los bancos ampliar el crédito cobrando diferenciales más bajos".

Pero luego el BoE continúa diciendo: "En periodos de tensión, sin embargo, el "casi" resulta ser crucial y la sustitución imperfecta entre valores y depósitos se hace evidente. De repente, los valores adquieren una prima más alta, suficiente para reducir la capacidad de los bancos en la sombra para participar en la titulización. Esto repercute en los bancos comerciales: al no poder ya descargar parte de su cartera al mismo precio, recurren a aumentar los diferenciales tanto para los consumidores como para las empresas".

 Esto afecta a la "economía real" porque "al dispararse los diferenciales, el crédito se encarece. Los hogares endeudados deben recortar sus compras de bienes y vivienda. Las empresas endeudadas deben reducir sus compras de capital. El empleo, el consumo y la inversión caen, provocando una recesión. Así pues, una caída de la confianza de los inversores -lo llamamos una perturbación del sentimiento del mercado- produce fuertes y positivos co-movimientos entre las principales variables macroeconómicas, las cantidades de crédito y los precios de los activos, así como movimientos contracíclicos en los diferenciales de crédito de los hogares y las empresas".  Este shock de 'sentimiento de mercado' "explica particularmente bien las dos recesiones de la Eurozona en 2009 y 2012."

En resumen, los préstamos especulativos de los "bancos en la sombra" son muy susceptibles de provocar un colapso del crédito, extendiéndose al sector bancario en general y luego a la economía real, desencadenando una crisis.  Klaas Knot, presidente del Consejo de Estabilidad Financiera, ha declarado que "si queremos llegar a un mundo en el que estas vulnerabilidades sean menores, tenemos que abordar esta cuestión", que era prioritaria porque el apalancamiento de las entidades no bancarias "puede amenazar potencialmente la estabilidad financiera".

En esencia, nada ha cambiado desde que Marx escribiera en el Volumen 3 de El Capital que: "si el sistema crediticio aparece como la principal palanca de la superproducción y la especulación excesiva en el comercio, ello se debe simplemente a que el proceso de reproducción, que es elástico por naturaleza, se ve forzado ahora a su límite más extremo.  Una crisis debe estallar inevitablemente si se retira el crédito"."             

(Michael Roberts es economista en la City de Londres, Brave New Europe, 03/10/23; traducción DEEPL)

7.7.23

¿Y qué pasa con la banca en la sombra? ¿Se puede confiar en las grandes firmas de auditoría que revisan las cuentas de los bancos? Las actividades en la sombra de los grandes bancos de la zona euro constituyen el 13% de su balance, es decir, mucho más que sus fondos propios. Esto se refiere en particular a los mayores bancos de la zona euro: BNP Paribas, Crédit agricole, Société générale, BPCE en Francia, Deutsche Bank en Alemania, ING en los Países Bajos, Santander en España y UniCredit en Italia... está claro que los bancos privados son muy frágiles porque su única preocupación es obtener las mayores ganancias posibles lo antes posible. Se esperan nuevos episodios de crisis bancarias en el futuro. Es urgente socializar todo el sector bancario (Eric Toussain)

 "(...) ¿Y qué pasa con la banca en la sombra más conocida por la expresión inglesa shadow banking?

Esta es una cuestión esencial. Las actividades financieras de la banca en la sombra se realizan principalmente en nombre de los grandes bancos por empresas financieras creadas por ellos. Estas sociedades financieras (SPV, money market funds...) no reciben depósitos, lo que les permite no estar sujetas a la reglamentación y regulación bancarias. Por lo tanto, son utilizados por los grandes bancos para escapar de las regulaciones nacionales o internacionales, en particular las del Comité de Basilea sobre fondos propios y ratios prudenciales. El shadow banking es el complemento o corolario del banco universal.

Las cantidades financieras que gestiona la banca en la sombra son mucho más voluminosas que las que aparecen en el balance de los bancos. En caso de crash en las actividades bancarias en la sombra, hay inevitablemente un efecto de contagio en la salud de los bancos. Un informe reciente 6 del Banco Central Europeo lo dice claramente. Según este estudio del BCE, las actividades en la sombra de los grandes bancos de la zona euro constituyen el 13% de su balance, es decir, mucho más que sus fondos propios. Esto se refiere en particular a los mayores bancos de la zona euro: BNP Paribas, Crédit agricole, Société générale, BPCE en Francia, Deutsche Bank en Alemania, ING en los Países Bajos, Santander en España y UniCredit en Italia.

¿Se puede confiar en las grandes firmas de auditoría que revisan las cuentas de los bancos?

A nivel mundial hay 4 grandes firmas de auditoría Deloitte, EY (Ernst & Young), KPMG, PwC (PricewaterhouseCoopers). Cada una de ellas es el resultado de múltiples fusiones de empresas, las más antiguas de las cuales se remontan a mediados del siglo XIX.

Muchos escándalos jalonan la historia de estas firmas de auditoría y los conflictos de intereses son numerosos. Sus errores son monumentales. Para tomar solo un ejemplo reciente. KPMG se encargó de auditar las cuentas de los 3 bancos estadounidenses que quebraron en marzo de 2023: Silicon Valley Bank, Signature Bank y First Republic. Ahora bien, en su informe de febrero de 2023, KPMG declaró que la situación de estos bancos y su cuenta no tenía problemas y emitió un certificado de buena salud. El Financial Times dedicó un artículo a este caso bajo el título “ KPMG es objeto de una revisión exhaustiva como principal auditor del sector bancario tras la quiebra de tres prestamistas” (“ KPMG under scrutiny as banking sector’s largest auditor after trio of lender failures”, artículo de pago publicado en línea el 3 de mayo de 2023 bajo el título “Three failed US banks had one thing in common: KPMG”).

Según el FT, ha habido un conflicto de intereses entre altos funcionarios de KPMG y funcionarios de al menos dos de los tres bancos en quiebra. Los directores generales de Signature Bank y First Republic eran antiguos altos empleados de KPMG. También está la situación de Keisha Hutchinson, que fue la principal responsable del equipo de auditoría de KPMG en Signature Bank en 2020 y que unos meses después fue reclutada por el banco como directora del departamento de evaluación de riesgos en 2021. Fue contratada para este puesto por Signature Bank apenas dos meses después de firmar el informe de auditoría de 2020 como representante de KPMG. Las reglas de la Securities and Exchange Commission (SEC), que es el principal órgano de control de los bancos en los Estados Unidos, imponen un período de reflexión de 12 meses antes de que un empleado de una firma de auditoría sea contratado por una empresa en un papel de supervisión de la información financiera. Por lo tanto, este plazo no se cumplió.

En cuanto al Silicon Valley Bank, los depositantes iniciaron un proceso judicial contra KPMG acusándola de haber permitido al Banco no declarar a los clientes la depreciación de sus activos cuando esto es lo que causó en parte la quiebra 7.

Obviamente, sería un error confiar en los boletines de salud y moralidad publicados por las principales firmas de auditoría, en particular KPMG, Deloitte, EY (Ernst & Young) y PwC (PricewaterhouseCoopers).

En cuanto a la salud del sector bancario privado, está claro que las autoridades bancarias no han establecido realmente el orden y que los bancos privados son muy frágiles porque su única preocupación es obtener las mayores ganancias posibles lo antes posible. Se esperan nuevos episodios de crisis bancarias en el futuro. Es urgente socializar todo el sector bancario8."                       (  , Viento sur, 17/Jun/2023)

3.7.23

¿Tienen EE UU y Europa los medios para hacer frente a la crisis bancaria? Los fondos propios del Credit Suisse se desvanecieron como la nieve al sol en unas semanas o incluso días... 17 mil millones de francos suizos se redujeron a cero durante el fin de semana del 18 y 19 de marzo de 2019... los depositantes norteamericanos retiraron 500 mil millones de dólares de sus cuentas en el primer trimestre de 2023 (Eric Toussain)

 "(...)  Volviendo a Estados Unidos, la FDIC, Federal Deposit Insurance Corporation (Agencia Federal de Seguros de Depósitos) creada en julio de 1933 es la agencia federal que hasta hoy tiene la responsabilidad de garantizar los depósitos en los miles de bancos que se benefician de la garantía del Estado, también se encarga de controlar la seriedad de la actividad de los bancos en cuestión.

En caso de quiebra o rescate bancario, la FDIC aprovecha sus recursos para asegurar la garantía de los depósitos. En marzo de 2023, las quiebras del Silicon Valley Bank y del Signature Bank costaron a la FDIC 20 mil millones de dólares. La quiebra de First Republic que se produjo en abril le costó a la FDIC 13 mil millones de dólares adicionales. (...)

Los recursos de la FDIC son proporcionados por los bancos que garantiza. Obviamente, estos recursos son demasiado débiles para hacer frente a nuevas quiebras, pero la FDIC no quiere reconocer que la situación es problemática. (...)

Hay que tener en cuenta también que los depositantes retiraron 500 mil millones de dólares de sus cuentas en el primer trimestre de 2023. Esta es la mayor retirada que se ha producido en los últimos 40 años. Estas retiradas masivas multiplican las posibilidades de quiebra bancaria en los Estados Unidos, ya que obligan a los bancos a proporcionar liquidez, que no tienen en cantidades suficientes para hacer frente a los riesgos que asumen, a los clientes cuando retiran su dinero. Como no tienen suficiente liquidez disponible de inmediato, los bancos a menudo tienen que vender valores con urgencia. Esta venta es regularmente sinónimo de pérdidas, que, si son demasiado grandes, provocan la quiebra porque los fondos propios son completamente insuficientes. Sin embargo, como hemos visto, una quiebra supone un recurso al FDIC, ya casi seco, para salvar al banco en cuestión. (...)

Los bancos estadounidenses, como los bancos de otros continentes, están jugando constantemente con los depósitos de sus clientes asumiendo altos riesgos para obtener el máximo beneficio a corto plazo. Los más grandes acechan a los bancos medios para comprarlos a precio de ganga y aumentar su potencia. El mayor banco estadounidense, JPMorgan, acaba de comprar First Republic.

¿Son los bancos europeos más fuertes que los de Estados Unidos?

No está nada claro. La quiebra de Credit Suisse 4 está ahí para mostrárnoslo. El Deutsche Bank, que es uno de los grandes colosos con pies de arcilla, está permanentemente al borde del precipicio. Y no es el único banco que está en esta situación.

Contrariamente a las afirmaciones de que los fondos propios de los bancos europeos son lo suficientemente altos como para hacer frente a los riesgos de pérdidas, son demasiado bajos para hacer frente a grandes pérdidas. La ponderación de los activos por el riesgo les permite mentir sobre la parte real de sus fondos propios en relación con su balance. Es un método de cálculo autorizado por el comportamiento cómplice de las autoridades encargadas de la regulación y la seguridad bancaria. Este método de cálculo permite a los bancos afirmar que la relación entre sus fondos propios y su balance es superior al 12%, cuando en realidad oscila entre el 3 y el 6% 5. Esto significa que si un banco sufre una pérdida del 3 al 6% de todo su balance, se encuentra al borde de la quiebra.

El Credit Suisse, justo antes de su quiebra en marzo de 2023, afirmaba que la relación entre sus fondos propios y su balance era del 18%. Sin embargo, sus fondos propios se desvanecieron como la nieve al sol en unas semanas o incluso días. En sus fondos propios, el Crédit Suisse incluía, con el acuerdo de la autoridad bancaria y el comité de Basilea, los famosos AT1 que ascendían a 17 mil millones de francos suizos. Se redujeron a cero durante el fin de semana del 18 y 19 de marzo de 2019. 

 En efecto, un AT1 es una obligación convertible. Los AT1 son vendidos como obligaciones por las empresas que los emiten para financiarse. Es un título de deuda para su comprador, da derecho a un interés garantizado. El interés es más alto que para un bono normal, generalmente oscila entre el 5 y el 8%. En el caso de Credit Suisse, el tipo de interés era del 8%, lo que es alto e indicaba que el comprador corría un riesgo. En efecto, estas obligaciones pueden convertirse en equities, es decir, en acciones, por lo tanto, capital de riesgo. Los AT1 son el producto de la crisis de 2008. Mientras que eran títulos de deuda, fueron aceptados por las autoridades de supervisión bancaria como parte del capital de la empresa y, por tanto, de sus fondos propios. Las autoridades lo hicieron para permitir que los bancos pudieran aumentar artificialmente sus fondos propios teniendo que intentar realizar un aumento de capital.

 ¿Está bien asegurada la garantía de los depósitos en los bancos europeos?

 Desde el punto de vista financiero, esto está lejos de ser así. También hay que tener en cuenta que no existe un fondo europeo de garantía. Cada fondo es un fondo nacional. (...)"     (  , Viento sur, 17/Jun/2023)

31.5.23

El silencio es elocuente: Suiza sigue sufriendo las consecuencias de la quiebra bancaria... El país alpino está tratando de procesar exactamente qué salió mal con Credit Suisse y qué hacer con los banqueros que lo llevaron al borde del abismo... sobre todo porque sólo han pasado 15 años desde el propio rescate público de UBS... "El contribuyente tiene que salvar un banco, donde la gente ganó mucho dinero, y ahora nadie es responsable. Esa es la sensación"... El fracaso hace "dudar de la estabilidad que siempre decimos que tiene Suiza". La estabilidad pareció desvanecerse en un fin de semana

 "En una de las plazas más ricas de Europa, dominada por la imponente sede de un enorme banco internacional que se desintegró hace apenas unas semanas, los hombres y mujeres impecablemente vestidos que entran y salen de las relucientes oficinas están presos de una omertà mafiosa.

"No conseguirá nada de nadie", dice uno de ellos con una firmeza que pretende poner fin a cualquier conversación antes incluso de que empiece. Domina el código informal del silencio. Su amigo le arrastra lejos, a través de las puertas de un segundo banco mundial, el que rescató al primero por 3.000 millones de francos suizos.

Es la Paradeplatz de Zúrich, la ciudad más grande de Suiza. Aquí se encuentra Credit Suisse, cuya quiebra en marzo, después de 167 años, podría haber desencadenado una crisis mundial si UBS no se hubiera visto obligada a intervenir y hacerse cargo. Las recriminaciones comenzaron casi de inmediato. Ahora, entre el traqueteo de los tranvías y las chocolaterías de lujo, esta plaza del siglo XVII podría rivalizar con el Vaticano en cuanto a la forma en que ha descendido la niebla del secretismo.

Si se permanece allí el tiempo suficiente, puede oírse de vez en cuando algún susurro sobre la desaparición del que fuera un gran banco. Especulaciones, nada más. Cotilleos sobre las repercusiones políticas o lo que podría ocurrir con las primas, intercambiados mientras se toma un café cargado y se echa un vistazo furtivo por la mañana temprano al Financial Times o al Neue Züricher Zeitung. Pero no con los de fuera, por supuesto, y menos aún con los que se acercan con un cuaderno de periodista en la mano.

 Es fácil reconocer a los banqueros de la capital financiera suiza: traje azul perfectamente entallado, gabardina de un solo pecho, maletín de mano (de cuero, preferiblemente). ¿Y qué hay de la desaparición de Credit Suisse? "No podemos hablar de ello", dice uno de ellos mientras toma un espresso con un colega.

Al doblar la esquina, un hombre más joven fuma detrás de la sede del banco, que sigue en pie en el extremo norte de Paradeplatz. También rechaza todas las preguntas: "Para eso tenemos las comunicaciones corporativas".
Nadie es responsable

Hay una razón para tanto silencio. El país alpino, conocido por su máxima discreción en su papel de banquero de los ricos del mundo, sigue intentando procesar exactamente qué salió mal, y qué hacer con las personas que llevaron a Credit Suisse al borde del abismo.

El público está "muy enfadado", según Tobias Straumann, catedrático de Historia Moderna y Económica de la Universidad de Zúrich, sobre todo porque sólo han pasado 15 años desde el propio rescate público de UBS.

"El contribuyente tiene que salvar un banco, donde la gente ganó mucho dinero, y ahora nadie es responsable", dijo. "Esa es la sensación".

Con las elecciones nacionales de octubre a la vuelta de la esquina, la cuestión es quién será el destinatario de esa sensación. ¿Sólo los propios banqueros? ¿Los reguladores que los vieron arder en llamas? ¿Los políticos que establecieron las normas en primer lugar? ¿Todos ellos?

El Parlamento suizo ha empezado a ejercer su autoridad, rechazando la petición del Gobierno de aprobar una línea de crédito de emergencia para respaldar la adquisición. Pero eso fue en gran medida simbólico. En junio decidirá si crea una comisión parlamentaria, que podría convocar a los implicados para interrogarlos.

 "Mi predicción sería que, a corto plazo, no va a pasar gran cosa", dijo Straumann. "Pero probablemente después de las elecciones, entonces se verá una coalición más grande que realmente haga algo".
Mercado porcino

El hecho de que algunos banqueros de Credit Suisse planeen demandar por las primas perdidas no ayudará a mejorar el ánimo de la opinión pública. Hace unos cientos de años, Paradeplatz era conocida como Säumärt - mercado de cerdos, y ahora las acusaciones de hocicos en comederos son cada vez más comunes en el discurso público.

Céline Widmer, diputada socialdemócrata suiza, ha pedido que se prohíban las primas a los banqueros y que se aumenten los requisitos de capital de las entidades crediticias para hacerlas más seguras. En su opinión, el organismo suizo de vigilancia financiera también debería tener mayores poderes sancionadores.

"Fue el comportamiento de los bancos lo que [demostró] que no son responsables", dijo sobre lo que salió mal en Credit Suisse.

Las autoridades suizas se encuentran bajo un intenso escrutinio. Aunque impidieron que la quiebra del banco desencadenara un contagio financiero más amplio, el gobierno y los reguladores se enfrentan a preguntas sobre por qué no intervinieron antes.

 Credit Suisse tenía problemas desde hacía años, pero en unos pocos días de marzo perdió rápidamente la confianza de los mercados financieros en medio del pánico generalizado por las quiebras bancarias en Estados Unidos.

Según la Ministra de Finanzas, Karin Keller-Sutter, el banco se habría quedado sin dinero sin la precipitada adquisición por UBS, ya que los clientes retiraron sus depósitos y sus acciones y los precios de los bonos se hundieron.

El Gobierno prometió asumir hasta 9.000 millones de francos de pérdidas en caso necesario y el banco central suizo ofreció 100.000 millones de francos de liquidez.

Las decisiones tomadas durante ese fin de semana crucial para la fusión -incluida la eliminación de 16.000 millones de francos de bonos de Credit Suisse por parte del organismo suizo de supervisión financiera, invirtiendo la jerarquía habitual de pérdidas en una quiebra- están siendo impugnadas judicialmente.

Esos inversores, cuyos bonos ahora no valen nada, han obtenido una victoria anticipada al forzar la publicación de un decreto de emergencia impugnado.
Un monstruo bancario

Y la vida podría complicarse para el otro banco con sede en Paradeplatz ahora que ha engullido a su rival.

"Con UBS hemos creado un monstruo", afirma Thomas Borer, antiguo embajador suizo en Alemania, que representa los intereses de los tenedores de bonos de Credit Suisse, que han sido eliminados en la absorción.

"Ahora es uno de los mayores bancos del mundo en gestión de patrimonios. No somos uno de los países más grandes del mundo. ¿Cómo debemos regularlo? En eso se centra ahora el debate".

 La investigación parlamentaria podría conducir a ese debate, e incluso los herméticos banqueros suizos están dispuestos a ello.

"Apoyamos que se lleve a cabo una revisión independiente, completa y abierta de estos hechos", declaró August Benz, subdirector ejecutivo de la Asociación Suiza de Banqueros.

La quiebra de Credit Suisse ha provocado "ciertas emociones", dijo Benz, pero espera que una investigación ayude a Suiza a elegir "las medidas adecuadas" en respuesta a la quiebra del banco. Benz rechazó la idea de que un banco mundial como UBS sea demasiado grande para el país.

"Alemania tiene un [banco sistémico mundial], Italia tiene uno, España tiene uno, [Holanda tiene uno] y Suiza parece que tendrá uno", dijo.
Se acabó la estabilidad

De vuelta a las calles de Zúrich, la sede central de Credit Suisse es un visible recordatorio de la incertidumbre provocada por su quiebra, con la mirada puesta en UBS, al otro lado de Paradeplatz.

"Es una gran institución que desaparece de repente", dice Reinhard Berger, químico de 36 años, esperando el tranvía.

A unas manzanas de distancia, Eliane Christen, ingeniera de patentes de 35 años, se muestra melancólica. El fracaso le hace "dudar de la estabilidad que siempre decimos que tiene Suiza", afirma. La estabilidad pareció desvanecerse en un fin de semana."            (Hannah Brenton , POLITICO, 26/05/23; traducción DEEPL)

10.5.23

Los culpables de las recientes crisis bancarias fueron sus directivos... sus retribuciones “estaban vinculadas a ganancias a corto plazo y rendimientos de capital que no incluían la medición del riesgo”. En otras palabras, “los gerentes tenían más incentivos financieros para centrarse en los beneficios a corto plazo que en una sólida gestión de riesgos”... son los principales causantes de las quiebras bancarias”... pero no pasa nada... El Banco Mundial estimó que entre 2007 y 2013, más de 100 bancos europeos fueron rescatados con un coste neto de las ayudas estatales de 241.000 millones de euros

 "Las recientes quiebras bancarias de los bancos Silicon Valley Bank, Signature Bank y First Republic, en Estados Unidos, y Credit Suisse, en Suiza, han vuelto a sacudir la economía de millones de ciudadanos al evidenciar su fuerte dependencia de las finanzas. En el caso de Estados Unidos ha llamado la atención el extenso y crítico informe del vicepresidente de la Reserva Federal, Michael S. Barr, sobre las causas de las crisis del 28 de abril. Un examen que no elude responsabilidades, efectuado tan solo unas semanas después de los acontecimientos que empezaron el 10 de marzo.

Barr señala dos problemas. Los directivos “pusieron las ganancias a corto plazo por encima de una efectiva gestión de riesgos” y las retribuciones de los ejecutivos “estaban vinculadas a ganancias a corto plazo y rendimientos de capital que no incluían la medición del riesgo”. En otras palabras, “los gerentes tenían más incentivos financieros para centrarse en los beneficios a corto plazo que en una sólida gestión de riesgos”.

 El historiador Stanley M. Guranlick consideraba hace pocos días en Financial Times a los ejecutivos bancarios como “los principales causantes de las quiebras bancarias”. Para remediar esta situación proponía la creación de un fondo de contingencias al que los directivos bancarios aportarían la parte de sus retribuciones que superase 20 veces el salario medio de sus empleados. Si el banco quebraba, todo el fondo se convertiría en un activo del banco quebrado para apoyar su saneamiento. Si el banco no quebraba, recibirían sus aportaciones durante su jubilación. La limitación de 20 veces el salario medio se inspiraba en una observación de JP Morgan durante el pánico financiero de 1907, que indicó que los ejecutivos que ganaban más de 20 veces el salario medio “probablemente estarían más atentos a su propia riqueza que a la salud de su empresa”.

Este periódico recordaba este fin de semana que las retribuciones del principal directivo de los dos mayores bancos españoles, Santander y BBVA, superó el año pasado en 200 veces el salario medio de sus empleados.

 Algunos analistas consideran que Europa no ha sufrido estos episodios traumáticos debido a su mejor regulación y supervisión. Conviene recordar, sin embargo, que las reparaciones bancarias han sido muchísimo más costosas en Europa que en Estados Unidos, donde recuperaron casi todas ayudas. El Banco Mundial estimó en su Global Financial Development Report 2019 /2020 que entre 2007 y 2013 más de 100 bancos europeos fueron rescatados con un coste neto de las ayudas estatales de 241.000 millones de euros. El análisis se basaba en datos de Eurostat, cuyo último informe, que incluye hasta finales de 2022, eleva la cifra del dinero público gastado en salvar bancos a 264.568 millones de euros. La mayor parte corresponde a las entidades españolas que han costado 74.228 millones de euros, el 28,57% del total. Los ciudadanos con hipotecas tienen además sus propias razones para temer al mundo financiero tras constatar las subidas del euríbor desde el 1,09% en 2022 al 3,76% el pasado abril, lo que se ha traducido en subidas de 300 euros mensuales."                (Andreu Missé, El País, 08/05/23)

8.5.23

La tercera y mayor quiebra bancaria de EE.UU. en poco más de un mes tendrá probablemente consecuencias... La primera es que JP Morgan es aún más grande que nunca. Lo de demasiado grande para quebrar es ahora un hecho. Nunca se permitirá que JP Morgan quiebre... Tampoco First Republic. Sus accionistas podrían desaparecer, pero la realidad es que, en lo que respecta a sus clientes, el banco sigue funcionando. La pretensión de que sigue existiendo un sector bancario privado en Estados Unidos, y en países como el Reino Unido, es ahora una farsa. Cuando los depositantes saben que no corren ningún riesgo al colocar fondos en cualquier lugar de los mercados financieros porque el Estado les garantiza que no perderán por muy malo que sea el banco que elijan, la idea de que existe un mercado competitivo está definitivamente acabada... Lo que sería mejor sería un reconocimiento del hecho de que la banca estadounidense no es lo que pretende ser. No es una actividad del sector privado... Utiliza capital público y la mercancía que tiene que vender se la proporciona el Estado sin coste alguno, como fue el préstamo de 50.000 millones de dólares a JP Morgan... Tiene que haber una nueva conciencia. Esta es que el gobierno es el responsable último de toda la creación de dinero. Los bancos son simplemente sus agentes

 "El pasado fin de semana se produjo la segunda mayor quiebra bancaria de la historia de Estados Unidos. Como informaba ayer el FT, el banco estadounidense First Republic fue cerrado con la participación activa de los reguladores bancarios estadounidenses, y sus depósitos de 93.500 millones de dólares y la mayoría de sus activos fueron vendidos a JPMorgan Chase. El banco recibió un préstamo federal de 50.000 millones de dólares para facilitar la operación.

El acuerdo significaba que todos los depositantes, incluidos los que superaban el límite de 250.000 dólares del seguro, conservaban el acceso a su dinero. Se calcula que la Corporación Federal de Seguros de Depósitos de EE.UU. tuvo que desembolsar 13.000 millones de dólares para financiar la operación.

La tercera y mayor quiebra bancaria de EE.UU. en poco más de un mes tendrá probablemente consecuencias.

La primera es que JP Morgan es aún más grande que nunca. Según la ley de competencia estadounidense, este acuerdo no debería haberse permitido. Hace a JP Morgan demasiado grande. Pero el pragmatismo se impuso. Demasiado grande para quebrar es ahora un hecho. Nunca se permitirá que JP Morgan quiebre.

Tampoco, en efecto, First Republic. Sus accionistas podrían desaparecer, pero la realidad es que, en lo que respecta a sus clientes, el banco sigue funcionando. La pretensión de que sigue existiendo un sector bancario privado en Estados Unidos, y en países como el Reino Unido, es ahora una farsa. Cuando los depositantes saben que no corren ningún riesgo al colocar fondos en cualquier lugar de los mercados financieros porque el Estado les garantiza que no perderán por muy malo que sea el banco que elijan, la idea de que existe un mercado competitivo está definitivamente acabada.

Otro mito que también se rompe definitivamente es la idea de que los bancos dependen de los mercados de capitales para financiarse. Lo que está claro son dos cosas. En primer lugar, JP Morgan dependía de un préstamo del gobierno para financiar esta operación. En segundo lugar, First Republic (y ahora JP Morgan) se basó en el apoyo financiero explícito del gobierno para llevar a cabo sus operaciones de toma de posesión, apoyo que ahora le ha costado al gobierno estadounidense 13.000 millones de dólares. Los bancos del Reino Unido hacen exactamente lo mismo. Aquí la garantía de los depósitos es de 85.000 libras, pero en realidad (como sabemos por la experiencia de la quiebra de Northern Rock), es ilimitada. Pretender que los bancos son algo más que una extensión del Estado ahora es bastante ridículo.

En ese caso, habría que preguntarse por qué se les permite ganar tanto dinero a costa de todos nosotros. (...)

Lo que sería mejor sería un reconocimiento del hecho de que la banca estadounidense no es lo que pretende ser. No es una actividad del sector privado. No se comporta como debería hacerlo el sector privado. Utiliza capital público y la mercancía que tiene que vender se la proporciona el Estado sin coste alguno, como fue el préstamo de 50.000 millones de dólares a JP Morgan. Hasta que no se reconozcan estos hechos, la farsa continuará y las decisiones se tomarán sobre bases erróneas, amenazándonos a todos.

Tiene que haber una nueva conciencia. Esta es que el gobierno es el responsable último de toda la creación de dinero. Los bancos son simplemente sus agentes. El cableado del sistema tiene que reflejar este hecho. Ahora no es así. Y los que se están beneficiando de la pretensión van a aferrarse a ella el mayor tiempo posible. Corresponde a los economistas heterodoxos y a los que realmente entienden de dinero dejar claro que se pueden tomar mejores decisiones. Entonces, un día, esas mejores opciones podrían ocurrir."

(Richard Murphy. Profesor de Contabilidad en la Escuela de Gestión de la Universidad de Sheffield. Brave New europe, 04/05/23; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

3.5.23

Michael Roberts: La quiebra del First Republic Bank es el último capítulo de la crisis bancaria en curso en Estados Unidos. Se trata del segundo mayor colapso bancario de la historia financiera estadounidense. Demuestra una vez más la necesidad de la propiedad pública del sistema bancario... Si los tres bancos hubieran sido nacionalizados, los 35.000 millones de dólares gastados por la FDIC para ceder los activos de estos bancos a otros más grandes podrían haberse utilizado en su lugar para reestructurarlos en bancos públicos que, con el tiempo, habrían aportado ingresos suficientes para que el gobierno (FDIC) obtuviera beneficios, no para bancos como JPMorgan... La otra lección de esta crisis es el fracaso de la regulación como alternativa a la propiedad pública. La historia de la regulación, ya sea aplicada a bancos grandes o pequeños, ha demostrado ser un fracaso total... La propiedad pública, gestionada democráticamente, acabaría con la banca como una máquina de hacer dinero derrochadora, corrupta e inestable que paga grotescos sueldos, primas y plusvalías a una pequeña camarilla de especuladores superricos... mientras, la Reserva Federal y otros bancos centrales siguen subiendo sus tipos de interés "políticos", aumentando el coste de los préstamos y restringiendo el crédito, aumentando el peligro de nuevos colapsos bancarios

 "(...) First Republic es el tercer banco que quiebra tras Silicon Valley Bank (SVB) y Signature.  En total, 47.000 millones de dólares en activos bancarios se han esfumado, y las pérdidas han sido asumidas en parte por los accionistas y tenedores de bonos de estos bancos.  Pero también ha habido un coste para los fondos públicos.  La Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC) es un organismo público financiado por las contribuciones de todos los bancos.  

El coste de organizar y financiar el coste de estas quiebras y absorciones se estima en 20.000 millones de dólares (para SVB), 13.000 millones de dólares (para First Republic) y 2.500 millones de dólares (Signature).  Así pues, aproximadamente tres cuartas partes de las pérdidas totales las asume la FDIC.  La FDIC pedirá nuevos gravámenes a los bancos, por lo que la carga acabará repartiéndose, pero a costa de reducir el crédito bancario a hogares y empresas y de aumentar los costes de los intereses.

Un banco que no va a perder es JP Morgan.  La adquisición de First Republic parece un gran negocio para JPM.  JPM paga a la FDIC 10.600 millones de dólares, a cambio de los cuales obtiene 185.000 millones de dólares en préstamos y valores que devengan intereses.  A su vez, JPM se hace cargo de los depósitos de First Republic y de los préstamos pendientes de First Republic con la Fed.  Pero la FDIC proporciona a JPM una línea de crédito de 50.000 millones de dólares a lo largo de cinco años, de modo que se cubra cualquier nueva caída de los depósitos o el impago de los préstamos de First Republic.  En otras palabras, JPM no tendrá que obtener costosos préstamos de la Fed, ya que cuenta con un préstamo especial de la FDIC en condiciones más fáciles.  Los bancos pequeños pueden preguntarse por qué el mayor banco de EE.UU. obtiene un préstamo especial barato.

JPM será ahora propietario de los activos de First Republic por 10.600 millones de dólares.  Dimon, el jefe de JPM, dice que ganará unos 500 millones de dólares al año con estos activos, lo que se merece por asumir el riesgo de las deudas de First Republic.  Pero eso es claramente una subestimación - es más probable que sea un beneficio de 1.000 millones de dólares al año a las tasas actuales de préstamos a las empresas y sobre todo la baja tasa que la FDIC ha dispuesto para que JPM pida prestado.  Eso es lo que ganó First Republic en su último trimestre.  Así que eso añadirá un 2% a los beneficios anuales de JPM. Además, ¡la FDIC ha acordado asumir el 80% de cualquier pérdida por impago de préstamos!  El precio de las acciones de JPM subió 11.000 millones de dólares en un día al conocerse la noticia.  Así que incluso el pago de JPM a la FDIC ha sido cubierto inmediatamente.

Estos colapsos bancarios ofrecen otro poderoso argumento a favor de la propiedad pública de la banca.  Si los tres bancos hubieran sido nacionalizados, los 35.000 millones de dólares gastados por la FDIC para ceder los activos de estos bancos a otros más grandes podrían haberse utilizado en su lugar para reestructurarlos en bancos públicos que, con el tiempo, habrían aportado ingresos suficientes para que el gobierno (FDIC) obtuviera beneficios, no para bancos como JPM.

La otra lección de esta crisis es el fracaso de la regulación como alternativa a la propiedad pública.  En un informe especial encargado por la Fed sobre la debacle del SVB, se culpaba a la reducción de la regulación de los bancos más pequeños bajo la administración Trump.  A la administración demócrata le gusta esa conclusión, pero el informe no aportaba ninguna prueba de que los cambios de Trump hubieran supuesto alguna diferencia a la hora de evitar el colapso de alguno de esos bancos.  La historia de la regulación, ya sea aplicada a bancos grandes o pequeños, ha demostrado ser un fracaso total.

Así que ahora hemos tenido tres quiebras bancarias, dejando a JP Morgan en una posición aún más dominante en el sector bancario, ahora con el 12% de todos los depósitos de los clientes en los EE.UU..  En la crisis financiera de 2008, el grito era que había muchos grandes bancos que eran "demasiado grandes para quebrar".  Quince años después, los grandes bancos son aún mayores, pero no demasiado grandes para quebrar, como demostró la quiebra y absorción del banco suizo Credit Suisse el mes pasado.  De hecho, es ridículo que el ahora enorme banco suizo UBS siga siendo de propiedad privada, subvencionado por el Estado, en lugar de ser de propiedad pública.

Y mientras la Reserva Federal y otros bancos centrales sigan subiendo sus tipos de interés "políticos", aumentando el coste de los préstamos y restringiendo el crédito, seguirá aumentando el peligro de nuevos colapsos bancarios.

Los argumentos a favor de la propiedad pública son abrumadores, no sólo de los bancos medianos como First Republic que tienen problemas, sino también de los grandes megabancos como JP Morgan, cada vez más convertidos en poderosos monopolios.  La propiedad pública, gestionada democráticamente, acabaría con la banca como una máquina de hacer dinero derrochadora, corrupta e inestable que paga grotescos sueldos, primas y plusvalías a una pequeña camarilla de especuladores superricos (que especulan con nuestros depósitos) y, en su lugar, la convertiría en un servicio público para sus clientes, hogares y empresas, cuyos beneficios irían a parar al conjunto del país." 
             (Michael Roberts, the next recession, 02/05/23)

5.4.23

Silicon Valley Bank: la miseria regulatoria de una clase dominante... Si hay líneas de crédito para salvar bancos, el cálculo de riesgos por parte de estos queda notablemente alterado. Si la aspirina que me cura la resaca es demasiado efectiva, es posible que en la próxima fiesta beba durante dos horas más

 "Las explicaciones sobre la crisis del Silicon Valley Bank (SVB) nos sugieren dos conclusiones: la primera, que su quiebra se debe únicamente a las malas decisiones de sus ejecutivos -sobre todo, a la de haber adquirido miles de millones de dólares en una deuda pública que recientemente ha perdido muchísimo valor-; y la segunda, que, en cualquier caso, el desangramiento ha quedado cauterizado, y que todo miedo de contagio refleja una sobrerreacción que terminará cuando caigan los títulos de crédito de este episodio piloto.  

El dinero es una promesa de pago, un acuerdo social cuya sostenibilidad depende de la confianza depositada en una serie de elementos físicos o virtuales. Dinero son las monedas y los billetes, pero también los depósitos bancarios y la deuda pública estatal. Para unos cuantos, las criptomonedas han sido dinero hasta que han dejado de serlo.  

 Como afirman lúcidamente los economistas Michael Pettis y Mathew Klein en un libro estupendo, Las guerras comerciales son guerras de clase. Cómo la desigualdad distorsiona la economía y amenaza la paz (Capitán Swing), la mayoría de los ciclos económicos más agudos han comenzado a partir de circunstancias entre las que suele destacar un cambio de definición en el dinero; dichos ciclos suelen dar lugar a una expansión económica y financiera y, a su vez, a una sensación colectiva de euforia. Galbraith afirmaba en su Historia de la euforia financiera que dicha euforia es, en suma, la ilusión de no poder equivocarse. Pero esta es siempre la música de fondo de una borrachera de crédito que con el tiempo provocará una depresiva resaca. En dicho estado de penitencia etílica todos somos iguales, pero algunos son mucho más iguales que los demás. 

El poder bancario reside en su capacidad de crear dinero de la nada, al convertir los créditos en depósitos: un préstamo de 200.000 dólares concedido a una empresa tecnológica emergente que se dedica a optimizar determinados filtros de Instagram pasa automáticamente a ser un derecho de cobro del banco -que con los años recuperará el préstamo y con ello su inversión- pero, al mismo tiempo, también un derecho del prestatario -la empresa- a disponer de un nuevo depósito por un valor de 200.000 dólares. 

 La expectativa de crecimiento en un determinado sector, como el tecnológico, incentiva la creación de más y más dinero bancario; el valor -otro consenso social- de estas startup tenderá a subir y la perspectiva de auge conducirá a más y más préstamos. 

De ahí que los bancos se configuren como entidades incentivadas para alargar y exagerar los ciclos -valores tecnológicos, hipotecas, etc.-, pero que, sin embargo, no están diseñadas para cargar con el castigo de las quiebras, pues en sus balances albergan el dinero de muchos depositantes. Los rescates de la banca pueden entenderse, por tanto, como una subvención a este comportamiento peligrosamente bipolar. El fondo de garantía de depósitos estadounidense, el FDIC, cubrirá cantidades superiores a los 250.000 dólares establecidos por ley, con lo que espera estirar el salvavidas a todos los clientes del banco SVB. 

Las instituciones financieras construidas con el paso de los siglos para hacer frente a estos asimétricos riesgos han permitido paliar los pánicos, pero han creado nuevos problemas. El objetivo final, que familias y empresas confíen en que su dinero está seguro, ha promovido comportamientos irresponsables. Si hay líneas de crédito para salvar bancos, el cálculo de riesgos por parte de estos queda notablemente alterado. Si la aspirina que me cura la resaca es demasiado efectiva, es posible que en la próxima fiesta beba durante dos horas más. La aspirina terminará haciendo coalición con la futura úlcera estomacal. 

Sorprende, por ello, que en un contexto de tipos de interés tan bajos como el vivido durante todos estos años, los reguladores no hayan previsto este tipo de desenlaces. Centrados en ganar la última guerra, como ha afirmado Gillian Tett en Financial Times, las autoridades responden antes a los riesgos identificados con el pasado que a los que exigen de un ejercicio mayor de imaginación.  

Pero hay más. Las respuestas de las autoridades pueden generar relaciones clientelares entre bancos centrales y privados, sobre todo si entre estos se producen intercambios de ejecutivos. A este respecto, el periodista Miguel Jiménez destaca en un interesante reportaje en El País cómo en el consejo de la Reserva Federal de San Francisco, supervisora del SVB, se sentaba precisamente el antiguo consejero delegado de este banco; y cómo en el del también quebrado Signature Bank había recalado precisamente Barney Frank, uno de los promotores de la ley regulatoria Dodd-Frank de 2010, posteriormente relajada.  

No es extraño que esta estructura promueva cambios que precipiten situaciones críticas. Diego Larrouy escribía este martes en ElDiario.es sobre la relación que podía establecerse entre este reciente colapso financiero y la reforma regulatoria impulsada por el gobierno de Donald Trump en 2018; y hace solo un mes, Antonio Vélez exponía en este mismo sitio cómo más de 70 altos cargos de los reguladores españoles de energía, telecomunicaciones o competencia habían pasado a puestos directivos del sector privado durante las últimas décadas. 

Nadie queda libre de una clase dominante que supera la teórica diferencia entre Estado y mercado. Dicha clase no está sujeta a los incómodos controles democráticos, ni tampoco a los consecuentes castigos que deben cobrarse los errores y negligencias más o menos conscientes. Esta élite, política y financiera, parece querer cobrarse su próxima víctima: unos bancos centrales que llevan décadas sin acertar y que se muestran impotentes, con unas criptomonedas que en los últimos días parecen jugar también el papel de moneda refugio. Afortunadamente para los ejecutivos de estas entidades hay numerosas salidas en un sector privado paradójicamente público. "                (Andrés Villena , eldiario.es, 14/03/23)

31.3.23

Michael Roberts : Crisis bancaria: ¿ha terminado todo? La Reserva Federal y el Banco Central Europeo están tranquilizando a los inversores asegurando que la crisis ha terminado... Así que todo va bien, o al menos pronto lo estará, dado el masivo apoyo de liquidez que están ofreciendo la Reserva Federal y otros organismos de crédito del gobierno estadounidense. Además, los bancos más fuertes han intervenido para comprar los bancos en quiebra... Bueno, no se acaba hasta que se acaba... los bancos estadounidenses perdieron 100.000 millones de dólares en depósitos en una semana. Desde la quiebra de SVB se han retirado 500.000 millones de dólares de los bancos pequeños para ir a los grandes... Para cubrir estas salidas y prepararse para más, los bancos estadounidenses han pedido prestados 475.000 millones a la Reserva Federal... es que las "pérdidas no realizadas" en sus libros asciende a 620.000 millones, o el 2,7% del PIB estadounidense. Ese es el golpe potencial para los bancos si se materializan estas pérdidas... Así pues, es muy posible que las actuales medidas de emergencia no sean suficientes... El dinero y las mercancías no son la misma cosa, por lo que la circulación de dinero y mercancías está intrínsecamente sujeta a ruptura. Y puede ocurrir de repente. Pero la principal causa subyacente será la caída de la rentabilidad de la inversión y la producción... Así que la crisis bancaria aún no ha terminado. De hecho, algunos sostienen que podría producirse una crisis recurrente que durase años, como ocurrió con la crisis de los préstamos y ahorros en EE.UU. (década de 1980-90)... Y si la actual crisis bancaria se convierte en sistémica, como ocurrió en 2008, habrá que "socializar" las pérdidas sufridas por la élite bancaria mediante rescates gubernamentales, lo que disparará las deudas del sector público (que ya están en máximos históricos); todo ello a expensas del resto de nosotros mediante un aumento de los impuestos y aún más austeridad en el gasto público en bienestar y servicios

 "Los precios de las acciones bancarias se han estabilizado a principios de esta semana.  Y todos los funcionarios clave de la Reserva Federal, el Tesoro estadounidense y el Banco Central Europeo están tranquilizando a los inversores asegurando que la crisis ha terminado.  La semana pasada, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, calificó el sistema bancario estadounidense de "fuerte y resistente" y afirmó que no había riesgo de un colapso bancario como en 2008-9.  La secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, afirmó que el sector bancario estadounidense se estaba "estabilizando".  El sistema bancario estadounidense es fuerte.  Al otro lado del charco, la presidenta del BCE, Lagarde, ha dicho en repetidas ocasiones a inversores y analistas que no había "ninguna disyuntiva" entre luchar contra la inflación subiendo los tipos de interés y preservar la estabilidad financiera.

Así que todo va bien, o al menos pronto lo estará, dado el masivo apoyo de liquidez que están ofreciendo la Reserva Federal y otros organismos de crédito del gobierno estadounidense.  Además, los bancos más fuertes han intervenido para comprar los bancos en quiebra (SVB o Credit Suisse) o para inyectar liquidez en los quebrados (First Republic).

¿Se ha acabado todo?  Bueno, no se acaba hasta que se acaba.  Los últimos datos de la Reserva Federal muestran que los bancos estadounidenses perdieron 100.000 millones de dólares en depósitos en una semana.  Desde que comenzó la crisis hace tres semanas, mientras que los grandes bancos estadounidenses han sumado 67.000 millones de dólares, los pequeños han perdido 120.000 millones y los bancos de propiedad extranjera 45.000 millones.

Para cubrir estas salidas y prepararse para más, los bancos estadounidenses han pedido prestados 475.000 millones de dólares a la Reserva Federal; repartidos a partes iguales entre bancos grandes y pequeños, aunque en relación con su tamaño, los bancos pequeños pidieron prestado el doble que los grandes.

Los bancos más débiles de EE.UU. llevan más de dos años perdiendo depósitos en favor de los más fuertes, pero desde la quiebra de SVB el 10 de marzo se han retirado 500.000 millones de dólares y desde que la Fed empezó a subir los tipos de interés, 600.000 millones. Todo un récord.

¿Adónde van a parar todos estos depósitos?  La mitad de los 500.000 millones de las últimas tres semanas han ido a parar a los bancos más grandes y fuertes, y la otra mitad a fondos del mercado monetario.  Lo que está ocurriendo es que los depositantes (sobre todo particulares ricos y pequeñas empresas) temen que su banco quiebre como el SVB, por lo que se decantan por los grandes bancos "más seguros".  Además, los depositantes ven que, con la subida generalizada de los tipos de interés impulsada por los bancos centrales para "luchar contra la inflación", se pueden encontrar mejores tipos de ahorro en los fondos del mercado monetario.

¿Qué son los fondos del mercado monetario?  No son bancos, sino instituciones financieras que ofrecen un tipo de interés mejor que el de los bancos.  ¿Cómo lo hacen?  No ofrecen ningún servicio bancario; los FMM son sólo vehículos de inversión que pagan tipos más altos por el efectivo.  Pueden hacerlo comprando a su vez bonos a muy corto plazo, como letras del Tesoro, que ofrecen sólo un tipo de rendimiento ligeramente superior.  Así, los FMM obtienen una pequeña ganancia de intereses, pero con cantidades enormes.  En lo que va de marzo, los fondos del mercado monetario han recibido más de 286.000 millones de dólares, lo que supone el mayor mes de entradas desde lo más profundo de la crisis de Covid-19. Aunque no se trata de un cambio masivo en relación con el tamaño del sistema bancario estadounidense (es menos del 2% de los 17,5 billones de dólares de depósitos bancarios), demuestra que los nervios siguen a flor de piel.

 Y recordemos cómo empezó todo esto.  Empezó con el cierre del Silicon Valley Bank (SVB).  Luego el banco de criptomonedas Signature Bank.  Luego otro banco First Republic tuvo que ser rescatado por un lote de grandes bancos.  Luego, en Europa, el banco Credit Suisse se derrumbó en menos de 48 horas.

La causa inmediata de estas recientes quiebras bancarias, como siempre, fue la pérdida de liquidez.  ¿Qué queremos decir con eso? Los depositantes del SVB, First Republic y Signature empezaron a retirar su efectivo a lo grande, y estos bancos no tenían el efectivo líquido para satisfacer las demandas de los depositantes.

¿Por qué? Por dos razones fundamentales. En primer lugar, gran parte del efectivo que se había depositado en estos bancos había sido reinvertido en activos por los consejos de administración de los bancos que han perdido enormemente valor en el último año aproximadamente. En segundo lugar, muchos de los depositantes de estos bancos, principalmente pequeñas empresas, se habían dado cuenta de que ya no obtenían beneficios ni financiación adicional de los inversores, pero seguían necesitando pagar sus facturas y a su personal. Así que empezaron a retirar efectivo en lugar de acumularlo.

¿Por qué perdieron valor los activos de los bancos? Todo se reduce a la subida generalizada de los tipos de interés en el sector financiero, impulsada por las medidas de la Reserva Federal de elevar brusca y rápidamente su tipo de interés básico supuestamente para controlar la inflación. ¿Cómo funciona esto?

 Bien, para ganar dinero, digamos que los bancos ofrecen a los depositantes un 2% anual de interés por sus depósitos. Deben cubrir ese interés, bien concediendo préstamos a un tipo más alto a los clientes, bien invirtiendo el efectivo de los depositantes en otros activos que devenguen un tipo de interés más alto. Los bancos pueden conseguir ese tipo más alto si compran activos financieros que paguen más intereses o que puedan vender con beneficio (pero que pueden ser más arriesgados), como bonos corporativos, hipotecarios o acciones.

Los bancos pueden comprar bonos, que son más seguros porque los bancos recuperan todo su dinero al final del vencimiento del bono, digamos cinco años. Y cada año el banco recibe un tipo de interés fijo más alto que el 2% que reciben sus depositantes. Obtiene un tipo más alto porque no puede recuperar su dinero al instante, sino que debe esperar, incluso años.

Los bonos más seguros que se pueden comprar son los del Estado, porque el Tío Sam (probablemente) no va a dejar de reembolsar el bono al cabo de cinco años. Así que los gestores del SVB pensaron que estaban siendo muy prudentes al comprar bonos del Estado. Pero aquí está el problema.

 Si usted compra un bono del Estado por 1.000 dólares que "vence" en cinco años (es decir, que recupera la totalidad de su inversión en cinco años), que paga un interés de, digamos, el 4% anual, entonces, si sus clientes de depósito reciben sólo el 2% anual, usted está ganando dinero.  Pero si la Reserva Federal sube su tipo de interés oficial un 1%, los bancos también deben subir sus tipos de depósito en consecuencia o perderán clientes. El beneficio del banco se reduce. Pero lo que es peor, el precio de su bono de 1.000 libras existente en el mercado secundario de bonos (que es como el mercado de coches de segunda mano) cae. ¿Por qué? Porque, aunque su bono del Estado sigue pagando un 4% cada año, el diferencial entre el interés de su bono y el interés del efectivo u otros activos a corto plazo se ha reducido.

Ahora, si necesita vender su bono en el mercado secundario para obtener efectivo, cualquier comprador potencial de su bono no estará dispuesto a pagar 1.000 dólares por él, sino 900 dólares. Esto se debe a que el comprador, al pagar sólo 900 dólares y seguir obteniendo el 4%, ahora puede obtener un rendimiento de intereses de 4/900 o 4,4%, lo que hace que merezca más la pena comprarlo. SVB tenía un montón de bonos que compró "a la par" (1.000 $) pero que valían menos en el mercado secundario (900 $). Así que tenía "pérdidas no realizadas" en sus libros.

 Pero, ¿qué importa eso si no tiene que venderlos? SVB puede esperar a que venzan los bonos y recuperar todo el dinero invertido más los intereses en cinco años. Pero aquí está la segunda parte del problema para SVB. Con la subida de tipos de la Reserva Federal y la ralentización de la economía hacia la recesión, sobre todo en el sector de las nuevas empresas tecnológicas en el que se especializaba SVB, sus clientes estaban perdiendo beneficios, por lo que se vieron obligados a quemar más efectivo y a reducir sus depósitos en SVB.

Al final, SVB no disponía de liquidez suficiente para hacer frente a las retiradas de fondos, sino que tenía muchos bonos que no habían vencido. Cuando esto se hizo evidente para los depositantes, los que no estaban cubiertos por el seguro de depósitos estatal (cualquier cosa por encima de 250.000 dólares) entraron en pánico y hubo una corrida contra el banco. Esto se hizo evidente cuando SVB anunció que tendría que vender gran parte de sus tenencias de bonos con pérdidas para cubrir las retiradas. Las pérdidas parecían ser tan grandes que nadie quiso poner dinero nuevo en el banco y SVB se declaró en quiebra.

 Así que la falta de liquidez se convirtió en insolvencia, como siempre ocurre. ¿Cuántas pequeñas empresas se dan cuenta de que si hubieran conseguido un poco más de su banco o de un inversor, habrían podido superar la falta de liquidez y seguir funcionando? En cambio, si no reciben más ayuda, tienen que cerrar. Eso es básicamente lo que ha ocurrido con estos bancos.

 Pero el argumento es que se trata de casos puntuales y que las autoridades monetarias han actuado con rapidez para estabilizar la situación y frenar el pánico de los depositantes.  El Gobierno, la Reserva Federal y los grandes bancos han hecho dos cosas. En primer lugar, han ofrecido fondos para satisfacer la demanda de efectivo de los depositantes. Aunque en EE.UU. los depósitos en efectivo superiores a 250.000 dólares no están cubiertos por el gobierno, éste ha renunciado a ese umbral y ha dicho que cubrirá todos los depósitos (sólo de estos bancos) como medida de emergencia.

En segundo lugar, la Reserva Federal ha creado un instrumento especial de préstamo llamado Programa de Financiación a Plazo de los Bancos, por el que los bancos pueden obtener préstamos a un año, utilizando los bonos como garantía a la par para obtener efectivo con el que hacer frente a las retiradas de los depositantes. Así, no tienen que vender sus bonos por debajo de la par. Estas medidas pretenden frenar la corrida del "pánico" contra los bancos.

 Pero aquí está el problema.  Algunos argumentan que SVB y los demás bancos son de poca monta y más bien especializados.  Por tanto, no reflejan problemas sistémicos más amplios. Pero eso hay que ponerlo en duda. En primer lugar, SVB no era un banco pequeño, ni siquiera estaba especializado en el sector tecnológico: era el decimosexto más grande de Estados Unidos y su caída fue la segunda mayor de la historia financiera estadounidense. Además, un reciente informe de la Federal Deposit Insurance Corporation muestra que SVB no es el único que tiene enormes "pérdidas no realizadas" en sus libros. El total de todos los bancos asciende actualmente a 620.000 millones de dólares, o el 2,7% del PIB estadounidense. Ese es el golpe potencial para los bancos o la economía si se materializan estas pérdidas.

De hecho, el 10% de los bancos tienen mayores pérdidas no reconocidas que las de SVB. SVB tampoco era el banco peor capitalizado, ya que el 10% de los bancos tenían una capitalización inferior a la de SVB. Según un estudio reciente, el valor de mercado de los activos del sistema bancario es inferior en 2 billones de dólares a lo que sugiere su valor contable (teniendo en cuenta las carteras de préstamos mantenidas hasta su vencimiento). El valor de mercado de los activos bancarios ha disminuido una media del 10% en todos los bancos, y el percentil 5 inferior ha experimentado un descenso del 20%. Peor aún, si la Fed sigue subiendo los tipos de interés, los precios de los bonos caerán aún más, y las pérdidas no realizadas aumentarán, y más bancos se enfrentarán a una falta de liquidez.

Así pues, es muy posible que las actuales medidas de emergencia no sean suficientes. La pretensión actual es que la liquidez adicional puede ser financiada por bancos más grandes y fuertes que se hagan cargo de los débiles y restablezcan la estabilidad financiera sin golpear a los trabajadores. Esta es la solución de mercado en la que los grandes buitres canibalizan la carroña muerta: por ejemplo, la rama británica de SVB ha sido comprada por HSBC por 1 libra esterlina. En el caso de Credit Suisse, las autoridades suizas forzaron su absorción por el banco UBS, de mayor tamaño, por un precio equivalente a una quinta parte del valor de mercado actual de CS.

Y ahí no acaban los problemas que se avecinan.  Los bancos estadounidenses están muy metidos en activos inmobiliarios comerciales (CRE), es decir, oficinas, plantas, centros comerciales, etc.  Cuando los tipos de interés eran muy bajos o incluso cercanos a cero antes de la pandemia, los bancos pequeños se llenaron de préstamos para el desarrollo inmobiliario y bonos CRE emitidos por promotores.  El endeudamiento como porcentaje de las reservas bancarias se aceleró del 25% anual al 95% anual a principios de 2023 en los bancos pequeños y al 35% en los grandes.

Pero los precios de los locales comerciales han caído en picado desde el final de la pandemia, y muchos de ellos permanecen vacíos sin percibir alquileres. Y ahora que los tipos de las hipotecas comerciales están subiendo por las subidas de la Fed y el BCE, muchos bancos se enfrentan a la posibilidad de más impagos en sus préstamos.  En las dos últimas semanas ya se han impagado préstamos por valor de 3.000 millones de dólares debido al colapso de los promotores inmobiliarios.   En febrero, Brookfield, el mayor propietario de oficinas de Los Ángeles, dejó de pagar 784 millones de dólares; en marzo, Pacific Investment Co. dejó de pagar 1.700 millones de dólares en cédulas hipotecarias y Blackstone dejó de pagar 562 millones de dólares en bonos.  Y hay 270.000 millones de dólares más de estos préstamos CRE pendientes de reembolso.  Además, estos préstamos están muy concentrados.  Los bancos pequeños poseen el 80% del total de préstamos CRE por valor de 2,3 billones de dólares.

El riesgo de los préstamos CRE aún está por llegar.  Pero afectará sobre todo a los bancos regionales, que ya están tambaleándose.  Y es una espiral viciosa.  Los impagos en el sector CRE perjudican a los bancos regionales, ya que la caída de la ocupación de oficinas y el aumento de los tipos de interés deprimen las valoraciones de las propiedades, generando pérdidas.  A su vez, los bancos regionales perjudican a los promotores inmobiliarios, ya que imponen normas de préstamo más estrictas después de la SBV.  Esto priva a los prestatarios de inmuebles comerciales de créditos a precios razonables, reduciendo sus márgenes de beneficio y aumentando los impagos.

Y el otro riesgo aún no resuelto es internacional.  La liquidación del banco internacional suizo Credit Suisse, de 167 años de antigüedad, y su adquisición forzosa por su rival UBS sólo fue posible gracias a la cancelación del valor de 18.000 millones de dólares de todos los bonos secundarios de CS en manos de fondos de cobertura, inversores privados y otros bancos de todo el mundo.  La cancelación de bonos (deuda) y, en cambio, la salvación de los accionistas de CS no tiene precedentes en el derecho financiero.  Esto ha aumentado el riesgo de poseer este tipo de bonos bancarios, a pesar de las garantías del BCE de que esto no ocurriría en la eurozona.  Como consecuencia, los inversores han empezado a preocuparse por otros bancos.  En particular, sus ojos se han centrado en los apuros del mayor banco de Alemania, Deutsche Bank, que tras lo ocurrido con Credit Suisse, ya no es demasiado grande para quebrar.

 Lo que esto demuestra es que la repetida afirmación de la presidenta del BCE, Lagarde, de que no hay "compromiso" entre la lucha contra la inflación con subidas de los tipos de interés y la estabilidad financiera, ya que los bancos luchan por mantener a los depositantes y evitar el impago de los préstamos, no tiene sentido.  De hecho, un nuevo documento de destacados académicos financieros, entre ellos el ex gobernador del Banco de la Reserva de la India, concluye que "las pruebas sugieren que la expansión y la contracción de los balances de los bancos centrales implican compensaciones entre la política monetaria y la estabilidad financiera".

La desestimación de los peligros pasados y futuros por parte de las autoridades monetarias no debería sorprender a los lectores de este blog.  El economista de la corriente dominante, Jason Furman, ha señalado que después del crack financiero mundial de 2008-9, la Fed comenzó a hacer Informes de Estabilidad Financiera regulares.  Pero como Furman señala: "La Fed pasó completamente por alto lo sucedido: ni un atisbo de preocupación". Una interpretación: incompetencia. Otra interpretación: estas cosas son difíciles aunque resulten obvias en retrospectiva".  Por ejemplo, el último informe de noviembre de 2022, el FSR "presentaba en general un panorama reconfortante del sector financiero. Y era especialmente sereno acerca de los bancos, tanto de su capital como de su propensión a las corridas".

El IEF de la Reserva Federal nunca puso a prueba los elevados tipos de interés. Y, sin embargo, cuando los tipos de interés empezaron a subir, debería haber quedado claro que los bancos tenían pérdidas a precios de mercado que no estaban contabilizando en sus carteras a vencimiento. Este riesgo se descartó en una nota a pie de página porque la Reserva Federal pensó que unos tipos de interés más altos significarían ganancias para los bancos en los ingresos netos por intereses.  Lo mismo ocurrió con el Banco Nacional Suizo y su confiada evaluación del futuro de Credit Suisse hace tan sólo unos meses.

 En cuanto a la regulación, siempre he insistido en el fracaso total de la regulación bancaria para evitar las crisis.  Como dijo un experto jurídico bancario "A raíz de la crisis de 2008, el Congreso erigió un enorme edificio legal para gobernar las instituciones financieras: la Ley Dodd-Frank. Y en el transcurso de un fin de semana vimos que todo era una costosa y despilfarradora aldea de Potemkin. ¿De qué sirve tener un enorme conjunto de regulaciones... si no se hacen cumplir? ¿Para tener límites de seguro de depósitos... si no se respetan? La Ley Dodd-Frank sigue vigente, pero sus disposiciones prudenciales están prácticamente muertas. ¿Por qué debería alguien seguir sus requisitos ahora, dado que serán ignorados en cuanto resulten inconvenientes? ¿Y por qué debería el público confiar en que está protegido si no se cumplen las normas? De hecho, ¿alguien ha mirado siquiera el plan de resolución de SVB o ha sido todo un montaje?".

"Realmente no sé cómo se puede enseñar regulación bancaria prudencial después de lo de SVB. ¿Cómo se puede enseñar a los alumnos las normas formales -supervisión, límites de exposición y concentración, pronta acción correctiva, límites de seguro de depósitos- cuando se sabe que las normas no se cumplen?".

"Las normas siempre se tiran por la ventana en las crisis financieras y luego hay mucho movimiento de dedos y nuevas normas que se siguen hasta la siguiente crisis, cuando ya no se siguen".

 Y el jefe del principal regulador financiero del mundo, Pablo Hernández de Cos, presidente del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, dijo la semana pasada: "La única forma de evitar por completo una corrida bancaria sería exigirles que mantuvieran todos sus depósitos en activos de gran liquidez, pero entonces ya no habría bancos". Lo que quiere decir es que no habría bancos cuyo objetivo fuera obtener beneficios y especular, pero sí bancos sin ánimo de lucro que prestaran un servicio público. Pero, por supuesto, eso no está en el orden del día.

Ahora parece que el quebrado Silicon Valley Bank pagó enormes primas a sus altos ejecutivos en función de la rentabilidad del banco; como resultado, los ejecutivos invirtieron en activos más arriesgados a largo plazo para aumentar la rentabilidad y así obtener mayores primas. Y eso no es todo. Justo antes de que el banco quebrara, concedió enormes préstamos a tipos favorables a altos cargos, directivos y accionistas por valor de 219 millones de dólares. Bien si lo consigues, como "iniciado".

 ¿Qué falló en SVB? El presidente de la Reserva Federal, Jay Powell, lo explicó así: "A un nivel básico, la dirección del Silicon Valley Bank fracasó estrepitosamente. Hicieron crecer el banco muy rápidamente. Expusieron al banco a un importante riesgo de liquidez y de tipos de interés. No cubrieron ese riesgo".  Pero "ahora sabemos que los supervisores vieron estos riesgos e intervinieron". ¿En serio? Si es así, ¡llegaron un poco tarde!  "Sabemos que SVB experimentó una corrida bancaria rápida y masiva sin precedentes. Se trata de un grupo muy grande de depositantes conectados, un grupo concentrado de depositantes conectados en una corrida muy, muy rápida. Más rápido de lo que los registros históricos sugerirían".  Así que la Fed fue sorprendida.

Pero no te preocupes, no volverá a ocurrir.  "Por nuestra parte, estamos haciendo una revisión de la supervisión y la regulación. Mi único interés es que identifiquemos qué falló aquí. La cuestión es cómo ha ocurrido. Qué salió mal. Intentemos encontrarlo. Lo encontraremos. Y luego evaluaremos cuáles son las políticas adecuadas para que no vuelva a ocurrir. Y luego aplicar esas políticas".

Pero esta es una explicación superficial.  Siempre habrá algún fallo en la banca.  Como explicó Marx, el capitalismo es una economía monetaria o de dinero. La producción no es para el consumo directo en el punto de uso. La producción de mercancías está destinada a la venta en un mercado para ser cambiada por dinero. Y el dinero es necesario para comprar mercancías.

El dinero y las mercancías no son la misma cosa, por lo que la circulación de dinero y mercancías está intrínsecamente sujeta a ruptura. En cualquier momento, los poseedores de efectivo pueden decidir no comprar mercancías a los precios vigentes y, en su lugar, acumularlo. Entonces, los vendedores de materias primas deben bajar los precios o incluso quebrar. Muchas cosas pueden desencadenar esta ruptura en el intercambio de dinero y mercancías, o de dinero por activos financieros como bonos o acciones - capital ficticio, lo llamó Marx. Y puede ocurrir de repente.

¿Qué falló en SVB? El presidente de la Reserva Federal, Jay Powell, lo explicó así: "A un nivel básico, la dirección del Silicon Valley Bank fracasó estrepitosamente. Hicieron crecer el banco muy rápidamente. Expusieron al banco a un importante riesgo de liquidez y de tipos de interés. No cubrieron ese riesgo".  Pero "ahora sabemos que los supervisores vieron estos riesgos e intervinieron". ¿En serio? Si es así, ¡llegaron un poco tarde!  "Sabemos que SVB experimentó una corrida bancaria rápida y masiva sin precedentes. Se trata de un grupo muy grande de depositantes conectados, un grupo concentrado de depositantes conectados en una corrida muy, muy rápida. Más rápido de lo que los registros históricos sugerirían".  Así que la Fed fue sorprendida.

Pero no te preocupes, no volverá a ocurrir.  "Por nuestra parte, estamos haciendo una revisión de la supervisión y la regulación. Mi único interés es que identifiquemos qué falló aquí. La cuestión es cómo ha ocurrido. Qué salió mal. Intentemos encontrarlo. Lo encontraremos. Y luego evaluaremos cuáles son las políticas adecuadas para que no vuelva a ocurrir. Y luego aplicar esas políticas".

Pero esta es una explicación superficial.  Siempre habrá algún fallo en la banca.  Como explicó Marx, el capitalismo es una economía monetaria o de dinero. La producción no es para el consumo directo en el punto de uso. La producción de mercancías está destinada a la venta en un mercado para ser cambiada por dinero. Y el dinero es necesario para comprar mercancías.

El dinero y las mercancías no son la misma cosa, por lo que la circulación de dinero y mercancías está intrínsecamente sujeta a ruptura. En cualquier momento, los poseedores de efectivo pueden decidir no comprar mercancías a los precios vigentes y, en su lugar, acumularlo. Entonces, los vendedores de materias primas deben bajar los precios o incluso quebrar. Muchas cosas pueden desencadenar esta ruptura en el intercambio de dinero y mercancías, o de dinero por activos financieros como bonos o acciones - capital ficticio, lo llamó Marx. Y puede ocurrir de repente.

Pero la principal causa subyacente será la sobreacumulación de capital en los sectores productivos de la economía o, en otras palabras, la caída de la rentabilidad de la inversión y la producción. Los clientes de las empresas tecnológicas en el SVB habían empezado a perder beneficios y estaban sufriendo una pérdida de financiación por parte de los llamados inversores de capital riesgo (inversores en start-ups) porque los inversores veían que los beneficios caían. Por eso las tecnológicas tuvieron que reducir sus depósitos en efectivo. Esto destruyó la liquidez de SVB y le obligó a anunciar una venta forzosa de sus activos en bonos.  Paralelamente, los tipos de interés subieron, lo que incrementó el coste de los préstamos.  Esta crisis de "liquidez" se está gestando ahora en el sector inmobiliario y en los bancos con grandes deudas en bonos.

Así que la crisis bancaria aún no ha terminado.  De hecho, algunos sostienen que podría producirse una crisis recurrente que durase años, como ocurrió con la crisis de los préstamos y ahorros en EE.UU. (década de 1980-90).

 Lo cierto es que las condiciones crediticias se están endureciendo, los préstamos bancarios se reducirán y a las empresas de los sectores productivos les resultará cada vez más difícil obtener fondos para invertir y a los hogares para comprar artículos de gran valor.  Eso va a acelerar la caída de las economías este año.  El audaz optimismo expresado antes de marzo de que se evitará la recesión resultará infundado.  Sólo la semana pasada, las propias previsiones de la Reserva Federal para el crecimiento económico de EE.UU. este año se redujeron a sólo el 0,4%, lo que, de cumplirse, significaría al menos dos trimestres de contracción a mediados de este año.

Y si la actual crisis bancaria se convierte en sistémica, como ocurrió en 2008, habrá que "socializar" las pérdidas sufridas por la élite bancaria mediante rescates gubernamentales, lo que disparará las deudas del sector público (que ya están en máximos históricos); todo ello a expensas del resto de nosotros mediante un aumento de los impuestos y aún más austeridad en el gasto público en bienestar y servicios."

( Michael Roberts es economista en la City de Londres, Brave New europe, 27/03/23, traducción DEEPL)

Lagarde ha anunciado que el BCE está dispuesto a entrar en la contradicción de hundir la economía de hogares y pymes con el alza de tipos, al tiempo que se rescata a los bancos a los que la subida les venga mal para su modelo de negocio... cuando, en el s. XXI se puede repartir el aumento de costes de manera … civilizada entre empresarios, trabajadores, contribuyentes y rentistas utilizando para ello el big data en manos de la Administración Pública (C. M. Urriza)

Carlos Martín Urriza @carlosurriza

Lagarde ha anunciado que el BCE está dispuesto a entrar en la contradicción de hundir la economía de hogares y pymes con el alza de tipos al tiempo que se rescata a los bancos a los que la subida les venga mal para su modelo de negocio.

"BCE: el arte de sorber y soplar"   (El Confidencial, 24/03/23)

El BCE sostendrá con liquidez preferente y generalizada modelos de negocio bancario insostenibles y a las empresas zombis que financian. El BCE ya facilita beneficios extraordinarios a los bancos, pagándoles a un tipo creciente la liquidez que aparcan en su facilidad de depósito.

Esto a su vez ha disminuido los beneficios de los bancos centrales del euro sistema. En el Banco de España ha provocado pérdidas por 2.000 millones; lo ha supuesto menos ingresos en los PGE y un recorte del espacio fiscal de España

Más allá de estas contradicciones, la cuestión de fondo es que el BCE combate la inflación con un martillo en la mano y todo le parece clavos. Pero en el s. XXI esto ya no va de destruir la demanda a martillazos, sino de apretar tuercas. De repartir el aumento de costes de manera

… civilizada entre empresarios, trabajadores, contribuyentes y rentistas utilizando para ello el big data en manos de la Administración Pública. Cómo hacer esto te lo contamos desde el Gabinete Económico de @CCOO aquí:

"Machete o bisturí. Las empresas no solo están trasladando toda la subida de costes energéticos y laborales a precios, además están aumentando sus márgenes a niveles nunca antes vistos y de manera casi general" (C. M. Urriza et al., eldiario.es, 04/12/22)

4:33 p. m. · 28 mar. 2023 1.926 Reproducciones

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29.3.23

La banca se encuentra en una encrucijada crucial... Janet Yellen ha hablado de que el Gobierno estadounidense ofrezca una garantía federal del 100% a todos los depositantes de los bancos más pequeños; después lo negó... La motivación de Yellen es obvia. Quiere asegurarse de que el dinero permanece en los bancos más pequeños. Sin una garantía sabe que va a fluir, con bastante rapidez, de esos bancos a los grandes. Si quiere salvar al pequeño sector bancario, no tiene más remedio que ofrecer esta garantía... Es hora de que hablemos de lo que viene a continuación... si todos los depósitos bancarios están garantizados al 100%, todo el mercado de repos deja de tener sentido. Eso acabaría con todo un sector bancario. El repo sólo existe porque no hay garantía de depósitos para las grandes empresas... también desaparece la razón para comprar, en EE.UU., bonos del Tesoro... Al fin y al cabo, los bonos del Estado no son más que depósitos a plazo fijo 100% asegurados por el Estado... ofrezca depósitos garantizados al 100% y, ¿quién querría un un bono del Tesoro estadounidense? Así que se eliminarían los mercados de deuda pública... en ese caso, ¿cuál es el papel que le queda a la banca privada? Se habrá eliminado parte de su capacidad de especulación... Todo lo que le quedaría por hacer sería la banca de inversión... No es de extrañar que Janet Yellen haya dudado en ese caso... Una garantía de depósitos del 100% podría salvar a los bancos pequeños, pero al mismo tiempo cambiaría por completo todo el modelo de banca tal y como lo conocemos... la banca seguirá funcionando sobre la base de la pretensión de que no existe una garantía de depósito del 100%, cuando en realidad todos sabemos que sí la hay, porque nunca se va a abandonar a ningún depositante bancario: el coste político de hacerlo es demasiado alto. La banca se encuentra en una enorme encrucijada

 "Janet Yellen ha hablado de que el Gobierno estadounidense ofrezca una garantía federal del 100% a todos los depositantes de los bancos estadounidenses más pequeños, que son muchos. Y ahora ha negado que se esté considerando esta posibilidad, en un movimiento que ayer hizo caer las acciones de dichos bancos, por lo que sospecho firmemente que esta garantía se hará realidad.

No se puede reflexionar sobre esta cuestión cuando se está en la posición de Yellen como Secretaria del Tesoro de EE.UU. y luego decir que se ha cambiado de opinión y no esperar una corrida contra los bancos en cuestión. Pensar en voz alta y luego decir que no era tu intención no es una opción en su posición. Así que mi suposición es que va a suceder.

La motivación de Yellen es obvia. Quiere asegurarse de que el dinero permanece en los bancos más pequeños. Sin una garantía sabe que va a fluir, con bastante rapidez, de esos bancos a JP Morgan Chase, Bank of America y similares. Si quiere salvar al pequeño sector bancario, no tiene más remedio que ofrecer esta garantía.

Pero entonces pensemos en lo que ocurrirá después. Al hacerlo, prepárense para un buen paseo.

En primer lugar, Yellen no puede ofrecer esta garantía a los pequeños bancos sin hacerlo también a los grandes. Porque a menos que ofrezca esa garantía a los depositantes de los bancos más grandes, éstos van a trasladar sus fondos a los bancos pequeños. Si Credit Suisse puede quebrar a pesar de pasar todas las pruebas de solvencia bancaria, los depositantes no están ahora de humor para confiar en nadie. Así que, al reflexionar en voz alta, Yellen ha abierto la puerta a un sistema bancario estadounidense con el 100% de los depósitos garantizados. Es el fin de la banca estadounidense tal y como la conocíamos.

Pero, antes de considerar eso ahora piense en la situación de una gran empresa en el Reino Unido que no goza de tal garantía. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que cambie sus fondos de libras esterlinas a un banco estadounidense para obtener una garantía de depósito? Y luego pregúntele lo mismo a las empresas alemanas, francesas, españolas y de otros países. Harán lo mismo.

Por supuesto, se podría argumentar que pueden utilizar repos para simular una garantía gubernamental sobre los fondos depositados, pero si manteniendo los fondos en dólares se puede tener la garantía real, ¿por qué no aceptarla? Creo que puedo garantizar esos flujos al dólar. Cinco bancos centrales incluso han creado una línea de crédito para permitirlo en la actualidad. El resultado es evidente. Uno tras otro, los gobiernos de los países van a tener que sucumbir y ofrecer garantías del 100% de los depósitos bancarios. ¿Cuánto tardarán? Es difícil saberlo, pero quizá sólo semanas.

Entonces, piénselo bien. En primer lugar, si todos los depósitos bancarios están garantizados al 100%, todo el mercado de repos deja de tener sentido. Eso acabaría con todo un sector bancario, y sería inevitable. El repo sólo existe porque no hay garantía de depósitos para las grandes empresas.

La supresión del repo también elimina una forma en la que el gobierno puede influir en los tipos de interés a corto plazo: efectivamente, uno de sus llamados acuerdos de "operaciones de mercado abierto" que se utilizan para comunicar los tipos básicos bancarios al mercado se evapora, de la noche a la mañana.

Pero entonces también desaparece otra cosa, que es la razón para comprar gilts (o en EE.UU., bonos del Tesoro). Al fin y al cabo, los bonos del Estado no son más que depósitos a plazo fijo 100% seguros en el Estado. Se pueden describir de cualquier otra forma, pero la frase anterior dice todo lo que se necesita saber, salvo el hecho de que estas cuentas de depósito se organizan de forma que se puedan negociar entre quienes deseen poseerlas. Ahora ofrezca depósitos garantizados al 100% y ¿quién querría un gilt o un bono del Tesoro estadounidense? Entonces se podría obtener toda la seguridad que se desee depositando el dinero en su lugar, y muy probablemente con una cláusula de ruptura. Así que básicamente se eliminan los mercados de deuda pública y el supuesto mecanismo de financiación que proporcionan a los gobiernos.

 Pero ahí no acaban las consecuencias. Como reconocen ahora universalmente los bancos centrales, los depósitos bancarios sólo se crean prestando dinero. Y si esos depósitos sólo existen como pasivo bancario (que es lo que son en el balance de un banco) porque hay un activo bancario correspondiente, que es una suma adelantada como préstamo al cliente, ahora hay que hacerse una pregunta sencilla. Esa pregunta es si es creíble esperar que un gobierno garantice los depósitos y no tenga ningún interés en la calidad de los préstamos que crean esos depósitos. Parece muy poco probable que esto siga siendo así durante mucho tiempo: de lo contrario, el riesgo de riesgo moral sería fuera de escala. Así pues, la regulación de los préstamos debe derivarse de la garantía del 100% de los depósitos: no tiene sentido regular sólo una parte de la transacción.

Pero en ese caso, ¿cuál es el papel que le queda a la banca privada? Su capital ha dejado de tener consecuencias porque ha sido sustituido por una garantía gubernamental. Sus depositantes no necesitan tener fe en él. Sólo les preocupa la garantía del Estado. Sus préstamos estarán regulados. Se habrá eliminado parte de su capacidad de especulación. Su capacidad de decisión sobre los tipos de interés habrá sido reducida. Todo lo que le quedaría por hacer sería la banca de inversión, y sería fácil ver cómo podría promulgarse una nueva Ley Glass Steagall, separando la banca de inversión de la captación de depósitos, para garantizar que esta división, abandonada de forma perjudicial por el presidente Clinton, pudiera volver a crearse.

 No es de extrañar que Janet Yellen haya dudado en ese caso. Quizás tampoco sea de extrañar que se haya dado cuenta del peligro de su especulación, que pronunció en voz demasiado alta como para negarla jamás. Una garantía de depósitos del 100% podría salvar a los bancos pequeños, pero al mismo tiempo cambiaría por completo todo el modelo de banca tal y como lo conocemos. Al mismo tiempo, cambiaría la forma en que los gobiernos pretenden financiarse mediante el endeudamiento. Lo que sin duda se adelantaría es la era de los depósitos de los bancos centrales, probablemente a través de cuentas digitales de los bancos centrales.

Tal vez Yellen se haya dado cuenta de esto. Quizá se haya dado cuenta de que este cambio es inevitable. Creo que probablemente lo sea. O, a menos que se reconozca que es necesario, la banca seguirá funcionando sobre la base de la pretensión de que no existe una garantía de depósito del 100%, cuando en realidad todos sabemos que sí la hay, porque nunca se va a abandonar a ningún depositante bancario: el coste político de hacerlo es demasiado alto.

La banca se encuentra en una enorme encrucijada. Es hora de que hablemos de lo que viene después."         
     

(Richard Murphy , Profesor de Contabilidad en la Escuela de Gestión de la Universidad de Sheffield. Brave New europe, 23/03/23; traducción DEEPL)