"A
primera vista, la participación de Marruecos en la propuesta fuerza
internacional de estabilización en Gaza y la extraordinaria crisis
migratoria en el enclave español de Ceuta parecen ser dos historias
separadas.
A
primera vista, la participación de Marruecos en la propuesta fuerza
internacional de estabilización en Gaza y la extraordinaria crisis
migratoria en el enclave español de Ceuta parecen ser dos historias
distintas. Una concierne a la futura estructura de seguridad de Gaza; la
otra, a la frontera de España con Marruecos.
Sin
embargo, los círculos estratégicos y analíticos chinos están examinando
si estos dos acontecimientos deben entenderse dentro de un
realineamiento regional más amplio que involucre a Estados Unidos,
Israel y Marruecos.
Esto
no significa que Pekín haya establecido una relación causal directa
entre el papel de Marruecos en Gaza y la crisis migratoria en Ceuta y
Melilla. Tampoco existen pruebas públicas que demuestren que ambos
sucesos formen parte de una operación coordinada. Más bien, la
interpretación china se centra en lo que la convergencia de estos
acontecimientos podría significar para la distribución de la influencia
en el Mediterráneo y Oriente Medio.
Desde
la perspectiva de Pekín, la cuestión importante no es simplemente el
despliegue de personal marroquí en Gaza, sino la posibilidad de que los
estados árabes se conviertan cada vez más en componentes operativos de
una arquitectura de seguridad regional respaldada por Estados Unidos e
Israel.
Ahí
es donde cobra relevancia lo que algunas evaluaciones estratégicas
chinas describen como una "extensión funcional" de la influencia
occidental.
El papel emergente de Marruecos en Gaza
Marruecos
se ha convertido en uno de los contribuyentes fundadores de la Fuerza
Internacional de Estabilización para Gaza. Un informe de las Naciones
Unidas sobre la implementación del plan para Gaza indica que Marruecos,
junto con Albania, Indonesia, Kazajistán y Kosovo, firmó la Declaración
de Contribuyentes Fundadores en febrero de 2026 y expresó su intención
de aportar tropas. El mismo informe señala que los preparativos para la
fuerza están muy avanzados y que su misión incluye la supervisión del
alto el fuego, el apoyo al desarme, la capacitación policial, la
protección de civiles y las operaciones humanitarias.
En
agosto, el asunto pasó de la planificación diplomática a un acuerdo
militar más concreto, cuando la Junta de Paz adjudicó un contrato de
construcción para un pequeño puesto militar destinado a albergar a unos
150 soldados marroquíes. La instalación proyectada se ubica en una zona
de Gaza controlada por Israel, cerca de la frontera, y está diseñada
para apoyar un despliegue rotatorio de tropas marroquíes.
Esto
es significativo porque Marruecos no solo participaría políticamente en
los acuerdos de posguerra. Su personal podría integrarse al mecanismo
de seguridad que opera sobre el terreno.
Para
Washington y sus socios, la participación de los estados árabes ofrece
una importante ventaja política. Una fuerza de estabilización integrada
por personal árabe puede brindar un grado de legitimidad regional que
sería difícil de lograr mediante una presencia militar exclusivamente
estadounidense o israelí.
Para
Israel, la participación árabe también podría reducir parte de la carga
operativa y política asociada con los acuerdos de seguridad de la
posguerra.
Para
China, sin embargo, este acontecimiento plantea una cuestión diferente:
¿representa la participación de Marruecos y otros estados árabes el
surgimiento de una nueva arquitectura de seguridad regional en la que
Washington y sus socios conservan la influencia decisiva?
Esa es la base de la interpretación china.
La teoría de la “extensión funcional”
Los
círculos estratégicos chinos ven cada vez más los acuerdos de seguridad
regional a través del prisma de la competencia entre Estados Unidos y
sus principales rivales geopolíticos.
Según
la interpretación presentada en este análisis, el papel de Marruecos en
Gaza puede entenderse como una forma de "extensión funcional":
Washington y sus socios pueden utilizar a los actores regionales para
extender el alcance y la legitimidad de una estructura de seguridad sin
depender exclusivamente de las fuerzas estadounidenses o israelíes.
La lógica es sencilla.
En
lugar de un acuerdo dominado visiblemente por Israel y Estados Unidos,
los estados árabes, como Marruecos, se convierten en participantes del
mecanismo de seguridad. Su presencia puede otorgarle al acuerdo un
carácter regional más amplio, sin dejar de operar dentro del marco
general definido por Washington y sus socios.
Por lo tanto, Pekín ve con cautela este tipo de acuerdos.
Desde
la perspectiva china, la cuestión no radica simplemente en si los
soldados marroquíes participan en Gaza. La mayor preocupación es si los
gobiernos árabes se están incorporando gradualmente a estructuras de
seguridad que refuerzan la influencia estadounidense en un momento en
que China intenta expandir su papel diplomático y económico en Oriente
Medio.
Esta interpretación también explica por qué los analistas chinos prestan especial atención a Marruecos.
Marruecos
ocupa una posición estratégicamente importante entre Europa, el norte
de África y Oriente Medio. Ha desarrollado estrechas relaciones con
Estados Unidos e Israel, al tiempo que mantiene importantes vínculos con
socios europeos y árabes.
Por lo tanto, su participación en Gaza tiene implicaciones que van más allá del propio territorio.
De
tener éxito, estos acuerdos podrían crear un modelo en el que las
potencias árabes regionales se conviertan en componentes importantes de
una nueva arquitectura de seguridad en Oriente Medio, en lugar de ser
meros participantes diplomáticos.
¿Por qué España y Ceuta entran en escena?
La segunda parte del análisis chino se refiere a España.
A
finales de julio y principios de agosto de 2026, Ceuta vivió una crisis
migratoria extraordinaria, con decenas de miles de personas que
cruzaron desde Marruecos. Las autoridades españolas se vieron
desbordadas, y la crisis generó una disputa política más amplia sobre
migración, control fronterizo y las relaciones entre España y Marruecos.
Según los informes actuales, el número de llegadas ronda las 72.000
personas, aunque las estimaciones varían.
Este
episodio también ha reavivado cuestiones de larga data sobre el estatus
políticamente delicado de Ceuta y Melilla, los dos territorios
administrados por España en la costa norte de Marruecos.
La
crisis es particularmente significativa porque se desarrolló en un
contexto de deterioro generalizado de la cohesión política europea en
materia de migración. Posteriormente, Italia y España se vieron
envueltas en una disputa diplomática sobre el control de fronteras y la
política migratoria.
Las
autoridades marroquíes han negado ser responsables de haber provocado
deliberadamente la crisis. Otras explicaciones se han centrado en la
movilización a través de las redes sociales, los cambios en los
procedimientos legales españoles y la propia dinámica de la migración
irregular. Por lo tanto, la existencia de la crisis no debe
interpretarse automáticamente como prueba de una estrategia estatal
marroquí.
No
obstante, desde una perspectiva estratégica, este episodio demuestra la
vulnerabilidad de España y de la Unión Europea en general ante una
presión repentina en sus fronteras exteriores.
Esa
vulnerabilidad es lo que hace que la crisis de Ceuta sea relevante para
los analistas chinos que examinan el panorama general del Mediterráneo.
La intervención de Israel añade otra capa.
La
situación se volvió aún más delicada políticamente después de que el
embajador de Israel ante las Naciones Unidas, Danny Danon, criticara a
España por la crisis de Ceuta y cuestionara la continua soberanía de
España sobre Ceuta y Melilla, describiéndolas como "enclaves
coloniales".
La
intervención resultó llamativa porque España ha sido uno de los
gobiernos europeos más críticos con la política israelí hacia los
palestinos.
Desde
una perspectiva estratégica china, el momento en que se utiliza esta
retórica es significativo. Constituye otro ejemplo de cómo el conflicto
de Oriente Medio puede extenderse a las disputas políticas europeas.
Al
mismo tiempo, las declaraciones de Danon no deben interpretarse
automáticamente como prueba de la política oficial israelí hacia España
ni del estatus de ambos territorios. Es importante distinguir entre la
declaración política de un diplomático y la postura oficial del
gobierno.
Para
los analistas chinos, sin embargo, este episodio ilustra un fenómeno
más amplio: el conflicto de Gaza interactúa cada vez más con disputas
políticas y de seguridad que van mucho más allá de Oriente Medio.
La cuestión de la migración marroquí
Aquí es donde comienza la parte más controvertida de la interpretación china.
Según
se informa, algunas evaluaciones estratégicas chinas analizan si la
crisis migratoria en Ceuta debería considerarse junto con la creciente
cooperación en materia de seguridad de Marruecos con Washington e
Israel.
El
argumento no es necesariamente que la crisis migratoria haya sido
organizada deliberadamente por Israel, Estados Unidos o Marruecos. Más
bien, los analistas chinos están interesados en determinar si ambos
acontecimientos podrían tener consecuencias geopolíticas que se
refuercen mutuamente.
La
participación de Marruecos en Gaza refuerza potencialmente su
importancia dentro de la emergente arquitectura de seguridad respaldada
por Estados Unidos.
Al mismo tiempo, la crisis de Ceuta ha sometido a España a una considerable presión tanto a nivel nacional como europeo.
Eso crea una situación complicada para Madrid.
España
tiene que gestionar sus relaciones con Marruecos, su posición sobre
Israel y Gaza, sus responsabilidades con la Unión Europea y el reto
práctico de controlar sus fronteras exteriores.
Desde la perspectiva de Pekín, esto ilustra lo que podría describirse como el "costo de los roles regionales".
Cuando
un país europeo se ve profundamente involucrado en las disputas
políticas y de seguridad de Oriente Medio, puede sufrir consecuencias en
otras partes de su entorno estratégico.
Una competencia más amplia entre Estados Unidos y China
El interés de China en este asunto va, en última instancia, más allá de Marruecos o España.
Pekín
observa con atención el surgimiento de un nuevo orden en Oriente Medio,
en el que Estados Unidos intenta reconstruir y reorganizar sus alianzas
tras las guerras y crisis de los últimos años.
La inclusión de los estados árabes en los acuerdos de seguridad es particularmente importante.
China
ha dedicado años a expandir su presencia económica y diplomática en
Oriente Medio mediante el comercio, la inversión en infraestructura, la
cooperación energética e iniciativas como la Iniciativa de la Franja y
la Ruta. Asimismo, ha buscado presentarse como un actor diplomático
capaz de mantener relaciones con potencias regionales rivales.
Estados
Unidos, por el contrario, conserva capacidades militares mucho mayores y
una red mucho más amplia de alianzas formales en materia de seguridad.
Por lo tanto, la competencia entre ambos modelos se está haciendo más evidente.
Washington busca mantener su influencia estratégica a través de alianzas, cooperación militar y asociaciones de seguridad.
Pekín
hace hincapié en la interdependencia económica, el compromiso
diplomático y el desarrollo, al tiempo que amplía gradualmente sus
propias relaciones de seguridad.
Por
lo tanto, Pekín puede considerar la participación de Marruecos en Gaza
como parte de una cuestión más amplia: ¿se convertirán los estados
árabes cada vez más en pilares de una arquitectura de seguridad liderada
por Estados Unidos, o conservarán suficiente autonomía estratégica para
mantener el equilibrio entre las grandes potencias?
Más allá de las teorías de la conspiración
La
convergencia de los acuerdos de estabilización de Gaza, el papel de
Marruecos, la crisis de Ceuta y las tensiones entre Israel y España
genera inevitablemente especulaciones.
Pero no hay que confundir la especulación con la evidencia.
Actualmente
no existen pruebas públicas que demuestren que la crisis migratoria en
Ceuta fue creada deliberadamente como parte de una estrategia coordinada
entre Estados Unidos, Israel y Marruecos vinculada a Gaza.
La cuestión analítica más importante es diferente.
¿Por qué los círculos estratégicos chinos están interesados en relacionar estos acontecimientos?
La respuesta reside en la estructura cambiante del poder regional.
Para
Pekín, Oriente Medio ya no es simplemente un proveedor de energía o un
escenario diplomático. Forma parte, cada vez más, de la competencia más
amplia entre sistemas internacionales y redes de seguridad rivales.
Si
Washington logra incorporar a más países árabes a un marco de seguridad
coordinado, el margen de maniobra de China podría reducirse con el
tiempo.
Si,
por otro lado, los estados árabes mantienen su autonomía estratégica y
continúan buscando el equilibrio entre Estados Unidos, China, Rusia y
otras potencias, Pekín tendrá mayores oportunidades de expandir su
influencia.
Marruecos se sitúa en una encrucijada inusualmente importante de estas dinámicas.
Su
posición geográfica conecta Europa, el norte de África y el Atlántico.
Sus relaciones con Washington e Israel le otorgan un papel en la
emergente arquitectura de seguridad de Oriente Medio, mientras que su
relación con Europa hace que los acontecimientos en torno a Ceuta y
Melilla sean estratégicamente sensibles.
Para los analistas chinos, estos no son hechos aislados.
Son
piezas de un panorama más amplio en el que se pide a los actores
regionales que elijan hasta qué punto participarán en arquitecturas de
seguridad contrapuestas.
Por
lo tanto, la fuerza de estabilización de Gaza podría convertirse en
algo más que un mecanismo para gestionar la seguridad de la posguerra.
Podría ser una prueba temprana de si los estados árabes pueden
integrarse en un nuevo orden regional respaldado por Estados Unidos,
preservando al mismo tiempo su propia autonomía estratégica.
La
crisis de Ceuta demuestra la otra cara de la moneda: los
realineamientos geopolíticos en Oriente Medio pueden tener consecuencias
que van mucho más allá de la propia región.
Para China, esa es precisamente la razón por la que Marruecos es importante.
La
cuestión ya no es simplemente quién proporcionará seguridad en la Gaza
de la posguerra. Se trata de quién configurará la red más amplia de
alianzas, asociaciones y dependencias que surja de la actual convulsión
en la región, y si Estados Unidos o China ejercerán mayor influencia
sobre ella."
(Dra. Nadia Helmy, Profesora asociada de Ciencias Políticas, Universidad de Beni Suef - Egipto. Experta en política
china, Investigadora sénior visitante en el Centro de Estudios de Oriente Medio (CMES) /
Universidad de Lund, Suecia, Other News, 12/08/26)