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15.8.22

Gustavo Petro ha llamado las cosas por su nombre: al tomar posesión como presidente de Colombia, el domingo pasado, exhortó a la despenalización internacional de los estupefacientes hoy prohibidos y a remplazar la llamada guerra contra las drogas por medidas orientadas a reducir el consumo de esas sustancias... es impostergable reconocer el fracaso rotundo de esa guerra, que ha dejado a un millón de latinoamericanos asesinados y que cada año causa la muerte por sobredosis de decenas de miles de estadounidenses... El combate al trasiego de drogas provoca dolor, muerte y descomposición institucional en América Latina pero las instituciones bancarias con sede en Wall Street, la City de Londres y otros centros financieros internacionales se hinchan de ganancias lavando cientos de miles de millones de dólares año tras año. Un caso ejemplar es el de JP Morgan, que le guardó mil millones de dólares al mafioso ruso Semion Mogilevich, acusado de narcotráfico... urge acabar con la estrategia antidrogas no porque sea un fracaso, sino porque ha sido una sangrienta y dolorosa farsa.

 "Gustavo Petro ha llamado las cosas por su nombre: al tomar posesión como presidente de Colombia, el domingo pasado, exhortó a la despenalización internacional de los estupefacientes hoy prohibidos y a remplazar la llamada guerra contra las drogas por medidas orientadas a reducir el consumo de esas sustancias. En la visión del nuevo mandatario, es impostergable reconocer el fracaso rotundo de esa guerra, que ha dejado a un millón de latinoamericanos asesinados y que cada año causa la muerte por sobredosis de decenas de miles de estadounidenses.

El posicionamiento es bienvenido en la medida en que pone en el centro del debate la catástrofe causada por la imposición en América Latina de un empecinamiento estadounidense que se originó a principios del siglo pasado y que tenía detrás intereses inconfesables. Pero las estrategias antidrogas sólo pueden considerarse fracasadas si se da por hecho que buscan y buscaron hacer frente, por medio de acciones legales, policiales y militares, al fenómeno de las adicciones. Desde otra perspectiva, tales estrategias han sido en realidad un medio para impulsar el narcotráfico, el lavado de dinero, las ganancias de los fabricantes de armas y las acciones injerencistas de Washington en el continente. Y desde ese punto de vista han resultado un éxito rotundo.

Ciertamente, el prohibicionismo cuenta con muchos partidarios que actúan de buena fe y que lo ven con toda sinceridad como una forma indispensable de mitigar el drama social de la drogadicción. Cuidar a los jóvenes, suele ser su lema, y tienen todo el derecho a creerlo. Pero la legitimidad del empeño por inducir a las naciones latinoamericanas a políticas represivas contra el narcotráfico choca frontalmente con los hechos.

Hay una polémica sobre si las plantaciones de amapola en el Pacífico mexicano se originaron o no para surtir de materia prima a la industria farmacéutica del país vecino, que debía producir morfina en grandes cantidades para aliviar los dolores de los heridos de guerra en la contienda mundial de mediados del siglo XX (https://is.gd/A9dw5H). Son hechos documentados, en cambio, la complicidad de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) con narcotraficantes laosianos y sudvietnamitas durante la guerra de agresión a Vietnam (https://is.gd/cQwb3U), así como el papel de esa misma dependencia de Washington en la promoción del paso por México de la cocaína de Colombia hacia territorio estadounidense (https://is.gd/IexmIb) a fin de allegarse de los fondos que el Congreso le había negado a la administración de Ronald Reagan para adquirir armas destinadas a la contra nicaragüense.

También está probado que la agencia estadounidense antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés) lavó dinero para el cártel de Sinaloa (https://is.gd/VsLPC6) y que la oficina de control de alcohol, tabaco y armas de fuego (ATF, por sus siglas en inglés) conspiró para surtir a esa misma organización con miles de fusiles de alto poder (https://is.gd/fjO8wq). También son hechos conocidos que el cultivo de amapola en Afganistán, que había sido severamente reducida por el primer régimen talibán (1996-2001), pasó de 8 mil a 224 mil hectáreas en las dos décadas que duró la ocupación estadounidense (https://is.gd/Juvo8L) de ese país (2001-20).

El combate al trasiego de drogas provoca dolor, muerte y descomposición institucional en América Latina pero las instituciones bancarias con sede en Wall Street, la City de Londres y otros centros financieros internacionales se hinchan de ganancias lavando cientos de miles de millones de dólares año tras año. Un caso ejemplar es el de JP Morgan, que le guardó mil millones de dólares al mafioso ruso Semion Mogilevich, acusado de narcotráfico, mientras la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) lo tenía entre su lista de los prófugos más buscados. Más escandalosa es la historia de Wachovia, una entidad financiera propiedad de Wells Fargo con sede en Charlotte, Carolina del Norte, que lavó 378 mil millones de dólares a diversos cárteles mexicanos; cuando las autoridades del país vecino descubrieron el asunto, le impusieron una multa de 110 millones de dólares, equivalente a menos de 1 por ciento de las ganancias obtenidas por la empresa con tales operaciones (https://is.gd/IvTNeo).

Por lo demás, la guerra contra el narcotráfico le ha aportado a Estados Unidos enormes beneficios para su industria armamentista y grandes márgenes para intervenir en los asuntos internos de los países a los que se ha impuesto esa estrategia, particularmente Colombia y México: mediante pactos como el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida, gobiernos entreguistas y oligárquicos de estas dos naciones pusieron buena parte de su seguridad nacional en manos de dependencias de Washington.

Hay muchas otras consideraciones por las cuales resulta imperativo poner fin a la estrategia antidrogas, sacar el problema de los estupefacientes del ámbito de la seguridad pública al de la salud pública. Pero sobre todo, urge acabar con ella no porque sea un fracaso, sino porque ha sido una sangrienta y dolorosa farsa."                  (Pedro Miguel, La Jornada, 12/08/22)

22.10.21

Los capos de la CIA, los gánsteres Talibán y la droga afgana... La participación de EEUU en el negocio mundial de la droga empieza durante la Segunda Guerra Mundial y le convierte en el primer país del mundo en el uso sistemático del opio para fines políticos... En Nueva York y Chicago pacta con las mafias china e italiana con el objetivo de parar el avance de las fuerzas marxistas en Italia, Francia y China... En el sudeste de Asia, utiliza la estructura de tráfico de opio creada por el colonialismo francés en Indochina y, uniendo a las mafias de Laos, Tailandia y Birmania, forma el Triángulo de Oro de opio para destruir al recién fundado estado socialista chino... En 1980, George Bush padre, director de la CIA, paga Manuel Noriega, un narcotraficante panameño, con el dinero de la cocaína colombiana por sus servicios en la lucha contra el sandinismo nicaragüense... La Agencia convertirá a los jefes tribales afganos en barones narcotraficantes quienes tejerán una red de laboratorios de heroína a lo largo de la frontera afgano-pakistaní, abasteciendo en 1984 el 60% del mercado estadounidense y el 80% del europeo... ¿O alguien ha pensado que abastecer un mercado con cientos de millones de clientes en el mundo era cosa de unos barbudos prehistóricos? La tranquilidad también vuelve a los bancos que temían quedarse sin la liquidez generada por el blanqueo del dinero del narcotráfico

 "Afganistán ya no será un país de cultivo de opio", afirma el portavoz talibán Zabihullah Mujahid, esperando el aplauso de los ingenuos -que piensan que una organización criminal puede dejar de serlo-, y el de los políticos hipócritas extranjeros, que desesperados esperan reconocer el nuevo totalitarismo islámico instalado por EEUU. 

Lo que buscan los caudillos del opio afganos, que jamás renunciarán a ese "oro marrón" que abastece el 83% del mercado mundial y generó en 2020 cerca de 1,6 mil millones de dólares, en realidad, es:

- Chantajear a las naciones afectadas por la sustancia asesina, y añadir a sus billonarias ganancias del comercio de opio y heroína la financiación extranjera que recibirán bajo el pretexto de "contribución al cultivo de arroz".

- Insinuar que "han cambiado a mejor", e incluso respetarán los derechos de la mujer y las minorías étnicas, eso sí, dentro del marco del islam (o sea, que seguirán sin derechos). Es otra farsa: "Talibán" ya es el sinónimo de barbarie, crueldad, subdesarrollo y falta del más mínimo escrúpulo moral y ético. ¡Tendrán que cambiar de nombre!

- Empujar los precios del opio en los mercados mundiales que temen escasez de la mercancía. De hecho, el caos en el país, el cierre de las fronteras y la propia toma del poder por este cartel de droga han elevado el precio del opio a nivel mundial.

Opio: de alucinógeno al medio del control

Han pasado 5400 años desde que los sumerios descubrieron Hul Gil, "la planta del placer", quemando sus semillas al fuego para entrar en el trance. Siglos después, la fruta de la adormidera se codeaba con el ajo en la medicina natural, y bajo el nombre griego de Theriac, "antídoto", viajaba por toda Asia a través de la Ruta de la Seda. Ya entonces se conocían los efectos perturbadores de las drogas, como el hachís, sobre la mente humana: así pudo El Viejo de Alamut Hasan Sabbah, el guerrillero iraní del siglo XI, poner en jaque a los califas y sultanes de la región con miles de adeptos "suicidas", previamente drogados (salvando distancias, la CIA lanzó en los años cincuenta el Proyecto Bluebird para "mejorar sus métodos de interrogatorio", usando sustancias químicas como LSD para manipular el comportamiento de sus presas).

Pero, es en el siglo XVII, y a mano de la Compañía Británica de las Indias Orientales, cuando el opio se convierte en un producto de consumo de masas y un gigantesco negocio transfronterizo, contaminando todo Oriente y sobre todo a China.

Y habrá más momentos históricos en la vida de esta amapola:

- En 1680, el médico británico Thomas Sydenham logra fabricar pastillas analgésicas de la sustancia marrón.

- En 1803 se extrae la morfina del opio, y se la llama "la medicina de Dios", la "heroína". Así, los laboratorios se convertirán en otro cliente-adicto de Theriac.

 La CIA y la narcopolítica

La participación de EEUU en el negocio mundial de la droga empieza durante la Segunda Guerra Mundial y le convierte en el primer país del mundo en el uso sistemático del opio para fines políticos; lo hace desde varios puntos del globo:

- En Nueva York y Chicago pacta con las mafias china e italiana (dedicadas al narcotráfico y la industria de prostitución tras la prohibición del alcohol), que también estaban conectadas con los delincuentes corsos en Marsella, con el objetivo de parar el avance de las fuerzas marxistas en Italia, Francia y China, a cambio de permitirles importar heroína a EEUU.

- En el sudeste de Asia, utiliza la estructura de tráfico de opio creada por el colonialismo francés en Indochina y, uniendo a las mafias de Laos, Tailandia y Birmania, forma el Triángulo de Oro de opio para destruir al recién fundado estado socialista chino que declara la guerra a los Señores de Tharyac. La organización producirá el 70% del opio y la heroína del planeta, y a cambio de su cooperación anticomunista, la CIA exportará su mercancía al mismísimo suelo de la patria, utilizando los vuelos chárter de Air América. Con este mismo fin, ficha al grupo anticomunista de delincuencia japonesa Yakuza, "los intocables", echándoles una mano en el tráfico de metanfetamina. Más adelante, los 30.000 soldados estadounidenses que regresarán vivos (pero adictos) a "casa" de la guerra contra Vietnam serán simples "daños colaterales" del crimen organizado (como banqueros y fabricantes de armas) instalado en Washington. La catástrofe sanitaria es tal que en 1973 el presidente Nixon ordena crear la Administración para el Control de Drogas (DEA). Serán los programas de agricultura alternativa del gobierno chino los que desmantelan el Triángulo Dorado.

- En la década de 1980, George Bush padre, director de la Agencia, paga unos 110.000 dólares al agente de la CIA, Manuel Noriega, un narcotraficante panameño, con el dinero de la cocaína colombiana por sus servicios en la lucha contra el sandinismo nicaragüense. Y como "Roma no paga a los traidores", le secuestraron y encerraron durante 17 años en una mazmorra de Miami.

 - En Asia Central se diseña la Medialuna Dorada de opio, compuesta por Afganistán, Pakistán e Irán; y con sus ganancias financia a las fuerzas reaccionarias islamistas, incluidas su ejército de yihadistas (chiitas y sunnitas), alias Al Qaeda, alias Muyahedines (¡los mismos "leones de Panjshir"!), alias Estado Islámico, etc.

El cartel CIA-Talibán

"No creo que tengamos que disculparnos por esto. (...) Hubo consecuencias en términos de drogas, sí. Pero el objetivo principal se cumplió. Los soviéticos abandonaron Afganistán", confiesa Charles Cogan, ex director de las operaciones de la CIA, acerca de la santa alianza anticomunista de EEUU con los Muyahedines. Entre 1986 y 1992, unos 100.000 hombres fueron entrenados para el oficio de terrorista en Pakistán y EEUU por la CIA y el MI6 británico, y enviados a Afganistán con el fin de desmantelar su recién instalado estado socialista -convirtiendo las amapolas en granadas, bombas o veneno para contaminar el agua de las escuelas de niñas- y cercar a la Unión Soviética desde Asia Central.

 La Agencia convertirá a los jefes tribales en barones narcotraficantes y, después, a señores de guerra,  de heroína a lo largo de la frontera afgano-pakistaní,  abasteciendo en 1984 el 60% del mercado estadounidense y el 80% del europeo. Al convertir el opio crudo a la morfina o heroína reducen su tamaño, aumentando los beneficios: de una tonelada de opio se obtienen 100 kilos de heroína pura, que luego se adulterará y engordará aún más las cuentas bancarias de criminales de cuello blanco que ni fuman cigarros.

Así, los camiones que transportaban armas de la CIA a Helmand regresaban a Pakistán cargados de opio y escoltados por los militares pakistaníes, lo que en la jerga inglesa se llama "hacer un backhaul". El negocio de droga requiere la misma protección militar que el petróleo.

En el propio Pakistán, donde la heroína era desconocida, en 1985 habrá 1,3 millones de personas adictas. Con los Muyahedines y los talibanes, que ofrecen protección gubernamental a la producción del opio, los cárteles internacionales harán su agosto, hasta que debido a la brutal hambruna que provoca la sequía del 2000, los Talibán se ven obligados a prohibir el cultivo de la adormidera para a cambio recibir la ayuda internacional; decisión que bajará hasta el 94% la producción y provocará graves tensiones en el mercado mundial de la droga. 

Este sin duda es uno de los motivos de la ocupación directa del país por EEUU en 2001: sigue financiando a cientos de miles de mercenarios por todo el mundo y en múltiples guerras y sólo podrá hacerlo con este tipo de negocios. Los mercados se recuperan. La invasión, además de restaurar el comercio del opio, lo expande. En EEUU se dispara la adicción a la heroína: habrá, en pocos años, otros 3,8 millones de consumidores.

En 2002, el país cogobernado por la OTAN-TALIBAN aumenta la superficie cubierta de la adormidera hasta 20 veces, convirtiendo la agricultura afgana en monocultivo. Se trata de una producción a escala industrial y no ocultos en las cuevas de Tora Bora.

Unas fotos filtradas en 2010 mostraban a los soldados de EEUU patrullando los campos de amapola.

 ¿O alguien ha pensado que abastecer un mercado con cientos de millones de clientes en el mundo era cosa de unos barbudos prehistóricos?

En 2007, Afganistán, cuyo suelo y cielo estaba bajo el control absoluto de los 300.000 soldados de la OTAN y miles de "contratistas", tenía más cultivos de droga que Colombia, Bolivia y Perú juntos, señala la ONU. Afganistán será el principal narcoestado fallido de la historia, patrocinado por EEUU y presidido por los narco-presidentes títeres, Hamid Karzai y Ashraf Ghani.

 La tranquilidad también vuelve a los bancos que temían quedarse sin la liquidez generada por el blanqueo del dinero del narcotráfico. Millones de afganos, incluidos niños, que carecen de agua potable, luz, sanidad y alimento suficientes, además de adictos al opio, son explotados en estos duros campos. ¿Quiénes ganan la diferencia entre los 3 dólares que cuesta el gramo de heroína en Kabul y los 1.168 dólares por los que se vende en las calles de Nueva York?

 En 2017, el valor de 9000 toneladas de heroína (con una estimación a la baja y solo basado en su precio en EEUU) asciende a 800.000.000.000 dólares, más que el presupuesto militar de EEUU.

Después de firmar el acuerdo de la entrega de Kabul a Talibán en 2019, EEUU presionó al régimen de Ashraf Ghani para liberar a decenas de Señores de Opio en el marco de amnistía para los 5000 terroristas talibanes.

La multimillonaria industria de opio-heroína afgana seguirá prosperando arrancado vidas y destrozando familias y naciones enteras: cerca del 70% de los reclusos del mundo lo están por tráfico de droga. Y, por cierto, ¿a dónde han ido los 8400 millones de dólares que EEUU afirma haber gastado en acabar con la producción de opio en Afganistán?"                   (Nazanín Armanian , Público, 21/10/21)

14.5.19

Lo que México y Estados Unidos realmente deben hacer contra el narcotráfico. Si el gobierno estadounidense no puede detener la marejada de drogas dentro de su propio territorio, ¿cómo espera que México tenga éxito?

"Después de años de dar cobertura a la guerra contra el narcotráfico en México, luego de observar desde un helicóptero los campos de marihuana quemados por el ejército y de acompañar a la policía federal mexicana en su búsqueda de traficantes de heroína y cocaína, me tocó ver una perspectiva muy distinta cuando visité Baltimore. 

El año pasado, en un viaje que hice a esa ciudad con fines periodísticos, acompañé a un extraficante a uno de los sitios que opera abiertamente como mercado de droga, donde la marihuana y la cocaína se comercian a plena luz del día en una calle bulliciosa. Fue una paradoja sorprendente. Al sur de la frontera vi cómo los soldados les prendían fuego a las drogas para destruirlas. Aquí, a unos 60 kilómetros de la Casa Blanca, vi cómo las drogas se vendían sin ningún pudor.

Lo que vi entonces me vino a la mente de nuevo a principios de abril, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, le dio a México un ultimátum si considera que no ha actuado para frenar el flujo de narcóticos hacia Estados Unidos. “Les daremos una advertencia de un año y, si no detienen o reducen considerablemente las drogas, vamos a imponer aranceles”, dijo Trump a reporteros en la Casa Blanca. “Y si eso no detiene las drogas, vamos a cerrar la frontera”.

Culpar a México por el problema del consumo de drogas en Estados Unidos y luego ejercer coerción para que México actúe es una táctica que se remonta al mandato del presidente Richard Nixon en los años setenta. Es hipocresía pura. Aunque las drogas sí fluyen por México, también lo hacen por Estados Unidos, donde abastecen uno de los mercados de narcóticos más grandes del planeta. Si el gobierno estadounidense no puede detener la marejada de drogas dentro de su propio territorio, ¿cómo espera que México tenga éxito?

Claro que hay más factores en esta ecuación. Si bien las fuerzas de seguridad mexicanas queman los cultivos de amapola y disparan contra narcotraficantes, también hay incontables casos de soldados, policías y políticos que trabajan para los delincuentes. Además, aunque se pueden encontrar mercados de droga que operan abiertamente en varias ciudades estadounidenses, Estados Unidos arresta a millones por delitos relacionados con el narcotráfico.

La conclusión es que ambas naciones han fallado estrepitosamente en lo que respecta a detener este comercio desde hace décadas, cuando Nixon declaró la guerra contra las drogas. El gobierno mexicano ha aplicado durante más de una década una estrategia militar de mano dura que ha consistido en arrestar o matar a los cabecillas de los principales cárteles. 

No obstante, esto no ha reducido el tráfico de drogas. En los últimos cinco años, la incautación de cargamentos de heroína y cocaína en la frontera sur de Estados Unidos ha tenido altibajos, mientras que la de metanfetaminas ha aumentado, tal vez debido a la mayor demanda, y la de marihuana se ha desplomado, probablemente debido a la producción legal de cannabis en Estados Unidos.

Mientras tanto, la violencia de los cárteles ha devastado a México, con más de 200.000 homicidios en el país en la última década. Y a pesar de que innumerables casos por delitos de narcotráfico han llegado a sus tribunales, Estados Unidos tuvo un trágico récord: 70.000 muertes ocasionadas por sobredosis en 2017.

En 1969, Nixon lanzó la Operación Interceptar para presionar al gobierno mexicano a que implementara medidas enérgicas contra los traficantes de marihuana de aquella época. A lo largo de varios días, casi todos los vehículos o peatones que entraban por la frontera sur fueron registrados. En el operativo no se incautaron muchas drogas, pues los traficantes esperaron a que la mano dura se flexibilizara, pero la situación sí generó frustración por parte de negocios estadounidenses cuyos productos y trabajadores fueron retenidos.

El presidente Trump no ha recurrido hasta ahora a este tipo de acción, a pesar de sus amenazas. Debido a que el año pasado se intercambiaron más de 600.000 millones de dólares en comercio transfronterizo, esa medida sería mucho más costosa hoy de lo que fue en los años sesenta. (...)

Los cargamentos de droga incautados en México parecieron disminuir durante el primer trimestre, según reportes preliminares, lo cual parece haber motivado el ultimátum de Trump. El problema es que, aun cuando México ha llevado a cabo incautaciones de droga importantes en años recientes, el flujo de narcóticos con destino al mercado estadounidense no ha cesado. 

Además, independientemente de lo que se diga en Washington, México sí enfrenta el problema monumental de la delincuencia organizada que está devastando a la sociedad de ese país. (...)

Hay problemas reales, desde las esquinas de Baltimore hasta las montañas de México, pero necesitan soluciones integrales a largo plazo, no ultimátums ni amenazas simplistas."              (Ioan Grillo, the new York Times, 16/04/19)

4.11.09

La ATP encubrió el dopaje de Agassi. El ex 'número uno' admite que dio positivo y que el regidor del tenis masculino lo ocultó

"Andre Agassi consumió en 1997 metanfetamina, una droga recreacional que puede aumentar la agresividad, dio positivo en un control antidopaje y convenció a la ATP, el organismo que rige el tenis masculino, de que dejara correr el asunto sin sancionarle. (...)

Agassi perdió aquel año su puesto entre los 100 mejores del mundo, llegó a ser el 141, no jugó más de 40 partidos, bajó al nivel de torneos challengers y volvió más fuerte que nunca para ganar cinco de sus ocho torneos del Grand Slam. Entonces se convirtió en un ejemplo de longevidad competitiva para todos los tenistas veteranos, en defensor de las causas publicitarias y en gurú de las nuevas generaciones de tenistas patrocinados por la marca Adidas (...)

Nadie cuestionó públicamente su radical metamorfosis, por mucho que el estupor cundiera en el vestuario. Ha tenido que ser el propio tenista estadounidense quien revele que la ATP decidió echar tierra sobre el asunto. (...)

En 1997, Agassi se debate entre casarse o no con la actriz Brooke Shields, tiene una lesión en la muñeca y su carrera no tiene futuro. Llega entonces Slim, el nombre con el que el tenista estadounidense, hoy de 39 años, se refiere a su asistente. "Slim también está estresado. Dice: '¿Quieres colocarte conmigo? [...] El Cristal [nombre con el que se conoce a la metanfetamina] te hace sentirte como Superman, tío'. Como si las palabras salieran de otra boca, escucho estas palabras: 'A la mierda. Coloquémonos'. Slim pone una pequeña cantidad de polvo en la mesa del café. La corta y la esnifa. Vuelve a cortarla. Esnifo un poco. Me echo en el sofá y considero el Rubicón que acabo de cruzar", dice Agassi en su libro, según adelantó ayer The Times. "Hay un momento de arrepentimiento, seguido por una vasta tristeza. Luego viene una ola sísmica de euforia que barre los pensamientos negativos de mi cabeza. Nunca me sentí tan vivo, tan esperanzado... nunca sentí tanta energía".

Agassi se ha dopado. Ha tomado una sustancia prohibida. Suena el teléfono mientras está en el neoyorquino aeropuerto de La Guardia: un doctor de la ATP le avisa de que ha dado positivo en un control antidopaje por una sustancia de tipo II -drogas recreacionales, como la marihuana-, lo que acarrea dos meses de suspensión. "Y días después", recuerda el ex tenista; "me siento con un cuaderno sobre mis rodillas y escribo una carta a la ATP, mentiras mezcladas con trozos de verdad". (El País, ed. Galicia, deportes, 29/10/2009, p. 52)

3.9.09

La necesaria legalización de las drogas, para acabar con la catástrofe sanitaria

"¿Qué ha ocurrido exactamente para que en 60 años se haya pasado de una situación de tolerancia, con unos pocos drogadictos conocidos y compadecidos, a una situación de represión con un problema masivo de drogodependencia? ¿Es posible que el detonante del proceso fuera precisamente el comienzo de la cruzada represiva? Pero nuestra responsabilidad va más allá del consumo como generador de la demanda y acicate de la producción. Recordemos datos bien conocidos.

La marihuana era un grave problema hace 25 años. Hoy no se percibe así, quizás porque Estados Unidos es uno de los mayores productores. Desde 1981 su producción se multiplicó por diez, 10 millones de kilos, un quinto del total mundial, con un valor de 35.000 millones de dólares: la mayor cosecha de EE UU. Superior, hasta 2006, a la suma de maíz y trigo. La cocaína entra en avionetas a EE UU, donde se vende y consume. El producto de la venta, sacos llenos de billetes, también sale en avioneta. El volumen de los sacos de dólares que salen es mayor que el de los sacos de cocaína que entran. El tráfico aéreo ilegal en el sur de EE UU es más denso que el de una hora punta alrededor de La Cibeles. Los traficantes necesitan precursores químicos para transformar la hoja de coca en cocaína. Nosotros se los vendemos.

La droga es un mundo peligroso, una actividad ilegal que mueve dinero. Las armas son imprescindibles para la gestión del negocio. Europa y Norteamérica las fabrican, las venden a los narcotraficantes, aseguran sus repuestos, suministran la munición. Miles de millones de euros de beneficios anuales circulan por nuestro sistema financiero y, convenientemente lavados, terminan depositados en nuestros bancos o invertidos en bolsas y sectores inmobiliarios. EE UU y la UE no paran de promulgar medidas represivas para combatir la retahíla anterior, pero basta con hojear la prensa para comprobar su escasa efectividad. (...)

La realidad es que vivimos en sociedades neuróticas y esquizofrénicas plagadas de contradicciones y necesitadas de válvulas de escape individuales. Quizás por eso lo que hace 60 años era un fenómeno minoritario se ha convertido en un problema masivo en el que la represión juega el papel de detonante y caldo de cultivo. El resultado ha sido no sólo una catástrofe sanitaria, sino también la proliferación del crimen organizado, el incremento de delitos y, a la postre, una amenaza contra la democracia y el Estado de derecho. Era bastante previsible que termináramos llegando a donde estamos porque ¿bajo qué lógica se puede criminalizar la fabricación y el comercio de un producto cuya posesión y consumo están socialmente tolerados cuando no legalmente despenalizados? Todo ello por no hablar de la producción en Occidente de marihuana y drogas de diseño. (...)

No hemos aprendido del fracaso de la Ley Seca. En sentido contrario, la lucha contra el tabaco, igual o más adictivo que otras drogas, muestra el camino a seguir. ¡Basta de hipocresía! (...)

Hay que debatir cuanto antes el cómo y el cuándo de la despenalización de la producción y del comercio. La catástrofe sanitaria permanecerá y quizás aumente transitoriamente, pero disminuirá el crimen organizado. Ayer Colombia, hoy México... ¿qué más necesitamos para reconocer que es nuestro problema y asumir nuestra responsabilidad? Los seis mil asesinados en México, sólo en 2008, lo exigen desde su tumba. Debemos terminar con este reguero de muerte.

La represión produce graves daños y no soluciona nuestro problema de drogodependencia. Es obvio que la estrategia seguida los últimos 50 años ha fracasado. Es urgente cambiar de rumbo, cambiar la derrota. Por supuesto que las drogas son una maldición. Se trata de encontrar la manera más eficaz de luchar contra ellas y sólo desde la legalización se podrá atacar la raíz del problema: las causas del consumo masivo. Mientras tanto seguiremos falseando la realidad."(IGNACIO GARCÍA-VALDECASAS: Las drogas: una nueva derrota. El País, ed. Galicia, Opinión, 04/08/2009, p. 21)