"El Caso Rubiales ha sacado a la luz lo mejor y lo peor de
la sociedad española. Lo mejor ha sido la rebelión sin fisuras de las
campeonas del Mundo entrenadas hasta ahora por Jorge Vilda, palmero de
confianza de Luis Rubiales. Las “chicas”, como las llaman todavía
algunos machirulos irredentos, son la nueva vanguardia revolucionaria
del país: las 23 futbolistas que fueron al Mundial haciendo de tripas
corazón porque sabían que son tan buenas que podían ganarlo; y, por
supuesto, también las que tuvieron el coraje de no acudir a la cita,
sabiendo que se podían perder el mayor éxito deportivo de sus carreras.
Esas 81 jugadoras que firmaron el manifiesto titulado ‘Se Acabó’ son ya
un símbolo del fútbol femenino y de la lucha feminista mundial, a la
manera (espero me disculpen la licencia de compararlas con señores) en
que Jesse Owens
en los Juegos de Berlín, 1938, y Bob Beamon, John Carlos y otros
atletas del Black Power, en México, 1970, se consagraron como los
mejores atletas y los más valientes luchadores contra el fascismo y por
los derechos civiles.
Después de Jenni Hermoso, Alexia Putellas, Aitana Bonmatí
(impresionante su discurso ante la UEFA) y todas las demás, las grandes
protagonistas han sido las miles de ciudadanas anónimas, curtidas entre
la indignación de ‘La Manada’ que acabaría impulsando la Ley del ‘sí es
sí’; unos minutos después de la agresión de Rubiales, tomaron al asalto
las redes sociales explicando con meridiana claridad y sencillez por qué
era intolerable el comportamiento machista del máximo representante del
fútbol español.
En tercer lugar, ha contribuido mucho al nuevo
sentido común expresado por la ciudadanía estos días, la reacción de
algunas periodistas deportivas que comprendieron que la obscena
exhibición de abuso de poder, acoso sexual y laboral del presidente de
la Federación era una noticia de la mayor importancia, tanto como el
propio título mundial. Sin sucumbir a la inicial presión ambiental
ejercida por el histerismo macho de la prensa nacionalmadridista (con
Inda, La Sexta, la Cope, Antena 3, Isabel-Díaz Ayuso y El Mundo
ejerciendo como primeros blanqueadores del acosador), esas periodistas
especializadas en fútbol femenino –mención especial para el medio
digital Relevo (Vocento), que comparado con el As y el Marca parecía The New York Times–
dieron un sonoro repaso a sus viejunos colegas masculinos (los Castaño,
Pedrerol, Manu Sánchez, Lama y otros mandarines de la audiencia basura
futbolera).
Al informar de que Rubiales y Vilda trataron de obligar en
el avión de vuelta a Jenni Hermoso para que absolviera al presidente
con un vídeo, esas periodistas terminaron de perfilar la imagen de los
dirigentes federativos como unos machistas y acosadores de manual.
Cuando se cumplen dos semanas de la final, no cabe duda de
que el movimiento ‘Se Acabó’, el debate sobre el consentimiento y el
‘sólo sí es sí’ –que tantos ataques le han valido a la vetada y
vilipendiada ministra Irene Montero– han ganado el partido y la batalla
cultural. Jenni Hermoso y sus compañeras han contado con el cariño y la
solidaridad de una parte enorme de la sociedad española y de los medios
serios. [Modestia aparte, esta revista fue el primer medio que pidió al
ministro Iceta que exigiera la inmediata dimisión de Rubiales, a través
de nuestra cuenta de Twitter, la misma noche del partido].
Pero como todo movimiento revolucionario y transformador,
las peticiones de depuración de responsabilidades y de cambios
estructurales lanzadas por las futbolistas, por la sociedad civil, y con
la boca más pequeña por el Gobierno, han chocado contra un muro muy
poderoso, transversal y refractario al cambio.
Es el Sistema Fútbol, o el Sistema Florentino, que baila
desde hace décadas al son que marcan los dos grandes clubes-Estado, el
Real Madrid (101 títulos) y el FC Barcelona (99). Entre ambos han ganado
22 ligas de las últimas 27 (ver gráfico), copan el 70% de los ingresos
por televisión y mantienen una enorme influencia (más el Madrid que el
Barcelona) tanto en la Liga de Javier Tebas como en la RFEF de
Rubiales.
La reacción oficial de los dos clubes ante el escándalo no pudo ser
más tardía, ni más tibia. En medio del clamor, el Barça emitió un
comunicado bochornoso cuatro días después de la final, y el Madrid lanzó
una calculada nota de apoyo al CSD, después de la comparecencia pública
de Rubiales, redactada con todo cuidado para quedar bien, pero sin
censurar el comportamiento del presidente, ni denunciar el machismo, ni
entrar en el fondo del asunto: “Nuestro club apoya con total rotundidad
la decisión puesta en marcha por el presidente del CSD, Víctor Francos,
que elevará de inmediato el caso al TAD”, afirmaba la nota.
El silencio inicial y el cinismo
final de las dos marcas deportivas principales del país ayudaron sin
duda a que Rubiales, del que se dice que es socialista por ser hijo de
un alcalde motrileño del PSOE, se encastillara en el trono, respondiera
revictimizando a Jenni Hermoso y apareciera en la Asamblea de la RFEF
convertido en el remedo de un concejal cualquiera de Vox al tercer gin
tonic.
Desde la tribuna de la Federación, tras haber filtrado la
noche anterior que dimitiría, Rubiales adoptó el papel de macho alfa
trilero, clientelar y corrupto, y trató de politizar el asunto y de
ganarse a los medios cargando contra los líderes de Podemos, los
primeros en señalar su inaceptable comportamiento, y de Sumar, la fuerza
que más presionaba para que dimitiera. Ahí se mostró cómo es en
realidad, según han ido contando después su tío y distintas
excolaboradoras.
Para tratar de dar la vuelta al caso disfrazándose como
víctima de una cacería, la puesta en escena fue preparada con todo
cuidado. Rubiales sentó a los entrenadores y cuerpos técnicos en primera
fila y a sus tres hijas un poco más atrás. Jorge Vilda y Luis de la
Fuente (el seleccionador masculino) fueron los más entusiastas. Pero,
curiosamente, las escasas peticiones de despido del seleccionador de los
chicos han quedado en nada. De la Fuente pidió perdón como el rey
anterior ante los medios leales al Sistema, que se cuidaron mucho de
apretarle porque saben demasiado bien que Florentino Pérez lo eligió
para el cargo tras cesar a Luis Enrique.
Rubiales se rodeó también de los árbitros favoritos del
poder, con el jefe del Comité arbitral (Medina Cantalejo, esposo por
cierto de la presidenta arbitral de la Liga femenina) liderando la
cuadrilla. Antes de la Asamblea, Rubiales ya había reestructurado la
Federación para que todo quedara bien atado. Cesó a todos los
vicepresidentes salvo a uno, de su máxima confianza: Pedro Rocha, que se
convirtió a la fuerza en el sucesor designado.
La estrategia defensiva fue decidida por el equipo de
asesores de Rubiales. Uno de ellos es Andreu Camps, secretario general
de la RFEF, que envió un escrito oficial a la UEFA el mismo día de la
Asamblea pidiendo que amenazara al Gobierno con dejar fuera de las
competiciones europeas a los equipos españoles si no dejaba de
“interferir”.
La segunda y quizá la más importante asesora de Rubiales
es una mujer muy cercana a Florentino Pérez. Se trata de la veterana
periodista Marisa González, que fue jefa de prensa de los presidentes de
la Comunidad de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón y Cristina Cifuentes; y
del propio Rubiales: entró como spin doctor en la RFEF de la
mano de Pérez cuando el presidente anterior, Ángel María Villar, salió
de la sede escoltado por la Guardia Civil, y luego pasó a ser la
directora de Responsabilidad Social y Sostenibilidad. González fue capaz
de hacer pasar a Gallardón por un liberal británico, pero con Rubiales
no ha tenido tanto éxito.
Las cloacas
Otro personaje clave del núcleo duro de Rubiales es el
excomisario de policía José Luis Olivera, conocido como Oli por el
también excomisario Pepe Villarejo, de quien fue socio y mano derecha
durante muchos años. Olivera es todo un especialista en fraudes
financieros y blanqueo, de lo que se colige que fue el encargado de
organizar los contratos y las comisiones de la Supercopa que Rubiales
decidió exportar a Arabia Saudí para, según explicó en su día, “mejorar
la situación de las mujeres en ese país y la del fútbol femenino en
España”.
Contratos legales, porque la RFEF es una entidad privada
(de interés público), pero ética y estéticamente feos. Rubiales apañó
con su amigo Gerard Piqué (Gerri y Rubi, S.A), por supuesto con la
anuencia y la connivencia del Duopolio Madrid-Barcelona. Una de las
cláusulas dice que si Barcelona y Real juegan las finales de la
Supercopa, la RFEF ingresará cada año diez millones de euros extra, lo
que obliga a que los dos clubes-Estado sean, sí o sí, primero y segundo
en la Liga o, si uno falla, campeón de la Copa. Siendo Rubiales el jefe
máximo de los árbitros, ¿cómo dudar de que la ecuación pueda fallar?
Una de las cláusulas dice que si Barcelona y Real juegan
las finales de la Supercopa, la RFEF ingresará cada año diez millones de
euros extra
José Luis Olivera, experto en escuchas como su maestro
Villarejo, habrá sido también útil durante estos años para preparar y
catalogar las famosas grabaciones que, según ha manifestado el tío de
Rubiales, antiguo secretario de la RFEF, su sobrino ha ido realizando a
políticos, presidentes de clubes y figuras relevantes del deporte rey
(reina, mejor), ejercicio muy conveniente para contar con palancas de
chantaje si se rompía su red mafiosa-clientelar.
Otra figura clave en la Armada Brancaleone montada por
Rubiales para blindar su sueldo de un millón de euros anuales (750.000
de la FEF y 250.000 como vicepresidente de la UEFA), es un tal Miguel
García Caba. Para conocerlo mejor, lean la nota que publicó la web CEU
Alumni cuando fue nombrado. “Miguel García Caba afronta nuevos retos
profesionales a partir de ahora como responsable de la asesoría jurídica
de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). De su carrera podemos
destacar que ha sido jefe del Departamento de la Dirección de Servicios
Jurídicos del Real Madrid C.F. desde el año 2016. Responsable de la
Asesoría Jurídica Interna y Asesor Jurídico de la Liga Nacional de
Fútbol Profesional entre los años 2005 y 2016. Ha pasado por Red
Eléctrica de España, por J&B Cremades y ha trabajado para la UEFA”.
Alfredo Relaño, en El País, dejó un retrato mejor
del personaje: “El director de Integridad de la Federación es un
semoviente llamado Miguel García Caba que tras pasar por el Real Madrid y
LaLiga llegó al departamento jurídico de la federación. Una vez allí,
saltó por una de esas caprichosas convulsiones de la casa. Una vez
fuera, se le ocurrió que una forma de hacer méritos para regresar era
citarse con Tebas y González Otero, y registrar con un
bolígrafo-grabadora la conversación, en la que les estimuló a rajar de
Rubiales. Luego entregó la grabación a Ok Diario para acusar a
Tebas y González Otero de conspirar contra Rubiales. Tan edificante
servicio le valió el retorno a la Federación como director de
Integridad”. Integridad máxima.
Ante esta estructura impenetrable, se comprende que el
mutismo haya sido la reacción casi unánime entre los jugadores, los
directivos, los entrenadores y los profesionales del fútbol masculino,
salvo honrosas excepciones. Recordemos que la Federación designa quién
arbitra a quién, y quién dirige el VAR. Y los antecedentes de los
últimos años muestran que todo el que no juegue en el Real Madrid
arriesga durísimas sanciones si osa criticar a un árbitro.
Otro asesor importante es el abogado jefe de la RFEF, el
penalista Ramón Antonio Caravaca Magariño, que se encarga de los
procesos penales abiertos en los que esté inmersa la institución
federativa, tanto del pasado como en el futuro; también de aquellos
donde la RFEF haya sido absuelta o sea parte, según publicó en 2018 el
diario Sport. Caravaca cuenta con una dilatada experiencia y
gran reputación en el área de Urbanismo (recordemos que Luis de Arabia y
Motril proyectaba construir un nuevo estadio para la RFEF). A lo largo
de su trayectoria, Caravaca ha colaborado en el desarrollo del Estadio
La Peineta (el pelotazo largamente soñado y finalmente ejecutado por
Miguel Ángel Gil y Enrique Cerezo, dueños ilegítimos y prescritos del
Atlético de Madrid).
Por esas casualidades de la vida, el penalista es tío de
uno de los jueces del TAD que esta semana han dictaminado que solo
pueden abrir expediente a Rubiales por falta grave (el tocamiento del
paquete en el palco), y no por falta muy grave. La excusa es que el
Reglamento de la reciente Ley del Deporte (diseñada y avalada, por
supuesto, desde los despachos de Concha Espina y Can Barça) aún no está
redactado y eso les impide, dicen, entrar a valorar si el beso fue o no
consentido o si supuso o no un abuso de poder. Junto a Caravaca, en el
TAD deciden varios abogados y abogadas del Estado. La Famiglia.
Vista la chapuza jurídica y el limitado poder de maniobra
del CSD, al que tanto apoya el Real Madrid, y dada la vergonzante
connivencia del establishment mediático futbolero nacional con
el presidente de la Federación que empañó la victoria histórica de la
selección femenina, solo queda añadir que tenemos un país lleno de
mujeres (y cada vez más hombres) concienciadas, valientes y modernas.
Para conseguir sus objetivos, esas mujeres van a tener que luchar contra
una pequeña minoría mafiosa, con mucho poder, influencia y dinero, que
se siente tan inviolable e intocable como el Jefe del Estado, y que,
como se ha visto en el sepulcral silencio de la Casa Real acerca del
asunto, tiene más poder que el Gobierno y que el jefe del Estado, y no
digamos ya que la reina.
Ese grupito salvaje formado por apenas 40 o 50 personas
con las que nunca se toparán ustedes en la cárcel, que desconoce la
ética, que se ríe de la justicia, que da pelotazos en todos los
sectores, que levanta estadios gigantescos en mitad de las ciudades, que
decide sorteos, arbitrajes, horarios, locutores y calendarios, y que
detenta el control absoluto del negocio nacional del fútbol, cuenta con
la connivencia y la ayuda de un ejército de empleados, portavoces,
palmeros, opinadores que presumen de ser periodistas, jueces, políticos,
tuiteros, agentes de jugadores, medios de información, árbitros y
asistentes.
Todos ellos son corruptibles o han sido corrompidos ya.
Desde los tiempos de Saporta, la mano derecha de Bernabéu, el mundo del
fútbol sabe que hay cientos de personas a sueldo en A o en B, otros que
tienen plaza fija o un carguito, y miles que se dejan influir a cambio
de un reloj, una invitación a un palco VIP o a un puticlub. Todos ellos
forman parte del mayor negocio mafioso que hay en España. ¿Conseguirán
Jenni Hermoso y sus compañeras reventar esa estructura de hierro que
permanece inmutable, con pequeños ajustes y maquillajes, desde hace 120
años? ¿Podrán o querrán el Gobierno, el Parlamento y las fuerzas
políticas meter las excavadoras en la Federación y La Liga, tirar abajo
los cimientos del Sistema Fútbol y empezar de cero copiando por ejemplo a
la Premier?
La respuesta la conoceremos pronto. Pero las señales que
van asomando inducen a pensar que no será muy halagüeña. El duopolio
Madrid-Barcelona domina el fútbol patrio apelando a una rivalidad
artificial, exacerbada por unos voceros que tratan a los demás equipos
como si fueran extranjeros. Sería toda una ironía que fuera la FIFA,
seguramente el organismo más corrupto del mundo, la entidad que acabe
con la aventura de Rubiales. Pero tampoco importaría mucho, en el fondo.
Como pasó cuando finalmente cayó el Villarato, los que mandan de verdad
encontrarán de nuevo una marioneta menos torpe y más discreta. Y
seguirán lucrándose con este negocio machista, misógino y opaco, que
solo se limpiará de verdad cuando el público, esos aficionados que cada
vez pintan menos, renuncien a pagar por verlo en directo o en
televisión. " (Miguel Mora
, CTXT, 03/09/23)