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25.6.19

Branko Milanovic: El nacionalismo está vivo. Pero a diferencia de los nacionalismos fascistas, el nacionalismo de hoy en la Unión Europea no enfrenta a la clase dominante de una potencia principal contra otra, sino a los "descontentos" nacionales contra sus propias élites urbanas y migrantes....

"(...) El nacionalismo está de hecho vivo. Pero a diferencia de los nacionalismos fascistas (y de Sorel), el nacionalismo de hoy en la Unión Europea no enfrenta a la clase dominante de una potencia principal contra otra, sino a los "descontentos" nacionales contra sus propias élites urbanas y migrantes. Es una ideología perniciosa, pero su nivel de amenaza y peligro es mucho menor que a principios del siglo XX.

La función del nacionalismo actual no es justificar que los franceses vayan a la guerra contra los alemanes, sino que la policía proteja las fronteras de Francia contra los migrantes africanos. No requiere guerras, sino la protección de los "valores". Es defensivo, no ofensivo. Es un nacionalismo de "perdedores", no —como Vilfredo Pareto lo puso en el mismo período que Sorel— de 'leones'.

(Este es al menos el caso de varios nacionalismos de Europa occidental, muy diferentes de sus predecesores fascistas. Sin embargo, no se trata de excluir el conflicto entre las tres superpotencias nucleares —Estados Unidos, China y Rusia—, todas actualmente en una ola de más o menos nacionalismo marcial.)

 El tercer elemento es la violencia. No hay similitud entre la violencia europea antes de la Primera Guerra Mundial, y más aún, la violencia entre las guerras y la Europa de hoy. Aparte de una docena de víctimas del movimiento francés Gilets Jaunes, debido al uso desproporcionado de la violencia por parte de la policía y los accidentes de tráfico, y de personas inocentes que murieron en actos descentralizados de ira (terrorismo), ni una sola persona fue asesinada por razones políticas en los tres largos años de las sagas del Brexit, del impulso de independencia de Cataluña, o de la crisis económica griega, las perturbaciones políticas en Italia, Alemania, Polonia, Hungría, los países nórdicos, etc.

 El sistema político ha mostrado extraordinaria flexibilidad y robustez. La violencia como instrumento político legítimo ha perdido su valor en los países europeos avanzados. (De nuevo, esto podría no ser válido para otros países y regiones).

 Cambios sociales profundos

 Por lo tanto, vemos que las comparaciones fáciles de la política europea de hoy con las de la primera parte del siglo XX son erróneas. Nuestra inquietud con los desarrollos de hoy proviene de lo "desconocido" que enfrentamos cuando el espacio político experimenta una reconfiguración que es, a su vez, un reflejo de profundos cambios sociales: el declive de la clase obrera y los sindicatos, la casi desaparición de la religión en la vida pública, el auge de la globalización, la mercantilización de nuestra vida privada y el surgimiento de la conciencia ambiental.

 Creo que la división estándar de izquierda-derecha, que se remonta a la revolución francesa, ya no es tan operativa como solía ser. Las nuevas divisiones podrían oponerse a aquellos que se benefician de la apertura hacia aquellos que quedan fuera: la burguesía urbana neoliberal contra las personas vinculadas a los modos de vida nacionales. Pero esto no es equivalente al conflicto entre fascistas, comunistas y liberales.

Estas son, de hecho, nuevas políticas y el uso de términos viejos e inapropiados, principalmente para atacar a los opositores políticos con el pincel fascista, no tiene sentido. Simplemente no describe adecuadamente nuestra vida política. Aquellos que hablan un poco del fascismo deben estudiar la ideología y la práctica del fascismo realmente existente, y tratar de encontrar mejores etiquetas para nuestro complejo mundo político."              

( , Social Europe, 17/06/19. Traducción google.  This article is a joint publication by IPS-Journal)

4.4.18

El independentismo, en el fondo, es una respuesta a un momento capitalista que tiende a la descomposición en todo el continente...

"(...) El independentismo puede que sea idea de catalanidad idealizada frente a lo español, estelada y Els Segadors en las formas, pero en el fondo sigue siendo una respuesta a un momento capitalista que tiende a la descomposición en todo el continente.  (...)

Busquen el ejemplo que quieran, pero no hay un solo país europeo donde, primero la crisis y luego su salida en falso, sobre las espaldas de los trabajadores, no esté dando resultados anormales en comparación con los últimos setenta años de historia política continental.

 Puede que sea contradictorio expresar esta angustia ante el futuro con el Brexit, con Il Movimento 5 Stelle, con Le Pen, parecería de hecho más lógico hacerlo con Syriza, pero pasó lo que pasó. Puede que caminar al lado o detrás de los convergentes que habían sido cómplices de esta descomposición sea contradictorio, pero es lo que tiene la política en tiempo de hundimientos, que cada uno se agarra a lo que puede.

Y eso es lo que nadie parece querer ver, que la gente que está hoy en la calle en Cataluña ya está por delante del procés, aun sin saber bien hacia dónde ir y teniendo todo en contra. La izquierda española puede desgañitarse en señalar sus contradicciones, en afirmar algo que parece cierto: sin la connivencia española el futuro unilateral de Cataluña es inviable. 

El problema es que también es cierto que la izquierda española carece de proyecto, ni siquiera a medio plazo, que contemple una impugnación tan grande como la catalana. (...)

Cataluña es un síntoma de muchas cosas, pero también está siendo la oportunidad para restituir el orden en su más precisa acepción: el orden de clase. Por eso, digámoslo sin rodeos, la derecha española tiene un interés nulo en arreglar el problema. 

Por contra pretende que se enquiste, sin llegar a extremos en los que se requiera lo militar –por un problema estético, no moral–, pero que permanezca lo más posible en el tiempo como aglutinador de sus fuerzas y, lo que es más importante, como cuña para las contrarias.  (...)"             (Daniel Bernabé, La Marea, 28/03/18)

16.2.18

El fascismo nacionalista italiano de la Liga... del 4% al 30%, en el norte. La lepenización, ahora en Italia

"Matteo Salvini, el líder de la Liga, ha compartido plaza con los fascistas en más de una ocasión. Cuando en 2015 se lanzó a la conquista de Roma con la primera gran manifestación de la Liga Norte en la capital, acudieron cientos de simpatizantes de Casa Pound, un movimiento social que defiende el legado de Mussolini.

 Tras pasar la juventud ligado a movimientos comunistas, el rostro renovado de la Liga es de los que dicen que las ideologías están superadas. Primero se distanció de los históricos de su partido y abandonó el independentismo padano, pero a la hora de introducir un cambio de paradigma este milanés que en unos días cumplirá los 45 ha sido fiel al santo y seña de los suyos: identificar al enemigo y lanzarse a su yugular. 


Roma ladrona[uno de los eslóganes preferidos por el partido] ya no le roba tanto a la Liga. Ahora los grandes enemigos son los inmigrantes, que han “invadido” Italia, y Europa, que le ha cercenado su soberanía. Y mejor si ambos pueden confluir en un cóctel: el Gobierno italiano ha permitido la entrada de cientos de miles de migrantes y la Unión Europea no sólo no ha hecho nada para impedirlo, sino que ha dejado que el país asuma toda la carga. 

En los cinco años que lleva al frente del partido, estos dos temas se han convertido en los mejores fantasmas con los que buscar el origen de la depresión colectiva italiana, que en realidad antecede a la oleada migratoria y la gran crisis económica. 


El caso es que a Salvini le funciona la melodía. Según un sondeo de la agencia Ixè, la llegada de unos 600.000 migrantes en los últimos cinco años ha provocado que sólo un 35% de los jóvenes sea partidario de una plena integración, mientras que el 60% de los mayores de 35 tiene una percepción negativa del fenómeno. 

Ni siquiera el votante de izquierdas, de acuerdo con este estudio, demanda una política inclusiva para los recién llegados. Así que todo sirve para arrimar el ascua a su sardina. 


El pasado 3 de febrero, un ex candidato municipal de la Liga Norte de reconocida tendencia fascista salió a las calles del municipio de Macerata enfundado en una bandera italiana dispuesto a disparar a negros. Hirió a seis y, lejos de arrepentirse, se vanaglorió de su cruzada. Un intento de vengar el asesinato de una joven de 18 años –de la que encontraron sus restos mutilados metidos en una maleta en la misma localidad– por el que habían arrestado a un nigeriano como principal sospechoso. 


El relato invitaría a pensar en una postura firme de los partidos condenando la xenofobia, pero lo que ocurrió fue justo lo contrario. El líder de la Liga aseguró pocas horas después que el agresor no era más que un descerebrado, un caso aislado. Pero él, que da “por cerrada” la historia del fascismo en Italia, sí que encontró una motivación a lo ocurrido. 

“Quienes han permitido la llegada descontrolada de clandestinos son responsables de los choques sociales”, dijo. Así, Salvini puso de nuevo en el primer plano el debate migratorio, que en los primeros días de campaña había quedado sepultado entre complicadas propuestas económicas, y desde entonces no ha soltado su presa. Una de sus últimas frases lapidarias es que “el islam no encaja con la Constitución italiana”. 

Tanto impacto tuvo la impertinente salida que su socio electoral Silvio Berlusconi le copió el mensaje. El ex Cavaliere ha reiterado desde entonces que los inmigrantes ilegales “son una verdadera bomba social” y que habría que expulsarlos de inmediato. (...)

Para él, “que ningún partido se atreva a mostrar posiciones más favorables a la inmigración” supone la primera victoria para la Liga Norte. “Matteo Salvini está tocando temas muy sensibles y todos han bajado a su terreno. Si en Francia se hablaba de una lepenización del espíritu, en Italia se podría decir que hay una salvinización”, apunta. 

En las antípodas de la contención política, el político milanés espera refrendar en las urnas la tendencia plagiando precisamente a su alma máter francesa. Gracias a estos asuntos y a una sobreexposición mediática ha conseguido que la Liga vuelva a nacer. Tras las elecciones generales de 2013, en las que lograron un 4% de los votos, Matteo Salvini sustituyó como secretario federal del partido a su fundador, Umberto Bossi. Las arengas de ultratumba de este último resultaban ya anacrónicas, por lo que su pensamiento debía quedar enterrado junto a su figura. 


La Padania, una región imaginaria que se extendería en toda la franja norte de Italia, y cuya independencia Bossi llegó a proclamar, ha quedado guardada para otro momento, aunque algunos dirigentes históricos y gobernantes de las regiones del norte han utilizado el efecto Cataluña para reavivar el fantasma, ante el disgusto de su líder. En octubre del año pasado, Véneto y Lombardía convocaron sendos referendos para exigir más autonomía al Gobierno. Salvini se desmarcó enseguida afirmando que nada tenían que ver estos casos con el de Cataluña. 

La Liga Norte mantiene oficialmente sus postulados federalistas, pero en esta ocasión ha renunciado incluso a su histórico nombre para reforzar la figura de su líder y presentarse con un cartel en el que se lee: “Lega, Salvini premier”. 

La nueva estrategia va encaminada a cruzar los Apeninos y convertir a esta formación en una opción factible también en el sur del país, donde “todavía encuentra muchas resistencias”, aprecia Antonio Noto. La tradición impuesta por el antiguo eslogan “el norte primero” todavía pesa demasiado: “Nadie pensaba hace cinco años en una Liga a dos dígitos; seguramente logrará un resultado magnífico, pero tocaría techo”.  (...)

Pero la clave para el devenir de la Liga está efectivamente en el sur. Giovanni Orsina aprecia que “la Italia meridional es la parte más desesperada del país y hasta ahora su voto ha ido al Movimiento 5 Estrellas.

 Sin embargo, sus tesis son bastante confusas y aunque todavía no se han desinflado, si lo hacen el receptor natural sería la Liga”. Pensando a medio plazo, un resultado decente en estas regiones –observa el experto– colocaría al partido como una de las primeras fuerzas políticas nacionales. 

Mientras tanto, será Berlusconi quien escoja al primer ministro en caso de que la coalición consiga mayoría para gobernar.  (...)"                  (Ismael Monzón , Ctxt, 14/02/18)

30.1.18

En Occidente, los partidos nacionalistas se han multiplicado tras el crash económico de 2008 y tras los atentados islamistas sufridos en Europa y en Estados Unidos, pero también como reacción frente a las medidas de austeridad y frente a la crisis migratoria

"(...) Andando el tiempo, la prensa versionó el concepto de ‘casta política’, reduciéndolo a los dos partidos nacionales (PSOE/PP) y descargando de responsabilidad a los grandes partidos nacionalistas de Cataluña y el País Vasco

Un segundo reduccionismo mediático asegura ahora que el PP usa el nacionalismo catalán como cortina de humo para tapar su propia corrupción, repitiendo una letanía que ―por cierta que pueda ser― descarga de nuevo a los partidos nacionalistas españoles de toda responsabilidad en la corrupción sistémica que sufre España.

 Merece la pena detenerse, por tanto, en el concepto de ‘partido nacionalista’. En Occidente los partidos nacionalistas se han multiplicado tras el crash económico de 2008 y tras los atentados islamistas sufridos en Europa y en Estados Unidos, pero también como reacción frente a las medidas de austeridad y frente a la crisis migratoria producida por el creciente número de refugiados, solicitantes de asilo y necesitados que pretenden entrar en Europa procedentes de Oriente Medio, África, los Balcanes Occidentales y Asia del Sur

Según la catedrática austriaca Ruth Wodak, autora del libro La política del miedo, los partidos nacionalistas europeos pueden dividirse en cuatro tipos: 

1) Partidos ambivalentes con el fascismo y el nazismo, como los surgidos en Austria, Hungría, Italia, Rumania y Francia; 

2) Partidos anti-islamistas, como los existentes en Países Bajos, Dinamarca, Polonia, Suecia y Suiza; 

3) Partidos contrarios a determinadas minorías étnicas, como los de Hungría, Grecia, Italia y Reino Unido; y 

4) Partidos con un programa conservador-reaccionario cristiano, como los creados en Polonia, Rumanía y Bulgaria.

La lista de partidos nacionalistas europeos activos en la actualidad casi alcanza un total de setenta e incluye formaciones centenarias como el Sinn Fein irlandés (nacido en 1905), organizaciones veteranas como el FPÖ austriaco (fundado en 1956 y hoy el tercero de su país) o el ultraconservador SVP suizo (fundado en 1971 y hoy el primero en el Consejo Nacional, con 65 diputados de 200).

 El Fidesz nacionalista antiinmigrante de Viktor Orbán (fundado en 1988 como partido anticomunista) gobierna en Hungría en alianza con los democristianos. 

El partido ultranacionalista polaco Ley y Justicia, fundado en 2001, gobierna su país desde 2015. La mayoría de estos partidos nacionalistas son conservadores y euroescépticos en mayor o menor grado, pero solo diez de ellos tienen una cuota de poder relevante.

 En esta lista de partidos nacionalistas europeos aparecen cuatro partidos españoles de extrema derecha: Falange de las JONS, Democracia 2000, Democracia Nacional y La Falange, todos sin representación parlamentaria. Pero de la veintena de partidos nacionalistas regionalistas activos en la Europa de hoy, casi la mitad son españoles: vascos, catalanes y gallegos.

En Estados Unidos hay partidos nacionalistas en los estados de Alaska, California, Delaware, Connecticut, Hawaii, Michigan, Minnesota, Michigan, Nueva York, Maryland, Ohio, Oregón, Puerto Rico, Rhode Island, Carolina de Sur, Utah, Vermont, Washington, Wisconsin y Virginia. Ninguno de ellos tiene relación alguna con los dos grandes partidos nacionales: el Partido Republicano y el Partido Demócrata. 

Desde que Trump llegó a la Casa Blanca, el movimiento secesionista californiano parecía haber cobrado fuerza. La secesión de California ―o de cualquier estado de la Unión― requeriría la aprobación de otras 38 cámaras regionales y de obtener mayorías de dos tercios tanto en el Congreso como en el Senado para aprobar una enmienda constitucional, ya que la Constitución no proporciona ningún mecanismo para la secesión estatal.

 Huelga decir que sería inimaginable que el Partido Demócrata o el Partido Republicano pactaran algún tipo de acuerdo con un partido nacionalista de alguno de los estados. 

Como sería inconcebible que los impuestos de los ciudadanos estadounidenses se usaran para financiar partidos nacionalistas cuyo único fin fuera la destrucción del país. Del mismo modo, sería propio de una película de política-ficción que algún partido nacionalista estadounidense llegara a manejar tales cantidades de dinero como para tener un historial de corrupción como el de Convergencia.

 La Constitución de Estados Unidos protege al país de sus enemigos internos y los jueces aplican sin dilación las leyes."            (Gabriela Bustelo, El Confidencial, 27/01/18)

29.12.17

El resultado de estas elecciones en Hospitalet lleva un recado que es imposible no entender. Arrimadas saca a Iceta 10 puntos. Ahora se recogieron los frutos de una larga tradición de la izquierda en Cataluña, la de ofrecerle candidatos de perfil nacionalista a electores que, humillados por un nacionalismo supremacista, han dicho “hasta aquí hemos llegado”... y es que, además, los españoles se han doctorado con el procés en los riesgos de los nacionalismos para la cohesión de la sociedad española

"Y el perdedor es… ¡La Izquierda! Hicieron todo lo posible por conseguir la derrota electoral el 21-D y lo lograron con creces. Me lo temía cuando en un artículo anterior escribí que el juego del PSC-PSOE y el de Podemos con su comprensión del nacionalismo catalán lo pagaría caro la izquierda, y lo ha pagado.  (...)

Hospitalet es el municipio más importante de los que gobierna el PSC en Cataluña, con Núria Marín al frente del Ayuntamiento. El resultado de estas elecciones en este granero histórico de voto socialista lleva un recado que es imposible no entender

Los electores ya avisaron en 2015 cuando Ciudadanos y los socialistas empataron, pero ahora se lo han dicho al PSC con estruendo. Inés Arrimadas gana con un 34% de los votos y le saca a Iceta, aquí, en L’Hospitalet de Llobregat, 10 puntos porcentuales.  

No es el único caso, pero éste duele más. En esta ciudad del cinturón industrial de Barcelona se culminó una larga data de despropósitos del PSC e irresponsabilidad del PSOE.

Ada Colau quiso tener protagonismo en estas elecciones autonómicas y lo ha logrado. Publicitó su posición soberanista el 1-O, rompió la organización de Podemos en Cataluña para dirigir la candidatura que presentaron con Doménech al frente y marcó el perfil estratégico electoral al servicio de una propuesta de nuevo tripartito con el independentismo de Junqueras

Los vecinos de su ciudad han respondido alto y claro. Ciudadanos ha ganado en la capital de Cataluña con un 24% de los votos y el candidato de Ada Colau se ha ido al quinto puesto con menos del 10%. Recoge los frutos de la aplicación de una larga tradición de la izquierda en Cataluña, la de ofrecerle candidatos de perfil nacionalista a electores que, humillados por un nacionalismo supremacista, han dicho “hasta aquí hemos llegado”.

Siempre que hay unas elecciones catalanas busco en primer lugar los resultados en los cinturones industriales, en el Barcelonés, Baix Llobregat, Vallés, Garraf o Camp de Tarragona. Quiero saber qué piensan quienes considero parte de mis convicciones ideológicas y políticas. 

Esta vez han dejado poco campo para la interpretación, su sentencia electoral es inapelable. Ciudadanos arre. En el Baix Llobregat se convierte en la primera fuerza política con el 30% de los votos, 10 puntos por encima del siguiente. 

En el Barcelonés son también con diferencia los primeros, y en las ciudades con voto tradicional al PSOE, como en Tarragona donde, con más del 34%, Arrimadas más que dobla a la candidatura de Iceta, o Lleida, donde también consigue el doble de votos que el PSC.

He oído los “análisis” de portavoces del PSOE y de Podemos y deduzco que van a necesitar tiempo para volver a la realidad electoral. Es por el voto útil, dicen. Pues, sí, eso parece, que los que antes les votaban no han considerado útil volver a votarles. 

Como suele ocurrir en estos casos, parece que van a insistir en el camino trillado del Ciudadanos es la marca blanca del PP, las nuevas generaciones de la derecha, la extrema derecha que representa Aznar, del que Arrimadas sería su candidata, la media naranja de Rajoy, los sucesores de los falangistas, nada menos. En fin, los fachas.

 Cuidado con las metáforas, esos artefactos que, como solía decir Winston Churchill, utilizan los políticos que no saben qué decir. ¿Tantos electores de los cinturones industriales, tradicionales votantes fieles de la izquierda, votan facha? Me temo que los Ábalos y los Doménech están a un paso de responsabilizar a los votantes de su propio fracaso

Ningunear el éxito de Arrimadas no es una respuesta inteligente para el futuro de la izquierda. En vez de asumir responsabilidades y dimitir para permitir salidas políticas a sus propias organizaciones, como está escrito en las viejas tradiciones democráticas, revolotean.

Lo que deberían analizar, y con urgencia, tanto PSOE como Podemos, es qué repercusiones se derivan de estos resultados para toda España. Si se comparan los resultados de las últimas consultas en Cataluña se podrá comprobar cómo las crecidas electorales de Ciudadanos en las autonómicas representan subidas en las generales. No se trasvasan todos los votos de unas a otras, cierto, pero el “voto dual” catalán de los cinturones urbanos está girando. 

Las autonómicas de 2015, las generales de 2016 y éstas de 2017 marcan una progresión electoral de Ciudadanos sin vuelta atrás. Es el resultado de años de desprecio de las izquierdas a sus propios electores. Creo que el PSOE cierra un ciclo de irresponsabilidad política en Cataluña que termina cuando miles de electores “socialistas” le dijeron el domingo a Inés Arrimadas “para el procés”. Definitivamente han reorientado su confianza.

¿Y en el resto de España? Habrá que esperar a los hechos, pero el hundimiento del PP y la confirmación de la pérdida de peso de la izquierda en Cataluña anuncian cambio de ciclo político en España

Se puede comprobar por todo el país una atmósfera que puede ser decisiva: los españoles se han doctorado con el procés en los riesgos de los nacionalismos para la cohesión de la sociedad española (futuro de las pensiones incluido). En este escenario de preocupaciones y temor, de deseos de cambio, Rivera tiene todas las posibilidades de hacerse con el territorio de la política emergente. Sí, por incomparecencia de otros, pero eso ya es agua pasada.

Más aún: si Albert Rivera tuviera el talento necesario, que hasta ahora no ha demostrado, para dirigirse a los electores del centroizquierda el terremoto político en España podría ser del nivel producido por Emmanuel Macron en Francia.  ¿No? Si Ciudadanos se ha convertido en el partido del Nou Barris, más les vale a Sánchez e Iglesias tomarse en serio al “naranjito”, como ellos le llaman

Sobre todo si el PSOE sigue regalándoles bazas, como en Baleares, donde se alían con nacionalistas primarios, como MES, para expulsar a médicos especialistas con la tontería de exigirles el catalán como requisito para poder desarrollar su trabajo en los quirófanos.

¿Y ahora qué, en Cataluña? Es obvio que se producirá una situación de bloqueo político que seguirá dañando la economía catalana. Creo que se va a entrar en una resilencia a la italiana, una resistencia que la gente tiende a construir para reducir daños. 

Los funcionarios harán su trabajo, como ha ocurrido con la aplicación del 155, a la vez que asistimos a una ración diaria de espectáculo político de la peor calidad. Lo que demuestra el estudio preelectoral del CIS es que el nivel de rechazos mutuos entre fuerzas políticas hace muy difícil una salida política racional.

No sé si repetirán elecciones o se producirá algún apaño parlamentario, pero, de paso, no estaría de más que los “sabios” como Manuel Castells, Mas-Colell, Viver Pi-Sunyer, Josep Fontana y otros que avalaron el proceso de independencia explicaran a los catalanes por qué tenían que destrozar su economía. Ayudaría mucho a la apertura de un escenario político gestionable. 

Esta carlistada, una experiencia política que Jürgen Habermas ha equiparado a la de Le Pen en Francia, ha terminado, pero los daños derivados, no.

Entre estos no es menor el efecto colateral de las pésimas perspectivas para las izquierdas en España. Hay pocas dudas sobre las posibilidades de victoria electoral de Albert Rivera, y en cualquier caso será decisivo. Alguien debería responder por el incendio, pero me temo que nadie se dará por enterado, de momento."              (Jesús Cuadrado, Cuarto Poder, 22/12/17)

22.12.17

El independentismo catalán creó y creyó en una fantasía. Las élites dirigentes del proceso fabularon que una vez desprendidos de la rémora de España, Cataluña sería el nuevo “Länder” alemán. Confundieron el tiempo presente con la época de la desarticulación de la URSS y Yugoslavia. Todo aquello que había servido para desintegrar a los países del Este ahora no se podía repetir, era anatema.

"El independentismo catalán creó y creyó en una fantasía. Sólo era un  producto del marketing político aunque imprescindible en el relato hacia el nuevo Estado. La base electoral independentista exigía una transición fácil, rápida y con pleno reconocimiento internacional. Las élites dirigentes del proceso fabularon que una vez desprendidos de la rémora de España, Cataluña sería el nuevo “Länder” alemán.

De tanto repetir sus propias fantasías acabaron creyéndoselas. Las declaraciones de los máximos dirigentes del “proces”, Mas, Oriol Junqueras y Puigdemont, a la par que sus corifeos mediáticos, aseguraban que la Catalunya independiente seria inmediatamente aceptada por Europa. La arrogancia caminaba de la mano de la inconsciencia.

 El argumentario era tan simple como fútil: “¡porque yo lo valgo!” ¡Así , sencillamente! Ignoraron realidades y ensoñaron apoyos que sólo existían en su mente. Confundieron el tiempo presente con la época de la desarticulación de la URSS y Yugoslavia; de esta última intentaron pasar de puntillas, los miles de muertos de las sangrientas guerras en los Balcanes no eran el ejemplo más deseable.

Quisieron olvidar que las instituciones que contribuyeron a la desarticulación de la URSS (OTAN, UE. FMI o los propios EEUU como potencia dominante) ahora afrontan problemas internos de extrema gravedad. Quisieron creer que el Brexit les abriría una ventana de oportunidad. Se equivocaban. La crisis en la propia OTAN, con el desplazamiento de la anterior aliada Turquía hacia la órbita rusa era de entrada una losa terrible. 

La crisis de confianza producida por la guerra en Siria, no predisponen, bien al contrario, a apoyar veleidades independentistas en un Estado clave por su sumisión  a los designios del Imperio y por su localización geográfica. EEUU se siente cómoda teniendo un aliado tan valioso y tan poco problemático como el gobierno español. 

El Fondo Monetario Internacional asumió que el apoyo a Rajoy era la fórmula más segura para seguir cobrando los intereses de la deuda española. El FMI fortaleciendo la unidad de España, aseguraba el cobro. Todo esto no fue valorado y, rememorando al poeta español por excelencia,[1] se dijeron: ¡…el hoy es malo pero el mañana es mío¡…..

Puigdemont y Romeva pusieron todas sus energías en ser reconocidos en Europa. Ignoraron que todo aquello que había servido para desintegrar a los países del Este ahora no se podía repetir, era anatema. El mundo ha cambiado y algunos aún no han leído los libros de Historia ni han hecho sus deberes.

El trabajo de zapa realizado por el independentismo catalán no ha tenido éxito pero ha servido para reabrir un poco más el proceso de desintegración europea. 

Son seis los estigmas que aborda la UE en este momento:  

El regionalismo es el primero de los conflictos abiertos en la UE y que la empujan hacia su desarticulación como proyecto común.

 La crisis catalana ha ampliado la brecha de la regionalización, tal y como  han expresado los más altos representantes de la Unión. El reconocimiento político de Catalunya, de haberse producido, hubiera abierto la caja de Pandora. Sería la antesala de una serie de movimientos centrífugos que habrían ahondado la crisis general.

El Brexit se está convirtiendo en una película de enredos, donde nadie puede adivinar aún  cual es el final. La UE precisa de una transición pactada y pausada. Pretende disminuir el impacto negativo sobre la ocupación y los desplazamientos interiores. El Brexit es, por tanto, el segundo estigma de la UE. 

El independentismo fabuló que el abandono de Reino Unido de los tratados de la Unión, permitiría en un movimiento similar justificar la secesión de Cataluña. Nuevamente, un craso error: la reacción de los países afectados por el Brexit es la de cerrar filas y no modificar los tratados.

El tercer estigma es la crisis de los refugiados, fruto de las guerras y la miseria extendidas por los países occidentales. La intervención de personajes oscuros como George Soros, financiando con cientos de millones los “pasillos humanitarios” hacia el interior de Europa, han conseguido provocar una enorme crisis interna dentro de la UE, de tal magnitud, que ha puesto y pondrá en cuestión las propias esencias de la Comunidad. 

La victoria de partidos xenófobos en Alemania, Austria, Polonia… ha hecho que países como Rumania y Hungría, países con emigración propia, y que tuvieron que votar contra sus propios intereses nacionales en el tema de la acogida de refugiados, se sientan un poco más arropados.  (...)

El cuarto estigma será la progresiva diferenciación entre la Europa “rica” del Norte y la Europa “subsidiada” del sur. Éric Toussaint nos alertaba del saqueo que se está produciendo con la deuda griega, la portuguesa o la española. En el caso griego, Mario Draghi, antiguo directivo de Goldman Sachs, se jactaba de que había conseguido que los bancos centrales europeos ganaran más de 7.000 millones de euros entre 2012 y 2014 especulando con la deuda ateniense.

El quinto estigma es la imparable transferencia de recursos financieros de los países europeos hacia los paraísos fiscales de la UE (son cuatro los países con más exposición a ese tipo tráfico, Chipre, Luxemburgo, Holanda, Irlanda) a los que se habían añadido los territorios de ultramar, antiguas colonias del Reino Unido, y la propia City de Londres.

En ese contexto estallaba el caso catalán. Todos los órganos de gobierno de la UE cerraban filas en torno a preservar la unidad de España. La entrega de los Premios príncipes de Asturias fue la manifestación pública de este apoyo a las tesis de Rajoy. El presidente español había recibido el “placet” para intervenir en Catalunya.

 De haberse permitido esas veleidades separatistas otras regiones se la hubieran planteado. A modo de ejemplo: en Serbia se hubiera evidenciado inmediatamente el problema de su  minoría nacional (120.000 personas) en el norte del Kosovo. En Bosnia, la región de Srpska cuestiona su neutralidad si sus vecinos, musulmanes y croatas, como pretende la OTAN se adhieren a esa organización militar. No se podía ni se debía admitir un doble rasero a favor de Catalunya.

 En Mostar, los croatas alzan su bandera conjuntamente con la senyera. En los órganos de dirección europea se habla claramente, y  recorre un escalofrío cuando lo oyes, de “guerra civil intraeuropea” a propósito de una posible secesión en Catalunya.

En realidad, el sexto estigma y, sin duda, el más importante no tiene vías de solución. España, como el resto de los países de la Unión ha sido incapaz de ofrecer a su pueblo más que un continuo de recortes, de aumento de la miseria y la pobreza. 

La concepción y los grupos dominantes que gobiernan la UE, sólo pueden ofrecer más y más neoliberalismo económico en un horizonte donde la desigualdad se hace endémica. En el caso catalán, los grupos dominantes han descubierto en el falso enfrentamiento España-Cataluña, la vía para desviar la atención de los gravísimos escándalos que han sacudido a la sociedad española.

El enfrentamiento entre bloques (constitucionalistas-independentistas) ahondará aún más el conflicto y el enfrentamiento social. Ya se ha producido el primer muerto a cuenta de la tensión política entre unos y otros. El independentismo no ve otra vía de solución al propio lío que han creado que seguir ciegamente hacia adelante. No hay plan A y mucho menos B. 

No hay estrategia, sólo huída para intentar la salvación personal. Iceta, queriendo o sin querer, ha abierto una puerta falsa, la del indulto. El objetivo, abrir una vía de escape a los dirigentes independistas, en cierta forma como funcionó con el caso Ibarretxe.

Las bases independentistas, por otro lado, han desconectado de la realidad. Poco importa que los dirigentes como Marta Rovira muestren una incapacidad aterradora como dirigente político; tal es así, que, tras los varapalos sufridos en la TV, la han puesto en sordina. Es igual que el personaje sea cogido en falso. Seguirán impertérritos. Sus fieles aceptarán cualquier argumento, incluso el más descabellado. 

Hace tiempo que el mundo independentista se mueve a empellones de sentimientos ofendidos, o de agravios inventados, como el expolio de Sijena. La campaña se dirime hoy en el mundo de la emoción, presos inventados y democracia conculcada es el único argumentario que se usa. Una democracia de la que se reniega.

 Aunque se usa,  Imperfecta es cierto, pero que les permite manifestarse, estar presentes en la campaña y realizar su propaganda electoral sin cortapisas. Hablar de presos políticos en este país y ahora, es insultar la memoria de los torturados y asesinados en la negra noche franquista.  (...)

La sociedad catalana gira y mira hacia la derecha que va camino de conquistar su objetivo, el relevo en los sectores dominantes (Cs por PP) sin quiebra del régimen del 78. Gracias al reto catalanista se van a dar las condiciones para este giro. La derecha se recrece. La casta se perpetúa para desconcierto de una izquierda que, como diría el poeta, “no acierta la mano con la herida….”

La campaña, incapaz de generar debates, más allá de la especulación sobre unas u otras coaliciones. Ha alcanzado extremos de estupidez. Editoriales dedicados a las flatulencias de los “ex consellers” encarcelados. Su descripción de su paso por prisión más parece el asalto heroico a una posición enemiga a golpes de bayoneta que a la estancia de unas cuantas semanas en la cárcel. 

Uno de los encarcelados durante una noche narraba como tuvo que ¡hacerse la cama contando con la ayuda de su compañero de celda! Otros próceres de la izquierda post-moderna, nos cuentan, en programas televisivos de baja estofa y a falta de otro razonamiento político, sus costumbres sexuales. Que Ada Colau sea bisexual, lesbiana o heterosexual, no es, desde luego, un argumento político de relevancia.

Duros tiempos nos esperan. Pero: ¿quién puede asombrase de que en esta tesitura los pueblos sueñen con soluciones simples aunque ese mismo sueño se convierta inmediatamente en una pesadilla?"                     (Eduardo Luque Guerrero, Crónica Popular,15/12/17)

17.11.17

“La fragmentación de Europa sigue siendo una posibilidad”. “Si las reglas europeas continúan empobreciendo a los más pobres y enriqueciendo a los más ricos, la situación terminará siendo insostenible”. Francia forma parte de los perdedores de la UE y Alemania de los ganadores. El gobierno francés debería aliarse con el italiano o español...

"(...) El economista David Cayla analiza para CTXT las dificultades que Macron tendrá para llevar a cabo su proyecto y las contradicciones que existen detrás de la idea de una Europa federal.

 Este investigador académico en la Universidad de Angers es el coautor de la obra La fin de l’Union Européenne, escrita junto con la ensayista Coralie Delaume. 

Para él, el optimismo que vuelve a reinar entre los dirigentes europeos amenaza con disimular los desequilibrios económicos que persisten entre el norte y el sur de Europa. “Si las reglas europeas continúan empobreciendo a los más pobres y enriqueciendo a los más ricos, la situación terminará siendo insostenible”, explica durante la entrevista telefónica. 

¿Cómo analiza el proyecto de reforma de la Unión Europea en clave federal de Emmanuel Macron?

Se trata de una respuesta a la crisis de la zona euro y del mercado único, que se acentuó a partir de 2010. El espacio europeo se ha polarizado. En el corazón de Europa, Alemania se ha visto muy beneficiada con el mercado único, mientras que los países del sur se han empobrecido. Para compensarlo, Macron pretende impulsar un suflé federal.

 Es decir, una unión de transferencias de las zonas más ricas del norte hacia las más pobres del sur, aquellas que necesitan una mayor inversión. Mediante la creación de un presupuesto y un parlamento de la zona euro, espera compensar los desequilibrios del mercado único

¿Considera que este proyecto servirá para contrarrestar los desequilibrios económicos en el interior de la UE? 

En teoría, sí pero el gobierno alemán se opone a este proyecto. Este no quiere tener que pagar para impulsar la industria en Portugal o España. Así que lo más probable es que la UE continúe con su huida hacia adelante con el dumping fiscal y social.

 Durante los últimos años, los gobiernos español y portugués han aplicado reformas muy duras, que han comportado una bajada salarial. En Portugal también se ha llevado a cabo una política de dumping fiscal. 

Para relanzar la economía, se han exonerado los impuestos para las empresas y las personas extranjeras que decidan instalarse en el país. Pero se trata de una estrategia que no es cooperativa y que favorece la competencia entre los países para atraer el capital.

Durante su discurso de la Sorbona, Macron puso la fecha de 2024 como el año en el que culminaría su reforma federal de la UE. ¿Es posible la construcción de unos Estados Unidos de Europa a mediados de la próxima década?

Me parece que hay una gran ilusión detrás del proyecto de Macron. Sobre el papel, la idea parece interesante, pero su realización es muy complicada. Macron no ha encontrado el apoyo de ningún dirigente. 

Si lo hubiera hecho, ya habría publicado una tribuna en los grandes periódicos europeos. Pero no lo ha hecho ya que ninguno de los grandes países europeos está de acuerdo con su reforma federal. No sé quién le seguirá y cómo convencerá a los otros dirigentes.

 La razón de la falta de apoyos de Macron es que los intereses de los países de la UE son divergentes. Alemania rechaza cualquier tipo de unión de transferencias. Las últimas elecciones alemanas muestran que vamos hacia un endurecimiento de esta posición, con la entrada de los liberales alemanes en el gobierno. 

Además, la crisis de los refugiados ha revelado la ausencia de solidaridad entre los Estados europeos. Los países más afectados, como Grecia o Italia, no han recibido la ayuda de los otros países. Hay una crisis estructural que dificulta ver cómo una opción federal servirá para superar los desacuerdos nacionales.

Pero el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, también defiende una Europa federal…

Sí, pero hay una cierta ambigüedad respecto a esta opción federalista. Macron defiende la creación de un presupuesto de la zona euro que impulse las inversiones en los Estados menos competitivos. Pero también habla de escoger un ministro de Finanzas europeo. 

Este se encargaría de controlar sobre todo los presupuestos nacionales y los déficits de los países. Por otro lado, Juncker quiere impulsar una Europa federal a través de una armonización fiscal. Existe el proyecto de uniformizar los impuestos de sociedades. Pero no todos los Estados están de acuerdo con ella.

 Por ejemplo, Irlanda, Luxemburgo, Bélgica, Holanda… Son países que tienen unos impuestos muy bajos para intentar atraer a empresas. Aunque la Comisión Europea condenó a Apple en agosto de 2016 a pagar 3.000 millones de euros, el gobierno irlandés no ha hecho nada para cobrar esta multa.

¿Considera que esta falta de cooperación entre los Estados amenaza el futuro de Europa? ¿O lo peor ya ha pasado para la UE, después de haber resistido a la crisis del euro, el Brexit y la ola de la extrema derecha?

Sin duda alguna, la fragmentación de la UE sigue siendo una posibilidad. El mercado único favorece que los países ricos sean más ricos y los pobres más pobres. Esto no facilita que una sociedad pueda entenderse y cooperar fácilmente.

 Si las reglas europeas continúan empobreciendo a los más pobres y enriqueciendo a los más ricos, la situación terminará siendo insostenible. La triste realidad es que la crisis de la zona euro podía haberse resuelto de otra forma. 

Podíamos haber admitido que la crisis en Grecia no era sólo un problema de los griegos, sino de todos los europeos. Podíamos haber comprendido que el problema de la desindustrialización española, italiana o francesa no es sólo el resultado de la incapacidad de estos países para ser más competitivos.

El problema es que se han implantado en todos los países las políticas de la oferta. Hemos bajado los costes salariales y los impuestos sobre el capital y las empresas para atraer nuevas inversiones. Pero como todos los países aplican estas medidas, estas terminan por autodestruirse.

 Cuando observamos los niveles de industrialización, vemos que Alemania, Holanda o Austria son los países que han recuperado sus niveles de antes de la crisis. En cambio, el nivel de facturación industrial de Italia, Grecia o España todavía se encuentra por debajo del de antes de 2007. En efecto, los desequilibrios se incrementan en lugar de reducirse.

Macron apuesta claramente por estrechar su relación con la canciller alemana Angela Merkel. ¿Cree que el presidente francés puede incrementar el peso de Francia en el binomio franco-alemán?

Me parece un error fundamental de Macron el hecho de que dé tanta importancia al binomio franco-alemán. La estrategia de Macron es seducir a Merkel. Pero esta no se ha comprometido en ningún momento a apoyar su proyecto federal. Se trata del viejo mito de la pareja franco-alemana. Este podía funcionar durante los años ochenta, pero no ahora. 

Los intereses franceses y alemanes ya no son los mismos. Francia forma parte de los perdedores de la UE y Alemania de los ganadores. El gobierno francés debería aliarse con el italiano o español, en lugar de estrechar sus vínculos con el alemán. 

Pero después de las elecciones generales de septiembre, Merkel se encuentra en una posición de debilidad, ya que deberá conformar un gobierno de coalición, probablemente inestable, con los liberales y los verdes. ¿Esto puede incrementar el peso de Francia en la toma de decisiones y favorecer que Macron saque adelante su proyecto federal?

No creo, me parece que pasará lo contrario. Cuando un país en Europa se encuentra paralizado, esto dificulta que los otros puedan impulsar reformas. Si el gobierno alemán es débil, esto favorecerá un repliegue del gobierno alemán sobre sí mismo y que este se muestre reticente a cualquier cambio en el funcionamiento de la UE. (...)

En su obra La fin de l’Union Européenne, explica que la reunificación alemana refuerza las actuales reticencias de los dirigentes alemanes para favorecer que hayan políticas de redistribución en Europa. ¿Por qué?

La experiencia de la reunificación entre la República Federal Alemana y la República Democrática Alemana fue traumatizante. La economía alemana tardó más de diez años en digerirla. Los alemanes del oeste tuvieron la sensación de pagar un precio muy elevado, ya que asumieron el coste de subvencionar al Este. En cambio, los habitantes de la RDA se sintieron colonizados. (...)

Si la reunificación tuvo un coste tan grande, los alemanes no quieren pagar ahora para ayudar a Grecia o Italia.

¿Los actuales desequilibrios entre los países del norte y el sur de Europa ya eran previsibles cuando se impulsó la creación de la UE?

Entonces ya era previsible y por desgracia los dirigente europeos no lo previeron. Cualquier sistema económico unificado produce estos efectos de polarización. El hecho de tener una moneda única y de no tener barreras en los intercambios comerciales favorece esta concentración de la riqueza en unas zonas en perjuicio de otras.

 Por ejemplo, la construcción de Francia como Estado-nación comportó el enriquecimiento de algunas ciudades y el empobrecimiento del campo. Así que podíamos esperar que sucediera lo mismo en el caso de la UE.(...)

¿Estos desequilibrios se han visto acentuados con la adopción del euro?

Sí, el euro ha reforzado este efecto. Cuando cada país tiene su moneda nacional, los capitales resultan menos móviles porque invertir en otro país comporta el riesgo de que la moneda del país extranjero se devalúe. Además, el euro imposibilita que los niveles de inflación puedan variar entre un país u otro. 

Antes del euro, los países podían devaluar su moneda para incrementar su competitividad. Ahora esto es imposible. La única respuesta para un país que se desindustrializa es su devaluación interna. Es decir, impulsar devaluaciones de los salarios y los precios del país. Pero esto tiene un coste social muy grande.

¿Cree que esta fragmentación económica favorece la emergencia de nuevos nacionalismos? ¿Alimenta el sentimiento independentista en las regiones más ricas, como es el caso de Catalunya?

Cuando la competencia es lo primero y la solidaridad lo segundo, se priman los intereses nacionales. Cada Estado intenta ser lo más competitivo posible. Esta disputa económica tiene lugar entre los Estados, pero también dentro de los Estados. Esta cultura de la competitividad a cualquier precio lleva a las regiones más ricas a querer independizarse de las más pobres

Podemos hablar de Catalunya, pero también sería el caso del norte de Italia o de Flandes en Bélgica. Me parece que la UE tiene una cierta responsabilidad en la acentuación de esta tendencia. Cuando se favorece la competitividad entre los países en lugar de la diversidad de las culturas y las naciones, esto termina contribuyendo a la exacerbación de la competitividad y de los nacionalismos. (...)"          (Entrevista a David Cayla / economista y coautor de ‘La fin de l’Union Européenne’, Enric Bonet, CTXT, 14/11/17)

13.11.17

Devyani Rao: Desde el otro lado del mundo, desde India, a 8.000 kilómetros de distancia, sigo con incredulidad y estupefacción los acontecimientos en Cataluña... hay algo que sigo sin entender: independencia, ¿de qué?

"Desde el otro lado del mundo, desde India, a 8.000 kilómetros de distancia, sigo con incredulidad y estupefacción los acontecimientos en Cataluña. Hablo con muchos amigos españoles de distintas regiones, diferentes ámbitos y varias profesiones. Trato de estar al día pese a la rapidez con la que ha descarrilado el asunto catalán. Y hay algo que sigo sin entender: independencia, ¿de qué?

Vivo en Nueva Delhi, la capital de la mayor democracia del mundo, con una población de 1.200 millones de personas. Es el lugar de nacimiento de cuatro religiones, con 29 Estados y siete territorios administrados por el Gobierno central. Se hablan 22 idiomas, hay trece escrituras diferentes y más de trescientos dialectos. 

Cada Estado tiene su propia cultura, gastronomía, tradiciones, costumbres… Estamos gobernados por la Constitución de 1950 y así hemos vivido, en convivencia más o menos. Desde este entorno, no es nada fácil concebir las raíces del separatismo en Cataluña.

En cuestiones económicas y de reparto de fondos entre regiones de un país es normal que las más prósperas contribuyan más al fondo estatal y que reciban menos. Es el reto de un Gobierno central que tiene la responsabilidad de toda una nación y no de una sola parte.

Aparte de las cuestiones económicas, están la lengua y la cultura. Me acuerdo de cuando vino un amigo español a visitarme en la India. Viajamos al sur y éramos ahí igual de extranjeros. Allí no se hablaba hindi, el idioma del Gobierno central y de gran parte del norte del país. Yo desconocía los platos que nos servían, el estilo de vida, la arquitectura tan distinta a la de mi ciudad… Fue un viaje de descubrimiento para mí tanto como para mi amigo. Y fue estupendo.

En India viven, entre otros, los bengalíes del este del subcontinente. Se muestran a veces demasiado orgullosos de su tesoro cultural. Tienen razón. Cuentan con el famoso director Satyajit Ray y el gran poeta y escritor Rabindranath Tagore, autor también del himno nacional indio. El paso de los años no ha disminuido en absoluto la manera en que los bengalíes salvaguardan sus tradiciones o su cultura y las transmiten a sus hijos, incluso a los que viven en otras partes del país. Igual pasa en Rajastán o Punjab o Gujarat.

 Pienso en esto y me pregunto: ¿qué amenaza siente Cataluña hacia su cultura? ¿Quién impide promover esa cultura a través del teatro, la literatura, la música? ¿Quién se niega a enseñar a sus hijos el arte de Dalí y Miró o llevarles a visitar la Sagrada Familia y las Casas de Gaudí?

Pienso lo mismo cuando oigo hablar sobre la necesidad de proteger el idioma ante el castellano. Yo, como muchos niños indios de cierto sector económico, estudiaba en una escuela pública donde la enseñanza era en inglés. 

Mi lengua materna, el hindi, la estudiaba como una asignatura aparte. La mayoría de mis compañeros no hablaban bien el hindi, bien porque no era su lengua materna bien porque en casa no la usaban mucho. Mi abuela insistía en que habláramos un poco en nuestro idioma porque mi abuelo era un poeta famoso y a ella le parecía fatal que acabáramos siendo tan “anglófonos”.

La lengua y la cultura no son estáticas. Son dinámicas. Se pueden enriquecer más, y esto queda en manos de los que ya creen en su valor y tienen la voluntad de conservar y ampliar su conocimiento. En el caso del catalán, es un idioma hablado sobre todo en Cataluña. No se habla catalán en el resto de España, ni en Latinoamérica, ni en las antiguas colonias de España, ni tampoco en la ONU. El castellano es el segundo idioma más hablado en el mundo.

 En países como India, el castellano está entre los idiomas extranjeros más elegidos por los estudiantes por el gran panorama de oportunidades que les ofrece. En tiempos de globalización parece increíble que Cataluña, que pretende ser “la cara más europea” de España, no cuide el idioma que más oportunidades lucrativas presenta y que más futuro tiene.

La diversidad que hay en Cataluña palidece si se compara con la que hay en un país como India. Es difícil conversar con alguien que te encuentres en la calle porque su entorno, su religión, su casta, sus creencias, sus necesidades, su conocimiento y su visión del futuro pueden ser tan diferentes que no sabes por dónde empezar.

Después del triste ejemplo del Brexit, después de haber perdido tantas empresas, después de las firmes negativas de los países europeos de reconocer a Cataluña como Estado independiente, después de todos los artículos, discursos, debates, exigencias, peticiones de expertos de distintos campos que van advirtiendo de la enormidad de las consecuencias de la DUI, no sé cómo los separatistas insisten en seguir por ese camino. La comunidad internacional no les ofrece ningún respaldo. ¿Será porque no hay simpatía por su causa?

Los catalanes no están oprimidos. España no les roba ni el dinero ni la cultura ni su derecho de expresarse. A India le han robado mucho los varios conquistadores que ha tenido y el imperio británico, sobre todo cuando el país estaba más fragmentado política y socialmente.

 Hoy sabemos bien que nuestra fuerza reside en nuestra unidad y diversidad. España se enriquece con todo lo que le aporta Cataluña y Cataluña gana mucho al estar integrada en el resto del país. Por eso, me vuelvo a preguntar: independencia, ¿de qué?"                     ( es una periodista india que vivió y trabajó en España, El País, 09/11/17)

7.11.17

Si algo amenaza hoy la soberanía de los ciudadanos es el proyecto europeo. Es la Unión Monetaria la que coarta el derecho a decidir

"Esta fobia a España y filia a Europa resulta, por lo menos a primera vista, paradójica, porque si algo amenaza hoy la soberanía de los ciudadanos es el proyecto europeo. Es la Unión Monetaria la que coarta el derecho a decidir. 

Hoy en España, los ciudadanos catalanes son tan soberanos como los extremeños, los murcianos o los castellanos. Su capacidad de decidir, su autogobierno, no queda reducido al ámbito de la Generalitat. El habitante de Barcelona decide en su ayuntamiento con otros barceloneses, en su comunidad con otros catalanes y en el Estado español con otros españoles. 

Es soberano en cada una de las administraciones según las respectivas competencias, ya que se puede afirmar que, dentro de las imperfecciones connaturales a todas las instituciones, en las tres se dan estructuras democráticas. En las tres, por lo tanto, existe autogobierno.

La situación cambia radicalmente cuando se trata de la Unión Europea y en particular de la moneda única. La pertenencia a ella destruye en buena medida la soberanía de los pueblos, ya que se transfieren múltiples competencias de las unidades políticas de inferior rango (Estado, Autonomía, Municipio) que, mejor o peor, cuentan con sistemas representativos, a las instituciones europeas configuradas con enormes déficits democráticos. 

Sin embargo, parece que esta verdadera pérdida de autonomía, de democracia, no inquieta en absoluto a los secesionistas catalanes.

(...) Tradicionalmente, el Estado social y de derecho se ha basado, con mayor o menor intensidad, sobre una cuádruple unidad: comercial, monetaria, fiscal y política. Es sabido que las dos primeras generan desequilibrios regionales, tanto en tasas de crecimiento como en paro, desequilibrios que son paliados, al menos parcialmente, mediante las otras dos uniones, la fiscal y la política.

 La unión política implica que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos y obligaciones independientemente de su lugar de residencia, y que por lo tanto pueden moverse con libertad por el territorio nacional y buscar un puesto de trabajo allí donde haya oferta. 

La unión fiscal, como consecuencia de la unión política y de la actuación redistributiva del Estado a nivel personal (el que más tiene más paga y menos recibe), realiza también una función redistributiva a nivel regional, que compensa en parte los desequilibrios creados por el mercado.

La Unión Monetaria Europea ha roto este equilibrio creando una unidad comercial y monetaria, pero sin que se produzca, ni se busque, la unidad fiscal y política, lo que genera una situación económica anómala que beneficia a los países ricos y perjudica gravemente a los más débiles, ya que la unidad de mercados y la igualdad de tipos de cambios traslada recursos de los segundos a los primeros sin que esta transferencia sea compensada por otra en sentido contrario, mediante un presupuesto comunitario de cuantía significativa.

Esta situación anómala que crea la Unión Monetaria es la que ansían para sí los soberanistas surgidos en las regiones ricas. No se puede negar que tras el nacionalismo se encuentran pulsiones irracionales, sentimientos, emociones, afectos, recuerdos que en principio pueden ser totalmente lícitos.

 Pero, en la actualidad, cuando se trata de países occidentales y de territorios prósperos, el principal motivo, al menos de las elites que se encuentran al frente del independentismo, es el rechazo a la política presupuestaria y fiscal del Estado, que transfiere recursos entre los ciudadanos, pero también entre las regiones. 

Recordemos que la deriva secesionista de la antigua Convergencia se inicia no en 2010 con la sentencia del Tribunal Constitucional como quieren hacernos creer, sino en 2012 con el órdago acerca del pacto fiscal que Artur Mas dirige al presidente del Gobierno y de la negativa de este a romper la unidad fiscal y presupuestaria de España.

(...)  el motivo inconfesado que al menos las elites y dirigentes del independentismo tienen para querer romper con España y que sin embargo no tengan ningún problema, todo lo contrario, para admitir la pérdida de soberanía que representa la Unión Europea. 

Se encuentran confortables en un ambiente de total libertad económica como el de la Unión Monetaria y les incomoda el Estado español, no tanto por español como por Estado y por la función redistributiva que ejerce.

De ahí la contradicción en que caen los nacionalistas de izquierdas, o aquellos que desde la izquierda coquetean con el nacionalismo, defienden en el ámbito nacional lo que critican a la Unión Europea: la carencia de una unión fiscal y política."                (Juan f. Martín Seco, República.com, 19/10/17)

3.11.17

El intento de los franceses por entender lo que está ocurriendo en España... “¡Ah, la Catalogne!”

"(...) El intento de los franceses por entender lo que está ocurriendo en España ha dado lugar a muchos bandazos. En pocas semanas la editorial de Le Monde pasaba de recomendar a Rajoy que siguiera el ejemplo de Cameron con Escocia, a condenar como “vendedor de ilusiones”  y “estratega de la tensión” a Puigdemont, que no consiguió ser recibido por nadie en París.

 La segunda editorial de Le Monde causó crujir de dientes en Barcelona. En las redes sociales se intentó explicar en, “el 15% que el grupo Prisa tiene en el diario francés”, obviando que las editoriales que Le Figaro dedicó al independentismo (“Un desastre indecente”) no fueron a la zaga.

El diario conservador del grupo Dassault acusó a los independentistas, en una tribuna del consejero de Estado  Jean-Éric Schoettl, de, “intolerantes y autoritarios” por, “querer extirpar la parte hispánica” que los catalanes llevan dentro.

 En el referido coloquio del barrio latino, los tonos fueron mucho más sosegados. No había ibéricos en el público, compuesto por gente predominantemente madura y más bien inclinada a la izquierda, con lo que el ambiente se benefició de la ausencia de pasión de quienes no están emocionalmente  implicados.

 Los ponentes eran los profesores Cyril Trépier y Christian Hoarau, que ofrecieron muchos elementos de historia, de sociología electoral y demás, para intentar dilucidar el enigma que el asunto plantea a los franceses: ¿por qué en uno de los países más descentralizados de  Europa, una de las regiones con mayor soberanía y competencias autónomas quiere independizarse? Tanto Trépier como Hoarau tienen libros publicados sobre Catalunya, uno de ellos con prólogo de Artur Mas.

El segundo resumió la situación a la que se ha llegado en dos elementos explicativos: 1- El Estado  privilegió la inercia y cuando se dio cuenta de que el asunto estallaba fue a la confrontación y 2-Los independentistas apostaron por la ruptura con mediación de la UE, algo poco realista, en defecto de un pacto.

Las preguntas del público en este amable coloquio fueron las siguientes, por orden de aparición; ¿Cual es el papel de Podemos en esta crisis? ¿Qué diferencias hay entre la autonomía vasca y la catalana? ¿Cómo explicar la reacción fuerte del Estado al referéndum ilegal? ¿De dónde sale  esa ilusión hacia la mediación de la UE? ¿Recibe o escucha alguien en Bruselas a los independentistas? ¿Hay peligro de guerra civil? ¿Qué pinta el franquismo en todo esto? y, finalmente, ¿Qué habría que hacer?

 Los ponentes apenas mencionaron dos aspectos fundamentales del gran contexto de la situación española: el enorme sufrimiento que la crisis económica tiene sobre la población ibérica más humilde, y la delicada situación  que la crisis plantea para la legitimidad de los dos gobiernos implicados, conectados por ese fenomenal río de corrupción que une Madrid con Barcelona y que convierte a los nacionalismos en enormes recursos políticos.

 A partir de ahí, inocentes sorpresas ante la falta de respuestas solidarias y comprensivas en Europa y ante la reacción de fuerza del Estado y su amenaza de liquidar, simplemente, la autonomía.

“El gobierno catalán asumió el riesgo de una situación que no era impensable y de la que el 1-0 la primera víctima no fueron las instituciones sino la población”, dijeron. Esperanzas en que Rajoy no lleve demasiado lejos la “humillación” que la situación le brinda en bandeja y cuya salida menos mala sería la electoral

En resumen la conclusión: “una crisis que no ha sido gestionada con visión, ni por una parte ni por la otra”. Eso y la certeza de que un coloquio así, tranquilo y desapasionado, sería muy difícil en la España de hoy."                      (   , La Vanguardia, 28 Octubre, 2017)

31.10.17

Los referendos de la Italia pujante reabren la herida entre norte y sur... igual que en España, igual que en Europa


Ese mismo lunes, Luca Zaia, presidente de la región véneta, percibió la corriente favorable y exigió un estatuto especial, mucho más de lo que contenía la pregunta de la consulta. 

Algo se mueve en Italia. Hasta Matteo Renzi, líder del PD en el polo opuesto de esa visión, reconoció la fuerza del nuevo autonomismo. Pero el debate es tan difícil de gestionar a seis meses de las elecciones generales que incluso la Liga Norte, promotora del referéndum, ha borrado el apellido "norte" de su nombre.

El viejo sueño secesionista de la Liga de Umberto Bossi, hoy condenado por robar a su partido, fue enterrado por sus propios votantes. Pero el relato de los agravios económicos entre el norte y el sur de Italia se ha mantenido intacto. Lombardía, la puerta a Europa de Italia, exhibe hoy un déficit fiscal de 54.000 millones de euros anuales. El de Emilia-Romaña, la segunda comunidad más rica, llega a 18.000 millones; el de Véneto son 13.000 y el de Torino 8.000. (...)

El nuevo federalismo que emana del norte se analiza también con interés desde regiones meridionales como la Apulia, Campania o Sicilia, que celebra elecciones el próximo domingo. Roma no transmite confianza. Los partidos que carezcan de respuestas claras, con la sombra catalana de fondo, corren el riesgo de ser barridos en primavera.

El elemento Luca Zaia, un verso suelto dentro de la Liga que ya fue ministro de Agricultura con Silvio Berlusconi y hoy representa la única alternativa a Matteo Salvini en el partido, ha cambiado la velocidad de este particular proceso. El presidente de Véneto —que también suena para liderar la coalición de centroderecha— ya había intentado formular la pregunta del referéndum de forma más radical, incluso rozando premisas secesionistas.

 El Tribunal Constitucional le tumbó en varias ocasiones el planteamiento y aceptó la diluida pregunta final. Se fijó un quórum para la participación del 50% de los votos más uno, y finalmente se llegó al 60% (con un 95% de síes).  (...)

Las consultas han sido organizadas por dos grandes líderes de su partido (Maroni y Zaia) obviando el discurso de corte nacional que había adoptado la formación xenófoba. Casualidad o no, esta semana Salvini ha anunciado que el partido pasará a llamarse Liga, a secas.

Es decir, la palabra Norte desaparece del mapa y permite una refundación estética de lo que se había producido ya en los últimos tiempos con el cambio de discurso. “Hace tiempo que la Liga compite a nivel nacional para transformar Italia en un país federal”, ha señalado para demostrar la lógica del cambio de nombre.

El fenómeno autonomista cambia el paso también de la propia Liga Norte, convertida por Salvini en un partido lepenista de corte nacional centrado en el discurso antinmigración. Un artefacto político digerible en un sur castigado en los últimos años por la falta de recursos para acoger una oleada de 250.000 migrantes anuales, pero desconcertada ahora con los referendos. 

El próximo domingo, de hecho, se celebran unas elecciones cruciales en Sicilia. El M5S y el centroderecha se disputarán la presidencia de una región que ya tiene un estatuto especial, pero que podría ver con recelos la defensa de un nuevo régimen que traspase recursos al norte de Italia.

El lunes, con los resultados sobre la mesa, Zaia reflexionó, se vio con mayor peso político y desempolvó su vertiente radical pidiendo el estatuto especial. Una exigencia inasumible —descolocó incluso al líder de su partido, Salvini, incómodo con el referéndum— que requeriría una reforma de la Constitución promulgada el 1 de enero de 1948. La caja de los truenos.  (...)

En el contexto europeo de emergencia de los nacionalismos y en plena crisis catalana, el asunto no es menor. El politólogo Giovanni Orsina lo ve como una caja de Pandora difícil de controlar una vez se abra. Un cambio de modelo difícil de gestionar sin un Parlamento fuerte. “Las opiniones públicas son hoy muy inestables y hace falta muy poco para encender el fuego. 

En una situación de estabilidad el resultado del referéndum podría quedar ahí, pero con tanta insatisfacción, rabia y deseo de cambiar, una iniciativa como esta puede despertar una cuestión hasta ahora adormecida. No hay duda de que Italia es un país dividido. El norte es un pedazo de Europa a pleno título, y el sur tiene todavía unos perfiles mediterráneos más fuertes. Abrir este melón ahora es peligroso”.  (...)

La síntesis de este federalismo berlusconiano es el siguiente: menos Estado invasivo en el norte y más Estado eficiente en el sur. “Muchas competencias del sur se gestionan mal. Algunos ciudadanos querrían que la sanidad, por ejemplo, volviese al Estado porque se fían más que de sus regiones. Sería un mecanismo de subsidiariedad absolutamente virtuoso”, insiste Brunetta. Las elecciones del domingo en Sicilia aportarán alguna pista al respecto."                     (Daniel Verdú, El País, 30/10/17)

27.10.17

Es desde la internacional neoliberal de donde se trama la independencia de Cataluña, como un experimento para incitar a una descentralización global de los Estados-nación. Cuando la burguesía catalana percibe que ya no puede medrar de la teta de España, se echa al monte y decide optar por la independencia.

"Ya saben ustedes mi postura. El problema catalán tiene su origen en una lucha de poder interna entre dos de los componentes genuinos del Totalitarismo Invertido patrio. Por un lado las élites centralistas; por el otro, las elites periféricas catalana. 

En realidad ambas se han aliado en las últimas cuatro décadas para implementar políticas regresivas y represivas contra la mayoría de la ciudadanía y en defensa de los intereses de los “suyos”, tanto de aquellos que medran de la política, como de esos intereses privados que succionan de lo público. 

Ambas burguesías, la centralista y la catalana, son profundamente rentistas. Ello sin duda les ha generado en el pasado pingues beneficios, aderezados con múltiples escándalos de corrupción. Ambas élites, en definitiva, son igual de zafias, corruptas y distópicas.

 Pero este escenario toca a su fin. Desde un punto de vista económico, el súper ciclo de deuda, del cual mamaron estas élites, se agota. Se trata de ver como se reposicionan en un mundo globalizado postcrisis. Cuando la burguesía catalana percibe que ya no puede medrar de la teta de España, se echa al monte y decide optar por la independencia. 

Pero, por favor, no seamos inmaduros, el romanticismo independentista que nos presentan los mass media separatistas es la guinda que adorna una decisión tomada exclusivamente por las élites catalanas, por mucho que acudan a la CUP para agitar la calle. El peligro para la descomposición de nuestra querida España no es la CUP y su muchachada, ni mucho menos.

 El peligro es la hoja de ruta perfectamente diseñada por gente erudita, profundamente liberal, como Andreu Mas Colell, en su ya famoso artículo de opinión publicado en el diario Ara, tras el susodicho referéndum, “ El primer dia del que ve després . Y eso sí que es preocupante.

 Olvídense por un momento de todo aquello que se está diciendo sobre Cataluña en los medios de comunicación patrios, me da igual centralistas que periféricos catalanes. En su inmensa mayoría son profundamente simples y gregarios, encaminados a despertar los más bajos instintos de sus huestes. 

Vayamos a un análisis más global, más fino, más cínico, pensando en los intereses de clase. Desde fuera, en ambientes eruditos, se empieza a vislumbrar el mundo de los próximos 10 años a partir de lo que suceda en España con el problema catalán. 

Como botón de muestra véase esta pieza adjunta, “ If You Want to Understand the Next 10 Years, Study Spain ”, donde el autor defiende que las instituciones centralizadas y las naciones-estados establecidas actualmente en la humanidad se han vuelto profundamente corruptas, meros apéndices encaminados a proteger y enriquecer a los poderosos y a aquellos que están bien conectados, en lugar de beneficiar a la población en general. Recuerden el concepto de Totalitarismo Invertido “a lo Sheldon Wolin”.

La legitimidad democrática, bajo el Totalitarismo Invertido, se ha roto y la población ha comenzado a exigir nuevas vías, nuevas formas de gobernar. Ello se ha visto en diversos procesos electorales, percibidos por el establishment como populistas.

 En el caso de Cataluña una parte de su población abraza incomprensiblemente la independencia. Digo incomprensiblemente porque en realidad el “prusés” separatista fue una estrategia política del nacionalismo catalán para recuperar el control de las calles que se les escapaba con el movimiento del 15-M de 2011, centrado en cuestiones sociales, y muy alejado del nacionalismo.

Detrás de todo, cuando hurgamos la raíz del problema, resumido en el concepto de Totalitarismo Invertido, nos encontramos con un sistema roto degobernanza económica, denominado " neoliberalismo", surgido a mediados de la década de 1970 y que ha fracasado. Y este es el nudo gordiano, ¿cómo salimos de esta?, ¿cuál es la alternativa al neoliberalismo?

 Mi apuesta es clara. Hace poco asistí en España a la presentación del libro que acaba de publicar el profesor australianoBill Mitchell junto al politólogo italiano Thomas Fazi, titulado Reclaiming the State ”, algo así como Reclamando el papel del Estado. 

Es una llamada a la recuperación de las políticas económicas estatales como base para democratizar una sociedad que continúa inmersa en un proceso involutivo impulsado por la globalización neoliberal.

 La crisis del orden neoliberal ha resucitado una idea política que se consideraba enterrada en el basurero de la historia. El Brexit, la elección de Donald Trump, y la reacción neonacionalista, antiglobalización y anti-institucional que envuelve a Occidente implican un anhelo por una reliquia del pasado: la soberanía nacional.

 Se trata de reconceptualizar el estado nación como un vehículo para un cambio progresista. Los autores muestran que a pesar de los estragos del neoliberalismo, el estado todavía contiene recursos para el control democrático de la economía y las finanzas de una nación.

 El giro populista brinda una oportunidad para desarrollar una estrategia política de izquierda ambiciosa pero factible. Y es eso lo que debería haber abrazado, por ejemplo, Podemos.

 Pero ese Estado al servicio de la ciudadanía es lo que no quieren aquellos que nos han jodido durante décadas. ¿No se han dado cuenta de cómo neoliberales de medio mundo coquetean con el derecho a decidir de los catalanes?

 Y es desde la internacional neoliberal de donde se trama la independencia de Cataluña, como un experimento para incitar a una descentralización global de los Estados-nación. Si eso se produjera, nos les quepa duda que nos encaminaríamos a los Juegos del Hambre."              (Juan Laborda