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14.4.26

De emigrantes a inmigrantes, cambio de nombres, la misma historia... “Mi hija me dijo un día: Mamá, te quiero mucho, pero no te perdonaré nunca que nos dejaras"... los 3,5 millones que salieron a Alemania, Francia y Suiza, los principales destinos, no quieren recordar aquellos barracones desangelados, las habitaciones atestadas de literas, la suciedad acumulada por falta de saneamiento, las nueve duchas para 900 personas, el hambre de algunos o el aliento de la policía cuando no tenían papeles. Porque la mitad de los que marcharon a esos tres países en ese periodo fueron de forma ilegal... ¿Con papeles? Y una mierda. Un año estuve trabajando ilegal. Eso que dicen ahora de que los españoles íbamos con papeles no es verdad. ¿Que cómo hacía? Pues calladito y en casa, con miedo por si me agarraban”... “Y ahora, cuando veo que critican a los que están aquí, que vienen en esos barquitos, me da asco que se hable así de ellos. Yo por lo menos no tuve que llegar en patera”... “Una colombiana hoy en España podría contar prácticamente lo mismo”, afirma Riera Ginestar... limpié aulas, en un supermercado de lunes a sábado. ¿Y el domingo? A limpiar apartamentos de turistas, eso ya en dinero B, era un riesgo, pero bueno... tampoco aquellos ruidosos españoles gozaban de la mejor fama en el extranjero, ni se libraron del sambenito de la delincuencia que la derecha cuelga ahora a miles de africanos en España... y los acusaban “de sucios y de portar enfermedades, manipulaban los datos obviando la realidad y les culpaban de las pésimas condiciones en las que vivían... De los siete hermanos de Adelina, solo uno quedó en Destriana, otro marchó a Bilbao en la emigración interior, y cinco cruzaron los Pirineos, uno de ellos para siempre... “Las francesas eran libres, nosotras estábamos atadas, ellas no dependían de nadie y a mí tampoco me gusta que me manden mucho, a ellas no les importaba lo que dijeran los demás, aprendí mucho”, se ríe. “Soy feminista desde entonces” (Carmen Morán Breña)

"En 1971, marchó la gallega Casilda Hervés Gómez de emigrante a Francia. Aunque tenía 25 aventureros años, el viaje lo hizo sin parar de llorar. Sola, sin teléfonos como hoy, sin saber ni palabra de francés. Tenía una niña de tres años y otra que no cumplía los dos. “Fue muy negro, muy negro dejar a mis hijas. Cuando llegó el taxista de Vigo a recogerme vi el demonio delante de mí, me las tuvieron que arrancar de los brazos, pero yo sabía que tenía que marchar. Fui llorando todo el camino”. Hasta que otros españoles en el mismo tren le preguntaron: ¿a quién dejas? “A mis hijas y a mis padres”, contestó. “Pues yo dejo tres hijas, mi mujer y mis padres y me voy solo, tú por lo menos vas a ver a tu marido”, le espetó el otro para que calmara el llanto. “Cogí vergüenza y sequé las lágrimas”. A lo largo de su relato para este reportaje, la voz le temblará de nuevo por teléfono desde su pueblo de A Estrada (Pontevedra), cuando rememore la herida de aquel tiempo: “Mi hija me dijo un día: ‘Mamá, te quiero mucho, pero no te perdonaré nunca que nos dejaras’. Eso duele, duele mucho”.

No todo fueron penurias para los españoles que partieron a la emigración europea huyendo de la miseria propia y, de paso, lavando la cara de la España franquista, que envió con gusto al extranjero a quienes le estorbaban en sus estadísticas de desempleo y de los que recibió hasta 9.000 millones de dólares mediante remesas en 15 años. Pero sí fue “la historia de un fracaso y la búsqueda de un éxito que, si se consiguió, dejó heridas en el camino”, dice Joaquín Riera Ginestar, que ha escrito Emigrantes. La historia olvidada de la emigración a Europa (1960-1975), editado por Arzalia, de donde se han extraído los datos de este reportaje.

Catedrático de Geografía e Historia, el autor valenciano apenas encuentra un par de diferencias entre aquella migración y la que hoy vive España, por más que el tiempo se haya empeñado en borrar los peores capítulos de aquel éxodo y muchos de los 3,5 millones que salieron a Alemania, Francia y Suiza, los principales destinos, no quieran recordar ya aquellos barracones desangelados, las habitaciones atestadas de literas, la suciedad acumulada por falta de saneamiento, las nueve duchas para 900 personas, el hambre de algunos o el aliento de la policía cuando no tenían papeles. Porque la mitad de los que marcharon a esos tres países en ese periodo fueron de forma ilegal, eludiendo el Instituto Español de Emigración (IEE) que tantos retrasos acumulaba en las peticiones y que les sometía a tortuosos exámenes médicos, por no hablar de las discriminaciones políticas, laborales y de género que se oponían a sus traslados. Franco no quería dejar escapar la mano de obra cualificada, ni que salieran las mujeres, porque tenerlas en casa garantizaba el envío de dinero cada mes, detalla el autor del ensayo.

Sin papeles y “calladito”

A principios de los sesenta estaba Pepe Vidales cuidando sus vacas en Destriana (León) cuando un paisano le dijo que se iba a Francia. Ahí mismo agarró el muchacho la bicicleta y se fue con él. Y ahí se quedaron las vacas y se quedó el campo y los dineros que no alcanzaban. Por esa vía, la de paisanos, parientes y amigos que hacían de enlace con los empresarios que necesitaban mano de obra en aquella Europa que despegaba sin obstáculos salieron la mitad de los emigrantes. Alemania reclamaba nominalmente a muchos de ellos y aunque a Franco no le gustaba ese método, que consideraba ilegal, tragó con él. Otros pasaron algunos meses en la clandestinidad mientras conseguían los papeles, buscando empleo o trabajando en negro. A Emilio Prieto lo llamó su primo desde Suiza, “que allí se ganaba bien”. “¿Con papeles? Y una mierda. Un año estuve trabajando ilegal. Eso que dicen ahora de que los españoles íbamos con papeles no es verdad. ¿Que cómo hacía? Pues calladito y en casa, con miedo por si me agarraban”.

Suiza, explica Riera Ginestar, era “uno de los países con las normas más racistas, con condiciones casi de libertad condicional, no podían cambiar de sector laboral ni de cantón”, y con fuertes amenazas de expulsión que rara vez se concretaban “porque los necesitaban y se aprovechaban de su vulnerabilidad”. "La reagrupación familiar allí era una odisea”, añade. Así que Emilio, también gallego, recibió en Davos a su mujer, Mari Carmen Fariñas, pero tuvieron que dejar a los chicos al cuidado de los abuelos. “Un día se montó una pelea en un bar y mi primo me dijo que me largara de allí corriendo, por si venía la policía”. Tampoco el empresario podía legalizarlo aunque quisiera, pero Emilio lo recuerda muy honrado: “Me pagó el año entero y hasta el dinero de los impuestos que se había ahorrado por no tener yo papeles”. Cuando su situación se regularizó cobraba menos porque entonces fue él quien tuvo que pagar los impuestos: “Pero no me importaba, no estoy en contra de pagar impuestos”, afirma convencido.

Emilio también estuvo en “una habitación ilegal”, dice. “Y ahora, cuando veo que critican a los que están aquí, que vienen en esos barquitos, me da asco que se hable así de ellos. Yo por lo menos no tuve que llegar en patera”. Tampoco sabía el idioma. “Pues claro que no, es que yo no fui a Suiza a aprender alemán”, dice con sorna. Le releva al teléfono su esposa: “Yo empecé de camarera de habitaciones en un hotel y al inicio estaba aturdida, era todo muy difícil. Muy bonito, eso sí, limpio, ordenado, me gustaba. Después limpié aulas, en un supermercado”. De lunes a sábado. ¿Y el domingo? “A limpiar apartamentos de turistas, eso ya en dinero B, era un riesgo, pero bueno”, se ríe, ya jubilada y disfrutando del futuro que se fueron labrando: una casa, un huertico y unas gallinas. Cuando regresó a España aún estuvo diez años limpiando y cuidando niños, ella, que apenas pudo dedicar el tiempo de vacaciones a los suyos. “Una colombiana hoy en España podría contar prácticamente lo mismo”, afirma Riera Ginestar.

El mismo sambenito

El arquitecto y escritor suizo Max Frisch describió con una frase lapidaria el drama humano inherente a la migración, antes y ahora: “Pedimos trabajadores y vinieron personas”. Con ella arranca otro de los capítulos del libro de Riera Ginestar en el que describe que tampoco aquellos ruidosos españoles gozaban de la mejor fama en el extranjero, ni se libraron del sambenito de la delincuencia que la derecha cuelga ahora a miles de africanos en España.

El ambiente era como mucho “de tensa multiculturalidad”, se lee en el libro. La integración, explica el autor, falló por ambas partes. Los españoles partían de una formación pobre y de ambientes rurales, limitaciones que hacían más cómoda una relación entre paisanos, mientras que los nacionales y los medios de comunicación, en un mundo donde lo políticamente correcto aún no había hecho acto de presencia, los acusaban “de sucios y de portar enfermedades, manipulaban los datos obviando la realidad y les culpaban de las pésimas condiciones en las que vivían”, escribe Riera Ginestar.

Los migrantes salían con la idea de hacer mucho dinero en poco tiempo, dos condiciones que resultaron erróneas. En no pocos casos los sueldos de un matrimonio se dividían, uno iba para España y el otro se quedaba pagando impuestos en Alemania, o en Francia. Pronto descubrieron que necesitaban más tiempo para conseguir el propósito que les aupó al tren con sus fardos. Pero los años iban pasando y un día las lágrimas cambiaron de bando: ahora se vertían por el regreso, cuando ya la adaptación les procuraba momentos felices. Las copas al aire, tras el último brindis con anís, tiraba Adelina López en Bellegarde (Francia), después de beberlas con sus amigas en la Nochebuena. No era para menos, tenía un buen trabajo en una empresa de botes de aluminio y dos niñas que habían nacido en Francia entre el festejo de decenas de paisanos; una casita con jardín, tortuga y lavadero. Si a algunos les arrebataban los embutidos en las aduanas, Adelina y su marido, Toribio Vidales, acabaron incluso haciendo la matanza del cerdo en Francia, donde pasaron 14 años, en barrios donde todos se conocían por el gentilicio: la portuguesa, el yugoslavo, los italianos o aquellos marroquíes que compartieron buhardilla con Adelina un tiempo. “Eran majísimos”, dice, mientras guisa un conejo en casa de su hija en Madrid.

Mujeres libres

Si un día Europa celebra los éxitos de su famoso acelerador de partículas, el LHC de Ginebra, tendrá que empezar por agradecer el trabajo de miles de emigrantes griegos, portugueses, italianos, turcos, y de muchos españoles, como Toribio, que se desempeñó abriendo aquellos túneles destinados a la ciencia puntera que hoy enorgullece al continente. En la frontera con Suiza, Toribio salía de mañana y volvía a Francia a dormir. Los fines de semana daba peonadas en el campo si le llamaban para sacar patatas. “Poco, pero ibas ahorrando”, dice. De los siete hermanos de Adelina, solo uno quedó en Destriana, otro marchó a Bilbao en la emigración interior, y cinco cruzaron los Pirineos, uno de ellos para siempre.

Normalmente eran los maridos los que querían volver, explica Riera Ginestar. Para las españolas, el mundo que se abrió al otro lado de la frontera no fue solo el del trabajo y más trabajo. Si alguien aprendió lo que era la libertad lejos de la dictadura, fueron ellas. “En la madrugada del 19 de marzo de 1960, 43 mujeres de la provincia de Salamanca, la mayoría bejaranas, emprendían un viaje en autocar de 2.000 kilómetros y casi tres días de duración hasta Remscheid-Lennep”. Así arranca el libro que escribió la profesora de Literatura Mercedes Riba Hernández. Cuenta en él la historia de aquellas pioneras que partieron antes incluso de que Alemania y España hubieran firmado los acuerdos de migración. En Alemania se necesitaban con urgencia trabajadoras del textil, una industria antaño floreciente en Béjar que había ido cayendo en picado.

En aquel país aprendieron a ser más libres y no fueron pocos los matrimonios mixtos que se formaron. Algunas, explica Riba Hernández, huían de maridos maltratadores de los que no podían divorciarse en España, “de presiones familiares y sociales, de la mediocridad provinciana y de las estrictas normas de la moralidad nacionalcatólica”. Por fin solas en los bares, fumando si querían y vistiendo lo que les daba la gana. Una exposición, que se inaugurará simultáneamente el 3 de junio en el Museo de la Industria Textil de Béjar y en la biblioteca de la Bergische Universität Wuppertal alemana, recuperará aquella memoria.

Cuando Casilda Hervés, hoy de 80 años, dejó de llorar en aquel tren y arribó a la estación de Lyon pasó las de Caín porque no daba con su marido. Pensó: “Yo aquí no me quedo”. Pero Francia le abrió un mundo nuevo. “Me acordaba de mis hijas día y noche, pero puedo decir que tuve buenas amigas francesas. Nos íbamos a las tiendas a probarnos ropa, no comprábamos ninguna, pero eso ya era mucho”. “Las francesas eran libres, nosotras estábamos atadas, ellas no dependían de nadie y a mí tampoco me gusta que me manden mucho, a ellas no les importaba lo que dijeran los demás, aprendí mucho”, se ríe. “Soy feminista desde entonces”, asegura.

Casilda miraba los niños de su amiga Nicole, de la misma edad que las suyas. “Me gustaba mirarlas”. Pero también sacó tiempo para revolucionar su empresa y fue “la culpable de que se montara un sindicato allí”. “A mi marido se le metió en la cabeza que había que regresar, decía que había ganado más dinero en España a la vuelta que en Francia, pero, si te digo la verdad, más me habría valido llevarme a mis hijas a Francia”, cuenta por teléfono. Empoderada, politizada y con conciencia de clase, Casilda siguió manifestándose en Galicia cuando tuvo la oportunidad. Se acordaba de cuando cuidaba vacas con su madre y una pareja de la Guardia Civil dio una paliza a un hombre en el campo. “Y no podías hablar”. Era muy niña entonces y Francia la cambiaría por completo.

Las Casas de España y los curas

La política nunca estuvo ausente del todo entre los emigrantes, a pesar de que ellos sabían bien a qué habían ido: trabajo y ahorro. Pero el franquismo no quería que esas influencias libertarias volvieran a casa con ellos y trató de amarrar la moral mediante el folklore en las Casas de España y el envío de decenas de capellanes que conservaban las tradiciones religiosas, pero que, a la postre, le salieron rana al régimen y colaboraron para paliar las carencias de los españoles en el extranjero, como los curas rojos de las periferias urbanas en el fin de la dictadura.

El dibujante Kim, autor de las famosas viñetas de Martínez el Facha y de varios libros, también se fue a Alemania en los sesenta. Él era distinto, tenía 19 años y estudios. Pensó en sacar algún dinerillo. Vio aquellos albergues donde se hacinaban los españoles y cómo un día llegaron unos falangistas a inocular moralina y fueron expulsados a tomatazos. “¡Vosotros me matasteis a un hermano!”, les gritó alguno. Recuerda las mafias que falsificaban los documentos de los emigrantes para borrar la palabra “turismo” y poner “trabajo”; recuerda también a los españoles frente a los pollos que daban vueltas en el asador mirando con cara de hambre; la megafonía que les pedía no orinar en el parque y hacer uso de los servicios públicos; los rememora tumbados sin nada qué hacer en sus pocos ratos libres escuchando emisoras españolas de canciones con dedicatorias para los emigrantes. Y cómo él les escribía y leía las cartas. De todo aquello salió un libro ilustrado, Nieve en los bolsillos. Alemania, 1963 (Norma Editorial). Las historias de los emigrantes podrían llenar una biblioteca entera.

“Lo que tenemos ahora en España no es una invasión, es un drama, una oportunidad y una necesidad”, concluye Riera Ginestar, a quien le gustaría que su libro, riguroso y lleno de curiosos detalles desconocidos para el común, sirviera para “tomar conciencia de que aquello fue, se está repitiendo y puede volver a repetirse, como la propia historia”. Si algo diferencia aquella migración de la que se vive hoy, reflexiona, son los niños que llegan solos a España ahora, dice el autor, “y quizá la solidaridad, que no se da como entonces, cuando vemos a algunos explotando a sus compatriotas”. Salvo eso, España fue un país de emigrantes, aunque ahora no quiera ya mirarse en aquel espejo." 

(Carmen Morán Breña , El País, 12/04/26) 

24.2.26

40 anos do 23-F: a noite na que a democracia cambaleou... houbo quen agachou ou mesmo destruíu documentación de partidos, sindicatos e outras organizacións que podería ter comprometido aos seus membros; e, en xeral, todos e todas tomaron algunha precaución. Houbo tamén militantes que se presentaron nas sedes das súas organizacións ou na propia Casa do Concello onde a súa formación contaba con algún representante para buscar formas de defender dende alí a democracia... había "varios plans golpistas en marcha, algúns máis 'duros' e outros máis 'brandos'" e especulábase que sobre todo estes últimos contaban co apoio da Casa Real... o Golpe de Estado foi un baño de realidade que amosou as consecuencias que tiña a pervivencia de restos do franquismo en posicións de poder... a maioría absoluta obtida polo PSOE en outubro de 1982 afastou o medo a un novo Golpe... "Nese momento decidín chamar ao Comisario de Policía de Vigo para coñecer cal era a situación e a súa resposta encheume de intranquilidade, porque el díxome que non tiña ningunha posición sobre o que estaba a suceder e que simplemente agardaba ordes. A continuación chamei ao Gobernador Civil, que si tivo unha resposta máis comprometida coa democracia... Vin que non tiñamos capacidade ningunha de reacción nin de mobilizar a poboación... o medo histórico á represión do Franquismo xogou na nosa contra. A xente víase incapaz de enfrontarse ás forzas armadas. Esa era a correlación de forzas"... "Tempo despois coñecemos as listas negras nas que figurabamos centos de demócratas galegos que podíamos ter sido obxectivo dos golpistas, un plan de represión de persoas significadas”. "Esas listas foron feitas por axentes ou ex axentes da Brigada Político-Social e en función de como se desenvolvese o Golpe, podían ter tido moitas consecuencias distintas. Se agora nos queixamos de que a memoria franquista está moi presente nos partidos de dereita e en sectores do Exército, imaxina o que era entón. Ata onde podía chegar a represión? Non o podemos saber. Podía acabar da peor maneira"... "pensamos que había que dar unha mostra de firmeza dende o Concello e quedamos alí un grupo de militantes de Esquerda Galega apoiando ao Goberno municipal. Estivemos alí toda a noite"... "Eu concédolle moita importancia ao 23F e para nada concordo con aqueles que dende o presente afirman que todo estivo preparado para desenvolverse deste xeito. As posicións eran incriblemente ambiguas e houbo sorte de que caera a moeda pola parte que caeu" ( Marcos Pérez Pena)

 "O 23 de febreiro de 1981 votábase no Congreso a investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente do Goberno, en substitución de Adolfo Suárez, despois de que dous días antes o candidato non obtivera os votos suficientes. Ás 18.23 horas, na quenda de votación do socialista Manuel Núñez Encabo, irromperon no hemiciclo algo máis de 200 gardas civís comandados polo tenente-coronel Antonio Tejero, que interrompeu a votación ao berro de "Quieto todo el mundo!". Era o comezo do intento de Golpe de Estado do 23-F, do que hoxe fan 40 anos.

Foron uns momentos marcados por unha grande incerteza, sobre todo durante os primeiras horas, ata que ás 1.12 horas da madrugada, case sete horas despois do secuestro do Congreso, o rei Juan Carlos I interveu a través da televisión para manifestar a súa defensa da Constitución e o seu rexeitamento ao Golpe. O xeneral Milans del Bosch, que decretara o Estado de Excepción en Valencia e chegara a sacar tanques á rúa, depuxo a súa actitude ás seis da mañá e ao redor das doce do mediodía do día 24 Tejero permitiu os deputados abandonar o Congreso, antes de ser detido.

Son moitas aínda as incógnitas abertas en relación ao Golpe de Estado, sobre todo no que se refire ao papel xogado polo xeneral Alfonso Armada, moi próximo ao rei, e no que atinxe á existencia doutros plans de Golpe de Estado, en versións máis brandas, que dende había tempo viñan avogando por un golpe de man para pilotar a Transición Política doutro xeito. Ou tamén, á reacción dos Estados Unidos, que coñecido o Golpe se limitou a afirmar que o asalto ao Congreso era "un asunto interno dos españois" sobre o que non podía pronunciarse. Unhas incógnitas que se manteñen en boa medidas pola negativa dos sucesivos Gobernos a modificar a Lei de Segredos Oficiais que, de momento, manterá ocultos documentos clave sobre o 23F ata o ano 2030.

En Galicia, ao igual que no resto do Estado, esas primeiras horas foron momentos de grande angustia especialmente para os e as militantes de esquerda e nacionalistas. Houbo quen cruzou a fronteira con Portugal ou pensou en facelo o día 24 en función do desenvolvemento dos acontecementos; houbo que agachou ou mesmo destruíu documentación de partidos, sindicatos e outras organizacións que podería ter comprometido aos seus membros; e, en xeral, todos e todas tomaron algunha precaución. Houbo tamén militantes que se presentaron nas sedes das súas organizacións ou na propia Casa do Concello onde a súa formación contaba con algún representante para buscar formas de defender dende alí a democracia.

 Suso Veiga: "O 23F creou o mito da Transición e, sobre todo, o mito de Juan Carlos I como salvador da democracia"

É o caso de Xesús Veiga, deputado do Parlamento galego entre 1993 e 2005 e no ano 1981 dirixente do Movemento Comunista de Galicia (MCG), que relata así as súas primeiras sensacións e decisións ao saber do Golpe. "Estaba escoitando en directo a investidura, a través da Cadena SER, e no momento en que vin que estaba habendo un Golpe no Congreso, establecín contacto coa xente do partido. No MCG xa tiñamos un plan de acción previsto por se sucedía algo así, porque era unha posibilidade que xa analizáramos. Todos tomamos unha serie de medidas de seguridade, que pasaban en primeiro lugar por pasar esa noite nunha casa que non estaba asociada a min e, en caso de que o Golpe triunfara, o plan era pasar a Portugal ao día seguinte. No momento en que me despedín dalgúns compañeiros da organización tiven a sensación íntima de que ao mellor non volvía a velos nunca máis".

Veiga explica que na análise previa que realizara o MCG considerábase que había "varios plans golpistas en marcha, algúns máis 'duros' e outros máis 'brandos'" e especulábase que sobre todo estes últimos contaban co apoio da Casa Real. "Na medida en que o Rei tardou moitas horas en aparecer, iso fixo que se incrementase a incerteza. Aínda que o certo é que unha vez que interveu Juan Carlos todos nos tranquilizamos un pouco e lembro que dúas ou tres horas despois puiden conciliar o sono", conta.

Veiga destaca que a partir do 23F "creouse o mito da Transición e creouse o mito, sobre todo, de Juan Carlos I como salvador da democracia, un mito que agora está medio afundido por toda a súa traxectoria nas décadas seguintes". Sinala que este 'mito' "comezou a actuar dende ese momento e é importante para entender cousas que sucederon nos meses seguintes, como a aprobación da LOHAPA". Subliña que "o Golpe de Estado foi un baño de realidade que amosou as consecuencias que tiña a pervivencia de restos do franquismo en posicións de poder, que era algo que condicionaba o funcionamento do sistema político". Con todo, engade que "a maioría absoluta obtida polo PSOE en outubro de 1982 afastou o medo a un novo Golpe".

 Carlos Barros: "Non tiñamos capacidade de reacción. Había unha memoria da represión que xogaba na nosa contra"

Carlos Barros, historiador, era daquela xefe de prensa do Partido Comunista de Galicia. Conta que “o Golpe sorprendeume na casa e o primeiro que fixen foi levar á miña familia a un lugar seguro, a outra vivenda. A continuación despraceime á sede do PCG, que estaba en Travesía de Vigo, onde nos xuntamos un grupo de militantes". "Nese momento decidín chamar ao Comisario de Policía de Vigo para coñecer cal era a situación e a súa resposta encheume de intranquilidade, porque el díxome que non tiña ningunha posición sobre o que estaba a suceder e que simplemente agardaba ordes. A continuación chamei ao Gobernador Civil, que si tivo unha resposta máis comprometida coa democracia", explica. 

"Despois dirixinme ao Concello para falar co alcalde, Manolo Soto, e alí preocupoume a escasa mobilización que había na sede do Goberno municipal. Vin que non tiñamos capacidade ningunha de reacción nin de mobilizar a poboación", subliña, engadindo que "o medo histórico á represión do Franquismo xogou na nosa contra. A xente víase incapaz de enfrontarse ás forzas armadas. Esa era a correlación de forzas".

Con todo, Barros tamén subliña que aínda que “había unha memoria da represión que xogaba na nosa contra, tamén había unha memoria da loita do pobo a prol da liberdade que xogaba ao noso favor e que axudaba a consolidar a democracia que tanto custara gañar". “A democracia en 1981 era irreversible, agora vémolo claro. Pero nese momento non estabamos tan seguros”, di. Así mesmo, en relación á posibilidade dun 'golpe brando' que tamén estivo sobre a mesa nesas horas (por exemplo a través do Goberno 'de unidade nacional' proposto por Armada a Tejero), Barros alerta de que "os golpes brandos non existen. Os Golpes de Estado ou retroceden ou van para adiante, non hai punto medio. En Bolivia, por exemplo, o pobo conseguiu nos últimos meses que os golpistas retrocedesen, pero de ter triunfado algo así en España, os militares terían todo o poder".

Nese senso, ve "como unha medida necesaria" a súa decisión e a de moitos outros de protexer a súa familia, agochándose noutro domicilio. "Tempo despois coñecemos as listas negras nas que figurabamos centos de demócratas galegos que podíamos ter sido obxectivo dos golpistas, un plan de represión de persoas significadas”. "Esas listas foron feitas por axentes ou ex axentes da Brigada Político-Social e en función de como se desenvolvese o Golpe, podían ter tido moitas consecuencias distintas. Se agora nos queixamos de que a memoria franquista está moi presente nos partidos de dereita e en sectores do Exército, imaxina o que era entón. Ata onde podía chegar a represión? Non o podemos saber. Podía acabar da peor maneira", di.

Barros destaca a incerteza que se viviu nas primeiras horas, ata a intervención do rei Juan Carlos I: "Claro que tiñamos dúbidas, porque estaba caladiño como un peto. Co tempo sóubose que tivo os seus contactos con Armada, e que tamén foi en parte responsable, ao aliñarse con el de forma crítica contra o Goberno daquel momento”. “Pero hai que recoñecer que ao final, despois de estar bailando entre varias posicións, decidiuse a apoiar a democracia e a súa intervención foi decisiva, porque había moitos capitáns xerais que nese momento estaban dubidando se apoiar o Golpe ou non”, destaca.

Manuel Monge: "A versión que se conta hoxe sobre o 23F é un conto de fadas"

Manuel Monge, mestre, era naquel momento militante de Esquerda Galega. Conta que pouco despois das seis da tarde pasou polo Concello da Coruña, como facía con frecuencia para traballar cos dous concelleiros da súa formación. "Fun falar con Manuel Rivas, que daquela era o responsable de prensa do Goberno municipal, e foi el o que me contou que un grupo de gardas civís acababa de entrar no Congreso. O primeiro que fixen foi ir á sede de Esquerda Galega para agochar as fichas dos militantes e o resto de documentación que podía ser comprometedora, que levamos a unha casa fóra da cidade", relata. Monge destaca que "aínda que a primeira reacción podía ser saír correndo, pensamos que había que dar unha mostra de firmeza dende o Concello e quedamos alí un grupo de militantes de Esquerda Galega apoiando ao Goberno municipal. Estivemos alí toda a noite".

"Fixemos xestións, ademais, para que ao día seguinte se convocase un pleno extraordinario, como así se fixo", explica. Un pleno que, curiosamente, foi decisivo na aceleración da operación que desaloxou a Domingos Merino como alcalde de Coruña. "O pleno extraordinario amosou como estaban as posicións políticas na cidade nese momento. Presentouse unha moción que nun dos puntos rexeitaba o Golpe de Estado, pero que noutro punto manifestaba o apoio ao Rei Juan Carlos e á Monarquía. Merino dixo que el non podía votar a favor iso e iso acelerou a operación de UCD e PSOE para botalo da alcaldía", conta Monge.

Para Monge, "a versión que se conta hoxe sobre o 23F é un conto de fadas, trátanos como imbéciles, e iso non o digo eu, senón alguén tan pouco sospeitoso de radicalismo como Gonzalo Bareño, que o escribiu en La Voz de Galicia". "E iso é o que se vai representar este martes nos actos oficiais: que Juan Carlos I salvou a democracia e que temos que estar agradecidos", di. Monge destaca que "o 23F reforzou a monarquía". "Iso é o que se consegue cando tes un control absoluto dos medios de comunicación que che permite inverter o relato, creando a imaxe de que Juan Carlos salvou a democracia, cando a realidade é que estaba ao tanto do Golpe nos meses previos. O que pasou foi que o Golpe estaba previsto dun xeito distinto, e por iso o Rei finalmente se pronunciou en contra", sinala.

Monge salienta que o 23F amosou as consecuencias de manter aos sectores afíns á ditadura en posicións de poder, "un franquismo que segue aí e que non cesa", apunta. Monge destaca que nos anos seguintes ao Golpe a influencia destes sectores na política española seguiu moi presente: "Meses despois aprobouse a LOHAPA, que buscou frear os procesos autonómicos, aínda que anos máis tarde o Tribunal Constitucional tivo que anular varios dos seus artigos. De igual xeito, acelerouse o ingreso de España na OTAN. E tampouco é casual o nacemento dos GAL pouco despois", comenta. E conclúe: "Botámonos as mans á cabeza cos recentes manifestos franquistas no Exército, pero a realidade é que levan aí 40 anos, porque eses sectores nunca foron retirados destes espazos".

Joám Facal: "As posicións eran ambiguas e houbo sorte de que caera a moeda pola parte que caeu"

Joám Facal, militante do Partido Obreiro Galego integrado en Unidade Galega, traballaba naquel momento en Sodiga, en Santiago e ía a viña todos os días á Coruña, onde vivía daquela. Lembra que "ese día saín do traballo e cando ía pola autoestrada escoitei a nova do Golpe de Estado. De inmediato, dirixinme á sede do partido e con algúns compañeiros, como Gonzalo Vázquez Pozo, que era concelleiro na Coruña, decidimos ir á Casa do Concello para pecharnos como exemplo de coraxe cívica e para animar á xente".

"Aquel día o franquismo ambiental que impregnaba todo estoupou nunha acción que pretendía ser unha volta atrás que, por outra parte, estaba cantada. Eu concédolle moita importancia ao 23F e para nada concordo con aqueles que dende o presente afirman que todo estivo preparado para desenvolverse deste xeito. As posicións eran incriblemente ambiguas e houbo sorte de que caera a moeda pola parte que caeu", destaca. "Aínda que creo que a medio prazo aquilo non podía durar e que os militares non poderían ter aguantado moito no poder, o certo é que aquilo que reviraba como o que pretendían os golpistas as persoas que estabamos nesa lista negra poderíamos ter sufrido graves consecuencias", di

"Xa antes do 23F eu recibía na casa chamadas de madrugada e recibía ameazas de morte, o que se conecta coas 'listas negras' que despois se coñeceron, e nas que apareciamos eu e os meus irmáns Xaquín e Ramón, ou o meu cuñado Camilo [Nogueira]. Evidentemente, eran un motivo de preocupación", subliña.

E conclúe: "A cultura democrática que tiñamos os militantes de esquerda era moi firme e tiñamos claro que debíamos dar a cara. Non lembro a ninguén de Esquerda Galega que fuxira, aínda que sería entendible. A ética política na esquerda era tremendamente esixente naqueles tempos. Para nós militar non era estar apuntado a un partido, era levar adiante unha transición cara a unha Galicia radicalmente diferente".

As 'listas negras' galegas do 23-F

Independentemente de que o intento de Golpe de Estado tivese máis ou menos forza ou máis ou menos posibilidades de éxito, o perigo para moitos e moitas militantes era claro, tendo en conta o odio que as súas ideoloxías espertaban na ultradereita e nos grupos abertamente franquistas que aínda mantiñan amplas posicións de poder no exército ou nas forzas de seguridade. Neses anos circulaban 'listas negras' de militantes de esquerda que eran considerados obxectivos a controlar por parte destes sectores. Anos despois do 23F o historiador Carlos Fernández publicou en La Voz de Galicia unha ampla lista duns 500 nomes, composta a partir das listas que manexaban estes grupos de ultradereita. 

A relación de nomes acompañábase dunha descrición (non sempre exacta) da súa militancia e dalgúns comentarios (moitas veces profundamente incorrectos) sobre a súa 'perigosidade'. Comunistas, socialistas, nacionalistas, militantes de partidos (dende o PCG, BNPG, MCG, ORT, PSG ou POG ata o PSOE ou mesmo o PG) e de sindicatos, activistas culturais, intelectuais ou profesores universitarios, todos eles constituían -pola súa visibilidade- unha primeira liña de obxectivos para os impulsores do Golpe de Estado.

 Persoas incluídas en Galicia nas 'listas negras' do 23-F | Transcrición literal 

 TABLA: https://www.datawrapper.de/_/HcR9P/  (24 páginas) 

Nome Descrición
Abad, JoséDe las Juventudes Comunistas Revolucionarias.
Abalo Costa, FranciscoMilitante nacionalista de Moaña.
Abalo Costa, MarianoMilitante nacionalista de Cangas.
Abuín de Tembra, AvelinoGalleguista de Santiago. Colaborador de Prensa.
Adrio Barreiro, GonzaloSocialista de Pontevedra.
Agrelo, TrigoDirigente de CC.OO. de Lugo.
Aguirre Rivas, JoséComunista orensano.
Allegue Aguete, PilarComunista. Profesora de la UNED.
Alonso Campelle, RogelioDirigente de CC.OO de Ferrol.
Alonso Montero, JesúsComunista radical. Profesor de Instituto en Vigo.
Alonso Pérez, FranciscoMilitante del Bloque de Pontevedra.
Alonso QuintasComunista radical coruñés.
Alonso Vázquez, CarmenComunista orensana.
Álvarez López, FranciscoIzquierdista de Carral.
Álvarez Blázquez, DaríoEscritor vigués, izquierdista y galleguista.
Álvarez Domínguez, BautistaNacionalista radical, vive en Vigo, posee armas.
Álvarez Gándara, AlfonsoAbogado vigués, procede del PSG.
Álvarez Gómez, SantiagoVeterano líder comunista, secretario general del PCG, aunque afincado en Madrid suele venir por Galicia y es una de las personas de confianza de Carrillo.
Álvarez Gundín, RosarioNacionalista radical orensana.
Álvarez Pousa, LuisPeriodista de La Voz de Galicia.

Ofrecemos a 'lista negra', tal e como foi publicada (coas descricións orixinais que incluía para cada persoa), nunha táboa interactiva. Nela aparecen nomes tan recoñecibles como os de Xosé Manuel Beiras ("Profesor de la U de Santiago, nacionalista radical, posee armas, ha ayudado a terroristas del Grapo, de gran predicamento entre la masa estudiantil"), Camilo Nogueira ("Ingeniero, profesor de Universidad, nacionalista radical"), Xosé Luís Méndez Ferrín ("Profesor y escritor de Vigo, partidario de la lucha armada, ideólogo del Grapo y de la UPG, de gran predicamento entre la juventud, posee armas. Muy peligroso"), Xesús Alonso Montero ("Comunista radical. Profesor de Instituto en Vigo") ou os nosos tres entrevistados, como Carlos Barros ("Perito industrial, comunista vigués, posee armas"). 

Na lista é recorrente a mención á "perigosidade" dalgún dos militantes de esquerda ou referencias á posesión de armas, máis que dubidosa nos máis dos casos. Destacan tamén algunhas referencias a dirixentes políticos do momento, como o alcalde vigués Manuel Soto ("Alcalde socialista de Vigo, ha organizado un verdadero soviet en el Ayuntamiento, tienen depósito de armas explosivos").

En conxunto, as descricións coas que aparecen as persoas 'sinaladas' nestas listas negras amosan aquelas ideoloxías e actividade que os golpistas máis odiaban e tiñan no seu punto de mira. Entre as palabras máis repetidas figuran 'socialista', 'comunista', 'nacionalista', 'CC.OO.', ademais de 'dirixente' e 'militante', pero tamén 'profesor', 'metalúrxico', 'construción', 'escritor', 'Astano', 'mestre', 'obreiro' ou 'galeguista'. Todo aquilo que o 23F perseguía e buscaba atacar."

Marcos Pérez Pena , Praza Gal, 23/02/26) 

27.11.25

Franquismo, la pesadilla económica 1939-1950, el retroceso más grande de la historia contemporánea de España: Una hambruna sin paliativos, menos de 2.000 calorías y, en algún momento, 1.500 calorías de ingesta calórica para una parte de la población... con la consiguiente caída de la estatura de los jóvenes... desaparición del diez por ciento de la población activa, con afectaciones evidentes en grupos de alta cualificación (intelectuales, profesores, médicos, ingenieros, etc.)... 600.000 personas muertas y desaparecidas... Casi un cuarto de siglo de atraso económico en términos de renta per cápita... El consumo privado real per cápita de 1931 no lo hizo hasta 1957... el franquismo añade un enorme atraso económico al que ya coleaba en la economía española por su llegada más retardataria a la revolución industrial... Hambruna, miseria, pésimas condiciones de vida, represión feroz, ganancias para los sectores sociales privilegiados, eso fué el franquismo (Carles Manera)

 "Caracterización del franquismo

Un elemento central caracteriza el franquismo en su larga trayectoria: la extensión de la represión, en todas sus dimensiones. Una función netamente política, desde las furibundas disposiciones de los generales Mola y Queipo de Llano tras el estallido del golpe, hasta la profundización represora con el final de la contienda. El objetivo de los sublevados era la remodelación total de la sociedad, con una orientación retrógrada en todos los ámbitos, tal y como nos recordó en su momento Josep Fontana (“Reflexiones sobre la naturaleza y las consecuencias del franquismo”, en J. Fontana, ed., España bajo el franquismo, Crítica, Barcelona 1985).

El gran número de detenidos y represaliados por la dictadura franquista supuso la creación de un elevado elenco de campos de concentración y prisiones a lo largo de España. A efectos prácticos, la guerra no había terminado. Los vencedores se cebaban sobre los vencidos, de manera inmisericorde. Y esto se condensaba en la macroeconomía y en la economía pública: la política de alta represión disparó el gasto estatal en defensa, hasta niveles nunca vistos en Europa en situaciones de paz, tal y como han demostrado los profesores Francisco Comín y Daniel Díaz (“Sector público administrativo y estado del bienestar”, en Albert Carreras-Xavier Tafunell, dirs., Estadísticas Históricas de España. Siglos XIX-XX, 2.ª edición, revisada y aumentada, Fundación BBVA, Madrid 2005). Mientras esto sucedía, los indicadores sociales se desmoronaban, con la aparición de la hambruna (sobre esto: Miguel Ángel del Arco Blanco, La hambruna española, Crítica, Barcelona 2025).

La represión franquista, el exilio y la caída enorme de la economía tuvo otras consecuencias letales para el futuro del país: la pérdida de población con formación. De hecho, esto supuso la desaparición del diez por ciento de la población activa, con afectaciones evidentes en grupos de alta cualificación (intelectuales, profesores, médicos, ingenieros, etc.) cuya aportación era relevante en una situación de reconstrucción post-bélica. Al mismo tiempo, se observaron retrocesos de la escolarización –y la caída de la estatura de los jóvenes (Javier Puche-Antonio Cámara-José Miguel Martínez Carrión, “Estatura y mortalidad infantil durante la Guerra Civil y la dictadura franquista: la Comunidad Valenciana”, Papers de Demografia, 2015) –, por un motivo central: ante la situación de pobreza, muchas familias sacaron a sus hijos de los colegios y los pusieron a trabajar para obtener así un incremento en una renta que era de penuria. Variables conocidas, provenientes de investigaciones recientes en economía e historia económica, ponen negro sobre blanco que los años del franquismo –especialmente desde 1939 hasta 1959– significaron el retroceso más grande de la historia contemporánea de España (el compendio estadístico más completo en: Albert Carreras-Xavier Tafunell, dirs., Estadísticas Históricas de España. Siglos XIX-XX, 2.ª edición, revisada y aumentada, Fundación BBVA, Madrid 2005):

  • El PIB per cápita de 1935 no se recuperó hasta 1951;
  • El consumo privado real per cápita de 1931 no lo hizo hasta 1957;
  • Los salarios reales de 1936 no se recuperaron hasta 1956.

El pensamiento económico franquista

Se podría sintetizar en tres factores, ampliables:

  1. Una premisa fundamental en el ideario económico franquista era que la democracia –con la existencia de partidos políticos y sindicatos de clase– constituía un problema para el crecimiento económico. Esta tesis se ha actualizado recientemente por parte de think tanks del conservadurismo más extremo: se están viendo signos inequívocos en Estados Unidos, por ejemplo. También en Europa.
  2. La idea de que el mercado nacional proporcionará todos los bienes necesarios: “no tenemos necesidad de importar nada”, indicaba el dictador (Palabras del Caudillo, 18 de agosto de 1938, p. 263; vid. Fontana, cit., p. 29). La autarquía como guía de la economía, una reedición del “que inventen ellos” y de la proliferación de propuestas descabelladas, ocurrencias sin el más mínimo sustrato económico racional (desde la utilización de agua para fabricar combustibles; o, para aliviar las escaseces alimenticias, preparar bocadillos de carne de delfín, teoría de un tal Arrese, promocionado a gobernador de Málaga tras proponer este disparate).
  3. Una reconstrucción económica sustentada en la construcción de pantanos, una idea heredada de José Calvo Sotelo. La propuesta recuerda también lo que un partido político de extrema derecha sugiere para la recuperación de Valencia tras el fenómeno de la dana.
  4. El desprecio hacia toda teoría económica que pusiera en solfa los tres puntos anteriores: “nuestra guerra tendrá que influir seriamente en todas las teorías económicas defendidas hasta hace poco tiempo como si fueran dogmas” (Palabras del Caudillo, 31 de diciembre de 1938, pp. 309-310; vid. Fontana, cit., p. 29).

Estos cuatro argumentos se deshacen cuando la dura realidad económica sitúa la economía española al borde de la bancarrota, a fines de la década de 1950. Entonces, a regañadientes, Franco no tiene más remedio que escuchar a los economistas profesionales. Será la entrada de los tecnócratas y de los miembros del Opus Dei en el puente de mando de la economía española. Recuperación de la economía, en la que sigue perviviendo la represión y la falta de libertad.

El coste económico del franquismo: una aproximación

Los estudios sobre el impacto económico des ese primer franquismo, que marca la política autárquica y que, en definitiva, determina un nuevo e importante retroceso económico y social para España, son ya importantes. Tales investigaciones se han realizado desde perspectivas más nacionales, como desde ópticas regionales. En ambos casos, los análisis señalan una conclusión clara, con derivadas cualitativas y cuantitativas: el franquismo añade un enorme atraso económico al que ya coleaba en la economía española por su llegada más retardataria a la revolución industrial. Esa situación comportó pérdidas notables en ámbitos sociales, y un corolario en vidas humanas que ha significado, hasta hace relativamente poco tiempo, el silenciamiento de los familiares de los represaliados. Nos aproximamos a esto en los datos presentados en la tabla 1. Retraso económico crucial; pero, y esto es lo más destacado, eliminación física de miles de personas.

La lectura de los números de la tabla 1 nos aporta magnitudes de impresión. 

En primer lugar, unas 600.000 personas muertas y desaparecidas en muy poco tiempo, y a raíz de una proclamada “paz” inexistente. 

En segundo término, unas condiciones de vida lamentables, expresadas en la ingesta calórica calculada a partir de investigaciones recientes, componentes alimenticios alejados de lo que se consumía antes del estallido de la guerra civil, y que situaban a sectores importantes de la población española en el umbral del peligro demográfico: menos de 2.000 calorías y, en algún momento, 1.500 calorías. Una hambruna sin paliativos. 

En tercer lugar, el desastre educativo: depuración de docentes, adaptación de escuelas construidas durante la República a cuarteles militares –con la cesión de la educación a la Iglesia por parte del régimen–; una destrucción de un capital humano en un país con, en esos momentos (década de 1940), un 32% de analfabetismo (8,76 millones de personas: https://ricardotejada.wordpress.com/wp-content/uploads/2015/02/analfabetismo-en-espana-1860-1985.pdf).

Tabla 1. Algunos indicadores sobre el primer franquismo, 1939-1952

1. MUERTOS


CausaNúmero de muertos
Represión150.000 (*)
Hambruna400.000


Desaparecidos30.000
En campos concentración/cárceles15.000


2. ALIMENTACIÓN
Años/situacionesCalorías consumidas (persona/día)
19312.846
Cartillas racionamiento2.300
19411.980
19461.430


3. EDUCACIÓN
AñosObservaciones
1932-19369.991 escuelas construidas
193660.000 docentes
1939-1950Depuración de 16.000 maestros
Observaciones
(*) Sin garantías jurídicas
Stanley Payne presenta cifras entre-200.000 y 600.000
1939-1942:– 200.000 muertos por inanición

FUENTE: elaboración personal a partir de: Miguel Ángel del Arco, “Famine in Spain during Franco dictatorship, 1939-1952”, Journal of Contemporary History, núm. 56 (1), 2020; y de César. Luena-Fernando Martínez-José Félix Tezanos, “Presentación. El franquismo. Cincuenta años después”, Sistema, 273-274. El cálculo de 1941 es personal, teniendo en cuenta que la necesidad calórica media es de unas 3.000 calorías por persona y día y que en ese año solo se cubría el 34% de dicha necesidad.

 La tabla 2, que recoge dos variables cruciales, delata que en la década de 1940 las magnitudes alcanzadas se encuentran alejadas de las conocidas para el período de pre-guerra.

Tabla 2. Tasas de crecimiento del PIB y de la Renta Familiar Bruta disponible,

1930-1950

Tasa de crecimiento1930-19351935-19401940-1950
PIB, precios básicos constantes2,05-3,111,02
Renta Familiar Bruta Disponible (*)1,49-3,610,85
(*) A precios constantes de 1995.


FUENTE: elaborado a partir de Julio Alcaide, Evolución económica de las regiones y provincias españolas en el siglo XX, Fundación BBVA, Bilbao 2003.

Los gráficos 1 y 2 aportan variables complementarias. En el primero, se recogen los cálculos de Josep Fontana a partir de un contrafactual: cuál hubiera podido ser la renta de España sin la guerra civil y, por tanto, sin la postguerra del atraso económico. Fontana explica la metodología de su hipótesis suponiendo el mantenimiento del crecimiento económico de los años 1930 y el empuje que se hubiera dado a la economía española al acabar la Segunda Guerra Mundial, tal y como aconteció a buena parte de las naciones europeas. Esos supuestos, que son razonables, permiten inferir que, comparando las magnitudes reales, conocidas, con las derivadas de los cálculos contrafactuales, España hubiera ganado mucha renta tanto en la década de 1950 como en la de 1970 (cuando en las cifras reales se recogen ya los impactos de la apertura de la economía española y las consecuencias del avance del turismo de masas): un mayor crecimiento del orden del 67% en los años 1950 y 1970. He aquí, por tanto, una cifra que acerca al coste económico del franquismo.

Gráfico 1. Renta per cápita de España a precios constantes (números índice)

FUENTE: Fontana, op. cit., p. 37.

El gráfico 2 incide en el tema con el estudio sobre salarios reales en Cataluña entre 1939 y 1950: un descenso notable y generalizado si se contrasta con 1936, antes de la guerra, “pero los beneficios de los grandes propietarios agrarios, de las empresas y de la banca se incrementaron” (Carlos Barciela, “Guerra civil y primer franquismo (1936-1959)”, Francisco Comín-Mauro Hernández-Enrique Llopis, eds., Historia económica de España, siglos X-XX, Crítica, Barcelona 2002). Hambruna, miseria, pésimas condiciones de vida, represión feroz, ganancias para los sectores sociales privilegiados.

Gráfico 2. Salarios reales en Cataluña, 1939-1950 (1936=100)

FUENTE: elaborado a partir de: Carme Molinero-Pere Ysas, “Patria, justicia y pan”. Nivell de vida i condiciones de treball a Catalunya, 1939-1959, La Magrana, Barcelona 1985. También: Carlos Barciela, “Guerra civil y primer franquismo (1936-1959)”, Francisco Comín-Mauro Hernández-Enrique Llopis, eds., Historia económica de España, siglos X-XX, Crítica, Barcelona 2002.

                La evolución española contrasta con los países del sur de Europa en esos años. Italia, Grecia, Yugoslavia, duplicaban la producción industrial entre 1946 y 1950, mientras que en España se anotaba un incremento del 10% (Jordi Catalan, La economía española y la segunda guerra mundial, Ariel, Barcelona 1995). En definitiva, la tasa de aumento del PIB español a lo largo de la década de 1940 fue muy mediocre, hasta el punto de que el nivel de 1935 no se alcanzó hasta 1951 (Albert Carreras-Xavier Tafunell, Entre el Imperio y la Globalización. Historia económica de la España contemporánea, Crítica, Barcelona 2018). El nivel de renta nacional y de la renta per cápita de 1935 no se recuperó hasta entrados los años cincuenta (Carlos Barciela, “Guerra civil y primer franquismo (1936-1959)”, Francisco Comín-Mauro Hernández-Enrique Llopis, eds., Historia económica de España, siglos X-XX, Crítica, Barcelona 2002).

Conclusión

El coste del franquismo puede ser evaluado en una cifra entendible: entre 15 y 25 años. Este es el atraso. España quedó ancorada tras el desastre de la guerra en un régimen dictatorial que, en el campo de la economía, se edificó sobre propuestas y acciones irracionales, ineficientes, ineficaces, lesivas para el conjunto de la población y enriquecedoras de las elites que daban apoyo, desde 1936 –y antes– a los golpistas y a Franco. Existe una bibliografía afortunadamente copiosa, seria y presidida por el rigor científico, sobre la economía y los economistas durante la guerra civil y la post-guerra (véase Enrique Fuentes Quintana, dir.; Francisco Comín, cord., Economía y economistas españoles en la guerra civil, Galaxia Gutenberg-Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Madrid 2008), aportaciones que deben ser las de obligada consulta eludiendo las grotescas manipulaciones que se han realizado y se desarrollan en la actualidad por parte de pseudo-historiadores y pseudo-economistas.

Casi un cuarto de siglo de atraso económico en términos de renta per cápita: nadie en su sano juicio debería querer regresar a ese tétrico pasado económico y social." 

( 

21.11.25

“El franquismo hizo con el hambre lo mismo que Netanyahu en Gaza”... La dictadura hacía lo mismo que está haciendo ahora Netanyahu en Gaza: aquí entra la ayuda humanitaria que diga yo, y la damos nosotros como queramos y donde queramos, para mover a la población a un lado o al otro, o decidiendo que coman estos y que no coman los otros, por eso desincentivó la ayuda de los cuáqueros, que acabaron yéndose del país. El franquismo les hizo la vida imposible... Hubo un intento de la Cruz Roja americana de enviar no sé si veinte mil cajas de leche en polvo, y Serrano Súñer lo rechaza ¡La gente se estaba muriendo de hambre, literalmente! ¿Qué pasaba? Que Serrano era un pronazi que quería que España entrara en la guerra, y una ayuda de la Cruz Roja estadounidense resultaba problemática... En la corrupción del hambre está implicado desde el propio Franco, cuando vende de estraperlo el café que le mandan de Brasil, hasta su hermano, sus ministros… En España, la inflación era tan grande, los precios del mercado negro eran tan altos, que mucha gente no podía acceder a alimentos que sí había, pero no se encontraba, y los tenías que comprar de estraperlo. Mucha gente se murió de hambre porque no podía pagar esos precios... Las autoridades franquistas de Álava llegaron a decir literalmente: “Si estos desgraciados comieran, el número de protestas aumentaría, pero de momento los estómagos vacíos mantienen a la gente callada”. Los hambrientos pueden hacer una revolución; los famélicos, no... mi bisabuela compraba un pan para sus cinco hijos, se lo daba y solo comía lo que ellos dejaban: si eran nada más que unas pocas migas, esas pocas migas era lo que comía... a Miguel Hernández el régimen le ofreció muchas veces una reducción de condena o incluso ser liberado si escribía poemas a favor del franquismo. Miguel Hernández siempre dijo que no. En su hambre mandaba él. Cuando muere de hambre y enfermedad, su familia no lo puede velar porque en el cementerio, en 1942, todavía estaban fusilando gente. Las dos violencias coinciden en el tiempo (Miguel Ángel del Arco)

 "Dice el historiador granadino Miguel Ángel del Arco Blanco en el epílogo de La hambruna española (Crítica, 2025) que «lo que sucedió en la posguerra española no fue solo hambre, sino una auténtica hambruna homologable a las acaecidas en Europa y en el mundo. Pese a la negación de su existencia por parte del franquismo, este libro prueba que tuvo lugar, la identifica, explica sus causas, quiénes fueron sus víctimas y cuáles fueron sus consecuencias».

El libro tiene todo lo que debe tener uno de historia: documentación y rigor, pero también pasión humanista. En él habla Del Arco, pero se escucha también la voz de los hambrientos de 1939-1942 y 1946, un ciclo atroz que segó las vidas de más de 200.000 españoles. El franquismo pudo evitar esas muertes, pero no quiso. Charlamos por teléfono con el autor.

Miguel Ángel: con tu libro, ha sido la primera vez que he leído llamar “hambruna” al hambre española de los años cuarenta. Argumentas muy convincentemente por qué hay que hacerlo así. Pero la primera aportación novedosa del libro es esa: su mismo título, ponerle nombre a lo que no lo tenía, una hambruna como la irlandesa, la bengalí o la ucraniana.

Esa es la principal aportación del libro, sí: releer todo lo que pasó en los años cuarenta e identificar y explicar que esto fue una hambruna con unas características muy similares a las que vivió Europa en el siglo XX o el XIX.

Una hambruna deliberada, que podía haberse evitado, pero el franquismo no quiso evitar.

Generada por manos humanas, sí; por decisiones políticas, igual que las grandes hambrunas del siglo XX: la Gran Hambruna de Mao en China, el Holodomor ucraniano, otras hambrunas que tuvieron lugar en la Unión Soviética, la hambruna de los Países Bajos o antes la irlandesa. Siempre hay condicionantes, pero las decisiones políticas fueron claves en fomentarlas y, una vez que llegaron, en agravarlas.

Un ejemplo elocuente de las varias maneras con las que el franquismo provocó el hambre es aquella pugna de entonces entre el Auxilio Social de Mercedes Sanz-Bachiller y la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera. El Auxilio Social, con ser una institución fascista, tenía una mayor honestidad humanitaria: dar de comer a quien fuera y como fuera. La SF, en cambio, condicionaba el reparto de alimento a criterios políticos y de adoctrinamiento. Y acabó ganando la partida.

Mercedes Sanz-Bachiller, que evidentemente tenía una ideología fascista, estaba más cercana al Auxilio de Invierno nazi y consideraba que lo importante era asegurar el alimento para todos los españoles, a cambio de nada, bajo un principio de justicia. Pero esa batalla, como bien dices, la gana Pilar Primo de Rivera, que es una Falange mucho más conservadora, menos revolucionaria, si me permites el término, y que considera que el reparto de alimento es un gran instrumento para adoctrinar y reeducar a los españoles.

Sus usuarios son fundamentalmente los vencidos y sus hijos. Y para Pilar Primo de Rivera, lo importante no era darles comida, sino que hubiera una serie de rituales alrededor: el rezo antes y después de comer, los retratos de Franco y José Antonio y toda otra simbología en las paredes, los himnos… Los vencidos no querían enviar a sus hijos al Auxilio Social, porque eran conscientes de que era eso: un espacio de adoctrinamiento. Aquellos que habían dado un golpe de Estado y habían provocado la guerra civil, ahora utilizaban el alimento para reeducar a sus hijos. Muchos acabaron enviándolos allí con muchísima pena, porque estaba la vida de sus hijos en juego. En el libro recojo un poema demoledor sobre esto.

Hay mucha poesía, en el libro. Es otra de sus virtudes. ¿A qué poema te refieres ahora?

A ese poema de Joan Margarit que se titula Casa de misericordia y que recrea a una mujer a la que han fusilado a su marido y que tiene que escribir una carta pidiendo por favor que acojan al niño en el Auxilio Social. Es desgarrador y recrea perfectamente lo que tuvo que ser aquello. No obstante, había diferencias. En el libro también comento que el propio régimen reconocía que había comedores del Auxilio Social donde comían vencidos e hijos de vencidos y comedores de Auxilio Social adonde no iban hijos de vencidos, y en estos últimos se daba más comida; o cómo los propios funcionarios decían: “Primero, que coman estos, y luego los otros”. La victoria marcó al país profundamente.

[Buscamos el poema de Margarit en el libro al transcribir la entrevista. Dice así: “El padre fusilado. / O, como dice el juez, ejecutado. / La madre, ahora, la miseria, el hambre, / la instancia que le escribe alguien a máquina: / Saludo al Vencedor, Segundo Año Triunfal, / Solicito a Vuecencia poder dejar a mis hijos / en esta Casa de Misericordia”.]

El libro desacredita los tres o cuatro mitos con los que el franquismo trató de excusar el hambre y su responsabilidad en ella. Uno de ellos es el ostracismo internacional. A la dictadura se le ofreció ayuda cuantiosa que rechazó. 

Es uno de los puntos del libro de los que más orgulloso estoy. Sí: el franquismo puso la ideología por encima de la necesidad. Por un lado, quería monopolizar la ayuda humanitaria que se diera, y entonces desincentivó la de los cuáqueros, que acabaron yéndose del país. El franquismo les hizo la vida imposible y acabaron yéndose. Eso me sorprendió. La ayuda debían prestarla el Auxilio Social y Falange. Cada vez que se conquistaba una ciudad durante la guerra, aparecían sus chicas dando pan. La dictadura hacía lo mismo que está haciendo ahora Netanyahu en Gaza: aquí entra la ayuda humanitaria que diga yo, y la damos nosotros como queramos y donde queramos, para mover a la población a un lado o al otro, o decidiendo que coman estos y que no coman los otros.

A veces se condicionaba la aceptación de alguna oferta de ayuda internacional a eso: me mandáis las cajas de alimentos, pero las reparto yo, con mis Cara al sol y mis retratos de Franco. Pero es que otras ofertas directamente se rechazaron.

Hubo, por ejemplo, un intento de la Cruz Roja americana de enviar no sé si veinte mil cajas de leche en polvo, te hablo de memoria. Media el embajador en Washington, Cárdenas, y es curioso cómo Serrano Súñer lo rechaza. Responde que gracias, pero que la situación de hambre en España no es para tanto. ¡La gente se estaba muriendo de hambre, literalmente! ¿Qué pasaba? Que Serrano era un pronazi que quería que España entrara en la guerra, y una ayuda de la Cruz Roja estadounidense resultaba problemática en ese sentido. Puso el interés de los ciudadanos por debajo del interés político del régimen.

Te ocupas en el libro de otra dimensión del franquismo en la que hacemos poco énfasis: su profundísima corrupción. El dictador y el régimen propagaron de sí mismos una imagen de austeridad y falta de ánimo de lucro que cuesta poco trabajo demostrar que era falsa. Pero la propagaron con tanto ahínco que ese mito sigue permeando incluso a gente de izquierdas que, cuando piensa en la dictadura y habla de ella, se fija sobre todo en su carácter represivo, y pocas veces en su carácter corrupto. Eso también jugó un papel en la hambruna.

Bueno, es que ya está bien. Clama al cielo. No lo digo yo, lo dicen los teóricos políticos, los economistas, los sociólogos… Las dictaduras siempre son más corruptas que las democracias, porque no hay transparencia, ni división de poderes, ni rendición de cuentas. La cosa se cae por su propio peso. ¿Por ser españoles tenemos una historia exclusiva? Para nada. Está demostradísimo que la cultura del franquismo era el pelotazo. Tenemos escándalos desde los años cuarenta hasta poco antes de la muerte de Franco, en la etapa del desarrollismo. Y en los cuarenta se juega con el hambre del prójimo, sí.

En la corrupción del hambre está implicado desde el propio Franco, cuando vende de estraperlo el café que le mandan de Brasil, hasta su hermano, sus ministros… Cuando le dicen a Franco que el general Saliquet tiene una fábrica de jabones clandestina, en la que usa grasas de estraperlo, dice: “A mí dejarme en paz”. Esa permisividad era una forma de comprar a los gobernadores civiles. El de Mallorca acabó siendo cesado y hasta se tuvo que ir al exilio, de la que había montado. Los alcaldes, los falangistas, todo el mundo está comprado, de arriba abajo. Y todo el mundo apoya el régimen de Franco, que reparte el botín y les permite que hagan su agosto.

Amartya Sen ya lo demostró hace tiempo estudiando la hambruna bengalí: el problema de la hambruna no es que no haya comida; es que la hay, pero la gente no puede acceder a ella. En España, la inflación era tan grande, los precios del mercado negro eran tan altos, que mucha gente no podía acceder a alimentos que sí había. Con un jornal de jornalero de seis pesetas al día, alimentar a tu familia era complicado si el pan oficial valía dos pesetas, pero ni siquiera lo encontrabas, y lo tenías que comprar de estraperlo a cuatro o cinco veces más el precio original. Imagínate lo que era eso. Mucha gente se murió de hambre porque no podía pagar esos precios.

Tener a la gente hambrienta también servía para aplacar el descontento. Las autoridades franquistas de Álava llegaron a decir literalmente: “Si estos desgraciados comieran, el número de protestas aumentaría, pero de momento los estómagos vacíos mantienen a la gente callada”. Los hambrientos pueden hacer una revolución; los famélicos, no.

Lo dice al final de sus memorias un preso republicano al que cito en el libro, Eduardo de Guzmán. El pasó por el campo de Los Almendros, en Alicante, después de haber pasado por el de Albatera. Era un periodista anarquista, muy formado, muy consciente políticamente. Reflexiona que el hambre deshumaniza, convierte a las personas en bestias, y dice: la revolución de los hambrientos se acaba en la panadería de la esquina. Demoledor.

Una cosa que yo quería con el libro también era tirar abajo los muros de las cárceles y los campos de concentración. Esa gente sufrió la hambruna especialmente. El caso de Miguel Hernández es especialmente significativo. A mí me llamó mucho la atención cómo la represión, la violencia física, se cruzaba con el hambre. También lo cuento ahí: cuando Miguel Hernández –una víctima más de la hambruna, que al estar debilitado primero tiene tifus y luego la tuberculosis que lo mata; todas las caras de la hambruna pasan por este hombre cuya hambre se reflejó también en su poesía–, cuando Miguel Hernández, digo, muere, su familia no lo puede velar. Lo llevan al cementerio, pero no lo pueden velar, porque en el cementerio, en 1942, todavía estaban fusilando gente. Las dos violencias coinciden en el tiempo.

Yo no sabía, y lo he leído en tu libro, que a Miguel Hernández el régimen le ofreció muchas veces una reducción de condena o incluso ser liberado si escribía poemas a favor del franquismo. El régimen no quería otro García Lorca, otro mártir, y pensaba que incluso podía aprovechar el talento de este otro poeta a su favor. Miguel Hernández siempre dijo que no. En su hambre mandaba él.

Sí. Es una cosa que, ¡fuf!, pone los pelos de punta. Los momentos más especiales para mí al escribir este libro fueron esos; descubrir todo eso. Cómo empezaron a visitarlo amigos como Cossío o Almarcha, que incluso al borde de la muerte le ofrecieron ser trasladado al sanatorio de tuberculosos, y cómo él se mantuvo en sus trece, con esa integridad. Es otro caso en el que ves que lo que pasaba con esta gente era una decisión completamente deliberada.

Otro de los mitos del franquismo sobre el hambre que desacreditas es el de la “herencia recibida” de “los rojos”. La destrucción causada por la guerra –una guerra que, en todo caso, no empezaron los rojos– no fue tanta como se cree.

No, no fue tanta. Eso requeriría solo un libro. Yo he bebido del trabajo de muchísimos historiadores; no me lo estoy inventando. Ya se ha demostrado que tanto la industria, como la agricultura, como incluso la marina mercante, no sufrieron tanto. Cuando cae el Frente Norte, los republicanos no destruyen la industria del País Vasco y Asturias, ni los franquistas la han bombardeado. Lo mismo pasa en Cataluña: cuando se van los republicanos, no destruyen tejido industrial. Por lo tanto, esa no es una explicación del hambre.

En cuanto a la agricultura, el bando franquista no pasó hambre. De hecho, hay muchas provincias que fueron las más castigadas por el hambre –Cádiz, Huelva, las extremeñas…– que durante la guerra estuvieron en manos franquistas. Así que no es razonable echarle la culpa a los republicanos. La destrucción afectó sobre todo a la vivienda, y los que más la pagaron fueron las clases bajas, claro.

Lo que yo digo es que la guerra no puede ser obviada, pero que el factor principal es posbélico. Son esos hombres y mujeres que se van al exilio, que son castigados, que acaban en campos de concentración y cárceles, etcétera, etcétera, y que dejan de producir, por ejemplo. También hay otra cosa: el bando republicano sí pasó hambre, sobre todo desde el año 38. No hubo hambruna, pero sí hambre, y eso preparó los cuerpos para que, cuando la hambruna llegara, fueran más vulnerables. La guerra es importante para explicar la hambruna, pero con la guerra solo no se explica todo lo sucedido durante más de una década, en un país cuya economía no levanta cabeza. Si lo comparas con otros países, ves que en Francia y Alemania, después de la segunda guerra mundial –que sí lo arrasó todo–, la industria ya funciona a pleno rendimiento al segundo año.

El libro también está lleno de historias personales, extraída de esa memoria oral que guardó el recuerdo de aquella hambruna silenciada. Todos –al menos todos los que tenemos un árbol genealógico poblado de pobres y vencidos– hemos escuchado alguna de esas historias. En mi familia se cuenta que mi bisabuela compraba un pan para sus cinco hijos, se lo daba y solo comía lo que ellos dejaban: si eran nada más que unas pocas migas, esas pocas migas era lo que comía. Y que un día uno de los niños se comió un pan entero que encontró desatendido, y aunque había dejado sin comer a sus padres y sus hermanos, su madre no fue capaz de reñirle. Venimos de ahí.

Esa memoria ha estado flotando en distintas generaciones. Lo ves en la literatura, el cine, las novelas, la poesía… Y también en todos esos testimonios. Yo he entrevistado como a veinte personas, y cuentan cómo el hambre se convirtió en algo esencial, y cómo las mujeres fueron claves para sacar a la familia adelante y conseguir suficiente para comer. Todos aquellos platos imposibles, inventados, todas esas maneras de llamar de una forma normal a algo que no era normal, para poder comérselo. Los derivados, los animales que no formaban parte de la dieta y de repente tuvieron que formar parte. 

«Dar gato por liebre» es una expresión que viene de esa época.

Eso es. Y mira, aquí ves también dos cosas. La historia siempre es compleja. Ves cómo las sociedades, a veces, saltan por los aires; cómo el hambre deshumaniza y cómo a veces hay incluso robos dentro de la propia familia, o entre amigos. La situación tuvo que ser extrema. Pero también surge la solidaridad. Escuché muchas historias de padres que comían después de los hijos, o lo contrario: el padre era el primero que comía, porque era el que traía el salario y tenía que estar fuerte, y los demás se repartían lo que quedaba.

Las madres siempre se sacrificaban: ese es un patrón constante, lo ves una y otra vez. O los presos: encontré un caso de unos presos padre e hijo, que el padre renunció a comer en favor del hijo, porque no había suficiente, y cuando el padre se debilitó y el hijo quiso hacerlo al revés, renunciar a comer él para que comiera el padre, ya no pudo, porque la situación del padre había degenerado ya demasiado, y se murió. 

Todas esas cosas son alucinantes y demuestran que también hay solidaridad. Entre familiares o dentro de las comunidades; la gente que pasaba por las casas a pedir comida y se la daban, o la gente que compartía o que fiaba para que se pudiese comer. Esas historias de superación personal y comunitaria merecían ser contadas. Muchos españoles estuvieron a la altura, y si no lo hubieran estado, habría habido muchas más víctimas. Esa historia que me cuentas encaja como un guante en todo esto.

La hambruna se acabó. Pero dejó una estela. Siempre he pensado que, detrás de ese mito popular entrañable de la abuela que te atiborra de comida, que a todos nos arranca una sonrisa, había algo muy siniestro. Esa abuela pasó hambre y se le quedó para siempre, grabada en la cabeza, la idea de que, cuando se puede comer, tienes que comer todo lo que puedas, porque nunca sabes si mañana podrás.

Es que es curioso, ¿no? Siempre hemos tenido ese latiguillo, y en el fondo pensábamos “qué pesada la abuela”. No nos dábamos cuenta de lo que había detrás, que era un sufrimiento y una superación y en el fondo un amor a nosotros. Yo recuerdo a mi madre llenando la despensa con cosas que no necesitaba. O el gesto este que rescata Almudena Grandes en una novelilla que se llama Los besos en el pan, que yo compré esperando algo sobre la posguerra, pero que en realidad son historias de la crisis de 2007. La introducción es una auténtica maravilla y cuenta lo de los besos en el pan cuando se caía al suelo. Mi abuela lo hacía. Lo cogía del suelo, le daba un beso y te lo daba, como diciendo: “Ya está bendecido”. No se podía tirar absolutamente nada. " 

(Entrevista a Miguel Ángel del Arco, Pablo Batalla Cueto ,  La Marea, 18/09/25)

20.11.25

Franco... un golpista. Un asesino. Un criminal... 100.000 desaparecidos entre 1936 y 1977... 150.000 asesinatos... 2.800 fosas comunes... medio millón de exiliados... 300.000 presos políticos en los primeros años del régimen... Y, sin embargo, el franquismo vive... uno de cada cinco ciudadanos defiende que la dictadura de Franco fue buena o muy buena. Un dato que produce estupor y escalofrío en la misma proporción (Esther Palomeras)

"Si hoy es jueves y es 20 de noviembre, toca hablar de Franco. De un golpista. De un asesino. De un criminal. De más de 100.000 desaparecidos entre 1936 y 1977. De 150.000 asesinatos. De 2.800 fosas comunes. De medio millón de exiliados. De 300.000 presos políticos en los primeros años del régimen militar. Y de un país que es incapaz de celebrar los 50 años de la muerte de un dictador.

Se cumplen hoy 50 años de aquel celebrado “Españoles, Franco ha muerto” con el que gimoteó Arias Navarro por televisión. Y, sin embargo, el franquismo vive. En los discursos políticos. En algunas estructuras del aparato del Estado celosamente conservadoras que no acabaron de hacer el tránsito a la democracia. En la persistencia de algunos símbolos. En el resurgimiento de una narrativa falaz con la que Vox se empeña en dar luz al tenebroso retrato del franquismo. 

Y en el blanqueamiento que el PP, con el aliento de Santiago Abascal en la nunca, ha hecho de sus nostálgicos.Sí, para el PP, hoy la sombra de Franco sigue siendo alargada, aunque no siempre fue así. Hubo una vez -tan solo una- en la que el partido de Alberto Núñez Feijóo condenó el golpe militar del 18 de julio de 1936 y pactó, en el Congreso de los Diputados. Apoyó entonces una resolución inapelable, que sentenciaba el alzamiento, hacía un “reconocimiento moral” de quienes “padecieron la represión de la dictadura franquista” y prometía ayudas para reabrir las fosas comunes. Fue en 2002, en el 27 aniversario de la muerte del dictador durante la segunda legislatura de José María Aznar y en una jornada que en el Parlamento se consideró histórica. 

No en vano, la izquierda había intentado antes durante años y sin ningún éxito que la derecha condenase el golpe militar de 1936 contra la legalidad de la República. El PP siempre se había negado con la excusa de que no convenía hablar “de buenos y malos”. En aquella ocasión, sin embargo, cambió el tercio y, a última hora de una noche de martes, el diputado popular José Antonio Bermúdez de Castro, portavoz entonces de la Comisión Constitucional, reunió a los representantes de los partidos de la oposición y negoció, con el apoyo de su grupo y del Gobierno, una solución intermedia a las proposiciones que habían presentado PSOE, IU y EA (Eusko Alkartasuna). 

«Tenemos que hacer este reconocimiento ahora. Es urgente. En poco tiempo no habrá exiliados, porque se están muriendo», clamó entonces el ex vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra, quien sostuvo que con este tipo de iniciativas no se estaban «reabriendo heridas», sino cicatrizándolas. Solo en aquella ocasión, todo el arco parlamentario conmemoró la muerte del dictador con un consenso insólito que hoy es impensable, como demuestra este 50 aniversario de la muerte del dictador y de los primeros pasos hacia la democracia que las instituciones españolas celebran con un perfil extremadamente bajo. Los motivos son varios. 

De un lado, el Gobierno, que siempre dijo que quería festejar, no el fallecimiento de Franco -aunque motivos hay para que así fuera-, sino medio siglo de libertad, llega a este 20N con intención de hacer el menos ruido posible. Por otro lado, la Casa Real, que ha decidido excluir por motivos obvios a Juan Carlos I de los actos programados para el 50 aniversario de la Monarquía. 

Entre otros, la publicación de sus memorias en las que confiesa su admiración por Franco, detalla su mala relación con Letizia y afea la “insensibilidad” de Felipe VI en el momento en que decidió apartar a su padre de la agenda oficial de la institución. Y por último, el cálculo de la derecha para pasar por la efeméride sin molestar ni a esa parte a su electorado que aún hoy defiende que con Franco se vivía mejor ni a quienes orbitan en torno a una ultraderecha que defiende el franquismo como una etapa de «progreso», «reconstrucción» y «unidad nacional». 

El caso es que todos los grupos parlamentarios, a excepción de PP y PSOE, darán plantón este viernes en un acto convocado en el Congreso para conmemorar el 50 aniversario del inicio de la Transición tras la muerte del dictador y el ascenso al trono de Juan Carlos I. La última formación en descolgarse ha sido Vox, un partido para el que esta celebración está pensada únicamente como una «oda al régimen totalitario de Sánchez». 

Los fastos han quedado reducidos a un coloquio académico sobre el papel de la Corona en la andadura del país hacia un régimen democrático, al que ni siquiera asistirá -por estar volando a la cumbre del G20 que se celebrará en Sudáfrica los días 22 y 23- el presidente del Gobierno.El Ejecutivo tiene, por otra parte, prevista la celebración de varios actos de menor relevancia este 20N, pero Pedro Sánchez no asistirá a ninguno de ellos “deliberadamente”, tal y como admiten en La Moncloa, “para no ayudar al discurso del odio y la división que pretende esparcir la derecha”.

 Donde sí estará es esta misma tarde de jueves en el Congreso de los Diputados para asistir a la proyección del primer capítulo de la serie ‘Anatomía de un Instante’ antes de que se estrene en Movistar.Los socialistas han sucumbido a la presión de quienes desde el lado contrario a su espectro ideológico cuestionaron desde el minuto uno el ambicioso programa con el que el Gobierno pretendía festejar durante todo 2025 los 50 años de libertad que empezaron con la muerte del dictador. Y esto justo en un momento en el que la ola ultraderechista que recorre el planeta reivindica los regímenes totalitarios y, en España, uno de cada cinco ciudadanos defiende que la dictadura de Franco fue buena o muy buena

Un dato que produce estupor y escalofrío en la misma proporción cuando, además, el apoyo a la democracia se reduce sobre todo entre los más jóvenes. Más del 17% de ellos asegura que la dictadura que no vivieron fue mejor que la democracia actual, según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), y se declara abiertamente fan del caudillo.

Qué mejor ocasión que el medio siglo de la desaparición del sátrapa Francisco Franco para hacer pedagogía de lo que fueron aquellos años y generar espacios de reflexión entre quienes no conocieron la ausencia de libertad que marcó las cuatro décadas del franquismo. Así se lo ha propuesto el ministro de Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, con la puesta en marcha de hasta 400 actividades desde distintos ámbitos y territorios y afanado en explicar que lo que se pretende es conmemorar el inicio de la Transición, y no la muerte de nadie. 

¿Y por qué no? Otras democracias occidentales celebraron antes que España la caída de sus dictaduras con la presencia de sus jefes de Estado y de todas las fuerzas políticas, y sin atisbo de la confrontación política que aún hoy suscita el mismo hito cronológico en nuestro país.Hoy más que nunca, con los fantasmas que nos acechan, es necesario transmitir a nuestros jóvenes la importancia de vivir en democracia, por mucha ira que esto suscite en las derechas y quienes prefieren extender un manto de silencio sobre la figura de quien llevó al país a una cruenta guerra civil y le sometió a una atroz dictadura.

Un repaso a cómo y cuándo se conmemoró por ejemplo en Italia, Alemania, Francia o Portugal el tránsito de la dictadura a la democracia resta argumentos a quienes han puesto el grito en el cielo -políticos, analistas y medios de comunicación- por lo que entienden es una iniciativa partidista y oportunista del gobierno para ocultar sus escándalos. (...)"

(Esther Palomera, Gaceta Crítica, 20/11/25, fuente el diario.es) 

16.10.25

Ojalá fuera 1953... en 1953, un informe oficial sobre la situación de los jornaleros de Sevilla revelaba que el salario medio representaba sólo un 25% del necesario para comprar los alimentos básicos. La desnutrición dio como resultado el subdesarrollo físico e intelectual de los niños... En el periodo 1953-56, en España el consumo medio de calorías y proteínas por habitante y año no alcanzaba el nivel medio fijado por los expertos en nutrición. Se necesitaron 20 años para alcanzar los niveles de alimentación conseguidos antes de 1936... Ojalá fuera 1953 (Iker)

 Iker @IkerMadrid12

"En 1953, un informe oficial sobre la situación de los jornaleros de Sevilla revelaba que el salario medio representaba sólo un 25% del necesario para comprar los alimentos básicos. La desnutrición dio como resultado el subdesarrollo físico e intelectual de los niños."

Antonio @antoniorm1990

Ojalá fuera 1953.Tendrías tú casa pagada. Estarías viendo una en la playa pa veranear. No tendrías IRPF. Tendrías sanidad gratuita sin colapsar Tendrías educación gratuita sin ideología´. Y tus hijos podrían caminar por el Raval de Barcelona. Ojalá y fuera 1953
12:47 p. m. · 14 oct. 2025 371,3 mil Visualizaciones

"En 1953, un año después de que se acabase el sistema de racionamiento, en Almería, las autoridades sindicales calculaban que unos 89.500 trabajadores y sus familias no tenían suficientes ingresos para obtener las calorías «necesarias para la subsistencia»."

"Un informe de la nada sospechosa Acción Católica de Sevilla fechado en 1953 decía que los jornaleros estaban viviendo con un salario medio cuyo poder adquisitivo era la mitad del que tenían en 1936."

"El valor real de los salarios de los trabajadores españoles en las zonas urbanas era, hasta 1945, poco más o menos la cuarta parte del de los salarios de antes de la guerra, y desde 1945 hasta 1953, un 50%."

 En el periodo 1953-56, en España el consumo medio de calorías y proteínas por habitante y año no alcanzaba el nivel medio fijado por los expertos en nutrición. Se necesitaron 20 años para alcanzar los niveles de alimentación conseguidos antes de 1936.

6:14 p. m. · 15 oct. 2025 11 mil Visualizaciones

7.6.25

Esperanza Aguirre: "Yo no creo en el Estado de bienestar para nada... Y el Estado no tiene por qué ocuparse de la sanidad de todos"... o sea, sistema norteamericano (Informe de Human Rights Watch: “‘Si me quedo sin insulina, me voy a morir’: la falta de regulación de Estados Unidos alimenta la crisis de la insulina inasequible”)... o sea, que viene diciendo Esperanza que el que no pueda pagarse la insulina, que haga yoga, que es gratis

 "EE.UU.: los elevados precios de la insulina ponen en peligro vidas . El Congreso debe abordar los precios exorbitantes que muchas personas pagan por medicamentos esenciales. 

  • El hecho de que el gobierno estadounidense no garantice un acceso equitativo y asequible a la insulina viola el derecho a la salud de las personas con diabetes y provoca consecuencias trágicas para muchas de ellas.
  • Un sinfín de personas que no pueden costear el alto precio de la insulina no solo ponen en peligro sus recursos económicos, sino que pagan con su salud, su vida y su sustento.
  • El gobierno de Estados Unidos debe promulgar políticas que garanticen que los medicamentos esenciales, como la insulina, sean asequibles para todos los que los necesitan, independientemente del seguro, la condición económica o el estatus de ciudadanía.

(Washington, DC, 12 de abril 2022) – El hecho de que el Gobierno de Estados Unidos no garantice un acceso equitativo y asequible a la insulina viola el derecho a la salud de las personas con diabetes y provoca regularmente consecuencias trágicas para muchas de ellas, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy.

El informe de 92 páginas “‘If I’m Out of Insulin, I’m Going to Die:’ United States’ Lack of Regulation Fuels Crisis of Unaffordable Insulin,” (“‘Si me quedo sin insulina, me voy a morir’: la falta de regulación de Estados Unidos alimenta la crisis de la insulina inasequible”) describe las repercusiones en materia de derechos humanos de las políticas del Gobierno estadounidense que hacen inasequible para muchas personas una medicación esencial para la vida, como la insulina. Human Rights Watch descubrió que los precios exorbitantes de la insulina y la cobertura inadecuada del seguro médico pueden hacer que las personas tengan que pagar mucho dinero de su bolsillo por la insulina, contribuyendo a un racionamiento de medicamentos peligroso y potencialmente letal, obligando a las personas a renunciar a otras necesidades básicas y afectando desproporcionadamente a los grupos social y económicamente marginados.

“Las personas que necesitan insulina no deberían arruinar su economía para sobrevivir, pero en EE.UU. a menudo sucede”, dijo Matt McConnell, investigador de justicia económica y derechos de Human Rights Watch. “Dado que EE.UU. no regula los precios de los medicamentos ni garantiza una cobertura adecuada de los costos de la insulina, innumerables personas que no pueden permitirse la costosa insulina no solo están forzando sus recursos económicos, sino que pagan con su salud, sus vidas y sus medios de vida”.

Unos 27 millones de adultos en Estados Unidos han sido diagnosticados con diabetes, y unos ocho millones utilizan uno o más tipos de insulina para regular su nivel de azúcar en sangre. Sin ella, las personas pueden experimentar un alto nivel de azúcar en sangre, o hiperglucemia, que puede dar lugar a complicaciones graves e incluso mortales. Pero en EE.UU., la forma más recetada de este fármaco que salva vidas – los análogos de la insulina – puede costar más de 300 dólares por un solo dosis, lo que puede suponer más de 1.000 dólares al mes si se carece de una cobertura sanitaria adecuada.

Los motivos de estos elevados precios están claros. A diferencia de la mayoría de los países, Estados Unidos no regula directamente los precios de los medicamentos. No hay sistemas que establezcan un precio justo para los medicamentos antes de que entren en el mercado o que restrinjan cuánto pueden aumentar los precios los fabricantes o los intermediarios. Los precios de la insulina analógica en Estados Unidos son hasta más de ocho veces superiores a la media de los otros 32 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

“Somos el país más rico del mundo, pero la gente tiene que prescindir de la medicación”, dijo Emily Grant, de 29 años, de Dallas (Texas), al hablar del coste de su insulina. “No hay nada que pueda hacer sobre la trayectoria de mi enfermedad, salvo seguir los planes de tratamiento que me indican mis médicos. Y no creo que esté bien decir: ‘Oh, bueno, o te lo pagas o te mueres’”.

Human Rights Watch entrevistó a 50 personas, entre ellas 31 con enfermedades crónicas, 18 de las cuales tenían diabetes insulinodependiente. Human Rights Watch también revisó extensas fuentes secundarias y datos de precios disponibles públicamente para tres de los análogos de insulina más utilizados: Humalog, Novolog y Lantus. Cada uno de estos medicamentos es producido por una de las tres multinacionales farmacéuticas que dominan colectivamente el mercado mundial de la insulina, respectivamente: la estadounidense Eli Lilly, la danesa Novo Nordisk y la francesa Sanofi.

 

Estos fabricantes han aumentado los precios de estos medicamentos en cientos de puntos porcentuales, ajustados a la inflación, desde su introducción en el mercado a finales de la década de 1990 y principios de la década de 2000, según la información que estas empresas presentaron a las investigaciones gubernamentales y otros datos disponibles públicamente que revisó Human Rights Watch. Aunque estas rápidas subidas de precios se han ralentizado o han cesado en los últimos años bajo el escrutinio de los responsables políticos, los pacientes, los defensores y los medios de comunicación, los precios siguen siendo elevados y afectan negativamente a la vida de las personas que no disponen de un seguro médico adecuado o de ayudas benéfica para mitigar los costes.

Casi todas las personas dependientes de la insulina entrevistadas dijeron que habían racionado la insulina analógica porque era muy cara, tomando menos medicina de la recomendada por su médico para alargar su suministro. Human Rights Watch también descubrió que los elevados gastos de bolsillo pueden socavar el nivel de vida de las personas que necesitan insulina, ya que un mayor porcentaje de sus ingresos se destina a este medicamento que salva vidas en lugar de a otras necesidades básicas, como la alimentación, el alquiler y la vivienda.

Las cargas derivadas de los elevados costos de los medicamentos son intrínsecamente regresivas, ya que las personas más pobres deben pagar una parte mucho mayor de sus ingresos por sus medicamentos, en igualdad de condiciones. Las comunidades históricamente marginadas, discriminadas e insuficientemente atendidas en EE.UU. también se ven afectadas de forma desproporcionada tanto por la diabetes como por sus consecuencias negativas para la salud. Por ejemplo, aunque unas 356 personas con diabetes sufrieron una amputación de miembros inferiores cada día en los Estados Unidos en 2016, los adultos negros tenían más del doble de probabilidades de sufrir una amputación relacionada con la diabetes que los adultos blancos.

La insulina inasequible socava los derechos humanos en virtud del derecho internacional, incluido el derecho al más alto nivel posible de salud, el derecho al acceso equitativo y asequible a los medicamentos esenciales, el derecho a la igualdad de protección ante la ley y la no discriminación, y el derecho a un nivel de vida adecuado.

El gobierno de EE.UU. debe promulgar políticas que garanticen que los medicamentos esenciales, como la insulina, sean asequibles para todos los que los necesiten, independientemente del seguro, la riqueza o el estatus de ciudadanía. Esto puede requerir una legislación que reduzca y regule los precios de los medicamentos esenciales como la insulina. El Congreso también debería mejorar la asequibilidad y disponibilidad de un seguro médico de calidad para las personas con ingresos bajos y medios.

A pesar de la regulación gubernamental, todas las empresas tienen también la responsabilidad de respetar los derechos humanos y asegurarse de que no causan o contribuyen a abusos de los derechos humanos según los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos Humanos. Las empresas que intervienen en la fijación de los precios de los medicamentos, incluidos los fabricantes de productos farmacéuticos, los gestores de beneficios farmacéuticos, los proveedores de planes de salud y las farmacias, deben tomar medidas para identificar y rectificar las prácticas que contribuyen a que la insulina sea inasequible para las personas que la necesitan.

“Nuestro sistema de precios es cruel y regresivo, ya que permite medicamentos a precios elevados, no regulado y a menudo no mitigado, y ha consentido a las empresas exprimir a algunas de las personas más vulnerables del país por un producto sin el que no pueden vivir”, dijo McConnell. “Pero disponemos de las herramientas para solucionar esta crisis”.

( Human Rights Watch, 13/04/22)

 

 "Dice Isabel Díaz Ayuso en el prólogo del libro de Esperanza Aguirre Una liberal en política (Deusto), que los madrileños tienen “una deuda de gratitud” con ella, presidenta de la región durante nueve años. 

Pero su mandato acumula casos de corrupción (Lezo, Púnica, Gürtel, Ciudad de la Justicia...) y sus antiguos cargos (Ignacio González, Francisco Granados, Alfredo Prada, Alberto López Viejo...) reúnen peticiones o condenas de decenas de años de prisión que la ministra con José María Aznar aún minimiza, pese a que dimitió por los escándalos. Este fin de semana participa en un acto con el presidente argentino, Javier Milei, el exdiputado de Vox Iván Espinosa de los Monteros y el periodista Iker Jiménez, habitual propagador de bulos. Fuera de la primera línea desde 2017, Aguirre (73 años) trata de inyectar su “liberalismo radical” en el PP. De momento, la prologuista de su nuevo libro es su mejor alumna.

Pregunta. Dice: “La derecha debería hacer suyas muchas de las propuestas que predica Milei. Aunque solo sea porque, como Thatcher y Reagan, provoca la violencia de todos los seguidores del social-comunismo”. ¿A qué se refiere con violencia? ¿Le gustaría ver a un Milei en España?

Respuesta. Con lo de la violencia me refiero a violencia verbal, a que los excita. Y me encantaría ver un Milei en España, pero aquí a nadie le gusta presumir de motosierra. Con una gran dosis de histrionismo que aquí nos choca, ha conseguido atraer a la juventud.

P. Vincula el nacimiento de Vox a la renuncia del PP a la defensa de sus principios y valores. ¿Le ha hecho Vox en estos años alguna oferta para pasarse a sus filas?

R. No. Conozco bien a Santiago Abascal y es una persona estupenda. Discrepo en muchos temas con Vox, por ejemplo, yo soy partidaria del Estado autonómico, pero estoy de acuerdo en lo más importante: la unidad de España, la defensa de la propiedad, de la vida, del imperio de la ley... El nacimiento de Vox lo vinculo, sobre todo, al incumplimiento del programa electoral del PP. En 2011 teníamos una mayoría de 186 escaños y no cumplimos el programa. Montoro [Cristóbal, ministro de Hacienda] subió los impuestos, de lo que curiosamente está muy orgulloso; íbamos a cambiar el método de elección del Consejo General del Poder Judicial, Alberto Ruiz-Gallardón llegó a presentar el proyecto y lo tuvo que retirar, seguramente le obligaron. No derogamos la ley de memoria histórica... Zapatero, y en eso hay que copiar al adversario, nada más llegar, retiró a las tropas de Irak, derogó el Plan Hidrológico Nacional y suspendió la entrada en vigor de la Ley de Calidad de la Educación.

P. En este libro revela algún dato más, que no contaba en Yo no me callo, sobre el congreso del PP de Valencia de 2008. Afirma que Pedro J. Ramírez, entonces director de El Mundo, le pidió que presentase su candidatura frente a la de Mariano Rajoy y que Aznar y Francisco Álvarez Cascos, a los que llegó a consultar, se lo desaconsejaron. ¿Qué peso diría que tiene hoy su corriente, el liberalismo “radical”, como usted misma lo llama, en el PP?

R. La noche electoral, Viri [Elvira Fernández, esposa de Rajoy] me dijo: ‘Por favor, dile que lo deje’. Y no se lo dije. Sabía que presentarme era prácticamente imposible porque había que tener 600 avales de compromisarios electos, Madrid tenía 200 y a mí solo me apoyaba el País Vasco de María San Gil. Y además se casaba mi hijo. Si Mariano hubiera hecho lo que parecía que iba a hacer la noche electoral, es muy posible que yo me hubiera presentado. Consulté, efectivamente, con Cascos y Aznar y los dos me dijeron que lo mejor era que se presentara Mariano. ¿Y qué peso tiene hoy mi corriente en el PP? Diría que peso pluma, pero en dos temas fundamentales se ha tomado la decisión liberal: vivienda [en contra del criterio de control de precios] y energía nuclear [a favor].

P. En la página 119 del libro dice: “Esta confusión que lleva a muchos a creer que es el Estado el que crea puestos de trabajo es la misma que lleva a muchos a creer que es el Estado el que tiene la responsabilidad de educar a sus hijos o cuidar de la salud de las personas o de ocuparse de las personas mayores”. Pero en la página 194 asegura que ha sido la derecha “la que mejor ha asegurado el Estado del bienestar”. Parece una contradicción: ¿Usted cree o no en el Estado del bienestar?

R. Yo no creo en el Estado de bienestar para nada. Creo que los ciudadanos tienen que elegir por sí mismos la educación que quieren para sus hijos. Esto de que los hijos no son de los padres, que nos dijo Celaá [Isabel, exministra de Educación] me parece un disparate. Y el Estado no tiene por qué ocuparse de la sanidad de todos.

P. Pero si no hubiera sanidad pública, mucha gente no podría permitirse un ingreso hospitalario, un trasplante...

R. La Sanidad pública la pagan las comunidades autónomas. A mí no me parece mal que haya sanidad o educación públicas, una cosa más que se puede elegir.

P. Hay gente que no tiene capacidad de elegir, esa capacidad suele darla el dinero.

R. No. Tú puedes elegir entre los colegios concertados o públicos y lo mismo en la sanidad si eres funcionario. Se podría dar a toda la población esa capacidad de elegir y, de hecho, en Madrid, conseguimos que las listas de espera bajaran porque dábamos a elegir: si quieres menos de 30 días, te vas a esta clínica privada y la pagábamos nosotros, y si quieres quedarte en tu hospital público, hay esta cola y tendrás que esperar lo que sea.

P. ¿Que la administración destine recursos al sector privado no termina deteriorando al público?

R. Todo lo contrario. La competencia siempre es favorable. Cuando la administración pública funciona en monopolio es el desastre.

P. Los profesores de la pública no lo ven igual.

R. Yo lo que hago es dar a elegir. A los socialistas no les gusta que los demás elijan, les gusta la clientela cautiva. Y a esos profesores de la pública les gustará eso, pese a que están mejor pagados.

P. “Hoy existe en España un marcado caudillismo. Lenin, Stalin, Mao, Castro, Chávez, Maduro y Kim Jong-un han sido o son los sinónimos de sus regímenes. Igual que Sánchez, cuyos rasgos de despotismo narcisista son evidentes y cuya pasión por mandar es indiscutible”. ¿En qué ve similitudes entre Kim Jong-un y Sánchez o entre Corea del Norte y España?

R. Entre Corea del Norte y España yo no veo similitudes. Lo que veo es que Sánchez es narcisista, enfocado solo a mantener el poder a cualquier precio. Un mentiroso compulsivo al que solo le importa el relato, no la verdad, y por ese camino vamos. Sánchez ha cogido la ideología de todos los que le han apoyado, la de los independentistas, que es romper España, y la de los comunistas, que quieren quitar a Felipe VI y poner a un sucedáneo de Maduro, que muy bien podría ser Sánchez.

P. ¿Aznar no era era narcisista? ¿Conoce a algún candidato a la presidencia de un gobierno, incluida usted misma, que no haya querido mandar?

R. Yo no diría que Aznar era narcisista. Y todos los candidatos que conozco lo que querían era aplicar un programa.

 

P. En el libro es más amable con Franco que con Sánchez. Sostiene que el presidente del Gobierno persigue “una dictadura disfrazada de democracia” y del dictador asegura: “Quitando los primeros años, en los que el régimen de Franco usó saludos y formas falangistas, parecidos a los fascistas de Mussolini, el resto del tiempo fue, sencillamente, un régimen autoritario muy preocupado por el orden público, que permitió la aparición de la clase media con múltiples oportunidades de progresar” y que “muy pronto fue reconocido por el resto de países occidentales como el que había evitado que en España triunfara el comunismo”. ¿El encarcelamiento de miles de presos políticos y las torturas en la sede actual del Gobierno madrileño eran muestras de preocupación o represión? ¿Se puede hablar de oportunidades cuando el Régimen multó a los familiares de miles de fusilados, incautó sus bienes, los depuró de sus puestos de trabajo y forzó al exilio a miles de personas?.

R. Era una dictadura represiva, pero permitió que surgiera la clase media. Claro, a los que habían matado ¿cómo iban a tener oportunidades de progresar? Pero España creció de una manera exponencial.

P. ¿Considera, como cree que hicieron el resto de países occidentales, que el golpe de 1936 estaba justificado “para evitar que en España triunfara el comunismo”?

R. Para evitar que en España triunfara el comunismo no. El golpe del 36 estuvo causado por el asesinato de José Calvo Sotelo. Si el Gobierno de entonces hubiera reaccionado ante eso, no sé si Franco se hubiera unido a la conspiración que existía, pero aquello fue la gota que desbordó el vaso. Y lo que digo es que en la II República no se respetaban los derechos, los medios de comunicación no podían publicar cosas que no gustaran... No fue para nada un régimen de libertades.

P. ¿Y el que vino después sí? ¿La dictadura fue mejor?

R. No creo que fuera mejor en los primeros años, pero a la larga sí fue mejor.

P. Sostiene que la ley de memoria es “nefasta” y que “ha resucitado odios y rencores”. ¿Qué casos de enfrentamiento conoce a raíz de esta legislación, que lleva aplicándose desde 2007?

R. Están retirando algunas cosas que no se entiendo por qué y mantienen la estatua de Largo Caballero, el Lenin español.

P. ¿Cree que debería haber hoy estatuas o calles dedicadas a Franco?

R. No, pero no se pueden borrar 40 años de la historia de España, que tienen muchísimas cosas negativas, hechos vergonzosos, pero también hechos positivos. Lo que digo es que lo que pretende la ley es imponer un relato falso. A nosotros nos daban una asignatura que se llamaba Formación del Espíritu Nacional y no imponían el relato.

P. ¿Cree que el franquismo no impuso un relato en la dictadura?

R. Por supuesto que pretendían imponerlo. Desconozco si se impuso o no.

P. ¿Ha leído las leyes de memoria que considera nefastas y que llama a derogar?

R. La primera la leí en su día y el primer artículo me gustó muchísimo, luego ya no, pero de esto hace mucho tiempo. La nueva [la de 2022] no la he leído.

P. Relata que cuando le comunicó al Rey que dimitía, en 2012, él le respondió: “Eso es lo que yo tendría que hacer”. ¿Qué opina de los escándalos que rodean hoy al rey emérito?

R. Pienso que quien esté libre del pecado, que tiene la primera piedra.

P. Pero la ejemplaridad debería formar parte de una institución como la monarquía, ¿no?

R. Evidentemente. Por eso tenemos a un Rey que es ejemplar.

P. ¿Le decepcionó el comportamiento de su padre?

R. No. El rey Juan Carlos ha hecho por España mucho más que cualquier otra figura histórica porque teniendo todos los poderes, se los cedió al pueblo español. Una cosa es lo que hizo el Rey por España y otra cosa es que haya tenido sus fallos, como los tenemos todos.

P. ¿Acertó Felipe VI al retirarle a su padre la asignación presupuestaria?

R. El rey Felipe hizo en todo momento lo que creía que tenía que hacer. 

 

P. Cargos del PP en sus gobiernos acumulan decenas de años de condena de cárcel por corrupción o tienen aún causas pendientes con la justicia. Cuentas en el extranjero, testaferros, contratos amañados, financiación ilegal, dopaje electoral … Dedica buena parte del libro a celebrar su gestión al frente de la Comunidad de Madrid, pero apenas alude a esos escándalos de corrupción, salvo para decir que sigue sin saber por qué González entró en la cárcel ¿Conoce otros gobiernos en España con esa acumulación de cargos procesados y esos años de condena?

R. Mire dónde estamos ahora: Leire, Ábalos, Koldo, Aldama...

P. En esos casos aún no hay condenas. En los que afectan a sus gobiernos hay varias, y causas aún pendientes.

R. Con Prada la sentencia reconoce que no se ha llevado un duro, pero lo que creen que hizo mal es que en la Ciudad de la Justicia dedicó mucho dinero a promocionarla [El proyecto fue presentado 72 veces y llevó aparejado viajes pagados a Nueva York o Singapur. El acto de colocación de la primera piedra costó más de un millón] y solo hizo un edificio. Si resulta que malversar si no te lo llevas al bolsillo es bueno si eres nacionalista y si eres consejero autonómico no... A Granados lo condenaron por hablar con un Guardia Civil [fue condenado por un delito agravado de aprovechamiento de revelación de secreto por funcionario público para destruir pruebas y esconder dinero y además le piden ocho años por la financiación ilegal y tiene otras causas pendientes]. López Viejo fue condenado [a 27 años de prisión] porque se llevaba comisiones y yo lo condeno, pero al lado de Ábalos, ¡vamos!

P. Al igual que Vox, critica con dureza la Agenda 2030, los objetivos de Naciones Unidas para el desarrollo sostenible. Dice que es la agenda de los comunistas. ¿La ONU es comunista?

R. Total. Milei dio un discurso sensacional en la ONU explicando que cuando se crea es un organismo bienintencionado, pero que ha derivado en unas agendas disparatadas, como la 2030. Los artículos los apoyamos todos, pero el modo de llevarlos a cabo, el “sostenible”, el “inclusivo”... son palabras comunistas.

P. ¿Qué tiene de comunista la palabra “sostenible”?

R. Que no podemos tener energía abundante y barata. La agenda 2030 pretende empobrecernos y, de hecho, Europa se está empobreciendo por culpa de esa agenda.

P. Afirma que cultivó su ideología liberal, entre otras cosas, leyendo The Economist. La revista coronó a España como la mejor economía avanzada de 2024. ¿Se ha dado de baja en la suscripción? 

 R. Esa suscripción fue hace 40 años. The Economist ya no es lo que era. Mucho mejor el Daily Telegraph [periódico conservador que apoyó el Brexit y que ha asegurado, sin pruebas, que el apagón se debió a un supuesto experimento de las autoridades españolas para saber cuánta generación verde era capaz de digerir el sistema eléctrico nacional ante un futuro escenario sin nucleares]."                    ( Natalia Junquera , El País, 05/06/25)