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24.10.17

Malos augurios para la provincia España para cuando (pronto) el BCE deje de comprar masivamente deuda y suba los tipos de interés, como exige Alemania

"(...)  La parte que tienen las políticas de compra de activos, tanto públicos como privados, del BCE en la llamada "recuperación" económica española es gigantesca. 

Y esa mal llamada "recuperación" es el factor principal del alejamiento de la Unión Europea del foco político. Se trata de la misma estrategia que ha confirmado al PP como guardián de las esencias del Estado y que ha convertido a los populares en verdaderos QE-yonkis. 

Para hacernos una idea de la importancia de los estímulos monetarios para las finanzas públicas españolas, basta decir que el Banco Central Europeo compró, sólo en 2016, 100.000 millones de euros en deuda pública española. A esto hay que sumar el efecto balsámico que una operación así produce sobre los mercados secundarios de deuda donde se establecen las primas de riesgo. 

(...) el BCE está barajando un calendario para la retirada progresiva de las compras masivas de activos y Alemania, como buen país acreedor que es, está demandando una subida de tipos de interés a nivel continental.  (...)

El “capo” del BCE, Mario Draghi, ya ha advertido de que en octubre se revisará la política de expansión monetaria. Apuntaba así a un horizonte de retirada progresiva y escalonada para los diferentes países de la Unión, que terminaría a finales de 2018 con los estímulos monetarios.  

(...) todo esto sucede en un marco global en el que parece cada vez más claro que el cacareado proteccionismo trumpista va a resultar en la clásica "bajada imperial" del dólar, es decir, en una devaluación dirigida a favorecer a los sectores manufactureros exportadores estadounidenses.  (...)

Europa, deficitaria en combustibles fósiles y materias primas, vive este proceso como un aumento de la inflación. Y las prioridades estatutarias del BCE siguen siendo el control de la subida de precios. Ante una coyuntura de este tipo, el BCE sube tipos de interés, en este caso, restringiendo la circulación monetaria en forma de retirada de los estímulos monetarios.  (...)

Entre la enésima oleada de tensiones territoriales y el desgaste de la dupla corrupción/regeneración como motores de la llamada "política del cambio", no estaría mal volver a situarnos, o hacerlo de una vez por todas, en el papel de la provincia económica que realmente habitamos, aunque sólo sea para avanzar los escenarios de los próximos años. (...)"                   (Isidro López/Emmanuel Rodríguez, CTXT, 17/09/17)

17.4.17

El mito de las ayudas al sur oculta que tales ayudas (escasas, el 1% del PIB en el caso español) habían salido antes de España

"La actuación de Jeroen Dijsselbloem como presidente del Eurogrupo está colmada de toda clase de errores y del más puro sectarismo. Su único mérito radica en haber sido palmero de Wolfgang Schäuble en su cruzada a favor de las medidas restrictivas y de ajustes de todo tipo. Pero, en esta ocasión, se ha pasado tres pueblos. 

No ha dudado en insinuar que los países del Sur gastan las ayudas que reciben de la Unión Europea (UE) en copas y en mujeres. Lo más patético del tema es que achaca el exabrupto “a su estilo directo, propio de la cultura calvinista y de la sinceridad holandesa”. 

Flaco favor hace a sus compatriotas holandeses, y dice mucho del grado de deterioro en el que han caído en la actualidad los partidos que se hacen llamar socialdemócratas, pero en los que todo parecido con la verdadera socialdemocracia es mera coincidencia. (...)

La gravedad de las palabras de Jeroen Dijsselbloem estriba en que, por desgracia, son bastante representativas de lo que piensa una buena parte de las sociedades del Norte. A los ciudadanos de estos países se les ha inculcado el mito de que los problemas actuales de la Unión Monetaria (UM) provienen del despilfarro y de la prodigalidad de los países del Sur, que han vivido durante años por encima de sus posibilidades y pretenden ahora que los contribuyentes europeos paguen sus deudas.

La realidad es muy distinta. La UE y la UM, mediante la libre circulación de capitales y la inamovilidad del tipo de cambio, han producido resultados muy desiguales, beneficiando en grado sumo a Alemania y a algún que otro país pequeño de su órbita, como Holanda, y perjudicando a todos los demás. 

Antes de la creación del euro, la renta per cápita de estos dos países perdía posiciones respecto a la media europea, mientras que a partir de la constitución de la UM las gana; tendencia contraria a la mayoría de los otros miembros de la Eurozona. En el caso de Holanda existe otro factor adicional, su condición de cuasi paraíso fiscal, que origina que una buena parte de su prosperidad obedezca a la competencia desleal que hace en materia fiscal al resto de los países.

Las actuaciones de las instituciones europeas no solo no están ayudando a reducir las divergencias económicas, sino que las están incrementando. Los rescates no brotan de un acto de generosidad ni son el resultado de la solidaridad de los países del Norte para con los del Sur; en realidad, constituyen un regalo envenenado, no son más que préstamos a un tipo de interés en muchos casos bastante oneroso que, lejos de ayudar al país en cuestión, se orientan a garantizar los créditos que los bancos alemanes y franceses concedieron de manera un tanto imprudente y que, de no estar en la UM, los acreedores recuperarían con pérdidas debido a la devaluación de la moneda.

La única solución lógica para evitar tales desigualdades pasa por el establecimiento de una verdadera unión económica en todos sus aspectos. 

 La coherencia exige la creación de una hacienda pública común capaz de asumir una adecuada función redistributiva entre las regiones, una verdadera unión fiscal. Sin esa unión fiscal, la UM deviene imposible porque lo que ahora se está produciendo es una transferencia de fondos -quizá de cuantía similar- en sentido inverso, transferencia a través del mercado, opaca y encubierta, pero no por eso menos real. 

En contra de lo que mantiene el señor Jeroen Dijsselbloem, el mantenimiento del mismo tipo de cambio entre los países del Norte y los del Sur empobrece a estos y enriquece a aquellos; genera un enorme superávit en la balanza de pagos del país germánico mientras que en las de las otras naciones se provoca un déficit insostenible. Se crea empleo en los países acreedores y se destruye en los deudores.

Desde el inicio se tuvo conciencia de que la UM iba a incrementar las diferencias entre los países, y ante la falta de unión fiscal se pretendió sustituirla con el fortalecimiento de los fondos estructurales y la creación del Fondo de cohesión. Instrumentos totalmente insuficientes y desde el principio condenados al fracaso al no querer que el presupuesto de la UE sobrepasase nunca el techo del 1,24% del PIB global de la Comunidad, cantidad absolutamente ridícula si se compara con el presupuesto de cualquier Estado, por muy liberal que sea; lo que es tanto más cierto si se tiene en cuenta que en ese porcentaje están incluidos los gastos de la burocracia comunitaria y toda la política agrícola, ganadera y de pesca, que se lleva la parte del león de ese presupuesto.

No obstante, un montaje propagandístico bien orquestado ha magnificado las ayudas a todas luces escasas y a años luz de las transferencias que habrían de producirse si se hubiera constituido una unión presupuestaria y fiscal. Concretamente en España se ha creado un auténtico mantra alrededor de los fondos europeos y de la enorme cantidad de recursos que se han recibido de Europa. 

Tal mito se ha mantenido a base de una política inteligente de la UE que obligaba a publicitar la marca “Europa” en toda obra o actividad financiada aunque fuese parcialmente por dichos fondos, y a una propaganda interior empeñada en cantar las excelencias de la UE y de lo mucho que nos estábamos aprovechando de nuestra pertenencia a ella.

Nadie, por el contrario, se ha preocupado de explicarnos que buena parte de esos recursos habían salido antes de España. Los recursos de la UE no caen del cielo, sino de la contribución de todos los Estados miembros, entre los que se encuentra España.

 Los recursos recibidos de Europa hay que considerarlos por tanto en términos netos, y así tomados los que ha recibido España no han llegado por término medio anual al 1% del PIB. Por otra parte, los recursos han podido tener un efecto secundario negativo. 

Eran ayudas finalistas que debían ser invertidas en determinados objetivos, forzando a los Estados miembros a dedicar una parte de sus presupuestos a dichas finalidades, no solo por la contribución realizada a la UE, sino también por la parte de la inversión o actividad que debía financiar la hacienda pública estatal. En muchas ocasiones, la elección no ha sido la más acertada. 

Eso explica, por ejemplo, el enorme desarrollo que han experimentado las infraestructuras, algunas de ellas sin demasiada justificación, en detrimento de los gastos de protección social. Hay que añadir también que muchos de esos recursos vienen a compensar -y de forma no demasiado apropiada- las renuncias que en materia agrícola se han impuesto a determinadas producciones.

El sistema presupuestario de la Unión es, además, el peor de los posibles porque, amén de su escasa cuantía, no son los ciudadanos los que en función de su capacidad económica contribuyen y reciben las ayudas, sino los Estados, explicitando de forma automática los países que son receptores y contribuyentes netos. 

De esta forma, se da pie al victimismo, empleado amplia y hábilmente por Alemania y algún otro país del Norte, cuyos ciudadanos se sienten como paganos (buena prueba de ello es el exabrupto del presidente del Eurogrupo), cuando la instrumentación mediante impuestos propios de la Unión tendría un efecto redistributivo mucho mayor como resultado no de la generosidad de los países ricos, sino por la aplicación automática de un principio admitido, al menos en teoría, de forma indiscutible por los sistemas fiscales de todos los países, la progresividad en los impuestos que grava a los ciudadanos según sea su renta y de forma más que proporcional."             (Juan Francisco Martín Seco, República.com, 30/03/17)

13.3.17

Los fondos europeos, cuya cuantía es similar al PIB conjunto de Ceuta y Melilla, no justifican nuestra sumisión a los preceptos de la UE que nos impusieron un dramático y generalizado desmantelamiento industrial

"(...) En mi opinión, si quienes critican a la Unión Europea son “euroescépticos”, entonces aquellos que la apoyan deberían llamarse “eurocrédulos”. Y no sólo por simetría semántica, sino por ayudar a desterrar los múltiples fetiches que rodean a una organización que, lejos de ser benéfico guardián de las esencias europeas, es uno de sus principales enemigos. (...)

Centrémonos en el caso español para comprobar estas afirmaciones. En principio, la pertenencia de España a la UE siempre ha sido saludada por los partidos dominantes y los medios mayoritarios como un sueño hecho realidad, como la culminación del legítimo deseo de democracia, paz y prosperidad que el franquismo había negado a este país durante décadas de aislamiento anacrónico y forzado. 

Según esta percepción, gracias a la incorporación de 1986, España habría conseguido la modernización de su economía y su inserción plena en los mercados europeos, la expansión y mejora de sus infraestructuras y, por fin, la definitiva confirmación de la democracia en el marco del capitalismo. 

Y todo ello, gracias a la generosidad de nuestros vecinos, que no sólo nos han mostrado el camino hacia la normalización legislativa, política y social, sino que se comprometieron desde el principio con el desarrollo de nuestro país a través de un descomunal flujo de fondos solidarios. (...)

Lamentablemente, esta versión oficial de la historia es parcial e incompleta. En primer lugar, hay que tener muy en cuenta el papel periférico que la UE ha pretendido dar siempre a España dentro de la estructura productiva del sistema capitalista europeo.

 La economía española ha sido condenada básicamente a ser destino turístico, proveedor agropecuario y pesquero limitado y taller de producción de automóviles para la exportación, todo ello convenientemente nutrido con capital extranjero. 

Para ello, el proceso de transformación de España se produjo a costa de una traumática abolición de la protección comercial en los años sesenta y setenta [2] y de un dramático y generalizado desmantelamiento industrial conocido con el infausto nombre de “reconversiones”. 

 Este proceso acabó en los primeros ochenta de raíz con sectores enteros, como los altos hornos, la construcción naval, la minería, la producción de electrodomésticos, y la confección de textil y calzado, entre otros. Esto empobreció enormemente a regiones enteras, aumentando la ya grave desigualdad territorial, y desindustrializó el país a marchas forzadas. 

Si bien es evidente que esta dinámica no fue exclusiva de España ni de Europa, sino que se dio en buena parte de los países centrales, lo cierto es que la incorporación a la UE sirvió como dinamizador de ese proceso de destrucción industrial y como agravante de la dependencia de la economía del país respecto al exterior.

 Esta estrategia ha generado múltiples problemas que han devenido estructurales. Entre ellos, destaca la dificultad para conseguir ritmos competitivos de crecimiento de la productividad, algo directamente relacionado con la naturaleza de la especialización de la economía y no, como tantas veces se argumenta, con problemas formativos o de hábitos laborales de la fuerza de trabajo.

 Esta situación explica en gran medida el elevado paro crónico que ha caracterizado la economía española y que, no obstante, resulta funcional para mantener tasas de incremento de los salarios suficientemente reducidas como para compensar la debilidad de la productividad y, así, permitir que los costes laborales unitarios sigan una senda relativamente asumible por el capital [3]. (...)

El saldo comercial no dejó de empeorar con la entrada en la UE y, de hecho experimentó una caída abismal a partir de 1997 hasta alcanzar su peor dato histórico justamente diez años después, momento a partir del cual comenzó una rápida mejora debida fundamentalmente a la caída de las importaciones causada por el hundimiento del consumo interno y la disminución del precio del petróleo. Por el contrario, el saldo de servicios continuó la senda positiva iniciada en los años sesenta gracias al incontestable (y afortunado) éxito del turismo, nuestra especialidad. 

 (...) la abolición de la fluctuación de los tipos de cambio como mecanismo de compensación y reequilibrio en situaciones de déficit comercial crónico ha hecho que la economía española se haya visto sometida a enormes presiones deflacionistas internas en forma de represión sobre los salarios como única salida para poder mantener unas mínimas cotas de competitividad. 

Además, la relativa fortaleza de la moneda común en el marco de la desregulación total del movimiento de capitales, unido al fenómeno inducido de la burbuja inmobiliaria, atrajo enormes flujos crediticios del extranjero, especialmente de bancos franceses y alemanes, que alimentaron estos episodios de euforia financiera. 

El resultado ha sido catastrófico tanto en términos de crecimiento y paro como, a posteriori, para las cuentas públicas, hasta el punto de que España ha sido directamente intervenida por la troika [6] en términos esencialmente similares, aunque cuantitativamente menos graves, a los de países como Grecia, Irlanda, Portugal o Chipre.  

(...) la gestión tributaria ha estado sometida a los principios neoliberales vigentes en el seno de la UE desde antes de la incorporación en 1986, como muestra la asimilación del IVA en 1985 o las caídas continuas del tipo nominal y efectivo del Impuesto de Sociedades. El resultado ha sido una reducción de la progresividad en paralelo a un aumento de la recaudación por tributación indirecta.

 Del mismo modo, desde Bruselas, Frankfurt y Washington siguen llegando reiteradas órdenes obligando al gobierno de turno a recortar el salario indirecto y diferido en todas sus formas, ya sea en pensiones de jubilación, prestaciones por desempleo o servicios públicos. Asimismo, la legislación laboral ha sufrido continuas regresiones y los sindicatos, lejos de poder aumentar su fortaleza o consolidar su papel como agente social, se han visto debilitados hasta extremos preocupantes.

(...) es innegable que España ha sido beneficiaria neta en su relación financiera con la UE gracias al multimillonario flujo de transferencias recibidas. Sin embargo, las cifras analizadas con algo más de detalle no parecen tan decisivas como suele darse a entender. 

En total, según los datos de la balanza de pagos publicados por el Banco de España, nuestro país ha recibido del presupuesto comunitario unos 95.000 millones de euros más de lo que ha aportado a lo largo de los treinta años de pertenencia a la UE. La cifra es la más elevada de toda la Unión en términos absolutos, desde luego, pero no en términos relativos: Irlanda, Grecia y Portugal han obtenido fondos netos equivalentes a un porcentaje mayor de sus respectivos PIB. 

Además, si consideramos este montante total con más detalle, comprobaremos que raramente ha supuesto más de un 1% del PIB de cada año y que, de hecho, la media anual hasta 2015 ha sido del 0,44%. 

Aunque el juicio dependerá de la percepción de cada cual, no da la impresión que esta cuantía, similar al PIB conjunto de Ceuta y Melilla, haya sido tan determinante como para constituir el motor del despegue de la economía española ni tampoco como para justificar la sumisión a los preceptos de la UE. 

También es importante añadir que la mayor parte de estos fondos se han dedicado a infraestructuras de ciertos medios de transporte no siempre idóneas para un desarrollo económico equilibrado y sostenible, así como a determinadas ayudas a la agricultura, en cuyo caso han ido a parar mayoritariamente a las grandes explotaciones y no a los pequeños productores. (...)

Como conclusión, diremos que, aunque nos hemos limitado al caso español, lo cierto es que el deterioro de la idea de la UE es generalizado, no sólo entre los países tradicionalmente más reacios a asumir sus postulados, como el Reino Unido o Dinamarca, sino también entre los más “eurocrédulos”, como España. La razón está en que las características reales del proyecto europeo se han hecho mucho más evidentes a raíz de la crisis.

En primer lugar, es difícil negar que la UE sea un proyecto dirigido fundamentalmente por el capital en favor del capital. Todos los elementos clave del proyecto, como la desregulación, el mercado común, los acuerdos comerciales o la moneda única, están diseñados para favorecer la explotación, la rentabilidad, la valorización y la acumulación, así como la centralización y concentración del capital europeo y su competitividad exterior.

 Como consecuencia, la UE no responde a las necesidades de la clase trabajadora, puesto que su utilidad para el capital exige una estrategia de ajuste salarial permanente, tolerancia con el paro y creciente precariedad laboral [8]. (...)

 Así, quienes creemos en la necesaria unión de los pueblos de Europa y del mundo para luchar por un futuro mejor vemos en la UE una institución que debe ser impugnada en su totalidad en favor de un proceso alternativo que, como tal, resulta incompatible con el actual."                 (

6.3.17

Fue el euro el que hizo perder competitividad a España... y es el euro el que mantiene a la economía española en una ratonera

"(...) Tiene razón Pedro Saura, portavoz de Economía del Grupo Socialista, al discrepar de la etapa elegida por Linde para la investigación, 2008-2012, que coincide básicamente con la segunda legislatura de Zapatero. 

“Para analizar con profundidad lo que ha ocurrido -señala- hay que ir a la génesis de la burbuja y, por lo tanto, el período a considerar debe ir entre el 2000 y el 2016”. Está en lo cierto, porque nada de lo que ha ocurrido puede explicarse sin tener en cuenta la creación de la moneda única.

 Fue el euro el que hizo perder competitividad a unos países (entre ellos España) al no poder compensar las diferencias en las tasas de inflación con ajustes en los tipos de cambio. Fue el euro el que permitió que algunos Estados (por ejemplo, Alemania) incrementasen enormemente su excedente comercial mientras que otros (por ejemplo, España) incurrían en déficits exteriores gigantescos.

 Fue el euro el que en primer lugar puso en manos de los banqueros alemanes ingentes cantidades de recursos y les lanzó, en segundo lugar, a prestar a los bancos de los países deficitarios de forma irresponsable.

 Creyeron ingenuamente que la ausencia de riesgo cambiario convertía estos créditos en inversiones seguras. Fue esta misma creencia la que alentó a los bancos españoles a endeudarse en el exterior de manera imprudente y a prestar los recursos obtenidos a las familias y empresas sin medir mínimamente el riesgo.

 Cuando el endeudamiento alcanzó niveles desmesurados y estalló el pánico fue el euro el que no permitió que el ajuste se realizase mediante un realineamiento de los tipos de cambio, forzando a nuestro país a una devaluación interna extremadamente dolorosa. Y es el euro en definitiva el que mantiene a la economía española en una ratonera de difícil salida. 

Pero es precisamente por ello por lo que el análisis no debería partir del año 2000, tal como afirma Pedro Saura, sino que en sentido riguroso hay que remontarse a los orígenes, al año 1992, cuando se firmó el Tratado de Maastricht."                       (Juan Francisco Martín Seco, República.com, 16/02/17)


  Para conseguir la soberanía financiera:  europeseta electrónica de circulación interna

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.

Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467  )


Los artículos de Juan José R. Calaza (Juan José Santamaría y Juan Güell) muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna: 
 

Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html


Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html  

Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815

Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:



Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas':    http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html

16.5.16

¿Cómo salimos del euro? Convenciendo a la gente de que nos empobrecemos por su culpa. Es fácil. Entramos al euro de la noche a la mañana pues de la noche a la mañana se cambia la moneda y el banco de España empieza a emitir la nueva moneda

"(...) Entonces la entada de Europa como símbolo de la entrada de España al grupo de los más ricos es una farsa… 

En toda la historia de España el déficit de la balanza de pagos por cuenta corriente nunca había sido superior al 3.4%. Antes de que se llegase a esa cantidad, hecho que solo ocurrió en un par de ocasiones, había todos los mecanismos para saber que no se podía seguir. Se perdían reservas, la moneda se debilitaba en extremo y los gobiernos sabían que debían modificar la política monetaria para poder salir. En el año 2009 esa cifra se dispara hasta el 10%.

Ese es el origen del desastre que tenemos. Me preguntas si fue un acierto…pues no hay más que ver la situación de la economía española en este momento. Cometimos un error gravísimo y muy poca gente puso sobre la mesa el problema del euro. 

(...) todos los pronósticos que se hacen des de la Unión Europa y el Fondo Monetario Internacional dan un crecimiento inferior al 3% para los próximos años. Sostengo además que nuestra economía está pendiente de sufrir crisis parecidas a las que hemos vivido hasta ahora. (...)

Otro tema es que no sabemos bien cuál es la deuda pública. Lo que son emisiones del estado está contabilizado, lo que son emisiones de las comunidades autónomas también. Pero hay tal manipulación con las cifras públicas y se pueden hacer tantos movimientos con los intereses que al final no sabemos la cantidad real. (...)

¿Podemos y debemos pagar esa deuda? 

No podemos. Se ha creado una masa de deuda enorme que va a seguir aumentando y el déficit público no se va a corregir todavía. Las necesidades sociales son tan enormes y la economía está tan deprimida que se genera un déficit que hay que seguir financiando.

El debemos abre un debate, por lo menos por parte de la izquierda, sobre como de legítima es la deuda. En mi opinión en la deuda que ha tenido un carácter general, es decir la generada para sufragar los servicios públicos generales, es muy difícil distinguir cual es legítima y cual se ha utilizado con fines no tan apropiados como infraestructuras innecesarias.

Lo que es realmente deuda ilegítima es aquella que está destinada a fines concretos de sujetos concretos, por ejemplo los 40 o 50 millones que se inyectaron en 2012 a la banca. Eso es deuda ilegítima. La banca cuando ha tenido que echar a alguien porque no pagaba los ha desalojado. Y en cambio cuando ellos están en apuros no puede llegar el Estado y decir yo emito en el extranjero y se lo doy a usted. Eso no vale. Es romper la pauta. El Estado puede buscar dinero de un modo genérico pero los gastos no pueden ser para sujetos económicos concretos. Es un debate en el que nos vamos a tener que meter pero es verdad que es muy difícil desglosar cada deuda.

¿Hay esperanza para el euro? 

Yo creo que no. Hay infinidad de papeles, propuestas hablando sobre el tema pero creo que mi deber es aportar algo nuevo y eso consiste en decirle a la gente que el euro está condenado y debe desaparecer.
Por dos razones. Cuando se crea el euro se fija un tipo de cambio fijo e irreversible entre todas las monedas. Este tipo de cambio se establecieron para conseguir un equilibrio razonable en la balanza de pagos durante mucho tiempo, pues el euro fue concebido para durar toda la vida.
Lo que ha ocurrido es que muy pronto y con una intensidad desorbitada empezaron a surgir déficits en los países. Por un lado tenemos Alemania acumulando excedentes por un tubo y por el otro a Grecia, España y Portugal, los tres países que han sufrido más en el tema de la balanza de pagos, que acumulan déficits del 10% en el caso del España, cosa que era y es sorprendente.
Además con el deterioro que han sufrido algunas economías, muy endeudadas, tenemos países que están en una situación más desigual que cuando empezó el euro. Porque ahora tenemos países con un 24% de paro y eso genera que la parrilla de tipos de cambios que se fijó en su momento sea más irreal aún. ¿Consecuencia? Que esto será insostenible y se tendrá que cambiar la parrilla. Y si hay que cambiar de parrilla ya no va a ser el euro, será otra cosa.
El otro problema es el tema de la deuda. La consecuencia de los terribles déficits en la balanza de pagos es que los países han acumulado una deuda externa inmensa, que se encuentra al mismo tiempo enfrascada en una burbuja financiera alimentada por los bancos centrales como la Reserva Federal o el Banco Central Europeo. Como había mucha problemas y el mundo se estaba medio hundiendo han inyectado liquidez que solo ha servido para taponar agujeros. Ahora el mundo está lleno de liquidez y de duda. (...)

¿Cómo salimos del euro?

En mi opinión es bastante fácil. Efectivamente la salida del euro es un hecho bastante traumático y hay que convencer a la sociedad de que es insostenible.

Si la gente estuviera un poco más despierta y viera el tema del paro, las agresiones a la seguridad social, los ataques al Estado del bienestar, la falta de expectativas…Y se dieran cuenta de que estamos en esta situación en parte importante por el euro, el resto sería fácil. (...)

Además en el caso de España sería relativamente fácil. Entramos al euro de la noche a la mañana pues de la noche a la mañana se cambia la moneda y el banco de España empieza a emitir la nueva moneda. Es cierto pero, que hay reminiscencias por ejemplo toda la deuda que alguien tenga en euros cuando se convierta se va a devaluar. No seamos ingenuos tampoco. Hay secuelas. No hemos estado 20-30 años acumulando deuda gratuitamente.

Algunos apuntan que el gran problema del retorno a la peseta u a otra moneda serían los ataques especulativos por parte de los mercados.

Habría problemas de financiación en un momento dado pero siempre hay otros bancos, otros países y otros bloques que te pueden prestar dinero.

Imaginémonos que pasan cosas terribles desde el punto de vista de los recortes. El Estado tiene que financiarse y no puede. Se va a los mercados, que están muy tocados y te limitan el déficit. ¿Qué haces? Pues el Estado debe es pedirle dinero al Banco de España para no tener que recortar en pensiones, prestaciones… 

La inflación no viene de que los pensionistas ganen un poco más y vayan a Benidorm pero en cambio sí que pondría en marcha un poquito la maquinara económica. En esencia se trata de usar el déficit público de forma expansiva para poner en marcha la maquinaria. Otro sistema.

¿Cómo nos puede beneficiar, si es que puede, la salida del euro? 

Nos han recortado las pensiones, han reducido el profesorado, los salarios se han congelado y las desigualdades son más profundas. Si tenemos nuestra moneda esto no tiene por qué ocurrir. Vamos a darle al pensionista su pensión en función del coste de vida, vamos a emplear más maestros, médicos, enfermeros….

Esto solo lo podemos hacer si disponemos de nuestra moneda y recuperamos nuestra soberanía. El problema es que ahora tenemos que estar ajustando nuestra actividad a unos estándares y la economía sufriendo recortes porque no hay liquidez para pagarle a la gente.

Con la entrada al euro 100 pesetas se convirtieron a 166. Se rompió el equilibrio entre lo que valen las cosas y el salario que ganamos. Además si conseguimos que el paro no sea tan exagerado a lo mejor a los empresarios se les ocurre que no pueden seguir explotando de una forma tan brutal. Se trata del retronó a una vida más equilibrada, sensata, normal y sin presiones contra el estado del bienestar.

Parece un poco utópico este discurso después de años y años de escuchar, no hay alternativa a los recortes, no hay dinero. 

Lo que creo es que en cada país sus ciudadanos deben llevar una pelea por recuperar su soberanía nacional, tener su moneda, sus tipos de cambio y una política fiscal propia, que no esté vigilada por Merkel. Pero eso requiere un trabajo intenso de cada país.

Si algún país sale del euro habrá que admitirlo con normalidad. Pero decidirlo corresponde a cada una de las sociedades. Nos podemos comunicar, prestar solidaridad, que nuestras economías sean complementarias, pero primero nos queda una lucha muy fuerte y hasta el momento la izquierda no ha sido capaz de proponer una alternativa al modelo construido. La izquierda a veces tiene coherencia ideológica pero a veces es un petardo… 

¿Qué me gustaría? Sociedades más articuladas, harmoniosas, mas ecuánimes, más solidarias pero ahora mismo estamos en fase defensiva. Debemos poder recuperar nuestros medios históricos como son la moneda y la política fiscal, para resolver los problemas de la sociedad. Si encontramos solidaridad y apoyo mutuo mejor, sino es la sociedad de cada país, de mutuo propio, quien debe actuar para resolver sus problemas."               (Entrevista a Pedro Montes, Aina Valldaura, El salmón contracorriente, 13/04/16)

5.11.15

El euro es la causa del crecimiento de la pobreza en España

"(...) De las cifras de Eurostat se desprende que curiosamente en este periodo es en los países que permanecen fuera de la Unión Monetaria donde menos ha aumentado la proporción de personas en el umbral de la pobreza; es más, entre los pocos Estados (seis) donde este porcentaje se ha reducido, los tres en los que lo ha hecho en mayor medida no están en el euro: Polonia que ha pasado del 30,5 al 24,7%; Bulgaria del 44,8 al 40,1 y Rumania del 44,25 al 40,2. 

Esta evolución contrasta con la que presentan los países del Sur de Europa y que han sido sometidos al rescate, o más bien diríamos a la intervención, que es en los que más se ha incrementado el porcentaje de pobreza en el periodo 2008-2014. 

A la cabeza se sitúa Grecia, que pasa del 28,1 al 36%, seguida de Irlanda (del 23,7 al 29,5%), España (del 24,5 al 29,2%), Chipre (del 23,3 al 27,4%) y Portugal (del 26,0 al 27,5%).

Los datos anteriores confirman algunas cosas que ya sabíamos. 

Primero, que no entrar en la Unión Monetaria ha resultado beneficioso para algunos países -al menos para sus clases bajas- y que otros, como España, han hecho un mal negocio adoptando la moneda única. 

Segundo, que la política de austeridad y la llamada depreciación interna, que desde Berlín y Frankfurt se ha impuesto a algunas economías, castigan de forma muy desigual a los ciudadanos, por contraposición a la depreciación monetaria que, si bien empobrece a los nacionales frente al resto del mundo, no modifica la distribución de la renta y la riqueza interior.

Este es uno de los grandes problemas que genera una unión monetaria sin integración fiscal, que incrementa las desigualdades, tanto entre los Estados como entre los ciudadanos de cada uno de los países, y este es el futuro que nos espera en adelante mientras permanezca el euro. 

El anuncio de cualquier reactivación económica suena a falso para los millones de españoles que han visto empeorar gravemente su situación económica y que no vislumbran la posibilidad de un retorno a la situación de partida, sino que más bien intuyen que la amenaza de nuevos ajustes y recortes subsiste dentro de la moneda única."         (Juan Francisco Martín Seco, República.com, 29/10/15)

21.12.14

La zona monetaria euro está “mal” diseñada, en beneficio de Alemania

"(...) la zona monetaria euro está “mal” diseñada, en beneficio de Alemania y de las grandes corporaciones y muy especial de las financieras: carece de elementos que sabemos que son imprescindibles para que una unión monetaria sea óptima y funcione correctamente cuando se presentan problemas, es decir, sin generar más asimetrías y desigualdades, constantes desequilibrios y una continua inestabilidad.

Los españoles deben ser conscientes de que es materialmente imposible que se puedan
llevar a cabo políticas que satisfagan el interés nacional, el de la inmensa mayoría de la
población, en el marco del euro tal y como está diseñado.
Deben saber que el euro se concibió como una auténtica ratonera pero que en ningún lugar está escrito que los pueblos tengan que aceptarlo sin más.

 Hay otras formas de construir Europa y de hacer que funcione la moneda única.es fundamental que el gobierno español promueva y alcance cuanto antes acuerdos estratégicos con los de otros países europeos para que se puedan cambiar las condiciones de gobernanza actuales del euro.(...)"                 (PODEMOS, Un proyecto económico para la gente, pág. 9)

11.12.14

La Eurozona se tendrá que enfrentar a una restructuración de la deuda, que afectará a varios paises a la vez

"(...) En mi opinión (y así lo he escrito en varias ocasiones, entre otras en “La trastienda de la crisis” (capítulo 8), y en “Contra el Euro” (capítulo 5)), para entender la larga crisis que está sufriendo España, y en general la Eurozona, no comparable con ninguna otra conocida por lo menos en las cinco últimas décadas, hay que remitirse al endeudamiento exterior contraído en los años previos, a partir de la creación de la Unión Monetaria. 

En el periodo 2002-2008, la deuda exterior neta de España se multiplicó por cuatro. Pero, frente a lo que se suele afirmar, no era el sector público el que se había endeudado desproporcionadamente, sino el sector privado, especialmente los bancos. (...)

 este crecer a crédito solo fue posible por nuestra pertenencia a la Unión Monetaria. Sin tener la misma moneda los banqueros de los países con superávit no hubiesen prestado a los bancos de los deficitarios, al menos en la misma cuantía en que lo hicieron. Sin el euro, la devaluación o revalorización de las monedas nacionales habría impedido que los déficits y superávits de las balanzas de pagos alcanzasen los niveles a los que llegaron. (...)

Todo ello es de sobra conocido, como también que se llegó a un punto en el que los acreedores comenzaron a recelar de que los deudores pudieran pagar, desencadenando la desconfianza en los mercados, y el conflicto y la involución en la economía. 

A estas alturas no hay demasiada duda acerca de que el origen último de la crisis que estamos sufriendo se encuentra en el gigantesco endeudamiento exterior, así como en los desmedidos desequilibrios alcanzados en las balanzas de pagos, cara y cruz de la misma moneda; y, como telón de fondo, el euro sin el cual no se hubiera dado ni lo uno ni lo otro.

 En consecuencia, si queremos saber la consistencia que tiene la llamada recuperación, lo que ahora tenemos que preguntarnos es hasta qué punto subsisten los factores anteriores y, en cualquier caso, si se mantiene el peligro de que vuelvan a producirse los mismos desequilibrios. (...)

Después de someter durante siete años a la población a sacrificios y privaciones, no hemos reducido un ápice el stock del endeudamiento exterior neto que se mantiene ligeramente por encima del 100% del PIB. Tan solo ha habido un cambio de composición, una traslación de la deuda del sector privado al sector público. Nos cabe el dudoso honor de que nuestro endeudamiento exterior neto se encuentre en términos relativos a la cabeza de todos los países desarrollados.  (...)

La deuda exterior constituye una losa sobre nuestra economía, tanto más cuanto que está nominada en una moneda que, si bien es la nuestra, no controlamos, lo que nos deja al albur de los mercados y del BCE, tal como hemos tenido ocasión de experimentar en los primeros años de la crisis. 

La pérdida de soberanía es muy considerable y la incertidumbre y la inseguridad de cara al futuro, casi totales. Diríamos que para nuestra economía es imprescindible la disminución del monto de deuda exterior, pero ¿es posible?  (...)

Un crecimiento sostenido y unas tasas de inflación moderadamente elevadas ayudarían también a reducir el stock de deudas. Pero la política económica impuesta por Alemania (impuesta porque los tratados se lo permiten) va en una dirección totalmente contraria. La Eurozona está al borde de una nueva recesión y con unos índices de precios que oscilan alrededor de cero, lo que constituye el peor escenario para los deudores.

No parece que haya muchas posibilidades de que se reduzca el endeudamiento de los países del Sur, incluso puede llegar a incrementarse. No obstante, tampoco parece que sea muy factible que la situación actual se mantenga. Todo indica que, antes o después, la Eurozona se tendrá que enfrentar a una restructuración de la deuda. 

El desenlace lógico de todas las crisis de deuda (y la de la Eurozona lo es) es la reestructuración. Bien es verdad que con casi toda seguridad afectará a varios países a la vez, dada la interconexión que existe entre ellos y que la de uno influirá en las de los otros. (...)"        
   
(La losa de la deuda exterior, de Juan Francisco Martín Seco en República de las ideas, en Caffe Reggio, 06/12/2014)

3.9.14

La Eurozona vuelve de nuevo al estancamiento...

"La Eurozona vuelve de nuevo al estancamiento. La recesión de Italia, el escaso crecimiento de Alemania y la parálisis de Francia, la han precipitado a la zona cero. En realidad, hace mucho que no sale de ella. 

 Desde 2008 ha sufrido dos recesiones y son contados los trimestres en los que su crecimiento ha sido positivo. De poco vale el triunfalismo de instituciones y políticos, tales como los del Gobierno español, anunciando a bombo y platillo una recuperación que aún está muy lejos  (...)

¿No es hora ya de que los economistas, los gobiernos y las instituciones europeas se pregunten seriamente cuál es la verdadera causa de esta parálisis? ¿Acaso no ha llegado el momento de que dejemos de marear la perdiz con explicaciones banas y de poner de una vez los puntos sobre las íes?

 La razón de que la Eurozona -y con ella, no nos engañemos, España- no termine de salir de la crisis no puede ser otra distinta que la que nos abocó a ella: la Unión Monetaria (UM).  (...)

Se da por hecho que detrás de la crisis española se encuentra el excesivo endeudamiento de la empresas y de las familias, la avaricia, incompetencia y frivolidad de los bancos españoles, que concedieron créditos de manera imprudente y de los bancos extranjeros, sobre todo alemanes y franceses, que prestaron a los españoles para formar la burbuja inmobiliaria, y la negligencia de los gobiernos y del Banco de España que permitieron con total pasividad, cuando no con triunfalismo, que tales situaciones se produjeran. 

Todo ello es cierto, pero no es menos cierto que nada de esto habría podido ocurrir sin pertenecer a la moneda única. Ante la existencia del riesgo de tipo de cambio, los bancos extranjeros no hubiesen prestado a los españoles esas enormes cantidades, y en todo caso los mercados habrían atacado a la peseta, y forzado la devaluación, como ya ocurrió a principios de los noventa, mucho antes de que el déficit de la balanza por cuenta corriente llegase al 10%. (...)

Todo esto es verdad, nadie puede negar la responsabilidad del Gobierno alemán obstaculizando la salida de la crisis, pero tampoco se puede negar la culpabilidad del resto de los gobiernos europeos, especialmente de los del Sur, al firmar el Tratado de Maastricht y dar su aquiescencia a una unión contra natura que iba a introducir a las economías de sus países en una trampa de difícil solución.

 Fueron incapaces de requerir entonces -habría sido el momento- contrapartidas presupuestarias y fiscales (exceptuando los fondos de cohesión, totalmente insuficientes), que compensasen los desequilibrios que antes o después se presentarían. Y ni siquiera tuvieron la precaución de exigir que en caso de ajuste su coste no corriese únicamente a cargo de los países deudores, sino también de los acreedores, máxime cuando ya habían sido testigos de los problemas ocasionados en el Sistema Monetario Europeo y de cómo la obligación del ajuste recayó en exclusiva sobre los países deficitarios en la balanza por cuenta corriente. 

Tampoco se opusieron a que el BCE naciese con un estatuto que lo configuraba como un engendro y que dejaba a los gobiernos nacionales en completa indefensión frente a los mercados. Ahora no vale quejarse de lo perversa que es la canciller alemana. Si actúa así es porque no hay nada en los Tratados que la obligue a comportarse de manera distinta.

El problema de la Eurozona se encuentra, sí, en la política impuesta por Merkel, en el comportamiento del BCE y en la pasividad e indolencia de los mandatarios del resto de los países, más preocupados por situar en los puestos clave de las instituciones europeas a sus paniaguados que de la política que se va a seguir; pero sobre todo radica en la contradicción intrínseca en el proyecto de Unión Monetaria.

 En realidad, al no haberse acompasado con una integración fiscal, presupuestaria y política, no hay un solo euro sino diecisiete distintos, uno por cada país, y cada uno de ellos debería tener un tipo de cambio diferente de acuerdo con sus circunstancias económicas. (...)"          (Juan Francisco Martín Seco, Artículo publicado en República.com, Attac España, 02/09/2014)

20.8.14

El endeudamiento exterior que desencadenó la tormenta y nos hundió en el abismo, se mantiene a los mismos niveles, aproximadamente el 100% del PIB

"Como se acercan tiempos de elecciones anda el Gobierno empeñado en vender la recuperación de la economía y para ello nos ofrece un dato incontestable: que el PIB ha dejado por el momento la senda negativa y se adentra en tasas de crecimiento moderadamente aceptables.

 Pero en Economía no todo se reduce al PIB -variable convencional y relativa hasta el punto de que ahora, tras la última modificación, pueda incrementarse por el simple avance de la prostitución y la droga- y mucho menos a que esta variable presente durante algunos trimestres tasas positivas.

Desde luego, es evidente que los millones de ciudadanos que a lo largo de estos años se han incorporado al ejército de parados no se han reintegrado a sus puestos de trabajo, ni los funcionarios han recuperado el poder adquisitivo perdido, ni los jubilados su derecho a que sus pensiones evolucionen al menos al mismo ritmo que lo hace la inflación; ni los salarios, ni la sanidad, ni la educación, ni el gasto en dependencia, etc., han recobrado los niveles que tenían con anterioridad a los recortes.

 Todo hace pensar que muchas de esas cosas se han ido para no volver y que tendrá que pasar una temporada muy larga para que otras retornen a las cotas anteriores a la crisis.

Pero, es más, desde una perspectiva puramente macroeconómica son muchas las incertidumbres que se ciernen sobre la economía española como para afirmar que hemos salido de la crisis o que ha llegado la recuperación. Incluso cabría afirmar que los desequilibrios y las amenazas continúan intactos, de modo que en cualquier momento pueden invertir de nuevo la tendencia.

Pervive sin duda nuestro gran pecado que es el de habernos endeudado en una moneda que, si bien en teoría era la nuestra, el euro, no controlamos, lo que origina la mayor de las incertidumbres, al encontrarnos al albur de los mercados internacionales y a expensas de que el Banco Central Europeo quiera auxiliarnos.

 El stock de endeudamiento exterior que desencadenó la tormenta y nos hundió en el abismo se mantiene a los mismos niveles, aproximadamente el 100% del PIB. Tan solo ha cambiado la composición, disminuyendo la deuda privada a costa de incrementar sustancialmente la pública, lo que nos hace más vulnerables si cabe a las presiones y caprichos de los flujos financieros internacionales.

Pero también subsiste la causa del endeudamiento exterior, la debilidad de nuestra balanza de pagos. Durante todo este tiempo en el que la actividad económica se encontraba en coma, el Gobierno, empeñado en presentar la mejor imagen posible de la realidad, colocaba en primer plano el comportamiento del sector exterior, el cual ciertamente se había modificado de manera sustancial, ya que de un déficit de la balanza por cuenta corriente insoportable del 10% del PIB habíamos pasado al equilibrio y en los últimos meses a un saldo positivo.

Algunos, aun a riesgo de ser tildados de agoreros, señalamos hace tiempo que esta evolución positiva tenía mucho de espejismo ya que se debía en buena medida precisamente a las dificultades por las que pasaba la actividad económica, la baja demanda reducía la importaciones y la dificultad de vender en los mercados nacionales forzaba a los empresarios a la exportación; pero que bastaba que se invirtiese el ciclo económico para que la balanza de pagos cambiase también de signo, convirtiéndose, como ha venido siendo habitual, en el factor estrangulador del crecimiento. (...)

A pesar de los enormes sacrificios padecidos por la sociedad española, poco o nada se ha ganado en competitividad exterior.  (...)

Fuera de la Eurozona tampoco se gana competitividad porque la continua apreciación del euro frente a las otras monedas ha compensado con creces todos los esfuerzos deflacionistas. (...)"              (, en Caffe Reggio, 26/07/2014)

18.5.14

Europa tiene la mayor tasa de paro del mundo y la fortaleza del euro ayuda a explicarlo

"(...) Valls ya ha demostrado que es un político duro y ha iniciado la guerra del euro. Los franceses han pedido abiertamente al BCE que deprecie el tipo de cambio tras el último Eurogrupo. Francia tiene la tasa de paro en máximos, las exportaciones estancadas y déficit por cuenta corriente. 

Por lo tanto, una depreciación del tipo de cambio, teniendo en cuenta la debilidad de la demanda interna, sería un estímulo inmediato sobre sus exportaciones, producción industrial, inversión empresarial y empleo.

El problema es que Alemania tiene la tasa de paro en mínimos, crea empleo y, aunque sus exportaciones también están estancadas, tiene un superávit exterior del 7,5% del PIB. Alemania creó 600.000 empleos en 2013 y los salarios crecen un 3%. Por lo tanto, en Alemania la depreciación del euro aumentaría la inflación, aunque sin poner en riesgo la estabilidad de precios. 

Alemania se ha opuesto a la medida argumentando que la responsabilidad del euro es del BCE que es independiente. (...)

Alemania sabe que eso no es verdad. Los Tratados confinan al BCE el objetivo de estabilidad de precios y es el Eurogrupo el responsable de la política cambiaria. No obstante, el tipo de cambio es un fenómeno monetario y depende del dinero en circulación y es el BCE el que controla esa variable. (...)

En España las exportaciones también están estancadas, al igual que la producción industrial, las ventas minoristas y el empleo, como reflejó la EPA del primer trimestre. 

Además el crédito a empresas y familias sigue en caída libre y explica casi la totalidad de la contracción de crédito de la Eurozona. España sería el país más beneficiado en esta guerra pero estamos en negación de la realidad y Merkel se aprovechará de nuestra debilidad."            ( , El País, 9 MAY 2014 )

26.1.14

Es curioso que nadie se pregunte por qué una crisis que comenzó hace cinco años en EE. UU. continúa afectando únicamente a los países de la Eurozona

"(...) Las contradicciones se multiplican. A pesar de la barra libre que el BCE está concediendo a los bancos, el crédito continúa sin llegar al público. Se sospecha que las entidades financieras se dedicaban a un negocio limpio y saneado, el de recibir los recursos de Frankfurt a tipo casi cero e invertirlos sin apenas riesgo en deuda pública a un tipo sensiblemente superior.

 Para evitarlo, el BCE, siempre en su laberinto, decidió penalizar en la financiación a las entidades financieras con un montante mayor de deuda pública en su activo. La reacción era de esperar: una elevación de la prima de riesgo de aquellos países, concretamente de España, que tenían colocada más deuda soberana en los bancos y una caída en la cotización bursátil de estos últimos.

 Esa es la consecuencia de haber constituido un banco central cojo, que puede prestar a los bancos pero no a los Estados. En un edificio mal diseñado y construido los arreglos de una parte se traducen en averías en la contigua.

Es curioso que nadie se pregunte por qué una crisis que comenzó hace cinco años en EE. UU. continúa afectando únicamente a los países de la Eurozona y más concretamente a los países del Sur. La respuesta es simple. Como nuevos sísifos, nos vemos obligados a arrastrar esa enorme piedra que es el euro, una carga excesivamente pesada.

 Los dioses condenaron a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Eso es lo que les ocurre a nuestras economías.

 Cualquier intento de recuperación quedará abortado de nuevo por nuestra pertenencia a la Unión Monetaria. Albert Camus, comentando el mito, apunta que los dioses habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. ¡Qué razón tenía!" Juan Francisco Martín Seco, Attac.es, en Jaque al neoliberalismo,  24/12/2013)

3.1.14

Si no salimos del euro, queda un largo periodo de sufrimiento para los pueblos y trabajadores de la periferia europea

"(...) A mi modo de ver, la crisis presenta en estos momentos dos dimensiones difícilmente reconciliables y que facilitan la consolidación del status quo actual. 

La primera dimensión es financiera y se centra en el problema del endeudamiento generalizado que, en el caso de la mayor parte de los países periféricos, se inició como un problema de deuda privada y se convirtió en uno de deuda pública cuando se rescató –y, por tanto, se socializó– la deuda del sistema financiero.

 Los niveles que ha alcanzado el endeudamiento, tanto privado como público, son tan elevados que es imposible que esa deuda pueda reembolsarse completa, y eso es algo de lo que se debe ser plenamente consciente por sus consecuencias prácticas. 

De eso, y del hecho de que, privados de moneda nacional y con unas tasas de crecimiento del ratio deuda/PIB muy superiores a las de la tasa de crecimiento económico, la carga de la deuda se hace insostenible y se convierte en una bomba de relojería que en algún momento estallará sin remedio. 

La segunda dimensión es real y se concreta en las diferencias de competitividad entre las economías centrales y las economías periféricas. Esas diferencias se encuentran, entre otros factores, en el origen de la crisis y el problema de fondo es que no sólo no están disminuyendo sino que se están ampliando. 

Es más, la lectura de la reducción de los desequilibrios externos de las economías periféricas al interior de la Eurozona como un síntoma de que estamos en tránsito de superación de la crisis es manifiestamente perversa porque desconsidera la tremenda repercusión del estancamiento económico sobre las importaciones. 

El vínculo de conexión entre ambas dimensiones de la crisis lo constituye la posición dominante alcanzada por los países centrales frente a los periféricos y, en concreto, la posición alcanzada por Alemania en el conjunto de la Eurozona, no sólo relevante por su peso económico sino también por su control político de las dinámicas de reconfiguración de la Eurozona que se están desarrollando con la excusa de ser soluciones frente a la crisis pero que actúan, de hecho, reforzando su hegemonía.(...)

  El problema se presenta cuando quienes únicamente están planteando esa posibilidad de ruptura unilateral, de salida del euro, son los partidos nacionalistas de extrema derecha, apropiándose de un sentimiento de insatisfacción popular creciente contra el euro, frente a una izquierda que sigue invocando la opción por unas reformas que confrontan directamente con los intereses de quienes han puesto a su servicio las potencialidades de dominación imperial por la vía económica que facilita el euro.

 Desde ese punto de vista, sería oportuno dejar de visualizar al euro meramente como una moneda y pasar a asimilarlo a un arma de destrucción masiva que está destruyendo no sólo el bienestar de los pueblos europeos sino, también, el sentimiento europeísta basado en la fraternidad entre esos pueblos que tanto trabajo costó construir. 

El problema de credibilidad se agrava para la izquierda cuando, para promover las reformas necesarias, se apela a la activación de un sujeto, la “clase trabajadora europea”, que actúe como vanguardia en la transformación de la naturaleza de la Eurozona.

 Y es que la situación de la clase trabajadora en Europa nunca se ha encontrado más deteriorada en lo que a conciencia e identidad de clase se refiere, sin que ello merme un ápice el hecho incontestable de que la relación salarial sigue siendo la piedra de toque esencial del sistema capitalista. 

Como escribía recientemente Ulhrich Beck, vivimos la tragedia de estar en momentos revolucionarios sin revolución y sin sujeto revolucionario. Ahí es nada.(...)
 
O, por decirlo en otros términos, la ruptura con el euro no es condición suficiente pero sí necesaria para cualquier proyecto de transformación social emancipatorio al que pueda aspirar la izquierda.

 Por lo tanto, reivindicar la revolución en abstracto y, simultáneamente, tratar de preservar la moneda europea y las instituciones y políticas que le son consustanciales en esta Europa del Capital hasta que se den las condiciones europeas para su reforma, constituye una contradicción en los términos que resta credibilidad ante unas clases populares que parecen haber identificado al enemigo con mayor claridad que los dirigentes de la izquierda. 

Es por ello que hasta que esa contradicción no sea asumida y superada y los discursos políticos y económicos sean ambos de ruptura y corran en paralelo; hasta que la salida del euro sea percibida no sólo como un problema, sino también como parte de la solución a la situación dependiente de las economías periféricas al abril el horizonte de posibilidades para recomponerse como economías y buscar su senda de desarrollo en la producción y provisión de bienestar de una forma más autocentrada y menos dependiente de su inserción en la economía mundial; hasta que deje de atenazarnos el miedo a romper las cadenas del euro por carecer de certezas absolutas sobre cómo podría ser la vida fuera del mismo, de la misma forma que atenazaba a quienes se negaban a romper con el patrón oro tras la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado; hasta que todo eso no ocurra sólo me queda pronosticar, con pesar, un largo periodo de sufrimiento social y económico para los pueblos y trabajadores de la periferia europea."        (Alberto Montero Soler, Mientras tanto electrónico, en Rebelión, 02/01/2014)

27.12.13

La gran empresa alemana se deslocalizaba a China, mientras la periferia europea sustituía producción por importaciones y destruía empleo.

"(...) Lo que sí hizo el euro, apunta Jorge Fonseca, fue “reforzar la división centro/periferia en la Unión Europea”. El centro gira en torno al Bundesbank y las transnacionales alemanas, que actúan, en cierta medida, en alianza con las multinacionales francesas y británicas (aunque Gran Bretaña no forme parte de la moneda única, funciona como un gran paraíso fiscal a través de la City londinense).

 Entre 2002 y 2010 el Banco Central Europeo (BCE) propulsó una revalorización del euro del 80% (de 0,90 a casi 1,60 dólares por euro). Alemania acumulaba un creciente superávit comercial mientras la periferia de Europa se sumía en déficits cada vez mayores. 

Además, una parte de la gran empresa alemana se deslocalizaba a China, mientras la periferia europea, cada vez menos competitiva, sustituía producción por importaciones y destruía empleo.

Las gráficas señalan una realidad elocuente. A medida que se revalorizaba el euro frente al dólar, aumentaba el saldo de la balanza comercial alemana y, del mismo modo, se reducía el de países como España. “Es la diferencia entre exportar chiringuitos de la playa y productos Siemens”, ironiza Jorge Fonseca. 

Y existe también una diferencia de estrategias empresariales. Un producto alemán (de una transnacional germana) puede perfectamente fabricarse en un 80% en China, y sólo rematar en Alemania la fase final. Así se logra vender con un precio final ventajoso. Ahora bien, Alemania se queda siempre con la fase de la producción industrial que genera valor añadido.

España, por el contrario, no dispone de una base industrial sólida. Por ejemplo, la industria automovilística se halla en manos extranjeras y el país no se beneficia de ella. “Sólo con lo que el estado se gasta en mantener los empleos en la Volkswagen o los subsidios para que estas empresas no desplacen su producción, podría haberse desarrollado otra industria en España”, apunta el economista de ATTAC.

 ¿En qué ha beneficiado a España y la periferia europea la política del euro “fuerte”? Ha permitido una capacidad de compra alta y de manera relativamente barata de los productos alemanes. “Pero a costa de un notable déficit comercial y de destruir puestos de trabajo en tu país”.

Y llega la crisis (finales de 2008). Frente a los lugares comunes propalados por los medios conservadores, el gasto público no explica en absoluto la debacle económica. En 2008 la deuda pública en España representaba el 38% del PIB, una tasa perfectamente asumible. Y tras varios años de superávit fiscal (del 2,2% en 2007), es precisamente en 2008 cuando vuelven a registrarse déficits en las cuentas públicas. 

Según Fonseca, “el déficit y la deuda lo provocan sobre todo la caída recaudatoria que sucede a la crisis”. Además, el problema no es el gasto estatal, sino “los negocios de la mafia”, porque “¿cómo se explica, si no, que España sea el segundo país del mundo, después de China, en líneas de alta velocidad ferroviaria?”.

Se acabó la época del consumismo exacerbado, de la “burbuja” de la construcción, alimentada gracias al euro (que favorecía la petición de préstamos en la moneda única) y al descenso de los tipos de interés. Se vivía en la ficción de que todos estos procesos y adquisiciones a crédito resultaban baratos.

 Al final del festín, según Jorge Fonseca, “todos los negocios de las mafias de promotores los hemos financiados con nuestras nóminas en las cajas de ahorros”. Y tampoco la política de abaratar despidos y reducir salarios empezó con la crisis. “Viene de tiempo atrás, sólo que actualmente ha llegado a niveles extremos”, matiza el docente. (...)"          (Entrevista a Jorge Fonseca, Rebelión, 25/12/2013)

11.6.13

El nuevo patrón de desarrollo que pudiera salir de la ruptura con el euro, podría estar más autocentrado en economías de cercanías y menos dependiente de las exportaciones

"No sólo creo que salir del euro pueda ayudar a salir del sistema; es que creo que no es posible salir del sistema sin salir del euro.

 Básicamente porque el euro (y entiéndase éste no sólo como una moneda en sí misma sino como todo un sistema institucional y una dinámica funcional puesta al servicio de la reproducción ampliada del capital a escala europea) es la síntesis más cruda y acabada de ese sistema del que los autores pretenden salirse: capitalismo neoliberal en el marco de un mercado único dominado por el imperativo de la competitividad, con las consecuencias laborales y sociales que de ello se derivan, y en el que la Eurozona ha acompañado la cesión de soberanía en materia monetaria al BCE con las restricciones estatales en materia fiscal, vía Pacto de Estabilidad y Crecimiento. 

Un espacio en el que la solidaridad ha desaparecido como valor de referencia, si es que alguna vez existió más allá de algunos fondos estructurales que constituían el mecanismo de financiación para que los nuevos Estados miembros pudieran financiar las infraestructuras necesarias para profundizar la construcción de ese mercado único al que se incorporaban. 

Por lo tanto, y en mi opinión, plantear la salida del sistema sin plantear la ruptura con el euro es una bonita forma de no plantear nada en un escenario de emergencia económica y social como en el que estamos. 

Es más, yo no sé si fuera del euro es posible un proyecto de transformación social de naturaleza socialista, como plantean los autores, pero desde luego, de lo que no me cabe duda es que dentro del euro es imposible. 

O dicho en otros términos: la ruptura con el euro no es condición suficiente pero sí necesaria para cualquier proyecto de transformación social emancipatorio.   (...)

el problema del euro no es sólo el euro, es la institucionalidad y las políticas que le dan sustento. Si esas políticas, esas instituciones y los valores y objetivos que le dan cuerpo se modificaran en un sentido progresista y transformador el euro dejaría de ser un problema y nosotros dejaríamos de plantear la necesidad de tener este debate. 

Pero, de momento, uno y otros han ido de la mano en un proyecto destinado a conformar la Europa del Capital y no la Europa de los Ciudadanos y eso es una realidad evidente frente a la que no caben muchas interpretaciones. (...)

Yo no creo que la discusión es a qué redil queremos volver sino en qué redil ni queremos ni podemos estar; por lo tanto, la cuestión no es el tamaño del redil sino su naturaleza. Y, tal y como he dicho más arriba, también creo que en el redil en el que nos encontramos actualmente no hay margen alguno para políticas realmente transformadoras; a lo sumo lo hay para políticas paliativas de tanto dolor y sufrimiento social que está generando esta crisis, pero no para alterar el sistema como tal. 

Por lo tanto, plantear que lo que hay que hacer es modificar el sistema como un todo y que, además, hay que hacerlo en el marco supranacional donde, precisamente, el capital financiero e industrial es más poderoso es la mejor forma de invocar el inmovilismo. 

Me parece hasta cruel para quienes sufren ahora plantear que la alternativa solo puede ser europea e internacionalista. ¿Qué hubiera ocurrido en América Latina si Chávez, por ejemplo, hubiera dicho que la alternativa de Venezuela solo podía ser latinoamericanista e internacionalista y que mientras las condiciones no estuvieran dadas no se podía avanzar? ¿Estaríamos hablando de lo mismo en estos momentos?   (...)

Nadie está diciendo que con la recuperación de la soberanía económica se recuperen los resortes del poder, pero sí que la ruptura con el euro abre el horizonte de lo políticamente posible, incluido el cambio en la correlación de fuerzas a nivel estatal. Un cambio que bien podría alterar radicalmente la naturaleza del Estado y el ejercicio del poder que éste despliega o bien podría, al menos, permitir un mayor control sobre los resortes del poder estatal por parte de la ciudadanía.  (...)

Me parece que esta situación es el resultado de un continuo que viene desde la incorporación de España a la Comunidad Económica Europea. Desde entonces, el marco de las políticas aplicadas han producido, en términos generales, un desmantelamiento de la estructura productiva en un país que carece de patrón de desarrollo claro, definido, autosostenible y de futuro. 

Además, esta economía ha alimentado sus años de crecimiento previos a la crisis actual con una burbuja inmobiliaria sustentada sobre un endeudamiento que ahora se revela inasumible y, por lo tanto, la apariencia de opulencia en la que parecíamos vivir se ha demostrado completamente ficticia. 

En cualquier caso, y especialmente frente a estos últimos acontecimientos, lo que no puede negarse es que el euro ha contribuido de forma decisiva a facilitar esa dinámica insostenible. 

Me basta con un dato para demostrarlo: en el año 1992, cuando la economía española tenía un déficit comercial del 3% del PIB tuvo que devaluar la peseta varias veces hasta que ésta perdió en torno a un 20% de su valor; en el año 2007, antes de que estallara la crisis, el déficit comercial de la economía española llegaba al 10% del PIB y, sin embargo, ese desequilibrio estructural de la economía española –que con una moneda nacional habría tenido que ser corregido mucho antes- no se consideró preocupante porque estábamos, precisamente, en el marco del euro y nuestros euros eran, se suponía, tan buenos y potentes como los de los alemanes.   (...)

¿Quién ha dicho que el nuevo patrón de desarrollo que pudiera salir de la ruptura con el euro no podría ser más autocentrado, basado en economías de cercanías y menos dependiente de la exportaciones y más dependiente de la satisfacción de las necesidades de nuestros ciudadanos y ciudadanas a través de la producción nacional o local?

 Yo creo que, puestos a elucubrar, sería en mayor medida ésta la opción por la que la mayor parte de los firmantes del Manifiesto, si no todos, se decantaría."         ( “Por una UE democrática y socialista. Aportación a la Conferencia sobre Europa de Izquierda Unida (22 de junio de 2013). La Unión Europea, más allá de una moneda” de Alberto Arregui, Jordi Escuer y Carlos Sánchez Mato. Entrevista a Alberto Montero Soler, Salvador López Arnal, Rebelión, 05/06/2013)

5.9.12

La filial británica del Santander se blinda frente al riesgo de ruptura del euro

"Santander UK, la filial británica del primer banco de España y de la zona euro, alerta en su informe semestral del riesgo de ruptura de la moneda única. El banco que dirige Ana Patricia Botín ha tomado medidas para blindarse frente a ese riesgo. La entidad señala que como consecuencia de las continuas presiones sobre los países periféricos del euro, "hay una mayor posibilidad de que un Estado miembro abandone la eurozona". 

La entidad tiene coberturas de 35.000 millones de libras sobre sus contratos denominados en euros que minimizan su exposición a solo 100 millones de libras, según dicho informe, registrado ayer en la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos (la SEC, por sus siglas en inglés).

El banco hace una descripción de algunos de los escenarios posibles en caso de ruptura del euro, pero sobre todo, señala que está tomando medidas para cubrirse de ese riesgo. Que una filial del primer banco de la zona euro por capitalización bursátil haga una advertencia de ese calibre debe ponerse en contexto. 

Por un lado, el supervisor británico (la Financial Services Authority, FSA) ha exigido a las entidades que dispongan de planes de contingencia frente a la crisis del euro, según fuentes financieras.(...)

 Por otro lado, las advertencias de Santander UK forman parte de un documento registrado ante los supervisores de los mercados financieros, puesto a disposición de inversores y en esos supuestos las entidades tienden a ponerse en lo peor. 

En el documento de Santander UK, no obstante, las advertencias sobre la ruptura del euro no están solo en el capítulo de riesgos, sino en el cuerpo principal del informe. (...)

El riesgo de ruptura de la zona euro se denomina técnicamente riesgo de redenominación. Santander UK explica que dicho riesgo "surge de las incertidumbres generadas por la salida de un Estado miembro del euro o de una disolución total del euro y la forma en que la salida o la disolución se llevaría a cabo".

La filial británica del Santander señala que "ha estado identificando y monitoreando activamente los potenciales riesgos de  redenominación y, donde es posible, adoptando medidas con la capacidad de mitigarlos y/o reducir la exposición global del grupo a las pérdidas que puedan producirse en el caso de cambio de moneda". 

 Pero la entidad advierte que "una salida del euro podría tomar formas diferentes que dan lugar a distintas consecuencias legales, de mercado y prácticas que puedan alterar significativamente la efectividad potencial de las medidas adoptadas, y no es por consiguiente posible predecir cómo de eficaces serán las medidas concretas hasta que se pongan a prueba frente a las circunstancias precisas de un acontecimiento de redenominación". (...)

El documento del Santander también tiene interés por las reflexiones que hace sobre cómo podría ser una ruptura de la moneda única. "En general, se espera que un Estado miembro que salga del euro introduciría una nueva moneda nacional para reemplazar el euro y redenomine (o pretenda redenominar) los contratos en euros a la nueva moneda nacional a un tipo de cambio oficial, exponiendo a los titulares de la nueva divisa al riesgo de cambio en el valor de la nueva moneda frente al euro".

El banco que dirige Ana Patricia Botín cree que la redenominación "podría complementarse con controles de cambio y/o de capital y días festivos bancarios adicionales a fin de hacer efectiva la salida". Esos días de cierre adicional es lo que en Argentina se llamó corralito. 

 En todo caso, la entidad está hablando de riesgos e hipótesis frente a los que cubrirse, no de eventos que considere probables. La posibilidad de controles de capitales y de límites a la retirada de efectivo fueron mencionados por el premio Nobel Paul Krugman en un polémico post en su blog en mayo pasado.

Hay un último escenario sobre el que advierte: "En el caso de una disolución total de la zona euro, el euro dejaría de ser una moneda válida, y todos los Estados miembros volverían a sus monedas sobre la base de un probable Tratado de la UE que haga efectiva la disolución".          (El País, 05/09/2912)