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2.9.26

Las próximas elecciones podrían ser las últimas. Donald Trump está decidido a sabotear las elecciones de mitad de legislatura... Trump ha puesto en marcha una serie de mecanismos para manipular o invalidar las elecciones de mitad de legislatura. El Congreso no nos salvará. Los tribunales no nos salvarán... Si se aplican las medidas defendidas por la Administración Trump, se invocarán los poderes de emergencia para ejercer un control federal sin precedentes sobre la votación... Los requisitos de identificación federal y de documentos de ciudadanía privarán del derecho al voto a millones de votantes con derecho a ello, incluidos los estadounidenses con bajos ingresos que carecen de acceso a los documentos requeridos y las mujeres casadas cuyos nombres actuales no coinciden con los que figuran en sus registros de ciudadanía... Se desplegarán tropas federales y agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en los colegios electorales o en sus inmediaciones que cuenten con una mayoría tradicional del Partido Demócrata... La supervisión del fraude electoral masivo correrá a cargo de leales colocados por la Administración Trump en las oficinas electorales estatales y federales... Trump y sus partidarios en Silicon Valley son plenamente conscientes de que el nivel de su corrupción y su desdén por la democracia —sin precedentes en la historia de EE. UU.— les hace vulnerables en caso de que pierdan el poder. No tienen intención alguna de permitir que esto suceda, por muy graves que sean las violaciones constitucionales (Chris Hedges)

"La Casa Blanca de Trump ha puesto en marcha una serie de mecanismos para manipular o invalidar las elecciones de mitad de legislatura. El Congreso no nos salvará. Los tribunales no nos salvarán. Nuestra única esperanza —en caso de que las elecciones sean amañadas o robadas— son las huelgas a nivel nacional. Nuestra única esperanza es paralizar la maquinaria del comercio y del Gobierno, aunque esta militancia se enfrentará a una represión estatal salvaje.

De lo contrario, estamos condenados. No habrá salida.

Si se aplican las medidas defendidas por la Administración Trump, se invocarán los poderes de emergencia para ejercer un control federal sin precedentes sobre la votación. Los agentes federales confiscarán el material electoral. Ya han confiscado papeletas de elecciones anteriores.

El Servicio Postal de EE. UU. solo enviará papeletas a quienes figuren en las listas de elegibilidad aprobadas a nivel federal, elaboradas a partir de los censos electorales estatales. Estos censos, sujetos a comprobaciones de ciudadanía, denegarán por completo los servicios de correo electoral en aquellos estados que se nieguen a cumplir las exigencias de la Administración en cuanto a los datos de los votantes.

La manipulación de circunscripciones respaldada por Trump a mediados de la década ya ha desmantelado distritos controlados por los demócratas y ha creado otros nuevos para los republicanos.

Los requisitos de identificación federal y de documentos de ciudadanía privarán del derecho al voto a millones de votantes con derecho a ello, incluidos los estadounidenses con bajos ingresos que carecen de acceso a los documentos requeridos y las mujeres casadas cuyos nombres actuales no coinciden con los que figuran en sus registros de ciudadanía.

Se desplegarán tropas federales y agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) —con 113 500 millones de dólares en financiación adicional asignada por el Congreso hasta septiembre de 2029— en los colegios electorales o en sus inmediaciones que cuenten con una mayoría tradicional del Partido Demócrata. Aquellos tildados de «anticapitalistas» y «anticristianos» o acusados de pertenecer a antifa serán intimidados o se les impedirá votar.

La mayoría republicana en la Cámara de Representantes —independientemente del resultado de la votación— utilizará su autoridad para certificar los resultados electorales con el fin de retener el poder, manipulando el Colegio Electoral y negándose a admitir a los miembros de la oposición recién elegidos.

La supervisión del fraude electoral masivo correrá a cargo de leales colocados por la Administración Trump en las oficinas electorales estatales y federales.

Trump —quien intentó anular los resultados de las elecciones de 2020 y afirmó que se negaría a aceptar el resultado de las elecciones de 2024 si perdía— reflexiona sobre la posibilidad de desafiar la Constitución con el fin de ejercer un tercer mandato. También ha planteado la idea de cancelar las próximas elecciones, declarando a Reuters: «Si lo piensa bien, ni siquiera deberíamos celebrar elecciones».

Cuando Volodymyr Zelensky —cuyo mandato presidencial finalizó en mayo de 2024— informó a Trump de que no se celebrarían elecciones en Ucrania debido a la guerra, Trump respondió: «Así que está diciendo que, durante la guerra, no se pueden celebrar elecciones… Permítame decirle algo: dentro de tres años y medio, ¿quiere decir que, si por casualidad estamos en guerra con alguien, no habrá más elecciones? Oh, eso está bien».

Trump declaró a The New York Times en enero que lamentaba no haber ordenado a la Guardia Nacional que confiscara las máquinas de votación tras las elecciones de 2020. Trump no solo quiere abolir el voto por correo —los demócratas votan por correo en mayor número que los republicanos—, sino también las máquinas de votación y los recontadores que permiten a las juntas electorales publicar los resultados la misma noche de las elecciones.

Trump sentó las bases para la injerencia federal en su discurso nacional de julio sobre el fraude electoral, al afirmar que las elecciones están peligrosamente expuestas al «hackeo, la manipulación y la injerencia extranjera».

Este ataque lleva décadas gestándose. No comenzó con Trump.

Ya advertí sobre el movimiento nacionalista cristiano y su fascismo latente en mi libro «American Fascists: The Christian Right and the War on America». Estos fascistas cristianos son enemigos de la sociedad abierta. Pretenden privar del derecho al voto a amplios sectores de la población, exigen la desregulación de la industria y la eliminación de todos los servicios sociales, incluida la educación pública, los programas de salud pública y la protección del consumidor. Consideran que las únicas funciones propias del Gobierno federal son la recaudación de impuestos, la guerra y la seguridad interior.

Estos objetivos se exponen con un detalle técnico abrumador en el Proyecto 2025.

El poder —como en todas las dictaduras— debe ser permanente. Se configurará para enriquecer al círculo más cercano de Trump y su familia, quienes han ganado al menos 2.3 mil millones de dólares con sus inversiones en criptomonedas durante el primer año de Trump desde su regreso a la presidencia. La clase multimillonaria y las grandes empresas seguirán pagando pocos o ningún impuesto sobre la renta. No tendrán restricciones ni supervisión externas mientras explotan a la ciudadanía y contaminan y envenenan la tierra.

El resto de nosotros, bajo constante vigilancia estatal y privados de cualquier recurso legal, quedaremos reducidos a la condición de siervos.

La disidencia será tipificada como delito. Los medios de comunicación se convertirán en una cámara de eco de la dictadura. La educación —desde la guardería hasta los estudios de posgrado— será adoctrinamiento. La cultura quedará reducida a su mínimo común denominador: el kitsch sentimental. Se emplearán tropos, iconografía y símbolos cristianos para sacralizar la supremacía blanca, el capitalismo, la guerra sin fin y el imperio, al tiempo que se demoniza a quienes se encuentran en los márgenes de la sociedad.

A Trump ya se le ha otorgado el poder absoluto. En 2024, el Tribunal Supremo concedió a Trump inmunidad frente a cualquier proceso judicial por actos realizados en el marco de su autoridad constitucional «concluyente y excluyente». En su opinión disidente, la magistrada Sonia Sotomayor denunció que, como consecuencia de la decisión del tribunal, «en cada ejercicio del poder oficial, el presidente es ahora un rey por encima de la ley».

Trump y sus partidarios en Silicon Valley son plenamente conscientes de que el nivel de su corrupción y su desdén por la democracia —sin precedentes en la historia de EE. UU.— les hace vulnerables en caso de que pierdan el poder. No tienen intención alguna de permitir que esto suceda, por muy graves que sean las violaciones constitucionales. Pretenden extinguir los últimos vestigios de la democracia. Creen, tal y como escribió en 2009 Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, que «la libertad y la democracia» no son «compatibles».

Thiel está recopilando toda nuestra información obtenida de los registros fiscales del Gobierno, médicos y de las fuerzas del orden. Esta información se está enviando a bases de datos que pueden explotarse con fines de control estatal y lucro. Thiel y su círculo de multimillonarios tecnócratas están llevando a cabo la agenda que él previó hace 16 años: convertir la tecnología en una «alternativa a la política».

«Los populistas se quedan con el himnario anti-woke de MAGA», escriben Mark Medish y Joel McCleary en su serie «Dancing in the Dark» de The Spectator sobre las próximas elecciones:

Los señores de la nube se quedan con los contratos y la desregulación; el presidente se queda con la adulación, el dinero, las herramientas para destruir a sus enemigos y el dominio de todos los medios de comunicación. Cada uno de los socios cree que está utilizando hábilmente a los demás. Todos ellos necesitan esta alianza para sobrevivir este noviembre y consolidar aún más su poder.

Agentes del FBI incautaron papeletas originales de 2020, imágenes de papeletas y censos electorales en Georgia. El Departamento de Justicia incautó papeletas de 2024 en Míchigan. Y Chad Bianco, el sheriff del condado de Riverside, en California, tal y como señalan Medish y McCleary, «incautó en marzo unas 650 000 papeletas a raíz de una denuncia presentada por un grupo local de “integridad electoral” que se está organizando para replicar la maniobra en media docena de condados más durante este ciclo electoral».

Esto es, supongo, un anticipo de las incautaciones generalizadas de papeletas que se producirán en noviembre.

Los Documentos de Acción Presidencial de Emergencia (PEAD), que son «órdenes de emergencia redactadas previamente en caso de un ataque al territorio nacional», esperan «solo una decisión y una firma para convertirse en ley operativa por necesidad», señalan Medish y McCleary, lo que otorga a Trump el poder unilateral de suspender las libertades civiles en caso de crisis interna.

Creadas por primera vez bajo el mandato del presidente Dwight Eisenhower, estas directivas secretas han sido desde entonces periódicamente revisadas y ampliadas por sucesivas administraciones.

«Existen al menos cincuenta y seis de estos PEAD, según el último recuento fiable», continúan Medish y McCleary. «Ninguno ha sido jamás publicado, filtrado, invocado, revisado por el Congreso ni sometido a prueba en ningún tribunal. Entre los temas que, según se informa, abordan se incluyen la suspensión del hábeas corpus, la ley marcial, la censura, la detención de ciudadanos “considerados peligrosos” [y] la incautación de bienes».

La debilidad de los poderes legislativo y judicial, unida a la transformación de las agencias federales en apéndices de la Casa Blanca de Trump —incluidos el Departamento de Justicia y el Departamento de Seguridad Nacional—, hace que estas instituciones carezcan de fiabilidad.

Solo podemos salvarnos a nosotros mismos.

Esto significa paralizar el país.

Millones de nosotros debemos estar preparados para salir a la calle; de lo contrario, las puertas de hierro del fascismo se cerrarán de golpe." 

(Chris Hedges , blog, 31/08/26, traducción Salvador L. Arnal)

9.8.26

Guillermo Fesser: Estados Unidos es ya una dictadura de facto... A ver, la gente está despertando... aquí hemos vivido muchos meses con esto no puede suceder aquí, esto no puede suceder aquí, pero claro, cuando se llevan a tu vecino, cuando se llevan al trabajador de tu empresa, cuando se llevan al cocinero del restaurante al que sueles ir, empiezas a plantearte qué diantes está pasando aquí, ¿no? La dictadura, que ya es una dictadura de facto, eh, ha avanzado rápidamente, firmemente y en muchos frentes y ha desbaratado completamente a la oposición... una oposición, un partido demócrata que sigue pensando que las reglas del juego son las mismas, que sigue pensando que escribir una carta de protesta al New York Times va a valer para algo... el sistema no está preparado para defenderse de un presidente que es un traidor. El sistema no está preparado para eso... ha venido Trump, que piensa que este país no es un country, que es un country club y que solo es para miembros blancos de descendencia europea, de religión cristiana y que todo está preparado para forrarse ellos mismos y sus familias... El tema está que hasta ahora los malos disimulaban, "No, no, yo no te lo quiero pitar." y por la espalda sacaban la mano. Ahora ya van con la cara descubierta porque la gente es tan burra que han conseguido manipularla, ¿no? Y han conseguido lo que lo que anticipó Orwell en su en su novela de 1984. No te creas lo que ves, no hagas caso de lo que oyes. Haz caso al al amo y señor que en estos momentos se llama Donald Trump

"Entrevista a Guillermo Fesser, periodista y escritor: Estados Unidos es ya una dictadura de facto

 Guillermo, nos saludas, creo, desde Rinebec, no sé si lo digo bien. 

Lo dices, como se escribe, que es como deberían ser los idiomas, pero los ingleses para engañarnos ponen todo de una manera que luego no saben ni ellos mismos cómo decirlo. Entonces dice Rinebet, que al final es un viene de los holandeses que llegaron aquí. Rin es del Ring, del río Ring que les recordaba al río Rin de Europa y Beck es como la la curva, o sea, es donde el río donde el río Hson hace una gran curva. A 10 minutos del centro te vendería cualquier cualquier inmobiliario un chalecito por aquí a 10 minutos del centro de Noel. 

A ver, la gente está despertando, ¿no? Porque claro, es muy difícil por muchos motivos eh que la gente se crea que lo que está ocurriendo es es cierto, ¿no? Desde pequeñitos les han dicho que Estados Unidos es el país número uno del mundo, que es el más puntero, que todo Dios quiere venir a Estados Unidos y los que no vienen se mueren de pena y se muerden las uñas soñando que algún día podrán hacerlo. 

Y claro que que ahora eh eh es un despertar pues muy fuerte, ¿no? O sea, aquí hemos vivido muchos meses con esto no puede suceder aquí, esto no puede suceder aquí, pero claro, cuando se llevan a tu vecino, cuando se llevan al trabajador de tu empresa, cuando se llevan al cocinero del restaurante al que sueles ir, empiezas a plantearte qué diantes está pasando aquí, ¿no? 

La dictadura, que ya es una dictadura de facto, eh, ha avanzado rápidamente, firmemente y en muchos frentes y ha desbaratado completamente a la oposición, ¿no? una oposición, un partido demócrata que sigue pensando que las reglas del juego son las mismas, que sigue pensando que escribir una carta de protesta al New York Times va a valer para algo y que sigue eh intentando hacer una moción a una ley que dura 7 semanas, mientras que cada 24 horas este monstruo hace una cosa nueva, ¿no? 

Entonces, eh el sistema no, el sistema no está preparado para defenderse de un presidente que es traidor. El sistema no está preparado para eso. Aquí, por ejemplo, estos llevan veintitantos años metidos en guerras con Irak, con Afganistán. Aquí no se entera nadie. Salvo que tengas un cuñado o un primo que viene de hacer por ahí una ronda o que te toque que un compañero del colegio, le han matado allí. Aquí la gente, o sea, son como dos realidades distintas, ¿no? El interior de Estados Unidos y el exterior de Estados Unidos. Esto ha sido siempre, eh, es decir, lo de lo de Groenlandia no es nuevo. Eh, en 1893 tomaron Hawaii y en el 97 se lo anexionaron por el morro, pero era fuera en el extranjero. 

Y aquí la gente le explicaban, ¿no?, que que es mejor para ellos porque al final no saben gobernarse y mira, les hemos llevado la paz y la democracia y tal y todo el mundo contento. La gran diferencia es que ahora es dentro de Estados Unidos, es decir, Estados Unidos sacaba las garras fuera y aquí no pasaba nada, pero ahora está utilizando las garras hacia dentro y está desgarrando a su propia población. Y es lo que todo el mundo está sorprendido. A los que les toca cerca directamente envalentonado se han convertido en héroes, como lo estamos viendo en Minneápolis. 

Pero hay mucha gente en otras ciudades que como todavía no les ha tocado, todavía están pensando, bueno, a ver si en las elecciones de noviembre eh cambiamos esto. Bueno, a ver si tenemos elecciones en noviembre. Ese es el gran problema. Es decir, aquí hay una enorme preocupación porque a esto eh se pueda parar. 

Eh, ¿cómo ves desde allí o cómo se ve desde Estados Unidos ese anuncio de Pedro Sánchez de regularizar a 500,000 inmigrantes en España cuando allí están persiguiéndolos y tiroteándolos por las calles, ¿no? 

A ver, esto obedece a una retórica que es la de criminalizar la pobreza, ¿no? Esta gente son héroes, no son criminales. Entonces, el intento de de convertirles en el problema es simplemente para que no veamos que Elon Musk y que que el señor Besos se están llevando el dinero de los impuestos que nos corresponde a todos y que haría que tuviéramos una seguridad social más interesante, una sanidad más llevadera, unas aceras más anchas, eh servicios, servicios, porque la gente no quiere tener, quiere tener acceso a esos servicios. 

¿Cómo creo yo que podemos cambiarlo y empezar a cambiarlo desde la calle? Es decir, aquí cuando tú vas [carraspeo] por la calle del pueblo, cuando pasas por una avenida de Nueva York, cuando recorres un supermercado Minnesota, si te aparece un estadounidense vestido de uniforme militar que sabes que viene de Afganistán, que acaba de llegar de de Irak, que acaba de llegar de una base en Alemania de servir a su país donde le haya tocado servirlo, lo normal es pararte, mirar a los ojos y decir, "Thank you for your service. Muchas gracias por los servicios prestados, señor o señora, si es una una chica, ¿no? 

Pues yo creo que ahora eh en Estados Unidos cada vez que te encuentres un latino que seguramente es estamos hablando de la señora que ha venido a limpiarte la casa, que estamos hablando del señor que ha venido a cortarte el césped, que estamos hablando de los señores que están cocinando en el restaurante que tú vas a comer, que estamos hablando del grupo que te ha pintado la casa o que están pintando la casa del vecino, que estamos hablando de la gente que está en los mataderos haciendo posible que te comas una hamburguesa, que están recogiendo eh eh las verduras para que tú te puedas hacer una menestra, pues cada vez que veas un latino o una latina en la calle, lo mejor es pararse, mirarles a los ojos, decirles muchas gracias por su servicio, señor. 

Lo que ha hecho eh Zoran Mandani es romper eh dos estereotipos hasta ahora mantenidos fictici en Estados Unidos. Uno es que este país no está preparado para gente tan de izquierdas. el susto de que si es socialista, el susto de que si eh es comunista que me va a quitar lo mío, el susto de no sé, la idea siempre de comparar eh la social democracia, que es lo que tenemos en España o que es lo que ahora mismo o qué es lo que tienen los huecos con King Un, ¿no? Como si una cosa fuera exactamente lo mismo. 

Y entonces estos bocazas de de las redes sociales cada vez que comentas algo de este tipo te dicen, "Pues vete a vivir a Venezuela." No tiene una cosa que ver con la otra. Entonces, eh en primer lugar hemos visto que no es verdad que no sería nunca posible elegir o no esto porque lo han elegido. Hemos visto a gente con 18 años recién cumplidos, con 19, con 20, con 21, con 24, con 32, que no salen nunca a votar, eh, y como muchos las generales que han ido a votar en masa a unas primarias y han conseguido que salga como candidato de las primarias Mandani. Luego ya después Nueva York es demócrata. 

El candidato que había era Mandani, pues Nueva York ha votado Mandani, todo menos votar a a lo que ofrecían los republicanos, ¿no? Porque además el partido demócrata ha hecho una cosa que yo creo que es terrible, que es como ha salido Trump votado por tanta gente y Trump es tan fascista, igual es que este país no puede soportar que seamos tan liberales. Y en lugar de de decir con dos estas las ideas que tengo, voy a defenderlas, es ay, me arrugo un poco y me hago un poco más facha. para ver si me votan a mí también. O sea, impresable.

 Bueno, pues entonces eh vamos a ver, vamos a ver si esta gente asustadiza eh con más primarias que están llegando de aquí a noviembre eh se dan cuenta que este país ya está preparado eh para ideas tan revolucionarias como que la gente tenga un seguro médico. El asunto de la sanidad es uno de los asuntos más graves de este país, especialmente teniendo en cuenta que a través de impuestos el estadounidense contribuye proporcional proporcionalmente mucho más que cualquier europeo al tema de la sanidad. 

Es decir, aquí los estadounidenses pagan más por una sanidad y reciben mucho menos. Para que te ha una idea, yo acabo de cumplir 65. Yo tengo el seguro gratis universal de jubilados en Estados Unidos y yo pago 1,200 € todos los meses. Como era tantísima gente la que no podía contratar un seguro privado, eh, Obama lo que inventa Obamacare es unas subvenciones federales para que puedas pagarte ese seguro. Es decir, mire usted, si el seguro le pide que pague 00 todos los meses y usted no puede, eh, si lo hace a través de con estas características que tiene usted que cumplir, pues el seguro le vale a lo mejor 400. Eso es lo que hace Obama. Como que son ayudas para poder pagar el seguro. Eso es lo que se ha ha cargado, acaba de cargar el presidente Trump y sus minions en el Senado y en el Congreso con la big beautiful bill, con la con la gran eh ley para cortar impuestos a a billonarios que ha dejado sin Obamacare, sin subvenciones para el seguro a 14 millones de ciudadanos. 

¿Qué significa eso? que hay 14 millones de ciudadanos ahora más que no pueden permitirse el seguro, no está mal, pero que al resto de los que tienen seguro, como las compañías de seguros pierden de golpe 4 millones de clientes, tienen que subírselo. Entonces, estamos viendo gente que se queda sin seguro y gente que estaba pagando gracias al Obamaquer 400, que ahora le dicen que son 750 y tampoco pueden. Con un país que no es un país, que es un negocio y que aquí se premia a todo el que haga caza, pues no vamos a ningún lado.

 Entonces, la gran pelea de este país es, ¿queremos que sea un país o queremos que sea un club privado. En esa guerra estábamos entre Trump y Camala Harris o Biden, que no son la madre Teresa de Calcuta ni Gandhi, pero que por lo menos pensaban que este país tenía que empezar a irse hacia convertirse en un país que da servicio a los ciudadanos. Y este que ha venido Trump, que piensa que este país no es un country, es un country club y que solo es para miembros eh blancos de descendencia europea, de religión cristiana y eh preparar para forrarse ellos mismos y a sus familias, o sea, es impresentable. Entonces, claro, en manos de estos borricos no vamos a ningún lado. 

¿Cómo se soluciona esto? pues con conciencia social desde pequeñitos en la escuela de decir, "Señores, esto de tener un país y una democracia no es gratis, no es que hay unos listos que ya no sacan adelante todo." Tener héroes como Superman que vuelan con capa vuela mucho porque te solucionan los problemas mientras tú estás en casa. Pero es que a veces a veces hay que ponerse la capa y no puedas volar, salir por la calle a darte una vuelta, ¿no? Porque yo creo que o esto lo defendemos todos, como se está viendo ahora mismo en Minneapolis, o los malos no lo quitan y y y los malos quieren quitárnoslo. 

El tema está que hasta ahora los malos disimulaban, "No, no, yo no te lo quiero pitar." y por la espalda sacaban la mano. Ahora ya van con la cara descubierta porque la gente es tan burra que han conseguido manipularla, ¿no? Y han conseguido lo que lo que anticipó Orwell en su en su novela de 1984. No te creas lo que ves, no hagas caso de lo que oyes. Haz caso al al amo y señor que en estos momentos se llama Donald Trump. [música]"

( Entrevista a Guillermo Fesser, Sociología Crítica, 06/08/26)

4.8.26

Los estadounidenses tienen 90 días para salvar su democracia... Trump se está tomando muy en serio lo de amañar las elecciones de medio mandato. Además del atroz grado de manipulación de los distritos electorales (que los demócratas han pagado con la misma moneda en algunos lugares), hay en marcha múltiples intentos de negar el derecho a voto a los grupos más propensos a elegir a demócratas, bien limitando el voto por correo, bien exigiendo documentos que prueben la nacionalidad en el momento de votar, o mediante otros trucos legales y burocráticos. Si las elecciones del 3 de noviembre producen un resultado muy igualado en varios distritos electorales que pueden inclinar a un lado u otro el control de la Cámara de Representantes, Trump y los republicanos recurrirán a todo lo que haga falta para descalificar o excluir a los demócratas vencedores... una diferencia de menos de 10 provocaría disputas apasionadas y tal vez incluso violentas... por eso hace falta una avalancha, una derrota aplastante de Donald Trump... si hay una avalancha electoral, el cambio más importante será el psicológico, porque Trump empezará a parecerse a la peor de sus pesadillas: un “perdedor”. Por eso, el aspirante a rey intentará impedir que los demócratas ganen la Cámara de Representantes y, si a pesar de todo lo consiguen, tratará de eludirla y deslegitimarla con todos los medios a su alcance... Lo que está en juego no es el futuro del Partido Demócrata, sino el futuro de la democracia (Timothy Garton Ash)

"En estos tiempos de fenómenos meteorológicos extremos, resulta extraño afirmar que Estados Unidos necesita una avalancha. Pero una avalancha, una derrota aplastante de Donald Trump en las elecciones de mitad de mandato de noviembre, es precisamente lo que hace falta para que el país empiece a enmendar el rápido y deliberado deterioro de la democracia que él ha provocado.

El respetado Instituto Varieties of Democracy (V-Dem) de la Universidad de Gotemburgo sostiene que, en 2025, Estados Unidos sufrió uno de los declives más rápidos de la democracia liberal de la historia. “En Estados Unidos, la democracia”, afirma su Informe sobre la Democracia de 2026, “está en la peor situación de los últimos 60 años”. Ahora que la república imperial está conmemorando el 250º aniversario de su fundación, el peligro que ya vislumbraron en los primeros días de su orden constitucional los antifederalistas como Patrick Henry —que un presidente con demasiado poder abusara de sus potestades ejecutivas e intentara convertirse en un nuevo rey— está más próximo que nunca.

Los analistas de V-Dem destacan que, en 2025, Trump firmó nada menos que 225 órdenes ejecutivas, mientras que el Congreso, controlado por los republicanos, no aprobó más que 49 leyes, la mayoría de ellas sobre cuestiones menores, como la “Modificación del Código de la Hacienda Pública de 1986 para adaptar las normas relativas al aplazamiento de determinados plazos en caso de catástrofes”. El Proyecto 2025 de la Heritage Foundation, redactado para impulsar la denominada “teoría del Ejecutivo unitario”, se ha cumplido ya, según el buscador del propio proyecto, en más de la mitad, con la ayuda de varias sentencias del Tribunal Supremo.

En el manual de cualquier aspirante a autócrata, un capítulo importante es el de amañar las elecciones. Y da la impresión de que Trump se lo está tomando muy en serio. Además del atroz grado de manipulación de los distritos electorales (que los demócratas han pagado con la misma moneda en algunos lugares), hay en marcha múltiples intentos de negar el derecho a voto a los grupos más propensos a elegir a demócratas, bien limitando el voto por correo, bien exigiendo documentos que prueben la nacionalidad en el momento de votar, o mediante otros trucos legales y burocráticos. Si las elecciones del 3 de noviembre producen un resultado muy igualado en varios distritos electorales que pueden inclinar a un lado u otro el control de la Cámara de Representantes, Trump y los republicanos recurrirán a todo lo que haga falta para descalificar o excluir a los demócratas vencedores.

Por eso es imprescindible que haya una victoria aplastante. Como comprobé en Hungría esta primavera, la antipatía popular hacia quien ejerce el gobierno, si está verdaderamente extendida y se encauza hacia un aumento de la participación electoral, arrasa con todos los obstáculos que pueda interponer el aspirante a autócrata; y, a fin de cuentas, esos obstáculos eran mayores en el caso húngaro que en el de Estados Unidos. Es posible que las elecciones no sean limpias; quizá ni siquiera sean del todo libres; pero el resultado es irrefutable y evidente para todos.

Desde luego, si me preguntan quién es el que más está facilitando que haya una victoria aplastante contra Trump, la respuesta está clara: Donald Trump. Después de una campaña que se sostuvo sobre los problemas básicos que preocupan a los ciudadanos en la vida diaria, a la hora de la verdad, su empeño en imponer aranceles y comenzar una guerra en Oriente Próximo ha provocado el aumento del coste de la vida y, en especial, del precio de la gasolina. Se puede decir, siendo benévolos, que no se ve ninguna vía clara hacia la paz y la victoria en una guerra contra Irán que, según las cifras oficiales, ha costado 37.500 millones de dólares y para la que el Gobierno ya ha solicitado otros 67.100 millones de dólares. En las encuestas, la oposición popular a la guerra se acerca al 60%, igual que el índice de desaprobación del presidente. A esa impopularidad contribuye también la flagrante corrupción de su régimen. Según algunas estimaciones, hasta la fecha, su familia y él han incrementado su fortuna aproximadamente en 2.000 millones de dólares. La última revelación es el plan del presidente de la FIFA y compinche de Trump, Gianni Infantino, para vender acciones de la organización del Mundial de fútbol a un fondo de inversión presidido por Joshua Kushner, cuñado de la hija de Trump, Ivanka. El humor más mordaz se queda sin palabras ante la pareja formada por la FIFA y Trump.

Todo esto se traduce, para los demócratas, en el equivalente electoral de disparar contra una portería vacía. ¿Pero dónde está el Lionel Messi o el Harry Kane que meta ese gol? No se ve por ningún lado. Como europeo en Estados Unidos, no dejo de mirar alrededor y preguntarme: “¿Dónde está el líder de la oposición?”. ¿Dónde está, por recordar el ejemplo húngaro, una figura como Péter Magyar, que encabece una campaña nacional disciplinada y eficaz y que responda al sentimiento generalizado de que es necesario un cambio con un “este es el cambio que necesitáis”?

Los amigos que estudian estos temas aquí, en la Universidad de Stanford, me dicen que estoy buscando algo que, en general, no existe todavía a estas alturas. Las elecciones de mitad de mandato de 1994 —en las que el lema del “Contrato con América” del líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, determinó el rumbo de la campaña en todo el país y contribuyó a la gran victoria republicana— son la excepción que confirma la regla. Las elecciones legislativas de mitad de mandato suelen ser más bien un referéndum sobre el presidente en ejercicio y su partido y lo normal es que el partido en el Gobierno pierda algunos escaños, sobre todo en la Cámara de Representantes. Pero, si analizamos los resultados desde la Segunda Guerra Mundial, el número de escaños perdidos en la Cámara en este tipo de elecciones oscila considerablemente, entre los 54 de 1994 o los 63 de 2010 y los cinco de 1986 o los nueve de 2022. En las de este año, una diferencia de menos de 10 provocaría disputas apasionadas y tal vez incluso violentas.

Aunque en el sistema estadounidense no tiene por qué surgir ningún líder unificador de la oposición como Magyar hasta que se designe al candidato presidencial en 2028, lo cierto es que los demócratas están desaprovechando terriblemente la oportunidad de meter el balón en esa portería vacía. El líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, de 75 años, no parece precisamente un gran delantero. En las encuestas, compite con Trump en impopularidad. Las energías las aportan hoy, sobre todo, los socialistas democráticos como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, pero ¿pueden ganar en sitios como Míchigan o Wisconsin? El columnista y podcaster de The New York Times Ezra Klein ha dado vueltas a la idea de que precisamente esa diversidad podría ser una ventaja: se necesita un tipo de candidato en Kansas y otro en Seattle. A cada cual lo suyo. Pero hay muchas probabilidades de que, solo con que se escoja al candidato inapropiado en un par de los 35 escaños del Senado que están en juego esta vez, los demócratas pierdan también su ya escasa posibilidad de hacerse con el control de la Cámara alta.

Lo que está en juego no es el futuro del Partido Demócrata, sino el futuro de la democracia. Que las elecciones legislativas produzcan el cambio habitual en el control de la Cámara de Representantes es el mínimo imprescindible para empezar a contener —e incluso a revertir— el deterioro sin precedentes que está sufriendo la democracia liberal con Trump. Esa contención dependerá, en parte, de que el Congreso empiece a hacer uso de sus poderes constitucionales para supervisar los fondos del Gobierno, emprender investigaciones e iniciar un proceso de destitución. Ahora bien, si hay una avalancha electoral, el cambio más importante será el psicológico, porque Trump empezará a parecerse a la peor de sus pesadillas: un “perdedor”. Precisamente por eso, el aspirante a rey intentará impedir que los demócratas ganen la Cámara de Representantes y, si a pesar de todo lo consiguen, tratará de eludirla y deslegitimarla con todos los medios a su alcance. Pero ese sería el final del principio.

El verano pasado escribí un artículo en el que sostenía que los estadounidenses tenían 400 días para salvar su democracia. Ahora quedan poco más de 90."

 (Timothy Garton Ash , El País, 03/08/26)   

29.7.26

La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), tiene ahora una nueva misión: el "terrorismo interno"... su boletín de 9 de julio, instruye a las autoridades locales a priorizar el "terrorismo interno" en sus solicitudes de subvención... y está subvencionando a autoridades estatales y locales para que desarrollen capacidad para llevar a cabo operaciones de "precrimen" contra la "violencia política organizada"... dice a los estados qué deben comprar: formación para detectar "indicadores basados en redes sociales", analistas para monitorizar "comportamientos en línea y huellas digitales", y equipos para "gestionar a personas de interés cuyo comportamiento indique una posible trayectoria hacia el terrorismo interno"... el documento refleja el énfasis del presidente Trump en erradicar a los sospechosos de terrorismo interno antes de que se produzca un ataque... Es un eufemismo favorito de las fuerzas del orden porque oculta lo que realmente está ocurriendo: el precrimen... Con este enfoque, el viejo requisito de que primero existan pruebas de un delito antes de cualquier investigación se sustituye por una predicción. Es una aplicación de la ley basada en sensaciones y adivinación. Y aunque solo se ha usado contra organizaciones terroristas extranjeras reales y organizadas como Al Qaeda y el ISIS, ahora se está desplegando contra los estadounidenses (Ken Klippenstein)

"La nueva misión de FEMA: el terrorismo interno  

La agencia de respuesta a desastres se olvida del clima y adopla la idea del "precrimen"  

La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias, a menudo criticada por su respuesta inadecuada a desastres naturales como incendios forestales, inundaciones, huracanes y tornados, tiene ahora una nueva misión: el "terrorismo interno".

FEMA está desembolsando subvenciones a autoridades estatales y locales para que desarrollen capacidad para llevar a cabo operaciones de "precrimen" contra la "violencia política organizada", según un boletín informativo de FEMA que he obtenido.

El boletín, fechado el 9 de julio, instruye a las autoridades locales a priorizar el "terrorismo interno" en sus solicitudes de subvención. Titulado "Implementación del Memorando Presidencial de Seguridad Nacional-7...", el documento refleja el énfasis del presidente Trump en erradicar a los sospechosos de terrorismo interno antes de que se produzca un ataque.

Para prevenir estos ataques, el boletín dice a los estados qué deben comprar: formación para detectar "indicadores basados en redes sociales", analistas para monitorizar "comportamientos en línea y huellas digitales", y equipos para "gestionar a personas de interés cuyo comportamiento indique una posible trayectoria hacia el terrorismo interno".  

Alguna forma de la palabra indicador —indicadores, indicativo, indica— aparece diez veces en el boletín de ocho páginas de FEMA. Es un eufemismo favorito de las fuerzas del orden porque oculta lo que realmente está ocurriendo: el precrimen. Los indicadores son algo que una persona dijo o hizo y que un agente ha sido entrenado para interpretar como señal de un delito que no ha ocurrido y que quizá nunca ocurra.

Con este enfoque, el viejo requisito de que primero existan pruebas de un delito antes de cualquier investigación se sustituye por una predicción. Es una aplicación de la ley basada en sensaciones, adivinación pero con el sello de respetabilidad de la seguridad nacional. Y aunque mayormente solo se ha usado contra organizaciones terroristas extranjeras reales y organizadas como Al Qaeda y el ISIS, ahora se está desplegando contra los estadounidenses.

Para que se hagan una idea de lo central que es el precrimen en este enfoque, consideren las siguientes propuestas de subvención que solicita el boletín de FEMA:

- Conocer "las últimas tácticas y tendencias utilizadas por los actores de terrorismo interno para reconocer indicadores antes de un ataque".
- "Preparar y entrenar a las comunidades para identificar y denunciar comportamientos amenazantes o preocupantes que puedan ser indicativos de planificación y/o actividad de atentados mayores".
- Realizar "formación en vigilancia y contravigilancia para detectar reconocimiento preoperacional y vigilancia hostil de objetivos nacionales".

En cuanto a por qué un gobierno estatal o local se enredaría en actividades tan delicadas, un segundo documento que obtuve —de la agencia matriz de FEMA, el Departamento de Seguridad Nacional— lo explica. Contiene una advertencia nada sutil a las autoridades que no se adhieran a la nueva prioridad del terrorismo interno, diciendo:

"El incumplimiento de los requisitos de gasto de las ANP [Áreas Prioritarias Nacionales] resultará en una retención de los fondos afectados hasta que se resuelvan los problemas de cumplimiento".

Ese segundo documento, un aviso del programa de subvenciones del Departamento de Seguridad Nacional, es una lista de compras de mil millones de dólares de dinero federal disponible. Pero hay una trampa: el treinta y cinco por ciento, dice, debe destinarse a la prevención del terrorismo. Otro treinta por ciento se asigna a cinco prioridades designadas por el Departamento de Seguridad Nacional:

- "Apoyar la Respuesta a la Crisis Fronteriza"
- "Mejorar la Seguridad Electoral"
- "Apoyar a los Grupos de Trabajo y Centros de Fusión de Seguridad Nacional"
- "Mejorar la Protección de Objetivos Blandos/Lugares Concurridos"
- "Mejorar la Ciberseguridad"

Las prioridades siguen las propias obsesiones del presidente. Tan solo este mes, Trump dio un discurso en horario de máxima audiencia afirmando que China había comprometido las elecciones de 2020. La prioridad de "respuesta a la crisis fronteriza", mientras tanto, dirige a los estados directamente al programa 287(g) del ICE —que, como he informado, convierte a las policías locales en cazarrecompensas pagándoles por hacer cumplir las leyes de inmigración, con bonificaciones vinculadas a cuántas personas encuentran—. La prioridad de los "Grupos de Trabajo de Seguridad Nacional" se refiere a las nuevas fuerzas de choque federales-locales que Trump creó por orden ejecutiva en su primer día de regreso al cargo para perseguir cárteles y hacer cumplir las leyes de inmigración.

Y la prioridad de "lugares concurridos" tiene su propio fantasma: el asesinato del activista conservador Charlie Kirk, tiroteado ante una multitud en un evento universitario el pasado septiembre.

Ese asesinato es lo que precipitó todo esto. Tres días después de firmar una orden ejecutiva declarando a "Antifa" organización terrorista interna, Trump emitió el NSPM-7 el 25 de septiembre de 2025, una orden de seguridad nacional que comienza con una referencia al asesinato de Kirk y construye un programa antiterrorista destinado a prevenir el siguiente.

El NSPM-7 afirma que la violencia política en Estados Unidos "no surge orgánicamente", sino que es producto de "campañas sofisticadas y organizadas". Identifica sus propios "indicadores" de terrorismo interno a investigar, incluyendo: "antiamericanismo, anticapitalismo y anticristianismo; apoyo al derrocamiento del Gobierno de Estados Unidos; extremismo en migración, raza y género; y hostilidad hacia quienes sostienen puntos de vista tradicionales estadounidenses sobre familia, religión y moralidad".

Hasta ahora, el NSPM-7 ha apuntado principalmente a la maquinaria federal, como el FBI y el IRS. Pero una breve sección hacia el final del NSPM-7 llega hasta el sheriff de tu condado. Ordena al secretario de Seguridad Nacional que desarrolle programas de subvenciones para pagar a las policías locales para que persigan el terrorismo interno.

Washington sabía que esto ocurriría, mucho antes de que Trump entrara en la Casa Blanca.

FEMA se creó en 1979 como una agencia independiente. Pero tras los atentados del 11-S, en 2003 fue absorbida por el nuevo Departamento de Seguridad Nacional, centrado en la lucha antiterrorista. Las funciones de preparación y los programas de subvenciones de FEMA fueron extraídos y dispersados por todo el departamento.

Ese septiembre, el subsecretario de Preparación y Respuesta ante Emergencias envió al secretario de Seguridad Nacional, Tom Ridge, un memorando de siete páginas advirtiendo que la reorganización paralizaría la capacidad de Estados Unidos para responder a los desastres. Fue ignorado. Dos años después llegó Katrina.

En octubre de 2012, una investigación bipartidista del Congreso informó que el Departamento de Seguridad Nacional no podía decir cuánto había gastado en centros de fusión (los centros de inteligencia estatales y regionales, construidos tras el 11-S, donde policías locales, agentes federales y analistas comparten información). Las propias estimaciones del DHS oscilaban entre 289 millones y 1.400 millones de dólares. La inteligencia que salía de ellos era "de calidad desigual", concluyó el Senado, encontrándola "a menudo chapucera, rara vez oportuna, a veces poniendo en peligro las libertades civiles de los ciudadanos".

Al revisar trece meses de informes de los centros de fusión, los investigadores no encontraron nada que destapara una amenaza terrorista ni contribución alguna a la interrupción de un complot activo. De 610 informes, 188 nunca se publicaron, muchos porque carecían de información útil o corrían el riesgo de violar las protecciones de las libertades civiles. Entre los informes señalados: las recomendaciones de libros de un grupo comunitario musulmán, consejos para padres y el folleto de un club de motociclistas aconsejando a sus miembros ser educados con la policía durante los controles de tráfico.

Catorce años después, a la máquina se le otorga el mandato de vigilar las huellas digitales en busca de indicadores de sentimiento antiamericano.

FEMA, por su parte, ha absorbido aproximadamente una reducción del 14 por ciento de su fuerza laboral desde enero de 2025, mientras gestiona más de 300.000 proyectos en más de 600 declaraciones de desastre abiertas.

Incluso en mi pequeño rincón del mundo, en Wisconsin, puedo ver cuán desesperadamente necesita el país una agencia de respuesta a desastres que funcione. Ayer por la tarde, un tornado atravesó el Fox Valley, a unas cien millas al noreste de donde vivo. El Servicio Meteorológico Nacional emitió un aviso de Situación Particularmente Peligrosa, una designación que reserva para los peores casos. Los videos de lo que dejó atrás son desgarradores y están hoy por todas las redes sociales: hogares destrozados, todo lo que había dentro desaparecido.

Estoy seguro de que las personas que perdieron sus hogares se sentirán aliviadas al saber que están a salvo del terrorismo interno.

Lo que se necesita ahora es aquello para lo que realmente se creó FEMA, llevado a cabo por una agencia civil no militarizada ni entregada a una agenda de terrorismo antipolítico. En cambio, vemos a una administración negacionista del cambio climático y obsesionada con el terrorismo interno creando su propio desastre, con un Congreso inoperante de brazos cruzados." 

(Ken Klippenstein , blog, 28/07/26, traducción Deep Seek, enlaces y gráficos en el original)   

23.7.26

Después de la cumbre sobre "Terrorismo Político", EE.UU. señala a 43 grupos estadounidenses, y a personas... es prácticamente una lista negra gubernamental contra estadounidenses y grupos de izquierda... En cuanto a quiénes son estos supuestos agentes de la influencia cubana, el informe nombra a personas como Ben Cohen (famoso por los helados Ben & Jerry's), los alcaldes Zohran Mamdani y Karen Bass, figuras mediáticas como Amy Goodman y Hasan Piker, y organizaciones como los Socialistas Democráticos de América y el Sindicato de Trabajadores de Amazon.... El informe es inusualmente explícito sobre los objetivos del gobierno... el Secretario de Estado Marco Rubio cree que debería haber una lista negra moderna de la izquierda política en Estados Unidos... El informe "da nombres", en un obvio intento de estigmatizar a ciudadanos estadounidenses que están muy activos políticamente en la actualidad... En algunos casos se trata incluso de políticos en ejercicio, desde la congresista Maxine Waters hasta la alcaldesa de Los Ángeles Karen Bass... Pero, ¿de qué son culpables exactamente? Lo que muestra el informe no es que ninguna de estas personas esté recibiendo instrucciones a sabiendas de una potencia extranjera, sino solo que no están de acuerdo con el gobierno de EE. UU. sobre la política hacia Cuba (o, como mucho, están de acuerdo con Cuba). Sus opiniones pueden ser erróneas —agresivamente, ofensivamente erróneas incluso— pero es su maldito derecho como estadounidenses tenerlas (Ken Klippenstein)

"Después de la cumbre sobre "Terrorismo Político", EE.UU. señala a 43 estadounidenses y grupos.

Marco Rubio lidera la cumbre "El resurgimiento del terrorismo político" la semana pasada.

Un nuevo informe del Departamento de Estado sobre la "campaña de subversión de Cuba contra Estados Unidos" es prácticamente una lista negra gubernamental contra estadounidenses y grupos de izquierda. Vinculado a la cumbre sobre "terrorismo político" liderada por Rubio la semana pasada, el informe es inusualmente explícito sobre los objetivos del gobierno.

"Muchas de las convulsiones más significativas en la historia política reciente de Estados Unidos —desde los disturbios de George Floyd hasta el auge de Antifa y la explosión del activismo pro-terrorista en los campus universitarios estadounidenses— pueden vincularse, de alguna manera, forma o modo, a la influencia cubana", dice el informe.

En cuanto a quiénes son estos supuestos agentes de la influencia cubana, el informe es notablemente explícito. Nombra a personas como Ben Cohen (famoso por los helados Ben & Jerry's), los alcaldes Zohran Mamdani y Karen Bass, figuras mediáticas como Amy Goodman y Hasan Piker, y organizaciones como los Socialistas Democráticos de América y el Sindicato de Trabajadores de Amazon.

La implicación es clara: el Secretario de Estado Marco Rubio cree que debería haber una lista negra moderna de la izquierda política en Estados Unidos. De hecho, el informe menciona explícitamente las "listas negras, investigaciones y procesos judiciales de la era McCarthy" de la década de 1950 y su eficacia para desarticular el Partido Comunista de Estados Unidos.

Una sección entera del informe —de más de tres páginas— está dedicada a los Socialistas Democráticos de América.

"Los Socialistas Democráticos de América (DSA) sirven como una ilustración particularmente potente de la victoria ideológica del esfuerzo de Cuba por posicionarse como la capital espiritual del Radicalismo Tercermundista", dice el informe. "Esto representa un avance significativo para la operación de influencia cubana: La Habana ya no necesita depender únicamente de la penetración de inteligencia o el cultivo de activos para ejercer influencia sobre Estados Unidos".

Aunque el informe reconoce que "DSA no fue moldeado por la influencia directa y tangible del gobierno cubano" y que tiene "compromisos ideológicos orgánicos", insiste en que "nada de eso quiere decir que el grupo no tenga vínculos con el régimen cubano y su red de influencia".

En cambio, el informe señala las delegaciones del grupo a Cuba como evidencia de la influencia cubana.

"Durante más de seis décadas, el régimen cubano ha sido el principal patrocinador del izquierdismo radical y el tercermundismo en Estados Unidos", dijo el Secretario de Estado Marco Rubio en una publicación en X/Twitter con un enlace al informe.

Más allá de la opinión que se tenga sobre DSA, difícilmente puede considerarse marginal. Cuenta entre sus miembros a políticos prominentes como el alcalde de Nueva York Zohran Mamdani y ha ayudado a nominar a docenas de políticos como él para cargos públicos en los últimos años. El senador Bernie Sanders se identifica como socialista democrático —habiendo popularizado él mismo el término— al igual que las representantes Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib, quienes son miembros con carnet (al igual que Mamdani).

El informe sobre Cuba sigue a la cumbre internacional sobre "terrorismo político" liderada por Rubio la semana pasada. Esa cumbre, como informé, introdujo el nuevo término "Terrorismo de Extrema Izquierda" (abreviado "FLT", por sus siglas en inglés), un término que nunca definió realmente.

Un comunicado de prensa de la Casa Blanca que resumía el evento decía que "el extremismo de extrema izquierda será tratado con la misma seriedad y ferocidad que el mundo ha reservado durante mucho tiempo para el terrorismo yihadista".

Hablando en la cumbre, Rubio prometió que pronto llegarían nuevas designaciones terroristas para grupos de izquierda.

Jeremy Lewin, Subsecretario de Estado para Asistencia Exterior, vinculó la cumbre de terrorismo político de la semana pasada con el informe de Cuba de hoy, diciendo en X: "Durante siete décadas, el régimen cubano ha estado detrás tanto de los fundamentos ideológicos del tercermundismo como de las estructuras organizativas subversivas de los nuevos terroristas políticos de la izquierda radical que @SecRubio señaló con claridad la semana pasada".

Pero prácticamente todo lo que la cumbre pudo hacer para fundamentar el supuesto flagelo del terrorismo político fue centrarse en grupos que son casi cómicamente anticuados —como el Ejército Simbionés de Liberación de los años 70 o el Weather Underground. La cumbre fue vaga sobre cuáles son los grupos equivalentes hoy en día.

El informe de Cuba de hoy, sin embargo, "da nombres", en un obvio intento de estigmatizar a ciudadanos estadounidenses que están muy activos políticamente en la actualidad.

En algunos casos se trata incluso de políticos en ejercicio, desde la congresista Maxine Waters hasta la alcaldesa de Los Ángeles Karen Bass.

Leí el informe de 100 páginas y conté referencias a al menos 43 grupos e individuos estadounidenses contemporáneos, que el informe identifica de la siguiente manera:

-    Adely, Suzanne: Presidenta del National Lawyers Guild que participó en el Convoy Nuestra América y quien, señala el informe, elogió las elecciones de 2024 en Venezuela.

-    Sindicato de Trabajadores de Amazon: Un sindicato fundado por Christian Smalls que participó en el Convoy Nuestra América a Cuba en 2026.

-    Antifa: Un grupo descentralizado de activistas políticos autodenominados "antifascistas".

-    Assata's Daughters: Una rama abolicionista de Black Lives Matter con sede en Chicago que forma a jóvenes activistas en el espíritu radical de Assata Shakur.

-    Asociación para la Inversión en Comités de Acción Popular (AIPAC): Una organización sin fines de lucro paraguas con sede en California que financia medios de izquierda y delegaciones a Cuba y Venezuela.

-    Bass, Karen: Actual alcaldesa de Los Ángeles y ex congresista que fue organizadora de la Brigada Venceremos en la década de 1970.

-    Benjamin, Medea (Susan Benjamin): Cofundadora de Code Pink y Global Exchange que organiza esfuerzos de solidaridad con Cuba.

-    Black Alliance for Peace: Un grupo activista que mapea bases militares estadounidenses e instalaciones de entrenamiento policial como objetivos para la agitación radical.

-    Black Lives Matter (BLM) (incluyendo Global Network Foundation, Grassroots y at School): Una extensa red de justicia racial cuyos líderes y ramas, dice el informe, han expresado solidaridad con el régimen cubano y figuras radicales como Assata Shakur.

-    Boudin, Chesa: Ex fiscal de distrito de San Francisco e hijo de Kathy Boudin, miembro del Weather Underground.

-    changingFrequencies: Un proyecto abolicionista liderado por feministas queer negras que busca desarticular lo que llama el "Complejo Médico Industrial".

-    Escuela Claudia Jones: Un colectivo organizativo con sede en Washington, D.C. que realiza educación popular y, según el informe, cabildeo a favor de Cuba.

-    Code Pink: Mujeres por la Paz: Un grupo de protesta de izquierda que se describe como antibélico y organiza delegaciones de solidaridad con Cuba.

-    Cohen, Ben: Cofundador de Ben & Jerry's que asistió a la boda de Neville Roy Singham y Jodie Evans.

-    de la Cruz, Claudia: Cofundadora del People's Forum, directora ejecutiva de IFCO y candidata presidencial en 2024 por el Partido por el Socialismo y la Liberación.

-    De Los Santos, Manolo: Cofundador y director del People's Forum quien, según el informe, mantiene relaciones profundas con las élites del régimen cubano.

-    Socialistas Democráticos de América (DSA): Una importante organización política socialista que ha organizado delegaciones oficiales a Cuba.

-    Ensler, Eve (V): Destacada dramaturga que asistió a la boda de Neville Roy Singham y Jodie Evans.

-    Equality for Flatbush: Un grupo abolicionista de Black Lives Matter con sede en Brooklyn que lucha contra la gentrificación, la policía y el ICE.

-    Evans, Jodie: Cofundadora de Code Pink que se casó con el multimillonario Neville Roy Singham.

-    Floyd, George: Un hombre de Minneapolis cuya muerte en 2020 provocó levantamientos nacionales que, según señala el informe, fueron elogiados por Cuba.

-    Garza, Alicia: Cofundadora de Black Lives Matter que reconoció a Assata Shakur como una influencia clave en su trabajo organizativo.

-    Goodman, Amy: Presentadora de Democracy Now! quien, según señala el informe, asistió a la boda del multimillonario izquierdista Neville Roy Singham y Jodie Evans.

-    Haitian Women for Haitian Refugees: Un grupo activista liderado por mujeres negras que se organiza para defender a los migrantes negros y bloquear las deportaciones.

-    Hirsi, Isra: Activista universitaria e hija de Ilhan Omar que fue suspendida de Barnard College por organizar campamentos anti-Israel antes de viajar a Cuba.

-   IFCO / Pastores por la Paz: Una fundación ecuménica que organiza caravanas de ayuda a regímenes izquierdistas y sirve como patrocinador fiscal de numerosos grupos radicales estadounidenses.

-    Larudee, Paul: Ciudadano estadounidense residente en San Francisco que actúa como coordinador norteamericano de la coalición pro-iraní del "Eje de Resistencia" Al-Tajammu.

-    Mamdani, Zohran: Alcalde de Nueva York.

-    National Lawyers Guild (NLG): Una asociación de abogados radicales que proporciona defensa legal y "observadores legales" para varios grupos de izquierda.

-    Red Nacional sobre Cuba (NNOC): Una coalición de más de 60 grupos estadounidenses dedicados a cabildear por Cuba y coordinar acciones directas a nivel nacional.

-    Omar, Ilhan: Congresista demócrata y madre de la activista universitaria Isra Hirsi.

-    Partido por el Socialismo y la Liberación: Un partido político de izquierda que presentó un candidato presidencial en 2024 y realiza protestas.

-    The People's Forum: Un centro activista para la agitación anti-ICE y pro-cubana.

-    Piker, Hasan: Streamer y comentarista político de izquierda quien, según señala el informe, viajó a Cuba para filmar un documental y participó en el Convoy Nuestra América.

-    Pressley, Ayanna: Congresista demócrata quien, según señala el informe, elogió públicamente a la convicta asesina Assata Shakur tras su muerte.

-    Singham, Neville Roy: Magnate tecnológico estadounidense radicado en Shanghái que financia varios grupos activistas de izquierda.

-    Smalls, Christian: Fundador del Sindicato de Trabajadores de Amazon que participó en el Convoy Nuestra América a Cuba en 2026.

-    Thousand Currents: Una organización progresista sin fines de lucro que sirvió como patrocinador fiscal de la Black Lives Matter Global Network Foundation.

-    Villaraigosa, Antonio: Ex alcalde de Los Ángeles y presidente de la Asamblea de California que fue exmiembro de la Brigada Venceremos.

-    Viva Palestina US: La rama estadounidense de una red internacional que, según el informe, anteriormente proporcionó convoyes y fondos a Hamás.

-    Waters, Maxine: Congresista demócrata quien, según señala el informe, una vez escribió una carta instando a Fidel Castro a no extraditar a la fugitiva Assata Shakur.

-    Wilson, Diane: Cofundadora de Code Pink.

-    Colectivo Solidario Witness for Peace: Una organización que organiza delegaciones de solidaridad recurrentes a Cuba.

Culpa por asociación en su máxima expresión. Pero, ¿de qué son culpables exactamente?

Lo que muestra el informe no es que ninguna de estas personas esté recibiendo instrucciones a sabiendas de una potencia extranjera, sino solo que no están de acuerdo con el gobierno de EE. UU. sobre la política hacia Cuba (o, como mucho, están de acuerdo con Cuba).

Sus opiniones pueden ser erróneas —agresivamente, ofensivamente erróneas incluso— pero es su maldito derecho como estadounidenses tenerlas." 

(Ken Klippenstein , blog, 20/07/26, traducción Deep Seek, enlaces en el original)  

13.7.26

Trump destituye a dos miembros demócratas de la comisión electoral en su intento de reformar el voto en EEUU... Trump ha intentado repetidamente remodelar las normas de votación, aunque la Constitución de Estados Unidos otorga el control de las elecciones a los estados y no al presidente... la comisión se negó con anterioridad a modificar el formulario nacional de inscripción de votantes para exigir documentación de ciudadanía estadounidense a los solicitantes, como Trump instó en una amplia orden ejecutiva de marzo de 2025 sobre las elecciones en Estados Unidos... “El presidente Trump trata de desmantelar otra barrera independiente de nuestra democracia diseñada para mantener las elecciones justas y seguras”, señalaron el senador demócrata por California Alex Padilla (Bill Barrow)

"El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, destituyó a dos miembros de una comisión federal electoral bipartidista que se resistió a sus esfuerzos por exigir que los posibles votantes documenten su ciudadanía estadounidense antes de inscribirse.

La Casa Blanca confirmó el viernes la medida ejecutiva contra miembros de la Comisión de Asistencia Electoral (EAC, por sus siglas en inglés), que distribuye subvenciones federales a los estados, supervisa las pruebas de los sistemas de votación y mantiene el formulario nacional de inscripción de votantes.

Aunque es probable que la medida no tenga efectos importantes en las elecciones legislativas de mitad de mandato, que se realizarán en noviembre, es el ejemplo más reciente de los intentos del presidente republicano de ejercer la influencia de la Casa Blanca sobre cómo se llevan a cabo las elecciones en Estados Unidos, y es la primera prueba de su poder presidencial recientemente ampliado, después de que la Corte Suprema dictaminara hace poco que el mandatario puede despedir sin causa a miembros de juntas de agencias independientes.

“El presidente, y titular del Poder Ejecutivo, se reserva el derecho de destituir a personas que podrían no estar totalmente alineadas con la importante tarea de asegurar las elecciones de Estados Unidos y garantizar que se cuente cada voto legal. La decisión Slaughter otorga al presidente precedencia para hacerlo”, dijo la Casa Blanca a la AP.

El presidente destituyó a Thomas Hicks y Benjamin Hovland, los dos miembros demócratas de la comisión, que tiene cuatro puestos. La integrante republicana del panel, Christy McCormick, renunció. El excomisionado republicano Donald Palmer ya había dejado su cargo voluntariamente a principios de este año. Los cambios fueron informados primero por VoteBeat, un medio que cubre las elecciones y la votación en todo Estados Unidos,

Trump ha intentado repetidamente remodelar las normas de votación, aunque la Constitución de Estados Unidos otorga el control de las elecciones a los estados y no al presidente. Al citar esa separación de poderes, los tribunales han bloqueado la mayor parte de las dos órdenes ejecutivas de Trump que buscaban reformar la votación. El mandatario también ha iniciado una investigación acerca de su derrota en 2020, sobre la que sigue insistiendo falsamente que se debió a un fraude, y esta semana su gobierno amenazó a los estados si no intentaban eliminar de sus padrones electorales a personas que, según funcionarios federales, no son ciudadanas estadounidenses.

Aun así, Trump ha sido incapaz en gran medida de cambiar los procesos electorales por decreto, y David Becker, un exabogado del Departamento de Justicia que dirige el Center for Election Innovation & Research, señaló que su purga de la EAC no alteraría eso.

“Esto realmente no cambia nada sobre cómo se llevarán a cabo nuestras elecciones, y sobre cómo los estados garantizan con éxito la realización de elecciones seguras, convenientes y confiables”, escribió Becker el viernes por la mañana en la red social BlueSky.

Los críticos acusan a Trump de dañar la confianza de los votantes

En el Capitolio, los principales demócratas con responsabilidad de supervisión electoral afirmaron que Trump, en lugar de reforzar la integridad electoral en Estados Unidos, está politizando aún más el proceso de votación.

“El presidente Trump trata de desmantelar otra barrera independiente de nuestra democracia diseñada para mantener las elecciones justas y seguras”, señalaron el senador demócrata por California Alex Padilla y el representante demócrata por Nueva York Joe Morelle. “Depurar a los comisionados a pocos meses de las elecciones de mitad de mandato y recortar aún más el apoyo a nuestros funcionarios electorales estatales y locales es una parte descarada de su plan para politizar nuestras elecciones y permitir una interferencia electoral más ilegal y peligrosa”.

Padilla es el miembro de mayor rango del Comité de Reglas del Senado, y Morelle es el miembro de mayor rango del Comité de Administración de la Cámara de Representantes.

Los legisladores señalaron que la mayoría conservadora de la Corte Suprema posibilitó la medida de Trump con su decisión de “poner patas arriba décadas de poder ejecutivo para complacer al presidente”.

Hasta el viernes, el personal de la Comisión de Asistencia Electoral no había respondido a una solicitud de comentarios sobre el funcionamiento de la agencia en adelante.

Aunque en el comunicado de la Casa Blanca no se ofrece una razón específica para la acción de Trump, la comisión se negó con anterioridad a modificar el formulario nacional de inscripción de votantes para exigir documentación de ciudadanía estadounidense a los solicitantes, como Trump instó en una amplia orden ejecutiva de marzo de 2025 sobre las elecciones en Estados Unidos. Aunque el formulario en sí no exige documentos de ciudadanía, los materiales de inscripción de votantes de la agencia sí indican claramente que ya es ilegal afirmar falsamente que se tiene la ciudadanía estadounidense para votar.

Un juez federal bloqueó la orden al dictaminar que excedía la autoridad del presidente, ya que la Constitución de Estados Unidos otorga la autoridad sobre la administración y supervisión de las elecciones al Congreso y a los estados. El gobierno ha indicado que apelará.

Trump no ha dicho si elegirá nuevos miembros

No se sabe si Trump planea nominar nuevos miembros de inmediato o dejar los puestos vacantes, una medida que, a pocos meses de las elecciones de mitad de mandato, podría impedir que la agencia distribuya nuevas subvenciones a oficinas electorales estatales o locales y quizá complique su papel en la supervisión de las pruebas y la certificación de los sistemas de votación en todo el país.

“El gobierno ha trabajado desde el inicio en todas las agencias y con socios locales para proteger las elecciones contra el fraude y el abuso, e invertido en una infraestructura sólida para sostener esa misión, especialmente en las elecciones de mitad de mandato”, afirmó la Casa Blanca.

El Congreso creó la comisión como parte de la Ley Help America Vote, una norma bipartidista promulgada por el presidente republicano George W. Bush en 2002. La ley exige que la comisión incluya a dos demócratas y dos republicanos, nominados por el presidente y confirmados por el Senado. Hicks y McCormick fueron designados por el presidente Barack Obama. Trump nombró a Hovland durante su primera presidencia.

Según VoteBeat, Hicks y Hovland fueron notificados de su destitución mediante un correo electrónico firmado por Morgan DeWitt Snow, subdirector de personal presidencial en la Oficina Ejecutiva del presidente.

Siempre son posibles más batallas judiciales

Hicks y Hovland podrían impugnar sus destituciones, pero eso, en última instancia, podría requerir que la Corte Suprema vuelva a revisar dos decisiones que acaba de emitir sobre el poder del presidente sobre las agencias independientes.

El tribunal falló 6 a 3 el mes pasado en el caso de la exintegrante de la Comisión Federal de Comercio Rebecca Slaughter, al determinar que Trump tenía una amplia autoridad ejecutiva para despedir a designados políticos de agencias ejecutivas independientes. El presidente había despedido a Slaughter sin causa pese a una disposición de la ley federal que exigía un motivo y a un precedente de la Corte Suprema de casi un siglo que protegía a los jefes de agencias independientes de los caprichos presidenciales.

Los seis magistrados conservadores señalaron que las restricciones anteriores a las prerrogativas presidenciales violaban la separación de poderes de la Constitución. Esa lógica se extiende a otras agencias, entre ellas, la Junta Nacional de Relaciones Laborales, la Junta de Protección de Sistemas de Mérito y la Comisión de Seguridad de Productos del Consumidor, donde Trump también ha despedido a miembros de juntas.

En el caso separado de la integrante de la Junta de la Reserva Federal Lisa Cook, a quien Trump había intentado despedir, una mayoría de 5 a 4 se apartó de la decisión Slaughter y dictaminó que el presidente no podía despedir sin causa a los gobernadores del banco central. El presidente del tribunal, John Roberts, y el magistrado Brett Kavanaugh se alinearon con los tres liberales de la Corte en el caso Cook. Justificaron su excepción a su razonamiento de Slaughter al citar la estructura única del banco central como una institución cuasi privada, independiente pero creada por el Congreso, cuya “apariencia de independencia es clave para el diseño de la Reserva Federal” y para su papel en la fijación de la política monetaria que moldea la economía de Estados Unidos y del mundo." 

(BILL BARROW, , AP, 10/07/26)  

7.7.26

Reed Brody, ex-fiscal de Nueva York: Las elecciones de noviembre podrían privar a Donald Trump del control absoluto de Washington. Y es precisamente por eso por lo que las propias elecciones se han convertido en un objetivo político... Trump ya ha advertido de que solo aceptará los resultados de noviembre si considera que las elecciones han sido “honestas”... ¿Qué puede ocurrir? Que acusaciones infundadas de fraude sirvan para justificar nuevas intervenciones federales. Que ciudadanos armados aparezcan para “vigilar” colegios electorales. Que Steve Bannon vea cumplida su promesa de “rodear los colegios electorales con el ICE”. Que el Departamento de Justicia bloquee la certificación de comicios decisivos incautando las papeletas, con el pretexto de investigar “irregularidades”... El peligro no es un fraude masivo. Es una niebla organizada... El 11 de junio, más de un centenar de agentes del FBI irrumpieron en las oficinas de la Ohio Organizing Collaborative (Coordinadora de Organización de Ohio), en Cleveland, y en los domicilios de sus responsables. Esta asociación ayuda, entre otras cosas, a inscribir en el censo electoral a habitantes de barrios desfavorecidos. Su finalidad no era tanto encontrar pruebas como sembrar miedo: recordar a quienes inscriben votantes, y a quienes votan, que participar tiene un precio... Trump ha presionado a Estados gobernados por republicanos para el rediseño partidista de los distritos electorales... Trump pidió, sin éxito, a los republicanos del Congreso que “nacionalizaran” el voto, aunque la Constitución reserva la organización de las elecciones a los Estados. La Cámara de Representantes sí aprobó la Ley de Salvaguardia de la Idoneidad del Votante Estadounidense (SAVE Act), que exigiría una prueba documental de ciudadanía para registrarse como votante. Millones de estadounidenses carecen de ella

 "Las elecciones de mitad de mandato siempre han sido una prueba importante para cualquier presidente de los Estados Unidos. Funcionan como un referéndum sobre el poder en ejercicio y, a menudo, corrigen el rumbo político del país. Pero las del próximo 3 de noviembre tienen una importancia distinta.

Para millones de estadounidenses, representan una de las últimas oportunidades de imponer límites democráticos a un presidente que ha dedicado el último año y medio a debilitar precisamente las instituciones llamadas a controlarlo. Los tribunales siguen resistiendo en ocasiones. Los Estados conservan importantes espacios de autonomía. La sociedad civil está cada vez más movilizada. Pero el instrumento de control más poderoso sigue siendo el voto.

Las elecciones de noviembre podrían privar a Donald Trump del control absoluto de Washington, reactivar la supervisión del Congreso y devolver parte del equilibrio perdido al sistema político estadounidense. Y es precisamente por eso por lo que las propias elecciones se han convertido en un objetivo político.

El 11 de junio, más de un centenar de agentes del FBI irrumpieron en las oficinas de la Ohio Organizing Collaborative (Coordinadora de Organización de Ohio), en Cleveland, y en los domicilios de sus responsables. Esta asociación ayuda, entre otras cosas, a inscribir en el censo electoral a habitantes de barrios desfavorecidos. Los agentes se incautaron de ordenadores, exhibieron citaciones e interrogaron a voluntarios. No era un episodio aislado, sino una manifestación más de una tendencia de fondo. Su finalidad no era tanto encontrar pruebas como sembrar miedo: recordar a quienes inscriben votantes, y a quienes votan, que participar tiene un precio.

Las elecciones de mitad de mandato suelen castigar al partido que ocupa la Casa Blanca. Trump lo sabe bien: en 2018 los demócratas ganaron 40 escaños y recuperaron la Cámara de Representantes. Con una popularidad por los suelos, la inflación al alza y una guerra que no convence, la posibilidad de una derrota electoral es real. De ahí los esfuerzos por reducir la incertidumbre del voto mediante ventajas construidas de antemano.

Una de ellas es el rediseño partidista de los distritos electorales. Trump ha presionado a Estados gobernados por republicanos para reforzar su ventaja estructural, mientras los demócratas han respondido en algunos lugares, como California, con estrategias similares. El resultado es un sistema cada vez menos competitivo y una ventaja inicial de alrededor de una decena de escaños para los republicanos.

La Administración busca también modificar las reglas electorales. En febrero, Trump pidió, sin éxito, a los republicanos del Congreso que “nacionalizaran” el voto, aunque la Constitución reserva la organización de las elecciones a los Estados. La Cámara de Representantes sí aprobó la Ley de Salvaguardia de la Idoneidad del Votante Estadounidense (SAVE Act), que exigiría una prueba documental de ciudadanía para registrarse como votante. Millones de estadounidenses carecen de ella. Por ahora, la medida sigue bloqueada en el Senado, pero Trump no renuncia: ha hecho de la sospecha sobre el voto un instrumento de poder.

He dedicado mi carrera a perseguir a dictadores y a documentar cómo se degradan las democracias. He aprendido que el desmantelamiento rara vez llega de golpe: avanza paso a paso, hasta que un día lo irreversible parece normal. Lo que ocurre hoy en mi país no son episodios sueltos, sino un patrón que conozco bien.

Conviene recordar lo ocurrido en 2020. Tras perder las elecciones, Trump intentó mantenerse en el poder mediante una combinación de presiones políticas, falsos compromisarios y campañas de desinformación que culminaron en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. Aquel esfuerzo fracasó porque los contrapesos institucionales resistieron. Pero muchos de los funcionarios, fiscales y responsables de seguridad electoral que desempeñaron entonces un papel decisivo han sido apartados o sustituidos por personas leales al presidente.

Como ocurrió en 2020, el problema ya no es solo la competencia electoral. Es la creciente disposición a considerar ilegítimo cualquier resultado adverso. El escenario se repite. En Atlanta (Georgia), el FBI incautó a finales de enero las papeletas de 2020 del condado de Fulton, bastión demócrata, y ha destinado 260 analistas a esa investigación “prioritaria”.

Trump persigue un doble objetivo: alimentar el mito fundacional de una elección robada y, desde ahí, minar la confianza en las siguientes.

En Míchigan, el Departamento de Justicia multiplica las peticiones de documentos electorales. En California, el fiscal nombrado por Trump abrió investigaciones por supuesto fraude tras las elecciones primarias en junio.

Al mismo tiempo, la Administración intenta obligar a los Estados a entregar sus registros electorales, un paso hacia la creación de una base de datos nacional de votantes que dictaría quién tiene derecho a votar.

Trump ya ha advertido de que solo aceptará los resultados de noviembre si considera que las elecciones han sido “honestas”. Y citó Detroit, Filadelfia y Atlanta, tres ciudades demócratas de Estados decisivos que hoy se encuentran en el punto de mira federal.

¿Qué puede ocurrir ahora? No hace falta imaginar una ruptura espectacular del orden constitucional. El riesgo es más sutil. Que acusaciones infundadas de fraude sirvan para justificar nuevas intervenciones federales. Que ciudadanos armados aparezcan para “vigilar” colegios electorales. Que Steve Bannon vea cumplida su promesa de “rodear los colegios electorales con el ICE”. Que el Departamento de Justicia bloquee la certificación de comicios decisivos incautando las papeletas, con el pretexto de investigar “irregularidades”.

La votación se decide Estado por Estado y distrito electoral por distrito electoral. Basta con introducir suficiente confusión para impugnar después los resultados que resulten desfavorables a los republicanos. El peligro no es un fraude masivo. Es una niebla organizada.

Sin embargo, no todo está decidido. Los tribunales han frenado ya algunos de los intentos de la Administración de intervenir en los registros electorales. La estructura descentralizada del sistema electoral estadounidense sigue ofreciendo protección. Miles de funcionarios locales organizan las elecciones y muchos se preparan ya para posibles injerencias. La sociedad civil permanece vigilante. Y una prensa asediada pero todavía libre continúa documentando los hechos.

La pregunta no es solo si Donald Trump aceptará unos resultados adversos. Es también si los estadounidenses conservarán la posibilidad real de producirlos. De eso dependerá no solo la composición del próximo Congreso, sino la capacidad de nuestra democracia para corregirse a sí misma para que siga siendo verdad lo que los padres fundadores proclamaron evidente por sí mismo hace 250 años: que los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados."

 (Reed Brody , El País, 06/07/26)  

6.7.26

Cuando un presidente dice en voz alta lo que todos susurran... Trump sostuvo que el Congreso de EE. UU. debería abolir el filibusterismo para poder aprobar lo que él llama la Ley SAVE America, que tiene la intención deliberada de dificultar el voto en EE. UU. Si lo hicieran, afirmó, los republicanos "no perderían una elección en cien años"... Al mismo tiempo, calificó al Partido Demócrata como poco más que un vehículo para comunistas, criminales, inmigrantes ilegales y personas que no quieren trabajar... Lo destacable no fue el lenguaje sobre los comunistas. La política estadounidense, y especialmente la republicana, tiene una larga historia de ese tipo de acusaciones, sobre todo durante la era McCarthista de la década de 1950... en el momento en que un gobierno comienza a diseñar un sistema de poder destinado a evitar perder el cargo, como Trump dice que está haciendo, algo fundamental cambia. El gobierno ya no existe para servir al pueblo. En cambio, el pueblo comienza a existir para sostener al gobierno... Que su legislación propuesta pueda o no lograr realmente lo que Trump afirma es casi irrelevante en ese caso. Él cree que el éxito proviene de cambiar el sistema para que los republicanos no pierdan durante los próximos cien años... Un gobierno que busca hacer imposible la derrota ha comenzado a convertirse en el amo del pueblo. Es fascista, en otras palabras (Richard Murphy)

"Cuando un presidente dice en voz alta lo que todos susurran

Donald Trump dijo cosas en un evento para conmemorar el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos que merecen atención. 

Entre sus muchas afirmaciones partidistas en un evento que debería haber sido cualquier cosa menos eso, sostuvo que el Congreso de EE. UU. debería abolir el filibusterismo para poder aprobar lo que él llama la Ley SAVE America, que tiene la intención deliberada de dificultar el voto en EE. UU. Si lo hicieran, afirmó, los republicanos "no perderían una elección en cien años".

Al mismo tiempo, calificó al Partido Demócrata como poco más que un vehículo para comunistas, criminales, inmigrantes ilegales y personas que no quieren trabajar.

La mayoría de los medios han tratado estos comentarios como otro ejemplo de la retórica exagerada de Trump, su mal timing y sus afirmaciones inapropiadas de cara a las elecciones de mitad de mandato en EE. UU. a finales de este año, pero creo que eso no capta el fondo del asunto.

A veces, los políticos nos dicen exactamente lo que pretenden. Creo que Trump lo hizo.

Lo destacable no fue el lenguaje sobre los comunistas. La política estadounidense, y especialmente la republicana, tiene una larga historia de ese tipo de acusaciones, sobre todo durante la era McCarthista de la década de 1950. Creo que la mayoría de la gente en EE. UU. —excepto los MAGA— es consciente de esto y puede apreciar lo absurdo que son estas afirmaciones.

Lo más flagrante fue la afirmación de Trump de que cambiar las reglas del sistema electoral podría asegurar que un partido permaneciera en el poder durante un siglo, justo cuando EE. UU. supuestamente celebra 250 años como democracia multipartidista, período durante el cual ha defendido su versión de la democracia como el eje central del estilo de vida estadounidense.

Para contextualizar esto, la mayoría de la gente estaría de acuerdo en que el propósito de la democracia no es garantizar el derecho de un grupo determinado a ganar elecciones. Es asegurar que los gobiernos siempre sepan que pueden perderlas.

Esa incertidumbre no es un defecto de la democracia. Es una característica definitoria: los gobiernos saben que solo sobreviven con el consentimiento continuo de las personas que los pusieron en el poder. Si pierden ese apoyo continuo, la democracia asegura que el público tenga derecho a destituirlos. Cada elección democrática es, entonces, un recordatorio de que el poder se ostenta en calidad de fideicomiso y nunca es propiedad de nadie.

En ese caso, en el momento en que un gobierno comienza a diseñar un sistema de poder destinado a evitar perder el cargo, como Trump dice que está haciendo, algo fundamental cambia. El gobierno ya no existe para servir al pueblo. En cambio, el pueblo comienza a existir para sostener al gobierno, al menos desde la perspectiva de ese gobierno. Y esto, por supuesto, es de lo que se trata el fascismo, y es por eso que los comentarios de Trump importan.

Que su legislación propuesta pueda o no lograr realmente lo que Trump afirma es casi irrelevante en ese caso. Él ha explicado cómo se ve el éxito desde su perspectiva. Su definición de éxito no es convencer a los votantes para que apoyen a los republicanos durante los próximos cien años. Él cree que el éxito proviene de cambiar el sistema para que los republicanos no pierdan, y quizás no puedan perder, durante los próximos cien años. Esas son ambiciones muy diferentes.

Esto recontextualiza el lenguaje sobre lo que él llama la "amenaza comunista". Esto tampoco es accidental, y no es solo el maccarthismo renacido. Pertenece a otra tradición. Quienes buscan debilitar las instituciones democráticas rara vez comienzan admitiendo que desean reducir la democracia. En cambio, primero redefinen a sus oponentes al estilo fascista clásico. Los rivales políticos dejan de ser personas con opiniones diferentes. Se convierten en enemigos de la nación misma. Son retratados como tan peligrosos que supuestamente las reglas democráticas normales ya no se aplican.

Una vez que se acepta ese argumento, las medidas extraordinarias comienzan a parecer razonables. Precisamente por eso este lenguaje importa.

Dedico gran parte de mi tiempo a escribir sobre impuestos, gasto público, inversión pública y el papel del Estado. Sin embargo, todos esos debates dependen de una condición previa. Los gobiernos deben seguir siendo responsables ante las personas a las que gobiernan. Sin esa responsabilidad, cada poder que posee el Estado, incluido su poder para crear dinero, gravar, regular y gastar, se vuelve capaz de servir a quienes ocupan el cargo en lugar de a quienes los eligieron.

Por lo tanto, la democracia no es simplemente otra institución política. Es el mecanismo que mantiene a todas las demás instituciones rindiendo cuentas ante la sociedad.

Por eso, las cuestiones aparentemente constitucionales y políticas importan tanto. Es fácil descartarlas como el chisme del día, pero con gente como Trump y los fascistas del Reino Unido hablando, eso es un error. Determinan cómo se ejerce el poder y quién puede desafiarlo. Son los supuestos guardarraíles que impiden que los gobiernos confundan sus propios intereses con los del pueblo.

No hay nada sagrado en el filibusterismo del Senado. Personas razonables pueden discrepar sobre si es un buen mecanismo constitucional. Pero abolirlo porque un presidente cree que hacerlo permitirá a su partido no perder nunca el poder no es una reforma constitucional en ningún sentido significativo de la palabra.

La reforma mejora las instituciones para que sirvan mejor al pueblo.

El afianzamiento cambia las instituciones para que sirvan mejor a quienes ya están en el poder.

La diferencia es profunda. Todo lo que defiendo aquí depende de la existencia de gobiernos que sigan siendo responsables, y si EE. UU. sucumbe ante Trump, las consecuencias se extenderán, incluso al Reino Unido.

Quiero gobiernos capaces de invertir en las personas, hacer frente al cambio climático, reconstruir los servicios públicos, reducir la desigualdad y ayudar a todos a alcanzar su potencial. Nada de eso importa si los gobiernos dejan de creer que pueden ser legítimamente destituidos.

Un gobierno que acepta que puede perder una elección sigue siendo el servidor del pueblo.

Un gobierno que busca hacer imposible la derrota ha comenzado a convertirse en el amo del pueblo.

Es fascista, en otras palabras.

Donald Trump ha dicho ahora, en términos notablemente claros, cómo cree que se ve el éxito político. Deberíamos tomarlo en serio, no porque sepamos que logrará lo que quiere, sino porque nos ha dicho claramente lo que quiere lograr, y eso en sí mismo es objetable y un llamado a la acción." 

(Richard Murphy, blog, 05/07/26, traducción Deep Seek)

Ahora que Washington D.C. se parece más que nunca a Pyongyang, la capital de Corea del Norte, con retratos tamaño mural y loas al líder supremo en cada esquina y plaza de la ciudad, cuesta trabajo renovar la fe en “la democracia en América”... No deja de resultar irónico que aquella monumental y brutalista puesta en escena soviética haya acabado marcando tendencia en el mismísimo imperio del dólar... Si se observan con atención los fastos del 250 aniversario trumpista por la fundación de los USA y los desplazamientos de masas para atender al funeral de Jamenei en Irán, saltan a la vista los parecidos razonables: culto al líder, muerte al enemigo y la fuerza como única fuente de toda legitimidad. No es de extrañar que sincronicen tan bien para romper estratégicamente sus supuestos acuerdos de paz cada vez que les conviene a ambos... Sobran las razones para el pesimismo. La mítica relojería de pesos y contrapesos diseñada por el federalismo norteamericano está rota... Llevará al menos una década reparar el profundo daño institucional causado por el trumpismo, si es que alguna vez nos ponemos a ello en los USA y en el resto del mundo... Ya sabemos todos como era el mundo antes de Trump: violento, cínico y brutal cuando le convenía a un Occidente que solo respeta el derecho internacional cuando le convenía; pero, aun con todo, era mejor (Antón Losada)

"Trump agita el fantasma del enemigo interno en el 250 aniversario de EEUU: “El comunismo es como un cáncer, hay que extirparlo”

Ahora que Washington D.C. se parece más que nunca a Pyongyang, la capital de Corea del Norte, con retratos tamaño mural y loas al líder supremo en cada esquina y plaza de la ciudad, cuesta trabajo renovar la fe en aquello que el ilustrado Alexis de Tocqueville denominó con envidia “la democracia en América”. Pero no pierdan la fe pues siempre nos quedará el hombre que mató a Liberty Valance para contarnos la historia como realmente fue.

No deja de resultar irónico, con un punto de justicia poética, que aquella monumental y brutalista puesta en escena soviética haya acabado marcando tendencia en el mismísimo imperio del dólar, el emperador naranja parezca cada día más un primo lejano aunque con menos porte de King Yong-Un y ambas familias compitan en un duelo cerrado por el liderazgo en la liga de las estrellas del nepotismo.

Si se observan con atención los fastos del 250 aniversario trumpista por la fundación de los USA y los desplazamientos de masas para atender al funeral de Jamenei en Irán, cuesta trabajo encontrar las ocho diferencias y saltan a la vista los parecidos razonables: culto al líder, muerte al enemigo y la fuerza como única fuente de toda legitimidad. No es de extrañar que sincronicen tan bien para romper estratégicamente sus supuestos acuerdos de paz cada vez que les conviene a ambos.

Sobran las razones para el pesimismo. La mítica relojería de pesos y contrapesos diseñada por el federalismo norteamericano está rota, aunque siga dando la hora correctamente al menos dos veces al día; como ha sucedido con las sentencias que limitan el poder presidencial para establecer aranceles y cortan de raíz su intento por anular el principio de nacimiento en el territorio para acceder a la nacionalidad que hizo posible la propia República norteamericana.

Llevará al menos una década reparar el profundo daño institucional causado por el trumpismo, si es que alguna vez nos ponemos a ello en los USA y en el resto del mundo. Antes que los miles de millones que se ha embolsado el presidente más corrupto de la historia yanki, —un puesto de mucho mérito al disputarlo entre una larga lista de mandatarios tan corruptos como incompetentes— costará más amortizar la reinstitucionalización de unas reglas que nos devuelven al siglo XIX y que pensábamos haber dejado atrás; al menos cuando alguien nos estuviera mirando.

No se confundan. No se trata de idealizar aquel pasado. Se trata de controlar los daños de este presente. Ya sabemos todos como era el mundo antes de Trump: violento, cínico y brutal cuando le convenía a un Occidente que solo respeta el derecho internacional cuando le convenía; pero, aun con todo, era mejor. Ya lo dijo Maxwell Scott, el editor del Shinbone Star que no publica quién mató de verdad a Liberty Valance, “Esto es el Oeste, señor, cuando la leyenda se convierte en un hecho, imprime la leyenda”. 

(Antón Losada , eldiario.es, 06/07/26)

4.7.26

Réquiem por América el Cuatro de Julio... Nuestro país, tal como lo conocíamos, ya no existe. Fue destruido metódicamente por estafadores neoliberales. Las instituciones y protecciones legales que antes nos resguardaban de la tiranía ya no funcionan... El neoliberalismo, el capitalismo despiadado, es el veneno que destruyó nuestra democracia. Proporcionó a la clase multimillonaria y a las corporaciones la cobertura ideológica para empobrecer a la clase trabajadora, imponer una austeridad paralizante, debilitar las instituciones democráticas, comprar a nuestros dos partidos políticos gobernantes y convertir nuestros tribunales en apéndices de las corporaciones y los ricos... El neoliberalismo empujó las víctimas de la desindustrialización neoliberal , 30 millones perdieron sus empleos en Estados Unidos, a los brazos de fascistas cristianos, quienes se aprovecharon de su desesperación y les vendieron la fantasía de un Jesús mágico... Los condujo a los abismos autodestructivos del alcoholismo y la adicción a los opioides, la ludopatía, la violencia doméstica y sexual... Los medios de comunicación tienen gran parte de la culpa. En nombre de la objetividad, entendida mejor como neutralidad, se desentendieron de la lucha de clases. No investigaron los crecientes abusos de los ricos, las corporaciones ni su clase política, comprada y manipulada. No denunciaron lo absurdo del neoliberalismo. Invisibilizaron a las víctimas... La estafa del neoliberalismo ha desmantelado nuestra democracia y ha allanado el camino al fascismo... El fascismo utiliza la brutalidad del miedo, la intimidación y la violencia para sofocar el creciente descontento. Divide al país en facciones enfrentadas: los patriotas contra los enemigos del Estado. Aniquila los valores compartidos. Exalta la crueldad de la hipermasculinidad... Trump y su camarilla fascista, personificada por multimillonarios como Peter Thiel y Elon Musk, están construyendo un estado mafioso. Una nación de gánsteres y víctimas (Chris Hedges)

"La estafa del neoliberalismo ha desmantelado nuestra democracia y ha allanado el camino al fascismo.

El neoliberalismo, mejor comprendido por su término menos edulcorado de capitalismo despiadado, es el veneno que destruyó nuestra democracia. Proporcionó a la clase multimillonaria y a las corporaciones la cobertura ideológica para empobrecer a la clase trabajadora, imponer una austeridad paralizante, debilitar las instituciones democráticas, comprar a nuestros dos partidos políticos gobernantes y convertir nuestros tribunales en apéndices de las corporaciones y los ricos.

El neoliberalismo empujó a decenas de millones de personas marginadas y desesperadas a los brazos de fascistas cristianos , quienes se aprovecharon de su desesperación y les vendieron la fantasía de un Jesús mágico. Los empujó a los brazos de teóricos de la conspiración y charlatanes de derecha. Los condujo a los abismos autodestructivos del alcoholismo y la adicción a los opioides, la ludopatía, la violencia doméstica y sexual. Estas fueron las consecuencias inevitables del estancamiento personal, la falta de poder y los sentimientos de inutilidad, frustración y profunda desesperación.

El neoliberalismo ignora los clamores de sus víctimas. Desestima su sufrimiento y rabia como irracionales, ignorantes y racistas. Neutraliza las reformas liberales, convirtiéndolas en meras apariencias e inútiles. Los apologistas liberales del neoliberalismo, ya despreocupados por la justicia económica, se refugian en un activismo marginal. Pronuncian eslóganes vacíos sobre diversidad y corrección política, fingiendo que la implacable guerra de clases, desatada globalmente desde la década de 1970, no existe. Las víctimas de la desindustrialización neoliberal , 30 millones de las cuales perdieron sus empleos en Estados Unidos en despidos masivos, comprenden que la precariedad de su existencia no preocupa a sus amos neoliberales.

Los comentaristas y políticos de derecha, como Donald Trump, que profieren insultos groseros, vulgares y plagados de improperios contra el establishment neoliberal tradicional, son aclamados por los marginados por desenmascarar la farsa política. Estos demagogos prometen una renovación moral y económica para los traicionados, aunque basada en un pensamiento mágico.

Los neoliberales propagan su propia forma de pensamiento mágico. El neoliberalismo es tan absurdo e infantil como el rapto cristiano y el movimiento «Make America Great Again» (MAGA). Trump miente como quien respira, pero también lo hicieron presidentes anteriores como Joe Biden, Barack Obama y Bill Clinton. Trump se aferra a fantasías, pero ellos también. Trump, al igual que sus predecesores demócratas, se enriquece a sí mismo y a su familia , aunque con mucha más ostentación y avaricia. Él, como ellos, facilita el saqueo continuo de la clase multimillonaria. Trump es la versión fascista de la estafa neoliberal.

La concentración de la riqueza en manos de una élite oligárquica global —los doce multimillonarios más ricos poseen más riqueza que la mitad más pobre del mundo— está diseñada para generar una desigualdad de ingresos masiva y un poder monopólico. Es la antítesis de la igualdad democrática. Está diseñada para alimentar el extremismo político y fomentar las divisiones sociales y culturales. Está diseñada para socavar las instituciones democráticas. La racionalidad económica no es el objetivo. David Harvey denomina al neoliberalismo «acumulación por desposesión».

Como ideología dominante, el neoliberalismo ha sido un éxito rotundo. A partir de la década de 1970, sus críticos keynesianos más influyentes fueron marginados o expulsados ​​del mundo académico, las instituciones estatales y las organizaciones financieras como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Lo mismo ocurrió con los medios de comunicación. Personajes aduladores y supuestos intelectuales, como Milton Friedman o el columnista del New York Times Thomas Friedman, recibieron plataformas destacadas y una generosa financiación corporativa. Estos difundieron servilmente el discurso oficial de teorías económicas marginales y desacreditadas, popularizadas por Friedrich Hayek y la escritora de tercera categoría Ayn Rand.

Una vez que el país se viera obligado a someterse a los dictados del mercado, una vez abolidas las regulaciones gubernamentales, una vez reducidos los impuestos a los ricos, una vez que se permitiera el flujo de dinero a través de las fronteras, una vez aplastados los sindicatos y una vez firmados acuerdos comerciales que enviaran empleos a talleres clandestinos en México y China, el mundo, nos aseguraban estos farsantes, sería más feliz, más libre y más próspero. Era una estafa. Pero funcionó. Y alimentó la estafa rival de los demagogos y fascistas que surgieron del fango moral y político.

Los medios de comunicación tienen gran parte de la culpa. En nombre de la objetividad, entendida mejor como neutralidad, se desentendieron de la lucha de clases. No investigaron los crecientes abusos de los ricos, las corporaciones ni su clase política, comprada y manipulada. No denunciaron lo absurdo del neoliberalismo. Invisibilizaron a las víctimas. Al aislarse del debate, los medios, pilar fundamental de cualquier democracia, se neutralizaron. También ellos se convirtieron en objeto de desprecio.

La libertad individual, que el neoliberalismo exalta como el bien supremo, y la justicia social son incompatibles. La justicia social, escribe Harvey en «Una breve historia del neoliberalismo», requiere solidaridad social y «la voluntad de subordinar los deseos, necesidades y anhelos individuales a la causa de una lucha más general por, por ejemplo, la igualdad social y la justicia ambiental». La retórica neoliberal logra «separar el libertarismo, la política identitaria, el multiculturalismo y, en última instancia, el consumismo narcisista de las fuerzas sociales que buscan la justicia social mediante la conquista del poder estatal».

El neoliberalismo, como escribe Ece Temelkuran en «Cómo perder un país: Los 7 pasos de la democracia al fascismo», exilia la moralidad de la vida pública. La aísla en el ámbito privado del individuo. La confina en «el corral de la religión», mientras que la religión es «recortada y adaptada a «espiritualidades» afines al mercado». La justicia y la misericordia dejan de ser conceptos compartidos. La moralidad personal y la pública se separan. ¿Cómo, se pregunta, «podemos convencer a la gente de que no cometa el mal en aquellos ámbitos de la vida pública donde la ley está ausente»?

«Los seres humanos», escribe, «son incapaces de funcionar y convivir sin una buena historia que los una y mantenga intacto un conjunto de valores. Por eso, la falta de una historia en el neoliberalismo, la falta de sentido y de propósito , puede resultar insoportable para la mente humana. Dado que los seres humanos se ven obligados a vivir en un estado de leve antipatía —un grado aceptable de antipatía, crucial para el sistema neoliberal—, necesitan constantemente una causa, un punto de referencia central que les permita orientarse en relación con el bien y el mal. El vacío ético del neoliberalismo, su desprecio por la necesidad de sentido de la naturaleza humana y su desesperada búsqueda de razones para vivir, crea un terreno fértil para la invención de causas , a veces incluso las más infundadas o superficiales».

En « La Gran Transformación » , Karl Polanyi distingue entre libertades buenas y malas. Las libertades malas son intocables bajo el neoliberalismo. Permiten a los poderosos explotar a los trabajadores y al medio ambiente hasta el agotamiento o el colapso. Las corporaciones farmacéuticas y de atención médica, por ejemplo, ponen en peligro la vida de quienes no pueden pagar sus precios exorbitantes. La industria de los combustibles fósiles nos está llevando hacia la extinción.

Las libertades fundamentales —libertad de conciencia, libertad de expresión, libertad de reunión, libertad de asociación, libertad de elección de trabajo— son sofocadas por las libertades perjudiciales. La libertad de la mayoría se transforma en la libertad de unos pocos. El resultado es el fascismo.

El fascismo utiliza la brutalidad del miedo, la intimidación y la violencia para sofocar el creciente descontento. Divide al país en facciones enfrentadas: los patriotas contra los enemigos del Estado. Aniquila los valores compartidos. Exalta la crueldad de la hipermasculinidad. Quienes disienten son tachados de terroristas nacionales. Las libertades civiles se suprimen en nombre de la seguridad nacional.

Las condenas de entre 30 y 100 años impuestas a ocho manifestantes anti-ICE en Texas, a quienes se presentó en el tribunal como una «célula terrorista antifascista», se están normalizando. Un noveno acusado, David Rolando Sánchez Estrada, no estuvo presente en la protesta, pero fue condenado a 30 años tras ser declarado culpable de ocultar documentos al trasladar una caja con fanzines políticos y otros materiales. Un segundo grupo de acusados ​​en el caso Prairieland, de mayor envergadura, fue sentenciado el 1 de julio. Seis de ellos, que aceptaron acuerdos de culpabilidad, recibieron penas de prisión que oscilan entre casi dos y quince años, mientras que Inés Soto, quien rechazó un acuerdo y fue a juicio, recibió una condena de 50 años.

La equiparación de la desobediencia civil con el terrorismo es habitual en países como Turquía, Rusia e India. En Europa, esta práctica se está consolidando. Un juez británico, en un fallo similar al ocurrido en Texas, condenó recientemente a cuatro miembros de Palestine Action como terroristas, imponiéndoles penas de prisión de entre cinco y nueve años, a pesar de que no habían sido acusados ​​ni condenados por delitos de terrorismo.

Da igual que Donald Trump, Recep Tayyip Erdoğan, Narendra Modi, Vladimir Putin o Nigel Farage desaparezcan. Las decenas de millones de personas «enardecidas por su mensaje seguirán ahí, y seguirán dispuestas a actuar bajo las órdenes de una figura similar», escribe Temelkuran. «Y, por desgracia, como vimos en Turquía de forma muy destructiva, aunque uno esté decidido a mantenerse alejado del mundo de la política, sus secuaces lo encontrarán, incluso en su propio espacio personal, armados con sus propios valores y dispuestos a perseguir a cualquiera que no se parezca a ellos».

Nuestro país, tal como lo conocíamos, ya no existe. Fue destruido metódicamente por estafadores neoliberales. Las instituciones y protecciones legales que antes nos resguardaban de la tiranía ya no funcionan. Quienes defienden una sociedad abierta son huérfanos, tachados de traidores, vilipendiados como la «izquierda radical ». Lamento lo que hemos perdido. Lamento lo que estamos a punto de perder. Este aislamiento social pronto se convertirá en aislamiento físico. Seremos criminalizados o forzados al exilio.

Trump y su camarilla fascista, personificada por multimillonarios como Peter Thiel y Elon Musk, están construyendo un estado mafioso. Una nación de gánsteres y víctimas. Una nación donde solo ellos tienen libertad ilimitada para saquear y explotar. Una nación donde el gobierno está privatizado. Una nación donde estamos esclavizados a la tecnología corporativa. Una nación donde no tenemos cabida.

Este 4 de julio debemos nombrar a nuestros enemigos. Son los fascistas que se han hecho con el poder. Y son ellos quienes, vendiéndonos la farsa del neoliberalismo, los pusieron en el poder."

(Chris Hedges, Gaceta Crítica, 03/07/26)