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4.9.25

El tratamiento obligatorio para la adicción a las drogas puede salvar vidas... Que el gobierno puede dar asistencia a personas con enfermedades mentales graves, aunque se nieguen, es un hecho bien establecido... la alternativa al tratamiento obligatorio en lugares como la ciudad de Nueva York no suele ser el tratamiento voluntario, sino ningún tratamiento: la vida en la calle con la oferta de drogas ilícitas más letal de la historia de Estados Unidos... La adicción reduce la capacidad de las personas para ejercer el autocontrol, sopesar con precisión las consecuencias a largo plazo frente a las de corto plazo y tomar decisiones que les beneficien. Los críticos del tratamiento obligatorio que afirman que la intervención socava la autonomía del individuo olvidan que la propia adicción mina esa autonomía... el tratamiento obligatorio que devuelve a alguien su buen juicio es una restauración de su autonomía, no una violación de la misma... La aplicación reflexiva y cuidadosa de un programa de tratamiento obligatorio puede parecer mucho pedir a una burocracia ya desbordada. Pero la realidad, degradante y peligrosa, de las calles hace inaceptable el statu quo. Si Nueva York puede diseñar una iniciativa de tratamiento obligatorio con recursos y bien diseñada, las personas con adicciones, sus seres queridos y la comunidad en general se beneficiarán enormemente (Keith Humphreys, Un. Stanford)

 "La reciente propuesta de Eric Adams, el alcalde de Nueva York, de obligar a los neoyorquinos con adicciones a someterse a un tratamiento si son un riesgo para sí mismos o para los demás es “terrible”, dijo una activista. Otra persona dijo que el plan le “produce escalofríos”.

Pero el tratamiento obligatorio, si se aplica correctamente, puede ayudar tanto a las personas con adicciones como a las comunidades en las que viven.

Que el gobierno puede dar asistencia a personas con enfermedades mentales graves, aunque se nieguen, es un hecho bien establecido. Las normas que se exigen para ello —usualmente, demostrar que el individuo está gravemente incapacitado o supone una amenaza para la comunidad— pueden variar, pero el principio subyacente es el mismo.

Este tipo de internamiento civil existe desde hace un siglo en Estados Unidos, y los 50 estados tienen leyes que regulan esta práctica. Pero Nueva York se está entre la minoría que no considera la adicción por sí sola un fundamento jurídico suficiente para ordenar la atención.

Debería hacerlo. Porque la alternativa al tratamiento obligatorio en lugares como la ciudad de Nueva York no suele ser el tratamiento voluntario, sino ningún tratamiento: la vida en la calle con la oferta de drogas ilícitas más letal de la historia de Estados Unidos.

Además, uno de los estudios más amplios y a más largo plazo sobre este tema realizó un seguimiento de 2095 pacientes con adicción y descubrió que, un año después del tratamiento, aquellos cuya atención era obligatoria tenían algo más de probabilidades de evitar el consumo de drogas que los que habían iniciado el tratamiento voluntariamente. Además, en comparación con sus homólogos que habían buscado voluntariamente tratamiento en el sistema judicial, los pacientes cuya atención era obligatoria tenían menos probabilidades de volver a ser detenidos. Otros estudios hallaron que los pacientes con atención obligatoria obtienen resultados algo peores o iguales que los pacientes voluntarios. Una nueva revisión de 22 estudios encontró “falta de evidencia de alta calidad” a favor o en contra del tratamiento involuntario de la adicción.

Pero ninguno de esos estudios comparó los resultados del tratamiento involuntario con los resultados de no recibir tratamiento, la comparación más pertinente.

Que los pacientes puedan beneficiarse del tratamiento obligatorio de la adicción solo es sorprendente si se supone que la persona típica que busca tratamiento es alguien que de manera espontánea y con una fuerte motivación interna se despierta un día y decide cambiar de vida. En realidad, esos pacientes son poco frecuentes.

En una muestra nacional de 476 personas que habían buscado tratamiento por un problema con el alcohol, más de nueve de cada 10 declararon haber sido presionadas para dejar de beber o cambiar su forma de beber por su familia, cónyuge o pareja, amigos u otras personas. Así pues, las personas sometidas a presiones legales para buscar asistencia pueden encontrarse en una situación similar a la de otras personas en el mismo programa de tratamiento.

¿Por qué la gente necesita tan a menudo que la presionen para buscar tratamiento cuando las sustancias adictivas están destruyendo su vida? Sencillamente, el consumo de drogas se siente bien, al menos a corto plazo, lo que hace que muchas personas se muestren ambivalentes a la hora de dejarlo. Y el tratamiento requiere un trabajo arduo a corto plazo para superar la atracción visceral de la adicción, antes de aportar alivio a largo plazo.

De hecho, seguir dando prioridad al consumo de sustancias frente al daño es la condición sine qua non de la adicción. La adicción reduce la capacidad de las personas para ejercer el autocontrol, sopesar con precisión las consecuencias a largo plazo frente a las de corto plazo y tomar decisiones que les beneficien. Los críticos del tratamiento obligatorio que afirman que la intervención socava la autonomía del individuo olvidan que la propia adicción mina esa autonomía. De hecho, el tratamiento obligatorio que devuelve a alguien su buen juicio es una restauración de su autonomía, no una violación de la misma.

La otra razón principal para imponer el tratamiento es que las personas con adicción no son las únicas afectadas por su comportamiento. Muchas de las cargas de la adicción recaen sobre otros: seres queridos que esperan despiertos por la noche junto al teléfono con miedo de que suene y miedo de que no suene, personas expuestas a la agresividad que provocan algunas drogas (sobre todo el alcohol y los estimulantes como la metanfetamina), o las comunidades y las empresas invadidas por el consumo público de drogas. Quienes soportan estas cargas tienen todo el derecho a presionar al individuo adicto para que cambie, incluso recurriendo al sistema de justicia penal cuando sea necesario.

Durante décadas, los funcionarios de salud pública se preocuparon por el impacto de la adicción en los hijos, compañeros de trabajo, vecinos y comunidades de los consumidores, así como en los propios consumidores. Una de las razones por las que el campo de la salud pública apoyaba las campañas publicitarias contra el tabaco y las leyes que restringían su consumo, incluso cuando los fumadores se oponían, era porque reducían el daño del humo de segunda mano y ayudaban a persuadir a los no fumadores para que no empezaran a fumar.

Pero muchos activistas de la política de drogas han adoptado en los últimos años una postura parecida a la que se asocia a los activistas del derecho a poseer armas de fuego o a quienes se resisten a las vacunas, concretamente que los deseos individuales de consumir drogas deberían pesar más que las consecuencias para la comunidad.

En San Francisco, los activistas de la reducción de daños y los funcionarios de salud pública colaboraron para colocar carteles publicitarios en los que se presentaba a los consumidores de opiáceos como personas jóvenes, atractivas y con éxito, con la teoría de que esto sería desestigmatizador y los animaría a “hacerlo con amigos” que podrían rescatarlos si sufrían una sobredosis. Esto fue una bofetada a los padres que no querían que sus hijos fueran persuadidos de que el consumo de fentanilo era una actividad deseable, así como a las muchas personas que estaban teniendo interacciones difíciles con consumidores callejeros de fentanilo que no eran de la variedad amistosa, sana e inofensiva retratada en los carteles.

Como dijo recientemente el jefe de policía convertido en investigador de salud pública Brandon Del Pozo: “Si ha habido un punto ciego entre los reformadores de la política de drogas, los activistas de la reducción de daños y sus aliados en los pasillos del gobierno, es la necesidad de abordar compasiva —pero eficazmente— las consecuencias altamente perturbadoras del consumo público de drogas y de prestar atención a lo resentida que se vuelve una comunidad cuando se deja que los problemas se enconen”.

Si los defensores no consideran el valor del tratamiento obligatorio para la comunidad por sus méritos, podrían hacerlo como un ejercicio de realpolitik. La ola de despenalización y reducción de daños que barrió el noroeste del Pacífico a partir de 2020 pasó de ser popular a impopular no solo porque no consiguió reducir las sobredosis, sino también porque aumentaron los delitos violentos y contra la propiedad, incluso cuando disminuyeron a nivel nacional. Ignorar cómo el consumo de drogas y los trastornos asociados pueden perjudicar a quien no las consume es una buena forma de socavar el apoyo popular a todo tu programa de reformas.

Dicho esto, los programas de tratamiento obligatorio solo pueden funcionar si cuentan con los recursos adecuados y se aplican cuidadosamente. En décadas de trabajo con legisladores, he oído muchas propuestas entusiastas para obligar a legiones de personas a participar en programas que ni siquiera satisfacían la demanda actual. Y las iniciativas obligatorias no solo dependen de una cantidad adecuada de tratamiento, sino también de la calidad correcta. Los programas de tratamiento deben guiarse por las mejores evidencias, además de ser limpios, seguros y respetuosos. Los jueces, tanto si evalúan las solicitudes de internamiento involuntario de los profesionales de la salud como si supervisan ellos mismos a pacientes adictos en un tribunal de drogas, deben conocer bien la mejor evidencia científica sobre la naturaleza de la adicción y su tratamiento.

La aplicación reflexiva y cuidadosa de un programa de tratamiento obligatorio puede parecer mucho pedir a una burocracia ya desbordada. Pero la realidad, degradante y peligrosa, de las calles hace inaceptable el statu quo. Si Nueva York puede diseñar una iniciativa de tratamiento obligatorio con recursos y bien diseñada, las personas con adicciones, sus seres queridos y la comunidad en general se beneficiarán enormemente." 

(profesor de psiquiatría en la Universidad de Stanford , The  New York Times, 02/09/25)

16.5.25

La disminución del 27% en las muertes por sobredosis se debe al aumento de la financiación y el apoyo a los grupos de primera línea de reducción de daños y a las clínicas de atención sanitaria que prestan servicios vitales allí donde vive la gente... distribuyen primeros auxilios y otros suministros que ayudan a los consumidores de drogas a tomar el control de su propia salud, incluida la naloxona, el medicamento que puede salvar vidas y revertir una sobredosis de opiáceos potencialmente mortal... vigilan las redes sociales y las alertas de salud pública para detectar picos de sobredosis y suministrar naloxona directamente a las personas... o instalan dispensadores gratuitos de naloxona en las cabinas de los periódicos... dispensadores gratuitos de naloxona en las cabinas de los periódicos... el reciente descenso de las muertes por sobredosis se debe al aumento de la disponibilidad de naloxona y otras ayudas (Mike Ludwig)

 "Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) anunciaron el 14 de mayo que el número de muertes por sobredosis de drogas en Estados Unidos se redujo casi un 27% en 2024. La cifra representa un descenso significativo después de más de una década de fuerte aumento de las tasas de mortalidad relacionadas con las drogas que miles de millones de dólares en gasto federal en vigilancia policial y control de fronteras no lograron contener.

A principios de 2015, los CDC informaron de menos de 50.000 muertes anuales por sobredosis. Para 2021, esa cifra había superado las 100.000 antes de alcanzar un máximo de 111.451 durante el verano de 2023. Los CDC encontraron enormes disparidades raciales en los datos, ya que el número de muertes registradas entre 2019 y 2020 disminuyó entre las poblaciones blancas con mejor acceso a las intervenciones de salud pública, mientras que se disparó en las comunidades negras e indígenas donde la fuerte vigilancia policial triunfó sobre la atención médica, por ejemplo.

Cada una de las 80.391 muertes por sobredosis registradas en 2024 es una tragedia y un fracaso político, y las sobredosis siguen siendo la principal causa de muerte entre los estadounidenses de 18 a 44 años. Sin embargo, los datos locales agregados por los CDC muestran disminuciones en las tasas de mortalidad por drogas en los 50 estados en comparación con los niveles máximos, y de 2023 a 2024, las muertes vinculadas al fentanilo y otros opioides sintéticos disminuyeron de un estimado de 76,282 a 48,422 a nivel nacional. El número de muertes relacionadas con estimulantes también disminuyó.

 «Si nos fijamos en el gráfico de los CDC, el mes pico en los datos de muertes por sobredosis fue junio de 2023 o julio, por lo que si utilizamos el pico como punto de partida, entonces estamos un 30% por debajo del pico», dijo Nabarun Dasgupta, un científico senior en el Centro de Investigación de Prevención de Lesiones de la Universidad de Carolina del Norte y el laboratorio de datos de opioides, en una entrevista.

Dasgupta, al igual que otros defensores de la salud pública, alberga la esperanza de que por fin se esté superando una grave crisis de salud pública. Pero los profundos recortes a las agencias federales de salud y el gasto en programas como Medicaid bajo el presidente Donald Trump y un Congreso controlado por los republicanos amenazan con frenar el progreso visto en 2024.

Dasgupta y otros expertos no aplauden a los legisladores estadounidenses por gastar miles de millones de dólares cada año luchando contra una «guerra contra las drogas» global y profundamente impopular que dejó a las comunidades de bajos ingresos devastadas por la criminalización masiva, o por arrastrar los pies durante años antes de votar para eliminar las barreras a los medicamentos contra la adicción que salvan vidas, aunque las barreras a los medicamentos todavía existen, incluso dentro de las cárceles y prisiones.

Tampoco atribuyen el mérito a una amplia ofensiva policial contra la prescripción de analgésicos opiáceos que alimentó la crisis de sobredosis al empujar a pacientes desesperados hacia una oferta ilícita de opiáceos cada vez más peligrosa.

 En cambio, los datos federales sugieren que la disminución de las sobredosis mortales está relacionada con los cambios en el suministro de drogas y en la forma en que la gente consume potentes sustancias sintéticas como el fentanilo, junto con el aumento de la financiación y el apoyo a los grupos de primera línea de reducción de daños y a las clínicas de atención sanitaria que prestan servicios vitales allí donde vive la gente.

«En todas y cada una de las comunidades del país hay personas que han respondido a esta enorme tragedia que todos estamos viviendo», afirmó Dasgupta. «Y el trabajo y el esfuerzo que se realiza día tras día, donde las personas de las comunidades se cuidan unas a otras, es lo que está impulsando este declive».

Uno de esos esfuerzos es el Proyecto Mayday, un colectivo de reducción de daños formado exclusivamente por voluntarios y con sede en Charleston (Virginia Occidental), el estado con la tasa de mortalidad por sobredosis más alta del país. A pesar de las restricciones no científicas impuestas a los servicios de reducción de daños por los legisladores conservadores del estado, el grupo distribuye primeros auxilios y otros suministros que ayudan a los consumidores de drogas a tomar el control de su propia salud, incluida la naloxona, el medicamento que puede salvar vidas y revertir una sobredosis de opiáceos potencialmente mortal.

Tasha Withrow, cofundadora de Project Mayday, explicó que el grupo vigila las redes sociales y las alertas de salud pública para detectar picos de sobredosis y suministrar naloxona directamente a las personas. El grupo también ha instalado dispensadores gratuitos de naloxona en las cabinas de los periódicos de dos comunidades de Virginia Occidental, una de las diversas iniciativas de base para la reducción de daños en el estado. Withrow atribuye el reciente descenso de las muertes por sobredosis al aumento de la disponibilidad de naloxona y otras ayudas.

«Hemos puesto más naloxona en manos de los consumidores de drogas. Hay más organizaciones comunitarias que la distribuyen y la llevan a las personas que más la necesitan», dijo Withrow en una entrevista. «Es lo que tenemos que hacer porque no hay nada más. La infraestructura no existe».

La caída del 27 por ciento es notable después de aproximadamente tres décadas de aumento de las muertes por sobredosis, pero Dasgupta dijo que la policía de drogas y los responsables políticos federales no pueden atribuirse el mérito de la disminución señalando las acciones específicas adoptadas en 2024. La nación ha visto una disminución gradual en las muertes desde 2021, cuando las tasas de mortalidad por sobredosis se dispararon a medida que la pandemia de COVID-19 causó grandes trastornos que aislaron a los usuarios de drogas de la atención médica y los apoyos comunitarios.

«No se trata de un descenso repentino. Es algo que ocurrió gradualmente durante tres años estado por estado», dijo Dasgupta.

Tanto el gobierno de Trump como el de Biden gastaron miles de millones de dólares e instalaron equipos de alta tecnología en un intento por incautar drogas fabricadas en México y pasadas de contrabando por la frontera sur, pero los datos federales sugieren que la aplicación de la ley fronteriza tiene poco impacto en el número de muertes por sobredosis. La Patrulla de Aduanas y Fronteras incautó un número similar de «dosis» de fentanilo en la frontera en 2023 y 2024 -aproximadamente 1.000 millones cada año, probablemente un recuento excesivo-, pero la disminución de las muertes por sobredosis fue mucho más drástica en 2024 que en 2023.

De hecho, la investigación muestra que las incautaciones de drogas por parte de las fuerzas del orden pueden en realidad hacer que las drogas sean más peligrosas, al menos en un área local, un fenómeno conocido como la «paradoja de la redada antidroga.» Estudios llevados a cabo recientemente en Indianápolis y San Francisco han detectado un aumento de las sobredosis tras las redadas policiales, que interrumpen el suministro local y obligan a los consumidores a buscar nuevas fuentes o a enfrentarse a un síndrome de abstinencia debilitante. Esto aumenta el riesgo de sobredosis al exponer a las personas a drogas de potencia muy variable.

«Se trata de dos ciudades muy diferentes con respuestas muy distintas en el ámbito de la salud pública, pero el efecto de la interdicción policial es exactamente el mismo en ambas», afirma Dasgupta.

La disminución de las muertes no refleja una política específica. Trump emitió una orden en 2017 declarando la crisis de las sobredosis una emergencia de salud pública que sigue en vigor, pero su primera administración centró los recursos federales en la aplicación de la ley y la represión de los analgésicos, mientras que desestimó las innovaciones que salvan vidas en la reducción de daños, incluidos los sitios de consumo seguro donde las personas pueden acceder a la atención médica básica y usar drogas bajo supervisión médica.

La administración Biden fue aplaudida por dirigir los fondos federales de salud hacia los esfuerzos de reducción de daños de primera línea después de años de presión por parte de los activistas, aunque el presidente Joe Biden se enfrentó a la reacción en forma de una campaña de desinformación de la derecha sin fundamento como resultado.

La comisión creada por la primera administración Trump para abordar la adicción a los opioides no logró frenar la crisis de las sobredosis. El Partido Republicano se dio la vuelta y utilizó esa crisis como forraje para la propaganda antiinmigración. Ahora, Trump 2.0 está utilizando el tema como ariete político. Desde que asumió el cargo por segunda vez, Trump ha declarado múltiples «emergencias nacionales» para justificar una toma de poder federal autoritaria. También ha señalado el contrabando de fentanilo como excusa para intimidar a sus socios comerciales en Canadá y México.

En lugar de la política federal, Dasgupta y sus colegas identificaron tres razones principales del descenso de las muertes tras escarbar en los datos. En primer lugar, los estudios de campo sugieren un descontento general con el suministro de opiáceos sintéticos. «Fentanilo» es una droga específica que se utiliza en las salas de urgencias, pero se ha convertido en un término comodín para designar a los potentes sintéticos que han sustituido a la heroína en muchas comunidades en los últimos 15 años. En algunas zonas, el fentanilo está adulterado con aditivos como el tranquilizante xilacina, que puede causar efectos secundarios desagradables, alejando a la gente de un suministro de drogas vinculado a la mayoría de las muertes por sobredosis.

«La gente tiene miedo. Tienen un suministro de drogas inestable, y no tienen los recursos, y los recursos que están disponibles son muy mínimos porque eso es todo lo que somos legalmente capaces de proporcionar», dijo Withrow, añadiendo que la gente sigue muriendo de sobredosis en Virginia Occidental a pesar de la disminución. «Hay mucho riesgo ahí fuera, pero muchos realmente quieren tomar el control de su propia salud y seguridad».

El consumo de drogas también está disminuyendo entre los jóvenes. El grueso de las muertes por sobredosis se está produciendo entre personas de mediana edad, especialmente hombres, mientras que menos jóvenes se inician en el consumo de opiáceos que en el pasado, según el análisis de Dasgupta.

El tercer factor, y tal vez el más importante, son los cambios en el comportamiento de los consumidores de drogas, con más personas que acceden a los servicios de reducción de daños y adoptan estrategias para mantenerse sanos y vivos. Junto con la ampliación de Medicaid en el marco de la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible, el aumento de la financiación de la administración Biden y los acuerdos legales con los fabricantes de opioides han apoyado una oleada de intervenciones de salud pública a nivel comunitario, como la distribución de naloxona y kits de análisis de drogas.

«Si hacemos que esto se limite a la política gubernamental y la financiación federal, lo que hacemos en realidad es eliminar las voces de todas las demás personas del medio que han estado haciendo el trabajo sobre el terreno», afirmó Dasgupta.

Aun así, el trabajo en primera línea conlleva su propio conjunto de retos que el Congreso podría eliminar fácilmente con una legislación integral de reducción de daños. De vuelta en Virginia Occidental, Withrow y otros voluntarios del Proyecto Mayday prosiguen su labor a pesar de las restricciones legales que ya no existen en otros estados. Las restricciones incluyen una ley estatal draconiana que regula los servicios de intercambio de jeringuillas y que hace ilegal que los voluntarios lleven y distribuyan agujas limpias, necesarias para mantener a la gente sana y evitar la propagación de enfermedades.

«Es duro ver cómo la gente se siente desgraciada por no poder acceder a recursos que sí están disponibles en otros lugares», afirma Withrow. «Si estuvieran en otro estado, simplemente podría entregarles lo que necesito entregarles, y no me meterían en la cárcel»."

(Mike Ludwig , Scheer Post, 16/05/25, traducción DEEPL, enlaces en el original, fuente: Truthout )

22.4.25

La única solución para combatir la droga... Para luchar contra la plaga de los opioides, Canadá permitió el programa 'suministro seguro', a través del que se recetan opiáceos farmacéuticos gratuitos a personas en alto riesgo de sobredosis... los drogadictos podían comprar hasta 14 gramos semanales de estas sustancias, analizadas previamente y ofrecidas a un precio ligeramente inferior al del mercado callejero. Las drogas se entregaban en envases precintados, etiquetados con su contenido exacto y advertencias sobre los efectos del consumo, de manera similar a las cajetillas de tabaco... la mayoría de los participantes redujeron el consumo de drogas, disminuyó el riesgo de sobredosis y mejoraron su salud mental, física y bienestar general La iniciativa de vender sustancias ‘limpias’ compradas en la ‘dark web’ consiguió reducir el consumo y el riesgo de sobredosis... algo parecido a tratamiento del alcohol y del tabaco, drogas legalizadas (Irene Serrano, El País)

 "Todos a los que quiero están muertos”, declaraba la activista canadiense Eris Nyx en una entrevista en junio de 2023 en la web The Tyee. Un mes antes, en Columbia Británica, su lugar de residencia, 198 personas habían fallecido por consumo de drogas, víctimas de un mercado contaminado con fentanilo. La crisis de los opioides alcanzaba su punto más crítico ese año en Canadá. Convencida de que esta emergencia sanitaria es consecuencia de un negocio no regulado y lucrativo, Nyx, junto al también activista Jeremy Kalicum, lideraba desde agosto de 2022 el Frente de Liberación de Usuarios de Drogas (DULF por sus siglas en inglés): un club, conocido como compassion club, que vendía cocaína, metanfetaminas y heroína con composición verificada.

En la última década, las sobredosis han provocado una crisis de salud pública sin precedentes en Canadá y EE UU, debido principalmente a la adulteración de las drogas ilegales con fentanilo, un opioide sintético 50 veces más potente que la heroína, mucho más barato de producir que otros opioides y altamente adictivo. Con más de un millón de fallecidos desde el año 2000, cifra comparable a la de la pandemia de covid. Pero esta crisis afecta sobre todo a jóvenes: en EE UU es la principal causa de muerte entre personas de 18 a 44 años, y en Canadá, las muertes por opioides en 2024 se concentraron en personas de 30 a 39 años. Columbia Británica, una de las regiones más afectadas en Norteamérica, registra una tasa de mortalidad por sobredosis de 45 por cada 100.000 habitantes, con el fentanilo implicado en más del 85% de estas muertes.

La provincia canadiense ha respondido a la crisis con iniciativas como el programa safer supply (suministro más seguro), a través del que se recetan opiáceos farmacéuticos gratuitos a personas en alto riesgo de sobredosis. El compassion club de DULF proponía extender este modelo a contextos no supervisados en Vancouver, epicentro de la crisis. Descrito por The Economist como “revolucionario”, el club estuvo activo durante un año y dos meses en el Downtown Eastside, un barrio caracterizado por la pobreza, la falta de vivienda y los problemas de salud mental y drogodependencia.

Para unirse al compassion club, los interesados debían cumplir requisitos como ser mayores de 19 años, consumir heroína, metanfetaminas o cocaína de origen ilegal, y estar en alto riesgo de sobredosis. Tras ser admitidos, podían comprar hasta 14 gramos semanales de estas sustancias, analizadas previamente y ofrecidas a un precio ligeramente inferior al del mercado callejero. Las drogas se entregaban en envases precintados, etiquetados con su contenido exacto y advertencias sobre los efectos del consumo, de manera similar a las cajetillas de tabaco. “Hacía tiempo que el modelo del compassion club se planteaba en los debates sobre políticas de drogas para abordar la actual crisis”, explica Gillian Kolla, investigadora en salud pública de la Memorial University de Newfoundland. “Nyx y Kalicum se esforzaron mucho para hacerlo con las autorizaciones pertinentes”, afirma. Solicitaron financiación y una exención a la legislación canadiense, pero su petición fue rechazada en marzo de 2022. Aun así, decidieron continuar el proyecto, notificándolo a las autoridades, y comenzaron a adquirir drogas en la dark web, que analizaban en su laboratorio.

 Tras 14 meses en los que vendieron 3.000 gramos de droga a 49 personas, una redada puso fin a la actividad de DULF, y sus fundadores fueron acusados de posesión de drogas con fines de tráfico. Kolla señala que Nyx y Kalicum “decidieron seguir adelante con la intervención como parte de una comunidad que enfrentaba un ritmo alarmante de muertes por sobredosis de fentanilo. Fueron totalmente transparentes, publicando sus protocolos y el modelo del programa en internet. Lo que hicieron no fue una sorpresa para nadie”. Además de abrir DULF a medios de comunicación, colaboraron con investigadores de la University of British Columbia y el British Columbia Centre on Substance Use (un centro de investigación sobre la drogodependencia), convirtiendo el compassion club en un caso de estudio académico, del cual se han publicado cuatro artículos científicos entre 2024 y 2025.

Jeanette Bowles, la investigadora del British Columbia Centre on Substance Use encargada de las entrevistas para el estudio cualitativo sobre DULF, habla de un caso de éxito, de una iniciativa piloto que mejoró la salud de sus participantes: “Mandaba un mensaje muy potente: eres digno de buena salud y de acceso a drogas menos perjudiciales. Lo que descubrí al hablar con los participantes fue que se sentían parte de una comunidad única y encontraban en el club un espacio libre de riesgos donde recibían lo que pedían sin temor a violencia”.

El artículo científico más reciente sobre DULF, de marzo de 2025, destaca que la mayoría de los participantes en su estudio redujeron el consumo de drogas, disminuyó el riesgo de sobredosis y mejoraron su salud mental, física y bienestar general. Estos resultados llevan a Kolla a defender, con mucha precaución, que el modelo es lo suficientemente interesante como para “aprender de él y combinarlo con otras intervenciones necesarias para abordar esta crisis”. Además, hace hincapié en la importancia de tratar paralelamente problemas como la crisis de vivienda y salud mental.

 Sin embargo, la comunidad científica canadiense no es unánime en su postura. Mientras algunos, como Kolla, apoyan enfoques de reducción de daños mediante acceso a sustancias no adulteradas y espacios y prácticas seguras, otros sostienen que la solución a la crisis de los opioides pasa, entre otras medidas, por la rehabilitación de los adictos. Para Julian Somers, psicólogo clínico y profesor de la Simon Fraser University, el hecho de que el compassion club operase durante más de un año es una “catástrofe sanitaria”. Argumenta que “la adicción se caracteriza por la pérdida de control y autonomía”, y permitir acceso a drogas sin intervenciones simultáneas es “como jugar a la ruleta rusa”. Somers considera que se debe “proteger” a los drogadictos de un consumo “malsano e inadecuado”.

En España, una investigación de junio de 2024 del Ministerio de Sanidad descartaba la posibilidad futura de una crisis de salud pública relacionada con el fentanilo. Y aunque no hay ejemplos de iniciativas tan arriesgadas como la de DULF, Diego Fernández Piedra, investigador en psicología social de la salud y las adicciones y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, subraya la importancia del PEPSA, un programa experimental de prescripción de heroína farmacéutica inyectable e inhalada de la Junta de Andalucía. Fernández Piedra considera que “lo que hizo DULF fue crear un modelo donde se prioriza el cuidado frente al castigo, la vida frente a la norma. Es valiente y, al mismo tiempo, muy concreto”. Y añade que es “difícil imaginar algo así en España sin consecuencias legales inmediatas”.

Más allá del debate, la viabilidad y el futuro del modelo del compassion club en Canadá dependerán del juicio contra Nyx y Kalicum, previsto para finales de este año. “Los fundadores de DULF, después de ser muy transparentes acerca de lo que estaban haciendo, enfrentan actualmente cargos penales graves bajo la ley canadiense de drogas —sostiene Kolla—. Esto ha frenado la idea de los compassion clubs por ahora”."

(Irene Serrano , El País, 19/04/25)

3.4.24

La legalización de la marihuana a nivel estatal en Estados Unidos ha sido un éxito sorprendente... el consumo de cannabis entre los adolescentes no ha aumentado paralelamente a la legalización... los estados en los que el cannabis es legal no presentan niveles más elevados de psicosis que los de los estados en los que no es legal... La legalización también está consiguiendo desbaratar el mercado ilícito...La legalización no creó ni normalizó el mercado de la marihuana en Estados Unidos. El mercado ya estaba aquí. Pero bajo una política de prohibición, este mercado floreció en la clandestinidad... el número anual de detenciones relacionadas con la marihuana en Estados Unidos descendió de 750.000 en 2012 a 227.000 en 2022... El cannabis se cultiva, y los productos se fabrican, de acuerdo con las buenas prácticas de fabricación. Los productos se someten a pruebas de laboratorio y se etiquetan como corresponde. Y las ventas están sujetas a impuestos, y los ingresos se reinvierten en la comunidad. Desde 2014, las ventas al por menor de productos de cannabis para adultos han generado más de 15.000 millones de dólares en ingresos fiscales

 "Ha pasado más de una década desde que Colorado y Washington se convirtieron en los dos primeros estados en legalizar la marihuana para adultos. En retrospectiva, cabe preguntarse si esta política ha tenido éxito.

Desde luego que sí. Una política de legalización, regulación y educación es preferible a una política de criminalización, estigmatización y encarcelamiento.

Seamos claros. La legalización no creó ni normalizó el mercado de la marihuana en Estados Unidos. El mercado ya estaba aquí.

Pero bajo una política de prohibición, este mercado floreció en la clandestinidad - y los implicados en él permanecieron en gran medida sin rendir cuentas. No pagaban impuestos, no controlaban los documentos de identidad y no comprobaban la pureza de sus productos. Las disputas que surgían en el mercado ilícito no se dirimían en los tribunales.

En cambio, gracias a la regulación, en muchos estados los productos de cannabis pueden adquirirse en tiendas minoristas a través de fabricantes autorizados.

El cannabis se cultiva, y los productos se fabrican, de acuerdo con las buenas prácticas de fabricación. Los productos se someten a pruebas de laboratorio y se etiquetan como corresponde. Y las ventas están sujetas a impuestos, y los ingresos se reinvierten en la comunidad. Desde 2014, las ventas al por menor de productos de cannabis para adultos han generado más de 15.000 millones de dólares en ingresos fiscales.

Y lo que es más importante, millones de estadounidenses -muchos de ellos adultos jóvenes- ya no son detenidos por poseer una sustancia que es objetivamente más segura que el tabaco o el alcohol.

 Según los datos recopilados por la Oficina Federal de Investigación, el número anual de detenciones relacionadas con la marihuana en Estados Unidos descendió de 750.000 en 2012 a 227.000 en 2022, el último año del que se dispone de datos.

En resumen, estos cambios políticos a nivel estatal han dado lugar a que innumerables estadounidenses se hayan librado de los antecedentes penales -y de las oportunidades perdidas que los acompañan- en la última década.

Y contrariamente a lo que temen los opositores, el consumo de cannabis entre los adolescentes no ha aumentado paralelamente a la legalización.

Según los datos facilitados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, el porcentaje de estudiantes de secundaria que consumen marihuana descendió un 30% en la última década. Los datos de control de cumplimiento de California, Colorado, Nevada y otros estados con marihuana legal muestran que los minoristas de marihuana con licencia no venden productos a clientes menores de edad.

Además, contrariamente a lo que afirman algunos críticos, los estados que han legalizado la marihuana no han experimentado ningún aumento de la psicosis ni de las enfermedades mentales.

Según los resultados publicados el año pasado en el Journal of the American Medical Association, las tasas de solicitudes de asistencia sanitaria relacionadas con la psicosis no son más elevadas en las jurisdicciones donde el cannabis es legal que en las que no lo es. Investigadores de la Universidad de Stanford también informaron el año pasado de que los residentes de los estados en los que el cannabis es legal no presentan niveles más elevados de psicosis que los de los estados en los que no es legal.

 La legalización también está consiguiendo desbaratar el mercado ilícito. Según una encuesta de 2023, el 52% de los consumidores que residen en estados legales afirmaron que adquirían sus productos de cannabis principalmente en establecimientos físicos. Por el contrario, sólo el 6 por ciento de los encuestados dijeron que compraban principalmente cannabis a un "distribuidor".

Muchos consumidores de estados no legales también declararon que viajaban con frecuencia a estados legales vecinos para adquirir productos de cannabis en lugar de comprar a distribuidores ilícitos en su propio estado.

Doce años después del inicio del experimento de legalización de la marihuana en los estados, el apoyo público a la legalización de la marihuana en todo el país nunca ha sido tan elevado. Hasta la fecha, 24 estados han legalizado el mercado de consumo para adultos.

Ninguno de estos estados ha derogado sus leyes de legalización. Eso se debe a que estas políticas están funcionando en gran medida como los votantes y los políticos pretendían - y porque son preferibles a la criminalización del cannabis.

Después de un siglo de políticas fracasadas y de "canna-bigotry", el veredicto está dado. La legalización es un éxito, y el fin de la prohibición del cannabis no puede llegar lo suficientemente pronto."                 

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21.9.23

Existe una convicción creciente en la opinión pública internacional de que la estrategia de guerra contra las drogas impulsada por Estados Unidos y sus aliados en todo el mundo durante más de medio siglo fue un rotundo fracaso... Los países productores de materia prima para la elaboración de drogas ilegales, como es el caso de la coca en Colombia y de la amapola en Afganistán, han sido los más castigados por la intervención exterior y la violencia extrema de las mafias del narcotráfico consolidadas con la política represiva. Dichas organizaciones criminales se han adueñado de los principales resortes de poder de los respectivos Estados... ante esta situación, el Gobierno de Colombia ha tomado la iniciativa mundial en proponer un cambio de paradigma en el tratamiento del comercio mundial de drogas psicoactivas... el presidente Gustavo Petro esbozó los fundamentos de la política de drogas de Colombia durante su presidencia, enmarcada en un proyecto estratégico de lucha contra el cambio climático como prioridad absoluta. Abandonar la inútil y perjudicial guerra contra las drogas para centrar los esfuerzos en combatir el uso de combustibles fósiles fue la principal idea-fuerza de su alocución... Petro formuló este enorme desafío: “¿Qué es más venenoso para la humanidad, la cocaína, el carbón o el petróleo? El dictamen del poder ha ordenado que la cocaína es el veneno y debe ser perseguida... Estas son las cosas del poder mundial, cosas de la injusticia, cosas de la irracionalidad, porque el poder mundial se ha vuelto irracional... El Grupo de Puebla constata que el narcotráfico se ha convertido en un problema transnacional y global, Por eso proponemos una alianza latinoamericana para encontrar una solución basada en la desregulación de la prohibición de las drogas, y de dar un tratamiento social y sanitario, y no exclusivamente penal, a la adicción y el consumo

 “Les propongo como presidente de uno de los países más hermosos de la tierra, y de los más ensangrentados y violentados, acabar la guerra contra las drogas y permitir que nuestro pueblo viva en paz”

Gustavo Petro, primer discurso ante la ONU

 Existe una convicción creciente en la opinión pública internacional de que la estrategia de guerra contra las drogas impulsada por Estados Unidos y sus aliados en todo el mundo durante más de medio siglo fue un rotundo fracaso. Esa estrategia antinarcóticos militarizada naufragó en su propósito de reducir la producción de sustancias psicoactivas ilegales, que no dejó de crecer año tras año. Tampoco fue efectiva en la contención del consumo y menos aún en reducir los problemas de salud pública de los usuarios. 

Los países productores de materia prima para la elaboración de drogas ilegales, como es el caso de la coca en Colombia y de la amapola en Afganistán, han sido los más castigados por la intervención exterior y la violencia extrema de las mafias del narcotráfico consolidadas con la política represiva. Dichas organizaciones criminales se han adueñado de los principales resortes de poder de los respectivos Estados, aliándose con dirigentes políticos, fiscales, policías, jueces, militares y terratenientes para aumentar su influencia y conservar la impunidad.

El fracaso de la guerra contra las drogas

El Gobierno de Colombia ha tomado la iniciativa mundial en proponer un cambio de paradigma en el tratamiento del comercio mundial de drogas psicoactivas. En su primera intervención ante la Asamblea General de la ONU, en septiembre de 2022, el presidente Gustavo Petro esbozó los fundamentos de la política de drogas de Colombia durante su presidencia. Una política nacional de drogas completamente opuesta a la de sus antecesores, enmarcada en un proyecto estratégico de lucha contra el cambio climático como prioridad absoluta. Abandonar la inútil y perjudicial guerra contra las drogas para centrar los esfuerzos en combatir el uso de combustibles fósiles fue la principal idea-fuerza de su alocución.

Consciente de que ambos cambios de rumbo deben articularse en un contexto de cooperación internacional, Petro formuló este enorme desafío: “¿Qué es más venenoso para la humanidad, la cocaína, el carbón o el petróleo? El dictamen del poder ha ordenado que la cocaína es el veneno y debe ser perseguida, así ella solo cause mínimas muertes por sobredosis, y más por las mezclas que provoca su clandestinidad dictaminada, pero en cambio el carbón y el petróleo deben ser protegidos, así su uso pueda extinguir a toda la humanidad. Estas son las cosas del poder mundial, cosas de la injusticia, cosas de la irracionalidad, porque el poder mundial se ha vuelto irracional”.

La necesidad de una nueva política internacional de drogas estuvo presente en el encuentro que mantuvieron Gustavo Petro y el presidente mexicano, Manuel López Obrador, en noviembre de 2022 en México. Ambos mandatarios convocaron a una gran conferencia de dirigentes de la región con el fin de “rediseñar y replantear la política de drogas”, según se indicó entonces en un comunicado conjunto de las dos cancillerías.

Manuel López Obrador declaró unos días más tarde: “El presidente Gustavo Petro tiene una propuesta, la esbozó, dio a conocer los lineamientos generales. La idea es atender más lo preventivo, el que se pueda evitar que la gente, sobre todo los jóvenes, por necesidad, se dediquen a estas actividades ilícitas”. Y aseguró que su Gobierno coincide con esos lineamientos. Ambos presidentes promueven desde entonces conjuntamente un cambio de paradigma en la lucha antidrogas que apunte a las causas estructurales del consumo, poniendo énfasis en la cuestión de la demanda que genera la persistencia de la oferta. 

En apoyo de la política de drogas del Gobierno de Colombia se manifestaron también los países con políticas progresistas integrados en el Grupo de Puebla, durante la reunión que mantuvieron en noviembre de 2022 en Santa Marta. El comunicado final del VIII Encuentro de mandatarios y expresidentes de estos países sitúa los nuevos términos del debate: “El Grupo de Puebla constata que el narcotráfico se ha convertido en un problema transnacional y global. Los principales países consumidores deben asumir su responsabilidad en buscar una salida distinta al problema. Por eso proponemos una alianza latinoamericana para encontrar una solución basada en la desregulación de la prohibición de las drogas, y de dar un tratamiento social y sanitario, y no exclusivamente penal, a la adicción y el consumo”.

Conferencia Latinoamericana sobre Drogas

A fin de intercambiar ideas y buscar soluciones continentales a la situación actual, impuesta por las políticas de los países consumidores, los gobiernos de Colombia y México convocaron a una Conferencia Latinoamericana y del Caribe sobre Drogas, celebrada en Cali entre el 7 y el 9 de septiembre de 2023. A la reunión asistió Manuel López Obrador e intervinieron una veintena de delegaciones de países latinoamericanos y caribeños. En palabras de la ministra colombiana de Ambiente, Susana Muhamad, con esta iniciativa se busca “construir un consenso latinoamericano” para abordar desde otro enfoque la problemática de las drogas. Esta primera reunión de expertos de diferentes países sería la antesala de una futura cumbre de presidentes de la región.

En su intervención de cierre de la Conferencia, el presidente de Colombia expuso los principales lineamientos de su política de drogas, formulada en un documento de 80 páginas titulado Sembrando vida desterramos el narcotráfico. Petro ahondó en sus críticas al fracaso de la guerra contra las drogas declarada por Estados Unidos y situó a los países latinoamericanos como las principales víctimas de esas políticas perjudiciales y contraproducentes.

Tras recordar que Colombia tiene “una experiencia de 50 años, sanguinaria y feroz”, de fracasada guerra contra las drogas, Gustavo Petro definió el motivo fundamental de la convocatoria: “Quizás el hecho de ser los citantes de esta reunión Colombia y México, tiene un valor en el planeta Tierra, en la Humanidad. Porque nosotros somos las mayores víctimas de esta política”, dijo, a pesar de haber sido señalados 50 años como victimarios. Argumentó que la fallida estrategia de guerra acabó por extenderse a todo el continente, convirtiéndose en un problema americano, “de todas las Américas”: “Nuestro silencio en estos 50 años ha sido cómplice con un genocidio en nuestros países, porque eso es lo que ha provocado la política oficial de guerra contra las drogas en nuestra América Latina, un genocidio”.

El propósito de la Conferencia es que “América Latina hable por sí misma, y no repita los discursos oficiales del poder mundial en este tema específico”, que tiene unas consecuencias dramáticas para los países latinoamericanos: “La guerra contra las drogas ha hecho víctimas a todas las sociedades latinoamericanas de sus consecuencias.”

Uno de los principales resultados del encuentro fue la firma de un documento por parte de las delegaciones de los 19 países latinoamericanos participantes en la Conferencia, comprometiéndose a abordar el problema internacional de las drogas con un nuevo enfoque que permita crear espacios de diálogo para legitimar y revalorizar internacionalmente a las plantas de uso ancestral como la coca. Uno de los puntos más controvertidos de la Conferencia, no reflejado en el documento final, fue la propuesta de sacar a la hoja de coca de la lista amarilla de estupefacientes, en la que figura desde la Convención sobre Estupefacientes celebrada en Viena en 1961. El debate seguirá abierto mediante la conformación de un Grupo de Seguimiento que aportará sus conclusiones a organismos internacionales, como la Comisión de Estupefacientes de la ONU, que se reúne en marzo de 2024, con el fin de propiciar una cumbre de jefes de Estado en 2025 también en el marco de Naciones Unidas.

Los debates sobre la regulación de las drogas en Colombia

Varias instituciones colombianas y organizaciones internacionales se han abocado desde hace mucho tiempo a la tarea de investigar cómo sería una posible regulación del cultivo y comercio de las principales drogas consideradas ‘ilícitas’ que se producen en Colombia. Por ejemplo, seis instituciones académicas y de la sociedad civil (CESED, ATS, Elementa DDHH, Dejusticia, Viso Mutop y FIP) han elaborado conjuntamente un Memorando al Gobierno Nacional sobre la nueva política de drogas, presentado en septiembre de 2022, con una serie de recomendaciones para “reformar” esa política. Dicha reforma es “un paso necesario para alcanzar la paz en Colombia” ya que “el prohibicionismo ha sido un factor de persistencia del conflicto armado”. El Memorando sugiere una estrategia a seguir en el corto y mediano plazo sobre la regulación del cannabis, las plantaciones de coca y la producción y el consumo de cocaína. 

La regulación del cannabis recreativo

El proyecto de ley para regularizar el cannabis de uso adulto fue radicado en el Congreso por el senador liberal Juan Carlos Losada y contó con el firme respaldo del Pacto Histórico y de otros sectores políticos. No es el primer proyecto presentado en este sentido, ya que se tramitaron otros similares en 2019, 2020 y 2021, que sin embargo no consiguieron llegar al debate en sesión plenaria. 

El mayor obstáculo de un proyecto semejante es que que supone cambiar el artículo 49 de la Constitución sobre el Derecho a la Salud, que fue modificado en 2009, durante el Gobierno de Uribe, a fin de incluir la prohibición del porte y consumo de sustancias psicoactivas, un precepto que antes no existía en la norma constitucional. Con ese añadido quedó reforzado el prohibicionismo como el principal rasgo de la política nacional de drogas.

La propuesta de ley de regulación del cannabis de uso adulto fue aprobada en octubre de 2022 por la Cámara de Representantes, con 105 votos a favor y 33 votos en contra, incluyendo la necesaria modificación del artículo 49 de la Constitución, y todo parecía indicar que también se aprobaría en el Senado, donde fue necesario realizar nueve debates antes de someter a votación el proyecto de ley. Se votó el 20 de junio de 2023, el último día de la legislatura, y la oposición consiguió impedir que esa ley prosperase. En efecto, la propuesta de regulación del cannabis para uso recreativo obtuvo 47 votos favorables y 43 en contra, pero no hubo suficiente quorum y la ley naufragó por falta de mayoría calificada. Se requerían como mínimo 54 votos a favor para aprobar la iniciativa. Votaron afirmativamente los senadores del Pacto Histórico, los Comunes, la casi totalidad de Verde Centro Esperanza, y varios representantes del Partido Liberal y algunos de la U. Con todos los votos en contra del Centro Democrático, el Partido Conservador y el Partido Radical.

Dado este resultado, el mejor alcanzado hasta la fecha pero aún insuficiente, el gobierno del Pacto Histórico deberá sopesar la correlación de fuerzas con los demás grupos políticos antes de volver a presentar un proyecto similar en la nueva legislatura.

Regular la coca y sus derivados

El inicio del boom económico de la cocaína en Colombia comenzó años después del de la marihuana, a finales de la década de 1970, con la expansión de la demanda de esta droga en el mercado estadounidense. La hoja de coca empleada como materia prima de la cocaína ya se cultivaba desde la década de 1960, pero su articulación en forma de economías regionales y su exportación a gran escala fue posterior. 

Las estrategias de erradicación forzada de las plantaciones de coca no consiguieron reducir la superficie sembrada sino todo lo contrario. Los cultivos de hoja de coca aumentaron desde unas 140.000 Ha al comienzo del Plan Colombia, en el año 2000, hasta 204.000 Ha en 2021 y 230.000 Ha en 2022, según los más recientes datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), publicados en informes de marzo y septiembre de 2023, en los que se asegura que la producción mundial de cocaína se ha disparado en los últimos años. Esta evolución de los cultivos ilegales, a pesar de haberse aplicado todas la técnicas represivas auspiciadas por Estados Unidos —con el enorme daño que han causado a la población—, demuestra la inutilidad de una estrategia militarizada de erradicación, que arrasa los territorios con glifosato u otros productos nocivos para los habitantes y el medio ambiente.

En realidad, atendiendo a estos datos, el consumo de cocaína sigue en aumento y no fue sustituido por el de ninguna otra droga. Las incautaciones practicadas en 2021 alcanzaron la cifra récord de casi 2.000 toneladas. Los datos de incautaciones indican que el tráfico se está expandiendo hacia África, Asia y Australia, más allá de los tradicionales grandes mercados en Norteamérica y Europa. El consumo de cocaína habría crecido en más del 10 % en dos años, desde 20 millones de personas en 2019 hasta más de 22 millones en 2021.

No hay una correlación directa entre el aumento del consumo de fentanilo en Estados Unidos y la caída de la demanda de la pasta básica de coca. El perfil social del consumidor habitual de fentanilo y de otras metanfetaminas no se corresponde con el del consumidor de cocaína, y es muy extraña la combinación de ambas drogas. En cambio, el fentanilo sí suele emplearse con otras drogas como la heroína, aumentando así su letalidad. En este sentido convendría establecer un diagnóstico realista para la construcción de la nueva política de drogas: con las estadísticas a la vista, la tendencia del mercado consumidor no apunta a sustituir la cocaína por el fentanilo, ya que ambas drogas están presentes simultáneamente e incrementan su penetración en distintos segmentos de la sociedad. 

El mercado internacional no redujo su interés por la cocaína, aunque podría afirmarse que sí lo hizo (¿temporalmente?) por la cocaína colombiana, o al menos por la pasta básica que se produce en algunas regiones del país (por ejemplo el Putumayo). La caída del precio de la hoja de coca y de la pasta básica para los cultivadores colombianos podría entenderse como el resultado de un desplazamiento de las compras de suministros hacia otros mercados, que permitan a las organizaciones narcotraficantes abastecerse sin los controles cada vez más estrictos que establece la nueva política de drogas del gobierno colombiano.

Este desplazamiento del mercado hacia otros proveedores, como Perú y posiblemente Bolivia, explicaría la caída de la demanda y de los precios de la hoja de coca y de la pasta básica colombianas. El investigador Ricardo Vargas da cuenta en un completo informe que “el cálculo de Estados Unidos sobre el potencial productivo de cocaína (por Ha cultivada) para Perú y Bolivia es el doble del que estima para Colombia”. Indica también que las hectáreas cultivadas en Perú pasaron de 48.000 Ha en 2017 a 84.400 Ha en 2021, un incremento en una escala muy superior al de Colombia. 

Un primer proyecto de regulación de la hoja de coca y sus derivados se presentó ante una Comisión del Senado colombiano en abril de 2021. Auspiciado por los senadores Feliciano Valencia e Iván Marulanda, obtuvo 12 votos a favor y ninguno en contra. Esta propuesta de ley no prosperó después en un debate general. Su finalidad era “regular toda la cadena de valor de la hoja de coca, desde su producción hasta su procesamiento y distribución en el mercado”. El Estado se encargaría de comprar toda la cosecha de hoja de coca que producen los campesinos cultivadores para suministrarla a “líneas de producción básicamente ancestrales, artesanales, de las comunidades indígenas y campesinas: alimentos, cosméticos, productos medicinales”, según afirmó Iván Marulanda en la presentación del proyecto de ley, en agosto de 2020. Por otro lado, el Estado se ocuparía de producir y distribuir la cocaína necesaria para atender el mercado interno, que se calcula en unos 260.000 consumidores. “El Estado va a entregarle a esos consumidores una droga de primera calidad a través de la red sanitaria del país”, después de una entrevista con un facultativo del sistema de salud. Según este proyecto se legalizarían todos los cultivos que estuvieran certificados en los registros de Naciones Unidas y los demás se declararían ilegales. 

La propuesta contó con notables apoyos internacionales. Por ejemplo, la ONG Transform Drug Policy Foundation, influyente en algunos sectores del Parlamento británico, sugirió que el Estado debería centralizar todos los procesos en una eventual regulación: “El Estado debería comprarles a los campesinos la materia prima, brindar licencias a laboratorios para su procesamiento y tendría el monopolio de la distribución en puntos de venta estilo farmacia, teniendo en cuenta que la cocaína genera más riesgos que, por ejemplo, la marihuana y su venta debe contemplar factores como la edad y la historia médica”, declaró Mary Ryder, investigadora de esa ONG.

El aspecto que se considera clave de este cambio de política es la dignificación del campesino que vive del cultivo de la coca, superando el estigma que implica la estrategia de erradicación forzada con la complementación de una estrategia de valorización de su producto. El relato habitual de los campesinos es que mientras la cosecha de yuca y otros alimentos apenas les garantiza la supervivencia, la producción de hoja de coca les ha permitido una vida digna, con acceso a la educación y la salud para sus hijos. 

Este problema se relaciona directamente con el incumplimiento, durante el Gobierno de Iván Duque, del Punto 4 del Acuerdo de Paz, que estableció compensar a los campesinos que emprendieran la erradicación voluntaria de las plantas de coca con otros proyectos productivos. El Programa Nacional Integral de Sustitución de cultivos de uso ilícito (PNIS) atrajo durante los gobiernos anteriores la incorporación de 99.000 familias, pero cinco años después solo el 8,6 % de estas familias que erradicaron sus cultivos de coca contaban con un proyecto productivo. Un problema agravado por la escasa titulización de las tierras que trabajan los cultivadores de coca. Se calcula que hasta un 75 % de los cultivos de coca se realizan en tierras fiscales o de titularidad no registrada.

La nueva política de drogas 2023-2033

La política de drogas 2023-2033 se fundamenta en el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026, que la considera un componente esencial para alcanzar sus objetivos: “Resulta indispensable diseñar una nueva política de drogas, basada en el cuidado de la vida, con enfoque territorial y ambiental, y construida a partir de espacios plurales de diálogo con actores estratégicos, autoridades y étnicas, sustentada en un cambio cultural para dejar atrás el prohibicionismo.” 

Esta nueva política es un enorme desafío, articulado a su vez con la necesidad de alcanzar la Paz Total en los territorios. Al frente de este plan de largo aliento se ha situado a Gloria Miranda, la directora de Política de Drogas, quien se ocupó durante los meses de recabar propuestas y sugerencias entre las comunidades directamente afectadas por los cultivos considerados ilícitos. Tras mantener reuniones con campesinos y comunidades étnicas en el marco de una Comisión Mixta con presencia del Gobierno, se suscribió una declaración conjunta de apoyo desde los territorios al nuevo enfoque de la política nacional de drogas. “La apuesta es corregir esa ausencia histórica del Estado en los territorios”, resalta Gloria Miranda, y justifica el plazo de diez años porque “en cuatro años es imposible cambiar más de medio siglo de unas políticas que no han dado los resultados esperados”.

Durante los meses de abril y mayo de 2023 se inició un diálogo continuo con las comunidades más implicadas en esta problemática, cuyas conclusiones se conocieron en una sesión de Rendición de Cuentas de la Construcción de la Política de Drogas realizada a finales de agosto en el Putumayo. Las consultas a los campesinos se efectuaron en 27 espacios de participación de la sociedad civil, repartidos en 17 departamentos, los que reúnen mayores cultivos ilícitos. Participaron unos 130 delegados en cada uno de esos encuentros: organizaciones sociales de campesinos, cultivadores, indígenas, afrodescendientes, mujeres y jóvenes. En total participaron más de 2.700 personas. 

La nueva política de drogas que ha definido el gobierno Petro se articula mediante la combinación de dos pilares básicos: oxígeno y asfixia. ‘Oxígeno’ para las comunidades campesinas y étnicas para poder diversificar sus cultivos y optar por la sustitución voluntaria con apoyo del gobierno. Y ‘asfixia’ para los narcotraficantes, aumentando el volumen de incautaciones, pero también adoptando una serie de medidas destinadas a impedir la producción de cocaína o heroína a gran escala. Una de las medidas más importantes, junto con la destrucción de laboratorios, es el control que se ejercerá sobre la infraestructura, con un sistema de registro de las empresas metalúrgicas que provean equipos para la producción de estas sustancias. Así mismo, se establecerá un control estratégico de la producción de insumos y precursores químicos utilizados para la producción de drogas, y se profundizará la persecución de las finanzas ilegales y el lavado de activos.

En contrapartida, el pilar ‘oxígeno’ consiste en “apoyar el tránsito integral hacia economías lícitas y la reducción de vulnerabilidades de los territorios y poblaciones (rurales y urbanas) que dependen y han sido afectadas por el mercado ilegal de las drogas”. Ello implica también “transformar las condiciones económicas, sociales y culturales de los territorios afectados.”

El plan estima el impacto social que tendrán estas medidas: “Esta política posibilitará que aproximadamente 50.000 familias, de las casi 115.000 que actualmente dependen de la coca de manera ilegal como su medio de sustento, puedan transitar hacia actividades económicas legales”. Ello se conseguiría cumpliendo con el objetivo de una “reducción de 90.000 hectáreas de coca de uso ilícito para el 2026”, de las cuales 69.000 se erradicarán voluntariamente, en el marco de procesos de desarrollo rural, “y 23.000 hectáreas con cultivos de alto rendimiento industrial se eliminarán forzosamente”. 

El plan Sembrando vida, desterramos el narcotráfico “reconoce que el mercado de drogas es un problema transnacional”, y plantea que “todos los países deben abordar conjuntamente este flagelo, evitando que los costos recaigan principalmente en los productores y países de tránsito”, según un principio de responsabilidad compartida. 

Este nuevo enfoque del tema de las drogas se abre camino en el mundo, impulsado ahora bajo el liderazgo del gobierno de Colombia. Los esfuerzos de Gustavo Petro por situar el cambio de la política de drogas como prioridad estratégica de su política exterior han recibido importantes apoyos internacionales. Por ejemplo, ha contado con el decidido apoyo de la Comisión Global sobre Política de Drogas, una institución a la que pertenecen, entre otros, los ex presidentes colombianos César Gaviria y Juan Manuel Santos, así como el ex presidente mexicano Ernesto Zedillo y el ex presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso. La amplitud de estos apoyos, que proceden de ex mandatarios cuyos gobiernos aplicaron políticas económicas neoliberales o en las antípodas de las reformas de Petro, muestra que la urgencia del cambio propuesto trasciende las fronteras del progresismo social e interesa a un sector creciente del arco político. Al objetivo de alcanzar la paz social estrangulando los recursos del paramilitarismo, dejándolo fuera del negocio de la droga a través de su regulación, se suma la exigencia de respeto a las libertades individuales y al derecho al consumidor, conformándose así un amplio frente contra el enfoque represivo en el que participan los partidos progresistas, ecologistas y las distintas ramas del liberalismo."           (Eduardo Giordano  , El Salto, 20/09/23)

31.8.22

El cannabis legal se abre paso... España se encamina a entrar en el club de los más de 30 países del mundo que han regulado el uso del cannabis, fundamentalmente con fines medicinales, entre ellos la mayoría de la UE... Alemania ha anunciado que aprobará la legalización integral de la marihuana que ahora restringe al ámbito medicinal. El gigante económico europeo podría convertirse en un tractor que tiraría del resto de la UE hacia posiciones más aperturistas

 "(...) El acuerdo de la Comisión de Estupefacientes de la ONU, aconsejada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de suavizar la fiscalización internacional de la marihuana para permitir su utilización científica y terapéutica es lo que más ha pesado para que España se haya decidido finalmente a dar el paso. 

 Como en tantos otros campos, la política ha ido aquí también por detrás de la sociedad. La opinión pública española ya venía mostrando desde hace unos años un cambio de tendencia cada vez más favorable a la legalización del cannabis. El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en el que se preguntó por este asunto, el de abril de 2021, reflejó que un 49,7% de las personas encuestadas apoyaba la regulación integral de la marihuana, un punto y medio más que en 2018. El porcentaje aumentaba hasta un aplastante 90,1% en el caso de los partidarios de legalizar solo su uso medicinal, que suponía, a su vez, un incremento de siete puntos con respecto al sondeo de tres años antes.

Hay opinión pública a favor y también muchos usuarios y usuarias, puesto que el cannabis es la tercera sustancia más consumida en España, por detrás del tabaco y el alcohol, según la última Encuesta EDADES del Plan Nacional sobre Drogas, publicada en 2020: un 10,5% de la población de 15 a 64 años, es decir, más de tres millones de personas, dice haber consumido marihuana en el último año; y un 8% –más de 2,5 millones–, en el último mes, o sea, de forma más habitual.

Y, además, hay negocio, no el negro de los traficantes, sino el de la industria legal que florece con el cultivo de esta planta y sus diferentes usos. Un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona estimó en 2018 que el Estado podría ingresar 3.312 millones de euros al año en pago de impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social con la regulación de cerca de 102.000 empleos para producir los 820.000 kilos necesarios para abastecer una demanda legal de cannabis. Y la Confederación de Asociaciones Cannábicas (Confac) calculó que el reconocimiento legal de las más de 1.500 entidades que fomentan en España un consumo responsable y compartido permitiría generar el pago de 220 millones en impuestos y otras tasas regulando 7.500 empleos.

 Prueba de que el negocio va hacia arriba es que la Agencia Española de Medicamentos del Ministerio de Sanidad ha multiplicado este año por diez las previsiones de necesidades de cannabis medicinal lícito en España, que ha comunicado a la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE). Son seis toneladas que abarcan la producción de los dos únicos medicamentos hechos con compuestos cannábicos autorizados aquí (Sativex y Epidiolex) y los cultivos de las 22 entidades públicas y privadas que disponen de licencia para plantar marihuana con fines medicinales, cuya producción, parodójicamente, tiene que ser exportada al completo a otros países porque su uso todavía no está autorizado en España.

El destino de esa producción, sin embargo, está a punto de cambiar tras la subcomisión que durante tres meses ha estudiado la regulación del uso medicinal del cannabis en el Congreso y que dio su visto bueno el pasado mes de junio. Las comparecencias de científicos, organizaciones médicas y farmacéuticas, responsables de programas regulatorios de siete países de la UE y asociaciones de pacientes y usuarios han determinado la decisión de los grupos parlamentarios sobre la utilización terapéutica de la marihuana en España. En el ámbito internacional, ese uso se cimenta en un estudio de la Academia de Ciencias de EEUU, que ya en 2017 dictaminó la existencia de “evidencias concluyentes” para afirmar que los cannabinoides (componentes del cannabis) son efectivos, al menos, en el tratamiento del dolor crónico, como antieméticos para paliar los efectos de la quimioterapia y para mejorar los síntomas de espasticidad muscular de la esclerosis múltiple.

En España, a falta de datos oficiales sobre un uso aún ilegal, las organizaciones de pacientes estiman que hay entre 300.000 y medio millón de personas que utilizan el cannabis con fines medicinales para tratarse o aliviar dolencias como las referidas, y otras muchas, como la artritis, algunas epilepsias o la fibromialgia. Son miles de pacientes que ahora deben recurrir al cultivo de plantas en sus casas, a las asociaciones de cannabis que hacen un cultivo compartido para abastecer a sus socios o, en el peor de los casos, al mercado negro para conseguir su medicina, con lo que se arriesgan a ser multados con la Ley de Seguridad Ciudadana o la conocida Ley Mordaza, que sanciona con un mínimo de 600 euros la tenencia de drogas en un lugar público.

 La regulación del uso medicinal solo soluciona, sin embargo, una parte del problema. Queda por resolver el uso recreativo que hacen de la marihuana la mayoría de sus al menos tres millones de consumidores en España, según la encuesta EDADES. El grupo de Unidas Podemos ha presentado un proyecto de ley en el Congreso para regular ese consumo, algo que también ha hecho el de ERC, pero la posición contraria que ya mostró el PSOE al desestimar el año pasado una propuesta similar de Más País, sumada al rechazo que muestran PP y Vox a casi cualquier avance en este terreno, hacen aventurar un fracaso de ambas iniciativas.

Actualmente, en el mundo hay cuatro países que han regulado el uso recreativo del cannabis: Canadá, Uruguay, varios Estados de EEUU y, recientemente, Malta, cuyo parlamento aprobó en diciembre una ley en ese sentido. Pero en breve podría haber otro, y mucho más importante, Alemania, ya que su nuevo gobierno de coalición de socialistas, verdes y liberales ha anunciado que aprobará la legalización integral de la marihuana que ahora restringe al ámbito medicinal. El gigante económico europeo podría convertirse, en ese caso, en un tractor que tiraría del resto de la UE hacia posiciones más aperturistas, sobre todo de países con gobiernos progresistas, como es el caso ahora de España."                    (Santi F. Reviejo, La Marea, 30/08/22)

9.6.22

Más de 200.000 personas se podrán beneficiar de la legalización del cannabis medicinal en España... existe evidencia “rigurosa” para cinco indicaciones: inhibición de náuseas y vómitos en pacientes de cáncer; aumento de apetito y atenuación de pérdida de peso, sobre todo para enfermos de cáncer y sida; inhibición de dolor, especialmente crónico, ya sea neuropático, de tipo oncológico, migrañas o posoperatorios; inhibición de rigidez muscular, lo que puede tener utilidad en esclerosis, y acción inhibidora de convulsiones en epilepsias refractarias a otros tratamientos... Tanto para la esclerosis como para la epilepsia ya hay dos medicamentos derivados del cannabis en el mercado español... el público diana más numeroso serán los pacientes que sufren dolor crónico, que se calcula que afecta a ocho millones de personas. De ellas, casi 1,5 millones no tienen un tratamiento que les alivie, lo que les convertiría en potenciales beneficiarios

 "El cannabis medicinal está a un paso de aprobarse en España. Lo que no queda aún del todo claro es qué magnitud tendrá y en qué condiciones se podrán beneficiar los pacientes para los que esta sustancia puede estar indicada.

 Por la experiencia de otros países con larga tradición en su uso terapéutico, como Israel o Canadá, se calcula que en España podrían beneficiarse de su regulación más de 200.000 personas; sobre todo, para paliar dolores crónicos, el uso mayoritario, pero no legalizado todavía.

El Congreso de los Diputados está ultimando un informe para pedir al Ministerio de Sanidad que autorice la comercialización de derivados de la planta; y el Gobierno se comprometió a seguir sus recomendaciones. España se sumaría así a una cuarentena de países (diez en la Unión Europea) donde esto ya sucede. EL PAÍS ha hablado con algunos de los mayores expertos en la materia, consumidores y sociedades médicas sobre los pros y contras de esta nueva regulación.

Está muy equivocado quien piense que la comercialización del cannabis con fines terapéuticos se traducirá en que el médico puede firmar una receta que permita a alguien comprar marihuana para fumarse un porro. También quien imagine que podrá recurrir a esta sustancia para cualquier dolor. Su uso quedará muy tasado, incluso excesivamente, en opinión de los defensores de su utilización médica.

El borrador del informe solo contempla que se dispense en farmacia hospitalaria, ya sea con fórmulas magistrales o, preferentemente, medicamentos industriales que ya existen, pero que no están aprobados en España. De ahí, parece descartada la autorización a la inhalación de la flor, aunque es algo que no queda del todo claro. Es un método que vaporiza la sustancia a una temperatura menor que la combustión (lo que sería fumar, que está completamente descartado) y puede proporcionar un alivio casi inmediato del dolor, lo que se conoce como una dosis de rescate.

¿A quién puede ayudar el cannabis medicinal? Manuel Guzmán, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid, y una de las voces autorizadas en la materia en España, aclara que no es un producto milagroso. “Es un medicamento con sus ventajas, que puede mejorar la calidad de vida para personas a las que no les funcionan otros, pero también con sus posibles efectos secundarios”, matiza.

Los estudios con cannabis tienen ciertas limitaciones, por no ser una sustancia legal y porque, al no ser patentable, las farmacéuticas no suelen estar interesadas en hacer grandes ensayos clínicos. Hasta ahora, existe evidencia “rigurosa”, en palabras de Guzmán, para cinco indicaciones: inhibición de náuseas y vómitos en pacientes de cáncer; aumento de apetito y atenuación de pérdida de peso, sobre todo para enfermos de cáncer y sida; inhibición de dolor, especialmente crónico, ya sea neuropático, de tipo oncológico, migrañas o posoperatorios; inhibición de rigidez muscular, lo que puede tener utilidad en esclerosis, y acción inhibidora de convulsiones en epilepsias refractarias a otros tratamientos.

La nueva norma no permitiría que estos pacientes acudieran al cannabis como primera opción. Guzmán cree que a priori pueden ser un tratamiento de segunda línea, una vez que han fallado los más convencionales. La Sociedad Española del Dolor (SED) lo contempla para una tercera, al mismo nivel de los opioides, a los que se recurre cuando han fallado analgésicos menos potentes o incluso antidepresivos, en algunas dolencias.

El borrador del informe, además, restringe a tres los supuestos de uso: “Las indicaciones para las que parecen existir indicios más sólidos de utilidad del uso del cannabis o sus productos son limitadas. En el momento actual parecen concentrarse en la espasticidad en pacientes con esclerosis múltiple, algunas formas de epilepsia, y el dolor crónico no oncológico (incluido el dolor neuropático)”. Esto dejaría fuera a los pacientes con cáncer, tanto para tratar el dolor como para mejorar el apetito, un error, al parecer de Guzmán, quien considera que podrían ser uno de los grandes grupos beneficiados y que sí pueden ser tratados con cannabis en otros países donde está regulado su uso, como Canadá o Alemania.

 Tanto para la esclerosis como para la epilepsia ya hay dos medicamentos derivados del cannabis en el mercado español. La principal novedad y el público diana más numeroso serán los pacientes que sufren dolor crónico, que se calcula que afecta a ocho millones de personas. De ellas, casi 1,5 millones no tienen un tratamiento que les alivie, lo que les convertiría en potenciales beneficiarios, según explica Jesús de Santiago, coordinador del Grupo de Trabajo de Cannabinoides de la SED. Pero los requisitos para acceder a estos medicamentos, que tienen que estudiarse en cada paciente, lo reducen a un porcentaje menor de la población. En Israel y Canadá lo usan entre un 0,6% y un 0,7% de sus habitantes, lo que llevado a España se quedaría en más de 200.000 personas. En Alemania, que reguló el cannabis medicinal en 2017, lo consumen 128.000 personas al año, pero más de un millón tendrán acceso a estos fármacos en 2024, según la revista Forbes.

Sin embargo, la regulación española, por lo que se desprende del borrador, será algo más restrictiva que en estos países. Como están haciendo otros estados europeos, están explorando un universo que hasta ahora estaba vetado, y se hará poco a poco. “Se trata de un primer paso. Creemos que es bueno que se usen fármacos que puedan ser administrados como un medicamento cualquiera para facilitar su uso. Se debe permitir que el médico especialista pueda recetar una dosificación correcta, así que lo más aconsejable es prescribir fármacos comerciales con distintas concentraciones de CBD o THC (los dos principales principios activos del cannabis)”, expone De Santiago.

No en farmacias comunitarias

Uno de los puntos del borrador que suscita más rechazo entre pacientes y expertos es que el cannabis solo se pueda dispensar en farmacia hospitalaria. “El paciente ya va a tener que cumplir un montón de requisitos de no contraindicaciones y licencias. Una vez que se le autoriza, ¿le vas a poner más trabas?”, se pregunta De Santiago. La norma será una “burocratización” del uso, en palabras de Rafael Maldonado, catedrático de Farmacología de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y experto en cannabis medicinal.

Maldonado es partidario de una regulación más amplia: “Ya tenemos medicamentos para dos de los supuestos que contempla el borrador, para eso no hace falta una comisión del Congreso. La idea es que más pacientes a los que no les vale nada tengan una oportunidad. Es cierto que la evidencia del cannabis tiene limitaciones. Pero no se puede tratar como cualquier fármaco porque ninguna farmacéutica va a hacer ensayos clínicos. Estaríamos cerrando la puerta a una opción que puede ser muy buena y cuyo perfil de seguridad sí conocemos bien”.

Coincide en este punto de vista Carola Pérez, presidenta del Observatorio Español del Cannabis Medicinal, que aúna investigadores y asociaciones de pacientes. “Por lo que sabemos del borrador, deja a muchos potenciales beneficiarios fuera. Cuanto más restrictivo sea el modelo, más gente volverá al mercado negro”, señala.

La Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria dice estar preparada para formular estos nuevos compuestos, pese a que se trata de sustancias con las que los profesionales no vienen trabajando hasta ahora. “Si no es un número muy elevado de pacientes, es asumible hacer formulaciones como ya hacemos con la metadona”, asegura Olga Delgado, su presidenta.

La otra gran polémica sobre el cannabis son sus contraindicaciones. Uno de los comparecientes en la subcomisión del Congreso fue Néstor Szerman, presidente Fundador de la Sociedad Española de Patología Dual, centrada en las patologías mentales y las adicciones. Desde su punto de vista, el debate del cannabis medicinal (también el recreativo) es muy complicado. Cree que está muy polarizado: “Quienes están a favor suelen exagerar sus beneficios y los que están en contra, sus peligros. También hay una ideologización. Parece que estar a favor del cannabis medicinal es de izquierdas y en contra, de derechas, algo que es completamente absurdo”.

Porque el cannabis, que puede mejorar las vidas de ciertos pacientes, también tiene sus efectos secundarios. “El THC es una de las sustancias con mayor capacidad para producir patologías psicóticas. Tenemos claro también que el cannabis no es ni necesario ni suficiente para tener psicosis, pero en personas vulnerables aumenta el riesgo”, apunta Szerman. (...)

Szerman cree, sin embargo, que los profesionales se van a tener que adaptar a esta nueva realidad: “Es una demanda social que se está instaurando en cada vez más países. Hay que enfrentarse a esa realidad. Los profesionales de salud mental debemos estar preparados para lo que la sociedad demanda. También podríamos pedir que se prohíban sustancias como el alcohol, que genera grandes problemas, pero no lo hacemos: nos enfrentamos a ello”. Y el cannabis terapéutico es, desde su punto de vista, solo un primer paso, al que seguirá más tarde o más temprano el uso recreativo de esta sustancia. Ese será otro debate."            (Pablo Linde , El País, 07/06/22)

2.12.21

Por una regulación integral del cannabis... que ya se está empezando a dar o plantear desde el corazón de Europa: Alemania, Suiza, Holanda, Portugal, Luxemburgo, Malta… La realidad social del cannabis en España ha desbordado el marco jurídico existente, siendo imperioso ordenarlo y someterlo al control de la Administración... Asimismo, se verán reconocidos los derechos de las personas usuarias —alrededor de cuatro millonesos— que son sistemáticamente criminalizadas y perseguidas... queremos dar soluciones a todos los actores y actividades y que nadie continúe en la ilegalidad. La iniciativa busca frenar la especulación y la acumulación de licencias evitando las concentraciones económicas y de capital... se busca compensar de forma efectiva con ventajas fiscales a aquellos territorios de la España vaciada y extrapeninsulares, favoreciendo el desarrollo de esta industria, de alto valor añadido, en lugares normalmente olvidados y en aquellos estrictamente dependientes del monocultivo turístico... la ley se caracteriza por un control férreo del Estado a través de un ente de control administrativo con vertebración territorial y bajo el principio superior de la protección de los menores de edad, limitándose los espacios de consumo a lugares donde no puedan acceder, así como su promoción y la publicidad, de forma tajante

 "La semana pasada conocimos la inclusión de la regulación del cannabis en el acuerdo de coalición de socialistas, verdes y liberales de Alemania. Un hecho que podría parecer a simple vista un paso más en la dinámica ascendente de la regulación del cannabis a nivel mundial, pero que es mucho más notorio si tenemos en cuenta que Alemania es el país más poblado y poderoso de la Unión Europea y que sus políticas tienen innegable trascendencia en el resto de la UE.

Ya no solo asistimos a regulaciones al otro lado del Atlántico, sino que se están empezando a dar o plantear desde el corazón de Europa: Alemania, Suiza, Holanda, Portugal, Luxemburgo, Malta…

¿No es, por tanto, pertinente fomentar este debate también en España? Los partidos que todavía no están convencidos de que una regulación es la solución al ineficaz e injusto sistema de prohibición del cannabis (que tantas externalidades negativas provoca) podrían entender que otras políticas más justas con las personas usuarias y con la sociedad en su conjunto son posibles.

 La realidad social del cannabis en España ha desbordado el marco jurídico existente, siendo imperioso ordenarlo y someterlo al control de la Administración. Solo así se podrá dar legitimidad y seguridad jurídica a estas actividades, lo cual repercutirá positivamente al conjunto del Estado. Asimismo, se verán reconocidos los derechos de las personas usuarias —alrededor de cuatro millones, según los últimos datos—, que son sistemáticamente criminalizadas y perseguidas por el uso de cannabis.

Estos motivos son los que llevaron a Unidas Podemos a presentar la Ley para la Regulación Integral y Control del Cannabis en Personas Adultas en octubre y por lo que queremos socializar la iniciativa con organizaciones sociales y agentes implicados en el sector del cannabis en España en el foro Unidas por la Regulación Integral, que se ha presentado este lunes en el Congreso de los Diputados.

 ¿Es posible regular el cannabis?, ¿cómo se ha regulado allí donde ya se ha hecho? Son preguntas que desde nuestro espacio queremos plantearnos con los colectivos, para mejorar la iniciativa mediante sus aportaciones y buscar consensos en torno a la misma. Queremos que los partidos escuchen las demandas de la gente y las tengan en cuenta cuando decidan su voto sobre la regulación.

Esta ley está hecha desde una óptica integradora, planteando una regulación completa de todo el ciclo de acceso y producción de la planta, respetando todas las realidades existentes. Una regulación que no deja a nadie fuera para que sea eficaz y limite al máximo el mercado informal. Sabemos que es ambiciosa, pues pretende regular todo lo que a día de hoy funciona dentro del sector del cannabis: la tenencia y consumo, el autocultivo, los clubes sociales, la producción y venta de semillas y esquejes, el cannabis no psicoactivo, los dispensarios, la producción, extracción, transformación y distribución, los espacios de consumo… Pero no podía ser de otra manera, porque queremos dar soluciones a todos los actores y actividades y que nadie continúe en la ilegalidad.

La iniciativa busca frenar la especulación y la acumulación de licencias evitando las concentraciones económicas y de capital. Además, la solicitud de licencias, las operaciones entre las distintas entidades del mercado regulado y la venta de los productos del cannabis estarían sujetas a un sistema de tasas e impuestos cuyo principal objetivo no es la recaudación, sino la transición efectiva de los operadores informales y de quienes lo usan usuarias al mercado regulado. Un enfoque fundamental que debe ser el pilar de cualquier regulación que se plantee.

 La óptica ecosostenible envuelve la norma, acotando al máximo los macrocultivos de interior que tantos problemas plantean y premiando impositivamente a los cultivos sin huella de carbono. También se busca compensar de forma efectiva con ventajas fiscales a aquellos territorios de la España vaciada y extrapeninsulares, favoreciendo el desarrollo de esta industria, de alto valor añadido, en lugares normalmente olvidados y en aquellos estrictamente dependientes del monocultivo turístico, buscando un cambio real en el modelo productivo.

Todo el sistema regulatorio contenido en la ley se caracteriza por un control férreo del Estado a través de un ente de control administrativo con vertebración territorial y bajo el principio superior de la protección de los menores de edad, limitándose los espacios de consumo a lugares donde no puedan acceder, así como su promoción y la publicidad, de forma tajante.

Con esta propuesta de regulación, que pretende ser vanguardia y referencia internacional, queremos continuar la senda de avances sociales pioneros por los que se ha caracterizado nuestro país desde el final del franquismo, tales como la regulación del derecho sindical, el divorcio, la supresión del servicio militar obligatorio, el matrimonio y adopción por parte de personas del mismo sexo, el aborto o la eutanasia. Derechos que nuestra sociedad ya tiene asimilados y que se entienden por irrenunciables a día de hoy.

Seguro que dentro de unos años nos preguntaremos: ¿os acordáis de cuando el cannabis era ilegal?"

5.8.21

Nace Luz Verde, el primer partido cannábico nacional para impulsar la regulación y frenar la represión del sector

 "España tendrá desde este sábado un partido de ámbito nacional que se centrará en reclamar la regulación integral del cannabis. Se llama Luz Verde y se constituirá en una asamblea en Pamplona, donde la formación política cannábica navarra RCN-NOK se convertirá en un partido estatal para presentarse en todas las circunscripciones electorales del país.

 La falta de avances en la legalización de la marihuana y la persecución judicial al sector han sido, según los responsables, los detonantes de este paso. Y su presidenta será la veterana activista Fernanda de la Figuera, la abuela marihuana, condenada en 2019 a 9 meses de cárcel por un cultivo terapéutico para una asociación de mujeres con enfermedades.

La posible base electoral de este nuevo partido habría que buscarla, por ejemplo, en los datos oficiales sobre consumo de cannabis y, por tanto, de potenciales defensores de la regulación de su uso y cultivo en un país que aún no ha aprobado ninguna ley que lo legalice, como sí han hecho otros países de la UE o América.

 La última Encuesta sobre Alcohol, Drogas y otras Adicciones, publicada el pasado diciembre por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, refleja que el 14,6% de la población masculina y el 6,3% de la femenina de 15 a 64 años ha consumido cannabis en el último año, lo que supondría, en términos absolutos, más de 2,8 millones de personas. Los usuarios más habituales, quienes dicen haber consumido en el último mes, serían, según la extrapolación del mismo sondeo, algo más de 2,2 millones.

Y también se podría obtener alguna referencia demoscópica de los datos que arroja el Barómetro del CIS del pasado mes de abril, que revela que el 49,7% de la población española está a favor de que se legalice la venta de marihuana en determinados establecimientos y condiciones, un porcentaje que aumenta hasta el 90,1% entre quienes están a favor de la regulación para su uso médico.

 Pero lo que ha llevado a un centenar de activistas históricos de toda España a crear el Partido Cannábico Luz Verde (PC-LV) no han sido tanto los datos demoscópicos como la urgencia de hacer frente a unos hechos que les preocupan mucho: "La creciente presión en mitad de una pandemia contra el mundo del cannabis adulto y democrático en España", unida a la falta de avances en la regulación del cultivo y uso de la marihuana pese a la existencia de un gobierno progresista de coalición entre PSOE y Unidas Podemos.

Como ejemplos de esa "creciente represión", los responsables de Luz Verde destacan la prisión de activistas cannábicos como Albert Tió y Víctor Segués "por ser directivos de asociaciones" de usuarios, "el registro de cientos de tiendas de CBD" en toda España, "la destrucción de cultivos de cáñamo industrial que contaban con todos los permisos", "el oscurantismo" de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) del Ministerio de Sanidad en relación a la concesión de licencias para cultivo de marihuana con fines de investigación o de producción medicinal, y las sucesivas sentencias del Tribunal Constitucional y del Supremo que han tumbado las leyes de Cataluña y Navarra y el plan municipal de Barcelona que regulaban el funcionamiento de los clubes de cannabis. (...)

Un ejemplo claro de ese retroceso son, a su juicio, declaraciones como las que hizo la semana pasada la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Ayuso, en contra de cualquier regulación del uso terapéutico de la marihuana, porque, para ella, no es más que otra droga que debe ser prohibida. "Somos ya el país más atrasado. Sólo hay que ver a la lideresa de Madrid diciendo que le parecen unos drogadictos las personas que usan el cannabis medicinal", se lamenta Les. 

Los cientos de clubes de usuarios y de tiendas de productos relacionados con el cultivo y consumo de cannabis, y los miles de consumidores que hay en España son, para Fermín Les, la mejor palanca para saltar al escenario de la política nacional sin miedo a estrellarse.

Y ese gran salto se sustentará en un programa basado en la propuesta de una legislación integral que abarque todo el espectro de la marihuana, desde que se seleccionan y venden las semillas hasta el consumo de sus productos por diferentes vías y con distintos objetivos. "De aquí a 2023, cuando se suponen que serán las próximas elecciones generales, vamos a estar escuchando a todo el movimiento, a las asociaciones, tiendas, empresas, para ver qué es lo mejor para todos. Y todas las aportaciones serán bienvenidas", asegura el dirigente. 

La presidenta del primer partido cannábico nacional será la activista más veterana de España por la regulación de la marihuana, Fernanda de la Figuera, que pronto cumplirá 78 años y que, cuando habló con Público esta semana, aún no le había comunicado a su familia el nuevo "lío" en el que había decidido meterse, el enésimo desde que empezó su lucha por la legalización a principios de los años setenta. "Yo estoy para dar la cara siempre. Siempre he estado en primera línea y si me llaman otra vez, ahí estaré", dice la también conocida como abuela marihuana desde su residencia en Alhaurín el Grande (Málaga).

 Fernanda de la Figuera ha decidido aceptar el cargo político que le van a encomendar aunque está sufriendo unos dolores de espalda "impresionantes", que se trata con tintura de cannabis y una pomada de CBD, en vez de con los parches de fentanilo que le recetó el médico. Y lo hará no porque le guste figurar, porque esté deseando ocupar un sillón: "A mí, a estas alturas –dice-, me da ser igual ser presidenta o no. Pero sí sirvo para algo, pues estoy encantada de colaborar".

Esta mujer de casi 78 años sigue pendiente de la resolución del proceso judicial que en diciembre de 2019 le impuso en primera instancia una condena de 9 meses de prisión y una multa de 10.000 euros por un cultivo de marihuana para la asociación MaríasxMaría intervenido en el año 2014 en Alhaurín. La sentencia la recurrió y ahora se encuentra a la espera de lo que se resuelva en segunda instancia. Ella, por el tiempo de condena y por edad, no tiene que entrar en prisión, pero le parece "bochornoso" que sí lo hayan hecho activistas como Albert Tió, que cumple ya en tercer grado una condena de cinco años de cárcel por unos hechos similares al suyo.

 "Esa es una de las razones para que haya un partido en el que nos juntemos todos los cannábicos de España, para luchar para que haya una regulación y se acabe con todo esto", explica De la Figuera. (...)

El nuevo partido cannábico se propone también impulsar este movimiento político en toda Europa con el objetivo de propiciar cambios legislativos sobre la marihuana en el seno de la UE, mediante directivas que luego deberían ser cumplidas por los estados miembros. Para ello, plantean presentarse a las próximas elecciones europeas, unos comicios en los que resulta más fácil llegar a obtener representación porque concurres en una sola circunscripción a la que se suman los votos de todo el país. Y también se plantean explorar la posibilidad de solicitar la convocatoria de un referéndum en España sobre la regulación del cannabis.

Sin embargo, los responsables de Luz Verde aseguran que el partido nace con la vocación de dejar de existir cuantos antes. "Nuestro objetivo es desaparecer como partido, porque realmente creemos que no debería existir un partido cannábico. Pero si los otros partidos no te ofrecen soluciones, tienes que presentarte. Si ven que les quitamos votos, a lo mejor se toman más interés en el asunto", advierte Fermín Les.(...)"                 (Santiago F. Reviejo, Público, 29/07/21)