Marco Martiniello
"Aunque el nombre pueda confundir Marco Martiniello no es italiano.
Nació en Bélgica; hijo, eso sí, de inmigrantes napolitanos. Es profesor
de Sociología de la Inmigración en la Universidad de Lieja y ha vivido
10 años en Molenbeek, el barrio de Bruselas del que han salido varios de
los yihadistas que cometieron los atentados de París y los del martes
en la capital belga. Hasta un par de los implicados en los atentados de
Madrid del 11-M pasaron por Molenbeek.
Pregunta.– ¿Sufre problemas de integración la comunidad musulmana en Bélgica?
Respuesta.– Sí, existen problemas de integración en Bélgica. La
población marroquí y turca es la más importante dentro de los
inmigrantes no europeos, y es evidente que tiene problemas. Problemas de
discriminación, de falta de acceso a una Educación de calidad, de paro
muy elevado, de estar penalizados en el mercado de trabajo…
Son
problemas serios pero, en mi opinión, no existe una conexión directa
entre esos problemas y el terrorismo. Los yihadistas, por suerte, son
muy pocos y, aunque sea una obviedad decirlo, hay que recordar que la
inmensa mayoría de la población musulmana no se hace jamás terrorista.
P.– ¿Los atentados de Bruselas pueden disparar la islamofobia y dar alas a la ultraderecha en Bélgica?
R.– Me temo que existe ese peligro. La población belga está muy
polarizada. Por un lado vemos gente muy solidaria, que aboga por unir a
todos contra el terrorismo y que estaría representada por todas esas
personas que hemos visto estos días en la Plaza de la Bolsa. Pero
también hay otra parte de los belgas que tienen miedo y condenan por lo
sucedido a toda la comunidad musulmana. (...)
P.– ¿Sabe que un movimiento de extrema derecha ha convocado una
manifestación para el domingo en el barrio de Molenbeek bajo el lema:
«Expulsemos a los islamistas»?
R.– Sí, lo sé. Su estrategia es provocar. Le he mandado un email a la
alcaldesa de Molenbeek diciéndole que debería de prohibirse
absolutamente esa manifestación que lo que busca es desatar el odio
contra toda la comunidad musulmana y estigmatizar un barrio
convirtiéndolo en campo de batalla xenófobo. Hay que impedir esas
situaciones como sea.
P.– ¿Qué se debería hacer con Molenbeek, un nido de yihadistas del
que han salido los autores de los atentados de París y de Bruselas?
R.– Yo he vivido 10 años en Molenbeek y voy por allí una vez a la
semana. Es una ciudad, no un barrio, piense que tiene 100.000
habitantes. Históricamente era una ciudad industrial donde vivía la
clase obrera belga.
Pero la movilidad social, que hizo que muchos
obreros belgas pudiera mudarse a otros barrios mejores, sumada a la
llegada de inmigrantes, han hecho de él un lugar donde viven españoles e
italianos llegados a Bélgica en los años 40 y 50 junto con una
inmigración turca y marroquí.
Es verdad que Molenbeek tiene problemas, que de allí han salido
yihadistas, que es un lugar con una alta densidad de población que
permite vivir en el anonimato, que allí se ha estructurado un islam en
algunas de sus formas más radicales… Pero otras muchas ciudades de
Europa como Amberes, París, Londres o la propia Madrid tienen su propio
Moleenbeek.
Existen cientos de Molenbeek en toda Europa. Me parece un
error estratégico considerar Molenbeek el centro del yihadismo europeo.
Es evidente que es un nido de yihadistas, pero no es el único y no es
sólo eso. Es mucho más complejo.
P.– ¿Qué impulsa a un joven que vive en Bélgica a hacerse yihadista?
R.– No existe una respuesta única. Lo primero es que el yihadismo
sigue siendo algo marginal, y que sólo se produce si se dan toda una
serie de condiciones. Para empezar, no hay duda de que los conflictos en
Oriente Próximo juegan un papel: se trata de una realidad que aunque
ocurre a miles de kilómetros de aquí tiene una clara influencia en
Europa.
Los problemas de racismo, de integración, de paro y de falta de
acceso a una educación de calidad que sufre la comunidad musulmana en
Bélgica también influyen.
Asimismo juega un papel importante el
sentimiento de muchos musulmanes de no ser parte de esta nación, de
haber sido dejados fuera de una sociedad en la que no se reconocen. Pero
tampoco eso basta.
Lo que los sociólogos estamos también observando es
que muchos de los yihadistas no tienen una educación religiosa
especialmente intensa, no son unos fanáticos del islam, no crecen en las
mezquitas, aparte de que hoy uno se puede radicalizar solito delante de
su ordenador.
Pero el proyecto yihdista da un sentido a su vida y a su muerte, les
da unos valores que nuestra sociedad no les da. Hay un fenómeno similar
al de las sectas: hay quienes se dedican a identificar perfiles débiles y
atraparlos en el yihadismo.
Y también vemos un efecto de grupo: muchos
de los terroristas islámicos son hermanos, primos, amigos…
P.– ¿Qué se puede hacer para combatir el yihadismo en lugares como Molenbeek?
R.– Por un lado, y aunque no sea de mi agrado, me parece inevitable
que se refuerce la seguridad y la presencia policial. Pero eso no es
suficiente, porque no actúa sobre las causas profundas.
Lo más
importante para acabar con él es trabajar en integración, educación y
cultura, conseguir dar sentido a la vida de esos jóvenes. En Molenbeek,
por ejemplo, hay muchos artistas, y vemos que quienes tienen un proyecto
vital ligado al arte no se hacen yihadistas.
Hay que trabajar en educación y cultura. Por cada euro gastado en
seguridad, se debería gastar un euro en educación y cultura. Por
desgracia, las políticas de austeridad han impuesto una reducción en los
gastos tanto de seguridad como de cultura y educación. Esas políticas
de austeridad tienen efecto en todo y, de algún modo, contribuyen a
alimentar el yihadismo." (Entrevista a MARCO MARTINIELLO / SOCIÓLOGO DE LA UNIVERSIDAD DE LIEJA – EL MUNDO – 29/03/16)
