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9.6.10

Los mercados son más mediáticos que los gobiernos

"Bien a nuestro pesar, la economía española está protagonizando como víctima propiciatoria lo que cabe llamar la segunda ronda de la crisis del crédito por la que atraviesa el capitalismo occidental. Según se dice, somos el nuevo enfermo de Europa, en la medida en que nuestra solvencia crediticia amenazaría ruina y nuestro gran tamaño determina que una posible quiebra española arrastraría al euro consigo.

Todo lo cual ha desatado una epidemia de histeria colectiva tanto mediática (los blogs de la prensa color salmón rivalizan en escándalos con los de la prensa rosa) como financiera (las demás Bolsas se estremecen de volatilidad mientras la española se hunde en caída libre) y política (presas del pánico, los gobernantes conspiran en el Ecofin cayendo en la más estéril cacofonía). De modo que parece a punto de cumplirse la profecía de Niño Becerra, el economista que auguró el crash de 2010.

¿Qué está pasando? Una explicación plausible es entenderlo como una nueva fase en la guerra abierta entre los Estados y los mercados por el control del capitalismo crediticio actual. Como se sabe, la energía que mueve a la economía posindustrial es el flujo crediticio: un caudal que cuando se embalsa formando burbujas especulativas tiende a desbordarse anegando con sus deudas insolventes la economía real.

Y así ha vuelto a ocurrir esta vez con la crisis del crédito a la que me referí antes, que ha cursado como un proceso en dos fases. En su primera ronda, iniciada en 2008 con la burbuja de las hipotecas subprime, la causante de la crisis fue la ingente deuda privada imposible de refinanciar. Y para remediarlo, los Tesoros públicos acudieron al rescate de los mercados privados: se proclamó el estado de excepción, se decretó la guerra contra la crisis, se nacionalizó la economía, se suspendieron las leyes de la oferta y la demanda, se avaló la deuda privada con la garantía pública del Estado y se inyectó liquidez ilimitada a tipo cero.

Así fue como se sentaron las bases de una burbuja de deuda pública que ahora acaba de estallarnos entre las manos. Es lo que está ocurriendo durante esta segunda ronda en la que todo sucede exactamente a la inversa que hace dos años. Ahora la deuda insolvente imposible de devolver o refinanciar ya no es la deuda privada sino la pública acumulada por los Tesoros estatales.

Y quienes acuden a su rescate para refinanciarla son ahora los propios mercados privados, que suscriben los bonos de deuda pública emitidos por los Estados en crisis. Pero con una gran diferencia entre ambas rondas, y es que en la de hace dos años se avalaron las deudas privadas a interés cero para facilitar su más pronto rescate, mientrasque en esta segunda ronda las deudas públicas se suscriben a precios de mercado.

Es decir, a un tipo de interés tan elevado que en el caso español cabe calificar de usurario, lo que prolongará la duración de esta crisis de deuda hasta las calendas griegas. Todo ello de acuerdo a las leyes de la oferta y la demanda, que en esta segunda ronda, a diferencia de la anterior, no han sido suspendidas, sino confirmadas por el nuevo consenso de Washington, impuesto por los mercados. (...)

Se recordará que hace solo dos años se decía que el neoliberalismo había muerto y que el Estado interventor keynesiano regresaba por sus fueros para controlar a los mercados y someterlos a su poder. Era la época en que los culpables de la crisis nos parecían los inversores privados (los bancos, los hedge funds, etcétera), mientras que los salvadores eran los poderes públicos: reguladores estatales, rescates keynesianos, etcétera.Bien, pues solo fue un sueño que apenas duró un curso académico.

Hoy se impone de nuevo el realismo crediticio y quien vuelve por sus fueros es el victorioso mercado acreedor, exigiendo leoninas condiciones al Estado deudor. (...)

Pero si todo esto es tan evidente, ¿cómo es que nadie cuestiona semejante estado de cosas, aceptándolo con fatalismo? Hay dos factores extraeconómicos, a su vez conectados entre sí, que lo explican bien. El primero es el tratamiento mediático de la crisis, que ha naturalizado un proceso tan desequilibrado e injusto haciéndolo parecer lógico y necesario. Y esto se ha hecho metiendo el miedo mediático en el cuerpo de la gente, a fin de paralizarla por el pánico dejándola inerme y dispuesta a dejar hacer y dejarse hacer.

Es la histeria mediática a la que aludí al principio, inducida por la reiterada publicación de revelaciones financieras escandalosas (al estilo de La quiebra de Caja Sur amenaza al euro), y generadora de un clima artificial de catástrofe imposible de controlar que contagia con su gregario efecto-rebaño (herd effect) a todos por igual: tanto a los que toman decisiones incoherentes a tontas y a locas (caso de nuestros gobernantes, de Merkel a Zapatero, que ayer corrían a rescatar las deudas privadas y hoy corren a recortar gastos para saldar sus deudas públicas) como a los desarticulados ciudadanos que las sufren con estupor e impotencia, sin más signos de resistencia que la contraproducente crispación política y la estéril bronca sindical." (ENRIQUE GIL CALVO: La revancha de los mercados. El País, ed. Galicia, opinión, 08/06/2010, p. 29)

23.3.10

Las causas de la crisis española

"Hace poco más de 50 años, el Gobierno tecnocrático de Franco tuvo que imponer el célebre Plan de Estabilización exigido por la OCDE y el FMI como única forma de superar la grave crisis económica que arruinaba la economía española a causa del fracaso de la autarquía. Pues bien, diez lustros después, el Gobierno democrático de Zapatero de nuevo tiene que adoptar un Plan de Estabilidad, también recomendado por la OCDE y el FMI pero esta vez exigido además por la Comisión Europea, como única forma de superar la crisis económica que hoy paraliza la economía española a causa del estallido de la burbuja inmobiliaria. (...)

Veamos. La crisis de la segunda mitad de los 50 estuvo causada por el aumento incontenible de la deuda pública acumulada, imposible de financiar a causa tanto del déficit fiscal como del déficit exterior, que amenazaban con provocar la bancarrota de la Hacienda española. Exactamente igual que ahora. Y la causa de aquel insostenible desequilibrio externo fue la falta de competitividad de la economía española, estrangulada por 15 años de autarquía improductiva. Pero también ahora ocurre lo mismo, dado que nuestro déficit soberano se debe sobre todo a la falta de competitividad exterior, dada la improductividad de nuestra economía tras 15 años de monocultivo inmobiliario." (ENRIQUE GIL CALVO: Estabilización. El País, ed. Galicia, , 22/03/2010, p.14)

26.3.09

Colapso o racionamiento... esa es la cuestión... que nos queda

"¿Cómo detener e invertir esta deriva autodestructiva? ¿Qué escenarios de salida cabe imaginar para esta continua escalada de la crisis global? Jared Diamond señala que, cuando se entra en una espiral de competición intensificada, sólo hay dos medios de evitar el colapso colectivo: la autolimitación de los competidores o el racionamiento impuesto por el poder público. Dos soluciones que equivalen a la autorregulación de los mercados y a la intervención keynesiana del Estado.

Pero cada una de ellas excluye a la otra, mientras que hoy se siguen intentando ambas a la vez, por lo que no sabemos todavía cuál de ambas se impondrá a la larga. Así que hagamos un poco de ciencia-ficción y especulemos sobre las cuatro posibles salidas de la crisis. (...)

Así llegamos a la segunda salida previsible de la crisis, que es el colapso definitivo de los mercados tras el fracaso del keynesianismo light, lo que obligará a los Estados a una intervención hardcore mediante nacionalizaciones masivas de la banca y de las empresas en quiebra con el posible cierre de las Bolsas. Esta salida estatal implica la supresión o al menos la suspensión de los mercados libres, que quedarán sustituidos por un proteccionismo mercantilista (colbertismo) de estilo chino e inspiración prusiana.

Pero con ello se anula la virtualidad de los ciclos económicos, y la crisis deja de ser un punto de inflexión entre las fases recesiva y ascendente para convertirse en un estado estacionario de estancamiento en forma de L (ramal descendente de caída en picado seguida de una duradera depresión lateral). (...)

Confiemos en que la memoria histórica nos enseñe a evitar lo peor y nos permita aprender a buscar otra salida menos autodestructiva. ¿Cuál podría ser ésta? Queda una cuarta posibilidad, al menos teórica por improbable que sea, y es la de convertir la actual crisis de los mercados en una verdadera crisis del sistema, eventualmente capaz de dar a luz un nuevo modelo de sociedad. Una sociedad sostenible y ya no basada en el depredador capitalismo neoliberal, que de ciclo a ciclo y de burbuja en burbuja está conduciendo al planeta a un inminente colapso como el de la isla de Pascua, ahora masivamente amplificado a escala global." (ENRIQUE GIL CALVO: La isla de Pascua y el colapso global. El País, ed. Galicia, Opinión, 26/02/2009, p. 25 )

1.12.08

Culpable de la crisis: la naturaleza humana

"El que las leyes de la economía ya no funcionen hace que algunos se sitúen en clave exclusivamente moralista, denunciando la codicia de los especuladores que buscan su lucro inmediato y reclamando otra economía de mercado no egoísta con valores solidarios. Pero este rancio moralismo no sólo revela una cierta hipocresía (pues cuando los mercados crecían todo el mundo satisfacía su codicia sin que nadie protestase) sino que también implica no haber entendido nada.

El motor de la crisis no es tanto la desconfianza (un valor moral) como el cálculo racional (según demuestran los análisis de Robert Lucas citados más atrás). Si los agentes dejan de invertir no es porque desconfíen unos de otros sino, al revés, porque tratan de comportarse exactamente igual que los demás, tal y como sucede con el contagioso ejemplo del sálvese quien pueda que desata una epidemia de pánico. Lo que gobierna el comportamiento de todos es la expectativa de qué harán los otros. Y si se piensa que los demás querrán vender, entonces nadie comprará y la crisis se autoperpetuará, a menos que los poderes públicos clausuren el juego y detengan la epidemia de pánico." (ENRIQUE GIL CALVO: Epidemiología. El País, ed. Galicia, España, 24/11/2008, p. 22)

9.7.08

La larga y profunda crisis española... que nos espera

“Es verdad que estamos ante una crisis global causada por la caída de los mercados hipotecarios y financieros y por la crecida especulativa de los mercados energéticos. Pero eso sólo explica la mitad de la crisis española, cuya etiología presenta dos componentes que se realimentan entre sí. Además de esa crisis externa, aquí somos víctimas también de una crisis endógena, causada por la caída del mercado inmobiliario tras el estallido de su burbuja especulativa. Esta otra es una crisis exclusivamente local, análoga a la irlandesa o británica, pero cuya magnitud absoluta es incomparablemente mayor, habiéndose estimado en el 12% del PIB de la eurozona. Lo cual invalida la supuesta solidez y fortaleza de nuestra economía, tal como presume Zapatero. Por el contrario, estamos afectados por un cáncer que ya se venía larvando desde hace años, y cuya destructiva metástasis es de naturaleza tanto económica (improductividad y baja competitividad de nuestro modelo de crecimiento) como política (corrupción municipal y autonómica) y ecológica (degradación del suelo por hipertrofia urbanística). De ahí que para luchar contra la crisis estamos en peores condiciones que el resto de Europa.

Y de estos dos componentes de la crisis española, que fortuitamente han venido a coincidir en el tiempo, el interno es mucho más preocupante que el exterior. En efecto, la crisis global podría agotarse en breve plazo, pues responde a la gran elasticidad de unos mercados tan volátiles como son los financieros. Así que, durante la segunda mitad de esta legislatura, esa crisis externa ya estará probablemente superada. Mientras que, en cambio, el mercado inmobiliario es de ciclo mucho más largo. Entre nosotros su fase alcista se inició en 1997 y alcanzó su cénit en 2005, comenzando a declinar sólo a finales del año pasado. Es verdad que su caída está siendo tan intensa que podría tocar fondo a corto plazo, en el próximo invierno o en el siguiente. Pero su recuperación al alza tardará bastante más, ya que para vender el stock de millones de viviendas excedentes hacen falta muchas primaveras, llevándonos más allá de las próximas elecciones generales.

Y entretanto, cambiará el clima de opinión de la población española. (…)

¿Qué se puede hacer? No mucho, la verdad, al margen de aplicar paños calientes para paliar los peores daños colaterales. Y no se puede hacer mucho porque ahora ya es demasiado tarde, pues para anticiparse y prevenir la esperada llegada de la crisis habría sido preciso intervenir mucho antes. En cuanto Zapatero llegó al poder, tendría que haber cambiado el modelo especulativo de crecimiento inmobiliario impuesto por Aznar para sustituirlo por otro más productivo, eficiente, innovador y competitivo. Pero nada se hizo entonces, durante la bonanza que presidió la anterior legislatura, y ahora todo es mucho más difícil porque la crisis se nos ha echado encima. Por eso sólo queda apretarse el cinturón y hacer de necesidad virtud, tratando de reconvertir la economía especulativa desde sus propias ruinas.” (ENRIQUE GIL CALVO: Crisis 2. el País, ed. Galicia, España, 07/07/2008, p. 19)


18.3.08

El centro es el centroderecha

"¿Cómo se explica este sorprendente ascenso de la derecha? La causa directa es el refuerzo del bipartidismo por efecto del crispado clima de enfrentamiento y polarización, que ha empujado a los indecisos a las urnas para impedir la victoria del bando más temible. Pero este ascenso del voto útil no se ha repartido equitativamente entre derecha e izquierda, pues el transfuguismo ha beneficiado en mayor medida a aquélla que a ésta. En efecto, el PSOE ha absorbido 650.000 votos republicanos (IU + ERC), además de 100.000 nacionalistas, pero también ha sufrido una hemorragia de 700.000 votos hacia su derecha (PP + UPD). Lo que demuestra que la polarización ha inducido a centristas y moderados (las clases medias urbanas) a tomar partido, decantándose en mayor medida por la derecha. Es ésta una corriente de fondo que desmiente la presunta ubicación del electorado en el centro izquierda, reabriendo una preocupante fisura entre las dos Españas a uno y otro lado de la simbólica frontera del Ebro." (ENRIQUE GIL CALVO: Reelección. El País, ed. Galicia, España, 17/03/2008, p. 15)

“Los resultados del 9 de marzo demuestran que España merece la recomendación de Gould; pues hablan de movimientos de voto, pero no se sabe muy bien de dónde y hacia dónde. (…)

En el lado del PSOE, su incremento en 38.000 votos no cuadra bien con el más de millón de votos que pierde IU y el nacionalismo. Estos 38.000 puede ser un saldo de los que proceden de IU (320.000) y los que se van a UPyD (300.000). Pero también, de la incorporación de voto nacionalista, aunque poco, a juzgar por los datos de Cataluña y País Vasco, donde el descenso de participación parece indicar que PNV, EA o ERC han optado más por la abstención, y que el granero del PSOE ha estado en ICV y EB-B. Ahora bien, estos datos cuadran así en Barcelona, donde los 28.000 de incremento bien puede ser la mitad de los 43.000 que pierde ICV; pero no en el País Vasco, donde los nuevos 85.000 superan los 52.000 que pierde EB-B (y suponiendo que todos se los llevara el PSOE). Hace falta estudios más profundos que permitan identificar cuál ha sido la transferencia de voto y, por tanto, lo que ha motivado a los electores.

¿De dónde proceden los 400.000 votos más que logra el PP: del PSOE, del nacionalismo o de la abstención? También es difícil responder. El PP debe su incremento a Valencia, Murcia y Madrid. En Madrid, los 146.000 votos más pueden proceder del PSOE en la medida en que éste pierde 166.000 aún con el posible trasvase de IU (que pierde 61.000). Pero los 168.000 votos más de la Comunidad Valenciana no se relacionan tan fácilmente con los 13.000 que pierde el PSOE (de los cuales algunos estarán en los casi 20.000 de UPyD) y el posible trasvase de los 50.000 de EUPV-IR. El incremento de participación en estas comunidades puede hablar de votantes ganados a la abstención, pero es necesario saber más para poder analizar correctamente los datos.” (MARÍA JOSÉ CANEL CRESPO: campañas electorales, publicidad y estrategia. El País, ed. Galicia, Opinión, 20/03/2008, p. 25)

“El caso de Madrid parece sumamente expresivo al respecto. El PP avanza en conjunto (sobre voto válido) cinco puntos porcentuales, en tanto que el PSOE retrocede casi otro tanto. En valores absolutos, el PP gana 164.000 votos y el PSOE cede 154.000. Pero las mayores ganancias del PP y las mayores pérdidas del PSOE tienen lugar en los enclaves de clase media y media-baja que constituyen los baluartes electorales del PSOE: municipios como Fuenlabrada, Parla o Torrejón de Ardoz y distritos como Vicálvaro o Puente de Vallecas. (…)

Creo que las cosas son un poco más complejas y que deben analizarse con una mirada más amplia. Entiendo que tanto el PP como el PSOE han combinado estrategias competitivas de tipo centrípeto (la búsqueda de votos en el centro) con otras de tipo centrífugo (buscar el voto en los extremos). Los dos son catch-all-parties, obligados a atender simultáneamente intereses contrapuestos de diversas clientelas internas. En el componente centrípeto de la competición, los datos apuntan a que se ha impuesto el PP. Sólo en esa lógica cabe interpretar el que "robe" votos de clase media y clase media-baja al PSOE en proporciones apreciables.

En cambio, en lo que se refiere al componente centrífugo de la competición ha ganado el PSOE, lo que a la postre, le ha servido para ganar la elección. Así, parece que no sólo ha retenido el voto de la llamada (en la feliz expresión de César Molinas) "izquierda volátil", sino que también ha sabido succionar -vía tanto la transferencia de voto como el diferencial de abstención- una proporción sensible del voto nacionalista, especialmente del más radical (ERC), pero también del más moderado (PNV, EA, CHA...).” (JOSÉ IGNACIO WERT: Paradojas del 9 de marzo. El País, ed. Galicia, Opinión, 19/03/2008, p. 27)

“Es verdad que la nueva composición de su electorado parece proceder en mayor medida de la izquierda del espectro: menos centristas y más tránsfugas de IU y ERC. Pero en realidad, estos trasvases de votantes lo que revelan, como en el descubrimiento copernicano de la rotación de la Tierra, es un desplazamiento del electorado hacia la derecha: muchos progresistas que antes votaban a la izquierda radical (IU y ERC) ahora han votado al centro-izquierda del PSOE; y muchos centristas moderados que antes votaron a Zapatero ahora han votado al centro-derecha de Rajoy.

En consecuencia, se ha producido un deslizamiento del conjunto del electorado desde la izquierda hacia la derecha, estimable como saldo neto en torno al 2,5% del total (que es lo que gana ésta en detrimento de aquélla). Lo que no llega a ser un landslide (corrimiento de tierras), pues no hubo vuelco electoral y la izquierda retiene el po-der. Pero sí revela una significativa derechización política, porque a pesar de haber ganado las elecciones, la izquierda sigue perdiendo electores.

De modo que tampoco España es una excepción a la regla de derechización occidental, sino que viene a confirmarla aunque sólo sea como clara tendencia.

¿De dónde procede este vendaval derechista? Las razones son muchas y complejas, y aquí sólo cabe aludir a las más significativas. El fin de la guerra fría significó la derrota irreversible del socialismo histórico, sin que hasta ahora sus bases sociales hayan podido recuperarse creando un nuevo proyecto político legitimado por un discurso innovador.” (ENRIQUE GIL CALVO: El declive de la izquierda. El País, ed. Galicia, Opinión, 16/04/2008, p. 29)