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18.1.26

Una previsión prudente sobre las relaciones internacionales en 2026... Un intento de pronóstico a corto plazo desde Moscú: Es muy probable que en 2026 no se alcance un acuerdo de paz sobre Ucrania que satisfaga a Rusia, y la operación militar especial continuará con nueva fuerza... Los ataques «anónimos» contra petroleros que transportan petróleo ruso y contra objetivos en nuestra retaguardia serán seguidos por «silenciosas» acciones de sabotaje contra objetivos pertenecientes a los Estados europeos que libran una guerra indirecta contra Rusia. La «guerra tácita» entre Rusia y Europa, que ya está en marcha, se intensificará, aunque es poco probable que en 2026 se llegue a un conflicto militar a gran escala... Los europeos se prepararán no tanto para una guerra con Rusia como para un enfrentamiento militar prolongado con ella, siguiendo el modelo de la Guerra Fría. Este enfrentamiento, presentado como «la defensa de la libertad y la civilización europeas frente a la barbarie rusa», ya se ha convertido en la principal idea aglutinadora de la UE. El tiempo dirá cuán sólida es esta base ideológica, pero para 2026 probablemente será suficiente... el temor a un descontento generalizado de los votantes en caso de un recorte drástico del gasto social, enfriarán el entusiasmo militarista... la influencia del presidente estadounidense disminuirá, tanto por la pérdida prácticamente inevitable de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes en las elecciones intermedias de noviembre, como por el agravamiento de las contradicciones dentro del Partido Republicano entre el ala MAGA y la élite tradicional del partido... La polarización política en Estados Unidos se agudizará aún más, pero no llegará a una nueva guerra civil... la amenaza se cernirá sobre los regímenes de izquierda de Cuba y Nicaragua. Colombia y México también estarán en zona de riesgo. Cabe esperar que Trump tome medidas para establecer el control total de Estados Unidos sobre Groenlandia... Trump podría intentar llevar a cabo, junto con Israel, una acción militar contra irán, cuyo objetivo serían los misiles balísticos iraníes... Las relaciones entre la República Popular China y los Estados Unidos seguirán deteriorándose, pero es poco probable que se produzca una crisis aguda con un conflicto armado en torno a Taiwán... en 2026 seguirá formándose un mundo multipolar, real y no deseado (Dmitri Trenin)

 "La experiencia demuestra que hacer predicciones, incluso a un plazo relativamente corto, como el próximo año, es una tarea arriesgada. Hay muchas posibilidades de darse cuenta muy pronto de la propia ingenuidad y de la incapacidad de ver a tiempo cosas que, en retrospectiva, parecen obvias. No obstante, siempre es interesante intentar vislumbrar el futuro y destacar las tendencias clave del desarrollo de las relaciones internacionales. ¿Qué sucederá en la arena mundial en 2026?

Operación militar especial
Es muy probable que en 2026 no se alcance un acuerdo de paz sobre Ucrania que satisfaga a Rusia. Las élites gobernantes europeas, con el apoyo del Partido Demócrata de Estados Unidos y el Estado profundo, probablemente bloquearán los esfuerzos de Donald Trump por lograr la paz en condiciones aceptables para Moscú. Es más, el propio Trump, por motivos de política interna, podría «dar un giro» contra Rusia, endureciendo las sanciones contra sus exportaciones de recursos energéticos y recurriendo a medidas contra los petroleros de su «flota fantasma». En estas condiciones, la «operación diplomática especial» del Kremlin (el autor se refiere con cierta ironía al seguimiento del juego de Trump que el Kremlin practica por si acaso funcionara. N. del traductor), que se lleva a cabo desde principios de 2025, se verá obligada a detenerse, y la operación militar especial continuará con nueva fuerza.

Las hostilidades en Ucrania parecen que continuarán durante todo el año 2026. El ejército ruso avanzará, recuperando parte de los territorios de la República Popular de Donetsk y la región de Zaporizhia, que todavía están bajo el control de las Fuerzas Armadas de Ucrania. Las tropas rusas también lograrán ampliar las zonas de amortiguación en las regiones de Járkov y Sumy y, posiblemente, avanzar en otras direcciones. Las Fuerzas Armadas de Ucrania se verán obligadas a retroceder, pero gracias a la ayuda militar y financiera de los países europeos y a la ampliación de la movilización en Ucrania, podrán mantener el frente.

Al mismo tiempo, los combates se volverán cada vez más crueles, sobre todo por parte de un enemigo desesperado. Se multiplicarán las provocaciones sangrientas destinadas a desestabilizar psicológicamente a la población rusa. La moderación mostrada en respuesta («estamos en guerra con el régimen, no con el pueblo») creará en el enemigo una falsa impresión de debilidad e indecisión por nuestra parte y lo animará a cometer nuevas y cada vez más atrevidas fechorías. Como resultado, Rusia tendrá que renunciar a una serie de tabúes.

El teatro de operaciones bélicas seguirá expandiéndose de forma implícita más allá de los territorios de Ucrania y Rusia. Los ataques «anónimos» contra petroleros que transportan petróleo ruso y contra objetivos en nuestra retaguardia serán seguidos por «silenciosas» acciones de sabotaje contra objetivos pertenecientes a los Estados europeos que libran una guerra indirecta contra Rusia. Las acciones conjuntas de ucranianos y europeos con consecuencias más graves provocarán ataques de represalia, y posiblemente no solo contra Ucrania. La «guerra tácita» entre Rusia y Europa, que ya está en marcha, se intensificará, aunque es poco probable que en 2026 se llegue a un conflicto militar a gran escala.

Ucrania
El actual régimen de Kiev se mantendrá en el poder en 2026, pero es probable que lleve a cabo una rotación de su cúpula. Si se obliga a Zelenski a dimitir con el pretexto de un escándalo de corrupción, su lugar lo ocupará el «peso pesado» Zaluzhny o, más probablemente, el más «flexible» Budanov (que figura desde hace tiempo en la lista rusa de terroristas y extremistas). Kiev pasará definitivamente a estar bajo el control de los europeos. La situación de Ucrania empeorará, pero aún no se producirá un «despertar» masivo de la población: la parte más activa de los ucranianos tiene una actitud marcadamente antirrusa.

Europa
Europa seguirá siendo el bastión geográfico del liberalismo globalista. A pesar de la baja popularidad de los gobiernos de los principales países de la región —Reino Unido, Alemania y Francia—, en 2026 todos ellos lograrán mantenerse en el poder. El «cambio de las élites europeas», que algunos consideran una condición para la normalización de las relaciones de Rusia con sus vecinos occidentales, si se produce, no será pronto.

Los europeos se prepararán no tanto para una guerra con Rusia como para un enfrentamiento militar prolongado con ella, siguiendo el modelo de la Guerra Fría. Este enfrentamiento, presentado como «la defensa de la libertad y la civilización europeas frente a la barbarie rusa», ya se ha convertido en la principal idea aglutinadora de la UE. El tiempo dirá cuán sólida es esta base ideológica, pero para 2026 probablemente será suficiente.

Al mismo tiempo, las medidas prácticas encaminadas a la militarización de Europa probablemente serán menos impresionantes que las declaraciones grandilocuentes realizadas el año pasado. La difícil situación financiera de los Estados miembros de la Unión Europea, la necesidad de compensar la negativa de Estados Unidos a financiar directamente a Kiev, así como el temor a un descontento generalizado de los votantes en caso de un recorte drástico del gasto social, enfriarán el entusiasmo militarista.

La «disidencia» dentro de la UE, que hoy en día abarca los territorios de la antigua Austria-Hungría, se mantendrá (aunque el resultado de las elecciones de primavera en Hungría no está claro de antemano), pero su influencia en la política de la Europa unida seguirá siendo limitada. Mucho más importante es que la reorientación geopolítica de Estados Unidos hacia el hemisferio occidental y Asia oriental y sus consecuencias —el rechazo directo de Washington a apoyar la integración europea y el escepticismo sobre la futura ampliación de la OTAN— pueden crear un vacío de liderazgo en Europa y dar rienda suelta a las contradicciones largamente contenidas (pero no desaparecidas) entre algunos de sus países.

Estados Unidos
Los Estados Unidos celebrarán por todo lo alto el 250 aniversario de su independencia, acogerán la cumbre del G-20 y el Campeonato Mundial de Fútbol. Trump, como anfitrión de los eventos, brillará más que nunca. Sin embargo, la influencia del presidente estadounidense disminuirá, tanto por la pérdida prácticamente inevitable de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes en las elecciones intermedias de noviembre, como por el agravamiento de las contradicciones dentro del Partido Republicano entre el ala MAGA y la élite tradicional del partido. Trump no recibirá el Premio Nobel de la Paz en 2026 y, aparentemente, parecerá envejecido y no siempre adecuado. En la antesala de las elecciones presidenciales de 2028, comenzará la lucha por la nominación de candidatos dentro de ambos partidos. La polarización política en Estados Unidos se agudizará aún más, pero no llegará a una nueva guerra civil.

La operación de enero contra Venezuela reforzó con hechos la posición de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump sobre la prioridad de Washington en el hemisferio occidental. Probablemente, el asunto no se limitará a Venezuela. En 2026, la amenaza se cernirá sobre los regímenes de izquierda de Cuba y Nicaragua. Colombia y México también estarán en zona de riesgo. Cabe esperar que Trump tome medidas para establecer el control total de Estados Unidos sobre Groenlandia. Es poco probable que Canadá se una a Estados Unidos, pero Washington intensificará la presión sobre Ottawa para obligarla a seguir estrictamente la política estadounidense. Los canadienses no podrán «refugiarse en la UE». La concentración de Trump en el hemisferio occidental creará problemas para la reputación internacional de Rusia, especialmente en caso de que se intente cambiar el régimen en Cuba (no habrá una segunda crisis del Caribe), pero al mismo tiempo debilita el interés de Washington por Ucrania.

Oriente Próximo y Medio
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, seguirá «resolviendo los problemas de seguridad del Estado judío», y no solo en las fronteras del país. Su prioridad sigue siendo el problema del potencial balístico de Irán. En este sentido, Netanyahu cuenta con la ayuda de Trump. Animado por el éxito de la operación para capturar al presidente Nicolás Maduro, podría intentar llevar a cabo, junto con Israel, una acción militar contra la República Islámica, cuyo objetivo serían los misiles balísticos iraníes. Al igual que durante la guerra de 12 días en junio del año pasado, se contará con que los sistemas de defensa aérea iraníes no podrán garantizar una protección fiable y que Rusia y China, tras condenar las acciones de Jerusalén Occidental y Washington, no intervendrán en el conflicto del lado de Teherán.

La situación en el propio Irán seguirá siendo tensa en 2026: en las altas esferas se intensificará la lucha por el derecho a la sucesión del líder supremo, y en las bases el descontento por la difícil situación económica se traducirá en protestas masivas. En caso de crisis del poder, no necesariamente en 2026, es posible que se reformatee el régimen político iraní con un mayor papel de las fuerzas armadas (IRGC) y una disminución de la influencia de los ayatolás. En este caso, Irán no renunciará a sus pretensiones de ser una potencia regional, pero el grado de «revolucionariedad» de su política podría disminuir.

China
Pekín aumentará su poderío militar en muchos ámbitos (armas nucleares, misiles, fuerzas navales y aéreas), con el objetivo de alcanzar la paridad militar y estratégica con Estados Unidos y la supremacía regional sobre este en la parte occidental del océano Pacífico. Las relaciones entre la República Popular China y los Estados Unidos seguirán deteriorándose, pero es poco probable que se produzca una crisis aguda con un conflicto armado en torno a Taiwán.
Paralelamente a las relaciones entre China y Estados Unidos, las relaciones entre Pekín y Tokio se deteriorarán. Al igual que los países europeos, Japón busca afirmarse frente a la gran potencia vecina, sin depender ya del apoyo automático de Estados Unidos. En la práctica, esto significa militarización y disposición a completar, si es necesario, el desarrollo de su propio arma nuclear, lo que, en caso de que se tome la decisión correspondiente, requeriría unos pocos meses, si no semanas.

Península de Corea

La RPDC seguirá reforzando su poderío nuclear y balístico, así como sus relaciones de alianza con Rusia y China. Así, en el noreste de Asia, las alianzas estadounidenses con Japón y Corea del Sur se enfrentarán a la alianza entre Moscú, Pekín y Pyongyang. Sin embargo, y en parte como consecuencia de todo ello, parece poco probable que se produzca un enfrentamiento militar entre la RPDC y la República de Corea y/o los Estados Unidos.

Los países vecinos de Rusia
En el contexto del continuo conflicto militar en Ucrania, la integración en el marco de la Unión Estatal de Rusia y Bielorrusia se reforzará sobre una base militar, incluida la nuclear. El debilitamiento de las posiciones de Trump y la creciente hostilidad de Europa hacia Minsk limitarán las perspectivas de la multivectorialidad bielorrusa.

Moldavia, que se ha convertido definitivamente en un satélite de la UE, difícilmente iniciará un conflicto armado con Transnistria. Lo más probable es que la Unión Europea intente llegar a un acuerdo con la élite de la República Popular de Moldavia para que se distancie de Rusia. La cuestión del destino de Transnistria se resolverá definitivamente tras los resultados de la Operación Militar Especial (la guerra en Ucrania. Nota del traductor), pero es poco probable que esto ocurra en 2026.

En Armenia, es probable que el partido de Pashinyan gane las elecciones de junio y que continúe su política de acercamiento a Occidente, manteniendo al mismo tiempo las relaciones económicas con Rusia, que son beneficiosas para Ereván. El acuerdo entre Armenia y Azerbaiyán está controlado con bastante seguridad por Washington, Ankara, Bruselas y Londres, por lo que es poco probable que el conflicto vuelva a estallar en 2026. Moscú mantendrá unas relaciones frías, pero en general funcionales, con Bakú. También se mantendrá un diálogo pragmático con Tibilisi.

Las relaciones de Rusia con los países de Asia Central se fortalecerán, pero seguirán siendo principalmente comerciales. Los países de la región desarrollarán colectiva e individualmente una política exterior multivectorial y construirán su identidad única (en el marco de este proceso, el período en que formaron parte del Imperio ruso y la Unión Soviética se presentará como una aberración temporal). Ambos factores alejarán gradualmente a la región de Rusia.

«Occidente colectivo» y «mayoría mundial»
Desde el año pasado, el concepto de «Occidente colectivo» designa una civilización común, pero ya no un bloque político. El cambio de enfoque en la política exterior de Estados Unidos, que ha pasado de centrarse en el imperio a centrarse en la metrópoli, priva a Europa de la posición privilegiada que ocupaba desde el comienzo de la Guerra Fría. Europa ha pasado de ser un objeto de cuidado y apoyo a convertirse en un recurso de la política exterior de la «Gran América». En las nuevas condiciones, la OTAN se mantendrá como instrumento de dominio y control estadounidense, pero la Unión Europea ya ha sido declarada de facto «un obstáculo» para la política exterior de Estados Unidos. Aquí se impone una analogía con el Imperio Británico, que durante la Segunda Guerra Mundial fue aliado de Estados Unidos, lo que no impidió que Washington trabajara para su destrucción.

En 2026, debemos replantearnos otro concepto clave, el de «mayoría mundial», que se formuló acertadamente al comienzo de la guerra como la definición de un grupo de países que no siguieron al «Occidente colectivo» en la imposición de sanciones contra Rusia. En otras palabras, se trataba de un grupo de socios actuales y potenciales de nuestro país en unas condiciones internacionales que habían cambiado drásticamente, nada más. Pero muy pronto este concepto se empezó a utilizar para designar a todos los países que se encontraban fuera de la órbita occidental, es decir, como sinónimo de «no Occidente mundial». De ahí solo quedaba un paso para presentar a la mayoría mundial, organizada en formatos como el BRICS y la Organización de Cooperación y Seguridad de Shanghai (OCS), como la antítesis del Occidente colectivo con su «siete», la OTAN y la UE. Dar ese paso significa engañarse a uno mismo.

En 2026, es poco probable que la «mayoría» muestre un deseo de mayor consolidación. Cada país de la «mayoría», desde China hasta Qatar, Camboya y Kazajistán, actuará ante todo en función de sus intereses nacionales, incluso en sus relaciones con Occidente. Esto se ve claramente en las votaciones de la ONU. El año pasado fuimos testigos de conflictos armados entre India y Pakistán, miembros de la OCS, y Camboya y Tailandia, miembros de la ASEAN. A las puertas de 2026, se agravaron las relaciones entre los principales países del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita (lo que se reflejó inmediatamente en el curso de la guerra en Yemen).

Así, en 2026 seguirá formándose un mundo multipolar, real y no deseado. En este mundo, los principales actores serán Estados Unidos y China, así como Rusia e India. No hablarán en nombre de diferentes civilizaciones, pero, de hecho, representarán la diversidad civilizatoria del mundo, la tarjeta de presentación de la multipolaridad. Cada una de las potencias se centrará principalmente en su propio desarrollo, pero al mismo tiempo tratará de «adaptar a su medida» su área geográfica. Algo similar ocurrirá a nivel regional, donde las potencias líderes ya son Brasil, Israel, Irán, Arabia Saudita, Turquía y Sudáfrica. La transformación del mundo occidental puede volver a dar cierta autonomía al Reino Unido, Francia, Alemania y Japón, pero si esto ocurre, no será en el transcurso del año que viene."

(Publicado en : Прогноз осторожный: какими будут международные отношения в 2026 году – Информационное агентство Деловой журнал Профиль – profile.ru )"

 (Dmitri Trenin es director del Instituto de Economía Militar Mundial y Estrategia de la Universidad Nacional de Investigación, en Rafael Poch, 17/01/26)

5.12.25

Se ha hecho oficial la noticia de la toma de Pokrovsk por parte del ejército ruso... Todo apunta a que el conflicto ruso-ucraniano está llegando a su fin; es plausible que entre la primavera y el verano veamos su conclusión formal. Pero esta conclusión, y este es el gran problema al que nos enfrentaremos, no será realmente un final... Lo que se avecina es una alianza estructural a largo plazo entre los restos de las fuerzas armadas radicalizadas ucranianas y el belicismo europeo... En Ucrania, los elementos nacionalistas radicalizados tomarán cualquier tratado de paz como su versión de la leyenda de la «puñalada por la espalda»... Al mismo tiempo, los dirigentes europeos no pueden considerar la paz como una opción... toda la catastrófica conducta de las clases dirigentes europeas quiere evitar llegar a un momento de rendir cuentas... Por esta razón, la perspectiva que nos espera es la de una guerra híbrida permanente, en la que los paramilitares ucranianos proporcionarán parte de la mano de obra y Europa proporcionará los medios tecnológicos y económicos. Por lo tanto, sabotajes, actos terroristas, guerra informática, etc... que nos empujarán a una situación de guerra sin bombardeos, pero de larga duración. Obviamente, espero que nadie se haga ilusiones de que Europa vaya a destrozar a Rusia a través de Ucrania sin consecuencias para ella, permaneciendo a salvo sin sufrir represalias... Este será, me temo, el punto de caída natural de la situación actual, con un nuevo impulso al secuestro de recursos públicos para financiar las industrias parabélicas de los amigos de los amigos, y con una nueva restricción de todas las libertades residuales de palabra, pensamiento y expresión en suelo europeo. La amenaza rusa se convertirá en un estribillo permanente y, en nombre de las instancias supremas de la defensa (Andrea Zhok)

 "Se ha hecho oficial la noticia de la toma de Pokrovsk por parte del ejército ruso y, simultáneamente, la conquista de Volchansk.

En el último mes, el ejército ruso ha conquistado 505 km² de territorio, lo que para un país tan grande como Ucrania sigue siendo poco, pero que supone un claro avance con respecto al periodo anterior.

La omnipresencia de los drones hace imposible el rápido avance con tanques y vehículos blindados, pero también hace que las conquistas realizadas sean más resistentes a posibles contraataques.

Las señales de un declive de la capacidad operativa ucraniana en el frente son evidentes, pero los indicios de un rápido final del conflicto son controvertidos.

Desde el frente, algunos comandantes ucranianos han enviado a Zelenski un comunicado en el que le comunican que, en caso de que firme un acuerdo que implique la retirada del Donbás, no le obedecerán.

Por supuesto, en una guerra moderna esto es más un gesto que una perspectiva real de resistencia a ultranza: si, por decisión central, se interrumpieran los suministros, el frente se derrumbaría en pocas semanas.

Del mismo modo que colapsaría si Estados Unidos retirara, como ha amenazado hacer en repetidas ocasiones, el suministro de información satelital y de inteligencia.

Por lo tanto, al final, una vez descontados los elementos nacionalistas más radicales presentes en las fuerzas armadas ucranianas, la decisión de continuar la guerra o aceptar una derrota aún honorable sigue estando en manos de los responsables políticos.

Todo apunta a que el conflicto ruso-ucraniano está llegando a su fin; es plausible que entre la primavera y el verano veamos su conclusión formal.

Pero esta conclusión, y este es el gran problema al que nos enfrentaremos, no será realmente un final.

Lo que se avecina es una alianza estructural a largo plazo entre los restos de las fuerzas armadas radicalizadas ucranianas y el belicismo europeo.

En Ucrania, los elementos nacionalistas radicalizados tomarán cualquier tratado de paz como su versión de la leyenda de la «puñalada por la espalda» (Dolchstosslegende) que animó a los veteranos alemanes después de la Primera Guerra Mundial. La narrativa de que la guerra no se perdió en el campo de batalla, sino por la traición de la política en la retaguardia, fue el origen de aquellos movimientos paramilitares en la Alemania de los años veinte que confluyeron en las Sturm Abteilungen y alimentaron el ascenso del partido nazi.

Al mismo tiempo, los dirigentes europeos, aunque saben que no son capaces de afrontar de forma realista un enfrentamiento bélico directo con Moscú, no pueden considerar la paz como una opción. Para von der Leyen y Kallas se aplica el lema «Mientras haya guerra, hay esperanza», como titulaba una famosa película de Alberto Sordi. Mientras siga viva la descabellada narrativa de «hay un agresor y un agredido, no teníamos otra opción», toda la catastrófica conducta de las clases dirigentes europeas quiere evitar llegar a un momento de rendir cuentas.

Por esta razón, la perspectiva que nos espera es la de una guerra híbrida permanente, en la que los paramilitares ucranianos proporcionarán parte de la mano de obra y Europa proporcionará los medios tecnológicos y económicos. Por lo tanto, sabotajes, actos terroristas, guerra informática, etc., todos ellos actos sujetos a la «negación plausible», todos ellos acontecimientos a menudo indistinguibles de averías accidentales ordinarias, que nos empujarán a una situación de guerra sin bombardeos, pero de larga duración. Obviamente, espero que nadie se haga ilusiones de que Europa vaya a destrozar a Rusia a través de Ucrania sin consecuencias para ella, permaneciendo a salvo sin sufrir represalias.

Este será, me temo, el punto de caída natural de la situación actual, con un nuevo impulso al secuestro de recursos públicos para financiar las industrias parabélicas de los amigos de los amigos, y con una nueva restricción de todas las libertades residuales de palabra, pensamiento y expresión en suelo europeo.

La amenaza rusa se convertirá en un estribillo permanente y, en nombre de las instancias supremas de la defensa, el sueño húmedo del neoliberalismo se hará realidad en toda su pureza: una sociedad de esclavos, militarizados en la mente y en el bolsillo, en beneficio de los nuevos feudales de las finanzas.

La historia nunca está escrita, pero tiene tendencias inerciales.

Si no se oponen frontalmente, estas tendencias serán fatales en un futuro próximo." 

(Andrea Zhok, facebook, 02/12/25)

28.11.25

El colapso del ejército ucraniano... Con bajas de hasta unos 40,000 por mes y la actual tasa de deserción/ausencia sin permiso de 20,000, las FFAA de Ucrania se habrán reducido en 720,000 y pueden no existir dentro de un año... Con la moral baja, la disciplina se erosiona. Las retiradas no autorizadas están aumentando en frecuencia. Los soldados ucranianos se están negando a cumplir órdenes operativas porque equivalen a operaciones suicidas y están comenzando a rendirse como unidades completas, en un caso casi un batallón entero (por ejemplo, el 92º de Combate)... La crisis militar está provocando un conflicto entre el ejército y el mando civil, ya que el presidente Volodomyr Zelenskiy se ha negado a emitir órdenes de retirada por razones políticas, mientras que el alto mando ve la disminución en el número de 'recursos humanos' para la guerra y busca preservar vidas... El ejército intervino para poner fin a la política de Zelenskiy el mes pasado... con los militares forzados a la insubordinación y tomando el control de las decisiones de retirada, el control civil sobre los militares está en peligro. Esto no solo puede dividir al ejército del liderazgo civil, sino que también puede crear divisiones dentro del ejército al provocar acusaciones y disputas entre los oficiales sobre la necesidad de seguir las órdenes del liderazgo civil o si el alto mando militar debe continuar subordinándose a los políticos. Con esto, un golpe militar puede estar a solo una derrota en el campo de batalla o un escándalo de corrupción política de distancia (Gordon M. Hahn)

 "Las Fuerzas Armadas de Ucrania (UAF) están ahora en un estado de colapso, como advertí que sería el caso hace un año (https://gordonhahn.com/2024/12/10/the-second-great-ukrainian-ruin-revisited/). Está plagada de altas bajas, bajo reclutamiento, casi todo forzado, deserción masiva, baja moral, mala formación y vejez. Se está convirtiendo en una fuerza desorganizada que recuerda esas famosas pinturas del Gran Ejército de Napoleón durante su retirada de Rusia.

Las deserciones y las ausencias sin permiso del ejército ucraniano ascendieron a 90,000 desde enero de 2022 hasta septiembre de 2024: 60,000 casos de ausencia sin permiso y casi 30,000 de deserción. Para septiembre de 2025, esas cifras habían aumentado a casi 290,000 ausencias sin permiso y deserciones: 235,646 ausencias sin permiso y 53,954 deserciones (https://censor.net/en/news/3579670/ukraine-opens-nearly-290-000-awol-and-desertion-cases-since-2022). En octubre, las deserciones por sí solas alcanzaron un récord de 21,602 (https://censor.net/en/news/3583784/ukraine-sets-a-record-for-desertions-more-than-21-000-people-left-the-army-in-a-month). Algunos concluyen que las FFAA de Ucrania pueden haber sufrido hasta 2 millones de bajas (https://www.youtube-nocookie.com/embed/WMkYYjvnyOI). ?rel=0&autoplay=0&showinfo=0&enablejsapi=0)

Estimo que las bajas ucranianas ascienden a 1.5 millones hasta la fecha; las bajas rusas son probablemente un tercio de esa cifra aproximadamente. Con bajas de hasta unos 40,000 por mes y la actual tasa de deserción/ausencia sin permiso de 20,000, las FFAA de Ucrania se habrán reducido en 720,000 y pueden no existir dentro de un año. La movilización puede no llenar el vacío, a menos que el ejército ucraniano actualmente cuente con casi esa cantidad. Esto puede ser el caso, pero si es así, apenas. Según informes, ahora hay pocos o ningún voluntario en Ucrania, y la movilización militar llevada a cabo en los últimos dos años, que ha tenido un efecto tan debilitante en la economía y la sociedad, ha sido un fracaso absoluto. Se ha convertido en un retroceso a tiempos medievales, con hombres 'movilizados' a la fuerza en el ejército. No obstante, si somos positivos y optimistas desde el punto de vista de Ucrania y asumimos 20,000 reclutas por mes — muchos, si no todos, movilizados por la fuerza — Ucrania tendrá un ejército de aproximadamente 240,000 para finales del próximo año. Pero será un ejército no solo de menor cantidad, sino también de menor calidad para entonces.

Además, el grupo de reclutamiento está disminuyendo. Casi 100,000 hombres jóvenes en edad de reclutamiento huyeron de Ucrania en los primeros dos meses después de que Zelenskiy aprobara en verano un alivio de las restricciones de viaje para hombres de 18 a 22 años (www.telegraph.co.uk/world-news/2025/10/29/100000-young-men-flee-ukraine-two-months/). Esta cifra ahora probablemente sea de 150,000. Así, la movilización no ha podido ni podrá reemplazar las pérdidas debido a bajas, ausencias sin permiso y deserciones, y simplemente. Así, las FFAA de Ucrania se están retirando a lo largo de toda la línea del frente, recientemente en una retirada 'retrógrada' controlada para salvar vidas y en otras ocasiones de manera descontrolada. El general Oleksandr Syrskii, comandante de las Fuerzas Armadas de Ucrania, no tuvo más remedio que ordenar la retirada de Gulai Pole precisamente porque las FFAA de Ucrania ya no tienen más reservas para desplegar allí y hacer frente a las tropas rusas avanzadas (https://t.me/rezident_ua/28080).

Ucrania solo puede 'rellenar' las filas con reclutas completamente inexpertos y con poca o ninguna moral, que son enviados a las líneas del frente sin entrenamiento (https://www.youtube-nocookie.com/embed/r8yMTGKURYU?rel=0&autoplay=0&showinfo=0&enablejsapi=0). Pero ya el año pasado casi todos los nuevos reclutas eran viejos o desmotivados, informó The Economist (https://ctrana.one/news/475629-nekhvatka-soldat-v-vsu-stanet-kritichnoj-vesnoj-the-economist.html). 

Los comandantes informan que el 90 por ciento de sus tropas en las líneas del frente son hombres nuevos, movilizados por la fuerza (https://ctrana.news/news/475190-v-vsu-sejchas-vojujut-v-osnovnom-zhiteli-sel-horodskim-lehche-sprjatatsja-ot-ttsk.html). Dos días después de que Zelenskiy afirmara que las fuerzas de Kiev tenían "todo bajo control" en Pokrovsk, que estaba completamente rodeada y casi enteramente ocupada por las fuerzas rusas, un oficial ucraniano reflejó el estado de la moral. Criticando al liderazgo civil y militar, señaló que los rusos tienen una ventaja numérica de tres a uno en términos de soldados y drones. Se lamentó: "Tan pronto como destruimos un grupo de diez soldados, otro inmediatamente toma su lugar." ¿Estamos destruyendo el puesto de drones? Aparece en otro lugar. Sus recursos parecen ser inagotables” (https://t.me/stranaua/215649). Según Serhiy Rakhamanin, miembro del Comité de Defensa y Seguridad Nacional de la Verkhovna Rada, las brigadas de infantería de las Fuerzas Armadas de Ucrania ahora sufren de una escasez de personal, están exhaustas y tienen baja moral. Las unidades de infantería están sufriendo grandes pérdidas, sin reservas para reemplazarlas. Muchos comandantes no informan de las bajas en un intento de beneficiarse de ellas. Esto significa que, aunque se dice que el personal de la unidad está al 60-70% de su capacidad a tiempo completo, en realidad se encuentra en menos del 15-20%. Las misiones defensivas asumen lo que no existe: unidades completamente o casi completamente dotadas de personal. Así, los asentamientos ahora están siendo abandonados en cuestión de horas después del ataque inicial ruso. No hay una fuerza de defensa viable por parte de la infantería, y en algunos casos, los drones son incapaces de construir zonas de defensa (https://t.me/Slavyangrad/148450).

Con la moral baja, la disciplina se erosiona. Las retiradas no autorizadas están aumentando en frecuencia. Los soldados ucranianos se están negando a cumplir órdenes operativas porque equivalen a operaciones suicidas y están comenzando a rendirse como unidades completas, en un caso casi un batallón entero (por ejemplo, el 92º de Combate). De hecho, las negativas a seguir órdenes o emprender medidas de contraofensiva están aumentando. En un caso reciente, el jefe de estado mayor de la Brigada Azov, Bogdan Koretich, acusó a un general ucraniano de tener un mando tan deficiente que se le describió como responsable de más muertes ucranianas en la guerra que los rusos, lo que obligó a su destitución (www.pravda.com.ua/eng/news/2024/06/24/7462293/). A niveles más bajos, los comandantes están siendo despedidos en grandes cantidades (https://strana.news/news/467266-itohi-852-dnja-vojny-v-ukraine.html).

Además, la producción de armas ucranianas es baja, al igual que la de, y la asistencia en armas de los aliados de Kiev. Las fuerzas rusas han estado destruyendo sitios de producción militar, incluidos centros de producción y operación de drones, mientras cortan efectivamente las líneas de suministro, dejando a las tropas mal entrenadas y mal motivadas, así como mal armadas, especialmente en comparación con su enemigo ruso.

La crisis militar está provocando un conflicto entre el ejército y el mando civil, ya que el presidente Volodomyr Zelenskiy se ha negado a emitir una orden de retirada por razones políticas, mientras que el alto mando ve la disminución en el número de 'recursos humanos' para la guerra y busca preservar vidas. El ejército intervino para poner fin a la política de Zelenskiy el mes pasado. El 7 de noviembre, mientras Pokrovsk caía ante las fuerzas rusas después de que Zelenskiy se negara a ordenar una retirada de tropas y dijera que las fuerzas ucranianas tenían la ciudad bajo control, el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Ucrania, el general Andrey Gnatov, le dijo a Zelenskiy cara a cara y en video que "todas las decisiones relacionadas con esta operación (la de Pokrovsk) serán tomadas por el mando militar", obligando a Zelenskiy a interrumpirlo e inyectar que cualquier caída rápida de Pokrovsk sería un alimento para la propaganda rusa y dañaría la capacidad de Ucrania para obtener apoyo occidental (https://strana.news/news/494462-putin-mozhet-ispolzovat-zakhvat-pokrovska-kak-povod-ubedit-zapad-nadavit-na-kiev.html). 

Zelenskiy ha rechazado repetidamente dar órdenes de retirada a las tropas ucranianas, permitiendo que sean bombardeadas por la artillería rusa, drones y cohetes durante demasiado tiempo y luego sean rodeadas y en su mayoría 'liquidadas', si no capturadas o forzadas a rendirse ante las fuerzas rusas. Esto fue cierto en Mariupol en mayo de 2022, Bakhmut en mayo de 2023, Avdiivka en febrero de 2024, y en muchas otras batallas menores de la guerra; un hecho que a menudo consternaba al liderazgo militar. Ahora, con los militares forzados a la insubordinación y tomando el control de las decisiones de retirada, el control civil sobre los militares está en peligro. Esto no solo puede dividir al ejército del liderazgo civil, sino que también puede crear divisiones dentro del ejército al provocar acusaciones y disputas entre los oficiales sobre la necesidad de seguir las órdenes del liderazgo civil o si el alto mando militar debe continuar subordinándose a los políticos. Con esto, un golpe militar puede estar a solo una derrota en el campo de batalla o un escándalo de corrupción política de distancia.

(Gordon M. Hahn, Brave New Europe, 27/11/25, fuente Russian & Eurasian Politics, traducción Quillbot)

22.10.25

La ventana de oportunidad para la paz se está cerrando... El éxito de los esfuerzos por sabotear la reunión de Budapest puede dejarnos con dos opciones: una derrota estratégica de la OTAN con el colapso en Ucrania, o la escalada a una guerra directa OTAN-Rusia... Los europeos se opondrán a cualquier diplomacia real por miedo a que la paz vaya acompañada de divisiones europeas y de la salida de Estados Unidos. Mientras tanto, Rusia se muestra cada vez más pesimista sobre cualquier posible paz. A medida que se derrumban los frentes ucranianos y Moscú no confía en la OTAN, es probable que se haga con todo el territorio estratégico que convertiría a Ucrania en un amenazador Estado de primera línea (Glenn Diesen)

 "La ventana de oportunidad para la paz se está cerrando

Tuve el gran placer de discutir esto con John Mearsheimer y Alexander Mercouris en The Duran, cómo la ventana de oportunidad para un acuerdo pacífico se está cerrando rápidamente. Zelensky no puede aceptar las altas exigencias de Rusia. 

Los europeos se opondrán a cualquier diplomacia real por miedo a que la paz vaya acompañada de divisiones europeas y de la salida de Estados Unidos. Mientras tanto, Rusia se muestra cada vez más pesimista sobre cualquier posible paz. A medida que se derrumban los frentes ucranianos y Moscú no confía en la OTAN, es probable que se haga con todo el territorio estratégico que convertiría a Ucrania en un amenazador Estado de primera línea. 

El éxito de los esfuerzos por sabotear la reunión de Budapest puede dejarnos con dos opciones: una derrota estratégica de la OTAN con el colapso en Ucrania, o la escalada a una guerra directa OTAN-Rusia. "                (Glen Diesen, blog, 22/10/25, traducción DEEPL) 

29.9.25

Muchos intelectuales europeos están entusiasmados con la idea de entrar en guerra con Rusia... Los políticos europeos también se muestran cada vez más entusiastas con la idea de luchar contra los rusos. Uno de ellos es Alexander Stubb, presidente de Finlandia... La semana pasada afirmó que las garantías de seguridad para Ucrania implican inevitablemente que los garantes estén dispuestos a luchar contra los rusos... No podemos ser ingenuos respecto de los movimientos de Rusia en medio de una guerra existencial, pero tampoco respecto de las maniobras provocativas de los países bálticos o de Polonia. Defenderse razonablemente es diferente a librar una guerra por poderes en Ucrania, un país que no forma parte de la OTAN, pero que desde hace treinta años se ha considerado un objetivo fundamental para rodear y aislar a Rusia... La probabilidad de que se produzca una escalada hacia una guerra abierta es lo suficientemente grande como para tomarla en serio... el mayor riesgo hoy en día es que, al igual que los alemanes en 1914, estemos juzgando erróneamente al enemigo... El mayor de todos fue que la economía rusa era débil y acabaría cediendo ante la presión occidental... Desde el inicio de la guerra, Rusia ha superado a todas las economías del G7... lo que ocurrió fue un clásico efecto keynesiano de economía de guerra... estos hechos económicos son los que determinarán la realidad sobre el terreno en Ucrania en el futuro. Es el dinero el que compra las armas... Los 200 000 millones de euros en activos rusoa congelados que podríamos liberar en préstamos a Ucrania también pueden ser fácilmente igualados por la otra parte. China podría conceder un préstamo a Rusia, garantizado con activos occidentales en China o con los ingresos de la indemnización legal a la que Rusia podría tener derecho en el futuro. Es un error continuo pensar que Occidente, la parte más pequeña de nuestro mundo duopolístico, va a acabar con la más grande (Wolfgang Munchau)

 "Max Weber era la imagen del intelectual culto de finales del siglo XIX y principios del XX. El sociólogo alemán era conocido sobre todo por su ensayo «La ética protestante y el espíritu del capitalismo», una explicación de por qué los países protestantes superaban a los demás en ese periodo. Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, Weber tenía 50 años. El historiador alemán Golo Mann, hermano menor de Thomas Mann, incluyó un revelador comentario de Weber en su libro La historia de Alemania desde 1789. En él se muestra lo fácil que es dejarse arrastrar por las guerras:

«Max Weber, a quien conocemos como un realista melancólico y severo, escribió sobre «esta gran y maravillosa guerra» y lo maravilloso que era seguir vivo para vivirla, y sin embargo lo amargo que era que su edad le impidiera ir al frente».

En ningún momento Weber y muchos otros alemanes partidarios de la guerra de la época parecieron considerar la posibilidad de que la guerra no saliera como ellos pensaban.

Veo a Europa en una posición similar hoy en día. Al igual que Weber, muchos intelectuales y políticos de nuestra época están entusiasmados con la idea de entrar en guerra con Rusia. Uno de los mayores defensores de la intervención militar occidental es el historiador Timothy Snyder, anteriormente en Yale y ahora en la Universidad de Toronto. Dijo en 2023: «Hay que derrotar a los rusos, igual que se derrotó a los alemanes».

Los políticos europeos también se muestran cada vez más entusiastas con la idea de luchar contra los rusos. Uno de ellos es Alexander Stubb, presidente de Finlandia. Lo conocí cuando vivía en Bruselas, cuando era un humilde eurodiputado, la encarnación de un europeo del norte tranquilo e intelectual. La semana pasada afirmó que las garantías de seguridad para Ucrania implican inevitablemente que los garantes estén dispuestos a luchar contra los rusos.

No podemos ser ingenuos respecto de los movimientos de Rusia en medio de una guerra existencial, pero tampoco respecto de las maniobras provocativas de los países bálticos o de Polonia. Defenderse razonablemente es diferente a librar una guerra por poderes en Ucrania, un país que no forma parte de la OTAN, pero que desde hace treinta años se ha considerado un objetivo fundamental para rodear y aislar a Rusia.

La Guerra Fría fue un periodo de relativa estabilidad, no solo por la política de equilibrio de poder, sino porque los políticos que vivieron los horrores de la Segunda Guerra Mundial querían garantizar la paz. La mayoría de esa generación ya no está con nosotros. Al igual que Weber, las élites europeas actuales han perdido la oportunidad de librar una guerra gloriosa. La diferencia es que prefieren dejar que otros luchen por ellos.

La probabilidad de que se produzca una escalada hacia una guerra abierta es lo suficientemente grande como para tomarla en serio. Aparte de una disposición general belicista, el mayor riesgo hoy en día es que, al igual que los alemanes en 1914, estemos juzgando erróneamente al enemigo. Putin también juzgó erróneamente la respuesta occidental a su invasión de Ucrania y la resistencia del ejército ucraniano. Pero los errores de juicio occidentales son más persistentes.

El mayor de todos fue que la economía rusa era débil y acabaría cediendo ante la presión occidental. Este error de cálculo tiene varias capas. Comenzó con una mentira estadística: que Rusia era en realidad una economía pequeña. Si se mide el tamaño de la economía rusa por su producción anual en dólares estadounidenses, ese habría sido efectivamente el caso. Al comienzo de la guerra, la economía rusa era aproximadamente del tamaño de la española si se medía en dólares estadounidenses. Pero esta no es una buena forma de juzgar la capacidad de un país en tiempos de guerra. Lo que importa es el poder adquisitivo de su dinero, cuántos tanques pueden comprar con él. La respuesta es que pueden comprar muchos más tanques que nosotros.

Si se mide una economía en función del poder adquisitivo, se obtiene una imagen completamente diferente a la que sugiere nuestra complaciente estadística. Según el Banco Mundial, la mayor economía del mundo, con diferencia, es China, siempre que la medición se realice sobre la base de la paridad del poder adquisitivo. (La paridad del poder adquisitivo tiene en cuenta que los productos son más asequibles en algunos países que en otros). El segundo lugar lo ocupa Estados Unidos. Le siguen India y Rusia. Alemania, en sexto lugar, es el mayor de los países europeos.

Según esta medida, los diez países que forman parte de una alianza con China y Rusia, los llamados BRICS, son más grandes que Estados Unidos, Europa Occidental y Japón juntos. Vivimos en un mundo verdaderamente bipolar. Estados Unidos y China son los líderes de cada bando. Ya no tomamos las decisiones, aunque creamos que sí. Con el tiempo, el otro bando se hará más grande, porque está creciendo más rápido que nosotros.

Desde el inicio de la guerra, Rusia ha superado a todas las economías del G7. El economista británico John Maynard Keynes no se habría sorprendido, porque lo que ocurrió fue un clásico efecto keynesiano de economía de guerra. El Reino Unido experimentó este efecto durante la Segunda Guerra Mundial. Putin reorganizó Rusia en una economía de guerra.

Destaco estos hechos económicos porque son los que determinarán la realidad sobre el terreno en Ucrania en el futuro. Es el dinero el que compra las armas. Este dinero para Ucrania se ha agotado. Hasta ahora, Estados Unidos ha concedido a Ucrania una ayuda bilateral total de 115 000 millones de euros, lo que eclipsa los 21 300 millones de Alemania y los 7560 millones de Francia. Sin Estados Unidos, los europeos no podrían financiar la guerra por sí mismos. Para ello, tienen que pedir dinero prestado.

O podrían confiscar los 210 000 millones de euros de activos rusos congelados que se encuentran en Europa. Anteriormente, Alemania, Francia, Bélgica y el Banco Central Europeo se opusieron a la confiscación de activos, por diferentes motivos. Bélgica tiene la mayor parte del dinero en su territorio. El dinero se encuentra en las cámaras acorazadas de Euroclear, un gran depósito financiero con sede en Bruselas. Francia y Alemania podrían verse obligadas a pagar indemnizaciones si Rusia ganara en los tribunales mercantiles. El BCE cree que una incautación de activos es ilegal y dañaría irremediablemente la reputación de Europa como centro financiero. En circunstancias normales, sería una locura que la UE asumiera tales riesgos, pero si quieren seguir apoyando a Ucrania, este es el único vehículo financiero que tienen a su disposición. Ahora que la Comisión Europea ha presentado una propuesta para desbloquear el dinero, hay muchas posibilidades de que esto ocurra.

¿Y entonces qué? Dejando de lado las complejas cuestiones técnicas y jurídicas, la UE se encontrará con un problema muy similar a la caricatura del socialismo de Margaret Thatcher: al final, se quedará sin el dinero de los demás. El error de cálculo es pensar que los 200 000 millones de euros nos permitirán salir del paso hasta que Donald Trump deje el cargo, cuando le sucederá un demócrata que estará encantado de volver a aportar la mayor parte de la financiación. Friedrich Merz, canciller alemán, afirmó recientemente que la guerra terminará cuando Rusia se vea agotada económicamente. Esa es la estrategia occidental.

Pero nuestras sanciones no han logrado paralizar la economía rusa. Recordemos la definición de locura de Einstein: hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes. Hasta ahora, la UE ha acordado 18 paquetes de sanciones contra Rusia. Actualmente se está preparando un decimonoveno.

Es cierto que hay algunos indicios de tensión financiera en la economía rusa. La presidenta del Banco Central de Rusia, Elvira Nabiullina, admitió a principios de este año que la economía rusa logró expandirse gracias a recursos esencialmente gratuitos, mano de obra, capacidad industrial secuestrada y activos líquidos del Fondo Nacional de Riqueza del país. Estos recursos se han agotado por completo, afirmó. Pero este comentario no iba dirigido a Occidente, sino a Putin. Putin necesita encontrar medios para crear nuevos recursos. Al igual que Occidente.

Pero Rusia tiene algo que Ucrania no tiene. China es un mejor aliado para Rusia que Estados Unidos para Ucrania. Los neoconservadores occidentales siguen subestimando la profundidad de la alianza entre China y Rusia, que es el resultado de la ineficaz política exterior estadounidense de los últimos diez años. Al imponer sanciones y aranceles a ambos países, Estados Unidos acabó creando una alianza estratégica entre ellos. Mientras tanto, Estados Unidos está mucho más distanciado de Ucrania con Trump que con Biden.

La idea errónea que subyace a las sanciones occidentales es que Rusia y China dependen de la tecnología occidental, como los chips semiconductores. Para gran sorpresa de la administración Biden, China logró fabricar por sí misma chips de alto rendimiento. La semana pasada, China dio un giro a la situación al prohibir la importación de chips Nvidia.

Los 200 000 millones de euros en activos congelados que podríamos liberar en préstamos a Ucrania también pueden ser fácilmente igualados por la otra parte. China podría conceder un préstamo a Rusia, garantizado con activos occidentales en China o con los ingresos de la indemnización legal a la que Rusia podría tener derecho en el futuro. Es un error continuo pensar que Occidente, la parte más pequeña de nuestro mundo duopolístico, va a acabar con la más grande.

Los errores de cálculo de esta magnitud y número son los que convierten las guerras regionales en guerras mundiales. Nuestro ejército de intelectuales occidentales tuiteros y belicistas son los sucesores de Max Weber. No me dejan ninguna duda de que existe un apoyo sustancial a una guerra gloriosa, al igual que hace más de 100 años." 

( , Un Herd, 22/09/25, traducción DEEPL)

13.7.25

Wolfgang Streeck: La idea de que los Estados europeos puedan enviar tropas a Ucrania, o incluso proporcionar el armamento y las municiones necesarias es un disparate... todos lo saben, pero nadie está dispuesto a ser el primero en admitirlo... la idea parece ser continuar la guerra de desgaste contra Rusia, más o menos sin el apoyo estadounidense, durante tres o cinco años más, dando a los miembros de la UE el tiempo necesario para duplicar o triplicar su gasto en «defensa». Para entonces, se espera que Rusia esté lo suficientemente debilitada y los ejércitos europeos lo suficientemente rearmados como para dar el golpe de gracia definitivo... Los países escandinavos, los bálticos y Polonia quieren que Alemania aporte la masa crítica de fuerzas convencionales que ellos mismos no pueden reunir... Francia y el Reino Unido prometerán apoyo nuclear a las tropas terrestres alemanas en Ucrania, disfrazadas de «tropas de paz», en caso necesario... El nuevo gobierno alemán parece dispuesto a aceptarlo... la cuestión es si se puede confiar en que el Reino Unido y Francia pongan en peligro a Londres y París, respectivamente, para proteger a Berlín... En este contexto, la guerra no es más que la última oportunidad para que los partidos que han perdido hace tiempo la confianza de sus votantes restauren la unidad nacional y la voluntad de sacrificio, y con ello su decreciente capacidad para gobernar... por lo que en Alemania nos dicen que Rusia atacará Europa Occidental dentro de unos cinco años... pero ¿por qué un país rico en recursos como Rusia querría conquistar otros países ricos en tecnología a los que podría vender sus recursos para pagar su modernización y enriquecerse en el proceso? Con un acuerdo en Ucrania que satisfaga los intereses rusos de seguridad nacional, no habría ninguna razón en el mundo para que Rusia no estuviera más que contenta con una zona económica euroasiática «de Lisboa a Vladivostok»

 "Chris Bambery entrevistó al economista y escritor alemán de izquierdas Wolfgang Streeck sobre la UE, las perspectivas de una participación europea en la guerra de Ucrania y la inestabilidad política    

CB: La UE estaba, en muchos sentidos, disciplinada por su atlantismo. La lealtad a Estados Unidos contribuyó a mantenerla unida. Sin eso, y a pesar de la retórica actual, ahora parece que cada Estado miembro perseguirá su propio interés. ¿Está de acuerdo?

WS: La verdad es que no. La UE no estaba «disciplinada por su atlantismo», como usted dice, ni estaba especialmente disciplinada en primer lugar. Francia siempre se vio a sí misma como una hegemonía europea en ciernes, líder de una Europa más independiente a medio camino entre Estados Unidos y el Este, durante mucho tiempo la Unión Soviética, y activa globalmente como tercera fuerza en la política mundial. En este sentido, mantenía un conflicto, habitualmente encubierto por ambas partes, con Alemania, que como potencia no nuclear tenía que depender de Estados Unidos para su seguridad nacional. Los demás Estados miembros de la UE también perseguían ante todo sus intereses nacionales -¿qué otra cosa podía hacer un país democrático? – tanto más cuanto mayor y más heterogénea se hizo la UE, que con los años pasó de seis a 27 miembros. Con el tiempo, la política interna de la UE giró en torno a dos objetivos: conseguir que Alemania comparta los beneficios de su pertenencia a la UE con los demás Estados miembros, en este sentido dirigir la UE como un hegemón benévolo; y evitar que Alemania, como miembro más fuerte, vaya por libre, en ese sentido promover la «integración europea». El objetivo es mantener a Alemania dentro -no necesariamente abajo, sino atada por la legislación internacional y el voto mayoritario- y evitar que utilice su poder para construir una zona de interés alemán en la que Alemania tenga libertad para actuar en función de sus intereses

CB: La idea de que los Estados europeos puedan enviar tropas a Ucrania o incluso proporcionar el armamento y las municiones necesarias es un disparate, ¿no es así?

WS: Sí, todos lo saben, pero nadie está dispuesto a ser el primero en admitirlo. En estos momentos, la idea parece ser continuar la guerra de desgaste contra Rusia, más o menos sin el apoyo estadounidense, durante tres o cinco años más, dando a los miembros de la UE el tiempo necesario para duplicar o triplicar su gasto en «defensa». Para entonces, se espera que Rusia esté lo suficientemente debilitada y los ejércitos europeos lo suficientemente rearmados como para dar el golpe de gracia definitivo. Una vez más, Alemania, ahora bajo Merz, tendrá que desempeñar el papel clave. Los países escandinavos, los bálticos y Polonia quieren que Alemania, con diferencia el Estado miembro continental más grande y rico, aporte la masa crítica de fuerzas convencionales que ellos mismos no pueden reunir. Las fuerzas convencionales alemanas están y estarán comparativamente bien financiadas porque Alemania, a diferencia de Francia y el Reino Unido, no tiene, o no se le permite tener, una costosa fuerza nuclear. Francia y el Reino Unido prometerán apoyo nuclear a las tropas terrestres alemanas en Ucrania, disfrazadas de «tropas de paz», en caso necesario. El nuevo gobierno alemán parece dispuesto a aceptarlo – «los alemanes al frente»-, pero probablemente querrá también apoyo nuclear estadounidense; la cuestión es si se puede confiar en que el Reino Unido y Francia pongan en peligro a Londres y París, respectivamente, para proteger a Berlín. Sin embargo, parece más que dudoso que Estados Unidos se comprometa seriamente;

CB: En toda Europa, vemos desilusión con los partidos establecidos. Las encuestas en toda Europa y en Ucrania muestran un apoyo minoritario a continuar la guerra. Aquí en el Reino Unido, Starmer está introduciendo medidas de austeridad para ayudar a pagar el aumento del gasto militar y la ayuda a Ucrania. Sin duda, esto sólo puede alimentar el apoyo a la extrema derecha;

WS: Creo que la situación es más compleja, más complicada. La oposición de derechas a la guerra puede identificar a la extrema derecha con la paz, sí, pero también puede identificar la paz con la extrema derecha, que es lo que parece estar ocurriendo actualmente. Los partidos de centro, que intentan mantenerse en el poder convirtiendo a la nueva derecha en parias políticos y sociales, pueden encontrar más fácil movilizar el apoyo a la guerra si enmarcan la paz como el objetivo de una extrema derecha pro-Putin. 

Al mismo tiempo, y viceversa, alguien como Le Pen se ha vuelto bastante belicista y antirrusa en su retórica, aparentemente para evitar ser tachada de extremista desleal antifrancesa. Por cierto, las presiones a favor de la austeridad han existido desde algún tiempo antes de la guerra de Ucrania, debido a que los gastos generales del capitalismo superan continuamente y cada vez más los impuestos que los gobiernos pueden recaudar del capital; yo llamo a esto la crisis financiera del Estado contemporáneo. 

En este contexto, la guerra no es más que la última oportunidad para que los partidos que han perdido hace tiempo la confianza de sus votantes restauren la unidad nacional y la voluntad de sacrificio, y con ello su decreciente capacidad para gobernar, como indica la parte cada vez mayor del gasto público que ahora tiene que cubrirse con préstamos del capital financiero. Si estás del lado del bien en una guerra contra el mal en la que tú o tu hermano, hijo, marido podéis tener que sacrificar vuestras vidas, ¿cómo es posible que seas tan egoísta de no aceptar un recorte en tu pensión en aras de traer a los chicos de vuelta a casa lo antes posible?

CB: ¿Es Rusia una amenaza para Europa?

WS: En Alemania nos dicen que Rusia atacará Europa Occidental dentro de unos cinco años, por lo que tenemos que ser kriegstüchtig (capaces de ir a la guerra) antes de eso. Supuestamente, Rusia es dada a una extraña adicción: conquistar pequeños estados vecinos, la mayoría de ellos no rusos étnicamente, e incorporarlos a la Federación Rusa, cueste lo que cueste – un hábito bastante caro uno debería pensar. Se trata de un país al que le cuesta gobernarse a sí mismo, que en tres años ha sido incapaz de conquistar Ucrania, uno de los países europeos más pobres y menos desarrollados, con una capital, Kiev, a sólo 400 kilómetros aproximadamente de la frontera rusa. 

Pensando más a largo plazo, ¿por qué un país rico en recursos como Rusia querría conquistar otros países ricos en tecnología a los que podría vender sus recursos para pagar su modernización y enriquecerse en el proceso? Ni siquiera Rusia puede comerse sus minerales. Todo el mundo que supiera leer sabía mucho antes de 2014 que Rusia no podría vivir con la perspectiva de que Ucrania se uniera a la OTAN sin un acuerdo sobre el control de armas en territorio ucraniano, y con Estados Unidos tomando el control del puerto militar ruso de Sebastopol en la península de Crimea. 

Con un acuerdo en Ucrania que satisfaga los intereses rusos de seguridad nacional, no habría ninguna razón en el mundo para que Rusia no estuviera más que contenta con una zona económica euroasiática «de Lisboa a Vladivostok»;

CB: En las elecciones alemanas, la AfD quedó segunda y Die Linke superó las expectativas. La AfD apoya ahora el servicio militar obligatorio y quiere conseguir misiles nucleares. Die Linke votó a favor del equivalente a los créditos de guerra. ¿Eso les rebotará?

WS: La AfD siempre ha estado a favor del servicio militar obligatorio y no les ha perjudicado. Esencialmente, antes de la Zeitenwende, lo vendieron como un ejercicio educativo para inculcar una actitud más varonil en la próxima generación, haciéndolos más listos para la violencia. Ahora se les une la CDU-CSU. Los Verdes intentan estar a favor del servicio militar obligatorio, pero como partido autoproclamado feminista, sólo para hombres, no para mujeres. No sé si esto prosperará en el Tribunal Constitucional. En cuanto a las armas nucleares, el periódico legado de las élites conservadoras-centristas, el FAZ, se acerca lentamente al punto en que abogará abiertamente por ellas. En cierto modo, esto sólo es consecuente. Si Alemania va a soportar la carga principal de una guerra terrestre convencional patrocinada por Europa en Ucrania debe ser capaz, como último recurso, de evitar una posible derrota amenazando con atacar a las tropas rusas, bases militares e incluso ciudades con los medios de destrucción más eficaces disponibles. También debe ser capaz de disuadir una amenaza nuclear rusa en caso de que Rusia esté a punto de perder la guerra convencional. En cuanto al estado de ánimo de la opinión pública, no subestimes el poder de la propaganda de guerra. Sus herramientas están en buena forma, habiendo sido continuamente probadas y mejoradas – véase Palestina, donde el genocidio en curso está hábilmente protegido por el gobierno y los medios de comunicación, así como por destacados filósofos, para que no se diga lo que es. Parece extraordinariamente fácil convencer a la generación más joven de hoy de que el mundo está dividido entre el bien y el mal y que es nuestro deber luchar contra el mal, incluso a costa de miles, si no millones, de vidas humanas, por «justicia». Cabe preguntarse si los Verdes de hoy se habrían opuesto a la guerra de Vietnam, una de las matanzas masivas más absurdas de la historia de la humanidad;

CB: Alemania fue la fuerza clave de la UE. Hoy su economía va mal. Los costes potenciales de este nuevo impulso militar serán elevados desde el punto de vista económico y social (mis dos hijos tienen quince y diecisiete años y no se van a lanzar a alistarse, a diferencia de mi madre y mi padre en la Segunda Guerra Mundial). ¿Cómo cree que se desarrollará esto en Alemania?

WS: Esto es difícil de decir. La histeria bélica siempre fue una fuerza histórica fuerte. Ya se habla aquí de jugarse la vida por la patria dándole un sentido superior: dulce at decorum est pro patria mori, como decían los romanos (dulce y honorable es morir por la patria). Aparte de esto, cada vez más, las guerras pueden librarse con alta tecnología teledirigida, por un lado, y con soldados profesionales altamente entrenados sobre el terreno, por otro. Según informes de prensa recientes, ya hay bastantes especialistas no ucranianos luchando en el frente ucraniano, en su mayoría procedentes de Estados Unidos y el Reino Unido; es de suponer que están muy bien pagados. En Europa, la UE también podría contratar mercenarios de fuera de sus principales Estados miembros, quizá de los Balcanes. Se les podría ofrecer algo parecido a la ciudadanía europea tras un tiempo determinado de servicio, como en el antiguo Imperio Romano. Creo que los gobiernos europeos se esforzarán por evitar tener que reclutar a sus propios ciudadanos. Como dijo Ursula von der Leyen, «los ucranianos están muriendo por nuestros valores». Quizá otros puedan hacer lo mismo»;

CB: Mi apuesta es que, a pesar de la retórica actual de Starmer, el Reino Unido volverá a ser el perro faldero de Washington: tiene activos que EE UU valora (cinco ojos, GCHQ, MI6 incluso). ¿Está de acuerdo?

WS: Estoy de acuerdo. No sé hasta qué punto los «activos» que menciona son importantes para los estadounidenses; ellos tienen activos por su cuenta, creo. Pero esto no significa que los británicos no puedan ser útiles aquí y allá. Pueden ayudar con sus submarinos nucleares (que, sin embargo, aparentemente no son operativos sin el apoyo estadounidense), proporcionar fuerzas especiales entrenadas para operaciones de comando en Oriente Medio, ayudar a EE.UU. a evitar una alianza demasiado estrecha entre Alemania y Francia, etc., etc. No veo que los actuales dirigentes laboristas tengan otra idea del interés nacional del Reino Unido que la de que es idéntico al interés nacional de Estados Unidos. El único que pensaba de otra manera, y lo defendía,  era Jeremy Corbyn, y ya ves lo que le pasó." 

(Entrevista a Wolfgang Streeck, Chris Bambery, Counterfire, 03/06/25, traducción DEEPL)

10.6.25

La entrada del ejército ruso en Dnipropetrovsk pone a Ucrania en un dilema. Es muy difícil imaginar cómo Ucrania puede prevenir cualquier avance ruso adicional después de esto... Ahora tendrá que fortificar simultáneamente el frente de Dnipropetrovsk junto con los del sur de Járkov y el norte de Zaporozhye en caso de que Rusia use su nueva posición para lanzar ofensivas en cualquiera de esos tres. Esto podría poner una presión seria sobre las Fuerzas Armadas de Ucrania, ya que ya están luchando para prevenir un gran avance en la región de Sumy desde Kursk. Sumado a la disminución de personal y las dudas sobre la continuación de la ayuda militar e inteligencia de EE. UU., esto podría ser suficiente para colapsar las líneas del frente... parece que se está a punto de alcanzar o ya se ha alcanzado un punto de inflexión en el sentido de cambiar irreversiblemente las dinámicas militares y estratégicas a favor de Rusia... es más probable que la derrota oficial de Ucrania esté cerca (Andrew Korybko)

 "Es muy difícil imaginar cómo Ucrania puede prevenir cualquier avance ruso adicional después de esto.

El Ministerio de Defensa ruso anunció el domingo que sus fuerzas habían entrado en la región de Dnipropetrovsk de Ucrania, lo cual fue confirmado por el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, como parte del plan de zona de amortiguamiento de Putin. Esto se previó ya a finales de agosto, una vez comenzada la Batalla de Pokrovsk, pero se ha logrado incluso sin capturar esa ciudad fortaleza estratégica. Las fuerzas rusas simplemente lo rodearon después de romper el frente sur del Donbás. Este desarrollo pone a Ucrania en un dilema.

Ahora tendrá que fortificar simultáneamente el frente de Dnipropetrovsk junto con los del sur de Járkov y el norte de Zaporozhye en caso de que Rusia use su nueva posición para lanzar ofensivas en cualquiera de esos tres. Esto podría poner una presión seria sobre las Fuerzas Armadas de Ucrania, ya que ya están luchando para prevenir un gran avance en la región de Sumy desde Kursk. Sumado a la disminución de personal y las dudas sobre la continuación de la ayuda militar e inteligencia de EE. UU., esto podría ser suficiente para colapsar las líneas del frente.

Por supuesto, ese escenario ha sido mencionado muchas veces en los últimos más de 1,200 días, pero hoy en día parece estar más cerca que nunca. Los observadores tampoco deberían olvidar que Putin le dijo a Trump que respondería a los ataques estratégicos con drones de Ucrania a principios de este mes, lo que podría combinarse con los dos factores mencionados anteriormente para lograr este tan deseado avance. Por supuesto, podría ser solo una demostración simbólica de fuerza, pero también podría ser algo más significativo.

Las mejores posibilidades de Ucrania para prevenir esto son que Estados Unidos logre que Rusia acepte congelar las líneas del frente o que inicie otra ofensiva. La primera posibilidad podría avanzarse mediante el enfoque de zanahoria y palo de proponer una asociación estratégica centrada en recursos mejor que la ya ofrecida a cambio de imponer sanciones secundarias devastadoras a sus clientes energéticos (específicamente China e India, con posibles exenciones para la UE) y/o intensificando la ayuda militar-inteligente si aún se niega.

 En cuanto a la segunda, las 120,000 tropas que Ucrania ha reunido a lo largo de la frontera bielorrusa, según el presidente Alexander Lukashenko el verano pasado, podrían cruzar esa frontera y/o una de las fronteras internacionalmente reconocidas de Rusia. Objetivamente hablando, sin embargo, ambas posibilidades tienen pocas probabilidades de éxito: Rusia ha dejado claro que debe lograr más de sus objetivos en el conflicto antes de aceptar cualquier alto el fuego, mientras que su éxito en expulsar a Ucrania de Kursk presagia mal para otras invasiones.

La probabilidad de que Ucrania reduzca sus pérdidas aceptando más de las demandas de paz de Rusia es nula. Por lo tanto, podría inevitablemente optar, ya sea en lugar de los escenarios mencionados o en paralelo con uno o ambos de ellos, por intensificar sus "operaciones no convencionales" contra Rusia. Esto se refiere a asesinatos, ataques estratégicos con drones y terrorismo. Todo lo que logrará, sin embargo, es provocar una represalia convencional más (probablemente desproporcionada) por parte de Rusia y así retrasar dolorosamente la aparentemente inevitable derrota de Ucrania.

Con la vista puesta en el desenlace, parece que se está a punto de alcanzar o ya se ha alcanzado un punto de inflexión en el sentido de cambiar irreversiblemente las dinámicas militares y estratégicas a favor de Rusia. Es muy difícil imaginar cómo Ucrania puede salir de este dilema. Todos los signos apuntan a que esto es imposible, aunque el conflicto ya ha sorprendido a los observadores de ambos lados antes, por lo que no se puede descartar. Sin embargo, es un escenario poco probable, y es más probable que la derrota oficial de Ucrania esté cerca." 

(Andrew Korybko , blog, 10/06/25, traducción Quillbot) 

1.6.25

Rusia ya ganó la guerra... las tasas de desgaste se inclinan cada vez más a su favor... El ejército ruso crece gracias al reclutamiento voluntario, y las nuevas tropas reciben el equipamiento y el entrenamiento adecuados... el ejército ucraniano depende excesivamente del reclutamiento forzoso de tropas mal entrenadas que reciben pocos o ningún descanso... Aunque la situación empeora para la OTAN y Ucrania, los europeos y Zelenski siguen sin querer satisfacer las demandas rusas y, en cambio, intensifican la retórica y la acción. El autoengaño y la desesperación probablemente generarán una situación muy peligrosa en las próximas semanas y meses... Rusia aparentemente ha perdido la fe en una solución diplomática y busca una solución militar en Ucrania, y se prepara para una posible escalada a una guerra directa con los países de la OTAN (Glenn Diesen)

 "Rusia ya ha ganado, ya que las tasas de desgaste se inclinan cada vez más a su favor. El ejército ruso crece gracias al reclutamiento voluntario, y las nuevas tropas reciben el equipamiento y el entrenamiento adecuados antes de ser enviadas al frente. Un poderoso ejército se construye lejos del frente, preparándose para una intensificación y escalada masivas.  

Por otro lado, el ejército ucraniano depende excesivamente del reclutamiento forzoso de tropas mal entrenadas que reciben pocos o ningún descanso. Los países de la OTAN han vaciado sus depósitos militares de armas, y Estados Unidos intenta retirarse de la guerra. A medida que las fuerzas ucranianas se agotan y se ven desbordadas, Rusia abre nuevos frentes en el norte. A medida que estos se desmoronan, Rusia intensifica sus conquistas territoriales.          

Aunque la situación empeora para la OTAN y Ucrania, los europeos y Zelenski siguen sin querer satisfacer las demandas rusas y, en cambio, intensifican la retórica y la acción. 

El autoengaño y la desesperación probablemente generarán una situación muy peligrosa en las próximas semanas y meses. Rusia aparentemente ha perdido la fe en una solución diplomática y busca una solución militar en Ucrania, y se prepara para una posible escalada a una guerra directa con los países de la OTAN."

(Glenn Diesen , Un. Sureste de Noruega  blog, 30/05/25) 

29.5.25

La pacificación de Trump siempre estuvo condenada al fracaso. La guerra de Ucrania es intratable... Para los líderes europeos, la guerra se ha convertido en una narrativa legitimadora, que justifica las dificultades económicas, la centralización tecnocrática e incluso las tendencias autoritarias. Admitir la derrota pondría al descubierto sus fracasos y envalentonaría a la oposición política... Zelensky se enfrenta a riesgos aún mayores. Para él, poner fin a la guerra podría significar no solo el fin de su carrera política, sino también su seguridad personal, ya que sería mucho más vulnerable a las represalias de sus numerosos adversarios políticos... Si Estados Unidos hubiera retirado por completo su apoyo militar a Ucrania y hubiera accedido a las principales demandas de Rusia, es probable que los europeos no hubieran podido hacer gran cosa para mantener la guerra durante un periodo de tiempo significativo. Entonces, ¿por qué Washington no tomó ese camino? Desde el principio, Rusia dejó claro que cualquier acuerdo debía abordar mucho más que el estatus de los territorios ucranianos anexionados. Para Moscú, la guerra consiste en redefinir el orden de seguridad mundial. Sus demandas siempre han incluido una nueva arquitectura de seguridad europea basada en el modelo de los Acuerdos de Helsinki, con límites a la expansión de la OTAN... pero sigue existiendo un problema fundamental: todas las partes entienden que lo que se acuerde hoy podría revocarse mañana... Rusia, Ucrania y, por extensión, Occidente, probablemente seguirán enfrascados en unas relaciones enconadas durante los próximos años, incluso si finalmente se alcanza un acuerdo formal... la desconfianza es profunda y el ciclo de escalada sigue siendo difícil de romper... el escenario más probable sigue siendo un conflicto prolongado, el aumento de los costes y la profundización de las divisiones, no solo entre Rusia y Occidente, sino también dentro del propio Occidente (Thomas Fazi)

 "Una cosa está clara: Trump ya no puede afirmar que la guerra en Ucrania es «la guerra de Biden». Ahora también es la guerra de Trump. Meses después de que el presidente estadounidense se comprometiera a poner fin rápidamente a los combates entre Ucrania y Rusia, su Administración ha anunciado que Estados Unidos ya no participará en lo que a menudo se ha descrito como una diplomacia itinerante entre ambas partes. La semana pasada, la portavoz del Departamento de Estado, Tammy Bruce, confirmó que Estados Unidos ya no actuaría como mediador en las negociaciones. Según ella, estas «ahora son entre las dos partes», y añadió que «ahora es el momento de que presenten y desarrollen ideas concretas sobre cómo va a terminar este conflicto. Depende de ustedes».    

Mientras tanto, en una entrevista con la NBC, Trump se mostró aún más pesimista al afirmar que «quizás no sea posible» alcanzar un acuerdo de paz. De hecho, el conflicto parece estar recrudeciéndose una vez más, y con el visto bueno de la Casa Blanca. El 4 de mayo, The New York Times informó de que un sistema de defensa aérea Patriot suministrado por Estados Unidos y actualmente estacionado en Israel está siendo redirigido a Ucrania. Dado que todas las exportaciones de Patriot requieren la aprobación formal de Estados Unidos en virtud de las leyes estadounidenses sobre transferencia de armas, la medida indica la autorización directa de la Casa Blanca. Apenas unos días antes, Washington aprobó un posible acuerdo de 300 millones de dólares para entrenamiento y apoyo con aviones F-16. El paquete incluye la mejora de los aviones, piezas de repuesto, software, hardware y formación para el personal ucraniano. Además, los medios de comunicación ucranianos informaron de que la Casa Blanca había dado luz verde a la exportación de nuevas armas a Ucrania por valor de 50 millones de dólares. Según se informa, el acuerdo incluye material militar no especificado y servicios relacionados con la defensa.

El martes, drones ucranianos atacaron Moscú por segunda noche consecutiva, lo que obligó a suspender temporalmente los vuelos en cuatro aeropuertos de la capital rusa y en otros nueve de las regiones circundantes. Los ataques se produjeron pocos días antes del desfile militar anual del Día de la Victoria de Rusia, un evento al que se espera que asistan dignatarios internacionales, entre ellos el presidente chino, Xi Jinping. En vísperas de las celebraciones, Putin anunció un alto el fuego unilateral de tres días en Ucrania, alegando «consideraciones humanitarias». Zelensky, sin embargo, rechazó la tregua por considerarla insuficiente y afirmó que Kiev solo consideraría un alto el fuego de al menos 30 días. En un mensaje directo a los líderes que viajaban a Moscú para las celebraciones del 9 de mayo, Zelensky advirtió que Ucrania «no puede ser responsable de lo que ocurra en el territorio de la Federación Rusa» mientras continúen las hostilidades.

Trump culpa a Zelensky y Putin del fracaso de las negociaciones de paz, pero él mismo tiene una parte importante de responsabilidad. Al asumir el cargo, comenzó las negociaciones con buen pie, reconociendo que el conflicto era fundamentalmente una guerra proxy entre Estados Unidos y Rusia, y que solo podía resolverse mediante un acuerdo directo entre las dos potencias. Por eso se excluyó inicialmente a los europeos y los ucranianos de las conversaciones. Este enfoque, aunque controvertido, tenía cierta lógica: un acuerdo duradero requería el compromiso entre los verdaderos actores del poder.

Pero no duró. En cuestión de semanas, la Administración dio marcha atrás. Estados Unidos se reposicionó como mediador neutral en lugar de parte directa en el conflicto, a pesar de continuar con su apoyo militar y de inteligencia a Ucrania (tras una breve pausa). Esa contradicción estaba destinada a socavar el proceso de negociación. No se puede ser a la vez participante y mediador imparcial. Tras los recientes acuerdos armamentísticos, la pretensión de neutralidad se ha vuelto aún más insostenible.

En un sentido más amplio, los esfuerzos diplomáticos de Trump fracasaron por varias razones. En primer lugar, subestimó la renuencia de Europa y Ucrania a aceptar cualquier compromiso que pudiera ser políticamente tóxico. Ambos tenían poderosos incentivos para mantener el statu quo. Para los líderes europeos, un acuerdo de paz que reconociera las ganancias rusas sería políticamente ruin. La guerra se ha convertido en una narrativa legitimadora, que justifica las dificultades económicas, la centralización tecnocrática e incluso las tendencias autoritarias. Admitir la derrota pondría al descubierto sus fracasos y envalentonaría a la oposición política.

Zelensky se enfrenta a riesgos aún mayores. Para él, poner fin a la guerra podría significar no solo el fin de su carrera política, sino también su seguridad personal, ya que sería mucho más vulnerable a las represalias de sus numerosos adversarios políticos. Estas limitaciones políticas internas hacían muy improbable una paz negociada sin una presión externa abrumadora, que Estados Unidos se ha mostrado reacio a ejercer.

Si Estados Unidos hubiera retirado por completo su apoyo militar a Ucrania y hubiera accedido a las principales demandas de Rusia, es probable que los europeos no hubieran podido hacer gran cosa para mantener la guerra durante un periodo de tiempo significativo. Entonces, ¿por qué Washington no tomó ese camino?

La respuesta no reside tanto en Europa o Ucrania como en la dinámica interna de los propios Estados Unidos. Para Trump, negociar un acuerdo de este tipo con Moscú siempre iba a ser políticamente complicado. El establishment de seguridad nacional estadounidense —y la propia Administración de Trump— está repleto de partidarios de la línea dura comprometidos con prolongar el conflicto. Aunque Trump y un pequeño círculo de asesores cercanos pueden haber tenido la intención de alcanzar un acuerdo, la resistencia interna era abrumadora. Ante esta presión, Trump no pareció dispuesto a asumir el riesgo político necesario para llevarlo a cabo.

A este desafío se sumó un error de cálculo crítico: es probable que Trump subestimara la firmeza de la posición de Rusia. Parece haber creído que ofrecer un marco que incluyera el reconocimiento de las ganancias territoriales de Rusia en Ucrania sería suficiente para garantizar un avance. Probablemente esperaba que Moscú respondiera con concesiones significativas a cambio.

Pero desde el principio, Rusia dejó claro que cualquier acuerdo debía abordar mucho más que el estatus de los territorios ucranianos anexionados. Para Moscú, la guerra consiste en redefinir el orden de seguridad mundial. Sus demandas siempre han incluido una nueva arquitectura de seguridad europea basada en el modelo de los Acuerdos de Helsinki, con límites a la expansión de la OTAN y una reestructuración más amplia del sistema internacional, una reestructuración que refleje el auge de nuevos centros de poder, en particular Pekín y Moscú. Desde este punto de vista, la gobernanza mundial debe basarse en la igualdad soberana, los equilibrios regionales de poder y las esferas de influencia negociadas, y no en la universalización de las normas occidentales o la expansión de las alianzas militares lideradas por Occidente. En resumen, Rusia no busca una tregua en términos estrechos, sino la formalización de un orden mundial multipolar en el que la hegemonía occidental sea sustituida por un equilibrio entre las grandes potencias.

En vista de ello, la insistencia de Trump en un alto el fuego inmediato como condición previa para las negociaciones nunca fue viable. Moscú lleva mucho tiempo insistiendo en que una tregua solo puede producirse tras un acuerdo sobre las líneas generales de una solución, y no antes. Trump también cometió un error al considerar una propuesta europea de desplegar tropas de «mantenimiento de la paz» en Ucrania como fuerza estabilizadora. Para Rusia, esa medida era inaceptable y se habría considerado una provocación directa, más que una medida de confianza. Igualmente inaceptable desde el punto de vista ruso era el Plan Kellogg, que preveía un conflicto congelado y el aplazamiento de la adhesión a la OTAN.

Por otra parte, en lo que respecta a Ucrania, Estados Unidos cometió otro error estratégico al presionar a Kiev para que aceptara formalmente el control ruso sobre Crimea. Esa exigencia —que, cabe destacar, Rusia nunca llegó a formular— era políticamente insostenible para Ucrania y, como era de esperar, fue rechazada.

Para alcanzar un acuerdo habría sido necesario un enfoque por fases: una normalización gradual de las relaciones diplomáticas y económicas con Rusia, una retirada lenta del apoyo a Ucrania y unas negociaciones cuidadosamente gestionadas y destinadas a fomentar la confianza durante un período prolongado, que podría haber durado años. Pero Trump, con su impaciencia característica, trató de imponer un acuerdo global en un plazo arbitrario de 100 días. El resultado no fue un avance, sino un fracaso.

En general, el enfoque de Estados Unidos en las negociaciones fue un caso de libro de incompetencia estratégica y diplomática. Esto se debe en parte a la inclusión en el equipo de Trump de figuras como Steve Witkoff y Marco Rubio, que carecen de experiencia diplomática y subestimaron la complejidad del conflicto.

Sin embargo, el fracaso de la iniciativa de paz de Trump también refleja realidades más profundas dentro del pensamiento de la política exterior estadounidense. Si bien su retórica puede parecer romper con la ortodoxia intervencionista bipartidista del pasado, su doctrina «America First» sigue basada en la creencia en la supremacía global de Estados Unidos, como lo demuestran sus agresivas tácticas comerciales. Por eso Washington no pudo comprometerse seriamente con las demandas más amplias de Rusia. Como se ha señalado, Moscú no solo quiere el reconocimiento de los cambios territoriales, sino que busca la aceptación de la realidad multipolar del panorama internacional. Para la clase dirigente de la política exterior estadounidense, incluso bajo Trump, eso sigue siendo una propuesta inaceptable.

Así, aunque Trump pudiera haber estado genuinamente comprometido, a nivel racional, con poner fin a la guerra en Ucrania, la cultura institucional que ayudó a iniciar y mantener el conflicto sigue profundamente arraigada. Como resultado, Trump no solo no ha logrado poner fin a la guerra, sino que, en cierta medida, ha profundizado el enredo de Estados Unidos. Esto lo deja políticamente expuesto. No puede reclamar el manto de pacificador, pero está claro que no tiene ningún interés en servir como Biden 2.0. Abandonar por completo podría haber preservado cierta coherencia. Pero al permanecer, ha hecho suya la guerra. Paradójicamente, el tan criticado acuerdo sobre minerales podría resultar más ventajoso para Ucrania que para Estados Unidos. Garantiza la continuidad de la implicación estadounidense y protege a Kiev del abandono total, incluso si la riqueza mineral en cuestión acaba siendo ilusoria.

Pero el tibio apoyo militar estadounidense no revertirá la suerte de Ucrania en el campo de batalla. Sigue siendo probable un avance ruso y, con él, un posible colapso ucraniano. No está claro si este resultado obligaría a Occidente a volver a la mesa de negociaciones o si provocaría una nueva escalada. En cualquier caso, sigue existiendo un problema fundamental: todas las partes entienden que lo que se acuerde hoy podría revocarse mañana. Esta desconfianza mutua significa que Rusia, Ucrania y, por extensión, Occidente, probablemente seguirán enfrascados en unas relaciones enconadas durante los próximos años, incluso si finalmente se alcanza un acuerdo formal.   

Al mismo tiempo, es probable que Rusia mantenga una postura militar sólida en la región en el futuro inmediato, especialmente en el contexto de los planes de rearme y la retórica agresiva de Europa. Esto, a su vez, provocará una respuesta de Europa, lo que dará lugar a una nueva ronda de contramedidas rusas. Todo ello se desarrollará en un entorno político profundamente tóxico, en el que la desconfianza es profunda y el ciclo de escalada sigue siendo difícil de romper.

Por ahora, el escenario más probable sigue siendo un conflicto prolongado, el aumento de los costes y la profundización de las divisiones, no solo entre Rusia y Occidente, sino también dentro del propio Occidente. La guerra no terminará hasta que Washington y sus aliados estén dispuestos a afrontar la cuestión fundamental: la persistencia de una doctrina hegemónica que no admite rivales. Hasta que eso ocurra, la paz seguirá siendo esquiva y el derramamiento de sangre continuará. Y Donald Trump, le guste o no, corre el riesgo de ser recordado no como el hombre que puso fin a la guerra, sino como el que la heredó y dejó que ardiera."                         ( Thomas Fazi , blog, 09/05/25, traducción DEEPL)

26.5.25

Ucrania: Los campos de batalla y las hipótesis sobre los desarrollos futuros... Los rusos siguen al ataque... En las últimas 36 horas, varias ciudades han caído en manos rusas... El riesgo de colapso militar ucraniano... Si Zelensky y sus partidarios europeos creen que el asediado ejército ucraniano puede seguir luchando indefinidamente, perdiendo miles de soldados cada mes, y que nunca se producirá una ruptura en las líneas -o un levantamiento de tropas- están jugando a la ruleta rusa. Nadie puede sufrir este tipo de pérdidas y luchar como un robot para siempre... El colapso de la capacidad de Ucrania para defender su país se hace cada vez más probable a medida que se acerca la temporada de combates del verano... Occidente en su conjunto no tiene la capacidad ni la influencia para obligar a Rusia a hacer concesiones (Gianandrea Gaiani, Analisidifesa)

 "Mientras prosigue el intercambio de prisioneros, que se espera que traiga a casa a un millar de soldados ucranianos y a otros tantos rusos (incluidos 70 civiles condenados en Ucrania por colaborar con Moscú, como informó ayer el diario Kyiv Independent), las autoridades rusas han confirmado que al final del intercambio de prisioneros Moscú presentará a Kiev un proyecto de acuerdo para alcanzar un alto el fuego.

«Dentro de unos días, Rusia entregará a Ucrania el anunciado borrador de memorando que contiene las condiciones de Moscú para alcanzar un alto el fuego», declaró a Zvezda TV Konstantin Kosachev, vicepresidente del Senado ruso. El contenido del documento, cuya redacción está «en la fase final y es muy poco probable que se haga público en este momento», ya que «se trata de un proceso de negociación muy difícil y delicado desde muchos puntos de vista».

Las condiciones establecidas por Moscú son conocidas y ya han sido rechazadas por Ucrania:

- la neutralidad de Ucrania
- la renuncia de Kiev a albergar tropas y bases extranjeras, poseer armas de destrucción masiva y exigir reparaciones a Rusia
- el reconocimiento por parte de Ucrania y de la comunidad internacional de la anexión a Rusia de Crimea, Donetsk, Lugansk, Jerson y Zaporizhia
- la retirada inmediata de las fuerzas de Kiev de estas regiones.

 Los rusos siguen al ataque

En los campos de batalla, los rusos han comenzado a intensificar sus operaciones. En las últimas 36 horas, varias ciudades han caído en manos rusas.

Las tropas moscovitas capturaron Yunakovka y ayer la localidad de Loknya, en la región ucraniana de Sumy. En los últimos días, Vladimir Putin ha reiterado su deseo de establecer una franja de seguridad a lo largo de las regiones fronterizas ruso-ucranianas que daría a los rusos el control de los territorios ucranianos con la profundidad suficiente para impedir los bombardeos de artillería y las invasiones de las oblasts rusas de Belgorod, Briansk y Kursk, que también han sido objeto de intentos fallidos de penetración por parte de las fuerzas ucranianas.

En el marco de esta operación, el Ministerio de Defensa ruso informó el 23 de mayo de que había capturado el pueblo de Radkovka, al noreste de Kupyansk, en la región de Kharkiv, en cuyas fronteras septentrionales los rusos habrían desplegado (en la provincia de Belgorod) más de 50.000 soldados, según fuentes militares ucranianas.

No está claro si estas fuerzas tendrán la tarea de conquistar y vigilar la «franja de seguridad» a lo largo de la frontera, pero en territorio ucraniano, y si tendrán como objetivo la ciudad de Kharkiv (Járkov para los rusos).

 En la región de Donetsk, el 23 de mayo, Moscú reivindicó la conquista de los asentamientos de Stupochki y Otranoye a pocos kilómetros de Chasov Yar, ahora casi totalmente en manos rusas, y a menos de 6 kilómetros de las afueras del bastión ucraniano de Kostantinovka, un centro industrial cuya caída abriría el camino a operaciones contra la última línea defensiva ucraniana en la región de Donetsk, en los bastiones de Slavyansk y Kramatorsk.

Una zona que los blogueros militares rusos consideran extremadamente fortificada por las fuerzas armadas ucranianas desde 2014. Las ciudades, situadas en una amplia llanura, están salpicadas de zonas fortificadas, áreas urbanas convertidas en fortalezas y búnkeres con líneas defensivas que se extienden a varios asentamientos situados en las afueras hasta los pueblos de Raygorodok o Vasyutinsky.

Varias instalaciones industriales se utilizan como depósitos de municiones y posiciones de tiro para la artillería y los lanzacohetes de campaña MLRS. Por lo tanto, los analistas militares rusos creen que la conquista de Slavjansk y Kramatorsk requerirá mucho tiempo, el aislamiento completo de los centros urbanos y el despliegue de muchas fuerzas bien estructuradas y equipadas. Algo parecido a Avdiivka pero a mayor escala informa Slavyangrad.

 Más al oeste, al suroeste de Pokrovsk (donde los beligerantes avanzan por los lados de la ciudad tras alcanzar los suburbios del sur), las fuerzas moscovitas capturaron Bondanivka y alcanzaron por primera vez la frontera con la región de Dnipropetrovsk, en una zona de la que los ucranianos han comenzado a evacuar a los civiles de numerosos asentamientos en los últimos días.

 Ataques en profundidad

Moscú también está intensificando los bombardeos en profundidad con misiles de crucero, misiles balísticos y drones sobre varias zonas. En el sector de Kiev, las plantas industriales de la empresa de aviación Antonov, que fabrica misiles y aviones no tripulados, parecen estar bajo el fuego. Según el Ministerio de Defensa ruso, un centro de guerra electrónica y un emplazamiento de misiles de defensa antiaérea Patriot también estuvieron en el punto de mira de los ataques con misiles Iskander y drones Geran-2 en la noche del 23 al 24 de mayo.

En el sur, el puerto de Odessa fue supuestamente atacado el 23 de mayo con varios misiles Iskander-M dirigidos contra un buque portacontenedores que transportaba suministros militares, informó ayer el Ministerio de Defensa ruso.

La fuente precisó que fueron alcanzados unos cien contenedores "con carga militar, incluidos vehículos aéreos y de superficie no tripulados y municiones. Estos impactos provocaron una detonación secundaria de la munición y de los contenedores descargados en el muelle, así como un gran incendio".

 Los Iskander-M de propulsante sólido son capaces de alcanzar objetivos a más de 400 kilómetros de distancia y evadir las defensas antimisiles gracias a una trayectoria variable en la fase terminal del vuelo y al uso de señuelos y contramedidas antimisiles.

El coronel Yuriy Ignat, jefe de comunicaciones del Mando de las Fuerzas Aéreas de Ucrania, informó de que la mejora de estos misiles rusos resta eficacia a los sistemas antiaéreos ucranianos, incluidos los Patriots.

 Valoraciones de JP Morgan

En cuanto al curso del conflicto y sus posibles resultados en los próximos días, el Centro de Riesgos Geopolíticos del banco de inversiones JP Morgan publicó un informe en el que se pronostican cuatro escenarios posibles en los próximos meses.

-    El Presidente Zelensky no logrará ni el ingreso en la OTAN ni la plena recuperación del territorio ucraniano. Sin embargo, si consigue una fuerza de seguridad interna europea, respaldada por la promesa estadounidense de asistencia y apoyo de inteligencia, el 80% de Ucrania que aún está bajo control de Kiev seguiría una trayectoria mucho más estable, próspera y democrática. La decisión de Occidente de utilizar los aproximadamente 300.000 millones de dólares congelados en activos soberanos rusos también daría un buen comienzo a la reconstrucción de Ucrania. Probabilidad 15%.

-     Un apoyo militar y económico fuerte y sostenido, sin una presencia significativa de tropas extranjeras, probablemente seguiría dando a Ucrania el espacio necesario para convertirse en una fortaleza, proseguir su modernización militar y, con el tiempo, establecer su propia fuerza disuasoria. Pero la guerra siempre estaría a la vuelta de la esquina. Putin seguiría necesitando suficientes beneficios económicos (incluido el levantamiento de las sanciones) y una relación más fuerte con Estados Unidos. Probabilidades 20%.

 -    En ausencia tanto de tropas extranjeras como de un fuerte apoyo militar, Ucrania experimentará una inestabilidad continuada, un crecimiento y una recuperación atrofiados, un apoyo exterior decreciente con el tiempo y el descarrilamiento efectivo de su integración occidental (es decir, el ingreso en la UE y la OTAN), con un retorno gradual a la órbita rusa. Probabilidad del 50%

 -   Si Estados Unidos abandonara Ucrania -o se percibiera que cambia de bando- y Europa no interviniera, Rusia se aferraría a sus exigencias maximalistas y buscaría la capitulación total de Ucrania, convirtiendo al país en un Estado vasallo de Moscú. En este escenario, Rusia ganaría efectivamente la guerra, dividiría a Occidente y alteraría irrevocablemente el orden mundial de posguerra. Probabilidad 15%.

El riesgo de colapso militar ucraniano

 Daniel L. Davis, oficial estadounidense que ya no está en servicio activo y analista cercano del conflicto en Ucrania para el sitio web 19fortyfive (ya conocido por nuestros lectores), destacaba en un reciente artículo consideraciones sobre las operaciones militares que están en línea con lo que Defence Analysis viene sosteniendo desde hace tiempo.

"La guerra no está en tablas, pero los rusos siguen ganando sobre el terreno. La semana pasada, el New York Times reveló que en los 16 meses anteriores, los rusos habían capturado 1.826 millas cuadradas (2.940 kilómetros cuadrados - Ed) de territorio ucraniano.

El artículo admitía que las pérdidas ucranianas podrían tener consecuencias catastróficas, señalando que en «las guerras de desgaste, los avances graduales pueden presagiar una ruptura si el bando perdedor se queda sin tropas y municiones y sus líneas defensivas acaban por derrumbarse».

En los últimos días, el comandante de la 47ª Brigada Mecanizada de élite de Ucrania había dimitido porque «la estúpida pérdida de personal, temblando ante los estúpidos generales, no conduce a otra cosa que al fracaso», mientras que los dirigentes ucranianos habían despedido al comandante de la 59ª Brigada.

Si Zelensky y sus partidarios europeos creen que el asediado ejército ucraniano puede seguir luchando indefinidamente, perdiendo miles de soldados cada mes, y que nunca se producirá una ruptura en las líneas -o un levantamiento de tropas- están jugando, perdón por el juego de palabras, a la ruleta rusa. Nadie puede sufrir este tipo de pérdidas y luchar como un robot para siempre.

Considérese también el hecho de que una vez que el paquete de ayuda de 61.000 millones de dólares de Biden se agote a partir de mayo de 2024, no llegará más ayuda estadounidense. Está claro que Europa no puede compensar por sí sola la ausencia de ayuda militar estadounidense. Por lo tanto, potencialmente dentro de unos meses, las matemáticas del campo de batalla empezarán a pesar cada vez más del lado ucraniano, mientras que Rusia seguirá fortaleciéndose y creciendo militarmente.

El colapso de la capacidad de Ucrania para defender su país se hace cada vez más probable a medida que se acerca la temporada de combates del verano. Lo único que tiene sentido, tanto militar como diplomáticamente, en este momento es reconocer la dura verdad de que no hay camino hacia el éxito ucraniano.

Occidente en su conjunto no tiene la capacidad ni la influencia para obligar a Rusia a hacer concesiones. Si seguimos creyendo que las palabras fuertes detendrán a los militares rusos, sin darnos cuenta hacemos más probable el escenario de pesadilla para Kiev y Bruselas: la «derrota militar de Ucrania».

 Soldados caídos: las cifras de Kiev y WarTears

En conclusión, por lo que puedan valer en términos de fiabilidad, informamos de las últimas cifras publicadas por dos fuentes diferentes sobre bajas desde el comienzo de la guerra.

El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Ucrania informó el 24 de mayo de que Rusia había perdido unos 979.830 soldados (muertos y heridos) desde el inicio de la guerra, el 24 de febrero de 2022.

El sitio web ucraniano WarTears, por su parte, informa de que las bajas ucranianas desde el inicio de la guerra hasta el 22 de mayo son 721.654, mientras que el número de prisioneros militares de los rusos se estima en 15.759 y el de tropas en servicio activo con las fuerzas ucranianas en 492.727."

( , Analisidifesa, 25/05/25, traducción DEEPL, enlaces en el original)

20.5.25

Puede haber llegado el momento en el que Rusia se plantee intentar llegar también a Odessa... Ucrania tiene ahora la oportunidad de poner fin al conflicto. Pero para ello debe respetar la realidad del momento... Lamentablemente, los mismos «amigos» y «aliados» que animaron a Ucrania a alejarse de los Acuerdos de Minsk, ahora le instan a hacer lo mismo con Estambul 2... Pero la promesa de apoyo europeo es ilusoria: los arsenales están vacíos desde hace tiempo y nunca ha existido la posibilidad de una intervención militar significativa, ni militar ni políticamente... Además, cualquier acción europea requeriría necesariamente el respaldo de Estados Unidos, que es inviable bajo la nueva administración de Donald Trump. Estados Unidos anunció que iba a retirar sus fuerzas de Europa... Ucrania tendrá suerte si sobrevive al verano (Scott Ritter, ex-oficial de marines)

 "Rusia ha comunicado a Ucrania su condición básica para poner fin al conflicto: la retirada de todas las tropas ucranianas del territorio que, según la Constitución rusa, forma parte de la Madre Rusia. Esto incluye Jersón, Zaporozhia, Donetsk y Lugansk. Rusia también ha dejado claro que, si Ucrania no acepta estas condiciones, la próxima vez que Rusia esté dispuesta a sentarse a negociar con Ucrania, sus demandas incluirán cuatro óblast (regiones administrativas) ucranianas adicionales, presumiblemente Odessa, Nikolaev, Dnepropetrovsk y Járkov. Hemos llegado al momento Odessa.

En enero de 2023, durante mi aparición en «The Gaggle» con George Szamuely y Peter Lavelle, postulé que Rusia se estaba acercando a lo que yo llamé «el momento Odessa», esa confluencia de circunstancias militares y políticas que, una vez alcanzada, desencadenaría una decisión estratégica de Rusia de ampliar la Operación Militar Especial (SMO) más allá de la geografía definida por los territorios absorbidos por Rusia tras un controvertido referéndum celebrado en septiembre de 2022 en el territorio de Jersón, Zaporozhia, Donetsk y Lugansk, en el que se respondió a la cuestión de la autodeterminación con una votación sobre si estos territorios debían incorporarse o no a la Federación Rusa.

Tal y como se concibió inicialmente, la SMO no tenía por objeto la adquisición de territorios, sino la defensa de los derechos de la población rusoparlante de Ucrania. En las negociaciones que comenzaron menos de una semana después del inicio de la SMO, primero en Gomel (Bielorrusia) y más tarde en Turquía, Rusia simplemente trató de conseguir lo que se había prometido en los Acuerdos de Minsk firmados con Ucrania, Alemania y Francia en 2014-2015, en los que Ucrania se comprometía a introducir los cambios oportunos en su Constitución para garantizar la protección de los derechos y el estatuto de los ucranianos de habla rusa.

Ucrania, respaldada por Alemania y Francia (y también por Estados Unidos), optó por considerar los Acuerdos de Minsk como una oportunidad para acumular el poder militar suficiente para recuperar partes de la región de Donbás (compuesta por las provincias de Donetsk y Lugansk), así como Crimea, que se perdieron tras el golpe de Estado de Maidán, respaldado por la CIA, en febrero de 2014, que derrocó al presidente legítimamente elegido y de habla rusa, Víktor Yanukóvich, derrocado y sustituido por nacionalistas ucranianos respaldados por Estados Unidos. Entre 2015 y 2022, Estados Unidos y sus aliados de la OTAN entrenaron y equiparon a cientos de miles de soldados ucranianos con el único objetivo de recuperar por la fuerza los territorios de Donetsk, Lugansk y Crimea.

Zelensky se reúne con Macron, Merkel y Vladimir Putin, diciembre de 2019
En abril de 2019, Volodymyr Zelensky, el antiguo cómico convertido en político, ganó las elecciones a la presidencia de Ucrania, derrocando al presidente en funciones, Petro Poroshenko. Zelensky se presentó con un programa de paz y se ganó a la población rusoparlante con la promesa de que «se arrastraría de rodillas» si fuera necesario para elaborar un plan de paz con Rusia. En cambio, en cuestión de meses, Zelensky convocó un consejo de guerra en el que prometió utilizar el ejército ucraniano para recuperar las partes de Donetsk y Lugansk que se habían liberado del dominio ucraniano.

Este fue el primer error de Zelensky.

El camino que eligió le llevó a Rusia, en los días previos al inicio de la SMO y después de que Ucrania comenzara a movilizar sus fuerzas para atacar el Donbás, reconociendo la independencia de Donetsk y Lugansk y firmando un acuerdo de seguridad colectiva, acciones que garantizaban que el Donbás nunca volvería a formar parte de Ucrania.

Este fue el momento del Donbás para Zelensky.

Tropas rusas en Ucrania 

El segundo error de Zelensky se produjo en abril de 2022, cuando abandonó las negociaciones que Rusia había iniciado inmediatamente después del inicio de la SMO y que culminaron en un acuerdo de paz definitivo listo para ser firmado, conocido como el comunicado de Estambul. Este acuerdo habría reconocido la independencia de las repúblicas del Donbás, pero habría devuelto todos los demás territorios ucranianos que habían sido ocupados por las tropas rusas durante la SMO.

Zelensky, presionado por sus partidarios estadounidenses y de la OTAN, rechazó este acuerdo y, en su lugar, aceptó decenas de miles de millones de dólares en ayuda militar de Estados Unidos y la OTAN, que utilizó para reconstruir su agotada fuerza militar, con la que lanzó un contraataque contra las fuerzas rusas que ya habían comenzado su retirada de Ucrania como medida de buena fe, de conformidad con los términos del comunicado de Estambul.

Rusia respondió organizando referéndums tanto en el Donbás como en las dos provincias de Jersón y Zaporozhia, que constituían el puente terrestre que conectaba Crimea con Rusia propiamente dicha. Estos referéndums versaban sobre la incorporación de estos territorios a la Federación Rusa; los cuatro votaron a favor y, tras las medidas legales oportunas por parte del Parlamento ruso, el presidente Putin firmó un decreto por el que las cuatro provincias pasaban a formar parte de la Federación Rusa.

Este fue el momento de la Pequeña Rusia de Zelensky.

Un ciudadano de Jersón vota en el referéndum de septiembre de 2022 sobre la adhesión a Rusia 

Y ahora Zelensky se encuentra en una nueva encrucijada.

Su momento Odessa.

Tiene la oportunidad de poner fin a la SMO en los términos más favorables posibles, términos que reflejan la dura realidad a la que se enfrentan el presidente ucraniano y la nación que dirige debido a las malas decisiones tomadas anteriormente por Zelensky con respecto a Rusia.

El Donbás ha desaparecido. También lo ha hecho la Pequeña Rusia. Estas pérdidas son irreversibles, tanto política como militarmente.

Ucrania tiene ahora la oportunidad de poner fin al conflicto. Pero para ello debe respetar la realidad del momento.

Lamentablemente, los mismos «amigos» y «aliados» que animaron a Ucrania a alejarse de los Acuerdos de Minsk y del comunicado de Estambul ahora le instan a hacer lo mismo con Estambul 2.

Pero la promesa de apoyo europeo es ilusoria: los arsenales están vacíos desde hace tiempo y nunca ha existido la posibilidad de una intervención militar significativa, ni militar ni políticamente.

Además, cualquier acción europea requeriría necesariamente el respaldo de Estados Unidos. Si bien esto podría haber sido una posibilidad durante la presidencia de Joe Biden, es inviable bajo la nueva administración de Donald Trump: incluso mientras se celebraban las reuniones de Estambul 2, Estados Unidos anunció que iba a retirar sus fuerzas de Europa.

Hay que tomarse en serio a Rusia. Si bien los retos a los que se enfrentará Rusia al ocupar los cuatro nuevos territorios que ha puesto en su punto de mira si Ucrania vuelve a negarse a firmar un acuerdo de paz son muchos y no deben minimizarse, se trata de una cuestión militar que solo puede responderse con la determinación política de los dirigentes y la nación rusos, que en este momento es inquebrantable.

El año pasado, Vladímir Putin obtuvo el mandato para gobernar como presidente en tiempos de guerra.

Como ha quedado claramente demostrado en la celebración del 9 de mayo, la determinación del pueblo ruso de derrotar a Ucrania es inquebrantable.

Vladimir Putin se dirige a la multitud en la Plaza Roja, el 9 de mayo de 2025. 

Como dejó claro el principal negociador ruso en Estambul a sus homólogos ucranianos, Rusia está dispuesta a luchar todo el tiempo que sea necesario, incluso aludiendo a los 21 años que le llevó a Pedro el Grande derrotar a Suecia.

Ucrania tendrá suerte si sobrevive al verano.

Zelensky se enfrenta a una de las mayores pruebas de liderazgo de su vida.

Las fuerzas nacionalistas de su Gobierno están dispuestas a cometer un suicidio nacional en pos de la causa fallida de los banderistas.

Los antiguos aliados de Ucrania, cuyos objetivos siguen centrados en fantasías de la Guerra Fría de derrotar estratégicamente a Rusia, están presionando a Zelensky para que rechace las condiciones rusas para la paz, demasiado dispuestos a sacrificar a Ucrania como títere en pos de su objetivo inalcanzable.

Si Zelensky realmente se preocupara por su nación y su pueblo, se tragaría su orgullo y tomaría la única decisión capaz de salvarlos: rendirse.

Pero Zelensky no es un líder que se preocupe por su nación o su pueblo: ya ha sacrificado la integridad nacional de Ucrania y a más de un millón de sus ciudadanos en pos de sus fantasías de relevancia y fortuna impulsadas por la UE y la OTAN.

Este es el momento Odessa de Zelensky.

Y fracasará.

Una vez más."

(Scott Ritter , ex-oficial de marines, blog, 17/05/25, traducción DEEPL)