Mostrando entradas con la etiqueta a. Clases sociales y educacion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta a. Clases sociales y educacion. Mostrar todas las entradas

8.9.26

Asturias inaugura el primer curso en que la enseñanza pública será gratuita desde el 0 a 3 hasta finalizar la universidad... Con el fin de evitar que las diferencias de renta entre las familias impidan el acceso a la formación superior, el nuevo curso escolar extenderá la gratuidad de las matrículas a todos los cursos de grado y másteres oficiales de la Universidad de Oviedo, medida que también beneficiará a las enseñanzas artísticas superiores... El sistema educativo asturiano afronta el nuevo ejercicio con un récord histórico en su plantilla docente, que alcanzará los 12.882 profesionales, a pesar del descenso en la cifra global de alumnos escolarizados... La red pública autonómica de educación infantil también sumará en esta etapa una quincena de nuevas escuelas de cero a tres años... La oferta de Formación Profesional se amplía también con la incorporación de dos nuevas titulaciones de grado básico y medio, además de la extensión de ciclos formativos en ocho centros (Nortes)

 "El presidente del Principado, Adrián Barbón, ha destacado este lunes, dos días antes de que se inicie el curso escolar en la comunidad, que gracias a las medidas impulsadas por su gobierno por primera vez se puede estudiar “absolutamente gratis” desde los cero años hasta finalizar la Universidad.

Barbón, que ha presidido en Castropol la reunión semanal del Consejo de Gobierno, ha subrayado que por primera vez “Asturias enseña gratis” en todas sus etapas y que es la única comunidad autónoma en la que esto es posible.

Con el fin de evitar que las diferencias de renta entre las familias impidan el acceso a la formación superior, el nuevo curso escolar extenderá la gratuidad de las matrículas a todos los cursos de grado y másteres oficiales de la Universidad de Oviedo, medida que también beneficiará a las enseñanzas artísticas superiores, y que fue uno de los resultados del acuerdo presupuestario entre PSOE, IU-Convocatoria y Somos Asturies.

Según el presidente autonómico, Asturias se sitúa así a la vanguardia del país porque parte de la premisa de que “educando mejor, enseñando, se gana futuro. Barbón ha destacado también el refuerzo continuo de los profesionales educativos en la región y ha remarcado que, a pesar de que se reduce número de alumno, en Asturias se están incrementando los recursos y los medios.

El sistema educativo asturiano afronta el nuevo ejercicio con un récord histórico en su plantilla docente, que alcanzará los 12.882 profesionales, a pesar del descenso en la cifra global de alumnos escolarizados.

La red pública autonómica de educación infantil también sumará en esta etapa una quincena de nuevas escuelas de cero a tres años durante este mes a las 69 que se encuentran actualmente en activo.

La oferta de Formación Profesional se amplía también con la incorporación de dos nuevas titulaciones de grado básico y medio, además de la extensión de ciclos formativos en ocho centros educativos distribuidos por el centro, el occidente y las cuencas mineras.

Estas actuaciones forman parte del desarrollo del acuerdo ‘Asturias Educa’ firmado con las organizaciones sindicales, tras la huelga de 2025, y que cuenta con una inversión de 45 millones de euros para la mejora de las condiciones del profesorado y la atención a la diversidad y al que, según Barbón, se está dando cumplimiento." 

(Nortes, 08/09/26) 

23.2.26

La repentina aparición en España de numerosas universidades privadas está directamente vinculada con los esfuerzos de la Fundación Heritage en todo el mundo y muy especialmente en algunos países europeos como España para atraer a jóvenes a circuitos cerrados de conocimiento, en los que se combate, como en una auténtica guerra, el pensamiento liberal. Las universidades privadas a las que prestan ayuda pueden estar vinculadas a otros centros, como Colegios de Abogados, o think tanks antiliberales, y procuran ofrecer rápidas salidas profesionales a sus estudiantes. Es frecuente que esas universidades tengan acuerdos con empresas para facilitar las prácticas. Por ejemplo, compañías como Deloitte, Atresmedia, Repsol o Cuatrecasas suelen participar en este tipo de acuerdos... Su objetivo es acabar con el Estado liberal, algo que creen a su alcance si establecen tres o cuatro objetivos inmediatos. Opinan que los grupos liberales están siendo incapaces de defender su ideología, paralizados por la virulencia del ataque que reciben (Soledad Gallego-Díaz)

 "El próximo 11 de marzo la Fundación Heritage, uno de los principales centros estadounidenses de difusión y apoyo a las teorías y prácticas ultraconservadoras, organizará un debate sobre inmigración con tres invitados estadounidenses, un senador y dos especialistas en seguridad fronteriza, dirigido especialmente a España. Es solo una de las actividades que organiza la fundación, especialmente en América Latina y Europa. Hace pocos días, por ejemplo, la Red Política por los Valores (PNfV, por sus siglas inglesas) celebró en Bruselas una reunión a la que asistieron, entre otros, el presidente electo de Chile. Su objetivo es expandir la agenda de extrema derecha del movimiento Make America Great Again (MAGA) y para ello cuenta con fuertes apoyos económicos y una decidida y pública voluntad de acción.

La PNfV se define como “una plataforma global de representantes y líderes políticos de todo el mundo que promueven y defienden activamente los valores de la familia, la vida y la libertad”. En la práctica, la red despliega, sobre todo, una política de miedo al feminismo, que creen esencial para avanzar en un ataque más amplio contra los principios básicos de las democracias liberales en todo el mundo, explica la web Politico.

En la reunión de Bruselas habló Alvino-Mario Fantini, director de la revista European Conservative, una publicación húngara con oficinas en Bruselas, Viena y Roma y muy relacionada con la Fundación Heritage. Fantini dejó claro en qué consiste su trabajo: desafiar a las élites progresistas y construir instituciones paralelas. Escuelas. Sí, universidades privadas. “Necesitamos universidades alternativas”. Fantini pidió “hacer el trabajo necesario para salvar la cultura del Occidente judeocristiano”. Y por “trabajo necesario” se refería a una actividad incesante en América y Europa para desautorizar el pensamiento liberal. A la Fundación Heritage y a PNfV no les preocupan los pequeños grupos de extrema izquierda. Su objetivo es acabar con el Estado liberal, algo que creen a su alcance si establecen tres o cuatro objetivos inmediatos. Opinan que los grupos liberales están siendo incapaces de defender su ideología, paralizados por la virulencia del ataque que reciben. Por eso, piensan, hay que aprovechar el momento y actuar con todas las armas a su alcance. Por ejemplo, están decididos a aplicar los blockchain (mecanismos de registro digital que se usan para las criptomonedas) para crear sistemas de almacenamiento anónimos, transacciones privadas y para compartir información. “Necesitamos mecanismos de votación basados en blockchain, que también puede usarse para hacer movilización política sin ser vigilados”, explicó Fantini.

La repentina aparición en España de numerosas universidades privadas está directamente vinculada con los esfuerzos de la Fundación Heritage en todo el mundo y muy especialmente en algunos países europeos como España para atraer a jóvenes a circuitos cerrados de conocimiento, en los que se combate, como en una auténtica guerra, el pensamiento liberal. Las universidades privadas a las que prestan ayuda pueden estar vinculadas a otros centros, como Colegios de Abogados, o think tanks antiliberales, y procuran ofrecer rápidas salidas profesionales a sus estudiantes. Es frecuente que esas universidades tengan acuerdos con empresas para facilitar las prácticas. Por ejemplo, compañías como Deloitte, Atresmedia, Repsol o Cuatrecasas suelen participar en este tipo de acuerdos.

En octubre de 2025 había en España 50 universidades públicas y 46 privadas, pero el número de las privadas puede aumentar, sobre todo en comunidades autónomas como la madrileña, donde cuentan con la mirada favorable de las autoridades. Algunas de esas universidades privadas, tanto en España como en otros países europeos, están relacionadas con think tanks ultraconservadores. En Francia, por ejemplo, ha aparecido uno nuevo, denominado Western Arc, parecido a la Unión Británica por la Libertad de Expresión, y ambos recomendados por la Fundación Heritage para que reciban el respaldo del Departamento de Estado de EE UU. Western Arc no oculta sus objetivos inmediatos: “No somos un simple think tank. Somos una institución transatlántica dedicada al renacimiento civilizatorio, cultural y espiritual de Occidente: una identidad profundamente arraigada, la transmisión de lo sagrado y la belleza, y la verdadera soberanía de los individuos, las familias y las naciones. Inspirada en la profundidad europea (de Dante a Scruton) y la eficiencia estratégica estadounidense (Heritage, Claremont), la misión de Western Arc es resucitar el alma de Occidente frente al desarraigo tecnocrático y globalista”. Lo preside Nicolas Conquer, portavoz del Partido Republicano en Francia." 

(Soledad Gallego-Díaz , El País, 22/02/26) 

23.12.25

El declive de los hábitos de lectura amenaza la democracia y las relaciones sociales en Estados Unidos (y en todas partes, excepto Asia, supongo)... más de la mitad de los adultos estadounidenses leen en el nivel 2 o inferior, y casi el 30 % tiene dificultades con los textos más básicos, lo que limita sus oportunidades laborales y su crecimiento profesional... la baja alfabetización de los adultos le cuesta a la economía estadounidense 2,2 billones de dólares al año, teniendo en cuenta la pérdida de productividad, el aumento del gasto sanitario y otros costes sociales... la lectura en pantalla puede mermar la comprensión, la atención y la implicación profunda en comparación con la lectura impresa, que fomenta una mayor retención y un procesamiento cognitivo más profundo... sin intervención, la próxima generación corre el riesgo de heredar un mundo de desplazamiento perpetuo, atención fragmentada y compromiso superficial con las ideas (Kate Petty)

 "Estados Unidos se encuentra inmerso en una recesión lectora: casi la mitad de los estadounidenses no leyó ni un solo libro en 2023 y menos de la mitad leyó siquiera uno, según datos de YouGov y la Fundación Nacional para las Artes (NEA). Desde principios de la década de 2000, la lectura por placer se ha reducido en casi un 40 %, un descenso que se refleja en la caída de las puntuaciones en lectura y en el rendimiento académico en general. Lo que está en juego no es solo cómo pasan su tiempo libre las personas, sino una erosión más profunda de los hábitos que sustentan el conocimiento, la empatía y la vida democrática.

Décadas de investigación demuestran que las ventajas de la lectura son amplias y profundas. El contacto regular con los libros fortalece la cognición, el vocabulario, la inteligencia emocional y la empatía. Estos beneficios cognitivos y sociales están estrechamente relacionados con un mayor rendimiento académico, mejores perspectivas profesionales, una mayor estabilidad económica y un mayor compromiso cívico. La lectura es una de las pocas actividades que tiende puentes entre las divisiones sociales, fortaleciendo las comunidades, fomentando la participación cívica y sosteniendo la democracia.

«La contribución más importante de la invención del lenguaje escrito a la especie es una base democrática para el razonamiento crítico e inferencial y las capacidades reflexivas», escribe la neurocientífica cognitiva e investigadora de la lectura Maryanne Wolf en su libro de 2018 Reader, Come Home. «Si en el siglo XXI queremos preservar una conciencia colectiva vital, debemos asegurarnos de que todos los miembros de nuestra sociedad sean capaces de leer y pensar de forma profunda y adecuada. … Y fracasaremos como sociedad si no reconocemos y aceptamos la capacidad de razonamiento reflexivo de aquellos que no están de acuerdo con nosotros».

La alfabetización en su apogeo

Comprender lo que está en juego hoy en día con la alfabetización profunda nos invita a echar la vista atrás a una época en la que leer era más que un pasatiempo. Hace más de un siglo, el escritor y ministro estadounidense Gerald Stanley Lee capturó el poder transformador de la lectura en The Lost Art of Reading (1904): «La novela que se entrega a uno para ser respirada y vivida… es la que más «lleva a un hombre a alguna parte».

A menudo descrita como la «edad de oro de la lectura» en Estados Unidos, la mitad del siglo XX fue un periodo en el que los medios impresos dominaban la vida cotidiana y la alfabetización se cultivaba ampliamente entre todas las generaciones, con el apoyo de bibliotecas sólidas, un periodismo impreso dinámico y planes de estudios escolares que consideraban la lectura como un pilar central de la participación cultural.

Según las encuestas de la NEA, a finales de la década de 1940, aproximadamente entre el 56 % y el 57 % de los adultos leían novelas, relatos cortos, poesía u obras de teatro por placer. El número de lectores de periódicos diarios era elevado, con alrededor del 65 % de los adultos suscritos o leyendo periódicos con regularidad, según datos históricos del Pew Research Center, mientras que revistas como Life, Time y Reader’s Digest llegaban a decenas de millones de hogares.

Los niños y adolescentes también leían con frecuencia fuera de la escuela, y entre el 60 % y el 70 % leía a diario o casi a diario, gracias al apoyo de las bibliotecas, las escuelas y las costumbres familiares, según la National Literacy Trust. Este periodo también fue testigo del auge de las experiencias de lectura compartida, impulsadas por organizaciones como el Book-of-the-Month Club y el Literary Guild, que ampliaron el acceso a nuevos títulos, moldearon los gustos literarios nacionales y contribuyeron a que la lectura comunitaria se convirtiera en un pasatiempo cultural mayoritario.

Los datos del declive

A principios de la década de 2000, las encuestas nacionales ya señalaban un descenso de la lectura por placer en Estados Unidos. El informe de la NEA de 2007 «Reading at Risk: To Read or Not to Read: A Question of National Consequence» (La lectura en peligro: leer o no leer: una cuestión de importancia nacional) reveló que solo el 46,7 % de los adultos leía literatura por placer, frente al 54 % de una década antes.

Las encuestas posteriores de la NEA confirmaron que la proporción de adultos que leían 12 o más libros al año seguía disminuyendo. Las encuestas de Gallup también informaron de un descenso en el número de libros leídos al año, de una media de 15,6 en 2016 a 12,6 en 2021. Los datos sobre el uso del tiempo de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias también muestran que la proporción de estadounidenses que leen más de 20 minutos al día por interés personal se redujo del 22,3 % en 2003 al 14,6 % en 2023.

Los hábitos de lectura en Estados Unidos varían considerablemente según el tipo de comunidad, los ingresos y el nivel educativo. Según Pew (2021) y Library Research Service (2022), los adultos con un nivel educativo y unos ingresos más altos son mucho más propensos a leer con regularidad, mientras que una encuesta de Pew de 2011 muestra que los residentes rurales están por detrás de sus homólogos urbanos y suburbanos, con menos adultos que afirman haber leído por placer en el último año. La investigación de Pew de 2011 reveló que el 80 % de los adultos urbanos y suburbanos leyeron al menos un libro en el año anterior, en comparación con el 71 % de los adultos rurales, con tasas de lectura significativamente más altas entre los estadounidenses con estudios universitarios e ingresos más altos que entre los grupos con menos estudios e ingresos más bajos, lo que revela divisiones culturales desiguales.

Un estudio histórico de 2025 publicado en iScience subraya el cambio cultural que se refleja en la disminución de los hábitos de lectura. Tras realizar un seguimiento de 236 270 personas durante dos décadas (2003-2023), el estudio examinó tanto la lectura personal como la lectura con niños y descubrió que la proporción de adultos estadounidenses que leían por interés personal en un día normal se redujo de aproximadamente el 28 % en 2004 al 16 % en 2023, lo que supone una caída de unos 12 puntos porcentuales.

«No se trata de una pequeña caída, sino de un descenso sostenido y constante de alrededor del 3 % anual. Es significativo y muy preocupante», afirmó Jill Sonke, doctora, coautora del estudio y directora de iniciativas de investigación del Centro de Artes en Medicina de la Universidad de Florida, en un comunicado sobre el estudio.

La investigación revela una tendencia cuantificable, persistente y acelerada en comunidades específicas. En muchos de estos hogares, los niños también tienen una exposición limitada a la lectura compartida en casa, lo que agrava aún más las diferencias en la alfabetización temprana.

«La lectura siempre ha sido una de las formas más accesibles de favorecer el bienestar», afirmó Daisy Fancourt, doctora, coautora del estudio y profesora de psicología y epidemiología en el University College de Londres. «Ver este tipo de descenso es preocupante porque la investigación es clara: la lectura es un comportamiento vital para mejorar la salud de todos los grupos de la sociedad, con beneficios a lo largo de toda la vida».

Lectura para toda la vida, beneficios para toda la vida

La lectura es una herramienta poderosa para la salud cerebral, ya que favorece la función cognitiva y el bienestar emocional a lo largo de toda la vida. Un estudio realizado en 2009 por la Universidad de Sussex descubrió que solo seis minutos de lectura al día pueden reducir los niveles de estrés hasta en un 68 %, más que escuchar música o dar un paseo, además de disminuir la frecuencia cardíaca, reducir la tensión muscular y mejorar el sueño.

Un estudio de 2020 publicado en International Psychogeriatrics descubrió que los hábitos de lectura constantes entre los adultos mayores se asocian con un deterioro cognitivo más lento, independientemente de la educación y otros factores de riesgo. Es más, un estudio de 2016 publicado en Social Science & Medicine informó de que los lectores de libros tenían un riesgo de muerte aproximadamente un 20 % menor que los no lectores.

Ya a mediados de la década de 1940, bibliotecarios y médicos documentaban el uso de la lectura como herramienta terapéutica, una práctica que se conoció como «biblioterapia». Los casos clínicos publicados en Library Journal, junto con los informes de hospitales psiquiátricos y centros educativos, documentan cómo los libros cuidadosamente seleccionados pueden ayudar a la curación emocional, fomentar la comprensión y apoyar la rehabilitación.

La biblioterapia se practica actualmente en todo el mundo en entornos públicos, académicos y hospitalarios, y los terapeutas la utilizan cada vez más como herramienta de apoyo a la salud mental. Como señala un artículo de BBC Future de 2025, «los libros cuidadosamente seleccionados pueden proporcionar alivio emocional y ayudar a los lectores a manejar sentimientos difíciles, ofreciendo una perspectiva a la que de otro modo sería difícil acceder». Un influyente estudio de 2016 publicado en Frontiers in Psychology descubrió que la lectura de ficción literaria activa las redes cerebrales implicadas en la cognición social, lo que permite a los lectores simular los pensamientos y sentimientos de otras personas, incluso cuando se controlan factores como la edad, la educación y el coeficiente intelectual. «Cuando los lectores se involucran con la ficción literaria, simulan activamente las experiencias de otros, lo que les permite utilizar sus capacidades sociocognitivas de una manera que la no ficción simplemente no permite», señala el estudio. «Si nos convertimos en una nación de personas no críticas, superficiales, que leen por encima y no leen, no tendremos ninguna posibilidad de construir la base de empatía, análisis crítico y conocimiento riguroso que es imprescindible para nuestra próxima generación», afirmó Wolf, autor de Reader, Come Home, en una entrevista con la Facultad de Educación e Información de la UCLA.

Los beneficios comienzan temprano: un estudio de Psychological Medicine de 2024 realizado con más de 10 000 niños estadounidenses descubrió que aquellos que leían desde pequeños obtenían mejores resultados en las pruebas cognitivas y se desarrollaban mejor emocionalmente al entrar en la adolescencia. Sin embargo, muchos niños se están perdiendo esta oportunidad: un estudio de HarperCollins UK de 2025 informa de que solo al 41 % de los niños de entre 0 y 4 años se les lee con regularidad, lo que supone un descenso con respecto al 64 % de 2012. Los investigadores señalan que los padres de la generación Z, muchos de los cuales crecieron en la era digital, tienden a considerar la lectura como una actividad académica más que como un placer. Casi el 30 % afirma que leer es «más una asignatura que hay que aprender que una actividad divertida», en comparación con el 21 % de los padres de la generación X, y los niños siguen su ejemplo: Según el estudio, el 29 % de los niños de entre 5 y 13 años afirman ahora que leer les parece una tarea escolar, frente al 25 % en 2012.

«Es muy preocupante que muchos niños crezcan sin una cultura de lectura feliz en casa», afirmó Alison David, directora de Consumer Insight en Farshore y HarperCollins Children’s Books, en un comunicado sobre el estudio. «Los niños a los que se les lee a diario son casi tres veces más propensos a elegir leer de forma independiente en comparación con los niños a los que solo se les lee semanalmente en casa».

Las disparidades tempranas en los hábitos de lectura a menudo persisten en la edad adulta: los estudiantes de último año de secundaria estadounidenses leen a niveles más bajos que en las últimas dos décadas, según el informe de la Evaluación Nacional del Progreso Educativo (NAEP) de 2024, que revela un descenso continuo a largo plazo.

Bajo nivel de alfabetización, alto riesgo

El riesgo va mucho más allá del aula. Lesley Muldoon, directora ejecutiva de la Junta Directiva de Evaluación Nacional, advierte: «Estos estudiantes están dando sus próximos pasos en la vida con menos habilidades y menos conocimientos en materias académicas básicas que sus predecesores de hace una década, y esto ocurre en un momento en el que los rápidos avances tecnológicos y sociales exigen más, y no menos, a los futuros trabajadores y ciudadanos».

El análisis del Programa para la Evaluación Internacional de las Competencias de los Adultos (PIAAC) de 2023 revela una «disminución de la clase media» en la distribución de habilidades, con más estadounidenses agrupados en los niveles más bajos de competencia que en evaluaciones anteriores. Según el estudio, la proporción de adultos con el nivel de alfabetización más bajo aumentó del 19 % en 2017 al 28 % en 2023, y menos de la mitad de los adultos alcanzan ahora los niveles más altos de competencia.

Se estima que la baja alfabetización de los adultos le cuesta a la economía estadounidense 2,2 billones de dólares al año, teniendo en cuenta la pérdida de productividad, el aumento del gasto sanitario y otros costes sociales, según un estudio de 2021 de la Red de Impacto del Aprendizaje y la Alfabetización de Adultos, que informa de que más de la mitad de los adultos estadounidenses leen en el nivel 2 o inferior, y casi el 30 % tiene dificultades con los textos más básicos, lo que limita sus oportunidades laborales y su crecimiento profesional.

El auge de los medios digitales

Estos retos tan extendidos en materia de alfabetización no existen en el vacío, sino que chocan con un entorno mediático en rápida evolución que hace aún más difícil mantener una lectura profunda. En la actual «economía de la atención», las plataformas digitales se aprovechan del apetito mediático de los estadounidenses, ofreciendo un menú constante de noticias y «infoentretenimiento» en formato breve y seleccionadas por algoritmos a través de teléfonos, tabletas y transmisiones en streaming. A medida que más estadounidenses recurren al trabajo temporal y experimentan una creciente escasez de tiempo, la lectura sostenida se ve cada vez más desplazada por la facilidad del streaming online: según Pew Research, aproximadamente el 83 % de los adultos estadounidenses recurren al streaming online, lo que revela cómo la reducción del tiempo de ocio y la intensa competencia por la atención están impulsando el declive.

Pew Research muestra que el 86 % de los estadounidenses ahora obtienen las noticias de forma digital, mientras que solo el 7 % confía en los periódicos impresos. Según la hoja informativa de Pew sobre redes sociales y noticias, entre el 53 % y el 54 % de los adultos estadounidenses afirman obtener noticias de las plataformas sociales al menos de vez en cuando. Facebook (38 %) y YouTube (35 %) siguen siendo las principales fuentes de noticias, seguidas de Instagram (20 %), TikTok (17 %) y X/Twitter (12 %). El streaming también se ha arraigado profundamente en la cultura estadounidense, ya que el 83 % de los adultos afirma utilizar servicios de streaming.

La lectura ya no es solo un pasatiempo solitario, sino que se enfrenta a una mayor competencia por parte de las comunidades online, las redes sociales y otras distracciones digitales. La cultura «middlebrow» de mediados del siglo XX, en la que los clubes de lectura, los periódicos y la ficción para el gran público creaban puntos de referencia culturales compartidos, ha desaparecido en gran medida. Como advirtió Thomas Jefferson, «una ciudadanía informada es el único depositario verdadero de la voluntad pública», y sin embargo, ser «culto» ya no conlleva el prestigio social que tenía antes; la alfabetización y el interés por los libros son indicadores menos visibles de la participación cultural, lo que reduce los incentivos sociales para leer en profundidad o de forma amplia. Esta drástica migración a los formatos digitales no es solo un cambio de medio, sino que está transformando los contextos cognitivos y sociales en los que se interpreta la información. La combinación de formatos digitales de ritmo rápido, desinformación viral y cámaras de eco partidistas amplifica el escepticismo, lo que dificulta al público distinguir entre la información fiable y la opinión o la desinformación.

Una encuesta de Gallup de 2025 revela que la confianza de los estadounidenses en los medios de comunicación ha caído a un mínimo histórico: solo el 28 % dice ahora que tiene «mucha» o «bastante» confianza en que los periódicos, la televisión y la radio informen de las noticias «de forma completa, precisa y justa». La encuesta señala que, cuando comenzó a realizarse en la década de 1970, la confianza oscilaba entre el 68 % y el 72 %.

Efecto de inferioridad de la pantalla

El paso de la impresión a las pantallas representa un cambio fundamental en la forma en que los estadounidenses se enfrentan a los contenidos de lectura, lo que agudiza la preocupación por cómo las personas, especialmente los estudiantes, procesan lo que leen y dónde lo leen.

Cada vez son más los estudios que sugieren que la lectura en pantalla puede mermar la comprensión, la atención y la implicación profunda en comparación con la lectura impresa. Este fenómeno, denominado «efecto de inferioridad de la pantalla», parece derivarse de tres cuestiones clave: la sobrecarga cognitiva (la lectura digital fomenta la multitarea y el desplazamiento), la falta de puntos de referencia espaciales (la disposición física de la impresión ayuda a nuestro cerebro a recordar dónde se encuentra la información en la página) y la tendencia a leer por encima cuando se lee en línea.

Los lectores jóvenes pueden ser los más afectados. Las investigaciones sugieren que los niños que crecen con libros en papel no solo obtienen mejores resultados en las evaluaciones de lectura, sino que también pueden alcanzar un mayor rendimiento académico: según los informes, aquellos que tienen acceso a libros físicos completan una media de tres años más de educación. Los estudios de resonancia magnética muestran que estos niños desarrollan conexiones neuronales más fuertes en las regiones del cerebro responsables del lenguaje y el autocontrol, conexiones de las que pueden carecer los niños que pasan mucho tiempo frente a la pantalla.

La lectura recreativa en plataformas digitales también se ha relacionado con una menor comprensión entre los niños y los adultos jóvenes, según una revisión de Scholastica de 2023, y otros estudios a largo plazo sugieren que la lectura impresa fomenta una mayor retención y un procesamiento cognitivo más profundo, según informa The Guardian.

Un estudio de 2025 publicado en Frontiers of Psychology examinó cómo los diferentes modos de lectura —en papel, digital, audio y vídeo— afectan a la cognición y la salud mental de los estudiantes universitarios, y descubrió que los participantes que leían obras literarias en papel (o las escuchaban en formato audio) mostraban las mayores mejoras, demostrando una mejor función cognitiva y menores niveles de ansiedad y depresión que los de los grupos digitales, de vídeo o de control.

«La lectura ha disminuido porque se enfrenta a una competencia cada vez mayor por parte de otras formas de consumo de medios que pueden ofrecer a los estudiantes una gratificación más inmediata», señaló Martin West, profesor de educación en la Escuela de Posgrado en Educación de Harvard y subdirector del Programa de Política Educativa y Gobernanza de la Escuela Kennedy de Harvard, en un podcast de «Harvard Thinking» de 2025.

«Creo que tenemos muchas pruebas que respaldan hasta qué punto la tecnología puede ser un factor de distracción cuando los estudiantes se dedican a procesos de aprendizaje. Y esa capacidad de distraer, de competir por la atención, también podría llevar a una disminución del interés por la lectura por su cuenta», afirmó West.

La brecha de alfabetización

El reto no es solo la atención, sino el desmoronamiento de los sistemas de apoyo que sustentan la lectura en las escuelas, incluyendo el aumento del precio de los libros, el acceso desigual y el debilitamiento de las infraestructuras, todo lo cual está erosionando las oportunidades de lectura por placer y amplificando las presiones económicas que subyacen al declive. Según el informe «Investing in School Libraries and Librarians to Improve Literacy Outcomes» (Invertir en bibliotecas escolares y bibliotecarios para mejorar los resultados en alfabetización) del Center for American Progress 2024, más de 50 años de investigación demuestran que los estudiantes que tienen acceso a bibliotecas escolares bien dotadas y con bibliotecarios titulados obtienen sistemáticamente mejores resultados académicos y puntuaciones más altas en las evaluaciones estandarizadas. 

Sin embargo, las escuelas públicas de Estados Unidos han prescindido de forma silenciosa pero constante de miles de bibliotecarios escolares titulados. Un análisis nacional del proyecto School Librarian Investigation—Divergence & Evolution (SLIDE) reveló que los puestos de bibliotecario se redujeron en aproximadamente un 20 % entre 2009 y 2019, a pesar de que muchos distritos aumentaron el gasto en otras funciones del personal.

Las pérdidas no se repartieron de manera uniforme: los distritos con altos índices de pobreza, las escuelas que atienden principalmente a estudiantes negros, hispanos o multilingües y los pequeños sistemas rurales eran mucho más propensos a perder por completo a sus bibliotecarios titulados. Las escuelas concertadas fueron las más afectadas: aproximadamente el 90 % declaró no tener ningún bibliotecario. La presión sobre las bibliotecas escolares refleja una crisis más amplia en el sistema de bibliotecas públicas de Estados Unidos, donde la escasez de personal, las presiones presupuestarias y la reducción de los servicios también se concentran en los distritos con altos índices de pobreza, con gran presencia de minorías y rurales. Un estudio publicado como EdWorkingPaper revela que, entre 2008 y 2019, cerraron 766 bibliotecas públicas, lo que afectó de manera desproporcionada a las zonas rurales; los cierres se asociaron con un descenso en las calificaciones de lectura y matemáticas de los estudiantes de las zonas cercanas.

Las pruebas por encima de los textos

El acceso a los libros no solo determina lo que los estudiantes pueden leer, sino también cómo se enseña la lectura. El creciente énfasis en las pruebas estandarizadas ha desplazado cada vez más a la literatura, reduciendo los planes de estudio a habilidades medibles y centrándose en textos breves y evaluaciones a expensas de la lectura sostenida o la exploración literaria. «Una parte fundamental para convertirse en una persona alfabetizada es examinar y explorar un texto completo. Esto debería ser una parte importante de la educación de todos los estudiantes», escribe Peter Greene en «La atomización de la literatura: cómo las pruebas estandarizadas están acabando con la enseñanza de la lectura», publicado en Forbes.

«En lugar de enseñar a los estudiantes a leer un libro completo, les enseñamos a hacer una prueba estandarizada», argumenta Greene, y añade: «Mientras las pruebas de alto nivel impulsen una reacción rápida y superficial a un extracto sin contexto, las escuelas dejarán de dar prioridad a la enseñanza de la lectura y la alfabetización como una inmersión reflexiva, colaborativa y profunda en una obra completa. Y eso será una pérdida para los estudiantes».

Rose Horowitch, en su artículo de 2024 en The Atlantic titulado «Los estudiantes universitarios de élite que no saben leer libros», cita una encuesta realizada en 2024 por el EducationWeek Research Center a unos 300 educadores de tercero a octavo grado, en la que solo el 17 % afirmó que enseña principalmente textos completos; otro 49 % combina textos completos con antologías y extractos. Horowitch destaca que casi una cuarta parte de los encuestados afirmó que los libros ya no son el centro de sus planes de estudio. «Ya sea por atrofia o por apatía, una generación de estudiantes lee menos libros», escribe Horowitch. «Los estudiantes ven la lectura de libros como algo parecido a escuchar discos de vinilo: algo que una pequeña subcultura puede seguir disfrutando, pero que en su mayor parte es una reliquia de una época anterior».

Contracorrientes: signos de esperanza

Desde los teléfonos inteligentes hasta los lectores electrónicos, las nuevas tecnologías están empezando a erosionar la resistencia tradicional del libro en papel. Según el Pew Research Center, alrededor del 30 % de los adultos estadounidenses leen ahora libros en formato digital. Los audiolibros están experimentando una adopción aún más rápida: la encuesta a consumidores de 2025 de la Audio Publishers Association reveló que el 51 % de los estadounidenses mayores de 18 años, unos 134 millones de personas, han escuchado un audiolibro.

Ese impulso se ve igualado, y en algunos aspectos superado, por la popularidad de los podcasts. El podcasting está en auge en Estados Unidos, donde alcanza a 210 millones de estadounidenses y atrae a 115 millones de oyentes semanales en 2025, según Edison Research. El podcasting representa ahora aproximadamente el 11 % del consumo diario de audio, y se han identificado más de 1,1 millones de episodios de podcasts en inglés a través de fuentes RSS públicas.

Un aspecto positivo es que las librerías independientes están experimentando un resurgimiento, a menudo con el apoyo de las comunidades locales y eventos seleccionados, y las cajas de libros por suscripción hacen que descubrir nuevos títulos sea más fácil que nunca. Las redes sociales, en particular «BookTok» de TikTok, se han convertido en un poderoso motor de la lectura entre la generación Z, impulsando el interés por géneros específicos y títulos superventas. El crecimiento de los servicios de suscripción de libros sugiere una corriente contraria que apoya la lectura: se prevé que el mercado mundial, valorado en unos 1340 millones de dólares en 2024, casi se duplique para 2033, ya que cada vez más consumidores buscan entregas seleccionadas para mantener vivos sus hábitos de lectura.

El camino por delante

Para revertir la recesión de la lectura en Estados Unidos, los expertos afirman que es necesario realizar esfuerzos que abarquen las escuelas, las familias y las comunidades. «Se necesitará un ecosistema integral para apoyar a nuestros estudiantes en cada punto de contacto», afirma la Dra. Paige Pullen, directora académica y responsable de alfabetización del Lastinger Center for Learning de la Universidad de Florida, en un comunicado sobre la innovadora iniciativa New Worlds Reading Initiative.

Creado por la Asamblea Legislativa de Florida en 2021, el programa ilustra cómo los enfoques coordinados y multinivel pueden abordar el descenso de las tasas de lectura. La iniciativa, que ofrece formación modular para educadores desde el nacimiento hasta el 12.º grado, incorpora estrategias basadas en la evidencia, aplicaciones prácticas en el aula y tutoría continua, y tiene como objetivo apoyar a los profesores en la aplicación de prácticas de alfabetización en el aula, al tiempo que promueve la colaboración entre escuelas y comunidades, lo que ayuda a garantizar que los estudiantes reciban una orientación coherente en el desarrollo de sus habilidades de lectura en cada etapa del aprendizaje.

En todo Estados Unidos, varios estados están poniendo en marcha ambiciosas iniciativas de alfabetización para abordar las persistentes diferencias en lectura. Iowa, Arizona, Nebraska, Rhode Island y Alaska han recibido subvenciones federales multimillonarias del Programa Estatal de Desarrollo Integral de la Alfabetización (CLSD) para apoyar la enseñanza de la lectura basada en la evidencia, la tutoría intensiva y el desarrollo profesional de los educadores, centrándose en los niños de comunidades con grandes necesidades. También están interviniendo una serie de organizaciones sin ánimo de lucro dedicadas a la alfabetización y programas escolares para reforzar las habilidades de lectura y el acceso a los libros, en particular para los niños de comunidades con pocos recursos.

La NEA ofrece una serie de soluciones para promover la lectura temprana en casa, desde programas en clínicas hasta herramientas digitales e iniciativas populares de intercambio de libros. Las organizaciones sin ánimo de lucro Reading Is Fundamental (RIF) y Children’s Literacy Initiative están ampliando el acceso a los libros, apoyando a los profesores y reforzando la enseñanza de la lectura en las escuelas que más lo necesitan.

Raising a Reader se asocia con escuelas, centros comunitarios y bibliotecas para proporcionar colecciones de libros multiculturales seleccionadas y formación a los padres. Reach Out and Read integra la alfabetización en la atención pediátrica, regalando libros a los niños pequeños durante las visitas de control y enseñando a los cuidadores a leer en voz alta juntos.

Worldreader, una organización sin ánimo de lucro global que promueve la lectura en familia a través de su aplicación digital gratuita, BookSmart, ayuda a los padres a leer a sus hijos a diario, incluso en entornos con pocos recursos.

Las subvenciones, los incentivos políticos y las asociaciones estratégicas también son fundamentales para garantizar que estos esfuerzos sean sostenibles y equitativos. Un informe de políticas del Center for American Progress, titulado «Investing in School Libraries and Librarians to Improve Literacy Outcomes» (Invertir en bibliotecas escolares y bibliotecarios para mejorar los resultados en alfabetización), sostiene que invertir en bibliotecarios escolares certificados, colecciones actualizadas y la colaboración de los profesores es una poderosa palanca para impulsar la alfabetización de los estudiantes y su compromiso con la lectura a largo plazo.

Las tecnologías emergentes, como los libros de cuentos con realidad aumentada (tecnología RA) (Metabook) y la lectura interactiva asistida por voz (TaleMate), combinan el compromiso con el aprendizaje, demostrando cómo las estrategias digitales e impresas pueden trabajar juntas para fomentar los hábitos de lectura, mejorar los resultados de alfabetización y transformar las bibliotecas en centros de aprendizaje inmersivos.

Programas como Open eBooks, una colaboración entre las principales editoriales, bibliotecas y organizaciones sin ánimo de lucro, ofrecen acceso gratuito a miles de libros electrónicos para niños de comunidades con pocos recursos. La aplicación Living Stories de Penguin Random House combina sesiones de lectura en voz alta con luces y sonidos interactivos para atraer a los jóvenes lectores. Los proveedores de software para bibliotecas, como BiblioCommons, integran los libros electrónicos en los catálogos de las bibliotecas públicas. Al mismo tiempo, plataformas como Reading Plus y colaboraciones como Reading Partners + AT&T ofrecen enseñanza personalizada y digital de alfabetización a los estudiantes en la escuela y en casa.

Para revertir el declive de la lectura en Estados Unidos no basta con animar a los niños a que lean un libro, sino que es necesario reconstruir una cultura que defienda la alfabetización en todas las etapas de la vida. Esto significa abordar las crisis de financiación y personal en las escuelas y bibliotecas públicas, replantearse las prácticas docentes que infravaloran la lectura profunda y apoyar a los padres en el fomento de la alfabetización temprana. También exige que los responsables políticos, los educadores y las comunidades inviertan en la infraestructura a largo plazo que requiere la alfabetización.

Hay mucho en juego: sin intervención, la próxima generación corre el riesgo de heredar un mundo de desplazamiento perpetuo, atención fragmentada y compromiso superficial con las ideas. Pero con una acción coordinada, podemos imaginar un futuro en el que los libros, tanto impresos como digitales, recuperen su papel como catalizadores de la curiosidad, la empatía y la comprensión cívica. La lectura puede volver a ser una experiencia cultural compartida, una alegría personal y la piedra angular de una sociedad informada y conectada." 

( 

4.7.25

La red pública, con escasos medios y una buena calidad acreditada en los rankings, está muy lejos de atender a la demanda... las universidades estatales matricularon a 16.700 alumnos menos en primero, mientras en la privada aumentaban en 34.300. De modo que el sueño de muchos jóvenes solo se cumple si su familia puede permitírse pagar una universidad privada... El principal problema es que la universidad pública no está atendiendo a las necesidades de país. “No tienes libertad de elección de carrera si las notas de corte son extraordinariamente altas. Y no es que las universidades públicas sean elitistas, es que solo se quedan con los mejores estudiantes, porque no tienen más plazas... Se está obligando, porque eso no es libertad, a pagar el grado que quieren en una universidad privada. Muchas familias piden un crédito y, no es porque su hijo haya sacado un cinco o no se haya esforzado, es que se está infrafinanciando el sistema público”... “Con esta financiación podemos hacer lo que podemos hacer. Nos encantaría ofrecer muchas más plazas en titulaciones que tienen demanda, pero ¿por qué no podemos? porque necesitamos recursos en personal e instalaciones“... la epidemia de sobresalientes no se corresponde con el nivel de los alumnos ―en especial en los colegios privados y concertados― para que entren en el grado (el 60% de la nota depende del expediente) (Elisa Silió)

 "Entrar en el grado universitario deseado se ha convertido en un martirio para decenas de miles de jóvenes de brillantes expedientes que compiten a brazo partido por una plaza. La red pública, con escasos medios y una buena calidad acreditada en los rankings, está muy lejos de atender a la demanda de chicos de 18 años que parecen opositar a notarías desde primero de bachillerato. El curso pasado aprobaron la convocatoria ordinaria de la PAU (Prueba de Acceso a la Universidad) ―en la que se reparten todo los puestos con muchos solicitantes― 57.500 personas más que en 2015 y, sin embargo, las universidades estatales matricularon a 16.700 alumnos menos en primero, mientras en la privada aumentaban en 34.300. De modo que el sueño de muchos jóvenes, tras trabajar con tesón en su aula, solo se cumple si su familia puede permitírselo pagando una universidad privada. La meritocracia y la igualdad de oportunidades parecen resquebrajarse.    

Sacar unas notas excelentes ―un tercio logró más de un ocho en bachillerato en 2024, según los datos oficiales, y un 26% más de ese ocho en Selectividad, en la que rinden menos― ya no garantiza entrar en el grado. La pelea es a la milésima y muchos tiran la toalla y ni solicitan la titulación deseada con notas muy altas.

Además de la ausencia de plazas en la pública ―en 2024 1.400 menos que en 2015 y con tendencia descendente―, hay motivos cuantificados que explican en parte que las notas estén por las nubes. Por un lado, la epidemia de sobresalientes en los centros que no se corresponde con el nivel de los alumnos ―en especial en los colegios privados y concertados― para que entren en el grado (el 60% de la nota depende del expediente). Y seguidamente, porque cada vez aprueba más gente la PAU ordinaria ―en 2010 el 93,1% y el año pasado el 97,2%― y con unas calificaciones mayores.

Desde la pandemia, el rendimiento mejoró aún más por las facilidades que se dieron a los alumnos, pero en 2025 han desaparecido, bajando algo el número de aprobados y las notas. La Universidad Carlos III calcula que, pese a aumentar las solicitudes, menguarán la nota de corte en torno a medio punto.

El principal problema es que la universidad pública no está atendiendo a las necesidades de país. “No tienes libertad de elección de carrera si las notas de corte son extraordinariamente altas. Y no es que las universidades públicas sean elitistas, es que solo se quedan con los mejores estudiantes, porque no tienen más plazas”, recordó la ministra Diana Morant en un acto reciente. “Se está obligando, porque eso no es libertad, a pagar el grado que quieren en una universidad privada. Muchas familias piden un crédito y, no es porque su hijo haya sacado un cinco o no se haya esforzado, es que se está infrafinanciando el sistema público”. España gasta el 0,7% de su PIB en la universidad, frente al 1,2% europeo. El Gobierno quiere llegar al 1% en 2030, pero las competencias son autonómicas.

En este diario Eva Alcón y rectora de la Jaume I de Castellón (pública), presidenta de la conferencia de rectores (CRUE), admitía también que las universidades públicas dejan sin su primera opción de grado a muchos alumnos: “Con esta financiación podemos hacer lo que podemos hacer. Nos encantaría ofrecer muchas más plazas en titulaciones que tienen demanda, pero ¿por qué no podemos? porque necesitamos recursos en personal e instalaciones“.

“Es una cuestión de oferta y demanda por generaciones. Cuando yo estudiaba, a finales de los ochenta, para Teleco o Arquitectura pedían muchísimo, y ahora la nota de corte está más baja, porque ha bajado su demanda”, cuenta Rosa de la Fuente, vicerrectora de Estudiantes de la Complutense, la institución que coordina toda la PAU en Madrid. “Siempre ha habido carreras que están muy altas, porque en ese momento están de moda o hay un nuevo nicho de trabajo”.

“Es verdad que en los últimos años las ciencias de la salud han tenido un crecimiento exponencial de la demanda”, prosigue De la Fuente. Y ahí la red pública se ha quedado atrás: desde 2015 apenas han crecido las matrículas de primero en 1.400, mientras en la privada subían en 9.000. El Gobierno ha costeado 700 plazas de Medicina en la pública, pero es apenas un parche y muchas facultades luego han recortado los puestos. “¿Por qué? Si quieres dar una formación de calidad, necesitas que se ajuste al número de profesionales que enseñan a las plazas en los hospitales“, remarca De la Fuente. En 2015, se presentaron 43.700 solicitudes de Medicina (muchos alumnos piden plaza en varias comunidades ) y el curso pasado 62.700, para 6.600 plazas públicas.

“Intentamos dar vueltas para que ingresen más estudiantes. Las facultades son muy respetuosas con la calidad, por eso si no hay laboratorio, no puede haber más alumnos”. Aunque admite que cuentan con un pequeño margen. En Biológicas, por ejemplo, han aumentado algo las plazas. Las clases de 100 personas de los años noventa son impensables con el Plan Bolonia, que aboga por una docencia más personalizada y, por tanto, costosa.

Ángel Arias, rector de la Carlos III ―con notas de corte estratosféricas― reconoce que dejarán fuera a la mitad de las 8.000 personas que solicitan entrar en sus grados. Cree que hay que buscar una fórmula para que ingresen más alumnos sin que la calidad se resienta. “Como no obligamos a venir a las clases y los estudiantes tienen bastante autonomía en la formación, les cuesta venir a los campus”. Por eso argumenta que hay que hacer un esfuerzo porque vivan la universidad los que se quedan en casa, e incrementar si se puede el número de estudiantes, porque hay aulas que no están llenas en las clases presenciales.

A veces si se atiende la demanda de plazas se aboca a muchos titulados al paro o al trabajo precario, como ocurre con Psicología (25.000 alumnos en primero entre privada y pública) o Criminología (5.800), que tienen notas de acceso muy altas y un mercado laboral que se tambalea. Sin embargo, resulta muy tentador para los políticos implantar esos grados, porque da votos. En Madrid se puede estudiar Psicología en 14 facultades, entre privadas y públicas. En 2010 se ingresaba en la Complutense en este grado con un 7,8, frente al 10,28 sobre 14 de 2024.

A nivel nacional, solo en Diseño y Religión, carreras de pocos alumnos, hay más universitarios en la privada. Pero si pone la lupa en el Madrid de Isabel Díaz Ayuso, espejo en el que se miran muchos gobiernos del PP, el panorama es desolador para quien no tiene dinero: en las ramas de Educación, Técnicas Audiovisuales, Psicología, Medicina, Enfermería, otras ciencias de la salud (no se especifica) y Ciencias del Deporte, ya hay más alumnos de primero en centros de pago. Mientras, las prestigiosas universidades públicas de la capital se desangran sin la financiación adecuada.

Otro problema es que los bachilleres, pese a existir jornadas de puertas abiertas y charlas en sus centros, se dejan arrastrar por las carreras que están de moda, aumentando la nota de corte. “Tenemos que trabajar desde el lado de la orientación de la demanda, porque a veces está muy condicionada al interés de las generaciones y no se dan cuenta que hay otros grados”, subraya De la Fuente

Arias se va al ejemplo de Ingeniería eléctrica, el grado con menos demanda de toda la Carlos III. “Se van a necesitar 100.000 ingenieros eléctricos y no los hay. En 30 años nosotros hemos formado a 25.000 ingenieros entre todas las titulaciones”, compara. Para alegría del mercado laboral las ingenierías se han recuperado, y en primero matriculan en la pública a 1.500 alumnos más que en 2015; aunque el mercado reclama muchos más para hacer frente a los nuevos retos. Hasta 5.000 ofertas quedaron sin cubrir en 2023 en España: el 15% de las de ciencias de datos y, lo más preocupante, el 50% de las de IA, según un estudio de la asociación IndesIA. Matemáticas y Física, son dos casos muy llamativos: en década y media han subido del 5 a más de un 12 por esta apremiante necesidad del mundo del trabajo.

José Luis Casillas, miembro de la junta directiva de la Asociación Profesional de Orientación Educativa de Castilla y León, confirma la presión y habla de la competitividad. “De un tiempo a esta parte, parece que tenemos que ser los mejores en todo, y además tenemos el postureo, Instagram... la mejor foto”. Remarca la influencia del entorno. “Si eres buen estudiante, la familia cree erróneamente que es mejor hacer el bachillerato que FP, luego una carrera que una FP superior... No se trata de estudiar lo que más te gusta, lo que puede ser valioso para la sociedad. Si tienes un 13, ¿cómo vas a matricularte en Historia?, dicen, apúntate Medicina”.

Esta presión pasa factura. En el reciente estudio Dobles títulos universitarios, ¿dobles oportunidades?, de la Fundación para el conocimiento Madri+d, muchos estudiantes encuestados admitieron que habían elegido esa opción, que supone un sacrificio extra, en parte presionados por el entorno. No se concibe “regalar nota” si se ha alcanzado una muy alta. El 23,6% de las titulaciones que se ofrecen actualmente son dobles, y tienen tan pocas plazas que el acceso está al alcance de muy pocos. Estas puntuaciones estratosféricas ― en la Universidad de Sevilla un 13,764 sobre 14 en el doble de Matemáticas y Física el pasado año― son un motivo de orgullo para las universidades, pero para muchos expertos hay mucho de marketing.

De nuevo sale a reducir la falta de recursos. En opinión de Casillas, el 95% del tiempo los orientadores se centran en los problemas de convivencia en secundaria, y dedican poco a ayudar a descubrir su vocación a los futuros universitarios de bachillerato.

José Navarro, catedrático de Psicología del Trabajo en la Universidad de Barcelona, sostiene que esta presión se está trasladando también a los cuatro años de los grados. Quien quiere cursar un máster muy demandado en la red pública ―fácilmente hay 10 solicitantes por plaza en el posgrado― sabe que tiene que sacar unas notas muy altas y optar a determinadas materias optativas para entrar.

Navarro, experto en psicología de las asociaciones, remarca que las carreras ya no tienen solo una orientación formativa ―hace 10 años los rectores se indignaban si se les hablaba de empleabilidad―, sino laboral. Lo observa cuando modifican o crean un grado en la UB, porque en la comisión siempre están representados los empresarios. Una mirada al mundo del trabajo desde los 18 años que, sin duda, está asociada a esta nueva competitividad.

Las universidades informan a muchos más alumnos de los que luego estudian allí de que han entrado en un grado de enorme demanda, porque una gran parte finalmente no se matriculan al encontrar sitio en otra facultad más cercana a su casa. Es una lotería, así que en sus previsiones los rectorados tienen que tener en cuenta el comportamiento de otros años para calcular las plazas totales que se ofertan. Si se quedan cortos, durante el verano hay llamamientos y a veces baja la nota. Y si se quedan largos, como le pasó a la Complutense con Enfermería porque no se repitió la conducta de otros años, tienen que asumir a esos alumnos de más.

Por eso De La Fuente recomienda a quien no haya entrado en el grado que quería mostrar su interés en mantenerse en la lista de espera ―mediante una aplicación en la web o un correo electrónico, dependiendo del rectorado― por si antes de que empiece el curso suena la flauta."                                   (Elisa Silió , El País, 29/06/25)

2.12.24

Dinamitando las universidades públicas... el PP apuesta por las mal llamadas “universidades privadas” que, en muchos casos, son entidades que no llegan al nivel de una academia de repaso, con pésimas infraestructuras y con plantillas devaluadas, pero que ofrecen salidas a los estudiantes que no alcanzan las medias necesarias para ingresar en las universidades públicas, a cambio del pago de matrículas cuantiosas... Las medidas que se van adoptando en las comunidades autónomas de Madrid y Andalucía en relación con el financiamiento de las universidades públicas, forman parte de una estrategia calculada de desmantelamiento progresivo de los servicios públicos. El hecho se aviene con otra pieza de caza mayor para los conservadores: la sanidad pública... el acerbo de conocimiento que proviene de universidades y centros de investigación públicos tiene un traslado evidente a la macroeconomía. Un ejemplo elocuente es la evolución de las exportaciones de servicios no turísticos en los registros exteriores de España: aquí, el crecimiento de esos datos denota la transferencia de conocimiento y el know how profesional de los egresados formados en universidades públicas... e indica algo que se está debatiendo con fuerza en muchos encuentros de economía aplicada: la diversificación del tejido productivo español, gracias a la aplicación del conocimiento... orillar todo lo público y favorecer lo privado, constituye un ropaje ideológico que se incardina en sendos principios para sus hacedores: la reducción de la inversión pública y el recorte de los impuestos a las capas más ricas de la población (Carles Manera, Economistas frente a la crisis)

 "Las medidas que se van adoptando en las comunidades autónomas de Madrid y Andalucía en relación con el financiamiento de las universidades públicas, forman parte de una estrategia calculada de desmantelamiento progresivo de los servicios públicos. El hecho se aviene con otra pieza de caza mayor para los conservadores: la sanidad pública. Educación y sanidad públicas se han visto mermadas en las opciones presupuestarias de aquellos mandatarios regionales. La pírrica asignación económica, por ejemplo, a las universidades públicas madrileñas –apenas un incremento que no llega al 1%, cuando los rectores reclaman cerca del 18%, para poder sostener sus instituciones– es muestra ilustrativa. En paralelo, se apuesta por las mal llamadas “universidades privadas” que, en muchos casos, son entidades que no llegan al nivel de una academia de repaso, con pésimas infraestructuras y con plantillas devaluadas, pero que ofrecen salidas a los estudiantes que no alcanzan las medias necesarias para ingresar en las universidades públicas, a cambio del pago de matrículas cuantiosas.

Las universidades públicas y los centros de investigación públicos en España constituyen la parte del león de la investigación en nuestro país, con todos los defectos que se quieran. De esas instituciones surgen investigaciones básicas y aplicadas en todos los campos del conocimiento, cuya transferencia al sector privado enriquece la competitividad y la productividad. Hace pocos meses,  la plataforma Webometrics (https://www.webometrics.info/en/GoogleScholar/Spain) publicó un ranking, elaborado a partir de datos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de los diez mil investigadores españoles más importantes. Más del 70% proceden de universidades públicas y centros públicos de investigación –con participación de universidades y del CSIC–, incluyendo las investigaciones biomédicas realizadas en hospitales públicos. Los investigadores y docentes universitarios trabajan en muchas ocasiones con precariedad presupuestaria, y sus resultados, publicados en revistas de impacto en los diferentes campos de la ciencia, acreditan su tesón y esfuerzo. No vemos universidades privadas españolas, por ejemplo, en el ranking de Shangai, y sí algunas universidades públicas madrileñas entre las 300 mejores del mundo, sobre un universo analizado de 20.000. A su vez, muchos grupos competitivos de investigación en entidades públicas buscan y obtienen financiación complementaria –que nutre el presupuesto público de sus instituciones de origen– en proyectos competitivos, de carácter nacional e internacional. El acceso a las posiciones académicas, a pesar de múltiples acusaciones de endogamia –que nadie niega, pero que no son el modus operandi generalizado–, se resuelven por oposiciones y procesos de acreditación en la ANECA, en convocatorias abiertas y con informaciones simétricas.

Todo esto que comentamos tiene, como es natural, sus puntos débiles que deben encararse, y que serían objeto de otro comentario. Pero lo que resulta indudable es que este acerbo de conocimiento que proviene de universidades y centros de investigación públicos es lo que no puede ignorarse, con traslados evidentes a la macroeconomía. Un ejemplo elocuente es la evolución de las exportaciones de servicios no turísticos en los registros exteriores de España: aquí, el crecimiento de esos datos denota la transferencia de conocimiento y el know how profesional de los egresados formados en universidades públicas en su mayoría, si se tienen en cuenta las magnitudes de las cifras. La cuestión es de tal relevancia que indica algo que se está debatiendo con fuerza en muchos encuentros de economía aplicada: la diversificación del tejido productivo español, gracias a la aplicación del conocimiento.

Las universidades públicas, además, ostentan otros círculos virtuosos: constituyen un ejemplo de ascensor social, de posibilidad tangible para que hijos e hijas de las clases menos favorecidas puedan acceder a la enseñanza superior, conseguir una formación adecuada y poder obtener empleos mejores. A su vez, esto infiere otro elemento crucial: el acceso a la cultura, a la asunción de conocimientos específicos y también holísticos. Una formación integral.

La obsesión por orillar todo lo público y favorecer lo privado, constituye un ropaje ideológico que se incardina en sendos principios para sus hacedores: la reducción de la inversión pública y el recorte de los impuestos a las capas más ricas de la población. Todo junto a un tercer pilar: la privatización gradual de los servicios públicos, en los que la sanidad y la educación constituyen objetivos prioritarios. Si un gobierno apuesta por dar más empuje a las universidades privadas, es una opción lícita. Pero no puede hacerlo a costa de otorgar presupuestos anémicos a las públicas, recursos fundamentales que les son sustraídos para engordar proyectos que, en muchísimas ocasiones, no tienen garantía alguna ni de calidad científica, ni investigadora, ni docente. Es un negocio más que expide títulos a cambio de sumas considerables. Manda la cuenta de explotación.

                Madrid y Andalucía se está erigiendo en los exponentes de esa estrategia de desmantelamiento de las universidades públicas, mientras incentivan las privadas des-dotando las partidas correspondientes a las primeras. No es un hecho aislado, o un error. Forma parte de una particular hoja de ruta cuyos prolegómenos hemos visto ya en ejemplos muy concretos de la gestión sanitaria en esas comunidades autónomas. Los rectores madrileños ponen un negro horizonte a pocos años vista con el mantenimiento de una estrategia depredadora que alude a adoctrinamientos y otras falacias para justificar una decisión impresentable. Los mismos dirigentes y sus acólitos se llenan la boca con asertos como captación de talento, fomento de la innovación, calidad de la investigación, aumento de la productividad, desarrollo de la competitividad. Pero lo que están promoviendo va justo en la dirección contraria: hacia el abismo del conocimiento que recuerda aquella escalofriante soflama de “muera la inteligencia”."

( U. Illes Balears, Economistas frente a la crisis, 01/11/24)

15.9.23

Ayuso paga con dinero público las clases particulares para el alumnado de la privada que enferme... a esto se le llama lucha de clases

 "48.101 euros para sufragar las clases particulares del alumnado de la privada que enferma. Una convocatoria publicada en el Portal de Transparencia de la Comunidad de Madrid para sufragar el Servicio de Apoyo Educativo Domiciliario (SAED) a alumnos y alumnas que estudian en la escuela privada supone el nuevo regalo del gobierno de Ayuso para la educación que se imparte fuera de la pública.

Así lo han denunciado desde CC OO Educación Madrid, quienes indican que, al mismo tiempo, la subcontratación de este servicio, que estará en manos de las empresas que ganen el concurso, es “de dudosa legalidad”, porque no se garantiza ni la cualificación de quien imparta esas clases ni tampoco la impartición del currículo oficial.

 El Servicio de Apoyo Educativo Domiciliario (SAED) es un servicio de carácter público, integrado por 43 maestros y maestras y 71 profesores y profesoras de Secundaria, con su debida titulación y oposiciones, que se encargan de impartir clases particulares al alumnado de la pública que por prescripción facultativa no puede acudir al centro escolar. Un servicio hoy “saturado”, denuncian desde CC OO, que no llega a atender todas las necesidades, mientras se subvenciona a la privada. “Los presupuestos de los últimos años muestran que las cantidades destinadas al SAED se han recortado año tras año, mientras el dinero que va a los colegios privados aumenta”, avisan desde CC OO.

 “Es otro regalo más para los centros privados. Si un alumno enferma durante una larga temporada hay que garantizar el derecho a la educación, eso sin duda. Pero la Consejería de Educación lo garantiza financiando el 100% de clases privadas a domicilio a alumnos de centros privados y además se lo encarga a empresas privadas. Es decir, que pagamos entre todos clases para un alumnado que viene de centros privativos, exclusivos porque sus cuotas mensuales son altísimas y solo se las pueden permitir familias de muy alto poder adquisitivo”, expresa Isabel Galvín, secretaria general de Enseñanza de CCOO Madrid.

 Hasta hoy, el SAED atiende a alumnos provenientes de centros públicos y de centros concertados, pero no de centros privados, explica Galvín. Para la representante de CC OO las familias que eligen llevar a sus hijos a centros privados, dentro del marco de su libertad de elección, deben asumir todos los gastos derivados, y esto debería incluir la atención educativa en caso de enfermedad. “Han de ser los colegios privados los que asuman estos gastos”, insiste. (...)"                    (Sara Plaza, El Salto, 28/07/23)

2.2.23

Mi vocación científica solo me ha hecho sufrir: dejo la investigación... Tras cuatro años de grado, dos másters, sucesivas becas de colaboración y de investigación, matrículas de honor, publicaciones en revistas indexadas, prácticas externas, cursos y ponencias, me han denegado por segunda vez la financiación que necesito para realizar la tesis doctoral. No voy a volver a intentarlo... “Mi tiempo, mi dinero y mis fuerzas se han agotado”... La decisión de no ser una sierva de la universidad me ha llevado a poner algunas cosas bajo una nueva perspectiva: pocos meses antes de fallecer, mi abuelo materno me preguntó si ya había encontrado trabajo... le respondí que todavía me pagaban 400 euros al mes por continuar en la universidad... me dijo que eso no iba a servirme para vivir en la ciudad... Atendí a mi deseo y a la ambición de no quedarme en la superficialidad y ahora no sé qué futuro me depara... Miro a mis compañeras y compañeros que se han visto obligados igualmente a dejar la investigación por no conseguir financiación. Nuestro talento ha quedado fuera por no poder afrontar los costes... Los contratos de investigación ahora me parecen funcionar como una criba la cual impide el acceso a la ciencia a quienes han tenido pocos recursos para estudiar

 "Tras cuatro años de grado, dos másters, sucesivas becas de colaboración y de investigación, matrículas de honor, publicaciones en revistas indexadas, prácticas externas, cursos y ponencias, me han denegado por segunda vez la financiación que necesito para realizar la tesis doctoral. No voy a volver a intentarlo. No merece la pena una vida de producción científica agotadora, realizando la tesis sin remuneración, llamando a una puerta que no se abre. Cada vez que me deniegan un contrato predoctoral, los profesores me brindan una dosis de paciencia, señalando que tendré más opciones de obtenerla al curso siguiente, tras haber acumulado más méritos y experiencia. Pero mi tiempo, mi dinero y mis fuerzas se han agotado. 

 Mis amistades y la mayoría de compañeros de profesión me han animado a continuar, sabiendo lo que significaba la universidad para mí, mientras ellos poco a poco se bajaban de la carrera investigadora. Les veía disfrutar, mientras yo me martirizaba a diario para conseguir los mejores resultados. He considerado que podría aprovechar mucho mejor ya no el año escolar, sino mi carrera profesional, sin depositar de nuevo la esperanza en la siguiente convocatoria. He comenzado a buscar empleo.

 Las becas de investigación que he tenido la suerte de obtener resultaban incompatibles con un contrato laboral en alta en la Seguridad Social, lo que me comprometía a depender económicamente de mi madre, a la vez que intentaba dar clases particulares para salir del apuro. La decisión de no ser una sierva de la universidad me ha llevado a poner algunas cosas bajo una nueva perspectiva: pocos meses antes de fallecer, mi abuelo materno me preguntó si ya había encontrado trabajo.

Mi primo, sólo un año mayor que yo, había conseguido hipotecarse en el pueblo, y en cambio él había dejado los estudios a los 16 años. La mayoría de jóvenes y adolescentes de la Mancha con los que me he criado han trabajado como agricultores o en el negocio familiar (desde temprana edad, de manera ilegal, sin cotización) para ganarse la paga. Mi primo podría haber estudiado como yo, pues no le faltaba inteligencia, pero tuvo otra forma menos pasiva que la mía de adaptarse a la realidad económica.

A mi abuelo le respondí que todavía me pagaban 400 euros al mes por continuar en la universidad, y al año siguiente, tal vez, me concederían el contrato predoctoral que tanto deseaba. Cuando le esclarecí las condiciones, me dijo que eso no iba a servirme para vivir en la ciudad. En aquel momento no le dí la razón debido a aquel capricho mío de seguir estudiando. Ahora, en cambio, sí.

 “Vocación” fue la palabra que dirimió mi ámbito de estudios tempranamente. Pero, al no poder continuar la investigación, siento que mis estudios realizados hasta ahora en Filosofía no habrán servido de mucho, no servirán al menos desde un punto de vista científico y académico, que era el único que a mí me interesaba. No obstante, no me arrepiento de haberlos cursado, pero debido a las circunstancias debo reconocer que la narrativa de perseguir la vocación sólo me ha hecho sufrir, exigiéndome una única opción de realización personal. Fríamente, debería haber optado por un camino más seguro, pero ya no hay vuelta atrás. Atendí a mi deseo y a la ambición de no quedarme en la superficialidad y ahora no sé qué futuro me depara. Llegué a la ciudad llena de ilusiones. Haber encontrado tantos cortapisas en mi formación me ha arrebatado toda confianza en la academia. Es hora de apartarse, renunciar y dejar hueco a gente tan capaz como yo que aún mantenga el entusiasmo.

Después de tantos años de trabajo, y del empeño de mis queridos profesores por auparme, he decidido invertir mi juventud en otras opciones. Ahora que aún estoy a tiempo, puedo reconducir mi futuro laboral. Yo misma pensaba que nada merecía la pena si no podía culminar mis estudios; los prioricé frente a todo. Pese a que han sido los mejores años de mi vida, hay opciones valiosas más allá de la universidad.

 Me dicen que no pierdo nada por solicitar las becas otra vez. Pero sí pierdo mi tiempo, mis ganas y mi entusiasmo. Lo siento tanto por mí como por mis profesores que tanto han confiado hasta el final en mi potencial. No quería decepcionarlos, pero continuar luchando por ser doctoranda ha perdido el sentido para mí. Hay asuntos más apremiantes y urgentes que esto. Bastante suerte he tenido llegando hasta aquí a pesar de la adversidad.

Echando la vista atrás, preferiría haber tomado esta decisión mucho antes, para no haber sufrido la presión por sacar siempre la mejor calificación. Sé que la mochila cultural con la que entré en la carrera estaba más vacía de contenido que la de muchos de mis compañeros, y eso pesó más durante los primeros años que mis ganas de aprender. Intenté que no penetrase en mi conciencia el clima constante de competición entre compañeros ansiosos por destacar sobre el resto, aun sabiendo que yo estaba siendo partícipe de ese diabólico juego.

Pero lo que más me hace sufrir es pensar que haya caído en saco roto todo el esfuerzo por mi parte en adquirir una completa comprensión sobre la disciplina que más he amado. Miro a mis compañeras y compañeros que se han visto obligados igualmente a dejar la investigación por no conseguir financiación. Nuestro talento ha quedado fuera por no poder afrontar los costes. Ojalá pronto aquellos que hemos devorado libros en la biblioteca hasta altas horas de la madrugada alcancemos los recursos que necesitamos para que nuestras ideas cobren vida, expresión y realidad.

 Cuando miraba a mi madre dejándose la piel en el trabajo para que yo pudiera vivir en Madrid, sentía que el estudio no era un derecho, sino un capricho mío, pero tenía la esperanza de que algún día fuese recompensado. Esperé recibir de la universidad esa alternativa de ascenso social, pero resulta que las y los jóvenes investigadores más estudiosos que no consiguen plaza se ven impelidos a adecuarse a un mundo laboral extraño y ajeno cuando ya han pasado de la treintena.

He soñado mucho tiempo con hacer una bella tesis. Ahora soy consciente de que romantizar en exceso la dedicación al estudio presenta también sus riesgos. Ha dejado de sonar sugerente para mí ser profesora en la universidad. Los doctores que consiguen quedarse, cuando no cuentan con un respaldo endogámico en el interior, se enfrentan a contratos de Asociado o de Ayudante cuyo salario es insuficiente para afrontar los gastos y, en definitiva, son sueldos que no se distinguen mucho de aquellos trabajos que requieren mucho menos tiempo de dedicación al estudio.

Estos eran mis miedos, y he decidido que las ventajas de la universidad son a todas luces insuficientes. Los contratos de investigación ahora me parecen funcionar como una criba la cual impide el acceso a la ciencia a quienes han tenido pocos recursos para estudiar. Pero yo no tengo la necesidad de maniatarme, sino que puedo encontrar un puesto con mejor remuneración, menos riesgo y que, además, suponga un menor sacrificio individual. El mundo fuera de la academia me parece menos rígido y reglado. He mirado a otras generaciones y he aprendido de sus errores. Mi compromiso es no repetirlos."             (Carmen M. Peinado Andújar , eldiario.es, 28/01/23)