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27.4.12

¿Sería tan terrible una subida de la inflación hasta el 3% o el 4%? Al contrario, casi seguro que ayudaría a la economía.

"Claro está que unas políticas más decididas por parte de la Reserva para combatir el paro podrían conducir a una inflación superior al objetivo del 2%. Pero recuerden esa doble obligación: si la Reserva Federal se niega a correr siquiera el más mínimo riesgo en el frente de la inflación, a pesar de un comportamiento desastroso en el frente del empleo, está violando sus propios estatutos.

Y, aparte de eso, ¿sería tan terrible una subida de la inflación hasta el 3% o el 4%? Al contrario, casi seguro que ayudaría a la economía.

¿De qué modo? Por un lado, hay una gran parte del sector privado que sigue paralizada por el exceso de deuda acumulado durante los años de la burbuja; esta carga de deuda es probablemente el factor que más obstaculiza el gasto privado y perpetúa la crisis. Una inflación moderada, sin embargo, reduciría ese exceso —al reducir el valor real de esa deuda— y contribuiría a fomentar la recuperación del sector privado que necesitamos. 

Mientras tanto, otras partes del sector privado (como muchas de las corporaciones de Estados Unidos) tienen acumuladas grandes reservas de efectivo; la perspectiva de una inflación moderada haría que el hecho de limitarse a dejar ese dinero ahí amontonado resultase menos atractivo, y les serviría de acicate para invertir (lo que, nuevamente, contribuiría a fomentar la recuperación general).

En resumen, lejos de temer que más medidas contra el paro puedan conducir a un aumento de la inflación, la Reserva Federal en realidad debería acoger con agrado esa perspectiva."            ('Inflación insuficiente', El Pais, Negocios, 15/04/2012)

20.9.11

Solución... inflación (y se acaba el problema de la deuda pública)

"Y volviendo a los gobernantes, ¡pobres!, a los que todo analista que se precie quiere teledirigir: la solución al problema que tiene la zona euro, una vez que el Tribunal Constitucional alemán ha excluido la utilización de eurobonos, pasa por la monetización parcial de la deuda griega que tendrá que hacer el BCE.

Lo que terminará generando inflación, que es el remedio indoloro contra la imposibilidad de pagar las deudas. Es tan viejo el remedio que ya en la Biblia el Libro del Eclesiástico decretaba que "cada siete años perdonarás lo que otros te deban". Así en la Tierra como en el euro."                             ('El abismo puede esperar', de JUAN IGNACIO CRESPO,  El País, 14/09/2011)

10.5.10

Solución a la crisis mundial... inflación moderada...

"En su Teoría general, Keynes dijo guasonamente que el mundo está regido por ideas de economistas muertos hace mucho tiempo. Me acordé de esta broma cuando escuché a un parlamentario alemán replicar airadamente a la sugerencia de que el BCE (Banco Central Europeo) debería perseguir una tasa de inflación algo más elevada. Quien hizo la sugerencia fue Oliver Blanchard, uno de los más destacados macroeconomistas del mundo. Por lo demás, proponía un objetivo de mayor inflación en su calidad de economista en jefe del Fondo Monetario Internacional.

No hay nada intrínsecamente malo en discrepar de un economista, por excelente que sea o haya sido su trabajo. Pero lo que resultaba llamativa era la naturaleza de la discrepancia. El parlamentario se limitó a reponer: “la inflación nunca ha resuelto nada”.

Es una enormidad de juicio. ¿Se lo dijeron sus padres? O, como decíamos en el Chicago de mi infancia, “¿te lo contó tu mama?”.

Blanchard y otros que abogan por un objetivo de mayor inflación disponen de buenas razones para argüir que una mayor inflación podría resultar de mucha ayuda para resolver la crisis económica mundial. Para empezar, una tasa mayor de inflación erosionaría el valor real de la deuda. Eso beneficiaría a todos los deudores, hogares, empresas y países.

En el caso de los hogares, decenas de millones de propietarios de vivienda, en los EEUU y en todas partes, han visto desaparecer buena parte de sus activos con el colapso de la burbuja inmobiliaria. Una tasa modesta de inflación comenzaría a elevar los precios de las viviendas, restaurando el valor de los activos de esas familias. También reduciría la carga que representan sus pagos hipotecarios mensuales, si los salarios crecieran acordes con la inflación. Eso no sólo sería beneficioso para esas familias; una carga deudora aligerada permitiría a las familias gastar más, lo que ayudaría a recuperar la economía.

Lo mismo vale para muchas empresas que ahora se enfrentan a cargar deudoras insoportables. Además, el saber que los precios de los bienes que venden subirán un 3-4% anual les haría más atractiva la inversión.

Por último, una tasa moderada de inflación puede contribuir mucho a aliviar la carga deudora soportada hoy por muchos países. En 10 años, una tasa de inflación del 3% reduciría el valor real de la deuda en un 26%; una inflación del 4%, en un 34%. La modesta inflación de los años 40, 50 y 60 fue un factor de gran importancia en punto a hacer razonablemente manejable la gigantesca deuda contraída por los EEUU en la II Guerra Mundial.

La inflación puede también ser de mucha ayuda para permitir a los países de la eurozona con costes laborales excesivos (por ejemplo, Grecia, Portugal y España) y ajustar más esos costes. Si los salarios de los países más competitivos se mantienen a la par con, o aun exceden, la inflación de la eurozona, mientas que los salarios de los países en apuros no crecen tan rápidamente, entonces eso contribuiría a a que estos últimos restauraran más rápidamente sus niveles de competitividad. (...)

Lo mismo vale para Portugal, España y otras economías europeas en apuros. Políticas de tipos contractivo en esos países lo único que harán será empeorar su crisis y, de hecho, empeorar también las perspectivas de los países financieramente saneados. Menos importaciones españolas y griegas significan menos exportaciones alemanas y francesas. Por lo demás, una presión bajista lo suficientemente intensa sobre esas economías traerá verosímilmente consigo en algún momento una reestructuración de la deuda. La carga de la deuda crece, a medida que las economías encogen, y tal parece ser el plan que se ha trazado el centro económico de Europa.

Podría haber cierta justicia en el hecho de que los planes de austeridad diseñados por Alemania terminen vengándose de ella, pero sería mucho mejor ver a los alemanes concibiendo políticas económicas racionales. Tal hubiera alguna excusa en los años 30 para las malas políticas económicas; después de todo, Keynes no había publicado todavía la Teoría general (que apareció en 1937). Pero no hay la menor excusa ne nuestros días: las ideas de Keynes se conocen desde hace mucho y se han difundido ampliamente. Es una tragedia y un ultraje que las gentes que toman decisiones de política económica se limiten a repetir, tan gratuita como irreflexivamente, trasnochados clichés, en vez de poner empeño en diseñar políticas capaces de hacer frente a la crisis que está desarrollándose ante nuestras narices." (Sin Permiso, 09/04/2010, citando a 'La crisis griega y los economistas', de Dean Baker)