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6.4.26

La oportunidad del estrecho de Ormuz... podemos alcanzar un 100 % de generación eléctrica renovable, y también electrificar la mayor parte de nuestra economía, apostando por las bombas de calor y los autobuses eléctricos... en el conjunto del planeta, los combustibles fósiles suponen más de un 80 % de la energía consumida, ya sea en forma de electricidad, o, más relevante, para alimentar nuestras inmensas flotas de coches a combustión y fábricas industriales. Incluso nuestro sistema alimentario está hecho de gas y petróleo: los insumos fósiles que incorporamos a la tierra suponen un mayor gasto de energía que los cultivos que obtenemos, haciendo que el sistema sea energéticamente deficitario. Nos movemos, consumimos y comemos gracias al petróleo, el gas y el carbón... Esta crisis no será la última... no sólo son los países del sur global quienes más sufren las consecuencias de una crisis climática, sino que la maquinaria fósil empodera a todos aquellos que usan la energía y el ecocidio como armas de guerra, desde Palestina hasta Cuba. En estas circunstancias, no se trata solo de proteger a la ciudadanía de un shock inflacionario, sino de convertir la situación en una oportunidad para alcanzar autonomía y construir un mundo en paz... Gran parte de nuestros usos energéticos tienen que ver con el derroche, la ineficiencia o el enriquecimiento de una minoría a costa de los demás. No necesitamos una industria militar que se deleita con cada nuevo ataque, una obsolescencia programada que nos obliga a consumir más y más o un modelo agroindustrial que destruye la biodiversidad a base de monocultivos. Nuestras posibilidades para reducir el consumo energético viviendo mejor son enormes ( Carlos Moreno Azqueta)

 "En las últimas semanas, la invasión de Irán ha puesto patas arriba el orden internacional. Los iraníes lo han sentido en carne propia a través de ataques y bombardeos que suponen diversos crímenes de guerra perpetrados por Estados Unidos e Israel y que infligen dolor, muerte y desesperación a la población. Estos ataques incluyen uno a una refinería que provocó una lluvia de gasolina sobre los 10 millones de habitantes de Teherán. Mientras, el resto del mundo lo siente a través de una subida de precios generalizada provocada por la respuesta militar iraní: el bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que pasan el 20 % del gas y el petróleo mundial, y más del 30 % de los fertilizantes. Sumado a los ataques a infraestructuras de producción de combustibles fósiles, sabemos que la inflación provocada se alargará como mínimo meses, y que el shock podría ser comparable a las crisis del petróleo de los 70.

El modo en el que la economía mundial se resiente dice mucho de nuestra dependencia respecto a la industria fósil. A pesar de que en los últimos años las energías renovables se han abierto paso y sus costes se han reducido, hoy no llega al 20 % de la energía primaria total que se consume en España; en el conjunto del planeta, los combustibles fósiles suponen más de un 80 % de la energía consumida, ya sea en forma de electricidad, o, más relevante, para alimentar nuestras inmensas flotas de coches a combustión y fábricas industriales. Incluso nuestro sistema alimentario está hecho de gas y petróleo: los insumos fósiles que incorporamos a la tierra suponen un mayor gasto de energía que los cultivos que obtenemos, haciendo que el sistema sea energéticamente deficitario. Nos movemos, consumimos y comemos gracias al petróleo, el gas y el carbón.

Esta crisis no será la última. Por todo el mundo, los combustibles fósiles están asociados a la guerra, las dictaduras y la violación de derechos humanos, y en nuestra dependencia financiamos, día tras día, los mismos misiles que hoy impactan en Teherán. Por eso abandonar los combustibles fósiles es hoy una lucha internacionalista: no sólo son los países del sur global quienes más sufren las consecuencias de una crisis climática generada en el torno, sino que la maquinaria fósil empodera a todos aquellos que usan la energía y el ecocidio como armas de guerra, desde Palestina hasta Cuba. En estas circunstancias, no se trata solo de proteger a la ciudadanía de un shock inflacionario, sino de convertir la situación en una oportunidad para alcanzar autonomía y construir un mundo en paz.

Tras las sucesivas crisis del petróleo de los años 70, ciudades como Copenhague optaron por transformar su modelo de movilidad, apostando por la bicicleta, el transporte público y las ciudades cercanas. Pero fueron pocas quienes siguieron su ejemplo: en España, nuestra idea de modernización y progreso se centró en torno al coche como el epítome de la libertad, y las administraciones no dejaron de privilegiar ese modelo. Hoy, las carreteras, aparcamientos y gasolineras llenan nuestro espacio público; la contaminación atmosférica acaba con la vida de 400.000 personas al año solo en Europa, y nos hemos enredado en una dependencia evitable con Irán, Rusia, Argelia o Estados Unidos.

El sector del transporte es el principal generador de emisiones de gases de efecto invernadero en España (un tercio del total en 2024), y más del 90 % de las emisiones que produce este sector en nuestro territorio corresponden al transporte por carretera. No existe transición energética ni solidaridad internacionalista sin reducir significativamente los trayectos de nuestro ejército de coches de tonelada y media, que quedan estacionados el 97 % del tiempo y en la mayor parte de los viajes apenas mueven un individuo de 70 kilos. 

Pero esta reducción no debe entenderse como un sacrificio, una renuncia en favor de un bien mayor, ya sea la autonomía, la paz, la economía, el medio ambiente o la salud. Tenemos que entenderlo como una oportunidad para vivir mejor, para construir un sistema de movilidad más resiliente, eficiente y humano. Frente al atasco y la contaminación atmosférica, proponemos el lujo colectivo de un transporte público gratuito y de calidad, de carriles bici seguros, zonas peatonales y una vertebración efectiva de las zonas rurales. Porque además de monstruoso, el capitalismo fósil es también ineficiente. Al privatizar cada segmento de nuestra vida amputa la posibilidad de un consumo comunitario que, en el caso del transporte, es capaz de mover a muchísima más gente usando menos recursos.

Aunque la transformación que proponemos es profunda, sus políticas son muy simples de aplicar. Bélgica paga por kilómetro recorrido a cada ciudadano que abandona el coche para ir al trabajo en bicicleta, una política que debe combinarse con una reestructuración urbana para que los carriles bicis sean seguros y lleguen a los sitios. Las líneas y frecuencias del transporte público pueden ampliarse mientras se reducen los precios. Podemos fomentar la compartición de los vehículos y obligar a las empresas a desarrollar planes de movilidad que reduzcan emisiones. O, como la propia Agencia Internacional de la Energía proponía al tiempo que nuestro Consejo de Ministros deliberaba sus medidas anticrisis, podemos reducir la velocidad a la que nos movemos o tomar menos aviones por motivos profesionales. Este artículo se haría interminable si mencionamos cada propuesta, pero el repertorio es amplio.

Nuestras soluciones hoy son muchas más que las que Dinamarca tuvo en los años 70. Por un lado, podemos desterrar de forma definitiva los combustibles fósiles y la nuclear sustituyéndolos por energías renovables, hoy mucho más eficientes y limpias: podemos alcanzar un 100 % de generación eléctrica renovable, y también electrificar la mayor parte de nuestra economía, apostando por las bombas de calor y los autobuses eléctricos.

Al mismo tiempo, si bien nuestra demanda energética ha crecido enormemente a nivel mundial, no siempre lo ha hecho nuestro bienestar. Gran parte de nuestros usos energéticos tienen que ver con el derroche, la ineficiencia o el enriquecimiento de una minoría a costa de los demás. No necesitamos una industria militar que se deleita con cada nuevo ataque, una obsolescencia programada que nos obliga a consumir más y más o un modelo agroindustrial que destruye la biodiversidad a base de monocultivos. Nuestras posibilidades para reducir el consumo energético viviendo mejor son enormes.

Frente a la crisis del estrecho de Ormuz, hay quien querrá capear el temporal y mantener el modelo. No es momento para grandes cambios, dirán, todo esto es muy caro. Pero sabemos que mienten. Defienden un sistema moribundo pero letal, una economía de la muerte y la guerra, en la que el 80 % de la población vivimos en países que importan combustibles fósiles del 20 % restante. Y cada día que nos resistimos a cambiar le insuflamos más vida.

Tenemos todas las herramientas para abandonar los combustibles fósiles y vivir mejor. Para construir un mundo que satisfaga las necesidades energéticas de toda la población sin alimentar el extractivismo, un mundo construido sobre la igualdad y la solidaridad, entre los seres humanos y entre el conjunto de seres vivos que poblamos este planeta. No desaprovechemos la oportunidad."

( Carlos Moreno Azqueta / Pedro Díaz Alejo, CTXT, 26/03/2026)

27.7.25

Javier Peña (Hope!): “La transición ecológica regenerativa es la mayor oportunidad para el progreso humano" Entrevista en formato podcast sobre cómo revertir las consecuencias de la crisis climática, de decrecimiento, colapsismo y de la esperanza que se necesita tener para enfrentarnos al reto climático

 "Publicamos la entrevista de Río Arriba, el programa de entrevistas de El Salto TV, en formato podcast donde hablamos con Javier Peña, creador del canal @hopevideosclima de divulgación científica y medioambiental con millones de seguidores, fundador la Alianza por la regeneración y recientemente ha estrenado la serie Hope! que se ha emitido en televisión española.

Hablamos con Peña de las posibilidades que tenemos de revertir las consecuencias de la crisis climática, de cómo comunicar la divulgación científica y medioambiental, de decrecimiento, colapsismo y de la esperanza que se necesita tener para enfrentarnos al reto climático.

Puedes escucharlo en iVoox y Spotify"  (El Salto, 27/07/25)

 

 

 

3.7.25

Yo acuso... en vísperas de la tormenta que destruirá la ciudad de Barcelona (u otra)... Yo les acuso de no haber previsto, ni para Barcelona ni para ninguna otra parte, de medidas para disminuir las pérdidas humanas en caso de grandes avenidas, de no haber estudiado qué zonas serían más vulnerables, qué edificios o calles se hundirían... Yo les acuso de no haberse preparado para una necesidad masiva de refugios bioclimáticos, y máxime en una situación de interrupción del servicio eléctrico después de una catástrofe. Y de no haber previsto cómo ofrecer agua, alimentos, cobijo y asistencia médica oportuna en medio de la catástrofe prevista... Pero, por encima de todo, yo les acuso de todas y cada una de las muertes que podían haber evitado y no quisieron evitar por primar una visión miope centrada en el beneficio económico de unos pocos. Y mi rencor será eterno por el dolor de todas esas personas a las que conozco y que quiero, y que perderán la vida porque ustedes estaban más pendientes de complacer al rico que de servir a los ciudadanos (Turiel)

"*En vísperas de la tormenta que destruirá la ciudad de Barcelona.

Yo acuso.

Acuso a las administraciones, pasadas y actuales, que en medio del caos climático creciente, decidieron que no era un tema lo suficientemente importante como para tomar medidas adecuadas para prepararnos.

Pero acuso principalmente al actual Govern de la Generalitat y al actual consistorio de l'Ajuntament de Barcelona de vivir de espaldas a los crecientes signos del peligro. Los acuso por ser los que conozco mejor, pero también acuso con ellos a todos los gobiernos municipales, autonómicos y del estado español, por la misma temeridad e imprudencia.

Cuando tenemos, ahora mismo, un mar Mediterráneo con una temperatura superficial 3 grados superior a la que tenía en 1980, y en algunas zonas llegando a 5 grados. Cuando estamos sufriendo una de las peores olas de calor marina, en extensión, duración y amplitud, en el Mediterráneo Occidental.

Cuando sufrimos una terrible DANA en la ciudad de Valencia hace 8 meses, lo cual pudo ser tan destructiva, entre otros motivos, por un mar anómalamente cálido, que proporcionó más energía y más agua precipitable a las tempestades.

Cuando los estudios recientes nos muestran que la tasa de calentamiento global se ha multiplicado por cuatro durante la última década y que se está alterando completamente la circulación del océano y la atmósfera, con consecuencias que aún no somos capaces de anticipar.

Cuando se están ignorando todos los avisos de la comunidad científica, de los grupos ecologistas, de la payesía y de la ciudadanía en general, que dicen que así no, que por aquí no.

Por todo eso, yo les acuso.

Yo les acuso de promover obras que solo sirven para acrecentar el desastre, como la ampliación del aeropuerto de Barcelona o el desbroce de amplias zonas para el paso de nuevas líneas de alta tensión para la evacuación de una hipotética energía eléctrica renovable que no tiene demanda. Simplemente porque solo son capaces de pensar en hacer negocios como siempre, cuando nuestro mundo ha cambiado para siempre y es algo completamente diferente ahora mismo.

Yo les acuso de, a pesar de tener, en este mismo momento, avisos meteorológicos muy claros, como la actual ola de calor y los nada alentadores pronósticos para las próximas semanas, de no haberse lanzado a una campaña de protección de la población, sobre todo la más vulnerable.

Yo les acuso de no haberse preparado para una necesidad masiva de refugios bioclimáticos, y máxime en una situación de interrupción del servicio eléctrico después de una catástrofe. Y de no haber previsto cómo ofrecer agua, alimentos, cobijo y asistencia médica oportuna en medio de la catástrofe prevista.

Yo les acuso de no haber previsto, ni para Barcelona ni para ninguna otra parte, de medidas para disminuir las pérdidas humanas en caso de grandes avenidas, de no haber estudiado qué zonas serían más vulnerables, qué edificios o calles se hundirían.

Yo les acuso de no haber gobernado para la mayoría, para la gente que les ha escogido para representarles.

Pero, por encima de todo, yo les acuso de todas y cada una de las muertes que podían haber evitado y no quisieron evitar por primar una visión miope centrada en el beneficio económico de unos pocos.

Y mi rencor será eterno por el dolor de todas esas personas a las que conozco y que quiero, y que perderán la vida porque ustedes estaban más pendientes de complacer al rico que de servir a los ciudadanos.

Antonio Turiel

2 de julio de 2025

* No hay que tomar esa frase inicial, impactante, al pie de la letra. Obviamente, la tempestad no llegará mañana, si no en un período indefinido de tiempo aunque en todo caso no será de muchos años. Y por supuesto Barcelona no quedará completamente destruida, pero sí que sufrirá daños importantes que la afectarán durante años (o hasta que la siguiente tormenta haga aconsejable ir abandonando cosas). Por último, quizá Barcelona tenga suerte en el futuro más inmediato y sea otra ciudad la que reciba el castigo: poco importa."

( Turiel, blog, 02/07/25)

25.11.24

Caos y amargura. Estas son las dos palabras que podrían resumir la 29ª Conferencia de la COP29... La COP29 echa por tierra las esperanzas de justicia climática de los países en desarrollo

"Caos y amargura. Estas son las dos palabras que podrían resumir la 29ª Conferencia de las Partes (COP29), que concluyó la noche del 23 al 24 de noviembre en Bakú (Azerbaiyán). Las dos semanas de conversaciones diplomáticas sobre el clima se desarrollaron en una atmósfera envenenada.

La sombra del futuro presidente de Estados Unidos, Donald Trump, planeó pesadamente sobre los debates diplomáticos. John Podesta, enviado especial de Estados Unidos a la COP29, intentó tranquilizar a los negociadores afirmando que la lucha contra el cambio climático era “más grande que unas elecciones, un ciclo político y un país”. Pero es difícil seguir siendo optimista cuando se tiene en cuenta que un jefe de Estado escéptico en materia climática estará cuatro años al frente del mayor productor mundial de petróleo y segundo emisor de gases de efecto invernadero.

Las tensiones geopolíticas vinculadas a la prolongada guerra en Ucrania y al conflicto en Oriente Medio tampoco han ayudado al multilateralismo de la ONU. Tampoco el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, que afirmó al día siguiente de la inauguración de la COP29 que los yacimientos petrolíferos de su país eran un “regalo de Dios”.

Por último, varios observadores han señalado la falta de ambición política de la Presidencia azerbaiyana de la COP29. Marta Torres Gunfaus, directora del Programa sobre el Clima del Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales (IDDRI), lamentó ante la prensa el 22 de noviembre la “falta de visión y de prioridades claras” durante esta COP. Safa' Al Jayoussi, de Oxfam Internacional, denunció “un vergonzoso fracaso de liderazgo”.

En consecuencia, las decisiones ratificadas tras duras negociaciones por las delegaciones de 197 países presentes en la COP29, y saludadas inmediatamente por las protestas de varios países del Sur global, parecen totalmente desconectadas de la realidad social del cambio climático. 

Choque por la financiación climática

En Bakú, Chris Bowen, ministro de Ecología de Australia, y su homóloga egipcia, Yasmine Fouad, fueron los encargados de dirigir el debate clave de la COP29: alcanzar un acuerdo sobre un nuevo objetivo de financiación climática para ayudar a los países del Sur a hacer frente al calentamiento global: el Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado (NCQG). Los países del Sur son los que menos gases de efecto invernadero emiten, pero los más vulnerables a los efectos del cambio climático.

En 2009, en la COP15 de Copenhague (Dinamarca), las naciones más ricas se comprometieron a movilizar 100.000 millones de dólares anuales para los países más pobres a más tardar en 2020. Según la OCDE, esta financiación se logró con dos años de retraso.

Al término de la COP29, los países llamados desarrollados, en particular Estados Unidos, Canadá, Japón y los Estados miembros de la Unión Europea (UE), prometieron esta vez conceder a las naciones del Sur al menos 300.000 millones de dólares anuales de aquí a 2035. Se trata de una suma mísera si se tienen en cuenta las necesidades de los países pobres que están soportando todo el peso de la intensificación del caos climático, mientras que 2024 ya se perfila como el año más caluroso jamás registrado.

A modo de ejemplo, India pidió a los países industrializados que aportaran al menos un billón de dólares anuales en financiación climática a partir de 2025. Y el grupo de países africanos abogó por una NCQG de 1,3 billones de dólares al año.

Sus demandas se basaban en los cálculos de un grupo de expertos encargado por la ONU, el Grupo Independiente de Expertos de Alto Nivel sobre Financiación Climática. En un informe publicado el 14 de noviembre, se estimaba que, excluyendo a China, el Sur global necesita un billón de dólares de ayuda climática al año hasta 2030, y luego un billón 300 mil millones hasta 2035.

Estados Unidos y la UE, emisores históricos de gases de efecto invernadero, prefirieron presionar en las negociaciones para que contribuyan también los grandes contaminadores climáticos actuales, como China, o países con una capacidad financiera considerable, como los Estados del Golfo. “El mundo ha cambiado desde 1992 [fecha de la cumbre de Río, que posteriormente lanzó la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático - nota del editor] y las contribuciones deben reflejar al máximo la realidad económica y la realidad de las emisiones acumuladas de cada país”, explicó el 20 de noviembre Agnès Pannier-Runacher, ministra francesa de Transición Ecológica.

Al final, el texto del NCQG alude brevemente a esta ampliación de los Estados contribuyentes, al “animar a los países en desarrollo” a aportar financiación para el clima “de forma voluntaria”. Y un párrafo “pide a todos los actores que trabajen juntos” para lograr, a través de “todas las fuentes públicas y privadas”, al menos 1.300.000 millones de dólares anuales en ayuda al clima de aquí a 2035.

El 24 de noviembre, Laurence Tubiana, una de las artífices del acuerdo climático de París de 2015, afirmó que “el acuerdo sobre financiación climática no es tan ambicioso como exige el momento”. “La COP29 fue un auténtico desastre y un fracaso total para la justicia climática”, resumió Gaïa Febvre, responsable de políticas internacionales de la Red de Acción por el Clima.

Tina Stege, enviada especial para el clima de las Islas Marshall, uno de los países más amenazados por el cambio climático, se mostró indignada: “Hemos visto lo peor del oportunismo político en esta COP, jugando con las vidas de las personas más vulnerables del mundo. Ningún país ha conseguido todo lo que quería, y nos vamos de Bakú con una montaña de trabajo por hacer”, concluyó Simon Stiell, Secretario Ejecutivo de ONU Clima, en la sesión de clausura de la COP29. 

La imposible transición hacia el abandono de los combustibles fósiles

El año pasado, en la COP28 de Dubai (Emiratos Árabes Unidos), por primera vez en la historia de las cumbres sobre el clima, los gobiernos hicieron un tímido “llamamiento a una transición para abandonar los combustibles fósiles”. Esta débil señal política para abandonar el carbón, el petróleo y el gas –cuya combustión es responsable de cerca del 90% de las emisiones mundiales de CO2– no se reafirmó en los textos adoptados por la COP29. Sobre todo en el llamado Diálogo de los Emiratos Árabes Unidos, que se supone debe poner en práctica las decisiones ratificadas en la última COP. Arabia Saudí se mostró especialmente activa en los pasillos de las negociaciones para torpedear cualquier mención al fin de los combustibles fósiles.

Mientras tanto, en medio de estos debates, los líderes del G20 se reunieron los días 18 y 19 de noviembre en Río de Janeiro (Brasil). Desde Bakú, los negociadores esperaban que esta reunión de las principales potencias mundiales inyectara cierto ímpetu político a la reunión de la ONU. En vano. En su declaración final, el G20 sí insistió en la necesidad de reformar los bancos multilaterales de desarrollo en respuesta a la crisis climática, y en el objetivo de cooperar en el futuro para gravar a las mayores fortunas del mundo. Pero en ningún momento se mencionó la necesidad de abandonar los combustibles fósiles.

La decepción final son las “contribuciones determinadas a nivel nacional”. Estas hojas de ruta quinquenales para la acción climática de cada país deben revisarse y presentarse a más tardar en febrero de 2025. Lo que está en juego es enorme: a finales de octubre, la Organización de las Naciones Unidas para el Clima calculó que todos los planes climáticos actualmente en vigor sólo conseguirán reducir nuestras emisiones en un 2,6% de aquí a 2030, en comparación con 2019. Esto contrasta con la reducción del 43% necesaria para mantener el calentamiento global por debajo de +1,5°C.

Al inicio de la COP, el Reino Unido presentó un nuevo plan muy ambicioso, con el objetivo de reducir las emisiones en un 81% para 2035, en comparación con los niveles de 1990. A continuación, Brasil anunció una hoja de ruta igual de alentadora, con el objetivo de reducir sus emisiones netas entre un 59% y un 67% de aquí a 2035, en comparación con los niveles de 2005.

Pero el entusiasmo mostrado por los gobiernos por la acción climática se desvaneció rápidamente, porque “la señal política sobre la necesidad de planes climáticos sólidos no fue lo suficientemente fuerte”, afirma Marta Torres Gunfaus, del IDDRI. “Las contribuciones determinadas a nivel nacional se desconectaron rápidamente de los debates sobre las NCQG...”. 

Un modelo en las últimas

Además, esta COP habrá estado marcada una vez más por la presencia masiva de grupos de presión de las industrias contaminantes. Mediapart contabilizó que cerca de 200 emisarios de las multinacionales del petróleo, el gas y el carbón se habían acreditado en Bakú. Y la coalición de ONG Kick Big Polluters Out reveló que al menos 1.773 grupos de presión de combustibles fósiles se habían inscrito.

Por último, tras Egipto y Emiratos Árabes Unidos, éste ha sido el tercer año consecutivo en el que la cumbre del clima ha tenido como anfitrión a un país en el que las libertades de expresión y manifestación se han visto especialmente restringidas. A finales de octubre, cinco relatores especiales de Naciones Unidas y de instituciones regionales se mostraron alarmados por la ola de feroz represión contra los defensores de los derechos humanos en Azerbaiyán.

Por sus decisiones tomadas por consenso y por su formato, que las asemeja cada vez más a ferias de buenas intenciones, las COP están más que nunca sin aliento. Peor aún, al condenar al fracaso la justicia climática, no hacen sino prolongar la violencia colonial de los países industriales del Norte hacia el Sur global.

Con nuestro planeta abocado a un calentamiento global de +3,1°C de aquí a finales de siglo, y con 2024 perfilándose ya como el año más caluroso jamás registrado, la próxima COP, que se celebrará en noviembre de 2025 en Belém (Brasil), tendrá la onerosa tarea de dar un nuevo impulso político a la diplomacia climática. Y conjurar la implacable realidad de que desde la primera COP, celebrada en Berlín en 1995, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero han aumentado inexorablemente."

( Mickaël Correia (Mediapart), InfoLibre, 24/11/24)

22.11.24

La propuesta de los países ricos para cerrar la COP29 enfurece a las naciones en desarrollo... El Norte global, causante histórico del cambio climático, propone 250.000 millones de dólares anuales para la adaptación y mitigación climática del Sur, cuando el propio borrador del acuerdo establece que al menos serían necesarios cinco billones (Pablo Rivas)

 "Los acontecimientos en la Cumbre del Clima de Bakú (COP29) se suceden a un ritmo tan frenético como crece la indignación entre las naciones en desarrollo y las organizaciones que integran el movimiento por el clima. Si el jueves la presidencia azerí de la cita publicaba las últimas versiones de los textos de negociación sobre las cuestiones más importantes de la Cumbre, a mediodía (hora española) del viernes, día oficial para el fin del encuentro, se daba a conocer una nueva versión del documento más importante: el que versa sobre el llamado New Collective Quantified Goal (Nuevo Objetivo Cualificado Colectivo, NCQG).

En esencia, el texto pretende establecer la base de la financiación climática que los países del Norte global, causantes históricos del cambio climático, otorgarán al Sur a partir de 2026. Y si el documento sobre el NCQG del jueves no se apostaba por una cifra y dejaba en el aire todas las opciones, la actualización del borrador hecha pública esta mañana sí ofrece una: 250.000 millones de dólares anuales para 2035 sin obligación de que las naciones pongan esa cifra desde 2026, año en que entraría en vigor el acuerdo, sino que deberán incrementar sus aportaciones hasta alcanzar esa cifra en 2035.

“Sin duda esta es la peor redacción que se podía encontrar respecto a las opciones planteadas en el texto anterior”, valora Javier Andaluz, coordinador de Clima y Energía de Ecologistas en Acción, quien está siguiendo sobre el terreno las negociaciones en Bakú. Si bien el propio texto integra que las necesidades reales para hacer frente a la catástrofe son de entre cinco y seis billones de dólares anuales, y establece que el objetivo deseado es llegar a 1,3 billones, lo único que estaría sobre la mesa realmente sería ese cuarto de millón anual.

Semejante cifra ha provocado una riada de condenas desde las naciones más pobres y la comunidad científica internacional. “Con una oferta de financiación climática insignificante de 250.000 millones de dólares anuales y un plazo de entrega que puede llegar hasta 2035, las naciones más ricas, incluidos los países de la UE y los Estados Unidos, están peligrosamente cerca de traicionar el Acuerdo de París”, lamenta Rachel Cleetus, directora de Políticas del Programa de Clima y Energía de la Unión de Científicos Preocupados. “El objetivo propuesto es totalmente inaceptable e inadecuado”, añade Ali Mohamed, presidente del Grupo Africano de Negociadores: “250.000 millones de dólares provocarán una pérdida inaceptable de vidas en África y en todo el mundo, y ponen en peligro el futuro de nuestro planeta”, asegura.

El Norte global pretende colar el gol de la financiación privada

Para conseguir los fondos necesarios el nuevo texto considera además clave la integración de fuentes privadas y adicionales no públicas en el NQCG. Esto choca de frente con los intereses del G77 —el grupo de los países más pobres— y el resto de coalición de las naciones en desarrollo, que ven en esta propuesta un descenso de los compromisos de los países más ricos y responsables de la crisis climática. Consideran que dejar algo tan importante para el futuro como es la financiación de la adaptación y la mitigación del cambio climático en las naciones con menos recursos en manos privadas abre la puerta al lucro del sector privado con lo que deberían ser subvenciones directas sin compensaciones, a exigir contrapartidas y a ofrecer los fondos como préstamos.

Con estas cifras tan escuetas respecto al objetivo buscado, la previsión es que las negociaciones se alarguen, puesto que el borrador actual supondría un fracaso estrepitoso de las naciones menos desarrolladas. “Esta propuesta de la presidencia no debería pasar el filtro y el acuerdo de muchos de los países, particularmente de los pequeños Estados insulares, el Ailac (Asociación Independiente de América Latina y el Caribe) y de otros bloques de países que difícilmente van a sumir esta financiación)”, señala Andaluz.

Desde las organizaciones del movimiento por el clima se recuerda además que, si se actualizan las cifras con la inflación, la propuesta sobre la mesa apenas supone un incremento en la financiación actual de 60.000 millones de dólares anuales, cuando todos los documentos de la cumbre establecen que el montante debería ser de billones: si no los cinco o seis que propone el texto como necesario, al menos 1,3, como sugería una propuesta de Filipinas como posible término medio.

Si bien se espera que el texto cambie en las últimas horas, y ya está sobre la mesa la posibilidad de que la Cumbre se extienda al menos hasta parte del sábado, desde la sociedad civil se mira de reojo a una presidencia azerí que desde el comienzo de la COP se ha visto claramente escorada a los intereses del lobby de los combustibles fósiles, dada la clara interdependencia del Gobierno de Azerbaiyán con el negocio del petróleo. “Tenemos ciertas dudas de hasta qué  punto esto puede ser una estrategia de la propia presidencia para plantear un objetivo tan bajo que cualquier objetivo que planteen en la próximas horas sea percibido como un éxito de esa presidencia por muy pequeño que sea el incremento de compromiso”, señala a El Salto Andaluz desde Bakú."

(Pablo Rivas , El Salto, 22/11/24)

23.10.24

Petro: "Es fundamental hoy cambiar deuda por acción climática... Rebajar el riego en la deuda del tercer mundo es hoy sustancial. Si los fondos de capital y los fondos de pensiones de los países vivos cimentan su rentabilidad en las economías de los países pobres, dejarán a la humanidad sin los instrumentos para superar la crisis climática... Las economías riesgosas son las que pueden exterminar la vida hoy, los que más emiten CO2 a la atmósfera, son las economías fósiles petroleras, carboneras y gasíferas, son las economías poderosas de Estados Unidos , China y Europa. ¿Por qué cobran sobretasas a la tasa de interés a los países que aún hoy absorbemos como esponjas el CO2 de la atmósferas a través de nuestra selvas y bosques, a través de nuestra biodiversidad? Es a los más ricos depredadores a quienes hay que cobrar los impuestos para eliminar el carbono de la producción y el consumo. Con los impuestos sobre la mega riqueza depredadora, con el cambio de la deuda por acción climática, pasamos a nuevos modos de producción, a un relacionamiento diferente entre los seres humanos frente a la producción y la riqueza; a una manera diferente de concebir y experimentar la riqueza; que se basa ya no en las energías fósiles de la muerte, sino en las limpias que necesitan más del sentir que del tener. Mas de la acumulación de la cultura que de las cosas"

 "El presidente Gustavo Petro insistió durante la inauguración de la COP16 que se celebra en Cali en la necesidad de cambiar la deuda de los países más pobres por acciones que permitan combatir el cambio climático.

Ese fue uno de los ejes del discurso del jefe de Estado este domingo 20 de octubre, cuando instaló la cumbre de biodiversidad en el pacífico colombiano.

«Es fundamental hoy cambiar deuda por acción climática. No puede existir el riesgo como criterio de medida de la tasa de interés, ni así tasar los préstamos. Rebajar el riego en la deuda del tercer mundo es hoy sustancial. Si los fondos de capital y los fondos de pensiones de los países vivos cimentan su rentabilidad en las economías de los países pobres, dejarán a la humanidad sin los instrumentos para superar la crisis climática», aseveró el jefe de Estado.

No es una idea nueva del mandatario, y tampoco propia. Ha sido uno de los llamados que ha hecho durante varias instancias internacionales, entre ellas la ONU.

«Las economías riesgosas son las que pueden exterminar la vida hoy, los que más emiten CO2 a la atmósfera, son las economías fósiles petroleras, carboneras y gasíferas, son las economías poderosas de Estados Unidos , China y Europa. ¿Por qué cobran sobretasas a la tasa de interés a los países que aún hoy absorbemos como esponjas el CO2 de la atmósferas a través de nuestra selvas y bosques, a través de nuestra biodiversidad? A través de la historia los países biodiversos hemos también acumulado las culturas de la humanidad», agregó el mandatario.

 

En un discurso de unos 20 minutos, el mandatario quiso resaltar la belleza de Colombia y cómo este puede ser fundamental para ganar la guerra contra el cambio climático. Y dijo, de manera enfática, que son «ilusos» quienes consideran que no ha comenzado la extinción de la biodiversidad y la vida.

«Somos el centro entre la América del Norte y la América del Sur, somos el centro entre China e Indonesia y Madagascar y la Europa sin biodiversidad. Quizás podríamos llamarnos el corazón del mundo, porque somos el corazón de la vida del planeta. Y entonces, me dijeron los indígenas, de la Sierra Tayrona, que era el presidente del corazón del mundo y que nuestra lucha era por la vida», señaló el mandatario ante delegaciones de todo el mundo.

El jefe de Estado insistió en que la inteligencia artificial no debe de ser usada pensando en la guerra, y menos en las energías sucias, sino en el beneficio de la humanidad.

«Pero no es la humanidad la culpable, sería una falsedad ideológica, una realidad deformada y fantasmagórica, decir lo que no es cierto. Quienes son los dueños de la inteligencia artificial y quienes desencadenan el colapso climático son los mimos.

Son algunos ricos poderosos que hoy sueñan dueños de redes y de inteligencias sin vida, escaparse a marte en sus naves de ensueño, mientras dejan sus culpas en la tierra destruida», comentó el mandatario.

El cambio de las finanzas

Al final de su intervención, el presidente Petro señaló que es necesario un cambio en las finanzas internacionales que, a su juicio, hoy están ligadas a la codicia y a la muerte.

«Quien dijo que la vida planetaria se pone a salvo a través de proyectos bancables, es decir, proyectos ligados a la tasa de interés, a proyectos que dan ganancias y llenan las codicias. Por aquí, ligar la superación de la crisis climática o la regulación de la inteligencia artificial a la codicia solo nos lleva al abismo», aseveró.

Por eso, insistió en el cambio de deuda y el cambio de lógica en el cobro de los impuestos a nivel mundial. «Es a los más ricos depredadores a quienes hay que cobrar los impuestos para eliminar el carbono de la producción y el consumo. Con los impuestos sobre la mega riqueza depredadora, con el cambio de la deuda por acción climática, pasamos a nuevos modos de producción, a un relacionamiento diferente entre los seres humanos frente a la producción y la riqueza; a una manera diferente de concebir y experimentar la riqueza; que se basa ya no en las energías fósiles de la muerte, sino en las limpias que necesitan más del sentir que del tener. Mas de la acumulación de la cultura que de las cosas», añadió el presidente Petro.

«Ya no es una batalla por botines, por esclavos o conquistas. Es la gran batalla de la vida de la que Colombia quiere hacerse parte por este es el corazón del mundo, el país de la belleza», concluyó el mandatario."               (Mateo García Agudelo, Nodal, 22/10/24)

19.9.24

Los sistemas terrestres se enfrentan al riesgo de cruzar puntos de inflexión peligrosos, a menos que se transformen urgentemente los sistemas energéticos, alimentarios y urbanos. Y también que las desigualdades y el consumo excesivo de recursos finitos por parte de una minoría, que son factores clave de ese proceso... estas son las conclusiones de una investigación que acaba de publicarse en The Lancet, por 66 científicos de más de 20 países de diferentes especialidades... La conclusión de la investigación es clara: vivir dentro de los límites de seguridad del planeta obliga a incorporar la justicia y a garantizar que todos los seres humanos tengan acceso igualitario a los recursos esenciales para la vida... «tenemos los conocimientos y las herramientas necesarias» para lograr «las transformaciones profundas de nuestras sociedades mediante la gobernanza eficaz desde el nivel local hasta el global» que se necesitan... es necesario un esfuerzo internacional y bien coordinado entre los responsables políticos, las empresas, la sociedad civil y las comunidades que impulse cambios en la forma en que gestionamos la economía y encuentre nuevas políticas y mecanismos de financiación que puedan abordar la desigualdad y, al mismo tiempo, reducir la presión sobre la naturaleza y el clima (Juan Torres López)

 "Hace unos meses, estando en una charla entre amigos, una persona me preguntó: «Juan, ¿tú crees en el cambio climático?».  

Le dije que lo de creer o no lo dejaba para las cuestiones que no se pueden demostrar y que, por tanto, las asumimos -si lo deseamos- mediante actos de fe. Mientras que saber si se está produciendo o no un cambio climático y sus consecuencias es algo que se puede demostrar científicamente. 

Viene esto a cuento porque no es sólo la existencia de un cambio climático lo que se cuestiona. Son también otros muchos asuntos relativos a nuestra vida los que se están poniendo en cuestión, cada día con más fuerza y más intenso apoyo de los grandes medios de comunicación, a pesar de las evidencias científicas de las que disponemos sobre ellos.

Desde hace casi 50 años se nos viene convenciendo de que las políticas que provocan cada día una mayor concentración del ingreso, la riqueza y el poder son inevitables porque, como dijo Margaret Thatcher, «no hay alternativa».

Se insiste en ello y se ha logrado convencer a la inmensa mayoría de la gente de que es así, a pesar de que la experiencia y la ciencia nos están diciendo constantemente que la economía y la sociedad funcionan mucho mejor cuando se aplican políticas diferentes. Es más: el conocimiento científico nos dice que la vida en el planeta está en peligro si no se cambian las que mayoritariamente se vienen llevando a cabo.

He explicado esto último con detenimiento en mi último libro Para que haya futuro, pero ahora quiero referirme a un nuevo testimonio que acaba de difundirse.

El año pasado se publicó en la revista Nature un informe elaborado por más de 50 científicos de diversas disciplinas que señalaba los límites que no se deben sobrepasar si se quiere garantizar que la vida en el sistema Tierra sea segura.

Desarrollando las bases establecidas allí, se ha realizado otra investigación que acaba de publicarse, en esta ocasión por 66 científicos de más de 20 países, también de diferentes especialidades.

Por primera vez, los científicos han cuantificado la seguridad (es decir, lo que garantiza un planeta estable) y la justicia (las personas protegidas de daños) en las mismas unidades, para poder comprar así su influencia mutua. A partir de ahí han demostrado que la justicia es un requisito previo para la seguridad del planeta y de las personas que vivimos en él.

El informe demuestra que los sistemas terrestres se enfrentan al riesgo de cruzar puntos de inflexión peligrosos, a menos que se transformen urgentemente los sistemas energéticos, alimentarios y urbanos. Y también que las desigualdades y el consumo excesivo de recursos finitos por parte de una minoría son factores clave de ese proceso.

La investigación señala que las comunidades ya vulnerables suelen ser las más afectadas por el cambio que se viene produciendo en el sistema terrestre pero que, en realidad, este afecta a la salud de todas las personas y ecosistemas, de modo que es el conjunto de la humanidad, incluidos los ricos que actúan como si se creyeran a salvo, lo que está en riesgo.

El informe muestra que, cuanto más amplia sea la brecha entre los que más tienen y los que menos, más extremas serán las consecuencias para todos y antes se alcanzarán los límites a partir de los cuales «comenzarán a derrumbarse nuestro modo de vida, nuestros mercados y nuestras economías».

La conclusión de la investigación es clara: vivir dentro de los límites de seguridad del planeta obliga a incorporar la justicia y a garantizar que todos los seres humanos tengan acceso igualitario a los recursos esenciales para la vida.

De todo lo anterior, los científicos que han llevado a cabo la investigación deducen las acciones inmediatas y urgentes que les parecen necesarias para evitar que sigamos sobrepasando esos límites:

–  Un esfuerzo internacional y bien coordinado entre los responsables políticos, las empresas, la sociedad civil y las comunidades que impulse cambios en la forma en que gestionamos la economía y encuentre nuevas políticas y mecanismos de financiación que puedan abordar la desigualdad y, al mismo tiempo, reducir la presión sobre la naturaleza y el clima.

– Gestionar, compartir y utilizar de manera más eficiente y eficaz los recursos en todos los niveles de la sociedad, lo que incluye abordar el problema del consumo excesivo de algunas comunidades que limita el acceso a los recursos básicos a quienes más los necesitan.

–  Inversión en tecnologías sostenibles y asequibles para ayudarnos a utilizar menos recursos.

Como bien termina diciendo el Informe, «tenemos los conocimientos y las herramientas necesarias» para lograr «las transformaciones profundas de nuestras sociedades mediante la gobernanza eficaz desde el nivel local hasta el global» que se necesitan. Esto, como debe haber quedado claro, no es una demanda ideológica o política, sino el requisito que la ciencia establece para garantizar que la vida en nuestra Planeta sea segura e incluso viable para toda la población dentro de muy pocos años .

Sabemos, pues, qué debemos hacer, no ya para que el mundo funcione mejor, sino para salvar la vida y el destino de nuestros hijos y nietos. Cada cual puede actuar como quiera o pueda, pero algo se debe tener muy claro: no tiene ningún fundamento decir que no hay alternativa, o que no se puede hacer nada para evitar lo que se viene encima."           (Juan Torres López, blog, 13/09/24)

27.8.24

7 pasos para una verdadera transición a las energías renovables: Limitar la extracción mundial de combustibles fósiles mediante un tratado mundial y reducir el límite anualmente... La forma más justa y directa de gestionar la demanda de energía es el racionamiento mediante cuotas... Gestionar las expectativas materiales del público... aspirar al descenso de la población... orientar la investigación y el desarrollo tecnológicos a la transición... establecer un triaje tecnológico... ayudar a la naturaleza a absorber el exceso de carbono, restaurarando los ecosistemas, como praderas, humedales, bosques y arrecifes de coral. ... (Richard Heinberg, Post Carbon Institute)

 "A veces se dice que la transición de la humanidad de una dependencia abrumadora de los combustibles fósiles a la utilización de fuentes de energía alternativas bajas en carbono es imparable y exponencial. La actitud alentadora de muchos defensores de las energías renovables es comprensible: superar la desesperación climática de la gente y sembrar confianza podría ayudar a reunir la necesaria oleada de motivación para acabar con nuestra dependencia colectiva de los combustibles fósiles. Pero de vez en cuando conviene ser realistas.

La realidad es que las transiciones energéticas son algo grande y suelen tardar siglos en producirse. Históricamente, han sido transformadoras para las sociedades, tanto si hablamos de la domesticación del fuego por la humanidad hace cientos de miles de años, de la revolución agrícola hace 10.000 años o de nuestra adopción de los combustibles fósiles hace aproximadamente 200 años. Teniendo en cuenta (1) el tamaño actual de la población humana (hoy vivimos ocho veces más que en 1820, cuando se iniciaba la transición energética hacia los combustibles fósiles), (2) la enorme escala de la economía mundial, y (3) la velocidad sin precedentes con la que tendrá que hacerse la transición para evitar un cambio climático catastrófico, una rápida transición hacia las energías renovables es fácilmente la empresa más ambiciosa que nuestra especie haya emprendido jamás.

 Como veremos, las pruebas demuestran que la transición está aún en sus primeras fases y, al ritmo actual, no logrará evitar una catástrofe climática en la que un número inimaginable de personas morirán o se verán obligadas a emigrar, con la mayoría de los ecosistemas transformados hasta quedar irreconocibles.

Expondremos las razones por las que la transición se está haciendo tan cuesta arriba. Y, sobre todo, analizaremos cómo sería una verdadera transición energética y cómo hacerla realidad.

Por qué (hasta ahora) no es una transición real

A pesar de que se han gastado billones de dólares en infraestructuras de energías renovables, las emisiones de carbono siguen aumentando, no disminuyendo, y la proporción de energía mundial procedente de combustibles fósiles es sólo ligeramente menor hoy que hace 20 años. En 2024, el mundo utilizará más petróleo, carbón y gas natural que en 2023.

Aunque Estados Unidos y muchos países europeos han visto cómo disminuía la proporción de su producción eléctrica procedente del carbón, el continuo crecimiento mundial del uso de combustibles fósiles y de las emisiones de CO2 ensombrece cualquier motivo de celebración.

¿Por qué el rápido despliegue de las energías renovables no se traduce en una disminución del uso de combustibles fósiles? El principal culpable es el crecimiento económico, que consume más energía y materiales. Hasta ahora, el crecimiento anual del consumo mundial de energía ha superado la cantidad de energía añadida cada año por los nuevos paneles solares y turbinas eólicas. Los combustibles fósiles han suplido la diferencia.

Así que, al menos de momento, no estamos viviendo una verdadera transición energética. Todo lo que la humanidad está haciendo es añadir energía procedente de fuentes renovables a la creciente cantidad de energía que obtiene de los combustibles fósiles. La tan cacareada transición energética podría describirse, aunque con cierto cinismo, como una mera aspiración al grial.

¿Cuánto tardaría la humanidad en sustituir totalmente los combustibles fósiles por fuentes de energía renovables, teniendo en cuenta tanto la actual trayectoria de crecimiento de la energía solar y eólica como la continua expansión de la economía mundial al ritmo reciente del 3% anual? Los modelos económicos sugieren que el mundo podría obtener la mayor parte de su electricidad a partir de energías renovables para 2060 (aunque muchos países no están en vías de alcanzar ni siquiera este modesto objetivo). Sin embargo, la electricidad sólo representa alrededor del 20% del consumo final de energía en el mundo; la transición del otro 80% del consumo energético llevaría más tiempo, probablemente muchas décadas. 

Sin embargo, para evitar un cambio climático catastrófico, la comunidad científica mundial afirma que tenemos que lograr cero emisiones netas de carbono para 2050, es decir, en sólo 25 años. Dado que parece físicamente imposible obtener toda nuestra energía de fuentes renovables tan pronto sin que la economía deje de crecer al ritmo actual, el IPCC (el organismo internacional encargado de estudiar el cambio climático y sus posibles soluciones) da por sentado que la humanidad adoptará de algún modo tecnologías de captura y secuestro de carbono a gran escala -incluidas tecnologías que se ha demostrado que no funcionan- aunque no exista forma alguna de pagar este enorme desarrollo industrial. Estas ilusiones del IPCC demuestran que la transición energética no se está produciendo a la velocidad necesaria.

¿Por qué? Una de las razones es que los gobiernos, las empresas y mucha gente corriente se aferran a un objetivo poco realista para la transición. Otra razón es que la gestión global táctica y estratégica del esfuerzo global es insuficiente. Abordaremos estos problemas por separado, y en el proceso descubriremos lo que haría falta para alimentar una verdadera transición energética.

El núcleo de la transición es utilizar menos energía

En el centro de la mayoría de los debates sobre la transición energética se encuentran dos enormes suposiciones: que la transición nos dejará con una economía industrial global similar a la actual en cuanto a su escala y servicios, y que esta futura economía de energías renovables seguirá creciendo, como lo ha hecho la economía de combustibles fósiles en las últimas décadas. Pero ambos supuestos son poco realistas. Se derivan de un objetivo en gran medida no declarado: queremos que la transición energética sea completamente indolora, sin sacrificios de beneficio o conveniencia. Ese objetivo es comprensible, ya que presumiblemente sería más fácil reclutar al público, a los gobiernos y a las empresas en una enorme tarea nueva si no se incurre en ningún coste (aunque la historia del abrumador esfuerzo y sacrificio de la sociedad en tiempos de guerra podría llevarnos a cuestionar esa presunción).

Pero la transición energética entrañará sin duda costes. Aparte de las decenas de billones de dólares de inversión monetaria necesaria, la transición energética requerirá energía, mucha energía. Se necesitará energía para construir paneles solares, turbinas eólicas, bombas de calor, vehículos eléctricos, maquinaria agrícola eléctrica, aviones sin emisiones de carbono, baterías y el resto de la amplia panoplia de dispositivos que serían necesarios para hacer funcionar una economía industrial mundial electrificada a la escala actual. 

En las primeras fases de la transición, la mayor parte de esa energía para construir nuevas infraestructuras bajas en carbono tendrá que proceder de combustibles fósiles, ya que éstos siguen suministrando más del 80% de la energía mundial (arrancar la transición -utilizando sólo energías renovables para construir maquinaria relacionada con la transición- llevaría demasiado tiempo). Así pues, la transición en sí, sobre todo si se emprende con rapidez, conllevará un gran pulso de emisiones de carbono. Un grupo sugiere que las emisiones relacionadas con la transición serán sustanciales, oscilando entre 70.000 y 395.000 millones de toneladas métricas de CO2 «con una media de 195 GtCO2 en todos los escenarios», el equivalente a más de cinco años de emisiones mundiales de CO2 al ritmo actual. Las únicas formas de minimizar estas emisiones relacionadas con la transición serían, en primer lugar, intentar construir un sistema energético mundial sustancialmente más pequeño que el que estamos tratando de sustituir; y en segundo lugar, reducir significativamente el uso de energía para fines no relacionados con la transición -incluidos el transporte y la fabricación, piedras angulares de nuestra economía actual- durante la transición. 

Además de energía, la transición requerirá materiales. Mientras que nuestro actual régimen energético de combustibles fósiles extrae miles de millones de toneladas de carbón, petróleo y gas, además de cantidades mucho menores de hierro, bauxita y otros minerales para fabricar taladros, tuberías, bombas y otros equipos relacionados, la construcción de infraestructuras de energías renovables a una escala proporcional requeriría cantidades mucho mayores de materias primas no combustibles, como cobre, hierro, aluminio, litio, iridio, galio, arena y elementos de tierras raras.

Aunque algunas estimaciones sugieren que las reservas mundiales de estos elementos son suficientes para la construcción inicial de una infraestructura de energías renovables a gran escala, siguen existiendo dos grandes retos. Primero: la obtención de estos materiales requerirá una gran expansión de las industrias extractivas junto con sus cadenas de suministro. Estas industrias son intrínsecamente contaminantes e inevitablemente degradan la tierra. Por ejemplo, para producir una tonelada de mineral de cobre hay que desplazar más de 125 toneladas de roca y suelo. La relación roca-metal es aún peor en el caso de otros minerales. Las explotaciones mineras suelen tener lugar en tierras de pueblos indígenas y los residuos de esas explotaciones suelen contaminar ríos y arroyos. Las especies no humanas y las comunidades del Sur global ya están traumatizadas por la degradación de la tierra y la toxificación; la gran expansión de la extracción de recursos -incluida la minería de aguas profundas- no haría sino profundizar y multiplicar las heridas. 

El segundo reto es el de los materiales: la infraestructura de las energías renovables tendrá que sustituirse periódicamente, cada 25 o 50 años. Incluso si los minerales de la Tierra son suficientes para la primera construcción a gran escala de paneles, turbinas y baterías, ¿permitirá la limitada abundancia de minerales las continuas sustituciones? Los defensores de la transición dicen que podemos evitar agotar los minerales del planeta reciclando los minerales y metales después de construir la primera iteración de la tecnología solar y eólica. Sin embargo, el reciclaje nunca es completo, ya que algunos materiales se degradan en el proceso. Un análisis sugiere que el reciclaje sólo permitiría ganar un par de siglos de tiempo antes de que el agotamiento pusiera fin al régimen de máquinas de energía renovable reemplazables, y eso suponiendo una aplicación generalizada y coordinada del reciclaje a una escala sin precedentes. Una vez más, la única solución real a largo plazo es aspirar a un sistema energético mundial mucho más pequeño.

La transición de la sociedad de la dependencia de los combustibles fósiles a la dependencia de fuentes de energía con bajas emisiones de carbono será imposible de lograr sin reducir también sustancialmente el uso general de energía y mantener indefinidamente esta tasa más baja de uso de energía. Esta transición no consiste sólo en construir montones de paneles solares, turbinas eólicas y baterías. Se trata de organizar la sociedad de forma diferente para que utilice mucha menos energía y obtenga la que utilice de fuentes que puedan mantenerse a largo plazo.

Cómo podríamos hacerlo realmente, en siete pasos simultáneos

Primer paso: Limitar la extracción mundial de combustibles fósiles mediante un tratado mundial y reducir el límite anualmente. No reduciremos las emisiones de carbono hasta que no reduzcamos el uso de combustibles fósiles: así de sencillo. En lugar de intentar hacerlo añadiendo energías renovables (lo que hasta ahora no se ha traducido en una disminución de las emisiones), tiene mucho más sentido limitar simplemente la extracción de combustibles fósiles. En mi libro The Oil Depletion Protocol (Protocolo sobre el agotamiento del petróleo) escribí hace años los principios básicos de un tratado en este sentido.

Reducir la extracción de combustibles fósiles plantea un problema. ¿De dónde sacaremos la energía necesaria para la transición? Siendo realistas, sólo puede obtenerse reutilizando la energía que utilizamos actualmente para fines ajenos a la transición. Eso significa que la mayoría de la gente, especialmente en los países altamente industrializados, tendría que utilizar mucha menos energía, tanto directa como indirectamente (en términos de energía incorporada en los productos y en los servicios prestados por la sociedad, como la construcción de carreteras). Para conseguirlo con el mínimo estrés social será necesario un medio social de gestionar la demanda de energía.

Paso dos: gestionar la demanda energética de forma justa. La forma más justa y directa de gestionar la demanda de energía es el racionamiento mediante cuotas. Las cuotas energéticas negociables (TEQ, por sus siglas en inglés) son un sistema diseñado hace dos décadas por el economista británico David Fleming; recompensa a los ahorradores de energía y castiga suavemente a los derrochadores, al tiempo que garantiza que todo el mundo obtenga la energía que realmente necesita. Todos los adultos tendrían el mismo derecho gratuito a unidades de EQT cada semana. Si consume menos unidades de las que le corresponden, puede vender el excedente. Si necesita más, puede comprarlas. Todo el comercio se realiza a un precio nacional único, que sube y baja en función de la demanda.

Tercera etapa: Gestionar las expectativas materiales del público. Persuadir a la gente para que acepte consumir menos energía será difícil, si todo el mundo sigue queriendo consumir más. Por lo tanto, será necesario gestionar las expectativas del público. Esto puede sonar tecnocrático y aterrador, pero en realidad la sociedad ya ha estado gestionando las expectativas del público durante más de un siglo a través de la publicidad, que transmite constantemente mensajes animando a todo el mundo a consumir todo lo que pueda. Ahora necesitamos mensajes diferentes para crear expectativas diferentes.

¿Cuál es nuestro objetivo en la vida? ¿Es tener tantas cosas como sea posible, o ser feliz y estar seguro? Nuestro sistema económico actual da por sentado que es lo primero, y hemos instituido un objetivo económico (el crecimiento constante) y un indicador (el producto interior bruto, o PIB) para ayudarnos a alcanzarlo. Pero el hecho de que cada vez más personas utilicen cada vez más cosas y energía provoca un aumento de las tasas de agotamiento, contaminación y degradación, poniendo en peligro la supervivencia de la humanidad y del resto de la biosfera. Además, el objetivo de la felicidad y la seguridad está más en consonancia con las tradiciones culturales y la psicología humana. Si la felicidad y la seguridad han de ser nuestros objetivos, deberíamos adoptar indicadores que nos ayuden a alcanzarlos. En lugar del PIB, que simplemente mide la cantidad de dinero que cambia de manos anualmente en un país, deberíamos medir el éxito de la sociedad controlando el bienestar humano. El pequeño país de Bután lleva décadas haciéndolo con su indicador de Felicidad Nacional Bruta (FNB), que ha ofrecido como modelo al resto del mundo.

Cuarto paso: aspirar al descenso de la población. Si la población no deja de crecer mientras se limita la energía disponible, cada vez se dispondrá de menos energía per cápita. Incluso si las sociedades abandonan el PIB y adoptan la FNB, la perspectiva de una disponibilidad de energía en continuo descenso planteará retos de adaptación. ¿Cómo minimizar el impacto de la escasez de energía? La solución obvia: aceptar el descenso de la población y planificar en consecuencia.

La población mundial empezará a disminuir en algún momento de este siglo. Las tasas de fertilidad están disminuyendo en todo el mundo, y China, Japón, Alemania y muchos otros países ya están experimentando una reducción de su población. En lugar de verlo como un problema, deberíamos verlo como una oportunidad. Con menos gente, el declive energético será menos gravoso per cápita. También hay beneficios colaterales: una población más pequeña ejerce menos presión sobre la naturaleza salvaje, y a menudo se traduce en un aumento de los salarios. Deberíamos dejar de impulsar una agenda pro-natalista; garantizar que las mujeres tengan las oportunidades educativas, la posición social, la seguridad y el acceso al control de la natalidad para tomar sus propias decisiones sobre la maternidad; incentivar las familias pequeñas, y aspirar al objetivo a largo plazo de una población mundial estable más cercana al número de personas que vivían al comienzo de la revolución de los combustibles fósiles (aunque la reducción voluntaria de la población será demasiado lenta para ayudarnos a alcanzar los objetivos inmediatos de reducción de emisiones).

Quinto paso: orientar la investigación y el desarrollo tecnológicos a la transición. Hoy en día, la principal prueba de cualquier nueva tecnología es simplemente su rentabilidad. Sin embargo, la transición exigirá que las nuevas tecnologías cumplan una serie de criterios totalmente distintos, como un funcionamiento de bajo consumo energético y la minimización de materiales exóticos y tóxicos. Afortunadamente, ya existe una subcultura de ingenieros que desarrollan tecnologías intermedias y de bajo consumo energético que podrían ayudar a gestionar una economía circular de tamaño adecuado. 

Sexto paso: establecer un triaje tecnológico. Muchas de nuestras tecnologías actuales no cumplen estos nuevos criterios. Así que, durante la transición, nos desharemos de máquinas conocidas pero, en última instancia, destructivas e insostenibles.

Algunas máquinas devoradoras de energía -como los sopladores de hojas que funcionan con gasolina- serán fáciles de abandonar. Los aviones comerciales serán más difíciles. La inteligencia artificial es un devorador de energía del que hemos podido prescindir hasta hace muy poco. ¿Los cruceros? Fácil: redúzcalos de tamaño, sustituya sus motores por velas y espere hacer un solo gran viaje a lo largo de su vida. La industria armamentística ofrece muchos ejemplos de máquinas de las que podríamos prescindir. Por supuesto, renunciar a algunos de nuestros dispositivos de ahorro de trabajo nos obligará a aprender habilidades útiles, lo que podría acabar proporcionándonos más ejercicio. Para orientarse en este sentido, consulte la rica literatura de crítica tecnológica.

Séptimo paso: ayudar a la naturaleza a absorber el exceso de carbono. El IPCC tiene razón: si queremos evitar un cambio climático catastrófico tenemos que capturar el carbono del aire y secuestrarlo durante mucho tiempo. Pero no con máquinas. La naturaleza ya elimina y almacena enormes cantidades de carbono; sólo tenemos que ayudarla a hacer más (en lugar de reducir su capacidad de captura de carbono, que es lo que la humanidad está haciendo ahora). Reformar la agricultura para construir el suelo en lugar de destruirlo. Restaurar los ecosistemas, como praderas, humedales, bosques y arrecifes de coral. 

Poner en práctica estos siete pasos lo cambiará todo. El resultado será un mundo menos masificado, en el que la naturaleza se recupere en lugar de retroceder, y en el que las personas estén más sanas (porque no están empapadas de contaminación) y sean más felices.

Es cierto que este programa de siete pasos parece políticamente inalcanzable hoy en día. Pero eso se debe en gran medida a que la humanidad aún no se ha enfrentado plenamente al fracaso de nuestra actual forma de priorizar los beneficios inmediatos y la comodidad por encima de la supervivencia a largo plazo, y a las consecuencias de ese fracaso. Con un mejor conocimiento de hacia dónde nos dirigimos y de las alternativas, lo que hoy es políticamente imposible podría convertirse rápidamente en inevitable.

El filósofo social Roman Krznaric escribe que las transformaciones sociales profundas suelen estar ligadas a guerras, catástrofes naturales o revoluciones. Pero la crisis por sí sola no es positivamente transformadora. También debe haber ideas disponibles para formas diferentes de organizar la sociedad, y movimientos sociales dinamizados por esas ideas. Tenemos una crisis y (como acabamos de ver) algunas buenas ideas para hacer las cosas de otra manera. Ahora necesitamos un movimiento. 

Construir un movimiento requiere capacidad de organización política y social, tiempo y mucho trabajo. Aunque no tengas la capacidad de organizarte, puedes ayudar a la causa aprendiendo lo que requiere una verdadera transición energética y educando a la gente que conoces; abogando por el decrecimiento o por políticas relacionadas; y reduciendo tu propio consumo de energía y materiales. Calcula tu huella ecológica y redúcela con el tiempo, utilizando objetivos y estrategias, y cuenta a tu familia y amigos lo que estás haciendo y por qué.

Incluso con un nuevo movimiento social que aboga por una verdadera transición energética, no hay garantías de que la civilización salga de este siglo de desenmarañamiento de una forma reconocible. Pero todos tenemos que entenderlo: se trata de una lucha por la supervivencia en la que se requiere cooperación y sacrificio, igual que en la guerra total. Hasta que no sintamos ese nivel de urgencia compartida, no habrá una verdadera transición energética, y pocas perspectivas de un futuro humano deseable."

( ,miembro senior del Post Carbon Institute, Common Dreams, 25/08/24, traducción DEEPL, enlaces en el original)

14.8.24

Desertización... Algo hay que hacer ya... Los inmensos campos de cereal llevan años sin producir un grano, los almendros se secan sin fruto y sólo el agua que sale del mar o del trasvase mantiene los cultivos intensivos que alimentan de verduras y hortalizas a media Europa... no hay más que una posibilidad, sacar agua del mar porque o la sacamos de ahí o terminaremos comiéndonos los pepinos holandeses... comenzando de nuevo a hacer canalizaciones desde él al interior, convertir en bosques las tierras de pobres rendimientos y llevar agua desalada a las más fértiles son necesidades imposibles de aplazar porque una buena parte de la riqueza de esta tierra depende de la agricultura y su comercialización. Se pueden alegar cien mil razones en contra, entre ellas lo caro que resulta todavía la desalación... pero lo que no se pude hacer es entregar al desierto a una región tan grande, entre otras cosas porque ello supondría la muerte del territorio y el abandono progresivo de quienes lo habitan... Construir desaladoras, hacerlas energéticamente viables, diseñar canales hacia el interior es algo tan acuciante como dotar de médicos y personal sanitarios a hospitales y ambulatorios. No tenemos más remedio porque cada año llueve menos, cada año hace más calor, cada año la demanda de agua es más grande... Los negacionistas, como en tantos otros casos, pueden seguir demandando aguas del Tajo o del Ebro, incluso del Garona, pero no hay ni un solo río en España que haya aumentado su caudal en las últimas décadas, todos han disminuido drásticamente... o desaladoras o el desierto (Pedro Luis Angosto)

 "No ha muchos años en mi castigada tierra del Sur llovía poco, pero llovía. A periodos secos, sucedían otros húmedos, pero incluso en aquellos se armaban tormentas y esporádicamente entraban temporales que al menos servían para refrescar la tierra y alargar la vida de los árboles. La vida estaba tan ligada al tiempo que no había una casa en la que no hubiese un buen puñado de katiuskas, paraguas e impermeables, el barro, los charcos helados, los hielos interminables marcaban buena parte de nuestra experiencia cotidiana. Incluso había guisos como las migas, el caldo valiente o la olla que estaban estrictamente ligadas al tiempo borrascoso. 

Desde hace unos años esto no es así. Han desaparecido las tormentas, las heladas, incluso las lluvias otoñales y primaverales. Los ríos bajan secos y sólo subsiste algún manantial que brota de profundidades desconocidas pero que terminará por sucumbir a tantos años de inclemencia climática. Dicen que los hombres nos estamos adaptando al cambio climático, que ya no nos hace tanto daño, como si eso de la adaptación al medio fuese cuestión de diez o quince años, pero yo lo que veo es que las calles otrora llenas de gente al mediodía están vacías, que no hay nadie en los comercios y que cada cual intenta escapar de esta ola de calor interminable como mejor puede, sin poder muchas veces. Para muchos, sobre todo para quienes no tienen dinero para enfriar el ambiente, los veranos, los larguísimos veranos se están convirtiendo en una amenaza que se teme y no se mitiga más que con resignación y blasfemias. 

El año hidrológico concluirá el 30 de septiembre, de no aparecer trenes de borrascas incansables, lo terminaremos con unos 60 mm de precipitación, es decir, menos de lo que ha llovido en el Sahara o en Atacama. Los inmensos campos de cereal llevan años sin producir un grano, los almendros se secan sin fruto y sólo el agua que sale del mar o del trasvase mantiene los cultivos intensivos que alimentan de verduras y hortalizas a media Europa. No hay agua y el Tajo no tiene caudal suficiente para proporcionarnos la cantidad creciente que necesitamos y necesitaremos en las próximas décadas. Los menguados ríos del interior deben servir para suministrar agua a los territorios por los que transcurren y que no tienen otro medio de obtenerla. En el Sureste urge sacar agua del mar porque o la sacamos de ahí o terminaremos comiéndonos los pepinos holandeses. No es que se nos ofrezca un abanico de posibilidades entre las que poder elegir, no, no hay más que una, y esa está en el mar, comenzando de nuevo a hacer canalizaciones desde él al interior para devolver la muchísima generosidad que durante siglos nos ha regalado. No llueve y aunque llueva un año, las necesidades hídricas son de tal volumen que aún con los embalses llenos, no habría agua en un par de años. 

Eliminar cultivos como el aguacate que necesitan cientos de litros de agua, convertir en bosques las tierras de pobres rendimientos y llevar agua desalada a las más fértiles son necesidades imposibles de aplazar porque una buena parte de la riqueza de esta tierra depende de la agricultura y su comercialización. Se pueden alegar cien mil razones en contra, entre ellas lo caro que resulta todavía la desalación, pero hay más de ochenta universidades en España, institutos científicos y se ha avanzado mucho en la eficacia de las plantas fotovoltaicas, se trata, pues, de coordinar esfuerzos, de optimizar recursos, de llevarlos allí donde más rentable será su aprovechamiento, pero lo que no se pude hacer es entregar al desierto a una región tan grande, entre otras cosas porque ello supondría la muerte del territorio y el abandono progresivo de quienes lo habitan, experimentados durante siglos a emigrar por toda Europa.

A las razones económicas que justifican lo anteriormente expuesto, se añaden las humanas y las geográficas, las espaciales. Una parte considerable del territorio del Sureste español está ya ocupado por el desierto, un desierto que no se detienen y avanza cada vez más rápido a tierras que hasta hace unos años eran productivas. Ahora mismo hasta el ganado extensivo ha de alimentarse de forraje cultivado en zonas de regadío, la vida languidece y emprender cualquier negocio agro-pecuario razonable es cada vez más una temeridad. 

Hay problemas que no tienen solución o que para tenerla se precisarían años de investigaciones costosas sin certeza de resultados. Pero hoy en día se puede combatir el envite del cambio climático llevando agua a donde no la hay y racionalizando científicamente su uso, aumentando la masa forestal urbana -aunque muchos ayuntamientos se hayan apuntado a la bárbara moda de talar miles de árboles sin razón alguna- y la montuosa, encarando de una vez por todas un problema que en breve tendrá pocas maneras de enfrentarlo. Se habla y se insiste una y otra vez en el asunto catalán, región también afectada por la sequía y el calor disparatado, pero no del problema más acuciante que tenemos junto con el de la vivienda para jóvenes, la agresión climática propiciada por nuestra propia acción durante el último siglo. Construir desaladoras, hacerlas energéticamente viables, diseñar canales hacia el interior es algo tan acuciante como dotar de médicos y personal sanitarios a hospitales y ambulatorios. No tenemos más remedio y es algo inaplazable porque el tiempo corre en contra nuestra, cada año llueve menos, cada año hace más calor, cada año la demanda de agua es más grande.

Los negacionistas, como en tantos otros casos, pueden seguir demandando aguas del Tajo o del Ebro, incluso del Garona, pero no hay ni un solo río en España que haya aumentado su caudal en las últimas décadas, todos han disminuido drásticamente. Tampoco se puede criticar con argumentos peregrinos la construcción de desaladoras, simplemente porque no tenemos otra opción, o esa o el desierto."                      (Pedro Luis Angosto, Nueva Tribuna.es, 14/08/24)

1.7.24

Luchar contra el cambio climático no es, simplemente, rentable... ¿Por qué no se alcanza el objetivo climático? ¿Por qué no se dispone de la financiación necesaria? El problema es que los gobiernos insisten que la inversión privada debería liderar el impulso hacia la energía renovable. Pero la inversión privada solo tiene lugar si es rentable invertir... pero la rentabilidad media a nivel mundial está en niveles bajos, por lo que el crecimiento de la inversión en general se ha ralentizado de manera similar... por otro lado, los precios más bajos de las energías renovables reducen la rentabilidad de dichas inversiones... no es el precio de las energías renovables frente a la energía de los combustibles fósiles el obstáculo para cumplir con los objetivos de inversión para limitar el calentamiento global. Es la rentabilidad de las energías renovables en comparación con la producción de combustibles fósiles... esto ha reforzado los argumentos de las empresas de combustibles fósiles de que la producción de petróleo y gas no puede eliminarse rápidamente... JP Morgan considera que cambiar el sistema energético del mundo «es un proceso que debe medirse en décadas, o generaciones, no en años». Eso se debe a que la inversión en energía renovable «actualmente ofrece rendimientos mediocres»... «si el capital privado, que circula en los mercados, todavía no es capaz de descarbonizar la generación global de electricidad con la suficiente rapidez, incluso con todo el apoyo que ha recibido y está recibiendo de los gobiernos, e incluso con unos costes tecnológicos que han caído tanto y tan rápido, seguramente es una señal muy clara de que el capital no está diseñado para hacer el trabajo»... «una propiedad pública amplia de los activos de energía renovable parece ser el modelo más viable»... Mientras tanto, el planeta continúa calentándose a un ritmo alarmante (Michael Roberts)

 "En 2023, fue la primera vez en el registro histórico que la temperatura de la superficie global del planeta superó los 2,0 °C por encima del nivel base del IPCC de 1850-1900. Además, más del 90 % de los océanos del mundo sufrieron olas de calor, los glaciares perdieron la mayor cantidad de hielo registrado y la extensión del hielo marino antártico cayó a los niveles mínimos jamás registrados.

Y el mes pasado marcó un año completo de temperaturas globales récord, con mayo de 2024 como el mayo más cálido registrado. Las temperaturas oceánicas de la Tierra también establecieron un récord tras catorce meses consecutivos, según los datos y los científicos de los Centros Nacionales de Información Ambiental de la NOAA. Según las Perspectivas de la Clasificación Anual Global de Temperatura de NCEI, hay un 50 % de probabilidad de que 2024 se clasifique como el año más cálido registrado y un 100 % de probabilidad de que se clasifique entre los cinco primeros.

La tendencia actual de las emisiones de dióxido de carbono (la principal causa del calentamiento global y el cambio climático) sugiere que la temperatura media de la superficie de la tierra superará fácilmente 1,5°C por encima del nivel objetivo de referencia establecido por la Conferencia Climática de París de 2015 para finales de esta década. De hecho, sin una acción mucho más drástica, las emisiones de CO2 se dirigen a al menos 1,8 C por encima de la línea de base a mediados de este siglo o antes. El responsable de la lucha contra el cambio climático de la ONU, Simon Stiell, ha afirmado que el planeta avanza hacia un aumento «ruinosamente alto» en la temperatura global de 2,7 °C desde la era industrial.

¿Qué hacer? Se proponen una gran cantidad de tecnologías para controlar las emisiones de carbono e incluso capturar el CO2 existente y sacarlo de la atmósfera. Además, el impulso para «eliminar gradualmente» la producción de combustibles fósiles y reemplazarlas con las llamadas energías renovables (eólicas, solares, hidroeléctricas, etc.) es el llamamiento urgente de «los poderes reales»en la última conferencia internacional sobre el clima, la COP28. Y la inversión en energía limpia es ahora casi el doble que en combustibles fósiles.

Pero todavía no es suficiente. La producción de combustibles fósiles no es «eliminada» con la suficiente rapidez ni las energías renovables están reemplazando a los combustibles fósiles lo suficientemente rápido. La Agencia Internacional de Energías Renovables estima que es necesario construir un promedio de 1.000 gigavatios de capacidad de energía renovable a nivel mundial cada año hasta 2030. Pero los planes de energía limpia del mundo (y son solo planes) todavía están casi un tercio por debajo de lo que se necesita para alcanzar esa cifra.

Y para alcanzar el nivel necesario de inversión, la financiación climática tendrá que aumentar a unos 9 mil millones de dólares anuales a nivel mundial para 2030, frente a poco menos de 1,3 mil millones de dólares en 2021-22, según la Iniciativa de Política Climática.

Esa financiación simplemente no se está produciendo. Los países ricos finalmente alcanzaron su objetivo de transferir unos escasos 100.000 millones de dólares en financiación climática a las naciones más pobres en 2022, dos años más tarde de lo prometido. Además, durante la última década, los flujos públicos han impulsado la mayor parte del crecimiento de las transferencias relacionadas con el clima a los países más pobres. La ayuda gubernamental o la financiación de los bancos multilaterales de desarrollo casi se duplicó entre 2013 y 2022, de 38 mil millones de dólares a 83 mil millones de dólares en total. Pero la financiación climática privada fue «obstinadamente baja», solo 21.900 millones de dólares en 2022, según la OCDE.

E incluso esa financiación pública es exagerada. Porque parte del dinero se ha tomado de los presupuestos de ayuda existentes en el extranjero, y parte de lo que se cuenta como financiación climática incluye fondos asignados principalmente a proyectos de desarrollo como la salud y la educación, con solo beneficios tangenciales para el clima. Si se eliminan todas estas sumas, entonces solo 21-24,5 mil millones de dólares de los 83 mil millones de dólares son financiación climática pura sin condiciones, según Oxfam en su Informe Paralelo sobre las Finanzas Climáticas 2023.

¿Por qué no se alcanza el objetivo climático? ¿Por qué no se dispone de la financiación necesaria? No es el precio de coste de las energías renovables. Los precios de las energías renovables han caído drásticamente en los últimos años. El problema es que los gobiernos insisten que la inversión privada debería liderar el impulso hacia la energía renovable. Pero la inversión privada solo tiene lugar si es rentable invertir.

El problema es la rentabilidad, de dos maneras. En primer lugar, la rentabilidad media a nivel mundial está en niveles bajos, por lo que el crecimiento de la inversión en general se ha ralentizado de manera similar. En segundo lugar, irónica y contradictoriamente, una menor inversión y crecimiento del PIB ralentizarán la expansión de las emisiones de carbono al reducir el uso de energía de combustibles fósiles. Un estudio reciente de 18 países que lograron «llegar a su pico y disminuir» sus emisiones de carbono en el período 2002-2015 demostró que uno de los impulsores clave de este proceso, que representa el 36% de la caída de las emisiones en promedio, fue la disminución del uso de energía, que resultó en parte del «bajo crecimiento del PIB de alrededor de un 1%» (Le Quéré et al., 2019: 215). A medida que la tasa de crecimiento del PIB se acercaba a cero, desacoplar absolutamente el crecimiento de las emisiones de carbono se vuelve más factible (Schroder y Storm, 2020).

Pero, por otro lado, los precios más bajos de las energías renovables reducen la rentabilidad de dichas inversiones. La fabricación de paneles solares está sufriendo una grave compresión de beneficios, junto con los operadores de granjas solares. Esto revela la contradicción fundamental de la inversión capitalista entre la reducción de los costes gracias a una mayor productividad y la desaceleración de la inversión debido a la caída de la rentabilidad.

Este es el mensaje clave de otro excelente libro de Brett Christophers, El precio es equivocado: por qué el capitalismo no salvará el planeta. Christophers argumenta que no es el precio de las energías renovables frente a la energía de los combustibles fósiles el obstáculo para cumplir con los objetivos de inversión para limitar el calentamiento global. Es la rentabilidad de las energías renovables en comparación con la producción de combustibles fósiles.


«En el caso de las energías renovables, los principales responsables de la toma de decisiones son las empresas de energía, otros promotores y, en particular, las instituciones financieras cuyas decisiones sobre si avanzar o no el capital de inversión, y a qué coste, determinan en última instancia si los proyectos de parques solares y eólicos se llevan a cabo o no. Por lo tanto, podríamos preguntarnos, ¿cuál es la pregunta primordial en la mente de dichos financieros cuando se presentan propuestas de inversión por parte de los promotores de energías renovables? Es lo siguiente: ¿recuperaré mi dinero y con un nivel aceptable de rendimiento financiero? La respuesta básica a esta pregunta es, por supuesto: solo, en general, si el proyecto es rentable».

Christophers muestra que en un país como Suecia, la energía eólica se puede producir a muy bajo precio. Pero la reducción de los costes también deprime su potencial de ingresos. Esta contradicción ha reforzado los argumentos de las empresas de combustibles fósiles de que la producción de petróleo y gas no puede eliminarse rápidamente. Peter Martin, economista jefe de Wood Mackenzie, lo explica de otra manera: «el aumento del coste del capital tiene profundas implicaciones para las industrias de la energía y los recursos naturales», y las tasas más altas «afectan de manera desproporcionada a las energías renovables y a la energía nuclear debido a su alta intensidad de capital y bajos rendimientos».

Como señala Christophers, la rentabilidad del petróleo y el gas ha sido generalmente mucho más alta que la de las energías renovables y eso explica por qué, en las décadas de 1980 y 1990, las empresas de petróleo y gas cerraron sin ceremonias sus primeras empresas de energías renovables casi tan pronto como las habían lanzado. «El mismo cálculo comparativo explica por igual por qué las mismas empresas están cambiando a la energía limpia a un ritmo de caracol hoy en día».

Christophers cita al CEO de Shell, Wael Sawan, en respuesta a una pregunta sobre si consideraba que los rendimientos más bajos de las energías renovables eran aceptables para su empresa: «En relación con la reducción del nivel de carbono, permítame ser, creo, categórico. Buscamos rendimientos altos en cualquier negocio en el que entremos. No podemos justificar un rendimiento bajo. Nuestros accionistas merecen que busquemos rendimientos sustanciales. Si no podemos lograr rendimientos de dos dígitos en un negocio, tenemos que cuestionar muy seriamente si debemos continuar en ese negocio. Por supuesto, queremos seguir invirtiendo en un carbono cada vez más bajo, pero tiene que ser rentable».

Por estas razones, los economistas del banco JP Morgan concluyen que el mundo necesita «verificar la realidad» sobre su transición de los combustibles fósiles a la energía renovable, añadiendo que puede llevar «generaciones» alcanzar los objetivos netos de cero. JP Morgan considera que cambiar el sistema energético del mundo «es un proceso que debe medirse en décadas, o generaciones, no en años». Eso se debe a que la inversión en energía renovable «actualmente ofrece rendimientos mediocres».

Las principales empresas de combustibles fósiles subrayan este punto. El director ejecutivo del productor de petróleo Chevron, dijo al Financial Times en octubre pasado: «Puedes construir escenarios, pero vivimos en el mundo real, y tenemos que asignar capital para satisfacer las demandas del mundo real». Cuatro de cada cinco ejecutivos corporativos consideraron «la capacidad de crear rendimientos aceptables en los proyectos como la principal barrera para la descarbonización del sistema energético». «Deberíamos abandonar la fantasía de eliminar gradualmente el petróleo y el gas y, en su lugar, invertir en ellos reflejando adecuadamente las suposiciones realistas de la demanda», dice Amin Nasser, director ejecutivo de Saudi Aramco. «Puedes discutir sobre lo verde y las ONGs todo el día, pero esos son los hechos. Creo que ese mensaje está empezando a calar» afirma Liam Mallon, jefe de negocios principal de ExxonMobil.

No es sorprendente que descubramos que JPMorgan es uno de los financieros líder de proyectos de combustibles fósiles. El banco suscribió 101 mil millones de dólares en ofertas de combustibles fósiles en 2021 y 2022 en comparación con 71 mil millones de dólares en ofertas bajas en carbono. JPMorgan Chase, Mizuho y Bank of America fueron nombrados como los mayores financiadores de la industria de los combustibles fósiles el año pasado, en un informe de los activistas climáticos que calcula que los bancos más grandes del mundo han proporcionado un total de 6,9 billones de dólares al sector en los ocho años transcurridos desde el acuerdo climático de París.

Christophers concluye que «si el capital privado, que circula en los mercados, todavía no es capaz de descarbonizar la generación global de electricidad con la suficiente rapidez, incluso con todo el apoyo que ha recibido y está recibiendo de los gobiernos, e incluso con unos costes tecnológicos que han caído tanto y tan rápido, seguramente es una señal muy clara de que el capital no está diseñado para hacer el trabajo».

En cambio, Christophers argumenta que si alguna vez vamos a lograr reducciones rápidas en las emisiones de carbono, «una propiedad pública amplia de los activos de energía renovable parece ser el modelo más viable». Añadiría que también debe requerir la propiedad pública de los productores de combustibles fósiles para garantizar cualquier transición rápida.

Mientras tanto, el planeta continúa calentándose a un ritmo alarmante."                  (Michael Roberts, CADTM, 01/07/24)

17.6.24

Los Verdes se han estrellado brutalmente en las elecciones europeas... es una tremenda oportunidad si la política europea abandona el activismo agitado que llevó a la derrota electoral de los Verdes y une a todas las fuerzas políticas en favor de una estrategia de orientación global... Lo que los Verdes de orientación puramente nacional, especialmente en Alemania, no quieren ver es el contexto global y la imperiosa necesidad de centrar la política climática en la extracción y producción de combustibles fósiles en lugar de librar batallas nacionales por el lado de la demanda... Si los ciudadanos no se adaptan voluntariamente, hay que obligarles a hacerlo a través de mil normativas diferentes. Se les dice qué coche conducir y qué sistema de calefacción instalar... este enfoque ha fracasado estrepitosamente... Pero los Verdes no quieren admitirlo... mientras la producción de combustibles fósiles avanza sin retrasos visibles... Sólo si logramos convencer a los productores de combustibles fósiles, que son unos veinte en el mundo (entre ellos Estados Unidos como uno de los mayores), de que deben reducir su producción paso a paso, podrá iniciarse una política climática racional. Sólo si esta escasez se traduce en un aumento permanente del precio mundial de estas sustancias y, por tanto, en una presión global para adaptarse, podremos debatir seriamente qué pueden hacer los gobiernos nacionales para facilitar la adaptación a sus ciudadanos, y especialmente a los más pobres (Heiner Flassbeck)

 "Los Verdes se han estrellado brutalmente en las elecciones europeas. En Alemania, su porcentaje de votos se ha reducido casi a la mitad y en Francia, con un 5%, ha caído incluso a casi un tercio de la cifra de 2019. Quien crea que este es el fin del anterior tipo de compromiso con la política climática en Europa tiene razón; pero quien crea que este es el fin de una política climática adecuada para Europa y el mundo se equivoca.

La caída de los Verdes es una tremenda oportunidad si la política europea abandona el activismo agitado que llevó a la derrota electoral de los Verdes y une a todas las fuerzas políticas en favor de una estrategia de orientación global. Lo que los Verdes de orientación puramente nacional, especialmente en Alemania, no quieren ver es el contexto global y la imperiosa necesidad de centrar la política climática en la extracción y producción de combustibles fósiles en lugar de librar batallas nacionales por el lado de la demanda.

Probablemente esté arraigado en los genes verdes desde hace siglos que la política climática y medioambiental empieza en casa. Se cree firmemente que el objetivo global solo puede alcanzarse si cada individuo se esfuerza y aporta su granito de arena. Es precisamente este espíritu el que caracterizó decisivamente el Acuerdo de París de 2015. Cada país se compromete a hacer su parte y en cada país, los individuos deben organizar sus vidas de tal manera que el país en su conjunto alcance el objetivo. Si los ciudadanos no se adaptan voluntariamente, hay que obligarles a hacerlo a través de mil normativas diferentes. Se les dice qué coche conducir y qué sistema de calefacción instalar.

Sin embargo, como cualquier persona ilustrada sabría, este enfoque ha fracasado estrepitosamente. No ha ocurrido nada desde 2015 que nos lleve a creer que la economía mundial podría moverse en la dirección correcta de esta manera. Pero los Verdes no quieren admitirlo porque carecen de intelecto, imaginación y coraje político para emprender un camino verdaderamente prometedor.

El informe sobre la brecha de producción

Desde 2017, las Naciones Unidas publican un informe anual sobre la brecha de producción, es decir, la diferencia entre lo que sería necesario para restringir la extracción y producción de combustibles fósiles a nivel mundial y lo que realmente está ocurriendo. El resultado es claro: la producción de combustibles fósiles avanza sin retrasos visibles y la brecha entre lo que sería necesario y lo que está ocurriendo es cada vez mayor. En el prólogo del informe 2023 se afirma:

 "Los gobiernos prevén producir, y el mundo consumir, en 2030 más del doble de combustibles fósiles de lo que es coherente con la senda para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C". Estos planes cuestionan la transición energética mundial. Cuestionan el futuro de la humanidad. Los gobiernos deben dejar de decir una cosa y hacer otra, especialmente en lo que se refiere a la producción y el consumo de combustibles fósiles".

En otras palabras, algunos países del mundo pueden ponerse de perfil, pueden maltratar a sus ciudadanos todo el tiempo que quieran, pueden hacer que todo el mundo se sienta culpable, no servirá de nada mientras se siga extrayendo petróleo, carbón y gas. Todos los combustibles que se extraigan de la tierra desaparecerán sin duda en algún lugar del mundo en alguna planta incineradora. Sólo si logramos convencer a los productores de combustibles fósiles, que son unos veinte en el mundo (entre ellos Estados Unidos como uno de los mayores), de que deben reducir su producción paso a paso, podrá iniciarse una política climática racional. Sólo si esta escasez se traduce en un aumento permanente del precio mundial de estas sustancias y, por tanto, en una presión global para adaptarse, podremos debatir seriamente qué pueden hacer los gobiernos nacionales para facilitar la adaptación a sus ciudadanos, y especialmente a los más pobres.

La COP 28 de 2023 también ha fracasado

Sin embargo, ahora hay una respuesta clara a la pregunta de si un intento de sentar a la mesa a los productores de combustibles fósiles para iniciar negociaciones sobre la reducción de la producción podría tener éxito, y cuándo. En la última conferencia sobre el clima (COP 28), celebrada el pasado mes de diciembre, la iniciativa política de muchas delegaciones de incluir en el comunicado final una frase que diera inicio a tales negociaciones sí estuvo en el orden del día. Pero también fracasó estrepitosamente. Como se describe aquí, los países productores se negaron incluso a considerar la posibilidad de reconsiderar y ajustar sus intereses nacionales en las negociaciones internacionales. Esto significa que pasarán muchos años, o incluso décadas, antes de que pueda plantearse una acción mundial prometedora.

Esto significa que cualquier política climática nacional ha dejado de tener sentido. Los Verdes defienden una política que no sólo maltrata a los ciudadanos con todo tipo de medidas y les hace sentirse permanentemente culpables, sino que también defienden una notable falta de honradez en lo que se refiere a las perspectivas de éxito de sus políticas. Después de la COP 28, como muy tarde, los Verdes alemanes deberían haber admitido que sus intentos nacionales o incluso europeos de frenar el cambio climático son completamente inútiles porque no habrá ningún acuerdo mundial prometedor con los productores en un futuro previsible. Pero los Verdes prefirieron guardar silencio y fingir que es sólo nuestra falta de voluntad política lo que separa al mundo de una política climática exitosa.

El fracaso de los Verdes puede abrir ahora la puerta a una política climática que no se base en ilusiones nacionales, sino en una estrategia mundial realista. El accionismo verde, que se engaña a sí mismo y a muchos ciudadanos bienintencionados haciéndoles creer que sólo tenemos que castigarnos y restringirnos a nosotros mismos y entonces habremos hecho lo suficiente, pase lo que pase en el mundo, no sólo es inútil, sino contraproducente. Si, por el contrario, toda nuestra energía política se centrara en la cuestión de cómo persuadir a los productores para que dejen los combustibles fósiles bajo tierra, podríamos dar un paso más.

Para muchos productores, podría ser un escenario atractivo trabajar junto con los países consumidores en un acuerdo que prometa a los productores rendimientos elevados y, sobre todo, estables durante algunos años más mientras suben los precios de los combustibles fósiles, incluso si existe un horizonte claro respecto al abandono definitivo de la producción. Sin embargo, el requisito previo absoluto para ello es que EE.UU., uno de los mayores productores y al mismo tiempo uno de los mayores consumidores, esté dispuesto a saltar el enorme obstáculo de sus intereses nacionales en materia de combustibles fósiles. Hasta ahora, no hay ni la más mínima posibilidad de que esto ocurra en ninguno de los bandos políticos de EEUU. Quien quiera llevar a cabo una política climática seria en Europa debe estar dispuesto a afrontar esta confrontación. Quien no tenga el valor de hacerlo, no tiene mandato para una política climática seria, ni con el diez ni con el veinte por ciento." 

(Heiner Flassbeck, Flassbeck economics, 10/06/24. traducción DEEPL)

10.4.24

POLITICO: La protección del clima es ahora un derecho humano... El fallo judicial del martes que cambia la definición significa que casi 50 gobiernos ahora deben enfrentar una nueva era de litigios climáticos... Deben proteger a sus ciudadanos del cambio climático: es su derecho humano"... ¿La conclusión del tribunal? Los seres humanos tienen un derecho a la seguridad frente a las catástrofes climáticas que está enraizado en su derecho a la vida, la intimidad y la familia... Aunque la sentencia en sí no incluye ninguna sanción -el caso se refería a varias mujeres que acusaban a Suiza de no protegerlas de los peligros climáticos-, sienta un poderoso precedente que los ciudadanos pueden utilizar para demandar a los gobiernos ante los tribunales nacionales... las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, órgano judicial del Consejo de Europa, organización internacional de derechos humanos, son vinculantes para los 46 miembros del Consejo, que abarcan toda Europa y numerosos países fronterizos... la sentencia del martes contribuirá a que los litigios climáticos pasen de ser una batalla país por país a una batalla que se extiende por todos los continentes... La sentencia incluye incluso medidas concretas que los gobiernos deben adoptar para cumplir sus nuevas obligaciones en materia de derechos humanos relacionados con el clima. La lista incluye cosas como un plazo concreto para alcanzar la neutralidad climática, un camino para llegar a ella y pruebas de que el país está realmente en ese camino. "La sentencia de hoy contra Suiza sienta un precedente histórico que se aplica a todos los países europeos"... Se espera que en los próximos meses otros organismos internacionales emitan sus propias sentencias sobre las mismas espinosas cuestiones jurídicas, lo que podría consolidar aún más la tendencia evolutiva. La Corte Internacional de Justicia, el Tribunal Internacional del Derecho del Mar y la Corte Interamericana de Derechos Humanos tienen casos similares en trámite

 "Los gobiernos están avisados: Deben proteger a sus ciudadanos del cambio climático: es su derecho humano".

Este clarividente mensaje aparece en una densa sentencia dictada el martes por el máximo tribunal europeo de derechos humanos. ¿La conclusión del tribunal? Los seres humanos tienen un derecho a la seguridad frente a las catástrofes climáticas que está enraizado en su derecho a la vida, la intimidad y la familia.

La decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que cambia las definiciones, significa que casi 50 gobiernos que representan a casi 700 millones de personas tendrán que hacer frente a una nueva era de litigios de comunidades afectadas por el clima que alegan inacción.

Aunque la sentencia en sí no incluye ninguna sanción -el caso se refería a varias mujeres que acusaban a Suiza de no protegerlas de los peligros climáticos-, sienta un poderoso precedente que los ciudadanos pueden utilizar para demandar a los gobiernos ante los tribunales nacionales.

Según Ruth Delbaere, especialista jurídica de Avaaz, una organización sin ánimo de lucro con sede en Estados Unidos que promueve el activismo climático, el veredicto servirá "como modelo para demandar con éxito a tu propio gobierno por los fracasos climáticos".

 Ni siquiera la desestimación simultánea, el martes, de otros dos casos relacionados con el clima, incluido uno de gran repercusión presentado por activistas portugueses que se enfrentaban a más de 30 países a la vez, calmó el ánimo de los defensores del clima. Según los expertos jurídicos, estos casos fueron desestimados en su mayoría por motivos técnicos; los jueces incluso dijeron a los activistas portugueses que juzgaran su caso en Portugal antes de volver al Tribunal de Derechos Humanos con sede en Estrasburgo.

"El Tribunal está diciendo básicamente a los demandantes cuyas acciones fueron desestimadas cómo proceder la próxima vez", afirmó Alberto Alemanno, profesor y especialista en Derecho de la UE.

Cortejar a los tribunales sobre el clima

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos se creó en la década posterior a la Segunda Guerra Mundial, pero su importancia ha crecido en la última generación. Como órgano judicial del Consejo de Europa, organización internacional de derechos humanos, las sentencias del Tribunal son vinculantes para los 46 miembros del Consejo, que abarcan toda Europa y numerosos países fronterizos.

En consecuencia, la sentencia del martes contribuirá a que los litigios climáticos pasen de ser una batalla país por país a una batalla que se extiende por todos los continentes.

Anteriormente, los activistas climáticos habían tenido éxito principalmente en demandar a países individuales para forzar la acción climática.

 En 2019, un veredicto del Tribunal Supremo neerlandés obligó a los Países Bajos a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 25%, mientras que en 2021 un tribunal francés dictaminó que el Gobierno era responsable de los daños medioambientales tras incumplir sus objetivos de reducción de gases de efecto invernadero. Ese mismo año, el Tribunal Constitucional alemán dictaminó que la ley sobre el clima de 2019 era en parte "inconstitucional" porque hacía recaer sobre las generaciones futuras una carga excesiva en la reducción de emisiones.

Incluso en Estados Unidos, jóvenes activistas medioambientales ganaron el año pasado un caso local contra organismos estatales tras argumentar que el uso continuado de combustibles fósiles violaba su derecho a un "medio ambiente limpio y saludable."

En 2021, un tribunal francés dictaminó que el gobierno era responsable de los daños medioambientales tras incumplir sus objetivos de reducción de gases de efecto invernadero. | Thomas Samson/AFP vía Getty Images

Pero 2024 se perfila como un punto de inflexión para los litigios climáticos, redefiniendo quién tiene derecho a demandar por cuestiones climáticas, qué argumentos pueden utilizar y a quién pueden dirigirse.

Para empezar, los expertos esperan que la sentencia del martes repercuta en futuros litigios, tanto en Europa como en el resto del mundo. La sentencia incluye incluso medidas concretas que los gobiernos deben adoptar para cumplir sus nuevas obligaciones en materia de derechos humanos relacionados con el clima. La lista incluye cosas como un plazo concreto para alcanzar la neutralidad climática, un camino para llegar a ella y pruebas de que el país está realmente en ese camino.

"La sentencia de hoy contra Suiza sienta un precedente histórico que se aplica a todos los países europeos", declaró Gerry Liston, asesor de la demanda portuguesa desestimada.

Liston argumentó que la decisión presionará a los países para que garanticen que sus políticas se ajustan al objetivo del Acuerdo de París de mantener el calentamiento global dentro de 1,5 grados centígrados.

En concreto, el veredicto también podría afectar a los resultados de otras seis demandas climáticas de alto perfil pendientes ante el tribunal de derechos humanos, incluida una demanda respaldada por Greenpeace que cuestiona si la decisión de Noruega de conceder nuevas licencias de petróleo y gas cumple con su estrategia de reducción de emisiones de carbono.

Una estrategia jurídica emergente

Luego está el cambio teórico enterrado en la redacción del tribunal.

Joie Chowdhury, abogado del Centro de Derecho Ambiental Internacional, afirmó que el resultado del caso suizo amplía el concepto jurídico de quién puede "considerarse víctima de daños climáticos" con "derecho a reclamar justicia climática", así como "quién puede ser considerado responsable de las contribuciones al cambio climático o de la inacción al respecto".

Greenpeace apoya una demanda que cuestiona si la decisión de Noruega de conceder nuevas licencias de petróleo y gas cumple su estrategia de reducción de emisiones de carbono. | Hakon Mosvold Larsen/EFE vía EPA

Y añadió: "No puede ser que, como el cambio climático afecta a todo el mundo, nadie pueda buscar remedio, o que, como tantos países son responsables del cambio climático, nadie pueda rendir cuentas".

 Y aunque sólo el caso suizo prosperó el martes, los observadores jurídicos sostienen que el trío de demandas ya ha reconfigurado la estrategia de los tribunales climáticos.

"Estos casos se basan unos en otros, y así deben entenderse", afirmó Corina Heri, investigadora de derechos humanos de la Universidad de Zúrich. El caso portugués, por ejemplo, "cambió lo que se creía jurídicamente posible", dijo, y "creó nuevos enfoques sobre cuánto saben los Estados y cuánto se puede esperar que hagan en relación con el cambio climático".

Se espera que en los próximos meses otros organismos internacionales emitan sus propias sentencias sobre las mismas espinosas cuestiones jurídicas, lo que podría consolidar aún más la tendencia evolutiva.

La Corte Internacional de Justicia, el Tribunal Internacional del Derecho del Mar y la Corte Interamericana de Derechos Humanos tienen casos similares en trámite.
"El conjunto de estos casos aclarará las obligaciones jurídicas de los Estados de proteger los derechos en el contexto del cambio climático y sentará las bases para las próximas décadas", afirmó Chowdhury, del Centro de Derecho Medioambiental."                     ( Federica Di Sario  , POLITICO, 09/04/24, traducción DEEPL)