Mostrando entradas con la etiqueta c. Economía española: competitividad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta c. Economía española: competitividad. Mostrar todas las entradas

6.5.26

España tiene mejores puntos de apoyo que sus vecinos... el déficit público al 2,2%; la deuda, 24 puntos por debajo del peor pico de la pandemia, en marzo de 2021 (124,2%); la electricidad, entre un tercio y la mitad más barata que los socios; el empleo rozando los 22 millones de cotizantes... Al final la base va siendo el potente crecimiento económico... ¿De verdad estas cifras no pespuntean un milagro económico? Complacencias y ninguneos aparte, ¿acaso no sirven a todos, de todas las sensibilidades, como plataforma de futuro? Desde la pandemia ya no ocurre que cada crisis se maneje con ajustes de empleo, o sea, con más paro. Ya no... además, otras dos maldiciones tradicionales capotan. La inversión total, pública y privada, por quinto ejercicio ha aumentado continuamente... y la productividad se duplicó al 1% de media entre 2019 y el año pasado... esa es la madre de todas las batallas: para asegurar aumentos de rentas; para exportar más, para competir mejor; para mejorar el Estado del bienestar. Aún falta bastante para acabar de colmar la brecha con la media de la UE. Pero la nave va... (Xavier Vidal-Folch)

 "Si la guerra de Irán no alumbra una catástrofe económica, y aunque la crisis mantenga su preocupante ritmo de galope, este país tiene mejores puntos de apoyo que sus vecinos.

Así, el déficit público al 2,2%; la deuda, 24 puntos por debajo del peor pico de la pandemia, en marzo de 2021 (124,2%); la electricidad, entre un tercio y la mitad más barata que los socios; el empleo rozando los 22 millones de cotizantes, cuando eran menos de 10 millones en 1985, antes de entrar en la Europa comunitaria.

Al final la base va siendo el potente crecimiento económico. No solo en el trienio 2022-2024 el PIB de España ha crecido a un ritmo 3,25 veces superior a la media de la eurozona. Es que el FMI pronostica para este año un alza de la economía del 2,1%. Y ya el dato español del primer trimestre (alza del 0,6%) duplica el alemán (0,3%).

¿De verdad estas cifras no pespuntean un milagro económico? Complacencias y ninguneos aparte, ¿acaso no sirven a todos, de todas las sensibilidades, como plataforma de futuro? O sea, para mejorar lo pendiente, que solo se identifica bien cuando se reconoce lo ya alcanzado.

Los lectores críticos —¡gracias!, nos obligan a más— aducen, raudos, que el crecimiento es un concepto algo etéreo, que no da cuenta al detalle del progreso real, ni de la equidad o injusticia en su distribución.

Cierto, si se comparan las rentas de las clases trabajadoras con las de los ejecutivos bancarios, por ejemplo. Cierto, porque en épocas de crisis (y llevamos algunas) los salarios tardan más en equipararse a la inflación, y en sus primeros compases (a veces en todos), se registran pérdidas de poder adquisitivo. Y eso resulta dramático respecto al problema de la vivienda.

Pero también es noticia el salto de los sectores menos protegidos. El 10% más pobre de los asalariados aumentó un 50% su remuneración entre 2017 y 2023 (Instituto de Estudios Fiscales). Y además, si el empleo es la mejor política social porque difunde efectos positivos en todos los ámbitos, su evolución resulta relevante. Desde la pandemia ya no ocurre que cada crisis se maneje con ajustes de empleo, o sea, con más paro. Ya no.

Además, otras dos maldiciones tradicionales capotan. La inversión total, pública y privada, lleva cinco años tomando pulso. Por quinto ejercicio ha aumentado continuamente: en 2025 creció un 5,1% (Fundación BBVA e IVIE).

Y la productividad, incluso en fase de alto absentismo, también: empezó a recuperarse en 2014 (Gobierno Rajoy), hasta 2019, al ritmo de un 0,5%. Y se duplicó al 1% de media entre esa fecha y el año pasado (Primer Informe del Consejo de Productividad de España): esa es la madre de todas las batallas: para asegurar aumentos de rentas; para exportar más, para competir mejor; para mejorar el Estado del bienestar. Aún falta bastante para acabar de colmar la brecha con la media de la UE. Pero la nave va." 

(Xavier Vidal-Folch , El País, 03/05/26)  

26.3.26

Nunca creí leer algo así: El crecimiento económico de España, el mayor entre las grandes economías europeas, ocupa desde hace tiempo los titulares de la prensa francesa, que mira con envidia y cierto asombro lo que han bautizado como “el milagro económico ibérico”. Los economistas y la clase política se plantean si parte de la fórmula es aplicable en Francia... ¿Cuál es la receta de crecimiento económico que hace soñar a Francia?”, titula France Info... Los expertos coinciden en que si España ha logrado sostener tasas de crecimiento elevadas es gracias a algunas reformas, como la del mercado laboral de 2021, a la apuesta por las energías renovables, que le ha dado mayor independencia energética, y también por la integración de la inmigración en el mercado de trabajo. “España ha disfrutado de una coyuntura favorable y ha sabido jugar bien las cartas que tenía. Ha sido de los principales beneficiarios de las ayudas posteriores a la crisis de la covid, y las ha invertido bien, en sectores de futuro. Ha habido una conjunción de factores favorables, pero también elecciones acertadas y adaptadas a las circunstancias”... (Raquel Villaécija)

 "El crecimiento económico de España, el mayor entre las grandes economías europeas, ocupa desde hace tiempo los titulares de la prensa francesa, que mira con envidia y cierto asombro lo que han bautizado como “el milagro económico ibérico”. Los economistas y la clase política se plantean si parte de la fórmula es aplicable en Francia, que busca cómo hacer ajustes presupuestarios para reducir su elevado déficit con un crecimiento limitado.

“¿Cuál es la receta de crecimiento económico que hace soñar a Francia?”, titula France Info en un análisis. Otro medio, Le Nouvels Obs, habla de España como la “economía faro de Europa”, y los economistas Cecilia García-Peñalosa y Alain Trannoy firmaron una tribuna reciente en el periódico Le Monde en la que desgranaban las medidas que han hecho que España, uno de los países más golpeados por la crisis de 2008, triplique el crecimiento francés, con un auge del PIB del 2,8% en 2025, frente al 0,9% galo.                              

“Hay un contexto político que, aunque para algunos no sea el ideal, si lo comparamos con países como el Reino Unido, Alemania o Francia, en España es más favorable. Francia piensa ya en las próximas elecciones presidenciales, lo que no facilita la cooperación ni apertura al diálogo entre la clase política”, explica García-Peñalosa, economista de la Universidad de Aix en Provence.

Francia ha cambiado de primer ministro varias veces en el último año y acaba de aprobar los presupuestos de 2026 por decreto, tras meses de arduas negociaciones en las que los grupos parlamentarios no han conseguido ponerse de acuerdo para sacarlos adelante. España lleva prorrogando los suyos desde 2023, pero, como explica a este periódico Alain Trannoy, economista del Cercle des Economistes, “se hace de manera automática, mientras que en Francia no hay cultura de pactos y sacar adelante reformas, incluso las cuentas, es costoso”,

España, según Claudia Ramírez, economista de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), tiene un crecimiento muy superior al de la zona euro, impulsado por el consumo y la inversión privada. “Esta demanda interior, por ejemplo, está muy debilitada en Francia, donde pesa mucho más la incertidumbre política y se tiende al ahorro”, recuerda.

Los expertos coinciden en que si España ha logrado sostener tasas de crecimiento elevadas es gracias a algunas reformas, como la del mercado laboral de 2021, a la apuesta por las energías renovables, que le ha dado mayor independencia energética, y también por la integración de la inmigración en el mercado de trabajo. “España ha disfrutado de una coyuntura favorable y ha sabido jugar bien las cartas que tenía. Ha sido de los principales beneficiarios de las ayudas posteriores a la crisis de la covid, y las ha invertido bien, en sectores de futuro. Ha habido una conjunción de factores favorables, pero también elecciones acertadas y adaptadas a las circunstancias”, explica Alan Trannoy.

Estos son los pilares de la economía española más analizados por los franceses:

Reforma laboral

La reforma del mercado laboral “ha funcionado. Era un mercado rígido que hacía daño tanto a los trabajadores como a las empresas”, dice García-Peñalosa. Para Trannoy, se han “equilibrado los desajustes al hacerse más contratos indefinidos. Se ha logrado un buen mix, que ha sido bueno para la inserción laboral y no ha degradado las relaciones entre empresarios y asalariados a largo plazo”.

La izquierda francesa ha defendido algunas medidas adoptadas por el Gobierno español, como el aumento del salario mínimo, “que ha tenido un efecto positivo y ha integrado en el mercado laboral a gente que había salido, a la que les salía más rentable cobrar un subsidio, y ha aumentado el consumo”, dice García-Peñalosa. En Francia el salario mensual bruto es de 1.800 euros, más elevado que en España (1.184 euros), aunque el salario real ha aumentado un 3,3% desde la pandemia, mientras que en Francia ha caído un 1,2%, cifra Ramírez.

Inmigración

La inmigración, destacan los economistas franceses, ha sido clave en el crecimiento español. “Es una carta que otros países no podían jugar, pues hay más oposición política. Pedro Sánchez ha sabido sacarla en el buen momento, y esto ha beneficiado al sector del turismo y de la construcción”, admite Trannoy.

“La de España es una inmigración de fácil asimilación, pues hay una cultura y una lengua común, que ha hecho que se ocupe cierta mano de obra y crezca el consumo interno”, explica Claudia Ramírez, de la OCDE. En Francia hay muchas más reticencias a integrar a los extranjeros en el mercado laboral, incluso en los puestos que los franceses no quieren ocupar, pues hay más problemas de integración.

Energía

España, gracias a la apuesta por las renovables, no se ha visto tan afectada por la crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania, que ha golpeado sobre todo a Francia, que ha redoblado su apuesta por la nuclear para tratar de alcanzar una soberanía energética. España “tiene una independencia que le ha permitido tener unos precios bajos. No ha sido visión política, sino suerte y casualidad. Una decisión que se tomó en el buen momento”, según García-Peñalosa.

Resiliencia

Para los expertos, España ha sabido hacer reformas en su momento, mientras que en Francia hay una gran resistencia. La de las pensiones, aprobada en 2023 con una fuerte oposición en la calle porque elevaba la edad de jubilación a los 64 años, ha quedado suspendida. Fue la condición de la izquierda para no censurar al primer ministro, Sébastien Lecornu. España fue uno de los países más afectados por la crisis de la deuda soberana de 2008, y “hubo una toma de conciencia y se hicieron reformas. En situación de crisis, los franceses miran al Estado como el salvador, eso es una especificidad de este país que impide la sostenibilidad de las finanzas públicas, pues debilitar el sistema de ayudas tendría un altísimo coste político”, dice Trannoy. El gasto público en Francia se come el 57% del presupuesto, “es un 10% superior, y el reparto está menos compensado entre las regiones y el Estado, que es el que tiene el control”, añade.

Para los expertos, es una cuestión de resiliencia. Y coinciden en que España sale más fuerte de las recesiones, en parte porque a Francia ninguna crisis le ha afectado tanto. “Además, no hay cultura de pactos. En Alemania o España, los partidos que ganan están obligados a pactar con los regionales”, dice García-Peñalosa.

“Es una sociedad en la que no hay confianza en el otro, el obrero con el jefe y viceversa, en la clase política, en la oposición, la élite en el resto de la población. Esta falta de confianza no existe en España o el Reino Unido, por ejemplo. Esto crea una oposición a hacer reformas porque hay miedo a que el otro esconda algo. Toda decisión económica se ve como “si yo gano, tú pierdes”, añade la profesora de la Universidad de Aix en Provence.

Hay problemas comunes, como los altos precios de la vivienda, que merman el poder adquisitivo y, coinciden los expertos, hace falta una política rigurosa a ambos lados de los Pirineos. Además, recuerda la experta de la OCDE, aunque París se inspire en las cifras españolas, el ingreso per capita sigue estando un 10% por debajo de la media de los países de la OCDE, la tasa de empleo está por debajo de la media de la zona euro y la de paro (10%) sigue siendo superior para los estándares europeos (6% de promedio)." 

(Raquel Villaécija , El País, 01/03/26)   

6.3.26

El crecimiento económico per cápita en España se ha traducido en un aumento de la productividad por hora del 0,7% anual y en un crecimiento del 2% anual de la ratio entre horas trabajadas y población total, y la remuneración real por hora trabajada ha crecido por encima del crecimiento de la productividad por hora, y el peso de las rentas del trabajo en el PIB se ha elevado hasta el 62,5%... algunos factores que podrían explicarlo no son meramente coyunturales, y están relacionados con los cambios en el mercado de trabajo (creación de empleos indefinidos y reducción de la temporalidad, aumento de las ocupaciones técnicas y del empleo en sectores de alto valor añadido y en empresas de mayor tamaño); con un giro de la inversión hacia un mayor peso de los activos intangibles y relacionados con las tecnologías de la información, y un aumento de la actividad innovadora (por ejemplo, patentes) y, finalmente, con el impulso de la inversión pública asociada a los fondos europeos (Jorge Uxó, Un. Complutense)

"Durante más de veinte años, los salarios españoles se "desacoplaron" del crecimiento real de la economía, castigando el poder adquisitivo de los hogares. Sin embargo, los datos recientes revelan un cambio de rumbo. El profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense Jorge Uxó expone cómo la remuneración por hora trabajada ha logrado superar, al fin, al avance de la productividad. ¿Bastarán las políticas actuales para mantener este reparto y asegurar una verdadera "prosperidad compartida"? 

 España está registrando tasas de crecimiento del producto interior bruto (PIB) muy por encima de la zona euro: 2,8% en 2025, o una media del 3,8% en los últimos cuatro años (2022-2025, para no incluir los años de la pandemia). Y aún es más relevante que, en un contexto de aumento de la población (1% anual, asociado a la entrada de personas migrantes), crezca también el PIB per cápita (2,7% de media en estos cuatro años), se haya elevado 3 puntos la tasa de empleo y exista una tasa de paro por debajo del 10% por primera vez en 17 años. Por comparar con las expansiones anteriores de este siglo, en los años de la burbuja inmobiliaria (2000-2008) el PIB per cápita creció un 1,8% anual y en la recuperación que siguió a la crisis financiera (2014-2019) lo hizo al 2,4% anual.

¿Está mejorando también la productividad? La reciente publicación del primer Informe Anual del Consejo de la Productividad de España (disponible aquí) es una oportunidad para reflexionar sobre ello.

¿Cómo se reparte el crecimiento del PIB per cápita entre empleo y productividad en España?

Empecemos por decir que, para atender el crecimiento de su demanda, las empresas elevan la producción con una combinación (variable) de más horas de trabajo y de mayor productividad por hora trabajada. Pero este reparto está condicionado por algunas circunstancias que no pueden modificarse de manera inmediata: la estructura productiva y la composición sectorial de esa demanda; la dotación de capital disponible y sus características tecnológicas; la organización empresarial; o las características de las personas que trabajan en esas empresas. A la vez, la productividad puede crecer por factores muy diversos: la propia dinámica económica, que permite aprovechar mejor las economías de escala e incentiva la ampliación del capital y la incorporación de mejoras tecnológicas; el aumento del peso de sectores y empresas más productivas, o de las ocupaciones más cualificadas; la introducción de innovaciones o de decisiones organizativas por parte de las empresas, o mejoras en la cualificación y experiencia de la mano de obra.

Es habitual hablar de crecimiento "intensivo" o "extensivo" para referirse a situaciones en las que el crecimiento se materializa principalmente en aumentos de la productividad por hora, en el primer caso, o de las horas trabajadas, en el segundo. En ocasiones se expresa de forma categórica una preferencia por el crecimiento intensivo, considerándolo mejor que el crecimiento extensivo, pero es necesaria una mayor prudencia.

En los últimos cuatro años, el crecimiento económico per cápita en España se ha traducido en un aumento de la productividad por hora del 0,7% anual y en un crecimiento del 2% anual de la ratio entre horas trabajadas y población total. Pues bien: lejos de confrontar ambas cifras, estas son —conjuntamente— las dos primeras buenas noticias.

Por un lado, el crecimiento del empleo (más personas trabajando y mayor intensidad laboral, por la extraordinaria reducción de la temporalidad) es una de las vías más importantes que permite ampliar las personas que se benefician de los frutos del crecimiento del PIB. Sin el aumento del empleo, esas personas quedarían excluidas de esa mejora. En un país caracterizado históricamente por tasas de paro elevadas, su reducción debe seguir siendo un objetivo prioritario de la política económica. La creación de empleo ha permitido que el porcentaje de hogares con personas activas en los que todas estaban desempleadas se haya reducido en 2,6 puntos a finales de 2025 respecto al que había a finales de 2021, y que el porcentaje de hogares en los que todos sus miembros activos tenían un empleo se haya incrementado en 5,6 puntos. El porcentaje de personas que viven en hogares con baja intensidad laboral —un indicador frecuentemente asociado con el riesgo de pobreza— también se ha reducido: desde el 11,7% en 2021 hasta el 8% en 2025. Todas estas cifras también son mejores que en 2019, antes de la pandemia.

Por otro lado, el crecimiento de la productividad por hora registrado en estos años (0,7% anual) es mayor que el observado durante la burbuja inmobiliaria (0,4% anual) o en el periodo anterior a la pandemia (0,5%). Solo fue más alto durante la Gran Recesión (2009-2013, cuando creció un 2%), pero se debió a la masiva destrucción de empleo y se acompañó de una caída del PIB per cápita. Hablando de crecimiento intensivo o extensivo, de hecho, los últimos años son el periodo de crecimiento en que el aumento de la productividad por hora representa el mayor porcentaje de avance del PIB per cápita (26%, frente al 21% en 2014-2019 y 18% en 2000-2008).

El mayor crecimiento de la productividad tiene, indudablemente, efectos positivos. Por ejemplo, permite alcanzar las mismas tasas de crecimiento del PIB per cápita a la vez que se reduce la jornada laboral (por eso es una mala idea usar el PIB por persona ocupada, en vez de por hora trabajada, para medir los avances de la productividad). Y también es necesario para garantizar un ritmo adecuado de crecimiento una vez que la economía se vaya acercando al pleno empleo, especialmente si el peso de la población en edad de trabajar se reduce.

Aunque todavía es necesario que transcurra más tiempo para confirmar que este mejor desempeño de la productividad se consolida, algunos factores que podrían explicarlo no son meramente coyunturales, y están relacionados con los cambios en el mercado de trabajo (creación de empleos indefinidos y reducción de la temporalidad, aumento de las ocupaciones técnicas y del empleo en sectores de alto valor añadido y en empresas de mayor tamaño); con un giro de la inversión hacia un mayor peso de los activos intangibles y relacionados con las tecnologías de la información, y un aumento de la actividad innovadora (por ejemplo, patentes) y, finalmente, con el impulso de la inversión pública asociada a los fondos europeos.

Que la productividad crezca es importante, pero no suficiente para que las familias se beneficien del buen desempeño macroeconómico: además, debe repartirse adecuadamente. Para la mayoría de los hogares, las rentas del trabajo son la fuente principal de sus ingresos. Por tanto, la traducción de los crecimientos de la productividad en crecimientos de los salarios es muy relevante para que podamos hablar, realmente, de una "prosperidad compartida".

Es un hecho conocido que la tendencia más o menos paralela que habían seguido la productividad y los salarios durante buena parte del siglo XX en las economías desarrolladas se quebró a partir de los años ochenta de ese siglo. Aunque en la literatura académica hay debate sobre sus causas, lo cierto es que los salarios se "desacoplaron" desde entonces del crecimiento de la productividad y las rentas del trabajo perdieron peso en la renta nacional. España no ha sido una excepción.

Fijándonos en este siglo, los datos que ofrece AMECO muestran que el peso de las rentas del trabajo en el PIB pasó del 65% en el año 2000 al 59% en 2017, cuando alcanzó su punto más bajo. Es decir: durante estos años, los crecimientos de la productividad solo se tradujeron (muy) parcialmente en mejoras salariales.

La tercera buena noticia (aunque aún insuficiente) es precisamente el cambio que se observa en esta tendencia: en los años 2018 a 2025, la remuneración real por hora trabajada ha crecido por encima del crecimiento de la productividad por hora, y el peso de las rentas del trabajo en el PIB se ha elevado hasta el 62,5% (una cifra que es todavía inferior a la registrada a principios de siglo).

Aún no disponemos de suficientes datos para poder afirmar categóricamente cuáles son las causas de este cambio de tendencia, pero las políticas laborales desplegadas estos años han podido jugar nuevamente un papel relevante (en particular, la subida del SMI y la reforma laboral para reducir la temporalidad) junto al mayor peso de las ocupaciones técnicas —mejor remuneradas— en el empleo que se ha creado. Estos factores han compensado, a partir de 2023, la reducción de los salarios reales durante la crisis inflacionista, cuando las empresas trasladaron a sus precios finales los aumentos en los costes de la energía y materias primas (manteniendo o aumentando los márgenes de beneficios).

Tres desafíos para consolidar la productividad y su reparto

Una de las principales razones que explican el malestar que se observa en amplias capas de la sociedad española a pesar del crecimiento económico reciente tiene que ver con el estancamiento que han experimentado los salarios reales en las primeras dos décadas de este siglo. En parte, esto está relacionado con la desaceleración del crecimiento de la productividad que se registró a partir de los años noventa. Pero también, como vemos, con el hecho de que ni siquiera ese menor crecimiento se ha trasladado durante buena parte de este periodo al crecimiento de los salarios. En los últimos años, esto se ha empezado a corregir: la productividad ha crecido más y se ha repartido mejor. Según los datos de contabilidad nacional, el salario real por persona asalariada en 2025 es un 1,7% mayor que en 2021 (y un 4% mayor que en 2019), aunque la subida de los precios de compra de viviendas y de los alquileres ha absorbido seguramente una parte importante de estas ganancias.

Los datos que hemos presentado hasta aquí reflejan que el panorama de la productividad ha cambiado a mejor en España en estos últimos años. Lejos de la complacencia (nuestra productividad sigue siendo aproximadamente el 77% de la de media de la zona euro), el reto para los años que vienen es consolidar este cambio mediante las políticas públicas adecuadas. En este sentido, cabe destacar tres desafíos especialmente relevantes. 

En primer lugar, la inversión empresarial ha sido uno de los componentes de la demanda que ha registrado un menor dinamismo en estos años. Esto es en cierta medida sorprendente, porque, aunque las empresas contaban con capacidad productiva todavía sin utilizar, ocurre en un contexto de fuerte expansión de la demanda. Además, el sector de sociedades no financieras ha acumulado en estos años recursos, producto de los beneficios obtenidos, que se han dedicado a reducir la deuda o adquirir activos financieros antes que activos productivos. Por eso cabe valorar positivamente iniciativas como el anunciado fondo público soberano España Crece, vinculado a los fondos europeos, en la medida en que puedan servir de marco estratégico estable para un relanzamiento de la inversión hacia sectores especialmente relevantes.

El segundo desafío tiene que ver con la inversión pública, que ha tenido en estos años un mejor desempeño que la privada, gracias al impulso de los fondos europeos. Sin embargo, sigue situándose por debajo de la media europea en porcentaje del PIB, por lo que en los próximos años debe mantenerse este esfuerzo inversor. En este sentido, los PERTE son un instrumento novedoso de política industrial cuya continuidad puede ser útil para dirigir recursos hacia sectores con un mayor potencial de cambio estructural y crecimiento de la productividad. Por eso es tan relevante evaluar su diseño, su gobernanza y su impacto final sobre la productividad y la inversión productiva privada.

Por último, para que los crecimientos de la productividad se traduzcan realmente en mejoras para la mayoría de la población, es necesario romper con el estancamiento que los salarios reales han sufrido en las últimas décadas. La experiencia pasada nos enseña, sin embargo, que no se puede dar por seguro que el aumento de la productividad se traslade, en la misma medida y de forma automática, a mayores salarios o menores jornadas laborales. Cualquier estrategia para incrementar la productividad debe ir acompañada por políticas públicas para seguir favoreciendo su reparto adecuado." 

(Jorge Uxó , Un. Complutense, Agenda Pública, 05/03/26)  

26.2.26

El déficit comercial español está en máximos ¿Y qué se está importando? Principalmente bienes de capital y semi-manufacturas. Es decir: maquinaria, equipos, componentes industriales. Esto no es consumo exuberante: es inversión. Son inputs ligados al ciclo expansivo empresarial... Los crecimientos de la inversión históricamente siempre han venido de la mano de un incremento de las importaciones de estas dos partidas, y esta vez volvemos a ver el mismo patrón... El mayor déficit comercial español puede ser el reflejo de mayor inversión Si el aumento del saldo negativo viene por más bienes de capital, lo que estamos viendo es ampliación de capacidad productiva hoy para crecer más mañana. El déficit, en este caso, es síntoma de dinamismo (Ángel Talavera)

Ángel Talavera @atalaveraEcon

El déficit comercial español está en máximos, 57 mil millones en 2025. ¿Es automáticamente una mala noticia? No necesariamente. El problema no es el déficit en sí, sino qué lo está provocando. Y los datos apuntan a algo más interesante que un simple deterioro externo.

 Las exportaciones están prácticamente estancadas: crecimientos de menos del 1% en 2025. Eso es el punto débil, y no debería ser sorpresa. Pero el fuerte aumento del déficit no viene por colapso exportador, sino por el lado de las importaciones, que crecen 5% el año pasado.

 ¿Y qué se está importando? Principalmente bienes de capital y semi-manufacturas. Es decir: maquinaria, equipos, componentes industriales. Esto no es consumo exuberante: es inversión. Son inputs ligados al ciclo expansivo empresarial.

 Los crecimientos de la inversión históricamente siempre han venido de la mano de un incremento de las importaciones de estas dos partidas, y esta vez volvemos a ver el mismo patrón.

 Resumen: mayor déficit comercial puede ser el reflejo de mayor inversión. Si el aumento del saldo negativo viene por más bienes de capital, lo que estamos viendo es ampliación de capacidad productiva hoy para crecer más mañana. El déficit, en este caso, es síntoma de dinamismo. 

5:07 p. m. · 24 feb. 2026 ·25 mil Visualizaciones

19.2.26

El inexistente Apocalipsis. La positiva capacidad de la economía española... destaca la robustez de la economía española en un contexto geopolítico convulso... las causas: el crecimiento económico y la reducción del déficit... En los últimos cinco años, el verdadero motor de las exportaciones españolas de bienes ha sido la industria química. No se trata de una casualidad ni de un simple arrastre por tendencias globales, sino de una ganancia real de cuota en los mercados internacionales. Esta evolución demuestra la importancia de la estrategia frente al azar en la consolidación de España en sectores dinámicos. En resumen, la Universidad de Harvard considera alentador el patrón exportador actual, ya que la mayor parte del crecimiento procede de productos de complejidad media y alta, con especial protagonismo de los bienes intermedios y farmacéuticos. Dadas sus exportaciones actuales, algunos de los sectores con mayor potencial para la diversificación productiva en España son la maquinaria industrial y la maquinaria y equipos eléctricos. Avanzar en la diversificación y complejidad de la estructura productiva permitirá a la economía española gozar de salarios reales más altos... la economía española ha sabido navegar, de manera que ha sido —y es— observada como un modelo en política económica desde espacios mediáticos y políticos en Italia, Francia, Alemania y el Reino Unido... los factores esenciales que destacan son: el crecimiento potente del PIB, la diversificación económica (los servicios no turísticos con cuota exportadora), el gran dinamismo del mercado laboral, la efectiva atracción para los inversores extranjeros, la confianza en los mercados financieros y la relevancia de la economía turística (Carles Manera)

"Carles Manera: El inexistente Apocalipsis. La positiva capacidad de la economía española

ENERO 2026

Resumen

Desde plataformas mediáticas conservadoras se han ido publicando análisis económicos que destacan una situación calamitosa de la evolución económica de España, con un vector clave de divulgación: la mala actuación del Gobierno de coalición en política económica, reflejada —se indica— en las nega tivas cifras de la evolución del PIB per cápita. Estos apuntes aguantan poco el espejo implacable de los datos, pero han sido recogidos por los voceros de la oposición política, por boca del líder de la derecha conservadora. El presente trabajo persigue contrarrestar esas afirmaciones, a partir de la presentación y el análisis de variables de toda solvencia, de manera que se destaca la robustez de la economía española en un contexto geopolítico convulso.

1. Introducción

Desde plataformas mediáticas conservadoras se han ido publicando análisis eco nómicos que destacan una situación calamitosa de la evolución económica de España, con un vector clave de divulgación: la mala actuación del Gobierno de coalición en política económica, reflejada en las negativas cifras de la evolución del PIB per cápita. Estos apuntes, que aguantan poco el espejo implacable de los datos, han sido recogidos por los voceros de la oposición política, por boca del líder de la derecha conservadora, Alberto Núñez-Feijóo. Se habla, entonces, de que 2025 cierra el “peor año de la democracia” (sic), con frases incendiarias que hablan del “colapso del sanchismo” (sic), de su año final1. Una hiperventilación exacerbada, sin que se aporte dato alguno. De nuevo, cabalgan para las derechas los jinetes del Apocalipsis, abocados a destruir todo lo que se les cruza, espoleados por una retórica tremendista que vomita de manera reiterada todo tipo de mensajes fatalistas, corrosivos, de un pretendido final de ciclo que dará paso, ahora sí, al nirvana de la gran recuperación de la mano de unas formaciones ultraconservadoras cuya política económica propositiva es, lo afirmamos sin tapujos, meridianamente desconocida. Un erial. Estamos, una vez más, ante una cuestión de fe. Podemos intuir, sin embargo, por dónde irían los caminos de una alianza de las derechas para gobernar España si oteamos lo que están desplegando en las comunidades autónomas donde ya tienen responsabilidades de gestión: reducción de impuestos a las rentas altas y procesos graduales de privatización de servicios públicos estratégicos, como la sanidad y la educación. Ese es el frontispicio en el que, además, se habla de una excesiva presión fiscal en España, y ello se vincula a una mala gestión de la economía pública. Otra afirmación que no se sustenta en la realidad.

Frente a esos asertos, debemos acudir a los datos oficiales: los que ofrecen instituciones respetables, tanto nacionales como internacionales, variables que deberían conocer los propagadores de ese infierno que describen. Si no saben de esas cifras, su ignorancia es supina; si las conocen —nos tememos que sí—, entonces esa fe a la que aludíamos se convierte en algo distinto: en mala fe, en tergiversación, en mentira, en bulo. Y todo ello les invalida. Nada, por otra parte, que no conozcamos ya.

2. Una economía robusta

Dejemos que los caballos apocalípticos sigan relinchando. Y vayamos a las magni tudes económicas centrales. Empecemos con el último informe del Banco de España sobre previsiones económicas para 2026, presentado en diciembre de 20252. Se señala un crecimiento del PIB esperado del orden del 2,2 %, tras un cierre previsto para 2025 del 2,9 %. Una economía sólida que crece por encima de la media de la eurozona. Una segunda variable, la inflación, se estima en el 2,1 % para 2026, de manera que se acerca al objetivo determinado por el Banco Central Europeo del 2 %. En paralelo, el mercado laboral crea empleo: este es un gran motor del crecimiento —con 21,8 mi llones de afiliados a la Seguridad Social—, que no excluye aumentos salariales en 2026; la tasa de paro previsible: 10 %, descendiendo desde el dato de 2025 (10,6 %). Otros dos vectores, el déficit público y la deuda, aportan guarismos importantes. En relación con el primero, se prevé una reducción hasta el 2,1 % sobre el PIB, desde la cifra del 2,5 % para 2025; en cuanto al segundo, la deuda pública puede ubicarse por debajo del 100 % sobre el PIB en 2026. Las causas: el crecimiento económico y la reducción del déficit.

Diversos análisis procedentes de servicios de estudios van en la misma dirección. A título de muestra, CaixaBank Research expone el repunte del consumo privado, la fortaleza del mercado laboral y la moderación de la inflación, junto con la revisión al alza de los cálculos sobre el PIB, como elementos explicativos de la perspectiva ma croeconómica española: las nuevas estimaciones plantean un escenario positivo para la economía, con la demanda interna como primordial motor3. En líneas similares, tenemos los informes de FUNCAS y de BBVA4. Por su parte, AIReF señala que la economía española crecerá en torno al 2 % en 2024 y que el déficit público se reducirá hasta el 3 % sobre PIB5.

Los datos presentados por el regulador español se alinean con los publicados por otras entidades internacionales de referencia, tal y como se comprueba en la tabla 1. Las cifras correspondientes al PIB per cápita, un tema que ha suscitado enorme revuelo, habida cuenta de que se ha afirmado que el PIB per cápita se encuentra congelado al nivel de 2019, manifiestan, a partir de la base de datos de Eurostat, que esa hibernación no parece nada clara si se consultan la tabla 2 y los gráficos 1 y 2. En el apartado de euros constantes, y adoptando como índice base 2020, el avance es notable desde 2021, con un crecimiento previsible del 25 % para 2025 (con variables del FMI todavía provisionales en este último caso, y a la espera del dato estadístico que divulgue Eurostat).

Las comparaciones con medias comunitarias permiten observar varios factores (véanse gráficos 3 y 4):

El crecimiento del PIB per cápita en euros constantes, con base 100 en 2020, señala el mayor avance de la economía española con relación a la UE-27. La recuperación poscovid ha sido más intensa en el caso de España.

Ahora bien, si adoptamos el criterio de paridad de poder adquisitivo (PPA), se constata que España se encuentra a ocho puntos de la media comunitaria, si bien se corrobora la recuperación a la que remitíamos antes desde 2020. Es decir, se ha ido aproximando al nivel medio de los países de la eurozona.

3. Sobre la redistribución de la renta 6

Los datos anteriores deben sumarse a los disponibles sobre la distribución funcional de la renta entre salarios, beneficios y rentas7. Esto condiciona profundamente la distribución de la renta disponible personal, porque cada renta funcional se asocia a un grupo de población: el trabajo es la principal fuente de ingresos de la mayoría de los hogares; las rentas y los beneficios lo son únicamente para los más ricos, que acaparan casi la totalidad de aquellos, aunque en el capitalismo moderno las capas sociales más privilegiadas también perciben los salarios más altos, un fenómeno que Branko Milanovic denominó homoploutia y que contribuye asimismo a explicar el incremento de la desigualdad interpersonal de la renta8. La distribución funcional también afecta a la personal por vías indirectas, como a través de la tasa de crecimiento del PIB, el empleo, el endeudamiento de los hogares, etc.

Por todo ello, la caída de la participación de los trabajadores en la renta se asocia con un aumento de la desigualdad de la renta personal y de la riqueza. En el mundo occidental, así ha ocurrido desde los años setenta, y de manera especialmente destacada en España, donde dicha participación ha descendido unos 14 puntos porcentuales del PIB a precios de factores desde mediados de los años setenta. Este descenso implica que los salarios reales han crecido a un ritmo inferior al de la productividad real por ocupado. En conjunto, puede deducirse que la caída de la participación salarial en el VAB desde 2010 ha contribuido al aumento de la desigualdad personal. Ahora bien, la participación salarial en la renta aporta informaciones de interés, como se recoge en el gráfico 5.

La participación de los salarios cayó notoriamente durante la Gran Recesión. Con la recuperación de tasas positivas de crecimiento económico y la creación de empleo a partir de 2014, la caída del wage share en España se frena, y este permanece estable hasta que inicia una etapa de crecimiento en 2019. A partir de este año, se observa un cambio de tendencia significativo: la participación de la remuneración de los asalariados aumentó con fuerza, impulsada por la recuperación del empleo, el dinamismo del salario mínimo interprofesional y la reducción de la temporalidad tras la reforma laboral. En los años 2021 y 2022, sin embargo, la participación de los salarios volvió a caer debido, en buena parte, al proceso inflacionario que siguió a la crisis de la COVID-19. En 2023, los salarios nominales aumentaron considerablemente, lo que supuso una recomposición parcial de la distribución funcional de la renta a favor del trabajo, aunque sin revertir completamente las pérdidas acumuladas durante 2021 y 2022. Hablamos, entonces, de mejoras en la capacidad de consumo del factor trabajo, un elemento clave que nos acerca a aspectos más microeconómicos9.

Ahora bien, en cuanto a la distribución personal de la renta, la desigualdad en España es sensiblemente superior a la media de la Unión Europea. La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), oficial para el conjunto de la UE-27, sitúa a España entre el cuarto y el octavo puesto de los países más desiguales en el período 2014-2023. La regresión a estas posiciones se explica por los efectos de la crisis de 2008-2014 y su gestión: la desigualdad se disparó hasta niveles muy elevados, tanto por la fuerte caída de las rentas más bajas y la progresiva pérdida de peso de las rentas medias como por la resiliencia de las rentas altas. Todo ello revirtió los avances en la movilidad intergeneracional de ingresos, lo que hizo descender a España hasta el tramo medio-bajo a escala global. Por tanto, la desigualdad es contracíclica: aumenta de forma intensa durante las crisis económicas y disminuye más lentamente y con cierto retraso como subproducto del crecimiento económico.

Los gráficos 6 y 7 señalan un desafío claro para la economía española: la sociedad padece más la pobreza que la europea. Esto también lo indica la tasa de población en riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE, por sus siglas en inglés)10. No obstante, la tasa ha caído desde la pandemia, en línea con el índice Gini, y presenta una tendencia generalmente descendente desde que la economía comenzó a experimentar tasas de crecimiento económico positivas. Lo macro impacta en lo micro.

Las contribuciones que se han presentado se visualizan con claridad en las previsiones para 2025 y 2026, con el contraste entre España, su espacio geoeconómico y algunos de los países más relevantes en la economía europea. Esto es lo que se expresa en el gráfico 8.

Los datos son incuestionables: desde instituciones comunitarias y desde el FMI, se indica que el crecimiento económico español, tanto para 2025 como en el esperado para 2026, va a superar con creces la media de la UE-27, y va a ser más consistente que las cifras recogidas para Alemania, Francia e Italia. España es, por tanto, la economía más dinámica del entorno europeo, y esto es lo que ha promovido comentarios elogiosos desde ámbitos dispares en Italia, el Reino Unido y Francia. Las características fundamentales de este crecimiento diferencial las hemos expuesto en otro lugar —al que remitimos—, con una importante batería de datos oficiales, de carácter nacional e internacional11.

Siguiendo con las comparativas que se han señalado en las extemporáneas declaraciones que se han ido divulgando, la afirmación de que España es un país con enormes impuestos, un “infierno fiscal” (sic)12, según dirigentes y economistas conservadores (abonados a la fallida curva de Laffer todavía13), el gráfico 8 es ilustrativo de la falsedad de esas aseveraciones.

La cifra española está por debajo de naciones de referencia —que siempre se invo can— y, en el gráfico, está por encima de Estados Unidos y del Reino Unido, dos países —sobre todo el primero— que, desde la década de los ochenta, se han definido como los principales artífices de los recortes tributarios a las rentas más elevadas, con claras con secuencias negativas en sus servicios públicos. Y con desenlaces no deseados: aumentos del déficit público y de la deuda. Laffer en estado puro. Por otro lado, desde el ámbito de la economía financiera, los datos son positivos, tal como se recogen en dos indicadores básicos: la prima de riesgo de la deuda española en relación con el bono alemán a diez años y la evolución del mercado bursátil. Esto se dibuja en los gráficos 9, 10 y 11.

El descenso de la prima de riesgo para España es palmario; lo es desde junio de 2012, tras la declaración solemne de Mario Draghi, entonces presidente del Banco Central Europeo. Pero esa variable ha ido perdiendo fuerza a partir de 2022, y su contraste con otros países determinantes de la Unión Europea delata el grado de confianza y solvencia que provoca la deuda española en los mercados financieros14.

En paralelo, la evolución de la bolsa en su índice primordial, el IBEX-35, ha registra do un incremento notable en el cierre de 2025 (superando, según Bloomberg, al EURO STOXX y al S&P 500), en una senda de empuje desde 2023 y tras una etapa complicada entre 2020 y 2022 por la crisis vírica y el estallido de la guerra de Ucrania. El aumento del valor agregado del índice es cercano al 50 % en 2025 respecto a 2024; y del 81 % si la referencia es 2015, una década atrás. Se trata, por tanto, de un indicador clave de los beneficios empresariales y de la confianza inversora.

5. Una sólida economía destacada en el contexto internacional

Los datos expuestos demuestran, una vez más, que las visiones catastrofistas sobre la economía española tienen escaso fundamento, y obedecen más a planteamientos ideológicos que científicos. Tales ideas, además, se enfrentan no solo a lo que exponen las estadísticas oficiales, sino que también chocan contra lo que se está señalando, desde Europa, sobre la solidez y relevancia de la economía española. Sin embargo, sería importante adoptar más medidas valientes que sigan trasladando lo macro a lo micro para dar el impulso que necesitan los años de legislatura que restan hasta 202715. Así, la vivienda —que exige mayor claridad y contundencia para frenar y contener sus altos precios, consecuencia de una escasa oferta pública de vivienda de alquiler social—, las pensiones —que vuelven a ser objetivo de ataques por parte de intereses que buscan su privatización recurriendo al falso e interesado argumento del “enfrentamiento generacional”—, la prestación universal para la crianza —que contribuya a mitigar la pobreza infantil que sufre España—, los impuestos a los muy ricos —que permitan hacer realidad la fiscalidad que necesita un Estado de bienestar propio de un país moderno y avanzado—, la sanidad y la enseñanza públicas —que sufren la asfixia de las comunidades autónomas que gobiernan las derechas de este país—. Un empuje decidido en lo que queda de legislatura, que completaría y daría sentido a los aciertos del Gobierno en la gestión macro de la economía. Un aspecto que, como señalábamos, se resalta en la esfera internacional. Unas muestras representativas:

— En la BBC se afirma que la economía española es la “envidia de Europa […] tiene el mejor desempeño del mundo” (10 de febrero de 2025).

— En el Global Finance Magazine y The Economist: “España: campeona tras la pospandemia” (25 de junio de 2025).

— El FMI sitúa a España como la gran economía avanzada que más crece (14 de octubre de 2025).

— En el Financial Times (27 de diciembre de 2025) se indica que “España reduce diferencias de deuda y atrae la confianza de los inversores”.

— Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea: España es ahora “una potencia económica, como la segunda economía turística más avanzada del mundo”, así como “una pionera en energías renovables y transporte sostenible […] ha ayudado a Europa a convertirse en líder mundial en energías renovables” (El Periódico, 1 de enero de 2026).

Los factores esenciales que se destacan de la economía española en estas informaciones económicas de alta divulgación son: el crecimiento potente del PIB, la diversificación económica —los servicios no turísticos, con cuota exportadora; véase el gráfico 14—, el gran dinamismo del mercado laboral, la efectiva atracción para los inversores extranjeros, la confianza en los mercados financieros y la relevancia de la economía turística —la evolución de la llegada de turistas se representa en el gráfico 13—.

En efecto, en los últimos años, la economía española está experimentando transformaciones que merece la pena destacar. Según el enfoque de la complejidad económica, impulsado desde la Universidad de Harvard, la prosperidad de un país depende en gran medida de su capacidad para sofisticar su estructura productiva. De hecho, los países que albergan una gran diversidad de conocimientos productivos, en particular conocimientos especializados y complejos, son capaces de producir una amplia variedad de productos sofisticados que los otros países no pueden fabricar. Se ha comprobado que la complejidad de las exportaciones de un país predice en gran medida sus niveles actuales de renta o, cuando la complejidad supera lo esperable para su nivel de renta, que el país experimente un crecimiento más rápido en el futuro. Además, la complejidad productiva está estrechamente vinculada a la innovación, la reducción de las desigualdades y la transición hacia sociedades más sostenibles en lo social y en lo ecológico.

Sobre estas bases, la estructura productiva española sigue marcada por sectores de baja complejidad como el turismo y la construcción; sin embargo, entre 2020 y 2023 (último año con datos disponibles), España ha mejorado su posición en la clasificación mundial de complejidad económica (según el Atlas of Economic Complexity, de la Universidad de Harvard)16, pasando del puesto 41 (con un índice de 0,53) al 34 (0,61). Es decir, ha avanzado siete posiciones en tres años. Esto sugiere que se está produciendo una transformación relevante en su estructura productiva. En los últimos cinco años, el verdadero motor de las exportaciones españolas de bienes ha sido la industria química. No se trata de una casualidad ni de un simple arrastre por tendencias globales, sino de una ganancia real de cuota en los mercados internacionales. Esta evolución demuestra la importancia de la estrategia frente al azar en la consolidación de España en sectores dinámicos. En resumen, la Universidad de Harvard considera alentador el patrón exportador actual, ya que la mayor parte del crecimiento procede de productos de complejidad media y alta, con especial protagonismo de los bienes intermedios y farmacéuticos. Dadas sus exportaciones actuales, algunos de los sectores con mayor potencial para la diversificación productiva en España son la maquinaria industrial y la maquinaria y equipos eléctricos. Avanzar en la diversificación y complejidad de la estructura productiva permitirá a la economía española gozar de salarios reales más altos.

En relación con esta temática, los gráficos 13 y 14 suponen sendas consideraciones. En primer término, la potente evolución del turismo desde 2020, tras el hundimiento por la pandemia, hasta llegar a cifras récord en 2025. Esto debe leerse en clave positiva —toda vez que el turismo representa cerca del 14 % del PIB nacional, y sigue siendo un sector relativamente poco considerado por la economía aplicada—, ya que el turismo de masas es capaz, también, de incentivar diversificaciones en el seno del sector terciario de la economía. Pero también existe un registro negativo, habida cuenta de las externalidades de todo tipo que está provocando la actividad turística y sus derivadas (entre estas, el incremento en los precios de la vivienda en zonas tensionadas turísticamente, junto con procesos de gentrificación). En este punto, los impactos ecológicos del turismo en España se han ido analizando, con la determinación de que urgen formas de contención en la venida de visitantes y de contrasaturación en las áreas más congestionadas17. En segundo lugar, el provechoso desempeño de las exportaciones de servicios no turísticos, un factor que, como decíamos, confirma un cierto grado de diversificación de la economía en actividades con mejores valores añadidos. Estas exportaciones, desde 2020, se han incrementado en más del 80 %, y sería importante conocer —con investigaciones específicas— el grado de correlación entre ese potente desarrollo y los proyectos Next Generation EU, al margen de otras iniciativas que se hayan impulsado en relativamente poco tiempo.

6. Conclusión: combatiendo las falacias económicas

Los datos más importantes que se han aportado en este trabajo, provenientes de bases estadísticas públicas y privadas, pero todas ellas de consulta obligada para la economía aplicada, han sido los siguientes:

1. Crecimiento del PIB, 2025-2026.

2. Inflación, 2026.

3. Afiliación a la Seguridad Social, 2025.

4. Tasa de paro, 2025-2026.

5. Déficit público, 2026.

6. Deuda pública, 2026.

7. PIB per cápita, 2010-2021 (euros corrientes y constantes).

8. Comparativa PIB per cápita con países europeos (euros constantes). 9. PIB per cápita en paridad del poder adquisitivo.

10. Remuneración de los asalariados en España, 2000-2023.

11. Índice de Gini, España, UE-27, 2007-2023.

12. Tasa AROPE, España, UE-27, 2017-2023.

13. Presión fiscal España y países OCDE, 2025.

14. Prima de riesgo España y otros países, 2025.

15. Prima de riesgo España, 2017-2025.

16. Cierre cotizaciones bursátiles IBEX 35, 2015-2025.

17. Clasificación de complejidad económica de España.

18. Llegadas de visitantes a España, 2015-2025.

19. Evolución de las exportaciones de servicios no turísticos, 2015-2025.

Las instituciones consultadas: AIReF, Banco de España, CaixaBank Research, Co misión Europea, Eurostat, Financial Times, Fondo Monetario Internacional, FUNCAS, Fundación BBVA, Instituto Nacional de Estadística, OCDE y Universidad de Harvard.

Diecinueve indicadores sustanciales con un rasgo común, y esta es la principal conclusión que se debe extraer, con datos en mano: son positivos para la economía española en diecisiete de ellos —y en los dos restantes se patentizan mejoras desde 2020, y constituyen un toque de atención para el Gobierno—, tanto en los últimos años que se han podido observar como en las previsiones anotadas para 2026. Estas magnitudes señalan un corolario más que evidente: no denotan el retroceso económico y el catastrofismo derrotista que se predica desde amplios espacios de las derechas y de la economía más conservadora. No hay un cielo apocalíptico que nos cubra, más allá de la incertidumbre que preside la economía mundial, un grado de inestabilidad propiciado por las tensiones geopolíticas en las que, urge remarcarlo, la economía española ha sabido navegar, de manera que ha sido —y es— observada como un modelo en política económica desde espacios mediáticos y políticos en Italia, Francia, Alemania y el Reino Unido. Mientras tanto, aquí, el griterío y las palabras gruesas —que incluyen insultos gravísimos y la deshumanización de los adversarios políticos— opacan la posibilidad de que sus ejecutores ofrezcan otra hoja de ruta para la economía española. Esta se ha instalado, en las comunidades autónomas en las que gobiernan las derechas, en el mantra económico de siempre: la reducción de los impuestos a los más pudientes; la privatización de servicios públicos —ejercicio realizado de forma gradual, pero tangible—; la negación de realidades incontrovertibles, como las consecuencias letales del cambio climático, la vacunación o la violencia de género, y los retrocesos en políticas sociales y culturales. No hay más política, entonces, que las actitudes crispantes, que buscan polarizar y persiguen una equidistancia inexistente —en la que suele caerse—: una politiquería en la que la economía —en el sentido aristotélico— no existe. Desde esos ángulos que destilan una constante animadversión, la Política, con mayúsculas, ni está ni se la espera. 

1 A título ilustrativo: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/espana/2025/12/29/feijoo-enume ra-diez-fracasos-peor-gobierno-historia-democratica-2025/00031767006230537562596.htm 2 (https://www.bde.es/wbe/es/publicaciones/analisis-economico-investigacion/proyecciones macro-informe-trimestral/proyecciones-e-informe-trimestral-de-la-economia-espanola-diciembre 2025.html)

3 Véase Informe mensual, 487, marzo de 2024; y 488, abril de 2024. 4 FUNCAS, Previsiones económicas para España, 2024-2025, abril de 2024 (https://www.funcas. es/wp-content/uploads/2024/04/Previsiones-economicas-para-Espana-2024-2025-abril-2024. pdf); BBVA, Previsiones económicas, marzo de 2024 (https://www.bbva.com/es/economia-y finanzas/economia/macroeconomia/previsiones-economicas/). 5 Véase https://www.airef.es/es/noticias/la-airef-preve-que-la-economia-crecera-un-2-en-2024- y-el-deficit-bajara-al-3-del-pib/

 6 Agradezco al profesor José Pérez-Montiel la proporción de datos e informaciones para la redacción de este apartado. 7 Sobre esto, véase José Pérez-Montiel, Carles Manera, Ferran Navinés y Javier Franconetti, “Cri tical globalisation: Productive capacity and capital productivity in the United States, 1945-2020”, The Economic and Labour Relations Review, 35(1), pp. 66-78. Sigo también la reciente investigación de Jacobo Ferrer y José Pérez-Montiel, “La evolución de la distribución de la renta en España”, en

 9 Otros elementos ilustrativos proceden del Banco de España (https://www.bde.es/wbe/es/ publicaciones/analisis-economico-investigacion/proyecciones-macro-informe-trimestral/proyecciones e-informe-trimestral-de-la-economia-espanola-diciembre-2025.html):

•  El vigor de la financiación de vivienda y de consumo continuó impulsando el crecimiento del crédito a hogares.

•  El repunte de la financiación a las empresas.

•  Los índices de gestores de compras (PMI) tienen un buen comportamiento en el cierre de 2025, tanto en manufacturas como en servicios, junto con un incremento de la facturación empresarial según EBAE.

•  La tasa de ahorro está a niveles elevados, del orden del 11,8 %.

•  Se aprecia un incremento de los ingresos públicos del orden del 8 % interanual. 10 La tasa AROPE se define como la proporción de habitantes que se encuentran en una o más de las tres situaciones siguientes: riesgo de pobreza relativa, hogares con ingresos por debajo del 60 % de la renta mediana de la población; carencia material grave (población que no puede permitirse consumir bienes y servicios considerados deseables o esenciales para llevar una vida adecuada), y hogares con baja intensidad de trabajo (en los que la mayoría de los miembros en edad y disposición de trabajar —personas de entre 18 y 59 años, excluyendo a quienes tienen entre 18 y 24 años y están estudiando— no trabajan o trabajan muy poco). Estos indicadores son los utilizados por la Unión Europea para realizar el seguimiento del cumplimiento de los objetivos de pobreza y exclusión social de la Agenda 2030.

 11 Carles Manera, “Sobre la reciente evolución económica de España”, en José Félix Tezanos y Constanza Tobío (eds.), España 2025. Estructura económica y desigualdades, Madrid, CIS, 2025, pp. 9-31. 12 https://www.abc.es/economia/ano-hacienda-recibe-200000-reclamaciones-resuelve-favor 20251224000507-nt.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F. 13 Como justificación de la curva, José Félix Sanz-Sanz, “La curva de Laffer ¿mito o realidad? Discusión, modelización y evidencias en el IRPF español”, Papeles de Economía Española, núm. 154, 2017, pp. 179-197. Los trabajos académicos que cuestionan e invalidan la curva son abundantes; a título de ejemplo, cito el más canónico: Peter Diamond y Emmanuel Saez, “The case for a progresive tax: from basic research to policy recommendations”, Journal of Economic Perspectives, 25(4), 2011, pp. 165-190. Los informes de la OCDE de 2010, 2012 y 2018, indican que en países avanzados los tipos impositivos están muy por debajo del punto de recaudación máxima. A su vez, se asevera que subir impuestos progresivos aumenta los ingresos sin dañar el crecimiento. Y se concluye que la curva de Laffer no es relevante para la mayoría de los impuestos reales. Por su parte, el FMI, en su informe de 2015, señala que bajar impuestos a los más ricos no impulsa el crecimiento, y que los recortes fiscales a los más ricos empeoran los balances públicos e incrementan la deuda. 

 14 El rating de la deuda española, en su calificación más reciente, es A+ en S&P (12 de septiembre de 2025); A3 en Moody’s (26 de septiembre de 2025), y A en Fitch (26 de septiembre de 2025). Calificaciones consideradas estables y muy positivas. Los datos se han tomado de: https://es.finance. yahoo.com/noticias/fitch-eleva-calificaci%C3%B3n-espa%C3%B1a-panorama-211827307.html; y https://datosmacro.expansion.com/ratings/espana.

 15 Reproduzco los argumentos de Carles Manera y Jorge Fabra Utray, “El gran acoso”, Eco nomistas Frente a la Crisis, 17 de diciembre de 2025 (https://economistasfrentealacrisis.com/el gran-acoso/).

 16 Se trata de una clasificación de los países basada en el grado de diversificación y complejidad de su cesta exportadora. La complejidad económica de un país se calcula a partir de la diversidad de los productos que exporta y de su ubicuidad, es decir, del número de países capaces de producirlos (y de la complejidad de dichos países). Véase: https://direct.mit.edu/books/oa-monograph/3014/ The-Atlas-of-Economic-ComplexityMapping-Paths-to. 

 17 Sobre esto, estamos trabajando en una investigación sobre la intensidad turística y la satu ración: Carles Manera y Elisabeth Valle, “Global Tourism Intensity (1995-2022): Methodological Update and the First Regional Application to the Autonomous Communities of Spain”. Véanse también de los dos autores citados, “Tourist intensity in the world, 1995-2015: two measurement proposals”, Sustainability, 10(2), publicado en línea en 2018, 4546. Carles Manera y Antònia Mo rey, “The growth of mass tourism in the Mediterranean, 1950-2010”, Journal of Economics and Finance (IOSR-JEF), 2019, 7(4), pp. 84-91. Sobre nuevas métricas para el turismo de masas, que contemplan las externalidades ambientales: Carles Manera, Eloi Serrano, José Pérez-Montiel y Màrian Buil-Fàbrega, “Construction of Biophysical Indicators for the Catalan Economy: Building a New Conceptual Framework”, Sustainability, 13, 2020, 7462; y Carles Manera, José Pérez-Montiel y Ferran Navinés, “Non chrematistic indicators and growth in the Balearic Islands, 2000-2015”, Symphonya. Emerging Issues in Management, 1, 2021, pp. 85-99.

(Carles Manera, Catedrático de Economía e Historia Económica, Universidad de las Islas Baleares , Sistema, nº 275, enero, 2026)

17.2.26

Tenía ganas de leer algo así: España ha afrontado un importante cambio para bien en su estructura productiva en los últimos años... según un estudio de Harvard, España ha registrado una importante mejora en el desarrollo de la complejidad económica, un factor del que depende la prosperidad de un país. Según el Atlas of Economic Complexity de la universidad estadounidense, entre los años 2020 y 2023 España ha pasado del puesto 41 al 34... esta transformación ha quedado patente en que en los últimos cinco años el verdadero motor de las exportaciones españolas de bienes ha sido la industria química... y según el Ivie y la Fundación BBVA, “la productividad española crece un 1,4% anual desde la pandemia, reforzando su contribución al crecimiento económico frente al estancamiento de Europa”... Hay margen de maniobra para mejorar. Los aspectos positivos son la palanca para afrontar los desafíos pendientes. España, por ejemplo, tiene una presión fiscal seis y siete puntos inferior a la de Italia y Francia, respectivamente (Andreu Missé)

 "Son bien conocidos los serios problemas que no es capaz de resolver la economía española. Destacan el encarecimiento de la vivienda, la pobreza infantil y la pérdida de poder adquisitivo. Sin embargo, esta precaria realidad social se desarrolla al mismo tiempo en una economía que muestra una notable fortaleza y solvencia según relevantes indicadores.

En el estudio, El inexistente Apocalipsis. La positiva capacidad de la economía española, (276, SISTEMA), Carles Manera, catedrático de las islas Baleares, concluye que existen diecinueve indicadores sustanciales que revelan un claro comportamiento positivo de la economía española desde 2020.

Algunos de estos comportamientos son bien conocidos como el mayor crecimiento económico. Otros menos divulgados señalan el menor coste de financiación de la deuda pública española que la que pagan Francia e Italia. Una situación que “delata el grado de confianza y solvencia que provoca la deuda española en los mercados financieros”, según el profesor Manera. También es significativo que el crecimiento económico per cápita entre 2020 y 2024 ha aumentado un 22% en España frente al 11% en la UE.

El trabajo destaca la importante mejora que ha registrado España en el desarrollo de la complejidad económica, que según la Universidad de Harvard es un factor del que depende la prosperidad de un país. Según el Atlas of Economic Complexity de la universidad estadounidense, entre los años 2020 y 2023 España ha pasado del puesto 41 al 34. Se ha producido una gran transformación en su estructura productiva, que ha quedado patente en que en los últimos cinco años el verdadero motor de las exportaciones españolas de bienes ha sido la industria química.

La transformación de la economía es registrada también por el Observatorio de Productividad y Competitividad que elaboran el Ivie y la Fundación BBVA que subrayan que “la productividad española crece un 1,4% anual desde la pandemia, reforzando su contribución al crecimiento económico frente al estancamiento de Europa”.

El profesor Manera señala que la realidad de las cifras “no denotan el retroceso económico y el catastrofismo derrotista que se predica desde amplios espacios de las derechas y de la economía más conservadora”. Ningunear los aspectos positivos de la economía es una forma de boicotear la resolución de los problemas de fondo. Hay margen de maniobra para mejorar. Los aspectos positivos son la palanca para afrontar los desafíos pendientes. España, por ejemplo, tiene una presión fiscal seis y siete puntos inferior a la de Italia y Francia, respectivamente.

Manera aboga por “adoptar medidas valientes” para dar impulso a los años que quedan de legislatura hasta 2027. Y afrontar las necesidades en vivienda, asegurar las pensiones, la prestación universal para la crianza contra la pobreza infantil, y los impuestos a los muy ricos para financiar la sanidad y enseñanza pública.

Una senda en dirección radicalmente contraria a la que ejecutan la derechas catastrofistas donde tienen responsabilidades de gestión: reducción de impuestos a las rentas altas y procesos graduales de privatización de sanidad y educación, recetas que, por cierto, no han traído nada bueno donde se han aplicado." 

(Andreu Missé, El País, 16/02/26)  

10.1.26

Tenía ganas de leer algo así: La productividad crece en España a su mayor ritmo en 30 años. La mejora del indicador explica el 33% del avance del PIB de 2021 a 2024, mientras que un 60% se debería a la sólida mejora del mercado laboral. ... la productividad total de los factores (empleo y capital) creció a un ritmo medio del 1,4% anual desde 2020, la tasa más elevada desde 1995, mientras que en la eurozona se acercó a cero, en promedio, en el mismo periodo, llegando a ser negativa en Alemania y Francia. En 2024, el último año completo del que se dispone de datos, el avance fue del 2%... Este mejor comportamiento de la productividad española en los últimos años, aunque todavía es pronto para saber si va a mantenerse en el futuro, supone un acercamiento a los patrones de crecimiento de otros países avanzados” (Laura Delle Femmine)

 "La economía española lleva años destacando en el panorama internacional por su sólido avance, una efervescencia que invita de forma casi automática a hacer un paralelismo con los años de bonanza de la burbuja inmobiliaria. Sin embargo, las diferencias son sustanciales. En aquella etapa, la acumulación de empleo y capital actuaban como gran motor del crecimiento, mientras que las mejoras en eficiencia eran exiguas. En los últimos años, en cambio, la productividad ha mejorado a su ritmo más rápido en tres décadas, siendo responsable de más de un tercio del crecimiento del PIB desde la pandemia.

Estas son algunas de las conclusiones del último informe anual del Observatorio de Productividad y Competitividad elaborado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), publicado este viernes. El organismo concluye que la productividad total de los factores (empleo y capital) creció a un ritmo medio del 1,4% anual desde 2020, la tasa más elevada desde 1995, mientras que en la eurozona se acercó a cero, en promedio, en el mismo periodo, llegando a ser negativa en Alemania y Francia. En 2024, el último año completo del que se dispone de datos, el avance fue del 2%, frente a la bajada de siete décimas en el bloque comunitario.

“En la última década, los resultados promedio en productividad de la economía española parecen mejores que los de las décadas precedentes, especialmente a partir de la crisis de la covid-19″, destaca el estudio, dirigido por los investigadores del IVIE Francisco Pérez, Matilde Mas, Dirk Pilat y Juan Fernández de Guevara. A partir de 2021, se vislumbra una mejora en la “eficiencia con la que son empleados los factores productivos”, mientras que se produce “una fuerte creación de empleo”, detalla la investigación.

La productividad es crucial para el bienestar y el progreso de un país: mide la capacidad de producir a igualdad de recursos (capital y mano de obra), es decir, de hacer más con menos. Y es un determinante fundamental para empujar hacia arriba de forma permanente la curva del crecimiento, pero su historia no es lineal.

A inicios de siglo, España se caracterizaba por las grandes inversiones en activos inmobiliarios y la acumulación de empleo a lomos del fuerte crecimiento demográfico. La productividad del trabajo mejoró en la Gran Recesión a costa de una masiva destrucción de empleo y a partir de 2014 la aportación de la PTF se tornó positiva, pero volvió a caer con la pandemia. Desde 2021, el tejido productivo ganó eficiencia nuevamente, al compás de una recuperación económica intensa tanto en términos agregados como per cápita. El PIB habitante ha crecido a un ritmo del 3,78% anual desde la pandemia en España —el mejor dato de la UE solo por detrás de Italia (3,87%), aunque el nivel sigue por debajo de la media comunitaria—.

El informe concluye que la mejora de la productividad explicaría el 33% del crecimiento del PIB entre 2021 y 2024, mientras que un 60% se debería a la sólida mejora del mercado laboral.

La pregunta central que se hace el estudio, y que está detrás de la misma creación del Observatorio, es justamente entender si el vigoroso crecimiento de la economía española en los últimos años responde de verdad a un cambio estructural del modelo productivo. Coloquialmente, se podría contestar con un ni sí, ni no: los datos apuntan a una mejora en las bases sobre las cuales se sienta la actividad, pero todavía ha transcurrido un tempo insuficiente para poder decretar una transformación completa de la economía, teniendo además en cuenta que los últimos años han tenido un elevado componente de excepcionalidad marcado por la pandemia y que hay mucho camino por recorrer.

Aunque la productividad del trabajo supera actualmente en hasta un 19% el nivel del año 2000, la del capital se mantiene por debajo (un 20%), así como la de la productividad total de los factores (PTF, que suma empleo y capital): en 2024 continuaba un 8% inferior a los niveles del año 2000. Hay elementos, además, que reman en dirección contraria, desde las turbulencias internacionales a la desaceleración de la actividad exportadora nacional −que suele contribuir positivamente a la productividad por su elevada especialización−, o la tasa neta de creación de empresas, en terreno negativo desde 2008.

Diferencias sectoriales

Las actividades de mercado, asentadas en su casi totalidad en empresas privadas, han registrado las mejoras más destacadas. De perder productividad entre 1995 y 2020 a un ritmo cercano al 1% anual, después de la pandemia su eficiencia fue mejorando a una tasa superior al 2%. La fabricación de material de transporte y la hostelería son las actividades que han registrado el comportamiento más favorable desde 2020, con mejoras en su PTF de doble dígito (20% y 13,3%, respectivamente). Le siguen las industrias extractivas (8,7%), la fabricación de maquinaria y equipo (8,4%), el transporte (7,8%), la fabricación de productos de caucho, plástico y otros productos minerales no metálicos (6,7%).

La productividad de las actividades como la sanidad y la educación, en cambio, ha experimentado retrocesos generalizados, al igual que la construcción, la metalurgia o el sector de la energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado. De hecho, hasta 10 sectores que suponen casi la mitad del valor añadido bruto nacional han registrado tasas negativas en el crecimiento de la eficiencia en los últimos años.

Las diferencias no son solo sectoriales, también regionales, aunque a nivel territorial hay más homogeneidad: la productividad ha mejorado en todas las comunidades entre 2020 y 2024, salvo en Extremadura. Baleares y Canarias, los territorios que peores registros presentaban entre 1995 y 2020 y que peor encajaron el golpe de la pandemia debido a su fuerte dependencia del turismo, fueron también las regiones que más ganaron en eficiencia en los años recientes, entre el 3% y el 4%. De hecho, el estudio matiza que el efecto rebote puede haber incidido en el resultado. También País Vasco, Cataluña, Castilla y León, Galicia, Comunidad Valenciana, Navarra, Andalucía y Madrid registraron mejoras por encima del 1% y superiores a la media nacional.

“Este mejor comportamiento de la productividad española en los últimos años, aunque todavía es pronto para saber si va a mantenerse en el futuro, supone un acercamiento a los patrones de crecimiento de otros países avanzados”, detalla el documento." 

(Laura Delle Femmine , El País, 09/01/26, gráficos en el oritginal)

3.6.25

Estamos ante un extraño caos, el español, en el que se incrementan las exportaciones un 8,5% interanual... que crece cuatro veces más que la media comunitaria... que incrementa la productividad, reduciendo el gap con la Unión Europea... con calificación positiva de su deuda... con elevado ahorro, y un crecimiento de la riqueza real de los hogares... estamos, pues, ante un extraño caos, el caos que muchos países quisieran tener (Carles Manera, Economistas frente a la crisis)

 "

  1. Unos jinetes del apocalipsis que cabalgan sobre jumentos

            Proliferan las voces que señalan una situación de caos en la sociedad española, desorden instigado por la acción del gobierno. Un estado catatónico en el que nada parece funcionar, con invocaciones a sendos aspectos recientes: el apagón y el pretendido proceso de corrupción que afecta directamente al presidente y a su entorno familiar y político. El relato cala parcialmente, y lo hace catapultado por toda una poderosa cadena de comunicación formada por pseudo-periodistas, pseudo-sindicatos, plataformas digitales con clara orientación ultraconservadora y tabloides con una inequívoca y acrítica pátina anti-gubernamental. Esta narrativa de corte apocalíptico bebe de las fuentes de los think tank conservadores y de ultraderecha: ese proyecto 2035 nacido en poderosas –y bien regadas financieramente– instituciones ultras de Estados Unidos. Es la gran base que inspira las acciones de Donald Trump, que sigue a pie juntillas sus preceptos. Y con argumentos que indican que todo lo desplegado por las fuerzas progresistas –en el caso de Estados Unidos, por el Partido Demócrata y cualquier iniciativa que huela a transgresión conservadora, considerada woke– es una entrega al poder intelectual de la izquierda, cuya espoleta se ha de desactivar.

            Esto explica el desprecio a todo aquello que sea asimilable a intelectualidad, pensamiento crítico (nos atreveríamos a decir que, simplemente, pensamiento), incluso investigación básica y aplicada. Los ataques a las grandes universidades estadounidenses por parte de Trump; o las apuestas por pseudo-universidades privadas arrinconando la financiación de las públicas, en Madrid, constituyen muestras representativas. En España, la organización FAES se ha apresurado a hacer adaptaciones, que otras entidades vinculadas a la extrema derecha están igualmente propulsando, en direcciones concretas:

  • La tesis de la existencia de inseguridad jurídica, cosa que alimenta la incertidumbre;
  • El aumento de la delincuencia a causa de los inmigrantes, lo cual pretende enfatizar la falta de seguridad ciudadana;
  • La usurpación del empleo por parte de esos inmigrantes, generándose así xenofobia;
  • El falseamiento de datos como la afirmación de que la presión fiscal en España es de las más elevadas de Europa, cuando es todo lo contrario, según las informaciones de Eurostat, provocando la animadversión al cumplimiento tributario.

            Es la utilización torticera e interesada de las variables que, literalmente, pasan directamente a inventarse con mensajes de un simplismo insultante, sin comprobación alguna más allá de la exposición de casos puntuales. ¿Quién, entonces, está estimulando esa pretendida situación de caos?

  1. Datos que matan el relato

            Porque, en paralelo, se ignoran deliberadamente las comunicaciones publicadas por organismos como el FMI, el Banco de España, Eurostat, la OCDE, Funcas, el BBVA, que dibujan un mosaico totalmente alejado del siniestro panorama que se propala desde las organizaciones de derechas y sus correas de transmisión. Hemos aportado, en otras entregas de esta columna, datos incontestables sobre la evolución positiva de la economía española, variables procedentes de organismos públicos y privados, de toda solvencia y credibilidad: relativos a la evolución del PIB, a la tasa del paro o a la tasa de inflación, por citar tan solo tres vectores clave. Pero existen otros indicadores, que suelen pasar desapercibidos en los análisis económicos. Concretan resultados importantes, y se han publicado recientemente en el Informe de Estabilidad Financiera del Banco de España:

  • El elevado ahorro de los hogares: Estamos, pues, ante un extraño caos
  • Un endeudamiento de los hogares a la baja: 67,9% (deuda/renta), 15 puntos por debajo del área del euro.
  • El crecimiento de la riqueza real de los hogares (5,1%).
  • Los pagos por intereses de la deuda se han reducido: 2,6% de la renta de los hogares (media comunitaria: 2,4%).
  • La reducción de la carga por intereses: se reducirá en 2025 (caída del Euribor, rebajas de los costes de las hipotecas).
  • En el campo de las empresas, la proporción de sus deudas sobre beneficios se mantuvo estable y a niveles reducidos en 2024.
  • La Central de Balances Trimestral del Banco de España señala que el peso de las empresas con alto endeudamiento se redujo, y el de aquellas con presión financiera elevada se mantuvo estable en 2024.

            Son siete mensajes contundentes que, al margen de las dificultades y amenazas que sacuden a la economía española, pueden contribuir a aportar mayor confianza a los agentes económicos, sociales y a los consumidores. Y a desactivar esa tesis del caos, que no se concierne con la realidad. Cinco elementos adicionales deben anotarse.

  1. Primero, el incremento de las exportaciones españolas, del orden del 8,5% interanual –dato de marzo 2025: 34.000 millones de euros–, con superávit de más de 1.500 millones de euros con la Unión Europea y un incremento del 2,6% en las exportaciones hacia Estados Unidos (fuente: Secretaría de Estado de Comercio, a partir de estadísticas oficiales).
  2. Segundo, esto, junto a otras magnitudes, ha promovido que se eleve, desde la Comisión Europea en Bruselas, la perspectiva de crecimiento económico de España para 2025 en tres décimas, llegando así al 2,6%: cuatro veces más que la media comunitaria. Se augura un crecimiento del 2% para 2026, una inflación en la senda del 2% y una tasa de paro inferior al 10%.
  3. Tercero, el despegue de la bolsa de valores, superando los 13.500 puntos con holgura, una situación que no se conocía desde 2008.
  4. Cuarto: incremento de la productividad, reduciendo el gap con la Unión Europea (fuente: Informe Anual del Banco de España).
  5. Y quinto, las agencias de rating (Standard&Poor’s, Moody’s, Fitch) otorgan una calificación positiva (dato de mayo de 2025) a las evaluaciones para la deuda soberana de España. Esto, en síntesis, refleja la confianza en la evolución económica española, edificada sobre el crecimiento del PIB, la mejora del mercado laboral y la estabilidad fiscal, según los informes conocidos de las agencias. Esto es fundamental para determinar el coste de financiación del país y la percepción de riesgo por parte de inversores internacionales. Cabe advertir que las mismas agencias de rating han rebajado sus calificaciones a Estados Unidos, por la política que está desplegando y las preocupaciones sobre el aumento del déficit fiscal (promesas de rebajas de impuestos con un descenso de los ingresos) y la ausencia de medidas efectivas para controlar la expansión de la deuda.

 3. Política cuántica del conservadurismo económico

Estamos, pues, ante un extraño caos. Porque sin esconder –insistimos en ello– los problemas que existen (vivienda, pobreza infantil, entre otros), muchos indicadores delatan una situación económico-social totalmente alejada del precipicio, de un estado catastrófico. La búsqueda de datos que insinúen una debacle no se encuentra, de manera que se persiste en explorar argumentos que descansan, en muchísimas ocasiones, en la tergiversación y en la mentira. Ni vemos un 35% de paro y la destrucción de 900.000 empresas, ni apreciamos una huida masiva de capitales, ni la exterminación del tejido productivo, ni la presencia de críticas feroces por parte de las autoridades comunitarias, como preconizaba con aires proféticos un augur del conservadurismo económico. La propuesta: el alimento del caos, que coloca a sus promotores en una posición que podríamos calificar de “política cuántica”: criticar sin tregua lo que se hace y sus resultados, con disparos de mortero hacia el gobierno central; y, al mismo tiempo, sacar pecho ante los mismos datos que se critican –y que se han presentado en clave nacional como producto del caos– cuando se regionalizan.

            El gato de Schrödinger estaba vivo y muerto a un tiempo, en función del observador y del momento de la observación. Esto es física cuántica, y a pesar de las críticas que recibió en su momento significó un gran avance científico. Pero esta posición, que puede parecer contorsionista, no es asumible por las ciencias sociales en general y por la economía en particular. Los matices existen; las dudas también. Ese es el principio de toda ciencia que se precie. Pero en economía política resulta difícil estar con tirios y troyanos. Si se está en una situación casi terminal, de caos, eso se entiende que es extensible a todo el territorio nacional, toda vez que se apunta directamente al gobierno de la nación. Pero cuando los presidentes autonómicos conservadores comunican sus datos de empleo, de crecimiento, de inversión, se anotan en el activo esas evoluciones, sin tener en cuenta que gracias a ese pretendido caos muchos de los aspectos que remarcan en positivo han sido posibles por la acción gubernamental central. Por la acción de ese pretendido caos.

  1. Conclusión

            Persistir en la tesis del caos para describir la sociedad y la economía española constituye un atentado a la realidad tangible y observable, analizada a partir de métricas disponibles en instituciones públicas y privadas no solo nacionales, sino también de ámbito internacional. España tiene desafíos importantes y situaciones difíciles que debe encarar, y que abrazan un abanico significativo: desde el aumento en los precios de la vivienda y de los alquileres, las externalidades que genera la masificación turística, la realidad de la pobreza, el reto de la transición energética, los requerimientos de la Inteligencia Artificial y su impacto en el mercado laboral, etc. Pero, al mismo tiempo, ostenta indicadores positivos que se han expuesto en este texto y en otros que hemos ido publicando. Ningunear todo esto es, literalmente, mentir.

            Mentir a la sociedad está resultando, en muchas ocasiones, desgraciadamente gratis para los mentirosos. En economía, una ciencia en la que la política –y la psicología– intervienen de manera notoria, no se puede eludir la porosidad ideológica del economista. Pero sí se le puede exigir que se aferre a datos fiables, provenientes de instituciones solventes: números fríos que se calientan con las interpretaciones. Pero que si se observan en una tabla estadística o en un gráfico proporcionan eso: una lectura directa. Y buena parte de esos materiales numéricos no demuestran, en absoluto, que estemos en una sociedad y en una economía caóticas. Solo la manipulación interesada, distorsionadora de la realidad, conduce a tales conclusiones.

            Porque si esto fuera el caos, muchos países quisieran tenerlo." 

19.2.25

Tenía ganas de leer algo así... España brilla por la fortaleza de su crecimiento y los economistas internacionales vislumbran un cambio estructural en el patrón de crecimiento... La decidida apuesta de España por las renovables es uno de los elementos que los analistas subrayan para explicar la resiliencia de su economía... Las políticas migratorias más inclusivas son otro factor que desde fuera se destaca... el crecimiento parece ahora más equilibrado, alejado de la euforia descontrolada que impulsó a algunos sectores económicos a principios de los 2000, sobre todo el inmobiliario y el financiero, y menos expuesto a posibles shocks... se trata de un crecimiento genuinamente sostenible, no de una burbuja, dado el gran aumento de las exportaciones, de la productividad y de sectores orientados al futuro, como la energía limpia... El crecimiento permanente deberá estar vinculado a las posibilidades de la economía española de dar un salto tecnológico, manteniendo un equilibrio entre eficiencia y equidad (Laura Delle Femmine)

 "Nada es eterno, la realidad es dinámica y el peor de la clase, si se aplica, también puede sacar buenas notas y convertirse en ejemplo para los demás. Todas estas máximas se acomodan a la historia reciente de la economía española, que en los últimos 15 años ha estado varias veces al borde del precipicio y ha acabado resurgiendo de sus cenizas. Ya ha quedado atrás la imagen del país que se embriagó de la burbuja inmobiliaria, aquella economía moribunda que acaparó las miradas internacionales durante la crisis financiera en una mezcla de compasión y paternalismo. También se ha alejado de la retina esa instantánea desoladora de la pandemia, cuando el PIB empezó a caer en picado sin tener nada claro cuando se tocaría el fondo. Ahora los focos vuelven a ponerse sobre España, pero de una manera diametralmente opuesta. Es el gran país desarrollado que más creció en 2024, tira de una eurozona estancada y todos los organismos auguran que el vigor se mantendrá, un desempeño que supone un destello en un clima de ralentización general y que desde fuera se percibe con cierto entusiasmo, según una decena de economistas foráneos de primer nivel consultados por EL PAÍS.

“España da ahora una lección a todos sus críticos”, señalaba un editorial publicado la semana pasada por Le Figaro, el periódico con más difusión de Francia. Un mes antes era The Economist, bandera del liberalismo económico —célebre es su reportaje de 2008 titulado La fiesta se terminó sobre el pinchazo de la burbuja en España—, quien la coronaba como la economía avanzada con el mejor rendimiento del año en un artículo titulado Lo que una economía en auge puede enseñar al resto de Europa.

“España se ha convertido en el motor de crecimiento de la Unión Europea”, zanja desde el otro lado del Atlántico Jason Furman, profesor en la Universidad de Harvard. En 2024 la economía española sorprendió, y mucho, con un avance del 3,2%, cuatro veces más que la eurozona y por encima de las previsiones oficiales. Para este curso, el Gobierno ha mejorado sus pronósticos y estima una progresión del 2,6%. El mismo ejercicio lo han hecho todos los organismos, que a golpe de revisiones al alza sitúan el crecimiento del PIB en 2025 por encima del 2%, duplicando la tasa prevista para el bloque del euro.

El economista belga Paul de Grauwe opina que la recuperación española ante el periodo de policrisis marcado por la pandemia y la espiral inflacionaria ha sido “realmente notable”. También cree que está ayudando a derribar tópicos y a forzar un cambio de relato en la UE: “Existe una tendencia a pensar en marcos intelectuales fijos, heredados del pasado. Uno de esos era que el Norte de Europa era industrioso y el Sur se quedaba siempre atrás. Por lo general, no se explicaba por qué era así. Había muchos sesgos culturales subyacentes (el Norte frugal y el Sur derrochador). Los hechos pueden cambiar rápidamente, lo que hace necesario desechar estos marcos”.

De la misma idea es Cinzia Alcidi, investigadora principal en el Centro de Estudios Políticos Europeos (CEPS) en Bruselas. Cree que “la idea de que los Estados miembros del Sur lideren el crecimiento de la zona del euro está ganando terreno”, pues Alemania y Francia se enfrentan a importantes desafíos y otros Estados del Sur, en particular España, pero también Italia y Grecia, podrían seguir experimentando un rebote poscovid impulsado por el turismo y la inyección de dinero europeo. Hace pocos días, el rotativo británico Financial Times, muy crítico durante la Gran Recesión con los llamados PIGS, la sigla despectiva para identificar a los países más rezagados del euro en ese entonces (Portugal, Italia, Grecia y España), mencionaba una revancha del Mediterraneo, situando a España como líder del grupo. “No hay ninguna superpotencia de habla francesa, holandesa o alemana en el horizonte”, argumentaba.

De hecho, el crecimiento anémico de la zona euro en 2024, de tan solo el 0,7%, hubiese sido aún más raquítico sin el impulso español. Alemania, inalcanzable locomotora del continente y partidaria de drásticos recortes para el Sur durante la Gran Recesión, arrastra ahora los pies. Excesivamente dependiente del gas ruso, la crisis energética ha destapado sus vulnerabilidades y puesto en entredicho su modelo de crecimiento, basado en una industria manufacturera que no ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y a la feroz competencia internacional. El año pasado el PIB germano retrocedió un 0,2% y este curso volverá a ser el farolillo rojo del bloque de la moneda única. El FMI estima que avance solo un 0,3% tras recortar nuevamente sus previsiones.

Francia ha salvado los muebles gracias a la energía nuclear, pero las turbulencias políticas que sufre desde hace tiempo le están pasando factura. Es el segundo gran socio de la eurozona que más creció en 2024 (1,1%), aunque muy alejado de España. Italia, con quien más se compara a España por sus parecidos en términos actividad y tejido empresarial —dominado por las pymes—, lleva años estancada, atrapada en la inestabilidad política, estrangulada por la deuda y, como Alemania, muy dependiente de los recursos energéticos extranjeros.

La decidida apuesta de España por las renovables es uno de los elementos que los analistas subrayan para explicar la resiliencia de su economía y la mejor salida de la crisis energética. La covid, una tragedia inenarrable en términos de vidas humanas, tampoco ha supuesto daños permanentes para la actividad como se llegó a temer. Pero hay más, según desgrana Ugo Panizza, profesor del Geneva Graduate Institute y vicepresidente del Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR): “España es capaz de responder a las crisis con políticas innovadoras, mientras que en Italia se tiende a pensar que la fuente de los problemas siempre son los demás: los inmigrantes, la UE, el euro...”, compara.

 Las políticas migratorias más inclusivas son otro factor que desde fuera se destaca en el salto cualitativo que protagoniza la economía española. La fuerte inmigración, que está compensando el envejecimiento de la población autóctona y evitando que el mercado del trabajo se ahogue —y que contrasta con los enormes flujos en salida de los años posteriores a la Gran Recesión—, ha sido uno de los motores del crecimiento del PIB en el último año. A ello se añaden una recuperación imparable tras la pandemia del turismo, una de las claves de bóveda de la actividad española, el fuerte dinamismo de la demanda interna y del consumo público, el importante músculo exportador y un mercado laboral en máximos de afiliación.

Cambio estructural

Esta es grosso modo la historia de éxito de la economía española en los últimos años, pero el trayecto para amarrar hasta este puerto ha sido mucho más largo y doloroso. El ajuste tras el crac financiero y la crisis de la deuda —con el rescate a la banca— fue salvaje, como recuerda Gianmaria Milesi-Ferretti, investigador principal en el Brookings Institution y director adjunto del Departamento de Investigación del FMI entre 2014 y 2021. “Ha sido brutal por la tasa de desempleo, que alcanzó cifras elevadísimas; la gente se iba del país y las previsiones del FMI eran catastróficas”, recuerda. A partir de entonces, las tornas han cambiado y la economía se ha encarrilado hacia un crecimiento más sano. “No ha habido un boom en la construcción y la demanda interna financiado con un gran déficit en la balanza de pagos, como ocurría durante la burbuja. Ahora hay superávit y un crecimiento muy distinto al de los primeros años de este siglo”, añade el economista, que está “positivamente” sorprendido con el desempeño de España. Es decir, el crecimiento parece ahora más equilibrado, alejado de la euforia descontrolada que impulsó a algunos sectores económicos a principios de los 2000, sobre todo el inmobiliario y el financiero, y menos expuesto a posibles shocks.

Este cambio también lo perciben otros expertos y organismos que observan a España desde fuera. “Creo que se trata de un crecimiento genuinamente sostenible, no de una burbuja, dado el gran aumento de las exportaciones, de la productividad y de sectores orientados al futuro, como la energía limpia”, argumenta Furman, quien fue miembro del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca con Barack Obama. Según Carsten Brzeski, director global de Investigación Macroeconómica de ING, España “vivió un ciclo de auge y caída típico de los libros de texto, que terminó con la crisis financiera. Esta vez, el crecimiento parece ser más equilibrado e impulsado por varios factores, no solo la construcción”. En su opinión, se están viendo ahora los frutos de las reformas económicas llevadas a cabo en la década de 2010, la estabilización de las finanzas públicas y los fondos europeos vinculados al Plan de Recuperación, “uno de los mejores programas nacionales” que hace hincapié en sectores claves como la innovación y la transición verde.

“Las reformas llevadas a cabo durante la Gran Recesión, que han aumentado la estabilidad macrofinanciera, las inversiones en tecnología verde, un mercado laboral flexible pero menos precario en los últimos años, han cambiado la percepción de España entre los inversores”, detalla Marco Buti, profesor en el Instituto Universitario Europeo y ex jefe de gabinete del Comisario de Economía Paolo Gentiloni. El banco de inversión japonés Nomura, en su último informe irónicamente titulado Spain goes boom boom boom (España vive un bum bum bum, en castellano), invita a los mercados a mirar a España con otros ojos, sugiriendo que la fortaleza actual puede ser el resultado de cambios estructurales. Richard C. Koo, economista jefe del instituto de investigación de la entidad, alerta sin embargo sobre las elevadas tasas de ahorro de los hogares y sobre todo de las empresas: “Esto sugiere que las compañías españolas no están pidiendo préstamos para expandir sus operaciones. No es bueno para el crecimiento a largo plazo de la productividad y la capacidad productiva españolas”.

Debilidades

Como señala Koo, la buena marcha actual no significa que la economía española esté libre de talones de Aquiles y haya superado todos sus complejos. La fuerte dependencia del turismo, por ejemplo, es uno de los puntos débiles que destacan varios analistas, pues es un sector volátil y de baja productividad. Hosuk Lee-Makiyama, director del Centro Europeo para la Economía Política Internacional y profesor en la London School of Economics, cree además que la estabilización de los mercados y la inyección de fondos europeos han jugado un papel fundamental en la evolución reciente, lo que resta argumentos a la tesis de ese cambio estructural que vislumbran otros expertos y que defiende el Gobierno.

A todo ello se suman otros desafíos: una tasa de paro que, pese a estar en mínimos desde 2008, sigue siendo de las más elevadas de la Unión, una inversión que no ha despegado del todo y unos precios de la vivienda en máximos. José Antonio Ocampo, docente en la Universidad de Columbia y exministro de Hacienda de Colombia, añade otros posibles puntos de quiebre. “Vale la pena destacar la alta deuda pública, aunque en descenso, y el lento crecimiento de la productividad”, concreta, dos males que afectan a muchos otros los socios de la UE y sobre los cuales Bruselas ha puesto la lupa.

 “El crecimiento permanente deberá estar vinculado a las posibilidades de la economía española de dar un salto tecnológico, manteniendo un equilibrio entre eficiencia y equidad”, sugiere Buti. También habrá que estar pendiente del panorama internacional, con riesgos a la baja por la inestabilidad geopolítica y las tensiones comerciales, y ver si Europa finalmente despierta. “El crecimiento español es una buena noticia para la zona euro, pero tenemos que esperar que la economía alemana se levante porque su PIB es el doble que el español”, matiza Milesi-Ferretti. Mientras tanto, el nuevo alumno aventajado de Europa deberá seguir aplicándose."                               ( Laura Delle Femmine , El País, 09/02/25)