Mostrando entradas con la etiqueta c. Consumismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta c. Consumismo. Mostrar todas las entradas

20.2.26

Los cachivaches domésticos que te espían... Los televisores modernos tienen algo en los términos de servicio llamado «reconocimiento automático de contenido», lo que básicamente significa que tu televisor graba todo lo que reproduces en él... Los coches nuevos controlan todo, desde tu ubicación, la velocidad a la que conduces y la fuerza con la que frenas, hasta cosas como tu raza, peso, salud, gustos musicales, actividad sexual y afiliación sindical... El router supervisa los dispositivos conectados a él, como impresoras, teléfonos o consolas de videojuegos. Si alguien pasa entre el router y el dispositivo, el router podrá detectar la interrupción de la señal, convirtiéndose así en un rastreador de movimiento... Los relojes inteligentes se pueden utilizar para realizar un seguimiento de tu salud personal, y crear un mapa detallado de tu vida. Revela cuándo comes, cuándo duermes, cuándo estás nervioso, cuándo mientes, dónde estabas, si consumías drogas, etc... sus datos ya se han utilizado como prueba en casos penales... si quieres que el asistente de IA haga tus compras, tienes que darle la información de tu tarjeta de crédito. Si quieres que limpie tu escritorio, tienes que darle acceso a tu disco duro. El asistente de IA Clawdbot se hizo viral después de que usuarios ingenuos lo instalaran y los hackers se hicieran con el control de sus asistentes... las cámaras Ring de Amazon vigilan barrios enteros a través de una función llamada Search Party. Esta función permite a los usuarios subir una imagen de algo y, a continuación, todas las cámaras Ring que se encuentran en las proximidades revisan sus propias grabaciones para ver si ese algo ha pasado por delante de ellas... El estadounidense medio tiene 17 dispositivos inteligentes en su hogar y muchas empresas ya tienen acuerdos de cooperación con las fuerzas del orden. Solo haría falta un incidente de seguridad catalizador para que esta infraestructura se utilizara como arma contra nosotros (Kei Pritsker)

 "Seguro que muchos de ustedes vieron el anuncio de Ring durante la Super Bowl, en el que se mostraba cómo las cámaras Ring de Amazon vigilan barrios enteros a través de una función llamada Search Party. Esta función permite a los usuarios subir una imagen de algo y, a continuación, todas las cámaras Ring que se encuentran en las proximidades revisan sus propias grabaciones para ver si ese algo ha pasado por delante de ellas. El anuncio utilizaba el ejemplo de un usuario que utilizaba Search Party para encontrar a su perro perdido.

Los observadores críticos se apresuraron a señalar que esto podría utilizarse fácilmente para espiar a todo el mundo, pero Ring no es el único que te espía. A continuación te presentamos algunos artículos de consumo habituales que quizá no sabías que te están vigilando en este momento.

Tu televisor. Los televisores modernos tienen algo en los términos de servicio llamado «reconocimiento automático de contenido», lo que básicamente significa que tu televisor graba todo lo que reproduces en él, ya sea Netflix, YouTube, videojuegos o incluso algo que hayas visto conectando tu ordenador portátil. Y desconectar tu televisor de Internet no lo detiene. El mes pasado, los principales fabricantes de televisores fueron demandados en Texas por hacer capturas de pantalla de los televisores de los usuarios cada 500 milisegundos.

Tu coche. Los coches nuevos controlan todo, desde tu ubicación, la velocidad a la que conduces y la fuerza con la que frenas, hasta cosas como tu raza, peso, salud, gustos musicales, actividad sexual y afiliación sindical. La Ley HALT contra la conducción bajo los efectos del alcohol exige que, para 2026, todos los coches nuevos cuenten con un mecanismo que los apague automáticamente si considera que alguien no está en condiciones de conducir.

Tu router. Xfinity ha anunciado recientemente su función Wifi Motion, que supervisa la intensidad de la señal entre el router y los dispositivos conectados a él, como impresoras, teléfonos o consolas de videojuegos. Si alguien pasa entre el router y el dispositivo, el router podrá detectar la interrupción de la señal, convirtiéndose así en un rastreador de movimiento. Varios proveedores de servicios de Internet están lanzando funciones similares y comercializándolas como herramientas de seguridad para el hogar.

Relojes inteligentes. Los relojes inteligentes se pueden utilizar para realizar un seguimiento de tu salud personal, como contar calorías o controlar tu frecuencia cardíaca, pero esa información también se puede utilizar fácilmente para crear un mapa detallado de tu vida. Revela cuándo comes, cuándo duermes, cuándo estás nervioso, cuándo mientes, dónde estabas, si consumías drogas, etc. Los datos de los relojes inteligentes ya se han utilizado como prueba en casos penales.

Asistentes de IA. Las empresas tecnológicas compiten por dotar a sus chatbots de IA de la capacidad de realizar tareas del mundo real, como enviar correos electrónicos, crear listas de tareas pendientes, hacer compras o planificar vacaciones. El único inconveniente es que, si quieres que haga compras, tienes que darle la información de tu tarjeta de crédito. Si quieres que limpie tu escritorio, tienes que darle acceso a tu disco duro. El asistente de IA Clawdbot se hizo viral después de que usuarios ingenuos lo instalaran y los hackers se hicieran con el control de sus asistentes.

La cuestión es que el régimen de vigilancia total orwelliano no se va a anunciar un día en un discurso presidencial, sino que ya se está instalando silenciosamente en nuestros hogares a petición nuestra, con nuestro consentimiento tácito y bajo el pretexto de la comodidad y la seguridad. El estadounidense medio tiene 17 dispositivos inteligentes en su hogar y muchas empresas ya tienen acuerdos de cooperación con las fuerzas del orden. Solo haría falta un incidente de seguridad catalizador para que esta infraestructura se utilizara como arma contra nosotros.

Es un recordatorio aleccionador de que, mientras discutimos sobre los espectáculos del descanso de la Super Bowl o sobre demócratas contra republicanos, todos seremos considerados iguales por el estado de seguridad nacional.

(Publicado en: The Household Items That Spy On You – The Grayzone )" 

(Kei Pritsker , en Rafael Poch, blog, 19/02/26)

15.5.25

El apagón trajo consigo el tejido de las comunidades que chismorrean y se ayudan mutuamente; ralentizó las biografías privadas momentáneamente de su adicción digital; y puso de manifiesto cuán sólidos o rotos se encuentran los vínculos barriales si en el piso de al lado, en vez de a una familia cuyos nombres conoces, tienes a un turista que ni siquiera habla tu idioma... el gran apagón sirvió para desenmascarar, de forma espontánea y en la gente no consumida por el ansia de fake news, algunos males del capitalismo; entre otros, también, la codicia extrema de las compañías eléctricas, que fallaron estrepitosamente a la hora de prevenir el descalabro... Si fuésemos una especie inteligente, aprenderíamos de estos momentos de vulnerabilidad para pedir una nacionalización de los servicios eléctricos, mayor control ciudadano y, quizá, la reducción del consumo según las exigencias de la crisis climática... De hecho, en la ética de la humildad habita una mejora del Estado del bienestar y nuestras condiciones de vida, que podrían alcanzar altísimas cotas de plenitud con mucho menos derroche... Mi vecino se había dado cuenta de que aquellas horas sin luz podían albergar el beneficio de la paz y la compañía, también la resistencia al mundo frenéticamente tecnologizado (Azahara Palomeque)

 "El día del gran apagón yo me encontraba en Barajas a punto de volar hacia la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Primero, dejaron de funcionar las cintas que recogían los equipajes; minutos más tarde, entendí que se trataba de un problema a gran escala y no de un fallo del aeropuerto; cuando pude, le mandé un mensaje al vecino encargado de regarme las plantas durante mi estancia en Colombia: “dale una vuelta a la casa y, si se descongela la comida, coméosla toda”.       

Esa misiva no llegó de inmediato, pero, de alguna manera, yo estaba relajada, sabiendo que dejaba mi hogar en las mismas manos diligentes siempre dispuestas a sacarnos de un aprieto cuando es preciso, las manos de una tranquilidad impagable con dinero. Al volver de mi viaje, llamé inmediatamente a su puerta y, a diferencia de otras voces que había escuchado –irascibles o conspiradoras–, la de él transmitía la serenidad de quien no anda buscando un enemigo; al contrario, si acaso persigue suavizar la mínima arista que indique conflicto. Narró la anécdota más preocupado por mi vuelo que por la jornada falta de electricidad y, al final, exclamó: “¿Sabes? Ese día hablamos más con los niños, disfrutamos del tiempo juntos, y me acordé de las velas mariposa que ponía mi madre”. 

(Azahara Palomeque  , Público, 11/05/25)

7.3.23

Michael Roberts: El sector privado chino se ha multiplicado en las dos últimas décadas. Ha dado lugar a una expansión malsana de multimillonarios y a una creciente desigualdad de riqueza e ingresos. Y al igual que en Occidente, al caer la rentabilidad del capital productivo, el sector capitalista se ha orientado hacia áreas de inversión improductivas, como las finanzas y el sector inmobiliario. La deuda se ha disparado. Esto ha aumentado el riesgo de crisis económicas como en Occidente. En contra de la opinión de los expertos occidentales y de Li, no es menos inversión y más consumo; no es menos inversión pública y más privada lo que China necesita para mantener su anterior éxito económico, sino lo contrario

 "La Asamblea Popular Nacional anual comenzó hoy, 5 de febrero, con el anuncio del primer ministro saliente, Li Keqiang, de un objetivo de crecimiento real del PIB del 5%, frente al 5,5% anterior.  La prioridad, dijo Li, era la economía, pero aun así el gasto en defensa debía aumentar un 7,2% en 2023.  Li fijó el objetivo de déficit presupuestario de China para este año en el 3% del PIB, al tiempo que se comprometía a crear 12 millones de nuevos empleos urbanos y mantener la tasa de desempleo en torno al 5,5%.  Afirmó que China necesitaba "ampliar el acceso al mercado" para los inversores extranjeros, "apuntalar" el consumo y controlar el riesgo en el sector inmobiliario. (...)

 Una vez más, los expertos occidentales en "China", e incluso muchos en la propia China, predicen un estancamiento e incluso una caída, a medida que el endeudado sector inmobiliario implosiona.  El crecimiento demográfico de China se ha detenido y la población activa está en declive.  El crecimiento se ralentiza.  China ha entrado en una "trampa de ingresos medios".  De hecho, dados los enormes niveles de deuda en todos los sectores, China se va a estancar como lo ha hecho Japón en las últimas tres décadas.  La única forma de evitar la "japonización", dicen estos expertos, es "reequilibrar" la economía, pasando de la "sobreinversión" y la "obsesión por las exportaciones" a una economía impulsada por el consumo interno, como en Occidente, y también reducir el control estatal de la economía para que pueda florecer el sector privado.

Ya he discutido ampliamente la validez de estos argumentos en varias entradas y remito a mis lectores a ellas para explicar por qué gran parte de esta "palabrería de expertos" no es correcta.

Pero dada la reunión del CNP y las nuevas directrices establecidas por los líderes del CPC, permítanme repasar algunos de mis argumentos contra los "expertos".

En primer lugar, recordemos los resultados económicos de China en el pasado.  Sólo en los últimos 20 años, la tasa de crecimiento de China ha sido significativamente superior a la de cualquiera de los países del G7 e incluso a la de las principales economías "emergentes", los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India y Sudáfrica).  Y esta tasa de crecimiento más rápida se ha producido en el país más poblado del mundo, no en una pequeña ciudad-estado como Singapur, o incluso en economías asiáticas ligeramente mayores como Taiwán o Corea.  No hay comparación posible.

Ah, pero ya ves, eso es todo ahora.  El crecimiento de China se ralentizará ahora hasta convertirse en un goteo, como en Japón, porque se ha sobrecargado con una deuda excesiva y porque no ha reequilibrado la economía hacia "el consumidor".

Este último argumento me resulta especialmente irritante.  Los expertos occidentales e incluso los economistas chinos repiten como loros este argumento, que procede directamente de la economía neoclásica y de lo que la economista keynesiana de izquierdas Joan Robinson denominó "keynesianismo bastardo", bastardo porque el propio Keynes hacía hincapié en el papel de la "demanda agregada", que incluía la inversión y no sólo el consumo.  Y sin embargo, la corriente dominante sostiene que lo que importa en una economía moderna para el crecimiento es impulsar el consumo.

Se puede demostrar que este argumento no tiene sentido.  Es la inversión productiva la que impulsa el crecimiento de una economía y de esa inversión fluye el consumo, y no al revés.

La base habitual de la visión del "reequilibrio" es que las tasas de consumo personal son demasiado bajas en China y esto frenará el crecimiento impulsado por la demanda. Tomemos como ejemplo la opinión de Chen Zhiwu, profesor de economía y finanzas chinas en la Universidad de Hong Kong. Chen sostiene que, bajo Xi, se han dejado de lado las grandes reformas hacia un sector privado más amplio y una economía impulsada por el consumo. "Las 60 reformas habrían ampliado en gran medida el papel del consumo y las iniciativas privadas", afirma. "Sin embargo, el programa de reformas orientadas al mercado se ha dejado de lado en gran medida... lo que ha dado lugar a un mayor papel del Estado y a una reducción del papel del sector privado".  Según Chen, esto significará que la economía china se estancará de aquí en adelante.

Otro destacado y muy seguido analista occidental, Michael Pettis, que trabaja en Shanghai, sostiene un argumento similar, a saber, que lo que empujará a China a un estancamiento al estilo japonés es la incapacidad de expandir el consumo personal y seguir expandiendo la inversión mediante el aumento de la deuda.  Y el gurú keynesiano Paul Krugman se une a este coro, hablando de la economía "salvajemente desequilibrada" de China, de la que Krugman afirma: "Por razones que no comprendo del todo, los responsables políticos se han mostrado reacios a permitir que todos los beneficios del pasado crecimiento económico se trasladen a los hogares, y eso ha provocado una baja demanda de los consumidores". Desgraciadamente, algunos sectores de la dirigencia china, en particular sus economistas del sector financiero, aceptan este argumento irritantemente estúpido de los expertos occidentales.

¿Cómo puede alguien afirmar que las economías maduras "orientadas al consumo" del G7 han logrado alcanzar un crecimiento económico constante y rápido, o que los salarios reales y el crecimiento del consumo han sido más fuertes allí?  De hecho, en el G7, el consumo no ha logrado impulsar el crecimiento económico; y los salarios se han estancado en términos reales en los últimos diez años (y ahora están cayendo), mientras que los salarios reales en China se han disparado.  Además, estas economías basadas en el consumo se han visto afectadas por caídas regulares y recurrentes de la producción que han hecho perder billones de producción y de ingresos a sus poblaciones.

Aquí hay dos puntos.  En primer lugar, las economías basadas en la inversión registran un crecimiento más rápido del consumo.  China tiene la mayor proporción de inversión bruta en relación con el PIB de las principales economías (todos los datos proceden del Banco Mundial).

Y el crecimiento de la inversión es también el más rápido.

Claro que el crecimiento de la inversión se está ralentizando en China, pero la desaceleración es aún peor desde un nivel bajo en las economías del G7.  La "japonización" significa en realidad una caída del crecimiento real de la inversión.  China no está ni cerca de eso.

¿Qué significa esto para el crecimiento del PIB? La economía "sobreinvertida" de China ha crecido más de cuatro veces más deprisa que las economías de consumo de la OCDE y un 40% más deprisa que la India.

Se ha hablado mucho de la política de "catástrofe" de cero COVID en China.  Pero aparte de salvar millones de vidas, China no entró en recesión en 2020, a diferencia de todas las economías del G7 en 2020. (...)

Luego viene el argumento: China necesita elevar su cuota de consumo a niveles occidentales o no podrá crecer y permanecerá encerrada en una trampa de "renta media". (...)

Sorpresa La economía china, "excesivamente invertida" y "salvajemente desequilibrada", ha sido, con diferencia, la que más rápido ha hecho crecer el consumo de su población: casi cuatro veces más rápido que la estadounidense, dirigida por el consumo, nueve veces más rápida que la japonesa e incluso un 50% más rápida que la india.  Lo que esto sugiere es que si China "reequilibrara" su economía hacia el consumo y redujera la inversión; y también redujera el sector público y "liberara" el sector privado (el sector que proporciona la mayoría de los bienes de consumo en China), ¡la tasa de crecimiento de China caería aún más de lo que lo ha hecho en los últimos años! (...)

En primer lugar, esta medida del consumo excluye el salario social, en particular la sanidad y la educación, la asistencia social y los servicios públicos.  En países como EE.UU., gran parte de este consumo social tiene que pagarse, por lo que aparece en la cuota de consumo.  Este no es el caso de gran parte del consumo social en China.  China tiene un largo camino por recorrer en consumo social, pero está muy por delante de sus pares de los mercados emergentes en muchas áreas y no tan lejos de las principales economías del G7, que empezaron más de 100 años antes. (...)

En Estados Unidos, el consumo parece constituir el 70% del PIB.  Sin embargo, si se considera el "producto bruto", que incluye todos los productos intermedios con valor añadido no contabilizados en el PIB, el consumo sólo representa el 36% del producto total; el resto constituye la demanda de capital para piezas, materiales, bienes intermedios y servicios.  Es la inversión el factor de giro y el motor de la demanda, no el consumo de los trabajadores.

Lo cierto es que el crecimiento de la inversión "productiva" ha retrocedido en China.  La inversión en nuevas tecnologías, manufacturas, etc. ha dado paso a la inversión en activos improductivos, sobre todo inmobiliarios.  En mi opinión, los sucesivos gobiernos chinos cometieron un grave error al intentar satisfacer las necesidades de vivienda de su floreciente población urbana creando un mercado de viviendas en venta, dejando que las hipotecas y los promotores privados se encargaran de suministrarlas. En lugar de que los gobiernos locales pusieran en marcha ellos mismos proyectos de vivienda para alojar a la gente en alquiler, vendieron activos estatales (terrenos) a promotores capitalistas que procedieron a pedir grandes préstamos para construir proyectos.  Pronto la vivienda dejó de ser "para vivir y pasó a ser para especular" (cita de Xi).  La deuda del sector privado se disparó, como en la burbuja inmobiliaria de Occidente.  Todo llegó a su punto álgido con la pandemia del COVID, cuando los promotores y sus inversores quebraron.

La crisis inmobiliaria sigue sin resolverse.  Es interesante ver cuál es la solución según los expertos occidentales.  Esto es lo que dice Michael Pettis: "Desgraciadamente, será necesaria una reactivación de las compras especulativas para evitar una mayor contracción del sector inmobiliario y de los precios de los inmuebles, algo que sólo empeoraría las cosas a medio y largo plazo."  (Tweet, 5 de marzo). Así que la respuesta a la crisis inmobiliaria es más especulación, ¡aunque empeore las cosas en el futuro!

Esa no es mi solución.  Lo que tiene que hacer el Gobierno chino es hacerse cargo de estos grandes promotores y devolverlos a la propiedad pública, completar los proyectos y pasar a construir para alquilar.  El Gobierno debería poner fin a los pagos de la deuda a los inversores extranjeros y cumplir sólo las obligaciones con los pequeños inversores; y transferir la vivienda fuera del sistema hipotecario y de financiación privada.

El sector inmobiliario ha crecido tanto en China como porcentaje de la inversión y la producción que ha degradado gravemente el crecimiento global.  Aquí es donde la economía necesita un reequilibrio. El Primer Ministro saliente, Li, afirmó que China necesitaba "ampliar el acceso al mercado" para los inversores extranjeros, "apuntalar" el consumo y controlar el riesgo en el sector inmobiliario.  Li se comprometió a ayudar a las "empresas inmobiliarias líderes y de alta calidad", al tiempo que seguía "impidiendo la expansión no regulada".

De verdad, ¿puede Li cuadrar el círculo? El sector privado chino se ha multiplicado en las dos últimas décadas.  Ha dado lugar a una expansión malsana de multimillonarios y a una creciente desigualdad de riqueza e ingresos.  Y al igual que en Occidente, al caer la rentabilidad del capital productivo, el sector capitalista se ha orientado hacia áreas de inversión improductivas, como las finanzas y el sector inmobiliario.  La deuda se ha disparado.  Esto ha aumentado el riesgo de crisis económicas como en Occidente.

En contra de la opinión de los expertos occidentales y de Li, no es menos inversión y más consumo; no es menos inversión pública y más privada lo que China necesita para mantener su anterior éxito económico, sino lo contrario."   
                 (Michael roberts, Brave new europe, 05/03/23; traducción DEEPL)

22.3.22

Las viviendas compartidas eran habituales en las grandes ciudades españolas de mediados del siglo pasado... hoy, esos mismos barrios siguen albergando una cantidad elevada de viviendas compartidas. Con jóvenes que no pueden pagar un alquiler, a pesar del apoyo paterno. Y son hijos de las clases medias... también el pluriempleo es cada vez más frecuente... una forma antigua de ganarse la vida, propia de los tiempos de escasez... estamos viviendo un regreso a viejas prácticas, que dicen mucho de la debilidad de la clase media... de esa parte creciente que desciende en la escala social, que ha adoptado prácticas de consumo constreñidas, la de la "economía del apaño", para conservar cierto nivel de consumo: gangas en las rebajas, en las liquidaciones, en los outlets, o en las ofertas del Black Friday... son formas de consumo a través de las cuales se intenta mantener un nivel de vida de clase media cuando se carecen de los ingresos para ello... lo que revela una sociedad tensionada y en contracción... también son ejemplos los transportistas endeudados por la compra de su vehículo, agricultores o comerciantes al límite, firmas subcontratadas en la construcción, el bar, el negocio español por excelencia... ¿Qué hacer con estas clases sociales que están en medio de ninguna parte? Viven en la 'economía del apaño'. Y conforman una parte no desdeñable de la sociedad española. Sobre ese sustrato hay una partida política que se está jugando, pero también hay aspiraciones legítimas de quienes ven un porvenir oscuro

 "Las viviendas compartidas eran habituales en las grandes ciudades españolas de mediados del siglo pasado. 

No era infrecuente, en un momento de escasez de pisos y de precios elevados, que familias con hijos pequeños convivieran en cuartos con derecho a cocina. Muchos años después, esos mismos barrios céntricos, que gozan de una gran vitalidad, siguen albergando una cantidad elevada de viviendas compartidas. Ya no se trata de familias incipientes, sino de jóvenes que no podían afrontar en solitario el coste de un alquiler. Muchos de ellos eran hijos de clases medias que, incluso a pesar del apoyo paterno, no contaban con los recursos suficientes como para alquilar un piso.

 Ese regreso a lo compartido resultaba paradójico, porque señalaba una inversión de la línea temporal. En aquella España del desarrollismo, la vivienda compartida fue un momento de tránsito hacia una situación mejor, mientras que ahora es la señal de un retroceso ambiguo. Y es curioso que, en una sociedad en la que han existido debates enconados acerca de si el pasado fue mejor o peor, lo que estemos viviendo es un regreso a viejas prácticas.

Estos cambios nos dicen mucho de la debilidad de la clase media. En las sociedades occidentales se suele analizar esas capas sociales desde lo aspiracional, a menudo en sentido peyorativo, y en ese sentido, la expresión 'la España de las piscinas', que debemos a Jorge Dioni, es muy representativa. Son personas que han encontrado un espacio propio, rodeadas de gente de su nivel social, en urbanizaciones construidas en núcleos urbanos de las afueras, edificios que se miran con la piscina en medio y cerrados al exterior, conformando así un modelo de vida.

1. El caso del Dacia Sandero

Pero hay otra clase media, mucho más debilitada, y que comienza a ser mayoritaria. Un buen retrato lo ofrecen Jérôme Fourquet y Jean-Laurent Cassely en 'La France sous nous yeux', y que han definido con un término que podría traducirse como 'la economía del apaño'. Un símbolo reside en las ventas de la marca de coches Dacia: en 2019, se convirtió en la tercera en el mercado francés, y su modelo Sandero en el más adquirido. Es significativo porque Dacia era una firma destinada a conquistar los mercados emergentes de Europa del Este, pero que ha acabado triunfando en Francia

El éxito del Sandero residía en su precio: permitía a los ciudadanos galos tener un coche nuevo a un precio que podían pagar, y muchos de ellos no podrían afrontar el coste de un modelo medio. Según Fourquet y Cassely, la clave de su oferta residía en la posibilidad de acceso a lo nuevo, que era cada vez más complicada para mayores capas de la población, que recurría a la segunda mano. Una situación, en todo caso, previa a nuestra época, en la que también los coches de segunda mano han subido de precio (como las viviendas o el alquiler de las mismas).

La búsqueda de gangas en rebajas, en la liquidación de existencias o en las ofertas del Black Friday se convirtieron en comunes

En ese ejemplo, los autores franceses veían un signo más de una bifurcación evidente entre las clases medias que tienen acceso a un mundo que podría llamarse premium, y esa parte creciente de ellas que desciende en la escala social, y que ha adoptado prácticas de consumo constreñidas, ya que sus presupuestos están muy ajustados.

2. 'La economía del apaño'

La 'economía del apaño' se refiere precisamente a estas prácticas a través de las cuales las clases en declive arañan sus recursos para conservar cierto nivel de consumo. La compra en las tiendas cercanas se desplazó hacia los grandes hipermercados que ofrecían precios más baratos por su poder de negociación, y de ahí hacia las marcas de descuento estilo Lidl. 

La apertura de tiendas como los Cash Converters respondió también a los presupuestos ajustados, y de ahí se ha pasado a la popularización de la compraventa de segunda mano a través de aplicaciones que ponen en contacto a particulares en muy diversos ámbitos. La búsqueda de gangas en las rebajas, en la liquidación de existencias, en los outlets, en la red o en las ofertas del Black Friday se convirtieron en comunes.

Son formas de consumo a través de las cuales se intenta mantener un nivel de vida de clase media cuando se carecen de los ingresos para ello

La suma de todos estos elementos, que van desde el aumento del alquiler en la vivienda frente a la compra, los coches usados, el paso del 'low cost' al mercado secundario entre particulares, con el creciente peso en el consumo de la segunda mano, la caza de rebajas y gangas o los desplazamientos en Blablacar retratan formas de consumo ya habituales a través de las cuales se intenta mantener un nivel de vida de clase media cuando se carecen de los ingresos para ello

Se trata de consumo típico de las clases populares de otras épocas, siempre mirando la peseta, y que intentaban optar a productos de mayor prestigio social a través de las gangas. Este regreso a viejas prácticas viene adornado por un matiz de modernidad y novedad que le añaden las aplicaciones tecnológicas y el marketing de las mismas, pero no dejan de ser los caminos habituales cuando el dinero escasea.

En esa deriva social, es llamativo también que una parte de esa clase media en ascenso, la de la España de las piscinas, recurra también a estas prácticas como forma de ajuste de los presupuestos, dado el elevado coste de la adquisición de vivienda, de los seguros médicos o de la educación. Es una tendencia instalada que no se ciñe a las clases trabajadoras o a las medias en declive.

3. El apaño laboral

Pero si los cambios en el consumo muestran el crecimiento de la 'economía del apaño', los acontecidos en el mundo laboral no son menos significativos. La creación de microempresas, una de las formas de salida típicas de estas clases medias a la baja, está guiada a menudo por la necesidad de crear el propio puesto de trabajo, o de conseguir una fuente de ingresos adicional (ya sea mediante las conocidas como "chapuzas", o de las "asesorías" en generaciones mayores), o de acceso al mercado laboral entre los jóvenes. En un contexto de desempleo alto confluyen trabajadores eventuales, personas con contratos de corta duración, microempresarios y autónomos. Lo que antes dio en llamarse pluriempleo es cada vez más frecuente, aunque ahora lo justifiquemos en la cotidianeidad del 'freelance'. Pero esa es una forma antigua de ganarse la vida, propia de los tiempos de escasez.

El regreso, tanto en el consumo como en el trabajo, de viejas prácticas que se creyeron desaparecidas con el desarrollo del bienestar, revela una sociedad tensionada y en contracción. Y es probable que no estemos entendiendo la magnitud de estos cambios, ni tampoco sus consecuencias sociales.

Una de ellas la vemos, más allá de la obvia intencionalidad política, en las manifestaciones de este fin de semana. Sería conveniente, más allá de la dimensión partidista, entender hasta qué punto los transportistas y el campo forman parte de esta sociedad bifurcada.

4. Los que ayudan a Putin

Las contradicciones se acentúan debido a la manera en que se ha reorganizado el mundo del trabajo. Como ya se explicó, la huelga de Cádiz del pasado diciembre es un ejemplo evidente. Se trataba de un conflicto entre los trabajadores y las empresas auxiliares a las que prestaban servicios; entre empleados y firmas que dependían de compañías de mucho mayor tamaño, que son las que finalmente abonaban las tareas. 

En esa cadena se produjo una rebaja general de costes, de manera que la empresa mayor presionaba a las subcontratadas a la baja, y estas desplazaban la misma acción hacia sus empleados, lo que dio lugar a peores condiciones y peores salarios, hasta que la situación se volvió insoportable y estalló el conflicto. Lo que ocurrió en aquel instante se repite ahora con mayor intensidad, porque muchas cadenas están repercutiendo los costes de la inflación en sus proveedores, y estos se quedan sin margen de maniobra respecto de los autónomos y de los empleados que trabajan para ellos.

Ocurre en sectores como el transporte o en el campo, ya que las pymes y los autónomos dependen de cadenas que les presionan permanentemente para que afinen los costes. Muchos de ellos, más que propietarios, son proletarios que aportan los medios de producción. Ocurre en muchos ámbitos: transportistas endeudados por la compra de su vehículo (una preciosa narración al respecto aparece en 'Sorry, we missed you', de Ken Loach), agricultores o comerciantes al límite, firmas subcontratadas en la construcción, así como proveedores en los más diferentes ámbitos. Incluso microempresas que no están insertas en cadenas viven en la misma dinámica: el bar, el negocio español por excelencia, es un buen ejemplo. De esos modelos y de lo perniciosos que resultan ya hemos hablado.

Algunos pertenecen a las clases medias con recursos, pero la mayoría vive permanentemente en la 'economía del apaño'

Se trata de pequeñas empresas y de autónomos que son muy relevantes en el porcentaje de empleo español, y que resultan especialmente sensibles a las subidas de costes. En la época previa a la invasión de Ucrania ya se habían producido tensiones por el combustible, por las materias primas, por la electricidad o por el transporte, que ahora están alcanzando un momento crítico. Sobre las espaldas de microempresas y autónomos se está cargando el coste de la crisis.

¿Qué hacer con estas clases sociales que están en medio de ninguna parte? No son ni grandes empresas ni trabajadores por cuenta ajena, algunos de ellos pertenecen a esas clases medias con recursos, pero muchos viven permanentemente en la 'economía del apaño'. Y conforman una parte no desdeñable de la sociedad española.

Sobre ese sustrato hay una partida política que se está jugando, pero también hay aspiraciones legítimas de quienes ven un porvenir oscuro"             

Es probable que, precisamente por el carácter político de las manifestaciones, se caiga en la retórica de señalar que es esta clase de gente la que ayuda a Putin, la que le hace el juego, como ha hecho el gobierno, y que se la vincule con las extremas derechas. También existe la tentación de equiparar esta tensión social con el malestar de los chalecos amarillos, lo que resultaría cómodo, en la medida en que reduciría los problemas a un par de sectores vinculados a las periferias territoriales. Sería un error, porque más allá de las manifestaciones y de los sectores en concreto que pueden estar en huelga, hay una capa amplia de la población que se encuentra en condiciones similares.

 Las prácticas de consumo y el tipo de empleo que se ha extendido, añadido al trabajo cada vez más intensivo en mano de obra barata, del orden de Amazon o Glovo, revelan cambios sociales profundos y un empobrecimiento objetivo de una parte no menor de la población. Sobre ese sustrato hay una partida política que se está jugando, pero también hay aspiraciones legítimas de quienes ven un futuro más oscuro. Las situaciones están mucho más mezcladas que las viejas divisiones entre clase obrera, clase media y clases altas, e incluyen derivas territoriales. La manera en que se afronten estas nuevas situaciones va a definir la política del futuro, y es probable que estemos reduciendo el alcance de nuestros análisis."                            (Esteban Hernández, El Confidencial, 20/03/22)

21.1.20

¡Jugad, jugad, malditos! La epidemia del juego en España: ludópatas y capos del azar... el juego mata. El juego causa la muerte...

"(...) ¿Se ha alertado suficientemente a la sociedad sobre el peligro del juego? 

¿Cuáles son los riesgos a los que se enfrenta un jugador? «Personas que, si no hubieran venido aquí conmigo, quizá no se hubieran salvado», contesta la psicóloga Carmen García. Todos los terapeutas con los que se ha hablado para escribir este libro coinciden: el juego mata. El juego causa la muerte.

Depresión, ansiedad, bancarrota, fracaso en los estudios. Delitos, mentiras, pérdida de confianza, rupturas matrimoniales o de pareja.

Problemas legales, problemas laborales, problemas con los hijos o con los padres.

Degradación social y familiar (es común que el jugador se convierta en una persona de la que nadie se fía. Porque pide préstamos que nunca devuelve, porque hace promesas que nunca cumple, porque ya no atiende sus obligaciones como padre o como hijo, como estudiante o como trabajador, como amigo).

Complicaciones vasculares (debidas al estrés del juego: las pérdidas y las deudas y las ilusiones nunca alcanzadas). Impotencia o falta de apetito sexual, sensación de fracaso personal y de ausencia de sentido vital. Suicidio. «El riesgo de suicidio, la mortalidad por suicido, se incrementa hasta cuatro veces», advertía el jefe de Psiquiatría del Hospital 12 de Octubre, Jiménez Arriero, en el Congreso de los Diputados, el 17 de mazo de 2011, durante una sesión de comparecencia de expertos en relación con el proyecto de ley de regulación del juego.

"Son personas que están obsesionadas y preocupadas por el juego, por revivir experiencias previas de juego, por conseguir dinero para jugar, por compensar pérdidas. Gran parte de sus actividades los lleva a estar obsesionados y preocupados por eso; sufren fracasos repetidos por todos los intentos que hacen por controlar o por interrumpir o detener el juego; y normalmente al final terminan con una gran cantidad de engaños hacia el entorno –no solamente hacia ellos mismos en sus fracasos sino hacia el entorno– para ocultar el grado de implicación en el juego". 

En la misma sesión, el doctor Jiménez Arriero quiso avisar de un fenómeno frecuente cuando aparece una droga desconocida o una conducta potencialmente adictiva nueva –o una forma novedosa de llevarla a cabo– en una sociedad que aún no está lo bastante informada.

"Se ha observado (y no somos el único país en el mundo) un incremento importantísimo cuando surgen nuevas oportunidades de juego, cuando surgen nuevas tecnologías. Ese incremento sube hasta dos o tres veces las tasas de prevalencia normales; es decir que, si estamos hablando de un 1,5, nos colocamos en un 4,5, en un 5 o en un 6. Eso dura una serie de años hasta que la sociedad, preocupada y asustada por lo que ocurre, se moviliza y pone en marcha medidas reguladoras dirigidas a contener eso".

 "No regulado o no adecuadamente manejado, en algunas personas puede ser tan peligroso como dejar a un niño que juegue con un arma", advirtió el doctor Jiménez Arriero.
Inauguración de una casa de juego y apuestas Codere (Casino Park, Sports Bar). Rivas, Madrid. 13 de junio de 2019. Junto a las puertas automáticas del Centro Comercial Santa Mónica, uno de los primeros que se abrieron en Rivas, uno de los más prósperos, dos chicas de menos de veinte años, con pantalones vaqueros muy cortos y camisetas negras de Codere, reparten propaganda de la nueva casa de apuestas. «¡Inauguración! Salón de juego Rivas.» Sobre las llamas de una explosión se lee: «Sorteos de dinero en efectivo». En la parte de atrás: «¡Promoción saco de la suerte!». 

Es un papel plastificado y brillante, que parece negro hasta que uno lo mira con atención. Dentro del negro, en un mundo subliminal, han sido lanzados al aire billetes. Dinero. Flotan en la atmósfera. No es fácil verlos, hay que fijarse bien. Entonces te das cuenta de que el dinero está ahí, esperando a que tú lo cojas cuando caiga.

El local es el segundo más grande del centro comercial: detrás del que ocupa el Supermercado Plaza. (...)

La casa de juego está a dos minutos caminando del Colegio Público Jarama, a la misma distancia del Centro de Día para Mayores Concepción Arenal, a dos pasos –cruzar una calle– del Centro de Salud Santa Mónica. Justo enfrente (puerta con puerta) hay una sucursal de Bankia, en cuyos tabiques de cristal se lee el lema publicitario: "Tu negocio no es un juego".

El primer paso hacia el interior de una sala de juego es sorprendentemente agradable. Moqueta de color rojo oscuro con pequeños logotipos de Codere, paredes rojas. Una línea de luz recorre el vértice entre el techo y la pared, iluminación suave, noctámbula, acariciadora, en medio de la que resaltan los centelleos de las tragaperras, los televisores con resultados deportivos.

Frondosas butacas de piel sostenidas sobre una sola pata metáli ca como el tallo de una copa de vino –alrededor de la ruleta, delante de cada máquina–, cestitas con caramelos gratis a la mano del jugador. Es una atmósfera de agasajo al cliente, de lujo.

Un ambiente que te susurra al oído: "Estás en tu casa". Como un amigo rico que te invitase a pasar el fin de semana en su mansión, a conducir su Maserati y abrir las botellas que prefieras de su bodega. Sólo porque le caes bien, a cambio de tu compañía. Únicamente por jugar, nada más que por echar un poco de dinero en la máquina. «¿Hay algo que te preocupa? Tranquilo», te dice tu amigo. "Relájate, te lo mereces. Olvídate del trabajo y de tu jefe, de los problemas que tengas en casa. ¿Acaso no estamos a gusto aquí? Mañana puede que tengas que hacer lo que sea. Pero primero está este momento. Está hoy, está esta noche".

No hay reloj. Todo ha sido ideado para que pierdas la noción del tiempo, para que no te acuerdes del mundo exterior. (En el descontrol de la adicción, en el frenesí de los envites y las apuestas, el jugador suele olvidarse de que el planeta gira todavía. "Cinco minutos más, una jugada más. Espera. Otra, la última. Ahora voy a ganar, estoy seguro. Bueno, era sólo una jugada de prueba. Ahora sí, ahora estoy seguro de que gano. Bueno, otra más. La última, lo prometo. No, espera. Un rato más, uno corto. Tengo un presentimiento".) 

A los buenos jugadores, los habituales, les dan bebidas alcohólicas gratis. Y les permiten incluso golpear las máquinas, patearlas, insultarlas. (El alcohol, como sustancia desinhibidora, propicia que se tomen decisiones impulsivas, rápidas, que alimentan el gusano siempre hambriento de la compulsión: un fenómeno que los magnates de las casas de juego han estudiado bien.)

Las máquinas tragaperras (o slots) no son ya esos muebles estridentes que llenaban los bares con su música de hojalata, con sus efectos sonoros que no dejaban tomar el aperitivo en paz. No. Ahora son grandes y complejas, con los bordes elegantemente cromados, llenas de botones, como el tablero de mandos de un gran vehículo. Su lenguaje se dirige directamente al sistema nervioso del jugador.

 "La temática de las tragaperras es siempre igual", afirma J. M., psicólogo especialista en adicciones, que trabaja en la Asociación Dombenitense de Ayuda al Toxicómano (ADAT): «Tesoros en lugares idílicos: monedas brillantes y cofres en islas con palmeras». Un lenguaje chillón que nos habla de lo que podemos conseguir y de quiénes somos. Podemos conseguir lujo y placeres y mujeres bellas, objetos valiosos, símbolos de poder y de riqueza. Somos guerreros, superhéroes, protagonistas de películas o de videojuegos.

También está ese universo de combinaciones numéricas (777, 888) y trípticos frutales (cerezas, manzanas) que apela a las supersticiones que hacen creer al jugador que él es quien controla la máquina. Que no todo es una cuestión de azar.

Se crea la ilusión de que uno puede acceder a ese mundo de placeres y riquezas si juega bien, si se comporta como un guerrero, si es "lo bastante bueno". En la publicidad de los operadores de juego se insiste en que ganar es una cuestión de méritos: depende de la astucia o la inteligencia del jugador. "Los mejores jugadores...", se lee en un banner de una página web de noticias. "Se atrevió a soñar. Dio la sorpresa. Ganó el torneo", dice un vídeo de publicidad en Facebook. 

Se trata de una creencia común en los ludópatas: que el resultado del juego depende de ellos, de su modo de jugar, de si han acertado o se han equivocado. Pues bien: en las tragaperras o en la ruleta nada depende de ellos. Nada. Son aparatos diseñados para que gane la banca: el empresario de Codere o Luckia y el dueño del local en el que operan esas marcas. Ellos siempre ganan. El jugador siempre pierde.  (...)

Aunque este hecho tan sencillo puede resultar inadmisible para una persona que ha gastado miles de euros en la trampa del juego. Y que a cambio ha recibido deudas y miseria, ansiedad, sentimiento de vergüenza, un matrimonio destruido y unos hijos que dejaron hace tiempo de respetarle. Esa persona tiene que creer que controla la máquina. Tiene que autoengañarse. De lo contrario nunca se hubiera metido en el agujero del juego. Es la publicidad la que se encarga de alimentar el autoengaño del jugador.

En la nueva sala de la casa Codere en Rivas los chinos se distribuyen alrededor de la mesa con los canapés. Arreglados como nunca habían sido vistos. Mujeres con tacones y vestidos de noche, hombres con traje. Comen, se ríen. Ninguno juega: ellos se hallan en el otro lado del negocio. Quienes están manipulando los botones de la ruleta sentados en las butacas de piel son todos españoles. Jóvenes. Quizá alguno menor de dieciocho años.

 En cualquier caso, no hay nadie en la puerta pidiendo los carnets.Tres pequeños cuadros acristalados de color verde cuelgan de la pared. Uno hace referencia a la Ley de Ordenación del Juego de 2011. En otro se lee que jugar "puede producir ludopatía". El tercero habla de «limitaciones», entre las cuales figura el máximo de 2.500 euros para los premios en efectivo. (...)

10.7.19

Fusaro Insiste en que el eje político no debe ser izquierda y derecha, sino los de arriba y los de abajo. Y que ideológicamente hay que ser conservadores en cuanto a los valores (arraigamiento, lealtad, familia, eticidad, patria) y de izquierdas (emancipación, socialismo democrático, dignidad del trabajo). ¿Será la forma de ser marxista hoy? Le acusan de representar el fascismo de izquierdas hoy...

"Diego Fusaro es uno de los intelectuales más polémicos de Italia, ya que ocupa una posición ideológica que aúna posiciones conservadoras y de izquierda. Es marxista, y sus referentes son Gramsci, Pasolini y Costanzo Preve, al mismo tiempo que antiglobalista y soberanista, y eso le ha llevado a sostener posiciones con las que muchos salvinistas no están en desacuerdo.  (...)

El de Fusaro es un pensamiento heterodoxo, que está destinado a recibir críticas de un lado y de otro, y en no pocas ocasiones ha sido tildado de rojo y de fascista, como también se ha hecho con quienes le han entrevistado, a quienes acusan de blanqueamiento. Pero aquí asumimos gustosos ese riesgo, porque las ideas del filósofo de moda en la política italiana también merecen ser conocidas.

PREGUNTA. Acaba de publicar 'La notte del mondo'. Explíqueme, por favor, por qué estamos en una noche oscura, en qué punto se cruzan Marx y Heidegger.

(...) estamos efectivamente en la noche del mundo, donde ni siquiera vemos el enorme problema en el que nos encontramos. En el libro empleo las categorías de dos autores muy diferentes, como Marx y Heidegger, para tratar de poner de manifiesto cuáles son las contradicciones de nuestro presente en el que todo el mundo calcula y nadie piensa. En el que la razón económica y técnica, técnico-científica, se ha impuesto como la única razón válida, y pretende reemplazar a todas las demás.

 P. Insiste en que el eje político no debe ser izquierda y derecha, sino los de arriba y los de abajo. Y que ideológicamente hay que ser conservadores en cuanto a los valores (arraigamiento, lealtad, familia, eticidad, patria) y de izquierdas (emancipación, socialismo democrático, dignidad del trabajo). ¿Es esa la forma de ser marxista hoy?

R. Sí, creo que la geografía de la política actual ha cambiado profundamente. Hoy hay una especie de totalitarismo liberal que nos permite ser liberales de derecha, liberales de izquierda, liberales de centro, siempre y cuando seamos liberales, siempre, y, por lo tanto, izquierda y derecha se convierten en dos formas diferentes de ser liberales o, precisamente, en liberalismo político y económico, en práctica libertaria en las costumbres y, por supuesto, en atlantista en la esfera geopolítica. 

Creo que hoy debemos replantearnos una recategorización de la realidad política según la dicotomía alto/bajo o la categoría élite/pueblo, que a veces se utiliza como sinónimo. Esto implica que si la élite, el Señor globalista, es precisamente cosmopolita, a favor de la apertura ilimitada de la libre circulación, el siervo, en cambio, debe luchar por la soberanía nacional-popular como base de la democracia de los derechos sociales. Hoy es preciso restablecer el vínculo entre el Estado nacional y la revolución socialista. Este es el punto fundamental.  (...)

 P. Insiste en que hay combatir el globalismo, pero tampoco hay que apoyar el nacionalismo. ¿Cuál es la opción?

R. Creo que hoy debemos ir más allá del globalismo y del nacionalismo. Al fin y al cabo, el globalismo no es más que el nacionalismo estadounidense que se ha hecho mundo y, por lo tanto, es una forma de nacionalismo llevado a su máximo desarrollo. 
Creo que es necesario hacer valer, contra estos dos opuestos, un modelo de internacionalismo entre Estados soberanos solidarios, basados en la democracia, el socialismo y los derechos de las clases más débiles y, en consecuencia, una especie de soberanía internacionalista, democrática y socialista, alejada tanto del cosmopolitismo que destruye a las naciones, como del nacionalismo que es un egoísmo pensado a nivel de la propia nación individual.
P. El Estado es el primado de lo político sobre lo económico. ¿Por eso el mundo global quiere acabar con los Estados?
R. Los Estados nacionales soberanos, en la modernidad, no han sido solo los lugares del imperialismo, del nacionalismo y de las guerras, como repite el orden del discurso dominante, que quiere destruir a los Estados para imponer el primado del capital globalista, donde los Estados se convierten únicamente en los mayordomos del capital. Esta es la visión liberal del Estado. En realidad, los Estados nacionales soberanos también han sido los lugares de las democracias y de las conquistas salariales de las clases débiles. 
 Y es por esta razón que hoy el capital quiere destruirlos, ciertamente no para evitar las guerras o el imperialismo que, de hecho, prosperan más que nunca en el marco posnacional. Hoy el Estado puede representar el único vector de una revolución opositora contra el capital mundialista, tal y como demuestran perfectamente los acontecimientos de los países bolivarianos, como Bolivia, Venezuela o Ecuador que, a pesar de sus límites estructurales, están creando formas de populismo soberanista, socialista, patriótico, anti-globalista e identitario.
 P. Por ideas como estas, a usted se le ha llamado fascista. Sus posturas políticas asustan más a la izquierda que a la derecha. ¿Por qué? (...)

R. Por supuesto, hoy en día la categoría de 'fascismo' se usa de manera completamente deshistorizada y descontextualizada, para demonizar simplemente al interlocutor. Hoy quien reafirma la necesidad de controlar políticamente la economía y, por lo tanto, reintroducir la soberanía contra la apertura cosmopolita, es vilipendiado y tachado inmediatamente de 'fascista', 'rojipardo' y 'estalinista'. 
 La categoría de fascismo está, pues, completamente deshistorizada, solo sirve para ocultar el verdadero rostro de lo que Pasolini ya había identificado como el verdadero fascismo de hoy: el de la sociedad de mercado, el totalitarismo de los mercados y de las bolsas de valores especulativas. Este es el verdadero rostro del poder hoy en día, y muchos tontos que se hacen llamar 'de izquierda' luchan contra el fascismo, que ya no existe, para aceptar plenamente el totalitarismo del mercado.
Estos últimos son los que luchan en Francia contra Le Pen para aceptar de buena gana a Macron. Luchan contra un fascismo que ya no existe para poder aceptar la nueva porra invisible de la economía de mercado.
Y, por supuesto, la clase intelectual, el circo mediático y el clero intelectual desempeñan un papel fundamental en este proceso; la tarea de la clase intelectual, académica y periodística es garantizar que los dominados acepten el dominio de la clase dominante en lugar de rebelarse. De modo que, como en la caverna de Platón, amen sus propias cadenas y luchen contra cualquier libertador.  (...)
P. Afirma que hay que recuperar a Gramsci y apartarlo de las izquierdas liberal-libertarias que hoy dominan y que son quienes más lo han utilizado últimamente y que encarnan bien lo que Gramsci combatió. ¿Definiría también, por ir al caso español, a Pablo Iglesias o Íñigo Errejón, y a Podemos en general, como un fenómeno cultural de glorificación del capitalismo globalizado?
R. Sí, en lo esencial, Gramsci es todo lo opuesto de lo que está haciendo la izquierda en Italia y en gran parte de Europa, las izquierdas ya no son rojas sino fucsias, ya no son la hoz y el martillo, sino el arco iris. Luchan por el capital y no por el trabajo, luchan por el cosmopolitismo liberal y no por el internacionalismo de las clases trabajadoras. 
El caso específico de Podemos en España me parece bastante interesante, porque comenzó como fuerza soberanista y socialista, más allá de la derecha y la izquierda, pero me parece que últimamente está entrando cada vez más en el frente único del partido único del capital, y es realmente una lástima porque el partido Podemos originariamente parecía ser un partido de ruptura.
P. ¿Qué papel debe jugar el intelectual en este escenario?
R. En mi opinión, el intelectual de hoy debe restablecer lo que Gramsci llamaba la "conexión sentimental con el pueblo-nación", es decir, debe volver a conectar el pueblo a la política, a la intelectualidad misma, para que el pueblo salga de la pasividad y se transforme en subjetividad activa, como ya está sucediendo, en la medida en que el pueblo está rebelándose contra la élite cosmopolita.
 Lo hace votando por el Brexit, lo hace votando por Trump, lo hace votando en Italia contra el referéndum constitucional, lo hace votando en Grecia por el referéndum contra la austeridad de la Unión Europea. Pero el pueblo, dice Gramsci, debe ser 'interpretado', necesita de una filología viva, el pueblo es un texto que debe ser interpretado y no dirigido de manera unívoca.
 Hay que escuchar sus necesidades, sus exigencias, lo que la izquierda hoy no está haciendo; la izquierda es demofóbica, es decir, odia al pueblo, odia al pueblo porque el pueblo se le escapa de las manos, ya no se siente representado por una izquierda amiga del capital y de los amos, en lugar de los trabajadores y del pueblo.  (...)
 (Entrevista a Diego fusaro, , El Confidencial, 29/06/19)

30.1.18

No es una revuelta del hambre... pero, es algo más que histeria consumista. En Francia...

"La cadena de supermercados francesa Intermarché ha provocado en Francia una auténtica situación de histeria entre los ciudadanos. El motivo, una rebaja en el precio de los productos de la marca de crema de chocolate Nutella. La compañía de supermercados ha decidido aplicar un descuento de hasta el 70%, y el envase tradicional de la marca, que en Francia tiene un precio de 4,50 euros, ha pasado a valer 1,40 euros.


Largas colas que superaban las 200 personas a primera hora de la mañana, golpes y empujones para obtener la máxima cantidad de productos de la firma y faltas de respeto e insultos entre los consumidores.   (...)

"Son como animales. A una mujer le han arrancada el pelo, a otra señora mayor le han puesto una caja de cartón en la cabeza y un hombre tenía la mano ensangrentada", ha informado un cliente a un medio francés. 

Los encargados de algunos de estos comercios se han visto sobrepasados por la situación y han llamado a la Policía. "Hemos intentado calmar la situación, pero los clientes nos empujaban", ha declarado un trabajador de un supermercado Intermarché del centro del país al diario 'Le Progrès'.

La directora de uno de los establecimientos en la ciudad de Metz, en el nordeste de Francia, ha explicado a 'France Info' que a las ocho de la mañana "la gente ya corría y se peleaba. Estaban agresivos, trataban de coger los botes y nos amenazaban". (...)"           (El Periódico, 25/01/17)

4.1.18

La imagen que vende Trump es la de la impunidad gracias al dinero, una libertad y un poder inaccesibles a la gente del común. Este sueño capitalista se acompaña del último signo de poder en nuestro mundo: estar rodeado de mujeres. Prometió a su electorado de clases medias inferior la misma revancha que a los candidatos de su juego televisado: el poder de aplastar a los perdedores… los inmigrantes, los negros, las mujeres…

"(...) En su nuevo ensayo, Decir no no basta [Paidós, Barcelona, 2017], desvela la estrategia de Donald Trump. El presidente norteamericano ¿es producto de la doctrina del shock o es el mismo un productor de “shocks”?

Su método consiste en producir conmoción varias veces al día, vía Twitter u otros canales. Todo el mundo aguarda el nuevo “shock”, la última declaración provocadora. Y eso le sirve a su programa económico, el cual, gracias a estas distracciones, progresa entre bastidores, de forma bastante más discreta.

 Está rodeado de varios dirigentes de Goldman Sachs y, en una perspectiva más amplia, es a ellos a los que ha subcontratado su política económica. No se ha disociado en ningún caso de sus propios intereses de empresario privado.  

Lo mismo vale para el grupo de presión de los combustibles fósiles, muy arraigado en el entorno presidencial; este grupo de presión controla a Scott Pruitt, a quien Trump ha colocado al frente de la Agencia nacional de Protección Ambiental [EPA] y que acaba de abandonar el proyecto de energía verde que constituía la principal aportación de Obama a los acuerdos de París sobre el clima. Y eso cuela, porque toda la atención de los medios se concentra en el circo trumpiano.

Pero Trump es igualmente un producto de la doctrina del “shock” desde los años 70. Su primer gran golpe de promotor inmobiliario, cuando se desligó del amparo de su padre, consistió en  adquirir un hotel en condiciones extraordinariamente ventajosas, prácticamente exentas de impuestos, pues la ciudad estaba al borde de la quiebra, un poco como hoy Puerto Rico, y en manos de gestores privados antes que de representantes democráticamente elegidos. 
Es un perfecto ejemplo de explotación de la crisis en beneficio de las élites. 

¿Cómo definir la marca Trump?

La novedad de Trump es que representa un modelo empresarial que existe sólo desde hace dos décadas. Otros dirigentes ya habían tomado prestadas estrategias de marca en la empresa, como Tony Blair, al rebautizar el Partido Laborista como “New Labour” o al lanzar el lema “Cool Britannia”. 

Pero el hecho de que un presidente se transforme en marca que se lanza al mercado y confunda esta marca con la política presidencial, eso es algo inédito.

En otro tiempo, las empresas se presentaban como fabricantes de productos o proveedoras de servicios, y eran esos productos o esos servicios lo que vendían mientras creaban una identidad de marca para distinguirse de la competencia. 

Escribiendo No Logo, [Paidós, Barcelona, 2002] hace veinte años, descubrí un nuevo género de empresas que vendían, no ya un producto o un servicio, sino una identidad, un modo de vida. Para esta nueva tribu comercial, la producción era el marketing mismo, y la identidad de la marca se fundía en la cultura por referencia al deporte o a la música, incluso a la revolución. Nike fue una empresa pionera a este respecto: no tenía siquiera voluntad de poseer  sus propias fábricas. 

Es lo que he llamado “marcas vacías”. Esas empresas estaban a la vez por doquier y en ninguna parte, indiferentes a su mano de obra, y subcontrataban sistemáticamente su producción. Nike vende la idea de transcendencia por medio del deporte, Starbucks, la de una comunidad; Apple, la idea de revolución. 

Trump ha aplicado este proceso: se ha lanzado al sector inmobiliario gracias a su fortuna familiar, pero dejó muy rápidamente de construir y de vender inmuebles para vender su nombre y su imagen de marca, asociados a un modo de vida, a otros promotores que cargaban con todos los riesgos concretos y financieros ligados a la construcción inmobiliaria. 

Trump encarna la fusión entre el hombre y la gran empresa, megamarca de un solo personaje, cuya mujer y cuyos niños son marcas derivadas.  

¿Cuáles son los valores asociados a la marca Trump?

La imagen que vende Trump es la de la impunidad gracias al dinero, una libertad y  un poder inaccesibles a la gente del común. Este sueño capitalista se acompaña del último signo de poder en nuestro mundo: estar rodeado de mujeres. 

Y así resulta que hace alarde de sus amantes, que deja caer rumores en las revistas de escándalos neoyorquinas sobre sus problemas conyugales y sus infidelidades. Su mensaje electoral era: vivid la misma vida de ensueño que yo. Creó una universidad de pega, que prometía, previo pago, enseñar sus métodos y poder acceder a su mundo. 

Sus casinos ofrecían la misma promesa. Pero esta experiencia culminó, a buen seguro, con su programa de telerrealidad, The Celebrity Apprentice, que exhibía su fortuna, su poder y su lujo, prometiéndoselos al único ganador del juego. Ha promovido la riqueza por sí misma, la idea de ser ganador en un mundo de perdedores, un predador ideal. 

Y para él, el significado supremo del poder es poder abusar de las mujeres. Trump obra sólo a su antojo: le echa el guante a todo lo que pasa, deshonra, humilla lo que quiere cuando quiere: es el predador en jefe.

El ascenso de Trump acompaña el triunfo del neoliberalismo desde los años de Reagan, los años 80. En ese contexto de precarización y de desclasamiento es en el que ha podido vender ese sueño de liberarse de toda regla, de vivir en su propia realidad, de negar incluso las constricciones del mundo real o de la ciencia.

 De ahí su fascinación por el “catch” y los combates trucados. Traspuso el principio del juego a su campaña electoral. Prometió a su electorado de clases medias inferior la misma revancha que a los candidatos de su juego televisado: el poder de aplastar a los perdedores… los inmigrantes, los negros, las mujeres…

¿Es Trump es una síntesis perfecta de lo que ha denunciado usted en sus tres libros precedentes?

En efecto,  No Logo describía la forma en que las supermarcas invaden el espacio público: Trump representa la cima simbólica de esta tendencia ocupando el Despacho Oval. La idea de impunidad por el poder ha definido siempre, por otro lado, la política exterior norteamericana: el excepcionalismo norteamericano, el rechazo a rendir cuentas ante el Tribunal Penal Internacional y las demás instituciones de la ONU. 

En cuanto a la doctrina del “shock”, Trump explota crisis para exacerbar las divisiones económicas en beneficio de una élite minoritaria y riquísima. Le encanta desestabilizar a la gente y distraer su atención de lo que verdaderamente está en juego por medio de la trivialidad: ¡es a la vez la doctrina del “shock” y la doctrina del cheap! Sus ultrajes son adictivos como la comida basura…

Pero de golpe, no se subraya que reduce las tasas a las empresas o la imposición inmobiliaria, lo que beneficiará directamente  a su familia y a los multimillonarios que componen su gabinete, esos “maestros del desastre” que han construido principalmente sus imperios sobre la expropiación de las pequeñas gentes a raíz de la crisis financiera, enormemente imputable ella misma a Goldman Sachs, que se ha beneficiado de ella después. 

Es una escándalo bastante peor que los excesos histriónicos de Trump, y la perfecta ilustración de un “capitalismo del desastre” o de la catástrofe. Del mismo modo que lo es que la industria petrolífera mantenga una crisis crónica de la que saca partido: Exxon practica la desinformación sobre el cambio climático aprovechando el deeshielo del casquete polar para efectuar nuevas prospecciones. 

Han echado por tierra todas las reglamentaciones de control energético y ecológico. Ahora bien, la modificación de nuestro sistema de producción energética y de transporte supone tasas fiscales que no quiere la derecha.     
    
Habla usted de tres “d”: destrucción, desregulación, deconstrucción

Al escribir La doctrina del shock, tendría que haber insistido, para empezar, en la forma en que el neoliberalismo explota la xenofobia y el rechazo de los inmigrantes. Es tan cierto de Trump como de Marine Le Pen o de los partidarios del Brexit.

 No se puede comprender el auge del neoliberalismo sin subrayar cuánto ha exacerbado las fracturas raciales para dividir a los trabajadores. Desde Reagan, pero también con Clinton, se ha acusado a los inmigrantes y a las minorías étnicas de abusar de las ayudas sociales, de vivir a expensas de la sociedad. 

Reagan decía que “el Estado no es la solución a nuestros problemas: el Estado es el problema”, ¿Trump es su heredero o el producto de una nueva cultura empresarial que fetichiza a los “disruptores”, los innovadores que hacen fortuna ignorando las leyes de forma flagrante? 

Trump es ambas cosas a la vez. La herencia de Reagan consiste en considerar a los directores ejecutivos como fuerza vital de los Estados Unidos, en borrar las fronteras entre el mundo de los negocios y el mundo político. 

Reagan no inventó este proceso, pero lo aceleró. Trump añadió a este desafío hacia el intervencionismo del Estado, e incluso hacia la sociedad civil, una verdadera diabolización de los poderes público, explotando el disgusto a veces legítimo del electorado frente a la corrupción de la esfera política.       
  
Por otra parte, comparte con los “disruptores”, el culto de la innovación brutal, con el desprecio a toda regla y una indiferencia total a toda objeción o acusación. Su postulado es que, llegado a un cierto grado de riqueza, se puede eludir toda pregunta sobre la forma ilegal en que se ha llegado a obtenerla. Es la misma impunidad que reivindican Google, Facebook o Uber.  

El fenómeno Trump ¿es la encarnación de ese lugar común según el cual los millonarios serían los únicos capaces de resolver nuestros problemas?  

Quería, sobre todo, disipar un mito, el que imputa toda la responsabilidad a los republicanos, como si hubiera dos Norteaméricas estancas. Pues los demócratas también han contribuido a poner en marcha este sistema. 

Si bien Trump ha explotado de modo efectivo el racismo, la misoginia y la homofobia, nunca hubiera accedido al poder sin la deriva de los medios, incluyendo los progresistas, hacia la información espectáculo, y su forma de tratar la campaña electoral como un programa de telerrealidad. 

Él entró en escena, pero no construyó esta escena. Sencillamente, es mejor actor para este género de papel que los políticos tradicionales. El espectáculo sensacionalista es su universo.

Y este mito del millonario filántropo, que sugiere que  los problemas políticos más candentes (los del medio ambiente o la educación, por ejemplo) podrían arreglarse gracias a las limosnas de algunos oligarcas más ricos que bastantes estados, existe también entre los progresistas. 

La Fundación Clinton es buen ejemplo de ello. En lugar de recurrir a instituciones transparentes y democráticas, se apela a la benevolencia de estos multimillonarios, y se subcontrata con ellos la resolución de estos problemas, aunque no tengan ninguna experiencia en esos terrenos. 

Su fortuna hace las veces de competencia. Son supuestos progresistas como los Clinton, Bill Gates, Richard Branson o Michael Bloomberg los que le han preparado el terreno a Trump(...)"             (Fuente: L´Obs, nº 2764, 26 de octubre-1 de noviembre de 2017. Entrevista a Naomi Klein, Sin permiso, 21/11/17)

25.9.17

La causa del empobrecimiento global de la sociedad española ha sido que la tasa de desempleo se ha mantenido por encima del 20% durante más de 5 años

"(...) Cuando estamos dispuestos a pagar un precio elevado por la supuesta mayor calidad de un producto sin que tengamos una idea fehaciente de sus verdaderas características, en esos casos estamos hablando de los bienes superiores. La demanda de bienes superiores crece a pesar de que sus precios se incrementen, lo que pone en cuestión la ley de oferta y de demanda. 

El ejemplo más utilizado es el del mercado de los coches de segunda mano. Si un vendedor de vehículos usados baja los precios de sus coches lo más probable es que venda menos, ya que la mayor parte de los posibles compradores pensará que la reducción de precios tiene que ver con una peor calidad de los coches ofertados.  (...)

Para crear mercados de bienes superiores las empresas desarrollan innovadoras “tecnologías de comercialización” cuyo principal objetivo es crear valor emocional para sus productos, mediante la valorización de la marca, la creación de intangibles o la diferenciación del producto. 

Cuando un producto consigue “algo de valor de obra de arte” ello significa que los consumidores dejamos de tener criterios objetivos-racionales sobre la relación precio-calidad de dichos productos. Cuando el principal criterio para comprar un bien es subjetivo-emocional -“lo compro porque me gusta”-, los precios de venta, como en las obras de arte, se desconectan de los costes de producción.(...)

 En las Sociedades de la Abundancia de los países desarrollados consumimos un porcentaje creciente de productos y servicios cuyos precios no vienen determinados por los costes de producción, sino por nuestra capacidad de gasto, y por la confianza emocional que depositamos en su supuesta calidad. Resulta obvio que los mercados de bienes superiores no pueden crecer si de forma paralela no se incrementa el volumen de consumidores con una creciente demanda sofisticada, esto es, la clase media.  (...)

En países con un elevado porcentaje de consumo de bienes superiores las bajadas de los salarios no reducen sustancialmente el desempleo, ya que el resultado de esas políticas será el empobrecimiento de la clase media y una consiguiente contracción de la demanda sofisticada, lo que generará más desempleo, principalmente en sectores cualificados. A la vez puede producirse un incremento de la importación de productos low cost para los nuevos consumidores empobrecidos. Es lo que ha sucedido en España  

(...) las políticas de devaluación salarial aplicadas a partir de mayo de 2010 han incrementado la desigualdad y la pobreza en España, la consecuencia del empobrecimiento global de la sociedad española ha sido que la tasa de desempleo se ha mantenido por encima del 20% durante más de cinco años.

(...)  las políticas que empobrecen a los trabajadores nacionales y reducen la demanda sofisticada nacional, terminan angostando la complejidad económica del país, esto es, disminuyen su capacidad de producción de bienes superiores y, por tanto, de mejorar su productividad por esta vía. 

 Este es un proceso inverso al que impulsó Henry Ford hace 103 años cuando dobló el salario, hasta los 5 dólares la hora, de sus trabajadores de la planta de montaje de Michigan que fabricaban el famoso modelo T de Ford. Dicha subida salarial incrementó la demanda sofisticada entre sus propios trabajadores, permitiéndoles comprar los mismos coches que fabricaban.   (...)

Lo más relevante en la actualidad en estos países es el nuevo tipo de “productividad emocional” generada en los mercados de bienes superiores, en la que es más importante vender caro que fabricar barato. (...)

El caso del valor de Iphone es paradigmático: en 2009, con un precio de venta al público de 500 dólares, el valor de la producción que se retribuía a los fabricantes chinos de piezas y componentes era de tan solo de 7 dólares, un 1,5% del valor final del producto, mientras que EE.UU. se quedaba con el 64% del valor del teléfono, 320 dólares, donde apenas se producía nada físicamente del teléfono móvil.  

(...) las ventajas competitivas obtenidas mediante las “tecnologías de la comercialización” son mucho más efímeras y volátiles que las obtenidas en el pasado a través de las inversiones en “tecnologías de la producción”.

Asimismo para los trabajadores, y para sus sindicatos, resulta mucho más difícil disputar los incrementos de productividad en la actualidad, en procesos productivos muy segmentados y localizados en varios países, que en las grandes fábricas fordistas donde la mayor parte del proceso productivo estaba integrado verticalmente y donde la propia homogeneidad del trabajo incorporado al proceso productivo era mucho mayor. 

No obstante, donde se ha conseguido, como puede observarse en el gráfico 3 en el caso de Suecia, los incrementos de los salarios reales (líneas discontinuas) han sido superiores a los de la productividad (línea continua). 

En Suecia esto ha sucedido ¡!Durante los últimos veinte años!!, sin que se haya visto afectada la competitividad de su economía, que durante la última década se ha mantenido entre los diez países más competitivos del mundo, según el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial de Davos.   (...)

Es imprescindible reforzar el mermado poder de negociación de los sindicatos, pero no se trata solo de recuperar capacidad de negociación pérdida, sino de afrontar una profunda modernización de las relaciones laborales que democratice la empresa, con el objetivo de incrementar la participación, y corresponsabilidad, de los trabajadores en su gestión.  (...)

El problema de las empresas españolas no es tanto una especialización en sectores con bajo valor añadido, sino que, independientemente de que en qué sector operen, tienen muchas dificultades para producir bienes superiores. No obstante, la creación por parte de las empresas de intangibles emocionales mediante la utilización de “tecnologías de la comercialización” es una condición necesaria, pero no suficiente, para incrementar de forma sostenible la productividad de las empresas de los países desarrollados.   (...)

Un país con un elevado volumen de empresas capaces de crear bienes superiores, con una política industrial que facilite que esas empresas retengan su poder de mercado, y con unas relaciones laborales más democráticas y modernas, entrará en un círculo virtuoso que permitirá una mejora de las condiciones salariales del conjunto de sus trabajadores y de las condiciones de vida de sus ciudadanos.

Por el contrario, en un país cuya estructura productiva se caracterice por un creciente peso de empresas precio-aceptantes posicionadas en mercados low cost, en los que el elemento determinante de la competitividad sea el precio y que estén caracterizadas por un modelo autoritario de relaciones laborales donde se haya cercenado gran parte de la capacidad negociadora de los trabajadores, entrará en un círculo vicioso en el que se incrementará extraordinariamente la cantidad de trabajadores, y ciudadanos, pobres.  (...)

La creciente especialización productiva de las empresas españolas en aquellas partes de los procesos que menos complejidad incorporan, que menos productividad añaden, está haciendo que estemos saliendo de la crisis asemejándonos cada vez más a los países emergentes y no al club de los países desarrollados, al que aún creemos pertenecer. 

Una crisis internacional, como la vivida en 2007, significa también una alteración de las relaciones de poder, esto es, de la capacidad de imponer precios que hasta ese momento han tenido determinadas empresas y países. La evolución de nuestro país dentro del contexto internacional indica que la recuperación de España no va por el camino adecuado para garantizar el bienestar presente y futuro de sus ciudadanos. 

Como hemos visto, en los últimos veinte años la productividad en Suecia se ha incrementado en más de un 40%, y los salarios reales cerca de un 50%, mientras que en España el aumento de la productividad ha sido inferior al 20% en ese mismo periodo, y el de los salarios reales no ha llegado al 10%."                      (Bruno Estrada, CTXT, 19/09/17)