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17.3.25

¿Quién okupa una casa? La mayoría de las personas que okupan lo hacen como último recurso, de forma desesperada, porque apenas tienen otra opción... “No hablamos de delincuentes organizados, sino de familias que no pueden afrontar un alquiler, jóvenes en situación de precariedad o personas que han perdido su empleo y no tienen recursos para acceder a una vivienda”... una integrante de la Asamblea de Vallecas, okupa una casa de un fondo israelí desde hace siete años. Tiene 27 años y trabaja en educación ambiental, cobra 1.034 euros al mes y, como el resto de personas con las que vive, admite no tener “la posibilidad de acceder a una vivienda en el mercado actual”... “okupar no es una elección sencilla. Conlleva el riesgo de enfrentarse a la policía, vivir con el miedo al desalojo y tener que reparar casas en mal estado. Quienes tienen otra opción, suelen elegirla. Pero también es una forma de cuestionar por qué hay viviendas vacías durante años mientras hay personas sin hogar, y de criticar la especulación inmobiliaria”... el problema real es la emergencia habitacional, no la okupación. Si la precariedad en el acceso a la vivienda es tan alta, sorprende que no haya más usurpaciones de viviendas vacías... “Cuando llegamos era una casa abandonada, sin cristales y llena de basura. En estos años la he ido arreglando como he podido. El banco me ha intentado desahuciar cuatro veces y también me han ofrecido dinero para marcharme. Pero yo lo que quiero es que me permitan pagar un alquiler asequible y quedarme en lo que ya es mi hogar. Nunca me han ofrecido esa opción ni he obtenido una alternativa desde la Administración” (Denisse López , El País)

 "Desde hace unos años, la okupación de viviendas en España ha sido retratada como una amenaza creciente, protagonizada por grupos organizados que entran a la fuerza en casas ajenas, dejando a familias en la calle. Algunos programas de televisión, algunos titulares de prensa y anuncios de empresas de seguridad han alimentado la idea de que cualquiera puede perder su hogar de un día para otro, que hay mafias detrás del fenómeno y que los propietarios están desprotegidos. Sin embargo, los datos muestran que no se trata de un fenómeno tan frecuente ni tan descontrolado, y en la mayoría de los casos las personas que recurren a este delito tienen una realidad más compleja de la que se cuenta, según las estadísticas judiciales.

 España cuenta con 27 millones de viviendas, según las últimas estimaciones del Ministerio de Vivienda. El año pasado se registraron 16.400 denuncias por allanamiento o usurpación de inmuebles, según los datos recabados por el Ministerio del Interior. Esto supone un impacto máximo del 0,06% sobre el parque total asumiendo que todos estos hechos conocidos terminen en sentencia condenatoria. Si se mira con más detalle, y se contrasta con las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), se observa que del total de denuncias por intromisión en la vivienda, solo un 7% fueron ocupaciones ilegales de casas habitadas o segundas residencias. Es decir, el año pasado los juzgados recibieron 2.309 denuncias por okupación de vivienda habitual, lo que significa que la mayoría de los casos este fenómeno se da en inmuebles vacíos. Además, el aumento de las denuncias en la última década (en 2014 hubo poco más de 10.000 denuncias) se debe, según explican fuentes estadísticas, a que en 2015 hubo un cambio en el Código Penal y en la Ley de Seguridad Ciudadana que hizo que también se empezaran a computar otro tipo de delitos y sanciones.

 La estadística refleja que la imagen de familias expulsadas de sus hogares por desconocidos es algo tan anecdótico que algunos jueces consultados insisten en que, en 20 años de experiencia, han visto un caso así en una o dos ocasiones. El Instituto Nacional de Estadística también avala esta conclusión; los últimos datos correspondientes a 2023 muestran que las condenas firmes por allanamiento de morada ―el delito que implica la entrada ilegal en una vivienda habitada― ascendieron a 218 en todo el país. Con estos datos, “la narrativa de la epidemia okupa se sostiene más en el miedo que en la estadística”, explica Jaime Palomera Zaidel, director del área de vivienda y ciudad del Instituto de Investigación Urbana de Barcelona. En su opinión, “desde la pandemia, la narrativa sobre la amenaza okupa ha crecido de manera desproporcionada, distorsionando la realidad del mercado de la vivienda y desviando la atención de los verdaderos problemas, como la falta de vivienda asequible y la creciente desigualdad en el acceso a la propiedad”. Su opinión se asemeja a la de Elisa Barragán, abogada de Vilches Abogados, quien asegura que “se ha creado una alarma social sin base”.

Los analistas y las fuentes jurídicas apuntan a que esta propagación del miedo está condicionada al constante debate público al que contribuyen algunos medios, así como algunos sectores políticos y empresariales. Esto también ha sido reconocido así por distintos miembros del Gobierno, incluido el Ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que en distintas ocasiones han advertido de que la desinformación ha hecho que un alto porcentaje de ciudadanos tema que su casa pueda ser okupada. La creciente preocupación ha fomentado la proliferación de alarmas y seguros para protegerse de esta aparente problemática. De acuerdo con la aseguradora Línea Directa, actualmente en más del 70% de los nuevos seguros de hogar que comercializan el cliente añade una cobertura frente a la okupación, “lo que evidencia el interés por estar protegido frente a este riesgo”.

¿Quién okupa una casa?

Fuentes judiciales insisten en que la mayoría de las personas que okupan lo hacen como último recurso, de forma desesperada, porque apenas tienen otra opción. Suelen ser colectivos más vulnerables, lo que dificulta el tratamiento judicial. “No hablamos de delincuentes organizados, sino de familias que no pueden afrontar un alquiler, jóvenes en situación de precariedad o personas que han perdido su empleo y no tienen recursos para acceder a una vivienda”, explican. “El problema es que, jurídicamente, quedan en un limbo. No tienen derecho reconocido a permanecer en la vivienda, pero tampoco tienen alternativas viables. Es una situación debilidad total”, admiten.

Esa inseguridad es lo que describe una integrante de la Asamblea de Vallecas, que okupa una casa de un fondo israelí desde hace siete años. Tiene 27 años y trabaja en educación ambiental, cobra 1.034 euros al mes y, como el resto de personas con las que vive, admite no tener “la posibilidad de acceder a una vivienda en el mercado actual”. Después de todos estos años enfrentando intentos de desalojo, reconoce que “okupar no es una elección sencilla. Conlleva el riesgo de enfrentarse a la policía, vivir con el miedo al desalojo y tener que reparar casas en mal estado. Quienes tienen otra opción, suelen elegirla. Pero también es una forma de cuestionar por qué hay viviendas vacías durante años mientras hay personas sin hogar, y de criticar la especulación inmobiliaria”.

 Los jueces consultados explican que “el derecho a la vivienda no es un derecho fundamental, pero sí es un principio rector de la política social económica”, que debe ser “conciliado” con el derecho a la propiedad privada. En este sentido, recalcan que es “muy difícil articular una medida cautelar de expulsión de un inmueble porque no toda persona que no paga la renta está en una situación de desamparo”. “Hay que saber diferenciar esas situaciones que merecen no pagar la renta de aquellas que directamente no quieren pagar”, apostillan.

Misma palabra, distintos delitos

“Se ha confundido entre lo que es la okupación y lo que es el allanamiento de morada”, lamenta Barragán. La usurpación es cómo se tipifica a la ocupación de viviendas vacías sin uso habitual y se trata de un delito leve (solo castigado con una multa). Por su parte, el allanamiento de morada es más grave y, aunque según advierte la abogada, “técnicamente no son okupaciones”, se refiere a la entrada en viviendas habituales o segundas residencias.

Esta conducta es excepcional tanto que prácticamente no se ve en los tribunales, señalan las fuentes judiciales. De las estadísticas del INE se desprende como esta tendencia ha disminuido más de un 30% en un decenio, pasando de 315 condenas en 2013, plena crisis económica, a 218 en 2023, último dato registrado. Solo en 2016 hubo un ligero repunte, alcanzando 357 resoluciones en contra de los okupantes. Y en 2020 la cifra llegó a su mínimo de toda la serie histórico, con 185 sentencias. Los analistas insisten en que las consecuencias económicas de la pandemia no incentivaron la okupación, y que el confinamiento fue determinante porque limitaba la movilidad.

 Por otro lado, se encuentra lo que coloquialmente se denomina “inquiokupación” para aquellas personas que dejan de pagar el alquiler, pero siguen dentro del inmueble. Jurídicamente, esta situación es un impago y según destacan los expertos, realmente no tiene nada que ver con el fenómeno de la okupación, sino con el incumplimiento o extinción de un contrato por distintos motivos. Al respecto, los analistas insisten en que no existe un problema generalizado de morosidad, si bien la crisis habitacional está provocando un aumento en el número de hogares que tienen dificultades para hacer frente a este gasto y dejan de pagar. “Últimamente, estoy viendo gente que no puede pagar el alquiler o gente que sí puede, que lo está haciendo, pero no encuentra otro piso con el mismo precio para cuando le expire el contrato de arrendamiento”, apunta Barragán.

Por su parte, Palomera advierte de que “el problema real es la emergencia habitacional, no la okupación. Si la precariedad en el acceso a la vivienda es tan alta, sorprende que no haya más usurpaciones de viviendas vacías. La realidad es que para la mayoría de las personas, okupar una vivienda sin título habilitante es una última opción, ya que genera inseguridad e incertidumbre”. España tiene en torno a cuatro millones de casas vacías, la mayoría en zonas con poca demanda. Hay poco más de tres millones de pisos en alquiler, de los que un 15% pertenecen a fondos de inversión y otro 10% son de titularidad pública, según datos del ministerio.

Pilar Manzano Escudero está okupando una de esas casas. Ella y sus dos hijas huyeron de su casa hace 10 años escapando de la violencia de su marido. Sin tener otro sitio a donde ir, terminaron en un piso que pertenece un banco. “Cuando llegamos era una casa abandonada, sin cristales y llena de basura. En estos años la he ido arreglando como he podido. El banco me ha intentado desahuciar cuatro veces y también me han ofrecido dinero para marcharme. Pero yo lo que quiero es que me permitan pagar un alquiler asequible y quedarme en lo que ya es mi hogar. Nunca me han ofrecido esa opción ni he obtenido una alternativa desde la Administración”.

 En los últimos tres años, la renta ha registrado repuntes interanuales promedio del 10%, según el Banco de España. La incesante subida de precios ha derivado en más de 20.500 desahucios por impago de alquiler, lo que supone un aumento del 4,5% respecto al año anterior, según el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). A ello se suman aquellos pleitos iniciados por los propietarios que acaban con un acuerdo antes de llegar a juicio, ya sea porque el inquilino entregó la vivienda, abonó las mensualidades adeudadas, se archivó el procedimiento o hubo un desistimiento. El año pasado, hubo 25.971 de estos casos, siendo la cifra más baja registrada desde el año 2013.

 Si se contrasta esta cifra con los casos que sí acaban con una sentencia, se observa que hay un número muy superior que prefiere solucionar el problema antes de llegar a juicio. “Es más fácil llegar a un acuerdo porque los procedimientos judiciales son mucho más largos y se tienen que dar una serie de circunstancias para poder echarles, que casi nadie las cumple. Normalmente okupa la vivienda gente sin recursos que está protegida por las nuevas leyes”, dice Barragán. Los jueces apostillan que el tiempo medio de espera para resolver las demandas por usurpación, allanamiento o impago es una incógnita. Normalmente, la vía civil suele ser más rápida que la penal, pero también depende de la carga de trabajo que tenga el órgano judicial al que le toque resolver un asunto de estas características."

(Denisse López , Nuria Morcillo , El País, 15/03/25)

4.2.25

Los españoles han mostrado su apoyo a casi todas las políticas de intervención del mercado de la vivienda, y creen que hay que limitar el número máximo de casas por español a uno o dos inmuebles... pero creen que la ocupación afecta a uno de cada dos españoles, cuando afecta al 0,057% de las viviendas... La percepción es que el problema es casi 1.000 veces mayor de lo que es. Efectivamente, hay propagandas que funcionan (Javier Ruiz)

 "La encuesta de 40 dB. para la Cadena SER y El País ha revelado nuevos datos sobre el asunto que más espacio ocupa en las conversaciones de los españoles: el problema de la vivienda. Los encuestados (2.000 entrevistas online) han mostrado su apoyo a casi todas las políticas de intervención del mercado. De hecho, ha mostrado que dos de cada tres ciudadanos (el 48,9%) creen que hay que limitar el número máximo de casas por español a uno o dos inmuebles.

Pero esta encuesta también ha revelado alguna letra pequeña sobre la propaganda de la ocupación, que en este caso, parace estar funcionando. El número de "okupaciones" lleva dos años cayendo ––según los datos oficiales del Ministerio del Interior–– y afectan al 0,057% de las viviendas. A 15.289 inmuebles el año pasado sobre un parque de 26,6 millones de casas. Lo expresamos de otra forma: el fenómeno afecta a 5,7 personas por cada 10.000 habitantes.

A pesar de estos datos, la encuesta de 40DB dice casi uno de cada 5 españoles ––un 18%–– cree que "nadie está a salvo de sufrir una ocupación" y los españoles creen que la ocupación afecta a uno de cada dos españoles, al 51,3%. La percepción es que el problema es 893 veces mayor de lo que es. Efectivamente, hay propagandas que funcionan.

Políticas en materia de viviendaApoyo a las políticas de intervención del mercado

La reciente encuesta de 40dB. ha mostrado que la mayoría de españoles cree se debería limitar el número máximo de viviendas que un propietario puede tener. Los límites que han respaldado los encuestados muestran que casi la mayoría de los ciudadanos (el 48,9%) plantea que el número máximo de viviendas por persona debiera ser de una o dos casas y no más. Además, un 9% adicional cree que el límite debería estar en hasta 5 viviendas y apenas uno de cada tres españoles (un 30,5%) considera que no debiera haber ningún límite a cuántas casas puede acumular un propietario.

Aunque la encuesta también ha revelado unos resultados demoledores tanto para el PSOE como para el PP en intención de voto, el PSOE es el partido en que más confían los españoles para gestionar la vivienda (20,1% de los apoyos) seguido del PP (18%) y Vox (14%). Pero uno de cada 4 españoles, el 23,8%, no se fía de ningún partido para gestionar la vivienda."                     (Javier Ruiz , SER, 03/02/25)

24.1.25

El pasado lunes 20 de enero, la compañía AMA Desokupa intentó desalojar el CSO La Madriguera, ubicado en calle Azacayas, sin contar con orden judicial, por lo que se trataría de una acción ilegal... “Bajo ninguna circunstancia individuos o empresas privadas están autorizados a sacar por la fuerza a personas de su casa”... Este acto perpetrado por AMA Desokupa podría encuadrarse en delitos de allanamiento de morada, amenaza y coacción. “La Red recuerda que, en caso de que hubiera orden judicial, bajo ningún precepto sería AMA Desokupa la encargada de efectuar el desahucio”

"El pasado lunes 20 de enero, la compañía AMA Desokupa intentó desalojar el CSO La Madriguera, ubicado en calle Azacayas, sin contar con orden judicial, por lo que se trataría de una acción ilegal. El edificio que llevaba varios años sin uso es la antigua sede de la Consejería de Presidencia e Igualdad de la Junta. “Bajo ninguna circunstancia individuos o empresas privadas están autorizados a sacar por la fuerza a personas de su casa”, recuerdan desde la Red de Observación de Granada, perteneciente al proyecto Defender a Quien Defiende.

Este acto perpetrado por AMA Desokupa podría encuadrarse en delitos de allanamiento de morada, amenaza y coacción. “La Red recuerda que, en caso de que hubiera orden judicial, bajo ningún precepto sería AMA Desokupa la encargada de efectuar el desahucio”, hace hincapié el colectivo.

Durante las horas de dispositivo policial en la Calle Azacayas, decenas de personas mostraron su apoyo al centro social permaneciendo frente a los agentes durante horas. En esa situación se produjeron dos cargas policiales que tuvieron como consecuencia una detención y cuatro personas hospitalizadas. A través del análisis riguroso de documentación gráfica y de recogida de testimonios, la Red de Observadoras expone “la gravedad de la colaboración explícita del cuerpo de la Policía Nacional y la empresa AMA Desokupa” y pone de manifiesto “la desproporción que caracterizó la actuación policial de los agentes”.

En las imágenes, según expone el colectivo,“ observa como al menos un supuesto trabajador de AMA Desokupa participa activamente en la detención de un activista” y “oculta a los agentes utilizando un cartón” en el momento de la detención de uno de los activistas.

Además, la Red constata malas prácticas policiales en el uso de los bastones policiales, al documentar golpes de arriba a abajo que impactan en zonas vitales del cuerpo (cabeza, brazos y torso), contraviniendo el protocolo policial que regula este arma. En una de estas actuaciones, la policía hirió a una persona que se encontraba en la protesta contra el desalojo del centro social. Según el informe médico, al que ha tenido acceso El Salto Diario, el motivo del ingreso de la persona herida se debió a una “fractura facial compleja, ingreso para cirugía de reducción de huesos propios nasales”. Además, el informe emitido por el Hospital Virgen de las Nieves expone que estuvo hospitalizada durante dos días. El propio documento clínico recoge que la persona acude al centro médico “tras traumatismo directo con una porra por parte de la policía, según refiere”.

Durante las cargas policiales, además, una persona fue detenida durante más de 24 horas en un calabozo. Tras ello, el titular del Juzgado de Instrucción número 9 de Granada ha decretado la puesta en libertad; sin embargo, como ha podido tener constancia El Salto Diario, tendrá que personarse cada 15 días ante la justicia por “riesgo de fuga”. La persona detenida se enfrenta a una investigación y a un próximo juicio por un delito por “atentado contra la autoridad”, como han hecho saber fuentes judiciales. Tras la detención, testigos relatan a la Red de Observación que una persona fue agredida, arrinconada y retenida en un portal a puerta cerrada, evitando así ser grabada. Además, según la Red, varias personas fueron identificadas, grabadas y multadas mientras esperaban la puesta en libertad del detenido por parte de agentes de la ley.

El colectivo perteneciente a Defender a Quien Define señala la dificultad a la hora de exigir responsabilidades debido a la falta de identificación de la mayoría de los agentes de la Policía Nacional que no llevaban visible el Número de Operativo Policial (NOP) en la parte trasera del chaleco. Esto incumple la Resolución de la Dirección General de la Policía, de 19 de abril de 2013, en la que se obliga a los agentes con funciones de orden público de la Policía Nacional a llevarlo en la espalda."                         (Aurora Báez Boza , El Salto, 24/01/25)

28.8.24

El manejo de la información es clave para crear ambientes determinados... por ejemplo, la desmesurada atención a la okupación del ABC... publicó en el mes de junio 17 piezas que giraban en torno a este tema, 15 en el mes de julio y 18 en lo que llevamos de agosto. Para que puedan comparar, El Mundo, en una órbita parecida, dedica entre dos y tres noticias al mes a este asunto... transmiten la sensación de que si alguien sale de su casa a por el pan, cualquier individuo puede entrar en ella y quedársela, algo que no es cierto. La mayoría de casos de okupación en España, unos 15 mil al año, seis mil de ellos situados entre Madrid y Barcelona, se producen en viviendas vacías propiedad de entidades bancarias. A esto hay que añadir el fenómeno del impago de alquileres, una situación que no tiene que ver con la okupación pero que se incluye dentro del epígrafe para magnificarlo... en nuestro país te siguen echando de casa si no pagas el alquiler... cuando dos de cada tres casas registradas en España pertenecen a grandes propietarios... La historia de la okupación nos habla sobre cómo los relatos importan más que las cifras, sobre cómo dirigir la atención para que los sucesos se impongan a los problemas de clase, sobre cómo manejar el miedo para convertirlo en un arma política... Pero también sobre cómo la izquierda, en seis años de Gobierno, no ha conseguido ni rascar la superficie del problema de la vivienda ( Daniel Bernabé)

 "El manejo de la información es clave para crear ambientes determinados. Importa cómo se cuentan los hechos, pero sobre todo importa qué es lo que cuentas. Editorializar consiste en elegir lo que consideras más relevante de la realidad, privilegiando unos acontecimientos sobre otros. Si algo pasa pero se queda en el tintero es casi como si no hubiera sucedido. Por contra, si se publica importa el doble. No hay nada más ideológico que elegir dónde poner el foco.

El diario ABC, por ejemplo, presta una desmesurada atención a la okupación. Sólo atendiendo a este verano publicó en el mes de junio 17 piezas que giraban en torno a este tema, 15 en el mes de julio y 18 en lo que llevamos de agosto. Para que puedan comparar, El Mundo, en una órbita parecida, dedica entre dos y tres noticias al mes a este asunto. A menudo, además, se cuelan entre las más leídas, algo que nos explica que en cuestión de preferencias el paladar se educa mediante la repetición.

Todas las noticias que el ABC dedica a la okupación tienen un distintivo común: son chocantes, están cojas y carecen de continuidad. En España el delito de usurpación de vivienda, lo que se conoce vulgarmente como okupación, se refiere siempre a viviendas sin un uso habitual por parte de sus propietarios. Siempre que una vivienda se considere morada, el lugar de residencia habitual o esporádica de quien la posee, hablamos de allanamiento. Siempre que existe allanamiento, el desalojo es inmediato, aunque habitualmente no es necesario porque lo que lo motiva es el robo.

Las noticias del ABC referidas a la okupación transmiten la sensación de que si alguien sale de su casa a por el pan, cualquier individuo puede entrar en ella y quedársela, algo que no es cierto. Cuando ustedes vean un titular del estilo, la información tiene trampa, de ahí que rara vez se continúe con el caso para ver en qué ha quedado. La mayoría de casos de okupación en España, unos 15 mil al año, seis mil de ellos situados entre Madrid y Barcelona, se producen en viviendas vacías propiedad de entidades bancarias.

El resto son una amalgama de casos peculiares, donde existían relaciones previas entre los protagonistas o bien es difícil estipular para la policía o el juez a quién pertenecía la vivienda. Casos entre exparejas o familiares o bien viviendas que no constituyen residencia ni tienen una situación registral clara. Elementos que se omiten de la información porque arruinarían su objetivo: crear alarma social dando a entender que cualquiera se puede encontrar a un desconocido usurpando su sillón.

A esto hay que añadir el fenómeno del impago de alquileres, una situación que no tiene que ver con la okupación pero que se incluye dentro del epígrafe para magnificarlo. Algo que se omite es que tres de cada cuatro desahucios que tienen lugar en España tienen relación con el alquiler. A pesar de que su número descendió un 30%, en 2023 tuvieron lugar 26.659 procesos de lanzamiento de los que casi 20.000 tuvieron que ver con el impago.

El descenso del 30% se debe, probablemente, a las medidas de protección de vulnerabilidad económica que implementó el Gobierno desde la pandemia, pero estas cifras, aportadas cada año por el CGPJ, demuestran que en nuestro país te siguen echando de casa si no pagas el alquiler. Las demoras en el proceso, provocadas por la propia lentitud de la administración de justicia, más que por la acreditación de vulnerabilidad, pueden implicar que algunos caseros sufran una situación de carestía, algo que no es lo habitual.

Según un informe del Grupo de Estudios Críticos Urbanos de la UNED, publicado este pasado abril, los propietarios doblan a los inquilinos en su renta media, percibiendo unos 56.000 euros al año frente a los 20.000 que percibe quien vive de alquiler. El mito del casero que alquila para llegar a fin de mes y que se ve conducido a la mendicidad cuando sufre de impago es residual. Solamente el 10% de los caseros percibe menos de 18.000 euros al año, cuando entre los inquilinos esta cifra alcanza el 50%.

Para completar el cuadro cabe señalar que desde el año 2015, dos de cada tres casas registradas en España pertenecen a grandes propietarios. Más de cien mil inmuebles están controlados por treinta caseros entre los que se encuentran socimis, bancos y fondos de inversión. El mercado relacionado con el alquiler ha tendido en estos últimos años a la concentración: en nuestro país ha aumentado la brecha social y uno de los hechos determinantes es la vivienda.

¿Qué pasaría si el ABC dedicara 18 artículos al mes incluyendo estas cifras? ¿Qué pasaría si el ABC publicara 18 artículos al mes contándonos que los recursos que una familia destina al pago de su hogar han pasado de un 4% en 1985 a un 40% en 2024? ¿Qué pasaría si el ABC escribiera 18 artículos para explicarnos cómo los fondos buitre realizan acciones coordinadas para incrementar el precio del alquiler en las ciudades?

¿Qué pasaría si el ABC, el resto de periódicos, de radios y de televisiones se dedicaran a poner nombre y apellidos a los miles de empresarios que incumplen los convenios, que se saltan la legislación laboral, que pagan sueldos de miseria o que directamente cometen delitos contra los trabajadores? ¿Y si hicieran algo parecido con los especuladores y los rentistas que han convertido la vivienda en un lujo?

Pues pasaría que en España no habría un 77% de personas que creen que la okupación es un problema social, ni que uno de cada cuatro españoles crea que existen posibilidades altas de que le okupen la vivienda. Pasaría que la gente viviría con menos miedo a que algo que es muy extraño le suceda, también que las derechas perderían uno de sus caladeros de voto.

Estos años deberían recordarse como el momento en que dos tercios de la riqueza mundial fue a parar al suelo urbano de las ciudades, convirtiéndolas no en lugares para vivir, sino en máquinas especulativas con las que obtener increíbles beneficios, mientras que ese dinero se retraía de la economía productiva y empobrecía, en un movimiento extractivo, a amplias capas de las clases medias y trabajadoras. Sin embargo, atendiendo a las hemerotecas, estos años se fijarán en la memoria como los de la falsa epidemia de la okupación.

La historia de la okupación nos habla sobre cómo los relatos importan más que las cifras, sobre cómo dirigir la atención para que los sucesos se impongan a los problemas de clase, sobre cómo manejar el miedo para convertirlo en un arma política. Pero también sobre cómo la izquierda, en seis años de Gobierno, no ha conseguido ni rascar la superficie del problema de la vivienda, sobre los estrechos límites de la política impuestos por el mercado, sobre cómo quien acepta las reglas impuestas por el contrario acaba perdiendo la partida."             (Daniel Bernabé , InfoLibre, 27/08/24)

3.7.24

A punto de ser desahuciada con un bebé recién nacido en Barcelona

"Nunca me he sentido así en mi vida. Tengo mucho miedo por mis hijos”, son las palabras que Sharon le confiesa a El Salto. La joven acaba de dar a luz a un bebé hace apenas 20 días y reposa como puede en su piso de la calle del Tragí, en el corazón del Casc Antic de Barcelona. Un inmueble que estaba en pésimas condiciones de habitabilidad cuando entró a vivir en él tras ser víctima de una estafa inmobiliaria. Ahora espera angustiosamente el desenlace de una amenaza inminente de desahucio este jueves 4 de julio.

En octubre de 2023, Sharon había llegado a la ciudad condal desde Italia y se encontraba en situación de urgencia habitacional. Entró a vivir a su piso actual por recomendación de una “paisana”, quien en realidad no era la verdadera propietaria del piso. Indica que el verdadero dueño apareció poco después, reclamándole una deuda superior a 12.000 euros, generada por esta inquilina anterior. Ahora, los colectivos de vivienda denuncian que la propiedad es un gran tenedor que quiere expulsar a Sharon “para alquilar su vivienda a precio de mercado”, que en Barcelona ya ronda los 1.2000 euros.

A pesar de haber denunciado su situación al Síndic de Greuges —la institución del defensor del pueblo en Cataluña que supervisa y emite recomendaciones a la administración pública—, y haber reclamado su situación de extrema vulnerabilidad ante los tribunales, nada ha conseguido aún detener la programación de su lanzamiento. Un desalojo previsto en una semana muy dura para el movimiento por la vivienda catalán tras la noticia del reciente suicidio de dos hermanas horas antes de ser desahuciadas.

¿Qué pasa con la moratoria?

Al ver desahucios en casos de este tipo, la pregunta que orbita siempre es la misma. ¿Y la moratoria? Hablamos, efectivamente, de la moratoria de desahucios establecida tras la crisis sanitaria. Recientemente, con el Real Decreto-ley 1/2024 del 14 de mayo, las medidas de suspensión de lanzamientos de colectivos vulnerables se han ampliado hasta el 15 de mayo de 2028. Una medida que ampara diferentes situaciones, incluyendo el hogar con menores a cargo.

“Sharon ha vivido estos últimos nueve meses una situación delicada de salud por continuas amenazas debido a la situación de indefensión judicial que ha sufrido y a la inseguridad habitacional que sufre. En muchos casos similares algunos juzgados han paralizado desahucios por la moratoria del covid-19, el juez de Sharon va a decretar que ella no tenía derecho”, han revelado en un comunicado conjunto el Sindicat d'Habitatge del Casc Antic y Resistim al Gòtic, colectivos de vivienda donde Sharon se ha organizado estos meses.

Según cuenta la propia Sharon, se vio en necesidad acudir a los movimientos vecinales por la desatención jurídica e institucional que ha vivido. “Mi experiencia con el abogado de oficio ha sido una mierda. No me ha ayudado en nada. Era super pesimista, para hacer cualquier cosa tenía que suplicarle”, cuenta a El Salto.

Además de por la moratoria de desahucios, el caso de Sharon también estaría amparado por la ley antidesahucios catalana, la 24/2015, ampliada por la Ley 1/2022. Una medida que obliga a los grandes tenedores —propietarios con más de diez inmuebles urbanos de uso residencial— a ofrecer un alquiler social a aquellas familias que se encuentran en situación de vulnerabilidad antes de ser desahuciadas. Esta ley es aplicable tanto en casos hipotecarios como situación de impago o finalización del contrato.
Sin alternativas residenciales dignas: plagas de cucarachas, hacinamiento y control de acceso

“La única alternativa que me ofrecen es estar 15 días en una pensión. Si no encuentro nada, yo tendría que ir a un albergue con mis hijos, mi marido a la calle, y mis perros también. Podrían estar 20 días en una protectora, pero luego me los quitarían”, denuncia Sharon.

A principios de junio, la televisión pública catalana reportaba la situación de los recursos residenciales de emergencia en Barcelona. Las imágenes son impactantes: plagas de cucarachas y chinches, una excesiva rotación y habitaciones hacinadas son algunos de los elementos que se pueden encontrar en las pensiones, hostales y pisos donde son derivadas por Servicios Sociales las familias desahuciadas.

“Ya hemos comprobado que el Ajuntament no es capaz de garantizar alternativas residenciales dignas. Este pasado mes hemos denunciado el pésimo estado de los recursos residenciales, con plagas, falta de comida, además de en muchos casos no permitir la permanencia durante el día; tienen que irse a las 9 de la mañana y volver a las 8 de la tarde, lo cual encima en verano es inhumano”, ha explicado a El Salto la portavoz del Sindicat de Casc Antic.

Ante esta situación, el Ajuntament de Barcelona está planificando un nuevo sistema de gestión de los Alojamientos Temporales de Urgencia (ATU) con el fin de limitar a seis meses como máximo la estancia de personas desahuciadas. “[El modelo actual] no es sostenible ni da una respuesta adecuada a muchas de las situaciones, a menudo extremadamente complejas y que implican ámbitos competenciales ajenos al Ayuntamiento como salud o extranjería”, ha manifestado anteriormente el actual alcalde de la ciudad condal, Jaume Collboni. En la actualidad, Barcelona aloja a un 55% más de personas en pensiones que hace tres años, según ha informado El Periódico de Catalunya.
Turismo, Copa América y aumento de desahucios en verano

Los mencionados sindicatos de vivienda también han denunciado la intensificación de los procedimientos de desahucio a las puertas del verano. Una tendencia motivada, según señalan, por los pisos turísticos y el aliciente de la Copa América, una polémica celebración que tendrá lugar en la ciudad del 20 de junio al 14 de julio. A este respecto, más de 100 colectivos convocan este sábado 6 de julio una manifestación contra el turismo masivo y sus consecuencias.Los lanzamientos en Catalunya continúan aumentando: un 9% en el primer trimestre de 2024, afianzándose otro año más como la comunidad autónoma donde más se desahucia de todo el Estado, siendo Barcelona la ciudad con más desalojos."             (Ana R. Santana, El Salto, 03/07/24)

7.11.23

Pagar por vivir en la miseria: así era la vida en el último piso trampa de Vigo desalojado por riesgo de incendio... “Eché mi miedo a verme en la calle y mi discapacidad a un lado porque, si no, nos íbamos a morir todos... Si en el fuego mortal de hace tres semanas, en el que perdieron la vida una madre y sus tres hijos, la causa fue un chispazo en un cuadro de luces en mal estado... aquí, la situación de la instalación eléctrica era, directamente, aterradora. El agua salía por los enchufes y bajaba por las bombillas en habitaciones sin toma de tierra... aquí todos los residentes pagaban alquiler... 250 euros al mes... no me quedó más opción que aceptarlo para no terminar en la calle”

 “Claro que lo aceleró todo. Después del incendio de la calle Alfonso X el Sabio nadie quería más muertos sobre la mesa”. Elena Moredo acaba de cumplir 58 años, padece una dependencia en grado tres y una discapacidad que ronda el 70%, pero fue ella quien denunció la situación infrahumana de los inquilinos de los números 11 y 13 de la rúa Fisterra. Esa notificación al ayuntamiento de Vigo ha acabado provocando que el juzgado decrete el desalojo forzoso del inmueble, una pensión ilegal en la que le cobraban 250 euros mensuales por vivir entre la miseria.

“Claro que lo aceleró todo. Después del incendio de la calle Alfonso X el Sabio nadie quería más muertos sobre la mesa”. Elena Moredo acaba de cumplir 58 años, padece una dependencia en grado tres y una discapacidad que ronda el 70%, pero fue ella quien denunció la situación infrahumana de los inquilinos de los números 11 y 13 de la rúa Fisterra. Esa notificación al ayuntamiento de Vigo ha acabado provocando que el juzgado decrete el desalojo forzoso del inmueble, una pensión ilegal en la que le cobraban 250 euros mensuales por vivir entre la miseria.

“Eché mi miedo a verme en la calle y mi discapacidad a un lado porque, si no, nos íbamos a morir todos de una infección o de una enfermedad”. Piensa en los mohos y los hongos que salían por paredes y techo, donde el agua desbordaba las cañerías y corría por todas partes; también en el “zoológico” con el que convivían: “ratas, cucarachas, pulgas...”. Pero, desde hace unos días, piensa sobre todo en las llamas. Si en el fuego mortal de hace tres semanas, en el que perdieron la vida una madre y sus tres hijos, la causa fue un chispazo en un cuadro de luces en mal estado –y del que los bomberos habían avisado un mes antes–, aquí, la situación de la instalación eléctrica era, directamente, aterradora. El agua salía por los enchufes y bajaba por las bombillas en habitaciones sin toma de tierra. Con un agravante frente a lo sucedido en Alfonso X: si allí se trataba de un edificio abandonado donde familias sin recursos habían buscado refugio, aquí todos los residentes pagaban alquiler.

El número 11 tiene cuatro plantas útiles. Un sótano “que es como una cueva”, el bajo, primer y segundo piso. La habitación en la que malvivían Elena y su marido –un informático en paro de 61 años que sobrevive con trabajos esporádicos en el puerto– no llegaba a los seis metros cuadrados. Todo el mobiliario era la cama y un cajón “que parecía un armario pero tenía un tubo dentro”. La ropa se guardaba “en bolsas o en cajas”. La única ventana no podía abrirse más que a golpes. Cuando lo consiguieron, introdujeron una cuña y la dejaron así permanentemente para que ventilase.

Pese a la maraña de cables sin toma de tierra, la única luz provenía de una lamparita de mesa porque el agua manaba tanto por la bombilla del techo como por el interruptor. En el único enchufe, con riesgo de sobrecarga, se conectaban la tele, el aparato de teleasistencia, el viejo portátil y los dos móviles. Por toda decoración, en la pared, una grieta que veían crecer día a día. “Empezó en 30 centímetros y ya supera el metro”. El resto de la planta baja estaba ocupada por otras cuatro estancias, todas alquiladas, y las zonas comunes: un largo pasillo, una cocina sin mesa –“comíamos en la cama”– y un único baño para todos los vecinos: un excusado, una bañera desconchada y un lavabo.

A todo eso era a lo que tenía derecho Elena por sus 250 euros al mes, algo más de la mitad de los 480 de su paga, el único ingreso fijo que entraba en aquel zulo. Los alquileres oscilaban entre los 100 y los 350 euros, según la estancia. Pero a los caseros todo aquello debía de parecerles un lujo, así que buscaron nuevas fuentes de financiación. Quisieron cobrar una tasa mensual de 50 euros por habitación para poder usar la lavadora. Cambiaron la vitrocerámica por una cocina de gas y pedían otros 20 euros al mes para comprar las bombonas. Como no funcionó, porque todos se negaron a pagar, comenzaron las intimidaciones, incluidas las visitas de personas “que se hacían pasar por policías secretos”.

La peripecia vital de Elena resume algunas de las grandes crisis de las últimas décadas. Nacida en Venezuela, hija de la emigración, trabajaba como cuidadora en la residencia de mayores Barreiros propiedad de Domus VI, la primera que se vio obligada a intervenir la Xunta durante la pandemia. Poco antes de la llegada del covid, tuvo que abandonar el ático en el que vivía con su pareja porque le redujeron el contrato a media jornada. Tras una búsqueda infructuosa de piso –en muchos casos, le colgaban directamente el teléfono al oír su acento latino– encontró, cree recordar que en internet, un anuncio de alquiler de habitaciones en la rúa Fisterra.

 “Obvio que vi que no estaba en buenas condiciones, pero ante la dificultad, no me quedó más opción que aceptarlo para no terminar en la calle”. El 10 de octubre de 2019 acude al Hotel Princesa a firmar el contrato de subarriendo con la sociedad Servihost 2018 SL. Como administrador de la entidad aparece Severino Pedrosa, socio en varias empresas de Cándido Álvarez, propietario del hotel, hoy cerrado. Ambos constan como administradores de Nosolar Princesa, que era la propietaria del inmueble cuando el ayuntamiento impuso sendas multas en 2019 y 2022. Sin embargo, en la actualidad, el dueño del edificio es Centro Finist SL, donde se recoge a Álvarez como administrador único. Aunque hoy aparentemente enfrentados, todo indica que propietario y subarrendador formaban parte de la misma trama. A la hora de cerrar esta información, no ha sido posible contar con su versión de los hechos.

Pero volvamos a finales de 2019, cuando se avecinaba una pandemia y el particular calvario de Elena estaba a punto de empezar.

Primero fueron los contagios en su trabajo. “¿Cómo mantienes la distancia de seguridad cuando tienes que mover a un abuelo? Apenas lo levantas, lo primero que sientes es su carita al lado de la tuya”. Sufrió covid más de una vez, adenovirus y hasta sarna “por faltas de medidas de seguridad”, tanto en Barreiros como en la residencia de Salesas-Teis, la que Domus VI presentaba como “vip” y donde residió hasta su muerte en 2016 el padre de Núñez Feijóo. En 2020, cuando ya vivía en Fisterra, sufrió “dos microictus” en 15 días que le provocaron la paresia de la que aún se está recuperando. Todavía tiene medio cuerpo paralizado, necesita asistencia para ducharse y un andador para desplazarse, pero asegura que, gracias a la rehabilitación, ha “mejorado mucho”. Por ejemplo, excepto alguna sílaba complicada que se le traba, habla ya con total normalidad.

Elena es usuaria del servicio de ayuda en el hogar. Una persona la asiste tres horas diarias de lunes a viernes –no es capaz, por ejemplo, de bañarse sola en esa bañera corroída–, por lo que su situación y la del edificio era conocida por el departamento municipal de asuntos sociales. Sin embargo, el ayuntamiento asegura que nunca recibieron informes que apuntasen a que fuese un riesgo para ellos vivir en esas condiciones. Tampoco lo denunciaba el departamento de Urbanismo. En los últimos años, se multiplicaron los expedientes y las multas, pero fueron siempre “por el estado de conservación”. “Ninguno” de los informes anteriores a la denuncia de Elena “revelaba que estuviese en peligro la seguridad del edificio y de sus moradores”.

El primer expediente sobre los números 11 y 13 de la rúa Fisterra data de febrero de 2015, cuatro años antes de que Elena se mudase a ellos. Por entonces, ya presentaban “deficientes condiciones de seguridad y ornato público” y por eso se ordenaba a los propietarios –entonces, una sociedad llamada Lógica Integral SL– tomar medidas para evitar desprendimientos y asegurar la estructura del inmueble. Dos años después, en junio, de nuevo Urbanismo solicita medidas, ahora ya “urgentes”. Ante la falta de respuesta, en octubre impone la multa mínima: 900 euros por el incumplimiento de las órdenes municipales, una cuantía que irá incrementando progresivamente ante la falta de pago.

Tras la primera sanción cambia el nombre de la sociedad propietaria de los edificios. Ahora se trata de Nosolar Princesa, SL. A ella le caerá la siguiente multa en mayo del 2019, en este caso por impago de las anteriores. En septiembre de 2021, seis años después del inicio del expediente, sin que nada cambie, el inspector señala: “El edificio continúa en muy mal estado de conservación. Como ya se indicó en anteriores inspecciones este edificio se usa a modo de pensión con personas de bajos recursos y se encuentra con graves problemas de salubridad”. Dos documentos, de 2019 y de enero de este mismo año ratifican que carecía de licencia para ejercer el alojamiento y la hostelería. En 2022, cuando a Elena le conceden la ayuda para el alquiler, la Xunta no puede hacer el pago porque la supuesta empresa arrendataria “no existe”.

En 2022 llega una nueva multa y, por fin, ya en este año, aparece una tercera empresa como propietaria de los inmuebles: Centro Finist, SL. A ella le toca recoger las últimas resoluciones. Tras el incendio mortal de Alfonso X, Elena, aterrada, escribe cartas al ayuntamiento y a la Xunta. “Las envié a todo el mundo, desde el que está más arriba hasta el de más abajo”. El 19 de octubre, una semana después del fuego, el ayuntamiento ordena el desalojo urgente de las viviendas. El 24, solicita al juez autorización para entrar en los edificios y proceder al desalojo forzoso, ya que la propiedad y la mayoría de los 40 inquilinos hacen oídos sordos. El juzgado lo concedió días después y ahora se está preparando el operativo, que implica a varios servicios municipales.

Elena y su marido ya no esperaron. Son dos de los 12 residentes que han aceptado ser recolocados de forma provisional en un motel. Con ellos se ha ido un marinero jubilado y dependiente de 66 años al que llaman cariñosamente El Abuelo y del que se han hecho cargo “porque no tiene a nadie más en el mundo”. Alimentándose a base de bocadillos, “es para lo que nos da”, se mantienen a la expectativa de lo que pueda pasar. Aunque las competencias en vivienda son de la Xunta, el ayuntamiento asegura que no se abandonará a nadie mientras dure esta “situación de emergencia”. Algunos ya han encontrado solución por sus propios medios. Otros, se da por seguro que volverán a Fisterra una vez los propietarios solucionen las deficiencias.

Los servicios sociales elaboraron un “perfil” de cada uno para buscar la respuesta más adecuada. En algunos casos, aseguran, pasará por complementar el pago de un alquiler digno. Sea lo que sea, deberá impedir que Elena y su marido vuelvan a afrontar el terror a “quedarnos en la calle y vivir bajo un puente”. El mismo terror que les hizo aceptar las condiciones infrahumanas de los alquileres de la rúa Fisterra."                     (Luis Pardo, eldiario.es, 04/12/23)

12.10.23

Muerte en un piso trampa de Vigo: Sara, Ezequiel, Aldara y Rosana fueron expulsados de su chabola por la presión urbanística... los que tardaron más en abandonar O Caramuxo, ya no encontraron hueco, y eso que en el barrio “hay mogollón de pisos vacíos”... en esas largas horas en las que los medios habían tomado la calle Alfonso X, la palabra “okupación” unida a la tragedia había sonado demasiadas veces. Otra residente recoge ese malestar: “Quisieron sacar a sus hijos de la chabola y la administración los dejó a un lado. Como no les dieron un alquiler, se buscaron la vida como pudieron. No entraron en casa de nadie: se buscaron un edificio abandonado, sin agua ni luz”... “Los sacaron de su chabola para meterlos en un ataúd”

 "Los sacaron de su chabola para meterlos en un ataúd”. Antón Bouzas es el coordinador de la asociación Os Ninguéns (Los Nadies), un colectivo vigués que lleva ocho años luchando contra las causas de la pobreza y su estigmatización. Para él, hoy es un día “terrible”. Conocía a Rosana -“una mujer súper responsable”- y a Ezequiel, Aldara y Sara, los pequeños fallecidos en un piso que se presentaba como su refugio ante la intemperie. También a su pareja y a la pequeña que los bomberos rescataron por la ventana del cuarto piso.

Como varias generaciones de su familia, Rosana procedía del poblado de O Caramuxo, en el barrio de Navia, “el más joven de la ciudad” y hacia donde se expande la urbe. Allí, en 2019, se levantaba una treintena de chabolas. En aquella parcela de 31.000 metros cuadrados, la empresa Global Fitness Sport quería levantar un complejo administrativo y deportivo. Pero, para eso, los chabolistas sobraban.

Ahí empezó la lucha del colectivo para quedarse en los que habían sido sus hogares durante los últimos 30 años; algunos, incluso habían nacido allí. En un primer momento, la jueza ordenó el desalojo pero poco después lo paralizó, al tiempo que reclamaba a la administración una “solución urgente” ante la “situación de vulnerabilidad” en la que quedaban las familias. Los chabolistas, a su vez, solicitaban alquileres sociales que los librasen de quedarse en la calle. Llegaron a manifestarse ante el ayuntamiento para demandarlos.

A partir de ahí, recuerdan desde Secretariado Gitano -una de las entidades que participó en el proceso de “acompañamiento”-, comenzó la búsqueda de realojo. Primero, una solución transitoria; después, más difícil, algo definitivo. “No todas las familias pudieron acceder a vivienda normalizada”. Muchos lo hicieron en los conocidos como Pisos del INEM, incluida -cuentan los vecinos- la madre de Rosana. Ella no. Para los que resistieron, los que tardaron más en abandonar O Caramuxo, ya no encontraron hueco, y eso que en el barrio “hay mogollón de pisos vacíos”.

Desatendidos por la Administración

“No hay un programa de vivienda donde recolocarlas”, confirma Ana Pardo, presidenta de turno de la Rede Galega contra a Pobreza y portavoz de Provivenda. Y en el mercado privado, además de precios inaccesibles para personas en la extrema pobreza, las que pertenecen a la etnia gitana se encuentran una dificultad aún mayor: el racismo. “Sufren un estigma. Incluso, cuando las inmobiliarias o los propietarios, con los que hemos hecho mucho trabajo de concienciación, no ponen problemas para alquilarles un piso, son los vecinos los que presionan”.

 No importa que sean familias modélicas, como la de Rosana, algo en lo que coinciden tanto los vecinos como los servicios sociales donde tenían su “historia abierta”. Los pequeños acudían tras las clases a un servicio de apoyo en un centro de día de Aldeas Infantiles que desarrollaba ese programa para la Xunta de Galicia. Nunca se les consideró en situación de desamparo, precisamente, por la actitud de sus padres. “Se desvivían por ellos”, recuerdan en el barrio. Pero estas medidas no son más que parches cuando no se tiene garantizado un hogar digno.

 “¿Dónde está la vivienda social que necesitamos todos? Hablamos de okupación, pero no hablamos de vivendas sociales, ¿verdad?. Hablamos de policía, pero nadie nos ayuda...”. El grito desesperado de una vecina se colaba en directo en la TVG tras la comparecencia del delegado del Gobierno. La mujer clamaba porque los agentes se habían presentado en el fuego sin extintores o porque “sólo vinieron tres ambulancias para treinta vecinos” (hubo otras, pero tardaron más de 40 minutos), aunque el núcleo de su mensaje estaba claro: en esas largas horas en las que los medios habían tomado la calle Alfonso X, la palabra “okupación” unida a la tragedia había sonado demasiadas veces. Otra residente recoge ese malestar: “Quisieron sacar a sus hijos de la chabola y la administración los dejó a un lado. Como no les dieron un alquiler, se buscaron la vida como pudieron. No entraron en casa de nadie: se buscaron un edificio abandonado, sin agua ni luz”. 

 “Las personas empobrecidas buscan siempre edificios de este tipo: abandonados por el propietario y las instituciones y en los que no se exigen normas de seguridad”. Por eso, lo que Bouzas se pregunta es “¿cómo vivían esos niños antes de morir, rodeados de peligros, de humedades, de basura?”. Una condición que compartía la treintena de habitantes del inmueble. La Xunta era conocedora de la situación de los pequeños, el Ayuntamiento de Vigo, también.

Para Antón Bouzas, lo de menos es que el incendio pueda haber sido provocado. “Eso no importa, ese edificio era un polvorín. No se puede consentir que la gente viva en esas condiciones en una ciudad tan rica como es Vigo”. Por eso, concluye, contundente aunque sin elevar el tono: “Que esos niños y esa madre hayan muerto en esas condiciones es culpa del ayuntamiento y de la Xunta, por mirar hacia otro lado”."                        (Luis Pardo, eldiario.es, 12/10/23)

23.8.23

Las familias del bloque La Dignidad siguen viviendo en la calle un mes después del desahucio... Algunas de las familias más vulnerables se han visto en la necesidad de acampar frente a los juzgados de Móstoles como acto de protesta ante el abandono del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, que siguen sin ofrecerles alternativas adecuadas a la gravedad de cada caso.

"Este lunes, 21 de agosto, se cumplía un mes del desalojo de 18 familias que habitaban el bloque La Dignidad en Móstoles. Desde entonces, a muchas de ellas no les ha quedado otra posibilidad que vivir en la calle, padeciendo el duro verano con altas temperaturas. La situación para algunas de las personas desahuciadas es muy vulnerable. Unas 50 siguen sin tener un sitio seguro y estable. El viernes pasado, Stop Desahucios Móstoles organizó una manifestación que partió desde el bloque, ahora cerrado a cal y canto, hasta la plaza del Ayuntamiento mostoleño, con el fin de seguir visibilizando la situación de las personas desahuciadas, muchas de ellas con padecimientos de salud muy graves. Al terminar la manifestación realizaron una asamblea en la que decidieron plantarse en el Parque Huertas de la localidad, frente a los juzgados, y comenzar así un acto de protesta para exigir soluciones a las autoridades.

Sin embargo, el sábado a las 9 de la mañana, la policía les obligaba a levantar la acampada. Esa misma tarde noche volvían a colocar sus tiendas de campaña y a hacer guardias pero al día siguienterecibieron nuevamente las amenazas de la policía y algunas de las personas acampadas recibieron propuesta de multa. Ayer lunes por la mañana les visitó de nuevo la policía, y a la tarde, en plena ola de calor, les hicieron desmontar las carpas otra vez.

José Torralbo, portavoz de Stop Desahucios Móstoles, ha defendido que el acto de protesta había sido comunicado a la Delegación de Gobierno, y que la presencia de las fuerzas de seguridad estaría conculcando su derecho a manifestación. “Estas familias extremadamente vulnerables han sido desahuciadas sin ningún tipo de alternativa, ni por parte del Ayuntamiento ni por parte de la Comunidad de Madrid y cuando vienen a dormir al parque, que es el único sitio que tienen, también quieren desalojarlos de aquí”, expresaba. El portavoz asegura que no van a dejar de pelear hasta conseguir una solución real para las familias: “Es un ejercicio del derecho de manifestación y expresión y de protesta contra una injusticia que se está cometiendo que es la vulneración del derecho fundamental a la vivienda”.

Muchas de las familias que aún no han encontrado dónde vivir se han visto, prácticamente desde el día del desahucio, en la necesidad de pasar sus días en la calle. Días después del desahucio, las familias presentaron una denuncia “por el abandono de las administraciones e incumplimiento de derechos”, ya que solo les ofrecían pasar dos días en un hostal o ir a un albergue, separando a los matrimonios, y a sus hijos bajo la amenaza de retirarles la tutela. Desde Stop Desahucios Móstoles insisten en que el Ayuntamiento de Móstoles tiene viviendas municipales vacías y cerradas, así como la Comunidad de Madrid

Vidas en el limbo

El bloque bautizado como La Dignidad era un edificio que llevaba ocho años abandonado y que al recuperarlo dio hogar a 54 familias a lo largo de los 13 años que se ocupó. En gran medida sus ocupantes han sido personas en situación de calle y en riesgo de exclusión social. Otras padecían una alta vulnerabilidad como madres con hijos sin posibilidades de pagar un alquiler, o personas mayores con minusvalías reconocidas, hernias discales, Parkinson, dolencias de corazón, procesos cancerígenos, trastornos psiquiátricos, diabetes... Todas estas personas rehabilitaron el bloque “y lo convirtieron en su hogar llenándolo de vida y dándole el uso que tiene que tener la vivienda que es servir de residencia y no en un elemento de especulación para el mercado”, señalan desde la asamblea de vivienda de Móstoles. De hecho, explican que hubo familias que cuando encontraron una residencia estable, abandonaron el edificio para ceder lugar a otras. “Podríamos decir que este edificio ha estado haciendo labores que le hubieran correspondido a la administración pública”, indican.

Asimismo, quieren dejar claro que durante años las familias de La Dignidad han solicitado una vivienda pública a la Comunidad de Madrid, administración que se las ha denegado con el argumento de no tener un título válido donde vivían, es decir que vivían ocupando, con lo que se les estaba discriminando por su situación jurídica y administrativa. En reiteradas ocasiones, tanto Naciones Unidas como el Defensor del Pueblo se han dirigido a la Comunidad de Madrid reclamándole que elimine el artículo 14 (F) del Reglamento de Adjudicación por discriminatorio. En esta situación se encontraban muchas de las familias hasta el momento del desahucio, pesándoles más el adjetivo de okupas que el de personas vulnerables sin hogar.

Desde Stop Desahucios Móstoles critican que la Comunidad de Madrid no haya hecho todavía uso del Real Decreto 42/2022por el que se regula el Plan Estatal de Vivienda 2022-2025. Este plan está dotado con fondos europeos Next Generation en materia de vivienda y su programa prioritario establece que son para “dotar de alternativa habitacional a familias objeto de desahucio, mujeres víctimas de violencia de género y familias especialmente vulnerables”, como son las que residían en el edificio La Dignidad. Aunque existe ya un listado de ayudas concedidas de la convocatoria de 2022, en ella se especifica un requisito insalvable para muchas de las personas de La Dignidad como el tener un contrato de arrendamiento o título válido de alquiler de 600 euros para una vivienda, y no mayor de 300 para una habitación. Otros requisitos incluyen presentar la declaración de la renta, el empadronamiento, límite de ingresos, recibir otras ayudas, etcétera.

Sin acceso a vivienda digna

Para Stop Desahucios Móstoles, el impedimento al acceso a una vivienda viene de lejos. Sostienen que es el propio Ayuntamiento quien ha incumplido las mociones que fueron aprobadas en Pleno municipal: una de 2016 donde se aprobaba que a estas familias se las buscaría una alternativa, y otra de 2019, que aprobaba que cuando hubiera resoluciones de Naciones Unidas, el Ayuntamiento buscaría alternativas habitacionales para las familias. “Evidentemente no se ha cumplido”, lamentan, y explican que las familias “agotaron todos los recursos jurídicos a su alcance para impedir el desahucio, sin embargo el Juzgado número 1 de Móstoles no quiso hacer un juicio de proporcionalidad que tuviera en cuenta los intereses en juego de las partes. Por un lado, un fondo buitre con mucho dinero en múltiples activos que podía esperar unos meses a recuperar su propiedad, y por otro lado, unas familias extremadamente vulnerables que reclamaban su derecho a una vivienda digna y adecuada”.

Denuncian que tampoco se ha tenido en cuenta la sentencia 1797/2017 del Tribunal Supremo que dicta que antes de proceder a un desahucio hay que tener en cuenta la protección superior de los menores, en este caso había 18 menores en el bloque La Dignidad. A esto agregan que el Juzgado de Móstoles tampoco ha cumplido con el decreto 5/2023, vigente hasta 31 diciembre, que indica que no se puede desahuciar a personas vulnerables sin alternativa haciendo caso omiso a los informes de vulnerabilidad remitidos por Servicios Sociales. Y, por último, tampoco admitió las resoluciones de Naciones Unidas que pedían al Estado español que se suspendiera este desahucio hasta que hubiera alternativa habitacional.

La asamblea Stop Desahucios Móstoles reconoce que fue propositiva al presentar a las administraciones un plan de viabilidad para resolver este conflicto de manera no traumática y que consistía en que el ayuntamiento proporcionaría alternativas temporales, que la Comunidad de Madrid adjudicaría las viviendas definitivas, y que el Juzgado suspendería el desahucio el tiempo necesario para llevar a cabo todo este proceso. Pero el resultado fue el desalojo del pasado 17 julio con amplio despliegue policial —25 furgones— desde las cinco de la mañana. A pesar incluso de que la policía entró a varias viviendas rompiendo puertas, las vecinas y vecinos de La Dignidad resistieron varias horas antes de abandonar el edificio.

El drama estaba servido porque nadie allí ofreció soluciones viables. Las familias acudieron a Servicios Sociales a reclamar las soluciones que les habían propuesto —dos noches en un hotel u hostal, o alquileres por un mes—, pero resultó que no eran ciertas. Así, la situación actual de las familias es: una familia con menores ha sido acogida por un compañero de la plataforma de Stop Desahucios de Móstoles, una mujer ha sido acogida por su exmarido durante dos meses para esperar que, ahora que tendría un título válido donde reside, la Comunidad de Madrid le pueda adjudicar una vivienda de emergencia. A una persona de 61 años la opción que le ofrecía Servicios Sociales era esperar a encontrar una plaza en una residencia. Estuvo unos días en un hostal y ahora está en la calle.

A otras familias les ofrecieron estancias en albergues municipales, algunos fuera de Móstoles, que solo tienen opción separando a las familias y renunciando a la tutela de sus hijos. Otras familias no han recibido ninguna solución, por lo tanto, la mayoría de las familias han dormido a la intemperie desde hace un mes. Uno de los casos más graves es el de una mujer con diversas enfermedades reconocidas que el mismo día del desahucio fue intervenida en un hospital para amputarle cinco dedos de un pie por su diabetes. Carga, además, una bolsa ya que es una paciente ostomizada. Desde que salió del hospital, unos días después del desalojo, vive en la calle con su pareja, también desahuciado. Nadie les ha ofrecido hasta el momento una solución habitacional real.

A pesar de haber hecho esfuerzos colectivos desde Stop Desahucios Móstoles por encontrar sus propias alternativas, la situación que se les presenta es harto complicada precisamente por la situación de muchas de las personas enfermas que requieren de espacios adecuados a sus necesidades, sobre todo de salud física y mental."                             (Susana Albarrán Méndez , El Salto, 22/08/23)

11.7.23

Desokupa, un lucrativo negocio... La empresa factura 900.000 euros al año... La policía le detuvo en dos ocasiones, acusado de formar parte de un grupo de extorsionadores profesionales... y ha abierto diligencias por delitos contra las personas, contra el patrimonio, amenazas, coacciones, entrada en vivienda ajena, ocupación de inmueble, estafa, daños o lesiones

 "Se colaron en el portal. Reventaron la puerta. Y okuparon el piso. Sucedió en mayo de 2019 en un edificio de la calle de Atocha, en pleno centro de Madrid, a pocos metros de donde Desokupa ha colgado ahora una lona gigante contra Pedro Sánchez. El piso en cuestión era propiedad de un banco. Un bajo de apenas 30 metros cuadrados con una minúscula habitación. Ahí dentro convivieron hasta 15 jóvenes. Hicieron de la casa un mercadillo de droga ambulante, incluso durante el confinamiento. El final de esta historia llegó el 8 de julio de 2020. La empresa Desokupa se presentó en el rellano de la puerta con tres empleados enormes tras ser reclamada por los vecinos. Allí aparecieron tres armarios empotrados, con tatuajes y de mirada desafiante. Atemorizaron a los okupas, que en menos de 10 minutos se marcharon de allí ante la mirada atónita del vecindario y de millones de españoles, porque la hazaña se retransmitió en directo en El Programa de Ana Rosa, en Telecinco. Después aparecieron más televisiones, más conexiones en directo, y el vídeo acabó viralizado en las redes sociales.

Desokupa es una de las empresas que se dedican a los desalojos extrajudiciales en España. Con prácticas que exploran los márgenes de la ley, su dueño, Daniel Esteve, ha capitalizado como nadie las redes sociales y los programas de televisión de máxima audiencia agitando el fantasma de las okupaciones. De la maraña de empresas que Esteve administra (cuenta con 10 cargos activos) vinculadas a la hostelería, la cosmética y el ocio nocturno, el buque insignia es Conciencia y Respeto 1970 S. L., el nombre social de Desokupa. La compañía se nutre de una legión de seguidores en Instagram, Twitter, YouTube y TikTok. Una audiencia fiel de más de medio millón de personas para sus vídeos de desalojos y sus agresivas opiniones políticas en contra de los partidos de izquierda. Pero también para los momentos en los que se abraza con personas mayores, con niños enfermos o en defensa de los animales.

Una de las últimas bazas publicitarias que ha jugado es la colocación de una lona gigantesca en la fachada de un edificio en obras en el centro de Madrid, con un mensaje dirigido al presidente del Gobierno: “Tú a Marruecos. Desokupa ¡a La Moncloa!”. La lona, que está contratada hasta el 23 de julio, la ha financiado Xaime da Pena, dueño de DP Abogados Consultores S. L., y el nombre de este bufete aparece en el cartel. “Yo le pagué a Desokupa 40.000 euros”, confirma Da Pena por teléfono. “La idea de la lona se le ocurrió a él y yo supervisé que no hubiera delito de odio”, explica. La relación entre ambos es “por temas de abogados y profesionales”, detalla el letrado. “Yo no comparto con Dani muchísimas cosas. No soy ni de Vox, de hecho era más naranjito [en referencia a Ciudadanos] que otra cosa. Esto es algo más de marketing y de sarcasmo”, asegura, sobre su aventura con la empresa que, a su criterio, es la número uno en el mercado de los desalojos extrajudiciales.

Las últimas cuentas depositadas por Desokupa en el Registro Mercantil revelan que la compañía cerró 2021 con pérdidas de 180.000 euros (con una facturación de 888.799), frente a los 240.000 euros que ganó el año anterior. Pero sigue siendo una compañía con pocas deudas y saneada, en la que Esteve cobra un sueldo anual de 184.842 euros. Dispone de nueve trabajadores y dos sedes oficiales, aunque solo consta una dirección en Barcelona. Allí, el portero asegura que Desokupa se mudó “hace unos meses”, sin dar más detalles. Más dudoso es el historial de una de sus filiales, Dem Urbanas, ya en liquidación, pero que llegó a contar con 52 empleados, según sus propios datos. Varios de ellos denunciaron en 2021 que Esteve les debía horas extras o les había contratado en negro. Poco después de la polémica, la compañía se disolvió.

 “Muchas personas no saben ni lo que firman cuando contratan a Desokupa”, critican fuentes judiciales sobre la manera de proceder de la empresa. Una de las vecinas que recurrió a ellos para el desalojo de los bajos en la calle de Atocha de Madrid cuenta que les conocieron “por internet”. “Muchos de los vecinos no querían participar en la contratación de Desokupa. Al final los que estábamos de acuerdo éramos más o menos la mitad del bloque. Firmamos un contrato con Desokupa de, creo recordar, unos 4.000 euros”, explica la mujer, que prefiere no ser identificada. Fuentes judiciales explican que, antes de intervenir, Desokupa estudia el valor catastral y el tipo de vivienda, y a partir de ahí decide el precio del desalojo.

Los Mossos d’Esquadra han investigado a Esteve y sus empresas en diversas ocasiones. Apareció en el radar policial hace más de una década, cuando empezó a dedicarse al cobro de morosos. La policía catalana le detuvo en dos ocasiones, acusado de formar parte de un grupo de extorsionadores profesionales. El pasado mayo, los servicios de información se pusieron de nuevo tras su pista después de su irrupción en la campaña electoral municipal de Barcelona. Esteve espoleó un conflicto hasta entonces inexistente con unos edificios okupados en la zona alta de la Bonanova. Y convocó manifestaciones con el apoyo de la extrema derecha de Vox, en las que algunos de sus participantes hicieron saludos nazis. “Es un asunto que está siempre encima de la mesa”, afirman fuentes policiales sobre el dueño de Desokupa.

 Pero hasta el momento las investigaciones de los Mossos contra Esteve no han prosperado. El empresario catalán, de 53 años, criado en el mundo de la seguridad en el ocio nocturno, ha sido siempre absuelto. Tampoco han salido adelante las denuncias contra él o sus fornidos trabajadores en desalojos por lesiones, coacciones, amenazas… La policía administrativa de los Mossos también analizó si Esteve y los suyos cometían un delito de intrusismo profesional en el mundo de la seguridad privada. En sus informes, constatan que Desokupa se ha ido adaptando para evitar problemas legales: pasaron a identificarse como controladores de accesos y en la actualidad se definen como “mediadores, abogados y/o representantes legales de la propiedad”. El Ayuntamiento de Barcelona también ha presentado denuncias por delito de odio ante la Fiscalía.

La única muesca en su currículum es una sentencia del pasado 27 de junio del Juzgado de Primera Instancia número 42 de Barcelona. La resolución afecta al pilar sobre el que descansa el éxito de Desokupa: las redes sociales. Esteve debe indemnizar con 5.899 euros por atentar contra su derecho a la imagen a un hombre al que grabó en uno de sus desalojos extrajudiciales en enero del año pasado, y que después subió a sus cuentas de Instagram y de Facebook. La sentencia considera que las redes sociales de Esteve son una plataforma para publicitar Desokupa y para la “captación de potenciales clientes futuros”. Y que, por tanto, utilizó sin su permiso la imagen de una persona para darse publicidad. Esteve ha anunciado, también a través de sus redes, que recurrirá la sentencia.

 El viernes, el líder de Desokupa anunció que a las seis y media de la tarde descolgaría su gigantesca lona en el centro de Madrid, que había sido denunciada por el PSOE y por ERC ante la Junta Electoral, porque ya había hecho dinero suficiente con ella. “Hemos multiplicado por cinco nuestras expectativas, hemos superado los 10 millones de euros en impactos de publicidad”, dijo en un vídeo. “Hemos hechos miles y miles de contrataciones, es una locura, tenemos trabajo hasta noviembre […] Descolgamos el cartel porque desde luego ya hemos sacado más de los que nos pensábamos que íbamos a sacar”, afirmó. Tres horas después, se burló de todos los medios apostados delante del inmenso anuncio a través de otro vídeo. Leyó la resolución de la Junta Electoral, según él notificada por la mañana, que dictaminaba que no había obligatoriedad de retirarla, y alzando una copa de cerveza al aire gritó: “¡La lona se queda! ¡Por mis cojones y los del juez!”.               (Rebeca Carranco , Manuel Viejo , El País, 09/07/23) 

 "Los Mossos d’Esquadra han actuado en 28 ocasiones contra Desokupa desde 2015.

 Los Mossos d’Esquadra han actuado en 28 ocasiones contra la empresa Desokupa, liderada por Daniel Esteve, desde 2015. Así consta en un informe policial al que ha tenido acceso EL PAÍS, que detalla las distintas diligencias efectuadas por la actividad de la compañía, con sede en Barcelona. Desokupa ha alentado las últimas semanas el conflicto de la ocupación en el barrio barcelonés de la Bonanova, que ha entrado de pleno en la campaña municipal en la ciudad y que culminó el jueves con dos manifestaciones contrarias en la ciudad, sin disturbios.

El informe recoge en total 26 incidentes, en una cifra adelantada ayer opr TV3, todos ellos en Barcelona, en los que o bien han sido denunciados o bien han sido identificados, el primero de ellos fechados en 2015, antes de su constitución oficial. A esto se le suman dos denuncias más, por ocupación leve de inmueble, en los distritos de Les Corts y de Sarrià de la ciudad desde el mes de octubre sin que conste hasta el momento que hayan sido condenados por ninguno de estos incidentes, que siguen recorridos judiciales independientes. Preguntado por las actuaciones policiales, Esteve ha reprochado a este diario que tenga la “vergüenza” de llamarle y ha zanjado la conversación colgando el teléfono. 

(...) los Mossos han abierto diligencias en diversas ocasiones a Desokupa por delitos como contra las personas, contra el patrimonio, amenazas, coacciones, entrada en vivienda ajena, ocupación de inmueble, estafa, daños o lesiones. También constan diligencias informativas por su papel como mediadores o negociadores en casos en los que ha habido una contrapartida económica, con un acuerdo entre las dos partes y sin que, por tanto, haya habido denuncias por parte de ninguno de los implicados.

La mayor parte de las actuaciones de los Mossos d’Esquadra se concentran en el año 2020, con 15 diligencias contra Desokupa, todas ellas en Barcelona. El resto están fechadas en 2016 (7), en 2021 (2), en 2022 (1) y en 2015 (1), y dos más desde octubre. Fuentes policiales concluyen que la compañía no necesita licencia de seguridad privada para la actividad que practica, puesto que en realidad tampoco es un trabajo de un vigilante de seguridad impedir “por la fuerza o la intimidación” el “acceso a los okupas a los inmuebles”. Y señalan que su propia naturaleza supone un conflicto legal entre derechos en disputa, que podría enmarcarse en un delito de realización arbitraria del propio derecho.

Paralelamente, las unidades de policía administrativa de los Mossos también han abierto hasta seis investigaciones sobre la compañía, enmarcadas en incidentes en diversos municipios de Barcelona. Fuentes policiales insisten en que la actividad de la empresa bordea los límites de la legalidad, y explican que en los últimos tiempos ha ido variando el perfil de los trabajadores de Desokupa. Han pasado de antiguos controladores de acceso y personal de seguridad sin habilitación a personal eventuales sin vinculaciones con ninguno de esos ámbitos para ahorrarse problemas, indican fuentes policiales.

Desokupa, con Esteve, de 53 años, a la cabeza, fue la protagonista indudable el jueves en la manifestación en la Bonanova. La CUP denunció este viernes que algunos de sus integrantes exhibieron simbología y saludos nazis. Fuentes policiales aseguran que también se dejaron ver algunos miembros de Los Casual, inicialmente la facción más violenta de los Boixos Nois, los hooligans del Barça, y que desde hace años se dedican a los narcoasaltos y las extorsiones sobre todo a empresarios del ocio nocturno.

Los anticapitalistas han exigido también al Ayuntamiento de Barcelona que se persone contra Desokupa por un delito de odio y han expresado la voluntad de que se despliegue un protocolo antifascita en el Consistorio. El defensor de la ciudadanía de Barcelona, el síndic de greuges, David Bondia, también se manifestó muy crítico con Desokupa. Señaló el “desafío a los poderes públicos” con la “amenaza de procedimientos de desahucio que se apartan de lo establecido legalmente” y propuso que los costes del despliegue policial los asumiesen “las personas y actores que han atizado este conflicto de orden público”.

El conflicto en el barrio de la Bonanova supuso el jueves un despliegue policial de máximos, con casi 400 agentes entre mossos d’esquadra y la guardia urbana. El dispositivo empezó a las cinco de la tarde y se mantuvo hasta medianoche, cuando se dejó solo algunas patrullas en las inmediaciones de las casas okupadas. Finalmente, los Mossos denunciaron ya de madrugada a 12 jóvenes por desobediencia que intentaron acercarse a los dos bloques de la controversia: La Ruïna y El Kubo."                 (Rebeca Carranco, El País, 13/05/23)

10.7.23

Una esperanza se abre para las familias del bloque La Dignidad de Móstoles... “Vamos a servicios sociales y nos dicen que no hay viviendas, nos dan ayuda de uno o dos meses para una habitación"... “Hemos hecho una propuesta en la que intervienen la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento y consiste en alternativas temporales para que a estas personas no se les considere okupas, y así la Comunidad podría adjudicarles una vivienda pública”. Asegura que han conversado con el juzgado y este está en la disposición de suspender el desahucio el tiempo necesario, si se cumple este plan, para que esas alternativas sean reales. “El único que no está cumpliendo es el Ayuntamiento de Móstoles”... “Nosotros hemos hecho todas las cosas que podemos hacer, hasta escribir a Naciones Unidas que ha sacado resoluciones para cada caso particular y dice que este desahucio se tiene que suspender o alternativamente dar vivienda a las personas vulnerables”... así que se plantaron en el Ayuntamiento Móstoles y arrancan una cita al nuevo alcalde para sentarse a dialogar y encontrar soluciones, y así evitar que niños, personas enfermas y mayores, se queden sin casa el próximo 17 de julio

"Vamos a servicios sociales y nos dicen que no hay viviendas, nos dan ayuda de uno o dos meses para una habitación, eso realmente no es una solución, como es mi caso. Ahora mismo cobro 250 euros del paro porque el único trabajo que tenía era parcial. Soy madre soltera y ni siquiera me alcanzaría para una habitación”, declara Tatiana a El Salto la mañana en que junto con sus vecinas, organizadas en la asamblea Stop Desahucios Móstoles, han acudido a su Ayuntamiento a pedir cita con el alcalde. Y es que a los habitantes del bloque 'La Dignidad' no les ha quedado otro remedio que plantarse en el consistorio para exigir una solución ante la amenaza de desahucio, con fecha del lunes 17 de julio, que les tiene en vilo.

18 familias están amenazadas de quedarse sin vivienda en una semana, y hasta este viernes, no habían recibido ninguna respuesta a sus repetidas solicitudes de cita con el nuevo alcalde, el popular Manuel Bautista, investido el 17 de junio pasado. “Llevamos varias concentraciones pero nunca se nos ha prestado la atención suficiente como para hablar y que escuchen las alternativas que estamos pidiendo y un alquiler social”, apunta Tatiana. Después de dos horas de espera han conseguido una esperanza, una cita con el equipo de gobierno del Ayuntamiento para el próximo martes 11 de julio, en las oficinas de Servicios Sociales.

El pasado mes de junio fue el primer intento de desalojo del bloque pero quedo suspendido. En las semanas que han transcurrido hasta hoy nadie del ayuntamiento se ha interesado en encontrar soluciones, mientras que Stop Desahucios Móstoles sí ha presentado alternativas. Así lo afirmaba la mañana del viernes a El Salto, José, portavoz de Stop Desahucios Móstoles, mientras las familias esperaban una respuesta del alcalde. “Hemos hecho una propuesta en la que intervienen la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento y consiste en alternativas temporales para que a estas personas no se les considere okupas, y así la Comunidad podría adjudicarles una vivienda pública”. Asegura que han conversado con el juzgado y este está en la disposición de suspender el desahucio el tiempo necesario, si se cumple este plan, para que esas alternativas sean reales. “El único que no está cumpliendo es el Ayuntamiento de Móstoles” asegura José mientras urge a que haya la oportunidad de explicar al nuevo alcalde la situación en la que se encuentran las familias de La Dignidad.

“Nosotros hemos hecho todas las cosas que podemos hacer, hasta escribir a Naciones Unidas que ha sacado resoluciones para cada caso particular y dice que este desahucio se tiene que suspender o alternativamente dar vivienda a las personas vulnerables”, explica el portavoz mostoleño de Stop Desahucios. Insiste en que por su parte han agotado las opciones en Servicios Sociales y en la Concejalía de Vivienda, realizado todos los recursos judiciales posibles e incluso han conseguido dialogar con la Comunidad de Madrid. “Hemos hecho todo lo administrativamente posible, ya solo nos queda ponernos en la puerta, que es lo que vamos a hacer, y resistir hasta el último momento”, advierte.

Preguntado sobre la posibilidad de quedarse en el mismo bloque, el portavoz responde que sería muy difícil porque “el juez que lleva el caso parece que tiene prisa en desalojar el edificio”. Reprocha la actitud del magistrado ya que, si bien conoce caso por caso, se ha encargado de desmontar los informes de vulnerabilidad de los servicios sociales. “A cada familia le ha dicho que esos informes están inventados. Por ejemplo, una persona le dice que tiene una discapacidad del 66%, pero como no le consta ningún documento, la considera no vulnerable. Otro ejemplo, una familia dice que están casados y tienen un hijo, pero como no ha visto el libro de familia, no lo cree”, cuenta José. Señala que incluso los Servicios Sociales han tenido que enviar un documento al juez indicándole que los certificados de vulnerabilidad que emiten son oficiales y válidos y debe tomarlos en cuenta.

Para Stop Desahucios Móstoles el juez tampoco ha tenido en cuenta las resoluciones de Naciones Unidas, que sí ha comprobado la documentación y reconocido a estas familias como vulnerables, para dictaminar que desahuciarlas sería un acto ilegal. Consideran un agravio también que el juez “tampoco ha hecho un ejercicio de proporcionalidad entre las dos partes en litigio, por una, el fondo de inversión, que tienen mucho dinero y muchas viviendas, y en el otro lado, familias vulnerables que no tienen a donde ir y con menores a los que hay que proteger sus derechos”.

José también subraya que el juez incluso incumple el Real Decreto 11/2022, que se emitió por primera vez en 2020 por la crisis del covid 19, donde se indica que a las familias vulnerables no se les puede desahuciar sin alternativa. Al mismo tiempo achaca a la administración en incumplimiento del mismo decreto ya que obliga a buscar alternativa a las familias en situación de vulnerabilidad, cosa que hasta el momento no ha hecho. Asimismo observa que en el caso de 'La Dignidad' se incumple el Decreto 42/2022, que es el plan estatal de vivienda con una partida de los fondos Next Generation de la Unión Europea, y que prioritariamente es para dar alternativa a las familias, personas vulnerables y mujeres víctimas de violencia de género que son objeto de desahucio, como es el caso de muchas personas de este edificio. “Aquí esta incumpliendo todo el mundo y nadie está mirando por el derecho a la vivienda de familias reales que están en una situación extremadamente crítica” sentencia.

Aunque la situación del bloque es extremadamente difícil porque tiene una orden de lanzamiento en firme para el 17 de julio, la acción de este viernes en el Ayuntamiento de Móstoles al menos arrancó una cita con el equipo de gobierno para el próximo martes. El principal reclamo de las familias de 'La Dignidad' desde hace nueve años es una solución habitacional con un alquiler social. “No queremos vivir de gratis, eso es lo que estamos pidiendo” insiste Tatiana. Mientras José asegura que están buscando por todos los medios alternativas para las familias “porque evidentemente no las vamos a dejar en la calle”, pero advierte, “Si las familias son desalojadas, vendremos aquí a exigir al ayuntamiento. Y si tenemos que encerrarnos, lo haremos”."      (Susana Albarrán Méndez , El Salto, 07/06/23)

6.7.23

Aporobofia y okupación... los intereses inmobiliarios han “ganado la batalla del relato”... El perfil más habitual de las personas que ocupan viviendas en España son individuos y familias sin recursos que se meten en inmuebles vacíos de entidades financieras y fondos buitre. Sectores pobres de la población, apaleados por la concatenación de crisis y el grave problema de la vivienda... tras la crisis de 2008 se creó un sentimiento generalizado de indignación por los desahucios y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) llegó a recibir el aplauso social y distinciones del Consejo Europeo. Hoy se ha conseguido presentar el problema de la vivienda como de orden público y no de justicia social, y alinear a la opinión pública con los intereses de los especuladores... El movimiento por la vivienda es plenamente consciente de que la ocupación no es la solución del problema, solo una última opción a la que agarrarse antes del abismo de la calle... lo que se da es la presión del desamparo de los que no tienen donde vivir. Todo desemboca en un caso extendido y flagrante de aporofobia: el rechazo al pobre

 "Bajé un domingo a la pastelería, compré tartaleta de limón y de fresa, mousse de tres chocolates y un pedazo de brownie. Luego me fui a visitar a una familia en el extrarradio de Madrid: estuve hablando con Richard toda la mañana, de los reveses de la vida, de la piscina del barrio, hasta de Dios, mientras sus tres hijas jugueteaban por el salón y creaban el típico caos infantil. Resulta que Josefina también trajo bollería del supermercado, pero dimos buena cuenta de todo tomando café con leche, con la tele puesta de fondo y las fotos de su boda, aquellos días felices, en las paredes. Ahora los días no son tan felices: Richard y Josefina se ven obligados a ocupar desde hace siete años ese piso, propiedad del fondo Cerberus, con sede en Manhattan y miles de millones de dólares en activos. Han intentado regularizar su situación ante la indiferencia de la entidad que solo ofrece el desalojo, aunque la ONU lo haya desaconsejado en cuatro ocasiones. También Naciones Unidas, desde 2018, dice que el Estado está obligado a proporcionar una vivienda a esta familia y hasta una indemnización.

El perfil más habitual de las personas que ocupan viviendas en España son individuos y familias sin recursos que se meten en inmuebles vacíos de entidades financieras y fondos buitre. Sectores pobres de la población, apaleados por la concatenación de crisis y el grave problema de la vivienda. En boca de políticos de la derecha (los de la “tolerancia cero” con la “okupación”), magacines televisivos sensacionalistas o la empresa Desokupa (de triste actualidad estos días) son redes de narcotráfico, bandas armadas o personas que destruyen la convivencia, no dejan descansar al vecindario y hasta lanzan sus heces por la ventana. Esos casos existen, pero ni son los más representativos ni tienen mucho que ver con la ocupación: el narcotráfico, el trajín con armas de fuego o los desórdenes en la escalera también pueden ser cometidos por propietarios.

Sin embargo, estos casos escabrosos son los más difundidos, parece que para crear pánico social y romper la empatía con los desfavorecidos. En España ha sucedido un curioso fenómeno: tras la crisis de 2008 se creó un sentimiento generalizado de indignación por los desahucios y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) llegó a recibir el aplauso social y distinciones del Consejo Europeo. Hoy se ha conseguido presentar el problema de la vivienda como de orden público y no de justicia social, y alinear a la opinión pública con los intereses de los especuladores (y, de paso, de las empresas de alarmas que se dedican, precisamente, a alarmar aún más a la población). Por decirlo en lenguaje contemporáneo: los intereses inmobiliarios han “ganado la batalla del relato”.

Nos incitan a temer a los “inquiokupas” en pos de vivir en el “tranquiler”: todo rota alrededor del eje del miedo. El uso del término “okupa”, con k, que suena más amenazador y que se ha aceptado acríticamente por toda la sociedad, debería limitarse al movimiento okupa, de corte ideológico y contracultural, que opera en centro sociales desde los años 60, con el ánimo de generar espacios de autogestión y nuevos modelos de ciudad. No es lo que vemos ahora: lo que se da es la presión del desamparo de los que no tienen donde vivir. Todo desemboca en un caso extendido y flagrante de aporofobia: el rechazo al pobre que acuñó la filósofa Adela Cortina.

En realidad, una persona mayor no debería preocuparse por bajar a la compra y encontrarse su humilde vivienda llena de okupas toxicómanos, como reza la leyenda: la ley es severa con aquellos que cometen el delito de allanamiento de morada, el desalojo se realiza con premura. Las personas sin recursos que ocupan viviendas, que son pobres, pero no tontas, prefieren utilizar inmuebles vacíos, casi abandonados, de bancos y fondos donde la legislación es más laxa: este delito es de usurpación.

El movimiento por la vivienda es plenamente consciente de que la ocupación no es la solución del problema, solo una última opción a la que agarrarse antes del abismo de la calle. Que no se cumpla el derecho a la vivienda, recogido en la Constitución (art. 47), impide que se cumplan otros muchos derechos humanos, como el derecho a la salud, a la familia, al trabajo o, en fin, a una vida digna. Aunque se difunda el cliché pueril de que las personas que ocupan viven una vida de lujo asiático sin trabajar (ahora envidiamos a los pobres con “paguita” y no a los ricos), lo cierto es que vivir ocupando es considerado un alojamiento inseguro, según la Tipología Europea de Exclusión Residencial y Sinhogarismo (ETHOS por sus siglas en inglés), e incluso una forma de sinhogarismo: un piso ocupado difícilmente puede constituirse como hogar.

“Un día nos dimos cuenta de que éramos pobres”, me dice Richard. Su familia lleva años en la cuerda floja, víctima de ansiedades y depresiones, y sin saber qué va a ser de su futuro y el de sus hijas, cuándo caerá sobre ellos la espada de Damocles del desahucio perseguido desde unas oficinas en la Tercera Avenida de Nueva York. Contra el problema de la vivienda no cabe una mano dura que criminalice a las personas pobres, sino una mano blanda que las acoja y ataje la injusticia."                     (Sergio C. Fanjul , El País, 04/07/23)