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2.9.26

"No está hecho aún, Sánchez está subiendo en las encuestas"... las encuestas internas que Vox ha realizado a mediados del mes de agosto señalan que “el PSOE está subiendo a costa de Sumar, pero sube. Los socialistas tienen un suelo hipersólido”. Vox se mantiene en un 17%... "Lo que importa es que no bajemos 3 puntos. Si caemos al 14 o 15%, Sánchez podrá repetir gobierno”... el hecho de que, en el bloque progresista, el PSOE se haya comido a Sumar es una señal de que la campaña del miedo está haciendo efecto. Ante la posibilidad cada vez más real de que gobiernen las derechas, el votante de izquierdas se está refugiando en la opción que parece más sólida, la de Sánchez. Con una derivada: “Si esa campaña continúa funcionando, puede movilizar a ese millón de votantes de izquierda que está ahora mismo en la abstención”... El voto que decide las elecciones es el de millones de personas despolitizadas "y esas irán a votar cuando Sánchez diga" (Esteban Hernández)

 "Vox y las consecuencias de Ceuta: "No está hecho aún, Sánchez está subiendo en las encuestas"

Los acontecimientos de Ceuta han sido tan provechosos políticamente para Vox como negativos para Pedro Sánchez. Han contribuido a poner sobre la mesa un marco, claro y definido, en el que los de Abascal llevan años trabajando.

En cuanto a los socialistas, viven un momento de debilidad que quedó expresado con nitidez en la entrevista de ayer a Sánchez en la Ser: prefirió aparecer como el líder del progresismo internacional antes que como el presidente del Gobierno español.

En esta crisis, al gobierno se le ha exigido que proteja las fronteras, que defienda al país de las agresiones externas y que provea de seguridad a los ciudadanos españoles, en especial a los ceutíes. En su intervención, Sánchez disculpó a Marruecos, insistió en que se deben respetar los trámites para la devolución, en su caso, de los inmigrantes que se han asentado en Ceuta, y se amparó en las normas internacionales que señalan como prioridad el interés del menor. Ninguno de estos argumentos responde a demandas principales de los votantes, y en muchos puntos las contradice. Sánchez, que acabó la temporada pidiendo tiempo, a la espera de que las vacaciones derivaran la atención de los españoles hacia asuntos no políticos, ha tenido un mal mes de agosto. El desgaste que está sufriendo es notable, que se suma al que había sufrido. La reelección queda, 31 días después, bastante más lejos.

Las encuestas internas que Vox ha realizado en agosto señalan que "el PSOE sube. A costa de Sumar, pero sube"

O quizá no. “Esa es la percepción generalizada del votante politizado”, aseguran en Vox, pero la realidad es otra. Las encuestas internas que Vox ha realizado a mediados del mes de agosto señalan que “el PSOE está subiendo. A costa de Sumar, pero sube. Los socialistas tienen un suelo hipersólido”. Vox se mantiene en el nivel esperado. Sus números les otorgan un 17%. “Hay encuestas de fuera que nos conceden un 19%”, señalan desde Bambú, “pero es irrelevante. Lo que importa es que no bajemos 3 puntos. Si caemos al 14 o 15%, Sánchez podrá repetir gobierno”. Se refieren a que, dadas las peculiaridades del sistema electoral español, un descenso en el porcentaje del tercer partido, llevaría a un reparto de escaños diferente en cada provincia, del que los socialistas podrían obtener mucho rédito: “La diferencia entre que gobierne la derecha o que siga Sánchez está en esos tres puntos que aporta Vox. Hay ya mucha euforia, pero esto no está hecho, ni mucho menos”.

Las preguntas que deben contestarse

Según Bambú, el hecho de que, en el bloque progresista, el PSOE se haya comido a Sumar es una señal de que la campaña del miedo está haciendo efecto. Ante la posibilidad cada vez más real de que gobiernen las derechas, el votante de izquierdas se está refugiando en la opción que parece más sólida, la de Sánchez. Con una derivada: “Si esa campaña continúa funcionando, puede movilizar a ese millón de votantes de izquierda que está ahora mismo en la abstención”.

El voto que decide las elecciones es el de millones de personas despolitizadas "y esas irán a votar cuando Sánchez diga"

Insisten en que el voto politizado puede estar decidido, pero el que dictamina los resultados electorales es el de millones de personas despolitizadas, “y esas irán a votar en la fecha que Sánchez diga”. Bambú, además de recordar la importancia del voto CERA, entiende que la potestad de fijar el momento de las elecciones le permite elegir cuáles serán las preguntas que se contestarán con las urnas. Lo que hoy parece crucial quizá sea sustituido en poco tiempo por otros asuntos.

La única bala del progresismo internacional

Resulta innegable, sin embargo, que la invasión de Ceuta ha contribuido a fijar la actualidad política en un marco favorable a Vox, el relacionado con el sentimiento nacional y con la inmigración. Si antes del verano estaba calando en votantes habituales del PSOE la prioridad nacional, con más razón tras lo de Ceuta. En el plano internacional, los países de la UE desautorizaron la política migratoria de Sánchez. Francia adoptó una actitud conciliadora, pero Le Pen emerge en el horizonte y el clima social está alejándose de cualquier posición favorable a la continuidad de las políticas migratorias actuales. Parece un asunto en el que, con independencia de quién obtenga réditos electorales, el humor de los ciudadanos europeos ha girado significativamente hacia las políticas de derechas. Sin embargo, este declive de las izquierdas, aseguran desde Vox, hará más peligroso a Sánchez en las próximas elecciones: “La progresía internacional solo tiene una bala para mover el eje político del sur de Europa y esa es Pedro Sánchez. Dispondrá de mucho apoyo”.

Vox está satisfecho de la respuesta de las autonomías en las que cogobierna respecto del intento de Sánchez de repartir los menores por la península. Entiende que se ha acordado lo firmado, incluso en Andalucía (“donde se ha respetado la letra del pacto, aunque quizá no el espíritu”), y celebran que en la entrevista de ayer Sánchez no aludiera a ese reparto, sino que afirmase que los menores se quedarían en Ceuta: “Los consejeros autonómicos de Vox han hecho un notable trabajo jurídico. Hay que leer las cartas que han enviado al Gobierno para entender cómo, si persiste en el reparto, Sánchez estará incumpliendo la ley”.

Vox celebró ayer en San Lorenzo de El Escorial la reunión de su Comité Ejecutivo Nacional. A su finalización, Santiago Abascal declaró ante los medios que ha propuesto al Partido Popular la activación del artículo 102 de la Constitución Española, de forma que se pueda iniciar una causa por traición contra Sánchez ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo. Facilita esa posibilidad, aseguran desde Bambú, que el voto sea secreto. “Se trata de analizar las pruebas, de saber qué conocía y qué no conocía el presidente, y que todo eso sea investigado por el Supremo”. Más allá de que esta opción se lleve a efecto, que es improbable, dada la recepción que ha tenido en el Partido Popular, se trata de continuar avanzando en un marco político que, desde el verano, beneficia aún más a Vox."

(Esteban Hernández , El Confidencial, 01/09/26)   

19.7.26

Imagina que España gana, Sánchez se pone la camiseta de Lamine, grita 'lawfare' y convoca elecciones... en esto hay algo de realidad. Pedro Sánchez, cuando percibe una oportunidad, no la deja escapar. y una oportunidad de esa clase pueda surgir, ya sea por noticias judiciales o económicas o por errores de los rivales... El bloque de las derechas estaría en torno a unos 185 diputados reales y “eso, en términos futbolísticos, es un 2-0”. Se puede remontar... Hay unos tres millones de personas en la izquierda que no suelen votar socialista. Poner en marcha una candidatura y una organización que puedan recoger los intereses de esa parte de la población es la primera tarea que debe acometer el nuevo Sumar... Pero eso implica convencer al PSOE de que es mejor una alianza que una competición entre las izquierdas... No hay que olvidar la propuesta de que se ponga en marcha una candidatura conjunta al Senado y que hay provincias, como algunas castellanas, en que concurrir en común podría suponer un freno a la potencia de las derechas. Son cuestiones que aparecerán en algún momento de los próximos meses... las acciones que lleve a cabo Pedro Sánchez de aquí en adelante serán la demostración de cuál es el camino escogido (Esteban Hernández)

"Ha circulado una broma estos días en los que España está pendiente del campeonato mundial: “Imagina que, con Trump delante, España gana a Argentina, Pedro Sánchez se enfunda la camiseta de Lamine Yamal, grita lawfare y convoca elecciones”.

Es una boutade, pero también contiene una realidad. Por más que el calendario esperado señale que las generales serán después de que no se aprueben los Presupuestos, o que el PSOE continúe insistiendo en que agotará la legislatura, lo cierto es que la fecha de las elecciones será cuando el presidente decida, y es una persona habituada a los golpes de efecto: cuando percibe una oportunidad, no la deja escapar. Y el contexto es lo suficientemente convulso para que una oportunidad de esa clase pueda surgir, ya sea por noticias judiciales o económicas o por errores de los rivales. En esta fase en que la contienda está lanzada, no hay acontecimientos improbables.

El bloque de las derechas estaría en torno a unos 185 diputados reales y “eso, en términos futbolísticos, es un 2-0”. Se puede remontar

Las encuestas actuales, que otorgan una ventaja significativa al bloque de las derechas, se están realizando bajo la premisa de que las izquierdas concurrirán separadas. Pero si al más del 6% de Sumar se le añade el 3% de Podemos en una sola opción, el número de diputados del nuevo partido sería bastante mayor por efecto del sistema electoral.

Los expertos electorales avisan de que la diferencia no es tan elevada. Si las izquierdas concurren juntas, el bloque de las derechas estaría en torno a unos 185 diputados y “eso, en términos futbolísticos, es un 2-0”. Una ventaja considerable, pero no imposible de remontar. Bastaría con que los progresistas ganaran diez diputados para que hubiera un empate.

Si las elecciones se adelantasen por una oportunidad que aparezca en el horizonte, el perjudicado principal sería el espacio a la izquierda del PSOE, que está por construir, carece de un candidato y no ha tejido una posición ideológica común. Es un espacio vacío que el PSOE puede recoger para sí. Pero si actuase de esta manera, sería más difícil repetir gobierno. Los socialistas necesitan su apoyo para que el bloque pueda ganar.
La decisión socialista

En este escenario, Moncloa debe tomar una decisión relevante. Más allá de que en público maneje un discurso u otro, ha de elegir entre fagocitar a su izquierda para obtener el mayor número de diputados, o dar cuerda a los partidos progresistas para que repetir gobierno sea factible. La situación actual empuja hacia la primera opción, ya que el papel internacional de Sánchez, el carácter de dique de la extrema derecha que el presidente se ha atribuido, la polarización personalizada. la posibilidad de volver la presión judicial a su favor y el erial en la izquierda son factores favorables para que el PSOE crezca electoralmente, y todo ello en un contexto que hace muy difícil pensar en que se pueda conservar el gobierno.

La izquierda necesita de tiempo para asentar una nueva candidatura y de un margen de acción propio que quizá el PSOE no le conceda

La segunda opción requeriría de ambición, pero también de muchos cambios en la izquierda, de tiempo para asentar una nueva candidatura y de un margen de acción propio que permita una diferenciación clara entre el PSOE y el nuevo Sumar. Hay unos tres millones de personas en la izquierda que no suelen votar socialista. Poner en marcha una candidatura y una organización que puedan recoger los intereses de esa parte de la población es la primera tarea que debe acometer el nuevo Sumar.

Pero eso implica convencer al PSOE de que es mejor una alianza que una competición entre las izquierdas, construir una opción política con personalidad propia, y, en última instancia, contar con un candidato que sepa trabajar tanto a corto como a medio plazo (y en especial, para un futuro sin Sánchez). Demasiadas tareas a la vez para un entorno que parece desorientado.
La decisión de las izquierdas

En esas circunstancias, el asunto del candidato no es menor, porque marcará una señal clara. Bustinduy sigue autodescartándose, Urtasun cuenta con escasa aceptación y establecería una línea de continuidad con el pasado que es claramente negativa y Ada Colau, de la que se sigue hablando como posible, sería una elección que generaría rechazo en partes de España. La opción Rufián no se toma en serio. No se vislumbran más opciones.

A esto se le suma una variable subjetiva. Las encuestas no aventuran buenos tiempos electorales para las izquierdas. Repetir gobierno no parece demasiado factible e incluso en el caso de que la suma diera, estaría por ver que las izquierdas quisieran formar parte de él, como ha ocurrido hasta ahora. Cuando había cargos en el horizonte, no faltaba gente que quisiera ocuparlos. Más tarde, esos puestos se redujeron, pero los disponibles tenían más brillo: se formaba parte del gobierno y eso suponía la presencia en ministerios; siempre había gente dispuesta. Ahora se adivina un momento en el que habrá pocos puestos y con poco brillo. Puede haber una travesía del desierto y pocos quieren formar parte de ella, más allá de quienes tienen el sillón relativamente asegurado.

Unai Sordo es una opción que no agrada a todos los partidos progresistas, pero las apuestas le señalan como el mejor situado

En estas circunstancias, cada vez más se concentra la atención en Unai Sordo. No se ha postulado, incluso ha señalado que no es su intención, pero continúa en la recámara como la opción más factible. Reúne varios de los requisitos necesarios: supone una ruptura con los liderazgos anteriores, ya que no es un perfil salido del microclima del 15M; ha tenido tareas de gestión durante años en un sindicato, con lo que sabe lo que es dirigir colectivos; está acostumbrado a pactar, lo que facilitaría las cosas con el PSOE; y podría jugar un papel activo en el caso de que el gobierno de España fuera PP-Vox. Es una opción que no agrada a todos los partidos del espectro progresista y que generaría dificultades para atraer a Podemos, pero las apuestas le señalan como el mejor situado.

Y, por otra parte, la opción Sordo favorecería un clima de diálogo con el PSOE. No hay que olvidar la propuesta de que se ponga en marcha una candidatura conjunta al Senado y que hay provincias, como algunas castellanas, en que concurrir en común podría suponer un freno a la potencia de las derechas. Son cuestiones que aparecerán en algún momento de los próximos meses.

Pero además de la voluntad final de Unai Sordo, y de la posibilidad de que algún otro candidato emerja a última hora, será importante conocer cuál es la decisión de Moncloa, la pieza que altera todos los encajes: si va a competir con sus izquierdas para ganar el máximo espacio posible o si el objetivo es repetir gobierno. Será una decisión que se dejará sentir más que explicitarse: las acciones que lleve a cabo de aquí en adelante serán la demostración de cuál es el camino escogido. El PSOE ya es consciente de que Junts no tiene intención alguna de aprobar los presupuestos y sin su voto, el final es bien conocido. Moncloa tendrá que tomar algunas decisiones." 

(Esteban Hernández, El Confidencial, 19/07/26)

21.6.26

El espejismo de la derechización... los datos apuntan más bien a una izquierda desmovilizada que a un cambio ideológico del electorado... España sigue inclinada ideológicamente hacia la izquierda: 4,64 en abril de 2026... Este primer indicador del CIS plantea, no obstante, una paradoja: si la sociedad no se está derechizando, ¿por qué la derecha da ahora la impresión de encontrarse más cerca del poder que en varios momentos de la última década? Esta intuición no es nueva... La clave histórica es la capacidad de cada bloque para mantenerse cohesionado y movilizado; la conversión ideológica masiva pesa mucho menos... los datos no apuntan a una expansión histórica de la derecha, sino sobre todo a una contracción de la izquierda... la izquierda aparece otra vez debilitada tras varios años de gobierno, mientras que la derecha logra concentrar una dinámica de alternancia favorable... La cuestión de la vivienda resume probablemente mejor que ninguna otra esa pérdida progresiva de credibilidad material de la izquierda. Tras varios años de gobierno de coalición, amplios sectores populares y buena parte de los jóvenes siguen percibiendo que el acceso a la vivienda continúa deteriorándose... Vox puede así implantarse en sectores populares no porque la condición popular se haya vuelto espontáneamente conservadora, sino porque otras dimensiones de la experiencia social han adquirido una relevancia política creciente frente a la sola pertenencia de clase... la situación apuntaría a una alternancia coyuntural, de las que el ciclo político español ya ha conocido... la derecha puede ganar sin que el país vire en bloque al conservadurismo: en un sistema parlamentario fragmentado, su verdadera ventaja no es haber convencido a muchos más electores, sino haber recuperado una arquitectura más cohesionada, y con ella una ventaja de movilización que diferencias de participación reducidas bastan para convertir en mayoría... además, los procesos de removilización electoral parecen favorecer más a las derechas que a las izquierdas dentro del grupo de los abstencionistas (Marco Alagna Morales)

 "A un año de las próximas elecciones legislativas, la idea de una alternancia conservadora se va imponiendo en el debate político. Sin embargo, los datos sociológicos cuentan una historia mucho menos sensacionalista que la de una España súbitamente arrollada por la derecha.

El relato dominante ya se ha asentado plenamente en el panorama mediático: España se estaría “derechizando”. El ascenso de Vox, la radicalización de la cuestión migratoria y las crecientes dificultades de la izquierda alimentan la idea de un próximo giro conservador. Las series estadísticas largas dibujan un cuadro mucho más matizado. 

Desde mediados de los años ochenta, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) pide regularmente a los españoles que se sitúen en una escala que va del 1 (izquierda) al 10 (derecha). Una lectura atenta de la serie muestra una notable estabilidad de fondo durante las últimas cuatro décadas. Ello no significa que no se hayan producido movimientos significativos. A finales de los años noventa y comienzos de los 2000 se observa un pronunciado giro hacia la derecha, coincidiendo con el ciclo que culminó en la mayoría absoluta de José María Aznar, que terminó revirtiéndose posteriormente. En conjunto, las variaciones permanecen contenidas dentro de una horquilla relativamente estrecha y los desplazamientos hacia la izquierda o hacia la derecha tienden a neutralizarse con el tiempo, manteniendo la media en torno al centro del eje político. 

Ni la crisis económica y la irrupción de Podemos –que podrían haber provocado un vuelco hacia la izquierda como el de Syriza en Grecia– ni el conflicto catalán y el ascenso de Vox –que habrían podido anunciar una derechización de fondo– han alterado ese equilibrio. España sigue inclinada ideológicamente hacia la izquierda: 4,64 en abril de 2026, por debajo del punto medio real de la escala, que es el 5,5 puesto que el rango es de 1 a 10. A diferencia de los porcentajes por bloques, que dependen de dónde se sitúe la frontera entre izquierda y derecha, la media no exige fijar ese umbral, y se mantiene a la izquierda con independencia de dónde se trace esa frontera. La posición de esa media resulta aún más significativa cuando se compara con la de los distintos electorados en abril de 2026: Sumar (2,45), PSOE (3,21) y ERC (3,42) ↔ España (4,64) ↔ PP (6,86) y Vox (7,33). Incluso la media nacional se sitúa por debajo de la observada entre los votantes de Junts (5,15) y del PNV (5,05). Si España se estuviera desplazando mayoritariamente hacia la derecha, cabría esperar una media superior al punto medio de la escala y más próxima a la de los electorados conservadores. Los datos del CIS sugieren más bien lo contrario. 

Este primer indicador del CIS plantea, no obstante, una paradoja: si la sociedad no se está derechizando, ¿por qué la derecha da ahora la impresión de encontrarse más cerca del poder que en varios momentos de la última década? Esta intuición no es nueva: Alberto Garzón sostenía a comienzos de 2026 que España no es un país de derechas, sino un país progresista desmovilizado. Ello no implica ignorar el peso de los factores coyunturales. La derrota del PP en 2004, tras la gestión política de los atentados del 11-M, y la del PSOE en 2011, precedida por semanas de negación de la gravedad de la crisis económica, ilustran hasta qué punto una parte del electorado centrista puede reaccionar a determinados acontecimientos y alterar temporalmente los equilibrios entre bloques. Pero el objeto de este artículo son las tendencias estructurales de largo plazo que configuran los equilibrios políticos españoles. 

Desde 1982, el campo conservador ha atravesado crisis sucesivas (desaparición de la UCD, marginación del CDS, hundimiento de Ciudadanos), pero los partidos cambian sin que el bloque se mueva. Hoy, Vox funciona en gran medida como un instrumento de rearticulación interna de toda la derecha tras el colapso del centroderecha liberal de Rivera. Esa plasticidad organizativa contrasta con la trayectoria reciente del conjunto de los partidos progresistas. 

El PSOE mantiene, desde luego, una base electoral sólida, pero las fuerzas políticas a su alrededor se han desintegrado durante la última década. Podemos logró, tras 2014, canalizar parte del descontento surgido de la crisis financiera y de la austeridad, pero esa recomposición nunca llegó a producir una expansión prolongada del bloque de izquierda. Sobre todo, modificó su equilibrio interno.

Si aplicamos aquí la teoría de juegos, los histogramas sugieren un sistema bastante cercano a un juego de suma cero entre bloques: desde los años ochenta, el peso global de la izquierda y de la derecha cambia relativamente poco, de modo que el avance de un campo suele coincidir con el retroceso del otro. Pero no es un juego de suma cero perfecto tampoco, porque parte de las pérdidas electorales no pasan directamente (o de forma marginal) al adversario, sino a la abstención o a la desmovilización. La clave histórica que muestran los gráficos es la capacidad de cada bloque para mantenerse cohesionado y movilizado; la conversión ideológica masiva pesa mucho menos. 

La gráfica muestra por otro lado que el escenario proyectado para 2027 por Sigma Dos, 40dB y GAD3 (histogramas rayados de la derecha) presenta varias similitudes con las elecciones generales de 2011. En ambos casos, el bloque de derecha supera claramente al de izquierda en número de votos, con una diferencia aproximada comprendida entre los 2,5 y los 3,2 millones de votos. Sin embargo, los datos no apuntan a una expansión histórica de la derecha, sino sobre todo a una contracción de la izquierda. El volumen de votos del bloque conservador sería algo similar al registrado en 2011, mientras que el de la izquierda volvería a niveles ya observados en 2000 y 2011.

Sin embargo, los datos no apuntan a una expansión histórica de la derecha, sino sobre todo a una contracción de la izquierda. El volumen de votos del bloque conservador sería muy similar al registrado en 2011, mientras que el de la izquierda volvería a niveles ya observados en 2000 y 2011.

Las proyecciones demoscópicas para 2027 muestran que la izquierda aparece otra vez debilitada tras varios años de gobierno, mientras que la derecha logra concentrar una dinámica de alternancia favorable. Y si el escenario proyectado para 2027 se parece realmente al de 2011, apuntaría a una alternancia coyuntural, de las que el ciclo político español ya ha conocido. 

Cabe aquí objetar que las elecciones autonómicas y municipales de 2023 desmienten, a primera vista, esa lectura. El PP recuperó entonces buena parte del poder territorial perdido durante el ciclo anterior y consolidó, junto a Vox, una amplia implantación institucional. Dos meses después, en las elecciones generales de julio, el bloque de derecha volvió además a imponerse en número de votos, aunque por una diferencia relativamente reducida –alrededor de 400.000 sufragios–. Esas elecciones han sido interpretadas por numerosos observadores como una sanción al Gobierno tras varios años en el poder y como la expresión de una lógica clásica de alternancia agravada por la fragmentación de la izquierda. La propia dificultad del PP para transformar esa ventaja electoral en una mayoría parlamentaria suficiente invita, en ese sentido, a distinguir entre una victoria territorial y un verdadero realineamiento del electorado español. 

Por tanto, tres lecturas de naturaleza distinta –la autoidentificación ideológica media del CIS (estable desde los años ochenta), el peso electoral de cada bloque y el paralelismo entre el escenario de 2027 y las generales de 2011– apuntan en la misma dirección: los cambios de mayoría responden más al desgaste de los gobiernos, a las crisis económicas y a la fragmentación partidista que a una transformación profunda de la sociedad española. 

La sucesión Podemos-Sumar ilustra bien las dificultades actuales de la izquierda: a medida que las alianzas se fragmentan, el bloque progresista se vuelve más dependiente de complejas coaliciones parlamentarias, de acuerdos con los nacionalistas regionales y de electorados mucho menos estabilizados. El principal problema de la izquierda reside hoy en la dificultad creciente para mantener una coalición electoral coherente. 

Esta fragilidad se debe, en particular, a que los distintos componentes electorales del bloque progresista ya no responden a las mismas prioridades sociales y culturales. Los jóvenes urbanos titulados, las clases populares precarizadas, los jubilados socialistas tradicionales o los electorados regionalistas siguen coexistiendo electoralmente, pero de una manera cada vez más inestable. Allí donde el bipartidismo español descansaba antaño sobre lealtades políticas relativamente sólidas, la izquierda funciona ahora más bien como una coalición cambiante de electorados fragmentados.

Las diferencias entre los distintos electorados de cada bloque aparecen con claridad cuando se observan sus bases sociales respectivas. Vox ya no es fuerte únicamente, como en sus inicios, en los sectores más conservadores: jubilados nostálgicos del nacionalismo, clases medias-altas, burguesías urbanas o provinciales católicas. Como muestran numerosos estudios, el partido alcanza ya el 24,4 % entre los jóvenes de 18 a 24 años y supera o ronda el 20 % en la mayoría de las categorías de edad activa. Pero, sobre todo, en las categorías de “clase media-baja/baja”, Vox obtiene hoy un apoyo superior al de Podemos y Sumar juntos. Dentro del propio bloque conservador, además, Vox supera ya al PP en casi todas las categorías sociales salvo entre las clases altas, lo que sugiere una creciente popularización –e incluso cierta “obrerización”– de su base electoral (véase el gráfico más abajo). 

Todos esos cambios sociopolíticos no significan que las generaciones jóvenes se hayan desplazado mayoritariamente hacia la derecha, pese a la imagen cada vez más extendida en el debate mediático. Según el Barómetro del CIS de mayo de 2026, los jóvenes de 18 a 24 años siguen situándose más a la izquierda que a la derecha en términos de autoidentificación ideológica (45,9 % frente a 32 %). Y aunque Abascal obtenga entre ellos un 20,4 % de opiniones positivas, Pedro Sánchez alcanza el 41,1 % y Yolanda Díaz el 36,6 %. La novedad histórica no reside, por tanto, en un vuelco conservador de la juventud española, sino en una creciente implantación y en una transformación de los equilibrios internos de cada bloque político. Mientras que en 2010 la derecha representaba una minoría reducida entre los jóvenes, hoy reúne a cerca de un tercio de esta cohorte. El avance de Vox refleja así menos un desplazamiento masivo hacia la derecha que la capacidad de la extrema derecha para atraer a una parte del electorado descontento que durante años encontró en la izquierda alternativa su principal vehículo de expresión. 

La progresión de Vox también puede interpretarse como el síntoma de una transformación más profunda de la estructura social. Durante buena parte del período democrático, la posición social o la pertenencia de clase permitían anticipar con relativa facilidad las orientaciones políticas de amplios sectores de la población. Hoy esos vínculos parecen menos estables. Las experiencias sociales de individuos pertenecientes a una misma categoría social son cada vez más heterogéneas, atravesadas por diferencias generacionales, educativas, territoriales o culturales que tienden a fragmentar las antiguas identidades colectivas. Las divisiones socioeconómicas (identidades verticales) siguen siendo importantes, pero se entrecruzan cada vez más con otros factores como la edad, el nivel educativo, el género o los valores culturales (identidades horizontales). Vox puede así implantarse en sectores populares no porque la condición popular se haya vuelto espontáneamente conservadora, sino porque otras dimensiones de la experiencia social han adquirido una relevancia política creciente frente a la sola pertenencia de clase. 

Esta evolución plantea un desafío particular para las izquierdas. Aunque en la actualidad el PSOE conserve todavía una sólida base social popular, la evolución de su electorado podría orientarse hacia una concentración cada vez mayor en los segmentos socialmente más protegidos –jubilados, función pública, titulados urbanos–, es decir, en aquellos a quienes la incertidumbre económica menos afecta. 

Reconquistar a otros electores supondría volver a hablarles de economía, precariedad, poder adquisitivo y vivienda: precisamente el terreno en el que Vox ha logrado capitalizar una parte creciente del malestar social al vincular esas dificultades con la inmigración. La cuestión de la vivienda resume probablemente mejor que ninguna otra esa pérdida progresiva de credibilidad material de la izquierda. Tras varios años de gobierno de coalición, amplios sectores populares y buena parte de los jóvenes siguen percibiendo que el acceso a la vivienda continúa deteriorándose. Y esa percepción se alimenta de una paradoja: aunque la economía española presenta hoy indicadores mucho más sólidos que durante la crisis de 2008-2012, muchos hogares de clase media y trabajadora tienen la sensación de no beneficiarse plenamente de esa mejora, debido sobre todo al encarecimiento de la vivienda y al aumento del coste de la vida. 

Y ahí reside el principal dilema estratégico de la izquierda de cara a los próximos comicios. Por un lado, le resultará difícil articular un discurso creíble de esperanza social ante sectores populares cuya situación material apenas ha mejorado desde su llegada al gobierno. Por otro, tampoco puede disputar frontalmente el terreno migratorio sin tensionar sus propios equilibrios internos, ya que ello implicaría alejarse tanto de su tradición ideológica como de una parte esencial de su base urbana, progresista y titulada. 

Las consecuencias de esa fragilidad estratégica aparecen con claridad en los patrones de fidelidad electoral. Los trasvases de voto muestran que el PP, y sobre todo Vox, conservan un electorado mucho más disciplinado que el del bloque progresista. Vox fideliza a cerca del 88 % de quienes lo votaron en 2023. Por el contrario, Sumar se muestra extremadamente frágil: solo la mitad de sus antiguos votantes declaran querer volver a votar a la coalición. Una parte regresa al PSOE, pero otra deriva hacia la abstención o la indecisión. 

De hecho, Sumar es el partido más afectado por estos comportamientos, al registrar la mayor proporción de electores que optan por el voto en blanco o que permanecen indecisos. Al mismo tiempo, los procesos de removilización electoral parecen favorecer más a las derechas que a las izquierdas dentro del grupo de los abstencionistas.

Sin embargo, la matriz de trasvases de voto no muestra que esté en marcha un desplazamiento masivo de antiguos votantes de la izquierda alternativa hacia Vox.

El avance de Vox en las clases populares y entre los jóvenes responde a procesos más difusos como el relevo generacional, la llegada de votantes primerizos, la captación de antiguos abstencionistas y los realineamientos progresivos de electores anteriormente poco politizados. Lo que cambia ante todo es la capacidad creciente de Vox para consolidarse en segmentos sociales donde la izquierda alternativa ocupó durante décadas una posición simbólicamente hegemónica. Esto resulta aún más relevante si se tiene en cuenta que los jóvenes electores constituyen históricamente en España una de las categorías más abstencionistas del cuerpo electoral. La irrupción de Podemos después de 2014 ya había mostrado la capacidad de una nueva fuerza política para removilizar a una parte de la juventud hasta entonces alejada de las urnas; el avance actual de Vox entre los jóvenes responde, al menos en parte, a un mecanismo comparable de repolitización.

Más allá de esta transformación del cuerpo electoral, la derecha puede ganar sin que el país vire en bloque al conservadurismo: en un sistema parlamentario fragmentado, su verdadera ventaja no es haber convencido a muchos más electores, sino haber recuperado una arquitectura más cohesionada, y con ella una ventaja de movilización que diferencias de participación reducidas bastan para convertir en mayoría. Las recientes investigaciones por corrupción que afectan al entorno del PSOE han reforzado probablemente esa tendencia en los sondeos, pero conviene no confundir ese desgaste coyuntural con una transformación duradera de los equilibrios ideológicos del país. 

La autoubicación ideológica media de los españoles apenas se ha modificado durante la últimas décadas

Ahora bien, incluso si la derecha termina gobernando en 2027, eso no significa que pueda aplicar sin fricciones todo el programa que hoy enarbola Vox. En un contexto de tensiones persistentes en el mercado laboral, envejecimiento demográfico y presión constante de la patronal para facilitar la inmigración económica, un eventual gobierno del PP con apoyo de Vox probablemente tendría que asumir la entrada de trabajadores extranjeros. Giorgia Meloni en Italia ofrece un precedente revelador: pese a la dureza de su discurso identitario, su gobierno ha terminado ampliando los cupos de inmigración laboral. Porque una cosa es capitalizar en la oposición el malestar en torno a la inmigración, y otra muy distinta gobernar una economía que depende estructuralmente de nuevos flujos de trabajadores. La inmigración podría convertirse así para PP y Vox en una contradicción comparable a la que la vivienda representa para la izquierda.

Pero esas limitaciones no serían únicamente económicas, sino también culturales. En apenas cuarenta años, España ha pasado de ser una de las sociedades más conservadoras de Europa occidental a una de las más liberales en matrimonio homosexual, derechos LGBT o aborto. El 88 % respalda hoy el matrimonio homosexual (Eurobarómetro 535, 2023); y según una encuesta de Simple Lógica para elDiario.es (febrero de 2023), el 80,5 % reconoce el derecho al aborto, incluido el 60,9 % de los votantes del PP y el 67,4 % de los de Vox. Esa evolución alcanza a la propia derecha: el PP, que en 2005 recurrió la ley del matrimonio homosexual, hoy descarta derogarla. Difícilmente un gobierno del PP con apoyo de Vox podría impulsar políticas como las de Orbán en Hungría, como confirmó el rápido repliegue ante el protocolo del “latido fetal” en Castilla y León. A ello se añade que los marcadores habituales de la “derechización” europea –el islam, el multiculturalismo, las cuestiones identitarias– siguen ocupando en España una posición mucho más periférica que en Francia, Bélgica, Holanda o Alemania. 

Parece más prudente hablar de una reorganización de los bloques políticos y de dinámicas de movilización que de una conversión de la sociedad española al conservadurismo

En cualquier caso, los datos invitan a matizar la idea dominante de una España en proceso de derechización. El avance electoral de las derechas, el aumento del número de personas que se declaran de derechas o la creciente implantación de Vox en determinados segmentos de la población constituyen fenómenos reales que sería absurdo ignorar. Sin embargo, ninguno de estos indicadores basta por sí solo para demostrar una derechización general de la sociedad española. Una mirada de largo plazo ofrece una imagen más compleja. La autoubicación ideológica media de los españoles apenas se ha modificado durante décadas, el bloque conservador no muestra una expansión histórica indiscutible en los sondeos, los análisis de trasvases de voto no evidencian tampoco por el momento una transferencia significativa de electores desde la izquierda hacia las derechas y, al mismo tiempo, la sociedad ha seguido evolucionando hacia posiciones ampliamente liberales en numerosas cuestiones culturales, incluso entre una parte significativa de los electores de derechas. De hecho, algunos de los cambios que hoy suelen asociarse a la irrupción de Vox parecen hundir sus raíces mucho antes. Las transferencias parciales de voto obrero hacia el PP observadas por la ciencia política española a finales de los años noventa (ver los estudios de Miguel Caínzos, por ejemplo) sugieren que algunos de estos realineamientos sociales fueron ya perceptibles, de forma episódica, antes de la aparición de Vox.

La cuestión, por tanto, no es si algunos indicadores apuntan a la derecha –algo indiscutible–, sino si reflejan una transformación profunda y duradera del equilibrio ideológico del país. La propia historia invita a la cautela: la victoria del PP en 2000 fue interpretada en su momento por algunos comentaristas como la prueba de un giro conservador duradero de España. La izquierda regresó al poder unos cuantos años después. A la vista de los datos disponibles, parece más adecuado y prudente hablar de una reorganización de los bloques políticos y de dinámicas de movilización diferenciadas que de una conversión masiva de la sociedad española al conservadurismo.

El último ciclo electoral, las andaluzas de 2026, apunta en esa misma dirección: incluso en el territorio más favorable para el PP, la derecha no ha logrado ampliar su bloque más allá de los niveles de 2022, lo que la situaría cerca de su máximo electoral, mientras que la izquierda conservaría reservas susceptibles de reactivarse a escala nacional. 

La prueba decisiva llegará en 2027: si el bloque de derecha no supera los 12 millones de votos –el máximo alcanzado por ese espacio ideológico en 2011 según una definición amplia de ese espacio–, no habrá habido expansión, sino reagrupación."

(Marco Alagna Morales, CTXT, 19/06/2026, gráficos en el original)

18.5.26

¿Cómo se explica que, a priori, la figura de Moreno Bonilla no se resienta electoralmente? Sus legislaturas han coincidido con un contexto expansivo para España, con datos macroeconómicos y de empleo bastante positivos... así pues, se atribuye el mérito de los buenos números y, sobre todo, culpa al Gobierno central de los malos. Pedro Sánchez es una figura política que polariza mucho, lo que permite que funcione estupendamente como chivo expiatorio de cualquier mal dato... además, hay mucha gente que no tiene ni idea de cuáles son las competencias de un gobierno autonómico, No saben que, en materia de vivienda, de sanidad o de educación, es la Junta de Andalucía la principal responsable, y no Pedro Sánchez... la izquierda puede recuperar la Junta en el futuro si Por Andalucía y Adelante Andalucía, aunque estabilicen sus respectivas organizaciones, puedan explorar fórmulas de colaboración electoral novedosas... y si el mal resultado de Mª Jesús Montero la sitúa fuera del Parlamento andaluz, lo que abriría la puerta a los liderazgos emergentes de Márquez y Férriz. Apunten sus nombres... y porque es previsible el deterioro de los servicios públicos y de las condiciones de vida de la mayoría de andaluces. Una mayoría de la que también hay que esperar un despertar y una reacción para la defensa de nuestra riqueza. Nos va la vida en ello (Francisco Jurado)

"¿Cómo se explica que, a priori, la figura de Moreno Bonilla no se resienta electoralmente? ¿Es cierto que Andalucía se ha hecho conservadora? ¿Hay manera de provocar un cambio en el Gobierno de la Junta?

No nos vamos a engañar, las elecciones andaluzas tienen la misma intriga que ver la peli El Sexto Sentido sabiendo que Bruce Willis está muerto desde el inicio. Todas las encuestas se han conchabado para hacernos el spoiler de que Juanma volverá a ocupar San Telmo y, a estas alturas, tan sólo quedan por resolver tramas secundarias: ¿habrá mayoría absoluta? ¿hasta dónde puede caer el PSOE? ¿se confirmará el frenazo en las expectativas de Vox? ¿cómo quedará el sprint final entre las dos candidaturas a la izquierda del PSOE?

Pero la gran pregunta, la que nos desespera a miles de andaluces y andaluzas, es qué tiene que pasar para que Moreno Bonilla pierda unas elecciones. Y es que esta legislatura que acaba ha sido la primera en la que realmente se le han visto las costuras al Gobierno del PP: la sanidad andaluza sigue desmantelándose, con el escándalo de los cribados como traca final; la corrupción ha hecho acto de presencia, destapándose las corruptelas del Presidente de la Diputación del Almería, muy cercano a Juanma; se siguen cerrando aulas y líneas en los colegios públicos y se arrastran otros conflictos de legislaturas pasadas, como los de los bomberos del INFOCA, las TCAE o las PTIS. Y, a pesar de todo, ahí siguen las encuestas, dibujando una Andalucía inmóvil e impasible, abonada al “Virgencita, Virgencita, etc”.

¿Cómo se explica que, a priori, la figura de Moreno Bonilla no se resienta electoralmente? ¿Es cierto que Andalucía se ha hecho conservadora? ¿Hay manera de provocar un cambio en el Gobierno de la Junta? Vamos por partes.

Los salvavidas de Juanma

Moreno Bonilla no ha sido un gran Presidente aunque, ante la opinión pública, tampoco uno pésimo. Con el único gran lunar de la crisis de los cribados, se podría decir que las dos legislaturas que ha gobernado no han dejado grandes titulares, ni grandes gestas, ni grandes fracasos. Cuenta, además, con la gran fortuna de haber sucedido a un PSOE achicharrado por la corrupción y los líos internos. Tal fue el KO (y el caos) que supuso perder la Junta que, desde entonces, la federación socialista andaluza aún no se ha recuperado. Suceder al Gobierno de los escándalos de los ERE y los cursos de formación, el que empezó a desmantelar el Servicio Andaluz de Salud, el de los récords de desempleo, etc. tiene la ventaja de que el listón estaba bastante bajo.

Además, las legislaturas de Moreno Bonilla han coincidido con un contexto expansivo para España, con datos macroeconómicos y de empleo bastante positivos. En este sentido, el perfil de Juanma es perfecto para un presidente autonómico: aparente moderación, no meterse en charcos, no buscar confrontación, atribuirse el mérito de los buenos números y, sobre todo, culpar al Gobierno central de los malos.

¿Y por qué cuela esa estrategia? Primero, porque hay mucha gente corriente que no tiene ni idea de cuáles son las competencias de un gobierno autonómico, No saben que, en materia de vivienda, de sanidad o de educación, es la Junta de Andalucía la principal responsable. Y, segundo, porque el presidente Pedro Sánchez es una figura política que polariza mucho, lo que permite que funcione estupendamente como chivo expiatorio de cualquier mal dato.

La oposición

Para que Moreno Bonilla pierda unas elecciones es fundamental, además, que haya otro partido que las gane o, al menos, que tenga más escaños en el Parlamento para gobernar. El problema es que el PSOE lleva muchos años haciendo lo posible para despeñarse en Andalucía y, a cada elección, lo consigue un poquito más.

Tras la guerra civil entre Sánchez y Susana Díaz, la victoria final del presidente abría, a la fuerza, un proceso de renovación total en una Comunidad que era el cuartel general del susanismo. No ha sido fácil –ni se ha conseguido del todo– encontrar recambio para todos los cuadros y no es fácil para Sánchez mantener el control de la federación socialista más grande de toda España. En estas, la estrategia de ir colocando a ministros y ministras al frente de las federaciones autonómicas no está saliendo bien en el plano electoral. Da la impresión de que Sánchez da el ciclo de las autonómicas como amortizado, a cambio de conservar el control territorial del partido, fiándolo todo a la batalla por las generales.

Así, en lugar de seguir el ejemplo de Castilla y León, donde un candidato apegado al territorio salvó bien los muebles, Sánchez decidió presentar a la Ministra de Hacienda (quizás el ministerio más odiado de cualquier gobierno) que, para más inri, tuvo un pasado protagonista en los gobiernos de Susana Díaz. Y esta designación la hizo por encima de dos figuras emergentes, con un discurso sólido y muy experimentadas en el Parlamento andaluz, como son María Márquez y Ángeles Férriz. Apunten sus nombres.

Un pasito más a la izquierda del PSOE se encuentra un espacio político que, en Andalucía, llegó a alcanzar más del 20% del voto en 2015. Para ponerlo en contexto, Podemos e IU, que se presentaron por separado en esas elecciones, sacaron más votos que Moreno Bonilla en la primera legislatura que gobernó. Sin embargo, la atomización de Podemos y los posteriores conflictos entre los diferentes partidos han ido provocando hastío, confusión y una pérdida constante de votos y escaños que, parece, puede empezar a revertirse a partir del próximo domingo.

A pesar de acudir con dos papeletas diferenciadas, las expectativas, tanto de Por Andalucía como de Adelante Andalucía, son optimistas y se espera que ambas superen sus resultados de hace cuatro años. El termómetro, para calificarlo como un buen resultado, sería que ambas candidaturas obtuvieran grupo parlamentario propio, sin perder demasiados votos en provincias sin representación. Además, habrá que estar muy atentos a si la suma de los votos de este espacio se iguala o se queda muy cerca de las papeletas que obtenga Vox.

Objetivo 2030 (…o antes)

Aunque el relevo en San Telmo se antoje difícil para estas elecciones, sus resultados, junto a los factores anteriormente expuestos, pueden apuntar las claves con las que la izquierda puede recuperar la Junta en el futuro.

Si Moreno Bonilla no alcanza la mayoría absoluta, dependerá de un Vox crecido y dispuesto a dejar su impronta en el futuro gobierno, algo que no conviene, en absoluto, a la imagen de moderación que se ha construido el presidente andaluz.

Si Mª Jesús Montero sufre el peor resultado de la historia del PSOE en Andalucía, ya hay voces que la sitúan fuera de la política o, al menos, fuera del Parlamento andaluz, lo que abriría la puerta a los liderazgos emergentes de Márquez y Férriz.

Si Pedro Sánchez no consigue revalidar su mandato, Moreno Bonilla dejará de tener al Gobierno central como coartada de todo lo que no marcha bien en Andalucía, a menos que decida rebelarse contra su propio jefe en el PP, cosa poco probable. Además, el ciclo económico que se avecina y el hipotético gobierno de PP y Vox, a nivel estatal, no serán nada favorables para los andaluces y las andaluzas. Las políticas fiscales regresivas y el frenazo a la inversión pública no van a sentar bien a las Comunidades con las rentas más bajas y con más desigualdad.

Por último, tengo la sensación de que Por Andalucía y Adelante Andalucía van a estabilizar sus respectivas organizaciones y, durante los próximos años, van a ser marcas electorales consolidadas que permitirán seguir ensanchando el espacio electoral de la izquierda y del andalucismo. Este crecimiento, sin embargo, no debería ser óbice para que, en próximas elecciones y si los números lo sugieren, se puedan explorar fórmulas de colaboración electoral novedosas, que no tengan que implicar ni mezclas ni cohabitaciones conflictivas, pero sí una maximización de los escaños obtenidos, atendiendo al sistema electoral andaluz.

Sin duda, el aspecto más negativo de este lejano horizonte, hacia el cambio de gobierno en Andalucía, es el previsible deterioro de los servicios públicos y de las condiciones de vida de la mayoría de andaluzas y andaluces. Una mayoría de la que también hay que esperar un despertar y una reacción para la defensa de nuestra riqueza y nuestro patrimonio. Nos va la vida en ello."

(Francisco Jurado  , El Salto,  15/05/26)

En la última victoria con gobierno socialista en Andalucía –2015– la participación se fue casi al 64%. En la primera mayoría absoluta de Moreno Bonilla –2022– el recuento se quedó levemente por encima del 56%. Esos casi ocho puntos más de abstención no lo explicaban todo del actual mapa político andaluz, pero casi. El crecimiento de la participación ahora tampoco lo explica todo, pero casi... La sufrida movilización de la base electoral a la izquierda del PSOE, tras el enésimo episodio de división y suspense hasta el último segundo, le ha costado la mayoría absoluta a los populares... Vox condiciona y el PP gobierna; la fórmula se consolida en la derecha como la alternativa al sanchismo... A la izquierda del PSOE vuelve a quedar claro lo que todos saben, los mismos que han llevado a la izquierda española a la presente situación de penuria y precariedad no van a sacarla de ella (Antón Losada)

"En la última victoria con gobierno socialista en Andalucía –2015– la participación se fue casi al 64%. En la primera mayoría absoluta de Moreno Bonilla –2022– el recuento se quedó levemente por encima del 56%. Esos casi ocho puntos más de abstención no lo explicaban todo del actual mapa político andaluz, pero casi. El crecimiento de la participación ahora tampoco lo explica todo, pero casi.

Ahí se jugaba la mayoría absoluta el candidato popular. Los que no iban a votar casi importaban más que quienes sí iban a hacerlo. La sufrida movilización de la base electoral a la izquierda del PSOE, tras el enésimo episodio de división y suspense hasta el último segundo, le ha costado la mayoría absoluta a los populares. Otro objetivo, sin la reactivación mínima del votante socialista, se antojaba una misión imposible. La realidad y las matemáticas electorales son tozudas. 

Moreno Bonilla ha ganado, pero no ha conseguido su objetivo, que siempre es la peor de las victorias. Solo él puede ser presidente, pero no quería volver a serlo así. El candidato popular ha padecido el mismo problema durante toda su campaña: el PP. Su dilema entre él o un lío perdió toda la fuerza con los acuerdos de gobierno entre populares y Vox. Además, entre la mala valoración de su gestión de servicios públicos como la sanidad y la amenaza fantasma del lío, parece que los andaluces han preferido un poco de lío. 

En el PSOE y en la Moncloa seguramente estarán convencidos de ver otra prueba irrefutable de su teoría, según la cual a Pedro Sánchez le votan y a los demás socialistas les castigan. Cada uno ve lo que quiere ver. Pero esto no ha sido un accidente laboral de María Jesús Montero. Más parece el resultado de una década tras no hacer lo que había que haber acometido tras la corrupción de los ERE y una salida traumática del poder. Seguirá pasando mientras no lo afronten. Puede que en el ejecutivo consideren encapsulada la catástrofe respecto a la legislatura. Pero también puede que la realidad no haya recibido el mail de Presidencia y todo se acelere de aquí a las elecciones generales.  

A Vox se le ha acabado subir sin hacer más que flotar con la marea, pero, como siempre, ya acude el PP al rescate. Ahora tiene que nadar y lo de la prioridad nacional da para un par de brazadas, dos tertulias y un telediario, pero no para hacerse unos largos a buen ritmo. Si, además, andas a bofetadas como en un partido de los de siempre, la gente desconfía. El elector de derechas vota para gobernar, no para que le coman la cabeza con batallas culturales o de las otras. Vox condiciona y el PP gobierna; la fórmula se consolida en la derecha como la alternativa al sanchismo.  

A la izquierda del PSOE vuelve a quedar claro lo que todos saben, pero nadie parece querer asumir. Antonio Maíllo y José Ignacio García no han inventado la pólvora ni falta que hacía porque, con un poco de renovación en las caras y las formas, algo menos de agresividad en el discurso y algo más de energía positiva, sí se puede. Unos y otros harían mal en interpretar el nuevo balance de resultados como una ratificación de sus paupérrimas tácticas. Los mismos que han llevado a la izquierda española a la presente situación de penuria y precariedad no van a sacarla de ella. Es ley de vida."

Antón Losada, eldiario.es, 17/05/26)

19.4.26

Juan Torres López: La Junta de Andalucía ha dispuesto en los últimos años de más dinero que nunca y, sin embargo, esos servicios funcionan peor. La administración de Moreno no ha sido capaz de ejecutar todo el presupuesto disponible y se ha dedicado a financiar el negocio privado... Moreno ha sido un ejemplar ejecutor de la estrategia orientada a debilitar calladamente el sector público para así justificar el apoyo financiero al privado, y eso ha provocado listas de espera gigantescas, escasez de aulas y profesionales, irregularidades, escándalos en la gestión y corruptelas de todo tipo... La gente recibe cada día peor atención, menos ayudas, servicios públicos más deteriorados y, sin embargo, las encuestas apuntan a que el Partido Popular, responsable de todo ello, volverá a ganar las elecciones... La explicación de este fenómeno no puede ser simplista y a mí se me escapa en toda su pofundidad, pero debe tener mucho que ver con lo que vienen haciendo los partidos de izquierda... La incapacidad de los dirigentes de los diferentes partidos de izquierda para coaligarse los desnuda ante la ciudadanía... Su incoherencia es brutal, no se puede decir que se defiende el bienestar de la gente y luego no alcanzar coaliciones amplias, sin las cuáles es imposible que eso se pueda conseguir... Sin embargo, la ciudadanía debe sobreponerse a la irresponsabilidad de sus representantes y votar con inteligencia, incluso a quienes no se merecen nuestro voto ni apoyo. El riesgo de deterioro económico y dictadura no es retórico, ni una metáfora más, sino real y próximo... Hemos de votar a quien defiende la democracia, la paz, los servicios públicos y la justicia social -aunque lo estén haciendo con irresponsabilidad e incoherencia- para mostrar así que no queremos que se siga avanzando por el camino de las privatizaciones y el deterioro de las libertades que llevan consigo los gobiernos del Partido Popular y Vox

 "Una vez que el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ha convocado elecciones, ya sólo nos queda saber si se consumará el disparate de la izquierda del PSOE presentando varias candidaturas, luego votar y conocer por fin las consecuencias de la irresponsabilidad con la que han actuado todos los partidos progresistas de nuestra comunidad en los últimos tiempos.

Las encuestas predicen que ganará de nuevo el PP y algunas señalan que incluso podría hacerlo con mayoría absoluta. Algo que debería resultar extraño pues, bajo el mandato de Moreno, se ha producido un enorme deterioro en la provisión de servicios públicos esenciales, como sanidad y educación, de los que depende la vida de la inmensa mayoría del electorado.

La Junta de Andalucía ha dispuesto en los últimos años de más dinero que nunca y, sin embargo, esos servicios funcionan peor. La administración de Moreno no ha sido capaz de ejecutar todo el presupuesto disponible y se ha dedicado a financiar el negocio privado. Moreno ha sido un ejemplar ejecutor de la estrategia orientada a debilitar calladamente el sector público para así justificar el apoyo financiero al privado, y eso ha provocado listas de espera gigantescas, escasez de aulas y profesionales, irregularidades, escándalos en la gestión y corruptelas de todo tipo.  La gente recibe cada día peor atención, menos ayudas, servicios públicos más deteriorados y, sin embargo, las encuestas apuntan, como acabo de señalar, a que el Partido Popular, responsable de todo ello, volverá a ganar las elecciones con una gran subida, además, de la extrema derecha.

La explicación de este fenómeno no puede ser simplista y a mí se me escapa en toda su pofundidad, pero debe tener mucho que ver con lo que vienen haciendo los partidos de izquierda que, supuestamente, constituyen la alternativa a lo que está sucediendo.

El Partido Socialista, noqueado desde los escándalos que la derecha judicial urdió con la complicidad indisimulada del PP para acabar con su hegemonía, ha hecho oposición en régimen mediopensionista, de fin de semana. Cuando más se necesitaban dirigentes pegados al terreno denunciando lo que estaba pasando, su candidata estaba en Madrid. No me cabe la menor duda de allí ha tratado de defender lo mejor posible los intereses de Andalucía gestionando las cuentas públicas y la administración del Estado. Pero la tarea de una candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía no es esa, sino la de tratar de alcanzar esa representación en las urnas. Un objetivo a cuyo alcance no ha contribuido su actividad en el gobierno de la Nación. Hasta ella misma ha dicho que jugaba en la champions, como la mujer más poderosa de nuestra historia democrática, y que venir a Andalucía es algo así como fichar por un equipo de segunda división. En lugar de liderar la oposición a pie de obra en nuestra tierra, ella misma ha escrito la partitura con la que Moreno la criticará en campaña al haber sido autora de un diseño de financiación autonómica para contentar al soberanismo catalán basado en principios que rompen la equidad y solidaridad interterritorial que son cruciales para Andalucía.

A su izquierda, lo ocurrido es sencillamente un disparate, una muestra de irresponsabilidad política en grado sumo. La incapacidad de los dirigentes de los diferentes partidos para coaligarse los desnuda ante la ciudadanía. Nada hay que pueda justificar sus personalismos y vergonzoso comportamiento, las alianzas segmentadas de mesa camilla entre siglas que no tienen nada detrás y sin otro fin que salvaguardar nóminas, prebendas y financiación a partidos endeudados hasta las cejas. Su incoherencia es brutal: no se puede decir que se defienden los servicios públicos y el bienestar de la gente y luego no alcanzar acuerdos y coaliciones amplios, cuando estos son condición previa y sin la cual es imposible que eso se pueda conseguir.

Andalucía no se merece lo que le han hecho los dirigentes de las organizaciones de la izquierda. Mucho menos, en circunstancias tan excepcionales como las actuales, en medio de dos guerras que pueden afectarnos directamente en cualquier momento, bajo la amenaza de una gran crisis económica y cuando la extrema derecha, cada día más agresiva y totalitaria se propone destruir la democracia.

Sin embargo, es en estos momentos cuando la ciudadanía mínimamente consciente de todo ello debe sobreponerse a la irresponsabilidad de sus representantes y votar con inteligencia, incluso a quienes no se merecen nuestro voto ni apoyo. El riesgo de involución, de guerra, de deterioro económico y dictadura no es retórico, ni una metáfora más, sino real y próximo. Basta ver lo que está sucediendo en países como Argentina, Hungría o Estados Unidos, en donde ya se persigue sin disimulo a los adversarios políticos.

No podemos dejar de utilizar nuestro voto porque este es un instrumento fundamental para señalar por dónde queremos ir. En estos momentos es más necesario que nunca y no usarlo ahora nos haría ser tan irresponsables como lo han sido los dirigentes de la izquierda andaluza. Hemos de votar a quien defiende la democracia, la paz, los servicios públicos y la justicia social -aunque lo estén haciendo con irresponsabilidad e incoherencia- para mostrar así que no queremos que se siga avanzando por el camino de la guerra, las privatizaciones y el deterioro de las libertades que llevan consigo los gobiernos del Partido Popular y Vox. Y hemos de esforzarnos para mostrar, al mismo tiempo, que ese voto es también de censura hacia los dirigentes de las izquierdas que habrán sido los directos responsables de lo que todo indica que será un nuevo retroceso en bienestar y equidad, tras las elecciones del 17 de mayo. Es muy posible que la tremenda irresponsabilidad del PSOE y de los demás partidos a su izquierda impida a estas alturas que la derecha y la extrema derecha sigan haciendo en Andalucía lo que hacen. Pero lo que es totalmente seguro es que, sin nuestro voto, incluso a quien nos duela votar, iremos a peor."

(Juan Torres López, blog, 28/03/26) 

17.3.26

Elecciones en Castilla y León: la pequeña burguesía empresarial, un bloque terrateniente propietario y una capa social urbana más o menos acomodada netamente dependiente del rentismo y funcionariado, dan forma a un armazón granítico capaz de levantar tras décadas una visión para entender, ser y ordenar el mundo tanto en Castilla como en León. Un entramado clientelar donde los antiguos regímenes caciquiles operan, pero que para ser entendida debemos observarla esencialmente como un engranaje político e ideológico. Donde lo institucional, lo empresarial y lo religioso se entremezclan infiltrándose por los intersticios sociales de la región... Se identifica ya un claro patrón en el interior peninsular que puede reconocerse recientemente en las elecciones de Extremadura y Aragón. Vox se afirma como el partido de los pequeños terratenientes de las pequeñas ciudades marcadas por la agroindustria. Grandes superficies de cultivo intensivo tan dependientes de mano de obra migrante como de las ayudas europeas y los mercados internacionales, en los que la descomposición de las comunidades tradicionales avanza ( Víctor de la Fuente)

"León y especialmente Castilla han vuelto a hacer lo que mejor saben, como remarcaba Azorín en sus versos sobre esta tierra, busca frenar el tiempo, perpetuar lo momentáneo. “Del pasado dichoso sólo podemos conservar el recuerdo; es decir, la fragancia del vaso”. El bipartidismo sale reforzado en todas sus expresiones, zonas rurales y urbanas, renta y edad apenas permiten distinguir entre los dos grandes partidos que dominan en todas las franjas. Tras estas elecciones el Partido Popular cumplirá más de cuarenta años gobernando ininterrumpidamente.

Es una demostración vigente de eso que llamamos hegemonía. Que no es sino la capacidad de una clase social para generar consenso en torno a sus propias ideas e intereses. Haciendo de sus intereses particulares un marco común para gran parte de la sociedad que los asume como propios. La conjugación armada entre la pequeña burguesía empresarial, un bloque terrateniente propietario y una capa social urbana más o menos acomodada netamente dependiente del rentismo y funcionariado, dan forma a un armazón granítico capaz de levantar tras décadas una visión para entender, ser y ordenar el mundo tanto en Castilla como en León. Un entramado clientelar donde los antiguos regímenes caciquiles operan, pero que para ser entendida debemos observarla esencialmente como un engranaje político e ideológico. Donde lo institucional, lo empresarial y lo religioso se entremezclan infiltrándose por los intersticios sociales de la región más extensa de todo el Estado español y la tercera de Europa.

Sobre estos pilares sociales se levantará un nuevo gobierno del Partido Popular y Vox. Un terreno en disputa donde Vox ha encontrado un anclaje fuerte. Se identifica ya un claro patrón en el interior peninsular que puede reconocerse recientemente en las elecciones de Extremadura y Aragón. Vox se afirma como el partido de los pequeños terratenientes de las pequeñas ciudades marcadas por la agroindustria. Grandes superficies de cultivo intensivo tan dependientes de mano de obra migrante como de las ayudas europeas y los mercados internacionales, en los que la descomposición de las comunidades tradicionales avanza. Municipios que concentran una parte importante de población y donde la disputa con el PP es más abierta que en los municipios muy pequeños, los de menos de 500 habitantes que son la mayoría (1.800 de 2.246) en toda la comunidad.
El alcalde de Soria sale triunfante

A pesar de la victoria de la derecha, uno de los grandes triunfadores de la noche ha sido el cuatro veces alcalde de Soria, Carlos Martínez. Este ha conseguido romper la tendencia de caída abrupta que venía sufriendo el PSOE. Acercándose a uno de los mejores resultados de los socialistas en Castilla y León. Si bien la diferencia de votos del PSOE respecto al PP se amplía comparado con las anteriores elecciones de 2022, la buena campaña de los socialistas, el papel de su candidato y la absorción de las candidaturas de IU y de Podemos a su izquierda, le han permitido alcanzar un buen resultado.

Posiblemente el “No a la guerra” de Sánchez y la ayuda siempre inestimable del leonés José Luis Rodríguez Zapatero, han ayudado a los socialistas. Pero haríamos mal en exagerar y sacar conclusiones apresuradas de los efectos de estos movimientos, más aún en una región profundamente viciada por la dinámica social y política propia, una tierra obsesionada con que los tiempos no corran demasiado rápido.

El leonesismo sigue vivo, sin embargo no se cumplieron las expectativas marcadas por las encuestas. Unión del Pueblo Leonés (UPL) se asienta como tercera fuerza en la provincia de León tras un empate casi perfecto del PSOE y el PP. Reafirma así una realidad que a pesar de los esfuerzos propagandísticos de la Junta no deja de salir a la luz, la inoperancia de una identidad autonómica artificial que no es reconocida por una parte importante de la sociedad.
No basta con que todo arda

Una de las paradojas de esta jornada electoral la reflejan las cenizas de los incendios del pasado verano. Una oleada de llamas histórica que arrasó parajes naturales únicos, bosques y pueblos reducidos a cenizas tras días de llamas como expresión más visible del cambio climático. Sin embargo, este desastre que arrasa en horas lo que tardó décadas e incluso siglos en levantarse, no es suficiente para remover la hegemonía conservadora que entierra sus raíces a gran profundidad. La realidad es mucho más compleja que esperar a que cuando se posen las cenizas es suficiente con llegar y esperar recoger los restos del desastre bajo los cabreos y la indignación del vecindario.

Zamora es posiblemente el mejor ejemplo de ello. Es la provincia más afectada por los incendios en los últimos años y una de las regiones que más sufre la despoblación y la pobreza estructural en toda Europa. Sin embargo, el Partido Popular continúa siendo la fuerza política dominante en la provincia. Mañueco no es querido, pero garantiza un mínimo suficiente como para no arriesgarse a cualquier tipo de cambio. El PSOE no recoge en la mayor parte de estas comarcas el impacto de los incendios. Mucho menos se benefician las opciones a su izquierda, quienes han insistido en el desmantelamiento de unos servicios públicos casi inexistentes en las zonas rurales, quienes vienen denunciando la destrucción de los servicios de extinción de incendios y hablando de ecologismo y cambio climático, desaparecen completamente de Castilla y León.

Para una tierra como esta diez años no son nada. Un tiempo demasiado corto para un lugar donde el tiempo pasa tan despacio. Sin embargo, esta década ha sido suficiente para que Podemos pierda 150.000 votos, que son la diferencia entre su resultado en 2015 y los recientes comicios. Lo mínimo exigible sería una reflexión profunda sobre el principal hito de la izquierda parlamentaria en esta franja de tiempo. ¿Qué ha mejorado la presencia de Podemos e Izquierda Unida en un gobierno supeditado al PSOE? Lo cierto es que la respuesta a las dos grandes disyuntivas de esta pregunta tienen un mismo resultado: en nada.


Ni los grandes problemas que asolan a la clase trabajadora han vivido algún viso de mejora, principalmente en el terreno de la asequibilidad (el aumento de la pobreza, la escalada especulativa de la vivienda y la degradación de los servicios públicos). Ni la izquierda se ha visto reforzada política y socialmente por su participación en el cogobierno. Los resultados electorales son una prueba nítida de ello. El desastre electoral sólo refleja la descomposición política de un proyecto cuya única propuesta es replicar el cogobierno estatal, asentado sobre el miedo a la extrema derecha e incapaz de afrontar al menos las consecuencias, no digamos ya las causas, de los grandes conflictos estructurales que atravesamos.

El problema central no es de simple aritmética electoral, ni lo resolverá la demoscopia, sino de claridad política. Es necesario abrir un debate entre todas aquellas personas, colectivos sociales, sindicales y políticos que se sitúen a este lado de la necesidad de una ruptura con el capitalismo. Romper con la vorágine de derrota y descomposición provincia a provincia, comarca a comarca, tanto en León como en Castilla para superar la tendencia al folclorismo y la resignación. Una vía que nacerá inevitablemente como pequeña pero que sitúe al menos la necesidad y posibilidad de una alternativa política a un progresismo en descomposición. Un debate que debemos alimentar, que sitúe la iniciativa como una posibilidad real en el marco de la lucha de clases que se desarrolla cotidianamente tanto en Castilla, como en León y que reconozca el derecho democrático a articularse. Será sin prisa, no hay otra forma, pero marcando un horizonte claro en esta tierra tan ancha."

27.12.25

Uno de los rotos más grandes que afrontan las izquierdas es la pérdida de apoyo en las ciudades pequeñas e intermedias, como muestran las elecciones en Extremadura... El malestar en los territorios interiores, y en sus ciudades pequeñas e intermedias puede ser explicado desde los cambios operados en la época global... En ellas ha crecido un sentimiento de haber sido relegadas, cuando no olvidadas, en las que resuenan nuevas preguntas: ¿por qué nadie nos presta atención? ¿Por qué se ignoran nuestras necesidades? Cuando esos interrogantes se expresan en voz alta a menudo, las derechas resultan beneficiadas por el simple hecho de que en España gobiernan los socialistas y sus socios. Es sencillo, y es una baza que el PP juega con insistencia... también hay malestares que se formulan en términos personales: ¿las personas como yo le importamos a alguien? ¿Somos tenidos en cuenta? A veces, esas cuitas se expresan de maneras más hostiles: ¿se están riendo de nosotros? Esta reacción afecta a ambos lados del espectro político, pero hacen más daño a las izquierdas, porque están en el gobierno y porque sus ideas se anclan en una mirada de gran ciudad... El sentimiento antiestablishment, que se traduce en el alejamiento de las urnas de parte de la población y en el acercamiento a las opciones políticas que prometen un cambio más contundente, en especial en regiones a las que les falta impulso, proviene de estos fuegos. Hay gente que se siente olvidada, y con razón, y no está obteniendo una respuesta. Con ese suelo, es bastante fácil que penetren las ideas que afirman “lo que nos negáis a nosotros se lo dais a los catalanes” (o a los vascos, o a las ONG, o a los chiringuitos de vuestros amigos), y “las ayudas que no nos llegan van a parar a los inmigrantes”. La reacción contra los impuestos también proviene de ahí (Esteban Hernández)

 "(...) El agujero de la izquierda

Extremadura señala que España se ha ido desplazando hacia la derecha, pero no solo políticamente, también en el plano social. España ya no es sociológicamente de izquierdas, y ese es un giro que se tiene que anotar con mayúsculas. Y es más significativo en la medida en que en las regiones más desfavorecidas del país, las que muestran mayor desgaste económico, domina electoralmente la derecha.

Uno de los rotos más grandes que afrontan las izquierdas es la pérdida de apoyo en las ciudades pequeñas e intermedias

Este cambio no puede explicarse sin reparar en uno de los rotos más grandes que afrontan las izquierdas, y especialmente el PSOE, que es el partido dominante en ellas: las ciudades pequeñas e intermedias. En las últimas elecciones generales, donde los socialistas crecieron en votos respecto de las autonómicas y municipales celebradas pocos meses antes, el agujero en las capitales era significativo, salvo al norte del Ebro.

Extremadura ha mostrado de manera nítida esa deriva, con el PSOE en descenso en el mundo urbano (un entorno de ciudades pequeñas e intermedias), al igual que ocurre en Castilla y León y en Andalucía. Las elecciones andaluzas aportarán todavía más luz al respecto. La izquierda perdió las capitales hace tiempo, pero conservaba tirón en muchas ciudades de provincia. Ahí está todavía su esperanza de obtener un buen resultado. El PSOE puede resistir en los entornos rurales, pero necesita de un empujón en las ciudades. De momento, la tendencia es a la baja, también ahí.

Los fuegos que no se apagan

El malestar en los territorios interiores, y en sus ciudades pequeñas e intermedias puede ser explicado desde los cambios operados en la época global. Las grandes urbes concentraron recursos, inversión, empleo y posibilidades de futuro, mientras otras sentían el peso del declive. En ellas ha crecido un sentimiento de haber sido relegadas, cuando no olvidadas, en las que resuenan nuevas preguntas: ¿por qué nadie nos presta atención? ¿Por qué se ignoran nuestras necesidades? Cuando esos interrogantes se expresan en voz alta a menudo, las derechas resultan beneficiadas por el simple hecho de que en España gobiernan los socialistas y sus socios. Es sencillo, y es una baza que el PP juega con insistencia, responsabilizar al Gobierno de Sánchez de las condiciones insuficientes en que se desenvuelve la vida cotidiana muchos territorios.

Pero este es un momento antiestablishment, y del mismo modo que no le basta a las izquierdas con agitar la irrupción de la extrema derecha para movilizar a sus electores, al PP le está llegando ese instante en el que señalar a Sánchez como responsable ya no le permite crecer. Vox obtiene rédito del malestar, porque la confianza en los partidos tradicionales decae. Si el PSOE gobierna en Madrid, el PP lo hace en muchas comunidades y ayuntamientos. Las campañas contra el bipartidismo hacen efecto.

"No pensáis en nosotros, no os importamos" es una convicción que arraiga en los jóvenes que giran a la derecha, pero también en sus padres

Además del desencanto territorial, que opera en muchas comunidades que se sienten maltratadas, también hay malestares que se formulan en términos personales: ¿las personas como yo le importamos a alguien? ¿Somos tenidos en cuenta? A veces, esas cuitas se expresan de maneras más hostiles: ¿se están riendo de nosotros? Esta reacción afecta a ambos lados del espectro político, pero hacen más daño a las izquierdas, porque están en el gobierno y porque sus ideas se anclan en una mirada de gran ciudad.

Pero, en segunda instancia, salen perjudicadas por su posición ideológico-electoral. Han priorizado confrontar con las ideas de la extrema derecha, por convicción y por táctica electoral, de manera que, en lugar de proponer soluciones para el conjunto de la población, se han centrado en aquellos sectores en los que confían para detener la deriva reaccionaria: los jóvenes, el feminista, el que apoya la inmigración y el que aboga por otra estructura territorial. Ese programa ha sido entendido en muchos lugares con una suerte de arrinconamiento, de desdén para quienes no coinciden con él, con una sensación de haberse convertido en ciudadanos de segunda. Se aprecia especialmente en los jóvenes que han girado hacia la derecha, pero también en sus padres: “No pensáis en nosotros, no os importamos”.

Este sentimiento se hace todavía mayor en muchas ciudades pequeñas, así como en las poblaciones rurales, porque la pérdida de servicios públicos y, por tanto, de calidad de vida, les hace verse maltratados: “No solo no nos ayudáis, sino que nos hacéis la vida más difícil; parece que estáis haciendo todo lo posible para que nos vayamos de nuestro pueblo. Parece que sobramos”.

El sentimiento antiestablishment, que se traduce en el alejamiento de las urnas de parte de la población y en el acercamiento a las opciones políticas que prometen un cambio más contundente, en especial en regiones a las que les falta impulso, proviene de estos fuegos. Hay gente que se siente olvidada, y con razón, y no está obteniendo una respuesta. Con ese suelo, es bastante fácil que penetren las ideas que afirman “lo que nos negáis a nosotros se lo dais a los catalanes” (o a los vascos, o a las ONG, o a los chiringuitos de vuestros amigos), y “las ayudas que no nos llegan van a parar a los inmigrantes”. La reacción contra los impuestos también proviene de ahí. El error consiste en fijarse en las respuestas, y en catalogarlas mediante connotaciones políticas negativas, en lugar de escuchar las preguntas."             (Esteban Hernández , El Confidencial , 24/12/25)

23.12.25

Pedro Sánchez y las enseñanzas extremeñas: el desgaste de Sánchez no beneficia fundamentalmente al PP, cuanto más se combate al sanchismo, más crece Vox... Vox puede recoger el descontento porque no encabeza ningún gobierno y porque su ideología favorece el desafío. Los de Abascal están ensanchando el campo porque trasladan la sensación de que son algo diferente... Los distintos partidos de la izquierda entienden que alejarse de los socialistas es una necesidad política y que, además, permitirá captar votantes de un PSOE agotado... Queda por saber cómo se articulará el espacio de la izquierda, todavía en el aire, y quién lo liderará... Sánchez debe afrontar un problema, que es cada vez más serio: la pérdida de la esperanza. Su posición político-electoral se fundamenta en la capacidad de resistencia al bloque de las derechas. Necesita llegar a las generales transmitiendo la idea de que es posible ganar, aunque sea en el último minuto... Sánchez intentará cambiar el paso en enero con el anuncio de nuevas medidas, con las que tratará de retomar la iniciativa, pero es probable que necesite algo más. Estos son tiempos en los que la política importa, y las medidas deben tener bastante altura si quiere cambiar el humor social (Esteban Hernández)

 "Las elecciones extremeñas han dejado un retrato inequívoco de las tendencias del momento. El PP se mantiene firme como primer partido de la oposición, pero no logra dar un salto que le despegue de Abascal; el PSOE siente el desgaste de manera nítida; Vox es la fuerza en auge; las izquierdas se benefician del deterioro de Sánchez, pero no lo suficiente. Sin embargo, los comicios del pasado domingo también han servido para constatar unas cuantas realidades de la política española.

1. Acertar a medias

El PP hizo un buen diagnóstico de la situación, pero solo acertó en la mitad. La convocatoria de Extremadura tenía un propósito principal, sin el cual no se habrían convocado elecciones: golpear al PSOE. La lectura de Génova concluía que los socialistas estaban muy débiles después de una época en la que los escándalos judiciales y las investigaciones abiertas habían minado su credibilidad de manera muy profunda. Y además estaba el hermanísimo.

Era evidente que el desgaste les pasaría factura en las urnas. Dado que Extremadura es una región en la que, tradicionalmente, el trasvase de voto iba a parar sobre todo al principal partido opositor, con el adelanto se podían matar dos pájaros de un tiro: hacer visible que el sanchismo estaba herido de muerte y conseguir la mayoría absoluta. Además, si se lograba el segundo objetivo, el PP quedaría reafirmado como el partido confiable de la derecha. Hay quienes todavía tienen esperanza en que un buen resultado en las generales permita a los de Feijóo no depender de Vox.

El problema del PP es que cuanto más insiste en los ataques a la figura del presidente, más reforzado sale Abascal

Los estrategas del PP acertaron en que el PSOE estaba muy débil y el candidato extremeño distaba mucho de ser el mejor. Pero se equivocaron en la otra parte del razonamiento: el desgaste de Sánchez no beneficia fundamentalmente al PP. Ni en Extremadura ni en el resto de España. El problema para Génova consiste en que, cuanto más se combate al sanchismo, más crece Vox; cuanto más se insisten en el descrédito del presidente, más se alimenta a Abascal. Tiene su lógica. Si se utilizan términos y actitudes que aceleran el pulso, se favorece a las opciones más frontales. Cuando la animadversión personal es el centro del asunto, hay quien la puede canalizar mejor porque eleva más el tono. La excepción, la que mejor resiste a Vox, es Díaz Ayuso, pero eso es también eventual. Depende, en buena medida, del acierto del programa de Vox para Madrid. Carlos H. Quero emerge por el horizonte.

En segundo lugar, el PP tiene la ventaja de ser el partido mayoritario de la oposición, pero también es, de los dos de la derecha, el que representa al establishment. Vox puede recoger el descontento porque no encabeza ningún gobierno y porque su ideología favorece el desafío. Los de Abascal están ensanchando el campo porque trasladan la sensación de que son algo diferente.

Ambos elementos ayudan a que el desgaste de Sánchez no vaya a parar principalmente al PP, sino a Vox. Más confrontación, más Vox, algo que deberá ratificarse en el resto del ciclo electoral autonómico.

2. Los dos cambios en las izquierdas

Extremadura tiene consecuencias para las izquierdas. Algo se ha roto en su articulación táctica, y lo ha hecho en dos sentidos, los dos relevantes. Por una parte, ha existido un choque en la campaña, no muy violento, pero choque al fin y al cabo, entre Unidas por Extremadura y el PSOE. Irene de Miguel adoptó una postura bastante crítica con Gallardo. Hasta ahora, los partidos de la izquierda, salvo Podemos, mantenían un equilibrio entre el apoyo a Sánchez y la distancia con él. Dado que el programa común era la lucha contra la extrema derecha, había que dar sensación de bloque, aunque se insistiera en que las deficiencias del programa socialistas debían ser solucionadas con una mayor presencia de las izquierdas.

Esa posición se había acabado antes de las elecciones extremeñas, porque todos intuían que era el instante de confrontar con Sánchez al que perciben sin iniciativa, pero se ha ratificado en los comicios del domingo. Los distintos partidos del espacio entienden que alejarse de los socialistas es una necesidad política y que, además, permitirá captar votantes de un PSOE agotado.

Las izquierdas necesitan alejarse del PSOE. Díaz no parece la figura idónea para ello. Y más cuando flaquean los apoyos internos

El segundo aspecto en el que se producen cambios es en el liderazgo. Yolanda Díaz sufrió un gran desgaste después de las elecciones generales, y en el espacio existía la conciencia de que no podía encabezar unas listas futuras. Díaz es una de las valedoras de ese equilibrio entre defensa del Gobierno y distancia del PSOE que fue habitual en los últimos tiempos. Una vez que esa visión ya no es la dominante, resulta complicado que sea ella quien encabece la rebelión contra el PSOE. La pérdida de apoyos internos y de reconocimiento social harán el resto. Queda por saber cómo se articulará el espacio de la izquierda, todavía en el aire, y quién lo liderará. Josep Martí ofrece hoy alguna visión al respecto.

3. El momento clave para el PSOE

El foco principal tras Extremadura está puesto en el PSOE. No solo por lo que estas elecciones suponen de aumento de la autoestima de los rivales, sino por el mensaje que trasladan al interior del partido socialista.

Sánchez debe afrontar un problema, que es cada vez más serio: la pérdida de la esperanza. Su posición político-electoral se fundamenta en la capacidad de resistencia al bloque de las derechas. Necesita llegar a las generales transmitiendo la idea de que es posible ganar, aunque sea en el último minuto y por un golpe de azar. Si esa creencia se desvanece, todo el mundo comenzará a mirar por sí mismo: los partidos de la izquierda golpearán al PSOE, los dirigentes locales socialistas tratarán de alejarse de Sánchez, su equipo cercano comenzará a pensar en el futuro personal y en Ferraz se moverán piezas de cara a la sucesión.

Incluso él mismo comenzará a pensar en su legado más que en una posible repetición de la victoria del 23-J. Eso está ocurriendo ya, y si el presidente no logra pararlo, el PSOE vivirá en un declive incesante. Sánchez necesita una reacción para recuperar impulso, y más aún cuando lo que viene en los próximos meses no parece muy positivo. Las únicas noticias que le pueden favorecer son el juicio de la Kitchen y el caso Montoro, pero hay que cruzar varios puentes para llegar ahí y, lo más importante, serán más un instrumento para minar al PP que para hacer crecer al PSOE.

La posición electoral de Sánchez es clavada a la de Biden/Kamala. Es una opción que ha demostrado su ineficacia para ganar elecciones

La elección de Elma Saiz como portavoz es un síntoma de que Sánchez quiere persistir en su hoja de ruta. Nombrar a una persona oscurecida por la sombra de la duda en el caso Cerdán señala que el presidente no tiene miedo al enfrentamiento, pero también deja mensajes de otro orden: transmite que habrá continuidad y que se perseverará en la línea fijada hasta ahora. Sin embargo, esta perseverancia no soluciona su problema electoral. Sánchez ha apostado por una posición definida, en la que, además de intentar hacer valer la gestión realizada y confiar en las mujeres y los jóvenes como fuerza electoral, se apoya sobre un mensaje central, la defensa de la democracia frente a la extrema derecha y su desinformación.

Además, Sánchez apuesta por la inmigración y por una visión plurinacional de España. En este último punto, Sánchez coincide con un Trump que quiere menos atribuciones para el gobierno federal y más competencias para cada estado, pero en todo lo demás su programa es clavado al de Biden/Kamala. Y es una opción que ha demostrado ya su ineficacia para ganar elecciones en estos tiempos occidentales. Persistir en él como única baza no es buena señal.

Sánchez intentará cambiar el paso en enero con el anuncio de nuevas medidas, con las que tratará de retomar la iniciativa, pero es probable que necesite algo más. Estos son tiempos en los que la política importa, y las medidas deben tener bastante altura si quiere cambiar el humor social."                 

(Esteban Hernández , El Confidencial, 23/12/25)

28.9.25

Un millón de votos... Es el volumen récord de fugas del PP hacia Vox... no es una cifra cualquiera: apunta a un cambio crucial en las dinámicas políticas de nuestro país, refuerza a Vox en su línea cada vez más xenófoba y expone al PP a divisiones internas sobre cómo responder al desafío... A ello se suma la ola xenófoba que atraviesa Cataluña —donde Aliança Catalana ha sabido articular con precisión el recetario de las extremas derechas europeas—. La derecha radical, que parecía sorprendentemente gripada en el ecosistema político español, empieza a encontrar su sitio... No es la economía lo que explica las deserciones, sino los debates sobre inmigración, feminismo e igualdad de género. Allí donde la inmigración se percibe como la prioridad, la probabilidad de abandonar al PP y recalar en Vox se dispara. Lo mismo ocurre con quienes rechazan la agenda de igualdad: se sienten más cómodos en el marco cultural que Vox ofrece que en el terreno económico. Ese millón de votos es, sobre todo, un millón movilizado por la batalla cultural... la disputa política en España se está desplazando del terreno económico al cultural... Las experiencias comparables en Europa muestran hasta qué punto la situación del PP es crítica y cómo está en juego su identidad como partido conservador mainstream (Lluís Orriols)

 "La política en España se desplaza de lo económico a lo cultural, y el futuro del PP dependerá de si logra dar una respuesta propia o queda subordinado a la agenda de Vox

Un millón: esa es la cifra que ha encendido las alarmas en Génova este septiembre. Es el volumen récord de fugas del PP hacia Vox que anticipan muchas de las encuestas más recientes, y todo indica que sigue creciendo. Ese millón no es una cifra cualquiera: apunta a un cambio crucial en las dinámicas políticas de nuestro país, refuerza a Vox en su línea cada vez más xenófoba y expone al PP a divisiones internas sobre cómo responder al desafío.

Para entender este aumento de fugas conviene mirar sobre todo al propio Vox, un partido que durante años apareció desorientado e incapaz de traducir en estrategia el ideario de la derecha radical populista. Dominaban la teoría, tenían el manual del  “how-to-do-it”, pero su obsesión por convertirse en el ala dura del PP les impedía consolidar un espacio propio. Desde hace un tiempo, sin embargo, han aprendido a tocar la música sin desafinar tanto. A ello se suma la ola xenófoba que atraviesa Cataluña —donde Aliança Catalana ha sabido articular con precisión el recetario de las extremas derechas europeas—. La derecha radical, que parecía sorprendentemente gripada en el ecosistema político español, empieza a encontrar su sitio.

Ese millón de votos coloca al PP en una encrucijada. No es el primer partido conservador que se enfrenta a esta situación. Es el dilema actual de las derechas tradicionales: confrontar a las nuevas formaciones populistas —incluso mediante un cordón sanitario— o asimilar parte de su discurso nativista y populista para competir en el mismo terreno. La dirección nacional transmite todavía desconcierto, pero la corriente de Isabel Díaz Ayuso ya ha apostado abiertamente por la segunda vía. Las experiencias comparables en Europa muestran hasta qué punto la situación del PP es crítica y cómo está en juego su identidad como partido conservador mainstream.

El vuelco reciente se aprecia con nitidez en los datos del CIS sobre lealtad y fugas de voto (véase el gráfico 1). Al inicio de la legislatura, el PP vivía un momento cómodo: más del 80 % de sus votantes aseguraban que repetirían su apoyo y las fugas hacia Vox apenas superaban el 5 %. Vox, en cambio, sufría el problema inverso: su lealtad apenas alcanzaba el 70 % y uno de cada cinco votantes admitía que, en caso de repetición electoral, se pasaría al PP. Eran meses en los que los analistas hablábamos de un partido gripado, incapaz de capitalizar su ventana de oportunidad.

Ese panorama se ha invertido desde el verano. Las últimas encuestas confirman lo que hace unos meses parecía improbable: hoy el PP sufre la misma fragilidad que padecía Vox a inicios de la legislatura, mientras que la formación de Abascal ha consolidado su base y ha minimizado las fugas al encontrar un terreno cómodo en el nacionalpopulismo. El gráfico ofrece una imagen clara de la política española actual: un PP nervioso, desorientado y obligado a decidir en qué dirección moverse —una encrucijada que ya han vivido otras derechas tradicionales, como el Partido Republicano en EE. UU. o los conservadores británicos—, frente a un Vox que se afianza en el terreno nacionalpopulista, desplazando su nacionalismo del eje catalán hacia la inmigración y alineándose así con los discursos que marcan tendencia en Europa.

¿Quiénes son ese millón de votos?

¿Qué perfil tienen los votantes que se están yendo del PP a Vox? Mis análisis, a partir de los datos en abierto de 40dB para El País, apuntan a dos claves: la edad (gráfico 2) y las batallas culturales (gráfico 3).

En primer lugar, los datos confirman lo que la prensa ha señalado en las últimas semanas: el empuje de Vox se alimenta sobre todo del votante joven. Es en este segmento donde la propensión a abandonar al PP es más alta. No es extraño: los jóvenes suelen tener vínculos de lealtad más débiles con los partidos y, por tanto, mayor facilidad para cambiar de voto. Pero la explicación probablemente no se agota ahí.

En segundo lugar, las fugas tienen anclaje en la disputa cultural. No es la economía lo que explica las deserciones, sino los debates sobre inmigración, feminismo e igualdad de género. Allí donde la inmigración se percibe como la prioridad, la probabilidad de abandonar al PP y recalar en Vox se dispara. Lo mismo ocurre con quienes rechazan la agenda de igualdad: se sienten más cómodos en el marco cultural que Vox ofrece que en el terreno económico. Ese millón de votos es, sobre todo, un millón movilizado por la batalla cultural.

Finalmente, Vox mantiene como asignatura pendiente una mayor capacidad de atracción de los trabajadores manuales, algo que Aliança Catalana sí está logrando con notable eficacia. En el caso de las fugas del PP a Vox, la clase social no resulta determinante, aunque se observa una sobrerrepresentación de los trabajadores rutinarios no manuales, un patrón poco habitual en la extrema derecha europea.

En definitiva, ese millón de votos revela hasta qué punto la disputa política en España se está desplazando del terreno económico al cultural. El futuro del PP dependerá de si es capaz de ofrecer una respuesta propia a ese cambio o si queda atrapado en la agenda que Vox ya empieza a manejar con creciente soltura.

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Nota metodológica: para analizar el perfil de fugas del PP a Vox se ha usados datos en abierto de 40dB para El País. Los potenciales desertores del PP se han caracterizado como aquellos encuestados que votaron al PP en 2023 pero que declaran ahora tener una probabilidad alta (de 7 o más sobre 10) de votar a Vox." 

(Lluís Orriols , eldiario.es, 26/09/25) 

9.9.25

Dos opiniones, ¿Contradictorias? ¿Complementarias? Sobre la situación política española: "Vox se dispara y hunde al PP... El PSOE mantiene el liderazgo. El voto oculto socialista alcanza porcentajes históricos" (Juano Domínguez)... "deberíamos considerarnos afortunados por vivir en este punto del mapa. Mientras en mi juventud había un anhelo de explorar mundo, hoy existe un repliegue al origen por la necesidad imperiosa de sentirse protegido... hay un deseo de retorno, tal vez para restituir ese lazo con lo rural que un día se rompió... se convive, pero hay quienes sin escrúpulos están dispuestos a poner a prueba la paz social si con ello agarran un cacho de poder entre los dientes... No sufrimos de una violencia que nos impida salir a pasear por la noche como en tantos otros pobres países comidos por la violencia... nos hemos puesto a la cabeza de los derechos civiles y en leyes que las respaldan... Teniendo una macroeconomía razonablemente saneada, podríamos llegar a acuerdos que posibilitaran la vida a quienes no alcanzan a tener un hogar en el que protegerse cada noche... somos lo suficientemente privilegiados como para repensar el país, protegernos ante la vulnerabilidad climática, ser generosos con quienes huyen del hambre, afianzar los derechos logrados. Hay talento de sobra para afrontar el desafío, pero algo nos dice que en el ansia ya desesperada por el poder, prevalecerá el cinismo que nace de un egoísmo extremo... un país en el que se sigue viviendo mejor que en la mayor parte de este mundo convulso... Nos tendría que castigar Dios, diría un creyente. A lo mejor nos castiga y traslada esta furia a la calle. Ya se va sintiendo. ¿No la oyen?" (Elvira Lindo)

Juanjo Domínguez. @juanjodom

¡Cómo vienen los datos el lunes!
@ppopular, vais a sufrir mucho para que @NunezFeijoo arrebate la presidencia a @sanchezcastejon.
@vox_es se dispara y hunde al PP. El @PSOE mantiene el liderazgo. El voto oculto socialista alcanza porcentajes históricos.

10:08 p. m. · 7 sept. 2025 35,4 mil Visualizaciones



"La furia en la calle.

 Y, a pesar de todo, deberíamos considerarnos afortunados por vivir en este punto del mapa. Mientras en mi juventud había un anhelo de explorar mundo, hoy existe un repliegue al origen por la necesidad imperiosa de sentirse protegido. Incluso dentro de España, más aún de las grandes ciudades, hay un deseo de retorno, tal vez para restituir ese lazo con lo rural que un día se rompió. Y, a pesar de este ruido insufrible que perturba el sueño, deberíamos ser conscientes de ello y estar agradecidos, ser capaces de coser o de remendar lo que de cordialidad hay en unas relaciones diarias que pudieran acabar hechas jirones si nos dejamos llevar por el hedor de la vida pública. A pesar de todo, se convive, pero hay quienes sin escrúpulos están dispuestos a poner a prueba la paz social si con ello agarran un cacho de poder entre los dientes. Son los que dejan atrás cínicamente a los que fueron arrastrados por la dana sacudiéndose la responsabilidad; los que se olvidan, cuando en la tierra aún parece palpitar la amenaza del fuego, de la pobre gente que lo ha perdido todo, porque saben que convirtiendo la desgracia ajena en motivo de enfrentamiento rabioso eluden sus culpas.

Esta ola de indignidad ha ido creciendo sin respiro y hoy, este principio de curso, amenaza en el horizonte como un tsunami. Este septiembre recién inaugurado ha sido ejemplo de lo que nos espera: una gresca ensordecedora y estéril. Algo que en absoluto mejorará España, que no la preparará para los desafíos futuros: justo el ambiente donde suele brotar la discordia. Quien no lo vea está ciego o es un cínico. Somos un país con el suficiente bienestar como para asumir la protección de unos cuantos menores desamparados, hemos sido tradicionalmente generosos, pero, quién sabe, igual nos convencen para dejar de serlo.

No sufrimos de una violencia que nos impida salir a pasear por la noche como en tantos otros pobres países comidos por la violencia, pero puede acabar triunfando la idea de que nos urge atrincherarnos. Aún sentimos los ecos de una guerra, razón de que cediéramos tiempo y espacio a la lucha contra un genocidio que nos espanta y avergüenza. Habiendo salido de una dictadura que marcó a fuego una moral católica, nos hemos puesto a la cabeza de los derechos civiles y en leyes que las respaldan, pero no somos capaces de negar el espacio dentro de las instituciones públicas a quienes quieren cercenarlas. Teniendo una macroeconomía razonablemente saneada, podríamos llegar a acuerdos que posibilitaran la vida a quienes no alcanzan a tener un hogar en el que protegerse cada noche. Gozamos de un turismo que crea suficiente riqueza como para que no nos engolfemos en las cifras del éxito y atendamos también la vida de los barrios y el bienestar de los vecinos. En suma, somos lo suficientemente privilegiados como para repensar el país, protegernos ante la vulnerabilidad climática, ser generosos con quienes huyen del hambre, afianzar los derechos logrados. Hay talento de sobra para afrontar el desafío, pero algo nos dice que en el ansia ya desesperada por el poder prevalecerá el cinismo que nace de un egoísmo extremo.

Ya no se habla de incendios cuando aún olemos el humo, solo de los asuntos que son rentables electoralmente, el fiscal general, la mujer del presidente, los menores migrantes, la supuesta pérdida de la España esencial. ¿Ha marcado usted esta agenda? Yo tampoco. Poseen la indiscutible astucia de dirigir nuestros temas de conversación. El centro de las ciudades no se llena para exigir acceso a la vivienda ni para parar el genocidio, pero crecen el número de los autodenominados españoles genuinos que se plantan delante de un centro de menores para sacarlos a patadas.

Y todo esto en un país en el que se sigue viviendo mejor que en la mayor parte de este mundo convulso. Nos tendría que castigar Dios, diría un creyente. A lo mejor nos castiga y traslada esta furia a la calle. Ya se va sintiendo. ¿No la oyen?"

(Elvira Lindo , El País, 07/09/25)