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1.11.25

El poder de fuego mostrado por el Comando Vermelho en el operativo policial y militar que tuvo lugar en Rio de Janeiro el 28 de octubre, evidenció que Ucrania es la mejor escuela para las organizaciones delictivas... El reclutamiento de narcotraficantes brasileños en Ucrania se habría desenvuelto por mediación de mercenarios colombianos... tanto el Comando Vermelho como de su banda rival, el Primeiro Comando da Capital, han incursionado en los campos de batalla ucranianos como una vía de acceso privilegiado al armamento más moderno enviado desde las potencias occidentales, y también como un campo de entrenamiento para nuevas tácticas de guerra de alta intensidad... Así, los narcotraficantes no sólo están especializando en la utilización de drones, sino también en el uso de lanzagranadas y ametralladoras pesadas. En Brasil se encuentran inmersos en una guerra contra policías y ejércitos, para lo que deberán apelar a recursos tecnológicos cada vez más avanzados y estrategias de vanguardia... El regreso de los mercenarios brasileños a sus organizaciones de base, luego de su estancia en el frente ucraniano, opera como una bomba de tiempo: no sólo por la experiencia adquirida en la guerra sino también por los contactos y redes que han podido establecer con otras bandas de narcotraficantes europeas, y con organizaciones dedicadas al comercio ilegal de armamentos, que han proliferado gracias a la exportación masiva y descontrolada de recursos militares desde Kiev... las confiscaciones policiales a distintas bandas criminales han descubierto desde lanzagranadas propulsadas por cohetes (RPG), a sistemas portátiles de defensa aérea (MANPADS), incluyendo también ametralladoras pesadas y fusiles de asalto, todod estos con uso previo en Ucrania... Hoy prácticamente no quedan dudas de que el uso de drones se ha convertido en una táctica a gran escala y sin precedentes en Brasil y, en general, en América Latina, y que señala una escalada en el poder del crimen organizado al combinar la innovación tecnológica con las disputas por el control del tráfico de drogas y, últimamente, también con los cada vez más recurrentes y violentos enfrentamientos con las fuerzas de seguridad (Daniel Kersffeld)

 "El poder de fuego y la rápida capacidad de respuesta mostrada por el Comando Vermelho en el operativo policial y militar que tuvo lugar en Rio de Janeiro el 28 de octubre sorprendió y, sobre todo, evidenció que, en la actualidad, Ucrania es la mejor escuela que las organizaciones delictivas tienen para mejorar su entrenamiento y sus recursos militares.

De hecho, no son muchos los lugares del planeta en los que hoy se puede aprender a utilizar drones comunes o, incluso, de producción casera, como herramientas tecnológicas destinadas para un uso bélico y con una efectividad mortal en sus ataques.

La presencia de mercenarios extranjeros en el frente ucraniano es anterior al inicio del conflicto abierto contra Rusia que se está desarrollando desde febrero de 2022. La afluencia masiva de armamento y municiones procedentes de Estados Unidos y de sus socios europeos de la OTAN tuvo su correlato en la participación creciente de milicianos provenientes de todas partes del mundo con una común aversión hacia Rusia.

Pero el colapso sufrido por el ejército ucraniano sobre todo en este último año ha provocado un agravamiento en la pérdida de combatientes, ya sea por muerte o deserción. En consecuencia, aumentó el número de mercenarios y, además de los europeos, se reforzó la Legión Internacional con una mayor cantidad de combatientes de otros continentes y regiones, como América Latina.

Sin datos precisos, existe la suposición de que hoy las milicias ucranianas todavía cuentan con numerosos voluntarios de origen latinoamericano, que se movilizan atraídos por un salario que no suele ser el promocionado desde la publicidad oficial, o que se ven tentados por la futura adquisición de la ciudadanía de Ucrania, pensando en la posibilidad, por ahora más bien distante, de que este país pase a integrar la Unión Europea en algún momento.

Ya se trate de ex combatientes de las FARC o de ex integrantes de cuerpos parapoliciales desmovilizados por el proceso de paz, los soldados de procedencia colombiana constituyen hoy la principal minoría latinoamericana en las filas ucranianas, con cerca de 2 mil combatientes.

Por lo general enviados al frente sin mayor preparación para la guerra, el número de bajas entre los latinoamericanos es bastante alto: sólo entre los milicianos colombianos (prácticamente los únicos con antecedentes militares en la región) se han reportado alrededor de 500 muertes desde que estalló el conflicto abierto hace más de tres años.

El reclutamiento de narcotraficantes brasileños en Ucrania se habría desenvuelto, en una primera fase, por mediación de mercenarios colombianos, cuyas organizaciones suelen trabajar en alianza en sus respectivos países.

Grupos dispersos, tanto del Comando Vermelho como de su banda rival, el Primeiro Comando da Capital, han incursionado en los campos de batalla ucranianos como una vía de acceso privilegiado no sólo al armamento más moderno enviado desde las potencias occidentales, sino también como un campo de entrenamiento para nuevas tácticas de guerra de alta intensidad.

Se calcula que actualmente, el número de brasileños que combaten en Ucrania oscila entre los 200 y los 250 mercenarios. Su motivación principal es la formación técnica en el uso de nuevos armamentos para su posterior utilización y aprovechamiento en Brasil.

Así, los narcotraficantes no sólo están especializando en la utilización de drones, sino también en el uso de lanzagranadas, ametralladoras pesadas e, incluso, artillería antiaérea. El horizonte de su acción futura reconoce que, en Brasil se encuentran inmersos en una guerra contra policías y ejércitos, frente a los que deberán apelar a recursos tecnológicos cada vez más avanzados y estrategias de vanguardia.

De hecho, no ha sido el Comando Vermelho la primera organización delictiva latinoamericana en utilizar drones como un recurso militar ofensivo. Se han registrado cientos de ataques con aeronaves controladas remotamente en toda la región, y aparentemente, los primeros en valerse de implementos tecnológicos en sus enfrentamientos con las fuerzas del orden han sido los integrantes del Cartel de Jalisco Nueva Generación, también con experiencia de combate directo en Ucrania.

El regreso de los mercenarios brasileños a sus organizaciones de base, luego de su estancia en el frente ucraniano, opera como una bomba de tiempo: no sólo por la experiencia adquirida en la guerra sino también por los contactos y redes que han podido establecer con otras bandas de narcotraficantes europeas y, más aún, con organizaciones delictivas dedicadas al comercio ilegal de armamentos, las que han proliferado gracias a la exportación masiva y descontrolada de recursos militares de todo tipo a Kiev.

Las conversaciones informales para pacificar el conflicto contra Rusia y las perspectivas de una siguiente entrada a una etapa del posconflicto han intensificado el tráfico de armamentos hacia destinos cada vez más alejados del radio europeo, como es el caso de América Latina.

Las vinculaciones son múltiples. En Brasil y en otros países de la región, las confiscaciones policiales a distintas bandas criminales han descubierto desde lanzagranadas propulsadas por cohetes (RPG), a sistemas portátiles de defensa aérea (MANPADS), incluyendo también ametralladoras pesadas y fusiles de asalto, todod estos con uso previo en Ucrania.

En septiembre de 2024 un cabo de la Armada fue detenido por la policía y acusado de operar drones para el Comando Vermelho (los que eran previamente acondicionados para disparar granadas y distintos explosivos), así como también por guiar a traficantes en operaciones de fuga.

Y a principios y mediados de este año, las fuerzas policiales brasileñas confiscaron armas antidrones a integrantes del Comando Vermelho, encontrando en varias ocasiones un modelo fabricado por la empresa ucraniana Kvertus, concretamente el KVS G-6, un cañón electrónico que anula las señales de control y video de los drones a una distancia de hasta 6 km. Si bien representantes de la empresa estuvieron en Río de Janeiro en el mes de abril para vender sus productos a la policía, lo cierto es que la compra de ese tipo de dispositivo militar suele realizarse a través del mercado negro, a partir de una extensa ruta con escalas en Europa del Este y Paraguay.

Hoy prácticamente no quedan dudas de que el uso de drones se ha convertido en una táctica a gran escala y sin precedentes en Brasil y, en general, en América Latina, y que señala una escalada en el poder del crimen organizado al combinar la innovación tecnológica con las disputas por el control del tráfico de drogas y, últimamente, también con los cada vez más recurrentes y violentos enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

Se trata, por último, de una de las tantas consecuencias globales de una guerra lejana y prácticamente sin control y sin final, que ha convertido a la ofensiva bélica contra Rusia en un laboratorio especializado en la formación de recursos humanos destinados al crimen y a la preparación de nuevas redes delictivas de carácter transnacional." 

(Daniel Kersffeld, investigador CONICET , Other News, 31/10/25)

9.7.25

Un Referéndum Popular en Brasil impulsa una votación para gravar a los superricos y reducir la jornada laboral... El referéndum, organizado por movimientos populares, busca presionar al Congreso para una jornada laboral más justa y el fin de los privilegios para los ricos... la presión popular es fundamental para que el gobierno Lula (PT) logre cumplir las promesas de campaña, que han enfrentado la resistencia del Congreso y del gran capital. "Estamos proponiendo jugar con los intereses de las minorías. Son los súper ricos, millonarios, multimillonarios, la alta cúpula del Poder Judicial, las jubilaciones de los militares. Ya la derecha y la extrema derecha quieren sacar dinero de los hospitales, de las escuelas, de las universidades, de la jubilación"... "Los que pagan mucho impuesto en este país son los trabajadores y trabajadoras y los sectores medios. Los que no pagan son los súper ricos, los multimillonarios, que tienen una serie de privilegios en nuestro sistema tributario" ( Adele Robichez)

 "La votación es presencial y puede ocurrir en urnas físicas o digitales, organizadas por voluntarios en los barrios y ciudades del país-Caio Jardim El Plebiscito popular comenzó este martes (1º) con el objetivo de movilizar a la población brasileña a votar dos temas centrales para la vida de los trabajadores: el fin de la escala 6 1 1 y la tributación de los super-ricos. La iniciativa está organizada por movimientos populares, centrales sindicales, partidos progresistas y entidades de la sociedad civil, y busca fortalecer el debate público sobre propuestas que, según los organizadores, han sido prohibidas por un congreso conservador. 

En la cartilla del Plebiscito Popular, hay una detallada explicación de los ejes principales de la movilización, de los temas que serán votados y orientaciones para la realización de la votación. El documento también reúne sugerencias prácticas para que movimientos populares en todo el país consigan articularse en sus espacios de lucha para realizar actividades de concientización política y, especialmente, logren involucrarse para la realización de la votación, que es voluntaria. El período de votación se extiende hasta el siete de septiembre y la publicación de los resultados está prevista para el seis de octubre. Sin embargo, se están organizando mutirones para que, semanalmente, las votaciones sucedan y la movilización vaya ganando adhesión cada vez mayor de la población. 

"Nuestro interés es, sobre todo, hacer un debate con la sociedad sobre dos pautas estructurales en relación a los temas del trabajo y de la tributación", explica Igor Felipe, representante de la Comisión Ejecutiva Nacional del Plebiscito. La votación es presencial y puede realizarse en urnas físicas o digitales, organizadas por voluntarios en los barrios y ciudades del país. En la página central del Plebiscito Popular, hay una serie de opciones, como enlace para participar en el grupo, acceso al sitio con las informaciones principales y también una forma de registrar una urna de votación. Esto puede ser hecho por una persona o entidad y cada registro podrá representar una o más urnas, según el territorio o base social. Según Felipe, el objetivo va más allá del conteo de votos: se trata de movilizar y unificar a la clase trabajadora en torno a demandas concretas. "Nosotros tenemos Condiciones de retomar un proceso de organización, movilización y lucha para presionar, sobre todo, al Congreso Nacional. El Congreso teme a la población. Es por eso que ellos quieren quitar ese sistema de pautas: no quieren apretar el botoncito diciendo que están en contra de que la gente trabaje menos y que quien gana más pague más impuesto", dice. 

El representante cree que la presión popular es fundamental para que el gobierno Lula (PT) logre cumplir las promesas de campaña, que han enfrentado la resistencia del Congreso y del gran capital. "Estamos proponiendo jugar con los intereses de las minorías. Son los súper ricos, millonarios, multimillonarios, la alta cúpula del Poder Judicial, las jubilaciones de los militares. Ya la derecha y la extrema derecha quieren sacar dinero de los hospitales, de las escuelas, de las universidades, de la jubilación", compara. El plebiscito popular es usado por los movimientos sociales desde finales de los años 1990 y ha debatido temas como la deuda externa, el Área de Libre Comercio de las Américas (Alca), la reestatización de Vale y la convocatoria de una Constituyente exclusiva. "Nosotros tenemos una tradición, desde hace 25 años, del plebiscito popular con esa metodología. Y nosotros conseguimos, este año, construir una unidad del conjunto de las fuerzas populares para retomar esa experiencia", celebra el activista. 

Viaje más justo: fin de la escala 6 1 1 

La propuesta de reducción de la jornada de trabajo sin reducción salarial y el fin de la escala 6 1 1 ganó visibilidad el año pasado, con el movimiento vida más allá del trabajo (Vat), encabezado por el hoy concejal Rick Azevedo (Psol-RJ). "El desarrollo tecnológico no se ha utilizado para mejorar la vida de las personas, sino para aumentar el nivel de explotación de las personas. [Hoje] hoy las personas llegan a casa y están respondiendo al jefe en la aplicación, preocupados con la dinámica de trabajo, ya se despiertan con el celular sonando", relata Igor Felipe. La escala en la que se trabaja seis días a la semana con sólo uno de descanso es vista como un símbolo de la precarización. "La gente trabaja seis días a la semana, se divierte uno, que ni siquiera sabe cuál es, no tiene horas extras. Es un viaje extremadamente inhumano", puntualiza. El final de este modelo es visto por los trabajadores como una forma de garantizar el bienestar y una mejor distribución del tiempo de vida entre el trabajo y el juego. 

Impuesto más justo: gravar a los más ricos 

La segunda pauta del plebiscito trata de la tributación, relativa a la propuesta del gobierno, que quiere que quien gana más de R.50 mil por mes pague más Impuesto de renta (IR), permitiendo la exención para quien recibe Hasta R R 5 mil mensuales. "Los que pagan mucho impuesto en este país son los trabajadores y trabajadoras y los sectores medios. Los que no pagan son los súper ricos, los multimillonarios, que tienen una serie de privilegios en nuestro sistema tributario", denuncia Felipe. 

Afirma que la propuesta de gravar a los más ricos busca corregir distorsiones históricas en el sistema tributario brasileño, que se basa fuertemente en el consumo, penalizando a quienes tienen menores ingresos, a diferencia de otros países más desarrollados. "Queremos que la gente pague un impuesto justo. Quien gana menos, no paga nada o paga menos. Quien gana más, paga más. Y queremos acabar, sobre todo, con los privilegios", argumenta. 

El organizador espera que el plebiscito popular logre presionar al Congreso que, a su juicio, ha tenido hasta "más poder que el propio Poder Ejecutivo" con las enmiendas parlamentarias, para que voten a favor de los trabajadores. Para Igor Felipe, la acción puede significar una "reanudación de las luchas y el avance de la clase trabajadora"."

15.2.25

Brasil informó que continuará promoviendo el uso de divisas locales en intercambios del BRICS a pesar de las amenazas de Trump

 "Este jueves, el Gobierno de Brasil, que actualmente tiene la presidencia rotatoria de los BRICS, publicó un informe en el que garantiza que continuará promoviendo el uso de divisas locales en operaciones comerciales de los países miembros del bloque, a pesar de las amenazas del presidente de Estados Unidos (EE.UU.), Donald Trump.

“La presidencia de Brasil dará continuidad a los esfuerzos de cooperación para desarrollar instrumentos de pago locales que faciliten el comercio y la inversión, aprovechando sistemas de pago más accesibles, transparentes, seguros e inclusivos entre los miembros de los BRICS”, dice una parte del documento.

El Gobierno agregó que “además de eso, medidas de facilitación del comercio, entre ellas la cooperación regulatoria, podrán contribuir al aumento del intercambio comercial y de inversiones”.

El mandatario estadounidense, Donald Trump, amenazó a los países integrantes de la agrupación con aplicar tarifas del 100% si establecen una nueva divisa en su comercio internacional y sostuvo que se desvincularán del mercado en «la magnífica economía de Estados Unidos» si no respaldan al dólar.

Dentro de las prioridades que Brasil busca tratar durante su presidencia se encuentra el efecto de la inteligencia artificial (IA), una “revolución en el conocimiento” que requiere que el mundo implemente acciones a escala global, propiciando una gobernanza “justa y equilibrada”.

“Los BRICS pueden contribuir a la construcción de una nueva gobernanza internacional de la IA, centrada en la promoción del desarrollo sostenible e inclusivo, en la defensa del acceso no discriminatorio a la transferencia de tecnología, respetando los derechos humanos y el derecho internacional, protegiendo datos personales y garantizando la integridad de las informaciones para el uso ético, seguro, confiable y responsable de esta tecnología”, explica el documento.

El objetivo de la presidencia de Brasil en los BRICS también es optimizar las estructuras financieras en las naciones en desarrollo para adaptarse al calentamiento global."

(Nodal, 14/02/25)

1.11.24

Brasil: ¿Qué tenemos hoy en términos de conciencia media en la base del bolsonarismo? Una masa política y económicamente reaccionaria, con elementos de fanatismo religioso, extremadamente misógina y altamente racista y LGTBfóbica... Lo que existe en realidad es un fuerte desplazamiento de la conciencia media hacia la derecha. Alrededor de un tercio de la población, con mayor o menor mediación, ha adoptado la postura de la guerra civil contra la izquierda, el «comunismo» y los derechos sociales... Y la guerra civil contra el comunismo es exactamente la esencia del fascismo... Históricamente, la gente maldecía a los políticos precisamente porque pensaban que la educación y la sanidad debían considerarse derechos sociales, que había que proteger a los trabajadores de la codicia de sus jefes, que había que defender a las mujeres, los negros y las personas LGBT de la violencia y la injusticia... las cosmovisiones que predicaban el fin de cualquier derecho, el odio, el fanatismo religioso y la violencia siempre fueron vistas como algo fuera de lo común. Bolsonaro fue una broma durante las décadas de 1990 y 2000... La clase trabajadora y la izquierda necesitan volver a las calles, a la escena política nacional, y presentarse como candidatos a la conquista de la hegemonía política, ideológica y social, actualmente monopolizada por la extrema derecha (Henrique Canary y Gloria Trogo)

 "Las elecciones municipales han dejado al descubierto una realidad difícil para la izquierda en Brasil. Aunque el PT avanzó en pequeños municipios, los resultados en las grandes ciudades muestran una derrota contundente. La extrema derecha continúa ganando terreno, y el neofascismo se afianza en la conciencia popular.

 La derrota sufrida por la izquierda brasileña en estas elecciones ha hecho reflexionar a todo el mundo. ¿Qué ha pasado? El PT ganó 248 ayuntamientos. Más que los 182 de 2020, pero muy lejos de los 624 de 2012. En el otro extremo, el Partido Liberal (PL) de Bolsonaro ganó en 512 municipios. Además, hubo un avance significativo del PSD de Gilberto Kassab y de otros partidos que, a pesar de clasificarse como «centristas», presionan al gobierno y a la realidad a la derecha. El PSOL perdió 8 concejales y la única capital que gobernaba, quedando tercero en Belém. Boulos llegó a la 2ª vuelta en São Paulo, pero no sin antes pasar por un angustioso triple empate en la 1ª vuelta, donde el fascista Marçal fue el factor imponderable y se formó un enorme frente antiizquierda en torno a Ricardo Nunes. Hay muchos otros datos y, desde cualquier ángulo, la derrota fue grande. La primera vuelta, con algunas excepciones importantes, reveló una situación peor que hace dos años.

Ante todo esto, se ha abierto un debate en la izquierda sobre el balance de las elecciones. Dejemos de lado las valoraciones autocomplacientes que afirman que hubo un avance de la izquierda simplemente porque el PT aumentó el número de ayuntamientos. Se trata de ciudades más pequeñas, generalmente fuera del eje que define la dinámica general de la política brasileña. Dialoguemos con quienes aceptan que hubo una derrota. La pregunta es: ¿por qué?

Las derrotas desorientan, son más difíciles de asimilar y, por lo tanto, de explicar. Una parte importante de la izquierda se aferra exclusivamente a elementos endógenos, se conecta a una ilusión infantil de que podríamos haberlo evitado todo. Bastaba con seguir las ideas correctas en un sector u otro, aplicar tal o cual táctica. ¿O quizá fue culpa del candidato? En Twitter, el meme del cómico Daniel Duncan lo resume bien: «calma gente, hablen despacio, no puedo escribir todo lo que la izquierda tiene que hacer para ganar las elecciones».

En el polo opuesto están los que quieren prohibir cualquier debate, como si cualquier crítica tuviera la consecuencia práctica de fortalecer a la extrema derecha. Nos parece que hay que evitar ambos errores y analizar tanto los factores exógenos, independientes de las opciones tácticas de la izquierda, como los endógenos, recordando siempre que hay varias izquierdas, con acciones diferentes y alcances muy distintos. Veamos.

El escenario internacional

La derrota en Brasil no es un rayo caído en cielo sereno. Se produce en un contexto. Vivimos una situación global en la que avanza la extrema derecha. En Europa, las fuerzas del atraso prosiguen su marcha hacia la conquista de varios gobiernos importantes. Ya tienen Italia, Hungría y, más recientemente, Austria. Chega en Portugal y Vox en España amenazan la Península Ibérica. La AfD avanza del este al oeste de Alemania. En Francia, se evitó la victoria inmediata de Le Pen, pero la situación sigue siendo tan mala que Macron dio un golpe de derechas, arrebatando al Nuevo Frente Popular la prerrogativa de formar gobierno, y no pasó nada. En Estados Unidos, Trump avanza peligrosamente sobre los estados pendulares.

En América Latina, se pudo evitar un golpe en Bolivia, pero no una división autofágica dentro de la izquierda. Milei continúa su ofensiva en Argentina y no es seguro que la resistencia surgida allí hasta ahora pueda frenar su ímpetu destructivo. En Colombia se ha intentado un nuevo golpe de Estado contra Gustavo Petro, también con la participación del poder judicial, como ocurrió en Brasil. En El Salvador, Nayib Bukele ha convertido el país en una distopía política y social de referencia para todo el fascismo latinoamericano.

La situación de mayor gravedad y urgencia internacional, sin embargo, sigue siendo el genocidio del pueblo palestino, que avanza a una escala sin precedentes porque esta vez se trata de una masacre televisada, con cobertura en tiempo real por las cadenas de todo el mundo, sin que esto, al menos hasta ahora, haya hecho parar al gobierno de Netanyahu. Al contrario, Israel avanza hacia la conversión del Líbano en una nueva Gaza.

En Brasil, además de la derrota electoral, los incendios provocados, el avance del neopentecostalismo fundamentalista, las milicias, la precarización de la vida, las privatizaciones, el clientelismo y la violencia política, todo ello matizado con el asedio y boicot al gobierno por parte del capital financiero y la gran prensa corporativa.

¿«Ocupar el espacio antisistema»?

¿Es un hecho que existe cansancio, hastío o incluso odio hacia el actual régimen político y social? Sí. De hecho, el brasileño medio siempre ha maldecido al sistema, ha maldecido a los políticos y ha maldecido «contra todo lo que está ahí». Y hoy lo hacen más que nunca. Pero hay un problema.

Históricamente, este rechazo del «sistema» solía ir de la mano de una visión más o menos progresista de la salida de los problemas. La gente maldecía a los políticos precisamente porque pensaban que la educación y la sanidad debían considerarse derechos sociales, que había que proteger a los trabajadores de la codicia de sus jefes, que había que defender a las mujeres, los negros y las personas LGBT de la violencia y la injusticia. La Constitución de 1988 es una especie de «instantánea» de la conciencia de clase media que se estableció en Brasil tras el final de la dictadura militar. Sobre esta conciencia media se construyó el PT e incluso la izquierda más radical.

Por el contrario, las cosmovisiones que predicaban el fin de cualquier derecho, el odio, el fanatismo religioso y la violencia siempre fueron vistas como algo fuera de lo común. Bolsonaro fue una broma durante las décadas de 1990 y 2000. Antes que él, Enéas Carneiro era famoso más por su característico eslogan y su colorido personal que por sus ideas, que nadie conocía ni entendía bien.

¿Qué tenemos hoy en términos de conciencia media en la base del bolsonarismo, un movimiento que constituye alrededor de un tercio de la población? Una masa política y económicamente reaccionaria, con elementos de fanatismo religioso, extremadamente misógina y altamente racista y LGTBfóbica. La defensa de la infancia, de los derechos reproductivos, de la naturaleza, de los derechos laborales, de la igualdad y la justicia social, y de la laicidad del Estado ya no son los grandes consensos nacionales que eran hace apenas unos años. Las soluciones imperantes son el emprendedurismo, la mezcla de la religión con la política, el punitivismo, la dictadura militar, el cierre del Tribunal Supremo, la quema y venta de la Amazonia y todo tipo de barbaridades que antes no eran más que una broma de mal gusto.

En otras palabras, lo primero que hay que establecer firmemente es que no existe un «espacio antisistema» abstracto, prácticamente «vacío», que pueda ser «llenado» con tal o cual contenido, de derecha o de izquierda. Lo que existe en realidad es un fuerte desplazamiento de la conciencia media hacia la derecha. Alrededor de un tercio de la población, con mayor o menor mediación, ha adoptado la postura de la guerra civil contra la izquierda, el «comunismo» y los derechos sociales. Y la guerra civil contra el comunismo es exactamente la esencia del fascismo.

En resumen, si queremos hablar de un «espacio antisistema», tenemos que matizar estos términos. El «sistema» que se quiere combatir es la propia civilización. Para casi la mitad de la población, el «sistema» no es el policía, el político o el patrón, como siempre han subrayado nuestros primos anarquistas, sino el inspector del instituto de medio ambiente, el sindicalista, el profesor de historia, la mujer negra, la persona LGBT, el asistente social, el científico, el cura que distribuye comida a los sin techo.

Así que no es posible «ocupar el espacio antisistema» porque no es un espacio vacío que se pueda ocupar y llenar con un contenido diferente. Este «espacio» ya está lleno, ya tiene contenido, ya tiene una ubicación en la lucha política entre civilización y barbarie. Es el propio fascismo.

Es más, no es cierto que ninguna fuerza de izquierdas haya intentado ocupar este «espacio» con un contenido propio. En estas elecciones había candidatos de la izquierda radical antisistema que criticaban «todo lo que hay», el «poder», que defendían una oposición de izquierdas al gobierno. ¿Y cuál fue el resultado? Despreciable. ¿Injusticias del sistema electoral que favorece a los grandes partidos? Este elemento existe, pero no es absoluto. El profundo declive y la práctica desaparición de la izquierda sectaria es un fenómeno que lleva varios años produciéndose y que va mucho más allá de las barreras electorales. Tiene que ver con su inadecuación y desvinculación de la realidad política nacional y con su completa disonancia cognitiva.

Esto no significa que tengamos que comportarnos como una izquierda institucional que defiende lo peor del sistema: la corrupción, los privilegios, la prevaricación y el clientelismo. La crítica al sistema debe estar presente en nuestro discurso, pero debemos dejar muy claro que somos, al mismo tiempo, defensores de las conquistas civilizatorias que este sistema ha incorporado con mucha lucha: derechos sociales, mecanismos para reducir la desigualdad, protección de los más vulnerables, defensa del medio ambiente, la ciencia y la cultura. Tenemos que combatir el discurso de que estos mecanismos existen para « mantener al trabajador abajo», como dijo Marçal en la campaña. Por el contrario, somos la izquierda de la expansión de estos mecanismos y de su incorporación como las conquistas civilizatorias que son.

Además, en términos de propaganda, tenemos que volver a poner en el horizonte la lucha por el socialismo. Hoy, el hecho es que no sólo las masas, sino también la vanguardia de las luchas y el activismo de izquierdas no están convencidos de esta perspectiva. El socialismo no puede ser un tema para recordar «en vacaciones», como hacía la socialdemocracia histórica, sino parte permanente de nuestra lucha ideológica, formación y propaganda.

Los límites del gobierno Lula y las alianzas con el centrismo

Muchos activistas y corrientes de izquierda se quejan de que algunas de las acciones del gobierno de Lula acaban fortaleciendo a la derecha, como el marco fiscal, las concesiones al centrão, el retroceso en las agendas ideológicas, ciertos nombramientos y otros. Es verdad. El gobierno de Lula ha flaqueado en la lucha contra la extrema derecha y en el simple cumplimiento de las promesas de campaña hechas por el propio Lula. Sería un error negar esta realidad.

El problema es que si es difícil con el gobierno de Lula, es imposible sin él. Eso es lo que está en juego. Sin Lula, habría sido imposible vencer a la maquinaria gubernamental en las elecciones de 2022. El voto por Lula no fue un voto programático, de izquierda. Fue un voto estrictamente personal. Gracias a esto, el monstruo fue temporalmente derrotado.

Otra verdad difícil de tragar: sin la amplia alianza con sectores de la burguesía que rompieron con el law fare del Lava Jato y el bolsonarismo, tampoco habría habido victoria en 2022 y Bolsonaro sería hoy gobierno. ¿Hubiera sido mejor? Con certeza, no.

Así que, en la lucha contra el fascismo, el gobierno de Lula está demostrando ser un aliado inestable y vacilante, pero al mismo tiempo indispensable, absolutamente ineludible, dadas las actuales condiciones de temperatura y presión (nivel de conciencia, organización y voluntad de lucha de la clase trabajadora). El problema es que Lula apuesta por una gran unidad para derrotar a la extrema derecha, pero sus interlocutores de la derecha y del centro no están dispuestos a comprometerse con los puntos mínimos del programa que hizo que el presidente fuera elegido. Así que tenemos una paradoja: la alianza que fue una condición para la victoria puede convertirse, en el transcurso del mandato, en una preparación para la derrota.

Pero eso no significa que no haya nada que hacer. Al contrario, la lucha política nunca ha sido más importante, nunca ha sido más importante defender enfáticamente que el gobierno Lula implemente medidas de combate a la pobreza; defienda las funciones sociales del Estado; cuestione la agenda de privatizaciones de los gobiernos estaduales, en su mayoría de derecha; implemente un giro en la política ambiental, con más regulación, protección y una actualización programática fundamental sobre el papel de Brasil en la transición energética y el combate a la crisis climática.

También es urgente superar la separación entre la clase trabajadora y las agendas mal llamadas «identitarias». El equilibrio de los intelectuales que pretenden profundizar esta división proviene de una incomprensión programática de uno de los elementos más progresistas de la realidad política del siglo XXI. Hay miles de jóvenes que han despertado a la vida política a través de la agenda antirracista, feminista y antigbt, a través de batallas que sólo parecen «identitarias», pero que están profundamente conectadas con la vida de la clase trabajadora. Los que mueren a manos de la violencia policial en las periferias son trabajadores; los que pagan con sus vidas los prejuicios contra las personas trans y LGBT son trabajadores; la gran mayoría de las mujeres víctimas de femicidio y violencia doméstica son trabajadoras. Las reivindicaciones de clase no son sólo las de la agenda económica o puramente sindical, y desde este punto de vista ni siquiera es una lección nueva. Lenin ya señaló, hace más de cien años, la importancia de las batallas políticas y los límites de una visión puramente económica de los programas y reivindicaciones populares. La lucha por el socialismo es una lucha total.

El problema ha sido, de hecho, que el gobierno ha retrocedido invariablemente ante la ofensiva del centrão, del gran capital, de la Rede Globo y de la propia derecha. Pero eso no significa que el gobierno no sea un instrumento útil y absolutamente necesario en esta fase. Tal es la dialéctica del proceso: un aliado vacilante e inestable, pero sin el cual la victoria es imposible.

La derrota de 2024: faltaba algo, pero ¿qué exactamente?

Muchos activistas y corrientes, en su afán por equiparar prácticamente lulismo y bolsonarismo, citan el hecho de que el PT se alió con el PL en 85 ciudades del país. Esto fue, de hecho, un gran error por parte del PT y lo criticamos desde el principio. Desde que empezamos a discutir las elecciones de 2024, el PSOL ha defendido una política de unidad de la izquierda en todo el país. En nuestra opinión, el resultado demuestra que esa era la política correcta. Los lugares donde mejor le fue a la izquierda fueron exactamente aquellos en los que había una verdadera unidad democrática y de izquierdas: São Paulo, Porto Alegre, Fortaleza, Natal. Donde el PT prefirió aliarse con los partidos de la derecha tradicional, el resultado fue mucho peor, como en Curitiba, donde la 2ª vuelta acabó disputándose entre dos candidatos de Bolsonaro. Incluso donde el PT «ganó» (por ejemplo, en Río), no fue exactamente una victoria para ellos, sino para aquellos que sólo están aliados táctica y provisionalmente con el gobierno.

Así que no estamos de acuerdo con quienes dicen que el gran problema de estas elecciones ha sido el tono moderado de uno u otro candidato. Por supuesto que ha habido errores, pero no son el factor determinante de nuestra actuación. Quien critica el resultado de Boulos en la primera vuelta termina criticando los mejores resultados de la izquierda, apresurándose antes de la disputa final, cuando en realidad ya se ha evidenciado el error en los casos en que la izquierda ni siquiera logró unirse o decidió no participar, dejando el espacio de la lucha política completamente vacío en una elección donde eso fue determinante

Ese fue el gran error y el gran problema.

En São Paulo, el PSOL avanzó en regiones importantes, gracias precisamente a que buscamos dialogar con las cuestiones reales planteadas por la población: guarderías, centros de salud, escuelas, urbanización, cultura negra, violencia doméstica, etc. Al mismo tiempo, no se puede decir que la campaña no estuviera politizada. Nadie es tonto. La gente entendía perfectamente lo que estaba en juego. Hasta cierto punto, era un plebiscito entre la izquierda y la derecha. Y salimos de la primera vuelta con una derrota nacional y un resultado preocupante en São Paulo. Ese es el hecho que hay que afrontar.

Por eso, al criticar los intentos de Boulos de dialogar con los sentimientos más fundamentales de la población, una parte de la izquierda lo está criticando por las razones equivocadas. La campaña en São Paulo se enfrenta a un poderoso frente único de la derecha, que reúne a todos los medios de comunicación tradicionales, al gobernador Tarcísio y a las alas más radicalizadas de la extrema derecha. En este contexto, es acertado hacer una campaña que intente «romper la burbuja» del electorado que siempre ha sido de izquierdas.

Lucha política e ideológica hasta 2026: el papel del gobierno Lula

La principal conclusión de estas elecciones no es, por tanto, que «no ocupamos el espacio antisistema que era nuestro». La conclusión es mucho más oscura: perdimos la lucha política e ideológica porque la gente no está de acuerdo con nuestras ideas. Por lo tanto, además de las medidas económicas y sociales relacionadas con el cumplimiento del programa de 2022, necesitamos una fuerte lucha ideológica con el gobierno al frente.

No debemos tener miedo. El peso de Lula es tan grande que puede cambiar ideológicamente el juego. Cuando Lula lucha políticamente, la realidad cambia. Así ocurrió en las elecciones de 2022, pero no sólo. Lula mostró su capacidad de influir en el pensamiento de las grandes masas en los diversos episodios de boicot del Banco Central a la economía brasileña, en las innumerables veces que denunció el genocidio en Gaza. Pero es necesario y posible mucho más.

Es necesario y posible luchar para recuperar nuestra capacidad de movilización. Y esto es también una opción política. Cualquier aprobación de planes progresistas en el Congreso dependerá mucho más de la lucha fuera del Congreso que dentro. Si nuestro horizonte es restablecer los derechos sociales perdidos, ampliar el papel social del Estado, mejorar las condiciones de vida de la población y tener un balance categórico para presentar en 2026, la apuesta estratégica del gobierno tiene que cambiar porque nada de eso será posible en el marco de los acuerdos con el centrão y los límites del gran capital. Pero para que eso ocurra, Lula y el PT necesitan salir al terreno porque son los que tienen mayor articulación con los movimientos sociales y constituyen la gran mayoría de las fuerzas organizadas de la clase trabajadora.

La clase trabajadora y la izquierda necesitan volver a las calles, a la escena política nacional, y presentarse como candidatos a la conquista de la hegemonía política, ideológica y social, actualmente monopolizada por la extrema derecha.

Para ello, el PSOL debe comprometerse a formar parte de este proceso desde sus modestas posiciones en los movimientos sociales y en las instituciones."              (, JACOBINLAT, 22/10/24)

25.4.23

Los cien primeros días de Lula: 15 nuevos acuerdos comerciales, algunos de gran importancia, con China, devolviendo a Brasil al escenario internacional, luego de cuatro años de aislamiento... y la reanudación de viejos programas de sus mandatos anteriores. “Más Médicos”, “Mi casa, mi vida” y el “Bolsa Familia” fueron sacados del olvido e implantados otra vez... y cambio drástico de la situación de los militares. Ver a generales interrogados por la Policía Federal sobre sus vínculos con los golpistas incentivados por Bolsonaro es uno de los impactos de esos cien días... El escenario exige toda la reconocida capacidad negociadora de Lula

 "Poco antes de llegar a China el miércoles de la semana pasada, Lula da Silva celebró los primeros cien días de su tercer mandato como presidente de Brasil.

El viaje debería haber ocurrido hace un mes, pero tuvo que ser postergado porque Lula contrajo una neumonía. 

En la valija de regreso el brasileño trajo 15 nuevos acuerdos comerciales, algunos de gran importancia. 

Pero principalmente trajo la reiteración de haber devuelto a Brasil al escenario internacional, luego de cuatro años de aislamiento a raíz de las actitudes del desequilibrado ultraderechista Jair Bolsonaro en la presidencia. China, principal aliado comercial del país, ha sido insistentemente agredida por el entonces presidente.

Los primeros cien días del nuevo gobierno de Lula consistieron principalmente en la reanudación de viejos programas de sus mandatos anteriores y que fueron desmantelados por Bolsonaro.

Así, “Más Médicos”, “Mi casa, mi vida” y el “Bolsa Familia” fueron sacados del olvido e implantados otra vez.

Hubo especial énfasis en la cuestión ambiental y en la defensa y protección de comunidades indígenas duramente atacadas por invasores ilegales de sus territorios, siempre bajo el incentivo, cuando no del amparo, del gobierno anterior.

También hubo anuncios importantes relacionados al escenario económico, y se anticiparon otras medidas que se pretende implementar.

Pero al mismo tiempo esos cien días confirmaron que el principal obstáculo y desafío de Lula está en el Congreso, especialmente en la Cámara de Diputados, dominada en partes iguales por conservadores, reaccionarios y parlamentarios cuya obsesión en apoderarse de robustos manojos del presupuesto.

En el Senado el cuadro es más equilibrado en favor del gobierno, pero las dificultades entre diputados son evidentes y palpables.

Lula distribuyó ministerios entre partidos de derecha calculando que con tal iniciativa obtendría el respaldo en el Congreso, especialmente en la Cámara, pero surgen cada día indicios nítidos de que el juego no está definido.

Frente a varios ministerios concedidos a la derecha los directivos de los partidos dicen que se trató de una indicación del presidente y, por lo tanto, no hay compromiso de respaldo a iniciativas del gobierno.

El escenario exige toda la reconocida capacidad negociadora de Lula, pero permanece envuelto en nieblas.

En su pronunciamiento relacionado al periodo el presidente fue enfático. Entre muchas otras cosas dijo que “empezamos por lo necesario, para hacer lo posible y alcanzar sueños que hoy pueden parecer imposibles”.

Un dato importante del periodo: el cambio drástico de la situación de los militares.

Bajo Bolsonaro se hicieron, tanto retirados como muchos de los activos, cómplices del cuadro de degradación generalizada que sofocó al país. También engordaron de manera radical sus ingresos, gracias a prebendas ofrecidas por el gobierno.

Ahora Lula trata de volver a profesionalizar a los uniformados, y muchos responden a denuncias en la Justicia y están bajo riesgo de ser penalizados.

Ver a generales interrogados por la Policía Federal sobre sus vínculos con los golpistas incentivados por Bolsonaro es uno de los impactos de esos cien días. Y saber que están bajo la Justicia civil y no los tribunales militares seguramente es otro."               ( Eric Nepomuceno  , Rebelión, 21/04/2023)

21.4.23

La visita a China del presidente brasileño Lula da Silva ha cristalizado en una geminaçao (hermanamiento)... Los liderazgos de ambos países asumen que no se puede perder más tiempo para ganar profundidad en la transformación estratégica del orden global, dando pasos decididos hacia la multipolaridad... El reto de ambas partes es dar el salto a una relación económica cualitativamente más rica y relevante, con la implicación china en la reindustrialización de la economía brasileña mediante la transferencia de tecnología, teniendo en cuenta al mismo tiempo el medio ambiente y la crisis climática. En el Palacio de Planalto lo denominan “neoindustrialización”, con numerosos sectores prometedores como vehículos eléctricos, tecnología de la información, 5G, energías renovables, aeroespacial, biomedicina y semiconductores... La red 5G respaldada por tecnologías de Huawei ha cubierto la mayor parte de Brasil... en la lucha contra la pobreza, China ha acumulado un enorme conocimiento sobre políticas públicas en este terreno del que los brasileños pueden extraer un valioso aprendizaje... y además, con un acuerdo suscrito para avanzar en la reducción de la dependencia mutua del dólar a través del incremento del uso de las monedas respectivas en el comercio e inversiones bilaterales. Esa decisión política afrontará el duro reto de su implementación efectiva

 "La visita a China del presidente brasileño Lula da Silva ha cristalizado en una geminaçao (hermanamiento) que va a suponer un importante impulso a las relaciones bilaterales, pero también una intensificación de los compromisos y apoyos mutuos para influir en mayor medida en la gobernanza global. Los liderazgos de ambos países asumen que no se puede perder más tiempo para ganar profundidad en la transformación estratégica del orden global, dando pasos decididos hacia la multipolaridad. Ese convencimiento y premura han quedado de manifiesto en la rápida reprogramación de la visita de Lula a Beijing, tras una indisposición que le obligó a posponer la cumbre. Esta fuerte motivación contrasta con la demora aplicada a la visita del secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, aún pendiente tras ser suspendida a consecuencia del incidente del supuesto globo espía.

Relanzamiento bilateral

China y Brasil mantienen una relación que ha crecido vertiginosamente en lo que va de siglo XXI. Si bien durante el mandato de Jair Bolsonaro esta se desgastó, lo cierto es que incluso entonces la fuerte inercia comercial sirvió de amortiguador de las controversias políticas.

La de Brasilia es una de las pocas economías de la región y del mundo que puede presumir de una balanza comercial positiva con China, en virtud, sobre todo, de la importante exportación de soja y minerales.

Brasil llegó a ser, en 1993, el primer país en desarrollo en establecer una asociación estratégica con China, así como el primer país latinoamericano en forjar una asociación estratégica integral en 2012. Hoy es el primer país latinoamericano cuyo comercio con China ha superado los 150.000 millones de dólares (9.000 millones en 2004). La relación con China representó el 26,8% del total de las exportaciones brasileñas en 2022. Para China, Brasil es el mayor socio comercial y el principal destino de inversión en América Latina (...)

El reto de ambas partes es dar el salto a una relación económica cualitativamente más rica y relevante, que se emancipe de la reprimarización y apueste por la elevación de su calidad, con especial foco en las nuevas tecnologías (Lula visitó Huawei en Shanghái) y también en ámbitos clave como las industrias verdes o la protección ambiental. La red 5G respaldada por tecnologías de Huawei ha cubierto la mayor parte de Brasil.

Hay en ese sentido tres variables que destacan de esta visita. Primero, la implicación china en la reindustrialización de la economía brasileña mediante la transferencia de tecnología, teniendo en cuenta al mismo tiempo el medio ambiente y la crisis climática. En el Palacio de Planalto lo denominan “neoindustrialización”. Ningún otro país reúne las condiciones financieras, industriales y tecnológicas de China para cooperar con Brasil en este ámbito. Hay numerosos sectores prometedores como vehículos eléctricos, tecnología de la información, 5G, energías renovables, aeroespacial, biomedicina y semiconductores.

Segundo, un eje social sustentado en la lucha contra la pobreza. Tras salir del Mapa Mundial del Hambre de la ONU en 2014 gracias a las políticas del PT, 33 millones de brasileños volvieron a caer en este lastre en el transcurso del periodo de Bolsonaro. Hoy, cerca de 120 millones sufren algún tipo de inseguridad alimentaria. China ha acumulado un enorme conocimiento sobre políticas públicas en este terreno del que los brasileños pueden extraer un valioso aprendizaje, en particular su programa de alivio selectivo de la pobreza.

 Tercero, el acuerdo suscrito para avanzar en la reducción de la dependencia mutua del dólar a través del incremento del uso de las monedas respectivas en el comercio e inversiones bilaterales. Esa decisión política afrontará el duro reto de su implementación efectiva. El dólar se utiliza en el 84,3% del comercio mundial, según datos recientes publicados por el diario británico Financial Times. Pero la participación del yuan se ha más que duplicado desde la invasión de Ucrania, de menos del 2% al 4,5%, reflejo del mayor uso de la moneda china en el comercio con Rusia.

Por el momento, ha quedado en el aire la adhesión de Brasil a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que podría llegar más temprano que tarde. Actualmente participan en ella 21 países de la región, tras sumarse Argentina en 2022.

Multipolaridad y gobernanza global

La visita de Lula a China (con ocho ministros y más de 200 empresarios) y el entendimiento mostrado con Xi Jinping se han visto reforzados con la asunción de la presidencia del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) de los BRICS por parte de la expresidenta Dilma Rousseff, quien aportará a la institución un liderazgo fuerte y reconocido, lo que sin duda ayudará a multiplicar su potencial. El banco moviliza recursos para proyectos de infraestructura y desarrollo sostenible en los países del grupo BRICS y otras economías emergentes y países en desarrollo. Desde su establecimiento, el NBD ha aprobado 98 proyectos, con una inversión total que asciende a 33.200 millones de dólares. (...)

En Lula, Xi encuentra un interlocutor afín con quien proyectar una cooperación mucho más ambiciosa. Esto puede traducirse en una activa complicidad en los foros multilaterales, de forma que ese entendimiento constructivo le permite abrir otra ventana de cooperación que trasciende el reduccionismo del eje Moscú-Beijing, objeto de la crítica reiterada de los países más desarrollados de Occidente.

Solución política para Ucrania

A propósito de la guerra, se han reafirmado tres certezas: primera, que ni China ni Brasil son parte directa ni se sienten responsables del desencadenamiento de una crisis en la que ambos advierten el ingente peso de los intereses de Estados Unidos y la OTAN; segunda, que solo puede abrirse camino a la paz a través de una solución política; tercera, que la situación no está lo suficientemente madura como para impulsar una negociación.

Reafirmando la neutralidad crítica con Washington, Lula fue muy explícito en la demanda a Estados Unidos para que explore vías para arbitrar una solución pacífica en lugar de echar más leña al fuego. Un llamamiento que puede extenderse igualmente a la UE. Al mismo tiempo, ha invitado a más países a desempeñar un papel constructivo en la promoción de una solución política. Ambas partes decidieron mantenerse en contacto al respecto.

En su desplazamiento a Abu Dabi, Lula dijo que esperaba conformar con China y otros países un “G20 político” para tratar de poner fin a la guerra. Reveló, además, que había discutido la iniciativa con el presidente estadounidense Joe Biden, el canciller alemán Olaf Scholz, el presidente francés Emmanuel Macron y los líderes de los países sudamericanos. (...)

La hiperactiva diplomacia china abarca los cinco continentes. Es claro que Brasil representa una alta prioridad en su agenda. Por su parte, Lula quiere reactivar el papel de Brasil como sujeto geopolítico. Es compartida la apuesta por los BRICS pero también el impulso a la CELAC, Mercosur, Unasur, o la cooperación en el G20. Hay grandes consensos sobre cuestiones regionales (incluido Taiwán) e internacionales.

¿Podrá Brasil soportar la presión que se le avecina y asegurar los diques precisos para que su diplomacia tome las decisiones de forma independiente? (...)"                 (Xulio Ríos  , CTXT, 19/04/2023)

6.2.23

Parece que se está produciendo un cambio fundamental en el panorama político de todo el continente... Lula liderará la creciente marea izquierdista en América Latina hacia un nuevo punto álgido, lo que inevitablemente mejorará el entorno internacional de países de izquierda como Cuba y Venezuela, y aumentará la autonomía de la diplomacia latinoamericana... la crisis de la política estadounidense que puso al descubierto las debilidades de la democracia liberal norteamericana espoleó a los países latinoamericanos a buscar una vía no occidental. Asimismo, la ineficaz e insensible respuesta a Covid-19 puso al descubierto los defectos de la vía capitalista de desarrollo. El Foro de Sao Paulo y el Foro Social Mundial han proporcionado una nueva plataforma... la ola izquierdista pone de relieve el debilitamiento del liderazgo mundial de EE.UU. y la erosión masiva del control de Washington sobre América Latina... La victoria de Lula hará avanzar significativamente el proceso de cooperación latinoamericana para explorar un nuevo orden mundial alternativo

 "Un editorial de The Guardian señalaba recientemente que, dado que América Latina posee el 60% del litio mundial, el oro blanco de las baterías eléctricas, y las mayores reservas de petróleo del mundo (...)

omo escribió en noviembre Jin Chengwei, investigador del Instituto de Historia y Literatura del Partido del Comité Central del Partido Comunista Chino: (...) En la década de 1980, utilizó a América Latina como "campo de pruebas" para promover el neoliberalismo. Ser la alternativa al neoliberalismo fue el motor de la última oleada de izquierdismo en América Latina. Alcanzaron logros significativos en la promoción del proceso de integración en América Latina y en el debilitamiento de la influencia de EE.UU., acumulando experiencia para la resistencia a la hegemonía estadounidense.El fracaso del neoliberalismo y sus consecuencias negativas siguen siendo el motivo fundamental para la formación de la actual ola de izquierdismo."

Sin duda, la crisis de la política estadounidense que puso al descubierto las debilidades de la democracia liberal norteamericana espoleó a los países latinoamericanos a buscar una vía no occidental. Asimismo, la ineficaz e insensible respuesta a Covid-19 puso al descubierto los defectos de la vía capitalista de desarrollo. El Foro de Sao Paulo y el Foro Social Mundial han proporcionado una nueva plataforma. 

 En sus dos mandatos anteriores como presidente, Lula animó a la gente a participar en política, concilió el crecimiento económico con un aumento del gasto social y de la inversión pública en sectores críticos de la economía, introdujo regulaciones para la mano de obra doméstica, proporcionándoles asistencia social y salarios más altos, promovió la justicia social ampliando el empleo y participó proactivamente en la formulación de normas internacionales.

El mayor reto de Lula en la actualidad son las actuales divisiones de la sociedad brasileña entre izquierda y derecha y el enfrentamiento entre distintos campos sociales, aparte de la necesidad de impulsar reformas en un Congreso de mayoría derechista.

Dicho esto, liderará la creciente marea izquierdista en América Latina hacia un nuevo punto álgido, lo que inevitablemente mejorará el entorno internacional de países de izquierda como Cuba y Venezuela y aumentará la autonomía de la diplomacia latinoamericana. Lula escribió en el plan de gobierno:

"Abogamos por trabajar en la construcción de un nuevo orden global comprometido con el multilateralismo, el respeto a la soberanía de las naciones, la paz, la inclusión social y la sostenibilidad ambiental, que tenga en cuenta las necesidades de los países en desarrollo."

Parece que se está produciendo un cambio fundamental en el panorama político de todo el continente.En concreto, el primer movimiento importante de Lula en política exterior -la decisión de asistir a la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Celac en Buenos Aires el 24 de enero junto a los líderes de Cuba, Venezuela y Nicaragua- envía un mensaje a Washington de que va a ser difícil encontrar un punto de apoyo para su estrategia de "diferenciación-desintegración" en América Latina.

Significativamente, el tono de la condena del presidente Biden a los disturbios en Brasilia fue de lo más agresivo. Aquí entran en juego tres factores. En primer lugar, el político que hay en Biden ve que el paralelismo con los "disturbios del Capitolio" del 6 de enero en Estados Unidos le beneficia de cara a las elecciones de 2024. Los disturbios, tanto en Brasil como en Estados Unidos, se remontan a la Conferencia de Acción Política Conservadora, la conferencia política anual a la que asisten los activistas conservadores de todo el mundo y que organiza la Unión Conservadora Americana. Está claro que el hecho de que Lula pueda contener las llamas de la extrema derecha no sólo es crucial para Brasil y América Latina, sino que también puede tener consecuencias para la política estadounidense. 

En segundo lugar, Lula apuntó a los agronegocios como responsables de los disturbios. Según los grupos ecologistas, los responsables de la deforestación y la minería ilegal en la Amazonia estaban detrás de los disturbios, tras el giro de 180 grados dado por Lula a la política medioambiental con el nombramiento de las ministras Marina Silva y Sônia Guajajara, una ecologista de fama mundial y una activista aborigen, respectivamente.

Lula acusó al agronegocio y a las mafias de la minería ilegal de financiar este golpe. El programa climático de Biden y el trágico destino del río Amazonas están unidos por las caderas.

En tercer lugar, se espera que Lula realice viajes oficiales a China y Estados Unidos en sus tres primeros meses de mandato. No cabe duda de que con Lula, el "viejo amigo" de China, la cooperación económica y comercial se intensificará. Los regímenes de izquierda suelen "alejarse" de Estados Unidos y abogan por una diplomacia diversificada y equilibrada.

En realidad, sin embargo, la profundización de las relaciones China-Brasil sigue la tendencia y tiene un fuerte motor interno en la complementariedad entre ambas economías. Los intercambios bilaterales entre China y Brasil nunca han estado demarcados por la ideología. Bajo Bolsonaro, el comercio China-Brasil todavía alcanzó el récord de unos 164.000 millones de dólares en 2021 a pesar de la pandemia.

No obstante, EE.UU. estará preocupado porque Brasil es una potencia internacional y comparte amplios intereses y responsabilidades comunes con China en un momento en que la ola izquierdista pone de relieve el debilitamiento del liderazgo mundial de EE.UU. y la erosión masiva del control de Washington sobre América Latina. (Argentina también ha solicitado el ingreso en los BRICS).

La victoria de Lula hará avanzar significativamente el proceso de cooperación latinoamericana para explorar un nuevo orden mundial alternativo. En este contexto, la mayor esperanza de Biden reside en animar a Lula a seguir una línea diplomática moderada y adoptar una estrategia de equilibrio entre las grandes potencias. Estados Unidos se siente alentado por los dos mandatos anteriores de Lula y su historial de moderado de izquierdas."   
                           

(Indian Punchline, 12/01/23; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

12.1.23

En la zona cero del bolsonarismo en Sao Paulo: “Es un barrio de clase media que se ha creído que Bolsonaro les haría ricos”... Este es un barrio de 'pobres metidos a ricos'...

 "(...) Encajonado entre el río Tieté y la avenida Salim Farah Maluf, una de las arterias principales de Sao Paulo, Tatuapé ostenta el título de haberse convertido en el barrio más bolsonarista de la ciudad después de que en las pasadas elecciones el 59,06% de los votos fuesen a parar al rival del actual presidente, Lula Da Silva.  (...)

En su línea discursiva trumpista, una de las ideas antidemocráticas que alimentó Bolsonaro antes incluso de las elecciones fue la de fraude electoral. En este barrio paulista, pocos suscriben esta teoría, aunque sí se escucha la tesis de que el asalto violento a los tres poderes fue obra de infiltrados de izquierda que buscaban desacreditar a la derecha. “Creo que las elecciones fueron justas, pero sí pienso que el golpe estaba preparado: cuanto peor para nosotros, mejor para ellos”.

Los votantes bolsonaristas en Tatuapé rechazan la violencia del domingo y piden acatar las normas democráticas: Darsi, jubilada que optó por el expresidente porque ella es “una señora de derechas”, dice no estar conforme con “la forma en la que se hicieron las cosas”; o Paulo, gerente de una perfumería que tiene un discurso con los elementos más estridentes del trumpismo brasileño, marca su apoyo a “las manifestaciones, pero no la violencia”. 

En la zona cero del bolsonarismo en Sao Paulo también conviven discursos exaltados como el de Enrique, con una retórica capaz de relacionar China y Venezuela en una frase. Enrique califica el asalto del domingo de “turba del PT [Partido de los Trabajadores]” y, al ser preguntado por si desea la vuelta a una dictadura, contesta con evasivas. “Yo quiero una democracia, pero en la que exista la libertad de expresión”, dice. 

“Creían que Bolsonaro les haría ricos”

Capital económica de uno de los países más desiguales del mundo, en Sao Paulo Lula ganó con el 53,54% de los votos, imponiéndose en 35 de 58 zonas electorales. Los comicios de octubre de 2022 dejaron un mapa marcado: rojo en la periferia, las zonas más desfavorecidas donde además suele vivir la población no blanca; mientras que el electorado de Bolsonaro ocupa el centro y el noreste del plano, polos financieros dotados de mejores infraestructuras y acceso a servicios.  (...)

 Lucila, comercial inmobiliaria de 63 años que lleva varias décadas en el barrio y decidió no votar en las pasadas elecciones. 

“Este es un barrio de 'pobres metidos a ricos', por explicarlo de forma coloquial”, dice Marcel, de 58 años, que ha vivido en el barrio toda su vida y tiene una ferretería. “Esta es una zona de clase media que se ha creído el cuento de que Bolsonaro les haría ricos”, dice, y confiesa que votó a Lula sin ganas para evitar otro mandato de Bolsonaro. 

En la calle muchos no quieren opinar. “Estamos confundidos, no apoyamos ni una cosa ni la otra”, dice sin dejar de caminar una pareja. Dos palabras se repiten en los mensajes tanto de los votantes de Lula como de los abstencionistas: vergüenza y vandalismo. “El día de la elecciones mi madre salió con una camiseta roja y yo me preocupé mucho, la gente está muy nerviosa y nunca sabes qué puede suceder”, dice Catherine, actriz y psicóloga progresista. 

 “Lo que ocurrió fue lamentable para la imagen de Brasil y no tiene que ver con el pueblo sino con luchas de poder”, coinciden Silvia y Joao, que en las elecciones de 2018 votaron a Bolsonaro, pero cambiaron su sentido de voto en las de 2022, decepcionados. “Si el voto fuera secreto quizá no estaría ocurriendo esto. Brasil siempre fue un pueblo unido, de acogida, y ahora estamos perdiendo el tiempo con esto. La política cada vez se parece más al fútbol”, dice otra pareja que pide no ser identificada."               (Marta Maroto, eldiario.es, 11/01/23)

11.1.23

Brasil: advertencia a la navegación democrática... el intento de golpe de estado solo tomó por sorpresa a quienes no quisieron informarse de sus preparativos, ampliamente difundidos en las redes sociales... Fue organizado con más detalle que el asalto al Capitolio, procuró traer a mucha más gente a Brasilia y utilizó varias estrategias para hacer que la seguridad pública democrática sintiese que nada anormal sucedería. Los cabecillas tenían como objetivo ocupar Brasilia con un millón de personas, sembrar el caos y permanecer el tiempo necesario para permitir la intervención militar... se organizó desde diferentes ciudades y en cada una de ellas había líderes identificados con un número de teléfono para poder ser contactados... las Fuerzas Armadas toleraron la instalación de campamentos de manifestantes frente a los cuarteles, un área de seguridad militar, y que permanecieran allí durante dos meses. Fue así como la idea del golpe prosperó. En este caso, el contraste con Estados Unidos es flagrante. Cuando se produjo la invasión del Capitolio, los jefes militares estadounidenses hicieron cuestión de subrayar su defensa de la democracia... si Estados Unidos hubiera dado las habituales señales de aliento a los aspirantes a dictadores, hoy estaríamos frente a un golpe consumado... pero apoyar el bolsonarismo de extrema derecha en Brasil sería dar fuerza a la extrema derecha trumpista estadounidense... la gran mayoría de los que participaron no son fascistas. Solo quieren vivir con dignidad y no creen que esto sea posible en democracia. En cuanto a los financiadores-organizadores, parecen ser sectores del bajo capital industrial, agrario, armamentista y de servicios que se beneficiaron del (des)gobierno bolsonorista

 "Lo que ocurrió en Brasilia el pasado día 8, una semana después de la toma de posesión del presidente Lula da Silva, es un acontecimiento que solo tomó por sorpresa a quienes no quisieron o no pudieron informarse de sus preparativos, ampliamente difundidos en las redes sociales. La ocupación violenta de las sedes del poder legislativo, ejecutivo y judicial y de los espacios aledaños, así como la depredación de los bienes públicos de estos edificios por parte de manifestantes de extrema derecha, constituyen actos de terrorismo planeados y minuciosamente organizados por sus cabecillas. 

Se trata, por tanto, de un acontecimiento que pone en serio peligro la supervivencia de la democracia brasileña y que, por la forma en que sucedió, puede amenazar mañana otras democracias en el continente y en el mundo. Conviene, pues, analizarlo a la luz de su importancia. Las principales características y lecciones son las siguientes:

1. El movimiento de extrema derecha es global y sus acciones a escala nacional se benefician de experiencias antidemocráticas extranjeras y a menudo actúan en alianza con ellas. Es conocida la articulación de la extrema derecha brasileña con la extrema derecha estadounidense. El conocido portavoz de esta última, Steve Bannon, es amigo personal de la familia Bolsonaro y desde 2013 ha sido una figura tutelar de la extrema derecha brasileña. Además de las alianzas, las experiencias de un país sirven de referencia a otro y constituyen un aprendizaje. La invasión de la plaza de los Tres Poderes en Brasilia es una copia "mejorada" de la invasión del Capitolio en Washington el 6 de enero de 2021, pues aprendió de ella y trató de hacerlo mejor.

 Fue organizada con más detalle, procuró traer a mucha más gente a Brasilia y utilizó varias estrategias para hacer que la seguridad pública democrática sintiese que nada anormal sucedería. Los cabecillas tenían como objetivo ocupar Brasilia con al menos un millón de personas, sembrar el caos y permanecer el tiempo necesario para permitir la intervención militar que pusiese fin a las instituciones democráticas.

2. Se pretende hacer creer que se trata de movimientos espontáneos. Por el contrario, están organizados y tienen una profunda capilaridad en la sociedad. En el caso brasileño, la invasión de Brasilia se organizó desde diferentes ciudades y regiones del país y en cada una de ellas había líderes identificados con un número de teléfono para poder ser contactados por los adherentes. La participación podía adoptar muchas formas. Quienes no pudiesen viajar a Brasilia, tenían misiones que cumplir en sus localidades, bloqueando la circulación de combustibles y el abastecimiento de los supermercados. 

El objetivo era crear caos por la carencia de productos esenciales. Algunos recordarán las huelgas de camioneros que precipitaron la caída de Salvador Allende y el fin de la democracia chilena en septiembre de 1973. A su vez, el caos en Brasilia tenía objetivos precisos. Fue asaltada la sala del Gabinete de Seguridad Institucional, ubicada en el sótano del Palacio de Planalto, donde fueron robados documentos confidenciales y armamento de alta tecnología, lo que demuestra que hubo entrenamiento y espionaje. También se encontraron cinco granadas en el Supremo Tribunal Federal y el Congreso Nacional.

3. En los países democráticos, la estrategia de extrema derecha se basa en dos pilares: a) invertir fuertemente en las redes sociales para ganar las elecciones con el objetivo de, si las gana, no usar el poder democráticamente ni dejarlo democráticamente. Así fue con Donald Trump y con Jair Bolsonaro como presidentes. b) En el caso de que no prevea ganar, comenzar a cuestionar desde antes la validez de las elecciones y declarar que no acepta ningún otro resultado que no sea su victoria. El programa mínimo es perder por un pequeño margen para hacer más creíble la idea del fraude electoral. Fue lo que ocurrió en las últimas elecciones en Estados Unidos y en Brasil.

 4. Para tener éxito, este ataque frontal a la democracia necesita contar con el apoyo de aliados estratégicos, tanto nacionales como extranjeros. En el caso de los apoyos nacionales, los aliados son fuerzas antidemocráticas, tanto civiles como militares, instaladas en el aparato de gobierno y de la Administración pública que, por acción u omisión, facilitan las acciones de los rebeldes. En el caso brasileño, es particularmente clamorosa la connivencia, la pasividad e incluso la complicidad de las fuerzas de seguridad del Distrito Federal de Brasilia y de sus dirigentes. (...)

En el caso brasileño, es escandaloso también que las Fuerzas Armadas se hayan mantenido en silencio, sobre todo cuando era conocido el propósito de los organizadores de crear el caos para provocar su intervención. Por otro lado, las Fuerzas Armadas toleraron la instalación de campamentos de manifestantes frente a los cuarteles, un área de seguridad militar, y que permanecieran allí durante dos meses. Fue así como la idea del golpe prosperó en las redes sociales. En este caso, el contraste con Estados Unidos es flagrante. Cuando se produjo la invasión del Capitolio, los jefes militares estadounidenses hicieron cuestión de subrayar su defensa de la democracia.(...)

 Brasil está pagando un precio muy alto por no haber castigado los crímenes y a los criminales de la dictadura militar (1964-1985), teniendo en cuenta que algunos crímenes ni siquiera prescribieron. Esto fue lo que permitió al expresidente Bolsonaro elogiar a la dictadura, rendir homenaje a los militares torturadores y designar militares, algunos fuertemente comprometidos con la dictadura, en importantes cargos de un gobierno civil y democrático. Solo así se explica por qué hoy se habla del peligro de un golpe militar en Brasil, pero no en Chile o en Argentina. Como es sabido, en estos dos países los responsables de los crímenes de la dictadura militar fueron juzgados y penados.

 5. Además de los aliados nacionales, los aliados extranjeros son cruciales. Trágicamente, en el continente latinoamericano, Estados Unidos ha sido tradicionalmente el gran aliado de los dictadores, cuando no directamente el instigador de golpes de Estado contra la democracia. Resulta que, esta vez, Estados Unidos estaba del lado de la democracia y eso hizo toda la diferencia en el caso de Brasil. Estoy convencido de que, si Estados Unidos hubiera dado las habituales señales de aliento a los aspirantes a dictadores, hoy estaríamos frente a un golpe consumado. Desgraciadamente, a la luz de una historia de más de cien años, esta posición estadounidense no se debe a un repentino celo por la defensa internacionalista de la democracia. 

La posición de Estados Unidos estuvo estrictamente determinada por razones internas. Apoyar el bolsonarismo de extrema derecha en Brasil sería dar fuerza a la extrema derecha trumpista estadounidense, que sigue creyendo que la elección de Joe Biden fue el resultado de un fraude electoral y que Donald Trump será el próximo presidente de Estados Unidos. De hecho, preveo que mantener una extrema derecha fuerte en Brasil será importante para los propósitos de la extrema derecha estadounidense en las elecciones de 2024. Es de esperar que la intención sea crear una situación de ingobernabilidad que dificulte al máximo la actuación del presidente Lula da Silva en los próximos años. Para que esto no suceda, es necesario que los golpistas y depredadores sean severamente castigados. Y no solo ellos, sino también sus mandantes y financistas.

 6. Para garantizar la sostenibilidad de la extrema derecha es necesario tener una base social, disponer de financiadores-organizadores y de una ideología lo suficientemente fuerte como para crear una realidad paralela. En el caso de Brasil, la base social es amplia, dado el carácter excluyente de la democracia brasileña, que hace que amplios sectores de la sociedad se sientan abandonados por los políticos democráticos. Brasil es una sociedad con gran desigualdad socioeconómica, agravada por la discriminación racial y sexual. 

El sistema democrático potencia todo esto hasta el punto de que el Congreso brasileño es más una caricatura cruel que una representación fiel del pueblo brasileño. Si no es objeto de una profunda reforma política, eventualmente será completamente disfuncional. En estas condiciones, existe un amplio campo de reclutamiento para las movilizaciones de extrema derecha. Obviamente, la gran mayoría de los que participan en ellas no son fascistas. Solo quieren vivir con dignidad y no creen que esto sea posible en democracia. En cuanto a los financiadores-organizadores, parecen ser, en el caso de Brasil, sectores del bajo capital industrial, agrario, armamentista y de servicios que se beneficiaron del (des)gobierno bolsonorista o con cuya ideología se identifican más.

En lo que se refiere a la ideología, parece asentarse sobre tres pilares principales. En primer lugar, el reciclaje de la vieja ideología fascista, es decir, la lectura reaccionaria de los valores de Dios, Patria y Familia, a los que ahora se suma la Libertad. Se trata sobre todo de defender incondicionalmente la propiedad privada para así, con eso: a) poder invadir y ocupar la propiedad pública o comunitaria (territorios indígenas); b) defender efectivamente la propiedad, lo que implica armar a las clases propietarias; c) tener legitimidad para rechazar cualquier política ambiental; y, d) rechazar los derechos reproductivos y sexuales, en particular el derecho al aborto y los derechos de la población LGBTIQ+. En segundo lugar, la ideología implica la necesidad de crear enemigos a destruir. Los enemigos tienen varias escalas, pero la más global (y abstracta) es el comunismo. 

Cuarenta años después de que, al menos en el hemisferio Occidental, han desaparecido los regímenes y partidos que defienden la implantación de sociedades comunistas, este sigue siendo el fantasma contradictoriamente más abstracto y más real. Para entender esto es necesario tener en cuenta el tercer pilar de la ideología de extrema derecha: la creación incesante y capilar en el tejido social de una realidad paralela, inmune a la confrontación con la realidad real, llevada a cabo por las redes sociales y por las religiones reaccionarias (iglesias evangélicas neopentecostales y católicas antipapa Francisco) que vinculan fácilmente el comunismo y el aborto y así infunden un miedo abisal en poblaciones indefensas, todo ello facilitado por el hecho de que hace tiempo que estas perdieron la esperanza de tener una vida digna.

 El intento de golpe de Estado en Brasil es un aviso a la navegación. Los demócratas brasileños, latinoamericanos, estadounidenses y, en última instancia, de todo el mundo deben tomar esta advertencia muy en serio. Si no lo hacen, mañana los fascistas no se limitarán a tocar la puerta. Seguramente irrumpirán sin ceremonia para entrar."                                   ( Boaventura de Sousa Santos , Público, 10/01/23)