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1.9.26

Diego Fusaro: Islandia vota No en el referéndum sobre su permanencia en la UE... Más del 50 % de los votantes se ha pronunciado en contra de la posibilidad de formar parte de esa estructura tecnocrática, deprimente y represiva a la que se denomina, de forma pomposa y traicionera, Unión Europea, si se tiene en cuenta que la Unión Europea ha hecho que los pueblos y las naciones europeas estén más divididos y sean más conflictivos que nunca, en nombre de la competitividad, que puede entenderse legítimamente como el teorema fundacional del neoliberalismo... Se registraron resultados similares a los actuales en Islandia en Suiza en 1992, en Noruega en 1994, en Dinamarca en 2000 y en otros muchos casos. O incluso, como en el caso de Gran Bretaña en 2016, votan a favor de salir de la jaula de Bruselas... La moraleja es evidente y está a la vista de todos. Cuando se les pregunta, los pueblos europeos siempre dicen «no» al entramado tecnocrático de Bruselas, pues saben muy bien que va en contra de sus intereses y que, en esencia, supone una pérdida de derechos sociales y un empobrecimiento... no hay que olvidar las palabras del canciller alemán Helmut Kohl, quien admitió haber actuado «como un dictador» al imponer el euro y el Tratado de Maastricht, justificando esa decisión por el hecho de que un referéndum popular nunca habría dado un resultado positivo

"Ya es oficial: Islandia también ha dicho «no» a la adhesión a la Unión Europea mediante un referéndum. Más del 50 % de los votantes se ha pronunciado en contra de la posibilidad de formar parte de esa estructura tecnocrática, deprimente y represiva a la que se denomina, de forma pomposa y traicionera, Unión Europea: un nombre que promete lo contrario de lo que hace realidad, si se tiene en cuenta que la Unión Europea ha hecho que los pueblos y las naciones europeas estén más divididos y sean más conflictivos que nunca, en nombre de la competitividad y de ese «mors tua, vita mea» que puede entenderse legítimamente como el teorema fundacional del neoliberalismo. 

Como he repetido infinitas veces, la Unión Europea no es más que la reorganización verticalista del sistema capitalista tras la fecha trascendental de 1989. Una revolución pasiva, diría Gramsci, con la que los grupos dirigentes han reforzado el vínculo de poder en detrimento de los pueblos, los trabajadores y las clases medias. Casi siempre se evoca de forma inapropiada la idea de Europa para justificar la Unión Europea, que no es más que la perversión más flagrante de esa idea: la noble idea de Europa de Kant o de Husserl está tan lejos de la jaula de acero de los euromaníacos de Bruselas como lo está Marte de Plutón.

 Se registraron resultados similares a los actuales en Islandia en Suiza en 1992, en Noruega en 1994, en Dinamarca en 2000 y en otros muchos casos. La moraleja es evidente y está a la vista de todos. Cuando se les pregunta, los pueblos europeos siempre dicen «no» al entramado tecnocrático de Bruselas, pues saben muy bien que va en contra de sus intereses y que, en esencia, supone una pérdida de derechos sociales y un empobrecimiento. 

A este respecto, no hay que olvidar las palabras del canciller alemán Helmut Kohl, quien admitió haber actuado «como un dictador» al imponer el euro y el Tratado de Maastricht, justificando esa decisión por el hecho de que un referéndum popular nunca habría dado un resultado positivo. La afirmación del canciller alemán parece confirmarse a escala europea, si se tiene en cuenta, como ya se ha recordado, que los pueblos europeos expresan puntualmente su desacuerdo con la entrada en el templo vacío de la Unión Europea. O incluso, como en el caso de Gran Bretaña en 2016, votan a favor de salir de la jaula de Bruselas." 

 (Diego Fusaro, blog, 31/08/26, traducción Deepl) 

4.8.26

"Las secuelas de la crisis fronteriza de Ceuta de la semana pasada no tiene precedentes en la Unión Europea, a juzgar por el juego de culpas que estalla en el continente" (bloomberg)... La reacción de gran parte de Europa ante lo ocurrido en Ceuta fue, en efecto, bastante decepcionante, lo que sugiere que hay poca solidaridad en la UE. Con tensiones y presiones comerciales que probablemente se intensifiquen, esto no augura nada bueno para la UE... Funcionarios de la UE han expresado una gran frustración por lo que percibían como una casi alegre falta de cooperación española en cuestiones de comercio e industrialización, por no hablar de las militares... les recuerdo que la respuesta de países como Alemania a la crisis de 2008-09 en Europa tampoco dejó una impresión especialmente buena en países como España... no hay escasez de agravios que los miembros de la UE pueden usar para justificar sus propios rechazos particulares a la solidaridad de la UE... pero en un sistema comercial global cada vez más polarizado, no será bueno para los miembros de la UE pertenecer a la única gran economía que es incapaz de tomar medidas similares (Michael Pettis)

Michael Pettis @michaelxpettis

1/6 Bloomberg: "Las secuelas de la crisis fronteriza de Ceuta de la semana pasada también pueden no tener precedentes, a juzgar por el juego de culpas que estalla en un continente donde los partidos de extrema derecha están en auge y varios países clave están entrando en temporada electoral."
@LionelRALaurent

 2/6 La reacción de gran parte de Europa ante lo ocurrido en Ceuta fue, en efecto, bastante decepcionante, lo que sugiere que, pese a todo el discurso, hay poca solidaridad en la UE. En un mundo en el que las tensiones y presiones comerciales probablemente se intensifiquen, esto no augura nada bueno para la UE.

 3/6 Quizás no sea exactamente una sorpresa. Los funcionarios de la UE con los que he hablado en el último año han expresado una gran frustración por lo que percibían como una casi alegre falta de cooperación española en cuestiones de comercio e industrialización, por no hablar de las militares...

 4/6 problemas, aunque a veces les recuerdo que la respuesta de países como Alemania a la crisis de 2008-09 en Europa –especialmente dada su responsabilidad en la creación de los desequilibrios que llevaron a la crisis– tampoco dejó una impresión especialmente buena en países como España.

 5/6 El punto es que no hay escasez de agravios que los miembros de la UE pueden usar para justificar sus propios rechazos particulares a la solidaridad de la UE, pero en un sistema comercial global cada vez más polarizado, y uno en el que EE. UU., China, Japón, India y el Reino Unido son capaces de – y...

 6/6 casi con seguridad lo hará – tomar los pasos necesarios para desviar los costos de lo que probablemente será una reestructuración difícil de la economía global, no será bueno para los miembros de la UE pertenecer a la única gran economía que es incapaz de tomar medidas similares.

De bloomberg.com

 (traducción google)

9:40 a. m. · 4 ago. 2026 ·7.069 Visualizaciones

3.7.26

El Brexit ha sido un absoluto fracaso... no sólo ha hundido su economía sino que, encima, ha disparado la inmigración no europea, algo que justamente querían evitar con la salida de la UE... su inmigración europea comenzó a aumentar especialmente desde 2004 con la ampliación de la UE hacia el este (Polonia, Hungría, Estonia)... Esos flujos migratorios fueron positivos para la economía: redujeron el desempleo al mismo tiempo que los salarios (de los nativos y de los extranjeros) subían. Hasta que llegó la crisis del año 2008 y las consecuentes políticas de austeridad, que lo jodieron todo... Los británicos perdieron calidad de vida a ritmos desenfrenados, pero en vez de culpar a la crisis financiera y a la austeridad, la ultraderecha los convenció de que la culpa la tenía la Unión Europea y la inmigración permitida por la misma... El rápido aumento de la ultraderecha en las encuestas forzó a la derecha conservadora a celebrar el referéndum del Brexit en 2016, que ganó por la mínima... El cambio fue inmediato: la inmigración europea se hundió, pero la inmigración no europea se disparó hasta niveles récord, porque se relajaron las condiciones de inmigración para los no europeos (para compensar)... el nuevo sistema de inmigración obligaba a las empresas que querían contratar extranjeros a pagar ellas mismas los costes del visado, y a que los salarios no fueran bajos. Los sectores más fuertes (logística) pudieron, otros (hostelería) no... El resultado ha sido una economía dual: los sectores económicos que necesitan mano de obra cualificada y que tienen músculo financiero han podido contratar extranjeros (no europeos), pero los que necesitan mano de obra menos cualificada y sin músculo no han podido... Obviamente esto ha supuesto un duro varapalo para la economía británica: el PIB se encuentra totalmente estancado desde 2020. Sólo Irlanda del Norte se salva porque tiene un sistema de inmigración especial (Eduardo Garzón)

Eduardo Garzón ‪@edugaresp.bsky.social‬

Ya han pasado 10 años desde que se votó el Brexit y podemos concluir sin tapujos que ha sido un absoluto fracaso: no sólo ha hundido su economía sino que, encima, ha disparado la inmigración no europea, algo que justamente querían evitar con la salida de la UE. 

 Reino Unido siempre había tenido inmigración no europea (por la Commonwealth), pero su inmigración europea comenzó a aumentar cuando se aprobó el Tratado de Maastricht en 1992, y especialmente desde 2004 con la ampliación de la UE hacia el este (Polonia, Hungría, Estonia...)

 Esos flujos migratorios fueron positivos para la economía: redujeron el desempleo al mismo tiempo que los salarios (de los nativos y de los extranjeros) subían. Hasta que llegó la crisis del año 2008 y las consecuentes políticas de austeridad, que lo jodieron todo.

 Los británicos perdieron calidad de vida a ritmos desenfrenados, pero en vez de culpar a la crisis financiera y a la austeridad, la ultraderecha liderada por Nigel Farage los convenció de que la culpa la tenía la Unión Europea y la inmigración permitida por la misma.

 El rápido aumento de la ultraderecha en las encuestas de intención de voto, así como varias victorias en elecciones europeas, forzaron a la derecha conservadora a celebrar el referéndum del Brexit en 2016, que ganó por la mínima (51,9%).

 El Brexit se materializó en enero de 2020 y el nuevo sistema de inmigración en enero de 2021, con pandemia del Covid-19 mediante. El cambio fue inmediato: la inmigración europea se hundió hasta volverse negativa, pero la inmigración no europea se disparó hasta niveles récord.

 Esto es así porque la libre circulación de europeos terminó con el Brexit, haciéndose más difícil, al mismo tiempo que se relajaron las condiciones de inmigración para los no europeos (para compensar). Antes había dos sistemas de migración y con el Brexit pasó a estar unificado.

 Pero a pesar de esta enorme entrada de extranjeros no europeos, en Reino Unido se dispararon las vacantes de trabajo: muchos empleadores no encontraban personas dispuestas a trabajar en sus empresas. Especialmente, los que antes contrataban a europeos. Muchos echaron el cierre.

 Esto se explica porque el nuevo sistema de inmigración unificado obligaba a las empresas que querían contratar extranjeros a pagar ellas mismas los costes del visado, y a que los salarios no fueran bajos. Los sectores más fuertes (logística) pudieron, otros (hostelería) no.

 El resultado ha sido una economía dual: los sectores económicos que necesitan mano de obra cualificada y que tienen músculo financiero han podido contratar extranjeros (no europeos), pero los que necesitan mano de obra menos cualificada y sin músculo no han podido.

 Obviamente esto ha supuesto un duro varapalo para la economía británica: el PIB se encuentra totalmente estancado desde 2020, muy por debajo del rendimiento de resto de economías. Sólo Irlanda del Norte se salva porque tiene un sistema de inmigración especial

9:57 · 3 jul 2026 9 republicaciones2 citas26 me gusta 1 guardado

1.7.26

En la Unión Europea describir la realidad está considerado “traición”. Decir que la invasión de Ucrania fue una violación del derecho internacional y que, al mismo tiempo, fue una acción preventiva, porque la Otan sí estaba en Ucrania desde 2014, pues eso te convierte en “partidario de Putin”... Esta especie de macartismo se percibe aquí en España, pero en Alemania, el país central de la UE, adquiere cotas demenciales; la gente pierde su trabajo en la Universidad o en los medios de comunicación, por ello. Uno puede ser “sancionado” por la UE en Bruselas y convertido en un indigente sin acceso a su propia cuenta bancaria, o sin posibilidad de viajar, como le ha pasado al Coronel suizo Jacques Baud y algunos otros. ¿Por qué están llegando a estos extremos? Porque se ve en la UE como muy peligroso para la unidad y estabilidad de la UE. Y lo es... los intereses de seguridad de bálticos y mediterráneos, son diversos y muy diferentes... El no declarado programa de los “3 E” (Merz, Macron y Starmer) puede resumirse en el lema: “a la cohesión por la guerra”... El resultado es que en lugar de entablar un diálogo con Rusia y China, sin el cual la UE nunca será estratégicamente autónoma, la Europa “3 E” apuesta por nuevas sanciones y aún más presión. Su gran batalla es implicar a Estados Unidos en la guerra contra Rusia. Su papel hacia Rusia en este momento es el mismo que el de Israel hacia Irán: implicar como sea a Trump para su guerra. La UE e Israel son los dos principales pirómanos del momento. Así que el resultado es que el martes la UE recibió en Bruselas a una delegación de los talibanes: antes negociar con los talibanes que con Rusia (Rafael Poch)

"(...) A la unidad por la guerra

En la Unión Europea describir la realidad está considerado “traición”. Decir que la invasión de Ucrania fue una violación del derecho internacional y que, al mismo tiempo, fue una acción preventiva, porque aunque Ucrania no estaba en la Otan en 2022, la Otan sí estaba en Ucrania desde 2014, desde el mismo momento del cambio de régimen ( y eso lo conocemos en detalle por informes de la prensa de Estados Unidos), pues eso te convierte en “partidario de Putin”… Esta especie de macartismo se percibe aquí en España, pero en Alemania, el país central de la UE, adquiere cotas demenciales; la gente pierde su trabajo en la Universidad o en los medios de comunicación, por ello. Uno puede ser “sancionado” por la UE en Bruselas y convertido en un indigente sin acceso a su propia cuenta bancaria, o sin posibilidad de viajar, como le ha pasado al Coronel suizo Jacques Baud y algunos otros. ¿Por qué están llegando a estos extremos?     

Una explicación es la de que cualquier intento de negociar diplomáticamente con los rusos es visto en la UE como muy peligroso para la unidad y estabilidad de la UE. Y lo es:

Los intereses de seguridad de bálticos y mediterráneos, por ejemplo, son diversos y muy diferentes. En Bruselas hay un manifiesto desbarajuste. El presidente del Consejo, Antonio Costa, quiere establecer un canal diplomático con Moscú, pero el canciller Friedrich Merz se opone. Francia también tiene sus reservas. Hace tiempo que Macron envió un emisario al Kremlin sin proponer nada realista y serio. Los países bálticos, por su parte, no quieren mantener ningún tipo de conversaciones con Putin. Polonia rechaza el formato E3 constituido por Merz, Macron y Starmer -aunque éste ya haya saltado y vaya a ser relevado por otro igual. Lo importante es comprender esa “E”. No es “Europa 3”. Es “3 Energúmenos”. El no declarado programa de los “3 E” puede resumirse en el lema: “a la cohesión por la guerra”.

El resultado es que en lugar de entablar un diálogo con Rusia y China, sin el cual la UE nunca será estratégicamente autónoma, la Europa “3 E” apuesta por nuevas sanciones y aún más presión. Su gran batalla es implicar a Estados Unidos en la guerra contra Rusia. Su papel hacia Rusia en este momento es el mismo que el de Israel hacia Irán: implicar como sea a Trump para su guerra. La UE e Israel son los dos principales pirómanos del momento. Así que el resultado es que el martes la UE recibió en Bruselas a una delegación de los talibanes: antes negociar con los talibanes que con Rusia." 

  (

28.6.26

Giorgio Agamben: ¿Cómo explicar —o simplemente intentar comprender— lo que está sucediendo en Estados Unidos? ¿Cómo dar cuenta del hecho —aparentemente realmente inexplicable— de que la nación que hasta ayer dominaba el mundo haya estado y siga estando gobernada durante la última década por un presidente técnicamente demente? Cuando un país alcanza la etapa final de la ruina espiritual, ya no es posible tomar ninguna decisión racional que intente hacerle frente. Solo cabe precipitar por todos los medios el colapso ya inevitable, y la demencia —real o simulada— es sin duda el instrumento de gobierno más adecuado para tal fin... Como fiel súbdita de Estados Unidos, también Europa se está autodestruyendo y, al igual que este, parece precipitarse hacia la demencia

 " El gobierno de la demencia

¿Cómo explicar —o simplemente intentar comprender— lo que está sucediendo en Estados Unidos? ¿Cómo dar cuenta del hecho —aparentemente realmente inexplicable— de que la nación que hasta ayer dominaba el mundo haya estado y siga estando gobernada durante la última década por un presidente técnicamente demente? Quizá la única respuesta posible sea que Estados Unidos se encuentra en una situación histórica a la que solo la demencia da respuesta. 

Cuando un país alcanza la etapa final de la ruina espiritual, ya no es posible tomar ninguna decisión racional que intente hacerle frente. Solo cabe precipitar por todos los medios el colapso ya inevitable, y la demencia —real o simulada— es sin duda el instrumento de gobierno más adecuado para tal fin.

Como fiel súbdita de Estados Unidos, también Europa se está autodestruyendo y, al igual que este, parece precipitarse hacia la demencia. Si algunos Estados europeos lograrán detenerse al borde del abismo o si se hundirán en él junto con ese organismo desastroso e ilegítimo llamado Comunidad Europea es lo que los próximos años nos permitirán ver."

(Giorgio Agamben, blog, 15/06/26, traducción DEEPL)

23.6.26

Los dos últimos viajes de Sánchez a China han tenido como contrapartida varios proyectos de fábricas de automóviles chinos en España... pero ahora vienen tiempos más complicados para la relación con China. La balanza comercial Unión Europea-China se está desequilibrando mucho en favor de los chinos... Habrá una reacción adversa de la UE ante la invasión de productos chinos. Habrá tensiones y esa tensión repercutirá en España... Creo que el próximo Gobierno español, sea cual sea su composición, recibirá fuertes presiones para corregir la actual política de aproximación a China. Creo que ese será uno de los ejes fundamentales de la política exterior. Sin el tema China creo que no se acaban de entender algunas cosas que están pasando actualmente en España. Cuando hay una Guerra Fría, y estamos en una Guerra Fría, acercarse al otro lado tiene sus riesgos. ¿Era consciente José Luis Rodríguez Zapatero de los riesgos que corría acercándose al otro lado en Venezuela y China? (Enric Juliana)... Washington planteó que, para la batalla en el Pacífico, necesitaba recuperar su esfera de influencia. Lo que vemos en Latinoamérica es una sucesión de gobiernos de derecha o de extrema derecha. En esa esfera de influencia, una de las exigencias de Estados Unidos es el alejamiento de China, no solo de Latinoamérica, sino también de Europa... El problema es que China es una potencia inversora. Estados Unidos está exigiendo que las inversiones vayan a parar a su territorio, y buena parte del capital se dirige a la esfera financiera estadounidense en lugar de a la esfera europea para producir inversión. En la brecha entre una gran potencia que exige y otra que ofrece, aunque sea con condiciones discutibles, muchos países se acercan a la potencia que ofrece. Esa ha sido la esencia del desarrollo chino fuera de sus fronteras (Esteban Hernández)

 "El adjunto al director de 'La Vanguardia', Enric Juliana, y el periodista en 'El Confidencial' y ensayista Esteban Hernández, autores del libro 'Viaje a un Nuevo Mundo', analizan la posición internacional de España en un mundo atravesado por China, Trump, Alemania y la crisis de la socialdemocracia. "El problema es que a veces, teniendo razón, te pueden descalabrar", advierte Juliana sobre la política exterior de Pedro Sánchez y sus costes posibles.

Hay libros que ayudan a entender un momento, y otros que obligan a ordenar el desorden. Viaje a un Nuevo Mundo, de Enric Juliana y Esteban Hernández, publicado por el excelente sello Arpa –una editorial que se ha vuelto imprescindible hoy en día para el ensayo, el pensamiento crítico y el debate político–, pertenece más bien a esta segunda categoría. Durante mi conversación en Madrid, el adjunto al director de La Vanguardia y el periodista y ensayista de El Confidencial acaban haciendo una cartografía de ese cambio de época: Juliana y Hernández van de la política exterior de Pedro Sánchez a la presión de China, de la crisis alemana a Marruecos, y de la recomposición de la derecha europea al agotamiento de la socialdemocracia. "En el orden internacional se han roto muchos conceptos", advierte Juliana, antes de situar la política exterior española dentro de una tensión más amplia entre la política interna y el nuevo equilibrio global.

El diálogo gira también sobre Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo, Vox y el papel que puede jugar España en una Europa cada vez menos cohesionada. Hernández recuerda que "la política exterior ofrece pocos réditos en la política interna", mientras Juliana alerta de que el próximo Gobierno español se enfrentará a la política que viene: "Europa pedirá a Feijóo no incendiar Catalunya y que una fórmula portuguesa —un PP en minoría sostenido de algún modo por PSOE, PNV o sectores catalanes— podría aparecer si el PSOE queda muy debilitado". Hernández, en cambio, ve una derecha europea cada vez más convergente en inmigración, atlantismo, austeridad, defensa y energía, y cree que PP y Vox podrían encajar en ese marco. En el fondo, ambos describen un escenario en el que España ya no puede pensar su política nacional al margen del mundo: "la geopolítica no puede aislarse de la política nacional", resume Hernández.
 
  ¿Qué imagen internacional creen que tiene hoy España?

Enric Juliana (E. J.): En una reciente portada del dominical de The Guardian aparecían varios primeros ministros europeos flotando con salvavidas en el mar. España llama la atención en algunas cosas, pero no está en un foco muy permanente. Quizá en Italia, donde la izquierda reivindica a Pedro Sánchez, Meloni ha buceado en el interior de la política española para poder crear un discurso alternativo al del presidente del Gobierno español. En Francia he visto en fechas recientes algunos artículos en la prensa conservadora que dicen que España no es lo que parece y que también tiene sus problemas.

Este ensayo de política exterior semiautónoma que se está haciendo llama un poco la atención y, a la vez que llama la atención, preocupa a algunas instancias. Pensemos, por ejemplo, en la cuestión de China. Evidentemente, los alemanes no están tranquilos con esto. Y no sé si los franceses tampoco.

Esteban Hernández (E. H.): La valoración de la acción exterior española variará a medida que cambie Europa. Conforme la política europea adopte otra configuración, la posición española quedará más fuera de juego o más integrada, sobre todo porque el Gobierno español ha basado buena parte de su acción exterior en la buena relación con la Comisión.
"Conforme la política europea adopte otra configuración, la posición española quedará más fuera de juego o más integrada"
Esteban Hernández - Periodista y ensayista
También hay un papel simbólico en el plano internacional, cuya valoración depende del entorno en el que se reciba. Para los progresistas latinoamericanos, es una baza interesante; para la derecha latinoamericana, un problema que hay que superar. En todo caso, refleja tendencias de la esfera occidental que ya están presentes en España.

En tiempos de agitación, una postura interesante en un momento puede volverse complicada en otro y volver a adquirir interés más adelante. Existe, además, una tensión político-ideológica significativa orientada a restar espacio a los partidos socioliberales dentro y fuera de Europa. Es muy difícil que Sánchez se sustraiga a esa tendencia.

¿Están los dos grandes partidos políticos de España más lejos que nunca en cuanto a elementos fundamentales de la política exterior?

E. J.: En el orden internacional se han roto muchos conceptos. Lo que ha pasado en España no es ajeno a lo que está ocurriendo en la escena internacional. Si hace un año nos explican que Estados Unidos lanza una guerra y al cabo de tres meses la tiene que cerrar deprisa porque se le cae el andamiaje de las elecciones de noviembre, no nos lo creemos. Y unos que tenían que desaparecer de la faz de la tierra ahora están celebrando la victoria. Nos sentimos confusos en la asimilación de lo que está pasando.

En lo que se refiere a la política exterior española, pienso que hay un viejo principio, que citan mucho los diplomáticos, según el cual no puede haber una política exterior sólida si no hay solidez en la política interna. La política interna determina la política exterior y viceversa: si la política exterior tiene fuerza, refleja la política interior.

Pedro Sánchez ha querido jugar un papel de capitán de lo que queda de la socialdemocracia e intenta maximizar este capital político en la escena internacional sin acabar de traspasar las líneas peligrosas, pero forzando. Jugar al límite sin traspasar la línea.

E. H.: A partir de 2004 se produce una ruptura muy significativa en la política exterior española, que se corresponde con la ruptura interna. El giro hacia Estados Unidos y hacia Bush que había tejido Aznar queda interrumpido con la llegada de Zapatero al poder, y España vuelve a resituarse en el eje europeo franco-alemán. Esto perdura en la memoria de muchas instituciones, mientras se quiebra también la política interna.

Desde entonces, ya no ha sido igual. Llega la crisis, aparecen nuevos partidos, se acumula toda la agitación y resulta muy difícil construir una mirada hacia fuera, porque casi todos los partidos han mirado hacia dentro, hacia la conservación del poder nacional. Esa ha sido la prioridad fundamental hasta que Sánchez ha intentado jugar un papel autónomo de España, también en el ámbito ideológico y fuera de nuestras fronteras, como capitán de la socialdemocracia.

Pero llevamos ya más de veinte años de ruptura. Este momento, además, es especial porque la fractura ya no se da únicamente entre partidos. No solo se ha roto el consenso entre partidos, que ya era bastante inestable antes, sino que hay movimientos de fondo en el plano internacional, como vemos en Europa. Hay un desplazamiento significativo que está dejando poco espacio a los socialdemócratas. A ello se suma un deterioro institucional y político muy relevante en Occidente y también en España: el alejamiento de la ciudadanía respecto de la política, el descontento y, por tanto, la posibilidad de que surjan movimientos perturbadores frente a los consensos establecidos. Durante un tiempo tuvimos una ruptura más o menos controlada, con la aparición de nuevos partidos y consensos débiles; ahora aparece también la amenaza de la inestabilidad inherente a sociedades descontentas.
"Pedro Sánchez ha querido jugar un papel de capitán de lo que queda de la socialdemocracia"
Enric Juliana - Periodista
E. J.: Esta política autónoma, semiautónoma, presenta riesgos objetivos. Y yo la pregunta que me hago a la luz de los acontecimientos actuales es: ¿ha hecho el presidente una evaluación realista y de riesgos del mundo? Será uno de los elementos que se deberá tener en el balance del mandato. Es algo fundamental en todos los ámbitos, en la vida de las personas, de las organizaciones y de las instancias de todo tipo. 


En este sentido, ¿cuáles son los costes que están por llegar?

E. H.: Comenzaría refutando la idea de que Sánchez sigue una política plenamente autónoma. Está vinculado a corrientes políticas e ideológicas estadounidenses, aunque son las corrientes perdedoras. Hemos visto su relación con Soros y con distintas figuras del ámbito demócrata estadounidense, un espacio que ahora podría tener alguna opción de resurgir por la debilidad interna de Trump.

Sánchez no ha hecho una política en el vacío. Su orientación coincide con la de buena parte de los demócratas estadounidenses, especialmente los situados alrededor de Kamala Harris y Biden. Por tanto, las consecuencias dependerán también de los cambios en el orden estadounidense y europeo durante los próximos años. Resulta muy difícil que Estados Unidos cambie de dirección, incluso si los demócratas vuelven al Gobierno. Las transformaciones ya están en marcha y la historia reciente muestra que, cuando se consolidan, es difícil revertirlas.
"[Sánchez] está vinculado a corrientes políticas e ideológicas estadounidenses, aunque son las corrientes perdedoras"
Esteban Hernández
Sánchez, además, no está solo. Según el nivel de apoyos que tenga, las consecuencias serán unas u otras. Ese es un primer factor. El segundo es qué tipo de política harán PP y Vox si llegan al poder. Damos por descontado que ambos girarían las posiciones internacionales, y eso también tendría consecuencias para España. Si ese giro implica una integración fuerte en la tendencia dominante, esas consecuencias pueden ser mucho menos agresivas. Es un escenario muy abierto.

E. J.: Hay un aspecto concreto, pero me parece significativo de estos días. Posiblemente, cuando aparezca publicada la entrevista, solo faltará el voto en el Senado –ya se habrá votado favorablemente en el Congreso– para la ratificación del Tratado de Amistad con Francia, firmado en enero de 2023. Han pasado tres años y no ha sido ratificado por España todavía. Francia lo hizo, no sin alguna discusión parlamentaria, y en España queda rechazado porque quería incluir como novedad simbólica la posibilidad de que los ministros de ambos países puedan participar periódicamente en reuniones de los consejos de ministros del otro país.

Vox clava la bandera soberana y el PP se mueve en esa dirección. Puigdemont le quiso hacer pagar a Sánchez aquello: Sánchez quiso firmar el tratado en Barcelona y en la montaña de Montjuïc. De manera simbólica, le decía a Macron: "tengo a Barcelona a mis pies, el independentismo ha sido derrotado". Ahora imaginémonos si esto sigue bloqueado. En tal caso, se abre casi un conflicto diplomático con Francia, que es uno de nuestros principales aliados.

¿Marruecos podría ser una de las próximas consecuencias de la política autónoma o semiautónoma? Esta pregunta me la suscita la entrevista en ABC al líder del Frente Polisario.

E. J.: Permítame una ironía: creo que el líder del Frente Polisario, hace un año, ni en sueños podía imaginar que sería entrevistado por un diario como ABC. Y eso también nos da una medida de cómo están las cosas. No sé hasta qué punto Marruecos está hoy interesado en la caída abrupta de Sánchez, sinceramente. Por un motivo: porque yo creo que el Partido Popular, incluso Vox, pero sobre todo el Partido Popular, mantendrá básicamente inalterada la política relacionada con Marruecos.
"El líder del Frente Polisario, hace un año, ni en sueños podía imaginar que sería entrevistado por un diario como 'ABC'"
Enric Juliana
Es verdad que cuando te has puesto el vestido de torero frente a Rabat, pues algún pase de torero tendrías que hacer, ¿no? Marruecos es un país que está creciendo, que está adquiriendo fuerza, que tiene un aparato estatal que funciona y que sabe procesar la información; tiene mucha información. La pregunta para mí es si hoy el Gobierno de Marruecos quiere al PSOE destruido.
 
  ¿Ven una vinculación clara entre estar haciendo una política semiautónoma o autónoma y el hecho de que quien la hace considera que esto puede tener un rédito electoral para él?

E. H.: En general, la política exterior ofrece pocos réditos en la política interna. Lo relevante aquí es hasta qué punto Sánchez logra plantear estas elecciones como algo existencial, incluso para la izquierda y no solo para él. También importa en qué condiciones llega a esos comicios para defender esa postura. Si llega con la expectativa de que es posible repetir gobierno, los resultados serán unos. Si llega en un escenario en el que la derrota ya se da por descontada, el golpe puede ser revelador. Desde ese punto de vista, salvo que consiga elevar el debate a un plano existencial, una política exterior autónoma no le dará rédito interno, o le dará muy poco.

E. J.: En la Unión Europea hoy cada país tiene más prioridad nacional. El propio concepto de política autónoma es equívoco, porque viene a dar por supuesto que todos los demás están disciplinados alrededor de una única línea, y hoy en Europa vemos que no es exactamente así. Cada uno de los países europeos tiene su política exterior y esta cuestión se ha acentuado.

Alemania empieza a decir: "Alemania primero". En Francia tenemos el ejemplo reciente del fracaso del avión de combate europeo. Dicen: "Yo no puedo rebajar la presencia de mis intereses en este proyecto a partir de aquí y este ha de ser un avión de combate que se base en el Rafale francés". Hasta hace dos o tres meses la política italiana decía: "Oye, nosotros somos el puente con Estados Unidos". España lo que ha hecho es una política exterior autónoma a la izquierda, mientras que los otros la hacían a la derecha, para decirlo en términos que nos podamos entender. Y todas tienen una clave interna.

Este es el mosaico. La cuestión es cuál de estos virajes acaba teniendo éxito y cuál fracasa y choca contra la pared. En el plano discursivo, podríamos decir que, en algunos elementos básicos de su diagnóstico, los hechos le dan la razón a Sánchez. Ya sea con Irán, ya sea la relación con Israel. El problema es que a veces, teniendo razón, te pueden descalabrar. Y esta es la disyuntiva en la que se encuentra.
"Salvo que consiga elevar el debate a un plano existencial, una política exterior autónoma no le dará rédito interno"
Esteban Hernández
E. H.: España está desarrollando una política autónoma limitada en lo que se refiere al fortalecimiento interno del país. Mientras Alemania, Francia e Italia, dentro de sus posibilidades, intentan impulsar los elementos de su economía y de su futuro con mayor recorrido, España ha apostado por una política en la que el exterior pesa mucho. El crecimiento español depende fundamentalmente de dos factores: la atracción de turistas y la atracción de mano de obra. Los vínculos exteriores están siendo sólidos, tanto con Europa como con China, pero no hay un fortalecimiento interno equivalente. A medida que varíe la coyuntura general, esto puede complicarse. La política exterior autónoma de España se dirige a generar más lazos hacia fuera. Alemania y Francia no están haciendo exactamente eso.

En segundo lugar, conviene preguntarse qué tipo de política autónoma puede hacer Europa y qué margen tienen los países europeos. El caso de Irán es significativo, porque es otro ejemplo de lo ocurrido hasta ahora con Trump. Los grandes perdedores de la guerra con Irán han sido los países aliados de Estados Unidos en el Golfo. Del mismo modo, en la guerra arancelaria los grandes perjudicados no han sido China ni Rusia, sino los europeos. Por eso también hay cierta desconfianza: ser aliado estadounidense ya no genera réditos especiales. En la Guerra Fría sí los generaba, pero en este momento de inestabilidad todos miran con desconfianza, y los países con cierta potencia y rigor intentan modular su posición.

En tercer lugar, Enric señalaba antes la necesidad de unir la política exterior con la interna. Si no hay una política interna fuerte, es muy difícil tener una política exterior fuerte.

Eso suele ser así salvo para los imperios. El Imperio romano tuvo épocas de enormes debilidades interiores que compensaba con la expansión exterior. También le ocurrió al Imperio británico. Estados Unidos no puede expandirse territorialmente, pero sí puede expandir sus capacidades. Es decir, sus capacidades de conquista ya no son únicamente militares ni consisten en llegar a un territorio, tomarlo y quedarse con él. Sus capacidades de expansión ya no consisten en una conquista militar clásica —llegar a un territorio, tomarlo y quedarse con él—, sino en una expansión tecnológica: "Vas a utilizar mis plataformas militares, vas a estar conectado con mi ejército y con mis finanzas". Eso es lo que está intentando fundamentalmente Trump.

En este contexto, en el que las finanzas, la tecnología, las armas y la energía provienen, en gran medida, de Estados Unidos, ¿qué capacidad de acción autónoma tiene un país si depende de Estados Unidos? Esa es la pregunta que se están haciendo en Alemania y también en Argentina, aunque de una manera distinta. Argentina está absolutamente vinculada a la tecnología estadounidense, pero ese es el juego en el que estamos todos.

En el caso de España, la estrategia ha consistido en desarrollar una política relativamente autónoma orientada hacia la actividad exterior, con el objetivo de conservar y diversificar sus conexiones internacionales. Según esas conexiones se cierren o se amplíen en los próximos años, España tendrá una capacidad de actuación mayor o menor.
 
  ¿Por qué habíamos hablado tan poco de China en España hasta hace relativamente poco? ¿Ha ido colocándose en una esfera pro-China?

E. J.: Es un factor que también sucede con otros temas como el de Ucrania y Rusia. Aquí influye la lejanía geográfica. España no vive con la misma intensidad algunas percepciones sobre la política internacional que se tienen en la gran Unión Europea. No creo que pueda decirse que España haya sido silenciosamente pro-China hasta hace dos años.

Pongamos un ejemplo: el primer gobierno de Giuseppe Conte en Italia firmó un acuerdo para formar parte de la Ruta de la Seda. Los americanos entraron en shock. Entonces era el primer mandato de Trump, que daba apoyo a un Salvini que lo adulaba constantemente. Pompeo, el secretario de Estado en aquel momento, dijo: "Esto no puede ser". Bueno, este gobierno de coalición duró un año y medio. Después de este, se formó otro gobierno del M5S con el Partito Democratico. Algunas de esas cosas empezaron a corregirse. Luego vino el Gobierno Draghi. Las primeras palabras de Draghi en el Parlamento italiano cuando pide la confianza son: "Italia va a volver a tener una política exterior rigurosamente atlántica". Y, cuando llega Meloni, se ve obligada a ponerse a los americanos a los pies, por lo que el acuerdo con China quedó cancelado. Para ellos era complicado, pues significaba entrar en una cierta tensión con China siendo la italiana una economía exportadora.

En paralelo a la adhesión de Italia a la Ruta de la Seda, los chinos ofrecieron a España entrar. Y, durante los primeros meses del Gobierno Sánchez, con Josep Borrell como ministro de Exteriores, lo descartó. Este me parece que es un dato interesante, porque es verdad que España ha hecho aproximaciones muy claras a China, pero no ha hecho bandazos. Porque, ¿cuál es la impronta de la política de la economía española? La búsqueda de inversiones exteriores.
"El primer gobierno de Giuseppe Conte en Italia firmó un acuerdo para formar parte de la Ruta de la Seda. Los americanos entraron en 'shock'"
Enric Juliana
Los dos últimos viajes de Sánchez a China han tenido además como contrapartida varios proyectos de fábricas de automóviles chinos en España. Estamos en otra fase y ahora vienen tiempos más complicados para la relación con China. La balanza comercial Unión Europea-China se está desequilibrando mucho en favor de la economía china. Ellos venden cada vez más en Europa. Habrá una reacción adversa de la UE ante la invasión de productos chinos. Habrá tensiones y esa tensión repercutirá en España. Atención, atención.

Creo que el próximo Gobierno español, sea cual sea su composición, recibirá fuertes presiones para corregir la actual política de aproximación a China. Creo que ese será uno de los ejes fundamentales de la política exterior. Sin el tema China creo que no se acaban de entender algunas cosas que están pasando actualmente en España. Cuando hay una Guerra Fría, y estamos en una Guerra Fría, acercarse al otro lado tiene sus riesgos. ¿Era consciente José Luis Rodríguez Zapatero de los riesgos que corría acercándose al otro lado en Venezuela y China?

El PSOE de 1977 nunca se acercó al otro lado. Insinuó de manera equívoca que estaba en contra de la permanencia en la OTAN y después dio el volantazo. Insisto: estamos ya en la Segunda Guerra Fría y lo que está pasando hoy en España tiene que ver con ello.

E. H.: Conviene situarlo en un contexto determinado. Antes China no era un peligro, sino una oportunidad. No fue un problema cuando entró en Latinoamérica a través de las materias primas, y Estados Unidos no ejerció una presión especial para evitarlo. Pero llegó un momento en que Washington planteó que, para la batalla en el Pacífico, necesitaba recuperar su esfera de influencia. Lo que vemos en Latinoamérica es una sucesión de gobiernos de derecha o de extrema derecha. En esa esfera de influencia, una de las exigencias de Estados Unidos es el alejamiento de China, no solo de Latinoamérica, sino también de Europa.
"Una de las exigencias de Estados Unidos es el alejamiento de China, no solo de Latinoamérica, sino también de Europa"
Esteban Hernández
El problema es que China no solo es una potencia exportadora, sino también inversora. Estados Unidos está exigiendo que las inversiones vayan a parar a su territorio, y buena parte del capital se dirige a la esfera financiera estadounidense en lugar de a la esfera europea para producir inversión. En la brecha entre una gran potencia que exige y otra que ofrece, aunque sea con condiciones discutibles, muchos países se acercan a la potencia que ofrece. Esa ha sido la esencia del desarrollo chino fuera de sus fronteras.


¿En qué medida les preocupa la situación de Alemania en el marco del contexto europeo y de la capacidad de Europa de tener más cuotas de unidad en ciertos ámbitos?

E. J.: No debemos olvidar nunca que, al concluir la Segunda Guerra Mundial, había opiniones de sectores de peso en Estados Unidos coincidentes con los soviéticos, incluso con los franceses, de que se tenía que impedir que Alemania volviese a ser potencia industrial. Esta era una manera de impedir el rearme alemán, pero la propia situación de ruina europea aconsejó a los norteamericanos ayudar a Alemania para poder recuperar la situación social europea, para evitar conflictos sociales, para no tener que pagar ellos o pagar menos.

Alemania, a medida que va recuperando fuerza en términos económicos, no ha dejado nunca de operar en base a sus intereses. El proceso de la Unión Europea es un proceso que le interesa para fortalecerse. La reunificación se hace aceleradamente, aprovechando la emoción del momento histórico.
"Alemania, a medida que va recuperando fuerza en términos económicos, no ha dejado nunca de operar en base a sus intereses"
Enric Juliana
Por lo tanto, Alemania fue haciendo políticas que la fortalecían y les ponía la bandera de Europa. Hoy esto es muy complicado de hacer por dos motivos. Uno, objetivo, podríamos decir, es que en un lapso de tres años se han encontrado con unos problemas descomunales. Ha fallado la base energética, ya que, después de Ucrania, la segunda víctima de la guerra de Ucrania es la economía alemana. Además, la relación comercial con China se complica. En lugar de vender hoy coches eléctricos alemanes a las puertas de China ocurre lo contrario. Los chinos están vendiendo en Alemania.

Se dan cuenta de que han invertido poco en infraestructuras y de que es el país de la ingeniería, pero no es el país de la tecnología digital. Además, desde el punto de vista social, la vieja división existente entre este y oeste se agudiza, adquiere una traducción política explícita con la Alternativa por Alemania, AfD, que se convierte en el partido de la protesta primero del este y ya de toda Alemania.

También se produce otro proceso que a mí me cuesta más descifrar, pero que creo que es muy importante: la actual generación joven ya no acaba de entender por qué el peso de la culpa ha de seguir pesando sobre sus hombros. Todo esto lo ponemos en la coctelera, lo agitamos y nos sale una Alemania nerviosa, inquieta, insegura, que lo que necesita ahora sobre todo es fortalecer su musculatura. La cuestión es si Alemania podrá seguir siendo en los próximos veinticinco años la potencia económica que ha sido.
"Si en algún momento en Alemania llegan a la conclusión o creen que no tienen otra opción que desvincularse de la Unión Europea, la Unión Europea se puede despedir"
Enric Juliana
En caso de que no lo pudiese ser, ¿qué pasa? 80 millones de habitantes en el centro, con área de influencia en el corazón del este de Europa y en el norte. Es la tentación que podría tener Alemania de convertirse en una potencia regional circunscrita al centro, norte y parte del este de Europa. Si en algún momento en Alemania llegan a la conclusión o creen que no tienen otra opción que desvincularse de la Unión Europea, la Unión Europea se puede despedir.

E. H.: La actitud de Estados Unidos ha consistido en imponer las reglas del juego para exigir más a sus aliados, especialmente a Alemania, uno de sus socios más prósperos. El mensaje de Washington es claro: recibir más sin ceder nada. A su vez, Alemania reproduce esa misma dinámica con sus socios europeos tradicionales, adoptando una postura de "menos Europa y más Alemania".

Apostar verdaderamente por "más Europa" exigiría alcanzar la llamada autonomía estratégica: independencia en áreas clave como la tecnología, los recursos y la capacidad militar. Esto implicaría, necesariamente, poner límites y entablar una negociación firme —incluso rebelde— con Estados Unidos. Sin embargo, es un coste político que Alemania no está dispuesta a asumir en este momento.

También hay que tener en cuenta un tercer factor: durante la globalización, Alemania no solo fue la gran ganadora económica, sino que también se erigió en referente de superioridad ética y moral por sus valores y su visión del mundo.

Nadie creyó tanto en la globalización como Alemania. Mientras potencias como China o Estados Unidos actuaban siempre pensando en sus propios intereses, Alemania asumió que podía hacer lo mismo apoyándose en su dominio sobre Europa, que le proporcionaba un entorno a medida.
"El mensaje de Washington es claro: recibir más sin ceder nada. A su vez, Alemania reproduce esa misma dinámica con sus socios europeos tradicionales"
Esteban Hernández
Sin embargo, cuando se han puesto a prueba sus capacidades, han quedado al descubierto sus debilidades actuales: la falta de capacidad militar, la fuerte dependencia energética del gas exterior y el hecho de que China siga enfocada únicamente en su propia expansión comercial. Como señalaba Enric, esta vulnerabilidad alemana es un dardo directo al corazón de Europa.

Llegados a este punto, existe un riesgo real de fragmentación. Al igual que la Unión Soviética acabó desintegrándose porque Rusia decidió que le resultaba más rentable caminar sola que cargar con el resto de las repúblicas, a la Unión Europea podría ocurrirle exactamente lo mismo si Alemania opta por esa vía.
 
  Creo que Europa pidió a Pedro Sánchez, cuando llegó al Gobierno, dos cosas importantes. Una era que Podemos no siguiera subiendo. La otra era Catalunya. Considero que Pedro Sánchez ha tenido éxito en las dos. ¿A qué se enfrenta Feijóo en el ámbito europeo e internacional con Vox en los sesenta diputados en las encuestas?

E. J.: Efectivamente, Sánchez tenía dos demandas estratégicas con sello europeo: frenar a Podemos y calmar la situación de Catalunya. Sánchez ha neutralizado a Podemos y ha calmado Catalunya. En el primer caso, basta ver la actual aritmética parlamentaria. En el segundo, la ley de amnistía está a punto de ser validada por la justicia europea. Puigdemont aún sigue en Bruselas, pero ya vemos a Junts haciendo vuelos acrobáticos con el PP en el Congreso. Eso era inimaginable hace dos años. Bueno, he de decir que hace dos años avisé: entre la bruma ya se veía venir un acercamiento Junts-PP.

Otra cosa es que Junts no pueda hoy votar una moción de censura encabezada por Núñez Feijóo, y este aún tiene reparos a la hora de viajar a Catalunya. No quiere mostrarse amable: ahí está Vox, vigilando.

Sánchez ha serenado Catalunya, la historia se lo reconocerá, pero la ley de amnistía ha tenido costes para el PSOE. Amnistía significa "todos dentro". Y este "todos dentro" lo estamos viendo estos días: esas ganas de pactar de nuevo entre Junts y el PP. He ahí un acontecimiento histórico.

Europa le pedirá a Feijóo que no estropee lo que se ha arreglado en Catalunya. Es decir: "No le pegues fuego a Catalunya".
"Me llamó mucho la atención el hecho de que Feijóo no asistiera al acto de la Sagrada Familia hace unos días en Barcelona. Es inexplicable"
Enric Juliana
En este aspecto me llamó mucho la atención el hecho de que Feijóo no asistiera al acto de la Sagrada Familia hace unos días en Barcelona. Es inexplicable. Está muy claro que aquello no era solo un acto religioso. Resultó ser muchísimo más y el líder de la derecha española no está en ese instante. Y luego aquí va a haber una cuestión de alineamientos. Considero que, de entrada, en el caso de que Feijóo presidiese el Gobierno de España, buscaría básicamente una fuerte sintonía con el canciller alemán.

E. H.: Actualmente, Occidente atraviesa un proceso de tensión interna dentro del bloque conservador para definir qué facción lidera la derecha. Sin embargo, en toda Europa se observa una clara convergencia de posturas. En Italia, Giorgia Meloni proviene de la derecha radical, pero ha forjado acuerdos estables con el sector tradicional. En Alemania, Friedrich Merz representa a la derecha clásica, pero está adoptando medidas propias de la derecha radical. Y en Francia, Jordan Bardella busca exactamente lo mismo: integrar a la derecha moderada en su proyecto político.

Más allá de las diferencias de intensidad, todas estas corrientes comparten una agenda común: políticas más duras contra la inmigración, alineamiento exterior inequívocamente atlantista y un programa económico basado en la austeridad, el saneamiento de las cuentas públicas y el aumento del gasto en defensa. En el ámbito energético, ambas facciones muestran reticencias hacia las políticas verdes y defienden la energía nuclear, así como un uso prolongado de los combustibles fósiles.
"Más allá de las diferencias de intensidad, todas estas corrientes comparten una agenda común"
Esteban Hernández
En España, tanto el Partido Popular como Vox suscribirían estas líneas generales. Por tanto, el peso específico de cada partido en una hipotética coalición no alteraría el rumbo general de la economía o de la política exterior; solo cambiarían la intensidad o los portavoces concretos. La única excepción relevante sería la política interior, por ejemplo la gestión de Catalunya, donde una mayor influencia de Vox sí marcaría una diferencia sustancial.

E. J.: Existían dos demandas tácitas, de esas que nunca figuran en los documentos oficiales, pero que son muy reales: "Frenen esto y resuélvanlo", en aras de la estabilidad. Durante un tiempo, Pedro Sánchez y la línea política que representa el Partido Socialista resultaron ser muy funcionales para dar respuesta a esa exigencia estructural.

Sin embargo, la pregunta que debemos hacernos ahora es si los problemas que atraviesa Sánchez actualmente se deben, al menos en parte, a que esa "funcionalidad" se ha agotado. El trabajo que se le pedía ya está hecho. Ahora, los elementos que él introduce en la ecuación política europea resultan contradictorios con los intereses de Bruselas.

La Europa que en su momento le exigió ciertas políticas a Pedro Sánchez ya no es la misma de hoy. Se trataba de un ciclo con una lógica particular, donde existía un consenso europeo y el Gobierno español nadaba a favor de la corriente. Sin embargo, una vez cumplido ese cometido inicial, las nuevas medidas que intenta impulsar van contra la corriente actual, lo que explica las fuertes resistencias que está encontrando.

En este contexto, y dependiendo del resultado de las elecciones, es muy probable que se ponga sobre la mesa la "fórmula portuguesa": un gobierno minoritario del Partido Popular apoyado, de una u otra forma, por el PSOE, el PNV y ciertos sectores de Catalunya. Evidentemente, ya no estamos en el escenario de los pactos de 1996, por lo que articular algo así no será nada fácil y dependerá de la fuerza que obtenga el PSOE en las urnas. Si el PSOE resiste y Sánchez se mantiene en la oposición, esta opción queda descartada.
 
En cambio, si el PSOE sale debilitado y se abre una crisis interna, puede pasar de todo. De hecho, esta gran coalición tácita podría ser la fórmula preferida por los centros de poder europeos. Aun así, hay que hablar en condicional, porque el intenso calendario electoral del próximo año —con elecciones presidenciales en Francia y comicios legislativos en España, Polonia e Italia— podría volver a cambiar el tablero por completo.

E. H.: Los dos puntos señalados por Enric convergen en una misma idea central: la crisis de la socialdemocracia en el entorno europeo actual. Ya no se trata solo de evaluar si Pedro Sánchez resulta útil o no al sistema, sino de cuestionar la viabilidad de toda una ideología que construyó el consenso europeo en las últimas décadas y que ahora parece estar quedando obsoleta.

De hecho, si Europa avanza hacia la derecha, un Gobierno español formado por PP y Vox resultaría mucho más funcional y afín al bloque que un Gobierno del PP apoyado desde fuera por el PSOE. Las opciones socioliberales están perdiendo tanta fuerza que incluso El País ha dedicado editoriales a reivindicar su valor histórico.
"Ya no se trata solo de evaluar si Pedro Sánchez resulta útil o no al sistema, sino de cuestionar la viabilidad de toda una ideología"
Esteban Hernández
Por otro lado, es esencial entender la extrema tensión que atraviesan nuestras sociedades. Venimos de una década con fugas hacia posiciones políticas impensables y una fuerte tendencia al voto de castigo: hoy las elecciones las suele ganar la oposición, como muestra el vaivén cíclico entre Trump, Biden y Trump. En un momento económico en el que "las costuras se resquebrajan", resulta muy difícil que gobiernos como el de Donald Trump o el del actual canciller alemán, Friedrich Merz, logren generar consenso. Lo más probable es que provoquen fuertes reacciones en contra.

En definitiva, la geopolítica no puede aislarse de la política nacional; los valores, ideales y expectativas de la ciudadanía están cambiando radicalmente. Si la sociedad alemana, por ejemplo, da la espalda a Merz y este sale del Gobierno, Europa afrontará años de profunda inestabilidad. Debemos tomarnos muy en serio este clima de agitación, una advertencia sobre la importancia de la vida en común que, curiosamente, hoy casi solo pone sobre la mesa el Papa.

Una última pregunta. La respuesta tiene que ser lo que piensan, no lo que creen que es mejor, y tiene que ser sí o no. ¿Vox entrará en el Gobierno del PP?

E. J.: No.

E. H.: Sí.

Muchas gracias a los dos." 

(Marc López Plana , Agenda Pública, 21/06/26)  

21.6.26

Abandonada a su suerte, Europa se ha convertido en poco más que un caldo de cultivo para el nihilismo, una masa de tendencias autodestructivas incapaces de ser controladas desde dentro... Entonces, ¿qué debe hacer Rusia? No pretende promover el conflicto nuclear, sino todo lo contrario, encontrar un camino que nos lleve de vuelta a una época en la que los acuerdos de control de armas se consideraban la máxima expresión de la racionalidad humana y las naciones poseían la brújula moral que les permitía actuar en consecuencia... La ficción de la unidad europea es el pegamento que sostiene la fantasía de la relevancia militar europea. La realidad es que Alemania no puede financiar sus fantasías militaristas. Tampoco el Reino Unido ni Francia... En lugar de emprender acciones que podrían servir como chispa para unir realmente a Europa o, peor aún, para que Europa vuelva a estar bajo el paraguas de la seguridad respaldada por Estados Unidos, Rusia debería simplemente fomentar la disolución de la OTAN, la retirada de Estados Unidos de Europa y el inevitable colapso de la propia Unión Europea... Las élites políticas y económicas que gobiernan Europa hoy son el problema, no la solución. Muchos de los peores responsables —Merz de Alemania, Macron de Francia, Starmer del Reino Unido— ven cómo se agota su relevancia política. Rusia no tiene que hacer nada más que permitir que Europa se hunda en su propia trampa, desvaneciendo todo aquello a lo que aspiraba, hasta que solo quede un vacío desolador... En algún momento, las naciones que habitan el continente europeo se darán cuenta de que el sistema europeo no es más que una receta para su perdición colectiva, y optarán por no participar en esta locura... Y la construcción artificial conocida como Europa habrá muerto... Rusia se ha vuelto prácticamente inmune a la necesidad de la cooperación europea, en parte gracias a las sanciones económicas de autoaislamiento que Europa le ha impuesto. Por ello, Rusia puede ser selectiva en su enfoque, optando por tratar con los países individualmente en lugar de con Europa en su conjunto (Scott Ritter, analista militar)

 "Dispara al perro

Scott Ritter ofrece un análisis del colapso del control de armas y la deriva de Europa hacia el militarismo, comparando al continente con un animal que se ha vuelto incontrolable y que debería ser tratado como tal.

Mi presentación en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo debía ser la máxima expresión de tacto diplomático. En cambio, me salí del guion. Y mejor así.

El 4 de junio de 2026, tuve el honor de participar como miembro de una mesa redonda programada para el Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF) de 2026, una reunión anual de líderes empresariales y políticos rusos que se celebra desde 1997. Con el paso de los años, este evento ha crecido hasta eclipsar a su homólogo europeo, el Foro Económico Mundial, que se celebra en Davos, Suiza. En 2026, Davos atrajo a unos 3000 asistentes de 136 países; el SPIEF congregó a casi 25 000 de más de 100 naciones y territorios. En un momento en que Occidente, liderado por Europa, busca el aislamiento diplomático y económico de Rusia, SPIEF demuestra la insensatez de ese esfuerzo: el único grupo geopolítico ausente en SPIEF fueron los europeos (cabe destacar que cientos de delegados y líderes empresariales de compañías europeas estuvieron presentes; parece que Rusia es un buen lugar para hacer negocios, ya que en SPIEF 2026 se firmaron contratos por valor de unos 84.000 millones de dólares durante sus cuatro días de duración). SPIEF es el punto de encuentro del mundo exterior al ambiente aislado y enrarecido de Davos: el mundo real, no una fantasía artificial construida sobre la base de la supuesta relevancia e influencia europeas. Más recientemente, SPIEF se ha hecho famosa por su sesión plenaria, donde el presidente ruso Vladimir Putin pronuncia un discurso muy esperado y luego responde preguntas en un intercambio de varias horas que nunca defrauda y siempre genera titulares.

Como ya he dicho, fue un gran honor y un privilegio haber sido invitado a participar en un evento tan importante.

El panel en el que iba a participar se titulaba “El desorden mundial: ¿Hay cabida para la diplomacia en las relaciones internacionales contemporáneas?”. El evento fue moderado por Dmitry Stolkov, profesor asociado del MGIMO, la escuela de relaciones internacionales del gobierno ruso, donde se forma a la próxima generación de diplomáticos rusos.

El miembro más destacado del panel fue Aleksandr Pankin, viceministro de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa. Graduado del MGIMO en 1985, la carrera del Sr. Pankin se centró en organizaciones internacionales, con estancias en Nueva York y Ginebra trabajando con las Naciones Unidas.

En segundo lugar, muy cerca del primer puesto, quedó Anatoly Torkunov, rector del MGIMO; el Sr. Torkunov es considerado uno de los principales expertos en diplomacia rusa.

También estuvieron presentes Sergey Pospelov, secretario ejecutivo de la Asamblea Parlamentaria de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, Michele Geraci, ex viceministro de Desarrollo Económico de Italia, y John Laughland, un euroescéptico que actualmente es profesor en el ICES, el Instituto Católico de la Vendée en La Roche-sur-Yon, en el oeste de Francia, donde imparte clases de ciencia política, filosofía política e historia.

Preparé mi presentación con antelación, anotando algunas ideas en un papel para organizarlas. Como bien sabe cualquiera que haya hablado en público, los planes mejor trazados suelen quedar en el olvido una vez que llega el turno de hablar. Mi presentación en SPIEF fue bien recibida, pero creo que tanto el público como los panelistas quedaron desconcertados por mi declaración al final de mi intervención: que la mejor solución para Rusia ante un colectivo europeo rebelde era "dispararle al perro", haciendo referencia a mi analogía de Europa comportándose como un perro rabioso.

Ofrezco lo siguiente como una forma de desarrollar este concepto, basándome en las mismas notas a las que se suponía que debía referirme durante mi discurso, pero que olvidé cuando se encendieron los focos.

Los diplomáticos hablan en términos de "realpolitik", "idealpolitik" y "el interés nacional". No soy diplomático, pero aprendí sobre estos conceptos, y otros, leyendo las obras de diplomáticos, incluido el clásico libro de Henry Kissinger,  Diplomacia.

He dedicado mi vida a implementar las consecuencias de la diplomacia, en particular los acuerdos de control de armas, supuestamente diseñados para hacer del mundo un lugar más seguro. Me inicié en el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) y posteriormente dirigí equipos de inspección de armas de las Naciones Unidas en Irak, por mandato de resoluciones del Consejo de Seguridad. Para mí, los acuerdos de control de armas representan la máxima expresión de la racionalidad humana, combinando la capacidad intelectual de comprender y apreciar el valor intrínseco de la vida con una brújula moral que impulsa a actuar en consecuencia.

El tratado INF fue, para mí, la quintaesencia del control de armas: el modelo a seguir, por así decirlo, que combinaba la "idealpolitik" de la era Reagan, la "realpolitik" europea y el "interés nacional" soviético en una singularidad que, por primera vez en la era nuclear, establecía un acuerdo que no buscaba limitar el crecimiento de los respectivos arsenales nucleares de las partes involucradas, sino eliminarlos por completo; la conclusión lógica de un entendimiento colectivo de que las guerras nucleares no se pueden ganar y, por lo tanto, nunca deberían librarse, lo que obviaba la necesidad de mantener estas armas letales.

El tratado INF tuvo éxito porque era de interés mutuo para Estados Unidos y la Unión Soviética. No fue un acuerdo impuesto por una parte a la otra, sino fruto de un entendimiento común de que sus términos eran necesarios para la supervivencia misma. En términos de diplomacia preventiva, el tratado INF representa la manifestación racional de la prevención de riesgos, donde las partes involucradas comprendieron que las decisiones tomadas al desarrollar y desplegar los sistemas de armas INF conducirían inevitablemente a un conflicto que solo podía culminar en un apocalipsis nuclear. Por lo tanto, no tuvieron más remedio que tomar las medidas drásticas pero necesarias para eliminar estas armas en términos mutuamente aceptables.

El desarme de Irak se diseñó, aparentemente, siguiendo el modelo del Tratado INF, un acuerdo basado en declaraciones de material sujeto a desarme que posteriormente se someterían a verificación de cumplimiento mediante inspección. Lo que diferenció la experiencia iraquí de la del Tratado INF fue que representaba la voluntad colectiva del mundo, expresada en una resolución vinculante del Consejo de Seguridad, que luego se impuso a un Estado miembro como consecuencia de una acción militar. El desarme no fue el resultado de una diplomacia preventiva equitativa, sino más bien de una diplomacia respaldada por la amenaza inherente del uso de la fuerza.

La experiencia de la ONU en Irak debería haber marcado la progresión evolutiva del desarme, un acuerdo multilateral derivado de un entendimiento colectivo de que las armas de destrucción masiva representan una amenaza para toda la humanidad, especialmente cuando están en manos de una parte que ha demostrado su voluntad de usarlas, y como tales deben ser retiradas, destruidas o neutralizadas.

En el caso de Irak, sin embargo, este noble ideal se vio socavado por las acciones de una sola parte —Estados Unidos— que utilizó los procesos de control forzoso de armas no en beneficio de toda la humanidad, sino para promover objetivos nacionales de cambio de régimen dentro de Irak que quedaban muy lejos de los límites del marco de desarme acordado por el Consejo de Seguridad.

La experiencia de Irak debería haber sido la base sobre la que se construyera el futuro del control de armamentos: un entendimiento colectivo de que las armas de destrucción masiva representaban un riesgo inherente para toda la humanidad y debían eliminarse según el entendimiento común de la comunidad internacional. En cambio, se convirtió en la máxima expresión de la hegemonía estadounidense, donde los intereses de una sola nación se antepusieron al bien común. En resumen, la experiencia del desarme en Irak representa la máxima expresión de la perversión de la diplomacia preventiva, donde el estado de derecho fue reemplazado por el gobierno de uno solo.

Avancemos rápidamente hasta el día de hoy.

La hegemonía estadounidense ha logrado crear un mundo sin control de armamentos. El modelo de unilateralismo de Irak acabó con la idea de acuerdos mutuamente beneficiosos y, en su lugar, creó un entorno en el que Estados Unidos utilizó el control de armamentos como instrumento para obtener y mantener una ventaja estratégica sobre Rusia. Y cuando un acuerdo de control de armamentos se volvió inconveniente, Estados Unidos simplemente se retiró; los tratados sobre misiles antibalísticos (ABM) e INF son prueba fehaciente de este fenómeno.

Pero mientras Estados Unidos intentaba mantener su posición dominante insistiendo en que el resto del mundo se sometiera al marco de sumisión voluntaria conocido como el «orden internacional basado en normas», el resto del mundo se había transformado en una nueva realidad multilateral, reacia a seguir ese juego. Como resultado, Estados Unidos se ha desvinculado de cualquier noción de estado de derecho, actuando como una nación canalla empeñada en mantener su dominio mediante la fuerza bruta. La política de «Estados Unidos primero» se ha convertido en una expresión de «Estados Unidos solo». El control de armas, como tal, carece de utilidad, ya que las únicas vidas valiosas en esta construcción centrada en Estados Unidos son las estadounidenses. En resumen, la brújula moral estadounidense ya no funciona.

Para complicar aún más las cosas, Europa se ha consolidado como una entidad que ya no opera exclusivamente bajo la tutela de Estados Unidos. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Europa Occidental funcionó como poco más que un conjunto de naciones debilitadas y derrotadas, cuya supervivencia y relevancia dependían de sus relaciones económicas y de seguridad con Estados Unidos. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) servía como extensión del aparato de seguridad nacional estadounidense. Con el colapso de la Unión Soviética, Europa se adentró en un mundo nuevo y audaz, donde buscó transformar la unidad militar que había logrado a través de la OTAN en una nueva unidad política conocida como la Unión Europea. Pero esta nueva entidad solo sirvió para convertir a Europa en una masa informe: la identidad nacional que alguna vez definió el continente europeo fue borrada, reemplazada por una nueva construcción europea sin fundamento alguno en lo que respecta a los principios que normalmente unen a un pueblo. Como resultado, la Europa de hoy no es más que un conjunto de naciones que olvidaron quiénes eran y que se han unido para crear una unión ficticia que nunca existió ni existirá.

Europa, literalmente, no representa nada.

Ahora, esta entidad insignificante se ha desvinculado de la órbita de su antiguo amo y ha quedado a su suerte. Presas del pánico, las diversas naciones que conforman Europa se ven obligadas a luchar por recuperar su relevancia, esforzándose por redefinir su identidad. Al haber perdido todo pretexto para una auténtica expresión nacional basada en su estructura actual, estas naciones se ven forzadas a mirar hacia atrás, a una época en la que poseían una identidad nacional genuina. El resultado es aún más peligroso que el provocado por el surgimiento de la hegemonía estadounidense.

Estados Unidos, a diferencia de Europa, posee una identidad nacional basada en principios y valores claramente establecidos en su Constitución. En última instancia, Estados Unidos, funcionando como una República Constitucional, recuperará su estabilidad, reajustará su brújula moral y volverá a adoptar la diplomacia preventiva que representan el control de armas y el desarme.

Europa, sin embargo, carece de una base sólida de principios colectivos. En cambio, el Reino Unido y Francia buscan reinventarse como potencias de la Guerra Fría, mientras que Alemania retrocede aún más en el tiempo, resucitando las estructuras geopolíticas de su pasado nazi. Lo único que une a Europa hoy son los fantasmas de conflictos pasados ​​en los que Rusia era el enemigo. Esta situación se agrava por el hecho de que el nuevo militarismo europeo no está sujeto a ninguna noción de control de armamentos. Francia y el Reino Unido se han unido para forjar una postura nuclear unificada centrada exclusivamente en Rusia, y están extendiendo su recién creado paraguas nuclear sobre Polonia y Alemania. Francia pretende desplegar aviones con ojivas nucleares en territorio finlandés, amenazando a San Petersburgo, la segunda ciudad más importante de Rusia, y la estratégica península de Kola, mientras que Alemania habla de la necesidad de desarrollar su propia disuasión nuclear independiente. Este frenesí en torno a la postura nuclear se ve alimentado, además, por una política basada en la inconversibilidad de una guerra con Rusia. Alemania ha fijado el inicio de esta guerra en 2029, mientras que el Reino Unido se prepara para un conflicto de este tipo en 2030. El Secretario General de la OTAN ha declarado públicamente a la comunidad europea que deben prepararse para el tipo de guerra que padecieron sus abuelos, una clara referencia a una guerra mundial.

Todo esto se enmarca en el contexto de un conflicto en curso entre Rusia y Ucrania que se ha transformado en una guerra indirecta entre Occidente, liderado por Europa, y Rusia. En este contexto, Europa financia y abastece una guerra en la que las armas que fabrica se utilizan contra Rusia sin otra consecuencia que la muerte de ucranianos, por quienes Europa no siente la menor preocupación.

¿Qué debe hacer Rusia ante este tipo de acontecimientos?

La diplomacia rusa siempre ha sido pragmática y no propensa a arrebatos de ira reaccionaria. Este enfoque puede tener éxito, y esperemos que así sea, en lo que respecta a Estados Unidos.

Hay motivos suficientes para creer que Estados Unidos puede y recuperará su posición como actor racional, basado en valores sólidos y poseedor de la brújula moral necesaria para hacer posibles los acuerdos de control de armas mutuamente beneficiosos.

Europa es un caso aparte. Abandonada a su suerte, Europa se ha convertido en poco más que un caldo de cultivo para el nihilismo, una masa hirviente de tendencias autodestructivas incapaces de ser controladas desde dentro.

En resumen, Europa se ha convertido en un perro rabioso que amenaza a todo aquel con el que se encuentra.

Es aquí donde podría ofrecer a la consideración de Rusia el ejemplo presentado en la novela clásica estadounidense  Matar a un ruiseñor .

Atticus Finch, el héroe de la historia, es un abogado profundamente arraigado en los valores fundamentales de la ley y el estado de derecho.

También es veterano de la Primera Guerra Mundial, conocido por ser el mejor tirador de su unidad.

Cuando un perro rabioso amenaza a su comunidad, la gente recurre a Atticus Finch en busca de protección.

No por sus posturas legales basadas en principios.

Pero porque sabe disparar.

La ley no salvará a su comunidad del perro rabioso.

Solo una bala.

Y ahora, rumbo a Europa.

La ley no salvará a Rusia de este perro rabioso.

Entonces, ¿qué debe hacer Rusia?

Dispara al perro.

Ahora bien, habrá quienes se tomen esta declaración al pie de la letra e invoquen las imágenes apocalípticas de la Doctrina Karaganov, según la cual Rusia ataca preventivamente a Europa utilizando armas convencionales como el misil de alcance intermedio Oreshnik y, si esto no logra apaciguar la pasión de Europa por la guerra con Rusia, procede con un ataque nuclear limitado.

Sin embargo, esta publicación no pretende promover el conflicto nuclear, sino todo lo contrario: encontrar un camino que nos lleve de vuelta a una época en la que los acuerdos de control de armas se consideraban la máxima expresión de la racionalidad humana y las naciones poseían la brújula moral que les permitía actuar en consecuencia.

El problema de Europa radica simplemente en negarse a reconocerlo como una entidad digna de diálogo diplomático. La ficción de la unidad europea es el pegamento que sostiene la fantasía de la relevancia militar europea. La realidad es que Alemania no puede financiar sus fantasías militaristas. Tampoco el Reino Unido ni Francia.

En lugar de emprender acciones que podrían servir como chispa para unir realmente a Europa o, peor aún, para que Europa vuelva a estar bajo el paraguas de la seguridad respaldada por Estados Unidos, Rusia debería simplemente fomentar la disolución de la OTAN, la retirada de Estados Unidos de Europa y el inevitable colapso de la propia Unión Europea.

Rusia se ha vuelto prácticamente inmune a la necesidad de la cooperación europea, en parte gracias a las sanciones económicas de autoaislamiento que Europa le ha impuesto. Por ello, Rusia puede ser selectiva en su enfoque hacia la cooperación europea, optando por tratar con los países individualmente en lugar de con Europa en su conjunto.

Las élites políticas y económicas que gobiernan Europa hoy son el problema, no la solución. Muchos de los peores responsables —Merz de Alemania, Macron de Francia, Starmer del Reino Unido— ven cómo se agota su relevancia política. Rusia no tiene que hacer nada más que permitir que Europa se hunda en su propia trampa, desvaneciendo todo aquello a lo que aspiraba, hasta que solo quede un vacío desolador.

En algún momento, las naciones que habitan el continente europeo se darán cuenta de que el sistema europeo no es más que una receta para su perdición colectiva, y optarán por no participar en esta locura.

Y la construcción artificial conocida como Europa habrá muerto.

La expresión "Dispara al perro" no debe tomarse literalmente.

Es una metáfora de la aplicación agresiva de la diplomacia preventiva, reinventada como un arma.

Y que el Atticus Finch ruso lo maneje con la misma destreza que su homónimo." 

 ( Scott Ritter, analista militar, blog, 11/06/26, traducción La casa de mi tía)

16.6.26

Diego Fusaro: En 2016, Gran Bretaña decidió abandonar la Unión Europea, un templo vacío que santificaba el capitalismo financiero y un tren que se precipitaba hacia el abismo. Según las predicciones, el país debería haber caído en el abismo. La pobreza y el colapso se daban por inevitables. Pero no fue así: también hay vida fuera de la Unión Europea... Es cierto que Gran Bretaña nunca adoptó la nefasta moneda única, piedra angular del método neoliberal de gobierno en el viejo continente. En cualquier caso, aquel gesto representó simbólicamente una transición trascendental, ya que mostró a los europeos una posibilidad concreta, una que todos pueden llevar a cabo. En otras palabras, la Unión Europea no es ni inevitable ni irreversible... Es posible abandonarla, y de hecho es nuestro deber hacerlo antes de que sea demasiado tarde... Es cierto que abandonar la Unión Europea y la moneda única representa una condición necesaria, pero no suficiente, para la implementación de una auténtica democracia socialista. Lo que resulta evidente, sin lugar a dudas, es que esta última no puede alcanzarse dentro de los límites cerrados de la Unión Europea, que solo garantiza competitividad y dominación capitalista

"Han pasado diez años desde aquel fatídico día del Brexit: en 2016, Gran Bretaña decidió abandonar la Unión Europea, un templo vacío que santificaba el capitalismo financiero y un tren que se precipitaba hacia el abismo. Según las predicciones de los defensores del pensamiento políticamente correcto y éticamente corrupto, el país debería haber caído en el abismo. La pobreza y el colapso se daban por inevitables. Pero no fue así: también hay vida fuera de la Unión Europea. Es cierto que Gran Bretaña nunca adoptó la nefasta moneda única, piedra angular del método neoliberal de gobierno en el viejo continente. En cualquier caso, aquel gesto representó simbólicamente una transición trascendental, ya que mostró a los europeos una posibilidad concreta, una que todos pueden llevar a cabo. En otras palabras, la Unión Europea no es ni inevitable ni irreversible. Es posible abandonarla, y de hecho es nuestro deber hacerlo antes de que sea demasiado tarde. Diez años después, Farage, el protagonista indiscutible del Brexit, afirma estar orgulloso de aquella decisión. Y solo podemos estar de acuerdo con él. Es cierto que abandonar la Unión Europea y la moneda única representa una condición necesaria, pero no suficiente, para la implementación de una auténtica democracia socialista. Lo que resulta evidente, sin lugar a dudas, es que esta última no puede alcanzarse dentro de los límites cerrados de la Unión Europea, que solo garantiza competitividad y dominación capitalista."

 (Diego Fusaro, blog, 16/06/26, traducción google) 

23.1.26

Morir por las ideas (un resumen del suicidio europeo): Hubo un tiempo en que la Europa unida se presentaba como un baluarte competitivo frente a los Estados Unidos... y como un organismo supranacional dotado de una masa crítica capaz de imponerse en el plano internacional... Todo ello ha resultado ser una farsa ¿Por qué? Cuando se redactó el Tratado de Maastricht, Occidente estaba dominado por la leyenda del triunfo neoliberal sobre el oso soviético. Este modelo asume que la libertad de comercio es un sustituto ideal de la democracia... El modelo europeo se convierte así en el primer experimento histórico (y, a juzgar por los resultados, también el último) en el que se pensaba que un mercado común (es decir, un aparato de competencia mutua entre Estados en un marco que obligaba a la máxima competitividad) sería el precursor de una unión política. Obviamente, lo que ocurrió en realidad fue lo que siempre ocurre en condiciones de mercado altamente competitivas sin filtros políticos (sin barreras arancelarias, sin ajustes monetarios, etc.): hubo ganadores y perdedores, países que obtuvieron ventajas y países cuyos recursos fueron expoliados... Europa (UE) ha comenzado a respaldar sistemáticamente todas las iniciativas de reestructuración geopolítica estadounidense, desde Afganistán hasta Irak, Yugoslavia y Libia. El marco ideológico —la leyenda progresista del sistema internacional basado en las normas y el respeto de los derechos humanos— ha permitido que las políticas estadounidenses se aceptaran sin resistencia por parte de la opinión pública europea... mientras nuestros periódicos se intercambiaban medallas por lo civilizados e ilustrados que éramos, Estados Unidos rompió todas las cadenas de suministro vitales para Europa... Desestabilizó a todos los productores de petróleo de Oriente Medio que no eran ya vasallos de Estados Unidos (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, etc.)... la guerra de Ucrania ha cortado el principal pulmón de suministro energético para la industria europea, Rusia... Una vez eliminados Oriente Medio y Rusia, los genios de la política europea se han apoyado con manos y pies en el GNL estadounidense, lo que ha provocado una dramática pérdida de competitividad de la industria europea. Y llegados a este punto, obviamente, el poder de negociación europeo frente a los Estados Unidos es exactamente cero. Si Trump quiere Groenlandia, le daremos Groenlandia; basta con que desconecte el GNL para poner de rodillas al continente. ¿Qué hacer? En lugar de la UE, deben surgir inmediatamente alianzas estratégicas entre Estados europeos con intereses afines, deben reabrirse todos los canales diplomáticos y económicos con todos los países que el soft power estadounidense nos ha presentado como monstruos repugnantes: Rusia, China, Irán. Solo así se puede romper el asedio estadounidense a Europa (Andrea Zhok)

 "Hubo un tiempo en que la Europa unida se presentaba como

1) un baluarte competitivo frente a los Estados Unidos;

2) la constitución de un organismo supranacional dotado de una masa crítica capaz de imponerse en el plano internacional.

Todo ello ha resultado ser una farsa.

¿Por qué?

A) El modelo ideológico

Cuando se redactó el Tratado de Maastricht, Occidente estaba dominado por la leyenda del triunfo neoliberal sobre el oso soviético, por lo que el sistema neoliberal definió todos los principales mecanismos legales, el papel de la industria pública y las relaciones con las finanzas, de acuerdo con ese modelo ideológico.

Este modelo asume que la libertad de comercio es un sustituto ideal de la democracia (de hecho, una mejora con respecto al tosco mecanismo de las elecciones democráticas) y privilegia el papel dinámico del gran capital, frente al cual la política debe desempeñar un papel secundario, de facilitador.

B) La soberanía de la economía financiera.

Teorías escandalosamente abstractas, como el modelo de Nozick sobre el nacimiento del Estado a partir del libre comercio egoísta, constituyeron la columna vertebral de un modelo inédito, en el que se imaginaba que una estructura política (una unión política, un estado federal, etc.) podía surgir como resultado de una intensa interacción de mercado. El modelo europeo se convierte así en el primer experimento histórico (y, a juzgar por los resultados, también el último) en el que se pensaba que un mercado común (es decir, un aparato de competencia mutua entre Estados en un marco que obligaba a la máxima competitividad) sería el precursor de una unión política.

Obviamente, lo que ocurrió en realidad fue lo que siempre ocurre en condiciones de mercado altamente competitivas sin filtros políticos (sin barreras arancelarias, sin ajustes monetarios, etc.): hubo ganadores y perdedores, hubo países que obtuvieron ventajas y países cuyos recursos fueron expoliados (Italia se encuentra entre estos últimos).

La idea obsoleta de gobiernos democráticos responsables ante los votantes fue sustituida por la idea de una «gobernanza» como sistema de reglas para la gestión económica, lo que condujo a la idea de una política gestionada por un «piloto automático».

C) Política del ganador se lo lleva todo.

Los sistemas financieros son impersonales, acéfalos y supranacionales, pero eso no significa que no tengan centros de gravedad. El centro de gravedad principal del sistema financiero occidental está representado por el eje Nueva York-Londres, donde su brazo político principal ha sido siempre el Gobierno estadounidense (cualquier Gobierno estadounidense).

La Europa de Maastricht, que se ha puesto a jugar a nivel internacional según las reglas neoliberales, ha caído fatalmente en la órbita gravitatoria de los principales gestores de fondos financieros, encarnados por la política estadounidense. En Estados Unidos, las políticas de supremacía nacional y de beneficio financiero son indistinguibles: son lo mismo con mínimas variaciones estilísticas. La Europa de Maastricht ha vuelto así íntegramente bajo el ala hegemónica de Estados Unidos precisamente en la fase histórica en la que el desarrollo económico de la posguerra habría permitido una autonomización.

La hegemonía estadounidense desde los años 90 ha sido financiera, militar, pero sobre todo cultural, demoliendo gradualmente toda la capacidad de resistencia interna europea. En el plano cultural, los últimos 30 años han representado la americanización ideológica integral de Europa, donde se han importado no solo productos cinematográficos y estilos musicales, sino sobre todo modelos institucionales, modelos de gestión de la escuela, la universidad, los servicios públicos, etc.

D) El suicidio geopolítico

La hegemonía cultural ha facilitado el crecimiento de la hegemonía político-militar estadounidense, que, en lugar de retirarse tras los resultados de la Segunda Guerra Mundial, se ha impuesto en una nueva dimensión geopolítica.

Europa (UE) ha comenzado a respaldar sistemáticamente todas las iniciativas de reestructuración geopolítica estadounidense, desde Afganistán hasta Irak, Yugoslavia y Libia. El marco ideológico —la leyenda progresista del sistema internacional basado en las normas y el respeto de los derechos humanos— ha permitido que las políticas estadounidenses se aceptaran sin resistencia por parte de la opinión pública europea. Durante dos décadas, los ciudadanos europeos se han tragado como patos engordados todos los cuentos de hadas estadounidenses sobre la «emancipación de los pueblos oprimidos», las «intervenciones humanitarias» y la «policía internacional» .

Mientras tanto, mientras nuestros periódicos se intercambiaban medallas por lo civilizados e ilustrados que éramos, Estados Unidos rompió todas las cadenas de suministro vitales para Europa. Desestabilizó a todos los productores de petróleo de Oriente Medio que no eran ya vasallos de Estados Unidos (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, etc.). Así, Irak y Libia pasaron de ser proveedores independientes a convertirse en montones de ruinas donde solo cuenta la fuerza militar. Con el cuento de hadas de los derechos humanos para los incautos, Irán fue sancionado y aislado también de la posibilidad de comerciar sus recursos con Europa. Por último, las reiteradas provocaciones en la frontera ucraniana han logrado provocar la guerra que aún continúa, que ha cortado el principal pulmón de suministro energético para la industria europea, Rusia.

Una vez eliminados Oriente Medio y Rusia, los genios de la política europea se han apoyado con manos y pies en el GNL estadounidense, lo que ha provocado una dramática pérdida de competitividad de la industria europea. Y llegados a este punto, obviamente, el poder de negociación europeo frente a los Estados Unidos es exactamente cero. Si Trump quiere Groenlandia, le daremos Groenlandia; si quiere el ius primae noctis, le daremos el ius primae noctis (basta con que desconecte el GNL para poner de rodillas al continente).

E) ¿Qué hacer?

Una situación tan comprometida es realmente difícil de recuperar. De hecho, la Unión Europea neoliberal y sus instituciones han sancionado el colapso histórico más grave que ha sufrido Europa en su historia, peor incluso que la Segunda Guerra Mundial, desde el punto de vista del poder comparativo.

La solución teórica a seguir es sencilla en teoría (mucho menos en la práctica).

La UE debe cerrar sus puertas, colgar el cartel de «cerrado por quiebra» y quedar como una página oscura en los libros de historia. (Queda el problema técnico de qué hacer con el euro).

En lugar de la UE, deben surgir inmediatamente alianzas estratégicas entre Estados europeos con intereses afines.

Inmediatamente deben reabrirse todos los canales diplomáticos y económicos con todos los países que el soft power estadounidense nos ha presentado como monstruos repugnantes: Rusia, China, Irán.

Solo así se puede romper el asedio estadounidense a Europa (y al resto del mundo).

Solo así Europa podrá reabrir un futuro para las próximas generaciones.

Obviamente, en el clima cultural cultivado durante décadas, una perspectiva de este tipo no puede sino encontrar una resistencia tenaz. Y si así fuera, una vez más Europa se habría sacrificado por unas ideas (estúpidas).

Pero, a diferencia de la canción de Georges Brassens, esta vez moriremos por unas ideas, pero no de muerte lenta." 

(Andrea zhok, facebook, 22/01/26) 

27.12.25

2025: El año en que sentimos vergüenza de ser europeos... la renuncia de la Unión Europea a ser un baluarte libre y autónomo de la paz y la democracia, y el reconocimiento público de su sometimiento servil e indigno hacia Estados Unidos lo elegiría como referente de 2025... Costaría trabajo señalar un solo mes del año en el que no se haya producido una ofensa, un insulto, una amenaza, alguna muestra, en fin, de desprecio, agresividad y enemistad de la administración de Donald Trump hacia la Unión Europea, sus valores fundacionales y su ciudadanía. Y el mismo esfuerzo llevaría encontrar alguna respuesta firme, digna y con coraje por parte de sus mandatarios... El año termina con sanciones a dirigentes europeos que pusieron en marcha normas comunitarias en defensa de libertades y derechos de ciudadanía elementales... Ha sido tan sumisa ante las afrentas de Estados Unidos como silente ante las crueldades de Israel en Palestina. En ambos casos, cobarde y, por tanto, cómplice de la autocracia y del crimen... La única reacción consistente de Europa ha sido el rearme, que lleva a lo único que saben hacer bien los dirigentes y las instituciones europeos, aumentar las ganancias de las grandes corporaciones... La Unión Europea ha capitulado ante Estados Unidos, y está dando por bueno lo que Estados Unidos ya expresa sin ningún disimulo: su nueva y obligada estrategia para sobrevivir como potencia imperial pasa por reducir Europa a la nada, económica y políticamente hablando... Es lo que ocurrirá inexorablemente si aquí no se recupera la dignidad y si no se da completamente la vuelta al diseño de la Unión Europea... Europa no carece de medios para defenderse, el arma que tiene es que Europa cumpla sus propias leyes –en concreto el Reglamento General de Protección de Datos– y que utilice los instrumentos anticoerción de los que dispone... puede bloquear la producción de chips (fábrica holandesa), o podría bloquear la Inteligencia Artificial estadounidense, que se alimente de datos personales, algo ilegal en Europa (Juan Torres López)

 "Hay muchos motivos por los que el año que está a punto de acabar merece ser recordado con frustración y dolor. Hemos vuelto a contemplar auténticos genocidios. Según el Instituto para la Economía y la Paz (IEP), el número de conflictos armados ha vuelto a ser el más elevado desde la Segunda Guerra Mundial, involucrándose en algunos de ellos potencias nucleares, con el riesgo añadido que eso conlleva. Amnistía Internacional ha mostrado que la situación de los derechos humanos se deteriora en todo el mundo. Las causas, según esta organización, son la “inacción colectiva para abordar la crisis climática, revertir las desigualdades cada vez más profundas y restringir el poder de las empresas”, así como “la deriva hacia prácticas autoritarias y crueles medidas represivas contra la disidencia en todo el mundo"

Hay, pues, numerosos elementos que podrían ser tomados como muestra de la desastrosa situación en la que se encuentra el planeta. Sin embargo, me parece que hay uno que tiene una especial relevancia geopolítica y estratégica, y que yo elegiría como referente de 2025: la renuncia de la Unión Europea a ser un baluarte libre y autónomo de la paz y la democracia, y el reconocimiento público de su sometimiento servil e indigno hacia Estados Unidos.

Costaría trabajo señalar un solo mes en el que no se haya producido una ofensa, un insulto, una amenaza, alguna muestra de enemistad de la administración Trump hacia la UE

Costaría trabajo señalar un solo mes del año en el que no se haya producido una ofensa, un insulto, una amenaza, alguna muestra, en fin, de desprecio, agresividad y enemistad de la administración de Donald Trump hacia la Unión Europea, sus valores fundacionales y su ciudadanía. Y el mismo esfuerzo llevaría encontrar alguna respuesta firme, digna y con coraje por parte de sus mandatarios. 

En febrero de 2025, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, el vicepresidente JD Vance criticó que Europa defienda la democracia, y señaló a la extrema derecha neofascista como la portadora de los valores que Estados Unidos quiere compartir en nuestro continente. Poco más tarde, Trump ridiculizó a Zelenski y después los líderes europeos lo visitaron para ser recibidos como alumnos a quienes el director de la escuela apercibe y da instrucciones. Después, la mayoría de los gobiernos europeos se arrodillaron ante “papito”, según llamó el secretario general de la OTAN a Trump, y aceptaron un caprichoso, irracional e injustificado compromiso de llegar al 5 % del PIB en gasto militar. Por si eso fuese poco, la presidenta de la Comisión Europea superó todas las marcas de la indignidad aceptando las imposiciones comerciales del presidente estadounidense en un campo de golf propiedad de este último. La Estrategia Nacional de Seguridad publicada hace unas semanas confirmó de la forma más nítida posible que Estados Unidos desprecia a la Unión Europea y que se dispone a apoyar a las fuerzas políticas que ponen en cuestión su propia existencia. El año termina con sanciones a dirigentes europeos que pusieron en marcha normas comunitarias en defensa de libertades y derechos de ciudadanía elementales.

Ante todo eso, la Unión Europea apenas ha abierto la boca. O ha callado, o no ha ido más allá de mostrar algunas respuestas tibias, tan tímidas, impotentes e ineficaces que, en lugar de reforzar o marcar su posición, lo que han conseguido es producir vergüenza y quedarse en una situación aún más insignificante, en ridículo y en evidencia en el escenario internacional. Ha sido tan sumisa ante las afrentas de Estados Unidos como silente ante las crueldades de Israel en Palestina. En ambos casos, cobarde y, por tanto, cómplice de la autocracia y del crimen.

La única reacción consistente de Europa ha sido el rearme

La única reacción consistente de Europa ha sido el rearme. Una respuesta, sin embargo, que la debilita aún más porque es una estrategia que carece de elementos esenciales para poder ser una sincera y útil apuesta para garantizar nuestra defensa: unidad política y un ejército auténticamente paneuropeo, no depender del material bélico y de la inteligencia de terceros y en concreto de Estados Unidos, autonomía energética e industria potente y, sobre todo, una ciudadanía dispuesta a tomar las armas bajo una misma bandera. El aumento del presupuesto militar sólo lleva a lo único que saben hacer bien los dirigentes y las instituciones europeos, aumentar las ganancias de las grandes corporaciones.

La Unión Europea ha capitulado ante Estados Unidos cuando este se ha mostrado como enemigo de Europa. Y lo peor no es que lo haya hecho ante los aranceles, las anunciadas sanciones a empresas o las ya establecidas sobre personalidades europeas, como he mencionado, o ni siquiera ante la que va a ser cada vez mayor intromisión trumpista en Europa para apoyar al neofascismo europeo. Lo que realmente está dando por bueno es lo que Estados Unidos ya expresa sin ningún disimulo: su nueva y obligada estrategia para sobrevivir como potencia imperial pasa por reducir Europa a la nada, económica y políticamente hablando.

La pregunta clave en esta situación es si la Unión Europea está en condiciones de responder de otro modo, o si necesariamente ha de darse por vencida, aun a sabiendas de que esto sólo la llevará a la irrelevancia internacional y quizá por un camino sin vuelta atrás hacia su progresiva desintegración.

Johnny Ryan, director de Enforce, una unidad del Consejo Irlandés para las Libertades Civiles que supervisa los derechos humanos en las grandes plataformas digitales, escribió en septiembre pasado un artículo significativamente titulado Europa debe tomar la bazuca o será humillada. De él se deduce que si Europa no se está defendiendo es porque sus dirigentes no lo desean, y no porque carezcan de medios para hacerlo.

El arma a la que se refería Ryan es, simple y llanamente, que Europa cumpla sus propias leyes –en concreto el Reglamento General de Protección de Datos– y que utilice los instrumentos anticoerción de los que dispone. 

Como señala Ryan en otro un artículo posterior publicado en The Guardian, se sabe que las grandes empresas tecnológicas estadounidenses están entrenando sus modelos de IA con grandes cantidades de datos personales, algo que es ilegal en Europa y que sólo salvan gracias a que la Comisión Europea viene haciendo la vista gorda con la normativa muy laxa en ese aspecto de Irlanda. 

Ante las amenazas y agresiones trumpistas, Europa podría recurrir al mismo tipo de restricciones que impone EEUU y bloquear la producción de chips

Si la Unión Europea “tuviera el coraje de ejercer esta presión –dice Ryan– estas empresas tecnológicas estadounidenses tendrían que reconstruir sus tecnologías desde cero para gestionar los datos correctamente”. Y a esto se podría añadir que Europa dispone de otra “bomba” que produciría un daño inmenso a la economía estadounidense si la utilizara: la empresa neerlandesa ASML –sujeta a legislación neerlandesa, normativa europea, y decisiones políticas del gobierno holandés y de la Unión Europea– es la única que fabrica las máquinas de litografía sin las cuales no se pueden grabar los microchips esenciales para las grandes empresas tecnológicas estadounidenses. Ante las amenazas y agresiones trumpistas, Europa podría recurrir al mismo tipo de restricciones que impone Estados Unidos y bloquear la producción de chips.

Como dice Ryan, es poco probable que la burbuja de la inteligencia artificial sobreviviera a este doble impacto. La Unión Europea podría frenar en seco la economía estadounidense, actualmente impulsada por la inversión en inteligencia artificial. 

Son sólo dos ejemplos que fácilmente demuestran que Europa sí dispone de instrumentos para enfrentarse inmediatamente a Estados Unidos y negociar en lugar de someterse, si sus dirigentes quisieran; como han querido los de Brasil, por ejemplo, cuando han plantado cara con dignidad a una potencia mucho más poderosa.

La inacción de Europa es el resultado de muchas décadas de sometimiento al imperio, de democracia inexistente 

No se trata, sin embargo, de una simple falta de voluntad y dignidad de las autoridades europeas. Su inacción es el resultado de muchas décadas de sometimiento al imperio, de democracia inexistente a escala paneuropea, de un diseño institucional concebido para satisfacer la avaricia corporativa en lugar de para generar bienestar y que, por tanto, ha dejado sin suficiente protección ni seguridad a la gente corriente, lo que ahora la lleva a caer cada vez más en brazos de la extrema derecha. En lugar de generar pulsión democrática que le ayudara a defenderse de agresiones exteriores, los dirigentes y las instituciones europeas se han convertido en la fuente de insatisfacción que alimenta al autoritarismo; y la vergüenza y repulsa ante el modo en que se comportan sus dirigentes sustituyen al afecto y la complicidad que son imprescindibles para forjar comunidades unidas, libres y estables.

Quienes han decidido y deciden ahora los destinos de Europa sometiéndose al imperio de las grandes empresas y al interés de Estados Unidos la han convertido en enemiga de sí misma. En una especie de enferma autoinmune, pues ella misma genera los elementos que la atacan, en lugar de producir los valores de la paz, la democracia, el bienestar y la seguridad como las mejores y más efectivas defensas ciudadanas y civilizatorias que son para protegerse de cualquier amenaza exterior. 

Y sólo hay un error mayor que eso: creer que se sufre una simple enfermedad pasajera que desaparecerá cuando Donald Trump abandone la Casa Blanca. En el supuesto optimista que no venga una etapa aún peor en 2028, la vuelta del Partido Demócrata podrá aliviar las formas, pero no evitar lo fundamental, como ya empezó a ocurrir con Obama y Biden, o hubiera sucedido si hubiese ganado Kamala Harris. El problema de fondo no es Trump, sino que el imperio en declive ya no puede pagar aliados, que debe defenderse a sí mismo y que hará lo que sea necesario para que Europa desaparezca del tablero internacional. Es lo que ocurrirá inexorablemente si aquí no se recupera la dignidad y si no se da completamente la vuelta al diseño de la Unión Europea."

(Juan Torres López, CTXT, 26/12/2025)