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20.6.26

De los generales a Milei: Argentina bajo la tutela de su deuda... En 1976, los militares argentinos derrocaron al gobierno de Isabel Perón, y multiplicó por seis su deuda externa – de 7,8 a 45 mil millones de dólares entre 1975 y 1983 – con la activa participación de grandes bancos comerciales europeos. El comienzo de un engranaje financiero sin fin, que explica incluso, cincuenta años después, la llegada al poder de Javier Milei, quien es su heredero ideológico... En julio de 2000, el juez federal argentino Jorge Ballestero concluyó que la deuda contraída por la junta es en gran parte ilegal. El magistrado identificó más de 470 actos ilícitos [8], entre los que se incluían préstamos forzosos a empresas estatales, la nacionalización de deudas privadas de grandes grupos industriales y la simultánea fuga de capitales – la deuda se evaporaba del país en el mismo momento en que se contraía. Esta sentencia no tuvo ninguna consecuencia penal internacional. Hasta la fecha, ninguna instancia judicial se ha ocupado de los archivos bancarios... En 1983, el presidente Raúl Alfonsín optó por asumir la deuda contraída por la junta. Esta transferencia, de los verdugos a sus víctimas, inauguró lo que se conoce como la "década perdida": planes de ajuste impuestos por el FMI, austeridad, colapso de los niveles de vida. Desde entonces, el endeudamiento cíclico se ha convertido en un instrumento de presión permanente sobre los gobiernos argentinos, cualquiera que sea su color político... Y así es como Javier Milei pudo acceder al poder para resolver una interminable crisis financiera heredada de la dictadura. Cuidándose mucho de señalar su origen: la deuda contraída bajo la dictadura. Más simple y eficaz culpar al último gobierno – de centro-izquierda – y a la derecha neoliberal que lo precedió, que reconocer el papel de una dictadura por la que nunca ha ocultado su simpatía (Mikaël Faujour)

"De generales a Milei: Argentina bajo la tutela de su deuda.

El 24 de marzo de 1976, los militares argentinos derrocaron al gobierno de Isabel Perón. Se sabe que la dictadura que siguió hizo desaparecer hasta treinta mil personas, pero no que multiplicó por seis su deuda externa – de 7,8 a 45 mil millones de dólares entre 1975 y 1983 – con la activa participación de grandes bancos comerciales europeos. El comienzo de un engranaje financiero sin fin, que explica incluso, cincuenta años después, la llegada al poder de Javier Milei, quien es su heredero ideológico.

**Índice**

- "Dominaron el terrorismo abierto, al precio de algunos derechos humanos."
- Bancos y Estados: una complicidad de doble nivel
- Deuda ilegal, impunidad duradera y rehabilitación de la junta

Hasta el golpe de Estado de 1976, la presencia de bancos extranjeros en Argentina se había mantenido estable durante más de un siglo. En 1863, el Bank of London and South America abrió el baile. De 1863 a 1975, una quincena de entidades se establecieron en el país. Luego, con la llegada al poder de la junta militar, las cosas se aceleraron y el número de bancos extranjeros pasó de 15 a 33 entre 1976 y 1982 [1].

El mecanismo se puso en marcha en julio de 1976, cuatro meses después del golpe. José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía nombrado por la junta – un hijo de la aristocracia terrateniente argentina, educado en Eton y Cambridge –, emprendió una gira europea para convencer a las grandes plazas financieras de prestar a Buenos Aires.

En Londres, fue recibido a cenar por los directivos de Lloyds Bank y Baring Brothers en el Brooks Club, uno de los clubes más "selectos" de la ciudad, e incluso apareció en la portada de Euromoney en septiembre de 1976. La revista financiera resumió entonces el estado de ánimo del sector: "Argentina ya no es un nombre que haga estremecer a los banqueros internacionales."

Resultado de esta gira: los bancos británicos prestaron 60 millones de dólares en pocas semanas [2]. Ese mismo año se organizó un préstamo global de 970 millones de dólares, en el que participaron bancos estadounidenses, canadienses, europeos y japoneses [3].

**"Dominaron el terrorismo abierto, al precio de algunos derechos humanos."**

Los archivos de los bancos europeos, hoy accesibles para los investigadores, atestiguan una conciencia perfectamente lúcida de la situación.

Ya en julio de 1976, Guy Huntrods, director de la división de América Latina de Lloyds Bank International, redactó un informe confidencial para los directivos del banco. En él se alegraba del derrocamiento del gobierno peronista y desestimaba las acusaciones de represión, "muy de moda en ciertos círculos demasiado propensos a emitir juicios superficiales y sesgados sobre países latinoamericanos cuyas formas de gobierno no encajan en el molde gris de la socialdemocracia".

Un año después, en septiembre de 1977, el presidente de Lloyds Bank, Sir Jeremy Morse, resumió su visita de tres días a Buenos Aires: "El gobierno militar ha dominado el terrorismo abierto a un cierto precio en materia de derechos humanos." Los resultados económicos le satisfacían más: los beneficios argentinos del banco se acercaban a los 10 millones de libras esterlinas.

La Société Générale no se quedó atrás. En marzo de 1980, su economista jefe, Yves Laulan, regresó de Argentina. En su informe interno, señaló que "la seguridad en Buenos Aires es notable, tanto de día como de noche" y concluyó: "Argentina sigue representando un buen riesgo-país para nuestro banco." Entre 1978 y 1980, los compromisos de la Société Générale en Argentina habían aumentado un 446%.

Barclays, por su parte, produjo en junio de 1977 un informe interno titulado "Regímenes opresivos en América Latina", que reconocía que "prácticamente todos los gobiernos sudamericanos son tiránicos". Esto no le impidió continuar sus actividades en la región. Las violaciones de los derechos humanos eran conocidas, documentadas en la prensa internacional y denunciadas por Amnistía Internacional desde los meses posteriores al golpe de Estado. "No se descubrieron las torturas al final de la dictadura", resume hoy Altamura.

En ocho años, unas 30.000 personas fueron secuestradas, torturadas en más de 500 centros de detención clandestinos – entre ellos la infame Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en Buenos Aires –, y luego arrojadas vivas al Río de la Plata o al mar desde aviones militares, o ejecutadas sin juicio. Cientos de bebés nacidos de madres detenidas fueron robados y entregados a otras familias; las Abuelas de Plaza de Mayo han recuperado hasta la fecha a más de 130 de ellos.

**Bancos y Estados: una complicidad de doble nivel**

Los bancos comerciales no fueron los únicos implicados. Apenas cinco meses después del golpe de Estado, en agosto de 1976, el FMI firmó un acuerdo de confirmación de 260 millones de dólares con la junta. En septiembre de ese mismo año, el Banco Mundial publicó un informe sobre Argentina – sin la más mínima mención a los derechos humanos [4]. En mayo de 1978, durante una reunión del consejo del Banco Mundial sobre un préstamo de 60 millones de dólares a Buenos Aires, un administrador intentó mencionar las "condiciones sociales" del país. Robert McNamara, presidente de la institución, zanjó: "Nos estamos desviando de la cuestión que nos ocupa, que es este proyecto específico" [5].

El caso francés revela una imbricación aún más directa entre bancos y poder político. Nacionalizados desde 1945, el Crédit Lyonnais y la Société Générale fueron, durante todo el período 1976-1983, entidades públicas. Cuando estos bancos prestaban a Buenos Aires, era, por tanto, el Estado francés el que financiaba a la junta.

Como establecen Altamura y Flores Zendejas a partir de los archivos bancarios, "los grandes bancos franceses tenían al Estado como accionista único y veían cómo sus decisiones de préstamo eran a menudo impuestas directamente por el Ministerio de Finanzas […, de modo que] negarse a ciertos préstamos era casi imposible" [6]. La presión adoptaba formas explícitas: en 1980, Philippe Lagayette, director del Tesoro, advirtió a las entidades reacias que "el ministro no olvidaría a los bancos que se hubieran negado a participar".

En mayo de 1980, Martínez de Hoz fue recibido en París por el presidente Valéry Giscard d'Estaing y se reunió con los ministros de Industria, Comercio Exterior y Economía. La embajada británica comentó: Francia, "con su conocida voluntad de aumentar sus exportaciones, está a la vanguardia de los países dispuestos a hacer negocios con Argentina". Estos negocios incluían la venta de armas: aviones de combate y misiles Exocet entregados a Buenos Aires, financiados mediante operaciones bancarias garantizadas por el Estado a través de la Compañía Francesa de Seguros para el Comercio Exterior (Coface). La armada argentina figuraba en el sexto lugar entre los deudores del país, con más de dos mil millones de dólares prestados por los bancos comerciales.

En 1983, el Banco de Pagos Internacionales reconoció en su informe anual que, si bien las autoridades de supervisión fomentaban la moderación de los préstamos, "los gobiernos no siempre se oponían a solicitar la participación de los bancos en las financiaciones vinculadas a las exportaciones" [7].

**Deuda ilegal, impunidad duradera y rehabilitación de la junta**

En julio de 2000, el juez federal argentino Jorge Ballestero dictó su veredicto en el caso iniciado por el periodista Alejandro Olmos ya en 1982. Su conclusión fue contundente: la deuda contraída por la junta es en gran parte ilegal. El magistrado identificó más de 470 actos ilícitos [8], entre los que se incluían préstamos forzosos a empresas estatales, la nacionalización de deudas privadas de grandes grupos industriales y la simultánea fuga de capitales – la deuda se evaporaba del país en el mismo momento en que se contraía. Esta sentencia no tuvo ninguna consecuencia penal internacional. Hasta la fecha, ninguna instancia judicial se ha ocupado de los archivos bancarios revelados por investigadores como Carlos Edoardo Altamura.

El paralelismo entre Javier Milei, favorito de los "liberales" contemporáneos, y Martínez de Hoz viene a la mente y evoca una profunda continuidad histórica. Este último había seguido siendo "el hombre de las manos limpias" de la junta: educado en las mejores instituciones británicas, admirado por los banqueros de Wall Street y la City, había convertido a la dictadura en un interlocutor creíble para las finanzas internacionales – hasta el punto de que el magnate David Rockefeller lo saludaba públicamente como uno de los "grandes ministros de Economía" argentinos. Su foto en la portada de Euromoney en 1976 era – salvando las distancias – lo que hoy representa la cobertura mediática favorable a Javier Milei en la prensa financiera anglosajona. "Cuando Milei habla en Davos, muestra el vínculo entre las élites internacionales para defender un modelo económico que no beneficia a las poblaciones locales, con un modelo centrado en lo extranjero más que en lo doméstico", observa Altamura.

En 1983, el presidente Raúl Alfonsín optó por asumir la deuda contraída por la junta – una deuda que los acreedores se negaron a cuestionar. Esta transferencia, de los verdugos a sus víctimas, inauguró lo que se conoce como la "década perdida": planes de ajuste impuestos por el FMI, austeridad, colapso de los niveles de vida. Desde entonces, el endeudamiento cíclico se ha convertido en un instrumento de presión permanente sobre los gobiernos argentinos, cualquiera que sea su color político.

Y así es como Javier Milei, economista de televisión perentorio, que cultiva una imagen de rebelde "antisistema", pudo acceder al poder para resolver una interminable crisis financiera heredada de la dictadura. Cuidándose mucho – ¿acaso es capaz siquiera? – de señalar su origen: la deuda contraída bajo la dictadura. Más simple y eficaz culpar al último gobierno – de centro-izquierda – y a la derecha neoliberal que lo precedió (aunque sea convocando a figuras de esta última para que le apoyen en la segunda vuelta y luego ejerzan el poder...) que reconocer el papel de una dictadura por la que nunca ha ocultado su simpatía. A finales de la década de 1990, había trabajado como asesor político de un diputado que más tarde fue condenado por crímenes de lesa humanidad; su vicepresidenta, Victoria Villarruel, ha hecho de la rehabilitación de la dictadura la lucha de su vida; y el negacionismo se ha impuesto desde la cúpula del Estado tras su llegada al poder.

Un último hecho también merece ser mencionado. Bajo Milei, los presupuestos para la investigación en ciencias sociales han caído drásticamente. Así, la historiadora Victoria Basualdo, que dirigía una de las principales redes internacionales de investigadores sobre la represión y la complicidad empresarial durante la dictadura, vio interrumpido su programa al cabo de un año. Un ejemplo entre otros...

El país que aún paga las deudas de su dictadura destruye también, con un presidente que reivindica su herencia, las herramientas intelectuales que permiten comprenderla. 

Notas:

[1«  Friends in High Places  ? International Banks and the Argentinian Military Dictatorship  », Carlos Edoardo Altamura, Journal of Contemporary History, 2025.

[2«  Global Banks and Latin American Dictators, 1974-1982  », Carlo Edoardo Altamura, Business History Review, 2021.

[3«  Dirty War/Dirty Loans  », mémoire de master de David Spector, Harvard, 2026.

[4Argentina : Economic Memorandum, Banque mondiale, cité par David Spector, op. cit.

[5Procès-verbal du conseil de la Banque mondiale, cité par David Spector, op. cit.

[6«  Politics, International Banking, and the Debt Crisis of 1982  », Carlos Edoardo Altamura et Juan Flores Zendejas, Business History Review, vol. 94, n° 4, 2021.

[7BRI, Rapport annuel 1983, cité par Altamura et Flores Zendejas, art. cit.

[8«  El frente de la deuda externa en los añosde Alfonsín (1983-1985) : de la estrategiade integración internacional a laspresiones en la economía nacional  », Ignacio Andrés Rossi, Travesía, vol. 24, nº 2, juillet-décembre 2022. " 

( Mikaël Faujour , CADTM, 19/06/26, traducción Deep Seek, enlaces en el original, fuente  Elucid )

29.2.24

El Plan Patacón para el desarrollo económico de Buenos Aires... Una alternativa provincial para evitar el estallido social al que nos conduce la política económica del Gobierno Nacional de Milei... se trata de implementar una moneda complementaria... el gobierno de la Provincia de Buenos Aires impondrá una obligación impositiva de que todas las residencias entreguen vales por 4 horas de servicio público calificado por semana, pagable sólo en Patacones... vales libremente transferibles a cambio de las horas de trabajo vendidas por el público (Agustín Mario , con la asistencia editorial de Warren Mosler)

 "Una economía con desempleo no se encuentra sujeta a un trade off entre usos alternativos de los recursos. Muy por el contrario, de lo que rezan los manuales que definen a la economía como la disciplina que estudia la asignación de recursos escasos, cuando hay recursos desempleados (no utilizados), es posible producir más sin que esto implique resignar nada a cambio. En pocas palabras, el desempleo es un costo real, evidencia del desaprovechamiento de recursos: ni más ni menos que una ineficiencia económica.

El costo de oportunidad de utilizar los recursos desempleados es cero. 

Sin embargo, la teoría económica dominante considera que el dinero -requerido para aprovechar esos recursos desempleados- es escaso. El latiguillo "no hay plata" utilizado en Argentina por el nuevo Presidente, refiriéndose a las finanzas públicas, es suficientemente ilustrativo al respecto. Aunque el Gobierno Nacional es el emisor de pesos y, por lo tanto, puede actuar contra-cíclicamente, ha anunciado que hará todo lo contrario

Debido a una estructura impositiva que depende fuertemente del ciclo económico, la reducción del gasto público muy probablemente no elimine el déficit, pero en cambio afectará las cantidades, es decir, incrementará el desempleo, dotando de un marcado sesgo pro-cíclico a la política económica. 

Además, a diferencia del Gobierno Nacional, los gobiernos subnacionales -y las provincias, en particular- son usuarios de pesos y, como tales, sí tienen restricciones financieras. En este caso, la usual analogía con las finanzas de los hogares es aplicable: deben recaudar o pedir prestados pesos antes de poder gastarlos. Por lo tanto, son incapaces de actuar contra-cíclicamente para sostener la demanda. 

Una alternativa para evitar el estallido social al que nos conduce la política económica del Gobierno Nacional es implementar una moneda complementaria.

 El programa 

El programa puede ser delineado del siguiente modo: 

i) El gobierno de la PBA (en adelante, la PBA) impondrá una obligación impositiva de que todas las residencias entreguen vales por 4 horas de servicio público calificado por semana, pagable sólo en Patacones. La obligación semanal sugerida representa alrededor del 10% de una jornada semanal típica (*).

ii) La PBA ofrecerá un empleo a cualquiera que quiera y pueda trabajar, lo que resultaría, por definición, en pleno empleo. 

iii) La PBA emitirá vales libremente transferibles a cambio de las horas de trabajo vendidas por el público; estos vales serán denominados Patacones y llevarán la inscripción "esta nota representa una hora de servicio comunitario" (**). 

iv) Las residencias cumplirán la obligación impositiva al entregar Patacones a la PBA. El efecto directo de la obligación impositiva es la creación de una necesidad inmediata de Patacones por parte de las residencias. Ante esta situación, el público puede aplicar a un trabajo en la PBA para obtener los Patacones requeridos directamente; u ofrecer bienes y servicios a otros a cambio de los Patacones requeridos -es decir, adquirir los Patacones en el mercado-. Los proveedores de servicios comunitarios aprobados (oficinas de gobierno provincial y/o municipal, universidades, escuelas y, en general, organizaciones sin fines de lucro) serían provistos con Patacones para contratar trabajadores, siempre que cumplan estándares básicos de salud, seguridad y responsabilidad.

Implicancias 

Veamos algunas implicancias que se siguen lógicamente de lo hasta aquí expuesto, aún cuando se encuentren reñidas con el sentido común. 

La PBA no puede recaudar Patacones hasta después de haberlos gastado a cambio de horas de trabajo. Además, al menos en el primer período -contable, desde la introducción del Patacón- la PBA no puede recaudar más de lo que ha gastado, y cualquier superávit en períodos posteriores estará limitado por los déficits acumulados en los períodos previos. 

Lo que es más importante, la PBA no tiene restricciones financieras en Patacones. Esto no quiere decir, de ninguna manera, que deba gastar como si no hubiera un mañana. De hecho, el gasto estará limitado por lo que es ofrecido a cambio de Patacones, esto es, la cantidad de horas de trabajo que el público desea vender a la PBA.

En este sentido, el gasto de Patacones por parte de la PBA estaría "determinado por el mercado" (***).

La PBA puede esperar gastar al menos tantos Patacones como las residencias necesitan para cancelar su obligación impositiva; probablemente, podrá gastar más (tener un déficit), a los precios que desea pagar, si el público desea atesorar Patacones. 

Por lo tanto, es de esperar que la PBA gaste más Patacones de los que recauda, lo que se denomina gastar en déficit, y en este caso las preocupaciones sobre la solvencia son obviamente inaplicables. 

Como debe haber quedado claro, el propósito de la obligación impositiva es que las residencias necesiten Patacones y, por ende, ofrezcan bienes y servicios (trabajo) a cambio. 

Esto demuestra que el rol del pago de impuestos, contrariamente a lo que suele creerse, no es financiar el gasto público. 

Nótese que, por definición, el ahorro del público (superávit) es idéntico al déficit de la PBA. 

Es evidente, también, que la PBA no necesita pedir prestados Patacones para poder gastar (i.e, endeudarse). De hecho, sólo podría "pedir prestados" Patacones que haya gastado previamente en déficit. Si bien no se recomienda, si lo considerara apropiado la PBA podría ofrecer bonosque paguen interés. 

La PBA podría elegir la tasa de interés que deseara. 

El Plan Patacón aquí brindaría independencia financiera a la PBA

De hecho, sin importar cuántos Patacones gaste, la tasa de interés de política nunca subirá por encima de cero a menos que ofrezca bonos que paguen una tasa positiva -la tasa de interés de política libre de riesgo, natural o normal es cero-. 

A diferencia de la creencia convencional, los déficits públicos no presionan al alza de la tasa de interés. Es también obvio que, por ejemplo, si la PBA ofreciera bonos que pagan una tasa del 100% anual -como lo hace actualmente el Gobierno Nacional-, el público tendría una fuente de ingresos (ingresos por intereses) alternativa a proveer horas de trabajo a la PBA, lo que podría reducir la oferta de trabajo del público destinada a obtener Patacones para pagar impuestos. Aquellos con ahorros obtendrían Patacones gratis, pudiendo devaluar el Patacón si ya nadie necesitara trabajar en el programa para pagar impuestos. 

Lo que es más importante, el déficit -o superávit- de la PBA no provee información útil respecto del éxito -o fracaso- del programa. En este sentido, el déficit -o superávit- no es más que un dato contable residual. El éxito del programa debe ser evaluado por los bienes y servicios provistos. 

En particular, 4,9 millones de hogares bonaerenses (EPH, 1er semestre de 2023) trabajando 4 horas semanales, proveerán 19,6 millones de horas de trabajo semanal para servir a la comunidad (ellos mismos incluidos). 

El valor (absoluto) del Patacón y los precios relativos 

Como las residencias necesitan Patacones para cumplir la obligación, la PBA puede dictar los términos en que intercambia su moneda (precio exógeno). En este caso, el valor absoluto del Patacón se establece igual a una hora de trabajo básico. El valor relativo -o de mercado- del Patacón, esto es, lo que los agentes pagarían por el Patacón en lugar de vender su tiempo a la PBA, es necesariamente una función de los precios que paga la PBA cuando gasta. 

Por ejemplo, si la PBA comienza a pagar 2 Patacones/hora, haciendo más fácil obtener un Patacón, el valor absoluto del Patacón caería a ½ hora de trabajo básico y, si los precios relativos no cambian, el Patacón se cambiaría por la mitad de pesos. 

Como los agentes siempre pueden elegir trabajar a cambio de Patacones, hay presión para que el tipo de cambio (Patacón/Peso) retorne a la paridad salarial: el ratio entre los salarios en Patacones y los salarios en pesos. Cada agente va a estar dispuesto a intercambiar Patacones por pesos a la tasa a la que es indiferente entre trabajar por Patacones o pesos. 

Si el salario en pesos es menor (o si es cero, en el caso de los desempleados) a la cantidad de pesos que deben entregarse para conseguir un Patacón (el tipo de cambio de pesos por Patacón), es preferible vender el tiempo a la PBA. Por el contrario, si el salario en pesos es mayor al tipo de cambio de pesos por Patacones, es preferible comprar Patacones para pagar el impuesto. 

Por supuesto, esto depende del salario de cada agente en pesos y en Patacones, pero, al menos en promedio, el tipo de cambio debería retornar a la paridad salarial -de lo contrario, habrá "ganancias de arbitraje"- (****). 

El valor del Patacón es independiente de la cantidad emitida y/o del resultado fiscal. Mientras el Patacón se cambie por una hora de trabajo básico en el margen (la PBA no se rehúsa a contratar a cualquiera que quiera y pueda trabajar), su valor será internamente estable. Habrá estabilidad de precios -definida como estabilidad en el valor absoluto del Patacón- mientras la PBA no gaste tanto a precios de mercado que nadie desee trabajar en el programa. 

El valor relativo del Patacón, es decir, lo que puede comprar, viene dado por la calidad del trabajo básico; de aquí que mejorar dicha calidad (educación, etc.) incrementará el poder de compra del Patacón.

¿Y si "el déficit cero no se negocia"?

Supongamos que las autoridades de la PBA se olvidarán del análisis realizado hasta aquí, y se pusieran como objetivo alcanzar un equilibrio fiscal, en línea con el gobierno nacional. En este caso, limitaría el gasto de Patacones a 23,6 millones de Patacones por semana (el producto de la cantidad de hogares, tomado como proxy de la cantidad de residencias, por la obligación semanal de 4 Patacones). En la medida en que algún agente haya ahorrado Patacones (ingreso no gastado), algún otro no podrá cumplir la obligación. 

Estará, por definición, desempleado, esto es, dispuesto a vender tiempo de trabajo a cambio de Patacones, pero incapaz de hacerlo. 

Los estudiosos del mercado de trabajo dirán que los desempleados son perezosos, de baja calificación, etc. y recomendarán capacitación. Sin embargo, la causa del desempleo sólo puede ser, lógicamente, el insuficiente gasto de Patacones por parte de la PBA, no las características de los desempleados. 

Mejorar las calificaciones sólo desplaza el desempleo a otros. Si hay un deseo de ahorro neto en el público, la PBA debe tener déficit para evitar el desempleo. Limitar el déficit cuando hay personas que quieren y pueden trabajar a cambio de esa moneda es irracional: emitir Patacones no tiene costo para la PBA. 

La única política racional es proveer tantos Patacones como los proveedores de servicios comunitarios requieran o, alternativamente, reducir los requerimientos impositivos (i.e. satisfacer la necesidad de pagar el impuesto y el deseo de ahorro neto).

Expandiendo el uso de Patacones 

Como vimos, dependiendo del número de agentes que, a alguna tasa de cambio (precio), prefieran comprar los Patacones antes que vender su tiempo a la PBA, otros bienes y servicios serán ofrecidos a cambio de Patacones. La PBA tendrá la opción de adquirir estos otros bienes y servicios con Patacones. 

No obstante, este gasto adicional de Patacones reduce la necesidad del público de obtenerlos vendiendo trabajo básico, ya que los pueden obtener vendiendo estos otros bienes y servicios. 

El gasto de la PBA más allá del trabajo básico debe ser limitado de modo de asegurar que un número creíble de personas necesiten vender su tiempo por 1 Patacón por hora. Si la cantidad de personas en el programa se considera demasiado grande, la PBA puede aumentar el resto del gasto de Patacones y/o reducir la obligación impositiva (y viceversa). 

Aquí voy a introducir un poco de aritmética para ilustrar cómo la PBA obtendrá los bienes y servicios reales que necesita para administrar adecuadamente la provincia. Asumamos, como hicimos anteriormente, que la recaudación del impuesto totaliza 23,6 millones de Patacones por semana. La PBA puede esperar poder gastar al menos esa cantidad ya que los dueños de las propiedades no tienen otro modo de obtener Patacones. 

Si la PBA ofrece un Patacón por hora como salario mínimo, y no gasta nada más, puede estar razonablemente segura de que al menos 590.000 trabajadores aplicarían al programa -asumiendo que trabajan 40 horas por semana-. Bueno, quizás la PBA no quiere 590.000 trabajadores básicos pero si quiere otras cosas que serán ofrecidas a la venta por el público (como forma alternativa de obtener los Patacones para pagar impuestos). 

Digamos que la PBA gasta 23 millones de Patacones por semana a precios de mercado, comprando las otras cosas que realmente necesita, incluyendo trabajo especializado y materiales para el sistema legal, la defensa, la educación, el cuidado de la salud y otros servicios públicos (*****). 

El público ahora necesita sólo 600.000 Patacones más por semana para pagar sus impuestos, por lo que se puede confiar en un mínimo de sólo 15.000 trabajadores básicos -asumiendo que trabajan 40 horas semanales- que apliquen al programa. 

Por supuesto, habrá un deseo en el público por efectivo en circulación y otras actividades que causan un deseo de ahorro neto. Esto es generalmente un monto sustancial. 

Supongamos que implica un deseo de obtener otro millón de Patacones por semana. Esto será evidenciado por otros 25.000 trabajadores básicos aplicando al programa, para un total de 40.000.

 Conclusión

La imposición (coercitiva) de una obligación impositiva pagable sólo en Patacones generaría una demanda por la moneda provincial y, así, permitiría movilizar recursos privados (trabajo y, en general, bienes y servicios) al sector público (provisión de bienes y servicios públicos). 

Como vimos, el programa puede expandirse, con la PBA comprando otros bienes y servicios, además del trabajo básico. Por ejemplo, considerando los límites analizados, podría crearse una red de seguridad social, con un ingreso en Patacones para niños y adolescentes, y adultos mayores.

El Plan Patacón aquí presentado brindaría independencia financiera a la PBA -ya que no implica necesidad alguna de financiamiento en moneda de la que se es usuario, como pesos, dólares, etc.-.

Lo que es más importante, permitiría a la PBA actuar contra-cíclicamente, aumentando el déficit cuando el empleo se reduce, y viceversa; es decir, funcionando como un estabilizador automático, manteniendo el pleno empleo y una moneda de valor estable.

 Agradezco la asistencia editorial de Warren Mosler.

(*) Puede pensarse como una reforma al impuesto inmobiliario actual, que ahora sería pagable en Patacones. Si el impuesto no es pagado, el gobierno simplemente vendería la propiedad sin importar quién sea el dueño. Esto puede parecer duro, pero en la práctica el requisito es bastante modesto. Recuérdese, la opción de vender su propio tiempo siempre está disponible y cualquier persona sujeta al requisito solo necesita trabajar cuatro horas por semana. También, el gobierno podría establecer una política de excepción para quienes no pueden trabajar. Por ejemplo, podrían aplicarse exenciones para personas discapacitadas, ancianas o que sufran alguna otra dificultad.

(**) Se sugieren denominaciones de 1, 5 y 10 horas. Adicionalmente, los Patacones podrían ser subdivididos, quizás en monedas de 6 minutos. Aunque un mínimo de efectivo probablemente sea necesario, el Patacón podría ser eminentemente digital (i.e., puramente electrónico). Por ejemplo, la Cuenta DNI podría agregar un saldo en Patacones.

(***) Aún cuando un agente no sea sujeto de la obligación impositiva podría demandar Patacones porque sabe que alguien más lo necesita. En general, el déficit público está limitado por el deseo de ahorro del resto de la economía. Esto incluye, por supuesto, al sector externo de la PBA: las importaciones de la provincia estarán limitadas por el deseo de ahorro de Patacones de "extranjeros" más las exportaciones.

(****) Para que este proceso de arbitraje opere debe haber algún grado de sustituibilidad entre quienes trabajan a cambio de Patacones en el programa y quienes trabajan a cambio de pesos; cuanto mayor sea este grado de sustituibilidad, mayor será la capacidad del salario mínimo en Patacones de funcionar como ancla del conjunto de los salarios y, por lo tanto, de los precios de la economía.

(*****) Por supuesto, esto es adicional a los gastos que realice en pesos, con los fondos que seguirá recibiendo en concepto de coparticipación."               

(Agustín Mario , El Economista.ar, 25 febrero de 2024, con la asistencia editorial de Warren Mosler)

11.2.24

El neoliberalismo resurge en Argentina... la dolarización implica deshacerse de la moneda nacional, de forma muy parecida a unirse al euro, y la eliminación de la lira en Italia... En la experiencia italiana, sin el paraguas del BCE, el aumento de los diferenciales habría llevado a Italia a incurrir en default o salir del euro... La dolarización, al igual que el euro, impondría una limitación más severa a la capacidad de crecimiento de la economía argentina. Esto debería verse como similar al duro ajuste impuesto por la Troika a los países del sur de Europa después de la crisis del euro... La verdadera razón de la dolarización, y por qué cuenta con el apoyo de las élites argentinas, está asociada al deseo de promover una reducción radical de los salarios reales en dólares (Matías Vernengo, Profesor de Economía, Universidad Bucknell)

 "Javier Milei será el próximo presidente de Argentina. Milei es un populista de extrema derecha, con tendencias autoritarias, algunos podrían decir fascistas. Es un admirador de Trump y Bolsonaro, y tiene afinidades con muchos líderes de extrema derecha en Europa, incluida Giorgia Meloni. También está muy en contra del Papa, a quien se ha referido como “el representante del Maligno en la tierra”, en particular por sus críticas a los fracasos del capitalismo de libre mercado.  

Las propuestas de su partido van desde las peligrosas (como la dolarización, el cierre del Banco Central, la drástica reducción del gasto social, la flexibilización de las leyes sobre posesión de armas y la criminalización del aborto) hasta las demenciales (como instituir un mercado de órganos humanos). 

Algunas de sus opiniones son abiertamente autoritarias, como su crítica directa a la democracia y su minimización de las violaciones de derechos humanos de la última dictadura. También ha jugado rápido y flexible con todas sus propuestas, sugiriendo que tal vez no haga nada de lo que prometió hacer, al menos durante la campaña, con excepción de una. Ha sostenido que la dolarización no es negociable. No se pueden minimizar los peligros de la dolarización.  

La dolarización implica deshacerse de la moneda nacional, de forma muy parecida a unirse al euro, y la eliminación de la lira. Básicamente significa perder la capacidad de hacer una política económica independiente. Al menos Italia mantuvo una débil voz en las decisiones del BCE. La primera limitación es, obviamente, la pérdida de política monetaria. El Tesoro emitiría deuda en dólares y la oferta monetaria se limitaría a los dólares dentro del país. 

El banco central no podría controlar la cantidad de dinero, la tasa de interés básica la fijaría la Reserva Federal (Fed) y los bonos denominados en dólares argentinos pagarían una prima de riesgo sobre los bonos del Tesoro de los Estados Unidos. La Reserva Federal no compraría bonos argentinos en períodos de dificultades y las tasas de interés serían más altas. La objeción estándar es que una vez que desaparezca el riesgo de devaluación, las tasas de interés caerían.  

En la experiencia italiana, esto sucedió con el euro antes de 2008, pero después, sin el paraguas del BCE, el aumento de los diferenciales habría llevado a Italia a incurrir en default o salir del euro. Esto significa que lo que Draghi en su discurso más famoso llamó el “riesgo de redenominación” de los bonos en moneda nacional nunca desaparece para siempre. La ausencia de una moneda, muy parecida a la del euro, implicaría la imposibilidad de devaluar la moneda para estimular las exportaciones.  

En el caso de economías más avanzadas que exportan bienes manufactureros, como Italia, esa es una implicación grave del abandono de la moneda nacional. En el caso de Argentina, que se ha desindustrializado en las últimas cinco décadas y que es principalmente un exportador de materias primas como la soja, el impacto en la manufactura y las exportaciones es más limitado. 

Las exportaciones dependen mayoritariamente del crecimiento de la economía mundial, en particular de China, principal comprador de commodities argentinos. Quizás lo más importante es que el abandono del peso implicaría renunciar, en gran medida, a la política fiscal, a la capacidad del gobierno para gestionar su presupuesto y a la deuda nacional. 

En la mayoría de los países en desarrollo, incluida Argentina, la política fiscal siempre está restringida por la balanza de pagos. El gobierno no puede gastar y aumentar la producción y los ingresos, lo que aumenta las importaciones, más allá de la capacidad de endeudarse en moneda extranjera. 

En otras palabras, si la economía y sus necesidades de divisas crecen más allá de la tasa de crecimiento de las exportaciones netas, habría una crisis externa. Pero la dolarización exacerba el problema. Toda la deuda sería en moneda extranjera. La deuda en moneda extranjera sólo puede pagarse con los dólares obtenidos de las exportaciones, lo que limitaría drásticamente la capacidad del gobierno para endeudarse a tasas razonables, en particular porque Argentina ya está profundamente endeudada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y acreedores privados.  

El banco central no podrá comprar bonos y mantener las tasas de interés de la deuda pública relativamente bajas, algo que, contrariamente a lo que la mayoría de la gente piensa y lo que los economistas ortodoxos condenan, es una función típica de los bancos centrales. La Reserva Federal hizo eso durante la Gran Depresión y nuevamente después de la Gran Recesión de 2008 y la Pandemia. Pero la Fed no comprará bonos argentinos.

 La dolarización, al igual que el euro, impondría una limitación más severa a la capacidad de crecimiento de la economía argentina. Esto debería verse como similar al duro ajuste impuesto por la Troika a los países del sur de Europa después de la crisis del euro. Grecia, que tiene un PIB todavía más de 20 por ciento por debajo de su máximo antes de la crisis, es una advertencia para Argentina.  

Por supuesto, para los economistas neoliberales, como Milei, un autoproclamado economista austriaco, la idea es dolarizar para detener la inflación, que ronda casi el 140 por ciento anual. Tenga en cuenta que la inflación no es causada por el banco central y la impresión de pesos. La inflación resulta de la persistente depreciación del peso, causada por la falta de dólares, y la resistencia salarial. Un peso depreciado reduce el poder adquisitivo de los salarios, ya que una depreciación aumenta los precios de los bienes importados que se destinan a la producción de otros bienes. Como los trabajadores pueden comprar menos bienes, exigen salarios más altos. Un aumento de los salarios se traslada a los precios, alimentando el conflicto distributivo. 

La dolarización resuelve el problema esencialmente impidiendo cualquier depreciación de la moneda. Sin embargo, para dolarizar Milei necesitaría obtener, de manera preliminar, grandes cantidades de dólares para asegurar el funcionamiento de la economía y del sistema bancario. Pero si se obtuvieran los dólares, el banco central podría intervenir en el mercado cambiario, estabilizar el peso y detener la inflación. En otras palabras, la dolarización sólo es posible en un contexto en el que ya no es necesaria. 

 La verdadera razón de la dolarización, y por qué cuenta con el apoyo de las élites argentinas, está asociada al deseo de promover una reducción radical de los salarios reales en dólares. De hecho, Milei ha dicho abiertamente que cuanto más se deprecie el peso antes de la dolarización, mejor. En otras palabras, pretende incentivar una fuerte devaluación del peso, para reducir el valor de los salarios en dólares, y luego dolarizar. Haría que toda la economía colapsara para estabilizarla. Curaría la enfermedad, pero mataría al paciente."

( Matías Vernengo es Profesor de Economía, Universidad Bucknell (EE.UU.) y ex Gerente Senior de Investigación del Banco Central de Argentina. Sergio Cesaratto es profesor de políticas monetarias y fiscales europeas, economía internacional y crecimiento y desarrollo en la Universidad de Siena. Brave New Europe, 23/11/23; traducción google)

22.1.24

La Rioja argentina desafía a Milei: emite un bono para pagar a los empleados públicos... se utilizará para cubrir hasta un 30% de los salarios de los empleados de la Administración pública. Este bono podrá circular dentro de los límites de la provincia y será aceptado en comercios locales o para el pago de impuestos. Además, podrá ser canjeado por pesos argentinos en el banco de la provincia... La emisión de esta cuasimoneda permite a La Rioja financiar gastos, en este caso, el pago de salarios, sin recurrir a drásticos ajustes... Argentina revive así un capítulo sombrío de su historia financiera: la emisión de cuasimonedas, algo que no ocurría desde la crisis de 2001

 "En un movimiento que sacudió los cimientos de la política económica argentina, la provincia de La Rioja anunció la creación del Bono Cancelación de Deuda (Bocade), un intento desesperado por enfrentar la crisis económica que azota al país. Este bono, valorado en 22.500 millones de pesos, servirá como herramienta financiera para el pago parcial de los salarios de los empleados públicos, en un claro desafío al ajuste fiscal impuesto por el Gobierno de Javier Milei. Argentina revive así un capítulo sombrío de su historia financiera: la emisión de cuasimonedas, algo que no ocurría desde la crisis de 2001.

LA RESURRECCIÓN DE LAS CUASIMONEDAS: UNA MEDIDA EXTREMA

La iniciativa, respaldada mayoritariamente en la Legislatura de La Rioja, fue impulsada por el gobernador peronista Ricardo Quintela. El Gobierno provincial asegura que el Bocade se utilizará para cubrir hasta un 30% de los salarios de los empleados de la Administración pública. Este bono podrá circular dentro de los límites de la provincia y será aceptado en comercios locales o para el pago de impuestos. Además, podrá ser canjeado por pesos argentinos en el banco de la provincia.

 Este no es el primer capítulo en la historia de Argentina en el que las cuasimonedas se convierten en una medida extrema para enfrentar problemas económicos. Durante la crisis de 2001, cuando el país abandonó la paridad entre el peso argentino y el dólar estadounidense, algunas provincias y el Gobierno nacional recurrieron a la emisión de cuasimonedas para gastos corrientes. En esa época, la falta de liquidez era apremiante, y estas monedas se convirtieron en una especie de salvavidas temporal.

EL DESAFÍO DE LA RIOJA AL AJUSTE DE MILEI

La emisión de esta cuasimoneda permite a La Rioja financiar gastos, en este caso, el pago de salarios, sin recurrir a drásticos ajustes. Juan Manuel Telechea, director del Instituto de Trabajo y Economía, señala que esta medida es útil a corto plazo para cumplir con las obligaciones salariales, ya que la provincia carece de recursos suficientes. Sin embargo, advierte sobre los riesgos a mediano plazo, ya que el valor del bono dependerá de la demanda que tenga el Bocade. Si los comercios no lo aceptan o lo hacen con descuento, los trabajadores estatales podrían ver depreciados sus salarios en la práctica.

 

El Gobierno de Quintela defiende esta medida apelando a la «confianza» y a la necesidad de responder al ajuste abrupto impuesto por el Gabinete de Milei. El gobernador exige el pago de 9.300 millones de pesos que el Ejecutivo nacional supuestamente adeuda a la provincia desde octubre. Quintela acusa a Milei de hacer oídos sordos a esta solicitud y argumenta que no puede existir un plan de ajuste sin un plan de contención.

LA RESPUESTA DE MILEI Y DEL GOBIERNO NACIONAL

La respuesta de Javier Milei no se hizo esperar, y desde el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, celebró la decisión de La Rioja alentando la competencia de las monedas provinciales. Además, dejó claro que ni esta cuasimoneda ni ninguna otra que pudiera surgir serán rescatadas por el Gobierno nacional, como ha sucedido en el pasado. El portavoz presidencial, Manuel Adorni, emitió una opinión técnica en la que enfatizó que si se gasta más de lo que se tiene y no se está dispuesto a ajustar, la cuasimoneda quedará a merced de la valoración de cada ciudadano.

UN PRECEDENTE QUE PUEDE MARCAR EL CAMINO

La Rioja, gobernada por el peronismo, se convierte así en la primera y única provincia que aprueba la emisión de una cuasimoneda desde que comenzó el mandato de Milei. Este movimiento podría establecer un precedente para que otras provincias sigan el mismo camino. En las últimas semanas, se ha especulado con la posibilidad de que la provincia de Buenos Aires, también bajo el control del peronismo, opte por emitir una cuasimoneda. Aunque no hay avances concretos en esta dirección, el ministro de Gobierno de Buenos Aires, Carlos Blanco, afirmó que la Constitución lo habilita y que consideran esta opción como una herramienta para paliar posibles déficits de liquidez o crédito en la provincia.

UNA MEDIDA EXTREMA EN UN PAÍS QUE BUSCA SOLUCIONES DESPERADAS

La decisión de La Rioja de emitir una cuasimoneda es una señal clara de las dificultades económicas que enfrenta Argentina. En un contexto de devaluación del peso y ajustes fiscales, las provincias buscan alternativas para cumplir con sus obligaciones financieras. Sin embargo, esta medida, aunque pueda ser útil a corto plazo, plantea riesgos significativos para los trabajadores estatales y la economía en general. La incertidumbre sobre el valor del Bocade y su aceptación en el mercado ponen en juego la estabilidad económica de la provincia y, potencialmente, de otras regiones del país.

En un país que ha experimentado crisis económicas recurrentes, la emisión de cuasimonedas es un recordatorio amargo de la fragilidad de su sistema financiero. Argentina se encuentra ante un desafío monumental para encontrar soluciones sostenibles a sus problemas económicos. La Rioja ha dado un paso audaz, pero el camino hacia la estabilidad económica sigue siendo incierto. El futuro de la economía argentina depende de decisiones fundamentales y políticas responsables que aborden las raíces de sus problemas financieros."            (Contrainformación, 19/01/24)