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6.10.24

"Hoxe en día os prezos das drogas baixaron e isto elevou as cifras de narcotráfico" (Fernando Iglesias, Aduanas)

 "(...) -Dentro das competencias que ten Vigilancia Aduanera, cal é o delito que máis se ten incrementado?   

A nivel global hai un incremento no tráfico de drogas. Hai unha baixa nos prezos e isto fai que se incremente a produción en orixe de cocaína e hachís. Isto tradúcese en que o narcotraficante vai traballar con máis cantidade porque a el vaille custar menos comprala ainda que tamén lle vai sacar menos rendemento. En 2023 o SVA apreixou 90 toneladas de cocaína. Os controis aumentaron no porto de Vigo e o ano pasado capturamos máis de 7.000 quilos de cocaína nunha operación conxunta coa Policía Nacional. 

Sobre o tabaco fanse estudos sobre a incidencia do contrabando en determinadas áreas e no caso de Galicia non temos altos números en relación ao contrabando de tabaco, mais continuamos moi activos, así o ano pasado fixemos un operativo coa Garda Civil en Muros.

 Tamén temos funcionarios despregados no aeroporto de Santiago onde se realizan algúns apreixamentos. Non temos grandes problemas co tabaco, mais iso non significa que non haxa contrabando de tabaco, cambian as formas, hoxe en día o que hai son fábricas clandestinas que se van movendo dun lugar a outro. 

Así resulta máis simple burlar os controis, traen as follas de tabaco a través das fronteiras da UE, porque hai libre circulación de mercadorías e son tratadas en fábricas que cambian de ubicación, son itinerantes. A maioría destas fábricas ilegais están vinculadas a mafias do Leste."

( Entrevista a Fernando Iglesias, xefe de Área Regional de Vigilancia Aduanera de Galicia, Moncho Mariño, Galicia Confidencial, 20/09/24)

22.6.24

Europa rezuma cocaína por los cuatro costados y España está enfarlopada hasta las cejas. Esta es una realidad que apenas trasciende... nunca ha habido tanta droga como en la actualidad, ni siquiera en los años dorados de los cárteles colombianos y los clanes gallegos... hay droga “en todas partes, de todo y para todos”... La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ya alertó que el conflicto en Ucrania suponía un terreno fértil para las drogas, dado que “las situaciones de conflicto pueden actuar como un imán para la fabricación de drogas sintéticas». Hemos aprendido que los períodos de grandes conflictos bélicos llevan aparejados grandes movimientos de drogas, y que sus enormes beneficios guardan una relación directa con las guerras imperialistas y el terrorismo... Los conflictos bélicos aumentan y los estupefacientes se multiplican. El tráfico de drogas conlleva violencia, la violencia conlleva inseguridad y la inseguridad abre la puerta a la extrema derecha, cerrando el círculo. Deberíamos reflexionar sobre quién se beneficia con su consumo

 "Europa rezuma cocaína por los cuatro costados y España está enfarlopada hasta las cejas. Esta es una realidad que apenas trasciende más allá de las páginas de sucesos pero que tiene evidentes repercusiones sociopolíticas y geoestratégicas. Solo en 2023, fueron incautados 100.000 quilos de cocaína en España, más del doble que el año anterior, batiendo todos los récords históricos. Para hacernos una idea comparativa, en 2011 la cantidad requisada apenas superó las 16 toneladas. Teniendo en cuenta que la cantidad de droga aprehendida supone apenas un pequeño porcentaje de la que se mueve y consume, las conclusiones son fáciles de realizar: nunca ha habido tanta droga como en la actualidad, ni siquiera en los años dorados de los cárteles colombianos y los clanes gallegos.

El último Informe Mundial sobre Drogas de la ONU, publicado en 2023, destacó que la producción de cocaína había alcanzado un máximo histórico en 2021, con más de 2,3 millones de quilos de la máxima pureza, y que las cifras crecen exponencialmente cada año. Son datos que corrobora la Fiscalía Antidroga española, señalando que hay droga “en todas partes, de todo y para todos”. Pero si es importante conocer las cifras, más importante aún es intentar averiguar las causas. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ya alertó en 2022 que el conflicto en Ucrania suponía un terreno fértil para las drogas, dado que “las situaciones de conflicto pueden actuar como un imán para la fabricación de drogas sintéticas». Y no solo las sintéticas. En las últimas décadas hemos aprendido que los períodos de grandes conflictos bélicos llevan aparejados grandes movimientos de drogas, y que sus enormes beneficios guardan una relación directa con las guerras imperialistas y el terrorismo. Los ejemplos son variados.

La producción de heroína en los años 70 en el llamado Triángulo de Oro (Laos, Birmania y Camboya) sirvió a la CIA para financiar sus operaciones anticomunistas en el Sudeste Asiático. Algo más tarde, utilizaron la producción de amapola en Afganistán para financiar la cruzada de los muyahidines contra las tropas soviéticas en ese país. El problema de salud pública generado por el consumo de heroína llevó a los talibanes a prohibir su plantación, pero la posterior invasión de la OTAN garantizó a Afganistán recobrar el primer puesto mundial en la producción de opio. Tras la salida por pies de la Alianza, los talibanes han erradicado el 95% de la producción y, casualmente, Birmania ha recuperado el liderato planetario después de que los militares ejecutaran un sangriento golpe de Estado a principios de 2021. En la actualidad, el gobierno militar birmano está haciendo frente a levantamientos armados en todo el país.

Marruecos, uno de los mayores productores mundiales de resina de cannabis, utiliza el tráfico de hachís para financiar el mantenimiento del Muro del Sáhara Occidental y de los 100.000 soldados marroquíes que lo vigilan diariamente. A pesar de las altas medidas de seguridad y los campos minados, los cargamentos de hachís son capaces de atravesar mágicamente el muro para viajar a zonas dominadas por organizaciones terroristas yihadistas activas en los países del Sahel.

En México, el desaparecido cártel de Los Zetas, considerado durante años como el más poderoso y sanguinario de México, estuvo integrado por militares de élite que habían sido entrenados por el Mossad y la CIA para combatir al EZLN.

En la actualidad, el partido republicano y Donald Trump amenazan con bombardear a los cárteles mexicanos para, supuestamente, combatir la epidemia de fentanilo que sufre su país. Recuerda la estrategia del combate al “narcoterrorismo” en época de Ronald Reagan, y la guerra sucia del Departamento de Estado en su llamado “patio trasero”. En 1996, el periodista de investigación Gary Webb destapó cómo la CIA permitió inundar de “crack” (cocaína sólida barata) los barrios pobres de Los Ángeles para financiar la Contra nicaragüense, durante la década de 1980.

Los conflictos bélicos aumentan y los estupefacientes se multiplican. El tráfico de drogas conlleva violencia, la violencia conlleva inseguridad y la inseguridad abre la puerta a la extrema derecha, cerrando el círculo. Deberíamos reflexionar sobre quién se beneficia con su consumo.(...)"                    (Dolores de Redondo, Mundo Obrero, 22/06/24)

2.11.21

Nixon, un presidente desnortado que estaba perdiendo la guerra de Vietnam afuera y la guerra de la imagen adentro, creyó entrever una solución a sus problemas, y nos embarcó en esta catástrofe... Nixon tenía dos enemigos, los negros y la izquierda que se oponía a la guerra. Bastaba conseguir que el público asociara los unos a la heroína y los otros a la marihuana, criminalizar ambas drogas y perseguirlas con toda la fuerza del puritanismo, para arrestar a los líderes y calumniar a los activistas desde los medios. La guerra contra las drogas había comenzado... Soy ciudadano de un país que ha puesto miles de muertos en esta guerra, la más insensata de cuantas nos hemos inventado los seres humanos... Mientras la droga sea ilegal seguirá generando las riquezas desmesuradas que ahora genera, y seguirá provocando la corrupción y la violencia que son necesarias para la protección de un negocio tan lucrativo

 "Los dos problemas de las drogas. Mientras estas sustancias sean ilegales seguirán generando riquezas desmesuradas y provocando la corrupción y la violencia que son necesarias para la protección de un negocio tan lucrativo.

 “España explora una salida legal para el cannabis”, titulaba hace poco un artículo de este periódico. Contaba la noticia que ahora, 54 años después de que se prohibiera en el país la marihuana, el debate sobre la legalización vuelve a ocupar el centro de la conversación política. A mí, desde luego, me complace la noticia, pero no me permito esta vez —como no me he permitido en veces anteriores— ningún asomo de optimismo. Los términos del debate de hoy son los mismos que se han dado durante las últimas décadas en todos los países consumidores, pero yo tengo para mí que el debate nunca va a llegar a ninguna parte, pues nuestros gobiernos confundidos se siguen haciendo la pregunta equivocada: se preguntan qué razones hay para legalizar las drogas, cuando debería ser evidente que las sociedades abiertas no necesitan razones para permitir las cosas: necesitan razones para prohibirlas. Y las que existen en el caso de las drogas —sobre todo la marihuana, pero las otras no son distintas— son insuficientes.

En otras palabras: los posibles beneficios de continuar con esta prohibición absurda deberían pesar mucho menos que el perjuicio escandaloso que ha causado durante décadas. Hace unos meses, algunos recordábamos un triste aniversario: el medio siglo que se cumple desde el día en que Nixon, un presidente desnortado que estaba perdiendo la guerra de Vietnam afuera y la guerra de la imagen adentro, creyó entrever una solución a sus problemas, y al perseguirla nos embarcó en esta catástrofe. John Ehrlichman, uno de sus consejeros más cercanos, se lo confesó en los años setenta al periodista Dan Baum. Nixon tenía dos enemigos, le dijo: los negros y la izquierda que se oponía a la guerra. Bastaba conseguir que el público asociara los unos a la heroína y los otros a la marihuana, criminalizar ambas drogas y perseguirlas con toda la fuerza del puritanismo, y sería mucho más fácil arrestar a los líderes y calumniar a los activistas desde los medios. La guerra contra las drogas (con mayúsculas o sin ellas) había comenzado.

 Soy ciudadano de un país que ha puesto miles de muertos en esta guerra, la más insensata de cuantas nos hemos inventado los seres humanos. Uso el verbo avisadamente: la guerra contra las drogas es una invención, un artificio, porque convirtió en crimen lo que no es más que un vicio; y al hacerlo creó de la nada las estructuras criminales y asesinas que se han enriquecido hasta extremos de fábula, pero sobre todo que han causado sufrimientos sin cuento a sociedades enteras y han llevado a democracias de solidez aparente al borde del precipicio. Lo más lamentable es que todo había ocurrido ya, tiempo atrás, cuando el mismo fanatismo de siempre, en el mismo país arrastrado por la histeria puritana, decidió salvar a la sociedad de su gusto por el alcohol. El resultado conocido de todos fue el surgimiento de una industria mafiosa que dejó muertos, destrozos, corrupción, una película con Sean Connery y una gran novela de Scott Fitzgerald, pero ninguna mejoría en la salud de nadie, ni disuasión alguna en las mentes de los que solo querían ejercer su sagrado derecho a emborracharse.

 Con la droga no ocurre nada distinto. Yo crecí con las imágenes de los cuerpos destrozados por las bombas del Cartel de Medellín, con la extrañísima costumbre del miedo de no volver a casa por las noches o de que otro no volviera, y esa vida ocurría en apartamentos cuyas ventanas cruzaban grandes cruces de cinta blanca que se ponían para que las esquirlas, en caso de una onda explosiva, no hicieran más daño del inevitable. La muerte de Pablo Escobar, el narcotraficante cuya guerra contra el Estado marcó a una generación entera, no cambió nada en realidad: pues el dinero de la droga como mercancía ilícita ha alimentado desde entonces el conflicto de mi país, cuyos varios ejércitos ilegales —las guerrillas, los paramilitares, las bandas criminales de nuevo cuño que son herederas de las unas o los otros— luchan por el control de las tierras donde se cultiva, se fabrica y se exporta lo que tanta gente en el mundo paga a precios tan altos.

Mientras la droga sea ilegal seguirá generando las riquezas desmesuradas que ahora genera, y seguirá provocando la corrupción y la violencia que son necesarias para la protección de un negocio tan lucrativo. Eso, desde luego, no es responsabilidad del ciudadano privado que decide privadamente, en uso de su autonomía adulta, hacerse un daño grande o pequeño a cambio de un paraíso artificial. Pero sí que son responsables indirectos nuestros legisladores, que tienen en las manos dos problemas ligados al consumo de drogas: uno de salud pública y otro de orden público. Y deciden, año tras año, que tener dos problemas es mejor que tener uno."                 (Juan Gabriel Vásquez, El País, 01/11/21)

17.10.17

Islandia sabe cómo acabar con las drogas entre adolescentes, pero el resto del mundo no escucha

"En mi paseo me acompañan Gudberg Jónsson, un psicólogo islandés, y Harvey Milkman, catedrático de Psicología estadounidense que da clases en la Universidad de Reikiavik durante una parte del curso.

 Hace 20 años, cuenta Gudberg, los adolescentes islandeses eran de los más bebedores de Europa. “El viernes por la noche no podías caminar por las calles del centro de Reikiavik porque no te sentías seguro”, añade Milkman. “Había una multitud de adolescentes emborrachándose a la vista de todos”.

Nos acercamos a un gran edificio. “Y aquí tenemos la pista de patinaje cubierta”, dice Gudberg.
Hace un par de minutos hemos pasado por dos salas dedicadas al bádminton y al pimpón. En el parque hay también una pista de atletismo, una piscina con calefacción geotérmica y, por fin, un grupo de niños a la vista jugando con entusiasmo al fútbol en un campo artificial.

En este momento no hay jóvenes pasando la tarde en el parque, explica Gudberg, porque se encuentran en las instalaciones asistiendo a clases extraescolares o en clubs de música, danza o arte. También puede ser que hayan salido con sus padres.

Actualmente, Islandia ocupa el primer puesto de la clasificación europea en cuanto a adolescentes con un estilo de vida saludable. El porcentaje de chicos de entre 15 y 16 años que habían cogido una borrachera el mes anterior se desplomó del 42% en 1998 al 5% en 2016. El porcentaje de los que habían consumido cannabis alguna vez ha pasado del 17 al 7%, y el de fumadores diarios de cigarrillos ha caído del 23% a tan solo el 3%.

El país ha conseguido cambiar la tendencia por una vía al mismo tiempo radical y empírica, pero se ha basado en gran medida en lo que se podría denominar “sentido común forzoso”. “Es el estudio más extraordinariamente intenso y profundo sobre el estrés en la vida de los adolescentes que he visto nunca”, elogia Milkman. “Estoy muy impresionado de lo bien que funciona”.

Si se adoptase en otros países, sostiene, el modelo islandés podría ser beneficioso para el bienestar psicológico y físico general de millones de jóvenes, por no hablar de las arcas de los organismos sanitarios o de la sociedad en su conjunto. Un argumento nada desdeñable.

“Estuve en el ojo del huracán de la revolución de las drogas”, cuenta Milkman mientras tomamos un té en su apartamento de Reikiavik. A principios de la década de 1970, cuando trabajaba como residente en el Hospital Psiquiátrico Bellevue de Nueva York, “el LSD ya estaba de moda, y mucha gente fumaba marihuana. Había un gran interés en por qué la gente tomaba determinadas drogas”.

La tesis doctoral de Milkman concluía que las personas elegían la heroína o las anfetaminas dependiendo de cómo quisiesen lidiar con el estrés. Los consumidores de heroína preferían insensibilizarse, mientras que los que tomaban anfetaminas preferían enfrentarse a él activamente. 

Cuando su trabajo se publicó, Milkman entró a formar parte de un grupo de investigadores reclutados por el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos para que respondiesen a preguntas como por qué empieza la gente a consumir drogas, por qué sigue haciéndolo, cuándo alcanza el umbral del abuso, cuándo deja de consumirlas y cuándo recae.

“Cualquier chaval de la facultad podría responder a la pregunta de por qué se empieza, y es que las drogas son fáciles de conseguir y a los jóvenes les gusta el riesgo. También está el aislamiento, y quizá algo de depresión”, señala.

 “Pero, ¿por qué siguen consumiendo? Así que pasé a la pregunta sobre el umbral del abuso y se hizo la luz. Entonces viví mi propia versión del “¡eureka!”. Los chicos podían estar al borde de la adicción incluso antes de tomar la droga, porque la adicción estaba en la manera en que se enfrentaban a sus problemas”.


“¿Por qué no organizar un movimiento social basado en la embriaguez natural, en que la gente se coloque con la química de su cerebro –porque me parece evidente que la gente quiere cambiar su estado de conciencia– sin los efectos perjudiciales de las drogas?”

En la Universidad Estatal Metropolitana de Denver, Milkman fue fundamental para el desarrollo de la idea de que el origen de las adicciones estaba en la química cerebral. Los menores “combativos” buscaban “subidones”, y podían obtenerlos robando tapacubos, radios, y más adelante, coches, o mediante las drogas estimulantes.

Por supuesto, el alcohol también altera la química cerebral. Es un sedante, pero lo primero que seda es el control del cerebro, lo cual puede suprimir las inhibiciones y, a dosis limitadas, reducir la ansiedad.

“La gente puede volverse adicta a la bebida, a los coches, al dinero, al sexo, a las calorías, a la cocaína… a cualquier cosa”, asegura Milkman. “La idea de la adicción comportamental se convirtió en nuestro distintivo”.

De esta idea nació otra. “¿Por qué no organizar un movimiento social basado en la embriaguez natural, en que la gente se coloque con la química de su cerebro –porque me parece evidente que la gente quiere cambiar su estado de conciencia– sin los efectos perjudiciales de las drogas?”

En 1992, su equipo de Denver había obtenido una subvención de 1,2 millones de dólares del Gobierno para crear el Proyecto Autodescubrimiento, que ofrecía a los adolescentes maneras naturales de embriagarse alternativas a los estupefacientes y el delito. Solicitaron a los profesores, así como a las enfermeras y los terapeutas de los centros escolares, que les enviasen alumnos, e incluyeron en el estudio a niños de 14 años que no pensaban que necesitasen tratamiento, pero que tenían problemas con las drogas o con delitos menores.

“No les dijimos que venían a una terapia, sino que les íbamos a enseñar algo que quisiesen aprender: música, danza, hip hop, arte o artes marciales”. La idea era que las diferentes clases pudiesen provocar una serie de alteraciones en su química cerebral y les proporcionasen lo que necesitaban para enfrentarse mejor a la vida. Mientras que algunos quizá deseasen una experiencia que les ayudase a reducir la ansiedad, otros podían estar en busca de emociones fuertes.

Al mismo tiempo, los participantes recibieron formación en capacidades para la vida, centrada en mejorar sus ideas sobre sí mismos y sobre su existencia, y su manera de interactuar con los demás. “El principio básico era que la educación sobre las drogas no funciona porque nadie le hace caso. Necesitamos capacidades básicas para llevar a la práctica esa información”, afirma Milkman. Les dijeron a los niños que el programa duraría tres meses. Algunos se quedaron cinco años.  (...)"                      ( , El País, 07/10/17) 

6.7.11

"Los mayores bancos de los EE.UU. reciben, lavan y transfieren cientos de miles de millones de dólares a las cuentas de los señores de la droga"

"Mientras el Pentágono arma al gobierno mexicano y la DEA (Drug Enforcement Agency, la agencia antidroga) norteamericana ponen en práctica la ‘solución militar’, los mayores bancos de los EE.UU. reciben, lavan y transfieren cientos de miles de millones de dólares a las cuentas de los señores de la droga, que compran así armas modernas, pagan ejércitos privados de asesinos y corrompen a un número indeterminado de funcionarios encargados de hacer cumplir las leyes a ambos lados de la frontera..."

“Los beneficios de la droga, en el sentido más básico, se aseguran mediante la capacidad de los cárteles de lavar y transferir miles de millones de dólares al sistema bancario norteamericano. La escala y envergadura de la alianza entre la banca norteamericana y los cárteles de la droga sobrepasa cualquier otra actividad del sistema de la banca privada norteamericana.

De acuerdo con los registros del Departamento de Justicia norteamericano, un banco sólo, el Wachovia Bank (propiedad hoy de Wells Fargo), lavó 378.300 millones de dólares entre el 1 de mayo de 2004 y el 31 de mayo de 2007 (The Guardian, 11 de mayo de 2011). Todos los bancos principales de los EE. UU. han hecho de socios financieros activos de los cárteles asesinos de la droga.

“Si los principales bancos norteamericanos son los instrumentos financieros que permiten operar a los imperios multimillonarios de la droga, la Casa Blanca, el Congreso norteamericanos y los organismos de aplicación de las leyes son los protectores esenciales de estos bancos (…)

El lavado de dinero de la droga es una de las fuente más lucrativas de beneficios para Wall Street, los bancos cargan abultadas comisiones por transferencias de beneficios de la droga, que a su vez prestan a instituciones crediticias a tasas de interés muy superiores a las que pagan - si es que pagan- a los depositantes de los traficantes de drogas. Inundados por los beneficios de las drogas ya desinfectados, estos titanes norteamericanos de las finanzas mundiales pueden comprar fácilmente a los funcionarios electos para que perpetúen el sistema. ("How Drug Profits saved Capitalism", James Petras, Global Research)

Repitámoslo: "Todos los bancos principales de los EE. UU. han hecho de socios financieros activos de los cárteles asesinos de la droga..."

La Guerra contra las Drogas es un fraude. Esto no tiene que ver con la prohibición, tiene que ver con el control. Washington pone la fuerza para que los bancos puedan llevarse una buena pieza. Una mano lava a la otra, igual que con la Mafia. " (Sin Permiso, 18/06/2011, citando a 'El papel de Wall Street en el narcotráfico, negocio boyante', de Mike Whitney )

3.9.09

La necesaria legalización de las drogas, para acabar con la catástrofe sanitaria

"¿Qué ha ocurrido exactamente para que en 60 años se haya pasado de una situación de tolerancia, con unos pocos drogadictos conocidos y compadecidos, a una situación de represión con un problema masivo de drogodependencia? ¿Es posible que el detonante del proceso fuera precisamente el comienzo de la cruzada represiva? Pero nuestra responsabilidad va más allá del consumo como generador de la demanda y acicate de la producción. Recordemos datos bien conocidos.

La marihuana era un grave problema hace 25 años. Hoy no se percibe así, quizás porque Estados Unidos es uno de los mayores productores. Desde 1981 su producción se multiplicó por diez, 10 millones de kilos, un quinto del total mundial, con un valor de 35.000 millones de dólares: la mayor cosecha de EE UU. Superior, hasta 2006, a la suma de maíz y trigo. La cocaína entra en avionetas a EE UU, donde se vende y consume. El producto de la venta, sacos llenos de billetes, también sale en avioneta. El volumen de los sacos de dólares que salen es mayor que el de los sacos de cocaína que entran. El tráfico aéreo ilegal en el sur de EE UU es más denso que el de una hora punta alrededor de La Cibeles. Los traficantes necesitan precursores químicos para transformar la hoja de coca en cocaína. Nosotros se los vendemos.

La droga es un mundo peligroso, una actividad ilegal que mueve dinero. Las armas son imprescindibles para la gestión del negocio. Europa y Norteamérica las fabrican, las venden a los narcotraficantes, aseguran sus repuestos, suministran la munición. Miles de millones de euros de beneficios anuales circulan por nuestro sistema financiero y, convenientemente lavados, terminan depositados en nuestros bancos o invertidos en bolsas y sectores inmobiliarios. EE UU y la UE no paran de promulgar medidas represivas para combatir la retahíla anterior, pero basta con hojear la prensa para comprobar su escasa efectividad. (...)

La realidad es que vivimos en sociedades neuróticas y esquizofrénicas plagadas de contradicciones y necesitadas de válvulas de escape individuales. Quizás por eso lo que hace 60 años era un fenómeno minoritario se ha convertido en un problema masivo en el que la represión juega el papel de detonante y caldo de cultivo. El resultado ha sido no sólo una catástrofe sanitaria, sino también la proliferación del crimen organizado, el incremento de delitos y, a la postre, una amenaza contra la democracia y el Estado de derecho. Era bastante previsible que termináramos llegando a donde estamos porque ¿bajo qué lógica se puede criminalizar la fabricación y el comercio de un producto cuya posesión y consumo están socialmente tolerados cuando no legalmente despenalizados? Todo ello por no hablar de la producción en Occidente de marihuana y drogas de diseño. (...)

No hemos aprendido del fracaso de la Ley Seca. En sentido contrario, la lucha contra el tabaco, igual o más adictivo que otras drogas, muestra el camino a seguir. ¡Basta de hipocresía! (...)

Hay que debatir cuanto antes el cómo y el cuándo de la despenalización de la producción y del comercio. La catástrofe sanitaria permanecerá y quizás aumente transitoriamente, pero disminuirá el crimen organizado. Ayer Colombia, hoy México... ¿qué más necesitamos para reconocer que es nuestro problema y asumir nuestra responsabilidad? Los seis mil asesinados en México, sólo en 2008, lo exigen desde su tumba. Debemos terminar con este reguero de muerte.

La represión produce graves daños y no soluciona nuestro problema de drogodependencia. Es obvio que la estrategia seguida los últimos 50 años ha fracasado. Es urgente cambiar de rumbo, cambiar la derrota. Por supuesto que las drogas son una maldición. Se trata de encontrar la manera más eficaz de luchar contra ellas y sólo desde la legalización se podrá atacar la raíz del problema: las causas del consumo masivo. Mientras tanto seguiremos falseando la realidad."(IGNACIO GARCÍA-VALDECASAS: Las drogas: una nueva derrota. El País, ed. Galicia, Opinión, 04/08/2009, p. 21)

17.4.09

La financiación de la CIA con el dinero de la droga... está en el origen del narcotráfico

"La situación adversa de México se gestó a lo largo de los últimos 25 años, y se asocia a los acuerdos de Estado y Gobierno con los cárteles de la droga, el uso del territorio del país para el trasiego de la cocaína proveniente de Sudamérica y la corrupción paulatina de las corporaciones militares y policiacas. Aquellos acuerdos fueron parte del apoyo mexicano en su territorio a la operación Irán-Contra de 1981, que dirigió el vicepresidente George Bush padre durante el mandato del presidente Ronald Reagan.

La operación, que consistió en el intercambio de armas para la contraguerrilla nicaragüense por drogas para el mercado de Estados Unidos, fue dirigida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y participó su homóloga mexicana: la Dirección Federal de Seguridad (DFS). En esa época se dieron dos asesinatos emblemáticos que se atribuyen a intromisiones en tales nexos hasta entonces confidenciales: el del periodista mexicano Manuel Buendía y el del agente estadounidense anti-narcóticos Enrique Camarena. Su fantasma acompaña la degradación mexicana y la ambigüedad de Estados Unidos en el problema de las drogas en México y a nivel continental. (...)

Casi nadie quiere recordar que la degradación mexicana comenzó y persiste en el seno de sus instituciones. El poder criminal que representa el narcotráfico en México es consustancial a su política y a su economía: cada año, las actividades por lavado de dinero ascienden a 24.000 millones de dólares, según difundió el diario The Washington Post en otoño pasado. El propio sistema financiero mexicano facilita que el lavado de dinero quede impune. Tratar de ignorar cómo se llegó y se sostiene esta aberración, está lejos de ayudar a detenerla. (...)

Bajo el principio del prohibicionismo a la producción, el tráfico, la distribución, venta y consumo de las drogas, el combate a los cárteles seguirá el modelo de Estados Unidos impuesto a Colombia, que se funda en los riesgos a la soberanía nacional encubiertos bajo el rubro de la cooperación, el uso intensivo de fuerzas paramilitares susceptibles de ser corrompidas, el surgimiento de conflictos de contrainsurgencia, etcétera. Con todo, resulta imperativo que el Gobierno estadounidense se comprometa a restringir la demanda de drogas en su país y la oferta de armas, y que comience a aceptar la discusión sobre el fracaso de las acciones represivas en busca de un paradigma nuevo: la legalización de las drogas y su implantación gradual.

Hay muchas fuerzas geopolíticas y políticas dentro de ambos países que se benefician con el negocio de la ilegalidad de las drogas y el auge de las industrias delictivas. El caos aparente que trae consigo la violencia desatada y el imperio del crimen organizado es, en realidad, un escenario dirigido para las ganancias de algunos." (SERGIO GONZÁLEZ RODRÍGUEZ: México, bajo el azote del narcotráfico. El País, ed. Galicia, Opinión, 16/04/2009, p. 29 )