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29.9.25

¿De dónde viene la aparente fragilidad de la democracia “más antigua” y más rica del planeta? Convendría no confundir los mitos que sobre sí misma proyecta la democracia estadounidense con la realidad... la democracia en Estados Unidos es relativamente joven y muchas de sus élites están todavía aprendiendo a digerir la idea de que perder elecciones e influencia forma parte del juego... La violencia política alcanzó sus niveles más altos precisamente durante la culminación del proceso de democratización en los años sesenta, incluyendo linchamientos raciales en una fecha tan tardía como 1964... Al no poder manipular el demos vía restricciones raciales explícitas, se optó por el derecho penal con la brutal expansión del sistema carcelario para anular de facto el sufragio de la minoría negra... la mayoría del crecimiento demográfico y económico desde 1990 se concentra en unas pocas áreas metropolitanas, en el otro extremo de la escala de prosperidad está una masa de condados rurales donde la renta y la población apenas crecen... la polarización es a la vez económica, política y social. Los demócratas se concentran principalmente en los polos de innovación. Los republicanos se nutren en gran medida de condados rurales en retroceso... Preocupados por su propia supervivencia, congresistas y senadores renuncian a su papel central y permiten al Ejecutivo romper los equilibrios y controlar la composición del árbitro final en el país, el Tribunal Supremo... lo que todos comparten es una dependencia de la capacidad regulatoria del Estado... La misma dependencia, regulatoria y fiscal, hace que las universidades, con Harvard como honrosa excepción, hayan optado por la diplomacia blanda y tratar de rebajar el golpe a la espera de tiempos mejores. Tardarán en llegar... también, una parte importante del partido Republicano recuerda al politburó del Partido Comunista soviético: leales, ocultando sus preferencias, y esperando a que desaparezca el control del líder para mover ficha... Trump tiene una ventana breve para consolidar el control del Estado y asegurar su hegemonía. Anticipando esta posibilidad, los republicanos centran sus esfuerzos en la administración electoral. Cuanto más riesgo perciben, más tentados están de subvertir las normas (Pablo Beramendi, Un. de Duke)

 "Aunque parezca mentira, la segunda Administración de Trump empezó hace casi nueve meses. A un ritmo frenético, y de forma sistemática, ha ido atacando todo lo que hace que este país funcione: los inmigrantes, las libertades civiles, las universidades, la libertad de prensa, los medios, los reguladores independientes, la ayuda al Desarrollo o la financiación de servicios básicos como Medicaid, por citar algunos objetivos recientes.

En el camino, la frustración, el hastío y la angustia van conquistando la república. La frustración domina entre gran parte de los votantes que apoyaron a Trump para reflotar una economía que pensaban en crisis cuando funcionaba razonablemente, pero que presenta ahora síntomas de estanflación. La complicidad activa con el genocidio en Gaza se cuestiona poco y la deshumanización del diferente como estrategia política ha encontrado en los inmigrantes su particular enemigo interior.

El hastío con decisiones arbitrarias (cuando no ilegales) deja paso a un cierto distanciamiento como forma de evitar reflexiones incómodas sobre el proceso que ha llevado a una de las democracias más dinámicas del mundo a autolesionarse. La angustia, por contra, no para de crecer incluso entre aquellos que deciden retirarse a sus torres de marfil a esperar a que, con un poco de suerte, escampe en las elecciones de medio mandato, en noviembre de 2026. El repunte de la violencia política crea nuevos mártires, como ha ocurrido recientemente con Charlie Kirk. El ruido aumenta la sensación de crisis de régimen.

La estupefacción creciente con la democracia en América refleja la necesidad de revisar algunas preconcepciones. Me centraré en dos. La primera tiene que ver con la percepción de la evolución histórica de la democracia en Estados Unidos. Se olvida con frecuencia que la democracia “más antigua del mundo” ni es tan democrática ni es tan antigua. La Constitución de 1787 fue diseñada para limitar el riesgo de una supuesta “tiranía de la mayoría’’. Sus complejos mecanismos, como la elección del colegio electoral o el equilibrio entre la representación ciudadana en la Cámara de Representantes y la territorial en el Senado, han servido para limitar el alcance político de los cambios sociales y, en cuestiones raciales, para perpetuar la exclusión efectiva del demos de la minoría afroamericana hasta bien entrados los años sesenta del siglo XX.

Desde esta perspectiva, la democracia en Estados Unidos es relativamente joven y muchas de sus élites están todavía aprendiendo a digerir la idea de que perder elecciones e influencia forma parte del juego. Convendría no confundir los mitos que sobre sí misma proyecta la democracia estadounidense con la realidad, ni transformar la belleza normativa de los textos fundadores de la república en análisis empíricos.

Cabe recordar que en la historia política de EE UU la política normal es la excepción. La violencia política alcanzó sus niveles más altos precisamente durante la culminación del proceso de democratización en los años sesenta, incluyendo linchamientos raciales en una fecha tan tardía como 1964. En ese momento comenzaba un reagrupamiento clave en la estructura de las coaliciones en el país, con el Sur abandonando su tradicional alianza con el Partido Demócrata como respuesta a los logros del movimiento por los derechos civiles. A ello siguieron la expansión del gerrymandering, la práctica de manipular las fronteras de los distritos entre censos para minimizar pérdidas de votos, la reducción de plazas en la Administración para evitar la entrada de funcionarios negros, y la brutal expansión del sistema carcelario para anular de facto el sufragio de la minoría negra a través de la aplicación excesiva del derecho penal. Al no poder manipular el demos vía restricciones raciales explícitas, se optó por el derecho penal. 

La imagen es clara: a una parte no menor de las élites en EE UU solo les gusta la democracia si la pueden capturar para sus propios intereses. De otro modo, es algo molesta, y no dudan en estirar la cuerda hasta el límite para preservar su poder. Vemos un ejemplo aún reciente en la resolución de las elecciones del año 2000, donde un Tribunal Supremo previamente renovado certificó un recuento vigilado de cerca por Jeb Bush, gobernador de Florida y hermano de uno de los candidatos. En aquel momento, Trump era un ferviente demócrata, Al Gore aceptó su derrota frente a George W. Bush y el sistema, con unos consensos ya tocados por la primera ola de polarización liderada por Newt Gingrich, resistía.

La segunda idea en discusión tiene un origen más académico: las democracias ricas tienen, según los datos disponibles, una probabilidad muy baja de derrumbarse. Estados Unidos sería una democracia demasiado rica para quebrar a pesar incluso de sus elevados niveles de desigualdad. La idea es que las élites se benefician de un sistema que no las grava demasiado y los estratos inferiores se benefician de una economía dinámica y un Estado de bienestar que reduce su pulsión revolucionaria. En este contexto, tanto la sociedad civil como las élites económicas, militares y judiciales bloquearían cualquier intento ilegal de cambio de régimen. A diferencia de los treinta, no lo ven necesario. Sabiendo esto, los líderes rara vez se atreven a desafiar el sistema, y si lo hacen, fracasan. El asalto frustrado al Capitolio en enero de 2020, instigado por Donald Trump, es perfectamente compatible con este análisis. Los acontecimientos desde enero de 2025 invitan a reducir el optimismo. ¿Por qué esa sensación reciente de que todo puede ceder ante las estridencias y abusos de un autócrata vocacional? ¿De dónde viene la aparente fragilidad de la democracia “más antigua” y más rica del planeta?

Tanto las bases ideológicas del movimiento MAGA, en particular el nacionalismo supremacista blanco cristiano, como la tentación populista y su concepción instrumental del poder tienen raíces profundas. La pregunta es por qué el Partido Republicano ha renunciado a su obligación constitucional de controlar los abusos de poder de un Ejecutivo que desafía la Constitución por decreto. Y por qué una buena parte de las élites económicas, de momento, se aviene a contemporizar con Trump.

Parte de la explicación radica en que en EE UU se da una combinación de factores que hace que el ataque a los derechos civiles y los procedimientos democráticos sea particularmente extremo: un sistema bipartidista en el que la polarización ha reducido la capacidad de control de medios, jueces y, sobre todo, del Legislativo. El impacto territorial del cambio tecnológico y sus implicaciones políticas ayuda a entender estos factores que intensifican el alcance de la crisis frente a otros contextos donde fuerzas de similar perfil ideológico tensan las reglas en beneficio propio (España incluida). Como muestran los análisis especializados, la mayoría del crecimiento demográfico y económico desde 1990 se concentra en unas pocas áreas metropolitanas que albergan centros de innovación, empresas y universidades. Son áreas como Silicon Valley, Boston o Seattle. Monopolizan patentes, atraen cada vez más gente (joven y con alto capital humano) y su renta per capita crece mucho más que la del resto del país. En el otro extremo de la escala de prosperidad está una masa de condados rurales donde la renta y la población apenas crecen. Y en medio, una red de zonas suburbanas que sirven como áreas de servicio a los polos de innovación.

Sobre esta base la polarización es a la vez económica, política y social. Los demócratas se concentran principalmente en los polos de innovación. Los republicanos se nutren en gran medida de condados rurales en retroceso. Como ha mostrado el politólogo de la Universidad de Stanford Jonathan Rodden en un estudio reciente, estas últimas zonas sobreviven principalmente gracias al presupuesto federal que se financia vía impuestos sobre las zonas más dinámicas donde se concentran los demócratas. La distancia entre los dos electorados es cada vez mayor y esto se traduce a su vez en la selección de élites y en la capacidad de Trump como líder populista para mantenerlas en línea mientras socava la democracia. De hecho, la polarización educativa ha llegado al Congreso: en las últimas décadas, el porcentaje de diputados republicanos que se licenciaron en universidades de élite ha bajado del 40% al 15%. En el caso de los senadores, del 55% al 35%. Por el contrario, el porcentaje de representantes demócratas salidos de centros de élite crece ligeramente a partir de un nivel inicial del 45%-50%. A medida que la afinidad social entre partidos decrece, la posibilidad de alianzas entre partidos en defensa de las instituciones decrece. Si el “otro” es percibido como una amenaza de mal gusto o un esnob incapaz de entender a la verdadera América, todos se lo piensan mucho antes de romper filas, por muy obsceno que sea el comportamiento del Ejecutivo.

Este mecanismo se refuerza por la forma en que la particular forma de presidencialismo MAGA ha alterado el funcionamiento del sistema de representación. La política en Estados Unidos es hoy un fenómeno mucho más nacional que nunca. Las elecciones de senadores o las primarias para elegir candidatos al Congreso están muy condicionadas por la capacidad de Trump para orientar filias, fobias y fondos de campaña, y desviar la atención de los problemas de cada Estado o distrito. Lo hace de forma directa con los republicanos y de forma indirecta con los demócratas al facilitar la entrada de candidatos más a la izquierda que cuestionan la tibieza del liderazgo demócrata, como en las primarias a la alcaldía de Nueva York, en las que el progresista Zohran Mamdani derrotó al exgobernador Andrew Cuomo.

Lo hace a través de dos instrumentos: la movilización de un nacionalismo supremacista cristiano (que, paradójicamente, atrae incluso a sectores de voto latino) y la movilización del dinero leal en campaña. El primero convierte cualquier acercamiento al rival político en una ofensa a Dios y a la patria; el segundo castiga económicamente la deslealtad. Así quiebra un mecanismo de control fundamental en sistemas mayoritarios y presidencialistas: la capacidad del Legislativo para controlar al Ejecutivo, en particular en el uso del dinero o en la selección de la cúpula del poder judicial. Preocupados por su propia supervivencia, congresistas y senadores renuncian a su papel central y permiten al Ejecutivo romper los equilibrios y controlar la composición del árbitro final en el país, el Tribunal Supremo. Las intervenciones a demanda de este último frente a los jueces federales son un factor de preocupación adicional que se suma a la connivencia de las grandes tecnológicas con el Gobierno.

La connivencia en algunos casos es entusiasta (Bezos parece aspirar a que Amazon sustituya al servicio postal); en otros, algo más resignada. Pero lo que todos comparten es una dependencia de la capacidad regulatoria del Estado. Trump lo sabe y ellos también. Trump depende de su complicidad para mantener la difusión de su particular estrategia discursiva; ellos dependen de Trump para preservar sus privilegios oligopolistas y protegerse de intervenciones correctoras desde Europa. La misma dependencia, regulatoria y fiscal, hace que las universidades, con Harvard como honrosa excepción, hayan optado por la diplomacia blanda y tratar de rebajar el golpe a la espera de tiempos mejores. Tardarán en llegar. El asesinato de Charlie Kirk y su elevación a mártir de la causa ha dado paso a un ataque frontal a las libertades civiles, en particular la de prensa. Ha habido respuesta y Jimmy Kimmel está de vuelta, pero los ataques persistirán y con ellos la preocupación sobre la democracia y su salud. Creo que seguiremos instalados en este pantano político y emocional una larga temporada, pero también creo que es algo pronto para dar por muerto al correoso sistema político americano.

Las consecuencias de la política económica ya se notan en áreas que esperaban lo contrario de Trump y algunos demócratas empiezan a dar señales de vida. Las muestras de desacuerdo con políticas como la inmigración o los aranceles se acumulan en las encuestas en las que incluso una proporción elevada de votantes republicanos afirman que el país va en la dirección equivocada. Y la sociedad civil, a un ritmo más lento, empieza a organizarse con vistas a noviembre de 2026. Si los demócratas y votantes republicanos moderados que se quedaron en casa en 2024 se suman a los muchos desencantados que aparecen en las encuestas, el cambio en el Congreso puede bastar para que recupere su papel de contrapeso frente al Ejecutivo. Llegado ese escenario, Trump estará en una posición más débil para intentar prolongar su mandato. Es probable que intente otra vez alterar el proceso político incluso de forma violenta con su policía paralegal, pero no es evidente que lo consiga. La lealtad a Trump es ideológica entre muchos votantes rurales, pero puramente instrumental entre amplios sectores suburbanos, y en muchas élites políticas y económicas. En cuanto perciban fragilidad, redescubrirán los beneficios de la lealtad constitucional. Lo mismo podría ocurrir dentro del Partido Republicano. Una parte importante de sus líderes recuerda al politburó del Partido Comunista soviético: leales, ocultando sus preferencias, y esperando a que desaparezca el control del líder para mover ficha. Como en todo movimiento populista, la dependencia del líder es un factor de fragilidad a medio plazo.

La coalición trumpista tiene por tanto una ventana breve para consolidar el control del Estado y asegurar su hegemonía. Anticipando esta posibilidad, los republicanos centran sus esfuerzos en la administración electoral. Cuanto más riesgo perciben, más tentados están de subvertir las normas. Por eso es importante no dar excusas y evitar responder con la misma moneda, como ha hecho el gobernador de California en respuesta a la manipulación de las fronteras de los distritos en Texas para reducir el número de diputados del otro partido. Este tipo de respuesta es en primer lugar contraproducente dado el grado de concentración del voto demócrata y el número de estados que controlan. Pero sobre todo es institucionalmente suicida. Imitar al Partido Republicano blanquea su estrategia de manipulación institucional y socava las normas supuestamente a proteger. La tentación de estirar las reglas en nombre de la defensa del sistema es un fenómeno común en democracias en crisis que, como ocurrió en los años treinta, abre el campo a desafíos mayores.

De hecho, la evolución de los demócratas en las encuestas, sorprendentemente negativa a pesar del caos generado desde la administración, indica que es hora de ofrecer algo más. En lugar de golpearse el pecho imitando al gorila, los demócratas tienen más que ganar construyendo una estrategia que vuelva a hacerlos atractivos en sectores que situados fuera de los polos de innovación observan con escepticismo, cuando no hastío, la degeneración de la competición política y añoran un Estado que les proporcione servicios, futuro y estabilidad material. Va siendo hora."                  ( Pablo Beramendi, Universidad de Duke, El País, 28/09/25)

23.5.25

Los republicanos callan mientras Donald Trump utiliza sin pudor su puesto de presidente y la propia Casa Blanca para enriquecerse personalmente e impulsar los negocios de su familia, tanto en Estados Unidos como en el extranjero... Emiratos Árabes Unidos pactó destinar 2.000 millones de dólares a una stablecoin en que participa con sus hijos Eric Trump, Donald Trump Jr. y Barron Trump... un promotor inmobiliario presentó un complejo turístico de lujo residencial y de golf con la marca Trump en un megaproyecto de 5.500 millones de dólares con participación estatal en Doha (Qatar)... La compañía del presidente estadounidense y su familia tiene proyectos de nuevas torres en Riad (Arabia Saudí) y Abu Dabi... los fondos soberanos de Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Qatar se han comprometido a aportar más de 3.500 millones de dólares a un fondo de capital riesgo dirigido por Jared Kushner, yerno de Trump... el Gobierno de Qatar entregará a Trump un Boeing 747 valorado en unos 400 millones, como sustituto de los aviones presidenciales Air Force One de Estados Unidos... El magnate ha llegado a acuerdos para recibir donaciones multimillonarias para su biblioteca por parte de compañías privadas a las que había demandado, a cambio de cerrar las demandas ( Miguel Jiménez)

 "Los republicanos pusieron durante años el grito en el cielo por las actividades del hijo de Joe Biden, Hunter Biden, en Ucrania, cuando el primero era vicepresidente. Persiguieron sin éxito una supuesta comisión de cinco millones de dólares que denunció un confidente que acabó condenado por falso testimonio. Nunca lograron demostrar sus acusaciones. Ahora, sin embargo, callan mientras Donald Trump utiliza sin pudor su puesto de presidente y la propia Casa Blanca para enriquecerse personalmente e impulsar los negocios de su familia, tanto en Estados Unidos como en el extranjero. Ni los conflictos de intereses ni las consideraciones éticas suponen un freno para el hombre de negocios que además es presidente de la primera potencia mundial.

La conducta de Trump no tiene precedentes, salvo quizá el de él mismo durante su primer mandato, cuando su hotel de Washington se benefició del cargo que ocupaba su dueño. El descaro es esta vez mucho mayor, como se ha puesto de manifiesto con su memecoin, el criptoactivo $TRUMP. El propio presidente ofreció recibir en la Casa Blanca e invitar a una “cena privada e íntima” a quienes comprasen más $TRUMP, enriqueciendo a su familia.

El memecoin es un activo sin valor intrínseco alguno. No tiene ningún activo que lo respalde más allá del precio que otros estén dispuestos a pagar por él. La familia Trump lo presenta sin más como una especie de coleccionable. Otros memecoin se han hundido sin remedio y el $TRUMP también se estaba desplomando tras la fiebre inicial hasta que el presidente ofreció a los 220 mayores inversores compartir una cena en su club de golf de Virginia y a los 25 primeros una visita a la Casa Blanca. Los ganadores han invertido más de 170 millones de dólares por esos privilegios.

El presidente eligió como destino para su primer viaje internacional (con la excepción del funeral del papa Francisco) tres países de Oriente Próximo en los que su familia acaba de cerrar suculentos negocios: Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. “Esta es la gira de la corrupción del presidente Trump por Oriente Próximo. Está haciendo favores a otras naciones y, a cambio, no pide concesiones en materia de seguridad para Estados Unidos, sino pagos en efectivo para él mismo. No es un momento normal y no debemos actuar como si lo fuera”, denunció esta semana el senador demócrata por Connecticut Chris Murphy.

Un fondo de Emiratos Árabes Unidos pactó destinar 2.000 millones de dólares a una stablecoin (una criptomoneda referenciada al dólar) en World Liberty Financial, la firma cripto en que participa con sus hijos Eric Trump, Donald Trump Jr. y Barron Trump, además de otros socios, que el entonces candidato presentó en septiembre desde su mansión de Mar-a-Lago en Palm Beach (Florida). El acuerdo supone beneficios de decenas de millones de dólares para la firma.

En el último año, se han inaugurado torres residenciales con la marca Trump en Dubái (Emiratos Árabes Unidos) y en Yeda (Arabia Saudí) de la mano de un socio saudí con vínculos estatales. En abril, un promotor inmobiliario presentó un complejo turístico de lujo residencial y de golf con la marca Trump en un megaproyecto de 5.500 millones de dólares con participación estatal en Doha (Qatar), en un acto en el que participaron Eric Trump, vicepresidente ejecutivo de la Organización Trump, y un ministro catarí. La compañía del presidente estadounidense y su familia tiene proyectos de nuevas torres en Riad (Arabia Saudí) y Abu Dabi.

Además, los fondos soberanos de Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Qatar se han comprometido a aportar más de 3.500 millones de dólares a un fondo de capital riesgo dirigido por Jared Kushner, yerno de Trump.

Junto a eso, la Administración de Trump está en conversaciones con el Gobierno de Qatar para aceptar un Boeing 747 valorado en unos 400 millones de dólares que serviría como sustituto temporal de los aviones presidenciales Air Force One de Estados Unidos actualmente en uso, que ya tienen más de 40 años, dados los retrasos en el contrato que la propia Boeing mantiene para construir dos nuevos aviones presidenciales. “Solo un estúpido no aceptaría este regalo en nombre de nuestro país”, defendió Trump pese a que su adaptación costaría cientos de millones de dólares. Se manejó la idea de que el avión se cediera posteriormente a la biblioteca presidencial del republicano —una suerte de depósitos para conservar materiales históricos de los presidentes en EE UU―, con lo que en la práctica pasaría a ser el avión privado de Trump, aunque el presidente ha dado a entender luego que no llegará a tanto.

Trump, que tiene fama de hacer trampas sistemáticamente cuando juega al golf, acogió en su club de Doral (Florida) un torneo de la LIV Golf, la liga con respaldo saudí. El presidente, que acudió al torneo en plena tormenta por la guerra comercial, hizo negocio alquilando el campo y alojando a los asistentes.

El magnate ha llegado a acuerdos para recibir donaciones multimillonarias para su biblioteca por parte de compañías privadas a las que había demandado. La cadena de televisión ABC News y su presentador estrella, George Stephanopoulos, acordaron pagar 15 millones de dólares a Trump, destinados también al fondo para su biblioteca, para cerrar una demanda por difamación. La red social X, propiedad de Elon Musk, llegó a un acuerdo para indemnizar al republicano con unos 10 millones de dólares por el cierre de su cuenta en la entonces Twitter tras el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, a pesar de que la demanda había sido desestimada en primera instancia. Meta, controlada por Mark Zuckerberg, acordó pagar 25 millones de dólares por haber suspendido al presidente sus cuentas. Las empresas prefieren llevarse bien con un presidente de cuyas decisiones pueden depender sus negocios y que, en su deriva autoritaria, es capaz de castigar o premiar a su capricho a rivales y amigos.

Lo curioso es que el cierre de esas cuentas en Facebook y Twitter acabó generando un gigantesco negocio para el republicano, que fundó su propia red social, Truth, y llegó a un acuerdo para sacarla a Bolsa a través de una compañía cascarón. Pese a que la empresa apenas tiene ingresos y genera fuertes pérdidas operativas, tiene un valor en Bolsa de unos 5.650 millones de dólares. Los 114,75 millones de acciones propiedad de Trump están valorados en cerca de 3.000 millones de dólares. El principal valor de la compañía, con relativamente bajas cifras de usuarios y audiencia, es su vinculación al propio Trump, que en su permanente confusión entre lo público y lo privado, lo ha convertido en el canal de comunicación privilegiado de sus anuncios sobre cualquier asunto, desde los aranceles a la política exterior.

Los negocios de la familia Trump no paran. El último de ellos es la puesta en marcha de un club en Georgetown (Washington) que llevará el nombre de Poder Ejecutivo. Es un lugar que parece diseñado para institucionalizar el tráfico de influencias. Para ser miembro habrá que pagar medio millón de dólares."        ( Miguel Jiménez , El País, 18/05/25)

22.5.25

Ralph Nader: El ego dominante de Trump camufla la cobardía y la crueldad... y domina el ciclo de noticias... pero Trump da a los demócratas muchas oportunidades sin explotar... Trump/Musk han ocultado las mayores fuentes de su supuesto interés en «erradicar el despilfarro, el fraude y la ineficiencia» en el poder ejecutivo. No tocan el «crimen corporativo» que estafa a Medicare, Medicaid, etc. por decenas de miles de millones de dólares al año, o las enormes cantidades de subsidios corporativos... los demócratas deberían presentar artículos de Impeachment en la Cámara contra Trump... y deberían movilizar a sus votantes en una poderosa fuerza de base o incluso animar a sus partidarios a hacerlo por su cuenta, como hizo el «Tea Party» en 2009 contra Barack Obama... A medida que aumenten las marchas, concentraciones y asambleas ciudadanas, la exigencia de que Trump sea despedido impulsará el apoyo popular a su Impeachment y destitución, como ocurrió con Nixon en 1974 por transgresiones mucho menores. «¿Imposible? No cuando los republicanos del Congreso ven que las encuestas y la recesión económica arrastran su alicaído futuro político para 2026 si continúan su lealtad a Trump

 "El ego del dictador Donald Trump se ha globalizado y domina el ciclo de noticias.  Sus oponentes nacionales se quedan con muy pocas refutaciones y demasiado tarde y, de nuevo, son víctimas de su genio para desviar y distraer a ellos y a los medios de comunicación.

Tomemos como ejemplo su «triunfal» viaje a las ricas naciones árabes del Golfo. Sus gobernantes le adulaban 24 horas al día, 7 días a la semana, como el jefe del mundo, mientras él les adulaba a cambio de sus negocios (algunos le beneficiaban a él y a su familia) y de la compra de armas.  Trump disfruta mandando. Pero no lo estaba.

Antes, durante y después de su viaje, Netanyahu siguió siendo su MAESTRO en los asuntos que cuentan para el genocida israelí. Trump no dijo nada serio sobre un alto el fuego, nada sobre abrir la frontera con Gaza a miles de camiones que esperan (pagados por el contribuyente estadounidense) llevando alimentos, agua, medicinas y otras necesidades críticas para los hambrientos, moribundos y asediados palestinos de Gaza, nada sobre las exigencias de que Netanyahu levante su prohibición de que los reporteros estadounidenses y otros israelíes y extranjeros vayan de forma independiente a Gaza.

Los medios de comunicación interpretaron su ausencia de la visita a Israel como un desaire, cuando en realidad era una forma inteligente de evitar enfrentarse a Netanyahu, especialmente por romper el alto el fuego de enero, del que Trump se atribuyó el mérito, e iniciar la expulsión de los palestinos de Gaza. Trump se tomó la ruptura de «su tregua» por parte de Netanyahu como una afrenta a su famoso ego cerrándole la boca cobardemente.

 Para favorecer aún más a Netanyahu y a su Lobby doméstico estadounidense, Trump le dijo al nuevo presidente de Siria, devastada por la guerra, que hiciera la paz con Israel y se uniera a los Acuerdos de Abraham, negociados por el yerno de Trump, Jared Kushner. Al mismo tiempo, ¡Israel está utilizando F-16 de fabricación estadounidense para bombardear Siria (sin provocación) cientos de veces mientras se apodera cada vez más del territorio de la impotente Siria!

A nivel nacional, Trump todos los días se jacta de MAGA mientras está Wrecking America.  Simultáneamente, segundos pensamientos se están filtrando en su multitud MAGA y entre los aduladores «Amén» que componen el GOP en el Congreso. Están empezando a decir, en otras tantas palabras: «Oye, nosotros no votamos por esto o aquello».

Ahora Trump, aparte de su retórica delirante, está jugando a un Zig Zag que indica que intuye cuando está cayendo por el precipicio. Sus encuestas están cayendo lentamente y caerán aún más cuando los precios inducidos por los aranceles empiecen a subir y la economía dé señales de la temida estanflación en el horizonte.

Mientras tanto, el Partido Demócrata y su supuesta dirección siguen respaldando y llenando, a pesar de las poderosas demandas en las abarrotadas asambleas municipales de sus distritos para que sus congresistas sean «integralmente agresivos», como dijo un votante demócrata.

 En primer lugar, necesitan consultar el diccionario para poder descubrir las palabras que encajan con el tirano Trump y los colmillos venenosos del delincuente Musk. Los cobardes políticos tienen problemas para usar un lenguaje claro y fuerte para describir la dictadura fascista de Trump que se mueve hacia las confiscaciones del estado policial de personas inocentes por usar su libertad de expresión.

Pueden aprender de algunos de sus predecesores como el desvalido Harry Truman en su carrera presidencial de 1948 contra el favorito de las encuestas Thomas Dewey. Aquí está «Give 'em hell Harry» hablando a 90.000 agricultores y sus familias en un campo en Dexter, Iowa:

    «Me pregunto cuántas veces te tienen que golpear en la cabeza para que te des cuenta de quién te está golpeando». ... Estos glotones republicanos de privilegios son hombres fríos. Son hombres astutos.... Quieren el regreso de la dictadura económica de Wall Street.... No os pido sólo que votéis por mí. Votad por vosotros mismos».

Cuando Trump, en 2016, empezó a usar MAGA como eslogan constante, el Partido Demócrata pagó a un consultor para que más tarde ideara el eslogan que induce al bostezo: «Reconstruir mejor.» Kamala Harris utilizó «la economía de la oportunidad» como eslogan en lugar de la retórica eléctrica y la agenda de mesa de cocina de Bernie Sanders, que sigue siendo el político más popular de Estados Unidos.

Trump da a los demócratas muchas oportunidades sin explotar. Tres ejemplos:

 En primer lugar, los demócratas han pasado por alto el hecho de que Trump/Musk hayan ocultado las mayores fuentes de su supuesto interés en «erradicar el despilfarro, el fraude y la ineficiencia» en el poder ejecutivo. No tocan el «crimen corporativo» que estafa a Medicare, Medicaid, etc. por decenas de miles de millones de dólares al año, o las enormes cantidades de subsidios corporativos, regalos, descaradas evasiones fiscales, y el hinchado e inauditable presupuesto militar que Trump quiere aumentar en 100.000 millones de dólares más de lo solicitado por los generales.

En segundo lugar, no para de gritar «impeach,» a los jueces que se le cruzan.  Los demócratas deberían devolverle el favor presentando artículos de Impeachment en la Cámara contra Trump (Ver: los 22 Delitos Impeachables). En cambio, los llamados líderes del Partido Demócrata están reprimiendo al pequeño número de demócratas de la Cámara que quieren hacer precisamente eso.

En tercer lugar, los demócratas no han logrado movilizar a sus votantes en una poderosa fuerza de base o incluso animar a sus partidarios a hacerlo por su cuenta, como hizo el «Tea Party» en 2009 contra Barack Obama. (Llámalo el «Coffee Party» para despertar a la población -familias trabajadoras liberales y conservadoras-, ambas despojadas por el plutócrata/oligarca Peligroso Donald).

Trump recientemente bloviated «Yo dirijo el país y el mundo». Las masas de la «Fiesta del Café» pueden enfocar todo su creciente dolor y sufrimiento del Trumpismo con el grito que él bien entiende «ESTÁS DESPEDIDO.» (Ver mi reciente columna: «¡ESTÁS DESPEDIDO!» -CADA VEZ MÁS MILLONES DE ESTADOUNIDENSES RECHAZAN A TRUMP).

 A medida que aumenten las marchas, concentraciones y asambleas ciudadanas, la exigencia de que Trump sea despedido impulsará el apoyo popular a su Impeachment y destitución, como ocurrió con Nixon en 1974 por transgresiones mucho menores. «¿Imposible? No cuando los republicanos del Congreso ven que las encuestas y la recesión económica arrastran su alicaído futuro político para 2026 si continúan su lealtad a Trump.·

( Counter Punch, 19/05/25, traducción DEEPL

29.3.25

La seguridad social bajo ataque: por parte de los plutócratas, por supuesto... Por supuesto, esta ha sido durante mucho tiempo la política oficial del Partido Republicano... al que no le gustaría más que deshacerse de Medicaire, Medicaid, la Seguridad Social y, por supuesto, los cupones de alimentos, para que los indigentes puedan saltarse las visitas al médico, racionar su quimioterapia y su insulina, comer menos, comidas más pequeñas y dormir bajo las estrellas. Porque ahí es adonde se dirige todo esto: desposeer a decenas de millones de personas y empujarlas a las filas de los sin techo... Si sumamos los 70 millones de estadounidenses que cobran la Seguridad Social a los 90 millones que reciben Medicaid, nos encontraríamos con 160 millones de personas convertidas en indigentes por esnobs como Musk, Lutnick y el líder del Partido Republicano en la Cámara de Representantes, Mike Johnson. Al parecer, estos mandamases del sanedrín de Trump odian a cualquiera que no sea rico... Si aristócratas como Musk y Lutnick siguen destrozando los medios de subsistencia de la gente corriente, ¿están allanando el camino a un infierno de enfermedad, hambre e indigencia para 160 millones de estadounidenses? No es una buena plataforma para que el Partido Republicano se presente dentro de dos años... Musk declaró que la Seguridad Social era un esquema Ponzi. ¿Considera que una pensión es un fraude? Porque esa es otra comparación que me trae a la mente la Seguridad Social. Posiblemente considere que es una especie de trampa, una estafa contra Wall Street, que ha codiciado con lujuria los ingresos de la Seguridad Social... La infame verdad es que Estados Unidos es una nación de muy pocos oligarcas fabulosamente ricos que acaparan todos los recursos y cientos de millones de personas corrientes que luchan por salir adelante. Robarles su escasa subsistencia -y nosotros PAGAMOS por nuestra Seguridad Social, no es un regalo- no sólo es una forma de perder votos, sino que ganará a sus promotores la condena de la historia (Eve Ottenberg)

 "Insultos, calumnias, comentarios desagradables y desprecio por la Seguridad Social brotan por doquier estos días en Washington. Aunque el propio Trump insiste en que protegerá el programa, sus subordinados sí que lo odian, y por extensión, a los casi 70 millones de ancianos que dependen de él; y «dependen» es un eufemismo: para muchos es su único salvavidas. Estas personas votaron a Trump en masa. Pero ahora oyen decir a su asesor Elon Musk que la Seguridad Social es un «esquema Ponzi», o al multimillonario CEO de servicios financieros reconvertido en secretario de Comercio Howard Lutnick que solo los «defraudadores» cobran sus cheques de la Seguridad Social. Es difícil no llegar a la conclusión de que estos altivos plutócratas quieren arrebatarle el dinero a la abuela y dejarla en la indigencia.

Por supuesto, esta ha sido durante mucho tiempo la política oficial del GOP. No hay más que ver lo que los republicanos quieren hacer con Medicaid. La Cámara de Representantes aprobó en enero un proyecto de ley para desmantelarlo, incluso prescindiendo de la prolongada, mendaz y de rigor campaña para tacharlo de fraude. Esa es la gran mentira sobre la Seguridad Social: que está plagada de fraudes y que, por tanto, no sólo hay que recortarla, sino reducirla drásticamente. Supongo que Medicaid, al igual que los cupones de alimentos, ofende tanto a los multimillonarios miembros del GOP de la Cámara de Representantes que pensaron que podían prescindir de la campaña de propaganda y simplemente devastarlo.

 Además, todos los beneficiarios de Medicaid son pobres y, por tanto, fáciles de intimidar por los mega-ricos. Y con su proyecto de ley de Medicaid, la Cámara republicana reveló que está llena de matones, a los que nada les gustaría más que deshacerse de Medicaire, Medicaid, la Seguridad Social y, por supuesto, los cupones de alimentos, para que los indigentes puedan saltarse las visitas al médico, racionar su quimioterapia y su insulina, comer menos, comidas más pequeñas y dormir bajo las estrellas. Porque ahí es adonde se dirige todo esto: desposeer a decenas de millones de personas y empujarlas a las filas de los sin techo.

Si sumamos los 70 millones de estadounidenses que cobran la Seguridad Social a los 90 millones que reciben Medicaid, nos encontramos con 160 millones de personas convertidas en indigentes por esnobs como Musk, Lutnick y el líder del Partido Republicano en la Cámara de Representantes, Mike Johnson. Al parecer, estos mandamases del sanedrín de Trump odian a cualquiera que no sea rico. Lutnick ejemplificó mejor este vil desdén en una reciente entrevista televisiva, en la que proclamó que a su suegra de 94 años no le importaría no recibir su cheque de la Seguridad Social y que sólo los «defraudadores» bocazas se agarrarían por eso.

 Bueno, no sé cuán rica es la suegra de Lutnick, pero apostaría a que tiene mucho más dinero a mano que el beneficiario medio de la Seguridad Social, así que estaría bien que estos plutócratas de Beltway dejaran de atacar a la Seguridad Social. Trump podría ponerles una correa si quisiera, pero no lo ha hecho. Mientras tanto, muchos de nosotros estamos tan agradecidos de que haya puesto fin a la amenaza de aniquilación nuclear a través de un estallido entre EE.UU. y Rusia que, francamente, eso es más bien una distracción. Sin embargo, este feroz combate contra las escasas fuentes de sustento de los pobres es difícil de ignorar. Sí, nos alegramos de no ser incinerados en el demencial ataque de Biden a Rusia y esperamos que no haya una Tercera Guerra Mundial desencadenada por un ataque estadounidense a Irán, que podría volverse rápidamente radiactivo y reventaría la economía mundial. También está en la lista de deseos detener la carnicería de Gaza, algo que Trump hizo una vez con su acuerdo de alto el fuego/rehenes y que podría hacer fácilmente de nuevo, si quiere.

 Pero ahora que el Apocalipsis Atómico está fuera de nuestro cartón de bingo y se nos permite sobrevivir, para muchos proletarios la siguiente pregunta es, ¿cómo? Si aristócratas como Musk y Lutnick siguen destrozando los medios de subsistencia de la gente corriente, ¿están allanando el camino a un infierno de enfermedad, hambre e indigencia para 160 millones de estadounidenses? No es una buena plataforma para que el Partido Republicano se presente dentro de dos años.

Hace unas semanas, Musk declaró que la Seguridad Social era un esquema Ponzi. Esto es falso. No es un fraude de inversión. Es una renta vitalicia de seguro gestionada por el gobierno; los ciudadanos realizan una serie de pagos a cambio de un flujo de ingresos más adelante en la vida. Si Musk lo considera un fraude, no sólo calumnia a la Seguridad Social, sino a todo un sector financiero. ¿Considera que una pensión es un fraude? Porque esa es otra comparación que me trae a la mente la Seguridad Social. Posiblemente considere que todo lo que no sea un 401k de jubilación en bolsa es una especie de trampa, una estafa contra Wall Street, que ha codiciado con lujuria los ingresos de la Seguridad Social desde que FDR la bautizó por primera vez.

Mientras los multimillonarios libran una salvaje guerra de clases contra el resto de nosotros, ¿dónde están los demócratas? En gran parte mudos, lamiéndose las heridas autoinfligidas por el fiasco de Joe «La guerra es mi legado» Biden. De hecho, cualquier partido que pueda endilgar un engaño monumental como esa presidencia al pueblo estadounidense merece ser demolido y luego reconstruido, desde los cimientos, con gente nueva. Pero no hay pruebas de tales esfuerzos en ninguna parte; los insípidos demócratas, después de casi llevar al mundo al Armagedón nuclear, bajo el «liderazgo» de un gobernante que probablemente habría sido más feliz en un asilo de ancianos, lo que ocultaron asiduamente, esos demócratas parecen no poder reunir la voluntad de unirse para los grandes programas sociales que inventaron. ¿Por qué? Porque los mocosos trepadores sociales que abogan -Biden es un ejemplo- por el desmantelamiento de esos programas se apoderaron del partido hace mucho tiempo. Quizá sea mejor prescindir de los demócratas. Es hora de un nuevo Partido Popular.

En un país donde, a partir de 2023, 36,8 millones de personas viven en la pobreza, donde el 56% de los estadounidenses no pueden permitirse una emergencia de 1.000 dólares, donde el 22% de los inquilinos gastan TODOS sus ingresos en alquiler y donde incluso las falsas y manipuladas estadísticas laborales del gobierno -que no cuentan como desempleados a las hordas de personas que renunciaron a buscar trabajo hace años- revelan que oficialmente casi 7 millones de personas carecen de empleo mientras que casi 9 millones tienen varios trabajos, en un país así, uno pensaría que los políticos con los ojos puestos en los libros de historia estarían cayendo sobre sí mismos para impulsar los programas de bienestar social. Pero no. Lo que antes se llamaba libertad económica, es decir, libertad para vivir sin miseria, es hoy simplemente la libertad para morirse de hambre y dormir bajo un paso elevado.

La infame verdad es que Estados Unidos es una nación de muy pocos oligarcas fabulosamente ricos que acaparan todos los recursos y cientos de millones de personas corrientes que luchan por salir adelante. Robarles su escasa subsistencia -y nosotros PAGAMOS por nuestra Seguridad Social, no es un regalo- no sólo es una forma de perder votos, sino que ganará a sus promotores la condena de la historia. Trump evidentemente lo sabe. ¿Pero sus asesores? Esa es otra historia."

(

12.2.25

¿Cómo llegamos hasta aquí? Estamos ante el fruto de tantas decisiones tóxicas... tantos pasos en el camino que podrían haberse evitado... ha habido una larga historia de realidades señaladas por los izquierdistas e ignoradas por los liberales... Muchos en la izquierda señalaban que el partido demócrata era peligroso debido a sus promesas huecas... esa preocupación no era para realzar a la derecha reaccionaria, sino para mantener a raya al fascismo... La preocupación era que aterrizaríamos exactamente donde estamos... es lo que siempre ocurre cuando un partido como los demócratas no ofrece ninguna mejora en cuestiones de calidad de vida para las masas. Es casi peor que ofrezcan mejoras, pero que no las cumplan... Una parte de las masas aceptará y abrazará opciones más oscuras y desacertadas cuando esto ocurra... Los demócratas abandonaron sus promesas incluso en tiempos de supermayorías democráticas... ¿Se imaginan si se hicieran verdaderos intentos de programas tipo New Deal? Cualquier cosa. Bajar los tipos de interés de las tarjetas de crédito permitidos y decir que es porque la Biblia está en contra de la usura. Y que los republicanos jueguen con ese fuego... si Biden hubiera aplicado una orden ejecutiva que aliviara el dolor de nuestro sistema sanitario, ¿se imagina el amor sin paliativos que recibiría? Pero ni añadieron jueces al Tribunal Supremo cuando parecía una opción necesaria dada la composición psicótica del tribunal actual... Es una tragedia porque creo que incluso ligeras correcciones en momentos cruciales podrían haber cambiado esta nación... La única manera de combatir el odio, el egoísmo y la inhumanidad es exactamente lo contrario de todas esas cosas, no fingiendo, posando y enviando 1.000.000 de correos electrónicos de dame dinero (Kathleen Wallace)

 "(...) Estamos ante el fruto de tantas decisiones tóxicas... tantos pasos en el camino que podrían haberse evitado. Una acumulación de terribles concesiones y de ignorar abiertamente el mal. Si no nos gusta dónde estamos, tenemos que considerar cuánto tiempo ha llevado todo esto y cuántas veces podría haber sido posible la mitigación.

Hay mucho odio de nivel liberal ahora mismo hacia aquellos que sienten que están a su izquierda -consideran que la administración actual es culpa de esos individuos debido a su percibida inelasticidad con respecto a temas como....... genocidio. Pero esto lleva ocurriendo mucho más tiempo que las atrocidades recientes: ha habido una larga historia de realidades señaladas por los izquierdistas e ignoradas por los liberales.

Muchos en la izquierda señalaban que el partido demócrata era peligroso, debido a su mendacidad y promesas huecas. La expresión de esta preocupación no era para realzar a la derecha reaccionaria, sino para salvar cualquier jirón que pudiera mantener a raya al fascismo. La preocupación era que aterrizaríamos exactamente donde estamos, ya fuera en este ciclo electoral o en el siguiente. Podría haber ocurrido después de cualquier administración neoliberal, y la izquierda estaba advirtiendo de este hecho tan destacado. Y no es que la izquierda fuera mágicamente clarividente, no: esto es lo que siempre ocurre cuando un partido como los demócratas no ofrece ninguna respuesta significativa a la retórica de la derecha ni ninguna mejora en cuestiones de calidad de vida para las masas. Es casi peor que ofrezcan mejoras, pero no las cumplan.

Una parte de las masas aceptará y abrazará opciones más oscuras y desacertadas cuando esto ocurra. Para la izquierda, señalar esto era como estar en una esquina con un cartel proclamando 2+2=4 y recibir la respuesta de los demócratas neoliberales diciendo: «No creo que entiendas cómo funcionan los números, simplemente es más sofisticado de lo que puedes comprender».

Los demócratas abandonaron sus promesas en materia de calidad de vida/salarios, no persiguieron la codificación de importantes cuestiones sociales incluso en tiempos de supermayorías democráticas, no añadieron jueces al Tribunal Supremo cuando parecía una opción necesaria dada la composición psicótica del tribunal actual. Este tipo de comportamiento nos condujo a este oscuro lugar de la historia en el que nos encontramos ahora.

 El celo por las órdenes ejecutivas que ha exhibido Trump muestra cómo probablemente también estuvo disponible de alguna forma muchas veces durante las administraciones demócratas. Los demócratas tenían la opción de dictar decretos de calidad de vida. Si las órdenes eran populares pero las rescindían los republicanos, entonces eso habría recaído sobre ellos. Su popularidad habría caído en picado, pero cosas de esta naturaleza no se intentaron. Biden sacaría «alivio de la deuda» con múltiples condiciones que se cerraron y no hicieron más que enfurecer a los que fueron engañados pensando que podrían tener una oportunidad de salir de la servidumbre de la deuda. ¿Se imaginan si se hicieran verdaderos intentos de programas tipo New Deal? Cualquier cosa. Bajar los tipos de interés de las tarjetas de crédito permitidos y decir que es porque la biblia está en contra de la usura. Que los republicanos jueguen con ese fuego. Por supuesto, el hombre de Delaware no haría eso, pero lo digo para ilustrar que había formas de contraatacar si los demócratas eran remotamente quienes decían ser. Si el resultado de las órdenes ejecutivas realmente mejorara vidas... incluso los seguidores de Trump probablemente se quedarían callados al respecto. 

Si aplicara con éxito una orden que aliviara el dolor de nuestro sistema sanitario, ¿se imagina el amor sin paliativos que recibiría? ¿De todo el mundo? Mira lo que pasó con el tirador UHC. Hubo gente comprensiva en todos los bandos debido a la crueldad inherente del sistema. En todo momento ha habido cuestiones que podrían unir en lugar de dividir a este país. Los demócratas simplemente optaron por ignorarlo. Se puede decir que siguieron las reglas.... pero siguieron las «reglas» porque no querían cambiar materialmente la vida de la gran mayoría de los estadounidenses. Algunas de las reglas se las inventaron ellos mismos, como que tenemos derecho a elegir a nuestros candidatos sin la opinión de los votantes. Esa es toda una regla. Es una tragedia porque creo que incluso ligeras correcciones en momentos cruciales podrían haber cambiado esta nación.

Cuando los de izquierdas planteaban opciones que podían ganarse el apoyo y ayudar a los conciudadanos se consideraba un comportamiento cómplice que ayudaba a la derecha reaccionaria. En lugar de escuchar y procesar la validez de las preocupaciones, la energía de muchos liberales era culpar a todas las personas equivocadas, es decir, a las que decían la verdad. Como he dicho, hubo momentos cruciales para detener o frenar este deslizamiento. Un ejemplo, por supuesto, habría sido permitir unas primarias orgánicas. Pero la selección incluso de un socialdemócrata de pacotilla como Sanders se vendió como un puente demasiado largo y la mayoría de los demócratas acabaron tragándose esa tontería. Se les dijo que un candidato así nunca sería capaz de ganar, a pesar de que el hombre tenía mucho más favorables entre la derecha que sus candidatos neoliberales elegidos a dedo. Se consideraba un signo de madurez aceptar simplemente que «las cosas son así» y que «no podemos hacerlo mejor». Toda una motivación. Sí, cada año es más duro, hay más personas sin hogar, más suicidios, más miseria, pero nosotros somos los adultos en la sala y tú debes aceptarlo como tu suerte en la vida. Por supuesto que terminamos siendo fascistas. Esa es la maldita fórmula que la historia ha demostrado una y otra vez.

Entonces llegamos a un punto en el que el genocidio total ni siquiera se considera una ruptura con los demócratas. Cuando un partido cae a esa profundidad, es muy difícil ver cómo puede desarrollarse de otra manera. Incluso ahora se ve a los liberales regodearse en los que no votaron o votaron a un tercer partido porque no podían apoyar moralmente a los demócratas. Dicen: «¿Estás contento ahora? Trump quiere sacar a todo el mundo de Gaza». Como en ja, ja... estúpidos izquierdistas ¿veis como es mucho peor con Trump que con Biden? Ahora sobre esto digo que no podrías tener a Trump y a su yerno haciendo planes inmobiliarios en Gaza sin que la administración Biden «suavizara el objetivo». Por lo tanto, me parece que es un asqueroso no-arranque. ¿Realmente estamos discutiendo sobre cuánto genocidio debemos permitir?

Pero.........aquí es donde sí hay diferencia entre los partidos. Y es en el desmantelamiento al por mayor de nuestra infraestructura gubernamental que se está produciendo actualmente. Una vez más, los liberales culparían a la izquierda de esta situación cuando, de hecho, esta no sería nuestra realidad si el Partido Demócrata hubiera permitido unas primarias naturales en 2016, 2020 (o incluso unas primarias en 2024). Los de la izquierda estaban hablando a la historia, la inevitable posibilidad de fascismo si no se ponen en marcha válvulas de alivio y mitigación. Estas situaciones no se dan en sociedades materialmente cómodas y tranquilas. Y ninguna cantidad de «este emperador desnudo tiene ropas que fueron obtenidas del libre comercio y cosidas a mano por lesbianas minoritarias» cambiará el hecho de que él está, de hecho, jodidamente desnudo.

Pero, por desgracia, nos encontramos «juntos» en que no estamos bien con el futuro, los neoliberales y los izquierdistas........ lo que el mundo se está configurando a sí mismo es, por supuesto, simplemente horrible en formas nuevas y aventuradas. Yo diría que el camino a seguir no puede ser el de ceder ante el poder corporativo, el de permitir que políticos superficiales y grasientos nos convenzan de aceptar situaciones tan atroces como el genocidio. Nuestro futuro puede ser muy distinto: puede que acabemos teniendo las localidades mucho más poder que en el pasado. Estamos en territorio desconocido, pero una cosa es segura y es que no podemos permitir que una oposición fingida acorrale nuestra mejor naturaleza o nos convenza de que, en aras de la racionalidad, tenemos que renunciar a lo que sabemos que es decente y correcto. Porque no olvidemos que estos «actores racionales», ya sean Obama, Clinton, Biden...... Harris, bueno, miren lo que su falsa oposición ha hecho por nosotros. (...)

 De cara al futuro, la grasienta clase política de la que surgen esos tipos debe ser relegada al basurero de la historia. No nos traerán más que miseria continua y una gran parte de las masas esperarán que un papá autoritario arregle las cosas. Tenemos trabajo que hacer. De nuevo, esto no es nuevo, no hemos inventado esta situación. La única manera de combatir el odio, el egoísmo y la inhumanidad es exactamente lo contrario de todas esas cosas, no fingiendo, posando y enviando 1.000.000 de correos electrónicos de dame dinero de AOC. Esta será mi última misiva con respecto a los demócratas porque son «como una vela en el viento-no fiables» --(gracias ficticio Dean Lerner por lo que sea que estuvieras hablando cuando pronunciaste esa desquiciada y deliciosa frase). Es hora de seguir adelante y no repetir semejante idiotez en el futuro."               

(Kathleen Wallace , blog, 10/02/25, traducción DEEPL)

29.10.24

Richard Ford: El problema que tenemos los estadounidenses en estos días es cómo estar listos para afrontar una nueva presidencia de Trump. Creo que lo único sensato es prepararse, no negar la posibilidad... Con su estilo vacilante y narcisista, los miembros del Partido Demócrata se desentendieron del país cuando no ratificaron, hace dos años, a ningún sucesor cualificado para Biden. Dan vergüenza... Kamala Harris podría ser una digna presidenta si consigue superar su miedo a cometer errores... Trump, esencialmente, ha prometido hundir el país si es elegido: ha prometido llenar los departamentos de Justicia y de Estado de aduladores suyos y el Tribunal Supremo de más extremistas, perseguir y encarcelar a sus oponentes, cerrar la Agencia de Protección Medioambiental y el Departamento de Educación, eliminar los programas de comidas escolares gratuitas para niños y dejar los derechos reproductivos en manos de una tosca variedad de 50 Estados... Solo le falta ordenar ataques contra Chicago... sucede que Trump tiene miedo de ir a la cárcel, como lo tendría cualquier persona normal... pero es evidente que muchos estadounidenses quieren precisamente eso. Mi mujer y yo los oímos mascullar y enfurecerse sobre estos temas en la cafetería, el supermercado, el taller de coches y el banco de nuestra zona, en el este de Montana Es evidente que muchos estadounidenses quieren precisamente eso. Mi mujer y yo los oímos mascullar y enfurecerse sobre estos temas en la cafetería, el supermercado, el taller de coches y el banco de nuestra zona, en el este de Montana... No me extraña que solo votemos el 66% de nosotros.

 "El problema que tenemos los estadounidenses en estos días es cómo estar listos para afrontar una nueva presidencia de Donald Trump. Creo que lo único sensato es prepararse, no negar la posibilidad, que es lo que hace la mayoría de mis amigos. Que no haya equívocos: la idea me espanta. Y antes tendremos que votar. Yo habría votado por Joe Biden. Es un hombre razonablemente bueno, aunque me sorprendió su hambre de poder y que hubiera que apartarlo de la campaña electoral rezongando y a regañadientes. Y votaré sin dudar a Kamala Harris; aunque no haya sido una candidata especialmente buena, podría ser una digna presidenta si consigue superar su miedo a cometer errores. Con su estilo vacilante y narcisista, los miembros del Partido Demócrata se desentendieron del país cuando no ratificaron, hace dos años, a ningún sucesor cualificado para Biden. Dan vergüenza y están tan atontados que no parecen ni darse cuenta. Ganen o pierdan, tal como son me cuesta desearles que tengan futuro. No me extraña que solo votemos el 66% de nosotros.

En cuanto a Trump, esencialmente, ha prometido hundir el país si es elegido: ser un dictador, acabar con la Constitución, sacar a Estados Unidos de la OTAN, renunciar a nuestros compromisos con Ucrania y Taiwán, vender a los palestinos, levantar muros de costosos aranceles, dar carta blanca a Rusia para que invada a más vecinos, atacar a Irán, volver a salir de los acuerdos climáticos de París… y estos no son más que sus objetivos de política exterior.

En política nacional, ha prometido llenar los departamentos de Justicia y de Estado de aduladores suyos y el Tribunal Supremo de más extremistas, perseguir y encarcelar a sus oponentes, cerrar la Agencia de Protección Medioambiental y el Departamento de Educación, prohibir la enseñanza de la historia de los negros, eliminar los programas de comidas escolares gratuitas para niños y dejar los derechos reproductivos en manos de una tosca variedad de 50 Estados distintos. Solo le falta ordenar ataques con drones contra Chicago.

Es evidente que muchos estadounidenses quieren precisamente eso. Mi mujer y yo los oímos mascullar y enfurecerse sobre estos temas en la cafetería, el supermercado, el taller de coches y el banco de nuestra zona, en el este de Montana. Cuando crucé el Atlántico el mes pasado, estuve sentado en el avión al lado de una profesora de Derecho Constitucional de la prestigiosa Universidad de Virginia. Me dijo que, en su opinión, la vicepresidenta Harris no era nadie y que un segundo mandato de Trump “consolidaría el lugar de Estados Unidos en el mundo”. Reconoció que Trump tenía “algunos inconvenientes”. Pero bajé del avión convencido de que la mujer votaría por él. ¿Qué habrá bebido esta gente?

Lo curioso es que, según las encuestas, cuando los votantes estadounidenses ven más a Trump, su popularidad decae, mientras que cuando le ven menos su popularidad se dispara: en un concurso de popularidad sería un mal presagio. Pero eso quiere decir que la tarea de derrotar a Trump quizá sería más fácil si los demócratas desmadejados consiguen que más gente lo vea como les interesa, que es más o menos tal como es: una criatura hinchada, anaranjada y caricaturesca que suelta tonterías y mentiras sin parar, una figura tan irreal e inauténtica que puede resultar difícil distinguirlo con claridad.

En una muestra de genio que seguramente ha sido providencial (aunque en ese momento me pareció demasiado suave), este verano, al grupo de expertos de Harris se le ocurrió una estrategia que tuvo eco inmediato: calificar a Donald Trump no como el gran Satán, sino como “raro”. Un bufón en declive al que no se debe tomar en serio. Es un arquetipo conocido en Estados Unidos, con el que todos hemos convivido. Un incompetente al que le falta un tornillo. Una especie de Oliver Hardy montaraz, al que, desde luego, la mayoría de los ciudadanos no imaginaría como presidente, aunque sin llamarse a engaño sobre la amenaza que representa para nosotros y para el mundo.

Eso es. Ver a Trump como la imagen estrafalaria que presenta es lo que tendremos que hacer los ciudadanos si, por incongruente que parezca, vuelve a ganar la presidencia. Así tendremos que afrontarlo.

Además, dejando a un lado los arquetipos ridículos, me da cierto consuelo perverso que un hombre tan raro como Trump se presente a las elecciones presidenciales, que organice una campaña de verdad, que se preocupe, se inquiete y suelte insultos por la posibilidad de no ganar. Tiene miedo de ir a la cárcel, como lo tendría cualquier persona normal y no anaranjada. Eso me hace pensar que, en el fondo, Donald Trump es una criatura institucional; un niño mimado que siempre intenta salirse con la suya, pero que sabe lo que hace y sabe lo que debería hacer; un hombre que tiene una preocupación desmesurada por su aspecto y por cómo le juzgará la historia. Puede que sus seguidores MAGA sean nihilistas, anarquistas y matones, o nada más que unos oligarcas codiciosos que cometen fraude fiscal. Pero Trump es (casi dan ganas de decir “no es más que”) un narcisista, cuyo defecto más inquietante es que ni él ni los demás sabemos nunca lo que va a decir o hacer a continuación. Escuchen sus discursos, si se sienten capaces. Lo único que quiere es complacer y engrandecerse. Los países grandes y complicados pueden enorgullecerse de tener líderes fuertes, pero les va bien cuando tienen líderes previsibles y coherentes. Mientras que Trump cree que gobernar es simplemente anunciar cosas —que va a abolir la Agencia de Protección Medioambiental, o a acabar con la Constitución, o a inyectar lejía en seres humanos para curar la covid— y luego decir las contrarias: por ejemplo, después de presumir de abolir el derecho al aborto, se declara partidario de la libertad reproductiva. Y tiene casi 80 años, mi edad, por el amor de Dios.

Así que, si vuelve a ser presidente, no tenemos que levantarnos en armas contra nuestros vecinos ni mudarnos a vivir a Bali o a Connemara, sino hacer todo lo posible para ver a Trump, cada vez más, como la criatura extraña pero reconocible que es. Más como el yo falible que somos que como un gran destructor. Esa puede ser nuestra manera de proteger el país: ver atentamente a Donald Trump para poder dedicar nuestras energías a combatirlo, obstaculizarlo, impugnarlo, ridiculizarlo y derrotarlo utilizando todas las instituciones de gobierno que no puede abolir. Gobernar Estados Unidos, como ha ocurrido con los 46 presidentes, es siempre una batalla.

Y además, pienso que el presidente Donald Trump, en realidad, no quiere que su legado sea el del hombre que destruyó Estados Unidos, diga lo que diga. No es que piense que, en el fondo, es un buen tipo. No lo es, en absoluto. Es que no podría vivir sin Estados Unidos. Sus instituciones y tradiciones son su contexto vital. Y, gane o pierda, tengo que conservar la esperanza, no dejar que me vuelva en contra de mi mejor versión ni de la mejor versión de mi país. A la hora de la verdad, creo que serán más los estadounidenses que no quieren ver Estados Unidos destruido que los que sí quieren o a los que no les importa. Todavía es posible que el bien prevalezca en noviembre. Solo que no podemos cerrar los ojos a la idea de que podría no ser así; tenemos que prepararnos.

Pero antes hay que pasar el 5 de noviembre. Hay que ir a votar."

(Richard Ford es novelista estadounidense, y ganador en 2016 del Premio Princesa de Asturias de las Letras. El País, 28/10/24) 

28.7.24

Roger Senserrich: "Con Trump Estados Unidos va hacia una democracia autoritaria a la húngara"... El politólogo, autor de 'Por qué se rompió Estados Unidos', cree que con Kamala Harris los demócratas pueden ganar las elecciones, pero que existe el "peligro de un conflicto civil", con una sociedad muy polarizada... Las diferencias están entre el campo y la ciudad y, sobre todo, en el nivel educativo”

 "Roger Senserrich (Maracay, Venezuela, 1979) analiza, pero también se posiciona. Ha escrito un libro que ofrece muchas de las claves necesarias para entender cómo Estados Unidos ha podido transformarse en el campo de cultivo que ha aprovechado un personaje como Donald Trump, “un oportunista, antes que otra cosa”. Es el autor de Por qué se rompió Estados Unidos (Debate), es politólogo y es el director de comunicaciones y políticas públicas en el Connecticut Working Families Party. Licenciado en Ciencias Políticas en la Universitat Pompeu Fabra, vive y trabaja en Estados Unidos, en New Haven. En esta entrevista con Letra Global, Senserrich tiene claro que Estados Unidos ha entrado en una deriva peligrosa, y que “se incrementará la violencia de baja intensidad”, con la posibilidad de un “conflicto civil”. No duda en señalar lo que viene si Trump retoma el poder: "Con Trump Estados Unidos va hacia una democracia autoritaria a la húngara". 

Donald Trump, tras el intento de asesinato, se siente fuerte. El campo de operaciones, sin embargo, ha cambiado, porque delante tendrá ahora a Kamala Harris. Los demócratas han forzado que Joe Biden dé un paso al lado. Pero, ¿cómo se entiende la figura de Trump?

 “Trump es un oportunista, antes que otra cosa. Su victoria en 2016 fue más accidental que voluntaria, porque se presentó con un motivo publicitario. Sin embargo, Trump descubrió que el Partido Republicano era más reaccionario que sus líderes. Los candidatos no acababan de satisfacer a los votantes republicanos, más reaccionarios que sus candidatos. Él dice en voz alta lo que esos anteriores líderes no eran capaces de decir: es un candidato antiinmigración, conservador, autoritario. Lo dice de forma explícita, con un lenguaje anti élite. Y comenzó a despuntar en las encuestas cuando carga contra McCain, que era una especie de mito. Trump desarrolla su carrera a partir de esa deriva del Partido Republicano, que él aprovecha”.

 En Europa la pregunta que siempre surge, es por qué el Partido Republicano no ha sabido parar a un candidato como Trump. Senserrich entiende que concurren en ese caso diversas circunstancias. La primera es que el Partido Republicano es más débil que el Partido Demócrata. Trump representa un movimiento conservador fuera del control de nadie. Y cuando lo intentan, la coordinación es débil, y fracasa. No aparece un candidato aglutinador para sustituirle. En el Partido Demócrata se llegó a una conclusión, y es que hicieron que se retirara Sanders, y todos se unieron con Biden. En el Partido Republicano eso no sucedió. Y no pasó, en gran parte, porque hay una cuestión central: en gran medida a los líderes republicanos sólo les importa dos cosas: poder nombrar jueces y bajar impuestos. Lo que sucede es que con Trump el Partido Republicano fracasa en las elecciones intermedias al Congreso, con candidatos extremistas. Y lo demás lo hemos visto, con Trump alentando a que una masa enfurecida linchara a su propio vicepresidente, Mike Pence, cuando asaltaron el Congreso. La cuestión es que no hay reacción en ese Partido Republicano, y Mitch McConnell, líder de la minoría republicana, no se atreve a apoyar el impeachment contra Trump, y éste sigue en la carrera.

La conversación gira alrededor del Tribunal Supremo, y de la justicia, como una administración que, no sólo en Estados Unidos, ha llegado a cercenar la democracia con decisiones muy discutibles. El politólogo señala que se trata de algo “muy peculiar”.

“La Constitución no le da muchos poderes al Tribunal Supremo. Pero éste los ha ido adquiriendo al interpretar que la Constitución sí se los da. Una de las costumbres del Supremo es dictar sentencias en las que se otorga más poder. Su otra característica es nombrar jueces. Son nueve jueces. Por azares biológicos, o bloqueos legislativos, el Supremo tiene una supermayoría conservadora. Y se ha convertido en una tercera cámara de tercera lectura. Por lo que vamos a revisiones legislativas constantes a la mínima excusa”.  

Trump sigue en la carrera presidencial, a pesar de sus múltiples causas judiciales. Senserrich asume que tampoco en Estados Unidos se entiende bien cómo puede suceder. Y, de nuevo, habla sobre el Supremo. “La sentencia por inmunidad presidencial es escandalosa. Se reinterpreta la decimocuarta enmienda de la Constitución, que llega tras la Guerra Civil y que es muy clara, para nada ambigua. Quien haya participado en una rebelión no puede ser candidato. Si se lee la Constitución, Trump no puede ser candidato”

¿A quién apoya el dinero?

Volvamos al fondo de la cuestión. No puede ser candidato, pero lo es. ¿Por qué? “Hay una primera explicación: la lealtad partidista es una droga muy dura, y eso pasa en todas partes. Tiene un punto irracional. Se interpreta la realidad bajo un prisma ideológico. Si ves y escuchas determinados medios, donde todo se explica como una carnicería política contra Trump, donde se interioriza que se han robado las elecciones, cuando hay una polarización enorme, la defensa de Trump se ve normal. Luego hay una parte de la sociedad norteamericana que vive una crisis existencial, frente a la inmigración o el liberalismo (progresismo en Estados Unidos). Y, después, están los no conectados con la política que ven en Trump a alguien divertido, una especie de trol de Internet encarnado en persona que tira huevos podridos al personal. Les encanta porque es un personaje que irrita a esos liberales y, además, hay una cultura del resentimiento hacia las dos costas. Nixon es el primero que adapta su mensaje a esa realidad y la integra de forma efectiva. Trump es una continuación de esa retórica anti-liberal.  

¿Trump es el candidato, además, del dinero? Senserrich matiza. Cree que hoy esas grandes cantidades de dinero se reparten entre los candidatos y que no es tan importante. En el caso de los republicanos, éstos cuentan más con el apoyo de Silicon Valley. No es el caso de Wall Street, que apoya “más o menos al 50% a los dos candidatos, porque quieren estar en todos lados”.

El caso es que los demócratas han tomado una decisión y han apartado a Joe Biden, para encumbrar a Kamala Harris, californiana, que fue fiscal general del Estado de California, y fiscal del distrito de San Francisco y senadora, además de la vicepresidenta de Estados Unidos con Biden.  

“Lo ocurrido es inusual. Hay algunos precedentes, como el de Johnson, pero ninguno igual. No ha sucedido que alguien se retire porque cree que no ganará, y ve que la democracia está en peligro. Biden es una persona práctica. Entiende cuando debe ceder y cuando no. No es especialmente egocéntrico. Es un político de ascendencia irlandesa y obrera. Pero la labor del Partido Demócrata ha sido esencial, y, sobre todo, de Nancy Pelosi, con toda probabilidad una de las mejores políticas de Estados Unidos en los últimos decenios. Ella coordinó una campaña para hacerle ver a Biden que debía dejarlo, sin algaradas, sin decirlo claramente en público, pero también con la advertencia de que los principales dirigentes del Partido Demócrata lo harían público si él no quería dar el paso”.  

Democracia autoritaria

Y llegamos al momento culminante. Senserrich, en su libro, desgrana todos los momentos históricos de Estados Unidos, un país que, para él, y lo demuestra en su obra, “no es una democracia hasta 1965, porque lo que pasaba en los estados de sur obedecía claramente a una dictadura, o a una democracia autoritaria, que restringía derechos”. La cuestión es si estamos o no ante el posible fin de la democracia en Estados Unidos, tal y como ha señalado Biden, si gana Donald Trump.

 

“No es una especulación de un candidato. Sabemos que Trump es antidemócrata. Dio un golpe de Estado para quedarse en el poder. Forzó a su vicepresidente, envió masas de gente para intentar matarle en el Congreso, para colgar a Pence, porque no obedecía y no sedundaba que se hubieran robado las elecciones que dieron la victoria a Biden. Dice que será un ‘dictador’, que tomará represalias contra los que lo han perseguido. Es evidente que es un peligro para la democracia. No será una dictadura al estilo Pinochet, pero sí una democracia dura. Con Trump Estados Unidos va hacia una democracia autoritaria a la húngara”.

 Senserrich añade que esa tendencia “no es algo inusual en la historia de Estados Unidos, porque, de hecho, hasta 1965 no se puede considerar una democracia”. 

Por tanto, ¿hay riesgo de conflicto civil? “Hay un riesgo de conflicto civil real. Es posible que veamos un incremento de la violencia de bajo nivel. Puede que, en el caso de que gane Trump, muchos estados progresistas decidan no acatar las decisiones del Gobierno Federal, y que todo se judicialice”. 

¿Kamala Harris ha despertado algo para poder ganar a Trump? “Es temprano para verlo, no hay sondeos claros todavía. En los sondeos, Biden, tras esas tres o cuatro semanas que resultaron un desastre, con el debate con Trump, perdió entre tres y cuatro puntos. Y ahora Harris estaría justo un punto por debajo o uno por arriba de Trump. Es decir, se mueve algo, pero poco todavía. En todo caso, Harris es más consistente que Biden, mucho mejor candidata que Biden”. 

Senserrich entra en el terreno de la estrategia. Todo se jugará en algunos estados, y habrá que actuar con bisturí. “Biden se lo jugaba todo en tres estados, Michigan, Wisconsin y Pensilvania. Son estados con más blancos que la media. Harris en esos tres estados es menos ideal, pero es mejor en Georgia, Arizona, o Carolina del Norte, donde Biden perdió por muy poco. Puede ser importante si cuenta como vicepresidente con el gobernador de este estado, que ganó a los republicanos, Roy Cooper. Es mejor candidata para los jóvenes, las minorías, los latinos o los asiáticos, que es una bolsa de voto gigante".  

Sin embargo, hay un mito que Senserrich quiere eliminar. La asociación de los republicanos con los blancos ya no es tan directa ni determinante. “En las elecciones de 2020 la polarización racial disminuyó. Fue en 2016 cuando fue muy alta. Pero Trump ha recibido voto latino, afroamericano, que son votantes moderados. El voto de los evangelistas latinos y afroamericanos se puede inclinar hacia los republicanos.  

La verdadera frontera que señala este politólogo, como está sucediendo en casi todo el mundo occidental, está entre el campo y la ciudad. “Es enorme, incluso en el seno de los mismos estados. El voto en la ciudad de Nueva York respecto al estado es muy distinto. Lo es en las grandes ciudades de Texas, que son demócratas, frente al estado, que es muy republicano. Ese eje divisivo en la política ha vuelto. Las diferencias están entre el campo y la ciudad y, sobre todo, en el nivel educativo”

¿Kamala Harris tendrá un problema por el color de su piel? “Eso ya no es algo tan decisivo, la sociedad norteamericana ha cambiado mucho. Y tampoco por ser mujer. Ese problema lo tuvo Hillary Clinton, pero fue por ser la ‘mujer’ de un presidente, más que por su condición de género. La cuestión que determina a Harris es su educación y su procedencia: es Californiana”.  

En todo caso, Senserrich ve que ahora “hay partido, hay un ambiente competitivo, y las bases demócratas se han puesto en marcha”

(Entrevista a Roger Senserrich, Letra Global, 27/07/24)

18.7.24

El discurso del nuevo republicanismo parte de la convicción de que la era del neoliberalismo terminó, lo que supone una ruptura clara con un ámbito intelectual que era la referencia económica del partido republicano. El liberalismo del libre comercio es cosa del pasado... La idea de un orden liberal basado en valores defendidos por EEUU como policía global ya no está operativa. Eso significa muchos cambios de eje. Rusia es un rival, pero con el que habrá que colaborar en ocasiones y Europa tendrá que lidiar con sus problemas por sí misma... Ha nacido una nueva derecha, que tiene visos de permanencia... Está por ver cómo Europa reacciona a estas transformaciones... a elección de James David Vance es una parte importante de la revolución que el partido republicano actual está llevando a cabo... es senador republicano por Ohio y se ha caracterizado por una defensa firme de los puestos de trabajo estadounidenses... es un republicano combativo con Wall Street, y ese hecho es ya muy significativo. El historial reciente de Vance atestigua la magnitud de ese giro. Se alió con la demócrata, y emblema del antitrust, Elizabeth Warren y con el senador por Illinois Dick Durbin para legislar contra los grandes bancos (Esteban Hernández)

 "La elección de James David Vance es una parte importante de la revolución que el partido republicano actual está llevando a cabo contra el viejo partido republicano, con notables consecuencias ideológicas.

Habitualmente, las figuras elegidas como vicepresidentes juegan un papel o táctico, ya que ofrecen elementos que compensan y complementan a las de los candidatos principales. Trump llevó consigo a Michael Pence, alguien con un perfil respetable para el viejo republicanismo, y Biden optó por Kamala Harris, una mujer de origen afroamericano y asiático con la que pretendía ampliar electorado.

El nombramiento de Vance también forma parte de la táctica, ya que puede afianzar espacios en los que el candidato necesita reforzarse. El día que Trump afirmó que si no era reelegido habría un “baño de sangre”, Vance estaba a su lado en el mitin. Se refirió a él en varias ocasiones. Solo que ese bloodbath fue tergiversado, ya que el expresidente aludía a la cantidad de dolor que sufriría la industria automovilística estadounidense si no se imponían aranceles masivos a los coches chinos y a los que provenían de México, donde Pekín estaba trasladando fábricas. Vance es senador republicano por Ohio y se ha caracterizado los últimos años por una defensa firme de los puestos de trabajo estadounidenses, que puede ser particularmente útil en Estados bisagra que fueron industriales y cuyo vigor ha sido mucho menor en las últimas décadas. Esos Estados pueden ser decisivos y Vance está ahí para ayudar a ganarlos.

Sin embargo, la elección de Vance es producto de una mirada estratégica, la que está refutando decididamente la ideología que imperó en el partido republicano durante décadas. No hay que olvidar que este mandato será, si lo logra, el último de Trump, y también se están jugando los liderazgos a medio plazo de los republicanos. En ese sentido, J.D. Vance no es una figura aislada: su elección ha sido muy bien acogida en distintos sectores del partido, desde la Fundación Heritage hasta los nacional conservadores, pasando por figuras mediáticas como Tucker Carlson o por intelectuales relevantes en ese ámbito como Patrick Deneen.

Kevin Roberts, presidente de la Heritage, afirmó estar feliz por la elección, ya que Vance “entiende el momento en el que nos encontramos en este país; tenemos una cantidad limitada de tiempo para implementar grandes políticas en nombre de los estadounidenses olvidados, a los que J.D, Vance personifica”. La idea de que los cambios en EEUU serían significativos si Trump llega a gobernar está siendo claramente instigada por sectores importantes del partido.

Republicanos contra el neoliberalismo

El tercer elemento en juego es el regreso de Trump al impulso populista que exhibió en 2016. Los vicepresidentes juegan en demasiadas ocasiones un papel meramente decorativo, pero también ofrece una importante carga simbólica, y el puesto de Vance puede dar alas a esa corriente a la que pertenecen Marco Rubio, Tom Cotton y el muy combativo Josh Hawley, que se está situando de manera poderosa frente a los sectores más económicamente liberales del partido.

Este giro ideológico ha sido muy evidente en el propio Vance. Fue el autor de Hillbilly Elegy, una muy condescendiente y neoliberal mirada sobre la basura blanca, sobre esos deplorables que estaban emergiendo como una fuerza importante de voto, pero que eran despreciados a un lado y otro. El libro de Vance compartía la mirada sobre ellos que había verbalizado Hillary Clinton, solo que estaba narrado de una manera más suave y empática. Por eso gustó tanto a los liberales republicanos y demócratas: era la clase de historia reconfortante que querían oír sobre los perdedores. Pero Vance no solo se convirtió al trumpismo tiempo después, sino que lo hizo al catolicismo, con San Agustín como su figura de referencia. El obispo de Hipona ha sido una gran influencia para él, y confiesa acudir con frecuencia a Las confesiones y La ciudad de Dios. Desde entonces, y doctrina social de la iglesia mediante, el “si tú quieres y te esfuerzas puedes”, ha dejado paso en sus análisis a las causas estructurales de la pobreza, en general focalizadas en las consecuencias de la desindustrialización que causó la época global en EEUU.

Hay una posición electoral, la de ganarse a los trabajadores en Estados clave, pero hay otro elemento claramente ideológico

Durante mucho tiempo, la alianza entre conservadores y libertarios de mercado ha dado forma al partido republicano, y esta corriente piensa que esa fórmula no funciona, y que es hora de cambiar las cosas. Son republicanos combativos con Wall Street, y ese hecho es ya muy significativo. El historial reciente de Vance atestigua la magnitud de ese giro. Se alió con la demócrata, y emblema del antitrust, Elizabeth Warren y con el senador por Illinois Dick Durbin para legislar contra los grandes bancos, así como con el senador Sherrod Brown para proteger a la industria ferroviaria. Afirmó que la presidenta de la FTC, Lina Khan, que lleva un mandato peleando con uñas y dientes contra el poder de las grandes corporaciones, es la mejor persona de la administración Biden. Sean O’Brien, presidente de Teamsters, uno de los sindicatos más importantes del país, y un apoyo tradicional de los demócratas, ha elogiado a Vance y a Hawley por su tarea a favor de los trabajadores.

Esta posición cuenta con un componente claramente electoral, ligado a las clases trabajadoras y a las medias que pueden ser decisivas en estados clave, pero también posee una visión ideológica relevante. El discurso del nuevo republicanismo parte de la convicción de que la era del neoliberalismo terminó, que el orden descrito por Fukuyama, ese que tanto tiempo defendió su partido (y el demócrata) ya no existe y que ha llegado el momento de dejar paso a algo nuevo. Una vez que la filosofía política que sostenía el sistema ha quebrado, debe construirse otra. La esencia de la nueva posición llevaría tiempo describirla, pero sus elementos principales sí son bien conocidos.

Los puntos clave

El neoliberalismo ha fracasado porque ha permitido que China se convirtiera en una potencia a partir de la absorción de la fuerza productiva estadounidense. China es el rival en el que hay que concentrar los esfuerzos. Es Asia el espacio en el que se está librando la batalla y hacia esa zona deben dirigirse todos los efectivos, al mismo tiempo que hay que recomponer el poder industrial de EEUU. Vance se ha referido con insistencia a las posturas erróneas del Wall Street Journal en este sentido lo que supone una ruptura clara con un ámbito intelectual que era la referencia económica del partido republicano. El liberalismo del libre comercio es cosa del pasado y hay que reconstruir el orden comercial internacional a partir de nuevas relaciones, “más justas”. Figuras como Lighthizer o Navarro pueden jugar un papel importante en ese terreno.

La posición en política exterior, que no es aislacionista, afirma que EEUU se debe centrar en proteger sus intereses en aquellas zonas en las que en realidad estén amenazados. La idea de un orden liberal basado en valores defendidos por EEUU como policía global ya no está operativa. Eso significa muchos cambios de eje. Rusia es un rival, pero con el que habrá que colaborar en ocasiones y Europa tendrá que lidiar con sus problemas por sí misma.

El partido republicano es proisraelí, y prestará a su gobierno apoyo incondicional. La forma en que Trump abordará la situación de tensión en la zona está por definirse. Lo que ha subrayado es que las sanciones económicas a Irán funcionaron en su anterior mandato, pero este es otro momento.

Ha nacido una nueva derecha, cuya suerte electoral está por decidirse, pero tiene visos de permanencia. En España no somos conscientes

La inmigración es central de sus políticas. Vance ha asegurado que la mayor amenaza para su país no son ni China ni los dictadores de otros países, sino esos políticos estadounidenses que, a pesar de que la población vota sistemáticamente en contra de la inmigración, continúan abriendo las puertas del país. Conjuga dos mensajes: por una parte, asegura que hay muchos inmigrantes que acuden a EEUU a ganarse honestamente la vida, pero que su papel es el de preocuparse primero de los estadounidenses. Por otra, sube el volumen cuando habla de los peligros: aseguró en una reciente conferencia que el primer país islámico que tendrá una bomba atómica no será Irán, sino un Reino Unido que ahora está gobernado por los laboristas.

La defensa de la familia y la natalidad forma parte de ese programa, así como el combate contra lo woke. Sin embargo, en este ámbito hay una variación. Lo woke ya no está en el centro del programa, como lo situó Ron de Santis, y las posturas antiaborto no estarán tan presentes en la campaña porque Trump es consciente de que la mayoría de la sociedad estadounidense las rechazaría.

En ese giro, la insistencia en los trabajadores y en la necesidad de que los salarios permitan una existencia digna será un aspecto en el que Vance hará hincapié, porque cada vez está más clara la conciencia entre el partido republicano de que la inflación ha dañado seriamente a Biden y necesitan una promesa que active a esas clases en favor de los republicanos. Piensan además que, en esa eje de élites liberales contra el pueblo, ellos deben representar al segundo.

Trump, más reforzado que nunca

Todo esto supone un cambio notable respecto de las posiciones republicanas anteriores, que tiene ramificaciones evidentes en Europa. Bálasz Orbán ha colgado una foto con Vance celebrando su nombramiento, y no es extraño, porque buena parte de la derecha europea articulada en torno a Orbán comparte muchos de sus planteamientos. Está por ver cómo Europa reacciona a estas transformaciones. Ha nacido una nueva derecha, cuya suerte electoral está por decidirse, pero que tiene visos de permanencia. En España apenas somos conscientes."                    (Esteban Hernández , El Confidencial , 16/07/24)