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8.6.26

BBC: El Papa León XIV ha comenzado su visita oficial a España elogiando la oposición de su gobierno a las guerras, así como su apoyo a los migrantes, y elogió la "fiel adhesión de España al derecho internacional y al multilateralismo"... La inmigración es un tema divisivo en España, y el enfoque del Papa en este asunto durante su gira podría verse como un apoyo al primer ministro socialista... En las Islas Canarias más adelante en el viaje, el Papa estará acompañado por Sánchez para honrar a los miles de migrantes que han muerto tratando de llegar a Europa

 "El Papa León XIV ha comenzado su visita oficial a España elogiando la oposición de su gobierno a las guerras, así como su apoyo a los migrantes.

Hablando en una recepción con el Rey Felipe VI y la Reina Letizia en el Palacio Real de Madrid, el Papa León habló del "compromiso activo de España con la paz y la solidaridad entre los pueblos".

El Primer Ministro Pedro Sánchez ha chocado con el Presidente de EE. UU. Donald Trump por Irán, y con Israel por la guerra en Gaza, y el Papa elogió la "fiel adhesión de España al derecho internacional y al multilateralismo".

Durante su visita de siete días, el Papa León se reunirá con víctimas que han sufrido abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica, así como con grupos que velan por el bienestar de los migrantes.

El Papa León dice que la IA debe ser 'desarmada' en su primera gran enseñanza

La inmigración es un tema divisivo en España, y el enfoque del Papa en este asunto durante su gira podría verse como un apoyo al primer ministro socialista.

También pronunciará un discurso sin precedentes ante el parlamento español.

El pontífice nacido en Chicago ha sido criticado duramente por Trump por sus opiniones anti-guerra.

El mensaje de paz, dijo el Papa en Madrid, "en la actualidad desafortunadamente a algunos les parece ingenuo y a otros les parece provocador" pero debería ser "bienvenido por aquellos que no se encierran en ideologías preconcebidas".

Se esperaba que alrededor de 400,000 personas, en su mayoría jóvenes, asistieran a una vigilia de oración cerca del estadio Santiago Bernabéu del Real Madrid el sábado.

Hablando con los reporteros en el avión antes de aterrizar, el Papa dijo que el abuso sexual seguía siendo "una herida abierta" para la Iglesia.

El gobierno de Sánchez y la Iglesia Católica en España firmaron un acuerdo en marzo para compensar a las víctimas después de años de quejas de que los líderes religiosos no habían abordado el problema adecuadamente.

Un estudio de 2023 realizado por la oficina del defensor del pueblo español, que investiga denuncias públicas, estimó que el 1.1% de la población había sufrido abusos sexuales a manos de miembros del clero o individuos vinculados a la Iglesia, lo que equivale a 440,000 personas.

La Iglesia ha impugnado estos hallazgos.

El sábado, el Rey Felipe elogió la "claridad y firmeza" del Papa León sobre el tema, diciendo que era "esencial en el proceso de sanación y reparación del daño infligido".

En las Islas Canarias más adelante en el viaje, el Papa estará acompañado por Sánchez para honrar a los miles de migrantes que han muerto tratando de llegar a Europa.

Casi 47,000 personas llegaron a las Islas Canarias en 2024 y la organización no gubernamental española Caminando Fronteras estima que más de 9,000 migrantes han muerto en el intento.

La política de inmigración de España bajo su gobierno de izquierda contrasta marcadamente con la de gran parte de Europa e incluye planes para otorgar estatus legal a unos 500,000 migrantes indocumentados, lo que les permitirá integrarse formalmente en el mercado laboral.

En una nota más ligera, cuando un reportero le preguntó en el vuelo a España si prefería al Barcelona o al Real Madrid, Leo respondió con el típico tacto diplomático que el Papa apoyaba a todos los equipos.

"Pero Prevost es del Real Madrid," añadió, usando su nombre de nacimiento Robert Francis Prevost." 

(Tom McArthur, BBC, 07/06/26, traducción Quillbot, enlaces en el original) 

6.6.26

La realidad que la Iglesia española sigue escondiendo: siete cardenales y 61 obispos españoles señalados por encubrir a pederastas durante décadas... Un obispo que protegió a un cura tras un asesinato, en proceso de beatificación (Julio Núñez)

 "La Iglesia española se resiste a pronunciar una palabra y sigue escondiendo una realidad: el encubrimiento durante décadas de los casos de pederastia. Asumido el escándalo tras años de negación, el gran tabú que queda pendiente de derribar para saber toda la verdad es reconocer, investigar y aclarar la responsabilidad de quienes protegieron a los agresores. El encubrimiento estaba ausente en el único y fallido intento de estudio interno de la Conferencia Episcopal (CEE), el informe Para dar luz, de 2023, y la Iglesia se niega a dar datos sobre ello. Pero los hay. Un análisis de este periódico de los 1.622 casos de abusos que han salido a la luz hasta ahora en España, en procedimientos judiciales, investigaciones periodísticas y sentencias canónicas, señala que en las últimas décadas 94 altos cargos eclesiásticos han tapado denuncias, encubierto a clérigos o silenciado a víctimas. De ellos, 7 son cardenales, 61 son obispos y 26, superiores de órdenes religiosas.

Ante la llegada del papa León XIV este sábado, este dato resume la total pasividad tanto en España como en el Vaticano ante el escándalo y todo lo que queda por hacer. Además, la realidad del encubrimiento cuadra con otra, la opacidad de la Iglesia. Este periódico ha preguntado por correo electrónico sobre los casos que conocen a 211 instituciones eclesiásticas —las 70 diócesis y 141 órdenes religiosas— que ya cuentan con acusaciones de pederastia. Más de un mes después, solo tres han respondido a todas las preguntas. Tras ocho años del inicio de la investigación de EL PAÍS, en 2018, con una ronda de consultas similar que puso en evidencia un muro de silencio, la situación no ha cambiado.

El análisis de los casos conocidos hasta ahora señala a 94 altos cargos acusados y sospechosos de encubrimiento. En la lista figuran siete cardenales (Vicente Enrique y Tarancón, Antonio María Rouco, Narcis Jubany, Ricard Maria Carles, Lluís Martínez i Sistach, Carlos Osoro y Juan José Omella). Algunos de ellos, junto a otros obispos, ocuparon puestos de poder en la CEE: hay cuatro presidentes (Casimiro Morcillo, Tarancón, Rouco y Omella), dos secretarios generales (Juan José Asenjo y José Guerra Campos) y dos vicepresidentes (Carles y Osoro).

Los casos más antiguos señalan a Rafael Álvarez Lara, obispo de Guadix, acusado entre 1952 y 1956; Juan Pedro Zarranz y Pueyo, obispo de Plasencia, en 1964; y el de Jaén, Félix Romero Menjíbar, una acusación de 1969.

Un obispo que protegió a un cura tras un asesinato, en proceso de beatificación

Otros dos casos son especialmente llamativos porque los acusados están incluso en proceso de beatificación. Uno es José María García Lahiguera, arzobispo de Valencia en los años setenta, implicado en el encubrimiento de uno de los casos más graves de pederastia de la Iglesia española, encubierto en el franquismo: el del cura José Prat, que violó y asesinó a un niño de nueve años en 1971, con 47 puñaladas, en el Puerto de Sagunto. El sacerdote fue condenado a 17 años de cárcel, que no cumplió, y este arzobispo lo trasladó a Lleida, donde ejerció como vicario. Otros dos obispos colaboraron: Ramón Malla, de Lleida, y Miguel Roca, arzobispo de Valencia. El segundo obispo en curso de beatificación es Josep Maria Cases, obispo de Segorbe-Castellón, acusado de encubrir y trasladar en 1984 a un cura que abusó de un menor en Artana.

En la lista destaca el actual arzobispo de Barcelona y uno de los anfitriones de la visita de León XIV a España, Juan José Omella, anterior presidente de la CEE. El prelado fue alertado en 2022 de un caso de abusos cometidos por el sacerdote Jorge Alexander Patiño Morales, párroco de Mare de Déu de Montserrat. Omella ha admitido a este periódico que recibió la noticia, pero no alertó a las autoridades ni abrió un proceso canónico. El cura luego fue arrestado.

En Barcelona hay otros casos sospechosos y uno de los más asombrosos es el de Jordi Senabre, un cura acusado de pederastia al que el arzobispado ayudó a huir de la justicia en 1990, enviándolo de misionero y sin revelar su paradero. Hasta que EL PAÍS lo encontró en Ecuador en 2018. Tres obispos de la ciudad supieron todos esos años dónde estaba, todos cardenales: Ricard Maria Carles, Lluís Martínez i Sistach y Juan José Omella.

Otro de los nombres más conocidos es el cardenal emérito de Madrid, Antonio María Rouco Varela. Está acusado de encubrir y silenciar al menos cuatro casos. Uno es la denuncia de unos catequistas de abusos en 2000. Otro es en Alcalá de Henares, donde un cura fue condenado a 10 años de cárcel en 2003, y la familia y la acusación particular le acusaron de haber ignorado las denuncias de la madre. También está bajo sospecha el traslado del sacerdote M. L. Q., que abusó de un menor en 1975 y fue denunciado al obispado en 2006. Del mismo modo, se le acusa de esconder en los años 2000 en el seminario Redemptoris Mater de Madrid durante unos meses a un sacerdote denunciado por abusos a menores y trasladarlo a Perú.

La mayoría de estos casos han visto la luz en reportajes de este diario a lo largo de los años. Como la historia de las víctimas F. J. O. y V. C., que escribieron al arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, para denunciar cada uno a su agresor, dos sacerdotes que aún seguían en activo. Sanz se reunió con una de ellas para decirle que no podía hacer nada y a la otra la dejó plantada a las puertas del obispado. De todo ello hay constancia documental, pero la diócesis lo niega.

Tanto la CEE como el Vaticano tienen conocimiento de estas acusaciones, ya que están recogidas en los seis informes que este periódico les ha entregado desde 2021, y que suman 841 testimonios en más de 1.800 páginas. Sin embargo, no los investiga canónicamente. O eso es lo que repite siempre el secretario general de los obispos, César García Magán, cuando se le pregunta en ruedas de prensa: “No hay ningún obispo encausado, ni civil, ni penalmente ni por la vía canónica”.

Otros casos afectan a superiores y provinciales de órdenes y congregaciones religiosas. Uno de los más conocidos es el de la Abadía de Montserrat, que el Papa visitará el próximo miércoles, donde tres de sus abades taparon denuncias de pederastia de varios clérigos de 1968 a 2019. Todo salió a la luz después de que una víctima, Miguel Hurtado, contara en EL PAÍS los abusos que sufrió y cómo la orden intentó comprar su silencio. La Abadía acabó admitiendo el encubrimiento poco después.

De la Compañía de Jesús, aparecen en la lista 10 provinciales españoles acusados (tres de ellos, como altos cargos en Bolivia) y también el que fuera general de la orden, Peter-Hans Kolvenbach. La congregación del papa Francisco es la que tiene más casos contabilizados en España: 188 acusados y al menos 523 víctimas. En muchas ocasiones, varios superiores colaboraron para proteger a pederastas trasladándoles a otra ciudad o a otro país.

Un ejemplo es el caso de Luis Tó, condenado en 1992 por abusar de una niña en un colegio jesuita de Barcelona. Para tapar el escándalo, el provincial catalán Jesús Renau escribió a su paisano Luis Palomera, provincial en Bolivia, para que acogiera a Tó. Todo bajo el consentimiento de Kolvenbach. EL PAÍS accedió a documentación interna de la orden gracias a que la policía boliviana incautó parte de los archivos en 2023, en el marco de una investigación por otra investigación de este periódico: el diario del jesuita español Alfonso Pedrajas, que admitió haber abusado de al menos 85 niños y cómo sus superiores (tanto en Bolivia como en España) le protegieron.

En esa documentación aparecían cruces de cartas donde se detallaba cómo la orden en España trasladó a Tó, pero también cómo desde Roma se enviaba a todos los países cartas confidenciales sobre cómo proceder ante las denuncias: tapar y trasladar al acusado. Este método fue repetido por la mayoría de las congregaciones y diócesis. En ocasiones, obispos y provinciales participaron de estos traslados. Un caso destacado es el del jesuita y famoso escritor José Luis Martín Vigil, encubierto por la Compañía de Jesús y luego por el conocido cardenal y presidente de la CEE Vicente Enrique y Tarancón, icono de la Transición, cuando era arzobispo de Oviedo.

También está bajo sospecha la gestión de Tarancón cuando era arzobispo de Madrid en el caso de Cesáreo Gabaráin, el célebre sacerdote compositor de canciones de misa, como Pescador de hombres y Juntos como hermanos. Gabaráin fue acusado de abusos por alumnos del colegio marista de Chamberí, en Madrid, donde ejercía de capellán, y expulsado del centro a finales de 1978. Sin embargo, a los dos meses fue nombrado prelado de Su Santidad por Juan Pablo II, trasladado a otro colegio de Madrid, el de San Fernando, y destinado a una parroquia de la ciudad, en el barrio de Mirasierra, donde fue vicario hasta su fallecimiento en 1991.

Uno de cada 10 casos fue encubierto

Estos son solo los casos en los que se ha podido identificar el nombre responsable. En total, este periódico ha recopilado que la Iglesia (altos cargos, directores de colegio, rectores de seminario, superiores religiosos, etc.) encubrió, protegió o silenció denuncias internas contra 159 pederastas. Lo que significa que, según los datos disponibles, uno de cada 10 casos fue encubierto.

Un ejemplo claro es del hermano marista Marino González, que durante 62 años pasó por al menos siete colegios de toda España donde abusó de al menos 17 niños identificados, aunque las víctimas señalan que pudieron ser “cientos”. Su primera denuncia fue en 1959 y la última, ante comisaría, en 2021. Fue trasladado de colegio en colegio durante décadas. La congregación solo admite siete víctimas y se niega a dar información.

La opacidad no solo ha sido una constante en la gestión de la Iglesia ante el escándalo, sino que se ha agravado en los últimos años. EL PAÍS comenzó su investigación de la pederastia en la Iglesia española en 2018 con el envío de una batería de preguntas a las 70 diócesis. Entonces constató el muro de silencio sobre el escándalo: solo respondieron 18, y únicamente nueve dieron detalles. Cinco dijeron que no les constaba ningún caso y otras cuatro (Oviedo, Plasencia, Guadix y Vic) admitieron al menos uno.

Ocho años después, y tras el fracaso del estudio interno Para dar luz encargado por la CEE en 2023, el escenario ha empeorado. Este periódico ha preguntado no solo a todas las diócesis españolas, sino también a 141 órdenes religiosas españolas, cuál ha sido el resultado de las investigaciones canónicas de los testimonios remitidos por EL PAÍS en estos años, el número total de casos que tienen registrados, cuántas denuncias han recibido en el último año y cuántas indemnizaciones han pagado hasta ahora. La respuesta ha sido el silencio: solo han contestado a todas las preguntas una diócesis (Ávila) y dos órdenes religiosas (las Hijas de la Caridad y los Legionarios de Cristo).

Este periódico envió el correo hace más de un mes a 211 entidades (diócesis, órdenes y congregaciones religiosas) en las que constan casos. De todas ellas, solo han respondido al mail 42 (17 diócesis y 25 órdenes), pero la mayoría se ha negado a dar información. Solo tres han contestado a todas las cuestiones que se les ha solicitado y solo nueve lo han hecho parcialmente.

Las que han contestado parcialmente se han limitado a informar de los casos nuevos que han remitido a la CEE: Salesianos (10 casos), Claretianos (uno), Misioneros de Sagrados Corazones (uno), Agustinos (uno), Marianistas (uno) y la diócesis de Vic (uno recibido en 2026 a través de una investigación de EL PAÍS). Otras órdenes, como el Opus Dei, solo informan de la gestión de los casos destapados por este periódico, y otras (Trinitarios, Amigonianos, Carmelitas, Dominicos, Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca) se limitan a afirmar que en 2025 no han recibido ninguna denuncia.

“Ni ha habido ni hay casos al respecto”

Otras entidades no solo no han contestado, sino que caen en evidentes contradicciones. Es el caso de la diócesis de Jaca, que afirma: “En esta diócesis ni ha habido ni hay casos al respecto”. Lo cierto es que cuenta con al menos dos casos, uno destapado por este periódico en 2022, que se remonta a 1959 y fue remitido en su segundo informe, y otro que aparece registrado en el informe del Defensor del Pueblo, publicado en 2023 y del que apenas hay más información.

El obispo que está al frente de esta diócesis es Pedro Aguado. Antes de ocupar esta sede episcopal, fue superior de los escolapios y está acusado de encubrir durante nueve años, desde 2010, los abusos sexuales cometidos por un escolapio, José Miguel Flores Martínez, en Ciudad de México.

Otra diócesis que se contradice es la de Oviedo, que afirma que no puede investigar porque no ha tenido acceso a los datos de las personas que se han puesto en contacto con EL PAÍS para contar su caso. Lo cierto es que una de ellas llamó a la diócesis gracias a la intervención de este periódico y denunció su caso canónicamente.

Hay órdenes (jesuitas) y diócesis (Bilbao o Madrid) que no han respondido al formulario de EL PAÍS, pero que periódicamente publican memorias con las denuncias que han recibido.

La treintena de órdenes y diócesis que han respondido al formulario de EL PAÍS han negado la información con un mensaje muy similar en el que señalan como responsable de la gestión a la Conferencia Episcopal: “La información que solicita en relación a los testimonios, se envía al Servicio de Protección de Menores de la CEE que es a quien hemos confiado dar la información anual del trabajo de la Oficina”. La CEE nunca ha dado información sobre el escándalo." 

(Julio Núñez , Íñigo Domínguez  , El País, 05/06/26) 

17.11.25

A León XIV le ha estallado el primer caso de pederastia de su mandato, y ha surgido en la Iglesia española: la primera investigación conocida contra un obispo, Rafael Zornoza, de Cádiz... al menos 60 obispos españoles son sospechosos de encubrimiento... Siete años después de que estallara el escándalo, la Iglesia española aún tiene pendiente decir toda la verdad sobre lo que sabe, da información escasa, confusa y contradictoria... León XIV debe decidir si van a cambiar las cosas, qué rumbo tomar y definir su estrategia contra esta lacra. Su respuesta al caso de España dará pistas sobre su sensibilidad en esta cuestión... el informe del Defensor del Pueblo, presentado en octubre de 2023, estimó entre 350.000 y 530.000 los casos de abusos en la infancia en el ámbito de la Iglesia católica... son números similares a los que ofreció el estudio que habían encargado los obispos en Francia... La Iglesia española es la única del mundo católico que siempre ha rechazado las cifras estimadas sobre el escándalo, incluso las del estudio que ella misma había encargado (Íñigo Domínguez)

 "A León XIV le ha estallado el primer caso de pederastia de su mandato que afecta a un alto cargo, en el que debe demostrar cómo actúa con este problema, y ha surgido en la Iglesia española: la primera investigación conocida contra un obispo, Rafael Zornoza, de Cádiz y Ceuta, desvelada por EL PAÍS. Es un caso subestimado y mal gestionado tanto en el Vaticano como en España, pues han pasado cuatro meses desde que llegó la denuncia a Roma y Zornoza aún no ha sido apartado. Además en Roma, señalan fuentes vaticanas, hay “malestar” porque desde que en España salió a la luz el escándalo de los abusos del clero en 2018, a través de las investigaciones de este diario, la CEE siempre ha transmitido que estaba afrontando el problema y todo estaba bajo control. Pero en el Vaticano ahora tienen la impresión de que no era así y el Pontífice, que va afrontando asuntos heredados, quiere saber la verdad. Por eso el primer encuentro que el Pontífice mantendrá este lunes con la cúpula de la Conferencia Episcopal (CEE) está marcado por el escándalo y puede suponer un cambio de página. Hay un nuevo papa, y es una prueba de fuego para él y sobre todo para la Iglesia española, que va a tener que dar explicaciones de qué ha hecho exactamente con la oleada de casos surgidos en los últimos años.

Como prueba del ambiente enrarecido que ha generado el caso del obispo de Cádiz, en estos días se ha producido un evidente cortocircuito entre el Vaticano y los obispos españoles, que ansiosos de atajar la crisis filtraron el jueves a numerosos medios que la salida de Zornoza estaba decidida y sería efectiva este mismo viernes. Pero no ha sido así, y tampoco ha ocurrido este sábado. Salvo que ocurra el domingo, los obispos llegarán ante el Papa con Zornoza aún en su puesto.

En realidad, el balance de la gestión del escándalo estos años de la Iglesia española es alarmante. Lo representa bien quien está al frente de la Comisión Ejecutiva de la CEE que acude a ver a León XIV, Luis Argüello, presidente de los obispos desde el año pasado. En abril de 2019 era secretario general de la institución y declaraba: “No realizaremos un informe. Investigaremos los casos que nos comuniquen, pero no iremos con una lupa. No hay datos. ¿Qué hacemos? ¿Coger un túnel del tiempo?”. En 2020, cuando este diario llevaba dos años destapando casos y casi se habían multiplicado por 10 los conocidos ―en 2018 eran solo 34―, aún decía que en España había “cero casos o ninguno”. Según la contabilidad de este diario, la única existente todavía hoy, pues la propia Iglesia ni quiere ni parece capaz de concretar con exactitud cuántos casos conoce, en España hay ya al menos 1.564 acusados y 2.936 víctimas.

Tras la negación total inicial, la Iglesia española fue reaccionando lentamente, siempre arrastrada por el número creciente de casos, pero lo cierto es que ha tenido que rendir pocas cuentas porque contó a su favor con la inacción del papa Francisco, que optó por no enfrentarse al episcopado español y prefirió delegar la gestión del escándalo. Nunca se pronunció sobre ello y cuando convocó a todos los obispos españoles en noviembre de 2023 acudieron muy preocupados pensando que recibirían una bronca, pero salieron aliviados diciendo que ni siquiera se había hablado del tema.

Francisco se fio del cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona y presidente de la CEE entre 2020 y 2024, con quien se llevaba bien, y lo dejó todo en sus manos, indica una fuente vaticana. Con resultados desastrosos, que culminan ahora en el caso del obispo de Cádiz.

Silencio ante al menos 60 obispos sospechosos de encubrimiento

Siete años después de que estallara el escándalo, la Iglesia española aún tiene pendiente decir toda la verdad sobre lo que sabe. La CEE da información escasa, confusa y contradictoria, y la última cifra reconocida es de 2.002 víctimas. Pero aún es un misterio cuántos casos reconoce, en qué lugar, en qué fechas, y qué medidas se tomaron. También qué explicación da al resto de casos que no incluyen en sus listados internos, como cientos destapados por este periódico.

Otro de los asuntos más graves eludidos sistemáticamente por la jerarquía es asumir las responsabilidades de posibles encubrimientos: en su base de datos pública sobre el escándalo, este diario ha señalado 60 obispos españoles acusados de silenciar, tapar o ignorar denuncias de abusos. Sin consecuencia alguna. “En las diócesis españolas aún hace falta concienciarse de que los casos tienen que salir a la luz. Hay obispos con miedo por los encubrimientos de casos, pero no podemos aliarnos en el oscurantismo”, confiesa un obispo español.

León XIV, elegido hace seis meses, debe decidir ahora si van a cambiar las cosas, qué rumbo tomar y definir su estrategia contra esta lacra. Su respuesta al caso de España dará pistas sobre su sensibilidad en esta cuestión.

Hasta ahora, Robert Prevost ha dado muestra de tomarse en serio este tema. El pasado 8 de noviembre mantuvo una reunión “profunda y dolorosa”, de casi tres horas, con 15 víctimas de abusos en la Iglesia de Bélgica. En junio envió un discurso de apoyo a los reporteros de Perú que investigaron los abusos del grupo ultraconservador Sodalicio, con una llamada a imponer una cultura de tolerancia cero, que “solo será auténtica si nace de una vigilancia activa, de procesos transparentes y de una escucha sincera a los que han sido heridos”. “Para ello necesitamos a los periodistas”, concluyó. Una actitud totalmente opuesta a la de la Iglesia española, que siempre ha criticado y desdeñado el trabajo de los medios en este campo.

Cuando era obispo en Perú, Prevost apoyó a las víctimas y a los periodistas, atacados por la jerarquía eclesiástica del país, que sacaron a la luz el caso del Sodalicio, finalmente disuelto por Francisco en enero de 2025. Luego, desde 2023 y hasta su elección, fue prefecto del Dicasterio de los Obispos, el potente ministerio vaticano que gobierna sobre todos los responsables de diócesis del mundo, y actuó rápido y sin contemplaciones cuando surgía un problema en cualquier país.

“Si lo del obispo de Cádiz hubiera pasado cuando estaba él, se hubiera solucionado enseguida. Ya te lo digo: en dos días”, confía un miembro de este dicasterio. De hecho, el cónclave ha podido influir en el curso de la denuncia contra Zornoza: al ser elegido Papa, Prevost dejó su puesto, que quedó vacante durante cuatro meses, hasta que él mismo designó un sucesor. Este vacío de poder ha acumulado el papeleo pendiente y cuando llegó la denuncia de la víctima al Vaticano, el pasado mes de julio, en ese despacho no había nadie: el Papa no nombró al nuevo prefecto, Filippo Iannone, hasta el pasado 25 de septiembre.

“Está claro que los filtros han fallado, en el Dicasterio de la Fe, en el de los Obispos, y luego en España. Todos se han ido pasando la pelota, y cuando el escándalo ha estallado, han dejado vendido al Papa, que ahora tiene que resolverlo”, explica una fuente eclesiástica. En cuanto a la actitud de la Iglesia española, opina que siempre “juega a la ruleta rusa”. “Espera tener suerte y que no se sepa. Luego, cuando se sabe, se arma el escándalo y solo le queda aguantar el chaparrón y atacar a EL PAÍS”, resume. Y también, en ocasiones, decir que quien denuncia abusos miente, como ha hecho el obispo de Cádiz, que considera “falsas” las acusaciones.

La ruleta rusa dura desde hace años. Rueda de prensa tras rueda de prensa, Argüello repetía que la Iglesia española no haría una investigación, no encargaría tampoco una auditoría externa, no abriría sus archivos y no pagaría indemnizaciones a las víctimas. Acabaría haciendo todas esas cosas, aunque mal y a regañadientes. Incluso argumentaba que la CEE no tenía el poder de pedir a las diócesis que le remitieran información sobre sus casos.

Oficialmente, para la Iglesia el problema no existía y, como dijo Argüello en septiembre de 2021, su actitud no iba a ser “proactiva”. La transparencia también era nula: la gran mayoría de diócesis y órdenes se negaba a revelar los casos que conocían. La Iglesia española aún está pagando esa actitud de negación: “Algo hemos hecho mal si las víctimas siguen prefiriendo ir a los medios de comunicación antes que a nosotros”, admite un eclesiástico. Un obispo español añade: “Algunas víctimas sienten miedo por cómo funcionaban las oficinas de atención de víctimas y prefieren no denunciar. Hay que animar a que lo hagan, es el camino para que esto cambie”.

Todo empezó a cambiar a partir de diciembre de 2021, cuando este diario presentó un informe al papa Francisco y a la CEE con testimonios de 251 casos, que obligó a la Iglesia española a afrontar la gran investigación que no quería hacer. En los tres años siguientes este periódico aportó otros cuatro dosieres, un trabajo que ha reunido en total casi 800 testimonios en 1.600 páginas. Ni el Dicasterio de Doctrina de la Fe ni la CEE han dado hasta ahora respuesta sobre qué han hecho con esa mole de acusaciones.

El impacto de aquel primer informe de EL PAÍS llevó en marzo de 2022 al Congreso de los Diputados a encargar una investigación al Defensor del Pueblo ―aprobada casi por unanimidad, salvo Vox y UPN―, y obligó a la CEE a dar un volantazo, presionada desde el Vaticano. Aunque Argüello seguía diciendo en abril de 2022: “No sé si estamos exagerando la cuestión”. En todo caso, la CEE por primera vez tuvo que dar datos: en cuatro meses pasó de decir que eran “pequeños casos” (noviembre de 2021), a admitir de golpe 506 (marzo de 2022).

Francisco pidió respuestas y Omella tuvo que actuar. Encargó entonces, en febrero de 2022, una auditoría al despacho de abogados Cremades & Calvo-Sotelo. También empezó a hacer su propia investigación interna y a pensar en pagar compensaciones. La CEE ahora ya tiene un plan en marcha, llamado PRIVA, que avanza muy lentamente y con criterios muy restrictivos: solo ha resarcido a un 2% de las víctimas reconocidas por la propia Iglesia. Pero ha tenido que desembolsar ya más de un millón y medio de euros.

Presionada también por el Gobierno español, con el que ha habido momentos de abierto enfrentamiento por la cuestión, las indemnizaciones son lo único en lo que ha avanzado algo la Iglesia. Por el contrario, las operaciones de transparencia han sido una catástrofe con ribetes de culebrón. La relación con el bufete que realizaba una auditoría externa degeneró cuando la CEE comprobó que no la podía controlar (aunque había un topo de los obispos que llegó a ser expulsado del despacho). De hecho, no asumió sus conclusiones (1.383 denuncias y al menos 2.056 víctimas, y advertía que eran la punta del iceberg). Es más, después de pagar 1,2 millones por el informe, la CEE lo ocultó y realizó uno propio a toda prisa que rebajaba las cifras. En realidad fue un chapucero corta y pega que, según descubrió este periódico, dejó fuera más de 300 casos que órdenes y diócesis ya habían reconocido. La CEE tuvo que reconocer luego “un error muy significativo” en su estudio y simplemente dejó de hacer públicos los datos.

Además, el informe de los obispos limitaba la contabilidad oficial a 806 casos, 700 menos de los que constan en la base de datos de este diario, pero lo más sorprendente, descubierto al publicar este diario la lista secreta de casos que manejaba la CEE, es que estableció un sistema insólito de clasificación de veracidad de los casos, de criterios desconocidos, por el que solo consideraba creíbles 237. Es decir, uno de cada 10 casos de los conocidos hasta ahora en España. Como colofón, este periódico descubrió que la CEE hizo públicos por error la identidad y datos confidenciales de las víctimas al colgar el informe de Cremades & Calvo-Sotelo en su página web.

En el debate público del escándalo constituyó un antes y un después el informe del Defensor del Pueblo, presentado en octubre de 2023. Fue la primera respuesta institucional a la cuestión y el punto más controvertido fue un sondeo incluido en el estudio que retrató la dimensión del problema: un 1,13 % de los encuestados dijo haber sufrido abusos en la infancia en el ámbito de la Iglesia católica, lo que supone unas 440.000 personas, una cifra que aplicando un margen de error oscilaría entre 350.000 y 530.000 individuos. Omella atacó duramente a la prensa por utilizar esas cifras y acusó a los medios de tener “la intención de engañar”. Eran números similares a los que ofreció el estudio que habían encargado los obispos en Francia. La Iglesia española es la única del mundo católico que siempre ha rechazado las cifras estimadas sobre el escándalo, incluso las del estudio que ella misma había encargado." 

(Íñigo Domínguez , Julio Núñez , El País, 16/11/25)

24.4.25

La muerte del papa Francisco pone en suspenso el proceso de renovación y apertura más significativo en la Iglesia católica desde el malogrado Concilio Vaticano II impulsado por Juan XXIII, completamente revertido por Juan Pablo II, el pontífice del dinero y de los poderosos, quien se empeñó en convertir a la Iglesia en el aliado más útil del imperialismo estadunidense y en impedir a toda costa la entrada del catolicismo en la modernidad... La labor de Francisco fue más notoria, si cabe, por haber tenido lugar después del largo periodo de oscuridad de Wojtyla y Benedicto XVI: el Vaticano pasó de ser la correa de transmisión del poder a ser un verdadero puente para el entendimiento entre las naciones y entre los pueblos fracturados... Francisco no recetó resignación a los pobres, sino que recordó a los ricos que la explotación es incompatible con el mensaje cristiano. No dijo a las mujeres que se mantuvieran sumisas; denunció en cambio la violencia de género como un mal intolerable; no facilitó el colonialismo, sino que alzó la voz por la comunidad más agraviada de nuestros tiempos, el pueblo palestino... su determinación le pasó factura en forma de mermas a su salud por el permanente enfrentamiento con miembros de la Iglesia y de las congregaciones religiosas que no sólo se negaron en redondo a revisar dogmas cavernarios y carentes de sustento en el Evangelio, sino que pretendieron incluso continuar la protección a la mayor lacra del catolicismo contemporáneo: los clérigos pedófilos... cuando los cardenales sostengan su primera reunión para debatir sobre la identidad del nuevo Papa, lo harán con una disyuntiva ineludible frente a sí: mantener una Iglesia donde entra la luz, o devolverla a las catacumbas en que la hundieron Wojtyla y Ratzinger (La Jornada)

 "La muerte del papa Francisco pone en suspenso el proceso de renovación y apertura más significativo en la Iglesia católica desde el malogrado Concilio Vaticano II impulsado por Juan XXIII, cancelado por Pablo VI y completamente revertido por Juan Pablo II, el pontífice del dinero y de los poderosos, quien se empeñó en convertir a la Iglesia en el aliado más útil del imperialismo estadunidense y en impedir a toda costa la entrada del catolicismo en la modernidad.       

La labor de Francisco fue más notoria, si cabe, por haber tenido lugar después del largo periodo de oscuridad de Wojtyla y Benedicto XVI: el Vaticano pasó de ser la correa de transmisión del poder a ser un verdadero puente para el entendimiento entre las naciones y entre los pueblos fracturados.

Dos cualidades marcaron el pontificado de Jorge Mario Bergoglio: la sincera disposición a escuchar y la humildad de reconocer los errores. Aunque la Iglesia sigue muy lejos de reparar sus agravios históricos contra las mujeres, la comunidad de la diversidad sexual, los pueblos indígenas evangelizados de manera forzosa y esclavizados bajo el signo de la cruz y otros grupos históricamente marginados, es innegable que propició cambios que a principios de este siglo parecían impensables.

Francisco no recetó resignación a los pobres, sino que recordó a los ricos que la explotación es incompatible con el mensaje cristiano. No dijo a las mujeres que se mantuvieran sumisas; denunció en cambio la violencia de género como un mal intolerable; no facilitó el colonialismo, sino que alzó la voz por la comunidad más agraviada de nuestros tiempos, el pueblo palestino.

Sus reiteradas y públicas disculpas a los nativos americanos permanecen como una lección de ética a los reyezuelos que se niegan a pedir perdón por el mayor genocidio de la historia. Por ello, tiene razón el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, cuando lo llama el Papa de todos, pero sobre todo de los excluidos, de los más pobres, de los agraviados, de los inmigrantes, de los sin voz, de las víctimas del hambre y del abandono.

Si no avanzó más fue porque se lo impidió el peso de una institución atrozmente reaccionaria, regresiva y anquilosada en las peores tradiciones. Se dice que Benedicto XVI, el primer Papa en renunciar en seis siglos, se bajó del trono de San Pedro porque se reconoció carente de las energías necesarias para limpiar la podredumbre financiera y moral que tejió su antecesor, el Papa polaco. Francisco prosiguió con el aseo material y espiritual de Roma hasta el final, pero su determinación le pasó factura en forma de mermas a su salud por el permanente enfrentamiento con miembros de la Iglesia y de las congregaciones religiosas que no sólo se negaron en redondo a revisar dogmas cavernarios y carentes de sustento en el Evangelio, sino que pretendieron incluso continuar la protección a la mayor lacra del catolicismo contemporáneo: los clérigos pedófilos que destrozaron las vidas de decenas de miles de personas.

Incomodó a los jerarcas católicos reducidos a meros burócratas, recordándoles que la razón de ser de todos los clérigos, desde el más humilde párroco hasta el mismo pontífice, radica en la misión pastoral, es decir, en llevar al mundo las enseñanzas de Cristo. Esta obviedad contrarió a obispos y cardenales que dedicaban –y dedican– más tiempo a jugar golf que a predicar la buena nueva sobre la que se sustenta la fe católica; que pasan más tiempo entre millonarios que entre los oprimidos de quienes Jesús se proclamó libertador. Sin importar la fe que se practique, o que no se practique ninguna, debe reconocerse en la prédica de Francisco un intento de devolver la espiritualidad a una institución carcomida de frivolidad.

Hoy, cuando los cardenales sostengan su primera reunión para debatir sobre la identidad del nuevo Papa, lo harán con una disyuntiva ineludible frente a sí: mantener una Iglesia donde entra la luz, o devolverla a las catacumbas en que la hundieron Wojtyla y Ratzinger."

(Editorial de La Jornada, 22/04/25)

24.3.25

Se ha destapado que el yerno y el hijo de Aznar aparecen en la lista del pedófilo Epstein, y que el capellán del colegio de los Legionarios de Cristo, vinculados y financiados por Aznar, ha sido denunciado por agresión sexual a menores (Fonsi Loaiza)

Fonsi Loaiza  @FonsiLoaiza

Esta semana se ha destapado que el yerno y el hijo de Aznar aparecen en la lista del pedófilo Epstein, y que el capellán del colegio de los Legionarios de Cristo, vinculados y financiados por Aznar, ha sido denunciado por agresión sexual a menores.

4:43 p. m. · 9 mar. 2025 163,5 mil Visualizaciones           

 "Trump confirma que el hijo y el yerno de Aznar aparecen en la lista de Epstein.

 La publicación de la lista de contactos del pedófilo y agresor sexual Jeffrey Epstein, muerto desde 2019, no es una novedad en sí misma, dado que la mayoría de nombres, algunos de ellos españoles, ya habían sido publicadas y filtradas. Sin embargo, su distribución con el sello de la Casa Blanca sí lo es. El ultraderechista Donald Trump, cercano al empresario que extorsionaba menores, prometió que publicaría todo lo relativo a la investigación si llegaba al poder, en aras de la transparencia, y así lo ha hecho, aunque sin revelar nada nuevo.

Entre los cientos de páginas que rodean el caso Epstein destacan diversos listados con nombres reconocibles, como Bill Clinton, Bill Gates, Michael Jackson o el propio Trump. Entre tanto también destacan algunos españoles, reconocibles por los apellidos, correspondientes a familias de postín, y los prefijos del teléfono, ya que a fin de cuentas lo recabado no es más que una agenda de contactos. La familia Aznar es una de las presentes, por partida doble, con el hijo y el yerno del expresidente del Gobierno, José Aznar y Alejandro Agag, respectivamente.

La cercanía al Partido Popular (PP) se extiende también al íntimo amigo y socio del yerno de Aznar, Jacobo Gordon, condenado por el caso Gürtel. Otras personalidades de postín, como el duque de Arión, Joaquín Fernández de Córdoba, también han sido confirmados por la Casa Blanca con la publicación de cuatro documentos de archivos en los que se recogen objetos (juguetes sexuales y otros artículos de ocio) y propiedades, pasajeros de vuelos del avión privado de Epstein, las 254 menores víctimas de explotación sexual (nombres tachados por protección) y 95 páginas de contactos.

Fernando de Soto, Maire Arango, Nacho Gaspar o Ludmila García son otros nombres de personas españolas que han aparecido. "No es una lista de clientes, sino un simple libro de contactos", trasladaban desde el equipo de Trump, argumento que esgrimen todos los recogidos en los documentos, alegando que sus contactos en el pasado han pasado únicamente por razones empresariales. Más allá de la recirculación patrocinada por la Casa Blanca, el groso de la lista ya fue publicada por Anonymous en 2020, por lo que no ha generado mucha controversia a pesar de recoger grandes nombres.

Algunos de los nombres más llamativos

  • Príncipe Andrés de Inglaterra
  • Naomi Campbell
  • Michael Jackson
  • Bill Clinton
  • David Copperfield
  • Jean Luc Brunel
  • Woody Allen
  • Al Gore
  • Leonardo Di Caprio
  • Stephen Hawking
  • Donald Trump
  • Bill Clinton
  • Heidi Klum
  • George Lucas
  • Kevin Spacey
  • Leslie Wexner
  • Oprah Winfrey

Epstein fue detenido en Palm Beach, Florida, en el año 2005 tras ser acusado de pagar a una niña menor de 14 años por mantener relaciones sexuales. Este asunto derivó en que decenas de otras menores de edad describieron abusos sexuales similares, pero el financiero se declaró culpable en 2008 de un cargo que implicaba a una sola víctima, por lo que cumplió 13 meses en un programa de excarcelación. Más tarde, en 2019, los fiscales federales de Nueva York acusaron a Epstein de tráfico sexual y acabó en la cárcel, donde se suicidó a la espera del juicio.

Su socia, Ghislaine Maxwell, hija del magnate Robert Maxwell, fue declarada culpable de tráfico sexual de menores y sentenciada a 20 años de cárcel en junio de 2022. Entre los cargos se incluían también el transporte de un menor con la intención de participar en una actividad sexual delictiva y tres cargos relacionados con conspiración. La demanda de Giuffre contra ella se cerró con un acuerdo extrajudicial en 2016."       (El Plural, 05/03/25)

 

"Más de 140.000 euros en ‘puticlubs’: el PP, líder en gasto en prostitución.

El pasado 8 de octubre, justo el día en que Susana Díaz firmaba el decreto de convocatoria de elecciones, el presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, citaba a la prensa ante el edificio del antiguo prostíbulo Don Ángelo, de Sevilla.

Allí, el dirigente del PP se servía de un atestado de la Guardia Civil que investiga el uso de tarjetas de crédito ligadas a una fundación de la Junta para propagar la idea de que el PSOE de Andalucía gasta dinero público en prostitución.

A la puertas del prostíbulo, el PP convertía en sentencia lo que hasta ahora no son más que unas pesquisas de la Benemérita. Juan Manuel Moreno daba así por probado el gasto de 32.000 euros -a través de 13 visitas- en ‘puticlubs’. Inmediatamente, el Partido Popular activaba la ‘máquina del fango’.

Pablo Casado aprovechaba el pasado 14 de octubre su visita a Málaga para elevar el tono de las acusaciones. El presidente del Partido Popular convertía los 32.000 euros en pesetas para así poder hablar de "5 millones". Los medios de comunicación afines compraban su idea de “la perversidad de la administración pública andaluza” y marcaba a la par el camino a sus compañeros de partido.

En una errática y desconcertante intervención en el Congreso de los Diputados, la diputada Dolors Montserrat hablaba el 17 de octubre de “prostitutas desconcertadas” y generalizaba acusando al conjunto de los socialistas andaluces (45.848 repartidos entre las ocho provincias andaluzas, según datos de mayo de 2017) de “frecuentar con dinero público la prostitución”.

Un día después, el número dos de Casado, Teodoro García, mentía ya sin pudor alguno al afirmar que “el Gobierno andaluz gasta más en prostitutas que en educación” -partida a la que la Junta destina 6.329 millones de euros anuales.

Es el recorrido de una infamia en solo diez días: primero dieron por probado el gasto de 32.000 euros en prostitución. Después lo convirtieron en pesetas. Acto seguido dijeron que todos los socialistas andaluces iban a ‘puticlubs’ para acabar cifrando el gasto en prostitución en más de 6.000 millones de euros. Y todo ello lo dice un partido, el PP, que acumula no pocos escándalos relacionados con la prostitución.

El PP, líder en gastos en 'puticlubs'

De hecho, si se trata de sumar ‘partidas en ‘puticlubs’, no cabe duda de que el PP es líder absoluto en gasto en prostitución. Y es que algunos cargos del Partido Popular despilfarraron en ‘juergas’ y orgías -algunas sadomasoquistas-, con cocaína y alcohol entremedias, más de 140.000 euros.

Repasamos a continuación algunos de los casos más sonados. Bochornosos episodios que el PP de Casasado esconde. 

1. Orgías de 24 horas con hombres y mujeres y sadomasoquismo

José María Rodríguez, exsecretario general del PP de Baleares y exdelegado del Gobierno balear gastó en un día, presuntamente, 23.000 euros en una orgía con prostitutas de lujo y chaperos. Así lo muestran las pruebas contempladas por el juez Manuel Penalva, dentro del caso Cursach, en el juicio al empresario balear Bartolomé Cursach, quien se encargaba de pagar las fiestas y cuya investigación salpica a varios políticos populares. Dichas pruebas fueron facilitadas por la denominada "testigo protegido 31", concretamente la encargada de regentar los clubes de alterne visitados por los miembros del PP

Y es que, en un cuadernillo la 'madame' iba anotando todo lo relacionado con la gestión de su negocio, entre otras cosas, el nombre de los clientes. En dichas anotaciones se señala otra orgía de 24 horas por 36.000 euros con José María Rodríguez de protagonista. También existen otras presuntas bacanales que ascenderían a 9.500, 10.800 o 14.000 euros cada una.

La testigo protegido también nombró al diputado del PP balear Álvaro Gijón, al que se le conocía como 'el Principito'. En este caso, el juez señaló la realización de presuntas prácticas sadomasoquistas por parte del diputado aludiendo que las chicas salían ensangrentadas. Además, en dichas anotaciones en las notas sobre Gijón aparacen los términos “Coca” y “Medicina”. La testigo también declaró ante el juez que Álvaro Gijón pedía que las prostitutas consumieran cocaína con él.

La investigación, todavía continúa en marcha y tanto Rodríguez como Gijón siempre han negado las acusaciones de la testigo. 

2. Pedro Agramunt, prostitutas y caviar

Tal y como demostraron las evidencias del Equipo Independiente de Investigación sobre la Corrupción que estudió lo sucedido en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE), el senador valenciano Pedro Agramunt recibió supuestamente sobornos para favorecer a Azerbayán ante el Consejo de Europa. Entre los regalos para favorecer a dicho país, destacan prostitutas de tres en tres en hoteles de lujo, sobres con billetes de 500 euros, artículos de lujo y caviar. El senador negó tales acusaciones con la siguiente frase: “Ojalá yo pudiera hacer esas cosas”. 

3. Rodrigo de Santos: un ultracatólico, adicto a la cocaína y condenado por abusos a menores

Rodrigo de Santos estaba considerado como un adalid contra la corrupción balear cuya lucha estaba motivada por unas fuertes creencias religiosas. Sin embargo, fue condenado a prisión por gastar dinero público en prostíbulos masculinos y por abuso de menores. De Santos justificó su comportamiento aludiendo a ser adicto a la cocaína. Fue acusado de haber gastado 50.000 euros en prostitución y droga, usando la tarjeta de crédito de la Empresa Municipal de Obras Públicas. Además, en la cárcel fue acusado de coaccionar a presos a cambio de favores sexuales. El condenado fue teniente alcalde y concejal de Urbanismo por el Partido Popular en Palma de Mallorca entre 2003 y 2007 y amigo personal de Ana Pastor. 

4. “Putiferios” o “putas varias” a cuenta de Aquagest

Bajo el concepto “putiferios” o “putas varias” y por valor de 33.000 euros, se han conocido los cargos a la empresa Aquagest, la encargada de la gestión del agua en Asturias. Las anotaciones estaban hechas por el exvicesecratrio de comunicación del PP de Asturias, Joaquín Fernández Díaz. Estos documentos se han hecho públicos y vinculan al exalcalde de Oviedo Agustín Iglesias Caunedo y el exconcejal de Gijón Manuel Pecharromán, los cuales realizaron viajes “de placer” pagados por Aquagest a Florida y Croacia."    

( LUIS ABASCAL / JOSÉ MARÍA GARRIDO, El Plural, 18/10/18)

26.1.25

El primer cardenal del Opus Dei, nombrado por Juan Pablo II y arzobispo de Lima, fue apartado por el Papa en 2019 tras acusaciones de pederastia... La Obra conoció la denuncia en 1983, pero la ignoró 35 años... la víctima sufrió acoso por parte de conocidos y familiares vinculados al Opus Dei para que se retractara. “Me sorprendió la cantidad de rechazo y ataques que recibí, no había hecho nada malo”, señala... Cipriani ha sido cuestionado en los últimos años por su actuación en el caso Sodalicio, el poderoso grupo católico ultraconservador con rasgos de secta disuelto por el Papa esta semana, tras numerosas acusaciones de pederastia y corrupción financiera

 "El primer cardenal del Opus Dei en toda su historia, el peruano Juan Luis Cipriani, nombrado por Juan Pablo II en 2001 y arzobispo de Lima durante dos décadas, fue obligado en 2019 por el papa Francisco al retiro y a irse de Perú tras haber sido acusado de abuso de un menor. También le prohibió llevar hábitos y símbolos cardenalicios y hacer declaraciones públicas y, de forma implícita, participar en un futuro cónclave. Ahora ya no es posible porque tiene más de 80 años, cumplió 81 en diciembre, y es el límite de edad para entrar en él. No hubo un proceso canónico, sino que fueron medidas aceptadas por el cardenal. No obstante, Cipriani no ha tenido problema en volver a Perú con gran protagonismo: el pasado 7 de enero recibió de manos del alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, también miembro del Opus Dei, la medalla de la Orden al Mérito en el grado de Gran Cruz, máximo reconocimiento del ayuntamiento de la capital peruana. En las imágenes viste sotana, sin ningún símbolo cardenalicio.

En el momento de su cese en 2019 el Vaticano simplemente comunicó que el Pontífice había aceptado su renuncia, que los obispos deben presentar al cumplir 75 años, pero llamó la atención que la dimisión se acogiera de inmediato, pues lo normal es que se espere unos años, salvo que haya problemas de salud o de otro tipo. La verdadera razón fue la acusación de abusos de un menor, que ahora tiene 58 años, y que en 2018 escribió una carta al Papa denunciando los hechos, según ha relatado la víctima a EL PAÍS y confirman fuentes eclesiásticas en Lima. La oficina de prensa del Vaticano, consultada al respecto, no ha querido hacer ninguna declaración. El denunciante, que no desea identificarse, acusó a Cipriani de tocamientos, caricias y besos en 1983, cuando tenía entre 16 y 17 años.

También confirma lo ocurrido el mediador que llevó su carta al Pontífice, Juan Carlos Cruz, miembro de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores del Vaticano y superviviente de abusos en Chile. Cruz corrobora que, efectivamente, hizo la gestión, entregó la carta al Papa y “Francisco actuó”. Pero no desea hacer más valoraciones y subraya que no puede revelar el contenido de sus conversaciones con Bergoglio.

 El Opus Dei admite que el denunciante quiso reunirse con el vicario general de la Obra en Perú en 2018, el español Ángel Gómez-Hortigüela, para informarle de sus acusaciones, pero que no quiso recibirle por considerar que el asunto no era de su competencia. Gómez-Hortigüela ha explicado que “no le parecía conveniente”, indican portavoces de la Obra en Roma. Sostienen que, por ser cardenal, Cipriani no depende del Opus Dei, sino que “está incardinado en la Santa Sede”. También detallan que en la Obra nunca vieron la carta y “no hay constancia de ninguna denuncia”, si bien la carta no es una denuncia canónica como tal. La Obra afirma igualmente no tener noticia de las medidas del Papa, aunque señalan que Cipriani no estaría obligado a comunicarlas al Opus Dei pues, repiten, depende del Pontífice. Admiten, en todo caso, que tras su renuncia, Cipriani dejó Perú y ha vivido entre Roma y Madrid.

Este diario solicitó hablar con Cipriani o al menos recabar su versión, pero la respuesta de la Obra fue, de nuevo, que el cardenal “no depende del Opus Dei” y no podía ponerse en contacto con él. Cipriani lleva 62 años en esta organización religiosa: pidió ingresar en la Obra con 19 años, el 10 de junio de 1962, según la información oficial del Vaticano. Luego estudió en Roma en un centro de la organización y en la universidad de Navarra. Fue ordenado en 1977 en la basílica de San Miguel de Madrid. Cipriani fue el clérigo más poderoso de la Iglesia peruana durante dos décadas y uno de los líderes de la ultraderecha católica latinoamericana, muy controvertido por ser amigo y aliado del dictador Alberto Fujimori, que presidió Perú entre 1990 y 2000.

El Papa intervino, además, porque no era la primera vez que había acusaciones de este tipo contra Cipriani, indican las mismas fuentes: ya había llegado al menos una en 2002, que no tuvo recorrido. El relato de la víctima que ahora sale a la luz revela algo más: asegura que contó los abusos al Opus Dei en 1983, cuando los sufrió. Es decir, según su relato, cuando en 2019 el Papa obligó a retirarse a Cipriani, la Obra ya conocía acusaciones de abusos contra él desde hacía al menos 35 años. El Opus Dei asegura que tampoco tiene constancia de esa denuncia, “no hay nada registrado”. Cipriani luego fue nombrado vicario del Opus Dei en Perú en 1986, máxima autoridad de la entidad en el país; en 1988 fue obispo auxiliar de Ayacucho, y arzobispo en 1995; hasta que en 1999 fue designado arzobispo de Lima.

El denunciante escribió a Bergoglio en el verano de 2018 y le hizo llegar su carta a través de Juan Carlos Cruz, que se había distinguido en la lucha de las víctimas chilenas para denunciar el escándalo y había establecido contacto con el Papa. En el texto, explicó que no buscaba venganza: “Lo único que quiero es que sepa la verdad y que la tenga usted en cuenta cuando vaya a tomar decisiones sobre el futuro del actual obispo de Lima y cardenal del Perú. (…) Solo quiero que aparte de la Iglesia a un pastor que me ha hecho daño y no merece todos los privilegios que ha recibido en estos años”.

 El Papa actuó enseguida y encargó el caso a un jesuita de confianza de una parroquia de Lima, que se puso en contacto con el denunciante para atenderle y recabar toda la información. Tras escucharle, le explicó que la acusación era aún más grave porque los abusos tenían lugar durante el sacramento de la confesión.

Presiones, insultos y amenazas de conocidos de la Obra

El envío de la carta fue conocido pronto en el Opus Dei, asegura la víctima, porque Cipriani y su entorno comenzaron a moverse para intentar parar el proceso. Afirma que sufrió acoso por parte de conocidos y familiares vinculados al Opus Dei para que se retractara. Un obispo peruano de la Obra, según los mensajes de WhatApp a los que ha tenido acceso este diario, le escribió para redactar una carta juntos en la que negaba la anterior. EL PAÍS ha tenido acceso a más de 60 páginas con los mensajes que recibió esta persona a partir de 2018 y hasta 2022 por teléfono y correo electrónico. Mensajes con insultos y amenazas, como denunciarle y divulgar en prensa su nombre. También le advertían que se convertiría en “un apestado” y que pensara en el daño que haría a su familia.

En algunos de los mensajes sus interlocutores le rebotaban mensajes de Cipriani y le decían que quería hablar con él, pero la víctima se negó. Un conocido, amigo del cardenal, llegó a escribirle 49 mensajes intimidatorios. Algunos amigos, miembros de la Obra, dejaron de hablarle. “Me sorprendió la cantidad de rechazo y ataques que recibí, no había hecho nada malo”, señala la víctima.

Cipriani, por su parte, fue a Roma en noviembre de 2018 y se reunió con Francisco en visita privada, según publicó entonces la prensa italiana. En esos días iba a recibir un premio en Roma, pero no acudió a la ceremonia y le sustituyó el obispo auxiliar de Lima. El cardenal alegó ante el Pontífice que el menor, en su momento, sufría problemas psiquiátricos y había confundido sus muestras de cariño, según indica el denunciante. Sin embargo, Bergoglio aprovechó que el cardenal debía presentar su renuncia el mes siguiente por razones de edad para forzar su marcha y le castigó con el exilio, una decisión que sacaba a Cipriani de su centro de poder.

 El relato de la víctima en la carta enviada al Papa sitúa los hechos en un centro para estudiantes del Opus Dei en Lima, en 1983, cuando tenía entre 16 y 17 años. Era huérfano de padre, con problemas escolares, y su madre pensó que era buena idea que frecuentara el centro de la Obra para que le ayudaran a estudiar. Cipriani se convirtió en su confesor, las confesiones eran cara a cara, en una habitación del centro, y cada vez eran más largas. Llegaron a durar hasta 45 minutos y se convirtieron en una pesadilla para el chico. Cipriani, asegura, le mandaba llamar: “Me confesé con él cada semana o dos semanas durante más de un año. Eran confesiones muy duras. Me recriminaba con crudeza sobre mis fallas en los estudios o en mi conducta. Llegaba un punto en que me sentía muy mal y algunas veces lloraba. Yo estaba arrodillado frente a él, entre sus piernas. Cuando me tenía totalmente demolido emocionalmente me abrazaba. Eran abrazos largos, incómodos. Luego pasó del abrazo a meter la mano debajo de mi polo, por la espalda y la sobaba por largo rato. Después metía la mano, levantando el buzo, acariciando mis glúteos. Machucaba mis nalgas y me decía ‘esos jamones’. Todo esto era ya muy incómodo. Yo ponía mis manos entre él y yo para que no avanzara más”. Esto, sostiene, se repitió en varias ocasiones.

Luego, asegura, comenzó a besarle en cada confesión: “Besos en la cara, seguidos. Me abrazaba fuerte, contra su cuerpo. Yo no sentía nada, pero supongo que por la posición del cuerpo hacía chocar sus genitales contra mi pecho. Cuando los besos se comenzaron a acercar a las comisuras de mis labios mi rechazo fue inmediato”. Fue la última vez que se confesó con él.

“Me pidieron que no lo contara a nadie”

Ese día un amigo le preguntó por qué tardaba tanto en confesarse si él solo estaba 10 minutos. Le contó lo que pasaba y le respondió que eso no era normal. Lo dijeron entonces a adultos de confianza del Opus Dei, que informaron a los superiores de la organización, según el relato del denunciante. Llamaron al menor dos días después y, afirma, se reunió con el vicario general del Opus Dei en Perú, ya fallecido, y otros tres sacerdotes “ya mayores y con autoridad dentro de la Obra”. “Me pidieron que no le contara a nadie lo sucedido. Me dijeron que hablaron con Juan Luis Cipriani y que en su defensa señaló que yo era un huérfano con problemas y que había malinterpretado todo el cariño de padre que me había dado”, señala. Esta es la primera denuncia de la víctima que la Obra afirma que no le consta.

Luego tuvo un encuentro con el propio Cipriani: “Recuerdo con terror creer ver aparecer su Volkswagen rojo. Era un hombre violento y yo pensé que podría hacerme daño físico. Pero una parte de mí esperaba una disculpa. El encuentro fue brutalmente desagradable. Hoy entiendo que manipuló toda la situación para hacerme sentir culpable a mí. Me recriminó, me insultó. Fue tal la agresividad que tuve que terminar diciéndole que quería que me volviera a confesar para que se calmara. Sin embargo, no regresé más”. Nunca le pidió perdón, asegura.

 El joven se alejó de la Iglesia y siguió con su vida. Un momento crítico para él fue la elección del sucesor de Juan Pablo II, en 2005, porque Cipriani estaba en el cónclave y podía ser elegido Papa. “Yo pensaba: ¿y si lo eligen a él? ¿me tengo que cambiar de religión?”. En 2018 decidió por fin escribir a Francisco tras ver una película sobre el escándalo de abusos en Chile, El bosque de Karadima, que despertó sus recuerdos. En ese país, el Papa había actuado con contundencia tras hablar con víctimas y obligó a renunciar en bloque a todos los obispos. Por eso buscó cómo contactar con Juan Carlos Cruz. Cuando fue a hablar con el vicario general de la Obra en Perú, como admite el Opus Dei, afirma que le dio largas “porque dijo que era nuevo y llevaba poco tiempo en el cargo”. “Nunca me dejaron hablar con ellos ni dar mi versión. Sé que un exprelado comentó: ‘Qué tanto escandalo hace por un pellizcón en el poto [nalgas]’”, señala. El Papa cumplió su palabra y la Santa Sede anunció la jubilación del cardenal el 25 de enero de 2019, justo ahora hace seis años.

 Cipriani ha sido cuestionado en los últimos años por su actuación en el caso Sodalicio, el poderoso grupo católico ultraconservador con rasgos de secta disuelto por el Papa esta semana, tras numerosas acusaciones de pederastia y corrupción financiera. Cipriani ignoró a las primeras víctimas que fueron a denunciar los abusos al arzobispado de Lima en 2011. Cuando estalló el escándalo en 2015, tras la publicación de un libro de los periodistas Paola Ugaz y Pedro Salinas, llevaban cuatro años sin recibir una sola llamada o noticia de sus denuncias. Cipriani llegó a ser investigado entonces en los tribunales por encubrimiento de los abusos del Sodalicio, una causa que fue archivada. En 2013 también atribuyó a una “campaña organizada” las acusaciones de pederastia con el obispo auxiliar de Ayacucho, Gabino Miranda, destituido por la Santa Sede y que pertenecía al clero del Opus Dei, la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.

 El cardenal era también una figura controvertida por su amistad con el dictador Alberto Fujimori. Siendo obispo auxiliar y arzobispo de Ayacucho, centro del conflicto entre el Estado peruano y el grupo terrorista Sendero Luminoso, se convirtió en un aliado del régimen y fue acusado de callar ante violaciones de derechos humanos. El escritor Mario Vargas Llosa, entre otros, le criticó duramente en 2002 y más tarde, en 2011, en sendos artículos en EL PAÍS “por su complicidad con la dictadura de Montesinos y Fujimori, a la que apoyó de una manera que sonroja a buen número de católicos peruanos, que fueron sus víctimas y la combatieron”. “La frase que lo ha hecho famoso es haber proclamado, en aquellos tiempos siniestros en que la dictadura asesinaba, torturaba, hacía desaparecer a opositores y robaba como no se ha robado nunca en la historia del Perú, que ‘los derechos humanos son una cojudez’ (palabrota peruana equivalente a la española ‘gilipollez’)”, señaló el premio Nobel. Cipriani precisó luego que lo dijo de la Coordinadora de Derechos Humanos, institución dirigida por una ex religiosa española."                 ( Íñigo Domínguez , El País, 25/01/25)

15.1.25

El papa Francisco revela una caja con documentos sobre los “negocios oscuros” de la Iglesia... El pontífice escribe sobre “el mal cometido por ciertos sacerdotes” en un libro publicado el martes

 "El Papa Francisco recibió una «gran caja blanca» llena de documentos sobre «abusos» y «manejos oscuros» en la Iglesia católica hace más de una década, cuando tomó el relevo de su predecesor.

El Papa publicó el martes su autobiografía, Spera (Esperanza), escrita con el autor italiano Carlo Musso. Según la editorial Mondadori, es la primera vez que un Papa en ejercicio escribe una crónica tan personal.

La renuncia de Benedicto XVI en 2013, un hecho sin precedentes, le permitió dar el relevo a Francisco en persona. En el libro, Francisco relata su visita a Benedicto XVI en Castel Gandolfo, el palacio papal de verano.  

«Me dio una gran caja blanca», escribe Francisco. «Documentos relativos a las situaciones más difíciles y dolorosas. Casos de abusos, corrupción, negocios oscuros, malas acciones».

«Aquí está todo», recuerda Francisco que le dijeron; “ahora te toca a ti” ocuparte de ello.

En el libro, el Papa escribe que se ha sentido «llamado a asumir la responsabilidad de todo el mal cometido por algunos sacerdotes», informó la CNN.

Una fotografía de la pareja sentada con una caja blanca entre ambos alimentó las especulaciones en su momento.

 Francisco, antes conocido como Jorge Bergoglio, aprovecha el nuevo libro para contar la historia de su juventud en Buenos Aires (Argentina), donde creció en una familia numerosa y era un apasionado del fútbol y el tango.  Admite haberse peleado de joven con un compañero de estudios, que «llegó a perder el juicio» tras golpearse la cabeza al ser arrojado al suelo, e insiste en que incluso como líder de la Iglesia sigue cometiendo «errores y pecados.»

«Siento que tengo una reputación que no merezco, una estima pública de la que no soy digno», escribe Francisco. «Este, sin duda, es mi sentimiento más fuerte».

Las memorias relatan momentos clave de su papado, incluidos los dos intentos de asesinato a los que se enfrentó durante una visita a Irak en 2021, según reveló el mes pasado un extracto publicado en el diario italiano Corriere delle Sera. "         (Hannah Roberts , POLITICO, 14/01/25, traducción DEEPL)

 

" Una de las reformas más duraderas del Papa Francisco será su remodelación del papado para abrazar la sencillez y la humildad, como se ve en sus decisiones de vivir en una casa de huéspedes del Vaticano y llevar su propio maletín en el avión papal.

Con la publicación el martes de su nueva autobiografía, titulada «Esperanza», Francisco subraya este cambio con una notable franqueza sobre sus errores y equivocaciones pasadas. Entre ellos, cuando era joven se peleó con un compañero de estudios con el que «incluso perdió el juicio» tras golpearse la cabeza al ser arrojado al suelo, e insiste en que todavía hoy comete «errores y pecados».

Para un Papa, que según la teología católica es «infalible» cuando enseña sobre fe y moral, es aún más llamativo.

«Siento que tengo una reputación que no merezco, una estima pública de la que no soy digno», escribe Francisco, a quien el presidente Joe Biden concedió recientemente el más alto honor civil de Estados Unidos. «Este, sin duda, es mi sentimiento más fuerte».

Aunque las memorias cubren los principales acontecimientos del papado de Francisco, incluida la revelación de que se enfrentó a dos intentos de asesinato durante su visita de 2021 a Irak, no ofrecen muchos detalles nuevos sobre los escándalos y controversias que ha tenido que abordar durante su pontificado y la importante oposición que ha encontrado en algunos sectores de la Iglesia.

Sobre el escándalo de abusos sexuales de la Iglesia católica, el Papa dice que se ha sentido «llamado a asumir la responsabilidad de todo el mal cometido por algunos sacerdotes.» Francisco explica que al comenzar su pontificado en 2013, el papa emérito Benedicto XVI le entregó una gran caja blanca llena de documentos «relativos a las situaciones más difíciles y dolorosas: casos de abusos, corrupción, manejos oscuros, malas acciones.» El Papa recuerda que, cuando le entregaron la caja, su predecesor le dijo que «aquí está todo» y que «ahora te toca a ti» afrontar los problemas.

El Pontífice, de 88 años, también utiliza las memorias para abordar las crisis a las que se enfrenta el mundo actual. Describiéndose a sí mismo como una persona «políticamente inquieta», condena repetidamente los males de la guerra y relaciona el auge del populismo actual con el de los años treinta y la Alemania de Hitler. (Francis nació en 1936 y recuerda a su abuela plantando cara a los camisas negras de Mussolini).

Los jóvenes, escribe, necesitan saber «cómo nace y crece un populismo distorsionado», recordando las «elecciones federales alemanas de 1932-33 y a Adolf Hitler, el ex soldado de infantería obsesionado por la derrota de la Primera Guerra Mundial y por la “pureza racial”, que había prometido el crecimiento de Alemania tras un gobierno que había fracasado».

La difícil situación de los refugiados, por los que Francisco ha abogado incansablemente, es también personal. Sus abuelos paternos y su padre habían planeado navegar en 1927 en el Principessa Mafalda de Italia a Argentina, que naufragó con la pérdida de muchas vidas, pero acabaron haciendo una travesía posterior. Esto ha hecho que Francisco sea sensible a los peligros a los que se enfrentan los migrantes de hoy, y critica a los países que producen armas pero luego «rechazan y rechazan a los refugiados que han sido generados por esas armas y por esos conflictos.»

La humildad terrenal de Francisco se remonta a su educación. En sus memorias, el primer pontífice latinoamericano recuerda cómo creció en el barrio de Flores, en Buenos Aires, y describe una comunidad alegre, variada y muy unida, con personas de diferentes credos, pero un lugar donde también vio el «lado más oscuro y difícil de la existencia», como el «mundo carcelario» y la prostitución.

Más tarde, como obispo en la capital argentina, atendió a prostitutas y recuerda cómo dio la extremaunción a una trabajadora sexual del barrio de su infancia, La Porota, diciendo que «incluso ahora, no me olvido de rezar por ella el día de su muerte». La conciencia de Francisco de las luchas humanas, y de sus propios fallos, le ha hecho insistir una y otra vez en la importancia de la misericordia de Dios. Y a lo largo de su pontificado, se ha esforzado por acoger a las personas LGBTQ+, reiterando en sus memorias que Dios «los ama (a los homosexuales) tal como son» y describiendo a un grupo de mujeres transexuales que se reunieron con él en el Vaticano como «¡hijas de Dios!»

La nueva autobiografía subraya que Francisco sigue siendo un Papa que tiene una voz capaz de conectar con la gente más allá de la institución de la Iglesia católica. Las memorias fueron escritas a lo largo de seis años en colaboración con Carlo Musso, de la editorial italiana Mondadori, y se publican en los principales idiomas en más de 80 países.

Sigue a la publicación de otras memorias de Francisco, «Vida», el año pasado. En un principio, «Esperanza» iba a publicarse tras la muerte del Pontífice, pero su lanzamiento se ha adelantado para coincidir con el año jubilar de la Iglesia Católica.

En cuanto al futuro, el Papa dice que no se ha planteado dimitir, aunque es una «posibilidad», y aborda algunas de sus dificultades de salud en los últimos años. Francisco dice que actualmente goza de buena salud y recibe fisioterapia dos veces por semana, pero la «realidad es, sencillamente, que soy viejo». Nunca esperó ser elegido Papa, dice, pero desde ese momento ha revelado su determinación de permanecer con los pies en la tierra.

Explica cómo evitó los apartamentos papales en el aislado palacio apostólico del Vaticano para instalarse en la Casa de Huéspedes Santa Marta porque «no puede vivir sin gente a mi alrededor» e insiste en la importancia de mantener el sentido del humor. Eso también se hace evidente en las memorias, por ejemplo, cuando el Papa explica cómo le dijeron que se pusiera pantalones blancos, en lugar de negros, para ir debajo de su nueva sotana papal blanca.

«Me hicieron reír. No quiero ser vendedor de helados, dije. Y me quedé con los míos», escribe el Papa. "               

(, CNN, 14/01/25, traducción DEEPL, enlaces en el original)

24.7.24

El Vaticano encubrió los abusos de Maciel, líder de los Legionarios de Cristo, durante 50 años... tiempo en el que continuó impunemente con sus abusos y agredió a decenas de menores, protegido por potentes personalidades de la Curia

 "El Vaticano conoció ya en 1956, con Pío XII, los abusos de menores de Marcial Maciel, el sacerdote mexicano fundador de los Legionarios de Cristo fallecido en 2008, depredador sexual con relaciones estables con mujeres, hijos secretos y que hacía uso de drogas, que no fue castigado hasta 2006, medio siglo y cuatro papas después, cuando llegó al poder Benedicto XVI. Es decir, el Vaticano lo encubrió durante 50 años, tiempo en el que continuó impunemente con sus abusos y agredió a decenas de menores, protegido por potentes personalidades de la Curia. Así lo constatan documentos del Archivo Secreto del Vaticano ―desde 2019 se llama Archivo Apostólico―, que ha publicado este domingo el diario italiano Corriere della Sera.

Un documento fechado el 1 de octubre de 1956, del entonces número tres de la Congregación para los Religiosos, Giovanni Battista Scapinelli, refiere que Maciel ha llegado a Roma, tras ser suspendido por el Papa como superior de la orden, “por motivos conocidos por el Santo Padre”, y con el objetivo de “obligarlo a curarse”. Anota que cuando se presente le ordenará “irse a curar y abandonar cualquier contacto con sus alumnos (religiosos)”. “Si no se presenta, dentro de dos días”, añade el escrito, se le dirá que, o se somete a una curación, o será suspendido a divinis, por las “graves razones” expuestas. Es un documento que da detalles inéditos de algo que ya se conocía, una primera investigación abierta en 1956 en el Vaticano contra Maciel, tanto por pederastia como por su dependencia de las drogas, que se quedó en nada en 1959, tras la muerte de Pío XII en 1958.

Que la Santa Sede conocía desde hace décadas la conducta de Maciel y contó con poderosos aliados que le protegieron era algo sabido, pero estos documentos lo corroboran, y revelan el encubrimiento que puso en marcha con las primeras denuncias. El Corriere, por ejemplo, contrasta sus documentos con los que ya se conocían a través de una página web de víctimas de Maciel, llamada La voluntad de no saber, extensión de un libro de investigación del mismo título publicado en 2012. El documento desvelado ahora ya se encontraba ahí, pero es una versión posterior y aparece censurado, con partes tachadas. Este libro, obra de Alberto Athié, José Barba y Fernando M. González, reveló 211 documentos, filtrados desde el Vaticano, y denunció que ya había denuncias contra Maciel desde 1944, a los tres años de fundar los Legionarios de Cristo, desoídas por las autoridades eclesiásticas. En 2019, el cardenal brasileño Joao Braz de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, admitió a la revista española Vida Nueva que el Vaticano tenía desde 1943 pruebas sobre los abusos de Maciel que fueron ocultadas. “Quien lo encubrió era una mafia, no representaba la Iglesia”. La pregunta, aún sin responder, es cuántos y quiénes componían esa mafia, y qué medidas se han tomado con ellos. Las nuevas revelaciones permiten hacerse una idea de sus inicios.

La comparación de la versión retocada y el original del texto que ahora se conoce refleja el inicio del encubrimiento del caso, según el Corriere della Sera, porque los tachones y anotaciones posteriores a mano del autor reflejan que al día siguiente, 2 de octubre de 1956, este alto cargo vaticano se reunió con Maciel y su protector, el cardenal ultraconservador Giuseppe Pizzardo, como estaba previsto, y el documento es modificado: se emborronan las partes más controvertidas y desaparecen las órdenes iniciales. Simplemente se queda en que se le ordena curarse. Además, este cardenal, el primero de uno de sus muchos protectores, alega en otro documento que el arzobispo de México “es hostil” a Maciel, porque se había opuesto a su nombramiento.

Posteriormente en otro texto se acusa a Federico Domínguez, secretario personal del religioso en sus inicios y uno de los primeros en denunciarle, de ser “el alma negra de la conjura contra Maciel”. Es decir, ya se fraguó una teoría de la conspiración y según los documentos, existía entre quienes lo defendían un “alfabeto secreto” para comunicarse entre ellos. Pío XII murió en 1958 sin que se concluyera nada, y posteriormente ―con Juan XXIII, Pablo VI, el breve pontificado de Juan Pablo I y Juan Pablo II― las altas esferas de la Curia continuaron protegiéndolo. El Corriere indica que el número dos de la Secretaría de Estado con Juan XXIII, Angelo Dell’Acqua, le convenció para no suspender a Maciel, y después otros altos cargos siempre se ocuparon de desactivar cualquier acusación que llegara a Roma.

La oficina internacional de comunicación de los Legionarios de Cristo ha valorado de este modo a EL PAÍS las nuevas revelaciones: “Hoy sabemos que la información sobre la doble vida de Maciel es cierta. Esta información de la que se habla es coherente con las razones, ya conocidas, por las que la Santa Sede en 1956 apartó a Marcial Maciel del gobierno de la Congregación y realizó dos investigaciones a la misma (dos visitas apostólicas). Es información que ya fue publicada en internet en 2012, por fuentes no oficiales. En la Legión de Cristo no cesamos en nuestro deseo de conocer cualquier revelación sobre nuestro pasado que nos permita conocer y poder vivir en la verdad sobre nuestra historia, y agradecemos a la Santa Sede la apertura en 2020 de estos archivos y la posibilidad de acceso a los mismos”.

El Corriere, tras visionar documentos del Archivo Secreto, y expresar las dudas sobre si puede haber más archivos que puedan aportar más información, apunta tres razones para que el encubrimiento se extendiera durante cinco décadas. Una, que Maciel era un gran reclutador de vocaciones y sacerdotes en un momento de crisis de vocaciones en México, un país fuertemente anticlerical. Dos, que el líder de los Legionarios atribuía las acusaciones a conspiraciones de comunistas. Y tres, y una de las más importantes, que Maciel se convirtió en una máquina de recaudar dinero con el que, además de abrir seminarios y centros, compraba voluntades en el Vaticano, su red de protección.

Tres protectores clave en la Curia

Una investigación del medio estadounidense National Catholic Reporter en 2010 señaló como los tres principales aliados de Maciel en la Curia, receptores de sus sobres con dinero, a tres altos cargos situados en puestos clave: Angelo Sodano, secretario de Estado vaticano entre 1990 y 2006; Estanislao Dziwisz, secretario personal de Juan Pablo II; y el cardenal español Eduardo Martínez Somalo, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada de 1992 a 2004.

En este cuadro emerge especialmente la responsabilidad de Juan Pablo II, pues fue bajo su pontificado, de 1978 a 2005, cuando llegaron numerosas denuncias y los casos comenzaron a aparecer en la prensa, uno de los argumentos de los críticos con su canonización, celebrada en 2014 por Francisco. Y también queda bajo sospecha la actuación de su sucesor, Benedicto XVI, pues en el mandato de Wojtyla fue el prefecto de Doctrina de la Fe, el organismo disciplinario vaticano donde llegaba las denuncias, desde 1981 a 2005. Las reconstrucciones publicadas estos años describen a un Juan Pablo II que se niega a creer las acusaciones hasta sus últimos años, mientras Ratzinger intenta investigarlas pero acata órdenes. De hecho, es él quien toma la primera medida al año de ser elegido Papa, en mayo de 2006, aunque fuera tardía, muy suave y simbólica: ordenó a Maciel retirarse a “una vida reservada de oración y penitencia”. Una nota del Vaticano explicó que no se le abría un proceso canónico por razones de edad y de salud. Falleció dos años después.

La versión oficial de ese comunicado sobre lo ocurrido en los años anteriores ya admitía una asombrosa lentitud en la gestión del caso. Explicaba que “a partir de 1998, la Congregación para la Doctrina de la Fe recibió acusaciones, ya en parte hechas públicas”, contra Maciel; en 2002 el religioso publicó una declaración para negarlas y en 2005 dejó su cargo de superior de la orden por motivos de edad. Entretanto, Ratzinger ordenó abrir una investigación que culminó en 2006, siendo ya Papa, y se tradujo simplemente en la decisión de invitarle a retirarse.

En mayo de 2010, cuando Maciel ya llevaba dos años muerto y 12 años después del año en que el Vaticano admite conocer denuncias, una investigación a fondo de la orden determinó sus “gravísimos y objetivamente inmorales comportamientos” que manifestaban “una vida sin escrúpulos y sin auténtico sentimiento religioso”. Un comunicado de la Santa Sede explicaba que Maciel “hábilmente había sabido crearse coartadas” y creó a su alrededor “un mecanismo de defensa que lo convirtió durante mucho tiempo en intocable”.

En el libro entrevista con Benedicto XVI que publicó en 2010 el periodista alemán Peter Seewald, el pontífice argumentó sobre el caso: “Por desgracia hemos afrontado la cuestión con mucha lentitud y con gran retraso. De alguna manera estaba bien cubierta y solo desde 2000 hemos empezado a tener puntos de referencia concretos. Era necesario tener pruebas ciertas para estar seguros de que las acusaciones tenían fundamento”. Benedicto XVI dimitió tres años más tarde, incapaz de hacer limpieza en el Vaticano en este y otros asuntos."

(Íñigo Domínguez , El País, 22/07/24)