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22.8.26

Los obradores compartidos se han consolidado como una alternativa para que pequeños productores agroalimentarios puedan elaborar, transformar y comercializar productos de valor añadido sin tener que asumir grandes inversiones iniciales. Compartiendo maquinaria, instalaciones y conocimiento, estos espacios permiten profesionalizar proyectos artesanos, generar sinergias entre productores y mantener vivo un modelo arraigado en el territorio... el obrador es propiedad de Tres Cadires Cooperativa y, mediante el pago de una cuota en función de la actividad, los proyectos externos pueden acceder a maquinaria —en su caso, centrada en bebidas como licores y vermuts— para hacer sus productos y venderlos en su totalidad. Esto permite evitar una inversión inicial que, a menudo, sería inasumible para un productor individual... Uno de los problemas más graves es la rigidez legislativa: los pequeños obradores deben cumplir las mismas exigencias sanitarias y burocráticas que una gran industria... "Hemos sobrevivido porque hemos sabido encontrar aquellas tiendas que valoran este producto y lo explican al cliente", pero "estas pequeñas tiendas también están en peligro de extinción"... de cara a un futuro "todo el mundo debe poder acceder a los obradores compartidos" y "deben especializarse" para evitar el estancamiento. "No es lo mismo un obrador lácteo, que cárnico, que vegetal"... su labor ha permitido que emprendedores tuvieran una oportunidad para sacar adelante sus proyectos, y se han creado sinergias y una red de trabajo entre productores "para poder sobrevivir todos juntos" (Aleix Camprubí)

" El uso compartido de maquinaria, espacios y experiencias permite a los pequeños productores esquivar las grandes inversiones, profesionalizar la actividad artesana y crear sinergias... los obradores que plantan cara a la producción a gran escala... 

 En un mercado agroalimentario dominado por las grandes cadenas y la producción a gran escala, los obradores compartidos se han consolidado como una alternativa para que pequeños productores agroalimentarios puedan elaborar, transformar y comercializar productos de valor añadido sin tener que asumir grandes inversiones iniciales. Compartiendo maquinaria, instalaciones y conocimiento, estos espacios permiten profesionalizar proyectos artesanos, generar sinergias entre productores y mantener vivo un modelo arraigado en el territorio. Cada vez son más las propuestas que reivindican este modelo cooperativo mientras luchan por hacerlo viable en un mercado y una legislación pensados, a menudo, para las grandes empresas.

Un reto estructural: la legislación y el mercado

El reto más importante es encontrar cuota de mercado sin tener las herramientas de la agroindustria

De la anécdota a la institucionalización

La administración tiene que estar ahí para potenciarlo, ayudar a que crezca y se consolide. Es un modelo frágil

El futuro: especialización y colectividad

Es necesario que consigamos pensar más en colectivo y recuperar fórmulas como las de las cooperativas de antes

 (Aleix Camprubí , Público, 21/08/26) 

17.5.26

Había fábrica, pero no producción... El capital se mueve hacia los sectores especulativos: energía fósil, armas… Deja un vacío que se ve en toda Europa... “Si el capital público estatal no quiere sustituirlo, porque está pegado a esos intereses especulativos, ¿quién lo hará? El capital público social. Convertirnos en cooperativa y reindustrializar la fábrica con accionariado popular, una reindustrialización ecológica”... Paneles solares contra el rearme en una fábrica recuperada en Italia... La antigua fábrica de la multinacional GKN en Campi Bisenzio, en la Toscana, lleva ocupada desde julio de 2021 por sus más de 400 trabajadores, que ahora luchan por sacar adelante un proyecto de reindustrialización ecológico y cooperativo (Jose A. Cano)

“Me gustaría decir que este proyecto nació de forma ideológica, pero no es así. Suena bien: un grupo de trabajadores decide que no quiere producir piezas para la guerra sino para la transición ecológica. Pero si cuentas esa historia, parece que es algo que tú eliges. Y en realidad ha sido la misma lógica de querer conservar nuestro trabajo y enfrentarnos al capital la que nos ha llevado a este propuesta”.

Dario Salvetti es uno de los más de 400 trabajadores de la antigua fábrica de la multinacional del automóvil GKN en Campi Bisenzio, en las afueras de Florencia y la muy industrializada región italiana de Toscana. Desde julio de 2021, él y sus compañeros se mantienen en “asamblea permanente” ocupando la fábrica, de la que el fondo de inversión Melrose, propietario de GKN, intentó despedirlos en un proceso considerado ilegal por los tribunales. Casi cinco años después, mantienen su lucha para reconvertir la antigua factoría de semiejes para automóviles a una de paneles solares y cargo-bikes.

“Nuestra existencia fue suficiente para paralizar los despidos, pero no para que el capital volviese atrás. Había fábrica, pero no producción. El capital se mueve hacia los sectores especulativos: energía fósil, armas… Deja un vacío que se ve en toda Europa, donde hemos perdido el 25% de la producción industrial en 30 años”, añade Salvetti.

“Si el capital público estatal no quiere sustituirlo, porque está pegado a esos intereses especulativos, ¿quién lo hará? El capital público social. Convertirnos en cooperativa y reindustrializar la fábrica con accionariado popular. Y si estamos pidiendo ese apoyo ético-social, tenemos que fabricar cosas que sean útiles a la sociedad, que no contribuyan a esa especulación. Una reindustrialización ecológica”, concluye el sindicalista.

La ocupación de los antiguos trabajadores de GKN es ya la “asamblea permanente” más duradera de la historia de las protestas obreras en Italia. Los cinco años exactos se cumplirán el próximo 9 de julio. Ese mismo día, pero de 2021, los 422 empleados de la fábrica y otros 80 pertenecientes a subcontratas habían sido enviados de vacaciones cuando sus representantes sindicales recibieron un correo que informaba del despido de la plantilla al completo.

Era algo esperado. Desde que Melrose adquiriese la propiedad de GKN en 2018 se había barajado un traslado a Polonia, país dentro de la Unión Europa con menores costes salariales. La misma tarde del 9 de julio, más de 100 trabajadores se plantaron en la fábrica, que había sido rodeada por guardas de seguridad, y lograron entrar en ella de forma pacífica y ocuparla, anunciando que se constituían en asamblea permanente.

“Es un ejercicio de resistencia. A la tercera vez que intentaron despedirnos, en abril de 2025, aceptamos, porque así nos quedaba el subsidio de desempleo, pero habíamos estado desde enero de 2024 sin ningún ingreso. La campaña de accionariado popular concluye este verano, en junio o julio, y hemos conseguido una gran cantidad, alrededor de un millón de euros, pero no es suficiente para la reindustrialización. Va a llegar el momento de sentarnos y tomar una decisión, reorganizar el proyecto de manera que mantenga la chispa. Porque la gente se ha ido dispersando, por la falta de ingresos”.

En estos casi cinco años los ya extrabajadores de GKN han mantenido la fábrica ocupada respetando los tres turnos de la antigua organización (de 6h a 14h, de 14h a 22h, de 22h a 6h, y vuelta a empezar), organizado más de una docena de manifestaciones (varias junto a movimientos ecologistas como Fridays for Future), un festival literario ya por su cuarta edición, varios grandes conciertos de año nuevo, apoyado la Global Summud Flotilla y la Flota Nuestra América a Cuba (que transportó varios cargo-bikes), giras internacionales presentando su proyecto en París, Berlín o Bilbao.

Es el modelo de fábrica social integrada: “Reentramos aquí y dijimos que es nuestra casa. Ha sido construida por la comunidad durante décadas y nadie tiene el permiso de cerrarla de esta manera. En 1994 era un área verde que se convirtió en industrial para crear puestos de trabajo. Podemos hacer muchas cosas sin permiso, pero se nos impide un proyecto de reindustrialización cooperativo que es completamente viable en términos económicos”, insiste Salvetti.

“Una ciudad permanentemente bombardeada”

En julio de 2021 comenzó una larga andadura de victorias, derrotas y resistencia que lleva hasta el próximo y decisivo verano. En septiembre de 2021 los trabajadores logran una manifestación de más de 40.000 personas que recorren Florencia —ciudad de 360.000 habitantes— en apoyo a su causa, y también la declaración de nulidad de los despidos por un tribunal. Con el apoyo de investigadores de la Universidad de Pisa, los todavía trabajadores de GKN presentan un plan de reindustrialización basado en la movilidad sostenible. Incluso proponen una ‘Ley Antideslocalizaciones’, que ningún partido con representación parlamentaria asume y no llega a debatirse.

En 2022, el primer giro: el empresario Francesco Borgomeo llega a un acuerdo con GKN y adquiere la fábrica por intermediación del Gobierno italiano, entonces aún presidido por Mario Draghi. Los trabajadores se niegan a disolver la asamblea permanente mientras no se garanticen inversores que mantengan sus puestos, así que la ocupación permanece. En noviembre de 2022, Borgomeo deja de pagar los salarios y en febrero de 2023 pondrá la sociedad en disolución. Será el Estado italiano —ya con Giorgia Meloni como primera ministra— el que asumirá las pérdidas, incluyendo ocho meses de atrasos en los salarios. Entre medias, los sindicatos llevan a cabo nuevas movilizaciones e incluso la ocupación temporal de Palacio Vecchio de Florencia, sede del ayuntamiento.

Es en este periodo cuando los trabajadores se constituyen en Soms Insorgiamo, la sociedad cooperativa que crea el actual proyecto de reindustrialización “desde abajo”. A partir de ahí, el sindicalista Salvetti define la supervivencia de la asamblea como “una ciudad permanentemente bombardeada”. Para él, el gran pecado del proyecto ha sido “destapar la hipocresía de los proyectos de reindustrialización de la Unión Europea”.

En 2022, cuando presentaron su primera propuesta “se suponía que iban a quintuplicar la producción de paneles solares en toda Europa. Ahora, se habla del rearme. Si nos oponemos a la guerra [durante los meses de abril y mayo Soms Insorgiamo ha encabezado una serie de movilizaciones en apoyo a Gaza, contra la guerra de Irán y el rearme italiano] no es solo por ética o sentido humanitario, es porque nos perjudica, como trabajadores”, concluye.

E insiste: “Si mañana llega un inversor y dice que para él dos millones no son nada y quiere invertir para que produzcamos paneles fotovoltaicos, lo puede hacer. No ocurre porque la respuesta que nos dan es que competir contra China es muy caro. Necesitas demasiado capital para eso. Y además nuestro proyecto quiere construir esos paneles adaptados a las necesidades de las comunidades locales, la de nuestro alrededor, no masivos.

El proceso de liquidación de la sociedad iniciado por Borgomeo fue otra batalla. Los trabajadores denunciaron que los liquidadores nunca llegaron a visitar la fábrica, y se inició un segundo proceso de despido para enero de 2024 que no llegó a concretarse. En abril de ese mismo año se llegó a cortar la electricidad de la fábrica. Tras una manifestación en junio, tres trabajadores acampan e inician una huelga de hambre en el centro de Florencia que dura 13 días. Consiguen que el Gobierno de la Región Toscana apruebe ayudas para los empleados sin subsidios y que apoye una petición al Estado para que asuma la propiedad de la empresa.

En octubre del mismo 2024, la jugarreta: se desvela que QF, la firma de Borgomeo, había vendido seis meses atrás la propiedad de la fábrica a dos empresas de inversiones inmobiliarias creadas a finales de 2023 y sin actividad aparente. Mientras tanto, la región Toscana aprueba su propia ley de reindustrialización, pero no se aplica en Campi Bisenzio. Así llega el despido que se acepta y hace efectivo en abril de 2025, dando 12 meses de desempleo y tregua a los más de 400 trabajadores. Esta primavera marca el final de esos ingresos.

Socialmente integrados

“Cada día puede ser el último. Es difícil construir algo si no sabes cuánto tendrás que resistir, y si hubiésemos sabido desde el principio que iba hacer cinco años, habríamos tomado otras decisiones”, explica Salvetti. “Por eso nuestra estructura es muy similar a la de la Florilla. Tenemos una misión, y construimos fuerza para llevarla a cabo. Si no sale, no sale, pero la reconstruiremos”.

Toda la larga entrevista con el sindicalista se ha producido durante un descanso del IV Festival de Literatura Working Class. Junto a la cantina de la fábrica, varios paneles solares sirven de muestra del trabajo que se ha ido sacando a trompicones estos años y de los planes de futuro. La factoría ocupada, en un polígono industrial de Campi Bisenzio que a su vez es las afueras de la turística Florencia, recibe en los días de fin de semana más visitantes al cercano centro comercial I Gigli que a cualquiera de sus fábricas. El sábado, segundo día del certamen, los trabajadores y escritores encabezarán una manifestación contra la guerra hasta las cercanas instalaciones de la armamentística Leonardo.

“Es difícil hablar a futuro, más allá del 11 o 12 de julio. Se convocará una Asamblea Popular del Movimiento de Defensa de la Fábrica y el Movimiento Nacional Popular, para ver qué hacer con nuestro proyecto, a partir de septiembre u octubre”, explica. Siguiendo con el ejemplo de la Flotilla: “Tenemos que decidir en qué momento nos echamos al mar y con cuantos barcos”.

Abundando en esa comparación, Salvetti subraya: “Piensa en cómo es la Flotilla. Se financia de forma privada, pero es pública. Es un acto público. Nuestra fábrica es igual. Es privada porque no es estatal, pero es pública porque no pertenece a una lógica particular, tiene unos objetivos sociales. Igual que me gustaría que la Flotilla fuese estatal y nuestros países pusiesen fin a lo que ocurre en Gaza, me gustaría que la fábrica fuese estatal. Pero trabajamos con lo que existe”."

(Jose A. Cano  , El Salto, 16/05/26) 

22.12.25

Podemos comprobar que a nuestro alrededor hay multitud de experiencias que nos demuestran que los seres humanos podemos satisfacer las necesidades de forma menos costosa y mucho más eficiente, libre y pacífica cuando nos guiamos por principios distintos a los que rigen en el capitalismo... En el mundo hay más de tres millones de cooperativas que emplean a más del 10% del empleo mundial y que -a pesar de tener que hacerlo en un medio ambiente desfavorable- funcionan igual o mejor que las empresas de propiedad privada. La sanidad pública funciona mejor, es más barata y no produce las muertes evitables de la privada. Según la OCDE, en en 2023 había 126 empresas públicas (no guiadas, por tanto, por el afán de lucro capitalista) entre las 500 empresas más grandes del mundo, 92 más que en 2000. En 2024 había 1.115 bancos públicos en todo el mundo manejando 91 billones de dólares de activos, prácticamente el mismo volumen del PIB mundial... casi 1.000 millones de personas mayores de 15 años realizan mensualmente algún tipo de trabajo voluntario en todo el mundo... Para transformar de verdad el mundo hay que descubrir todo ese abanico de experiencias, aprender de ellas, reproducirlas y hacer que la gente de nuestro alrededor se movilice y empodere anticipando el futuro, construyéndolas y comprobando así que vivir en un mundo distinto al de ahora le conviene más y le satisface mejor... Es preciso construir desde abajo. Traer el futuro a la sociedad real poniendo en marcha nuevo tipos de empresas, con formas de propiedad y gestión alternativas; canales de distribución de los bienes y servicios que no obliguen a gastar improductivamente más de lo que valen; organizar el consumo racional y sosteniblemente; gestionar lo común y no destruirlo… Nada de eso es inalcanzable ni utópico. Lo tenemos a nuestro alrededor en multitud de experiencias y lugares del. mundo (Juan Torres López)

 "La última edición del informe sobre desigualdad mundial vuelve a mostrar que las brechas entre ricos y pobres en el planeta no sólo son gigantescas, sino que aumentan sin cesar. Los datos son una vez más escalofriantes y la desigualdad se manifiesta no sólo en términos de ingresos y riqueza personal:

– Unos 56.000 multimillonarios, entrarían en un campo de fútbol, controlan actualmente tres veces más riqueza que la mitad de la humanidad en su conjunto.

– El 10% más rico de la población mundial gana más que el 90% restante, mientras que la mitad más pobre de la población mundial capta menos del 10% del ingreso global total.

– Las mujeres ganan solo el 32 % de lo que ganan los hombres por hora de trabajo, considerando tanto las actividades remuneradas como las no remuneradas; y el 61 % si sólo se toma en cuenta el trabajo remunerado.

– La diferencia de gasto en educación llega a ser de 40 a 1 entre diferentes lugares del mundo.

– El 10% más rico es responsable del 77% de las emisiones asociadas con la propiedad de capital privado, y el 1% más rico por sí solo el 41%, casi el doble que el 90% más pobre en conjunto.

Según la revista Forbes,  en 2025 hay 3.028 empresarios, inversores y herederos milmillonarios en todo el mundo con un patrimonio total de 16,1 billones de dólares, dos más que en 2024. Por cierto, habiendo aumentado en este año mucho más que nunca la cantidad recibida por herencia por cónyuges e hijos, según el informe Billionaire Ambitions Report, publicado hace unos días por la firma de gestión financiera y patrimonial UBS.

La concentración tan inmensa de riqueza que se da en nuestro tiempo no es un hecho natural, ni fruto de la casualidad. Es el resultado de aplicar políticas que desde hace años vienen desmantelando derechos e instituciones de representación, control y contrapoder. Pero ninguna de ellas hubiera sido exitosa sin añadir un enorme poder mediático y cultural al financiero, económico y político del que dispone ese grupo de milmillonarios que dominan el mundo. No es casualidad que también en nuestros días se esté dando la mayor apropiación de medios de comunicación de la historia por parte de las personas más ricas.

Y ese poder mediático y cultural se orienta principal y prioritariamente a un objetivo: hacer creer a la gente que el mundo en el que vivimos es el no va más, el fin de la historia, el modo de vida y el sistema económico natural que no se puede cambiar.

Es lógico que quienes obtienen sus privilegios del capitalismo quieran convencernos de que no hay otra posible forma de organizar la economía y la sociedad. No se les puede criticar por ello. Es lo que necesitan y hay que reconocer que lo hacen magníficamente bien.

La desgracia es que los partidos que operan en la vida política con el supuesto fin de enfrentarse a todo eso no hacen mucho por ofrecer un horizonte alternativo, un modelo social y económico diferente al capitalismo. Operan en el corto plazo, se concentran en mover piezas y hacen ajustes en el sistema, sin duda necesarios, pero a la vista está que insuficientes para lograr que se frene la concentración de riqueza que deteriora las economías, desestabiliza y rompe a las sociedades, y destruye el medio ambiente. Ni siquiera en su denominación se percibe que luchen por una fórmula específica de sociedad distinta a la actual. Podemos o Sumar se podrían llamar Partido Popular o Vox. Ninguno de esos términos tiene sustancia identificativa. Sólo la mantiene el Partido Socialista (el comunista se esconde tras otras siglas) pero ¿cuándo hemos oído a alguno de sus dirigentes decir que luchan por traer el socialismo como alternativa del capitalismo?

La renuncia a definir y proponer un modo diferente de sistema económico y social por parte de las organizaciones políticas que se consideran transformadoras es una verdadera tragedia. Lo quieran o no, así ayudan decisivamente a que esos grandes multimillonarios puedan convencer a la gente de que ya nada se puede cambiar.

Es una tragedia, además, fruto de un tipo singular de ceguera, la que se produce por no mirar más allá de lo que se tiene a un palmo de nuestras narices, como el borracho que sólo busca las llaves perdidas junto al farol que lo alumbra. Cuando se mira algo más lejos, ni siquiera mucho, podemos comprobar que a nuestro alrededor hay multitud de experiencias que nos demuestran que los seres humanos podemos satisfacer las necesidades de forma menos costosa y mucho más eficiente, libre y pacífica cuando nos guiamos por principios distintos a los que rigen en el capitalismo.

En el mundo hay más de tres millones de cooperativas que emplean a más del 10% del empleo mundial y que -a pesar de tener que hacerlo en un medio ambiente desfavorable- funcionan igual o mejor que las empresas de propiedad privada. La sanidad pública funciona mejor, es más barata y no produce las muertes evitables de la privada. Según la OCDE, en en 2023 había 126 empresas públicas (no guiadas, por tanto, por el afán de lucro capitalista) entre las 500 empresas más grandes del mundo, 92 más que en 2000. En 2024 había 1.115 bancos públicos en todo el mundo manejando 91 billones de dólares de activos, prácticamente el mismo volumen del PIB mundial. Hace unos años, Naciones Unidas calculó que el trabajo no remunerado equivalía al empleo de 2.000 millones de personas a tiempo completo, la cuarta parte la población mundial. Y se calcula que casi 1.000 millones de personas mayores de 15 años realizan mensualmente algún tipo de trabajo voluntario en todo el mundo.

En mi último libro menciono, además, otras muchas experiencias de vida económica y social organizada bajo principios de ahorro, circularidad, solidaridad, cooperación, afecto, cuidado a las personas y a la naturaleza, defensa de lo común, democracia y codecisión… Todas ellas tienen, además, un rasgo en común: aprovechan mejor los recursos y satisfacen las necesidades proporcionando más bienestar, relaciones sociales menos conflictivas y paz.

Para transformar de verdad el mundo hay que descubrir todo ese abanico de experiencias, aprender de ellas, reproducirlas y hacer que la gente de nuestro alrededor se movilice y empodere anticipando el futuro, construyéndolas y comprobando así que vivir en un mundo distinto al de ahora le conviene más y le satisface mejor. El trabajo político en las instituciones es importante, fundamental si se quiere, pero no puede ser el único que se realice, como le está pasando desde hace décadas a los partidos de izquierdas. Es preciso construir desde abajo. Traer el futuro a la sociedad real poniendo en marcha nuevo tipos de empresas, con formas de propiedad y gestión alternativas; canales de distribución de los bienes y servicios que no obliguen a gastar improductivamente más de lo que valen; organizar el consumo racional y sosteniblemente; gestionar lo común y no destruirlo… Nada de eso es inalcanzable ni utópico. Lo tenemos a nuestro alrededor en multitud de experiencias y lugares del. mundo. Y la mejor prueba de su brío, de su utilidad, de su fuerza o de su entidad es que hayan brotado y no dejen de crecer en todo el planeta a pesar del contexto tan adverso en el que nos encontramos."        (Juan Torres López, 21/12/25)

19.11.25

Echa a andar la primera cooperativa de vivienda en cesión de uso de Galicia... El proyecto residencial busca garantizar el acceso digno a la vivienda y reivindica el derecho a vivir en comunidad fuera de la lógica especulativa... La cooperativa es la propietaria del edificio. Las viviendas no se pueden vender ni convertir en patrimonio individual. Este sistema garantiza la permanencia del modelo e impide su transformación en vivienda privada... Las personas socias realizan una aportación inicial de entre 15.000 y 20.000 euros y posteriormente abonan una cuota mensual de entre 500 y 750 euros, según la tipología. Esta cuota, fijada a precio de coste, se mantiene estable durante toda la concesión del derecho de superficie, que en este caso es de 50 años (Alba Cambeiro)

 "Según los datos del Observatorio de la Vivienda de Galicia, el precio medio del alquiler en A Coruña pasó de 529,5 euros en 2020 a 733,1 euros en 2025. Un incremento del 38,5% en solo cinco años. En el conjunto de Galicia, el alquiler medio ha visto una subida de 438,6 a 594,6 euros en el mismo período, con un aumento del 35,6%.

Es en este escenario de emergencia habitacional donde está tomando forma As Lavandeiras, un proyecto cooperativo de vivienda en régimen de cesión de uso promovido por la cooperativa Outra Forma de Vivenda (OFV). En julio de 2025, tras ganar el concurso de una parcela municipal en Xuxán, el proyecto dio un salto decisivo hacia su materialización.

El edificio, diseñado por la cooperativa Hábitat Social, se levantará en siete plantas y albergará alrededor de treinta y cinco viviendas de diferentes tipologías, desde estudios de 40-50 metros cuadrados hasta pisos de tres dormitorios de 97 metros. El elemento central será un gran patio interior que funcionará como pulmón verde y espacio de convivencia, complementado con áreas comunes: salas polivalentes, lavandería, huerto urbano y espacios de trabajo compartido.

Ni alquiler ni compra: derecho de uso

El modelo funciona con una lógica distinta al mercado convencional. Las personas socias realizan una aportación inicial de entre 15.000 y 20.000 euros y posteriormente abonan una cuota mensual de entre 500 y 750 euros, según la tipología. Esta cuota, fijada a precio de coste, se mantiene estable durante toda la concesión del derecho de superficie, que en este caso es de 50 años.

La cooperativa es la propietaria del edificio. Las viviendas no se pueden vender ni convertir en patrimonio individual. Este sistema garantiza la permanencia del modelo e impide su transformación en vivienda privada.

Según explica Margarida Vázquez, portavoz de la cooperativa Outra Forma de Vivenda, una vez se agota el derecho de superficie de 50 años, el edificio y la parcela pasan a titularidad municipal de nuevo. Pero esto no significa el final del proyecto: “Normalmente lo que se hace es crear una especie de fondo dentro de la comunidad para volver a presentarse a la licitación si la hay; o negociar con el ayuntamiento para continuar con el proyecto”.

Sobre el plazo de concesión, Vázquez reconoce que es mejorable: “En Cataluña, los períodos suelen ser de 75 a 99 años”. Aún así, valora positivamente que el Ayuntamiento adaptase el pliego en algunos conceptos para que las cooperativas se pudieran presentar.

Esta misma semana la cooperativa dio un paso decisivo: acaba de firmar la escritura para recibir el solar y tener la adjudicación plena. A partir de ahora, disponen de cuatro meses para presentar la solicitud de licencia municipal y dos años para la construcción del edificio. “Calculamos que podemos entrar a vivir en el edificio a finales de 2028 o comienzos de 2029”, afirma Vázquez.

El proceso de selección de las personas socias busca sobre todo la implicación en el proyecto y la disposición a “tejer comunidad y tener un vecindario de confianza y amable entre todas”. Uno de los elementos que distinguen este tipo de proyectos es la apuesta por la vida comunitaria. A través de un diseño consensuado, el grupo decide qué actividades y áreas comunes quiere impulsar, desde bibliotecas hasta lavanderías o espacios de gimnasio.

Nuevas fórmulas frente al modelo especulativo

Los suelos que el Ayuntamiento cedió el año pasado para vivienda pública, incluido el de As Lavandeiras, “ya llevaban ahí muchos años”, explica Iago Carro, arquitecto y miembro de Ergosfera, quien señala la necesidad de experimentar con otros modelos y lógicas de vivienda en “suelos completamente vacantes, que no tienen usos formales”.

Para Carro, la puesta en marcha de este primer proyecto es fundamental. Considera que, cuando exista un caso real que funcione y la ciudadanía pueda verlo de primera mano, muchos de los prejuicios alrededor de los modelos cooperativos “comenzarán a desaparecer”. En otras ciudades del Estado ya se llevan muchos años experimentando con estas fórmulas. “Aquí, como siempre, este tipo de cosas más experimentales llegamos unas décadas tarde”, constata.

El arquitecto sitúa el proyecto en un contexto más amplio de reflexión sobre lo que denomina “rentismo popular”. Durante mucho tiempo, explica, solo se identificaban actores de gran escala o problemas sistémicos muy abstractos. Pero en los últimos años salió al debate público una cuestión central: la vivienda se convirtió en un refugio de seguridad para cualquier persona que tenga posibilidades económicas, generando una situación en la que la ciudadanía logra seguridad individual a costa de la inseguridad colectiva.

Según explica Carro, esta identificación del problema también está modificando la manera de pensar las normativas. La apertura del debate permite revisar conceptos clave como el de gran tenedor y valorar criterios más ajustados a la realidad actual, entre ellos la posibilidad de considerar que “quien posee más de una vivienda por unidad residencial ya debería ser cualificado como tal”.                                 (Alba Cambeiro , El Salto, 19/11/25) 

26.5.25

El cooperativismo crece con fuerza en España impulsado por las cooperativas de trabajo... el 45% de las nuevas cooperativistas son mujeres, un porcentaje notablemente superior al registrado en otros modelos empresariales... las cooperativas de trabajo impulsan la economía con valores y un modelo empresarial democrático y sostenible a corto y largo plazo... son, en general, de menor tamaño y más especializadas, lo que apunta a un cambio de tendencia hacia modelos más dinámicos y adaptados a nichos concretos de mercado

 "En 2024 se constituyeron 1.565 nuevas cooperativas, según los últimos datos recabados por la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (COCETA) y el Ministerio de Trabajo y Economía Social. En concreto, las cooperativas de trabajo asociado (CTA) lideran este fuerte crecimiento: de las 1.565 nuevas cooperativas, un 78% (1.227) son CTA, responsables de casi 3.000 nuevos empleos cooperativos (2.968).

«El cooperativismo en España se consolida como un motor clave de empleo y desarrollo económico y confirma que las CTA son parte indispensable de la columna vertebral del cooperativismo, impulsando la economía con valores y un modelo empresarial democrático y sostenible a corto y largo plazo«, explica en un comunicado COCETA, que destaca otro dato importante: el 45% de las nuevas cooperativistas son mujeres, un porcentaje notablemente superior al registrado en otros modelos empresariales.

Andalucía lidera el crecimiento de nuevas cooperativas

Por comunidades autónomas, Andalucía encabeza la creación de nuevas CTA, con 284 cooperativas, seguida por Galicia (174 CTA), la Comunitat Valenciana (146 CTA) y Cataluña (129 CTA). En lo que respecta a creación de empleos cooperativos, también lidera Andalucía, con 629 empleos nuevos, seguida de Cataluña (392), Galicia (389), País Vasco (326) y la Comunitat Valenciana (322).

En cuanto a los sectores, el 75% de las nuevas cooperativas se enmarcan en el ámbito de los servicios, lo que sigue la tendencia general de la economía española. El 14% corresponde al sector de la construcción y el 8% a la industria. En este último destaca una tendencia hacia la paridad entre hombres y mujeres, a diferencia del tejido empresarial convencional, donde la industria continúa siendo un ámbito fuertemente masculinizado. «Además, el 52% del empleo cooperativo lo ocupan mujeres, lo que refuerza el papel del cooperativismo como impulsor de la igualdad de género y la cohesión social», subraya COCETA.

La consolidación de las cooperativas de trabajo asociado

Entre 2023 y 2024, el cooperativismo en España continúa su tendencia de crecimiento y alcanza ya las 24.435 entidades (un 4,5%), especialmente en el modelo de cooperativas de trabajo asociado, que representan más del 81,2% del total de cooperativas activas. En total, hay 19.846 en 2024 (+4,8%).

No obstante, según recoge COCETA, el crecimiento en número de cooperativas creadas se acompaña de un menor número de personas que forman parte de los proyectos: 265 personas socias con una caída de 323 empleos cooperativos respecto al año anterior. «Este dato responde a que las nuevas cooperativas creadas son, en general, de menor tamaño y más especializadas, lo que apunta a un cambio de tendencia hacia modelos más dinámicos y adaptados a nichos concretos de mercado. Esta tendencia hacia estructuras empresariales de menor tamaño es común en el conjunto del tejido empresarial español», explica la confederación.

«Desde COCETA valoramos estos datos como una muestra del potencial transformador del modelo cooperativo para generar empleo estable y de calidad, fomentar la igualdad de oportunidades y dinamizar el tejido empresarial en todo el territorio», concluye."

(La Marea, 26/05/25)

25.4.25

Inteligencia Artificial y economía solidaria: ¿posibles aliadas? Grupos cooperativos manifiestan que las tecnologías nuevas son nuevas oportunidades, “y lo importante es apropiárselas y decidir nosotras para qué las queremos y cómo las queremos utilizar”... puede tener impacto positivo en el día a día de las organizaciones porque permite ganar en eficiencia y ayuda a poner los esfuerzos en las tareas de mayor valor... “Mediante las tecnologías de traducción automática o de accesibilidad digital, basadas en lenguajes que entiendan nuestras organizaciones y alimentadas con nuestros datos, podríamos llegar a una audiencia más diversa, incluyendo personas con discapacidades o de diferentes idiomas y culturas”... “Nuestra IA de código abierto se sostendrá en infraestructuras públicas, tendiendo a construir un futuro común digital”... “El conocimiento es el primer paso, el segundo es apostar colectivamente por construir herramientas tecnológicas que den respuesta a las preguntas que se formulan en la sociedad actual. Y, por supuesto, mancomunar recursos para dar una respuesta colectiva” (Carla Liébana)

 "Una nueva polémica se ha desatado en las redes durante las últimas semanas por la proliferación de dibujos generados con Inteligencia Artificial (IA) siguiendo el estilo de Studio Ghibli, un estudio de animación japonés considerado de los mejores del mundo. Según datos proporcionados por el mismo CHatGPT, se calcula que se han usado 216 millones de litros de agua en una semana para poder refrigerar sus servidores (se estima que una sola interacción necesita de 0,5 a 2 litros de agua) a una temperatura segura mientras se generaban millones de este tipo de imágenes. Más allá del debate sobre los derechos de autor y el reconocimiento a la creatividad, la IA abre en nuestro día a día un sinfín de interrogantes sobre los límites de su uso que desde la economía social y solidaria (ESS) están empezando a abordar.

Al margen de los defensores a ultranza de las nuevas tecnologías, el boom de la IA está dando pie un conjunto de actitudes distópicas que predicen un futuro en el que los humanos ya no servirán para nada porque serán sustituidos por robots. La alarma se ha disparado con la irrupción de chatGPT que, junto con DALL·E o Midjourney, son herramientas de IA generativa, es decir, que tienen la capacidad de crear contenidos nuevos, ya sean textos, imágenes o música. Sin embargo, hay que tener en cuenta que hay muchas otras herramientas de IA que hace más de 20 años que se están utilizando, como los programas de análisis de datos basados en algoritmos de clasificación.

Para Judith Membrives, investigadora en IA y derechos humanos, es importante alejarse de las visiones tecnofóbicas y tecnoutópicas de la IA y promover un análisis crítico del fenómeno, como se hace con el consumo de cualquier otra cosa, ya sea de ropa o de alimentación. “Tal como se está introduciendo en el mercado, la IA responde a la ideología neoliberal turbocapitalista que pretende convertir todos los aspectos de la actividad humana en algo eficiente, incluso el arte y la creación, con la intención de precarizar más la experiencia humana en general. Y no me refiero solo al ámbito laboral, ya que también precariza la capacidad de pensar y de salir de los imaginarios más comunes”, opina. Y continúa: “Esta precarización implica que debamos plantearnos lo que validamos como saber y lo que no, puesto que lo que no está codificado deja de tener valor o genera la obligación moral de codificarlo, independientemente de que los colectivos implicados quieran o no”. “Se trata de una dinámica que tiene como consecuencia la homogeneización propia de la ideología occidental: de nuevo, es la idea del hombre blanco que nos evangeliza con las maravillas de la tecnología”, agrega.

Por todo ello, tiene claro que las economías transformadoras tienen la responsabilidad de plantearse la introducción de esta tecnología bajo nuevas premisas que permitan ponerla al servicio del bien común, desde valores como la interdependencia, la mancomunación de recursos, la cooperación o la perspectiva feminista, antirracista y decolonial. “¿Y si pusiéramos la IA a trabajar para adaptarnos a la transición eco-social?”, propone Membrives.

Precisamente para pasar de la mirada a la acción crítica, el grupo cooperativo Tangente –con la participación especial de Otro tiempo– y la asociación Trastería de ideas han desarrollado el proyecto Realidad aumentada e Inteligencia artificial contra las violencias machistas. El equipo implicado indica que el objetivo básico del proyecto es apropiarse de las tecnologías con mirada de género y a la vez “estar en el lugar en el que no se nos espera, huir de la estrategia del avestruz que a menudo seguimos cuando algo nos da miedo o no lo terminamos de entender, y no dejar que se nos pase el tren de las tecnologías sin enterarnos”. Quieren plantear la IA como herramienta de empoderamiento y ver todas las posibilidades que ofrecen en la lucha contra las violencias machistas, de la mano de tecnólogas con mirada de género y ESS.

En este aspecto, también coincide la cooperativa tecnológica Colectic. Núria Alonso, una de sus miembros, apunta: “Entendemos la IA como una herramienta potentísima que permite generar grandes avances y cambios. Como sociedad, tenemos el reto de que estos cambios no sirvan para aumentar las desigualdades que atraviesa nuestro planeta, sino que sirvan para garantizar el bien común siguiendo los valores de la ESS”.

La IA en el día a día cooperativo

Miembros del grupo cooperativo Tangente manifiestan que las tecnologías nuevas son nuevas oportunidades, “y lo importante es apropiárselas y decidir nosotras para qué las queremos y cómo las queremos utilizar”. Aunque actualmente hay variedad de usos y posiciones entre las 13 cooperativas del grupo, han organizado un laboratorio como punto de encuentro para compartir inquietudes con profesionales de la comunicación y de la sensibilización utilizando herramientas de IA generativa. “Cuando empezamos el acercamiento a la IA tenía más que ver con la curiosidad; ahora empezamos a hacer un uso más profesional y lo vemos como una herramienta de apoyo en los trabajos, por ejemplo, en perfiles de comunicación o en la redacción de proyectos”, explican. A pesar de que ya se está usando, reconocen que no han tenido un diálogo interno sobre en qué términos, para que sí y para que no, y cómo reconocer al exterior cuando lo usan.

Pero, ¿puede ser la IA una amenaza para el mercado social? ¿Es compatible que la IA ayude a des-precarizar la ESS facilitando algunas tareas habituales en las organizaciones y a la vez genere más precarización en algunos sectores al prescindir de profesionales de determinados ámbitos? En Tangente, son categóricas: “Preferimos las personas a las máquinas, aunque nos gusten las máquinas y sean muy útiles”. Prosiguen: “En nuestra experiencia, su uso puede ser útil como herramienta de apoyo, si sabes de lo que hablas, pero si no conoces bien el tema y no sabes discriminar, no es una herramienta fina, ya que le falta profundidad y se basa en estereotipos”. Por su parte, Membrives añade que, aunque le cuesta poner el foco en el uso individual, cree que también hay un posicionamiento político en las tareas que se le piden a una IA: “Una cosa es utilizarla para agilizar tu trabajo y otra es usarla para ahorrarnos pagar una profesional. Yo creo en la redistribución, así que rechazo ese tipo de usos”.

Uno de los aprendizajes clave del laboratorio organizado por Tangente, en palabras de la ingeniera informática y activista por el software libre Margarita Padilla, es que la IA no es una herramienta de conocimiento sino de reproducción de patrones y aprendizajes, y que se está usando un modelo de lenguaje como si fuera un modelo de conocimiento. “Cuando entendemos que la IA es una distribución de palabras probables, podemos dejar de otorgarle el poder genuino del conocimiento”, reflexiona el equipo de Tangente.

Joan Caballero, referente del equipo de sistemas de la cooperativa de telefonía ética SomConnexió, sostiene que la IA puede tener impacto positivo en el día a día de las organizaciones porque permite ganar en eficiencia y ayuda a poner los esfuerzos en las tareas de mayor valor. Y sigue: “Es más gratificante para una persona de nuestro equipo de atención a las usuarias y más útil para nuestras consumidoras que podamos dedicar 20 minutos al teléfono para ayudar a una persona mayor a configurar sus servicios, que haciendo clics pegando información de un sistema a otro. Gracias a la automatización de procesos nos podemos dedicar más tiempo a ofrecer una gestión de los servicios desde los cuidados, hacia dentro y hacia fuera, poniendo el bienestar de las personas en el centro”. De hecho, en SomConnexió ya utilizan algunas herramientas IA ­–algunas, desde hace años– como soporte a los programadores informáticos para buscar soluciones a problemas técnicos, o para clasificar automáticamente las peticiones de servicios que les llegan.

En Colectic, también creen que la IA puede ser una oportunidad para las organizaciones de ESS, especialmente para las más pequeñas, ya que podría usarse para automatizar procesos de tareas administrativas, contabilidad, gestión de proyectos o seguimiento de donaciones. Según Alonso, se liberaría tiempo de las personas para concentrarse en actividades más estratégicas o directamente relacionadas con los objetivos solidarios de las organizaciones. También podría tener un impacto muy positivo en términos de inclusividad: “Mediante las tecnologías de traducción automática o de accesibilidad digital, basadas en lenguajes que entiendan nuestras organizaciones y alimentadas con nuestros datos, podríamos llegar a una audiencia más diversa, incluyendo personas con discapacidades o de diferentes idiomas y culturas”.

La Red de Economía Alternativa y Solidaria REAS - Red de Redes se sitúa en los mismos parámetros. “Hay que provechar las oportunidades que pueden abrirse para que las entidades tengan mayor incidencia económica y social gracias a ciertas herramientas, pero sin perder de vista el impacto ambiental y en materia de Derechos Humanos detrás de estos procesos”, señala Blanca Crespo, responsable de comunicación. Por ello, recuerda que en el marco de este movimiento, especialmente en ComunESS (espacio de encuentro entre personas y entidades de la comunicación en la ESS), hay abierto un debate hace años –abordado en encuentros como éste con ponencias específicas sobre IA­– que enfatiza la importancia de aplicar también aquí criterios de consumo responsable así como de democratizar estas nuevas tecnologías, el poder y el rédito asociado.

¿Una IA ética?

Uno de los grandes contras de la IA es su sostenibilidad ambiental, especialmente su gran coste energético para entrenar al ordenador. Además, según la Agencia Internacional de la Energía, el mantenimiento de los centros de datos consume alrededor del 1,5% de la energía global y el uso de grandes cantidades de agua para refrigerarlos, y su predicción es que en los próximos 5 años la demanda se duplicará, alcanzando una cifra de 945 teravatios hora. De hecho, confirma la tendencia ya anunciada en el Informe sobre la Economía Digital publicado por la ONU en 2024, que se señalaba que el consumo de electricidad de los principales operadores de centros de datos se había más que duplicado entre 2018 y 2022 por la expansión de los nuevos servicios tecnológicos, entre ellos los que tienen de base la IA, con empresas como Amazon, Alphabet, Microsoft y Meta entre los mayores contribuyentes.

Todo esto sin tener en cuenta todas las vulneraciones que se dan en la primera etapa de la cadena de subministro tecnológica: el extractivismo que impacta terriblemente en las comunidades ricas en minerales, degradando suelos, contaminando aguas y contribuyendo al cambio climático, la explotación laboral en las minas que emplean a menudo niños y las mafias que se alimentan con este negocio.

Ante este panorama de devastación ambiental, ¿hasta qué punto es viable imaginar una IA ética? Membrives afirma: “Hay que desmantelar la creencia de que necesitamos una IA generativa que nos ayude a todo y pensar en aplicaciones con objetivos concretos y funcionalidades focalizadas ­–algo que ya está empezando a pasar incluso en el sector más comercial, que puedan impulsarse en un escenario de escasez de recursos y pensando en la sostenibilidad”. Alonso lo define como modelos que no impliquen contradicción con la mirada eco-social: “más pequeños, entrenados con fuentes de datos próximas y que den respuesta a nuestro contexto cultural”.

Para no bajar la guardia, Membrives plantea algunos interrogantes sobre la posibilidad de impulsar una IA basada en los principios de la ESS, ya que “a menudo reproducimos modelos de Silicon Valley basados en la idea de innovación o progreso y el replanteamiento debería ser más radical”. La investigadora observa: “Las que venimos del mundo del software libre debemos cuestionar si sus valores sirven o no para afrontar la IA generativa: la esencia de su funcionamiento (la cantidad de datos que necesita, el impacto ambiental...), por mucho que sea de código abierto, no nos exime de otras lógicas capitalistas”.

Asimismo, Alonso declara que pensar en una IA que responda a la lógica del software libre implica transformar muchos de los procesos que hacen posible una IA generativa. “Primero, entender el código con el que está escrita: que sea consultable a través de repositorios públicos, que los algoritmos que la hacen posible sean reutilizables. Pero la IA no es solo el software, también los datos con los que se ha entrenado: ¿de quién son? ¿tenemos derecho a usarlos para entrenar una IA? ¿Tenemos a nuestro alcance bases de datos de licencias abiertas para su reutilización?”. Además, Alonso insiste en la importancia de la infraestructura técnica para hacer funcionar esta IA, ya que de poco servirá que sea ética si se almacena en los centros de datos de las grandes empresas: “Nuestra IA de código abierto se sostendrá en infraestructuras públicas, tendiendo a construir un futuro común digital”, presagia.

Para Caballero, es evidente que ahora no existe la capacidad para desarrollar IA desde la ESS, por lo tanto, cree que lo importante es poner el foco en cómo se ha generado cada una de ellas y “reclamar transparencia para conocer cómo se han entrenado, qué procesos han usado, qué refinamiento, cómo de abierto es el código y las herramientas usadas, etc”. También Membrives insiste en que a lo que debemos plantar cara es a la oligarquía que se está construyendo alrededor de esta tecnología, y exigir una regulación mucho más restrictiva en términos de transparencia.

En este sentido, hay que destacar que en 2021 se aprobó la normativa de la Unión Europea para regular el uso de la IA, prevenir los riesgos e intentar actuar sobre este fenómeno con el objetivo de garantizar la seguridad de los usuarios. “Pensamos que la legislación europea va por buen camino y desde la ESS creemos que podemos aportar esta consciencia, hacer de lobby y estar presentes en estas regulaciones para poder marcar qué usos son socialmente inaceptables, como la clasificación de patrones o de personas según su rastro en internet”, valora Alonso.

Frente común desde la ESS

Como en cualquier sector de la ESS, cooperar y tejer red será también la manera de hacer frente a la IA. En Tangente, admiten que hacer frente a la IA es necesario, pero “genera un marco de amenaza y una respuesta de autodefensa, cuando la idea es ir más allá y pasar a la creación, a la reapropiación”. Para empezar, creen que hay que tener un conocimiento muy claro de lo que son las tecnologías de inteligencia artificial. “Así como mucha gente identifica el navegador con el buscador de Google, o internet con las redes sociales, ahora identificamos inteligencia artificial con unos pocos productos de inteligencias artificiales generativas”, constatan.

Para avanzar colectivamente, ya se han dado los primeros pasos. Como ejemplo, el laboratorio y sus frutos, que han sido de gran ayuda para Tangente: “Hemos aprendido que chatGPT no es un modelo de conocimiento sino un modelo de lenguaje; que es chaquetero; que no tiene opinión propia (¿o sí?); que reproduce la hegemonía a cultural y al funcionar por repetición los conocimientos menos normativos son más difíciles de encontrar; cómo son sus sesgos y estereotipos patriarcales, coloniales y racistas; con qué fuentes trabaja y cómo se apropia del conocimiento de otras. Incluso hemos aprendido que la gente joven lo utiliza como si fuera su psicóloga particular, para no sentirse tan sola”, cuentan. Conscientes de que con la IA generativa están en juego cuáles son los marcos de pensamiento, qué se convierte en verdad social y qué es invisible, recomiendan tener una actitud de curiosidad crítica para no perderse su impacto social y poder generar espacios de oportunidad a través de ella, aunque “aún está por ver cómo se van a concretizar esos espacios de oportunidad”, confiesan.

Otra gran iniciativa colectiva que suma esfuerzos alrededor de la tecnología, IA incluida, es Som IT Cooperatiu, una cooperativa de segundo grado creada por Som Connexió, Som Mobilitat y la Fundación de Fiare. Su objetivo es generar sinergias, asegurando la mirada colectiva mediante el trabajo de cooperativas tecnológicas expertas o que puedan seguir aumentando su conocimiento y compartiéndolo con varios proyectos, y fortaleciendo al conjunto de la ESS.

En definitiva, las expertas tecnológicas del movimiento de la ESS están alineadas con su propuesta de acercamiento crítico a la IA y animan a las entidades a utilizarla responsablemente para cuestionarla y, a partir de ahí, crear alternativas coherentes con sus valores y con la situación eco-social. “El conocimiento es el primer paso, el segundo es apostar colectivamente por construir herramientas tecnológicas que den respuesta a las preguntas que se formulan en la sociedad actual. Y, por supuesto, mancomunar recursos para dar una respuesta colectiva”, concluye Alonso."    (Carla Liébana , El Salto, 19/04/25)