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21.7.24

Dos hermanas se suicidan... hay multitud de estudios que prueban los efectos devastadores de los procesos de desahucios en la salud mental y física de las personas... Bajo el relato canónico que hoy impera en los medios de comunicación, con sus leyes de Amnistía, sus Begoñas Gómez y sus CGPJ, existe una humanidad doliente que gime (y muere) bajo el yugo de una economía de mercado implacable. La pregunta es sencilla: ¿Algún día vamos a decidirnos a ser radicales?

 "El mes de julio se estrenó con la enésima muerte por desahucio. El mismo día 1, dos hermanas residentes en Barcelona acabaron con su vida arrojándose al vacío. Un método expeditivo, que no precisa de ningún otro aditamento o accesorio, y por ello, el más primario, el más cercano a la pura y simple desesperación. Las hermanas se lanzaron al patio interior del edificio donde vivían, en la calle Navas de Tolosa, dejando muy claro los motivos de su decisión: se encontró una nota junto al oficio del juzgado que ordenaba el primer intento de lanzamiento por impago de alquiler, que se iba a ejecutar horas más tarde. Tenían, respectivamente, 64 y 54 años.

Hay dos formas de leer los hechos. Una es la que ofrece el diario El País en su edición del 2 de julio, y que retrata el caso como el resultado casi inevitable de una serie de fatalidades: Tras la muerte de la madre por covid, en febrero de 2021, las hermanas quedaron solas y por estas fechas comenzó el impago de la renta. Los vecinos, por su parte, las describen como personas aisladas, sobre todo la hermana menor, que apenas salía de la casa. Y fuentes municipales relatan que el juzgado requirió al Ayuntamiento un análisis y un informe de vulnerabilidad, pero no fue posible recabarlos porque, pese a que la unidad municipal que media para evitar los lanzamientos (SIPHO) se presentó varias veces en el domicilio, llegando a dejar incluso varios mensajes, nunca se pudo contactar con nadie. El Consistorio alertó al juzgado de que no se había podido realizar el informe, pese a lo cual la intención era asistir al primer intento de desahucio. Pero la guinda es la observación final con que acaba la noticia: “Los especialistas recuerdan que el suicidio no suele tener un único detonante, sino que es el resultado de factores psicológicos, biológicos y sociales que tienen tratamiento”.

Conclusión: Eran raras. Tuvieron su oportunidad, pero no contestaban al teléfono ni al timbre de casa. El Ayuntamiento hizo lo que pudo. Además, un suicidio puede deberse a muchas causas. En definitiva,  no vaya usted a pensar que el implacable sistema económico en que vivimos -el capitalismo-, basado en la propiedad privada y su uso desaforado; en la codicia que no conoce más ley que el propio beneficio, tiene la menor responsabilidad.

Pero esa responsabilidad existe. Es la otra forma de leer los hechos, la radical, por cuanto va a la raíz del problema. Ningún gobierno mínimamente decente permitiría que, en época de hambruna, alguien acaparara alimentos para luego revenderlos al doble o el triple de precio. Pero los gobiernos sí permiten que un bien esencial como la Vivienda -igual de necesario que el alimento- sea objeto de una especulación brutal, arruinando así multitud de vidas: trabajadores en la isla de Ibiza que deben alquilar un balcón o un sofá para poder dormir. Cuarentones y hasta cincuentones convertidos en eternos peterpanes porque tienen que compartir piso como si fueran becarios Erasmus. Personas que no pueden llevar una vida de pareja ni criar hijos, vecinos expulsados de sus barrios. O unas hermanas barcelonesas que prefieren la muerte al desahucio.

Igual que Segundo, vecino del barrio de Sants quien, tras perder su empleo y todo tipo de prestación social, decidió tirarse por la ventana ante  la comitiva judicial que iba a echarlo, el 14 de junio de 2021. O aquel vecino de Puerto del Rosario (Fuerteventura) que, cuatro días más tarde, se ahorcó en la baranda del sótano donde residía, tras ser desahuciado. No olvidamos, no, sus nombres y el motivo de sus muertes, pese a que a que el Instituto Nacional de Estadística (INE) no proporciona datos desagregados sobre las causas de suicidio, por lo que no existen cifras fiables sobre qué porcentaje de ellos puede atribuirse a los desahucios. Aunque sí hay multitud de estudios que prueban los efectos devastadores de los procesos de lanzamiento en la salud mental y física de las personas.

En la misma edición de El País, podía leerse que durante el primer trimestre de 2024, el precio medio del alquiler en Barcelona había marcado un nuevo récord histórico al alcanzar los 1.193 euros al mes, es decir, 59 euros más que el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), fijado en 1.134 euros. Bajo el relato canónico que hoy impera en los medios de comunicación, con sus leyes de Amnistía, sus Begoñas Gómez y sus CGPJ, existe una humanidad doliente que gime (y muere) bajo el yugo de una economía de mercado implacable. La pregunta es sencilla: ¿Algún día vamos a decidirnos a ser radicales?"              (Luis Caldeiro, el Triangle, 18/09/24)

1.7.24

Dos hermanas se suicidan en Barcelona horas antes de ser desahuciadas... La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de Barcelona ha considerado este lunes que las muertes de las dos hermanas “no han sido suicidios, sino asesinatos orquestados por un sistema político y judicial corrupto”

 "Dos hermanas se han suicidado la madrugada de este lunes en un piso de Barcelona, horas antes de ser desahuciadas. Antes de quitarse la vida, las dos hermanas, de 64 y 54 años, han dejado una nota junto al oficio del juzgado, que ordenaba el primer intento de lanzamiento por impago de alquiler este lunes a las 11 de la mañana, en el distrito de Sant Andreu de la capital catalana. La policía catalana ha abierto una investigación, en la que todo apunta a un doble suicidio, según ha confirmado un portavoz del cuerpo.

Las dos mujeres se han precipitado por un patio interior del edificio, en la calle de Navas de Tolosa, pasadas las cuatro y media de la mañana. Los funcionarios judiciales han sido informados a primera de este lunes de lo ocurrido por la policía, que no había sido requerida para intervenir en el lanzamiento. Las mujeres vivían en un piso de alquiler propiedad de un particular, en el que únicamente constaba empadronada una de ellas, y era la tercera subrogada en la vivienda. El propietario del inmueble presentó la demanda en mayo de 2023, por prácticamente dos años de impago (desde marzo de 2021) por los que se le adeudaban 9.000 euros, según ha explicado a EL PAÍS una portavoz del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC).

En el procedimiento —que se tramitó en rebeldía porque nadie se personó— el Ayuntamiento de Barcelona fue requerido por el juzgado, solicitando un análisis y un informe de vulnerabilidad por el proceso de desahucio por el impago del alquiler. Profesionales de la SIPHO, la unidad municipal que busca mediar para evitar los desahucios, se personó diversas ocasiones en el domicilio para certificar la vulnerabilidad, incluso dejaron mensajes, pero nunca se logró contactar con nadie, ni respondieron a sus requerimientos, explican fuentes municipales. Otras fuentes del consistorio explican que en estos casos, se acude a los domicilios en tres ocasiones en franjas horarias distintas, para aumentar las posibilidades de hallar a las personas en el domicilio. El Consistorio alertó al juzgado de que no se había podido llevar a cabo el informe, pero a pesar de eso, la intención era asistir al primer intento de desahucio, previsto este lunes. El equipo del Centro de Urgencias y Emergencias Sociales de Barcelona (CUESB) ha acudido igualmente este lunes al edificio, para atender a los vecinos del inmueble después de lo ocurrido.

Vecinos de la finca, en el barrio de Navas, explican que la familia de las dos mujeres vivía desde hacía años en el edificio, de un mismo propietario, en un piso que primero alquilaron los padres de ambas. Aseguran que la madre falleció en febrero de 2021, después de contraer la covid, y que después se quedaron solas las dos hermanas en la vivienda. La fecha coincide con el inicio del impago del alquiler. Describen cierto aislamiento de las hermanas, con una de ellas, la menor, que apenas salía del piso, y la mayor, que se hacía cargo del día a día. Las dos mujeres han saltado de madrugada desde el sobreático del inmueble. Muchos de los vecinos, cuando ha arrancado el día, desconocían lo ocurrido.

Desde el Observatorio DESCA, de derechos económicos, sociales y culturales, su directora y especialista en vivienda, Irene Escorihuela, valora que aunque en este caso se haya intentado intervenir desde la administración, “no es un caso aislado”. “No es la primera vez, hablamos de situaciones frecuentes, de suicidio tras suicidio, es un indicador claro de que existe un problema con la vivienda, de que las administraciones no están atendiendo bien, no se puede llegar a los días del desahucio así”. Escorihuela se ha referido a los datos de precios del alquiler en Barcelona, de nuevo un récord histórico, publicados este lunes: “Es el primer problema para la clase trabajadora en Barcelona”. “Y una cuestión”, añade sobre los desahucios, “que se vive al límite, como una cuestión individual cuando es un derecho humano que habría que resolver desde lo público y no permitir que hasta el último momento no se sepa el enlace literalmente hasta el último minuto y con problemas de salud mental. Es claramente violencia inmobiliaria”.

La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de Barcelona ha considerado este lunes que las muertes de las dos hermanas “no han sido suicidios, sino asesinatos orquestados por un sistema político y judicial corrupto”. Por su parte, el Sindicat de Llogateres ha valorado que el aumento continuado de los alquileres en la ciudad condal tiene graves repercusiones, afecta a las economías familiares, precariza y genera vulnerabilidad, como en el caso de estas dos personas. La PAH ha hecho un llamamiento a una movilización, convocada mañana por la tarde en la plaza Sant Jaume, de Barcelona, para protestar por estas muertes, con el lema “No son suicidios, son asesinatos. Ni una muerte más por un desahucio”, ha informado esta organización en la red social X. (...)"                    (Rebeca Carranco , Jesús García , Clara Blanchar , El País, 01/07/24)

22.3.24

Un hombre de 70 años se suicida después de ser desahuciado de un piso protegido en que vivía desde hacía 30 años en Sabadell... La pareja de la víctima tiene graves problemas de movilidad y actualmente se encuentra ingresada en un centro hospitalario... Tras confirmarse su desalojo, el hombre abandonó el domicilio en estado de shock, se dirigió a un parque cercano y se suicidó

 "Álex, de 70 años, se quitó la vida el martes pocos minutos después de ser desahuciado. Los hechos ocurrieron en Sabadell (provincia de Barcelona), el municipio donde él y su pareja compartían un piso que había sido su casa durante las últimas tres décadas. Tras confirmarse su desalojo, el hombre abandonó el domicilio en estado de shock, se dirigió a un parque cercano y se suicidó.

El caso ha salido a la luz a través de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y la Crisis (PAHC) de Sabadell, que ha lamentado que nadie ofreció una alternativa de vivienda para esa pareja que, según explican, pasaba por un mal momento económico que les había empujado a dejar de pagar el alquiler desde hacía un año. Le entidad ha calificado de “asesinato por violencia clasista” el suicido de Álex.

El desahucio se llevó a cabo el martes por la mañana. La comitiva judicial acudió al domicilio por orden del juez para ejecutar el desalojo. Al llegar, les abrió la puerta Álex y se encontraron con que su mujer estaba en la cama, sin posibilidad de incorporarse, debido a que sufre movilidad reducida. Ante ese escenario, optaron por llamar a los Mossos d’Esquadra. 

La policía catalana asegura a este diario que se personó en el lugar a petición de la comitiva y que informó también de la situación a los servicios sociales. Apuntan fuentes de los Mossos que la mujer fue trasladada a un centro hospitalario. Por su parte, desde el consistorio sabadellense aseguran que no tuvieron constancia de la problemática de la pareja hasta que les llegó la información del lanzamiento. “Intentamos contactar varias veces para trabajar el caso, sin éxito”, aseguran desde el Ayuntamiento.

Tras abrir la puerta, y según explican fuentes judiciales, Álex salió de la que había sido su casa los últimos 30 años antes incluso de que se ejecutara el desahucio. Como la denunciada era su mujer, quien era la titular del contrato de alquiler, la comitiva judicial no pudo retenerle. Así que se dirigió a un parque cercano y se quitó la vida, explican desde la PAHC.

La policía ha abierto diligencias informativas para esclarecer los hechos. Pero mientras tanto, la entidad exige al Ayuntamiento y a la Generalitat que garantice una vivienda para la mujer del fallecido, que sufrague los gastos de su funeral y que se comprometa a suspender los desahucios u ofrecer alquiler social para todos sus perjudicados.  

Álex, lamentan desde la PAHC, fue víctima de un “desahucio invisible”, como se conoce aquellos inquilinos que abandonan su hogar por no poder pagar el alquiler y sin hacer ruido, debido a la “vergüenza” y “el estigma social” que temen quienes lo padecen. La víctima, conocida por sus vecinos –su auténtica familia, según la PAHC– como ser el manitas que había arreglado las casas de muchos de ellos, se vio obligado a dejar de trabajar debido a problemas de salud vinculados a su edad. 

A partir de ese momento comenzaron los problemas económicos de la pareja. Desde hacía un año, se habían visto empujados a no pagar el alquiler por falta de ingresos. “Priorizaron seguir pagando el resto de gastos, suministros básicos y comida, antes de pagar unas cuotas de alquiler que se les hacían inasumibles”, añaden desde la plataforma. 

En cuanto a la mujer, sigue ingresada a día de hoy en un centro hospitalario, acompañada por sus vecinos y sin poderse valer por si misma. Desde el Ayuntamiento aseguran que están trabajando para ofrecerle una alternativa residencial “adecuada a su situación” y que asumirán el coste del entierro de Álex “para que tenga una despedida digna”."             (Pau Rodríguez / Sandra Vicente  , eldiario.es, 22 de marzo de 2024)

11.12.23

Lo de A Coruña, ¿Crimen machista? Demasiado fácil... No es la primera vez que parejas ancianas y enfermas son noticia porque una de las dos personas –en todos los casos que recuerdo había sido el marido- mata a la otra y luego se suicida... El que sea el hombre el que primero mata y luego se suicida no me hace pensar que estemos ante un acto de violencia machista... A veces hay un pacto en la pareja y otras, una desesperación que rebasa todos los límites... Todas deberíamos tener acceso a un método dulce para terminar, y poner fin a la propia vida no debería ser algo tan difícil

 "Este es el notición: no figuraban en las bases de datos municipales de Servizos Sociales ni del Servizo de Axuda no Fogar. Manuel tenía 88 años, y vivía solo con su esposa Encarna de 80, que sufría movilidad reducida, parkinson y alzheimer. Rebuscando en periódicos de Galiza, aparece el testimonio de una vecina “Hai unha semana coincidín con el no autobús a Santiago, e pregunteille por ela, e díxome que estaba moi mal”. También aparece el dato de que el marido, “hace años” había pedido una rampa en el portal para facilitar las salidas de Encarna. Por tanto, la situación de deterioro de ella venía de lejos.

Según la prensa gallega, la nuera acudía al domicilio todos los días, no hay más detalles. El lunes, los encontró sin vida. Él le había dado muerte a ella a cuchilladas y luego se mató de la misma manera. La foto de las autoridades alineadas en la acera en virtuosa repulsa por lo que califican de asesinato machista es repugnante. La concentración feminista en Vigo calificando el suceso de “terrorismo machista” encoge el corazón.

A partir de aquí dejo de referirme al caso concreto, del que conocemos poco. No es la primera vez que parejas ancianas y enfermas son noticia porque una de las dos personas –en todos los casos que recuerdo había sido el marido- mata a la otra y luego se suicida. Estremece la manera de dar muerte o morir, porque en ocasiones se usan métodos (asfixia, acuchillamiento…) que probablemente hayan hecho sufrir a una o a las dos personas. Todas deberíamos tener acceso a un método dulce para terminar, y poner fin a la propia vida no debería ser algo tan difícil.

El que sea el hombre el que primero mata y luego se suicida no me hace pensar que estemos ante un acto de violencia machista. A veces hay un pacto en la pareja y otras, una desesperación que rebasa todos los límites. Alguna vez, hablando entre feministas, se ha argumentado que sí que hay violencia machista en esos casos, porque cuando en una pareja es el hombre quien está más enfermo o dependiente, las mujeres cuidamos hasta el final, no matamos. Creo que es verdad, ellas no lo suelen hacer, al menos no de la manera en la que una termina en los periódicos. Pero que la conducta no sea habitual en las mujeres no me parece argumento suficiente para censurarla por machista, a no ser que estemos ratificando el principio de que hay que cuidar hasta inmolarse.

Lo primero que me sugiere este asunto es que también hay hombres a los que el patriarcado capitalista aplasta al desentenderse del cuidado y atribuirlo a la esfera familiar. La acción de matar y morir a cuchilladas habla de descontrol sobre la propia vida y de una desesperación ante la que no parece oportuno situarse en el mismo lado de la acera que las autoridades. De la misma forma que ya hace tiempo que las feministas hemos conseguido que la violencia de los hombres hacia las mujeres deje de considerarse un asunto privado aunque se produzca dentro de la casa y en familia, la atención a la dependencia en la vejez tampoco debería considerarse un asunto íntimo. No se puede tratar como tal, y a la vista está.

Lo que sí es un asunto íntimo es la libre decisión sobre el momento de la propia muerte, derecho que se niega imponiendo unas creencias religiosas o una ética que no son las de todas. Aunque claro, la prohibición de disponer de la propia vida puede no seguirse cuando la persona a la que ayudar a bien morir tiene los contactos necesarios en la clase médica. Este privilegio sí que es un crimen."                  (Isabel Otxoa, Viento Sur, 05/12/23)

28.1.23

Radiografía del suicidio en España: es la primera causa de muerte extrema en España... once personas al día... un dato que aumenta cada año y donde tres de cada cuatro son hombres

 "Si hace una década los accidentes de tráfico eran la primera causa de muerte extrema en España, desde hace unos años el primer puesto lo ocupan los suicidios. Más de la mitad de las provincias presentan datos superiores a la media mundial de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque el promedio nacional se mantiene unas décimas por debajo.

Un informe titulado Evolución del suicidio en España en este milenio (2000-2021) revela datos preocupantes en muchos puntos del país, ya que además la media nacional lleva desde 2018 en constante aumento. 4.003 personas se quitaron la vida en España durante 2021, once personas al día.

Si la media mundial, según la OMS, es de nueve suicidios al año por cada 100.000 habitantes, el dato nacional está establecido en 8,45, aunque hay regiones que superan con creces los diez puntos. En 2018 la media nacional era de 7,57, casi un punto menos.

En este aumento se identifica, además, un disparado incremento en algunas provincias de España. Las subidas más significativas se dieron en Melilla (29,1%), Lleida (26,1%), Palencia (22,5%), Zamora (22,5%) y Navarra (16,8%). 

Hay provincias con datos muy altos respecto a la media mundial. Lugo (15,6), Zamora (14,2) y Jaén (13,1) presentan los promedios más altos de España, que tiene 26 provincias por encima de esos nueve suicidios por cada 100.000 habitantes.

Además, al analizar los datos en clave de género, se identifica que tres de cada cuatro personas que se suicidaron fueron hombres (2.982); la mitad (2.016) de los fallecidos tenía entre 40-64 años, franja con la que además la pandemia se cebó más, ya que el crecimiento de los suicidios en estas edades ha sido del 7,7%. El incremento anual en hombres ha sido del 3,7% entre 2019 y 2021, y un 5,3% entre las mujeres.

Respecto a las demás franjas etarias, un 31% de los fallecidos tenía 65 años o más, un 13.8% tenía entre 25 y 39 años y un 5% entre 10 y 24 años. El estudio no identifica ningún caso de suicidio en menores de 10 años durante el último curso. El estudio identifica un crecimiento de casi el 25% en mortalidad por suicidio en personas migrantes, números que convierten a este grupo en el más afectado por la pandemia de la covid-19.

Las tasas más altas de suicidio por comunidades autónomas se dieron en Galicia, en Asturias, Castilla y León, Aragón, Catalunya y Andalucía. El mes del año donde se acentúan más los suicidios es en julio. Durante ese mes de 2021 fallecieron más de 400 personas.  

En este sentido, un 32% de las personas fallecidas vivían en capitales de provincia. Casi un cuarto de los fallecidos vivía en zonas rurales —municipios de menos de 10.000 habitantes— o municipios urbanos de entre 10.001-50.000 habitantes (24,6% y 24,7%, respectivamente). El resto vivía en ciudades
grandes."      
          (Jose Carmona, Público, 27/01/23)

3.6.22

El suicidio de Alberto tras su desahucio de un piso protegido: “Ha sido él, pero podría haber sido cualquiera del barrio” El hombre que se quitó la vida se quedó sin vivienda tras fallecer su madre, que era la titular del contrato de alquiler. El miedo a una expulsión por esta causa es frecuente en Bon Pastor, el barrio de Barcelona con más vivienda de protección oficial

 "Las calles del barrio del Bon Pastor de Barcelona están llenas de corrillos de vecinos y vecinas que se congregan a comentar el suceso. Este lunes Alberto se tiró del balcón, de espaldas y profiriendo un grito, justo después de que los operarios municipales acabaran de cambiar las cerraduras de su casa, finiquitando la ejecución de su desahucio. Vivía en un piso de protección oficial propiedad del Ayuntamiento de Barcelona y sobre él pesaban años de amenazas de expulsión después que su madre, titular del contrato, muriera en 2018. 

 Tenía 63 años y llevaba varios en paro. El retorno al mundo laboral se le complicaba debido a su edad, así que apenas tenía más ingresos que los provenientes de un subsidio. Por ello, no podía hacer frente al alquiler –de 94 euros al mes– y a las facturas. Cuando el Ayuntamiento se percató de los impagos, entró en contacto con Alberto para ofrecerle una alternativa habitacional porque, al no ser él el titular del contrato –acuerdo vitalicio a nombre de su madre–, no podía permanecer en la que era su casa.

 En ese momento empezó un periplo que duraría cuatro años, durante los cuales el consistorio instó a Alberto a acceder a Servicios Sociales para encontrarle una solución habitacional, apoyo al que que no se acogió. “Al final, le propusieron irse a un albergue. Eso no es vida y es normal que no quisiera lo que le ofrecían”, dicen vecinos del barrio.

Desde el consistorio apuntan que la opción inicial es regularizar a la persona en su propia vivienda, pero como Alberto jamás aceptó la ayuda de Servicios Sociales, “no pudimos establecer una relación para evaluar su situación personal ni económica”, apunta. Así que, finalmente, el Ayuntamiento interpuso a principios de 2020 una demanda contra Alberto y el Tribunal aceptó ejecutar su desahucio, que se acabó produciendo el lunes, con el peor desenlace posible.

Vivía en el número 23 de la calle Sèquia Madriguera, donde se hallan unos grandes edificios de protección oficial. Desde sus ventanas asoman vecinos que comentan los hechos del día anterior, formando conversaciones cruzadas sobre el balcón del cuarto piso, desde el que se precipitó Alberto, y en el que sólo queda un viejo tendedero y la silla que usó para saltar.

En el portal, junto al lugar en el que cayó su cuerpo, se reúnen diversos vecinos del bloque que no quieren hablar con medios. Aun así, antes de irse, concluyen: “No era conflictivo. Para nada. Era un hombre encantador”. Hacen referencia a las acusaciones vertidas sobre Alberto por parte del Ayuntamiento, que ha señalado que el administrador de la finca comunicó que en el piso de la víctima había “ruidos, peleas y entradas y salidas recurrentes de personas”. Pero todos los vecinos con los que ha hablado este medio coinciden en que Alberto “no era de los que arman jaleo”.

Así lo afirma Montse, una vecina que conoció a Alberto a través del puesto de bacalao que tenía en el Mercat de Bon Pastor. Le vendió género durante años, después de haber atendido muchas décadas a su madre. “Era un hombre con problemas. La vida no le trató bien, pero como a mucha gente de este barrio”, dice Montse, que tiene apuntados en su memoria de tendera todos los miembros de la familia que conoció. Además de su madre, Alberto tenía un hermano, una hija y nietos. Pero todos ellos viven fuera de Barcelona y, según cuentan en el barrio, perdieron la relación.

“Estaba jodido y solo, pero era una persona maravillosa. Educado y amable, aunque la vida no lo fue con él. Si estuviera vivo, estaría aquí sentado en la barra, con su gorra”, apuntan los integrantes de la mesa de un bar frecuentado por la víctima. Después de un breve silencio, alzan los quintos con los que acompañan la comida y brindan. “¡Por Alberto!”. Quienes le recuerdan son Chus, Jose, Salva y Sandra, cuatro de sus amigos, con los que compartió buena parte de su vida.

El trayecto vital de Alberto no fue fácil. Marcada por la precariedad económica, su vida se desmontó cuando se quedó en paro. Le quedaba ya poco para jubilarse y cobrar la pensión cuando se mudó con su madre, algún tiempo antes de morir ella. Mientras intentaba infructuosamente encontrar un trabajo, tuvo que ir haciendo apaños. “Unos más buenos que otros”, dicen sus amigos. Así, se convirtió en el manitas del barrio, el que lo arreglaba todo. “Desde un enchufe hasta la cremallera de una mochila”, cuentan.

Según la descripción de quienes le conocieron, Alberto era bueno, pero también un pillo. “La picaresca es lo que tiene, era un licántropo, como nosotros”, dice Jose, quien cuenta que algunas veces, además de lo que cobraba por el apaño, pedía dinero para los materiales que necesitaba. “Pero luego te lo encontrabas comiéndose un bocata y tomando una caña con ese dinero. El hambre es lo que tiene”, explican los feligreses del bar, entre risas. “Eso sí, tarde o temprano, te lo devolvía”, admiten.

Estos son los trapicheos “buenos”, pero luego los hubo peores y delictivos. Alberto pasó por la cárcel debido a su relación con las drogas. Muchos de los vecinos cuentan que consumía alcohol y estupefacientes. “Pero eso no es nada raro en el barrio. Cada quién se anestesia de su mierda de vida como puede”, cuenta una vecina.

Pero Alberto había llegado más allá del consumo. Según cuentan diversas personas del Bon Pastor, la historia que perseguía al hombre era que le engañaron para hacer de mula. “Lo pillaron llegando al barrio. Venía cargado de... jamón dulce. Pero no muy cargado, esa era la cosa. Lo usaron de anzuelo y le vendieron. Así, mientras lo cogían a él, pudo entrar otro con todo el paquete”, explican en el bar. “¿Y qué iba a hacer? Si se chivaba a la poli, lo mataban en la cárcel, así que se comió lo que le tocó”, recuerda Chus.

Este es un tema espinoso entre los amigos de Alberto, pero no lo ocultan. Reconocen que traficar no es una actividad de la que enorgullecerse, pero también asumen que es el único camino para muchos. “Se trata de sobrevivir”, añaden.

 Sobrevivir también fue lo que impulsó a Alberto a realquilar dos de las habitaciones de su casa a una pareja. Algunos vecinos del barrio no ven bien que se “lucrara” con un piso de protección oficial y, de hecho, este fue otro de los motivos esgrimidos por el Ayuntamiento para desahuciarlo. “Hacía un uso ilícito y fraudulento de la vivienda”, dice la concejala de Vivienda. Desde el consistorio, además, aseguran que una de las inquilinas de Alberto fue a Servicios Sociales a denunciar que este la echó del piso sin previo aviso, hecho que permitió al Ayuntamiento constatar que, efectivamente, estaba realquilando habitaciones, cosa que no está permitida en pisos de protección oficial.

La expulsión de los inquilinos coincide, según los amigos de Alberto, con el inicio del proceso de desahucio. Y así lo corrobora también la cronología de los hechos, puesto que la demanda se interpuso en febrero de 2020 y la expulsión de los inquilinos fue en octubre. Pero la cuadrilla de la víctima no puede afirmar nada de este proceso judicial a ciencia cierta, puesto que “nunca nos dijo que lo iban a echar de casa. Era una de esas personas que se lo guardaba todo”, explica Chus.

Ninguno de sus amigos sabía nada de ese desahucio que acabaría con la muerte de Alberto. “Si nos lo hubiera dicho, habríamos intentado ayudarle. Porque su situación también es la nuestra. Hoy ha sido él quien se ha suicidado, pero podría haber sido cualquiera del barrio”, explica, afligida, Sandra. Habla por experiencia, ya que se encuentra en un caso similar.

Ella vive en las llamadas casas baratas, unas viviendas bajas unifamiliares construidas en 1920, los habitantes de las cuales están siendo realojados en edificios como el que habitaba Alberto. Con ellos, el Distrito de Sant Andreu es el que más vivienda de protección oficial tiene en Barcelona (un cuarto del total) y Bon Pastor el barrio con más plazas, casi 350. Pero el proceso de realojamiento va lento y, mientras, las viviendas se van destartalando.

“Muchas noches de tormenta, te despierta el aguacero que cae del techo. Así que, mueves el colchón, le das la vuelta y a dormir. Y ya te ocuparás mañana”, relata Jose, mientras sus amigos asienten. Los hay que han tenido más suerte, como Chus, que fue realojado junto a su madre en un piso de protección oficial de nueva construcción como el de Alberto. Pero, como en el caso de su amigo fallecido, la titular del contrato es su madre.

“Cuando ella muera, estaré jodido. Me van a echar de casa como a Alberto. Tengo un contrato fijo, pero no puedo hacer frente a un alquiler con lo que cobro. ¿Me condenarán a compartir habitación con la edad que tengo? ¿Me echarán de mi casa?”, se pregunta Chus.

Mientras estas dudas van aflorando, el ambiente del bar se caldea. Diversas personas se han acercado a la mesa en la que se está recordando a Alberto y se suman a denunciar la precariedad habitacional que lo llevó al suicidio y que muchos comparten. “¡Que nos defiendan!”, exclama una. “Una persona sin casa no es nada. Si te quitan el techo, te lo quitan todo”, añade otro. Eso le pasó a Alberto, pero él “se quitó la vida en su propia casa, así que no le echaron del todo”, reivindica otro amigo. "               (Sandra Vicente , eldiario.es, 31/05/2022)

20.12.21

El error de buscar culpables de un suicidio... “Una amplia combinación de factores biológicos, psicológicos y socioculturales, que están en interacción continua y dinámica, parece explicar por qué alguien decide intentar el suicidio”... A veces, toda la policía del mundo no basta para evitar el crimen definitivo: el de uno contra sí mismo. Descanse en paz Verónica. No ensuciemos su memoria con otros debates

 "Una preocupación recurrente entre los profesionales en salud mental se basa en la tendencia errónea que se da en la sociedad a buscar una causa concreta cuando se produce un suicidio. Así ha ocurrido con la muerte de la actriz Verónica Forqué, el lunes en su domicilio de Madrid. Sus intervenciones públicas más recientes se produjeron en el concurso de TVE MasterChef Celebrity.

 Forqué admitió en varios momentos del programa que estaba mal anímicamente, hasta el extremo de abandonar su participación. MasterChef se halla ahora en la diana de la opinión pública porque la conducta extravagante de la actriz era motivo de mofa a cargo de sus compañeros de concurso y de una parte de la audiencia. “Echar la culpa al programa de lo sucedido es un salto al vacío”, avisa Javier García Campayo, psiquiatra del Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza).

En 2020, 3.941 personas se suicidaron en España, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), un 7,4% más que en 2019. Es la primera causa de muerte no natural en Europa. La tasa de suicidios en España por cada 100.000 habitantes es ligeramente superior a 8; la media europea, según la Organización Mundial de la Salud, supera las 10,5. 

Dos reconocidos académicos, Susana Al-Halabí, profesora de la Universidad de Oviedo, y Eduardo Fonseca-Pedrero, de la Universidad de La Rioja, escribieron el pasado junio en la revista del Colegio Oficial de Psicología de Madrid: “Una amplia combinación de factores biológicos, psicológicos y socioculturales, que están en interacción continua y dinámica, parece explicar por qué alguien decide intentar el suicidio”. Su conclusión es que “las interpretaciones lineales causales, o las interpretaciones de una sola causa, no encajan”.

 El pasado junio fue presentada la tesis doctoral Suicidio consumado en mayores de 65 años en la Comunidad de Madrid (Universidad de Murcia). En este trabajo, su autor, el criminólogo Rafael Jerez, aporta un dato particularmente alarmante: en el periodo 2013-2018, la tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes entre mayores de 65 años de Madrid fue superior a 39. 

 Forqué tenía 66 años y era mujer. En su franja de edad —la que va de los 65 a los 69 años—, un 24% de los suicidios en España corresponden a mujeres, y un 76% a hombres. Jerez explica que “el acto suicida en la persona mayor es premeditado y reflexivo, no impulsivo como lo es generalmente en el resto de edades”.

 Forqué tenía, además, una dilatada experiencia en lo que a exposición mediática se refiere. García Campayo opina que “en el mundo de la farándula, situaciones de este tipo son habituales. Y cuanto mayor es una persona, más capacidad tiene para afrontar golpes que en un adolescente, por ejemplo, tienen más impacto”.

 Lo que sí considera este médico del hospital Miguel Servet y profesor de la Universidad de Zaragoza es que MasterChef debería haber sido más cauto: “Se ha dicho que la actuación del programa es criticable y estoy de acuerdo, porque si ves sus apariciones es evidente que esta persona no estaba bien, que posiblemente sufría una enfermedad. Y fue demasiado para ella”.

La actriz detalló en varias entrevistas que había pasado recientemente por una depresión grave tras su separación sentimental. En diciembre de 2020, en el programa Sálvame Deluxe de Tele5, comentaba que era, además, consumidora diaria de marihuana.

 Las drogas y el alcohol disparan las tendencias suicidas, coinciden los expertos consultados. Antonio Serrano, adjunto a la dirección de Salud Mental del Parque Sanitario de Sant Joan de Deu (Barcelona), afirma que “las drogas en general, y la marihuana en concreto, no ayudan en nada, y menos si sufres una enfermedad mental. Porque pierdes capacidad de control o porque hay momentos de desesperación cuando te falta”.

 En la presentación de los concursantes de MasterChef, la actriz ya expuso la vulnerabilidad de su salud mental. Fue saludada como ganadora de cuatro premios Goya, a lo que ella replicó: “Estoy harta de los Goya, de eso hace muchos años. Estoy en un momento muy difícil, perdonadme. No puedo más de Verónica Forqué, no puedo más de esta persona. Me gusta Vero. Qué show estoy montando”. Forqué abandonó el programa en julio (el espacio se grabó de mayo a julio, aunque se emitió después) alegando que no estaba suficientemente bien para aguantar la presión.

Serrano también subraya que en medicina no se habla de una causa de suicidio: “Hay circunstancias que pesan más, y el bagaje personal o el apoyo social son importantes. Puede ser que haya un detonante, pero eso no es la causa. El suicidio es un hecho multifactorial”.  (...)"             (Criestian Segura, El País, 15/12/21)

 

"Verónica Forqué y los polis buenos. La actriz, la alegría de todas las huertas menos de la suya, se suicidó el lunes. Qué sabe nadie de su cáliz y de la gota que lo hizo desbordarse.

 Una vez salí con un suicida. Un tío como un castillo al que un desengaño puso tan contra sus propias cuerdas como para pensar en acabar con su vida, y hacerlo. No lo logró, obviamente. Así, sin dramas ni paños calientes, me lo contó en la primera cita. La cura de las heridas de su cuerpo fue infinitamente más rápida que las de su espíritu, que requirieron una pedregosa travesía de la que salió con una coraza entre aurícula y ventrículo y dos propósitos entre ceja y ceja.

 No volver a hacer sufrir a los suyos y tratar de evitar que otros hicieran lo mismo. Escribió un libro sobre cómo perdió pie, cómo se extravió en su propio laberinto, cómo se vio al borde del abismo y cómo, ofuscado, decidió arrojarse, no para quitarse de en medio, sino para acabar con su sufrimiento. También cómo, tras el fracaso más exitoso de su vida, fue recuperándose a sí mismo, a su familia, su placa y su arma reglamentaria. Porque el suicida era, es, policía.

 Autoeditó su obra y, desde entonces, rastrea las redes buscando señales de alarma de desconocidos. Aprovechando su pinta de superhéroe, su mente de detective y su labia de poli bueno, les da palique, se gana su confianza, queda con ellos, les regala su libro dedicado y un boli bonito, y les invita a escribir su propia historia porque, mientras escriben, no se matan, dice. Y lo dice porque si él hubiera escrito antes y no después de intentarlo, no hubiera sido casi hombre muerto.

 La maravillosa actriz Verónica Forqué, la alegría de todas las huertas menos de la suya, se suicidó el lunes en su casa. Qué sabe nadie de su cáliz y de la gota que lo hizo desbordarse. Quizá no tuvo un poli bueno que atendiese a sus señales. O igual tenía a un regimiento. A veces, toda la policía del mundo no basta para evitar el crimen definitivo: el de uno contra sí mismo. Descanse en paz Verónica. No ensuciemos su memoria con otros debates no menos pertinentes.

 Por cierto, lo mío con el poli duró un suspiro. No todas las historias tienen finales felices."            (Luz Sánchez-Mellado , El País, 16/12/21)

15.11.21

España registra en 2020 la mayor cifra de suicidios de su historia... ya es la principal causa de muerte no natural, que casi triplica a las provocadas por los accidentes de tráfico y supera amplísimamente las ocasionadas por la criminalidad y la violencia de género

 "Saltan las alarmas por el número de suicidios en España, un país donde todavía no hay ningún plan o estrategia estatal para la prevención de esta epidemia invisible. Y no será porque las cifras dan un respiro. Todo lo contrario. El año pasado, un total de 3.941 personas decidieron poner fin a sus vidas. El 2020 se convierte así en el curso con más suicidios en España desde 1906, cuando comenzaron a compilarse estas estadísticas.

Esta es solo una de las llamadas de atención del informe anual del Observatorio del Suicidio en España, de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio, que trabaja con los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). De acuerdo con estas cifras oficiales, los 3.941 suicidios del año pasado suponen una media de casi 11 diarios. El 74% de estas personas eran hombres (2.930) y el 26%, mujeres (1.011).

 También es la primera vez que se registran más de mil suicidios entre ellas. Las cifras totales representan un aumento de 270 defunciones con respecto a 2019 (un 7,4% más). De estas 270 muertes, 159 corresponden a hombres (un incremento del 5,7%) y 111 a mujeres (un aumento del 12,3%). Otro dato que duele es el referente a los suicidios de menores. El 2020 será recordado por estos fallecimientos especialmente difíciles de encajar.

Se registraron 14 muertes de menores de 15 años (7 niños y 7 niñas), lo que duplica los casos de 2019. Además, el suicidio en personas mayores de 80 años ha aumentado un 20%. Cada párrafo, cada dato del informe contiene un reproche implícito: cómo es posible que un problema de tal magnitud no sea afrontado como se merece por las autoridades. El silencio, estas cifras lo demuestran, no es la solución.

 ¿Cómo ocultar una epidemia de 3.941 suicidios? Una lacra, además, que afecta a toda la población por igual, con independencia del sexo y la edad. Esta ya es la principal causa de muerte no natural en España, que casi triplica a las provocadas por los accidentes de tráfico y supera amplísimamente las ocasionadas por la criminalidad y la violencia de género.

Con 300 muertes autoinfligidas, el suicidio es, después de los tumores (330 defunciones) la principal causa de muerte entre la juventud de 15 a 29 años. Por comunidades autónomas, mientras que han aumentado significativamente en el País Vasco (un 30%), Cantabria y Andalucía, han descendido en Aragón y, sobre todo, en las Baleares, con una disminución de más del 10%. En Catalunya, crecieron un 3,9%.

 Los datos han sido un mazado para el Observatorio del Suicidio en España. La entidad que gestiona este organismo, la Fundación Española para la Prevención del Suicidio, esperaba para el 2020 una disminución significativa de los suicidios. Así lo hacía prever la disminución generalizada de muertes externas (accidentes de tráfico y homicidios, entre otras) provocada por el confinamiento a raíz del coronavirus.

El aislamiento motivado por la emergencia sanitaria dificulta enormemente los accidentes de tráfico por motivos obvios. En teoría, también frena los suicidios, ya que quienes toman esta decisión lo hacen en soledad y durante el confinamiento muchos estaban acompañados en casa. Sea como sea, la vuelta a la normalidad ha provocado un efecto rebote.

 Un simple dato avala el efecto rebote: en abril se registraron un 18,2% menos de suicidios con respecto al mismo mes del 2019, pero en agosto, cuando el enclaustramiento comenzaba a ser un mal recuerdo, se produjo un aumento del 34%. A las muertes por suicidio hay que añadir los intentos frustrados. Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud, por cada muerte consumada hay unos 20 intentos.

 Otros estudios explican que la idea de poner fin a su propia vida podría afectar a lo largo de su existencia a un elevado número de personas, entre el 5% y el 10% de la población en el caso de España. Eso significa que en un año podrían producirse unos 80.000 intentos de suicidio en nuestro país, y que al menos dos millones de personas sopesen alguna vez esta idea. Y, ahora, una vez más, la conclusión: España no posee ningún plan o estrategia estatal para la prevención del suicidio."                 (Domingo Marchena, La Vanguardia, 11/11/21)

14.9.21

Alarma por el incremento de suicidios en España... El suicidio se convirtió en la primera causa de muerte por factores no naturales, duplicando los fallecimientos por accidentes de tráfico, superando once veces los homicidios y 80 veces a los de violencia de género. Produce estupor saber que cada dos horas y media una persona se quita la vida, sin que de momento ni el Estado ni los medios de comunicación se pronuncien seriamente al respecto...

 "Sin mayor eco en los medios de comunicación hegemónicos, el suicido en España se ha convertido en la primera causa de muerte violenta. La gravedad de esta realidad la refleja el estudio elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) que informó un total de 3.671 personas fallecidas por esta causa en el transcurso de 2019; un número que ha ido en crecimiento elevando la tasa a una de las más altas de la Comunidad Europea.

La alienación, la pérdida de valores de la sociedad y la influencia de los medios de comunicación provocan inestabilidad emocional y comportamientos autodestructivos que en muchas ocasiones acaban en suicidio. La Red Nacional de Prevención del Suicidio recibe entre 4 y seis llamados de personas que verbalizan su intención de acabar con su vida. Al año son 90 mil las personas que lo han intentado sin éxito, gracias a una adecuada atención psiquiátrica. Sin embargo las cifras no descienden y desde la Red Nacional de Prevención del Suicidio reconocen que el sistema sanitario español es incapaz de satisfacer la necesidad de atención que requieren estas personas. (...)

En España, de las personas fallecidas por esta causa, 2.771 fueron hombres y 900 fueron mujeres, por lo que continúan falleciendo el triple de hombres que de mujeres por esta razón. Por edad, el mayor número de fallecimientos se produjo en la franja de los 30 a los 39 años, seguida por la franja de 50 a 54 y de 45 a 49 años. El mayor número de defunciones se produjo en pueblos pequeños de hasta 10.000 habitantes, y en las capitales, con 858 y 1165, respectivamente.

El incremento -ya de por sí dramático- de casos de suicidio en España, se ha visto agravado en el último año y medio a causa del COVID-19. Diversas organizaciones internacionales aseguran que los casos de suicidio durante la pandemia han aumentado por pérdida de empleo, dificultades económicas, el encierro y el distanciamiento social. La Organización Internacional del Trabajo ha constatado que la pandemia ha producido que la mitad de los jóvenes de entre 18 y 29 años sufran depresión y ansiedad, y que el 20% de los trabajadores sanitarios la padezcan de igual manera. (...)

El suicidio se convirtió en la primera causa de muerte por factores no naturales, duplicando los fallecimientos por accidentes de tráfico, superando once veces los homicidios y 80 veces a los de violencia de género. Produce estupor saber que cada dos horas y media una persona se quita la vida, sin que de momento ni el Estado ni los medios de comunicación se pronuncien seriamente al respecto."                  (Walter C. Medina, Nueva Tribuna, 08/09/21)

16.8.21

El suicidio de médicos residentes en los últimos meses debería hacernos reflexionar sobre la presión, el estrés, la ansiedad y la carga de trabajo al que están sometidos nuestros MIR... Ya son varios los casos de suicidios entre el colectivo de médicos residentes en los últimos meses...

Íñigo Errejón @ierrejon

 El suicidio de médicos residentes en los últimos meses debería hacernos reflexionar sobre la presión, el estrés, la ansiedad y la carga de trabajo al que están sometidos nuestros MIR. La salud mental es salud, también de quienes trabajan por protegerla. 

12:02 p. m. · 30 jul. 2021
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Asociación MIR España @AsociacionMIRe

 Ya son varios los casos de suicidios entre el colectivo de médicos residentes en los últimos meses. Se habla poco de la salud mental de los MIR, a los cuales se les exige como especialistas (cuando no debería) y se les obliga a trabajar 24h seguidas. DEP compañero

BordeEspiculado @nexcampos

 Hoy a decidido acabar con su vida. Era nuestro R2. Nadie fue capaz de ver su tristeza. Descansa en paz compañero

8:36 a. m. · 29 jul. 2021
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12:47 p. m. · 29 jul. 2021
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3.8.21

La precariedad laboral provoca depresión, ansiedad e intentos de suicidio

 "La precariedad laboral está muy relacionada con los problemas de salud mental que padecen muchas personas a día de hoy. Así lo ha afirmado la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en una entrevista concedida al diario Público. «Una de las razones principales de la afectación a la Salud Mental en nuestro país tiene que ver con la precariedad laboral», ha lamentado Díaz a la hora de analizar los posibles mecanismos a aplicar para modernizar el mercado de trabajo en España.

«Una madre que tiene un hijo o una hija, que trabaja tres horas (es decir, que es precaria); un joven que tiene que pagar el alquiler… la pregunta que me hago yo: ¿cómo no va a tener una enfermedad mental? ¿Cómo no va a tener una neurosis o una depresión?», ha planteado durante la entrevista la ministra de Trabajo, que ha aprovechado para anunciar que, desde septiembre, el Ministerio analizará la magnitud de su impacto.

Precariedad y trastornos

De tal forma lo ha expresado Díaz en Público: «Una de las causas próximas que llamamos en derecho de la salud mental es la propia precariedad. Crearemos un grupo de trabajo para que ponga el foco en esto». Porque, como ha denunciado, es «vergonzante tener a jóvenes trabajando por 400, 500, 600 euros; tener a mujeres que trabajan dos o tres horas al día y luego hacen horas complementarias». La ministra considera que esto no tiene que ver con «ser de izquierdas o de derechas», sino con «un pacto de país para restaurar esto».

Ya días atrás, Díaz defendió la necesidad de situar como ejes prioritarios de su Ministerio -y en esta línea del Gobierno de coalición- la negociación sobre la reforma fiscal, garantizar el acceso a la vivienda con medidas que permitan un alquiler asequible, el despliegue de políticas que acaben con la crisis de los cuidados, que garanticen las prestaciones mínimas a la población y que combatan la precariedad laboral."             (Alma Lorenzo, Diario16, 02/08/21)

27.7.21

El suicidio se convierte en la primera causa de muerte entre los jóvenes en 2019, algo que nunca había pasado. La pandemia ha deteriorado gravemente su salud mental y duplicado las urgencias psiquiátricas.

 "El suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte en los jóvenes españoles, algo que nunca había pasado en la historia desde que se dispone de estadísticas

En 2019 se quitaron la vida 309 personas de edades comprendidas entre los 15 y 29 años, una cifra que se sitúa ligeramente por delante de los accidentes de tráfico, que sumaron 307 defunciones, según datos de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio. 

El presidente de esta organización, Andoni Anseán, se muestra cauto a la hora de evaluar los números y asegura que el fenómeno obedece en parte a la paulatina reducción de los fallecimientos por siniestros de circulación, que han bajado un 40% desde 2010, mientras que los suicidios han crecido un 30% en el mismo periodo.

La tercera causa de mortalidad, el cáncer, se ha desplomado también un 33% en una década. "Estos datos hay que cogerlos con pinzas. Hay que ver lo que pasa en el año 2020, en el que seguramente se registre una disminución a causa del confinamiento, dado que en casa los intentos suicidio son mucho menores. La existencia de gente es el mayor factor de protección. Lo que no sabemos es si después, en 2021, afloró de nuevo, porque todavía no existen cifras", apunta Anseán.

 Es cierto que por ahora no se tienen números oficiales, pero la percepción entre los jefes de servicio de psiquiatría de los hospitales es que durante los últimos meses las urgencias en este campo se han disparado. De acuerdo con la Asociación Española de Pediatría (AEP), este tipo de atención en menores se ha duplicado desde el inicio de la pandemia, lo que se ha traducido en un agravamiento de los trastornos de conducta alimentaria y un aumento de los casos de ansiedad, alteraciones obsesivo-compulsivas, depresión, autolesiones e intentos de suicido en adolescentes.

La Sociedad de Psiquiatría Infantil (SPI) de la organización de pediatras argumenta que la avalancha de noticias negativas, unida a los ritmos irregulares del sueño, menoscaba la salud mental de los menores. ¿Qué está ocurriendo para que se produzca este deterioro de la salud mental a edades tan tempranas? La creciente incertidumbre económica, la falta de expectativas y el desempleo rampante abonan el terreno de la precariedad. En esta tesitura, la emancipación se antoja imposible.

Para Anseán, el perfil de los pacientes ingresados en centros sanitarios ha cambiado. Si antes predominaban los internamientos de mujeres que intentaban suicidarse mediante la ingesta de medicamentos, ahora abundan personas más jóvenes que utilizan métodos bastante drásticos para desaparecer del mapa. "Ahora se están viendo muchos casos de menores".

 Uno de los pocos estudios que da fe de esta de esta subida de tentativas suicidas y autolesiones es el coordinado por la jefa del área de Salud Mental del Hospital Sant Joan de Déu de Espluges de Llobregat (Barcelona), Montse Dolz, quien ha constado un crecimiento de los intentos, especialmente de adolescentes, en su centro. Según el trabajo, este tipo de empeños se elevó a un 27% en el primer trimestre de 2021."                 (Antonio Paniagua, Heraldo de Aragón, 25/07/21) 

 

"El suicidio, la amenaza silenciosa tras la pandemia: “Es algo que te rompe por dentro”. Diez personas se quitan la vida cada día y España suspende en prevención. 

 El pasado septiembre, la hermana de Míriam Farelo se quitó la vida. Unos años antes había perdido a su otro hermano, de un infarto, pero asegura que esto es distinto. Se topó con la rabia, la culpa, el estigma y con “una tristeza muy bestia”. “Es algo que te rompe por dentro”, dice esta profesora de secundaria de 39 años que vive en Arenys de Munt (Barcelona).

 “Ana tenía depresión crónica y le angustiaba muchísimo pensar que en la residencia de mi madre estallara un brote y no poder verla. Creo que fue la gota que colmó el vaso. Nunca piensas que va a pasar algo así. En junio tuvo un primer intento pero entonces creímos que fue un accidente”, explica. “No estamos preparados. Hay que prevenir y hablar de ello”, repite, “hay que romper el tabú”. Echa en falta recursos en la sanidad pública, más seguimiento de los pacientes. Pero en esa materia España suspende.

Cada día hay una media de 10 suicidios en el país. Uno cada dos horas y media. Fueron 3.671 en 2019, según el Instituto Nacional de Estadística. Es la principal causa de muerte no natural desde que en 2008 superó a los accidentes de tráfico —a los que ahora doblan—. Pese a ello, España carece de un plan nacional de prevención del suicidio, no hay coordinación en las respuestas autonómicas, ni campañas de sensibilización a nivel estatal. 

 Los datos provisionales para los cinco primeros meses de 2020 apuntan a una reducción respecto al año anterior, debido al primer confinamiento, coinciden los psiquiatras y psicólogos consultados. Pero temen un repunte: la pandemia ha sacudido la salud mental de la población y han aumentado las autolesiones e intentos de suicidio entre los jóvenes.

A mediados de julio, varios mensajes publicados en las redes sociales por una joven que vivía en el País Vasco y que se había suicidado posteriormente mandaban una señal de alerta: criticaba un trato “degradante y horrible” en salud mental y pedía recursos. Denunciaba un déficit estructural. En España, cinco de cada 100 euros invertidos en sanidad van para salud mental, explica Celso Arango, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, y la media europea son siete.

 “Es el único país del entorno que no tiene un plan nacional de prevención del suicidio, hace ocho años que la estrategia de salud mental está caducada y es el único país de la Unión Europea sin especialidad en psiquiatría de infancia y adolescencia”, enumera el psiquiatra.  (...)

Míriam Farelo reclama que los recursos en salud mental no sean un “privilegio” de quienes tienen dinero. “El psiquiatra de mi hermana era de 10, pero no todos son así. Y no disponen del tiempo que sería necesario. Los hay que se limitan a revisar la medicación y a citar a los seis meses, no les da para más. Quizás ella necesitó eso, hablar más con gente especializada”, lamenta. Su hermana tenía 44 años. “Dejó un hijo de 17, un marido y una madre que no lo supo hasta seis meses después”. 

La madre vivía en una residencia, donde estalló un brote cuando todo ocurrió y los psicólogos consideraron que era lo mejor. En aquellos momentos Farelo también se encontró sin recursos públicos a los que acudir: “El psicólogo que fue el primer día no volvió a llamar”, recuerda.

La Organización Mundial de la Salud calcula que cada suicidio causa un impacto serio en al menos seis personas. Farelo ha vivido tres duelos muy seguidos: primero, su hermano; después, su hermana Ana; y hace unos días, su madre, que estaba enferma. El peor, el de Ana. “Te queda la culpa, muchas preguntas. Se despidió de mí, pero en ese momento no fui consciente. Vino a casa y me trajo una piedra de un pueblo de la Vall d’Aran que me encanta, me dio un abrazo y me dijo que me quería mucho. Yo no lo entendí en su momento, luego ya sí”, afirma. “Los ‘y si’ son horribles: ¿y si la hubiera llamado? Luego esto lo vas trabajando y ves que la culpa no es de nadie”.

En la Confederación Salud Mental España sostienen que las “causas del comportamiento suicida son numerosas y complejas y, en su mayoría, están relacionadas con situaciones vitales, bien constantes o circunstanciales”. Añaden que algunos de estos condicionantes pueden ser la pobreza, el desempleo, el abuso de alcohol y estupefacientes, malos tratos en la infancia, trastornos mentales, etc. En nueve de cada diez casos de suicidios había algún problema de salud mental asociado.

No hay datos agregados en España de tentativas de suicidio, pero las cifras que se van conociendo evidencian una subida entre los jóvenes. La Fundación ANAR recibió un 145% más de llamadas por planes o intento de suicidio de menores en 2020 que en 2019. En Baleares tuvieron un aumento del 25% al 30% entre los jóvenes. El Código Riesgo Suicidio de Cataluña, un programa de prevención que reporta las tentativas y habilita un circuito específico para tratar estos casos, detectó en 2020 un incremento del 27% en menores de 18 años (601 casos del total de 4.285 reportados). Arango, que es también jefe de Psiquiatría en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, sostiene que “el estrago que ha causado el confinamiento en esta población es mayor que lo que cualquier experto hubiera sido capaz de prever”.

 En una carta publicada en la revista Journal of Affective Disorders, Diego Palao, director de Psiquiatría del Parc Taulí de Sabadell, reportó un incremento de tentativas en chicas adolescentes tras la vuelta a clase en Cataluña, de septiembre de 2020 al pasado marzo: los casos mensuales se triplicaron desde agosto, llegando a 90 en febrero. Mientras, entre los chicos, la evolución se mantuvo estable, con entre 10 y 20 tentativas por mes. 

Para todos esos pensamientos y planes suicidas hay salida, repite Palao: “Lo primero que hay que hacer es buscar ayuda, que llamen a alguno de los teléfonos. Cuando atendemos a una persona y logramos ayudarla, luego lo agradece. Al 90% de las personas incluidas en el Código Riesgo Suicidio las vemos antes de 10 días”. Entre el 14% y el 20% de las personas reinciden al año del primer intento, por eso es clave, aseguran los expertos, la asistencia precoz y la monitorización durante un tiempo para evitar recaídas. (...)

Andrés Colao forma parte del movimiento asociativo de la salud mental desde que, en 2013, tuvo un intento de suicidio. Este vecino de Riberas (Asturias) asegura que hablar con naturalidad es el primer paso para prevenirlo. Ese año fue “fatídico”. Tenía 38 años y pasó a cobrar una pensión, el 55% de su sueldo como conductor del servicio de recogida de residuos, después de que le quitaran el carné tras un ataque epiléptico.

 “Esa fue mi condena: de estar de aquí para allá, a verme sin nada. Murió mi madre, me separé. Me quedé solo en casa”, explica. Le diagnosticaron un trastorno ansioso depresivo. “Pensé que no quería ser una carga. Cuando iba a hacerlo, vi oportuno llamar a un familiar para despedirme y me dijo: ‘Espérame’. Esperé y aquí estoy”, dice. Buscó a más gente en su situación, descubrió “que ayudar, ayuda”. Pide a quien tenga ideas suicidas que lo comparta con alguien, y a quien escuche ese mensaje, “que evite el ‘no digas tonterías’, que sea empático y que le dé importancia”. (...)

Ansean es muy crítico y asegura que puede hacerse. “Hay otros asuntos en los que hay campañas muy potentes a nivel nacional”, insiste. Arango, por su parte, pone el ejemplo de Dinamarca: “Tenía una de las ratios de suicidio más altas de toda Europa. Hicieron una política muy agresiva, con inversión, una estrategia, campañas de sensibilización, teléfonos, intervención en colegios, incluyeron los medios de comunicación… La tasa bajó mucho. Han demostrado lo que sabíamos: el suicidio se puede prevenir”, explica.

Pero en España hay tantas acciones contra el suicidio como comunidades autónomas. (...)

A falta de un teléfono específico y común de prevención del suicidio, brotan las iniciativas de entidades y Administraciones locales. José María Sánchez, secretario técnico del Teléfono de la Esperanza (717 003 717), que atiende 24 horas, siete días a la semana, resume gráficamente su papel: “Nosotros somos una tirita en mitad de un problemón, hacemos lo que podemos con nuestros recursos limitados”. Cuentan con 1.650 voluntarios a los que se da formación y con 300 psicólogos en las sedes presenciales. El año pasado recibieron más de 160.000 llamadas, un incremento del 38% respecto a 2019. De ellas, 4.935 eran de temática suicida, 205 con el suicidio en curso, es decir, que se había iniciado alguna acción con el fin de quitarse la vida. (...)

El suicidio es un problema de país, coinciden las voces consultadas, y faltan respuestas para las víctimas y también para sus familiares. Cecilia Borràs perdió a su hijo, de 19 años, en 2009. “Me sentí muy sola. Estuve dos años en terapia individual, pasé un año sin poder pronunciar la palabra suicidio”. No encontró a nadie que hubiera vivido lo mismo que ella, “ni había casi formación en duelo por suicidio”. 

Así que ella, psicóloga, se puso a estudiar y fundó la asociación Después del Suicidio. En los últimos años han proliferado estas asociaciones de supervivientes, un lugar donde sentirse escuchados, comprendidos, no juzgados. Pero hace falta mucho más, reclama Borràs. “Cuando ocurre, y esto es muy doloroso, muchas veces te das cuenta de que hubo señales, pequeñas conductas o verbalizaciones, como expresiones de desesperanza o un futuro muy negro, que no estamos entrenados para ver”, dice. “Para prevenir el cáncer de mama, nos hacemos exploraciones. Pero no estamos orientados para prevenir el suicidio”.                    (María Sosa Troya , Jessica Mouzo , El País, 26/07/21)

24.6.21

La pandemia de los suicidios... “La pandemia lo ha reventado todo. En mi hospital podíamos ver dos casos graves de adolescentes a la semana y ahora llegan tres o cuatro cada día. Esa es la escala”. La depresión y los intentos de suicidio se intensifican entre unos jóvenes cada vez más desarmados frente a la frustración y la incertidumbre

 "Javier tiene 16 años, buenos amigos, vive en una familia armónica formada por sus padres, Félix y Ana, y dos hermanos, uno de 20 años y otro de 10. En su bonita casa con jardín, situada en un pueblo de la sierra madrileña, todo transcurre diferente desde que las pasadas Navidades Javier comenzó a darse cuenta de que tenía “sensaciones muy raras”.

 “No quería seguir”, explica, “no veía más allá y yo iba pensando en quitarme la vida”. No hay drama en su discurso, solo reflexiones profundas, silencios entre frases que parecen dedicados a poner orden en sus pensamientos, y una mirada viva y al mismo tiempo profundamente triste. La ansiedad no le deja vivir ni ver que lo que ahora siente puede no durar eternamente.

 Sabe que su situación no es única, que les ocurre a muchos otros jóvenes. Demasiados y en continuo aumento desde que la pandemia “hizo explotar todo”, como explican los psiquiatras. Pero no encuentra en las cifras ningún consuelo. Sin estridencias, argumenta: “Nunca tengo la cabeza calmada. Para mí el suicidio es una solución”.

 No existen datos globales actualizados sobre el aumento de los problemas en la salud mental de los jóvenes porque, como reconoce una fuente del Ministerio de Sanidad, llevan “año y medio desbordados por la covid-19 y las estadísticas llegan siempre muy a posteriori”. Pero los médicos que asisten en urgencias hablan de “explosión”, de “preocupación”, y de cómo en algunas comunidades autónomas se han tenido que adelantar todos los planes previstos para aumentar las camas hospitalarias de psiquiatría infantil y juvenil con el objetivo de hacer frente a un problema al que tampoco ayuda el silencio, el miedo y la vergüenza que todavía provoca reconocer que se sufre un trastorno relacionado con la salud mental.

Javier Quintero, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Infanta Leonor de la Comunidad de Madrid, explica que ya había un panorama preocupante pero que “la pandemia lo ha reventado todo”. “En mi hospital podíamos ver dos casos graves de adolescentes a la semana y ahora llegan tres o cuatro cada día. Esa es la escala”, asegura. Una afirmación que corrobora un reciente informe de la Asociación Española de Pediatría, que refleja que las urgencias psiquiátricas en menores desde el inicio de la pandemia se han incrementado un 50%.

 Para Javier, estudiante de 2º de bachillerato que va un curso adelantado a su edad por tener un coeficiente intelectual por encima de la media, todo se detuvo cuando comenzaron las crisis de ansiedad. “La siento constantemente, pero me sigue sorprendiendo porque me han dado picos con ataques muy fuertes en los que suelo perder el conocimiento.

 Durante ellos, por lo que me cuentan mis padres, puedo estar durante dos horas convulsionando, me intento autolesionar, me pego puñetazos, me intento morder… Luego no me acuerdo de nada y solo me duele todo el cuerpo. Ahora también han aparecido las migrañas que me producen ansiedad que a su vez provoca las migrañas, es como un círculo vicioso”. 

Félix, su padre, cuenta que en enero se lo encontró en el baño con un bote de lejía y que les dijo que había mirado en Internet cómo quitarse la vida: “Creí que era una llamada de atención, una situación delicada, y fuimos a un psiquiatra que nos recomendó que empezara a tomar Orfidal”. Pero las cosas se desarrollaron muy rápido y un sábado, tras decir que iba a dar una vuelta, les llamó desde las vías del tren.

 “Empezó con ataques más leves, hiperventilas, se te agarrota el cuerpo”, explica Javier. “Después aparecieron las apneas, más tarde comencé a autolesionarme. Son impulsos. Un buen amigo había pasado por una circunstancia muy mala y, como soy muy empático, no poder ayudarle me generó un malestar muy grande. Llegué a las vías del tren, que están cerca de casa, y sabía que pasaba uno en un minuto. No sé por qué llamé a mi madre. Es todo muy inconsciente. La escuché llorar y me aparté. Recuerdo que el tren me pasó a centímetros.

 Luego tuve una crisis y me dejaron ingresado en el Hospital Puerta de Hierro. Al principio fue horrible: 24 horas aislado, a las 48 horas te dejan hablar 10 minutos con tus padres..., me desmayé varias veces. Todo está vigilado, las ventanas son de metacrilato, después estás en una habitación con un compañero, te medican, haces terapia, te enseñan… Me vino muy bien. Aprendí a controlar la ansiedad, llegas ahí, no eres nadie y te medio encuentras y encima conocí gente en muchas peores circunstancias que la mía”. (...)

Irene Bautista, psicóloga y experta en gestión emocional en Psicología IBH, explica sobre la ansiedad: “Es un mecanismo que nos invita a la lucha y a la huida cuando algo va mal y, cuando no gestionamos bien los conflictos y las emociones, nos desbordamos, y la pandemia ha venido a agravar la situación”. “Los adultos”, continúa, “creemos que las preocupaciones de los niños, adolescentes y jóvenes son banales porque tienen la vida por delante.

 No sabemos validar lo que sienten”. Quintero añade otra visión: “Pensamos que solo es la adversidad psicosocial lo que condiciona el bienestar mental, pero no es así. Ciertos cuadros aparecen con más frecuencia en situaciones de adversidad pero los ricos también lloran, y no sabes cómo. Además, disponer de dinero añade otro problema porque abre el acceso precoz a conductas como el consumo de alcohol y drogas”.

 Psiquiatra y psicóloga están de acuerdo en un aspecto que a su juicio es básico: “Estamos generando generaciones cero resilientes, les hemos enseñado que el no no existe, y es mentira; que la frustración hay que edulcorarla, y lo que hay que hacer es afrontarla; que la cultura del esfuerzo es un rollo… Todo esto hace que el niño sufra menos, pero crea personalidades más débiles a los 15, a los 16 o a los 18”, sentencia Quintero. “Son unos analfabetos emocionales, los adultos también”, añade Irene Bautista.

 “No estamos conectados, no sabemos lo que sentimos y vamos sobreviviendo a las demandas. Me voy encontrando mal pero no me escucho y no tengo recursos para saber qué me pasa. Los hemos sobreprotegido porque no nos gustan las emociones desagradables, pero al resolverles los problemas mermamos sus capacidades, sienten que no son capaces, comienzan a quedarse en casa, a aislarse, a no hacer nada, llega la depresión, como no tienen ganas no salen a hacer cosas y se refuerza el círculo”, explica esta experta.

Falta de resiliencia, problemas de comunicación, incapacidad para el esfuerzo, falta de autoridad, la poderosa influencia de los modelos idealizados que proliferan en las redes sociales y el poder de las críticas despiadadas, la sobreprotección y la dificultad para tolerar la incertidumbre son argumentos que se repiten. Pero todos los especialistas coinciden en que lo más peligroso es cuando el problema no se verbaliza. “A mí me encanta cuando el chaval pide ayuda porque hay un punto de conciencia, una agarradera para trabajar”, reflexiona Quintero. “La mayoría de las veces eso no ocurre y no siempre resulta fácil que el entorno lo detecte porque frecuentemente el cambio no es extremo.

 Laura Romero acaba de cumplir 31 años y es abogada en una multinacional que prefiere no citar. A los 28 años comenzó su batalla con la ansiedad y está de acuerdo con los especialistas en que uno de los problemas es ocultarlo. “Tenía mucha presión, notaba que trabajaba demasiado. Siempre he sido muy deportista y no tenía tiempo para el deporte, ni para el ocio. Era vivir en el día de la marmota, todos los días trabajar 12 o 13 horas, dormir, comer y volver a empezar.

 Un día iba conduciendo para ir al funeral del padre de una de mis mejores amigas y después a la oficina; no llegué ni a un sitio ni a otro. Se me empezó a dormir el brazo izquierdo, comencé a sentir hormigueo en las manos, me quedé helada, sentía el corazón en la cabeza y no podía respirar. Paré el coche para intentar relajarme, pero el nivel subió y no sé cómo llegué a un centro de salud pidiendo ayuda. Entré con la sensación de que me estaba muriendo de verdad”.

 Antes de ese momento nunca había sentido algo parecido ni le había asustado la responsabilidad de su trabajo. Tras seis días yendo a hospitales, fue su médico de cabecera quien le dijo: “Tienes ansiedad de libro. Deberías ir a un psiquiatra y tomar unos ansiolíticos”. Laura recuerda que dos días después estaba en la cita con el psiquiatra acompañada por su madre. Quería tenerla a su lado porque sentía que ella no estaba equilibrada. Ahora relata su experiencia acompañándola de una amplia sonrisa y la disecciona como una experta porque los años que ha batallado con la ansiedad han cambiado su vida(...)"     (Maite Nieto, El País, 21/06/21)

22.6.21

Segundo suicidio por desahucio en una semana

 "El pasado viernes, un hombre de 48 años se suicidaba en Puerto del Rosario, capital de la isla de Fuerteventura, tras ser desahuciado de la vivienda en la que residía como inquilino, según han informado medios locales como Noticias Fuerteventura. El trágico suceso, del que no ha trascendido más información, es el segundo caso de suicidio por desahucio en tan solo una semana.

Sin ir más lejos, el pasado lunes un hombre de 58 años se suicidó en el barrio de Sants (Barcelona) cuando la comitiva judicial llamaba al timbre de su casa para efectuar la orden de desahucio. Una terrible noticia por la que la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, exigió públicamente al PSOE el desbloqueo de la propuesta de una ley de la Vivienda que frene la especulación y ofrezca alternativas a los desahucios.

El pasado 9 de junio, Belén García Nieto, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), daba a LÚH la clave para poner fin a los desahucios: una ley de la vivienda. “Se trata de poner en marcha una ley de vivienda que considere la vivienda un derecho y no un bien de mercado”, explicó García. Y es que, a pesar de la gran cantidad de desahucios que se han impedido gracias al Escudo Social, parte de ellos continúan sucediéndose. En algunos casos, por no estar legalmente cubiertos por el Escudo Social. En otros, porque los propietarios de la residencia en cuestión consiguen que incluso se les considere como “vulnerables” a pesar de ser poseedores de varias viviendas. (...)"                     (La Última Hora, 19/06/21)