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16.9.26

Se podría aprobar un programa de monetización de la deuda pública adquirida por el BCE y destinar los recursos adicionales generados a vivienda, servicios públicos y garantizar el pleno empleo... La propuesta no es nueva, de hecho, Izquierda Unida lo incluyó en su programa electoral en 2023... Por cada punto porcentual de reducción de coste de la deuda, se transferirían más de 55.000 millones anuales a los estados... la cancelación de deuda pública en manos del BCE no afecta al resto de los tenedores de bonos. Únicamente afecta al BCE (que puede crear euros sin coste)... Un programa de compra y cancelación posterior de deuda pública por parte del BCE y situar a los países en el 60% del PIB podría proporciona hasta 5 billones. Un margen enorme para que los estados impulsasen políticas de vivienda y pleno empleo. Así se lucha contra la ultraderecha (Carlos Sánchez Mato)

Carlos Sánchez Mato @carlossmato

¿Qué os parecería aprobar un programa de monetización de la deuda pública adquirida por el BCE y destinar los recursos adicionales generados a vivienda, servicios públicos y garantizar el pleno empleo? Aquí lo propusimos @edugaresp y yo hace 5 años.

 https://drive.google.com/file/d/17glnn3q8mf5j6--ASDu7hhRXZAr3Z0zr/view

drive.google.com
ProgramaCancelacionDeudaCap3LibroEsteban.pdf

 El líder de @FranceInsoumise@JLMelenchon ha defendido en el arranque de la campaña para las presidenciales en Francia cancelar o transformar en deuda perpetua a tipo cero la deuda francesa que está en manos del Banco Central Europeo. Muy buena propuesta.

 La propuesta no es nueva. Algunos hemos defendido la intervención del BCE desde antes de 2010 cuando ni siquiera compraba deuda pública en el mercado secundario y las primas de riesgo estaban disparadas. De hecho,  @IzquierdaUnida lo incluyó en su programa electoral para 2023.

 Un programa de cancelación de la deuda adquirida sería muy útil. Por cada punto porcentual de reducción de coste de la deuda, se transferirían más de 55.000 millones anuales a los estados. Bien dirigidos, sería una vacuna muy contra la extrema derecha izquierdaunida.org/wp-content/upl

 ¿Riesgo moral? En absoluto. Siempre y cuando se dirigieran los recursos a las políticas de vivienda, servicios públicos, políticas de cohesión de la UE, programas de empleo garantizado y a la reducción de las disparidades entre los niveles de desarrollo de sus distintas regiones.

 Como aquí indicaba @edugaresp la cancelación de deuda pública en manos del BCE no afecta al resto de los tenedores de bonos. Únicamente afecta al BCE (que puede crear euros sin coste).

 En julio de 2026, el BCE tenía 3,4 billones de euros en valores de deuda pública, un 31% menos que los máximos alcanzados hace cuatro años porque ya no reinvierte lo que va venciendo. Aún así, todavía es una cantidad considerable que puede cancelarse o convertir en deuda perpetua

 La deuda pública adquirida por el BCE suponía en julio de 2026 casi la cuarta parte de la que tienen en total los países del Eurosistema. Cuatro años antes llegó a alcanzar el 40% del total. Hace quince años nos decían que era imposible algo así porque sería una ruina

 Un programa de compra y cancelación posterior de deuda pública por parte del BCE y situar a los países en el 60% del PIB podría proporciona hasta 5 billones. Un margen enorme para que los estados impulsasen políticas de vivienda y pleno empleo. Así se lucha contra la ultraderecha

12:34 a. m. · 16 sept. 2026·1.716 Visualizaciones

11.9.26

Melenchon propone borrar de un plumazo el 20% de la deuda pública de Francia... Los titulares de la prensa económica hablan de "terror" y "catástrofe". Pero la realidad es que el coste sería de CERO euros... Francia le debe dinero a un organismo que puede crear euros ilimitadamente y sin coste alguno. Pregunta obvia: ¿tiene algún sentido que Francia tenga que devolver esos euros al BCE? Eso es exactamente lo que pregunta Mélenchon. Y su respuesta es no. Propone cancelar esa deuda: borrón y cuenta nueva. El BCE tendría "pérdidas contables", sí, pero el BCE crea euros. No puede quebrar. Una pérdida en euros para quien fabrica los euros no es una pérdida real. Es un apunte contable... El efecto inmediato: la deuda pública de Francia bajaría del 117% a menos del 100% del PIB de golpe. Sin recortes. Sin subir impuestos. Sin empobrecer a nadie. Para los obsesionados con reducir la deuda pública, esta es la forma más rápida, limpia e indolora de hacerlo. Y la rechazan. ¿Por qué la rechazan? Si se cancela esa deuda, se pone en evidencia que durante décadas nos mintieron. Desde el Tratado de Maastricht de 1992 nos dijeron que los bancos centrales no podían financiar a los estados. Que crear dinero para políticas públicas era hiperinflación segura. Pero bien que crearon 5 billones de euros para dárselos a fondos de inversión privados (y no apareció la inflación, por cierto). (Eduardo Garzón) Los ciudadanos están descubriendo, algunos de ellos con consternación, que casi el 25% de la deuda pública europea está ahora en manos de su banco central. Nos debemos el 25% de nuestra deuda a nosotros mismos. Si devolvemos este dinero, tendremos que encontrarlo en algún lado, ya sea volviendo a pedir prestado para refinanciar la deuda en lugar de pedir prestado para invertir, ya sea subiendo los impuestos o recortando el gasto... contamos con la suerte de tener un acreedor que no teme perder su dinero: el BCE. Por tanto, nuestra propuesta es sencilla: hagamos un contrato entre los Estados europeos y el BCE. Este último se compromete a condonar las deudas públicas que posee (o a transformarlas en deudas perpetuas sin intereses), mientras que los Estados se comprometen a invertir las mismas cantidades en la reconstrucción ecológica y social. La anulación de las deudas públicas que tiene, a cambio de inversiones de los Estados, sería un primer signo fuerte de que Europa está recuperando su destino (Thomas Piketty)

Eduardo Garzón @edugaresp

El líder de la izquierda francesa, @JLMelenchon, propone borrar de un plumazo casi el 20% de esa deuda de Francia, que está actualmente en el 117%. Los titulares de la prensa económica hablan de "terror" y "catástrofe". Pero la realidad es que el coste sería de CERO euros. Lo explico

Para entender la propuesta hay que entender primero cómo funciona la deuda pública. Un Estado emite bonos. Un inversor —banco, fondo de pensiones— compra ese bono y le presta dinero al Estado. A cambio, el Estado le paga intereses periódicos y al vencimiento le devuelve el principal. Hasta aquí, todo claro.

 ¿Qué pasó a partir de 2015? Que el BCE comenzó a crear euros de la nada y se los dio a esos inversores privados a cambio de sus bonos públicos (expansión cuantitativa). El BCE adquirió los bonos. Los fondos de inversión recibieron el dinero antes de tiempo. Y el Estado pasó a deberle al BCE.

 ¿Cuánto dinero creó el BCE? En 2016 ya había creado 1 billón de euros. En 2020, casi 3 billones. Tras la pandemia, llegó a casi 5 billones. Para hacerse una idea: desde el año 0 de nuestra era hasta el año 32.000 no habrán pasado ni un billón de segundos. El BCE creó 5 veces eso en apenas 7 años.

 Y ese dinero, ¿a quién fue? No a la gente. No a financiar servicios públicos. Fue a fondos de inversión privados, que lo metieron en inmobiliario, en tecnología, en Bitcoin, en oro. De aquellos polvos vienen estos lodos: la burbuja de vivienda, la burbuja de IA, la burbuja de activos financieros...

 Resultado: el 19% de toda la deuda pública de Francia está ahora en manos del BCE. Es decir, Francia le debe dinero a un organismo que puede crear euros ilimitadamente y sin coste alguno. Pregunta obvia: ¿tiene algún sentido que Francia tenga que devolver esos euros al BCE?

 Eso es exactamente lo que pregunta Mélenchon. Y su respuesta es no. Propone cancelar esa deuda: borrón y cuenta nueva. El BCE tendría "pérdidas contables", sí. Pero el BCE crea euros. No puede quebrar. Una pérdida en euros para quien fabrica los euros no es una pérdida real. Es un apunte contable.

 El efecto inmediato: la deuda pública de Francia bajaría del 117% a menos del 100% del PIB de golpe. Sin recortes. Sin subir impuestos. Sin empobrecer a nadie. Para los obsesionados con reducir la deuda pública, esta es la forma más rápida, limpia e indolora de hacerlo. Y la rechazan.

 ¿Por qué la rechazan? El argumento oficial es el "riesgo moral": si les perdonamos la deuda, los estados gastarán sin control esperando otro perdón futuro. Pero ese riesgo se puede gestionar de mil maneras. Es una excusa, no una razón.

 La razón real es otra. Si se cancela esa deuda, se pone en evidencia que durante décadas nos mintieron. Desde el Tratado de Maastricht de 1992 nos dijeron que los bancos centrales no podían financiar a los estados. Que crear dinero para políticas públicas era hiperinflación segura.

 Pero bien que crearon 5 billones de euros para dárselos a fondos de inversión privados. Lo hicieron por la puerta de atrás, respetando la forma pero violando el espíritu de la norma (y no apareció la inflación, por cierto). Cancelar la deuda ahora significaría reconocer que el teatro duró décadas.

 No es una propuesta radical ni nueva. Thomas Piketty, Nacho Álvarez y Cristina Almeida firmaron hace años un artículo en El País proponiendo exactamente esto: anular la deuda con el BCE e invertir ese margen liberado en política pública. Una propuesta pragmática de gente que no es precisamente antisistema.

 Resumen: el BCE creó billones de euros para los fondos de inversión. Esos fondos inflaron burbujas. Los estados se quedaron debiendo ese dinero al BCE. Ahora el BCE pide que se lo devuelvan. En euros que él mismo crea. Y cuando alguien propone cancelar esa deuda absurda, le llaman irresponsable. Éste es nuestro mundo...

 Desarrollo todo esto en vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=s68vbYotSTY

 12:42 p. m. · 11 sept. 2026 ·2.314 Visualizaciones

 

 "Anular la deuda pública mantenida por el BCE para que nuestro destino vuelva a estar en nuestras manos. En la zona euro nos debemos el 25% de nuestro endeudamiento a nosotros mismos. Su cancelación a cambio de inversiones de los Estados sería un primer signo fuerte de que el continente está recuperando su destino

 El debate sobre la anulación de las deudas en manos del BCE se ha desarrollado en Francia, pero también en Italia, Luxemburgo y Bélgica, en los pasillos de las instituciones europeas, entre los representantes del propio BCE y los distintos ministerios de finanzas de la zona euro.

Este debate es positivo y útil. Por primera vez desde hace mucho tiempo, las cuestiones monetarias se plantean como discusión pública. El dinero deja de ser por un momento este tema, sustraído a la deliberación colectiva y confiado a un banco central independiente de los poderes políticos, aunque dependiente de los mercados financieros. Los ciudadanos están descubriendo, algunos de ellos con consternación, que casi el 25% de la deuda pública europea está ahora en manos de su banco central.

Nos debemos el 25% de nuestra deuda a nosotros mismos. Si devolvemos este dinero, tendremos que encontrarlo en algún lado, ya sea volviendo a pedir prestado para refinanciar la deuda en lugar de pedir prestado para invertir, ya sea subiendo los impuestos o recortando el gasto.

Hay otra manera. Como economistas, dirigentes y ciudadanos comprometidos de varios países, nos toca advertir que el BCE podría ofrecer hoy a los Estados europeos los medios para su reconstrucción ecológica, pero también para reparar los daños sociales, económicos y culturales causados por la terrible crisis sanitaria que sufrimos.

Esto no significa que los Estados miembros no hayan actuado, ya que se han adoptado medidas de protección. Pero siguen siendo muy insuficientes. El plan de rescate europeo, con una dotación de apenas 300.000 millones de euros en subvenciones durante tres años, está muy lejos de los dos billones de euros solicitados por el Parlamento Europeo. ¿Hace falta recordar que, antes de la crisis sanitaria, el Tribunal de Cuentas Europeo ya indicaba en 2018 una necesidad mínima de entre 300.000 y 400.000 millones de euros de inversión adicional al año para financiar la transición ecológica en Europa? Estamos muy lejos de esto, sobre todo con la crisis sanitaria.

No consideramos que la cancelación de la deuda pública, aunque esté retenida por el BCE, sea un hecho insignificante. Sabemos que las cancelaciones de deuda son momentos decisivos. Así ocurrió en la Conferencia de Londres de 1953, cuando Alemania se benefició de la condonación de dos tercios de su deuda pública, lo que le permitió volver a la prosperidad y afianzar su futuro en el espacio europeo. Pero, ¿no está Europa atravesando hoy una crisis de proporciones excepcionales que exigiría medidas igualmente excepcionales?

Por otro lado, contamos con la suerte de tener un acreedor que no teme perder su dinero: el BCE. Por tanto, nuestra propuesta es sencilla: hagamos un contrato entre los Estados europeos y el BCE. Este último se compromete a condonar las deudas públicas que posee (o a transformarlas en deudas perpetuas sin intereses), mientras que los Estados se comprometen a invertir las mismas cantidades en la reconstrucción ecológica y social. Estas cantidades alcanzan ya casi 2.500.000 millones de euros para toda Europa. Esta cantidad es suficiente para satisfacer las expectativas del Parlamento Europeo y, sobre todo, para salvaguardar el interés general.

Sin duda, el BCE puede permitírselo. Como reconoce un gran número de economistas, incluso entre los que se oponen a esta solución, un banco central puede operar con capital propio negativo sin dificultad. Puede incluso crear dinero para compensar estas pérdidas: así lo establece el Protocolo nº 4 anejo al Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. En segundo lugar, jurídicamente, en contra de lo que afirman algunos responsables de instituciones europeas, en particular el BCE, la anulación no está explícitamente prohibida por los tratados europeos. Por un lado, todas las instituciones financieras del mundo pueden renunciar a sus créditos y el BCE no es una excepción. En cambio, la palabra “cancelación” no aparece ni en el Tratado ni en el Protocolo sobre el Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC). Tal vez sería “contrario al espíritu del Tratado”, pero ¿no era también el caso del quantitative easing de Mario Draghi? En este asunto, solo cuenta la voluntad política: la historia nos ha demostrado muchas veces que las dificultades jurídicas se ven superadas por los acuerdos políticos.

Por último, queremos aclarar un malentendido: queda claro que la cancelación de la deuda pública por parte del BCE, aunque esté condicionada a su reinversión, no puede ser el alfa y el omega de cualquier política económica. En primer lugar, el BCE sólo intervendría para liberar el margen fiscal de los Estados miembros y, obviamente, no invertiría por sí mismo. Algunos piensan que las tasas de interés bajas o negativas en toda Europa son suficientes para empujar a los Estados a endeudarse para invertir. Esto no es lo que muestra la reducción constante del nivel medio de deuda pública en la Unión Europea entre 2015, cuando aparecieron las tasas negativas, y el inicio de la crisis sanitaria. Muchos Estados han reducido su nivel de endeudamiento en lugar de pedir préstamos para invertir, aunque las tasas sean negativas. ¿Por qué cambiaría esto? El pacto suscrito entre los Estados y el BCE impedirá esta estrategia de escape de responsabilidad. Pero, por supuesto, no será suficiente: hay que tomar otras medidas en materia de reforma de los criterios de deuda y déficit, de proteccionismo ecológico y solidario, de reformas fiscales destinadas a reducir el nivel de desigualdad… También hay que implementar una nueva gobernanza europea, en particular mediante la transición al voto por mayoría cualificada en asuntos fiscales.

Europa ya no puede permitirse el lujo de verse sistemáticamente bloqueada por sus propias normas. Otros Estados del mundo utilizan al máximo su política monetaria, en apoyo de la política fiscal, como China, Japón o Estados Unidos. El Banco de Japón utiliza su poder de creación monetaria para comprar acciones directamente en el mercado a través de fondos cotizados (ETF), convirtiéndose así en el mayor inversor del país. También deberíamos considerar la posibilidad de utilizar el poder de creación monetaria del BCE para financiar la reconstrucción ecológica y social bajo control democrático. La anulación de las deudas públicas que tiene, a cambio de inversiones de los Estados, sería un primer signo fuerte de que Europa está recuperando su destino.

Thomas Piketty es director de investigación en la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Cristina Narbona es vocal de la junta directiva de Economistas Frente a la Crisis. Nacho Álvarez es secretario de Estado de Derechos Sociales y secretario de Economía de Podemos. Steve Keen es profesor de Economía y Finanzas en la Universidad de Kingston. Firman además este texto: (...)"

(Thomas Piketty. Cristina Narbona, Nacho Álvarez , El País, 05/02/21) 

21.8.26

Paul Krugman: están subiendo los tipos de interés en todo el mundo... es un problema real... pero no hay pruebas de que Estados Unidos se enfrente a una crisis de deuda inminente al estilo de la griega... es importante que la futura administración demócrata (suponiendo que tengamos elecciones libres y justas en 2028) no ceda al pánico ante la magnitud de la deuda federal... no creo que Estados Unidos se enfrente a una crisis de deuda... no creo que vayamos a sufrir una crisis económica generalizada provocada por la pérdida de confianza de los inversores en que el Gobierno estadounidense, fuertemente endeudado, no pagará lo que debe... a diferencia de Grecia, que forma parte de la zona del euro, la economía estadounidense funciona con dólares y la deuda pública estadounidense está denominada en dólares... Esto es importante porque resulta muy difícil plantear un escenario de crisis de deuda al estilo griego en un país que se endeuda en su propia moneda. Por lo que yo sé —y he estudiado el tema a fondo—, no hay ejemplos históricos en los que esto haya ocurrido... Y el mensaje para los demócratas es claro: no dejéis que la «gente muy seria» haga lo que le hicieron a Obama, utilizando el alarmismo sobre una crisis de deuda para bloquear una agenda progresista... No estoy diciendo que los demócratas deban actuar como Trump e ignorar alegremente la deuda y los déficits. Por supuesto que deben impulsar subidas de impuestos a las rentas más altas, cerrar las lagunas legales que aprovechan las multinacionales, reforzar la aplicación de la normativa por parte del IRS y otras medidas... nuestro déficit sería mucho más manejable si primero Bush y luego Trump no hubieran impuesto a toda costa recortes fiscales que favorecían enormemente a los estadounidenses con rentas altas... Por lo tanto, los demócratas deberían proponerse restablecer la progresividad del sistema fiscal estadounidense, lo que contribuiría tanto a revertir nuestro descenso hacia la oligarquía como a hacer que el déficit presupuestario sea más manejable... la lección de los años de Obama es que no deben dejarse intimidar

"Argumentos contra el pánico en el mercado de bonos... No dejemos que la «gente muy seria» socave la agenda progresista… otra vez

Ayer escribí sobre cómo están subiendo los tipos de interés en todo el mundo. Reconocí que el aumento de los tipos supone un problema real, pero sostuve que no hay pruebas de que Estados Unidos se enfrente a una crisis de deuda inminente al estilo de la griega. Hoy hablaré de por qué es importante que la futura administración demócrata (suponiendo que tengamos elecciones libres y justas en 2028) mantenga la perspectiva y no ceda al pánico ante la magnitud de la deuda federal.

Sí, tal y como nos dicen los titulares de todos los periódicos, la deuda de EE. UU. acaba de alcanzar los 40 billones de dólares —una cifra redonda y enorme, pero que, por lo demás, no tiene ningún significado especial—. Más relevante es la increíble irresponsabilidad de la administración Trump, con sus recortes fiscales sin financiación que benefician de forma abrumadora a los ricos, los miles de millones en gasto militar superfluo —¡rediseñar portaaviones porque a Trump no le gusta su aspecto!— y mucho más. Sin embargo, no creo que Estados Unidos se enfrente a una crisis de deuda. En concreto, no creo que vayamos a sufrir una crisis económica generalizada provocada por la pérdida de confianza de los inversores en que el Gobierno estadounidense, fuertemente endeudado, no pagará lo que debe.

 En la entrada de ayer respaldé esa afirmación citando datos de mercado que muestran que a los inversores les preocupa poco que Estados Unidos incumpla el pago de su deuda o que intente inflar el valor real de la misma para diluirla. Sin embargo, aunque esos datos son importantes, como han señalado algunos lectores, no son definitivos, ya que los mercados a menudo no ven venir ni siquiera las crisis previsibles. Algunos recordamos muy bien la complacencia del mercado respecto al sector inmobiliario en la década de los 2000, a pesar de que las señales de una burbuja gigantesca estaban por todas partes.

Pero a cualquiera que afirme que los mercados están pasando por alto una crisis de deuda inminente habría que pedirle que explicara cómo, exactamente, podría desarrollarse dicha crisis. No se valgan de las crisis de deuda que afectaron a Grecia y a otros países del sur de Europa alrededor de 2010, porque nuestra situación es muy diferente: a diferencia de Grecia, que forma parte de la zona del euro, la economía estadounidense funciona con dólares y la deuda pública estadounidense está denominada en dólares.

Esto es importante porque resulta muy difícil plantear un escenario de crisis de deuda al estilo griego en un país que se endeuda en su propia moneda. Por lo que yo sé —y he estudiado el tema a fondo—, no hay ejemplos históricos en los que esto haya ocurrido. La lógica detallada y técnica de por qué no somos ni hemos sido nunca Grecia se explica en un artículo que presenté en la conferencia anual de investigación del FMI hace algunos años.

 Sin embargo, la cuestión de si se avecinaba una crisis de deuda en EE. UU. era de gran relevancia en el momento en que presenté ese artículo. ¿Por qué? Porque los «gente muy seria» utilizaban historias alarmistas sobre una posible crisis de deuda para exigir medidas de austeridad fiscal que retrasaron la plena recuperación de la crisis financiera mundial hasta el final del mandato de Obama, por no hablar de que exigían recortes en Medicare y la Seguridad Social.

¿Quiénes eran los «gente muy seria»? Algunos eran republicanos decididos a sabotear a Obama. Otros eran centristas engreídos. Y los medios de comunicación desempeñaron un papel importante. Como escribió Ezra Klein en 2013:

    "Por razones que nunca he llegado a entender del todo, las normas de neutralidad periodística no se aplican cuando se trata del déficit. En esta cuestión concreta, a los periodistas se les permite apoyar abiertamente un conjunto concreto de soluciones políticas muy controvertidas."

Los VSP, también conocidos como los «reprensores de la deuda», guardaron un extraño silencio una vez que Trump asumió el cargo por primera vez. De alguna manera, los recortes fiscales que suponían una enorme pérdida de ingresos y que enriquecían aún más a los que ya eran ricos no les alarmaron tanto como el estímulo fiscal destinado a combatir el desempleo masivo.

 Pero si los demócratas controlan el Congreso y la Casa Blanca en 2029, puedes estar seguro de que la «gente muy seria» volverá.

Paul Waldman publicó recientemente un excelente artículo sobre este tema, en el que hacía una predicción:

    "Sabemos exactamente lo que va a pasar en cuanto se elija a un demócrata como presidente; de hecho, ya se sentarán las bases durante la campaña de 2028. De repente, el déficit se convertirá en un asunto urgente que los demócratas tendrán que abordar, objeto de una cobertura mediática interminable y de una falsa preocupación por parte de los republicanos. Los planes demócratas para programas como la sanidad se enfrentarán una vez más a la pregunta: «Pero, ¿cómo vais a pagarlo?». Se barajarán propuestas para crear nuevas comisiones que recomienden recortes presupuestarios drásticos. Los críticos profesionales del déficit, procedentes de organizaciones como el Instituto Peterson, se verán una vez más inundados de solicitudes de los medios de comunicación. Y como los demócratas desean desesperadamente que se les considere «gente seria», tienden a reaccionar diciendo: «Oh, sí, nos tomamos el déficit muy en serio y estamos comprometidos a abordarlo», para luego verse maniatados en su capacidad de gobernar."

Exactamente. Y el mensaje para los demócratas es claro: no dejéis que la «gente muy seria» haga lo que le hicieron a Obama, utilizando el alarmismo sobre una crisis de deuda para bloquear una agenda progresista.

No estoy diciendo que los demócratas deban actuar como Trump e ignorar alegremente la deuda y los déficits. Por supuesto que deben impulsar subidas de impuestos a las rentas más altas, cerrar las lagunas legales que aprovechan las multinacionales, reforzar la aplicación de la normativa por parte del IRS y otras medidas. Esto podría marcar una gran diferencia: tal y como han demostrado Jared Bernstein y Bobby Kogan, nuestro déficit sería mucho más manejable si primero Bush y luego Trump no hubieran impuesto a toda costa recortes fiscales que favorecían enormemente a los estadounidenses con rentas altas: (gráfico)

Por lo tanto, los demócratas deberían proponerse restablecer la progresividad del sistema fiscal estadounidense, lo que contribuiría tanto a revertir nuestro descenso hacia la oligarquía como a hacer que el déficit presupuestario sea más manejable. Pero la lección de los años de Obama es que no deben dejarse intimidar por las alarmistas advertencias sobre una crisis de deuda inminente. Estas advertencias eran totalmente erróneas hace 15 años, y seguirán siéndolo en 2029, incluso si los tipos de interés se mantienen relativamente altos.

En resumen, no hay que ceder al pánico por la deuda."

(Paul Krugman , blog, 20/08/26, traducción DEEPL, gráfico en el original)

24.5.26

Según Adam Tooze, los "cuatro jinetes de la heterodoxia" que acechan a la economía son: nacionalizaciones, tipos de interés muy bajos, controles de precios y presión de los Estados sobre sus bancos centrales... en los entornos bursátiles y entre las élites financieras, esta crisis se ha encajado con mucha calma, la que aportan los beneficios extra, pero también con una extraña confianza en que será de corta duración... Gita Gopinath, execonomista jefe del FMI y profesora en Harvard, cree que no se trata tanto de que los mercados estén convencidos de que Trump vaya a dar marcha atrás y acepte una derrota en Irán, sino de que existe la confianza en que, como en otros momentos de crisis, los mercados contarán con un gran y duradero apoyo estatal. Si las cosas se ponen feas, los gobiernos acudirán al rescate... pero dado que el margen fiscal es limitado para un buen número de países, los gobiernos podrían desplegar estas medidas heterodoxas, para absorber el riesgo fiscal... Los dirigentes occidentales no se atrevían a sugerirlas, al menos en teoría, porque cuando llegaron las crisis algunas de ellas emergieron con la justificación de salvar la economía... Todos los Estados importantes han utilizado instrumentos heterodoxos en los últimos años y lo continuarán haciendo. Las nacionalizaciones de empresas en quiebra no han sido inusuales. Los gobiernos europeos seguirán inyectando dinero (unos más que otros, la capacidad fiscal alemana no es la misma que la española o la italiana), con los objetivos más diversos. El dogma alemán del déficit público cero lo han roto ellos mismos. La política industrial regresa de forma decidida... Esto no es una crisis, ni una sucesión de ellas, sino un cambio de orden. En la medida en que la circulación por los mares ya no es segura, en que la guerra ha hecho acto de aparición y que la carrera por el futuro entre EEUU y China, con especial énfasis en la inteligencia artificial, está lanzada, el orden anterior ya no es recuperable... En ese escenario, las medidas económicas heterodoxas aparecerán con más frecuencia y los países que las utilicen con mayor inteligencia abordarán la nueva época con mayor posibilidad de éxito (Esteban Hernández)

 "El primer ministro de la India, Narendra Modi, ha pedido a sus ciudadanos que usen el transporte público, eviten los viajes, trabajen desde casa, disminuyan el consumo de gasolina y diésel, reduzcan las compras de bienes importados, utilicen lo mínimo posible los fertilizantes y no compren oro. El cierre de Ormuz está causando perturbaciones serias en su país, al igual que ocurre en otros Estados asiáticos. En Europa, se han encendido las luces, pero todavía no suenan las alarmas. Y en los entornos bursátiles y entre las élites financieras, esta crisis se ha encajado con mucha calma, la que aportan los beneficios extra, pero también con una extraña confianza en que será de corta duración. Ken Griffin, CEO de Citadel, así lo subrayaba en la conferencia Milken, aunque avisaba de que las perturbaciones se vivirán de forma distinta según el ámbito geográfico: EEUU es una potencia energética y el cierre no le genera dificultades de abastecimiento, al contrario que a otros países. Otra cosa es que el bloqueo termine dañando de manera prolongada a los países en desarrollo, en cuyo caso la sacudida se notaría también en la economía estadounidense. Griffin no parecía demasiado preocupado, lo que resulta significativo en un momento tan incierto.

Esa divergencia en la percepción del riesgo entre los dirigentes políticos y el entorno inversor es explicada por Gita Gopinath, execonomista jefe del FMI y profesora en Harvard, desde una perspectiva realista. No se trata tanto de que los mercados estén convencidos de que Trump vaya a dar marcha atrás y acepte una derrota en Irán, sino de que existe la confianza en que, como en otros momentos de crisis, los mercados contarán con un gran y duradero apoyo estatal. Si las cosas se ponen feas, los gobiernos acudirán al rescate. Sin embargo, esta vez es distinto, porque no es tan fácil diseñar políticas que sean fiscalmente sostenibles y que apoyen el crecimiento a largo plazo. Como subraya Gopinath, dado que el margen fiscal es limitado para un buen número de países, los gobiernos podrían desplegar medidas heterodoxas, como el control de precios, los tipos muy bajos y la presión sobre los bancos centrales para absorber el riesgo fiscal.

Son medidas que resultaban aceptables para las dictaduras, pero que cualquier régimen democrático se negaba a adoptar

En los últimos tiempos, cuando se debía afrontar una crisis, los gobiernos inyectaban dinero en la economía. El problema añadido, y se vio durante el covid, era que las ayudas estaban destinadas mucho más a respaldar a las empresas cotizadas y a sus accionistas que a generar actividad económica. Esa es también parte de la divergencia actual entre la macroeconomía y la vida cotidiana. Sin embargo, la capacidad de seguir aumentando la deuda no es ilimitada, por lo que los mercados financieros empezarán a exigir de manera muy activa que los presupuestos públicos se ajusten. Entonces es cuando podrán aparecer esos instrumentos que Adam Tooze denomina "los cuatro jinetes de la heterodoxia": nacionalizaciones, tipos de interés muy bajos, controles de precios y presión de los Estados sobre sus bancos centrales.

Son el tipo de políticas que los mercados desprecian y temen, y que han estado proscribiendo durante años. Los dirigentes occidentales no se atrevían a sugerirlas: eran medidas que resultaban aceptables en las dictaduras, pero que cualquier régimen democrático se negaba a adoptar. Al menos en teoría, porque cuando llegaron las crisis algunas de ellas emergieron con la justificación de salvar la economía.

La teoría y la realidad

Sin embargo, es muy posible que tales instrumentos se vuelvan más frecuentes en estos tiempos. Si el margen de la inyección fiscal se acorta, se buscarán otros caminos. Son las cosas que nadie quiere hacer, y que nadie sugiere, pero de las que se echa mano cuando el resto de caminos aparecen cerrados. Tooze insiste en que son medidas que no deben demonizarse, que pueden ser útiles en determinados contextos y que deben utilizarse con prudencia y de manera pragmática. En esencia, lo que está de fondo es el debate sobre si el Estado debe intervenir en la economía o si, como se insistía hasta ahora, hay que dejar que el mercado opere por sí mismo.

El carácter progresista de Tooze y de otros economistas que ven adecuadas estas medidas provoca que, a menudo, la discusión derive hacia la ideología, hacia un enfrentamiento entre las distintas formas de gestión económica que propugnan la izquierda y la derecha.

Las medidas heterodoxas han sido utilizadas por los Estados importantes desde hace tiempo. En un contexto difícil, serán más frecuentes

Pero esas discusiones son ociosas. Todos los Estados importantes han utilizado instrumentos heterodoxos en los últimos años y lo continuarán haciendo. Las nacionalizaciones de empresas en quiebra no han sido inusuales. Los gobiernos europeos seguirán inyectando dinero (unos más que otros, la capacidad fiscal alemana no es la misma que la española o la italiana), con los objetivos más diversos. Antes fue la crisis de las 'subprime', más tarde la del covid y ahora la energía y la necesidad de rearme. El dogma alemán del déficit público cero lo han roto ellos mismos cuando lo han necesitado. EEUU no solo ha impuesto aranceles, sino que está priorizando las empresas nacionales en ámbitos muy significativos y Trump está presionando a la Fed. Rusia está en economía de guerra. China es otro nivel en cuanto a la dirección de la economía desde el Estado. La política industrial regresa de forma decidida. Lo cierto es que las medidas heterodoxas han estado presentes en los Estados importantes desde hace tiempo, por lo que resulta esperable que, en un contexto de dificultad, amplíen su ámbito de acción.

Mientras tanto, Europa sigue con su idea de derivar recursos públicos para destinarlos al rearme al mismo tiempo que se ajustan presupuestos y se quieren reformar las pensiones para reducir el gasto estatal. Europa está centrada en acabar con la regulación excesiva, con la búsqueda del déficit cero, y con la reforma de los planes de pensiones para evitar que los 'boomers' les roben el futuro a los jóvenes. Es la idea continuamente presente del regreso a la normalidad: todas las medidas que se han tomado fueron forzadas por contextos excepcionales y, en la medida que desaparezcan, se volverá a la ortodoxia, al sentido común económico, a lo de siempre y a lo bien hecho. Pero habría que preguntarse si no es justo eso "de siempre" lo que ha creado vulnerabilidades extremas a Europa al promover economías excesivamente dependientes del exterior en áreas críticas; si la normalidad a la que se pretende volver no es más que el regreso a aquellas políticas que desindustrializaron Europa salvo en ámbitos muy limitados, no generaron fuentes de energía propia y dañaron el poder adquisitivo y el nivel de vida de la mayoría de sus ciudadanos.

Lo que está de fondo es la búsqueda de fórmulas que permitan a los Estados transitar por una época complicada con rumbo firme

En segundo lugar, esa idea de la excepcionalidad es absurda. Esto no es una crisis, ni una sucesión de ellas, sino un cambio de orden. En la medida en que la circulación por los mares ya no es segura, en que la guerra ha hecho acto de aparición y que la carrera por el futuro entre EEUU y China, con especial énfasis en la inteligencia artificial, está lanzada, el orden anterior ya no es recuperable. Las armas, las finanzas, el papel del dólar, la seguridad en el abastecimiento energético y la protección frente a las turbulencias internacionales suponen un cambio sustancial de dirección. En el mejor de los casos, EEUU y China traerán el orden de nuevo mediante la fijación de esferas de influencia propias; en el peor, iremos hacia una inestabilidad internacional continua. En ese escenario, las medidas económicas heterodoxas aparecerán con más frecuencia y los países que las utilicen con mayor inteligencia abordarán la nueva época con mayor posibilidad de éxito. Lo que está de fondo no es una pelea de la izquierda contra la derecha, sino la búsqueda de fórmulas que permitan a los Estados transitar con mejor rumbo por una época complicada. En ese escenario, será el pragmatismo lo que guíe las acciones de los gobiernos mucho más que la ortodoxia." 

(Esteban Hernández, El Confidencial, 14/05/26)

23.3.26

A los bancos centrales les tiemblan las piernas... Durante décadas, los bancos centrales han hablado antes que nadie, diciendo lo que había que hacer... Por eso sorprende tanto la cautela e incuso el mutismo actual... Y ahí no hay mucho margen para el optimismo... La economía global está en tensión desde hace tiempo y los precios suben por múltiples factores: aranceles de Trump, concentración de los mercados, restricción crediticia, burbuja de la inteligencia artificial y, últimamente, por la guerra de Irán. Sin embargo, los bancos centrales siguen pensando en utilizar el único instrumento de siempre: los tipos de interés. Y el problema es evidente. Subir tipos enfría la demanda, pero no resuelve cuellos de botella ni abarata la energía. Lo que provoca, en cambio, es un efecto claro: encarece la financiación, frena la inversión y debilita la actividad... Y en economías deprimidas como la europea que crece al 0,9%, o en la de Estados Unidos afectada por los aranceles, eso podría ser una puntilla definitiva que las frenara en seco. Una vez más, subir ahora los tipos sólo beneficiaría a los grandes poseedores de capital y paralizaría aún más la actividad económica... La arquitectura de la política monetaria está mal diseñada y no es útil ante los problemas económicos... los bancos centrales empiezan a ser conscientes de ello... Hay que ampliar su mandato más allá del control de la inflación, incluyendo estabilidad financiera sistémica, prevención de burbujas de activos, sostenibilidad ambiental y objetivos de desarrollo sostenible, evaluando los efectos distributivos de cada decisión. Urge reformar su gobernanza y es fundamental institucionalizar la coordinación de su política monetaria con la política fiscal, no como subordinación, sino como arquitectura: protocolos formales, transparentes y sujetos a rendición de cuentas (Juan Torres López) (Juan Torres López)

"Durante décadas, los bancos centrales han hablado antes que nadie, diciendo lo que había que hacer y con la prepotencia típica de quien está seguro de que posee la verdad absoluta. Sus directivos han actuado siempre como árbitros de la política económica en general y únicos custodios de la credibilidad institucional.

Por eso sorprende tanto la cautela e incuso el mutismo actual. La presidenta Lagarde habla con desconocida modestia: «simplemente no podemos ofrecer una orientación«.  En la Reserva Federal, Powell, en lugar de pontificar como era habitual, se ha limitado a subrayar «la incertidumbre que rodea el shock del petróleo».

Estos días, los bancos centrales dan la imagen del jugador que mira desde el banquillo sin saber si el entrenador le va a pedir que salga al campo ni qué deberá hacer si tiene que jugar.

Una actitud muy distinta a la que adoptaron cuando estalló la guerra en Ucrania y los precios de la energía se dispararon. Inmediatamente mantuvieron que la inflación era de naturaleza monetaria y respondieron con su único instrumento: la subida de tipos. Sin importarle que la inflación tuviera un origen claramente externo; ni que subir el precio del dinero sobre unos costes energéticos ya disparados supusiera añadir más leña al fuego.

Prepotencia injustificada

La tradicional actitud prepotente de los bancos centrales ha sido siempre, cuando menos, llamativa, porque todos ellos cargan con un largo historial de predicciones erróneas y de consecuencias devastadoras.

Powell insistió en que la inflación postpandémica era «transitoria». No lo era. La presidenta Lagarde aseguró que sería «muy improbable» una subida de tipos en 2022. Los subió ese mismo año. El Banco de la Reserva de Australia prometió públicamente que los tipos no subirían hasta 2024; los subió en 2022.

No son anécdotas aisladas. Los estudios académicos muestran que las proyecciones de los principales bancos centrales han estado sistemáticamente sesgadas en la misma dirección (mostrando escenarios más optimistas que la realidad) y que sus errores, casualmente, siempre tienden a favorecer al sector financiero y a los grandes capitales.

Más independencia y poder, peor rendimiento

Es muy significativo que los grandes errores y fracasos de los bancos centrales se hayan producido precisamente cuando han disfrutado de total independencia y, además, siempre por la misma razón.

Siendo una de sus principales funciones garantizar la estabilidad financiera, resulta que la creciente independencia de los bancos centrales no ha evitado una mayor recurrencia de episodios de inestabilidad. La base de datos más reciente registra más de 151 crisis bancarias sistémicas de 1970 a 2019, 200 de deuda soberana desde 1960 y 414 cambiarias desde 1950: el período de mayor densidad de crisis de toda la historia documentada.

Ni siquiera se puede decir que la inflación se haya mantenido controlada gracias a la política monetaria, pues se moderó por factores estructurales: la integración de China que hundió los precios industriales en Occidente; y las políticas de recortes, el envejecimiento demográfico, la desigualdad y la debilidad inversora que han mantenido la economía con el freno puesto. Cuando esas fuerzas desaparecieron —con la pandemia y las guerras comerciales—, la inflación regresó con virulencia y los bancos centrales no supieron preverlo ni explicarlo.

Además, una cosa es domeñar un indicador estadístico y otra frenar las subidas de precios de lo que más importa. La inflación general acumulada en la UE entre 2010 y 2024 fue del 39%, pero los precios de la vivienda subieron el 53%. Mientras los precios de consumo se moderaban por factores estructurales, los activos —vivienda, bolsa, deuda— se encarecían, sin que los bancos centrales hayan sido capaces de evitarlo. Y esta inflación es la que más condiciona la vida económica real.

La razón por la que se producen tantos fallos, los errores continuos y graves de los bancos centrales es algo cada día más evidente. No son, como se quiere hacer creer, instituciones técnicas o neutrales. Como expliqué con detalle en mi libro Más difícil todavía, responden a un diseño ideológico basado desde los años ochenta en tres grandes pilares: la inflación es un fenómeno monetario, su independencia es un principio rector imprescindible para evitar expectativas inflacionistas y los tipos de interés son la herramienta necesaria y suficiente para influir sobre los precios.

El primero cae ante la evidencia: la inflación tiene múltiples causas y aplicar siempre la misma respuesta es como recetar el mismo tratamiento para cualquier enfermedad.

El segundo ha mostrado sus límites en las crisis. Durante la pandemia, la coordinación con los gobiernos fue inevitable, aunque improvisada y sin marco institucional claro.

El tercero es cada vez más cuestionado. Los tipos de interés no afectan por igual a todos los sectores ni garantizan una transmisión eficaz al conjunto de la economía.

¿Cambio de actitud o falta de rumbo?

A la vista de tantos fallos acumulados, cabe preguntarse si la moderación de estas últimas semanas significa que los bancos centrales se han dado cuenta de ese sesgo y de sus efectos nocivos y que, por tanto, están dispuestos a rectificar.

Naturalmente, no podemos saber lo que pasa por la cabeza de sus dirigentes, pero sí conocemos sus análisis y los instrumentos a los que se siguen aferrando para tomar medidas ante los problemas económicos. Y ahí no hay mucho margen para el optimismo.

La economía global está en tensión desde hace tiempo y los precios suben por múltiples factores: aranceles de Trump, concentración de los mercados, restricción crediticia, burbuja de la inteligencia artificial y, últimamente, por la guerra de Irán. Sin embargo, los bancos centrales siguen pensando en si utilizan o no el único instrumento de siempre: los tipos de interés. Y el problema es evidente. Subir tipos enfría la demanda, pero no resuelve cuellos de botella ni abarata la energía. Lo que provoca, en cambio, es un efecto claro: encarece la financiación, frena la inversión y debilita la actividad. Y no hay que ser un lince para darse cuenta de que, en economías deprimidas como la europea que crece al 0,9%, o en la de Estados Unidos afectada por los aranceles, eso podría ser una puntilla definitiva que las frenara en seco. Una vez más, subir ahora los tipos sólo beneficiaría a los grandes poseedores de capital y paralizaría aún más la actividad económica.

El silencio actual de los bancos centrales no es humildad. Es parálisis. No se parece al del sabio que calla porque sabe que las palabras precipitadas hacen daño. Es el del técnico que, ante un tablero de control para el que fue entrenado en condiciones de laboratorio, descubre que los indicadores no responden como el manual predice.

Lo que los hechos están imponiendo, con la fuerza acumulada de varios choques simultáneos, es el reconocimiento de que los modelos de los bancos centrales no sirven. Cada vez resulta más evidente que el único instrumento que utilizan produce efectos imprevisibles cuando los problemas son de naturaleza mixta y compleja. La arquitectura de la política monetaria está mal diseñada y no es útil ante los problemas económicos de nuestro tiempo.

Todo indica que los bancos centrales empiezan a ser conscientes de ello. Lo dicen, entre líneas, cuando admiten, como Lagarde, que no pueden «ofrecer orientación», o cuando Powell subraya la incertidumbre como si fuera una novedad y no la condición permanente de la economía real.

Por eso, ahora que el entrenador les dice que se preparen para salir al campo, les tiemblan las piernas.

Las reformas que se necesitan

Es un error alegrarse de la moderación y cautela actual de los bancos centrales. Es sólo una muestra de su impotencia que nos indica la urgencia de rediseñarlos profundamente.

Hay que ampliar su mandato más allá del control de la inflación, incluyendo estabilidad financiera sistémica, prevención de burbujas de activos, sostenibilidad ambiental y objetivos de desarrollo sostenible, evaluando los efectos distributivos de cada decisión.

Se debe redefinir la medición de la inflación, incluyendo el precio efectivo de la vivienda —no el alquiler equivalente hipotético— y los activos que realmente determinan el bienestar de las personas y la buena marga de las empresas.

Es imprescindible sustituir la brocha gorda de los tipos de interés por instrumentos quirúrgicos: coeficientes de capital contracíclicos, límites a la relación préstamo-valor en hipotecas, requisitos de liquidez sectoriales que actúen sobre los focos de fragilidad sin ahogar el conjunto de la economía…

Urge reformar su gobernanza: los órganos de gobierno de los bancos centrales son socialmente homogéneos, lo que genera puntos ciegos colectivos. Se necesita diversidad de enfoques, rendición de cuentas real ante los parlamentos y evaluaciones externas independientes.

Y es fundamental institucionalizar la coordinación de su política monetaria con la política fiscal, no como subordinación, sino como arquitectura: protocolos formales, transparentes y sujetos a rendición de cuentas.

El problema no es que los bancos centrales se equivoquen tanto. Es que actúan como si no pudieran equivocarse nunca. Y que se lo estamos permitiendo."

 (Juan Torres López , CTXT, 20/03/2026)

23.2.26

Euro digital: el puedo y no quiero del Banco Central Europeo... En un momento en el que Europa debate su autonomía estratégica, el dinero público digital podría haber sido una herramienta de transformación... se parece más a un “monedero digital” que a una auténtica nueva moneda de esa naturaleza, porque: Tendría un límite de 3000 euros por persona... No tendría remuneración y, al excluir el pago de intereses... No competirá estructuralmente con los depósitos privados... No supondrá una ampliación sustancial del dinero público en circulación... o sea, el euro digital nace diseñado para no transformar la arquitectura monetaria existente... la auténtica revolución financiera que ya ha empezado a darse, ofrece una oportunidad histórica para redefinir el papel del dinero público en la economía digital y para reforzar la autonomía de la Unión Europea... Una gran oportunidad perdida (Juan Torres López)

 "El Banco Central Europeo se suma a más de un centenar de bancos centrales que estudian o diseñan la emisión de nuevas monedas digitales. 

La idea suena ambiciosa, casi revolucionaria. Pero conviene aclarar las cosas porque –por lo que el propio BCE viene informando sobre su proyecto– parece que lo que va a crear se parece más a un “monedero digital” que a una auténtica nueva moneda de esa naturaleza.

El euro digital ya existe

El dinero es, en términos simples, cualquier cosa que sea aceptada generalmente como medio de pago. Hoy adopta formas distintas. Por un lado, está el dinero físico –monedas y billetes de euros– que es el dinero legal emitido por el banco central. Y por otro lado hay dinero digital (en nuestro caso, euro digital), que es el que utilizamos cada día a través de nuestras cuentas bancarias, tarjetas, transferencias o aplicaciones móviles. Este último no lo crea directamente el banco central, sino los bancos comerciales cuando conceden crédito. Es dinero bancario, digital, y constituye la inmensa mayoría del dinero en circulación.

Por lo tanto, el euro ya es fundamentalmente digital. Cuando pagamos con tarjeta o hacemos una transferencia no movemos billetes ni monedas, sino números en la cuenta de nuestro banco. Es decir, no es dinero que circule en forma de papel o metal, como los billetes y monedas, sino como apuntes electrónicos en los ordenadores de los bancos. Podemos convertirlo en billetes si queremos, pero mientras tanto son simplemente cifras anotadas en nuestra cuenta.

¿Qué es una moneda digital del banco central?

A diferencia del dinero bancario actual, que es dinero digital creado por la banca privada, una moneda digital de banco central (MDBC) es dinero emitido directamente por el banco central en formato digital y accesible al público en general.

Por tanto, para que lo sea en sentido pleno, debería reunir al menos las siguientes características:

– Emisión directa por el banco central, como lo son hoy los billetes y monedas.

– Acceso universal, de modo que cualquier persona o empresa pueda abrir una cuenta o mantener saldo directamente en el banco central, sin necesidad de intermediación bancaria para disponer de la titularidad del dinero.

– Convertibilidad plena y paritaria. Es decir, ser intercambiable uno a uno con el dinero físico y con los depósitos bancarios.

– Ausencia de límites cuantitativos o de topes de tenencia, para que pueda utilizarse exactamente igual y con los mismos fines que cualquier otra forma actual de dinero.

– Posibilidad de ser remunerado con intereses para que así el banco central pudiera convertir su gestión en un instrumento directo más de política monetaria.

– Capacidad de funcionar como medio de pago general. Es decir, ser utilizable en todo tipo de transacciones, tanto minoristas como electrónicas, en igualdad de condiciones frente a otras formas de dinero.

Si un instrumento reúne esas propiedades, ya no es simplemente un medio de pago digital más. Es una nueva forma de dinero público plenamente equiparable al efectivo, pero en formato digital.

Lo que al parecer se propone crear el Banco Central Europeo

Según la información difundida por el Banco Central Europeo, el euro digital que se propone crear tendría características y funcionalidades bastante diferentes a las anteriores. No sería una nueva moneda digital en sentido estricto por diferentes razones:

a) Se establecen límites cuantitativos a la tenencia de euros digitales, parece ser que de 3.000 euros por sujeto. Una restricción que impide que pueda utilizarse libremente como cualquier otra forma de dinero y limita su capacidad de convertirse en alternativa real a los depósitos bancarios.

b) No tendría remuneración y, al excluir el pago de intereses, el BCE renuncia a utilizarlo como instrumento directo y flexible de política monetaria. Evita así que compita en condiciones similares con otros activos líquidos.

c) No estaría diseñado para funcionar en igualdad plena frente a los depósitos bancarios.
El propio BCE ha señalado que su objetivo es evitar que la banca privada deje de ser la principal vía de intermediación financiera. Es decir, el diseño incorpora explícitamente la intención de que no sustituya ni compita estructuralmente con los depósitos privados.

d) No supondría una ampliación sustancial del dinero público en circulación.
En la práctica, el euro digital se nutriría principalmente de transferencias desde depósitos bancarios ya existentes, más que de una expansión neta del dinero emitido por el banco central.

Las ventajas del euro digital

A la vista de esto último, es fácil deducir que el euro digital que se propone crear el BCE cumpliría algunas características de una moneda digital del banco central, pero no todas las que podría tener en sentido pleno. No sería una moneda digital del banco central en su versión completa, sino una versión limitada y bastante acotada de esa posibilidad. Como dije, una especie de monedero digital sofisticado.

A pesar de ello, es cierto que tendría virtudes importantes 

En primer lugar, proporcionaría un nivel de seguridad superior al de los depósitos bancarios privados, cuya garantía depende en última instancia de mecanismos de respaldo y supervisión. Tener dinero directamente emitido por el banco central elimina el riesgo de insolvencia de una entidad comercial sobre ese saldo concreto.

En segundo lugar, reforzaría la autonomía europea en el ámbito de los pagos digitales, pues una parte significativa de nuestras infraestructuras actuales depende de redes y plataformas privadas, muchas de ellas fuera del control directo europeo. Aunque esto sólo se produciría en cierta medida, como expliqué en un artículo anterior.

En tercer lugar, el euro digital actuaría como contrapeso frente a la expansión de soluciones privadas –desde grandes plataformas tecnológicas hasta iniciativas cripto– en el ámbito monetario. 

En cuarto lugar, podría mejorar la eficiencia en los pagos al reducir costes de transacción, aumentar su velocidad, ofrecer interoperabilidad en toda la eurozona y permitir pagos digitales sin conexión a la red (si se diseña para que pueda ser así).

Finalmente, si se diseña adecuadamente, puede aumentar la inclusión financiera facilitando el acceso a pagos digitales a personas con menor acceso a servicios bancarios tradicionales. 

Las renuncias del Banco Central Europeo

La creación de un euro digital que no será una auténtica nueva moneda sino algo de bastante menos alcance, como hemos visto, supone que el BCE renuncia a ventajas e instrumentos muy relevantes que tienen las monedas digitales de los bancos centrales en sentido estricto y pleno.

Renuncia, en primer lugar, a que el euro digital se convierta en una alternativa real a los depósitos bancarios.

Renuncia también a la remuneración de esos saldos, lo que excluye su utilización como instrumento directo y flexible de política monetaria.

Al establecer un límite de depósito y excluir su remuneración, el BCE garantiza que el euro digital no se convierta en una alternativa significativa a los depósitos bancarios. El resultado es que la estructura actual de creación y gestión del dinero permanece intacta, con los mismos incentivos y vulnerabilidades que han caracterizado al sistema en las últimas décadas y que han hecho necesarias en demasiadas ocasiones intervenciones públicas muy costosas para sostener la estabilidad financiera.

El argumento que invoca el Banco Central Europeo para no ir más allá es la estabilidad financiera. Por un lado, como dice el propio BCE, para evitar que se produzca una desintermediación significativa de la banca privada. Es decir, que deje de ser el eje o centro principal de la captación de depósitos y de la provisión de crédito y medios de pago en Europa. Y, por otro, que se produzcan tensiones por salidas masivas de dinero si no se pone límite a la transferencia de depósitos hacia el euro digital. Pero el resultado de ese conservadurismo es claro y negativo: el euro digital nace diseñado para no transformar la arquitectura monetaria existente. 

La transición tecnológica en la que nos encontramos, la auténtica revolución financiera que ya ha empezado a darse, ofrece una oportunidad histórica para redefinir el papel del dinero público en la economía digital y para reforzar la autonomía de la Unión Europea. 

El Banco Central Europeo podría haberla aprovechado, pero ha optado por la versión más conservadora, neutra y cuidadosamente acotada del euro digital. Y cuando la innovación tecnológica avanza y proporciona oportunidades de cambio, elige mantener el equilibrio institucional, a pesar de los graves y recurrentes problemas que ya ha dado. 

En un momento en el que Europa debate su autonomía estratégica, el dinero público digital podría haber sido una herramienta de transformación. Con lo que proyecta hacer el BCE será, sin embargo y como mucho, un instrumento complementario que no podrá desplegar todo el enorme beneficio potencial de las auténticas monedas digitales de los bancos centrales. Una gran oportunidad perdida." 

( Juan Torres López , CTXT, 20/02/2026)

1.2.26

Hacia el control de la Reserva Federal... Kevin Warsh: el hombre de Wall Street... Warsh fue el enlace de la Reserva Federal para garantizar que los bancos fueran rescatados del desastre que ellos mismos habían provocado... cree que los gobernadores de la Reserva Federal «deberían ceñirse a su cometido en materia de inflación y no distraerse con cuestiones medioambientales o la distribución de la renta». Reducir las desigualdades no figura en la agenda de Warsh... Warsh no le preocupa que la Reserva Federal baje su tipo de interés oficial y provoque inflación, porque esta vez la inteligencia artificial va a salvar la situación al impulsar la productividad hasta tal punto que será una «fuerza deflacionista significativa»... Todo dependerá de ese aumento de la productividad gracias a la IA... Como dijo Mohamed El-Erian, ahora columnista del FT, sobre Warsh: «Creo que es una persona mucho más conocida y me siento cómodo con la mayoría de sus opiniones». Parece que los mercados financieros están de acuerdo: el dólar se recuperó bruscamente frente al oro tras la noticia de la nominación de Warsh, ya que es uno de los suyos (Michael Roberts)

 "Kevin Warsh, candidato del presidente Trump para sustituir a Jay Powell como presidente de la Reserva Federal el próximo mes de mayo, es el epítome de un insider de Wall Street y de los fondos de cobertura. Formado en la Universidad de Stanford y actualmente miembro de su escuela de posgrado, también forma parte del hermético Grupo Bilderberg, creado en la década de 1950 para elaborar estrategias para la preservación de la «democracia occidental» a medida que se intensificaba la Guerra Fría con la Unión Soviética. Está casado con la heredera de la empresa Estee Lauder. De joven, trabajó primero en Morgan Stanley, el banco de inversión estadounidense (de hecho, al mismo tiempo que yo, aunque nunca lo conocí).

Buen republicano, se convirtió en asesor de la administración Bush en materia de mercados financieros. Estuvo muy involucrado en la crisis financiera de 2008, convirtiéndose en el enlace entre la Reserva Federal, bajo la dirección de Ben Bernanke, y los bancos de Wall Street. Abogó por que los bancos de inversión en quiebra se convirtieran en «bancos» propiamente dichos para que pudieran recibir préstamos de la Reserva Federal para rescatarlos. De este modo, ayudó a salvar a su antiguo empleador, Morgan Stanley, de correr la misma suerte que Bear Stearns o Lehman Bros.

Así pues, Warsh fue el enlace de la Reserva Federal para garantizar que los bancos fueran rescatados del desastre que ellos mismos habían provocado. «Aportó mucha experiencia real, conocía a estas personas de Wall Street, sabía distinguir entre cuándo defendían sus intereses y cuándo nos proporcionaban información útil, y eso fue muy, muy valioso», afirmó Don Kohn, exvicepresidente de la Reserva Federal. El entonces presidente de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, el hombre que afirmaba estar «haciendo la obra de Dios» en Goldman Sachs, apreciaba mucho a Warsh. «Kevin era imperturbable en momentos caóticos»,

El mentor de Warsh es el multimillonario jefe de un fondo de cobertura, Stanley Druckmiller, quien también promovió al actual secretario del Tesoro, Scott Bessent. Druckmiller mantiene un contacto regular tanto con Bessent como con Warsh. De hecho, Warsh ha trabajado como socio en las operaciones de Druckmiller desde 2011.

Warsh había sido gobernador de la Reserva Federal, pero dimitió tras el rescate financiero cuando Obama asumió la presidencia y el presidente de la Fed, Bernanke, comenzó a aplicar una política de «flexibilización cuantitativa» (QE), en la que la Fed inyectó miles de millones en el sistema bancario para apoyarlo y mantener bajos los tipos de interés. Warsh se oponía a la QE. Era un buen defensor de la «escuela austriaca» y del libre mercado. Por lo tanto, consideraba que la inyección monetaria de la Fed provocaba «una mala asignación del capital en la economía y una mala asignación de la responsabilidad en nuestro Gobierno». Warsh creía desde hacía tiempo que los bancos centrales eran adictos a «imprimir dinero» y, por lo tanto, fomentaban «déficits del sector público temerariamente elevados». No quería una financiación excesiva de la economía ni un gasto público excesivo. Citando aquí a Chris Giles, del FT, cree que los gobernadores de la Reserva Federal «deberían ceñirse a su cometido en materia de inflación y no distraerse con cuestiones medioambientales o la distribución de la renta». Reducir las desigualdades no figura en la agenda de Warsh.

Como monetarista a la Milton Friedman, afirmó entonces que la expansión cuantitativa conduciría a una inflación galopante. Como ahora sabemos, no fue así. Como he demostrado en otras entradas, la teoría monetarista de la inflación es errónea porque asume que el dinero impulsa la oferta, cuando es al contrario, y no tiene en cuenta el «acaparamiento» o el aumento de la oferta monetaria que utiliza el sector financiero para especular y no para prestar a la economía en general. Eso es lo que ocurrió tras la crisis financiera de 2008-2009 y explica la inflación casi nula durante la larga depresión de la década de 2010.

Pero ahora, en 2026, tras el repunte inflacionista que siguió al final de la recesión pandémica, Warsh no le preocupa que la Reserva Federal baje su tipo de interés oficial y provoque inflación, porque esta vez la inteligencia artificial va a salvar la situación al impulsar la productividad hasta tal punto que será una «fuerza deflacionista significativa». Como dijo su mentor Druckenmiller: «Kevin cree firmemente que se puede tener crecimiento sin inflación».
La interesante contradicción es que Warsh sigue queriendo impedir que la Fed amplíe la oferta monetaria, ya que, en su opinión, eso es inflacionista. Por lo tanto, si la Fed reduce aún más su balance (como hizo durante un tiempo bajo la dirección de Powell), eso podría elevar los rendimientos de los bonos del Estado, a menos, por supuesto, que el Gobierno realice recortes significativos en el gasto y la inflación remita. Todo dependerá de ese aumento de la productividad gracias a la IA.

Como dijo Mohamed El-Erian, ahora columnista del FT y antiguo director del gigante fondo de bonos Pimco, sobre Warsh: «Creo que es una persona mucho más conocida y me siento cómodo con la mayoría de sus opiniones». Parece que los mercados financieros están de acuerdo: el dólar se recuperó bruscamente frente al oro tras la noticia de la nominación de Warsh, ya que es uno de los suyos." 

( Michael Roberts, blog, 31/01/26, traducción DEEPL)

13.1.26

"Esta nueva amenaza no se refiere a mi testimonio del pasado junio... La amenaza de cargos penales es consecuencia de que la Reserva Federal fija las tasas de interés con base en nuestra mejor evaluación de lo que beneficiará al público, en lugar de seguir las preferencias del presidente" dijo Jerome Powell, el presidente de la Reserva Federal. ¿Guerra por la Reserva Federal? El riesgo, como siempre con la administración Trump, es subestimar la enorme fuerza del radicalismo político y la violencia que han desatado... La fiscal federal de Washington D. C., Jeanine Pirro, quien autorizó la investigación sobre Powell, y la fiscal general Pam Bondi, han ordenado a las fiscalías federales que investiguen casos de posible abuso de poder fiscal... Así que el hilo conductor podría tener menos que ver con cuestiones más profundas de economía política que con la tensión autoritaria y abusiva que recorre el entorno de Trump y su deseo de eliminar cualquier tipo de resistencia... esto representa una desintegración más amplia de la coherencia de la élite estadounidense en torno al acuerdo constitucional, tal como era, y a las concepciones convencionales del Estado de derecho... Las instituciones no importan. Lo único que importa son los flujos de dinero y poder. En cuanto a la economía política, estamos en un momento de absoluto nihilismo... Esta es una historia en desarrollo. El mercado podría despertar. Será interesante observar la reacción de los republicanos más tradicionales en el Congreso (Adam Tooze)

 "La administración Trump, o algunas partes de ella, le han declarado la guerra a la Reserva Federal de Estados Unidos. Vale la pena ver la declaración emitida por el presidente de la Fed, Jerome Powell, el domingo en respuesta a la amenaza de una investigación criminal

El pasaje clave de la transcripción está aquí:

'Esta nueva amenaza no se refiere a mi testimonio del pasado junio ni a la renovación de los edificios de la Reserva Federal. No se refiere a la función supervisora ​​del Congreso; la Reserva Federal, mediante testimonios y otras divulgaciones públicas, hizo todo lo posible por mantener al Congreso informado sobre el proyecto de renovación. Esos son pretextos. La amenaza de cargos penales es consecuencia de que la Reserva Federal fija las tasas de interés con base en nuestra mejor evaluación de lo que beneficiará al público, en lugar de seguir las preferencias del presidente. Se trata de si la Reserva Federal podrá seguir fijando las tasas de interés con base en la evidencia y las condiciones económicas, o si, en cambio, la política monetaria se verá dirigida por la presión política o la intimidación.'

Como comentó Cameron Crise en Bloomberg: «Powell se ha esforzado denodadamente por negarse a hacer comentarios sobre todos los temas y presiones políticas a lo largo de su mandato, pero las citaciones del Departamento de Justicia fueron evidentemente la gota que colmó el vaso, y el jefe de la Reserva Federal finalmente dijo lo que pensaba en voz alta…»

¿Será este “The Big One”, el legendario y largamente esperado terremoto que hará caer el peso de los mercados de bonos del mundo sobre el radical experimento MAGA de Trump 2.0?

No es de sorprender que haya habido un aumento en las conversaciones sobre la degradación en Internet.

El oro y la plata son los beneficiarios, no el bitcoin. El oro y la plata siguen subiendo, mientras que el bitcoin se mantiene un 20 % por debajo de sus máximos.

Y ciertamente se puede argumentar que la independencia del banco central es una de las fallas más peligrosas de la crisis del neoliberalismo. El año pasado me pareció interesante el artículo de Dominik A. Leusder en Jacobin sobre este tema, en el que (cambiando de metáforas) compara a Powell con Thomas Becket:

'Becket sirvió inicialmente como Lord Canciller, la mano derecha del Rey, equivalente a un visir en el Imperio Otomano o un mayordomo en la dinastía merovingia, y análogo a una versión ideal de la relación entre los bancos centrales y los gobiernos electos. Cansado de la oposición de la Iglesia y ante las difíciles circunstancias financieras, Enrique nombró a su amigo Becket arzobispo de Canterbury. Pero en su nueva y poderosa posición, al carecer de la cooperación del Rey para oponerse a los otros poderosos señores feudales de la corte, las funciones del arzobispo Becket terminaron siendo contrarias a los intereses de su rey. En 1170 d. C., yacía muerto en el suelo de su catedral. En la lucha entre el poder clerical y el secular, este último siempre ha prevalecido. Y si bien es cierto que, como actor del mercado, nunca se debe apostar contra la Reserva Federal, cuando se trata de que la Reserva Federal se enfrente al ejecutivo: no se debe apostar contra el Estado.'

(...)

Una cosa es hablar de independencia de la Reserva Federal cuando la carga de intereses es moderada. Pero cuando esta carga empieza a influir significativamente en el balance fiscal, la situación se complica, ya que una decisión «independiente» de la Reserva Federal de subir los tipos tiene un enorme impacto en todo el presupuesto. La política monetaria se convierte de facto en política fiscal y la independencia del banco central se ve sometida a presión desde otro ángulo. Esto nos remonta a la década de 1940 y a las tensas relaciones entre el Tesoro de Estados Unidos y la Reserva Federal durante y después de la Segunda Guerra Mundial .

Pero el riesgo, como siempre con la administración Trump, es subestimar la enorme fuerza del radicalismo político y la violencia que han desatado. ¿Se trata de economía política? ¿O de guerras culturales y de la campaña contra el Estado profundo liberal?

Me recordó el notable artículo sobre Russell Vought escrito por Andy Kroll en ProPublica. Se cree que Vought es uno de los enemigos más inveterados de Powell en la administración:

'Vought es un opositor declarado del statu quo. Uno de los pocos conservadores prominentes que adopta la etiqueta de «nacionalista cristiano», una vez dijo ante una audiencia que «la frase es demasiado precisa como para eludir el término… Soy cristiano. Soy nacionalista. Se suponía que fuéramos una nación cristiana». La democracia estadounidense, ha dicho, ha sido secuestrada por jueces corruptos que dictan leyes desde el estrado y por una clase permanente de burócratas gubernamentales que quieren impulsar políticas «conscientes» diseñadas para dividir a los estadounidenses y silenciar a sus oponentes políticos. «La cruda realidad en Estados Unidos es que nos encontramos en las últimas etapas de una completa toma de control marxista del país, en la que nuestros adversarios ya poseen las armas del aparato gubernamental», dijo Vought en 2024, durante una conferencia organizada por el Centro para la Renovación de América, un grupo de expertos sin fines de lucro que también fundó. «Y nos la han dirigido». La lucha central de nuestro tiempo, dice, enfrenta a los defensores de este orden «posconstitucional» —lo que él llama el «cártel» o el «régimen», que en su relato incluye a demócratas y republicanos— contra un grupo de «constitucionalistas radicales» que luchan por destruir el estado profundo y devolver el poder a la presidencia y, en última instancia, al pueblo. Vought se considera miembro de este último grupo, que, en su opinión, también incluye a figuras de la derecha como el estratega político Steve Bannon y Stephen Miller, el arquitecto de la campaña de deportación masiva de Trump. «Queremos que los burócratas se vean afectados traumáticamente», dijo en un discurso privado en 2023. «Cuando se despierten por la mañana, queremos que no quieran ir a trabajar, porque cada vez se les ve más como los villanos». El constitucionalista radical por excelencia, dice Vought, es Donald Trump. En opinión de Vought, Trump, objeto de cuatro acusaciones formales durante su mandato, es una figura singular en la historia de la república estadounidense, un líder que en su día fue perseguido y que regresa al poder para derrotar al Estado profundo. «Tenemos en Donald Trump a un hombre en una posición única para desempeñar este papel, un hombre cuyos intereses se alinean perfectamente con los del país», declaró Vought en su discurso de 2024. «Ha visto lo que le han hecho y lo que intentan hacerle al país. Eso no es más que un regalo de Dios». Como lo expresó Bannon, sentado en el escenario con Vought en una conferencia a puerta cerrada en 2023, Trump es «un instrumento muy imperfecto, ¿verdad? Pero es un instrumento del Señor».'

Tras la cobertura de Bloomberg, parece que entre quienes apretaron el gatillo el viernes podrían estar compinches de Trump como Bill Pulte de la FHFA o el Departamento de Justicia. La fiscal federal de Washington D. C., Jeanine Pirro, quien autorizó la investigación sobre Powell, y la fiscal general Pam Bondi, han ordenado a las fiscalías federales que investiguen casos de posible abuso de poder fiscal.

Así que el hilo conductor podría tener menos que ver con cuestiones más profundas de economía política que con la tensión autoritaria y abusiva que recorre el entorno de Trump y su deseo de eliminar cualquier tipo de resistencia. Es mejor pensar en este momento junto con los innumerables videos de acciones abusivas del ICE y los tuits fascistas del Departamento de Seguridad Nacional, en lugar de narrativas sobre Volcker y 2008.

En ese sentido, esto no representa solo una disputa específica sobre la Reserva Federal como institución central de la economía política, sino una desintegración más amplia de la coherencia de la élite estadounidense en torno al acuerdo constitucional, tal como era, y a las concepciones convencionales del Estado de derecho. Algo que los fanáticos de MAGA saben con certeza es que la Reserva Federal, aunque goza de cierta autoridad entre los independientes, no es respetada por su propia base. Los partidarios acérrimos de MAGA llevan mucho tiempo convencidos de que la Reserva Federal es otro bastión del liberalismo establecido, hostil a Trump y a todo lo que representa.

Y lo verdaderamente revelador hasta ahora es que, incluso cuando estalló la guerra por la Reserva Federal en Washington, en Nueva York, el mercado del Tesoro estadounidense apenas se inmutó. Los operadores de metales preciosos que operan con devaluación ven confirmadas todas sus previsiones. Pero a los grandes capitales que operan en el mundo de la deuda soberana y el dinero fiduciario, simplemente no parece importarles.

Al menos en el momento de escribir estas líneas, a primera hora de la mañana del lunes, no hay señales de pánico.

Dario Perkins seguramente tiene razón, como suele tener: el mercado de bonos del Tesoro se preocupará mucho por la Fed cuando haya que tomar decisiones macroeconómicas difíciles. Y ahora mismo no es así. Aunque la administración Trump quiere más recortes de tipos, la Fed no se muestra exactamente en una postura agresiva. Incluso desde la perspectiva trumpiana, Powell está dando largas en lugar de desafiar al presidente. El conflicto solo se agudizaría si la inflación en EE. UU. aumentara. Entonces, la Fed se sentiría obligada a responder subiendo los tipos, lo que realmente provocaría un alboroto y desataría la furia de Trump. Hasta entonces, según se dice a las 7:30 a. m. del lunes, esto es un dilema. O mejor dicho, es una historia como las del ICE, un asunto que no debería preocupar realmente a los mercados.

Pero, si esto es cierto, si es cierto que a los mercados solo les importan los aspectos técnicos de la macroeconomía, que ignorarán un intento transparente de coaccionar legalmente al presidente de la Reserva Federal, esto subraya la pérdida de coherencia política dentro de la élite estadounidense. Las instituciones no importan. Lo único que importa son los flujos de dinero y poder. En cuanto a la economía política, estamos en un momento de absoluto nihilismo.

Esta es una historia en desarrollo. El mercado podría despertar. Será interesante observar la reacción de los republicanos más tradicionales en el Congreso. Hasta ahora, las protestas más fuertes y significativas han provenido de figuras del establishment republicano :

'El senador Thom Tillis, un republicano clave en el Comité Bancario que no se postula a la reelección, prometió oponerse a cualquier nominación de Trump a la Reserva Federal hasta que se resuelva el asunto. «Si aún quedaba alguna duda sobre si los asesores de la Administración Trump están presionando activamente para acabar con la independencia de la Reserva Federal, ya no debería haber ninguna», declaró Tillis en un comunicado. «Ahora están en tela de juicio la independencia y la credibilidad del Departamento de Justicia». «Me opondré a la confirmación de cualquier nominación para la Reserva Federal, incluida la próxima vacante de su presidente, hasta que este asunto legal se resuelva por completo», declaró Tillis, quien también forma parte del Comité Judicial, organismo que supervisa el Departamento de Justicia.'

Pero lo importante aquí es que Tillis no se postulará para la reelección." 

(Adam Tooze , blog 12/01/26, traducción Gaceta Crítica)

20.12.25

Brasil y su revolución financiera... Creado en 2020 por el Banco Central, el sistema de pago instantáneo Pix solivianta a la banca privada, pero trae consigo una cascada de beneficios para la economía y la soberanía del país... En Brasil, ningún vendedor de playa, tienda o gran cadena de distribución concibe prescindir de Pix, que se ha propagado a la velocidad del rayo por todo el país... Para efectuar una compra, el consumidor abre en su móvil el espacio Pix dentro de la aplicación de su banco comercial, introduce la clave Pix del vendedor (por ejemplo, su número de teléfono) o escanea un código QR en el terminal de pago... Pix sirve para efectuar cualquier transferencia de moneda de un punto a otro; por ejemplo, entre amigos, sea cual sea la entidad financiera de unos y otros. En todos los casos, las cuentas están debitadas o acreditadas a través de una vía de pago instantáneo (SPI) creada por el BCB. Además, es gratis para las personas físicas o cobra una reducida comisión del 0,2% a las personas jurídicas (Julien Dourgnon)

 "Creado en 2020 por el Banco Central, el sistema de pago instantáneo Pix solivianta a la banca privada, pero trae consigo una cascada de beneficios para la economía y la soberanía del país.

En Brasil, ningún vendedor de playa, tienda o gran cadena de distribución concibe prescindir de Pix. Este sistema de pago instantáneo, ideado, operado y regulado por el Banco Central Brasileño (BCB), lanzado en 2020, se ha propagado a la velocidad del rayo por todo el país.

Para efectuar una compra, el consumidor abre en su móvil el espacio Pix dentro de la aplicación de su banco comercial, introduce la clave Pix del vendedor (por ejemplo, su número de teléfono) o escanea un código QR en el terminal de pago. Es un procedimiento simple y rápido que se aplica a las transacciones efectuadas en un punto de venta físico y en una compra por Internet.

Desde un punto de vista más general, Pix sirve para efectuar cualquier transferencia de moneda de un punto a otro; por ejemplo, entre amigos, sea cual sea la entidad financiera de unos y otros. En todos los casos, las cuentas están debitadas o acreditadas a través de una vía de pago instantáneo (SPI) creada por el BCB. Da igual la hora del día o de la noche, 350 días al año, con total seguridad y en tiempo real (frente a de 2 a 28 días en el caso de las tarjetas bancarias).Además, es gratis para las personas físicas o cobra una reducida comisión del 0,2% a las personas jurídicas. (...)" 

(Julien Dourgnon, attac España, 17/12/25, Publicado en Alternativas Económicas )

13.10.25

Ann Pettifor: La verdadera razón de los ataques trumpistas a la gobernadora negra de la Reserva Federal, Lisa Cook... quién pronunció un discurso que ayuda a entender que ese mandato de la FED -para el máximo empleo- es ahora cuestionado tanto por los republicanos en el Congreso, como por grandes nombres de Wall Street... Así se revela la verdadera motivación de los ataques cada vez más personales contra la gobernadora Lisa D. Cook... Los economistas y políticos conservadores de derechas llevan mucho tiempo oponiéndose al mandato de máximo empleo... Es fácil ver por qué los financieros -y los multimillonarios de la tecnología de Silicon Valley- querrían eliminar el mandato de pleno empleo. Se espera que los robots y la inteligencia artificial desplacen a la mano de obra humana y aumenten los beneficios... Es menos fácil entender por qué los sindicatos estadounidenses y los representantes del partido demócrata no luchan contra este ataque a los derechos de todos los trabajadores estadounidenses, valientemente defendidos por una gobernadora negra de la Reserva Federal

 "¿Por qué el feroz ataque trumpista a una gobernadora concreta de la Reserva Federal: la economista Lisa Deneil Cook? ¿Y qué tiene eso que ver con la decisión del presidente republicano del Comité de Servicios Financieros de la Cámara, de atacar simultáneamente el mandato de máximo empleo de la Fed?

La respuesta inmediata y más extendida a la primera pregunta es que la administración Trump es abiertamente racista - y persigue sin pudor ataques contra la población negra y morena como muestra este artículo del New York Times (08/10/2025): (...)

 Pero creo que las acciones de los republicanos en el Congreso revelan otra verdad profunda detrás del ataque a la gobernadora Lisa Cook, que tiene graves implicaciones tanto para los estadounidenses blancos como para los negros. Se trata del doble mandato de la Reserva Federal, o lo que los economistas describen como la "misión macroeconómica" del Sistema de la Reserva Federal.

El doble mandato - "promover eficazmente los objetivos de máximo empleo, precios estables y tipos de interés a largo plazo moderados"- se especificó originalmente en la Ley de la Reserva Federal de 1913 y se aclaró recientemente mediante una importante enmienda a la Ley de la Reserva Federal en 1977.

¿Qué ocurrió en 1977 para que se reforzara el mandato de la Reserva Federal en materia de empleo? 

 La respuesta a esa pregunta se encuentra en un post de la página web de la Reserva Federal: un discurso pronunciado el 25 de marzo de 2024 en la Universidad de Harvard y titulado: El doble mandato y el equilibrio de riesgos.

La autora es la Gobernadora Lisa D. Cook (1)

 El discurso de la Sra. Cook explica tanto los cambios realizados en 1977, como nos ayuda a entender por qué ese mandato -para el máximo empleo- es ahora cuestionado tanto por los republicanos en el Congreso, como por grandes nombres de Wall Street (ver más abajo)- y sus seguidores en la administración Trump.

Por qué se modificó el mandato de la Fed en 1977

En general, se admite que las raíces del objetivo de la Reserva Federal de lograr el máximo empleo se encuentran en la Ley de Empleo de 1946, inspirada en el discurso sobre el Estado de la Unión de 1944 del presidente Roosevelt, en el que pedía "una segunda carta de derechos", es decir, "una carta de derechos económicos" que incluyera "el derecho a un trabajo útil y remunerado en las industrias o comercios o granjas o minas de la Nación". La posterior Ley de 1946 exigía a todo el gobierno federal "promover el máximo empleo, producción y poder adquisitivo".

 Pero como explicó la Sra. Cook en su discurso, era raro que la Reserva Federal se refiriera a este mandato legal al explicar las decisiones de política monetaria. Por ejemplo, el informe anual de la Junta de la Reserva Federal correspondiente a 1975 señalaba que en las declaraciones públicas sobre política monetaria realizadas durante el año por el Presidente de la Reserva Federal, éste había señalado "las elevadísimas tasas de desempleo y de capacidad industrial ociosa que prevalecían en ese momento" como un factor que influía en las decisiones del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC). Pero el mismo informe anual no hacía referencia alguna a la Ley de Empleo.

Para el movimiento por los derechos civiles de los negros no había ninguna duda de que la Ley de Empleo de 1946 debía ser una prioridad absoluta. Como explica la Sra. Cook, desde sus primeros días, el movimiento por los derechos civiles incluyó el pleno empleo en una lista de objetivos económicos considerados necesarios para alcanzar las metas de libertad e igualdad política para todos.

Uno de los más dedicados defensores de los derechos económicos fue un activista de los derechos civiles que, desde que asistió a la Convención Nacional Progresista de 1948, en la que se debatieron los derechos económicos junto con otras cuestiones, siguió comprometido con el objetivo del pleno empleo. 

 Esa activista era Coretta Scott King, esposa de Martin Luther King.

Tras el asesinato de su marido en 1968, Coretta King continuó su labor en favor de la no violencia, los derechos civiles y la paz, pero se centró especialmente en su programa de justicia económica. Cuatro días después de la muerte de MLK, en un discurso en el Ayuntamiento de Memphis, dijo que el derecho al empleo había estado en su mente: "Todo hombre merece el derecho a un trabajo o a unos ingresos", dijo. "Nuestra gran nación... tiene los recursos, pero su pregunta" (se refiere a la pregunta del Dr. King) "era: ¿Tenemos la voluntad?".

Un mes más tarde, encabezó en Washington una marcha largamente planeada, conocida como la Campaña de los Pobres, para presionar por la vuelta de las tropas a casa y la creación de puestos de trabajo y oportunidades económicas, con el pleno empleo entre las principales reivindicaciones.

 En 1974, King se unió al movimiento obrero para crear el Comité Nacional para el Pleno Empleo/Consejo de Acción para el Pleno Empleo. Testificó y recorrió los pasillos del Congreso, ejerciendo el tipo de presión y formación de coaliciones por el que era conocido Louis E. Martin, activista de los derechos civiles y asesor de tres presidentes, escribe Lisa Cook. Ese trabajo culminó en 1975, con las primeras versiones de lo que se convertiría en la Ley Humphrey-Hawkins. En términos generales, la ley establecía prioridades económicas para el gobierno federal centradas en la promoción de empleos bien remunerados para todos los estadounidenses. Humphrey-Hawkins estableció los objetivos de máximo empleo, precios estables, presupuesto equilibrado y equilibrio del comercio exterior, y los definió fijando metas numéricas. Coretta Scott King testificó a favor de la legislación y de su mandato de máximo empleo.

En la práctica, los objetivos numéricos de la Ley Humphrey-Hawkins no eran jurídicamente vinculantes. Pero uno de los legados innegables de Humphrey-Hawkins es cómo, a medida que se acercaba su probable aprobación, sus objetivos de empleo e inflación quedaron consagrados en las enmiendas de 1977 a la Ley de la Reserva Federal, estableciendo el doble mandato de máximo empleo y precios estables.

 Ataques trumpistas al mandato de máximo empleo

Los economistas y políticos conservadores de derechas llevan mucho tiempo oponiéndose al mandato de máximo empleo. Hoy, como informa Jennifer Schonberger, el Congreso liderado por los republicanos ha renovado los ataques contra el mandato de máximo empleo de la Fed:

    "El presidente del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, French Hill (republicano de Arkansas), ha presentado un nuevo proyecto de ley que trataría de poner fin al doble mandato de la Reserva Federal para que los responsables políticos del banco central pudieran centrarse exclusivamente en un objetivo: controlar la inflación.

    "Durante demasiado tiempo, la Reserva Federal se ha debatido entre objetivos contrapuestos. Es hora de volver a un enfoque claro y singular: proteger los bolsillos de las familias estadounidenses manteniendo la inflación bajo control", dijo Hill en un comunicado."

 En el Financial Times, Ed Yardeni, descrito por Wikipedia como:

   "economista estadounidense de origen israelí y presidente de Yardeni Research, que ofrece estudios económicos y recomendaciones a sus clientes."

escribe que

    "Quizá haya llegado el momento de deshacerse del doble mandato de la Fed, que exige al banco central alcanzar el máximo empleo y la estabilidad de precios."

Así se revela la verdadera motivación de los ataques cada vez más personales contra la gobernadora Lisa D. Cook.

Es fácil ver por qué los financieros -y los multimillonarios de la tecnología de Silicon Valley- querrían eliminar el mandato de pleno empleo. Se espera que los robots y la inteligencia artificial desplacen a la mano de obra humana y aumenten los beneficios.

Es menos fácil entender por qué los sindicatos estadounidenses y los representantes del partido demócrata no luchan contra este ataque a los derechos de todos los trabajadores estadounidenses, valientemente defendidos por una gobernadora negra de la Reserva Federal. 

 (1) Agradezco a Jeremy J.R. Smith que me alertara sobre el documento del gobernador." 

(Ann Pettifor , blog, 09/10/25, traducción DEEPL, enlaces en el original) 

29.9.25

¿China imperialista? Las principales economías periféricas (incluida China) están transfiriendo miles de millones en valor al Norte imperialista a través de estas vías de comercio y flujos de capital, aunque es cierto que el fenomenal auge de China como potencia manufacturera ha reducido cada vez más e incluso revertido sus pérdidas de valor en el comercio con el Norte Global. Pero, como ha demostrado un estudio, el cambio de China de perdedor neto a ganador neto en el comercio internacional se debió casi en su totalidad a las elevadas inversiones y los avances tecnológicos, es decir, a una composición de capital en aumento. Por lo tanto, mi conclusión fue que China aún no encajaba en el perfil de una economía imperialista (Michael Roberts)

 "La conferencia de 2025 de la Iniciativa Internacional para la Promoción de la Economía Política (IIPPE) acaba de celebrarse en Ankara, Turquía. La IIPPE se fundó en 2006 con el objetivo de «desarrollar y promover la economía política en sí misma, pero también a través de un compromiso crítico y constructivo con la economía dominante, las alternativas heterodoxas, la interdisciplinariedad y el activismo entendido en sentido amplio, desde la formulación de políticas progresistas hasta el apoyo a movimientos progresistas». La intención de la IIPPE «es desarrollar y promover la economía política, especialmente, pero no exclusivamente, la economía política marxista».

No pude asistir a la conferencia en Ankara, pero participé en algunas sesiones en línea organizadas por el Grupo de Trabajo sobre China del IIPPE y presenté una ponencia en una de ellas. Sin embargo, también pude obtener algunos de los documentos presentados por los participantes en la conferencia principal. Por lo tanto, puedo dar mi opinión sobre algunos de los documentos presentados.

El tema principal de la conferencia de este año fue «Inmigración: crisis del sistema capitalista mundial, crisis para el sistema capitalista mundial», y la ponente plenaria fue Hannah Cross, de la Universidad de Westminster. En 2021, Hannah Cross escribió un importante libro que ofrece una perspectiva marxista sobre la inmigración, titulado Migration Beyond Capitalism (Migración más allá del capitalismo).

En su libro, Cross argumentaba que la migración global estaba impulsada por la necesidad de mano de obra barata del capital. Se fomentaba la inmigración para proporcionar un «ejército de reserva de mano de obra» que mantuviera los salarios bajos y también dividiera a los trabajadores. Esta migración también provocó la salida de un número considerable de trabajadores sanos (a menudo los más cualificados y con mayor nivel de estudios) de sus países de origen en busca de trabajo, lo que se conoce como «fuga de cerebros».

En su libro, Cross utiliza estudios sobre migración para demostrar que los regímenes fronterizos tienen muy poco efecto sobre el volumen total de la migración, que depende principalmente de las condiciones en los países de origen de los migrantes y de las oportunidades del mercado laboral en los países de acogida. Además, existe poca o ninguna relación entre el volumen de migración a una zona y las actitudes antimigrantes en esa zona; más bien, lo que provoca las actitudes antimigrantes es la intensificación de los sistemas fronterizos.

Con el aumento del calentamiento global, la migración se acelerará en la próxima década. Esto aumentará la contradicción entre los trabajadores nativos y los trabajadores inmigrantes, por lo que es probable que aumenten las actitudes nacionalistas y racistas. Pero Cross sostiene que, al igual que existe una base material para la división entre los trabajadores bajo el capitalismo, también debe existir una base material para la unidad. Una vez más, es el propio sistema capitalista el que proporciona esta base material. El capitalismo plantea a los trabajadores problemas comunes a los que enfrentarse y luchas que emprender, y estas luchas a menudo resuenan más allá de las fronteras. Poner fin al imperialismo en el Sur Global es una condición previa para acabar con las fronteras para la inmigración en el Norte Global.

Hay mucho más que decir sobre la migración y hubo varios documentos sobre el tema en el IIPPE sobre los que no puedo comentar. Así que pasaré a hablar de China. El Grupo de Trabajo sobre China del IIPPE celebró una serie de presentaciones en talleres antes de la conferencia oficial y también sesiones en la propia conferencia. Uno de los talleres versó sobre «China no es imperialista». Se trata de una cuestión controvertida entre los marxistas, muchos (¿la mayoría?) de los cuales consideran que China es tanto capitalista como imperialista, y esa cuestión también se debatió en las sesiones sobre China.

Presenté un artículo sobre si China era imperialista, basándome en las categorías clave de Lenin para el imperialismo, en particular sobre cómo los Estados imperialistas pasaron de la dominación colonial directa a la dominación económica a través de empresas monopolísticas que dominaban el comercio y mediante la exportación de capital para explotar a los pueblos de lo que ahora llamamos el Sur Global. En mi ponencia, sostuve que actualmente hay cuatro formas en que el capital del llamado Norte Global obtiene transferencias de plusvalía del capital y la mano de obra del Sur Global: en primer lugar, la transferencia de valor a través del comercio internacional (intercambio desigual); en segundo lugar, a través de los flujos transfronterizos de beneficios, intereses y dividendos; en tercer lugar, a través de los flujos y las reservas de inversión extranjera directa; y en cuarto lugar, a través del «rendimiento excesivo» (rentabilidad) de los activos extranjeros netos. No hay espacio para detallar todos los puntos aquí (véase el artículo).

Las principales economías periféricas (incluida China) están transfiriendo miles de millones en valor al Norte imperialista a través de estas vías de comercio y flujos de capital, aunque es cierto que el fenomenal auge de China como potencia manufacturera ha reducido cada vez más e incluso revertido sus pérdidas de valor en el comercio con el Norte Global. Pero, como ha demostrado un estudio, el cambio de China de perdedor neto a ganador neto en el comercio internacional se debió casi en su totalidad a las elevadas inversiones y los avances tecnológicos, es decir, a una composición de capital en aumento. Por lo tanto, mi conclusión fue que China aún no encajaba en el perfil de una economía imperialista.

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