Mostrando entradas con la etiqueta e. Energías renovables: coste. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta e. Energías renovables: coste. Mostrar todas las entradas

12.5.26

Jan Rosenow, Un. Oxford: España se ha convertido en uno de los mercados eléctricos más baratos de Europa... España es ahora más barata que Francia, muy por debajo del bloque centroeuropeo, y a poca distancia de los pesos pesados nórdicos de la energía hidroeléctrica y nuclear que siempre han encabezado la liga de la energía barata... Hace una década, España era un cuento con moraleja sobre la inversión solar varada y uno de los mercados eléctricos más caros de Europa... La historia detrás de ese ranking es, en la superficie, simple. España desplazó cada vez más el gas de su suministro eléctrico, y el precio de la electricidad siguió la misma tendencia... España no solo añadió renovables sobre una base fósil. Lo sustituyó. La curva de fósiles ha ido disminuyendo, año tras año, mientras que la curva de renovables ha ido aumentando... Lo que ha sucedido silenciosamente en España es que el gas ahora fija el precio con mucha menos frecuencia... para los primeros cuatro meses de 2026, sólo lo hizo en el 9%... este es el ejemplo más claro en Europa del efecto precio que los defensores de las energías renovables han estado describiendo durante años... El apagón de abril de 2025 no fue lo que decían los titulares... fue por la capacidad de la red para gestionar "variaciones rápidas de voltaje" que desestabilizaron el sistema... España es "pionera" al encontrarse con cosas que "todos los demás podrían encontrar en algún momento". Las soluciones existen: statcoms (amortiguadores de tensión), mejores protocolos de desconexión y capacidades de control de tensión requeridas para todos los generadores, no solo para las energías renovables

"En los primeros cuatro meses de 2026, el precio medio mayorista de la electricidad en España fue de 44 € por megavatio-hora. En Italia, era de 127 €. En Alemania, 96 €. En el Reino Unido, 103 €. España es ahora más barata que Francia, muy por debajo del bloque centroeuropeo, y a poca distancia de los pesos pesados nórdicos de la energía hidroeléctrica y nuclear que siempre han encabezado la liga de la energía barata.

Este no es el lugar donde la mayoría de los observadores esperaban que estuviera España. Hace una década, España era un cuento con moraleja sobre la inversión solar varada y uno de los mercados eléctricos más caros de Europa. Hoy se sitúa cerca del final de la tabla de precios, y la brecha se está ampliando.

La historia detrás de ese ranking es, en la superficie, simple. España desplazó cada vez más el gas de su suministro eléctrico, y el precio de la electricidad siguió la misma tendencia.

La mezcla ha cambiado hasta ser irreconocible.

Hace veinticinco años, un tercio de la electricidad de España provenía del carbón. Hoy en día, el carbón ha desaparecido prácticamente. El gas, que se disparó en la década de 2000 como sustituto, alcanzó su punto máximo por encima del 30% de la generación a finales de la década de 2000 y desde entonces ha retrocedido hasta aproximadamente el 19%. La energía nuclear se ha mantenido estable en torno al 19%, la hidroeléctrica y la bioenergía juntas en torno al 14%, y la capacidad restante se ha cubierto de forma constante con energía eólica y solar.

Solo la eólica suministró el 20% de la generación española en 2025. La energía solar, que apenas existía a gran escala a principios de la década de 2010, alcanzó el 22%. Entre ambas, esas dos tecnologías generan ahora más electricidad que cualquier otra categoría única en el sistema, incluida la flota nuclear que una vez fue el caballo de batalla confiable de España.

2022 fue el punto de inflexión

Si se compara la generación solar y eólica con toda la generación fósil (gas más las últimas brasas de carbón y petróleo), las líneas se cruzaron en 2022. Ese fue el primer año en que la energía eólica y solar juntas generaron más electricidad que todas las fuentes fósiles combinadas. A lo largo del primer trimestre de 2026, la brecha se ha ampliado aún más. La energía solar y eólica aportaron el 44% de la generación, y los combustibles fósiles el 17%.

Esta es la historia estructural en torno a la cual giran muchos argumentos sobre la política energética. España no solo añadió renovables sobre una base fósil. Lo sustituyó. La curva de fósiles ha ido disminuyendo, año tras año, mientras que la curva de renovables ha ido aumentando.

2022 también fue un punto de inflexión para los precios mayoristas de la electricidad en España: La excepción ibérica limitó inicialmente los precios de la electricidad por debajo de la media de la UE27, pero incluso después de que el mecanismo finalizara, España amplió aún más la brecha de precios.

Por qué esto se refleja en el precio

En un mercado mayorista de electricidad, el precio en cualquier hora determinada lo establece la planta más cara que necesita funcionar para satisfacer la demanda. Para la mayor parte de Europa, durante la mayor parte de la última década, esa ha sido una planta de gas. La conexión de orden de mérito entre los precios del gas y los de la electricidad es la razón por la que los hogares europeos recibieron un choque en su factura de electricidad cuando el gasoducto ruso colapsó en 2022.

Lo que ha sucedido silenciosamente en España es que el gas ahora fija el precio con mucha menos frecuencia. En 2022, el gas fue la planta marginal en aproximadamente el 55% de todas las horas. En 2024 había caído al 27%. Para los primeros cuatro meses de 2026, era solo el 9%.

Una nota sobre la metodología: La cuota de mercado del fijador de precios del gas se estima utilizando el método de Zakeri et al. (2023). Por cada hora, se verifican dos condiciones: ¿se está generando gas realmente, y el precio de mercado es igual o superior al costo marginal a corto plazo calculado para operar una planta de gas? Si ambos son ciertos, el gas se considera el probable fijador de precios. El coste marginal se calcula a partir de los precios mensuales del TTF y del EU ETS, asumiendo una turbina de gas de ciclo combinado moderna con una eficiencia del 52%. El gráfico cuenta las horas en las que el gas se despacha directamente y el precio de mercado alcanza el costo marginal a corto plazo calculado para la generación de gas, y probablemente subestima la verdadera influencia de los precios del gas en el mercado español. La retroalimentación que he recibido sobre el análisis anterior sugiere que no se capturan dos efectos: las centrales hidroeléctricas a menudo no pujan por sus costos operativos cercanos a cero, sino por el costo de oportunidad, esencialmente lo que podrían ganar cuando los precios son altos, que suelen estar fijados por el gas. Y las plantas de cogeneración queman gas pero sus costos se calculan según una fórmula regulatoria española específica en lugar del precio spot del gas, por lo que no aparecen en la prueba estándar que utiliza la metodología. El gas está realmente marcando el precio en esas horas, pero el método no lo tiene en cuenta. La afirmación más precisa es que la generación de gas en el margen está disminuyendo rápidamente, pero la influencia del precio del gas en el mercado sigue siendo más amplia de lo que sugiere la cifra principal.

Lo que esto no es

Cuatro cosas que esta historia no es.

No es una afirmación de que el gas haya desaparecido. El gas sigue suministrando alrededor de 1/5 de la electricidad española, aproximadamente la misma proporción que la nuclear. Su papel en el margen (la parte de fijación de precios) se ha reducido más rápido que su papel en la combinación energética (la parte de megavatios-hora quemados).

Es solo el precio al por mayor. La cifra de 44 €/MWh es lo que se paga a los generadores en el mercado intradiario. No es lo que pagan los hogares. Los cargos de red, los costos del sistema, los márgenes de los proveedores, los impuestos y las tasas políticas se suman, y pueden duplicar o triplicar fácilmente la cifra subyacente para cuando llega a una factura doméstica. Moverse al por mayor más barato es necesario para que bajen las facturas minoristas, pero no es suficiente.

A pesar de tener la electricidad mayorista más barata de Europa, los hogares españoles pagan por encima de la media de la UE, 0,265 €/kWh en 2025, ocupando el puesto 16 de 25 países. Eso sitúa a España como más cara que Francia, Países Bajos, Dinamarca y la mayor parte de Europa Central y Oriental. Parte de esto tiene que ver con la cantidad de impuestos y gravámenes que se aplican a la electricidad.

El gráfico de abajo descompone una factura típica de electricidad de un hogar español en sus principales componentes de costo. El total (0,27 €/kWh, Eurostat, diciembre de 2025) y la amplia proporción de impuestos y gravámenes (~31%) están anclados en datos oficiales; el desglose entre energía, cargos de red y costes del sistema es una estimación del modelo coherente con ese total, en lugar de una cifra extraída de una única fuente. (...)

Tres advertencias vale la pena tener en cuenta:

Primero, el componente mayorista de energía, la porción más grande, se mueve diariamente con el mercado eléctrico, por lo que la proporción mostrada refleja un promedio de diciembre de 2025 y puede oscilar mucho más allá de ese rango a lo largo del año.

Segundo, España ha ajustado los impuestos sobre la electricidad repetidamente en los últimos años: el IVA cayó del 21% al 5% durante la crisis energética de 2022 antes de ser restaurado por completo al 21% para enero de 2025 - la tasa que se muestra aquí - mientras que el impuesto especial sobre la electricidad (IEE) se redujo nuevamente al 0,5% en marzo de 2026. Un gráfico dibujado para un mes diferente puede verse significativamente distinto.

Tercero, las tarifas de mercado libre y las reguladas presentan los mismos costos subyacentes de manera diferente: en un contrato comercial a precio fijo, los peajes de red suelen estar incluidos en la tarifa de energía en lugar de mostrarse por separado, por lo que las porciones relativas cambian incluso aunque la economía subyacente sea idéntica.

 Una simplificación adicional: parte de cada factura española es un cargo diario fijo basado en la capacidad contratada en kilovatios, independientemente de la energía consumida. Expresando esto como una cifra por kWh, como necesariamente hace el gráfico, se sobreestima el costo unitario para los hogares de bajo consumo y se subestima para los de alto consumo.

Otros costos del sistema están aumentando. La otra cara de obtener energía barata es pagar más en otros lugares para mantener el sistema estable. España está adquiriendo más servicios de equilibrio, más potencia reactiva y soporte de tensión, y en última instancia, más transmisión para trasladar la energía eólica y solar desde donde los recursos son buenos hasta donde está la demanda. Esos costos recaen en los consumidores a través de cargos de red y políticas en lugar del precio mayorista. Aún no son lo suficientemente grandes para compensar las ganancias mayoristas, pero están aumentando.

La energía nuclear sigue funcionando, y la política es apagarla. Aproximadamente una quinta parte de la electricidad española proviene de una flota de reactores programados para ser retirados entre 2027 y 2035. Si esos reactores salen del sistema sin un reemplazo equivalente de bajas emisiones de carbono, el gas volverá a subir en el orden de mérito y la cuota de gas volverá a aumentar.

Lo que es

A pesar de todas esas advertencias, este es el ejemplo más claro en Europa del efecto precio que los defensores de las energías renovables han estado describiendo durante años, finalmente llegando a los datos. Más energía eólica y solar en la red significa menos horas en las que el gas es la planta marginal. Menos de esas horas significa un precio mayorista desacoplado del mercado del gas durante la mayor parte del día. Y un precio mayorista desvinculado del gas, en 2026, es un precio barato.

España es ahora una demostración práctica de que se puede tomar un sistema eléctrico que hace una generación era 33% carbón, hace una década más del 30% gas, y hacerlo funcionar con aproximadamente un 44% de energía eólica y solar, con los precios mayoristas resultantes entre los más bajos de Europa. Las preguntas restantes son sobre resiliencia, sobre quién captura realmente los ahorros y sobre hasta dónde puede llegar la sustitución antes de que los retiros nucleares reabran la brecha. Otra pregunta clave es también si el aumento de los costes del sistema energético (redes, equilibrio, etc.) se verá compensado por la bajada de los precios mayoristas.

El apagón de abril de 2025 no fue lo que decían los titulares.

El 28 de abril de 2025, toda la península ibérica se quedó sin electricidad durante la mayor parte de un día laboral, y casi 60 millones de personas perdieron el suministro. Ese día, varios medios de gran alcance culparon inmediatamente a las energías renovables sin ninguna evidencia. La investigación final de ENTSO-E, publicada casi un año después, concluye lo contrario. Damian Cortinas, presidente de la junta directiva de ENTSO-E, dijo al Financial Times que "el problema no son las energías renovables", sino la capacidad de la red para gestionar "variaciones rápidas de voltaje" que pueden desestabilizar el sistema. Oscilaciones inusuales desencadenaron una cascada de desconexiones de plantas, y los gestores de la red perdieron el control. La verdadera lección no es que España haya ido demasiado lejos en eólico y solar, sino que cada país de Europa necesita modernizar la forma en que gestiona la estabilidad de tensión. España, en el marco de Cortinas, es "pionera" al encontrarse con cosas que "todos los demás podrían encontrar en algún momento". Las soluciones existen hoy en día: statcoms (amortiguadores de tensión), mejores protocolos de desconexión y capacidades de control de tensión requeridas para todos los generadores, no solo para las energías renovables. "No hay nada en las recomendaciones que no se pueda hacer mañana", dijo Cortinas al FT. La pregunta abierta es quién paga la actualización de la flota existente, y eso, dijo, "tendrá que ser analizado en cada país"." 

(Jan Rosenow, Un. Oxford, blog, 10/05/26, traducción Quillbot, enlaces y gráficos en el original)  

16.11.25

Este año señala un hito histórico: la producción mundial de energía a partir de fuentes renovables superó por primera vez al carbón... el 91% de los proyectos nuevos de energías renovables ya son más baratos que sus homólogos fósiles... las economías emergentes fueron el principal motor de este avance... Pero el progreso es intrínsecamente frágil. Suele ocurrir que la adopción de la energía limpia se detenga una vez construida la infraestructura necesaria... los proyectos solares pueden fracasar cuando las comunidades carecen de las herramientas y la financiación necesarias para hacer un uso pleno de la electricidad que producen... En Nigeria, el uso de bombas de riego, cámaras frigoríficas y molinos alimentados por energía solar por parte de agricultores y comerciantes está en aumento. A su vez, estas inversiones han impulsado una oleada de proyectos de energías renovables distribuidas, cuyo resultado es una transformación acelerada de los sistemas energéticos locales... en la India, con la instalación del primer sistema comercial de almacenamiento de energía en baterías a gran escala de la India (y el mayor del sur de Asia), cien mil empresas y familias de bajos ingresos ahora pueden contar con un suministro fiable de electricidad limpia... en Uttar Pradesh, existe un programa que busca ayudar a 500 000 empresas de propiedad femenina a adoptar tecnologías de energía limpia de aquí a 2030... con 685 millones de personas en todo el mundo que carecen de electricidad y más de mil millones que dependen de un suministro caro o poco fiable, todavía hay mucho por hacer (Agnes Dasewicz )

 "Este año señala un hito histórico: la producción mundial de energía a partir de fuentes renovables superó por primera vez al carbón. En el primer semestre de 2025, las fuentes renovables representaron más del 34% de la generación mundial de electricidad, mientras que el carbón se redujo a poco más del 33%. Hay que destacar que las economías emergentes fueron el principal motor de este avance.

Con la atención del mundo puesta en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) que se celebra en Brasil, este hito es un poderoso recordatorio de que la transición hacia las energías limpias ya está en marcha. Por mi experiencia como directora de inversiones primero en la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de los Estados Unidos y ahora en la Alianza Mundial de la Energía para las Personas y el Planeta, reconozco un negocio prometedor cuando lo veo.

Según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), el 91% de los proyectos nuevos de energías renovables ya son más baratos que sus homólogos fósiles. Este dato es la clara prueba de que aunque el uso del carbón y del petróleo sigue creciendo, las fuentes renovables son técnica y económicamente viables en gran parte del mundo.

Este impulso es una oportunidad que no podemos desperdiciar.

Para reducir la contaminación con efectos sobre el clima, promover un crecimiento económico sostenible y reforzar la resiliencia energética donde más se la necesita, tenemos que extender estos logros. Ya cerca del décimo aniversario del Acuerdo de París, todavía es posible una acción climática mundial significativa, incluso en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas y prioridades nacionales en conflicto.

Pero el progreso es intrínsecamente frágil. Suele ocurrir que la adopción de la energía limpia se detenga una vez construida la infraestructura necesaria. Por ejemplo, los proyectos solares pueden fracasar cuando las comunidades carecen de las herramientas y la financiación necesarias para hacer un uso pleno de la electricidad que producen.

El mero hecho de suministrar paneles solares no es suficiente; para que los beneficios de las energías renovables perduren en el tiempo, los gobiernos deben invertir no sólo en la generación de electricidad, sino también en sistemas, formación y equipamiento (por ejemplo, bombas de agua y molinos eléctricos) que permitan a las comunidades y a los países poner la energía limpia al servicio del crecimiento empresarial y de la creación de empleo.

Cuando su ejecución es eficaz, estas inversiones generan una amplia variedad de beneficios. Promueven el logro de los objetivos climáticos, al reemplazar las energías renovables el uso de combustibles caros y contaminantes. Dan a las comunidades acceso económico a energía que les permite mejorar la provisión de educación y atención médica, crear empleo y aumentar los ingresos. Y al beneficiarse las empresas de energía por el aumento de la demanda, las economías emergentes pueden atraer nuevas inversiones.

El desafío es enorme, pero también lo son las oportunidades. El Banco Mundial prevé que durante la próxima década, en las economías en desarrollo alcanzarán la edad de trabajar 1200 millones de jóvenes, pero sólo se habrán creado 420 millones de puestos de trabajo nuevos. El acceso a energía limpia y las oportunidades que trae consigo ofrecen una forma de cubrir el faltante antes de que se convierta en una crisis global. El Foro Económico Mundial calcula que el sector de las energías renovables puede generar por sí solo más de 30 millones de puestos de trabajo y movilizar entre 2,2 y 2,8 billones de dólares anuales. Además, la incorporación de las tecnologías de energía renovable a otros sectores, como la industria y la agricultura, puede crear 500 millones de puestos de trabajo adicionales y mejorar la calidad de los 700 millones ya existentes.

Para tener éxito, hay que alinear las políticas energéticas con los objetivos de desarrollo generales, integrar las energías renovables en las industrias locales y acelerar la inversión en los equipamientos y habilidades necesarios para su uso eficaz.

En África estas ideas ya generan resultados tangibles. En Nigeria, el uso de bombas de riego, cámaras frigoríficas y molinos alimentados por energía solar por parte de agricultores y comerciantes está en aumento. A su vez, estas inversiones han impulsado una oleada de proyectos de energías renovables distribuidas, cuyo resultado es una transformación acelerada de los sistemas energéticos locales.

En la Amazonia (donde tiene lugar la COP30), el gobierno de Brasil está invirtiendo 800 millones de dólares para ampliar el acceso a energía y abandonar el uso de combustibles diésel. La organización a la que represento trabaja para garantizar que la capacidad nueva en energías renovables cree puestos de trabajo e impulse un desarrollo económico sostenible para miles de agricultores y emprendedores.

La India también puede servir de modelo a las economías emergentes interesadas en reforzar sus redes eléctricas y absorber la creciente capacidad de generación a partir de fuentes renovables. En Nueva Delhi, con la instalación del primer sistema comercial de almacenamiento de energía en baterías a gran escala de la India (y el mayor del sur de Asia), cien mil empresas y familias de bajos ingresos ahora pueden contar con un suministro fiable de electricidad limpia. Las centrales solares de Rajastán ofrecen a 40 000 agricultores un suministro constante de energía durante el día. Y en Uttar Pradesh, existe un programa que busca ayudar a 500 000 empresas de propiedad femenina a adoptar tecnologías de energía limpia de aquí a 2030.

Todos estos ejemplos son la prueba de que la transición hacia la energía limpia es viable. Pero con 685 millones de personas en todo el mundo que carecen de electricidad y más de mil millones que dependen de un suministro caro o poco fiable, todavía hay mucho por hacer.

La elección es clara: seguir invirtiendo en las energías renovables o retroceder a la dependencia de los combustibles fósiles. Haciendo de la energía limpia fundamento de creación de empleo y oportunidades económicas, podemos convertir los hitos de hoy en un futuro donde esa energía impulse el crecimiento y garantice prosperidad para todos." 

( Agnes Dasewicz , Project Syndicate, 13/11/25) 

15.11.25

Las energías renovables le ahorran a la economía española 23.000 millones de euros... Producen más de la mitad de la electricidad que necesita el país (han supuesto el 56,8% de toda la producción eléctrica nacional en 2024), han aportado este curso pasado a las arcas del Estado cerca de 1.500 millones de euros en impuestos, mantienen 125.000 puestos de trabajo (más de 80.000, empleo directo) y ahorran. Ahorran emisiones de gases de efecto invernadero (en 2024 evitaron la emisión de 69,6 millones de toneladas de CO2e) y ahorran recursos económicos: más de 23.000 millones de euros en un año. ¿Su coste, el coste «en subvenciones» del parque renovable nacional? 3.129 millones de euros. Estos son los datos (Antonio Barrero F.,)

 "La Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA) acaba de presentar su último Estudio del Impacto Macroeconómico de las Energías Renovables en España. El informe (de casi 160 páginas) ha sido elaborado por la consultora Deloitte, recoge todas las magnitudes clave del sector (datos consolidados al cierre de 2024), dedica un capítulo específico en esta edición, por primera vez, al biogás y al biometano y analiza, por fin, y también por primera vez en esta edición, el gasto sanitario evitado (menos humo en el aire, gracias a las renovables, se traduce en menos enfermedades –y menos bajas laborales– por problemas respiratorios o cardiovasculares). Son muchos en fin los datos que pone sobre la mesa el Estudio de APPA Renovables, pero quizá los más gruesos son los relativos al ahorro. A saber: las fuentes de energía renovable (el Sol, el viento, el agua, la biomasa) le han ahorrado al país más de 23.000 millones de euros en 2024.

Deloitte desglosa la cuenta así

 El aprovechamiento de las fuentes de energía renovable –para la generación eléctrica, la producción de calor o el transporte- le ha permitió al país evitar en 2024 la importación de 25,4 millones de toneladas equivalentes de petróleo en combustibles fósiles. España no ha importado esa enorme cantidad (más de 25 millones de toneladas) de carbón, petróleo o gas porque los servicios que antes prestaban esos combustibles (la susodicha producción de electricidad, calor o movimiento) ahora los prestan las energías renovables: movemos vehículos con electricidad o biocombustibles; producimos calor con biomasa, biogás o biometano -o con electricidad-; y generamos energía eléctrica con el Sol, el agua o el viento, electricidad que luego empleamos de mil modos distintos. Y ello ha supuesto en 2024, según Deloitte, un ahorro económico equivalente de 14.729 millones de euros. Respecto al año anterior (2023), las energías renovables han incrementado las «importaciones evitadas» en un 3,2% en términos energéticos, porque ha habido más potencia renovable instalada (más parques eólicos y solares) y por ello más energía renovable (autóctona) a nuestra disposición, energía pues que no ha habido que importar.

¿Consecuencia primera? Los miles de millones que hubiesen acabado en las naciones que le venden a España petróleo o gas se quedan en la economía patria, a diferencia de los miles de millones que sigue empleando el país en importar esos combustibles (según el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, España importó el año pasado productos energéticos por valor de… 58.527 millones de euros, es decir, que si bien es cierto que han sido muchas las importaciones evitadas con la producción renovable, no lo es menos que aún queda mucho trecho por recorrer en pos del horizonte de la soberanía energética (los principales vendedores de petróleo y gas a los que España ha comprado esos productos en 2024 han sido, por cierto, Argelia, Rusia, Estados Unidos, Nigeria, Arabia Saudí).

Pero estábamos hablando del ahorro que sí producen las energías limpias
El otro gran ahorro que han producido las energías renovables en la España de 2024 (la analizada en este último Estudio Macro de APPA) es el relativo a los derechos de emisión. El productor de electricidad (Iberdrola, Endesa, Naturgy) que, en vez de “en-placar” rayos de Sol o turbinar el viento en un aerogenerador, eligió en 2024 quemar gas, diésel o carbón para producir esa energía eléctrica, produjo también CO2, y eso –emitir CO2– requiere de un derecho, que tiene un precio.

El productor tiene que comprar ese derecho, ergo lo tiene que pagar, y por supuesto que ese pago lo acaba repercutiendo en el precio del kilovatio hora que compra el usuario final, vamos, que ese “quien contamina paga” acabamos costeándolo los consumidores y usuarios… Lo paga el usuario final o se lo acaba ahorrando si no hay que repercutirlo porque resulta que el generador fue un productor de energía renovable, su producción no emitió CO2 y por eso no tuvo que comprar ningún derecho y no tuvo que pagarlo, ni repercutirlo en su producto. ¿Ahorro país? 4.541 millones de euros, según Deloitte.

Y el tercer gran ahorro que han producido en 2024 las energías renovables en España ha sido el referido al gasto sanitario: 4.345 millones de euros en gasto sanitario evitado. “El uso de combustibles fósiles –destaca Deloitte en el informe de APPA– emite contaminantes, como dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y otras partículas en suspensión, los cuales están estrechamente vinculados a enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Al disminuir estas emisiones –señala el Estudio Macro–, las energías renovables contribuyen a mejorar la calidad del aire y a reducir la incidencia de asma, bronquitis y otras afecciones respiratorias”.

Deloitte destaca en el Estudio Macro de APPA que la contaminación atmosférica incide «en la mortalidad prematura, en los ingresos hospitalarios por enfermedades y en los costes sanitarios asociadas a la calidad del aire».

Por otra parte -añaden los autores del informe-, aunque el CO2 no es directamente tóxico, su contribución al cambio climático genera impactos en la salud «como, por ejemplo, olas de calor o malnutrición. «De acuerdo con las estimaciones sobre el impacto de los gases contaminantes en la mortalidad prematura, en 2024 las energías renovables habrían evitado aproximadamente -concreta la consultora- 23.198 muertes prematuras» (Deloitte cita sendos estudios de Silva, West, Selin y Jacob -2017. Global premature mortality due to anthropogenic outdoor air pollution and the contribution of past climate change; y Buonocore, Luckow, Spengler, Biewald, Burtraw y Levy: 2014. Health co-benefits of carbon standards for existing power plants).

La consultora, que lleva casi veinte años firmando Estudios Macro para el sector renovable (no solo para APPA, sino también para la Asociación Empresarial Eólica, por ejemplo) concreta así que el «coste sanitario/social evitado en España derivado de las renovables» ha ascendido a 4.345 millones de euros en 2024.

En total, la economía nacional se ha ahorrado en 2024 gracias a la producción renovable 23.615 millones de euros, según el Estudio Macro 2024 de APPA.

El informe en todo caso también revisa el otro plato de la balanza, el de los costes de las renovables. Y el guarismo es también muy concreto. Las energías renovables le han costado en 2024 a los usuarios del sistema eléctrico nacional 3.129 millones de euros, cantidad que hemos abonado a esas tecnologías en concepto de primas o subvenciones (los gobiernos Aznar y Zapatero establecieron unas ayudas -coloquialmente denominadas privas- a esas tecnologías para que, aparte del precio de mercado se les añadiese una subvención por kilovatio hora producido en tanto en cuanto eran tecnologías que no emitían, y no emiten, CO2).

Pues bien, esas primas, que han percibido durante años la solar fotovoltaica, la eólica, la termosolar y otras tecnologías, poco a poco van expirando (las ayudas tenían fecha de caducidad) y de ahí que ahora solo supongan esos 3.129 millones de euros, cantidad muy menor en comparación con todos los ahorros susodichos. «Las renovables son la mejor inversión que ha hecho este país en las últimas décadas«, decía hace unos días, en el acto de presentación del Estudio Macro 2024 de APPA, el presidente de la Asociación, Santiago Gómez Ramos.

En todo caso, y de vuelta al otro plato de la balanza -presume el sector-, desde el punto de vista fiscal, las renovables han percutido un «impacto positivo» de (han pagado en impuestos) 1.457 millones de euros en 2024, cantidad que Deloitte concreta: 482 M€ en Impuesto sobre Sociedades, 84 M€ del gravamen temporal energético, 319 M€ en otros tributos (de carácter local y/o autonómico) e impuesto a la generación eléctrica (572 M€). Eso, desde el punto de vista fiscal. Desde el punto de vista social, el sector ha empleado a 126.574 personas en 2024 (más de ochenta mil empleos directos).

En lo que se refiere al PIB nacional, el sector de las energías renovables ha aportado globalmente en 2024 (aportación directa) más de diez mil millones de euros. O setenta mil millones de euros de aportación en el último quinquenio, según los datos recabados por Deloitte. "

(, Energías Renovables, 11/11/25)

7.7.25

El tren del progreso vuelve a pasar por delante de nuestro país gracias a una electricidad cada vez más limpia y barata y la alta seguridad en las fuentes de abastecimiento energético (Carlos Martín Urriza)La OCDE recomienda trasladar a España parte de la industria intensiva europea... “es posible que la producción deba realizarse en lugares de la UE con menores costes energéticos”. La electricidad que genera España tiene un menor coste por la elevada penetración de las renovables, la red diversificada de proveedores de gas y el excedente de producción que no logra exportarse por su reducida interconexión con el resto del continente. Este conjunto de factores proporciona un escenario propicio para el desarrollo de actividades intensivas en consumo de energía, como son la siderurgia, la metalurgia, la producción de cemento y de vidrio, la química básica, el papel, la cerámica o el refino de petróleo... “Alemania debería permitir la migración de parte de su industria siderúrgica y química”. La alternativa, considera, es “subvencionar posiblemente a perpetuidad”. En su opinión, dicha migración permite escenarios mixtos en los que algunos nichos de producción podrían permanecer en Alemania, aunque el grueso de la actividad más intensiva en energía se trasladara (Cristina Dolz, El Confidencial) Cousas veredes... as cousas das renovables, as de Zapatero, pese ao 'impuesto al sol', o de Rajoy

Carlos Martín Urriza @carlosurriza

El tren del progreso vuelve a pasar por delante de nuestro país gracias a una electricidad cada vez más limpia y barata y la alta seguridad en las fuentes de abastecimiento energético

De elconfidencial.com

12:21 p. m. · 7 jul. 2025 669 Visualizaciones


 "La industria europea, la más intensiva en energía, se encuentra en una crisis de modelo.

 La guerra en Ucrania iniciada en 2022 y el fin del gas ruso barato dieron la puntilla a un problema de costes de producción y de competitividad que ya existía previamente. El cambio en el entorno que hacía viables a estas actividades en determinados países coincide con una hoja de ruta decidida para la descarbonización y hace surgir el planteamiento de que mantener ciertas industrias en su localización histórica no sea lo más eficiente.

Así lo señala la OCDE en su último estudio económico sobre la Unión Europea publicado esta semana: “Algunos países de la UE con altos precios de la energía desean mantener industrias con un uso intensivo, pero solo podrían ser competitivas en regiones con bajos precios, como el sur de España o el norte de Suecia”, advierte el organismo. Por lo que sugiere que “es posible que la producción deba realizarse en lugares de la UE con menores costes energéticos”.

La electricidad que genera España tiene un menor coste por la elevada penetración de las renovables, la red diversificada de proveedores de gas y el excedente de producción que no logra exportarse por su reducida interconexión con el resto del continente. Este conjunto de factores proporciona un escenario propicio para el desarrollo de actividades intensivas en consumo de energía, como son la siderurgia, la metalurgia, la producción de cemento y de vidrio, la química básica, el papel, la cerámica o el refino de petróleo.

La diferencia se aprecia en los precios de la electricidad y del gas para los consumidores industriales. En el segundo semestre de 2024, el último periodo disponible, la electricidad para uso no doméstico en España fue un 39,6% más barata que en Alemania, el motor industrial europeo, y el gas costó un 28,9% menos. La brecha en la electricidad es sostenida desde 2010, aunque aumentó a partir de 2023 y no solo por el cambio coyuntural del corte de suministro ruso, también existen factores estructurales.

Influye el cierre nuclear, que ha llevado a importar más electricidad de Francia para no elevar la quema de carbón, y que la generación con renovables es potencialmente inferior a la que pueden tener otros países de la UE. Este es, precisamente, uno de los puntos fuertes de España. Según ejemplifica un estudio del think tank Bruegel, un panel solar en España “puede generar el doble de electricidad que uno en Finlandia”, de la misma manera que un aerogenerador en Polonia produce más de una vez y media que uno en Italia.

Por lo tanto, “se necesitaría instalar y pagar considerablemente menos aerogeneradores y paneles solares si se ubicaran en las zonas más ventosas y soleadas, respectivamente” y se mejorara la integración de los mercados eléctricos comunitarios. Hasta que los lentos avances en el aumento de las interconexiones sean una realidad, la fórmula que sugiere la OCDE para evitar pérdida de tejido industrial en la unión y mantener la seguridad de suministro es la migración dentro de la UE, aunque las políticas no parecen orientadas a explorar estas vías.

El informe advierte de que el Clean Industrial Deal aprobado en junio por la Comisión Europea fomenta las ayudas de Estado y conlleva riesgos. “Las nuevas normas para sectores estratégicos podrían dar lugar a un marco de ayudas estatales menos estricto que no impediría a los países de la UE fiscalmente más fuertes proporcionar un apoyo excesivo”, señala la OCDE. Lo que llevaría, intuyen los autores, a utilizar el margen fiscal que les permiten sus umbrales de deuda y de déficit para tratar de mantener industrias intensivas a pesar de tener precios energéticos no competitivos.

La consolidación de un escenario de este tipo podría tener implicaciones sobre el mercado único traducidas en “costes para la economía de la UE en forma de menor productividad”, anticipa la OCDE. La razón es que las políticas industriales exclusivamente nacionales alrededor de las ayudas de estado “corren el riesgo de atar recursos en empresas no competitivas, perjudicando la competencia y obstaculizando el ajuste de la industria al cambio estructural”. Lo que llevaría a que el objetivo de descarbonización de la UE finalmente entre en conflicto con su objetivo de productividad. La OCDE no repara en la viabilidad social ni política que tendría esta sugerencia.

Según Bruegel, en el escenario actual “los países tienen fuertes incentivos para implementar políticas de empobrecimiento del vecino”. En esta línea afirma que subvencionar la electricidad para consumidores industriales domésticos con el fin de superar a las empresas ubicadas en otros Estados miembros “puede derivar en carreras de subsidios perjudiciales o cierres de fronteras, con consecuencias limitadas o incluso perjudiciales para la competitividad global de la industria de la UE”.

La industria pierde peso en la producción europea

El sector industrial en su conjunto ha perdido peso en la mayor parte de las economías de la UE en los últimos años. Si se compara con 2019, el mayor desplome lo presenta Irlanda, con un descenso de 4,9 puntos de participación sobre el VAB en 2024, coincidiendo con ser también uno de los países con la energía eléctrica más cara para consumidores no domésticos. Aunque Irlanda es un caso anómalo por la distorsión que introducen en la Contabilidad Nacional las multinacionales afincadas, el fenómeno se replica en otros países con elevado peso de la industria y precios eléctricos elevados.

Ejemplos de ello son Alemania, Eslovaquia, Polonia y Hungría. En España, la industria aguanta en torno al 14% del VAB y recuperó en 2024 su nivel de producción anterior a la pandemia, por lo que no se percibe todavía una ganancia clara de tamaño a pesar de su contexto de costes más competitivo, también en el ámbito laboral. Aunque sería necesario un análisis más centrado exclusivamente en las industrias electrointensivas.

La idea planteada por la OCDE tiene respaldo también en el mundo académico. Por ejemplo, Sander Tordoir, economista jefe del Centre For European Reform, sostuvo en la red social X que España es un destino “prometedor” para la migración de industrias europeas de alto consumo energético y sugirió que “Alemania debería permitir la migración de parte de su industria siderúrgica y química”. La alternativa, considera, es “subvencionar posiblemente a perpetuidad”.

En su opinión, dicha migración permite escenarios mixtos en los que algunos nichos de producción podrían permanecer en Alemania, aunque el grueso de la actividad más intensiva en energía se trasladara. Pone el ejemplo de la sueca SSAB, productora de acero para tanques, que con una “buena línea de negocio” ayuda a “mantener a flote una capacidad central de la siderurgia alemana”.

La industria europea, la más intensiva en energía, se encuentra en una crisis de modelo. La guerra en Ucrania iniciada en 2022 y el fin del gas ruso barato dieron la puntilla a un problema de costes de producción y de competitividad que ya existía previamente. El cambio en el entorno que hacía viables a estas actividades en determinados países coincide con una hoja de ruta decidida para la descarbonización y hace surgir el planteamiento de que mantener ciertas industrias en su localización histórica no sea lo más eficiente."    

(Cristina Dolz , El Confidencial, 06/07/25)

25.5.25

Apagones, datos y relatos... la opinión pública española vive sometida a un incesante bombardeo de opiniones que pretenden relacionar el apagón ibérico con el proceso de transición energética... Cada vez que ha habido un gran apagón en los últimos años se ha intentado culpar a las energías renovables. Se hizo en los apagones y fallos en las redes australianas en 2016 y 2019, en los cortes eléctricos de California en 2020 o en el apagón en Texas en 2021... y así el público asume que esas energías deben ser inseguras... La primera impresión es la que queda... En Alemania también se estuvo amenazando durante años con apagones por la sustitución de las centrales nucleares por altas cantidades de eólica y energía solar fotovoltaica. Alemania completó su cierre nuclear en 2023 cerrando 17 reactores en 12 años, y no solo no tiene apagones, sino que tiene una de las redes eléctricas más confiables del mundo, que es capaz de integrar puntualmente más energía solar y eólica de la que se ha integrado nunca en España... Conforme se iban cerrando nucleares en Alemania, sus gestores de red iban modernizando y adaptando la red para instalar cada vez más renovable. En algunos lugares donde se cerraron nucleares se instalaron condensadores síncronos u otras soluciones... El ataque preventivo a las energías renovables como causantes de riesgos y peligros es una constante de los últimos años desde los sectores fósiles y nuclear, y lo hemos visto en todos los países... siempre habrá soluciones basadas en la electrónica de potencia y en la modernización y adaptación de la red eléctrica y los procedimientos de operación (Pedro Fresco)

 "Desde el pasado 28 de abril, la opinión pública española vive sometida a un incesante bombardeo de opiniones que pretenden relacionar el apagón ibérico con el proceso de transición energética. En España se machaca con la energía nuclear porque es el debate previo que se estaba intentando abrir desde determinados sectores interesados, pero en Portugal, por ejemplo, se señala el cierre de las centrales de carbón o incluso hay quien ataca la electrificación y dice que no debe ir tan rápida, cuando objetivamente va demasiado lenta. En EE. UU. también han aprovechado el caso y los think tank ultraconservadores o el propio secretario de energía, de agenda claramente fosilista, no han dudado en culpabilizar a las energías renovables.

Esto no es nada nuevo ni inesperado. Cada vez que ha habido un gran apagón en los últimos años se ha intentado culpar a las energías renovables. Se hizo en los apagones y fallos en las redes australianas en 2016 y 2019, en los cortes eléctricos de California en 2020 o en el apagón en Texas en 2021. En todos ellos se aseguró maliciosamente desde el primer momento que la inestabilidad provocada por la energía solar y eólica era la causante, y en todos ellos las investigaciones posteriores demostraron que esa no fue la causa. Sin embargo, aprovechar la ausencia de información o informe oficial para acusar sin pruebas funciona: el público asume que, si se las señala, es que esas energías deben ser inseguras y, aunque finalmente se demuestre que no fueron la causa, esa idea queda en el subconsciente colectivo. Fíjense que es exactamente lo mismo que vivimos ahora en España y Portugal.

Los bulos funcionan precisamente porque la idea perdura, aunque finalmente sea rebatida. La primera impresión es la que queda. En vez de cabrearnos con quien nos ha engañado, nos quedamos con la idea de que esta vez no ha sido eso, pero podía haber sido. Y al día siguiente tenemos un bulo nuevo de la misma fuente y en lugar de despreciarlo nos lo creemos de nuevo. Por eso es tan desesperante luchar contra los bulos, la verdad siempre va por detrás y luchamos contra la mente humana que siempre tiende a ver verosímil algo que esté mínimamente bien estructurado. 

La insistencia en España de relacionar la ausencia de energía nuclear con apagones se circunscribe a esta estrategia. Es una cuestión antigua, porque ya en los meses anteriores los proscriptores nucleares intentaban hacer creer que si se seguía con el cierre nuclear podría haber apagones. La cuestión es que la amenaza de apagón que planteaban representaba exactamente la situación contraria a lo que pasó el 28 de abril. Durante meses estuvieron diciendo que, si se cerraban reactores nucleares, podía haber algunas horas de altísima demanda, sin generación solar y escasa eólica, con poca agua en los embalses, donde el suministro podría estar comprometido por falta de generación disponible. El 28 de abril, en España, había mucho recurso solar y eólico, poca demanda, los embalses hidroeléctricos tenían más agua que nunca y los 7 reactores nucleares seguían en el sistema. O sea, sobraba energía y generación por todas partes, exactamente al revés del escenario de riesgo planteado. En la primera situación, la solución que se vendía era la permanencia de la energía nuclear. En la situación contraria, también. Cuando no importa lo que pase que la solución es siempre la misma, sospeche.

En Alemania también se estuvo amenazando durante años con apagones por la sustitución de las centrales nucleares por altas cantidades de eólica y energía solar fotovoltaica. Alemania completó su cierre nuclear en 2023 cerrando 17 reactores en 12 años, y no solo no tiene apagones, sino que tiene una de las redes eléctricas más confiables del mundo, que es capaz de integrar puntualmente más energía solar y eólica de la que se ha integrado nunca en España. España, en cambio, aún no ha cerrado un solo gran reactor nuclear y tenía cuatro generando en el momento del apagón.

En este momento nada apunta que fuese un problema de falta de inercia en el sistema eléctrico español, de hecho, sabemos que la inercia estaba dentro del margen recomendado en Europa. Sin embargo, aunque asumiésemos esa hipótesis resulta francamente curioso que se destaque la importancia de los 3 GW nucleares que no funcionaban en ese momento y no los de los 26 GW de plantas de gas o los 17 GW de centrales hidráulicas que hay en el mix español. Pero hoy el debate que interesa en algunos sitios es el de las nucleares y por eso solo se habla de eso. Si la cruzada fuese para mantener las centrales de gas no tengan duda ustedes de que se ignoraría a las centrales nucleares y tendríamos manadas de tertulianos pidiendo pagos por capacidad para las centrales de gas y restricciones técnicas permanentemente más altas. 

Volvamos a Alemania. En el momento en que estoy escribiendo esto, la energía solar fotovoltaica cubre el 68% de la generación eléctrica alemana. La eólica, un 6,4% adicional. Hablamos de un 74,4% de energías no síncronas y esto no es la excepción, es la regla del sistema eléctrico alemán en un día soleado de primavera. En el momento del apagón en España el sistema peninsular tenia una generación solar fotovoltaica que no llegaba al 55% y menos del 11% de eólica. Eran casi 9 puntos menos que en este momento en Alemania donde, les recuerdo de nuevo, no hay ya centrales nucleares.

Más allá de que, como ven, es falso que no se puedan integrar más renovables con seguridad en un sistema eléctrico ni que las nucleares sean necesarias para poder hacerlo, Alemania es una muestra de que no son necesarias grandes centrales térmicas o nucleares para apoyar a las renovables, o para ser más exacto, que cada vez son menos necesarias. Conforme se iban cerrando nucleares en Alemania, sus gestores de red iban modernizando y adaptando la red para instalar cada vez más renovable. En algunos lugares donde se cerraron nucleares se instalaron condensadores síncronos u otras soluciones. El país tiene, además, una hoja de ruta hasta 2030 para conseguir llegar a más de un 80% de generación renovable ese año donde se proyectan soluciones como el grid-forming o mecanismos de mercado para aportar servicios de red. De hecho, en otros lugares donde estos mecanismos ya están funcionando, como California, se llega a porcentajes de generación no síncrona del 86%.

Una transición energética es un proceso de cambio tecnológico que genera ganadores y perdedores, como tantos ha habido a lo largo de la historia. Los sectores que mueren intentan sembrar dudas, incertidumbre y miedo para intentar paralizar el cambio o, al menos, retrasarlo. El ataque preventivo a las energías renovables como causantes de riesgos y peligros es una constante de los últimos años desde los sectores fósiles y nuclear, y lo hemos visto en todos los países. Es un relato interesado con base en aprendizajes obsoletos ya superados por la tecnología y por los hechos.

Sean cuales sean las conclusiones de la investigación del apagón siempre habrá soluciones basadas en la electrónica de potencia y en la modernización y adaptación de la red eléctrica y los procedimientos de operación. El camino no es la parálisis ni el retroceso, al revés, es acelerar aquellos cambios, mercados y servicios que sean coherentes con un sistema reforzado y con más penetración renovable. Quien diga que las grandes centrales térmicas o termonucleares serán permanentemente necesarias y que no se pueden cerrar, sencillamente, está faltando a la verdad. "

(Pedro Fresco  , Info.Libre, 23/05/25)

9.5.25

Volver ahora a un modelo energético menos renovable y más centralizado supondría dispararse un tiro en el pie... existen tecnologías gestionables, es decir, que tienen mayor flexibilidad para adaptarse a cada momento, y otras que no lo son tanto, entendiendo por gestionable o flexible aquella que puede responder con agilidad: subir, bajar, encenderse o apagarse rápidamente. Así, una tecnología síncrona pero que no es gestionable (la nuclear) no tiene las prestaciones necesarias para apoyar al sistema y dar respuesta a un incidente como el de este lunes... el sistema necesita fuentes de energía que, además de ser limpias y costoeficientes, lo hagan más robusto (tenga esa inercia que aporta la generación síncrona) y gestionable (la flexibilidad que da la capacidad de encendido y apagado rápido). La eólica y la fotovoltaica suman, y mucho, en relación con la primera. Y la energía gestionable, síncrona, renovable y de respuesta más rápida es, con diferencia, la hidráulica... Más que poner el foco en la nuclear, deberíamos ponerlo en la joya del sistema ibérico aislado, la energía hidráulica... Es la energía hidráulica la que puede aportar mayor estabilidad al sistema... es necesario abrir el debate sobre el despliegue del almacenamiento, con tecnologías como la hidráulica reversible, sistemas de baterías o la posibilidad de que las instalaciones de autoconsumo estén preparadas para operar en momentos puntuales en isla, es decir, sin estar conectadas a la red principal... Logramos que un conjunto de pequeños activos proporcione los mismos servicios que hoy prestan las grandes centrales: balance del sistema, regulación de frecuencia o respaldo en momentos de alta demanda... España es líder en renovables y avanza en una lógica de autonomía energética, favoreciendo procesos de reindustrialización debido a unos costes energéticos menores. No dejemos que determinados intereses privados quieran aprovechar la oportunidad para poner freno al despliegue renovable para maximizar la cuenta de resultados, aprovechando el momento para consolidar un modelo centralizado y controlado. Quizás sea la ocasión de definir un modelo energético renovable, competitivo, participado y seguro donde el interés general sea la clave de bóveda de estos principios básicos (Joan Herrera, abogado especializado en energía)

 "Apenas unas horas sin electricidad han servido para poner de manifiesto nuestra enorme vulnerabilidad derivada de la dependencia energética del modo de vida actual. Al desasosiego de esas horas se une ahora el que puede provocar la desinformación, bien en forma de bulos malintencionados, bien derivada de la complejidad del sistema eléctrico. El sistema de Red Eléctrica de España jamás ha fallado de esta forma, y quizá por eso no se le ha prestado la atención que requiere. Algo tan trascendente para nuestra forma de vida debería ser más conocido por la ciudadanía de forma que se comprendieran mejor sus claves, lo que vacunaría contra los bulos y la desinformación. Sin conocer todavía las causas de lo sucedido, hay algunos elementos que conviene tener presentes.

El sistema eléctrico en España y en toda Europa funciona de forma sincronizada a 50 Hz, una frecuencia que refleja el equilibrio entre la generación y el consumo de energía. Cualquier desviación sostenida puede comprometer la estabilidad del sistema. Para evitarlo, es crucial contar con inercia, la capacidad de ciertos generadores para resistir variaciones bruscas en esa frecuencia gracias a sus componentes mecánicos giratorios. Esta función estabilizadora la cumplen los generadores síncronos, presentes en tecnologías como la nuclear, el gas o la hidráulica, mientras que fuentes como la solar fotovoltaica y la eólica aportan inercia física al sistema, a partir de los convertidores electrónicos (inversores) con los que funcionan.

Nuestro sistema viene funcionando así desde hace décadas: energías limpias y mecanismos que garanticen estabilidad, combinando la inercia física tradicional con soluciones tecnológicas que refuercen el control y la seguridad operativa.

Por otro lado, existen tecnologías gestionables, es decir, que tienen mayor flexibilidad para adaptarse a cada momento, y otras que no lo son tanto, entendiendo por gestionable o flexible aquella que puede responder con agilidad: subir, bajar, encenderse o apagarse rápidamente. Así, una tecnología síncrona pero que no es gestionable (la nuclear) no tiene las prestaciones necesarias para apoyar al sistema y dar respuesta a un incidente como el de este lunes.

¿Fue el 28 de abril el día con más energía renovable? No. Ha habido días con mayor penetración renovable. Por ejemplo, el 16 y 17 de abril, la generación renovable en las horas centrales del día era superior. ¿El sistema ha caído porque no funcionaba el parque nuclear? Radicalmente falso, ya que había operado más de 3,5 GW de energía nuclear. Si algo distingue el lunes, a las 12.33, es que en el sistema no había hidráulica, pese a ser una renovable, gestionable y síncrona. Sin embargo, las señales de mercado con precios negativos hacían que la hidráulica no entrase en el mix.

El orden de los factores. Es importante remarcar que el 28 de abril hubo una desestabilización de la frecuencia, y como consecuencia de ello una reducción de 15 GW de generación solar (ese es el orden cronológico, no al revés). Es decir no es que el sistema se cayera porque había mucha fotovoltaica, como algunos tratarán de hacernos creer, sino que la fotovoltaica se desconectó porque una de las variables de operación clave osciló, la frecuencia del sistema.

Entonces, ¿qué es lo que falló? Sea cual sea la explicación del incidente inicial, que esperamos conocer de forma rápida y transparente, lo primero que hay que concluir es que lo acontecido el día 28 es algo excepcional. En otras latitudes, en sistemas con pocas interconexiones, se han sufrido también apagones generalizados, como es el caso del Estado de Texas en febrero de 2021, donde el sistema tardó semanas en recuperar la normalidad. En cualquier caso, necesitamos hacer un debate sin trampas y desde el rigor.

El restablecimiento del sistema necesita un proceso paulatino de “renergización” que viene de la mano de las interconexiones y de tecnologías gestionables como la hidráulica y los ciclos combinados, con el apoyo inmediato de las fuentes de origen renovable. Por ello, una tecnología como la nuclear, sin esa flexibilidad característica de otras, no supone una ayuda inmediata en esas situaciones. De hecho, 24 horas después aún estaban paradas.

Con estas consideraciones, ya se pueden extraer algunas conclusiones. La primera es que el sistema necesita fuentes de energía que, además de ser limpias y costoeficientes, lo hagan más robusto (tenga esa inercia que aporta la generación síncrona) y gestionable (la flexibilidad que da la capacidad de encendido y apagado rápido). La eólica y la fotovoltaica suman, y mucho, en relación con la primera. Y la energía gestionable, síncrona, renovable y de respuesta más rápida es, con diferencia, la hidráulica.

Más que poner el foco en la nuclear, deberíamos ponerlo en la joya del sistema ibérico aislado, la energía hidráulica. Las centrales hidráulicas, al igual que todos los generadores, tienen la obligación de ponerse a disposición del operador del sistema en días como el lunes, cuando los embalses estaban llenos gracias a la gran pluviosidad de los últimos meses. La defensa del interés público significa empezar a hablar de quién debe decidir cómo y cuándo opera la renovable, gestionable y síncrona por excelencia, otorgándole ese rol al operador del sistema. Es la energía hidráulica la que puede aportar mayor estabilidad al sistema.

En segundo lugar, es necesario abrir el debate sobre el despliegue del almacenamiento, con tecnologías como la hidráulica reversible, sistemas de baterías o la posibilidad de que las instalaciones de autoconsumo estén preparadas para operar en momentos puntuales en isla, es decir, sin estar conectadas a la red principal.

Después de un hecho tan excepcional como el del lunes, volver a un modelo menos renovable y más centralizado sería algo así como dispararse un tiro en el pie cuando el clima no para de avisarnos y la situación geopolítica ha saltado por los aires. Nos toca profundizar en un modelo renovable y distribuido que acometa las reformas necesarias para que el sistema tenga más robustez y más protagonistas.

Esta es una solución más resiliente frente a eventuales fallos técnicos, a episodios climáticos extremos o a problemas de infraestructura. Logramos que un conjunto de pequeños activos proporcione los mismos servicios que hoy prestan las grandes centrales: balance del sistema, regulación de frecuencia o respaldo en momentos de alta demanda. Y todo ello sin descuidar que tanto grandes plantas como pequeñas instalaciones deben responder a criterios de ciberseguridad y protección de datos, garantizando que su funcionamiento y operación estén siempre controlados en el marco de la UE.

El momento es único. Red Eléctrica deberá analizar con profundidad y transparencia las causas. España es líder en renovables y avanza en una lógica de autonomía energética, favoreciendo procesos de reindustrialización debido a unos costes energéticos menores. No dejemos que determinados intereses privados quieran aprovechar la oportunidad para poner freno al despliegue renovable para maximizar la cuenta de resultados, aprovechando el momento para consolidar un modelo centralizado y controlado. Quizás sea la ocasión de definir un modelo energético renovable, competitivo, participado y seguro donde el interés general sea la clave de bóveda de estos principios básicos."

(Joan Herrera es abogado especializado en energía, y exdirector del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). El País, 30/04/25)

8.5.25

Es cierto que eólica, fotovoltaica e hidroeléctrica no pueden estar siempre en funcionamiento; pero la nuclear tampoco. Entre sus recurrentes paradas técnicas por seguridad, su escasa flexibilidad para servir de respaldo, su vida útil limitada y sus absurdos costos no solo de construcción sino de gestión de sus residuos, no tiene ningún sentido gastar millones de euros y comprometer las decisiones energéticas de las generaciones futuras para, en el mejor de los casos, pasar de 7.000 MW a 10.000 MW de potencia nuclear frente a los 42.000 MW renovables... Confío en una inversión razonable en mecanismos de seguridad adicionales para la generación renovable, tanto por parte del Estado como por parte de las empresas privadas -como requisito indispensable para levantar nuevas placas y molinos- y en soluciones basadas en el almacenamiento. Ya hay dinero sobre la mesa, pero vista la demanda del sector privado, no es suficiente y hay margen para ampliar las cantidades, ahora que la sombra del apagón, irremediablemente, ya planea... un futuro renovable ofrece muchas más certezas y mucha más justicia que cualquier alternativa real a día de hoy... Las tecnologías limpias, para empezar, son mucho más baratas... La eólica y la fotovoltaica tienen un inmenso potencial, aún desaprovechado, para una generación de verdad distribuida, no en forma de 500 o 600 parques sino en millas, decenas de millas de infraestructuras energéticas en cada comunidad y en cada barrio... las tecnologías limpias son una obligación básica de justicia social... Y no podemos renunciar a ellas. Pero tampoco darlas por hecho, pues las ayudas para la rehabilitación energética crecen a un ritmo mucho menor del necesario por la asfixia burocrática y la aparente imposibilidad de automatizar un solo trámite en este país. A la transformación del sector agroalimentario ya no se la espera... el país debe fortalecer sus mecanismos para la seguridad de suministro. Planteándose, incluso, una nacionalización completa de REE (Contra el diluvio)

 "(...) Sin querer ponerme excesivamente técnico, un simple dato: la potencia instalada de energías renovables multiplica por 12 la de energía nuclear. Es cierto que eólica, fotovoltaica e hidroeléctrica no pueden estar siempre en funcionamiento; pero la nuclear tampoco. Entre sus recurrentes paradas técnicas por seguridad, su escasa flexibilidad para servir de respaldo, su vida útil limitada y sus absurdos costos no solo de construcción sino de gestión de sus residuos, no tiene ningún sentido gastar millones de euros y comprometer las decisiones energéticas de las generaciones futuras para, en el mejor de los casos, pasar de 7.000 MW a 10.000 MW de potencia nuclear frente a los 42.000 MW renovables en nombre de una supuesta estabilidad por demostrar aún. En este boletín no somos mucho de dato mata relación, ya me conocen, pero por si les preguntan por ahí.

Confío en una inversión razonable en mecanismos de seguridad adicionales para la generación renovable, tanto por parte del Estado como por parte de las empresas privadas -como requisito indispensable para levantar nuevas placas y molinos- y en soluciones basadas en el almacenamiento. Ya hay dinero sobre la mesa, pero vista la demanda del sector privado, no es suficiente y hay margen para ampliar las cantidades, ahora que la sombra del apagón, irremediablemente, ya planea. En lo que no confío, desde luego, es en la capacidad política del PSOE para la ambición transformadora.

Afiliado, como no podía ser de otra manera, a las tesis del crecimiento verde, las reformas del Ministerio para la Transición Ecológica solo han podido brillar en plenitud en la instalación de energías renovables en nuestro país. El Ejecutivo no ha logrado atajar los debates y el rechazo de algunas zonas a la instalación de grandes parques y/o el troceo tramposo de los proyectos para esquivar evaluaciones ambientales, pero es innegable que ha colocado al país como líder de la energía verde en menos de una década. Ayudado, eso sí, por un fuerte viento de cola en forma de apetito inversor privado y por el listón por los suelos que dejó el anterior Gobierno del PP; buena parte de la labor consistió, simplemente, en eliminar tareas.

No sería de recibo que, por seguir instalado en el business as usual , España dejara escapar por el sumidero de la reacción su mayor potencial. De la gestión de las próximas semanas y meses depende que la capacidad renovable se mantenga, con sus claroscuros y tensiones a resolver, como una de las principales bazas del país para navegar el futuro; o que dicha capacidad sea desguazada a la primera de cambio en nombre de una supuesta seguridad. Sigo pensando, a pesar de lo ocurrido el lunes, que un futuro renovable ofrece muchas más certezas y mucha más justicia que cualquier alternativa real a día de hoy.

Las tecnologías limpias, para empezar, son mucho más baratas; algo que no debería pesar tanto en un hipotético escenario anticapitalista pero que cuenta si queremos tener un debate actual y real. La eólica y la fotovoltaica tienen un inmenso potencial, aún desaprovechado, para una generación de verdad distribuida, no en forma de 500 o 600 parques sino en millas, decenas de millas de infraestructuras energéticas en cada comunidad y en cada barrio. Si algún día tenemos la fuerza para torcer el rumbo de la historia y el decrecimiento deja de ser un argumento fácil para ganar debates fantásticos en grupos de Telegram para convertirse en una alternativa civilizatoria, la energía renovable distribuida es mucho más fácilmente desescalable que cinco centrales nucleares.

Y, por supuesto, las tecnologías limpias son una obligación básica de justicia social en un país que se ha beneficiado y mucho del descontrol fósil de los últimos dos siglos (¡no somos siempre las víctimas, por favor, quitémonos la venda de los ojos!). La electricidad barata y libre de emisiones que generan es palanca de cambio, en definitiva, de un cambio que modifica por fin las reglas del juego.

Y no podemos renunciar a ellas. Pero tampoco darlas por hecho. En términos de transición ecológica, el Gobierno se ha apuntado varias victorias e impulsos claramente necesarios y pertinentes, pero la lista de los fracasos empieza a ser digna de consideración, incluso dentro de su propia agenda socioliberal. El vehículo eléctrico sigue en el limbo y es una derrota mucho más dolorosa de lo que se piensan los ecologistas; Teníamos una herramienta para abrir una brecha en el sentido común cochista y entre remilgos puristas e inutilidad estatal la estamos echando a perder. Las ayudas para la rehabilitación energética crecen a un ritmo mucho menor del necesario por la asfixia burocrática y la aparente imposibilidad de automatizar un solo trámite en este país. A la transformación del sector agroalimentario ya no se la espera, si es que alguna vez pudimos dibujar alguna esperanza. No me gustaría perder otro partido, esta vez en el minuto 93.

Cerrar filas con el Gobierno y/o apoyar, directa o indirectamente, una salida en falso del apagón del lunes es pan para hoy y hambre para mañana. Confío en que es posible poner coto a los delirios antirrenovables de unos y otros sin pasar de puntillas por lo que ha pasado. A corto plazo y de manera urgente, el país debe fortalecer sus mecanismos para la seguridad de suministro. Planteándose, incluso, una nacionalización completa de una REE en un punto medio que no agrada a nadie; ni lo suficientemente privado para echarle las culpas, ni lo suficientemente público para no tener que responder ante el capital.

Y ya no por la posibilidad de un segundo apagón, insisto. Podríamos y podremos con ello, a mí aún me quedan cortinas que descolgar y una tentadora vigésimo primera run del Pokémon Plata. Sino por el inmenso peligro de que se vincule en el imaginario -más de lo que ya está- la tecnología renovable con la inseguridad. Es el eje en el que el neofascismo se mueve como pez en el agua; la promesa (falsa) de un mundo tranquilo edificado sobre la cruel oferta de aplastar al disidente, al diferente, a lo extraño. Apretemos, por favor, para poder afrontar lo que vendrá con la certeza, al menos, de que no se lo pusimos en bandeja a los malos.

 (...)"              (Contra el diluvio , blog, 04/05/25)

7.5.25

Nuestra red es frágil porque la introducción masiva de las energías fotovoltaica y eólica se hizo sin un sistema de respaldo y estabilización suficientes... Nuestra red eléctrica no es lo suficientemente robusta. Durante demasiadas horas y durante demasiados días del año sus sistemas de estabilización no son capaces de responder a eventos raros, pero no excepcionales, de perturbación de la red... Esto es lo que se conoce como inercia de una red eléctrica. La oferta y la demanda de energía eléctrica deben estar sincronizadas a cada instante, y si alguna de ellas varía, inmediatamente se activan mecanismos de compensación... ¿por qué se han introducido así las nuevas renovables? para ahorrar dinero. Y no estamos hablando de una cantidad pequeña, sino de cantidades enormes de dinero. ¿Puede dotarse a las nuevas renovables de inercialidad y de cierto grado de flexibilidad? Posiblemente nunca podrá funcionar exactamente igual que los viejos sistemas, pero se pueden mejorar mucho sus características con el uso de sistemas de estabilización adecuados, desde las baterías y los supercapacitores, pasando por los volantes de inercia hasta los motores reactivos, sales fundidas y otros sistemas de almacenamiento de energía de lo más diverso, que permiten absorber la energía cuando sobra y devolverla cuando falta... Sin ellos, en los momentos en los que hay una gran penetración de las nuevas renovables, el sistema no tiene margen de maniobra y cualquier pequeña inestabilidad puede ampliarse sin control hasta hacer caer la mayor parte de la red, como pasó el 28 de abril. Además, a estos sistemas de estabilización, para un sistema puramente basado en renovables intermitentes, hay que sumar otros elementos de almacenamiento a medio y largo plazo, que aseguren el suministro de energía cuando la producción baje, por ejemplo, debido a la reducción de horas de sol en invierno, generando y almacenando excedentes en verano... si queremos ir a un modelo en el que durante la mayor cantidad de tiempo posible la electricidad que produzcamos sea de origen renovable, eso implica acompasar el despliegue de plantas con la instalación de esos sistemas de estabilización, que son extraordinariamente caros (Antonio Turiel)

 "El gran apagón del pasado 28 de abril no solo supuso una disrupción total del funcionamiento de nuestra sociedad, sino que fue mucho más que eso. Fue la constatación de la fragilidad del modo en que organizamos nuestras vidas. Nos asomamos a un abismo que queríamos creer que estaba mucho más lejos y era mucho menos profundo. Y aunque ahora estén los de siempre intentando restar importancia a lo que ocurrió, o convencernos de que no vimos ese abismo, sabemos perfectamente lo que vimos.

A día de hoy se está discutiendo cuál pudo ser el disparador concreto de la caída masiva de la red eléctrica, pero lo que de verdad interesa es saber si la red era y es lo suficientemente robusta. Y la respuesta corta es que no. Nuestra red eléctrica no es lo suficientemente robusta. Durante demasiadas horas y durante demasiados días del año sus sistemas de estabilización no son capaces de responder a eventos raros ‒pero no excepcionales‒ de perturbación de la red. Esto es lo que se conoce como inercia de una red eléctrica. La oferta y la demanda de energía eléctrica deben estar sincronizadas a cada instante, y si alguna de ellas varía, inmediatamente se activan mecanismos de compensación.

Cuando se diseñó la red eléctrica, todos los métodos de generación de electricidad (hidroeléctrica –la vieja renovable–, centrales térmicas, nucleares, ciclos combinados) se basaban en lo mismo: un líquido o gas, cuyo flujo puede ser regulado, empuja una turbina de varias decenas de toneladas, que genera así una señal eléctrica oscilante (corriente alterna) con una forma muy precisa (sinusoidal) y perfectamente repetitiva. Ese comportamiento permite dotar al sistema de estabilidad, porque hace más fácil sincronizar el movimiento de todos los generadores (si alguno va desfasado, se producen cortocircuitos de gran potencia que pueden fundir los elementos que no van “al paso”). Además, eso permite hacer bajadas de producción suaves y graduales (las turbinas, con su gran peso, tienen mucha inercia y conservan el movimiento mucho rato,aun cuando se cierren las válvulas al agua o gas). Además, estos sistemas (con la notable excepción de la nuclear) son despachables (es decir, pueden ajustarse a voluntad, básicamente abriendo o cerrando escotillas o válvulas), y son flexibles (esto es, pueden adaptarse fácilmente a los cambios de demanda y oferta de la red), así que se ajustan casi automáticamente a esos cambios.

Por el contrario, las nuevas renovables (eólica y fotovoltaica) dependen de que en ese momento haya viento o sol (son intermitentes, en oposición a los sistemas despachables), son asíncronas y no son inerciales. La que peor sale parada es la fotovoltaica, porque la corriente que genera es continua y por tanto necesita generar la onda de corriente alterna sintéticamente, usando unos dispositivos electrónicos denominados inversores. Por eso, con las nuevas renovables, conseguir mantener la sincronía con la red es siempre un reto, y la adaptación a los cambios es casi imposible: son sistemas inflexibles.

¿Puede dotarse a las nuevas renovables de inercialidad y de cierto grado de flexibilidad? Posiblemente nunca podrá funcionar exactamente igual que los viejos sistemas, pero se pueden mejorar mucho sus características con el uso de sistemas de estabilización adecuados, desde las baterías y los supercapacitores, pasando por los volantes de inercia hasta los motores reactivos, sales fundidas y otros sistemas de almacenamiento de energía de lo más diverso, que permiten absorber la energía cuando sobra y devolverla cuando falta. Cada sistema tiene sus tiempos de respuesta y de duración específicos, y un sistema bien equilibrado requerirá de una mezcla adecuada de todos ellos. Sin ellos, en los momentos en los que hay una gran penetración de las nuevas renovables, el sistema no tiene margen de maniobra y cualquier pequeña inestabilidad puede ampliarse sin control hasta hacer caer la mayor parte de la red, como pasó el 28 de abril. Además, a estos sistemas de estabilización, para un sistema puramente basado en renovables intermitentes, hay que sumar otros elementos de almacenamiento a medio y largo plazo, que aseguren el suministro de energía cuando la producción baje, por ejemplo, debido a la reducción de horas de sol en invierno, generando y almacenando excedentes en verano.

La conclusión es, pues, que nuestra red eléctrica es más frágil de lo que debería, y que es el modo en que se han introducido de forma masiva las energías fotovoltaica y eólica lo que ha ocasionado ese aumento de la fragilidad.

Tenemos ahora dos grandes preguntas. La primera es: ¿esto se sabía? Y la segunda: ¿por qué se han introducido así las nuevas renovables?

La respuesta a la primera pregunta es un categórico sí. No solo quienes firmamos el presente artículo habíamos avisado en repetidas ocasiones de esta situación, sino que la propia compañía encargada de la gestión, Red Eléctrica de España, había alertado del riesgo de desconexiones severas en su informe anual a los inversores de 2024, precisamente por la introducción masiva de las renovables sin el suficiente respaldo (a falta de sistemas de estabilización, se puede mantener la estabilidad de la red usando centrales convencionales de respuesta rápida, pero para ello deben estar listas, y eso, en el caso de la elección más habitual, los ciclos combinados, implica quemar cierta cantidad de gas para mantener cierta inercia rotatoria con su coste correspondiente). También la CNMC había avisado de problemas para el control de la tensión por el mismo motivo.

Respecto a la segunda pregunta, la respuesta es bastante sencilla: para ahorrar dinero. Y no estamos hablando de una cantidad pequeña, sino de cantidades enormes de dinero. Porque si queremos ir a un modelo en el que durante la mayor cantidad de tiempo posible la electricidad que produzcamos sea de origen renovable, eso implica acompasar el despliegue de plantas con la instalación de esos sistemas de estabilización, que son extraordinariamente caros.

Para que el apagón del pasado 28 de abril llegara a ocurrir intervinieron varios factores que no son técnicos, sino puramente humanos. El primero es la codicia de las compañías eléctricas, que obviamente han presionado para vender el máximo de producción renovable posible y no sufrir desconexiones ‒curtailments‒ por motivos técnicos de estabilización de la red. Es lo que cabe esperar cuando se ha dejado en manos casi exclusivamente del mercado un servicio esencial. Y lo hemos permitido incluso sacrificando sectores vitales como la agricultura, o peor aún, poniendo en riesgo los modos de vida que garantizan la biodiversidad de la que dependemos, la vida autoorganizada de comunidades secularmente adaptadas, incluidas las humanas.

Pero los factores humanos no son solo estos. ¿Por qué el legislador no obligó a introducir los mencionados sistemas de estabilización a la vez que se aumentaba la capacidad de generación renovable? Aquí la respuesta es más compleja, pero existe una causa. Desde hace años muchas personas sensibilizadas por los temas medioambientales, entre ellas los firmantes de este artículo, hemos denunciado que la forma en que se pretendía reducir la dependencia energética de los combustibles fósiles ni era la correcta ni, en definitiva, iba a servir para reducir emisiones de gases de efecto invernadero. En primer lugar, las nuevas tecnologías de captación de energías renovables (que son sobre todo eólica y fotovoltaica), no son ni mucho menos tan baratas como han querido hacer creer si tenemos en cuenta los costes ocultos de estabilización de la red. Se nos ha vendido que se había dado con la solución mágica para los problemas de las actuales fuentes de energía, con la que íbamos a conseguir la neutralidad, o casi, a nivel medioambiental y seguir con nuestras vidas normales y el sagrado crecimiento económico para siempre. Pero el problema es que nos han mentido. Una conjunción de intereses empresariales de las grandes energéticas y unos políticos que han encontrado la ocasión de parecer los abanderados del medioambientalismo han provocado la fragilización de la red que llevó al gran apagón del 28 de abril.

Ahora tenemos cuatro grandes problemas. Por una parte, tenemos a los reaccionarios de siempre, que niegan que exista un problema medioambiental y que haya escasez de combustibles fósiles, y que pretenden vendernos que seguimos en un mundo que desapareció hace ya más de 50 años, en la primera crisis del petróleo en 1973. Aunque saben que esto es falso, tratan de colocar su mercancía averiada con la esperanza de poder seguir manteniendo sus privilegios el mayor tiempo posible, aunque sea a costa de provocar un cambio climático descontrolado y, a la postre, un mundo inhabitable para el ser humano.

En segundo lugar, tenemos a los razonables, que hablan de ir introduciendo energías que no emitan gases de efecto invernadero, pero siempre y cuando la economía no se resienta. Pero, ¿qué van a pensar estos cuando se den cuenta de que son caras si se introducen debidamente y, por tanto, siempre van a perjudicar a la economía? Sobre todo en un mundo cada vez más difícil en el que ese crecimiento cada vez es más complicado de conseguir.

Luego tenemos a los tecnoptimistas, que creen que la tecnología lo solucionará todo y que hay que apostar por la energía nuclear de fisión de uranio hasta que lleguen, primero, las centrales de torio, y luego, las de fusión nuclear. A estos optimistas nos gustaría preguntarles varias cuestiones. Primero, si creen que la proliferación nuclear es la mejor de las ideas en un mundo cada vez más inestable. Segundo, si han sumado las necesidades de uranio para cubrir la demanda energética fósil mundial y se han dado cuenta de que no son ni remotamente suficientes. Y tercero, si creen que esas tecnologías futuras en las que confían van a ser realidad solo porque al ser humano, según ellos, le convenga tenerlas.

Por último, tenemos a quienes algunos llamamos greenewdealers (en referencia al Green New Deal), que confían en las energías fotovoltaica y eólica como el Santo Grial de la energía, sin darse cuenta de que estas energías no son solo mucho más caras de lo que nos han contado, sino que, además, tampoco disponemos de las materias primas requeridas por estos sistemas, algunas de ellas muy escasas, en cantidad suficiente como para sustituir a los combustibles fósiles. Y, no digamos ya, si además pretenden sostener el sacrosanto crecimiento económico.

Entonces, ¿no existe salida? La respuesta corta es que sí que existe. Por supuesto que existe.

En primer lugar es preciso replantearse a fondo la forma actual del despliegue de las energías renovables y, en general, la configuración de todo el sistema energético, ya que ha dejado de ser un servicio público para ser un medio de concentración de riqueza en cada vez menos manos.

En el fondo subyace que el crecimiento económico como objetivo irrenunciable del ser humano es algo muy nuevo en nuestra historia. Pero existen otros modos de organizar nuestras sociedades de forma que no sea necesario el crecimiento. Modos en los que han pensado muchas personas desde hace mucho tiempo. Unos modos que consisten en priorizar lo importante para todas las personas sobre lo superfluo, en respetar y cuidar el mundo que garantiza nuestras vidas, no solo para la generación actual sino para las generaciones futuras, pues nuestra existencia depende completamente de él; en reconocer la realidad de que el impacto que ejercemos sobre el planeta es ya es demasiado grande y hay que reducirlo radicalmente, sin consentir los ofensivos beneficios de un engranaje institucional y empresarial que, mientras hace gala de sostenibilidad en los medios, nos arrastra hacia una inmolación colectiva. 

Por eso esta única salida viable exige cambiar el modo en que nos pensamos y pensamos el mundo, y esto es precisamente lo que hace que esté fuera del gran debate público, dominado por intereses de gentes que gozan de enormes privilegios que no serían posibles en ese mundo diferente. Un mundo en el que recuperemos la conciencia de lo que es importante de verdad a la vez que no dejamos a nadie atrás. ¿Es posible? Por supuesto que es posible. Todavía es posible, pero cada vez queda menos tiempo y hay que comenzar cuanto antes."

(Antonio Aretxabala / Juan Carlos Barba / Juan Bordera / Irene Calvé / David Feria / Guillem Planisi / Pedro Prieto / Daniel Rueda y Antonio Turiel , CTXT, 06/05/25)

1.3.24

El mercado eléctrico se rompe: una semana entera con precios de la luz a cero euros cada día... Tradicionalmente los precios más bajos se concentraban durante la noche por la menor actividad empresarial y el menor consumo de energía, pero ahora se están registrando cada vez más durante las horas centrales del día debido al impacto que está teniendo en la formación de precios la mayor producción de las plantas de energía solar fotovoltaica y por el boom del autoconsumo

 "Los precios de la electricidad se desploman y ahora marcan récords a la baja. El mercado mayorista de la electricidad -en el que eléctricas y traders compran y venden la energía que se consumirá al día siguiente- se hunde y ha marcado durante una semana completa varias horas precios a cero euros cada día, algo que no había sucedido desde hace una década.

El precio medio diario de la luz del mercado, que sirve de referencia fundamental para establecer tarifa regulada de electricidad que tienen unos ocho millones de hogares, ha ido marcando en los últimos días precios de derribo. Según los datos provisionales del Operador del Mercado Ibérico de la Electricidad (OMIE), para este viernes 1 de marzo el precio medio de todo el día será de 2,01 euros por megavatio hora (MWh) y en los días previos la cotización diaria ha oscilado entre los 3 y los 9 euros por MWh.

 Algunas tecnologías de generación denominadas inframarginales (las renovables, la nuclear y la hidroeléctrica) entran en el mercado a precio cero, así que cuando la producción de estas energías es suficiente para cubrir todo el consumo previsto la cotización se queda en esos cero euros. La razón fundamental de los actuales desplomes de precios es la combinación del fortísimo despliegue de energías renovables y, además, el descenso de la demanda de electricidad.

Desplome de precios de la luz

Y eso es lo que ha venido sucediendo de manera muy intensa en los últimos días. Durante los últimos siete días se han marcado varias horas cada jornada con precios cero. El mercado eléctrico no marcaba cotizaciones nulas durante siete días consecutivos desde febrero de 2014, hace justo diez años. Durante esta última década, el máximo número de jornadas seguidas con horas a precio cero fue en noviembre del año pasado, pero entonces sólo durante tres días consecutivos, según el análisis de los datos del pool realizado por el consultor energético Francisco Valverde.

Los momentos del día en que se registran los precios de derribo en el mercado eléctrico también están sufriendo cambios profundos. Tradicionalmente los precios más bajos se concentraban durante la noche por la menor actividad empresarial y el menor consumo de energía, pero ahora se están registrando cada vez más durante las horas centrales del día debido al impacto que está teniendo en la formación de precios la mayor producción de las plantas de energía solar fotovoltaica y por el boom del autoconsumo.

 Es lo que ha venido sucediendo en la última semana, cuando las horas a cero euros se han registrado muy mayoritariamente al mediodía y a primeras horas de la tarde. Sólo en la última semana se han contabilizado 37 horas con cotizaciones a cero y son 43 horas en lo que va de año. Sólo en los últimos siete días se han registrado el equivalente a un tercio de las 109 horas a cero euros que se registraron en todo 2023, que fue el ejercicio con un mayor número de cotizaciones nulas desde 2014.

En 2022 fueron sólo cuatro horas, y se concentraron todas en la madrugada de la víspera de Nochevieja, casi rozando el nuevo año. Hasta entonces, y durante casi una década no se había registrado ni una sola hora a precio cero. Para encontrar anteriores desplomes del mercado eléctrico hasta marcar cero euros hay que retrotraerse hasta 2014, cuando fueron 177 horas en total durante todo el ejercicio. (...)

Que el mercado eléctrico se desplome hasta los cero euros no implica que los consumidores tengan luz gratis en su recibo. Por un lado, porque la evolución del mercado mayorista de la electricidad sólo tiene incidencia directa en la factura de los más de 8 millones de clientes que tienen contratada la tarifa regulada, denominada precio voluntario para el pequeño consumidor (PVPC) y ahora, además, su impacto se va reduciendo por la reforma aprobada por el Gobierno para dar más estabilidad a la factura. Por otro, porque el precio de la energía es sólo uno de los componentes que integran la factura de todos los clientes, tanto los que tienen tarifa regulada como la mayoría que ha optado por una tarifa del mercado libre (cuyo precio fijan libremente las compañías eléctricas).

Además del componente de la energía, la factura también incluye impuestos específicos; los cargos regulados, que fija el Gobierno y que sirven para pagar las retribución de las renovables, los sobrecostes de los territorios extrapeninsulares o la deuda del sistema eléctrico; y los peajes de acceso, que establece la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) y que se usan para financiar los costes de las redes de transporte y de distribución. Puede estar a cero la parte del precio de la energía, pero los clientes deben seguir pagando el resto de componentes."                 (David Page , Activos, 29/02/24)

22.6.23

La inversión en renovables le ha permitido a Dinamarca desvincular el crecimiento económico del consumo de energía. Algo inédito en la historia del capitalismo. España puede y debe seguir un camino similar durante los próximos años... el gran reto es que pase lo suficientemente deprisa para evitar los peores escenarios de cambio climático, porque vamos muy tarde. Y para eso necesitamos mucha buena regulación, mucha imaginación, mucho desarrollo tecnológico, tener claras las prioridades... y también, un poco de suerte (Pedro Fresco)

Pedro Fresco @PedroFresco

1/ Como era de esperar todos los integristas se le han echado encima, pero @nachoalvarez_ tiene razón. Esto no solo está pasando en Dinamarca, está pasando en gran parte de los países desarrollados, y está pasando teniendo en cuenta la imputación de energía a las importaciones..
Nacho Álvarez @nachoalvarez_

La inversión en renovables le ha permitido a Dinamarca desvincular el crecimiento económico del consumo de energía. Algo inédito en la historia del capitalismo. España puede y debe seguir un camino similar durante los próximos años.

10:02 a. m. · 18 jun. 2023 172,6 mil Reproducciones

544Retweets 61 Citas 1.041 Me gusta 29 Elementos guardados
2/ Aquí se puede ver el caso de 16 países que están reduciendo emisiones de CO2 mientras aumenta el PIB, también con imputación de emisiones al consumo. Y hay más. Hubo un primer momento, hace 2 o 3 décadas, donde estás reducciones de emisiones y consumo energético estaban en..

3/ cuestión por los procesos deslocalizadores, pero como podemos observar desde la crisis de 2008 hay un cambio importante. Pasados los grandes procesos deslocalizadores, son las renovables, la eficiencia energética y cierto cambio de estructura económica lo q lo produce. A pesar

4/ de q muchos, anclados en argumentos de hace 30 años, siguen negando la mayor, la evidencia ya es clara para los países desarrollados. En breve lo será para China y, a partir de ahí, el mundo empezará a reducir emisiones aumentando su PIB. Y lo q pasa con las emisiones pasará..

5/ también con el uso de materiales. En la UE ya sucede a nivel de consumo de materias primas finales, pero el propio proceso descarbonizador contribuirá a esto porque la cantidad de combustibles fósiles q vamos a ahorrar es mayor q la impronta material de las tecnologías q los..

6/ van a sustituir. Como dice @nachoalvarez_, es probablemente la primera vez en la historia del capitalismo q esto sucede, y tiene una explicación: por primera vez estamos imputando costes a las emisiones y estamos regulando por cuestiones de impacto climático y ambiental. Estas

7/ reducciones d contaminantes ya pasaron en el pasado con los CFC's o con los contaminantes atmosféricos (hay menos contaminación atmosférica en los países desarrollados q hace décadas),porque al final cuando se regula en base a un bien común y colectivo como es el medio ambiente

8/ aparecen los resultados. Pensar q las cosas se disparan hasta el infinito relacionadas con un único valor (q además es monetario, o sea, no físico) es un pensamiento religioso q no responde más q a una doctrina y a un prejucio instalado hace 50 años. Ni la población se disparó

9/ hasta consumir todos los recursos, ni la contaminación nos ahogó hasta encerrarnos en casa ni los SAO destruyeron la capa de ozono. Las regulaciones, la política, el desarrollo tecnológico y la sensibilidad social por estas cuestiones cambiaron nuestro destino. Con los GEI..

10/ pasará lo mismo, el gran reto es q pase lo suficientemente deprisa para evitar los peores escenarios de cambio climático, porque vamos muy tarde. Y para eso necesitamos mucha buena regulación, mucha imaginación, mucho desarrollo tecnológico, tener claras las prioridades y..

y 11/ también, un poco de suerte.

11:52 a. m. · 21 jun. 2023 18,1 mil Reproducciones

54 Retweets 5 Citas 121 Me gusta 21Elementos guardados