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20.6.22

En Andalucía... como antes en Madrid... la estrategia de Pablo Iglesias repite la debacle de la izquierda... su 'que viene el lobo fascista Vox' convenció totalmente a los votantes de Ciudadanos, que se pasaron en masa al PP (no al PSOE)... los insultos de los urbanitas madrileños (¡van a los toros, cazan!), a los campesinos andaluces (el sostén de la izquierda), indignó en los pueblos grandes, que se pasaron al PP... su continuado navajeo político entre las tendencias de la izquierda, vovió a conducirla al suicidio... Menos mal que nos queda Mélenchon, en Francia... y en España Yolanda Díaz, que ya sin la espada de Damocles de Pablo sobre su cabeza, puede salir a batir al PP... para evitar que los 20 millones de afiliados a la S.S. sea un triste recuerdo... para evitar otra plaga de desahucios, de colas del hambre, de colas del paro... con la política de izquierdas que ha desarrollado hasta ahora

Daniel Bernabé @diasasaigonados

1. ANÁLISIS DE URGENCIA SOBRE LAS ELECCIONES ANDALUZAS. "Histórica victoria del yernismo de Moreno Bonilla" "La noche en que triunfó Ciudadanos: el partido desaparece, pero el proyecto de derechizar al centro se queda". "Astenia en la izquierda: para sumar hace falta horizonte".

2. Mayoría absoluta de Moreno al margen de su partido y Feijóo quien no obstante rentabilizará el resultado en clave nacional. Triunfa el yernismo: muy de derechas en lo económico, de vermú con ensaladilla en lo social. Alguien quien, en lo identitario, representa tranquilidad.

3. El fenómeno más importante de esta noche es que se confirma la absorción de Cs por parte del PP: el centro aspiracional, donde entraba una parte del electorado del PSOE, es ya de derechas sin mayor problema. Esto transforma la aritmética electoral en España.

4. Vox sufre un fracaso relativo: Macaranea Olona, el Fu Manchú de la ultraderecha, una de sus primeras espadas, mantiene prácticamente resultado sin poder entrar en el Gobierno. No responde a la inercia y emocionalidad por el que se mueven los ultras.

5. Todos estos datos nos confirman que desde los sectores de centro hasta la extrema derecha están movilizados. No se pueden extrapolar directamente estos resultados a las generales, pero son un dato que indica la posibilidad clara de victoria de las derechas. Punto.

6. El PSOE obtiene un resultado con un fuerte componente andaluz: falta de recorrido de Espadas, no haber podido, en toda una legislatura, haber reconstruido un nuevo proyecto en esta comunidad que les separe de la anterior etapa. Le salva de la debacle su firme voto ideológico.

7. ¿De qué le vale al PSOE el centrismo si ese epígrafe ha ido al PP vía absorción de Cs? Los sectores conservadores intentarán, una vez más, aprovechar el mal resultado para ponerse una venda en los ojos y competir contra Feijóo por el centro. Sísifo strikes back.

8. ¿Era Andalucía de izquierdas o la trayectoria conservadora del PSOE en esta comunidad la transformó sociológicamente para que sus votos fueran fácilmente asimilables para Ciudadanos y, por ende, ahora el PP? Los votos te pertenecen hasta que otro te puede sustituir.

9. Derrota sin paliativos para Por Andalucía. ¿Qué era Por Andalucía? El modelo 2015 de confluencia que aprovechaba la ola del cambio con una marca blanca instantánea está absolutamente amortizado. A Inma Nieto le ha tocado comerse el marrón. Al menos agradecer la valentía.

10. Buen resultado para Teresa Rodríguez. Cualquier resultado mayor de cero era un buen resultado para Teresa Rodríguez. Anticapitalistas se agarra a un nuevo andalucismo-pop para sobrevivir en lo institucional. Nadie pedirá responsabilidades a Rodríguez por la división.

11. La división en la izquierda se paga, no tiene sentido una competencia de dos opciones electorales a la izquierda del PSOE cuando las diferencias en políticas aplicables en el parlamento son escasas.

12. No eran las elecciones de Yolanda Díaz, pero Yolanda Díaz ya estaba en estas elecciones que marcan los retos, enormes, que se sitúan inmediatamente por delante. Los malos resultados perjudicarán, sobre todo en la pelea interna que se visualizó al principio de esta campaña.

13. El tiempo, que se ha ido recortando con una guerra no esperada en este semestre, se ha comido un inicio limpio del proyecto de Díaz, uniéndolo a las elecciones andaluzas. Esto pesa, pero no tiene por qué ser definitivo. Sería absurdo no tomarlo como una advertencia negativa.

14. El miedo a la ultraderecha ya no moviliza a la izquierda, es más, puede ser rentabilizado por el PP como ha demostrado Bonilla. Es el momento de poner fin a lo malo que ya está sucediendo por lo bueno que puede suceder. La única función no puede ser la del bardo siniestro.

15. Ya esta bien de explicar una línea descendente previa a las andaluzas con situar la responsabilidad en los medios. Sí, el panorama mediático es, por lo general, hostil a la izquierda, pero siempre lo ha sido. También cuando IU, en solitario, mejoraba estos resultados.

16. Hoy, esta semana, se verá el grado de ruptura y desconfianza entre Podemos y eso llamado Sumar. La insistencia en la política del relato será directamente proporcional a cómo Podemos, Iglesias, reclame su manejo exitoso como forma de posicionarse.

17. El reto fundamental al que se enfrenta Díaz es movilizar a un electorado, pero sobre todo a una base militante, a la que nadie explicó el cambio que suponía estar en un Gobierno, pasar de la impugnación a la construcción. Enorme frustración acumulada que es un lastre.

18. Díaz tiene el reto de unir buenos resultados en políticas laborales, su buena imagen, a un proyecto político. Porque este fenómeno no se ha dado. La querencia no es el voto, el reconocimiento no se transforma en escaños. El momento laborista no se ha hecho momento electoral.

19. Movilizar es tener un horizonte, un sitio al que llegar, que otorgue una misión, mitad emocional, mitad práctica, al sujeto político al que te estás dirigiendo. Quién eres, dónde vas, por qué eres tú quien tiras de ese carro. Ni eso que se llamó cambio e impugnación valen ya.

20. En todo caso nadie en la izquierda puede esgrimir una receta acabada que asegure el éxito, sí afirmar lo que no funciona: el que todo quede reducido a un sumatorio entre pasado y presente, entre partido y movimiento, entre carisma y ausencia de dirección.

10:34 p. m. · 19 jun. 2022
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14.2.22

Descanse ya, Albert(o) Rivera, que del socialdemócrata cuyo objetivo era un partido bisagra anti-nacionalista catalán, al pollito que, cuando lo consiguió, dejándose las plumas socialdemócratas por el camino, la lió (será por pollitos, ultimamente)... El caudillo providencial se convirtió en un siniestro metepatas de los que se caen, nunca mejor dicho, con todo el equipo... Y lo que más me molesta de todo es que, a día de hoy, sigo sin saber quién es exactamente Albert Rivera ¿Sabe ya lo que quiere ser de mayor?

 "Ni dos años ha durado Albert Rivera en el bufete madrileño de abogados Martínez Echevarría (que había ampliado su nombre a Martínez Echevarría y Rivera tras el fichaje del expolítico). 

Se había llevado con él a su leal Villegas, que también causa baja, manteniéndose fiel a su líder natural, aunque en un pasado no muy lejano ejerció como de Robin que cambia de Batman cuando le conviene: antes de ser el hombre de confianza de Rivera en Ciudadanos, ocupó el mismo cargo con los cesantes Antonio Robles y Pepe Domingo (si Rivera inicia una carrera de tertuliano en Tele 5, ¿exigirá que le pongan al lado una silla para Villegas?, me pregunto).

El bufete dice que se enteró por la prensa de la fuga de Rivera, y ahora que este exige que se le abonen los honorarios previstos por contrato hasta 2025, contraataca asegurando, con más o menos buenas palabras, que el cesante no daba un palo al agua (y que su fiel Villegas tampoco se mataba precisamente): se verán en los tribunales.

Y a todo esto, ¿qué hará Rivera a partir de ahora? ¿Sabe ya lo que quiere ser de mayor? Ha dicho que a la política no piensa volver, pero también es verdad que en el PP ya han dicho que no quieren saber nada de él. Si quiere seguir ejerciendo la abogacía, que te echen de un bufete prestigioso por tu escaso rendimiento no parece la mejor carta de recomendación: todo parece indicar que el señor Rivera pasa por eso que los anglosajones definen como un all time low.

Y da la impresión de que se lo ha buscado él solo, de la misma manera que se cargó Ciudadanos hace unos años al rechazar la vicepresidencia que le ofrecía Pedro Sánchez en un posible Gobierno de coalición y que a algunos nos habría parecido más razonable que el que finalmente se constituyó con la colaboración de Podemos y los separatistas. No sé si será consciente de ello, pero con aquel gesto de soberbia, Albert Rivera se cargó de un plumazo diez años de trabajo de un partido que podría haber llegado más lejos de donde se encuentra en la actualidad, a medio camino entre la irrelevancia y la desaparición.

A Rivera no le parecía suficiente ser vicepresidente de la nación (con aspiraciones a la presidencia si lo hacía bien y su partido funcionaba), quería ser califa en el lugar del califa y sustituir al PP en el ranking de la derecha española. Para eso, previamente, había convertido un partido de centro izquierda antinacionalista en un partido de derechas nacionalista español, uno de esos viajes para los que, como se suele decir, no hacen falta alforjas.

Antes de eso, se había fugado a Madrid sin acabar el trabajo iniciado en Cataluña, dejando al frente de la nave a la tan bienintencionada como robótica Inés Arrimadas (que, en cuanto pudo, salió también pitando para Madrid). Luego vinieron la derechización del partido, que incluyó el exterminio de toda su ala social demócrata --su líder natural, Jordi Cañas, estaba convenientemente destacado en Bruselas--, y los intentos de suplantar al PP, olvidándose de la condición de bisagra que había definido a Ciudadanos desde el principio y su función de impedir que los gobiernos de España tuviesen que depender de los nacionalistas.

El resultado de este ego trip es del conocimiento de todos: la implosión de un partido que, en sus orígenes catalanes, parecía una alternativa más que razonable a las fuerzas políticas ya existentes. Los que rondábamos por allí en aquella época sabemos, pese a lo que digan las malas lenguas, que Ciutadans no nació como un partido de derechas con ganas de ocupar el lugar del PP, sino como una convención de rebotados del PSC partidarios de la socialdemocracia y hartos del nacionalismo obligatorio impuesto por Jordi Pujol y sus sucesores. Y ahora, cuando miramos hacia atrás, nos decimos: qué pena, ¿cómo se ha podido hacer todo tan mal?

A tenor de los resultados, es evidente que Francesc de Carreras se equivocó al ungir a su exalumno como máximo dirigente del partido, aunque ya se sabe que es muy fácil hablar a toro pasado y que en aquella época Rivera interpretaba muy bien el papel del joven socialdemócrata y antinacionalista de verba amena dotado de cierto carisma. El problema estribaba precisamente en eso, en que se trataba de interpretar el papel que le convenía en aquel momento, sin cerrarse a las posibilidades de interpretar otros si le parecían más adecuados para lo único que parece haberle interesado de la política española: llegar a presidente.

Así fue como el joven social demócrata fue mutando en un señor de derechas, si es que no lo había sido siempre (a fin de cuentas, no hay que olvidar que pasó brevemente por el PP antes de integrarse en Ciutadans). Fiándolo todo a su olfato y sin hacer caso a nadie, Rivera profundizó en la derechización del partido (que se había recrudecido al pasar este a escala nacional, cuando aquello se llenó de oportunistas con ganas de pillar cacho) y en su alejamiento cada día mayor del grupo fundacional barcelonés y sus compañeros de viaje, que se iban descolgando del proyecto a marchas forzadas y mascullando obscenidades.

Lo más probable es que Rivera nunca haya tenido una ideología clara y que siempre le haya importado más el cómo que el qué. Pero se pasó de listo. Teniendo campo de sobras para correr en el centro izquierda, se empeñó en desplazar al PP del liderazgo de la derecha española. Por eso no le bastó con la vicepresidencia que le ofrecía Sánchez y nos dejó en manos de Podemos y los nacionalistas. O presidente o nada, se dijo. Y el resultado ha sido nada, con el agravante de que su hundimiento personal propició el del partido, que pasó de ganar unas elecciones autonómicas en Cataluña a no pintar prácticamente nada, ni en Cataluña ni en el resto de España.

No sé dónde se meterá ahora el señor Rivera, pero reconozco que tampoco me importa mucho. Para mí siempre será el sujeto que se cargó un partido en el que llegué a creer durante un tiempo y que, con sus arbitrariedades y sus tendencias erráticas, condujo a la actual irrelevancia (cuando apareció Manuel Valls, lo trató a patadas por si le hacía sombra), aunque sigan militando en él algunas personas de mérito y Félix de Azúa insista en que los seguirá votando hasta el día del juicio. El caudillo providencial se convirtió en un siniestro metepatas de los que se caen, nunca mejor dicho, con todo el equipo.

No sé si lo han echado del bufete por no dar golpe o por no cumplir las reglas de las puertas giratorias: atraer contactos de interés para la empresa que te contrata tras tu paso por el poder político. Si esa era la intención de Martínez Echevarría, le faltó algo de vista. Deberían haber esperado a que Rivera llegara a vicepresidente de la nación y, a ser posible, a presidente: quizás ahora se den cuenta de que fichar a un suicida político no es una idea especialmente brillante (entre otros motivos, porque no le has dado tiempo a desarrollar esos contactos que tan útiles te pueden ser para tus cosas).

Con los fracasos acumulados en la política y en la abogacía, no parece que Albert Rivera lo tenga muy fácil para seguir viviendo tan bien como hasta ahora, pues no le quedan muchos más terrenos que quemar (y peor lo tiene el sidekick Villegas). Y lo que más me molesta de todo es que, a día de hoy, sigo sin saber quién es exactamente Albert Rivera ni qué le mueve en esta vida aparte de las ansias de medrar."                   (Ramón de España, Crónica Global, 12/02/22)

10.2.22

Dos años ha durado el fichaje estrella de Albert Rivera, como aquellos futbolistas rutilantes que Ramón Mendoza traía en su última etapa como presidente del Real Madrid para luego acabar calificándolos de “castaña”... Es lo que tiene fichar a alguien para que te haga lobby y descubrir que su influencia y agenda estaban tan infladas como las columnas de opinión que, a mediados de la década pasada, se escribían afirmando que Rivera era el líder que España necesitaba... A Rivera se le sacó de una probeta y a base de comunicación y dinero se le convirtió en la némesis de Iglesias, pero sobre todo en la figura que sintetizaba a la clase media aspiracional, esa identidad del “quiero y no puedo” que protesta contra el impuesto de sucesiones estando muy lejos de pagarlo... Pero, como destilación refinada de lo aspiracional, Rivera confundió su personaje con su persona, su papel público con su misión encomendada: la de servir de muleta para un maltrecho PP y de buen consejero para que Pedro Sánchez no se juntara con malas compañías. Despreció varios Gobiernos porque, simplemente, se creyó las mentiras que otros contaban sobre él... Y así llegó el otoño en la Plaza de Colón... Y Rivera, tanto como Casado, empezó a decirle a todos esos treintañeros, que fumaban en shisha tabaco falso de frambuesa, que ser de ultraderecha no estaba tan mal. Por eso, ni cinco años después del primer aquelarre en Colón, Abascal camina con paso firme, a Casado le están tomando medidas para un traje y Rivera es ya sólo motivo de chiste para redes sociales

 "A estas horas, unas pocas antes de que ustedes lean este artículo, la página web del despacho de abogados Martínez-Echevarría aún sigue llevando el ampersand que les une al nombre de Albert Rivera. La foto del otrora líder de Ciudadanos aparece en las imágenes que se desplazan en su parte superior, la mayoría de ellas mostrando a un Rivera dinámico, en reuniones, conferencias, a punto de tomar grandes decisiones.

 Un retrato de medio cuerpo, no demasiado favorecedor, nos aclara su cargo en la empresa: presidente ejecutivo. Al menos hasta este lunes, cuando conocimos que Rivera, junto a su escudero José Manuel Villegas, habían mandado un email al bufete que presidían para dar por terminada su relación laboral, aduciendo que no les han concedido el 5% del capital ni les habían abonado la retribución variable. España discutiendo sobre leyes laborales y llega Rivera y se despide mediante un correo electrónico.

 El despacho, por su parte, ha declarado a los medios que “su productividad estaba alcanzando niveles preocupantes, muy por debajo de cualquier estándar razonable”; también que “su aportación fue ninguna y su implicación, nula [...] auténtico fiasco”, afirmando que huirán “de políticos vacíos, desinteresados y sin capacidad de trabajo". Dos años ha durado el fichaje estrella, como aquellos futbolistas rutilantes que Ramón Mendoza traía en su última etapa como presidente del Real Madrid para luego acabar calificándolos de “castaña”.

 Era lo que tenía fichar a un delantero que no te metía goles pero que repartía, generosamente, su sueldo por los clubes de la Castellana. Es lo que tiene fichar a alguien para que te haga lobby y descubrir que su influencia y agenda estaban tan infladas como las columnas de opinión que, a mediados de la década pasada, se escribían afirmando que Rivera era el líder que España necesitaba.

Y quizá era cierto, salvo que nunca se precisaba que era el líder que una parte de España necesitaba, esa parte que se sienta en los consejos de administración. A Rivera se le sacó de una probeta y a base de comunicación y dinero se le convirtió en la némesis de Iglesias, pero sobre todo en la figura que sintetizaba a la clase media aspiracional, esa identidad del “quiero y no puedo” que protesta contra el impuesto de sucesiones estando muy lejos de pagarlo. 

La manera de concitar los intereses de los que tienen el dinero con los intereses de aquellos que creen tenerlo. Albert Rivera fue a la política española lo que los chicles etiqueta negra son al mundo de las golosinas, la ginebra rosa a las bebidas alcohólicas y los geles de placer al sexo: cosas de las que podríamos prescindir, que no nos aportan nada, pero que nos hacen sentirnos por encima de la media.

 Que el ascensor social se estropeara, en un país donde realmente nunca funcionó muy bien, dio para que en lo peor de la anterior crisis nos llenaran la vida de baratijas, algo que la sociedad española, tras el primer momento de indignación, abrazó encantada como los indios el cofre de pulseritas por el que vendieron Manhattan. 

Así Rivera, mientras que nos vendía que no había rojos ni azules –algo muy de moda en el momento–, posaba en la portada de Vanity Fair arremangado jugando al billar, representando ese sueño de urba residencial adosada que mi generación, los que nacimos alrededor del ochenta, gustaba tanto de paladear. Gilipolleces premium y gestión de extremo centro: sensación de vivir, 90210.

 El invento funcionó por un tiempo, los resultados electorales eran magníficos, casi tanto como las visitas de Rivera a El Hormiguero para hablar con un guiñol y dos hormigas. Pero, como destilación refinada de lo aspiracional, Rivera confundió su personaje con su persona, su papel público con su misión encomendada: la de servir de muleta para un maltrecho PP y de buen consejero para que Pedro Sánchez no se juntara con malas compañías. 

Despreció varios Gobiernos porque, simplemente, se creyó las mentiras que otros contaban sobre él, algo que en política siempre se paga caro: sucumbir al elogio. Y así llegó el otoño rojigualdo, respuesta nacionalista al procés, y aquellas reuniones en la Plaza de Colón, que no se hacían en la Plaza de Oriente no por falta de ganas. Aunque Rivera se rodeaba de banderas LGBT en cada ocasión, era casi imposible desprenderse de aquella imagen tan alejada que le habían construido: el buen chicho padefo interesado más en el SUV de su jefe que en jaleos con la bandera del pollo. 

El problema es que un líder político, la posición de un partido, no es sólo un receptor de las simpatías de los votantes, sino que con su presencia y acciones construye a esos votantes. Y Rivera, tanto como Casado, empezó a decirle a todos esos treintañeros, que fumaban en shisha tabaco falso de frambuesa, que ser de ultraderecha no estaba tan mal. Por eso, ni cinco años después del primer aquelarre en Colón, Abascal camina con paso firme, a Casado le están tomando medidas para un traje y Rivera es ya sólo motivo de chiste para redes sociales. 

Quizá, sin él saberlo, es el hermano mayor de la subcultura de las criptomonedas, ya saben, esos postadolescentes que han pasado de la masturbación culpable a hablar de evasión fiscal sentados en sillas de oficina con respaldo de coche de rally. La especie que en occidente mengua con cada año de neoliberalismo que soportan los genes.

 Que unas horas antes de que conociéramos el lunes el affaire laboral de Rivera, viéramos a Hermann Tertsch intervenir desde un mesón en el Parlamento Europeo, no es casualidad. Tampoco que días antes a Casado le diera por cuestionar la legitimidad del sistema de votación del Congreso. O a Olona, tratando a dos individuos vestidos con mono de trabajo como esas presentadoras de programas infantiles tratan a los niños. 

No es casualidad este suma y sigue porque la operación de restauración en torno a Felipe VI, una que contaría a un lado con Susana Díaz, al otro con Soraya Sáenz de Santamaría y de la mano de las dos a Rivera, fracasó estrepitosamente. De un lado, Unidas Podemos consiguió llegar al Gobierno, del otro, las derechas españolas se han convertido en un problema para el propio país cuando, como Ciudadanos, han dejado de entender su papel de mantenimiento de un cierto orden económico, para pasar a creerse sus delirios imperiales y sus santas cruzadas. 

La política nunca se puede trazar con escuadra y cartabón sobre una impoluta mesa de operaciones. La política suele tender a la entropía porque sencillamente es la disciplina que trata de mediar en el conflicto. Y ni con todos los medios a tu disposición vale moldear a un golem de morro fino para que las cosas salgan como tú quieres: fingir que todo ha cambiado para que nada cambie. Es probable que quien eligió apostar justo por alguien como Albert Rivera no pare de echarse la mano a la frente cuando el amigo vuelve a saltar a la actualidad: “anda, hijo, bendita la hora”, se escucha desde una boca sentada en un sillón de cuero. 

En el fondo, más allá del personaje, todo se resume en que, sin cambiar la realidad –una llena de desigualdades de clase, territoriales, de género e incluso productivas–, toda fantasía narrativa acaba sucumbiendo. La pujante, la de Ayuso y Espinosa de los Monteros, el jefe por detrás del portero de discoteca, también juega con lo que se aspira a ser, salvo que, a diferencia de hace unos años, ya entra en la ecuación el cirujano de hierro. "                   (Daniel Bernabé, InfoLibre, 08/02/22)

13.4.21

Arcadi Espada (fundador de Ciudadanos) llama a una reflexión tras el tamayazo murciano: “Pido acabar dignamente”

 "Arcadi Espada, uno de los fundadores de Ciudadanos, ha alzado la voz después de que tres diputados naranjas hayan traicionado al partido y hayan votado en contra de la moción de censura que los naranjas y PSOE presentaron en la Región de Murcia contra el Gobierno de Fernando López Miras. Espada lo ha hecho en 'El Mundo' en una columna titulada 'Manifiesto por la Extinción'.

“El problema clave de la política española es que se dedican a ella, en una proporción abrumadora, personas como esas tres de Murcia que se echaron atrás a las pocas horas de firmar la moción de censura contra el presidente de la Comunidad”, comienza criticando Espada. “La corrupción de las formas siempre es la más dañina”, señala el fundador de Ciudadanos.

Asimismo, Espada recuerda que “Ciudadanos nació como un partido realista” y que “nunca descartó tener que lidiar, desde dentro, con la ignorancia y la corrupción”. No obstante, subraya que si hoy Albert Rivera “no es vicepresidente de Sánchez” no es simplemente por “su error garrafal a cuadrarlo con un pacto, sino por el olor a leche corrompida que exhalaba desde que salió en la tele abusando de aquel perrillo”. 

“Un partido como el Ciudadanos que fue, aquel que no encendía hogueras con papel de periódico sino con leños, sigue siendo imprescindible en España. No es mérito especial: cualquier higiene es imprescindible en este país reculado. Pero vistas las crecientes e insuperables dificultades y la pulsión de muerte que acompaña a cada acto de sus dirigentes, pido acabar dignamente, a lo Pániker”, escribe Espada.

 “Así que con toda solemnidad convoco a mis antiguos compañeros. A los que murieron, en espíritu; a los vivos, sin mascarilla, para redactar el Manifiesto por la Extinción. Advirtiéndoles, severamente, que esta vez no podemos tardar un año, y fiado de que el tiempo habrá hecho bajar el suflé de los egos revueltos. Como dije, la realidad fue siempre nuestro principal afán”, sentencia el fundador de Ciudadanos."                (El Plural, 13/03/21)

25.3.21

Ayuso abandera un proyecto autoritario. Una especie de señorío privado de los ricos más belicosos que apuestan por un proyecto duro y selvático para convertir a Madrid en una corte detractora de recursos del conjunto del Estado y hogar de los mandamases del sector financiero e inmobiliario que dominan la economía española... la izquierda debe proponer medidas fuertes para atacarlos (fin de los conciertos en la sanidad pública, regulación de alquileres, vivienda social, expropiación de vivienda en manos de fondos buitre, etc)

 "En los mentideros de la política madrileña tiempo ha se especulaba con la convocatoria anticipada de elecciones por parte de Ayuso. Esta posibilidad latente, que le permitiría a Ayuso aprovechar la debilidad de la izquierda, afianzarse en su pugna interna en el seno del PP y reducir a Cs a su significación real, finalmente ha podido materializarse con un latigazo proveniente de Murcia. (...) 

Los movimientos que estamos viendo en el plano político tienen mucho que ver con la naturaleza de Ciudadanos, con sus andanzas y torpezas, con su realidad última. Su derrota política antecede su derrumbe organizativo. Esta organización es fundamentalmente un aparato sobrerrepresentado, un espacio flotante y sin apenas amarres por arriba ni por abajo. 

Los sectores del Ibex que apostaron por esta organización han roto amarras y por abajo esta organización no dispuso del tiempo suficiente para llegar a arraigarse y convertir su representación en anclajes ideológico-materiales en la sociedad, es decir, en hacerse tradición y organización. 

Esta situación liminal explica todos sus desaciertos tácticos. Como un animal herido, sin asideros y huérfana ya de la inteligencia que le otorgaba ser una apuesta fuerte de los ricos, se desatan en su seno fuerzas centrífugas. Éstas inducen innumerables errores que a su vez retroalimentan un proceso, por otra parte bastante patético, de deflagración.

El devenir de Ciudadanos es también un aviso a navegantes. Porque su caída sin duda tiene que ver con la debilidad del liberalismo hispano, incapaz de echar raíces en la formación social española. Pero también nos habla de la dificultad de consolidar espacios políticos nuevos, y da cuenta de la complejidad de la lucha política.(...)

 El proceso de descomposición de Ciudadanos exige un nuevo arreglo en el plano político, y remueve todos los campos. En el de las derechas entronca con las luchas internas del PP entre Ayuso y Feixóo, que reflejan de forma ibérica y distorsionada también tendencias de fondo en Europa: el extremo centro y la extrema derecha.

Al PSOE este proceso le permite recentrarse  (...)

Las intenciones más inmediatas de Ayuso en el plano político con esta convocatoria están claras y ya fueron mencionadas más arriba. Desasirse de Ciudadanos, doblegar de nuevo a una izquierda débil y fortalecer posiciones en su batalla interna dentro del PP. Una cuarta dimensión es quizás la más importante: convertir a su Madrid no sólo en la vía predominante en las derechas hispanas sino en un proyecto (terrible) para el conjunto de la sociedad. (...)

Ayuso abandera un proyecto autoritario de corte thatchteriano. Una especie de señorío privado de los ricos más belicosos que apuestan por un proyecto duro y selvático para una sociedad que ellos encumbran. Esto está ligado al papel de Madrid dentro del capitalismo hispano: una corte detractora de recursos del conjunto del Estado y hogar de los mandamases del sector financiero e inmobiliario que dominan la economía española.

Pero lo más peligroso de Ayuso, y del proyecto del que es cara visible, es su capacidad de desparramar esa hegemonía hacia abajo e incluir en su proyecto a sectores sociales no necesariamente ligados de forma estricta a la élite de poder. Todo esto mediante una estrategia compleja que no se para a entrar en disquisiciones teóricas entre la primacía de lo cultural o la material sino que utiliza indistintamente recursos de una y otra naturaleza.

(...) La excepción ayusiana (...) es también uno de los experimentos más avanzados (y por desgracia exitosos) de nuevos arreglos de dominación de la clase dominante en un mundo convulso. Visto desde esta perspectiva, podemos ver como la batalla contra Ayuso sube de escala y se redobla la importancia de acabar con ella.

(...) la izquierda llega muy tocada a esta cita. La dinámica de fondo que viene operando desde la subida de Ayuso al poder sigue prevaleciendo: una izquierda institucional encerrada intramuros de la Asamblea de Madrid, incapaz de movilizar ni de detraer recursos para la organización social. Confiando en que, apretando a Ciudadanos y al PSOE, se podría derribar a Ayuso con un coup de main. Por otro lado una izquierda alternativa, muy tocada, que no tiene capacidad para levantar un proyecto propio que abra una vía distinta, y unos movimientos sociales igualmente tocados e incapaces de levantar una oposición social.

En este contexto, Pablo Iglesias se ve obligado a bajar a Madrid para salvar las papeletas de una UP que se enfrentaba al problema real de desaparecer en Madrid. Qué duda cabe de la audacia del movimiento, y es justo reconocer que en algunos sectores (no en todos) esto ha sido bien recibido. También, que en el terreno electoral puede resultar una ayuda en la tarea de desalojar a Ayuso. Sin embargo, revela una debilidad de fondo. La apuesta mayoritaria del ciclo anterior por renunciar a invertir en organización social y centrarse en la construcción a golpe de personalidades y maniobras nos dejó como legado una izquierda feudal que se mueve a ritmo de entronaciones, excomuniones y pactos vasalláticos. (...)

Endiablamos y odiamos a Ayuso, pero en su fortín, somos débiles. Esto no es producto un hechizo que emana de Sol sino de una orientación política concreta.

Quienes escribimos desde posiciones críticas con esta orientación, y creemos urgente abrir una nueva vía en la izquierda madrileña, somos conscientes de la debilidad de nuestras propias fuerzas y de nuestras posiciones. También lo somos de que en esta contienda electoral no se van a resolver problemas que datan de largo. Estas diferencias de fondo dificultarán apuestas compartidas en el plano electoral pero no una lucha compartida por desalojar a Ayuso del poder, a la que sumaremos nuestras fuerzas y recursos para hacer efectiva.

Una contienda en la que es imprescindible visibilizar los poderes fácticos que sustentan la hegemonía de Ayuso y sobre todo, proponer medidas fuertes para atacarlos (expropiación de la sanidad privada, fin de los conciertos en la pública, regulación de alquileres, vivienda social, expropiación de vivienda en manos de fondos buitre, etc). Sólo así se podrá atacar a los pivotes sobre los que se sustenta la derecha madrileña e instigar los necesarios conflicto que doten que posibiliten que estas medidas puedan ser conquistas y defendidas.(...)"               (Anxel Testas, militante de Anticapitalitas, Viento Sur, 20/03/21)

23.3.21

Ciudadanos, en obras por demolición... Fran Hervías está metido en la operación para destruir desde dentro el partido que era el suyo y que le ha encargado Teodoro García Egea, número dos del PP... el mensaje suele ser claro: los que se den más prisa, podrían tener sitio. Llegar el último significa quedarse sin silla

 "El dirigente de Ciudadanos que nunca leía libros tiene mucho trabajo estos días. Fran Hervías está metido en la operación para destruir desde dentro el partido que era el suyo y que le ha encargado Teodoro García Egea, número dos del PP. Consiste en ponerse en contacto con cargos de Cs descontentos con la gestión de Inés Arrimadas para comunicarles que su futuro está en la formación de Pablo Casado. 

Ya vale de angustiarse con la pelea de sobrevivir en un partido que se ha ido desangrando en todas las citas electorales celebradas desde abril de 2019. En la calle Génova les esperan con los brazos abiertos. Con el fin de eliminar dudas y doblegar voluntades, el mensaje suele ser claro: los que se den más prisa, podrían tener sitio. Llegar el último significa quedarse sin silla.

Hervías se jactaba de no perder el tiempo en leer libros, según contó el exdirigente de Ciudadanos Xavier Pericay. Sus habilidades eran otras y no pasaban por la elaboración de mensajes políticos. Era el guardaespaldas orgánico de Albert Rivera, el que se ocupaba de impedir cualquier conato de disidencia a través de una red de confidentes que le mantenían informado. Como secretario de Organización, no le bastaba con tener una comunicación permanente con dirigentes locales o regionales. Con vistas a ofrecer al líder un plan B en cada zona, se cuidaba de tenerlos vigilados con la información que le aportaban otras personas.

En un partido en que la voluntad del líder es de obligado cumplimiento, ganas mucho tiempo si consideras sospechosos a todos los demás por si es necesario ajustar cuentas. Ese conocimiento nunca caduca.

Ahora Hervías es el ingeniero que está construyendo los túneles subterráneos con los que conseguir que Ciudadanos se venga abajo. El Español publicó el jueves una foto del nuevo experto en demoliciones a las órdenes de García Egea reunido un día antes en un restaurante con la diputada Marta Martín y dos senadores del partido. Hervías había negado tener algo que ver con las maniobras del senador Emilio Argüeso, uno de los presentes en la comida y dedicado a la labor de captador de tránsfugas. La foto confirmó que estaba mintiendo.

La imagen dejó a Martín sin más opciones que anunciar su dimisión como diputada. Sabía que iba a ser especialmente dolorosa para sus compañeros. Como principal especialista en educación, había tenido un papel muy relevante en las últimas legislaturas. Al despedirse, suscribió el mensaje que están extendiendo desde la derecha los que han firmado la carta de defunción del partido: «Que ese escaño no sirva jamás para dar alas ni al nacionalismo ni a la corrupción». Es curioso que se refiriera a este último punto en la semana en que Ciudadanos presentaba una moción de censura en Murcia a la que probablemente se oponía.

Los tímidos y calculados intentos de Arrimadas por llegar a acuerdos con el Gobierno de Pedro Sánchez en algunos puntos han provocado que haya sido excomulgada. Ahora también ella es sospechosa de nacionalismo.

La otra asistente a la comida con Hervías también anunció que deja Ciudadanos, pero no el escaño. Ruth Goñi, senadora de Navarra, jugó el papel de esos políticos que niegan la evidencia sin mover una ceja. «Es un cambio ideológico que me expulsa del partido», dijo. Aparentemente, Cs se ha hecho independentista o socialista. Para justificar quedarse en el Senado, alegó que el escaño podía caer en manos del enemigo: «No puedo dejar esta acta para que la ocupe una persona que va a apoyar el sanchismo». Ella seguirá cobrando para salvar a Navarra de ese infausto e improbable destino.

 La política puede llegar a ser un negocio implacable. Algunos de sus elementos como Hervías ayudan a entender cómo se viven los conflictos internos en un partido. Los mismos que impusieron la disciplina con mano de hierro pueden convertirse después en los infiltrados que fomentan las deserciones. Lo que no cambian mucho son sus métodos.  (...)

El Partido Popular no iba a dejar sin castigo la provocación de Murcia. En enero, aún andaba diciendo que sólo buscaba preparar el terreno para que ambos partidos «sumaran» juntos en la próxima campaña electoral nacional. «No vamos a recibir cargos de nuestro socio ahora y no vamos a propiciar el cambio de siglas y la desunión», decían entonces. 

El fracaso en Catalunya y la oportunidad surgida en Madrid con la convocatoria de elecciones les han hecho cambiar de opinión. Sea o no un cálculo acertado, creen que la llegada a Moncloa pasa por aniquilar antes a Ciudadanos. Y si vas a invadir un país, es más rápido cuando cuentas con traidores que te abren la puerta de la muralla."                 ( Iñigo Sáenz de Ugarte  , Guerra eterna, 19/03/21)

18.3.21

Han perdido el sentido de la decencia quienes no se indignan ante el espectáculo de Murcia: tres personas han sido compradas con cargos a la vista de todos para que renuncien a las siglas con que fueron a elecciones. Basura política que hiede

Antonio Papell @Apapell

 Hoy acierta Arcadi Espada: han perdido el sentido de la decencia quienes no se indignan ante el espectáculo de Murcia: tres personas han sido compradas con cargos a la vista de todos para que renuncien a las siglas con que fueron a elecciones. Basura política que hiede.

5:36 p. m. · 13 mar. 2021
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 "Cuesta recordar un culebrón equivalente. El miércoles 10 de marzo de 2021 quedará en la memoria como el día (uno de los tantos) en que saltó todo por los aires. (...)

El terremoto empezó en las derechas de la Región de Murcia pero sus réplicas sacudieron fuerte Madrid y se sintieron —y sentirán, claro— en toda España. Es la cosecha de una siembra de desconfianza entre el Partido Popular y Ciudadanos, éste último debilitado y recalculando su sitio en el mapa político. Su lucha por la supervivencia desde la renuncia de Albert Rivera los vuelve a poner en el mismo punto de partida: ser la marca blanca del liberalismo para cooperar y así contener a la izquierda. (...)

Para los desprevenidos: PP y Cs sumaron mayoría en Murcia con la colaboración de la ultraderecha. Más allá de algunos desencuentros, no había un grave conflicto entre ellos, por eso el aroma a traición es indisimulable, sin romper el gobierno y mientras permanecía en el Ejecutivo, los naranjas murcianos negociaban con los socialistas (crónicas de la prensa local dicen que desde hacía un mes) para asestar la sorpresa con una moción de censura con los cargos ya distribuidos entre sí.

 Pero Cs no imaginaba la desmesura de Génova. La cúpula del PP respondió al fuego con más leña y llevó la batalla a Madrid, la gran caja de resonancia de la crispación y la lucha política en que se ha convertido la capital del Estado. La presidenta Díaz-Ayuso disolvió la Asamblea y echó a Cs del Ejecutivo regional. (...)

La reacción alfa del PP también fue en Murcia. Conservar el poder, sea como sea. El presidente López Miras, consiguió que tres diputados de Cs hagan transfuguismo y prometan votar en contra de la moción a cambio de una vicepresidencia y dos consejerías. La paradoja: los de Cs se olvidaron de la regeneración y de su paso al centro y pidieron ayuda a tres legisladores expulsados de Vox para salvar la jugada, según informó el periódico murciano La Verdad. Los tres de la ultraderecha pidieron una propuesta por escrito y recordaron que lo del pin parental debe ser parte del acuerdo. El tiempo dirá en qué acaba este bazar de ofertas.

El escándalo recordó no solo al “tamayazo” en Madrid sino la debilidad del Pacto contra el Transfuguismo Político, firmado en 1998 y en el que están adscritos todas las formaciones excepto Vox.(...)

 “¿Que si Cs se acerca al PSOE para divorciarlo de la mayoría de investidura? Claro que sí”, responde a El Salto un diputado de Unidas Podemos, electo por una provincia mediterránea. La opinión orgánica de la formación tras el miércoles intenso fue que todo esto reforzaba a la coalición. Fuera de micrófono hay otros matices.

Según el diputado, el interés de los poderes fácticos en que los naranjas resuciten y sean los nuevos aliados del PSOE “es evidente, pero las matemáticas políticas no les dan. Son los mismos que intentaron boicotear el acuerdo de investidura y tampoco pudieron, porque no hay ninguna mayoría alternativa posible”. Además, recuerda que otros socios estables, como el PNV, son “bastante incompatibles para muchas cosas con Cs” y no podrían dar estabilidad para una legislatura. (...)

El PP madrileño aprendió la lección de la historia, que parecía encaminada a repetirse. En 1989, Agustín Rodríguez Sahagún fue electo alcalde de Madrid gracias a una moción pactada por Alianza Popular y CDS para desalojar al socialista Juan Barranco. El PSM había ganado las elecciones y la derecha, especialmente su líder Manuel Fraga, quería hacerse con la capital y para eso cedió el trono a la tercera fuerza en el distrito, los más moderados que respondían a Adolfo Suárez. El mismo formato se intentó repetir en Murcia y en Puerta del Sol lo vieron venir.

Ayuso plantea entonces unas elecciones que en los hechos son un referéndum sobre su gestión. “Socialismo o libertad”, dijo en tono trumpista. Si los tribunales avalan su convocatoria —y rechazan que prosperen las mociones de PSOE y Más Madrid—, la jugada es de alto riesgo. Como comentaba una fuente del grupo parlamentario Popular: “Es decisión valiente pero tiene un problema. Si Ayuso en Madrid no suma con Vox, ¿con quién suma? Si no le da mayoría la suma de PP-Vox, pierde el gobierno”. La matemática es implacable. (...)

Pero el motín de Cs trae ilusión en Génova. Primero, porque creen que esto espantará votos más conservadores que tenían los naranjas e irán para Ayuso, que se ha vuelto el emblema de la derecha desacomplejada, emocional y alzada. Estadísticamente, la participación electoral en Madrid suele superar hasta por 20 puntos en los distritos más ricos con respecto a los más pobres. El anhelo es un gobierno en solitario con apoyo parlamentario de la ultraderecha, que cada vez tiene menos de diferencia con el PP regional.

Cs parece encaminado a sufrir un descalabro si hay urnas y por eso, si prosperan las mociones, seguramente busque hacerse con el puesto grande de la Real Casa de Correos o sino ser subsidiario de Moncloa. Con los votos de PSOE y Más Madrid alcanza, ni hace falta Podemos en Madrid, que es quinta fuerza. El impacto político que tendría un gobierno PSOE-Cs en la tercera autonomía más grande del Estado sería colosal. (...)

¿Y la izquierda? Su gran desafío es ahora no caer en la guerra de guerrillas que ya tiene la derecha. Si hay elecciones en Madrid, se resucitará el viejo enfrentamiento Iglesias-Errejón, más las peleas con el PSOE por un pacto socioliberal, que tiene apologistas en los barones de Castilla-La Mancha, Aragón y Extremadura. Si hubiera elecciones, ¿repetirían Errejón e Isabel Serra como candidatos o habría sorpresas? (...)"                      (Daniel Galvanizi, El Salto, 14/03/21)

17.3.21

Daniel Bernabé: Albert Rivera, todo Ciudadanos, nunca pasaron de hacer otra cosa que playback... Ciudadanos ya no vale para nada ni representa a nadie: ¿para qué se necesitan bisagras en una batalla a cara de perro? A Pablo Casado se le empieza a poner cara de Arrimadas, mientras aplaude a Ayuso

 "(...) Los naranjas aparecieron en el momento que más falta hacían, como Los vengadores del Ibex 35. La Gran Recesión dejó muchas cicatrices pero sobre todo la sensación de que lo que había valido hasta entonces había dejado de valer. 

Podemos entendió aquello y se presentó como los nuevos portadores del descontento popular, lo que les funcionó. Los morados fueron preocupación para los poderes establecidos pero, más aún, todo ese quinquenio de la protesta donde mucha gente salió durante mucho tiempo a la calle. Los sillones de cuero de las torres acristaladas, por muy altos que estuvieran, sintieron la conmoción.

Y fabricaron a Ciudadanos como los científicos de Jurassic Park fabricaban los dinosaurios, tomando la genética de un partido nacionalista español surgido en Cataluña contra el independentismo y mezclándola con frases motivacionales, ideología de la no ideología y gente guapa. Y también les funcionó, al menos en la medida suficiente para crear la bisagra del bipartidismo. 

Rivera pudo haber formado gobierno con el PSOE en un par de ocasiones, pero el único apoyó que acabó constatándose fue al Rajoy moribundo por la Gürtel. Cuando más alto estaban en las encuestas llegó la moción de censura de la primavera de 2018, un movimiento que les dejó fuera de juego. Estar arriba no es decisivo cuando la astucia y el arrojo son de otros: Iglesias supo ver cómo podrían ser las cosas, Rivera tan sólo lo imaginó ebrio de codicia.

 En febrero de 2019 llegó Colón, donde esa genética primigenia, que se expresaba mediante pulsiones esporádicas, tomó definitivamente ventaja sobre el partido del diseño y la ginebra rosa. Ciudadanos había triunfado en las elecciones catalanas del 155 y el procés, aún descarrilado, seguía marcando la política española. 

Sánchez tenía que aprobar unos presupuestos y había que apretar, se sabía que el Gobierno era débil y se intuía que la legislatura iba a ser corta. Rivera pensó que su papel de bisagra se le quedaba pequeño y que ante un Casado torpe y agostado era el momento de intentar ser el primero, al menos en la derecha. (...)

A Ciudadanos se le sacó de una probeta, quizá sin contar con que el instinto y la codicia siempre queda por encima de la función encomendada. Y, en esa relación de doble vía que los partidos tienen con sus electores, los de Rivera se auparon sobre una capa de la población a la que dieron forma. La clase media aspiracional, aquellos a los que la crisis les arrebató lo que pensaban que era suyo: gente que caminaba impulsada entre el recuerdo del PAU floreciente y la hipoteca a cuarenta años. 

Estaban también descontentos, pero nunca se atrevieron con Podemos porque preferían antes el todoterreno del jefe que esa memez de la justicia social. Quizá ya no podían tomar el ascensor social, pero querían pensar que sí al ver a aquel Rivera posando arremangado, jugando al billar, en la portada del Vanity Fair. Si él había podido, ellos también podían. Hacer política sobre lo que ya existe es bastante más sencillo que proponer una alternativa.

 (...) el otoño rojigualdo de 2017 cambió muchas cosas, dio la posibilidad a algo que llevaba incubándose tiempo: un proceso de involución en España. Ciudadanos contribuyó a que la clase media aspiracional pasara a ser la clase media reaccionaria, junto con el PP, al dar estatus de normalidad a Vox con sus pactos municipales y autonómicos. Los ultras no sólo habían conseguido influencia institucional, sino que además tenían toda la atención de aquel segmento social. Cuando nos quisimos dar cuenta, los que aspiraban al todoterreno habían añadido una pulsera rojigualda al traje de mando intermedio.

Inés Arrimadas, que nunca fue diferente de Rivera, sino probablemente más radical en su impostura, le tocó lidiar con el derrumbe y entre cascotes vio la oportunidad de recuperar el papel de bisagra antes que el de azote: era lo único que le quedaba aunque probablemente ya nadie lo comprendiera. 

Sánchez recibió el cambio de postura con interés, para reequilibrarse, temeroso de quedar demasiado condicionado por UP. La desastrosa maniobra murciana hunde sus raíces en esta situación, pero no tuvo en cuenta no sólo que el PP sabe tanto de maletines como de componendas, sino que lo que quedaba de Ciudadanos, que se formó apresurado por gente de moral ambiciosa, estaba ya pensando en donde asentar su carrera. Un barco puede hundirse, una rata siempre sale a flote.

 Con la caída de Ciudadanos en desgracia, difícilmente reparable, ya no se trata de ver si será el PP o será Vox quien acaudille a la derecha española, sino si lo ultra es quien se hace al final con ese mando, bien a través de Vox bien a través del PP. Que ese accidente histórico llamado Ayuso obtuviera una victoria sería preocupante para la izquierda, pero aún más para Pablo Casado, al que se le empezaría a poner cara de Arrimadas mientras aplaude. Para uno, que tendría que volver a su papel de chico malo, ya son demasiados cambios de guion. Para la otra no es más que la magnificación de su papel.

Aguado, daño colateral por ser más cobarde que audaz, se quejaba de los medios a través de las redes sociales sin enterarse aún de lo sucedido. Algún dirigente naranja le ha seguido la corriente, tarde y mal. Arrimadas ya es poco más que aquellas señoras que se paseaban por París declarándose la zarina Anastasia, exigiendo el trono de Rusia, cuando sabían en el fondo de su demencia que a lo más que podían aspirar es que alguien saldara lo debido en absenta y pensión. 

Ninguno de ellos parece entender que, cuando en vez de nacer te nacen, eres mucho menos importante de lo que los cronistas dijeron de ti. Ciudadanos, al que el sistema mediático siempre trató entre algodones, ya no vale para nada ni representa a nadie: ¿para qué se necesitan bisagras en una batalla a cara de perro?

Albert Rivera, todo Ciudadanos, eran como aquellas figuras de la televisión de los ochenta: nunca pasaron de hacer otra cosa que playback. Lo peor es que, como en el caso de Milli Vanilli, fingían cantar sobre una voz que ni siquiera era la suya. Tuvieron todo de cara, al final se han quedado sin nada. (...)"          (Daniel Bernabé, Público, 15/03/21)

12.3.21

El golpe de timón de Ciudadanos desnuda la debilidad del PP en toda España... es la llave para dinamitar el poder territorial del PP, que tiene los pies de barro, porque son gobiernos construidos con en el apoyo de Vox, algo que Moncloa quiere poner en evidencia

 "El PSOE ganó las elecciones de 2018 en Andalucía y también las de 2019 en Madrid, Murcia y Castilla y León, pero en estas cuatro comunidades no tuvo más remedio que resignarse y ver cómo una alianza de PP y Cs, con el apoyo de Vox en las tres primeras, le privaba del gobierno. Ya entonces intentó negociar con Ciudadanos, pero la dirección de Albert Rivera no siquiera respondió a la oferta.  

Los socialistas han esperado desde entonces una segunda oportunidad que les permitiese laminar el poder territorial que Pablo Casado exhibe contra el Gobierno. Y mostrar, de paso, sus pies de barro, porque son gobiernos construidos con en el apoyo de Vox, algo que hace tiempo que Moncloa quiere poner en evidencia.

Esa oportunidad se la han encontrado en Murcia, donde ha bastado ofrecer la presidencia a la candidata naranja para que los desencuentros entre PP y Cs hiciesen el resto. Y de paso se han encontrado con una primera consecuencia de valor potencialmente incalculable para desbloquear la situación de Madrid: la presidenta Isabel Díaz Ayuso ha roto su alianza con Ciudadanos y trata de convocar elecciones anticipadas. 

Aunque está por ver si su convocatoria es válida o si, por el contrario, lo son las mociones de censura registradas en la Asamblea por el PSOE y Más País y admitidas a trámite por la Mesa de la cámara autonómica. Un efecto dominó que motivó al PSOE a presentar una tercera moción de censura, esta vez en Castilla y León, aunque en este caso todo indica que no tiene posibilidades de salir adelante. 

 La compleja situación motivó una reunión al más alto nivel en la sede de Ferraz a la que, según fuentes socialistas, acudieron el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y su jefe de gabinete y principal estratega, Iván Redondo. En ella también participaron la portavoz parlamentaria, Adriana Lastra, el secretario de Organización, José Luis Ábalos, el secretario general del PSOE madrileño, José Manuel Franco, y el secretario ejecutivo de coordinación territorial, Santos Cerdán. 

Sobre la mesa, la moción de Murcia, que se ha convertido en la llave para dinamitar el poder territorial del PP, la moción de censura en Castilla y León, que en principio carece de apoyo del apoyo que necesita por parte de Cs para salir adelante, y sobre todo la compleja situación de Madrid.

Si hay moción de censura en la comunidad madrileña, el PSOE cuenta con el apoyo de Más País —prácticamente garantizado— y buscará el de Ciudadanos. Los socialistas confían en que los naranjas prefieran un gobierno con Ángel Gabilondo en la presidencia a unas elecciones que les puede barrer del mapa político de la capital. El enfado del líder naranja en la Comunidad, Ignacio Aguado, destituido este miércoles de forma fulminante por Ayuso, es un buen augurio para los socialistas. 

 La reunión de Ferraz, no obstante, tenía otro punto importante encima de la mesa: encontrar un candidato para encabezar la lista del PSOE si, finalmente, Ayuso se sale con la suya y hay elecciones el 4 de mayo. Gabilondo no repetirá y Sánchez y su equipo buscan un nombre capaz de repetir el éxito protagonizado por Salvador Illa en las elecciones catalanas. 

En las últimas horas ha comenzado a circular el nombre de la actual ministra de Defensa, Margarita Robles, con el argumento de que tiene un perfil supuestamente muy adecuado para esta convocatoria: mujer, muy conocida y bien vista en sectores sociales moderados a los que los socialistas quieren llegar para plantar cara a la derecha. Preguntada por esta posibilidad en los pasillos del Congreso, Robles se limitó a decir que se ve como ministra de Defensa. Ni afirmó ni desmintió nada.

En la estrategia del Gobierno y del PSOE pesa mucho estos días la voluntad de plantar cara a Pablo Casado, a su política de bloqueos y a su actitud de acoso y derribo poniéndole frente al espejo de su dependencia de Vox. “El PP ha unido su destino a la ultraderecha”, aseguran ayer fuentes de Ferraz.

 Fuentes del Gobierno aseguraban este miércoles que el problema de Casado es que habiendo obtenido “unos malísimos resultados pretende hacer ver que han sido buenísimos. Y además se lo cree” y, por culpa de eso, “no hace el trabajo que tiene que hacer” con Vox. “Con sus peores resultados ha vivido en un espejismo. Ha vendido triunfos y poderes” que le son “vicarios”.

El PP, “en la cuerda floja en todos los sitios”

La anunciada pérdida del Gobierno de Murcia y la decisión de Ayuso de anticipar elecciones para evitar una moción no hacen otra cosa, en opinión de las mismas fuentes, que revelar hasta qué punto el PP está “en la cuerda floja en todos los sitios”. “El PP algo tiene que hacer. Llevamos mucho tiempo diciéndoselo: ocupen su espacio, enfréntense a Vox y den señales de vida leal e institucional”.

El PSOE considera el acuerdo de Murcia con Cs un pacto local y sostiene que cada comunidad en un caso distinto, pero lo ocurrido en Madrid extiende las posibilidades a otros territorios. De ahí que en el Gobierno todavía esperen un cambio de actitud por parte de Arrimadas, al que se puede ver empujada por la hostilidad desatada por Casado. “A Ciudadanos se le ha desplomado todo y viene al Congreso en un tono poco entendible. Se les puede estar acabando el tiempo de jugar con sus escaños”.

Ciudadanos hace tiempo que está incómodo en el Gobierno de Murcia. Los dirigentes locales del partido naranja no se entienden con el presidente del PP, Fernando López Miras, y llevan desde primavera explorando la viabilidad de una moción de censura con la que poner fin a 26 años de gobiernos conservadores. Y de paso reescribir el papel que el partido ha jugado como apoyo imprescindible de la derecha y que tan escasos resultados les ha dado hasta la fecha.

Tres factores han acabado por precipitar la moción. En primer lugar, el escándalo de las vacunas vip, encabezado por el exconsejero de Sanidad de López Miras, cuya dimisión acabó forzando Ciudadanos. En segundo lugar las denuncias de corrupción realizadas por el líder naranja en el Ayuntamiento de Mario Gómez. Y, en tercer lugar, la decisión del PSOE de ceder la presidencia de la comunidad a los de Inés Arrimadas, en este caso a la hasta este miércoles consejera de Empresa, Ana Martínez Vidal. Será el puesto ejecutivo más importante jamás ejercido por Cs en su historia. (...)

Pero aunque esa no fuese la intención de Cs, lo cierto es que la brusca ruptura del pacto en Murcia y la separación forzada por Ayuso en Madrid marcan un antes y un después en la relación entre el PP y Ciudadanos y altera las reglas de juego de la derecha. La presidenta de Madrid ya asumió este miércoles el lenguaje de Vox y se refirió a Ciudadanos como una fuerza más “de la izquierda” marcando el rumbo de un enfrentamiento que, si se extiende, acabará contaminando a los gobiernos de coalición de la capital y de las comunidades de Castilla y León y de Andalucía. Y Vox no sólo se ha felicitado de que Ayuso haya convocado elecciones sino que ha hecho suyo incluso el lema con el que la presidenta ha firmado la disolución de la Asamblea: “Socialismo o libertad”.

La dirección de Arrimadas pretendía una voladura controlada del Gobierno de Murcia pero la onda expansiva se ha llevado por delante la coalición de Madrid. Oficialmente no piensan apoyar la moción de censura presentada por el PSOE en Castilla y León ni tienen intención de poner fin al Ejecutivo compartido en Andalucía. Otra cosa es lo que pase en Madrid: si no hay elecciones y sí moción de censura —este miércoles se presentaron dos, una del PSOE y la otra de Más Madrid— la dirección del partido decidirá si las apoya. Y todo apunta a que los naranjas estarían dispuestos a negociar un gobierno con los socialistas antes que a arriesgarse a afrontar unas elecciones en un momento en el que las encuestas les anuncian un fuerte retroceso. (...)

En el PP ha cundido la preocupación. La moción de censura de Murcia amenaza uno de sus feudos tradicionales, donde ha gobernando durante 26 años ininterrumpidos. Y le ha obligado a romper con Ciudadanos en Madrid en una maniobra con la que ha intentado prevenir otra moción de censura que le privase de la presidencia de esta comunidad, que Isabel Díaz Ayuso ha convertido en la principal arma de oposición del PP al Gobierno de Pedro Sánchez.

El escenario que queda, sin embargo, no es cómodo para Casado. Justo cuando acababa de dibujar una hoja de ruta centrista y moderada y había reafirmado su deseo de marcar distancias con Vox, el PP se queda con los ultras de Santiago Abascal como única pareja de baile.

A partir de ahora, como anunció a última hora de la tarde el número dos de Casado, Teodoro García Egea, el PP está en guerra con Ciudadanos. Aunque lo que no explicó es como piensa hacer compatible la ofensiva contra los naranjas con la pervivencia de los gobiernos de coalición en Andalucía, Castilla y León y el Ayuntamiento de Madrid. (...)

A partir de este momento, concluyó, el PP abre sus puertas a los militantes, dirigentes y representantes públicos de Cs que está seguro no se sentirán cómodos con la actitud de Arrimadas  y a los que pidió que se incorporen a la formación conservadora. Y reunificar así la “casa común” del centroderecha."                  (Fernando Varela, InfoLibre, 11/03/21)

22.2.21

Rivera... aquél de Ciudadanos... tuvo la osadía narcisista de liderar a la derecha española como presidente del Gobierno... entendió la política como la apuesta por el éxito personal. Como la vida de un deportista de éxito. El partido sólo había sido un instrumento para su realización personal. A esto se reducía Cs. Y esto lo vieron los votantes

 "(...) El caso de Cs está más emboscado, pero es más triste. El 14-F sólo fue la fecha de una defunción, pero las causas reales del fracaso están en el imperdonable error de no pactar un gobierno de coalición en abril del 2019 cuando los 57 diputados de Cs sumaban mayoría absoluta  con los 123 del PSOE. No sólo fue un error, fue ante todo una traición a la Resistencia que lo había engendrado para sustituir a los nacionalistas como partido bisagra en la gobernabilidad del Estado. 

Y precisamente, la primera vez que lo tenía en su mano en momentos difíciles para la nación, se niega en nombre de haber empeñado su palabra en no pactar con Sánchez. Él, que por entonces ya se le conocía como “el Veleta”. ¡Qué momento tan inoportuno para cumplirla por una vez! Ahora puede comprobar las consecuencias de su “No es No”. Y puede entender por qué le abandonaron millones de votantes.

Pero no fue el error lo peor, sino la causa. En pleno acoso a Mariano Rajoy por los casos de corrupción y con 57 diputados en abril de 2019, a solo 9 de los 66 del PP, tiene la osadía narcisista de liderar a la derecha española como presidente del Gobierno español. La idea la ha ido macerando en plena campaña contra Rajoy, pero la moción de censura y el cambio de líder en el PP le revienta los planes. 

La hecatombe le sobreviene con la misma crueldad que al personaje de la mitología griega Ícaro; quiso volar tan alto que sus alas de cera se derritieron al acercarse al sol. “César o nada”, era la culminación de entender la política como la apuesta por el éxito personal. Como la vida de un deportista de éxito. El partido sólo había sido un instrumento para su realización personal. A esto se reducía Cs. Y esto lo vieron los votantes.

Pero el error y la traición venían aún de antes. Cuando quiso acortar camino para llegar al poder sin importarle los medios, pactando con la coalición europea de extrema derecha “Libertas” en 2008. Ahí acabó con la transversalidad de Cs (lo de la renuncia a la socialdemocracia de 2017 sólo fue una redundancia innecesaria), y abandonó la lucha por desplazar al PSC para centrarse en suplantar al PP. 

Y poco después, con el partido completamente controlado, empezaron a maquillar el lenguaje (la palabra inmersión se debía relegar a conveniencia), a moderar el discurso, y acercarse al espacio convergente. Ese camino de flacidez que le llevó a implantarse en España y crecer en Cataluña, tuvo su culminación en diciembre de 2017 con el triunfo en las elecciones catalanas. Sus 36 diputados eran la desesperación de esa media Cataluña excluida y asfixiada de nacionalismo, convencida de que era su única tabla de salvación.

Pero Inés Arrimadas cometió dos errores imperdonables: no hizo ni el ademán de presentarse a la investidura. Albert Rivera no podía permitirse una derrota en sus constantes éxitos electorales camino del sorpaso al PP (recuerden que estamos en 2017). Y poco después huye de la pesadilla nacionalista a Madrid

 Ella lo pide, y Albert necesita su éxito mediático creciente para ayudarle a ganar la presidencia del gobierno. Aquí se quedan sus votantes abandonados a su suerte. ¿Y se preguntan por qué han perdido 30 diputados de 36? ¿Y se preguntan por qué sus votantes se han echado en manos de Vox?

 Los 11 escaños de Vox no son de carambola, ni circunstanciales, borrarán del mapa a Cs. Al menos en Cataluña. (...) Se han quedado sin espacio. Los electores no están para sutilezas.

 Cs, respecto al PP, ya no tiene diferencia alguna. Lo único que les queda es fusionarse. Se harían un favor y reforzarían el centro derecha. Vox ni quiere ni debe formar parte de esa coalición, fusión o reabsorción. En Vox no son constitucionalistas, son nacionalistas españoles. Eso es lo que han votado 217.883 catalanes en nombre del constitucionalismo (...)

Fracasado Cs como partido de centro izquierda, y disuelto en centro derecha liberal con el PP, es urgente que surja una izquierda nacional, con España como espacio del bien común. Es precisamente ahí, donde la nación está a la intemperie."                (Antonio Robles, El Liberal.cat, 19/02/21)

25.2.20

Relato del naufragio del transatlántico Ciudadanos contado desde la sala de máquinas del barco... el secretario de Organización contaba con una red de confidentes por toda España que le mantenían informado sobre cualquier atisbo de disidencia

"Cada vez que un político afirma que su partido aspira a atraer lo mejor de la sociedad civil, alguien debería echarse a temblar en algún sitio.  (...)

Si ese partido es Ciudadanos, antes de salir corriendo o decir que sí, sería conveniente que leyera el libro '¡Vamos?' (Editorial Sloper), de Xavier Pericay, que fue portavoz parlamentario de Ciudadanos en Baleares de 2015 a 2019. "Para triunfar en política, para alcanzar el poder, hay que saber mentir y engañar. Quien vaya con la verdad por delante lo tiene crudo, por no decir que tiene los días contados".

Es cierto que lo escribe en relación a la biografía de Fouché (ministro de Policía con Napoleón, superviviente de varios regímenes), pero ese pesimismo tan amargo se extiende a la descripción que hace de su paso por la cúpula del partido. (...)

Pericay fue uno de los quince intelectuales que firmaron el manifiesto que propulsó la fundación de Ciudadanos. Como alguien que era filólogo, profesor y experto en la obra de Josep Pla, su papel político iba a concluir ahí. Circunstancias fuera de su control, sobre todo el hecho de que el partido no contaba con nadie para encabezar la candidatura autonómica en Baleares, hicieron que diera un paso al frente de forma un tanto reticente. 

Era por tanto un político accidental con lo que ya estaba en desventaja. Los tiburones –aquellos que se profesionalizaron con rapidez– no tuvieron problemas para engullírselo. Perdió las primarias para volver a presentarse a las autonómicas de 2019 y en julio dimitió de su cargo en la Ejecutiva.

Pocas veces alguien que ha estado dentro de la maquinaria de un partido decide contar luego lo que ha visto y enseñar las cicatrices que le han quedado en el cuerpo. Tampoco se estila anunciar que el rey estaba desnudo mientras los cortesanos no cesaban de elogiar la calidad de su vestuario. Pericay vulnera ese acuerdo implícito de no sacar fuera los trapos sucios con los que los mediocres consiguen que perviva la forma de hacer las cosas que les ha permitido prosperar.

No hay muchos partidos que resistan la comparación entre sus mensajes hacia fuera y su realidad interna. Ciudadanos no es una excepción.

(...)  el secretario de Organización, Fran Hervías, contaba con una red de confidentes por toda España –los secretarios de Organización locales– que le mantenían informado sobre cualquier atisbo de disidencia, y todos estaban absorbidos por el "culto a la personalidad" del líder. Esto último, en expresión literal de Pericay.

Albert Rivera ha sido el único líder que ha tenido Ciudadanos. El ascenso del partido hasta el fiasco de las elecciones de noviembre ha estado ligado a su figura, omnipresente en los medios. La prensa de Madrid decidió durante un tiempo que era el salvador de la Constitución en España y hasta los medios más cercanos al PP lo trataban con algo más que respeto. La traducción interna de tanto elogio exterior era evidente: "Ciudadanos se conformaba como un partido fuertemente jerarquizado, de una verticalidad que para sí hubieran querido, pongamos por caso, los mismísimos sindicatos franquistas", escribe Pericay. 

El viaje de Rivera hacia el poder absoluto empezó mucho antes de que acapara titulares. En noviembre de 2006, debía dar su primer gran discurso en el Parlament en la sesión de investidura de José Montilla. Albert Boadella, Arcadi Espada y Xavier Pericay se ofrecieron a ayudarle con el texto de la intervención. En vano. Con 27 años, Rivera ya no necesitaba la ayuda de nadie. "No me cabe la menor duda de que aquel día Albert Rivera tenía ya formado el propósito de desprenderse de la tutela que nuestra condición de abajofirmantes del primer manifiesto podía conferirnos".

 La política es para los valientes, no para los tímidos. Pero si los valientes terminan consumidos por el yo, yo, yo y no aceptan opiniones contrarias a la suya, acaban encerrados en su fortaleza y pensando que cualquier opinión divergente es sinónimo de traición. "Para alguien como Albert, sólo valían las opiniones corroborativas. Y no digamos ya si encima eran encomiásticas. Cuando no eran ni lo uno ni lo otro, cuando se apartaban del análisis que él había hecho o de la línea que él había trazado, se arrinconaban sin miramiento alguno". 

El jefe del aparato policial

Todo líder máximo necesita a alguien que se ocupe de meter en cintura a los que dudan. Siempre hay disidentes. Si no los hay de forma evidente, se crean para justificar la influencia del aparato policial. Esa función correspondía a Fran Hervías, que ha sido durante una década el principal guardaespaldas de Rivera en el partido. Pericay ha esperado a este momento para ajustar cuentas con Hervías, que ha dejado a su paso unos cuantos cadáveres. 

"En consonancia con ello, Hervías se jactaba de no leer libros. De ahí que a la hora de rodearse de acólitos su predilección recayera en los culturalmente yermos, o sea, en los bien llamados herbívoros, en tanto en cuanto no comen carne de libro". Si ya los escribían, como es el caso de Pericay, debían de ser incluso más peligrosos.

Hervías dimitió como secretario de Organización, pero es de esas dimisiones muy livianas, porque sigue ocupando la misma función en la gestora. Continúa minando el poder de Juan Marín, vicepresidente de la Junta andaluza, con la ayuda de su esposa, la exdiputada Virginia Millán, que se hizo famosa por protagonizar una de las peores intervenciones televisivas que se recuerdan en una campaña. No pareció poner en peligro su futuro político. 

Entre medias, en Ciudadanos había espacio para la extravagancia de los nuevos tiempos. El partido era un laboratorio de candidatos con el que preparar a políticos noveles y en general muy jóvenes para enfrentarse a la realidad con técnicas que pasan por modernas. No era suficiente con saber hablar ante la cámara o escabullirse ante las preguntas de los periodistas. Sí, también recurrían a eso en lo que están pensando. "Albert había descubierto el coaching, Inés tras él, y los dos estaban convencidos de que los demás no podíamos sino beneficiarnos de la experiencia".  (...)

La arrogancia en su lento pero seguro camino hacia la soberbia tuvo su momento culminante tras el éxito de las elecciones de abril. Rivera y su "sanedrín" sabían exactamente qué iba a pasar a partir de ese momento. Ya habían patinado antes con la moción de censura, que trastocó por completo sus planes, porque pensaban que Rajoy se iba a adelantar con su dimisión o la convocatoria de elecciones (qué poco le conocían). No sacaron lecciones de ese error, porque –al igual que con el procés– la idea entre los dirigentes era que todo era bueno para Ciudadanos, tan convencidos estaban de su imparable llegada al poder. Si ocurría lo que tenían previsto, perfecto. Si el desenlace era distinto, aún mejor.

Después de abril de 2019, unos pocos dirigentes reclamaron una revisión de la política de alianzas, desmentir la foto de Colón y buscar un acuerdo con el PSOE que contaría con mayoría absoluta en el Congreso. El no rotundo de Rivera acabó con Toni Roldán y otros fuera del partido, las dosis habituales de triunfalismo y un acto público con todos los dirigentes a mayor gloria del rex imperator.

Lo que la gente como Roldán o el mismo Pericay no admiten es que después de haber demonizado a Pedro Sánchez como una pesadilla para España desde la moción de censura –"un peligro público", repetían constantemente Rivera y Arrimadas– era difícil girar el barco en redondo para navegar en sentido contrario. Iban directos hacia el iceberg contra el que chocaron en noviembre. 

Aún siguen buscando a los supervivientes. "                      (Iñigo Sáenz de Ugarte , eldiario.es, 22/02/20) 

29.1.20

Algún día sabremos las razones del error de Ciudadanos

"La investidura de Pedro Sánchez brindaba a Ciudadanos la oportunidad de recuperarse de la debacle sufrida en las urnas el pasado 10 de noviembre. Tenía en sus manos respaldar la constitución de un gobierno progresista, para fortalecer las medidas de regeneración democrática, y para defender la unidad evitando la dependencia de fuerzas vinculadas al procés. Recuperando así parte del capital político perdido.

Sin embargo, ha decidido persistir en un error que está en abierta contradicción con los motivos que permitieron su irrupción y le convirtieron en una alternativa para importantes sectores de la sociedad española.

Albert Rivera tomó la decisión de encadenar a Ciudadanos a un acuerdo con el PP, que necesariamente incluía para poder gobernar la tóxica compañía de Vox. Frente al rechazo de una parte de sus militantes o cuadros. Y a pesar de que, tras las generales de abril, los números posibilitaban a Ciudadanos formar un gobierno estable con el PSOE. Una decisión que dio lugar a una hecatombe, perdiendo 47 de los 57 escaños obtenidos en abril, con 2,5 millones de votos menos.

 Pero, lejos de sacar conclusiones, Inés Arrimadas ha persistido en el mismo error. Colocándose, con una sorprendente fiereza, en contra de la constitución del gobierno basado en el acuerdo entre PSOE y Unidas-Podemos. Y coincidiendo en su No a la investidura de Pedro Sánchez no solo con el PP de Pablo Casado o con Vox, sino también con JuntsxCatalunya.  

En un momento donde algunas encuestas afirmaban que un 65% de los españoles apoyaría un sí de Cs a Sánchez para que la investidura no dependiera de ERC. E incluso que un 55% respaldaría la entrada de Cs en un gobierno con PSOE y Unidas Podemos.

Es responsabilidad de la dirección de Ciudadanos tomar estas decisiones. Pero no estamos ante un caso de locura, o frente a un episodio de irracionalidad política sin razones que puedan explicarlo.

A derecha, pero también a izquierda, se han hecho denodados esfuerzos por expulsar a Ciudadanos de la mayoría progresista.

Poderosas fuerzas han empujado a Ciudadanos a entregarse en brazos del PP y aceptar la cercanía de la ultraderecha. Porque su inclusión era imprescindible para que un “gobierno de los recortes” alcanzara la mayoría suficiente. Mitigando además con la compañía de Ciudadanos el rechazo que levantan Casado o Abascal.

Y desde algunos sectores de la izquierda no se han hecho precisamente esfuerzos para que Ciudadanos rectificara, ni se ha trabajado por unirlos a una mayoría de progreso. Más bien algunos han empujado para que se alejara todavía más, situándolos poco menos que en el campo de la reacción, colocándolos más a la derecha del PP o igualándolos con la ultraderecha.

Una trayectoria olvidada

Pero conviene recordar quién es, cómo nació, y qué papel ha jugado a lo largo de su trayectoria una fuerza como Ciudadanos. 

Su nacimiento, alumbrado por el paso adelante dado por un grupo de intelectuales, muchos de ellos procedentes de la izquierda, fue una de la primeras grietas que permitieron abrir nuevos cauces frente a un dominio bipartidista entonces asfixiante.

Partiendo de una absoluta soledad institucional, pero unidos a una buena parte de la sociedad catalana hasta entonces silenciada, Ciudadanos se enfrentó al régimen de los Pujol, la rancia burguesía montserratina que protegía su fortuna en Andorra mientras escondía sus vergüenzas con el procés y ejecutaba en Cataluña recortes sociales con más agresividad que Esperanza Aguirre en Madrid.

Ciudadanos es, conviene recordarlo, el mismo partido que en 2016 firmó un pacto con el PSOE de Pedro Sánchez para la investidura, con un acuerdo que recogía medidas sociales en beneficio de la mayoría.

Y es necesario, una vez más, traer a la memoria el programa de “Salvados” donde Jordi Évole reunió a Albert Rivera y Pablo Iglesias como representantes de las dos formaciones que expresaban la irrupción de una “nueva política”, de nuevas demandas en el terreno económico y social o en el de la regeneración democrática.

En su trayectoria Ciudadanos no muestra solo “una cara de derechas”. Más bien al contrario, su irrupción y crecimiento son también expresión de los deseos de cambio de muchos sectores sociales que forman parte de la mayoría de progreso, entendida en un sentido amplio.

Ciudadanos ha incurrido en un grave error político. Y algún día sabremos las razones de ello, los auténticos movimientos de fondo que le han llevado a tomar las decisiones que adoptó en abril o en noviembre, y quiénes o qué fuerzas los han pilotado.  (...)"           (De Verdad Digital, 07/01/20)