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26.2.26

Yolanda Díaz renuncia a liderar la izquierda en las próximas elecciones después de estrellarse contra la realidad del Congreso, donde los avances sociales más ambiciosos se han convertido en metas imposibles... sus credenciales como ministra de Trabajo pocos políticos han podido enseñar... Las reformas en el mercado de trabajo y las subidas del salario mínimo fueron recibidas por la patronal y la derecha como anuncios de un desastre inminente. Todas esas predicciones, incluso a pesar de los efectos económicos de la pandemia, quedaron borradas por los hechos. El resultado es el mayor número de trabajadores cotizantes en la historia, el descenso del paro al nivel más bajo en 17 años y la caída de la temporalidad a niveles que se consideraban antes imposibles de alcanzar. El Partido Popular dejó de hacerle preguntas en la sesión de control del Congreso. Díaz les arrojaba una lluvia de cifras económicas y al diputado correspondiente del PP solo le quedaba sacar el paraguas... Díaz se ocupó siempre de recordar que muchas de las personas beneficiadas por los avances sociales propiciados por su Ministerio eran mujeres. No hay feminismo sin una mejora de las condiciones de vida de las mujeres... Construir y mantener una coalición de quince partidos resultó más complicado que reducir el desempleo. Su mayor éxito estuvo en su origen. Sin una lista conjunta de la que formaran parte Sumar, Podemos y otros, el PP habría conseguido su objetivo de llegar a la mayoría absoluta con Vox en 2023... sin esa suma de fuerzas promovida por Díaz el resultado habría sido probablemente distinto... Los sentimientos que anidaban en muchos de los partidos agrupados en la coalición de Sumar pronto tuvieron más que ver con 'qué hay de lo mío'... En diciembre, Díaz reclamó a Sánchez “una remodelación profunda” del Gobierno para responder a la pérdida de credibilidad generada por los escándalos de corrupción. Sánchez pasó de ella... Por encima de todo, Sumar se estrelló contra la realidad de un Congreso con mayoría absoluta de derechas y un Gobierno que depende del apoyo de Junts. Los objetivos sociales más ambiciosos de la izquierda se convirtieron en metas imposibles. Ser el segundo partido del Gabinete en estas condiciones resultó ser una carga aún peor que en la anterior legislatura. A Pedro Sánchez y al PSOE, les basta con resistir una semana más a la espera de que algo les salve en el último minuto. Yolanda Díaz ha llegado a la conclusión de que eso no es suficiente para ella ni para la izquierda... “La tarea pendiente es ganar el país. Con claridad, con cariño, con ternura, sin miedo”, escribe en su carta de despedida (Iñigo Sáenz de Ugarte)

 "La vicepresidenta renuncia a liderar la izquierda en las próximas elecciones después de estrellarse contra la realidad del Congreso, donde los avances sociales más ambiciosos se han convertido en metas imposibles

Yolanda Díaz renuncia a ser la candidata de la izquierda confederal: “Estoy muy orgullosa de lo hecho, pero queda mucho por hacer”

Las caras no podían ser más sonrientes cuando Pedro Sánchez y Yolanda Díaz presentaron el acuerdo para formar gobierno tras las elecciones de 2023. “Querido Pedro. Sé que casi siempre estamos de acuerdo”, dijo Díaz. Era un amor correspondido. “Creo que voy a repetir más o menos lo mismo que ha dicho Yolanda en su intervención”, comentó Sánchez unos minutos después. Fue en octubre de 2023. Los dirigentes socialistas tardaron poco más de seis meses en enviar mensajes a los medios de comunicación sobre lo hartos que estaban con la vicepresidenta y ministra de Trabajo. El PSOE se había visto obligado a retirar el proyecto de Ley del Suelo por la oposición de Sumar, un prólogo de los choques entre ambos partidos por la crisis de la vivienda. No fue el único enfrentamiento.

Otro flashback mirando aún más atrás. Al anunciar su retirada del Gobierno en marzo de 2021, Pablo Iglesias la eligió sin avisarla como su heredera. Y se vino arriba. “Creo que digo algo que sienten millones de personas de izquierdas en toda España si digo que Yolanda Díaz puede ser la próxima presidenta del Gobierno de España”. Díaz diseñó su propio camino, lo que incluía una nueva coalición en la que un Podemos desgastado por el Gobierno sería un pasajero más. Para Iglesias, pasó a ser una traidora y hasta recomendó a su partido que no se uniera a Sumar para las elecciones de 2023.

Yolanda Díaz ha anunciado este miércoles que no será candidata del futuro proyecto de refundación de la izquierda, aunque continuará en el Ejecutivo. Hay un principio general que dice que ser el segundo partido de un Gobierno de coalición genera un desgaste que es muy difícil de encajar. Iglesias duró catorce meses y acabó incinerado. Díaz ha aguantado más tiempo, pero su llama se apagó muy pronto ante la opinión pública. Nueve meses después de la formación del Gobierno, las elecciones europeas de 2024 propinaron un golpe brutal a Sumar, que cayó hasta el 4,7% (desde el 12,3% de los comicios de 2023).

Díaz intentó asumir personalmente el fracaso y sólo contribuyó a hacer más profunda la herida. Su dimisión al frente del Movimiento Sumar dejó huérfano al partido. Era líder de Sumar en el Gobierno, pero no en el partido. Resultaba como mínimo incoherente. Es la clase de lógica con que los partidos creen que pueden superar los malos momentos y que los votantes raramente entienden.

La retórica de los cambios sociales que se pueden propulsar desde el Gobierno es como una bicicleta en la que no puedes dejar de pedalear. Todo son cuestas hacia arriba y la carretera está llena de agujeros y obstáculos. Díaz dio con fuerza a los pedales y se dejó las piernas con unas credenciales como ministra de Trabajo que pocos políticos en esa cartera han podido enseñar.

Las reformas en el mercado de trabajo y las subidas del salario mínimo fueron recibidas por la patronal y la derecha como anuncios de un desastre inminente. Todas esas predicciones, incluso a pesar de los efectos económicos de la pandemia, quedaron borradas por los hechos. El resultado es el mayor número de trabajadores cotizantes en la historia, el descenso del paro al nivel más bajo en 17 años y la caída de la temporalidad a niveles que se consideraban antes imposibles de alcanzar.

El Partido Popular dejó de hacerle preguntas en la sesión de control del Congreso. Díaz les arrojaba una lluvia de cifras económicas y al diputado correspondiente del PP solo le quedaba sacar el paraguas. Cuando Cuca Gamarra se atrevió a hacerlo después de un periodo de abstinencia, lo hizo planteando dudas sobre la fiabilidad de los datos sobre fijos discontinuos. La vicepresidenta le recordó una frase de alguien que había dicho años atrás que eran funcionarios los que recopilaban esas cifras. Tras la inevitable pausa dramática, le dijo que la autora era Fátima Báñez, ministra de Trabajo con Rajoy.

En el momento actual, los argumentos más trabajados han dado paso a las puñaladas. En la sesión de control de este miércoles, el PP se inventó una pregunta para Díaz cuyo único objetivo era denunciar a la “casta sindical”, en palabras de Jaime de Olano. Simplemente, era otro intento de copiar el lenguaje de Vox.

Díaz se ocupó siempre de recordar que muchas de las personas beneficiadas por los avances sociales propiciados por su Ministerio eran mujeres. Frente a las típicas acusaciones mediáticas según las cuales el feminismo solo es una lucha por una identidad propia y selectiva que ignora los intereses de los trabajadores o las causas tradicionales de la izquierda, la vicepresidenta podía ofrecer datos concretos que demostraban lo contrario. No hay feminismo sin una mejora de las condiciones de vida de las mujeres.

Construir y mantener una coalición de quince partidos resultó más complicado que reducir el desempleo. Su mayor éxito estuvo en su origen. Sin una lista conjunta de la que formaran parte Sumar, Podemos y otros, el PP habría conseguido su objetivo de llegar a la mayoría absoluta con Vox en 2023. Hubo otros factores relevantes en la remontada –la recuperación socialista desde el fracaso de las autonómicas unos meses antes, además de la creencia arrogante del PP de que lo tenía todo hecho–, pero sin esa suma de fuerzas promovida por Díaz el resultado habría sido probablemente distinto.

Cuando inició el proceso de formación de Sumar en el verano de 2022, Díaz lanzó un discurso en el que los sentimientos jugaban un papel esencial. “En la cosa pública, no se puede hacer nada sin ternura”, dijo, ofreciendo una imagen del líder de izquierdas alejada del perfil constantemente cabreado. “No queremos distopías. Queremos ser felices”. Ahora que corren tiempos más oscuros –con Abascal imponiendo condiciones a un Feijóo entregado al pacto con Vox–, no desiste de incidir en ello: “La tarea pendiente es ganar el país. Con claridad, con cariño, con ternura, sin miedo”, escribe en su carta de despedida.

Los sentimientos que anidaban en muchos de los partidos agrupados en la coalición de Sumar pronto tuvieron más que ver con 'qué hay de lo mío'. Nadie aceptaba un rol secundario. Todos se creían imprescindibles. Las críticas internas no tardaron en acumularse y se intensificaron con los pobres resultados en sucesivas elecciones autonómicas. Había quejas por el desorden interno y también acusaciones a la líder por tomar decisiones por su cuenta. El típico escenario de confusión del que no puede salir nada muy productivo. Ahora toca otra refundación completa de resultado incierto que inevitablemente pasaba por buscar otro nombre que encabece la papeleta electoral.

En diciembre, Díaz reclamó a Sánchez “una remodelación profunda” del Gobierno para responder a la pérdida de credibilidad generada por los escándalos de corrupción. Sánchez pasó de ella. Ya no tenía ningún deseo de escucharla y mucho menos de darle la razón.

Por encima de todo, Sumar se estrelló contra la realidad de un Congreso con mayoría absoluta de derechas y un Gobierno que depende del apoyo de Junts. Los objetivos sociales más ambiciosos de la izquierda se convirtieron en metas imposibles. Ser el segundo partido del Gabinete en estas condiciones resultó ser una carga aún peor que en la anterior legislatura. A Pedro Sánchez y al PSOE, les basta con resistir una semana más a la espera de que algo les salve en el último minuto. Yolanda Díaz ha llegado a la conclusión de que eso no es suficiente para ella ni para la izquierda."

Iñigo Sáenz de Ugarte, eldiario.es, 25/02/26)

 

"Queridas amigas y queridos amigos. 

Quiero trasladaros una decisión importante. Estamos en un momento de excepcionalidad democrática y cambios profundos en todo el mundo.

En este tiempo, el Gobierno de España está siendo una inspiración, un ejemplo de que es posible hacer las cosas de otra manera. En los últimos años en el Gobierno hemos conseguido cosas que cuando empecé mi actividad como ministra parecían imposibles. Hemos alcanzado una tasa de paro por debajo del 10%, con récord de personas ocupadas y con enormes tasas de contratación indefinida. El mercado de trabajo ha cambiado en nuestro país y es gracias a lo que hemos conseguido desde el Gobierno y desde el Ministerio de Trabajo y Economía Social. Hemos subido el salario mínimo un 66% hasta los 1221 euros con justicia fiscal, hemos protegido al tejido productivo con los ERTE, y la recuperación de la capacidad adquisitiva de los trabajadores ha impulsado la economía. En un momento en que los derechos de las mujeres y de las personas LGTBIQ+ son amenazados y cuestionados, nuestro país ha seguido avanzando de la mano del feminismo. Hemos reconocido por primera vez los derechos de las trabajadoras del hogar, legislamos por primera vez los derechos laborales de las personas LGTBIQ+, hemos aumentado los permisos por nacimiento y cuidado a 22 semanas (32 en las familias monomarentales) y hemos conseguido que haya más de 10 millones de mujeres trabajadoras y reduciendo, además, la brecha de género un 21%. La pobreza juvenil ha pasado del 28,3% al 20,9%. Hoy hay casi un millón de personas menos en precariedad laboral. La desigualdad se ha reducido también a mínimos de la serie histórica. Y todo esto mientras España crece al 2,8%, el doble que la media europea.

En los próximos meses ese trabajo seguirá dando pasos y construyendo derechos. Con el Estatuto de las personas becarias o con el control horario. Queda mucho por hacer.

Estas mismas semanas, en medio de un gigantesco avance de las políticas del odio en todo el mundo, anunciábamos la regularización de medio millón de personas migrantes que viven en nuestro país. Mientras Trump deporta migrantes, España es un país de acogida que las y los regulariza. Lo hemos hecho con humildad, con trabajo y con un enorme esfuerzo. Hemos conseguido lo que nos decían que era imposible conseguir. Cuando empecé mi desempeño como ministra lo hice con un objetivo en la cabeza, con un horizonte claro: servir a las trabajadoras y los trabajadores de mi país. Cada vez que he sentido esa fuerza desfallecer, cada momento de duda, cada conflicto, ha sido la brújula de los trabajadores y las trabajadoras la que me ha indicado el camino.

Siempre tuve muchas reticencias ante la idea de ser candidata. La política es dura, especialmente para las mujeres, pero no me arrepiento de haber dado el paso. Miro atrás y estoy orgullosa de todo lo que hemos conseguido de forma colectiva y trabajando siempre para mejorar la vida de la gente. Voy a seguir haciéndolo, pero hoy quiero anunciaros que no seré candidata a las próximas elecciones generales de 2027. Es una decisión muy meditada y que he comunicado a mis seres queridos, al conjunto de mi espacio político y al presidente del Gobierno. Di el paso para encabezar Sumar en 2023 pensando en el enorme abrazo de los trabajadores y trabajadoras de nuestro país. Dijimos entonces que sin Sumar no habría gobierno de coalición y logramos revalidar un gobierno que todas las encuestas daban por perdido.

Estos días pienso todo el rato que esa fuerza, ese abrazo y ese encuentro es lo que toca construir y defender. Seguiré trabajando en el Gobierno para cumplir con ese mandato de las urnas y avanzar en todo lo que nos queda por hacer.

Mientras en el Gobierno seguiremos haciendo nuestro trabajo, se abren de nuevo caminos para insuflar de vida e ilusión al espacio progresista. Lo hemos visto el pasado día 18 de febrero, con el debate pertinente y ambicioso que ha abierto Gabriel Rufián y lo hemos visto el día 21 con la confirmación de que el espacio que Sumar puso en pie sigue con fuerza, vocación de mayorías y voluntad de acuerdo y avance social. Es el momento de ampliar la democracia y de llenarla de sentido y esperanza.

Eso es lo que necesitamos. Es necesario que esa energía, de la que hoy vemos los primeros destellos, crezca. Quiero también dar espacio y tiempo para que lo que está naciendo corra con la fuerza que merece, y acompañarlo, cuidarlo, impulsarlo con toda mi energía y con la fuerza que me da la convicción. Y quiero cuidar también el Gobierno de coalición progresista, porque es cuidar la mejor herramienta que tenemos para seguir ganando derechos.

La política ha sido el aire que respiré en mi casa, las palabras con las que aprendí a hablar en un hogar lleno de democracia, cultura, dignidad y amor por lo común.

A política que aprendín na miña casa é a que practiquei sempre e sigo practicando. É a forza da miña terra, de Galicia, e da miña lingua, o galego. Esa parte de min que é unha peza dun crebacabezas máis grande.

Tenemos un país hermoso y diverso, construido de muchas piezas, de muchas historias cruzadas. Un país que no va a permitir que le tuerzan el futuro. Que no va a dejar que le borren las ganas. Me siento muy orgullosa de lo que hemos hecho, pero soy consciente de que queda mucho por hacer. La tarea pendiente es ganar el país. Con claridad, con cariño, con ternura, sin miedo. Como hasta ahora.

Yolanda Díaz Pérez, 25 de febrero de 2026"      (laSexta, 25/02/26) 

9.4.25

Antonio Maestre: Hay que atender muy bien cuáles son los movimientos de Antonio Maillo e IU que, a pesar de su debilidad actual, son los únicos que mantienen una mínima estructura de partido alejado de las estructuras oligárquicas que son Podemos y Sumar. Su decisión girará la balanza a un lado u otro... no tengo ninguna duda de su bonhomía, es precisamente por eso, porque creo que es una buena persona, creo que no es capaz de comprender el nivel de vileza en el que se mueve la partida... El plan no es que esté oculto. Irene Montero ya ha instado a que la gente de Sumar se vaya al PSOE, porque su intención es ser la cabeza de un nicho que les permita mantener la hegemonía del espacio por incomparecencia o por haber convertido la izquierda en una lucha sin cuartel en la que solo sobrevive quien tiene menos escrúpulos para ir destruyendo personalmente a cualquiera que no les sirva para su cometido. El capital político expulsado estos diez años es ingente y la toxicidad de la lucha de poder por seguir viviendo de los recursos públicos ha acabado con la salud mental hasta de los más próximos al clan...

 "Hay un plan para acabar con el Gobierno de coalición y no es de la derecha, ni siquiera de la extrema derecha y, aunque no lo crean, Izquierda Unida tiene la clave para llevarlo a cabo o desactivarlo. De la decisión que tome Antonio Maíllo dependerá el futuro de Sumar, Podemos, de la izquierda española en el medio plazo y de que el Gobierno de Pedro Sánchez tenga alguna posibilidad de reeditarse. Todos somos conscientes, y quien no lo sea a estas alturas es que vive en un mundo utópico, es que Irene Montero y Yolanda Díaz nunca podrán compartir espacio electoral. No voy a perder más tiempo con el debate de la unidad porque eso solo se produciría en una coyuntura extrema en la que se les obligara por parte del cuerpo social progresista y no se me ocurre cómo esa situación se puede dar en un contexto de enajenación, apatía y desmovilización generalizada. Eliminada esa posibilidad de la unidad, y por ende, de que el Gobierno de coalición progresista se repita. Se trata de ver quién es la cabeza visible de una izquierda institucional jibarizada. Controlar el cotarro, aunque solo sirva para pagar sus hipotecas.

El plan no es que esté oculto. Irene Montero ya ha instado a que la gente de Sumar se vaya al PSOE, porque su intención es ser la cabeza de un nicho que les permita mantener la hegemonía del espacio por incomparecencia o por haber convertido la izquierda en una lucha sin cuartel en la que solo sobrevive quien tiene menos escrúpulos para ir destruyendo personalmente a cualquiera que no les sirva para su cometido. El capital político expulsado estos diez años es ingente y la toxicidad de la lucha de poder por seguir viviendo de los recursos públicos ha acabado con la salud mental hasta de los más próximos al clan.

Manu Levín se refirió en privado a esta lucha entre Sumar y Podemos como una "dinámica de guerra" en la que solo servía destruir al par. Para eso no se han dejado ninguna de las políticas que desde la izquierda se venían rechazando, como es el hecho de utilizar el consejero que les toca en TVE por turno para asegurarle al PSOE la victoria en las votaciones del consejo a cambio de que el empresario tenga sitio en las tertulias del ente público y colocar a sus más afines de la empresa en el resto de tertulias. El uso de los recursos públicos para beneficio privado es algo que se debería rechazar, pero parece que si lo hacen los que venían a asaltar los cielos se les perdona.

Voy a insistar las veces que haga falta. Una empresa que se dedica a la comunicación con una línea editorial que es la que marca la línea política de Podemos conseguirá más dinero, más suscripciones y más apoyos si gobierna la extrema derecha. Los proyectos contrahegemónicos siempre funcionan mejor a la contra, polarizando, con la gente sufriendo y buscando algún asidero, que siendo tan solo el pepito grillo de un gobierno progresista al que has pertenecido. Esto significa que cuanto peor le vaya a la clase trabajadora, y a los colectivos vulnerables, más podrá capitalizarlo el exvicepresidente que ahora es empresario.

En esta coyuntura, sin posibilidad de que exista un proyecto político a la izquierda, hay que atender muy bien cuáles son los movimientos de Antonio Maillo e IU que, a pesar de su debilidad actual, son los únicos que mantienen una mínima estructura de partido alejado de las estructuras oligárquicas que son Podemos y Sumar. Su decisión girará la balanza a un lado u otro. Antonio Maíllo es un político honesto y honrado al que estas luchas criminales de Madrid le pillan un poco lejos. La decisión que tome la hará pensando en lo mejor para las clases populares, no tengo ninguna duda de su bonhomía, es precisamente por eso, porque creo que es una buena persona, creo que no es capaz de comprender el nivel de vileza en el que se mueve la partida. A Podemos, de IU solo le interesan los cuadros y su estructura y si puede vampirizarlas y luego dejarlos boqueando en una cuneta es lo que hará. A Irene Montero solo le sirve un proyecto en el que manden de manera zhdanovista. Al menos que en IU tengan en cuenta lo que ocurrirá si deciden formar un frente con quien solo quiere usarlo como huésped en un estrategia parasitaria."

(Antonio Maestre , blog, 09/04/25)

31.1.25

Jaime Miquel: La foto electoral hoy... y qué hacer para impedir un gobierno PP-Vox... Irene Montero como cabeza de lista por Madrid de Podemos pasaría de 930.000 votos a 300.000 y como mucho, un escaño... la alta valoración que tiene Yolanda Díaz como ministra de Trabajo se ve penalizada por su baja valoración como líder de un espacio político inexplicado... un acuerdo del PP con Junts secundado por Vox para encaramar a los populares al gobierno de España, es una gilipollez, no va a suceder nunca... hay que recuperar territorios, especialmente la Comunidad Valenciana, e invertir tendencias y sensación social... abriendo un cauce amplio a la oferta electoral definitiva para las elecciones generales con un nuevo liderazgo de Unidad Popular tan indiscutible y prestigiado que quien no participe en él se quedará sin votos... Los números son sencillos: se empata a 175 escaños con el PSOE en 7,1 millones de votos y la candidatura de Unidad Popular en 3,2 millones, es decir, con medio millón de votos y cuatro escaños menos que el 23J

 "Si mañana se celebrasen elecciones generales, ganaría el Partido Popular con 7,8 millones de votos y 140 escaños (+3), para totalizar 177 y mayoría absoluta con Vox, que repetiría los 3 millones de votos del 23J pero ahora con 37 escaños (+4). Estos números son indiscutibles y se deducen de las tablas de resultados del barómetro de enero del CIS, la misma información con la que Tezanos sitúa al PSOE por delante, seguro que por incompetencia porque sería tramposo tratar de beneficiar a su partido. 

En cualquier caso, Sánchez no se guía por estas estimaciones de voto de Tezanos, sino por las que realizan los técnicos de la unidad de Análisis y Estudios de su Gabinete y otras del Departamento de Innovación, Análisis y Nuevas Audiencias  de Ferraz (DIANA), dirigido por Juanmi Becerra en dependencia directa del secretario de organización del PSOE, Santos Cerdán. Pedro Sánchez, que no es ningún lince en materia electoral, está asesorado por algunos altos cargos que, lejos de hacer caso a los datos de sus técnicos, pueden estar confundiéndole en su toma de decisiones.   

Así, por ejemplo, Sánchez ha promocionado a la secretaría general del PSPV-PSOE  a la gandiense Diana Morant, cuando la valenciana Pilar Bernabé le da cien mil vueltas como candidata a la presidencia de la Generalitat Valenciana. Otro ejemplo es la elección de María Jesús Montero como candidata a la Junta de Andalucía, sin caer en la cuenta de que pertenece a una clase política detestada por decenas de miles de votantes del PSOE que ya están votando a Juanma (ni al PP ni a Moreno Bonilla). Que Sánchez es torpe en esta materia y además está muy mal asesorado lo certifica la idea de hacer coincidir las elecciones generales con los comicios andaluces. Cualquiera que vea los datos de valoración que le da el CIS a Pedro Sánchez en Andalucía concluirá que esta idea es un disparate. Hay muchos ejemplos de ocurrencias presidenciales de este estilo: Juan Espadas sería un revulsivo y Lobato un gran candidato, pero ambos fueron errores garrafales. Óscar López, al menos, sabe cómo apretarle las tuercas a Ayuso, pero es un paracaidista de color caoba y subraya mejor que otros el abuso que hace el presidente de la autoritaria designación digital. Y así, Alegría para Aragón y lo que se le ocurra, que suele ser simplón, pijo o superficial y nadie se atreve a discutir. En este orden de cosas, algunos figurones le aseguran a Sánchez que el PSOE puede alcanzar el 35% de los votos válidos, lo que viene a ser unos 8,5 millones de votos y 140 escaños para una participación del 69% del Censo de Electores Residentes (CER). Con esto y con cierto aporte de Podemos e Izquierda Unida, además de los socios del ámbito autonómico, la aritmética parlamentaria estaría resuelta: toda una burrada. 

Dicho esto, conviene señalar que la continuidad del gobierno de coalición no depende de los resultados del PSOE, que a día de hoy son suficientemente buenos —7,1 millones de votos, 30% y 126 escaños (+5)—, sino de la reparación del espacio que fracturó Podemos a continuación de las elecciones del 23J. Recordemos que el resultado de Sumar en esas elecciones, con Podemos dentro pese al veto a Irene Montero, fue muy importante, tanto en términos cuantitativos —3 millones de votos, 12,3% y 31 escaños—, como cualitativos, porque sin ese resultado estaría gobernando ahora mismo el PP. Podemos no podía cargar con la culpa de un gobierno de la derecha pero fracturó el espacio después del 23J, lo que quedó certificado en las urnas y visibilizado en las elecciones europeas del año pasado, con Sumar con tres eurodiputados, Izquierda Unida extraparlamentaria y los de Irene Montero con dos. En la actualidad, Podemos sumaría alrededor de 930.000 votos, el 3,9% y 3 actas en unas elecciones generales, mientras que Sumar defendería hacia los 1,5 millones, el 6,3% y 9 escaños. Es decir, donde hubo 31 escaños el 23J ahora tenemos 12 (-19), luego lo conseguiste, Podemos, destruiste la aritmética; con 12 escaños en ese espacio, un gobierno del PP condicionado por Vox está asegurado. 

A diferencia del período preelectoral del 23J, ahora a Podemos le da lo mismo que gobierne la derecha, lo que nos hacen saber cada vez que hacen referencia al malmenorismo: si votáis por el mal menor, estáis trabajando para el mal mayor; naturalmente, cualquier opción de la izquierda del ámbito estatal y otras autonómicas, como Más Madrid o Compromís, son el mal menor. Todas, excepto Podemos. El descubrimiento de Iglesias es una doble idiotez. Primero, porque los electorados de Izquierda Unida, Compromís o Más Madrid son una realidad, luego así aseguramos, precisamente, la fractura y el éxito del mal mayor —PP+VOX—. Y segundo, porque en el mercado electoral existe el voto útil, que consiste, precisamente, en votar a una segunda opción personal para evitar el éxito del mal mayor —PP+VOX—.  Nadie compra Pepsi para fastidiar a Coca-Cola, pero mucha gente de la izquierda vota al PSOE para fastidiar al PP, particularmente donde se reparten pocos escaños y elegir la primera opción personal es tirar el voto: por ejemplo, votar a Podemos en Ávila. 

Lo que nos dice Podemos con el malmenorismo es que le importa un comino quién gobierne en España, lo que nos proporciona un dato fijo para construir la solución que necesita la izquierda impura o malmenorista: Podemos concurrirá a las elecciones generales próximas por separado, con Irene Montero como cabeza de lista por Madrid. Un dato importante porque ayuda a definir el trabajo que tenemos por delante: construir una oferta electoral de un prestigio tal que quien no participe se quede sin votos. Dicho de otra forma, si ahora Podemos se está llevando 930.000 votos (CIS), buena parte del trabajo consistirá en que la nueva oferta rebaje esa cifra a 300.000 votos y, como mucho, a un escaño por Madrid. 

Ahí los ves manguera en mano llenando piscinas tan vacías como un acuerdo del PP con Junts secundado por Vox para encaramar a los populares al gobierno de España. Esto es, sencillamente, una gilipollez, no va a suceder nunca

Si Podemos hubiera tenido una trayectoria exitosa en el mercado electoral, Sumar no habría existido. En abril de 2021 UP no garantizaba el umbral de los 35 escaños que vamos a construir de nuevo —no les quepa duda—, pero Yolanda Díaz tenía una valoración de 6,9 puntos entre votantes del PSOE cuando Sánchez tenía 6,4 (CIS), y superaba igualmente al madrileño en el total de la población de 18 y más años de edad: tenía la valoración más alta de todas y todos en España. Esa valoración la había conseguido como ministra de Trabajo y su liderazgo proporcionaba la expectativa más razonable para asegurar la continuidad del gobierno de coalición. Se creó Sumar y funcionó. Sin embargo, Sumar no ha construido un espacio electoral propio desde el 23J y es percibido en el mercado electoral como la coalición de partidos que concurrió en las elecciones generales del 2023. O, como mucho, un PSOE con matices o la operación reformista de los Comunes, la coalición de diseño barcelonés. Si Sumar no representa el consenso plurinacional de los demás que delimita o indica al PSOE las políticas que puede desplegar, deja de ser útil y esto ya ha sucedido. Las  consecuencias son inmediatas. Por un lado, se activan transferencias de voto al PSOE y a Podemos, reduciéndose  su potencia a los electorados que integran la coalición por separado, esto es, a los 1,5 millones de votos actuales. Por otro, la alta valoración que tiene Yolanda Díaz como ministra de Trabajo se ve penalizada por su baja valoración como líder de un espacio político inexplicado. ¿Quién está peleando en la actualidad por la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas semanales? La misma Yolanda Díaz de la reforma laboral, pero no lo rentabiliza; Mónica García ya no va por la vida apartando los árboles a puñetazos y  Ernest Urtasun nos parece más finolis que pueblo. 

Hay periodistas y tertulianos supuestamente amigos que tienen que hacer coincidir la realidad con sus análisis y no al revés, y ahí los ves manguera en mano llenando piscinas tan vacías como un acuerdo del PP con Junts secundado por Vox para encaramar a los populares al gobierno de España. Esto es, sencillamente, una gilipollez, no va a suceder nunca: ni señales, ni medios plazos, ni pistas de aterrizaje ni historias. Los votantes de Junts no tienen nada que ver con la derecha autoritaria española, pero además, los votantes del PP y los de Vox lo que quieren es ver a los dirigentes de Junts en la cárcel y, repetimos por enésima vez: este mercado es de demanda, lo que significa que haz de tu capa un sayo y verás dónde terminas.      

Que estos del PSOE son trileros lo sabe cualquiera, pero no resolvemos nada diciéndolo. Del mismo modo, no nos aporta nada recordarle a quien exhibe las plumas más coloridas que sus votos son igual de importantes que los de las plumas pardas: sería del género idiota y tendría todo el coste electoral para Junts dejar caer a este gobierno, Miriam Nogueras. Primero, porque siete de cada diez votantes de Junts prefieren presidente de España a Pedro Sánchez. Y, segundo, porque las Cortes Españolas han aprobado una ley de amnistía que exonera de responsabilidades penales a cientos de personas implicadas en los sucesos del 1-O: esa es la voluntad popular y ese es el norte también para el poder judicial. 

Por lo tanto, hay tiempo. Nos olvidamos de las elecciones generales con las andaluzas, porque seguiría gobernando Moreno Bonilla y además Feijóo, y dejaremos pasar los comicios autonómicos y municipales de 2027, porque hay que aprovechar esas elecciones para recuperar territorios, especialmente la Comunidad Valenciana, e invertir tendencias y sensación social. Unos comicios, los autonómicos, donde el espacio situado a la izquierda del PSOE presentará novedades importantes, abriendo un cauce amplio a la oferta electoral definitiva para las elecciones generales: un nuevo liderazgo tan indiscutible y prestigiado que quien no participe se quedará sin votos. Para llegar hasta allí harán falta presupuestos y acción legislativa y, desde luego, menos circo.  

Los números son sencillos: se empata a 175 escaños con el PSOE en 7,1 millones de votos y la candidatura de Unidad Popular en 3,2 millones, es decir, con medio millón de votos y cuatro escaños menos que el 23J. "      (Jaime Miquel , InfoLibre, 30/01/25)

10.7.24

Sumar lanza una propuesta fiscal para hacer los alquileres turísticos menos rentables que los habituales... que los alquileres turísticos paguen el 21% de IVA, no se puedan deducir gastos en IRPF y Sociedades, y modificar el régimen fiscal de las SOCIMI en vivienda

 "Sumar ha registrado este miércoles en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley con el objetivo de "pinchar la burbuja" de los alquileres turísticos bajando su rentabilidad para que esté por debajo de la de los alquileres habituales o convencionales. La iniciativa la han presentado el portavoz económico y diputado de Sumar, Carlos Martín, y el diputado de Compromís-Sumar Alberto Ibáñez. 

En concreto, la proposición recoge una serie de medidas que elevan la presión fiscal sobre los alquileres turísticos con el objetivo de que sea menos atractivo desde el punto de vista de la rentabilidad este régimen que el del alquiler habitual, sobre todo en aquellas ciudades en la que el turismo masivo y la gentrificación están expulsando a sus vecinos.

La iniciativa afecta a tributos como el IRPF, Sociedades y el IVA, y propone una modificación en el régimen fiscal que siguen las sociedades anónimas cotizadas de inversión inmobiliaria (SOCIMI).

En este sentido, Sumar propone que el alquiler de viviendas para uso turístico esté sujeto y no exento de IVA, y que su tipo aplicable sea del 21%, exceptuando el caso en el que el propietario viva habitualmente en la vivienda alquilada a turistas en cuyo caso el IVA será del 10%.

La propuesta, a la que ha tenido acceso Público, establece que los beneficiarios de alquileres turísticos no se puedan deducir los gastos financieros, de amortización, y de mejora de la vivienda ni en el cálculo de rendimientos del IRPF ni en el Impuesto de Sociedades en aquellas zonas a las que Sumar se refiere como "tensionadas".

Gravamen especial sobre los beneficios de las SOCIMI

Estas zonas se corresponden, recoge el texto, a aquellas ubicadas en ciudades de más de 200.000 habitantes, en poblaciones con una masificación turística superior a 10 turistas por habitante, en Baleares y en Canarias.

En el IRPF también se propone elevar la imputación de rentas inmobiliarias al 20% en los períodos de no ocupación. Respecto a las SOCIMI, la iniciativa pretende sacarlas de su régimen fiscal excepcional en materia de vivienda introduciendo un gravamen especial del 25% sobre el importe de los beneficios obtenidos en el ejercicio, en el caso de que la sociedad haya realizado en algún momento del periodo impositivo actividades de arrendamiento de vivienda con fines turísticos.

Además, en las zonas tensionadas antes mencionadas las SOCIMI tampoco podrán deducirse los gastos de financiación, de amortización y de mejora de la misma. La PNL insta al Gobierno a estudiar otras medidas normativas oportunas a efectos de desincentivar el uso de estas sociedades para el arrendamiento de viviendas con fines turísticos.

"Los comercios de toda la vida cierran y se abren tiendas dedicadas al turismo, cuando no desaparece el comercio local para que abran apartamentos turísticos. Las ciudades tienen que dejar de ser platós de televisión y teatros al aire libre en el que los ciudadanos se han convertido en meros figurantes", ha explicado Ibáñez.

"Las medidas anunciadas por el Ministerio de Vivienda para restringir el uso turístico nos parecen insuficientes y poco eficientes; pasarle la pelota a las comunidades de vecinos no es eficaz, en algunas grandes ciudades no existen ni comunidades de vecinos, hay bloques enteros que son de fondos, y hay gente que se está suicidando debido al problema de la vivienda", ha alertado Martín.

El objetivo de Sumar es que esta medida también forme parte de la negociación de los Presupuestos Generales que se iniciará próximamente con el PSOE en el seno del Gobierno de coalición."                  (Alexis Romero, Público, 10/07/24)

11.6.24

Antonio Maestre: Yolanda Díaz ha hecho lo que hay que hacer cuando se tiene un resultado nefasto. Asumir responsabilidades. Lo que tenía que haber hecho Ione Belarra hace mucho tiempo... Mención aparte merece Podemos. Que está celebrando su resultado. Su 3%, con su mejor candidata, con todos los recursos del partido a su disposición. En serio, lo estaban celebrando. Irene Montero ha perdido con Alvise. La ex ministra de Igualdad ha sacado 270.000 votos menos que un troll de internet. No es un bagaje para estar demasiado orgullosa si se aspira a cambiar las cosas. Pero es cierto que ya no aspiran a ese cometido y solo buscan destruir a Sumar para ocupar su espacio por pequeño que sea... Jaime Miquel: estamos viendo que Podemos se puede colocar con dos diputados (que para ellos sería un éxito) si Sumar quedara en tres, es decir, si Izquierda Unida se quedara sin escaño y saltara por los aires todo ese espacio. Bueno, sí, para ellos sería un éxito, pero es un enfoque destructivo. Y esto es objetivo, esto es así: lo que quieren es la voladura del espacio. Lo que quieren es que Izquierda Unida no entre y, entonces, se monte el lío, ¿no? Es justo lo contrario de: "Vamos a encontrar soluciones a los problemas"

AntonioMaestre @AntonioMaestre

Napalm para todos y construir desde tierra quemada(...)

Mención aparte merece Podemos. Que está celebrando su resultado. Su 3%, con su mejor candidata, con todos los recursos del partido a su disposición. En serio, lo estaban celebrando. Irene Montero ha perdido con Alvise. La ex ministra de Igualdad ha sacado 270.000 votos menos que un troll de internet. No es un bagaje para estar demasiado orgullosa si se aspira a cambiar las cosas. Pero es cierto que ya no aspiran a ese cometido y solo buscan destruir a Sumar para ocupar su espacio por pequeño que sea. 

Puede que haya quien celebre victorias personales que son derrotas colectivas. Puede que haya alguien que esté tentado de considerar una buena noticia el absoluto desastre que supone tener dos partidos de nicho enfrentados a muerte. Pero no es más que una guerra de desangre mutuo en el nicho de la irrelevancia que solo favorece unas escasas cuentas corrientes.

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1:05 p. m. · 10 jun. 2024  70,6 mil Reproducciones 

  "(...) En estas elecciones europeas, estamos viendo que Podemos se puede colocar con dos diputados (que para ellos sería un éxito) si Sumar quedara en tres, es decir, si Izquierda Unida se quedara sin escaño y saltara por los aires todo ese espacio. Bueno, sí, para ellos sería un éxito, pero es un enfoque destructivo. Y esto es objetivo, esto es así: lo que quieren es la voladura del espacio. Lo que quieren es que Izquierda Unida no entre y, entonces, se monte el lío, ¿no? Es justo lo contrario de: "Vamos a encontrar soluciones a los problemas". (...)"           (Entrevista a Jaime Miquel, Samuel Martínez, Público, 05/06/24)


AntonioMaestre @AntonioMaestre

Yolanda Díaz ha hecho lo que hay que hacer cuando se tiene un resultado nefasto. Asumir responsabilidades. Lo que tenía que haber hecho Ione Belarra hace mucho tiempo.

3:18 p. m. · 10 jun. 2024 226,3 mil Reproducciones

22.5.24

Antonio Maíllo, profesor que volvió a la enseñanza pública, encabezará Izquierda Unida... ha insistido en la expresión “carretera y manta”, para dejar atrás las marcas electorales que no pueden funcionar sin militantes, sin organicidad y sin ideas, al menos unas que vayan más allá de las modas y los bandazos... entiende la necesidad del frente amplio, lo que implica tener claro el lugar del que se parte y a dónde te diriges, así como las reglas y las herramientas para conseguirlo. Historicidad, organización y programa... tendrá que lidiar con el hartazgo de la militancia de IU, que se ha tirado diez años pegando carteles sin tener claro dónde y por qué se tomaban esas decisiones... y saber encajar la división, mal endémico de la izquierda, con unas reglas mínimas que vayan más allá de los hiperliderazgos... los cismas, para las monjas de Belorado... tiene también la tarea de pensar cuál tiene que ser la relación con el PSOE y su papel en el Gobierno... no tiene sentido seguir hablando de “régimen del 78” para situarse al margen del mismo. Si esta democracia pertenece a alguien por derecho es a quien desde su inicio quiso defenderla y ampliarla, no a los que primero se pusieron de perfil y ahora buscan su involución. Aquello que funcionó en el país de la indignación no tiene que funcionar en un país donde ese sentimiento ha dado paso a la incertidumbre e incluso al odio... En tiempos donde nada parece estar claro siempre hace falta un centro de gravedad permanente, algo que dé seguridad, confianza y que despierte interés por el mañana (Daniel Bernabé)

 "Cuando se conoció la noticia en la mañana del martes, Antonio Maíllo (Lucena, 1966) asistía a una manifestación en favor de la educación pública en Andalucía. Desde allí envió un vídeo a sus redes sociales en el que agradeció a la militancia de Izquierda Unida haber otorgado la mayoría a la lista que encabezaba, con algo más del 53%, para el congreso que le elegirá coordinador general de la coalición de izquierdas

La situación define a Maíllo, profesor que volvió a la enseñanza pública hace cinco años tras haber liderado IU en Andalucía. Podrá decir que su victoria le cogió secundando un día de huelga: un maestro debe enseñar, también oponerse a los recortes y la privatización. En estos tiempos necios, acelerados y arrogantes es difícil no simpatizar con una persona que se toma su tiempo antes de hablar, que elige con cuidado las palabras por su significado, es decir, por lo que implican para uno mismo pero también para los demás. 

 En este proceso precongresual, Maíllo ha insistido en la expresión “carretera y manta”, también en que la dirección de IU tiene que estar “fuera de palacio”. Ambas cuestiones no pueden entenderse sin mirar a la anterior década, donde demasiadas decisiones se tomaron a espaldas de la militancia y los territorios. Si Alberto Garzón llegó a IU con la esperanza que despertó aquello que se llamó la nueva política, se fue de ella de la misma manera que la época que le dio pie: con más desencanto que aplausos.

La razón no se le escapa a nadie que haya estado atento a la izquierda en estos últimos años. Aquello que empezó en 2011 como una respuesta a los viejos partidos, también a las viejas ideologías, acabó siendo un carajal de partidos sin demasiada ideología. En cuanto se acabó la inercia del impulso que dieron aquellos años de descontento, la bicicleta se fue al suelo: no tenía pedales. Las marcas electorales no pueden funcionar sin militantes, sin organicidad y sin ideas, al menos unas que vayan más allá de las modas y los bandazos.

Maíllo fue parte de aquella nueva política, como candidato de Adelante Andalucía, sin que le tocara del todo en lo generacional, quizás porque como comunista, del PCE, entendió la necesidad del frente amplio, algo inserto en la trayectoria de su centenaria organización. Un frente amplio significa más que una macedonia de siglas y, desde luego, bastante más que un logo para una cita electoral. Un frente amplio implica tener claro el lugar del que se parte y a dónde te diriges, así como las reglas y las herramientas para conseguirlo. Historicidad, organización y programa. Unidad sí, pero no a cualquier precio.

La cuestión es que desde palacio nunca se quiso que aquellas confluencias pasaran a ser algo más, pregunten a los dirigentes de Podemos. El precio por aquella errada táctica fue no lograr arraigo territorial. También el cansancio, cuando no el más genuino hartazgo, de una militancia, la de Izquierda Unida, que se ha tirado diez años pegando carteles sin tener claro dónde y por qué se tomaban aquellas decisiones o, peor, teniéndolo claro pero no pudiendo hacer nada por aquello de la disciplina. 

 Maíllo tendrá que lidiar con ese hartazgo y devolver a la militancia el sentido, es decir, el de que su función sea algo más que pagar la cuota y actuar de comparsa. También saber encajar la división, un mal endémico de la izquierda que ha sido incapaz de construir proyectos que no impliquen que cada diferencia se acabe solventando con una expulsión o con una escisión. Dejen los cismas a las monjas de Belorado.

En lo externo, el nuevo coordinador general de IU tendrá que volver a definir cuál es el objetivo de que su organización forme parte de Sumar, que por un lado es el partido de Yolanda Díaz y por el otro un paraguas electoral donde se han dado cita diferentes formaciones progresistas. Y aquí, la experiencia de los pasados años cuenta, la diferencia expuesta unos párrafos más arriba entre las simples marcas y los frentes amplios.

Ya no es tan sólo la presencia pública o los puestos en las listas. Es, primero, que existan unas reglas mínimas en lo interno que vayan más allá de la batuta de mando del hiper-liderazgo. También que exista un mínimo común denominador en el campo de lo que se defiende: no puede ser que la izquierda, en pos de la unidad, transija siempre con tendencias verde-liberales de clase media más preocupadas por el relato y la identidad que con los hechos de las políticas de clase.

Maíllo, y la dirección resultante tras el congreso de IU, tienen también la tarea de pensar cuál tiene que ser la relación con el PSOE y su papel en el Gobierno. A día de hoy, con una ofensiva inédita de las derechas políticas, mediáticas y judiciales, con una ministra de IU en el ejecutivo, no tiene sentido seguir hablando de “régimen del 78” para situarse al margen del mismo. Si esta democracia pertenece a alguien por derecho es a quien desde su inicio quiso defenderla y ampliarla, no a los que primero se pusieron de perfil y ahora buscan su involución.

Todas estas tareas, que no son pocas ni pequeñas, se resumen sin embargo en un aforismo, “la España de la actualidad no es la de hace diez años”, que ya han leído por aquí unas cuántas veces. No se trata de pasar factura a lo que sucedió en la izquierda la pasada década, se trata sobre todo de pasar página, aprendiendo, de una jodida vez. Aquello que funcionó en el país de la indignación no tiene que funcionar en un país donde ese sentimiento ha dado paso a la incertidumbre e incluso al odio.

Esta IU, obviamente, no es la de los años 90. Pero tiene aún una presencia notable en lugares como Andalucía y Asturias y una red de cargos y militantes por todo el territorio. Si en IU recuerdan el lugar del que vienen y establecen a dónde quieren ir, si ponen en valor los principios que les hicieron imprescindibles en este último siglo, contando también a su corazón, el PCE, todavía pueden tener mucho que decir. En tiempos donde nada parece estar claro siempre hace falta un centro de gravedad permanente, algo que dé seguridad, confianza y que despierte interés por el mañana."                  (Daniel Bernabé, InfoLibre, 14/05/24)

14.4.24

Los errores de Sumar. Un año desde Magariños... La figura de Yolanda Díaz conformó su imagen y prestigio en el Congreso de los Diputados con sus respuestas duras, firmes y contundentes y como negociadora en lo laboral para sacar derechos a la patronal. Es lo que ha logrado tejer una imagen lo suficientemente poderosa como para lograr el liderazgo del espacio... pero si la intención de Sumar es competir con el PSOE en ser el partido de la izquierda moderada el PSOE te superará... Yolanda Díaz y Sumar tienen que diferenciarse del PSOE de manera radical por muy bien que les caiga Pedro Sánchez porque la inocencia los va a destruir... No es normal que el perfil más duro de toda la izquierda sea el de Óscar Puente. No va a haber piedad con Yolanda Díaz por parte de Moncloa que cuando atisba la más mínima debilidad en sus socios de coalición activa toda la maquinaria para destruirlos. El PSOE lo hizo con Podemos y ahora lo hará con Sumar... No queda tiempo para la izquierda y sus organizaciones, ayer era el momento, y ya está llegando tarde (Antonio Maestre)

 "Las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo. Esta frase es ley incluso asumiendo los límites de la afirmación de Audre Lorde y conviene tener en cuenta su vigencia para comprender que el marco de la institucionalidad tiene para la izquierda unos costes que hay que integrar en el debe de la acción política. El debate histórico de la izquierda sobre reforma o revolución tiene que estar presente en cada movimiento de la izquierda para prever los costes de jugar la partida de la política institucional. 

La permanencia durante más de cuatro años en un gobierno de coalición con el PSOE, primero con Unidas Podemos y ahora con Sumar, genera un desgaste y unas dinámicas que son preciso comprender para entender la dinámica de los partidos de izquierdas. El problema más evidente de una formación que se integra como socio minoritario en un gobierno de coalición es la capacidad para generar autonomía dentro de las limitaciones de la política institucional y Sumar no lo está logrando. Las iniciativas del partido siempre van a rebufo de la acción política del socio mayoritario y cuando se integran las propias medidas tras los movimientos del adversario la sensación que se transmite es de subalternidad.

Es tiempo de darnos la discusión política sobre el espacio que se llevaba posponiendo por la urgencia del momento. Hay que asumir una realidad, cuando tu único discurso político como formación se basa en lo que puedes hacer como gobierno acabas dejando de ser posibilidad transformadora. El votante de izquierdas sabe que lo institucional, siendo minoría, nunca será emancipatorio y acaba por desconectarse al sentir una distancia emocional con sus propios valores y la forma en la que gobiernan aquellos a los que ha dado su apoyo. 

El tiempo en el que la izquierda puede permanecer en un gobierno sin perder contacto con su masa social es limitado porque las contradicciones que tiene que asumir generan una disonancia con su cultura política que hace imposible mantener el apoyo a un ejecutivo que normaliza el envío de armas a Israel, la traición al pueblo saharaui, la defensa de los rentistas y el aumento de la presencia española en la OTAN sin acabar por desligarse y buscar posiciones más firmes fuera del gobierno.

Sumar está pretendiendo aguantar con la coyuntura electoral que propició que lograra un muy buen resultado viendo las difíciles circunstancias en las que se produjeron las elecciones. Se paró al monstruo, pero se ha perdido el tiempo entrando en una dinámica de autolesión inconcebible y difícil de prever en la que el papel de Sumar no ha sido el único responsable, pero es el que ahora nos ocupa al poseer el mayor espacio de representación pública. 

Los electores prestaron el voto a Sumar en un momento en el que la propuesta alternativa de un gobierno de PP y VOX hizo que muchos ciudadanos alteraran sus prioridades ideológicas por una urgencia democrática. Pero los préstamos suelen ir acompañados de exigencias a riesgo de convertirse en moroso. El miedo que facilitó la conformación de un gobierno progresista más débil apoyado en Sumar no estaba fundado en la construcción ideológica de un proyecto cogido con pinzas en el que no estaba claro ni el rumbo, ni el programa, ni la ideología, ni el discurso. Por no conocer no sabemos ni la cultura colectiva ideológica e histórica a la que se vinculaba. No sabemos, porque no lo dejan claro, qué quiere ser Sumar y es tremendamente difícil desencriptar si quiere ser un partido que beba de la nueva rama de los verdes o tejiendo el hilo rojo de los poscomunistas históricos.

El discurso público puede ser un objeto secundario cuando tienes una agenda legislativa ambiciosa que hable por sí misma, pero se convierte en vital para la pervivencia cuando ya han pasado nueve meses desde las elecciones y la única actividad conocida para los ciudadanos es la aprobación de una ley de amnistía que tiene poca defensa desde los valores en contra del privilegio que defiende la izquierda. Sumar ha optado por la transversalidad del discurso en un intento por ampliar la base electoral sumida en el eterno debate de la izquierda poscomunista de cómo afrontar los intentos por lograr mejores resultados con medidas de nicho o transformadoras. Es una apuesta política. 

No sé si es la mejor forma de lograr ampliar la base pero siempre me ha costado sentirme representado en unas formas tan dulcificadas cuando lo que tienes en la base estructural del pensamiento es la lucha de clases. No son mis formas. No me representan y el aprendizaje histórico hacen difícil defender que es una buena idea. Comprendo la intención y la teoría sobre la que se sustenta, pero le falla el equilibrio y el peso que la contundencia y la seducción amable tienen en el devenir cotidiano de la formación.

Sumar basa su mensaje en buscar el favor de una generación más joven, urbana y apegada a un lenguaje de redes sociales pero ni siquiera consigue ser el partido más elegido en esas capas etarias que se ha duplicado hacia posiciones de extrema derecha entre los hombres jóvenes y sigue dando su apoyo al PSOE de forma mayoritaria entre las mujeres. El perfil laborista, que era la fuerza más evidente del capital político de la ministra de Trabajo se está diluyendo de manera incomprensible con una estrategia de transversalidad incompatible con la negociación consustancial al conflicto laboral y de clases. La fuerza de la imagen de la ministra, micrófono en mano, junto a los trabajadores de Iveco en Huelga mandando un mensaje a Antonio Garamendi es un capital que no todos pueden permitirse y es el que tienen que explotar.

La figura de Yolanda Díaz conformó su imagen y prestigio en el Congreso de los Diputados con sus respuestas duras, firmes y contundentes y como negociadora en lo laboral para sacar derechos a la patronal. Es lo que ha logrado tejer una imagen lo suficientemente poderosa como para lograr el liderazgo del espacio, pero existe la impresión de que cada vez gana más espacio una imagen edulcorada basada en las sonrisas y el trato amable que es contraproducente porque es contraria al tiempo que vivimos y al mayor valor que la hizo ganar presencia y apoyos. No hubiera sido la líder del espacio con este nuevo rol adoptado. Mano de hierro en guante de seda puede ser una buena estrategia si lo que trasciende es precisamente eso, pero el equilibrio se está perdiendo y cada vez son más residuales los momentos en los que aparece la fortaleza que toda la izquierda alabó y que logró apoyos transversales entre el electorado del PSOE. La izquierda suele cometer el error de perder moderando el discurso lo que logró con formas más radicales. Le pasó a Podemos cuando renunció a sus medidas más transformadoras tras aparecer en las encuestas como primera fuerza y le ha pasado a Yolanda Díaz después de lograr fraguarse una imagen de mujer firme y contundente.

No han ayudado para mostrar una realidad al discurso de buenas formas las propuestas y medidas que afianzan la sensación de pertenencia a una intelectualidad burguesa como la que Ernest Urtasun lanzó en ARCO para reducir y equiparar el IVA de las galerías españoles a las europeas para que las compras no salgan de España. La petición de la reducción del IVA es una petición histórica del consorcio de Galerías de Arte Contemporáneo que recoge a galeristas destinados a compradores de alto poder adquisitivo que incluye a especuladores y blanqueadores. 

Existen muchas medidas que se pueden tomar para defender y proteger a los creadores de arte, al sector cultural y a los trabajadores que no pasan por ahorrarle impuestos a coleccionistas de arte. Un ministerio, como el de Cultura, que por no cambiar, no ha cambiado ni la titularidad del Instituto Cervantes en manos de Luis García Montero, que forma parte de la intelectualidad orgánica del PSOE, los mandarines que diría Gregorio Morán, renunciando a abrir los círculos de influencia culturales y refrescar con posiciones más afines a los intereses de la izquierda transformada. Es incomprensible y frustrante ver cómo teniendo las herramientas para influir se renuncia a ejercer por los complejos de una izquierda timorata con más ganas de ser acogida en esos círculos que de transformarlos.

La relación con el PSOE es desconcertante y causa desasosiego. En la encuesta de 40db para El País hay un dato que me parece demoledor y revelador. En el voto según la autopercepción ideológica el PSOE tiene mayor presencia que Sumar en aquellos que se consideran de extrema izquierda duplicando y triplicando su apoyo. Si la intención de Sumar es competir con el PSOE en ser el partido de la izquierda moderada el PSOE te superará hasta en la extrema izquierda y tu futuro es desaparecer. Yolanda Díaz y Sumar tienen que diferenciarse del PSOE de manera radical por muy bien que les caiga Pedro Sánchez porque la inocencia los va a destruir. Pedro Sánchez es un aniquilador que va a hacer lo posible para acabar con Sumar y quedarse con el botín de los tres millones de votos. No lograrán todos, pero sí pueden capitalizar muchos de ellos. No es normal que el perfil más duro de toda la izquierda sea el de Óscar Puente. No va a haber piedad con Yolanda Díaz por parte de Moncloa que cuando atisba la más mínima debilidad en sus socios de coalición activa toda la maquinaria para destruirlos. El PSOE lo hizo con Podemos y ahora lo hará con Sumar incluyendo a Podemos en la ecuación para desgastarlos como se ha visto en TVE con llamadas desde Moncloa para lograr el favor de los consejeros de Iglesias a cambio de presencia televisiva hasta las europeas. 

Los que fueron enemigos pueden ser amigos por intereses y no va a haber misericordia con Sumar, deberían saberlo porque en Sumar no la tuvieron con Podemos. La pregunta que Sumar tendría que hacerse para saber si está construyendo un proyecto viable para el electorado de izquierdas es si en la coyuntura contemporánea, en un tiempo de época de repliegue reaccionario, sus votantes optarían por renovarle el apoyo en vez de darle el voto a un Pedro Sánchez al que la propia Yolanda Díaz califica como un político de raza que se crece en la adversidad. ¿Creen en Sumar que tienen un proyecto claramente diferenciado con este PSOE? No lo parece, y en política importa la percepción más que la realidad.

Sumar lleva un año intentando construir un proyecto de forma atribulada pensando solo en los apoyos mediáticos, el corto plazo, los momentos electorales, el mercado de demanda del debate público y sin conseguir desplegarse en el territorio, crear estructura ni conformar una base ideológica sólida. El proyecto se está dejando llevar por la melancolía de lo que hubiera podido ser si no hubiera implosionado internamente en una lucha fratricida con Podemos que le impide mirar al futuro con el realismo de la coyuntura. No queda tiempo para la izquierda y sus organizaciones, ayer era el momento, y ya está llegando tarde y como siempre solo queda salvar el golpe. 

No soy optimista con el futuro y lo veremos en junio. Las elecciones europeas van a crear una correlación de fuerzas en la que la extrema derecha será la clave de bóveda de los conservadores para consolidar la regresión de derechos y la izquierda ha fracasado en la obligación de haber construido un proyecto fuerte en un momento de responsabilidad histórica. En un tiempo en el que el fascismo puede lograr la llave de gobierno el único objetivo de los partidos poscomunistas es ser penúltimo entre iguales. Mi pesimismo solo compite vitalmente con mis fases de nihilismo, el fracaso de la izquierda es absoluto y solo queda certificarlo en junio."               (Antonio Maestre , blog, 11/04/2024)

12.4.24

Antonio Maestre: La coyuntura surgida tras la correlación de fuerzas del 23 de julio no es la mejor para Sumar porque se ha dejado de tener una mayoría de progreso, pero la política consiste en jugar con las cartas que se reparten... El partido no es una ocurrencia de Yolanda Díaz. Es la lógica consecuencia del desgaste del espacio y un intento vano para soportar la caída en un nuevo ciclo político poco propicio para fuerzas de impugnación. Sumar no hubiera nacido sin los errores de Podemos ni la nefasta deriva de sus dirigentes con un desgaste inasumible, nadie hubiera cedido el liderazgo de Unidas Podemos si no fuera porque el sujeto político que lo lideraba estaba amortizado... No es posible la unidad de la izquierda en la coyuntura actual y no hay que perder un segundo más en ese debate... Si algo ha hecho bien Podemos es tener claro su rumbo y actuar acorde a esas motivaciones. Ellos han elegido un camino en solitario y actúan de manera coherente con su decisión

 "Mario Tronti sentenciaba que el destino de los partidos es el destino de la política. En conclusión, la suerte de los partidos de izquierdas será la de la izquierda y esa aseveración nos obliga a analizar la salud de las organizaciones para prever cuál será el devenir de las ideologías de progreso en un tiempo en el que los nuevos fascismos campeonan de manera recurrente. Sumar tiene muchos problemas y ya es tiempo de que los afronten un año después de su presentación en comunidad en Magariños. El proyecto no se consolida y corre el riesgo de diluirse antes de llegar a haberse sustanciado. La lucha intestina, agresiva y visceral con Podemos, real y contada hasta el hastío, no puede ser la justificación para todo y toca abordar cuáles son los errores que está cometiendo, sin capacidad para marcar agenda, ni sacar adelante políticas públicas que sirvan para mejorar la vida de quienes les han votado. La coyuntura surgida tras la correlación de fuerzas del 23 de julio no es la mejor porque se ha dejado de tener una mayoría de progreso, pero la política consiste en jugar con las cartas que se reparten, no con aquellas ideales que todos quisiéramos para ganar la mano.

La izquierda española lleva un lustro sin pensar fuera de palacio. El artículo de Pier Paolo Pasolini en el Corriere della Sera en 1975, publicado en España sus Cartas luteranas, aporta una luz que es desconocida en el último tiempo. La izquierda española lleva varios años pensando en las intrigas de palacio y olvidándose de hablar fuera de su propia corte. Esa dinámica produce un desgaste lento pero inexorable. Una izquierda autorreferencial destinada a hablar solo de sí misma está destinada a ser marginal, sabemos lo que es eso porque hemos vivido muchos años allí y conocemos bien el paño. Sumar lleva tiempo cometiendo demasiados errores, muy flagrantes y continuos en el tiempo. El partido no es una ocurrencia de Yolanda Díaz. Es la lógica consecuencia del desgaste del espacio y un intento vano para soportar la caída en un nuevo ciclo político poco propicio para fuerzas de impugnación. Sumar no hubiera nacido sin los errores de Podemos ni la nefasta deriva de sus dirigentes con un desgaste inasumible, nadie hubiera cedido el liderazgo de Unidas Podemos si no fuera porque el sujeto político que lo lideraba estaba amortizado.

El primero de los errores de Sumar fue no cuidar más la relación con Podemos si consideraba que convenía tenerlos dentro de su coalición de partidos. Fue un error unirse a Podemos porque las grietas personales eran tan extremas que no había manera de que se pudieran integrar en una formación productiva. Se puede elegir ir por separado o junto, pero si se elige ir junto a ellos no se les puede castigar de manera recurrente e intentar arrinconarlos sin esperar que respondan para protegerse. Las organizaciones por encima de todo miran por su propia supervivencia, es la primera regla de la política, y no puede pretenderse que no fueran a defenderse con todo haciendo el mayor daño posible a quien comparte espacio ideológico con la esperanza de poder recuperar los apoyos perdidos. Podemos ha hecho lo que se esperaba, defenderse con la mayor saña posible, es lo normal, y no haberlo previsto es un error inasumible para un partido como Sumar que espera hacer política en primera división, donde no se hacen concesiones. Al preguntar a una fuente de Sumar qué harían cuando Podemos se pasara al grupo mixto y perdieran cinco diputados, se sorprendía de que yo creyera que se atreverían a hacerlo. No salía de mi asombro ante la falta de visión ante un movimiento tan evidente, capaz de dejarles en una posición de extrema debilidad para toda la legislatura porque no se comienzan batallas sin prever los movimientos del enemigo. La falta de capacidad diagnóstica sobre los pasos que iban a dar aquellos con los que mantenían una disputa abierta dejaba en evidencia una falta de diente retorcido para tomar algunas decisiones imprescindibles en plena batalla encarnizada por el poder.

La concurrencia a las elecciones en Galicia y el País Vasco de manera tan precipitada con la marca de Sumar fue otra de las grandes decisiones erróneas. No es normal que en pleno ataque de pánico por la supervivencia, y en medio de la irrelevancia electoral, sea Podemos quien haya tenido una decisión más inteligente en Cataluña que las que ha tenido Sumar en Galicia y Euskadi. Los morados son conscientes de que en Cataluña iban a sacar el mismo resultado compareciendo en las elecciones que sin hacerlo y se han evitado el golpe tremendo que les iba a dar el electorado antes de las europeas, lo que dejaría en serios apuros su apuesta para relanzar a Irene Montero en unos comicios donde se dirimirán las fuerzas en igualdad de condiciones y a nivel nacional los dos partidos que están en disputa en el espectro ideológico de la izquierda. En esos comicios el partido de Yolanda Díaz ha elegido como cabeza de lista para su candidatura a Estrella Galán, coordinadora de CEAR, una ONG que se encuentra inmersa en un conflicto laboral con sus trabajadores por el aumento indiscriminado del sueldo de sus dirigentes, aumentando la brecha salarial con la plantilla sin atender sus demandas. Una decisión que además lleva implícita un conflicto con el resto de partidos para la conformación de la lista. Ese es otro de los errores más graves que está cometiendo el partido rosado: la relación con los partidos que forman el movimiento.

Sumar no existe, es la suma de los partidos que lo componen, por eso la única manera de estar fuerte es potenciar a esas organizaciones allí donde están fuertes y no desgastar la marca acudiendo de manera atribulada a comicios donde existen socios de la coalición nacional instaurados en el territorio. La relación de Sumar con las organizaciones consolidadas en los territorios como Más Madrid, Compromís, Izquierda Unida y Comuns es difícilmente comprensible cuando depende íntegramente de ellos para garantizarse un mínimo despliegue sobre el territorio. Sería fácil imaginar el futuro de Sumar en las europeas si estas organizaciones le retiraran el apoyo y concurrieran en solitario; quedaría en la irrelevancia más absoluta.

La unidad de la izquierda es una entelequia a desterrar en este nuevo tiempo. Sumar y Podemos suman lo mismo juntos que separados. Las dinámicas de la competición virtuosa no funcionan y lo único que cambiaría es que con el mismo porcentaje tendrían menos escaños y por lo tanto no habría ninguna posibilidad de formar junto al PSOE un nuevo gobierno. Pero eso ya es una conversación inútil, con estos liderazgos es imposible que la izquierda esté unida y lo único que lo haría posible sería la llegada de nuevas personas sin tantas rémoras personales entre ellas. No es posible la unidad de la izquierda en la coyuntura actual y no hay que perder un segundo más en ese debate. La ocurrencia de IU de querer integrar nuevamente a Podemos en un proyecto unitario de izquierdas suena tan extemporánea que parece una burla a la razón. Si algo ha hecho bien Podemos es tener claro su rumbo y actuar acorde a esas motivaciones. Ellos han elegido un camino en solitario y actúan de manera coherente con su decisión, saben lo que quieren y su electorado, por minoritario que sea, sabe cuál es esa elección y la apoyan de manera incontestable. La indefinición de Sumar es la peor decisión posible."                (Antonio Maestre, blog, 10/04/24)   

24.3.24

A las puertas de la Semana Santa... Sumar toma cuerpo y desciende de lo etéreo tras algo menos de dos años de difuso recorrido... A la tercera, resucitó... este sábado Sumar ha dejado de ser un proyecto intangible, un sujeto político por definir sin organicidad para convertirse en una organización política dotada de una dirección, de un método para la toma de decisiones y de un proyecto político y organizativo... La participación en las votaciones de la asamblea ha sido baja... Es una muestra clara de dónde está Sumar, en concreto; de dónde está la izquierda en general; de qué lugar ocupa hoy la política. En un momento de avance global de las derechas y ultraderechas, es positivo que la izquierda toque realidad y sepa en qué situación se encuentra realmente... Sumar ha bajado de los cielos

 "Juan arranca su Evangelio con una sentencia como versículo: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios". Luego, ya más adelante, "el verbo se hizo carne" y Dios bajó de lo cielos, los vientos o las ideas para tocar tierra, sudar sangre y ser humano, Jesucristo. Sumar se hizo carne este 23 de marzo y bajó a la tierra en el distrito madrileño de Villaverde, uno de los más pobres de la capital, donde el nivel de la renta per cápita se sitúa ostensiblemente por debajo de la media de la ciudad, una declaración de intenciones del proyecto de Yolanda Díaz.

Sumar toma cuerpo y desciende de lo etéreo tras algo menos de dos años de difuso recorrido. Entra de este modo, Sumar, en su tercer periodo, a las puertas de la Semana Santa. A la tercera, resucitó. El 9 de julio de 2022 arrancaba el primer capítulo de este nuevo sujeto político, también en Madrid; en aquella ocasión fue en el Matadero, junto al río, el bautismo de Sumar. Aquel día daba comienzo el proceso de escucha que llevaría a la propia Díaz a recorrer todo el país durante meses. Paralelamente, un nutrido grupo de expertos de distintas disciplinas redactaba el proyecto de país, un plan político para la próxima década que miraba más allá del calendario electoral.

Tras ese proceso de escucha, el 2 de abril de 2023 llegó Magariños, de nuevo en Madrid, daba comienzo la segunda etapa del proyecto. En la cancha del Estudiantes, Díaz asumía que sería la candidata de las izquierdas a la presidencia del Gobierno. Unas elecciones generales que llegaron de sopetón. El 29 de mayo, un día después de unos comicios autonómicos y municipales que repartió buenas dosis del poder a la derecha y ultraderecha a lo largo y ancho de todo el Estado, Pedro Sánchez sorprendía con un adelanto electoral. La ciudadanía elegiría la composición de las Cortes Generales en pleno verano, el 23 de julio.

Golpe de realidad, para una izquierda que se marchitaba en prolongados debates internos, su particular viacrucis. El plazo para cerrar las coaliciones estaba a la vuelta de la esquina y la afilada disputa con Podemos tenía los días contados. Era momento de hacer campaña. Sumar reunió en una coalición a una quincena de partidos progresistas para las generales. La bronca con Podemos nunca terminó, y se culminaría en diciembre del pasado año cuando los cinco (luego cuatro) diputados morados rompían con el Grupo Plurinacional de Sumar y marchaban al grupo mixto.

Aquella nutrida coalición del 23J ha supuesto el principal éxito de Sumar hasta el momento, consiguiendo unos buenos resultados en las urnas: pese al retroceso en votos y escaños, superaron los malos augurios demoscópicos y aportaba a una suma casi imposible en el Congreso para investir a Pedro Sánchez y evitar un Gobierno presidido por Alberto Núñez Feijóo con Santiago Abascal como vicepresidente. Sumar llegaba a la coalición gubernamental en noviembre de 2023 con cinco ministerios.

La Catedral de Villaverde. Así era conocida la nave Boetticher, antigua fábrica de material pesado para la industria hidroeléctrica, ascensores y calefacción, por sus enormes dimensiones. Hoy, La Nave, es hoy un centro de emprendimiento e investigación dependiente del Ayuntamiento de Madrid, convirtiéndose en uno de los centros neurálgicos de este distrito del sur de la capital. Este moderno espacio también fue el elegido por Yolanda Díaz para el mitin central de la campaña de Sumar del 23J en Madrid. "Lo decíamos en Matadero, el objetivo de Sumar es ensanchar la democracia", recopilaba este sábado Díaz, en la clausura de la asamblea.

En esta antigua catedral obrera, este sábado Sumar ha dejado de ser un proyecto intangible, un sujeto político por definir sin organicidad para convertirse en una organización política dotada de una dirección, de un método para la toma de decisiones y de un proyecto político y organizativo. La participación en las votaciones de la asamblea ha sido baja. Tan solo han votado algo más de 8.000 personas. Díaz ha recibido 6.671 votos. Es una muestra clara de dónde está Sumar, en concreto; de dónde está la izquierda en general; de qué lugar ocupa hoy la política. En un momento de avance global de las derechas y ultraderechas, es positivo que la izquierda toque realidad y sepa en qué situación se encuentra realmente. Sumar ha bajado de los cielos. El verbo Sumar se hizo carne. Arranca un nuevo capítulo en la historia de esta organización, de la izquierda."                 (Sato Díaz, Público, 23/03/24)

7.3.24

Hoy todo el arco político español, desde la extrema derecha a la izquierda nacionalista, cuenta con partidos fuertes. Todos menos la izquierda alternativa... La cuestión es que lo que funcionó por un breve lapso hoy ya no funciona... Es con lo que, por desgracia, lleva soñando el progresismo los últimos tiempos: organizaciones indefinidas basadas en el carisma digital de sus líderes y un cuerpo de simpatizantes con los que establecer una relación más marketiniana que orgánica... Quizás reclamar que la ministra de Trabajo cuente con un partido centrado en el trabajo nos haga pasar por unos tradicionalistas trasnochados... Lo mismo es que todo es más sencillo de lo que parece (Daniel Bernabé)

 "(...) De repente todo el mundo en la izquierda reclama el valor de la implantación territorial para explicar, de alguna manera, el pésimo resultado de Sumar cuando no los despreciables números obtenidos por Podemos. Bien está, sobre todo si se entiende que el apego al territorio es algo más complejo que contar con una marca. Existir en un lugar es construir comunidad mediante la política cotidiana en barrios y pueblos. Aspirar a representar a tus votantes no es lo mismo que ser tus votantes.

Galicia era una prueba difícil para Sumar al tener que enfrentarse a opciones más consolidadas y competir con hasta cinco partidos con posibilidades. También porque su espacio no había obtenido representación en 2020: pesa la memoria del voto útil. ¿Qué podía ofrecer el partido de Díaz que no ofrecieran alguna de las otras opciones ya existentes? Ahí el tema trasciende la especificidad gallega y nos sitúa ante el problema que esta organización no ha sabido resolver en sus casi primeros dos años de existencia.

 Un problema que proviene, más que de una incapacidad, de una apuesta. Que Sumar parezca más un cuadro impresionista que un cómic de línea clara no seduce a los votantes, pero también paraliza a los militantes de los partidos bajo su paraguas: ¿por qué esforzarte en una campaña donde los argumentos, candidatos y decisiones se te han impuesto sin que puedas influir mínimamente sobre ellas? Díaz y su aparato padecen de la misma verticalidad que ya padecía Iglesias, con la diferencia de que la gente que te pega los carteles carece de la ilusión de entonces.

La democracia interna es algo más que una necesidad ética, es un bien organizativo que vale para implicar a los que mueven tu mensaje hasta el emplazamiento más recóndito para que tu proyecto adquiera capilaridad. La pones en funcionamiento si crees que la necesitas. Si no fabulas con que no te hace falta porque no te hacen falta ni los militantes, ni las estructuras ni por tanto un sistema reglado de toma de decisiones. Es con lo que, por desgracia, lleva soñando el progresismo los últimos tiempos: organizaciones indefinidas basadas en el carisma digital de sus líderes y un cuerpo de simpatizantes con los que establecer una relación más marketiniana que orgánica.

Alguien —alguien con un máster caro en una universidad extranjera— vendió la moto la pasada década y ahí sigue el cacharro, en el taller, en una continua reparación que nunca termina porque nadie se atreve a admitir que le timaron. El 15-M fue bonito pero también valió para que un incontable ejército de charlatanes creyera ver en las plazas la validación de sus novedosísimas teorías que, dijeran lo que dijeran, despreciaban a los partidos y a los militantes. Hoy todo el arco político español, desde la extrema derecha a la izquierda nacionalista, cuenta con partidos fuertes. Todos menos la izquierda alternativa.

 La cuestión es que lo que funcionó por un breve lapso hoy ya no funciona. Las alambicadas enunciaciones que explicaban aquel éxito nunca tuvieron en cuenta que el contexto era propicio para que triunfara hasta una banda de gardenias dirigidas por un ficus. El paro, la corrupción, los recortes impuestos desde Europa y perpetrados por el Gobierno de la derecha, más una grave crisis de legitimidad del régimen político, estaban entonces muy presentes y hoy prácticamente ausentes. Si todo aquello se pudo aprovechar fue porque antes había existido una acumulación de fuerzas —de militantes, prácticas e ideas— que hundía sus raíces en el arco que va de las manifestaciones contra la guerra en Irak hasta la lucha contra el Plan Bolonia pasando por las primeras protestas enfocadas en la vivienda.

Puede que escribir todo esto nos haga ser parte de esa izquierda prejuiciosa e inquisitorial de la que Alberto Garzón dice haber sido víctima al ponerle difícil vender su agenda para hacer lobby. Quizás reclamar que la ministra de Trabajo cuente con un partido centrado en el trabajo nos haga pasar por unos tradicionalistas trasnochados. Lo cierto es que el progresismo no abandona su trayectoria declinante, por más que recurra a nuevos rostros, siglas, denominaciones y diversidades. Lo mismo es que todo es más sencillo de lo que parece."                 (Daniel Bernabé , El País, 22/02/24)

26.2.24

La importancia de Yolanda Díaz: por qué es relevante lo que está pasando en Sumar... Sumar es hoy el producto ideológico de las visiones de Errejón, el triunfo de Vistalegre II años después. La otra parte de la izquierda del 15-M, Podemos, ha quedado arrinconada... clases medias cada vez más fatigadas; deseos frustrados de estabilidad y continuidad en las poblaciones occidentales; dificultades económicas para la gran mayoría de la población porque bienes esenciales, desde la alimentación hasta la vivienda, pasando por la energía, el combustible y los productos de uso cotidiano, han subido sus precios muy por encima de lo que han aumentado los salarios... En ese contexto, dar respuestas que no aporten soluciones a estos problemas o que insistan en repetir las fórmulas anteriores, ya sea el programa económico neoliberal o la demanda de más democracia y más derechos humanos, suena extemporáneo. Como lo son las apuestas políticas que no se hagan cargo del descontento entre las poblaciones y que lo reduzcan a los habituales enfrentamientos de jóvenes contra mayores, mujeres contra hombres, nacionales contra inmigrantes y woke contra antiwoke... En esos lugares se está fraguando la mayor parte del descontento, y no están recibiendo respuesta (Esteban Hernández)

 "La relación entre las izquierdas suele quedar empañada por un malentendido, que forma parte de cierto sentido común compartido por sus votantes: ya que el espacio es reducido, conviene que las distintas formaciones concurran juntas. A partir de esa convicción, las diferencias entre los distintos partidos o facciones, las animadversiones personales y las disensiones políticamente irrelevantes han sido objeto de crítica frecuente, como si las izquierdas conformaran una suerte de gallinero en el que reina el ruido permanente y que nunca acuerda por disensiones personales. La posición de Sumar en Euskadi y su negativa a formar una coalición con Podemos sería el penúltimo acto de ese revoltijo incomprensible, como Galicia fue el antepenúltimo.

Sin embargo, la cuestión es muy diferente y Sumar habría hecho bien en explicitarla desde el principio. Nunca ha querido ir con Podemos y tampoco quiere hacerlo ahora. Cuando han concurrido juntos, ha sido por mera exigencia coyuntural, a veces PSOE mediante. Ha de recordarse que en las elecciones municipales y autonómicas del pasado año ya manifestaron esa voluntad de distanciarse y allí donde pudieron se desligaron de los de Iglesias. El resultado fue malo, para ellos y para las izquierdas. El PSOE no salió mal parado en número de votos, pero perdió mucho poder. Para Podemos y Sumar, no fue beneficioso ni en unos términos ni en otros.

Las elecciones generales, en ese sentido, fueron un espejismo. La unión no fue producto de una lección aprendida en el fracaso anterior, sino de una necesidad coyuntural. La realidad es que, por más que haya diferentes puntos de vista en Sumar, el dominante es el que siempre ha percibido a Podemos, y en general a las izquierdas, como un impedimento para avanzar electoralmente. Su convicción es que tendrán un resultado electoral mucho mejor yendo solos. No se trata de que existan dificultades para acordar el reparto de puestos, ni de la difícil vida cotidiana dentro de las coaliciones que se forman, sino de que desligarse de las ideas, las visiones y las perspectivas de las izquierdas les resultará útil a la hora de captar voto. No es una cuestión personal, sino una posición política.

En definitiva, la vieja izquierda, sea eso lo que sea, está muerta, y ellos y ellas forman parte de una sociedad muy diferente de aquella en la que la izquierda tenía un peso relevante. No es una idea nueva: era lo que pensaba Iglesias cuando nació Podemos, y así se lo trasladó al PCE y a IU, y lo que tenía en mente Errejón cuando se opuso al pacto de los botellines con IU. Esa es también la perspectiva de Sumar hoy. Hacía falta una renovación ideológica, que conlleva separarse del lastre.

Los de Díaz entienden que ocupan un espacio propio, que encaja mucho mejor con el presente y desde el que pueden crecer en años venideros. Es el de los partidos verdes, las clases urbanas formadas, las soluciones tecnológicas, la modernidad en las costumbres y la libertad y los derechos humanos como bandera. Se perciben como la continuación razonable de las aspiraciones democráticas expresadas en el 15-M, como una puesta al día de las viejas inquietudes, y quieren alejarse de los ceños fruncidos, de las actitudes negativas y de las posturas de confrontación hostil, que son producto de un pasado superado, pero también de las viejas ideas que no encajan con la nueva realidad.

Esa intención dice mucho sobre los riesgos futuros para los de Díaz, ya que se sitúan en un espacio que también quiere ocupar el PSOE, pero también de la evolución que han vivido los movimientos populistas nacidos la década pasada.

La sociedad del futuro

Una vez que la fórmula latinoamericana, la del populismo y la casta, desapareció de escena y que se desgastó la impugnación al régimen del 78, se hacían precisos nuevos marcos de pensamiento. Los partidos verdes europeos fueron importantes a la hora de aportar un nuevo ideario, pero quizás haya sido la izquierda del partido demócrata estadounidense la que más haya contribuido a forjar la nueva posición. Y mucho más que Sanders, figuras como Alexandra Ocasio-Cortez, Ro Khanna o Ilhan Omar, que emergieron en la campaña presidencial de Biden de 2020.

El politólogo Ruy Teixeira y el periodista John B. Judis describen bien cuál es el lugar en el que se sitúan estas nuevas izquierdas, y el tipo de votante al que se dirigen, en el reciente Where Have All the Democrats Gone? The Soul of the Party in the Age of Extremes (Ed. Henry Holt). En el texto, cuentan cómo los grandes centros metropolitanos estadounidenses posindustriales, dedicados a los servicios y la tecnología, y donde se concentran los profesionales liberales, poseen un clima ideológico especial: "Son áreas densamente pobladas por profesionales con educación universitaria, pero también por inmigrantes poco cualificados que limpian los edificios, cortan el césped y cuidan a los niños y a los ancianos. Quienes fijan la agenda política ven con buenos ojos a los inmigrantes legales e ilegales; no quieren armas en la calle; entienden el libre comercio no como una amenaza para los empleos sino como una fuente de bienes baratos; les preocupa que el cambio climático destruya el planeta, y sus jóvenes están inmersos en la búsqueda de nuevas identidades y de otros estilos de vida sexuales".

El congresista Ro Khanna, copresidente de la campaña presidencial de 2020 de Bernie Sanders, explicaba a los autores del libro, durante una entrevista en el Capitolio, que sus votantes le daban su confianza precisamente porque daba respuesta a todas esas demandas. Si Sumar operase en una sociedad como esa, tendría gran recorrido. No es la nuestra, porque no hay muchas partes de España que respondan a esa configuración, pero la convicción de estas izquierdas transformadas es que hay que pelear para que nuestro futuro se parezca al descrito por Khanna. La sociedad estará cada vez más preocupada por la ecología, dadas las urgencias y los vaivenes a los que nos somete el cambio climático, será cada vez más tecnológica, estará más dividida entre los empleos liberales y el sector servicios, querrá conservar la globalización y será más sensible a las necesidades de libertad y autorrealización. España no es así, pero lo será, y están trabajando para construir ese futuro.

Quiénes son los de abajo

En ese dibujo social, hay que constatar el giro conceptual desde el que operan las izquierdas salidas del 15-M. Eran un espacio que buscaba la transversalidad, que no quería quedarse en un lado del espectro político y que tenía voluntad mayoritaria. Por eso no hablaban de clases sociales, el lenguaje del pasado, sino del pueblo, de la gente, de la mayoría de la población. Pero tenían que encontrar una clave interpretativa a partir de la cual bajar sus planteamientos ideológicos a la política cotidiana.

La encontraron en aquellos que no lograban la integración en esa nueva sociedad, los que estaba fuera. Utilizaron una visión romántica de clase que comenzaba por la generación perdida, esos jóvenes formados que no lograban tener el recorrido profesional al que aspiraban porque las personas de más edad taponaban su camino. Su posición conllevaba problemas ligados a la incertidumbre: el pago de alquileres, las dificultades para la crianza, la exasperante movilidad en las ciudades, la ansiedad. El resto de excluidos eran los emigrantes y los precarios de Glovo, así como las mujeres, relegadas por el machismo, el colectivo LGTBI y los habitantes de los focos de pobreza como la Cañada Real. Había que "democratizar las relaciones humanas y defenderlas de los diferentes sistemas de opresión, vinculados al género, la clase, la orientación sexual o la nacionalidad", como afirman en el documento político que debatirán en su asamblea del 23 de marzo. Los de abajo, los que estaban fuera pugnando por la inclusión, conformaron su nueva visión de clase.

Sumar añadió más capas al mensaje y ofreció soluciones a los nuevos problemas: ciudades de 15 minutos, más tiempo libre y menos dedicado al trabajo, servicios públicos más cercanos, mayor eficiencia en el uso de los recursos naturales, más apertura de costumbres, más predistribución a través de la renta básica y la herencia universal y, sobre todo, más libertad.

Es un partido que está a favor de las transformaciones y que trata de impulsarlas: "En una crisis de época, no hay nada que consolidar en la inestabilidad, todo lo que no sea avanzar significa retroceder". No hay nada de fondo que cambiar, simplemente deben aprovecharse las posibilidades que el futuro trae. Y son muchas: los nuevos trabajos serán cualificados, y por tanto mejor retribuidos, se tenderán a eliminar las tareas repetitivas y tediosas, habrá más productividad y deberemos dedicar menos horas a las tareas laborales, realizaremos un uso de la energía mucho menos dañino para el planeta y las libertades serán mayores. Estamos en una época de cambio deseable, simplemente hay que conducirlo de manera adecuada.

Esta nueva posición indica también una evolución desde la espontaneidad inicial del 15-M. Se nota en los cargos más relevantes de Sumar: tienen más edad y adoptan cada vez más un aire tecnocrático ("le voy a dar un dato") en el que insisten para subrayar su solvencia y credibilidad. Lejos de perfiles poco formados, sus ministros cuentan con una experiencia que los aleja del amateurismo en el que crecieron políticamente.

Los 'susurradores'

Podemos, mientras tanto, ha quedado opacado por una posición política muy minoritaria, por los excesos en sus actitudes y por el énfasis en el Estado profundo, las cloacas, los medios de comunicación y demás batallas que priorizaron una vez que Iglesias dejó la política activa. Sumar ofrece otra versión, más amable y cercana, más de sonrisa que de enfado, más de positividad que de enfrentamiento, y desde luego alejada de esos choques radicales a los que Iglesias y los suyos son tan dados.

Pero en ese alejamiento de la órbita de Podemos, hay muchas cosas que Sumar ha conservado del populismo 15-M. Estructuralmente, desde luego. Continúa siendo una formación organizada desde el liderazgo carismático. Por mucho que Yolanda Díaz tenga un perfil muy diferente del de Iglesias, Sumar es, a estas alturas, su líder. Sin ella, el partido se convertiría en otra cosa.

En segunda instancia, Sumar no implica una ruptura con el pasado, sino una evidente continuidad que se percibe en sus ministros y ministras, en su equipo directivo y en su ideología: no es otra cosa que el triunfo del ideario errejonista, ese que trató de consagrar en Vistalegre II y que desde entonces ha venido impregnando el nuevo espacio político de las izquierdas.

En tercer lugar, Sumar sigue siendo un partido en construcción, como lo fueron los anteriores intentos. Adolece de los males que hicieron fracasar a los movimientos de izquierda de la década pasada, y no solo a la española. Dado que pretendían poner en marcha un movimiento social, sus organizaciones tendieron a organizarse con las mismas características que las olas de protesta que los encumbraron: de manera horizontal, pluralista y difusa y con las redes sociales como mecanismo de relación esencial. El proyecto de país de Yolanda Díaz ha contado con un buen número de expertos, también para asentar el perfil tecnocrático, pero su relación con ellos, como con los simpatizantes, no ha abandonado ese carácter informal, apenas estructurado, que definió a las izquierdas populistas. Ese deseo de participación amable en el que insisten en el documento tejido para la asamblea repite las viejas constantes.

La contrapartida de este modelo es que, como suele ocurrir, termina por organizarse alrededor de un grupo informal que constituye la dirección real. Como afirma Alex Hochuli en su análisis sobre el fracaso de la izquierda millennial, la ausencia de las estructuras habituales en los partidos (obviadas mediante consultoría digital y herramientas plebiscitarias) llevó a que los "supervoluntarios" se convirtieran en un nuevo tipo de oligarquía interna, que tomaba decisiones a espaldas de la masa de partidarios que estaban al otro lado de la red.

Sumar no ha escapado a esta tendencia, lo que implica demasiado a menudo la presencia de susurradores al lado de Díaz y del núcleo de poder de Sumar, con todas las perturbaciones que esa informalidad decisora implica para la vida interna de cualquier partido. Este es un problema que Sumar no ha resuelto, aunque debe subrayarse que es un mal cada vez más frecuente en la política y que en las mismas formaciones tradicionales, con organizaciones más estructuradas, situaciones similares están produciéndose cada vez con menor disimulo.

Todo lo que queda fuera

La importancia de la evolución de Sumar es relativa en este escenario convulso, con el Gobierno atosigado por resultados electorales negativos, el escándalo de Koldo y una complicada relación con Junts. Sin embargo, en estos momentos complicados, al bloque progresista le convendría tener un complemento fuerte en los de Díaz. No parece que Sumar esté despegando. Si la legislatura dura varios años, contará con tiempo para construir una organización y un ideario que puedan contar con recorrido, pero lo que empieza débil es muy difícil que despegue. Sumar está también en un momento decisivo, porque un mal resultado en las elecciones vascas y en las europeas sería dañino, y uno bueno contribuiría a poner unas bases adecuadas.

Pero más allá del asentamiento electoral, la evolución de Sumar explica cuál ha sido la transformación del espacio de la izquierda y de cómo la alteraron los millennials con el 15-M. Sumar es hoy el producto ideológico de las visiones de Errejón, el triunfo de Vistalegre II años después. La otra parte de la izquierda del 15-M, Podemos, ha quedado arrinconada, y la organización que está en medio, IU, tiene visos de ser integrada a medio plazo en Sumar y, por tanto, fagocitada. Lo demás son partidos regionales y pequeños grupos sin influencia política.

Sin embargo, lo más relevante de esta evolución es que demuestra cómo la política española se ha quedado estancada en la década pasada. Unos miran hacia atrás y tratan de deshacer buena parte de la tarea realizada desde la Transición o proponen un programa económico que quedó desautorizado en los años diez (y que Trump, después Biden y siempre China están negando), los otros tratan de correr más rápido hacia un futuro que afirman brillante. Pero ninguno toma en consideración el presente.

Repasemos: tensiones en el seno de la UE y división política en Occidente; dificultades para organizar y reconstruir las cadenas de valor en una globalización rota; un cuestionamiento del orden internacional, guerras incluidas, que no había tenido lugar desde hace muchas décadas; una puesta en cuestión del libre comercio como no habíamos visto desde los años ochenta; clases medias cada vez más fatigadas; deseos frustrados de estabilidad y continuidad en las poblaciones occidentales; dificultades económicas para la gran mayoría de la población porque bienes esenciales, desde la alimentación hasta la vivienda, pasando por la energía, el combustible y los productos de uso cotidiano, han subido sus precios muy por encima de lo que han aumentado los salarios, y, cómo no, grandes disparidades entre regiones del mismo Estado.

En ese contexto, dar respuestas que no aporten soluciones a estos problemas o que insistan en repetir las fórmulas anteriores, ya sea el programa económico neoliberal o la demanda de más democracia y más derechos humanos, suena extemporáneo. Como lo son las apuestas políticas que no se hagan cargo del descontento entre las poblaciones y que lo reduzcan a los habituales enfrentamientos de jóvenes contra mayores, mujeres contra hombres, nacionales contra inmigrantes y woke contra antiwoke.

En esa división entre trabajadores productivos y los poco cualificados del sector servicios, hay todo un mundo que se queda fuera: autónomos y pequeños empresarios, profesionales liberales con salarios escasos, agricultores y ganaderos, emprendedores entrampados, así como la gran mayoría de quienes forman parte de las clases medias bajas y de las medias. Unos y otros los contemplan como algo prescindible, ya que o son poco productivos o tienden a ser reaccionarios. En esos lugares se está fraguando la mayor parte del descontento, y no están recibiendo respuesta.

En ese cambio de época, las posiciones progresistas, que se parecen mucho a las tecnocráticas, siguen pensando que, en esencia, poco ha cambiado, salvo la llegada de Trump y de las extremas derechas, y que con impedir que tomen el poder estaría la tarea hecha. La izquierda está convencida de sí misma, pero completamente desorientada sobre el tipo de mundo en el que vivimos, que no es de la globalización feliz. En la derecha ocurre igual, por cierto."                 (Esteban Hernández , El Confidencial , 26/02/24)