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4.8.26

Informe Mundial sobre las Drogas 2026: la cocaína funciona mediante un sistema mundial, fragmentado y flexible, que combina cultivos, laboratorios, fronteras terrestres, ríos, puertos, empresas exportadoras, contenedores, embarcaciones menores, operadores financieros y redes de distribución instaladas en varios continentes... la producción mundial de cocaína aumentó más de cuatro veces entre 2014 y 2024, por la mejora en el rendimiento de las plantaciones, los procesos químicos y la capacidad de los grupos criminales para transformar la hoja de coca en mayores cantidades de producto terminado... Por lo tanto, estamos frente a una expansión estructural de la oferta. Mientras los gobiernos celebran incautaciones récord, el mercado consigue producir, transportar y vender más cocaína que nunca... Las incautaciones pueden aumentar al mismo tiempo que crece la disponibilidad porque ambas cosas se alimentan del mismo fenómeno: circula más droga, hay más cargamentos para detectar y también más cargamentos capaces de atravesar los controles... La ruta no necesariamente tiene que ser directa. Cada etapa puede ser ejecutada por actores diferentes. La organización que controla el cultivo no necesariamente controla el puerto, y quien controla el contenedor puede no conocer al distribuidor europeo... La cadena productiva del tráfico ilegal de estupefacientes sufre los mismos procesos de deslocalización, tercerización y fragmentación que el comercio global... En 2024 fueron identificadas 755 nuevas sustancias psicoactivas en el mercado mundial, 118 de ellas nunca reportadas anteriormente. El número de tipos de drogas incautadas es cinco veces mayor que en el año 2000. Las redes no solamente producen más; ofrecen más variedades, mezclas y presentaciones, utilizan aplicaciones sociales y adaptan el producto a distintos públicos (Nicolás Centurión)

"El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 confirma que la producción potencial de cocaína se multiplicó más de cuatro veces en una década, que Brasil se consolidó como plataforma de salida hacia Europa, África y Asia y que los grandes puertos dejaron de ser los únicos objetivos. Uruguay no aparece como protagonista del mapa global, pero su ubicación entre las cuencas productoras, la Hidrovía, los puertos brasileños y el Atlántico lo coloca dentro de una zona logística que exige bastante más atención de la que recibe.

Durante décadas, la representación más extendida del narcotráfico latinoamericano fue relativamente sencilla. La coca se cultivaba en los Andes, la cocaína se procesaba cerca de las zonas de producción, cruzaba alguna frontera, llegaba a un puerto y desde allí viajaba hacia Estados Unidos o Europa. Había países productores, países de tránsito y países consumidores. Cada territorio parecía cumplir una función estable dentro del negocio.

El World Drug Report 2026, publicado el 26 de junio por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, termina de demostrar que ese esquema quedó viejo. La cocaína ya no circula por una ruta principal ni depende de una organización capaz de controlar toda la cadena. Funciona mediante un sistema mundial, fragmentado y flexible, que combina cultivos, laboratorios, fronteras terrestres, ríos, puertos, empresas exportadoras, contenedores, embarcaciones menores, operadores financieros y redes de distribución instaladas en varios continentes.

La principal conclusión del informe es brutal por su dimensión: la producción potencial mundial de cocaína aumentó más de cuatro veces entre 2014 y 2024. En la presentación oficial del documento, la UNODC explicó que el volumen de 2024 fue casi cinco veces superior al de una década atrás. El crecimiento no se produjo únicamente porque aumentara la superficie cultivada, también mejoraron el rendimiento de las plantaciones, los procesos químicos y la capacidad de los grupos criminales para transformar la hoja de coca en mayores cantidades de producto terminado.

Por lo tanto, no estamos ante un mercado que simplemente recuperó niveles anteriores: estamos frente a una expansión estructural de la oferta. Mientras los gobiernos celebran incautaciones récord, el mercado consigue producir, transportar y vender más cocaína que nunca. Las incautaciones pueden aumentar al mismo tiempo que crece la disponibilidad porque ambas cosas se alimentan del mismo fenómeno: circula más droga, hay más cargamentos para detectar y también más cargamentos capaces de atravesar los controles.

De los Andes al Atlántico brasileño.

Colombia continúa siendo el principal punto de salida de cargamentos de cocaína identificados a nivel mundial seguido por Perú y Brasil. Estos tres países no cumplen la misma función.

La mayor parte de la cocaína que sale de Colombia continúa desplazándose hacia el norte, directamente o a través de Ecuador, principalmente por vía marítima. Brasil, en cambio, ocupa una posición diferente: funciona como una plataforma atlántica para cocaína originada sobre todo en Perú y Bolivia y, en menor medida, en Colombia. Desde territorio brasileño, los cargamentos se proyectan hacia Europa, África y Asia. 

Este punto es especialmente relevante para comprender el lugar de Bolivia dentro del narcotráfico sudamericano. Bolivia posee producción propia, pero no tiene salida al mar. Para llegar a los grandes mercados necesita atravesar países vecinos. Brasil ofrece territorio, carreteras, ríos, infraestructura exportadora y una extensa costa atlántica. La cocaína puede ingresar por Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Rondônia, Acre o Paraná, consolidarse en centros urbanos y mezclarse posteriormente con los flujos legales que alimentan los puertos.

La ruta no necesariamente tiene que ser directa. Puede comenzar con pequeños movimientos de pasta base o cocaína por caminos terrestres, continuar mediante depósitos intermedios, pasar a camiones con mercadería legal y terminar dentro de un contenedor de un buque de carga. Cada etapa puede ser ejecutada por actores diferentes. La organización que controla el cultivo no necesariamente controla el puerto, y quien contamina el contenedor puede no conocer al distribuidor europeo.

La cadena productiva del tráfico ilegal de estupefacientes sufre los mismos procesos de deslocalización, tercerización y fragmentación que el comercio global.

El informe también registra una preferencia creciente por cargamentos de menor tamaño. Ese cambio aparece a lo largo de la cadena: desde los movimientos de cocaína base dentro de América del Sur hasta los envíos de clorhidrato interceptados en Europa. No significa que hayan desaparecido los cargamentos de varias toneladas. Significa que las redes distribuyen mejor el riesgo, multiplican los envíos y reducen el costo de perder una sola operación. 

Esta constatación obliga a abandonar los mapas construidos únicamente con grandes flechas. Una ruta no es una línea que une Bolivia con Santos o Colombia con Amberes. Es una secuencia de nodos: producción, procesamiento, cruce fronterizo, almacenamiento, consolidación, empresa exportadora, terminal portuaria, escala oceánica, extracción y distribución.

Europa cerró una puerta y aparecieron diez

Las incautaciones de cocaína continúan concentradas en dos grandes espacios: América Latina y el Caribe reúnen el 83% del volumen mundial decomisado y Europa otro 15%. En conjunto se explica prácticamente todo el mercado visible para las autoridades. En 2024, las cantidades incautadas en Europa superaron por sexto año consecutivo a las de América del Norte. 

Siguiendo dentro de Europa, podemos inferir que ocurrió un desplazamiento significativo. Durante años, Amberes y Rotterdam fueron presentados como las grandes puertas de entrada de la cocaína sudamericana. El endurecimiento de los controles, la presión policial y las investigaciones sobre corrupción portuaria redujeron las cantidades decomisadas en ambos puertos durante 2024. Al mismo tiempo, aumentaron las incautaciones en España, Francia, Reino Unido y una serie de terminales de menor tamaño.

España pasó a reportar el mayor volumen de cocaína decomisada en Europa, seguida por Francia, Bélgica y los Países Bajos. El informe no interpreta la caída de Amberes y Rotterdam como prueba suficiente de una reducción del tráfico. La cocaína continúa entrando por puertos, pero los puntos de ingreso se dispersan. Los traficantes prueban terminales menos vigiladas, rutas más largas, puertos secundarios y países con capacidades de control diferentes. 

Esta transformación tiene consecuencias directas para América Latina. Cuando Europa diversifica los lugares de llegada, también se diversifican los lugares de salida. Ya no alcanza con controlar las exportaciones dirigidas a tres o cuatro puertos conocidos. Los cargamentos pueden viajar hacia Portugal, el Mediterráneo, terminales francesas, puertos británicos o escalas intermedias en África occidental.

Brasil adquiere aquí una importancia adicional. No es solamente un país de salida hacia Europa: es un nodo capaz de alimentar rutas hacia África y Asia. Nigeria, Sudáfrica y Etiopía aparecen como importantes puntos de salida fuera de América y Europa, señal de que África no funciona únicamente como escala ocasional. En algunos territorios, el tránsito terminó construyendo mercados locales, circuitos de distribución y nuevas formas de consumo. ¿Es la misma suerte con la que está corriendo Uruguay?

Lo que comenzó como una ruta hacia Europa produjo un efecto derrame: parte de la cocaína quedó en África occidental, aumentó la disponibilidad y comenzaron a aparecer patrones de consumo más dañinos, incluido el crack. El tránsito no es neutral. Las rutas no solo recorren los territorios que atraviesan sino que los transforman.

América Latina produce, transporta y consume

El informe rompe otra simplificación habitual: América del Sur no es únicamente la fábrica de cocaína del mundo. Se ha consolidado como un mercado consumidor.

Los datos disponibles muestran que el consumo de cocaína se mantuvo relativamente estable durante la última década en algunos países sudamericanos y aumentó en otros. Las cifras recientes ofrecen señales parciales de estabilización, pero la región presenta productos, modalidades y daños muy diferentes. La cocaína convive con la pasta base, el crack y otras presentaciones. Cada una está asociada a mercados, precios y poblaciones distintas. 

Los análisis de aguas residuales indican que el consumo de cocaína por habitante es mayor en América del Norte, seguido por América del Sur y Europa occidental y central. La región productora aparece así también entre los territorios con mayor nivel de consumo detectado. 

Brasil ofrece una advertencia particular. La UNODC registra un aumento considerable de las muertes atribuidas a trastornos relacionados con el consumo de cocaína desde 2020, seguido por otra suba marcada en 2024. El informe advierte que los cambios en los sistemas de registro pueden influir sobre la estadística, pero señala que la tendencia coincide con una mayor presencia de cocaína detectada en aguas residuales de varias ciudades brasileñas. El aumento del daño podría estar relacionado con cambios en las formas de consumo o con productos de mayor pureza. 

Esta dimensión suele quedar subordinada al relato policial. Se habla de toneladas, puertos y organizaciones y menos de los territorios que quedan atravesados por mercados locales. Las mismas redes que exportan pueden abastecer ciudades intermedias, fronteras y periferias urbanas. El crecimiento de la oferta mundial reduce precios, amplía disponibilidad y permite que la cocaína llegue a lugares donde anteriormente era escasa.

Uruguay aparece poco, y ese también es un dato

Uruguay no figura en el informe como un gran país productor, un punto de salida principal ni uno de los mercados más relevantes de cocaína. Esa ausencia podría ser interpretada como tranquilidad aunque sería una lectura apresurada.

El país se encuentra entre las zonas productoras de Bolivia y Perú, las redes paraguayas, el mercado brasileño, la Hidrovía Paraguay–Paraná y el Atlántico sur. Tiene un puerto con conexiones internacionales, zonas francas, depósitos, empresas logísticas, un sistema financiero abierto y fronteras extensas con Brasil y Argentina. Ninguno de esos factores demuestra por sí mismo que Uruguay sea un nodo central. Juntos describen una infraestructura que puede ser utilizada y es apetecible para las organizaciones transnacionales.

La principal advertencia del informe para Uruguay surge precisamente del papel atribuido a Brasil. Montevideo no necesita competir con Santos para resultar útil. Puede funcionar como alternativa, escala, punto de consolidación, depósito, plataforma societaria o ruta de diversificación.

Cuando los grandes puertos europeos aumentaron los controles, las organizaciones se dispersaron hacia terminales más pequeñas. El mismo comportamiento puede ocurrir en América del Sur. Si Santos en Brasil o los puertos ecuatorianos concentran inspecciones, la presión puede desplazar operaciones hacia otros puntos, fragmentar cargamentos o utilizar puertos con menor volumen y menos experiencia acumulada. Esto es lo que sucedió, por ejemplo, en el año 2020 y 2021 en plena pandemia.

La excepción uruguaya del cannabis

Uruguay sí aparece expresamente en otra sección del informe: la regulación del cannabis. A diciembre de 2025, era uno de los países —junto con Canadá y distintas jurisdicciones estadounidenses— que había establecido mecanismos legales para el acceso no médico. 

El informe sitúa esas reformas dentro de un proceso de normalización y expansión de productos de cannabis. En América Central y del Sur, el consumo aumentó durante las últimas dos décadas, aunque muestra signos de estabilización. La región representa alrededor del 30% del volumen mundial de marihuana incautada..

La pregunta relevante es cuánto mercado consiguió absorber el sistema regulado, qué sectores permanecen abastecidos por redes ilegales, cómo evolucionaron la potencia y la variedad de productos y qué relación existe entre el mercado uruguayo y la marihuana procedente de Paraguay.

El fracaso de las rutas fijas

La conclusión política del informe no aparece en una frase única, pero atraviesa todos sus datos. La presión sobre un territorio desplaza la actividad hacia otro. El control de un puerto abre rutas alternativas. La incautación de grandes cargamentos favorece la fragmentación. La prohibición de una sustancia impulsa la aparición de otras o el aumento de su demanda y más mercado ilegal. La tecnología permite vender, pagar y coordinar sin una estructura visible y las criptomonedas juegan un rol fundamental en este aspecto.

En 2024 fueron identificadas 755 nuevas sustancias psicoactivas en el mercado mundial, 118 de ellas nunca reportadas anteriormente. El número de tipos de drogas incautadas es cinco veces mayor que en el año 2000. Las redes no solamente producen más; ofrecen más variedades, mezclas y presentaciones, utilizan aplicaciones sociales y adaptan el producto a distintos públicos.

La cocaína continúa siendo una droga de origen vegetal, atada geográficamente a los Andes, pero todo lo que ocurre después del cultivo es flexible. Los químicos cambian, los intermediarios cambian, los puertos cambian y los mercados se expanden. Colombia, Perú y Bolivia siguen en el origen, pero Brasil se consolidó como la gran bisagra atlántica de América del Sur.

El narcotráfico contemporáneo, busca en los márgenes, la periferia y los intersticios de las rutas y países cuando el centro comienza a ser vigilado." 

(Nicolás Centurión,  Estrategia.la, 03/08/26)

15.2.26

¿La guerra contra las drogas o la guerra contra los pobres? la llamada “guerra contra las drogas” va en realidad dirigida contra las y los pobres, que son el eslabón más débil que la cadena productiva que deriva en narcóticos... La economía de las mercancías ilícitas, con enormes niveles de explotación de los trabajadores/as, produce enormes volúmenes de efectivo que se lavan e ingresan, y por lo tanto lubrican, al sistema financiero, y permite controlar a las comunidades marginadas a través de la desmoralización social y la intervención policial... las ganancias están concentradas en los eslabones de la cadena más lejanos del cultivo de las plantas, siendo, paradójicamente, las y los trabajadores de estos cultivos de uso ilícito los más criminalizados y perseguidos por la supuesta “guerra” contra el narcotráfico... El campesinado no sólo es el blanco principal del discurso moralista de los medios de comunicación, que ignora su realidad económica y social; las grandes ganancias del negocio se la llevan los grandes capitalistas que se encuentran en lugares como La Florida y están perfectamente identificados por las autoridades estadounidenses que asisten a los mismos círculos sociales donde circula la cocaína que tanto señalan y por la que han muerto cerca de 1 millón de latinoamericanos... El problema no es la planta de coca, sino el sistema económico que criminaliza a las y los pobres de las zonas rurales mientras absorbe y recicla la enorme liquidez generada por los mercados ilícitos. El sector financiero depende de estos flujos. Los bancos mundiales los acogen con agrado. Y las naciones más ricas que promueven la erradicación dependen al mismo tiempo de la estabilidad que proporciona este capital oculto. Tratar al campesinado como el enemigo es ocultar la verdadera arquitectura del narcotráfico, que se extiende hacia arriba, hasta los circuitos de las finanzas legales, las commodities globales y el poder estatal... Sin confrontar a las instituciones financieras que lavan las ganancias, la economía mundial de las drogas continuará funcionando como un pilar no oficial de la liquidez capitalista (Laura Capote)

 "La insistencia permanente del discurso estadounidense alrededor de la lucha contra las drogas pareciera evidenciar una cruzada moral de los sucesivos gobiernos norteamericanos en limpiar su país del consumo de drogas. Sin embargo, la realidad dista mucho de esta simple idea que suele instalarse en los medios de comunicación masivos. En realidad lo que se busca con la denominada “guerra contra las drogas”, demostrado con la propia historia de nuestra región, es una fachada para el desarrollo de diversos mecanismos de intervención imperialista que han implicado desde la década del 70’ la combinación de métodos que van desde el financiamiento militar a los países de la región, la instalación de bases militares, hasta el apoyo explícito de algún candidato en una contienda electoral.

El dossier más reciente elaborado por el Instituto Tricontinental desarrolla la hipótesis principal de que en realidad la llamada “guerra contra las drogas” va en realidad dirigida contra las y los pobres, que son el eslabón más débil que la cadena productiva que deriva en narcóticos. Las drogas, precisamente, y en especial sus abultadas ganancias, son lo último que interesa a la clase dominante estadounidense y a los circuitos financieros del capital global, combatir, aunque hagan todo el esfuerzo propagandístico por desligarlo de las prácticas “legítimas” del capitalismo.

En realidad, la empresa transnacional de carácter criminal que constituye la industria del narcotráfico, es un elemento fundamental de los circuitos de acumulación del capitalismo a escala global. El dossier afirma que “la guerra contra las drogas es simplemente un intento de los Estados capitalistas de garantizar que estos circuitos de narcóticos permanezcan clandestinos para que el dinero extraído de comercio ilegal pueda continuar dando liquidez a un sistema bancario que no funcionaría sin él”.

En  América Latina y el Caribe, región principalmente afectada por la denominada “guerra”, resalta el caso colombiano como el paradigmático a la hora de comprender las diferentes consecuencias de esta política estadounidense: desde la criminalización de las y los campesinos cultivadores, hasta el financiamiento de un aparato de guerra y represión contra las clases populares, pasando por una formación y financiamiento impartido por los EE.UU. a las fuerzas militares en el país con una doctrina contrainsurgente que encontró en la GCD su excusa perfecta.

La investigación indica que la demanda de las mercancías ilícitas no varía sustancialmente a pesar de la variación de precios, teniendo en cuenta la naturaleza de la misma respecto sus niveles de dependencia, siendo un caldo de cultivo para la comisión de delitos como pequeños hurtos para poder, de la forma que sea, solventar el consumo. “La violencia en el paso de la droga desde las fincas hasta las calles, y la violencia de las sobredosis, rara vez interrumpen la producción o el mercado”

De esta manera, se pueden sacrificar vidas sin interrumpir el proceso de acumulación de capital en la economía formal. La economía de las mercancías ilícitas, con enormes niveles de explotación de los trabajadores/as, produce enormes volúmenes de efectivo que se lavan e ingresan, y por lo tanto lubrican, al sistema financiero, y permite controlar a las comunidades marginadas a través de la desmoralización social y la intervención policial.

Con un repaso por el proceso productivo de la coca, el dossier busca evidenciar de qué manera las ganancias están concentradas en los eslabones de la cadena más lejanos del cultivo de las plantas, siendo, paradójicamente, las y los trabajadores de estos cultivos de uso ilícito los más criminalizados y perseguidos por la supuesta “guerra” contra el narcotráfico.

El rol de las y los campesinos cultivadores es una de las principales preocupaciones de la investigación, destacando cómo, desde la perspectiva del campesinado colombiano, la economía política de la guerra contra las drogas responde a una compleja conexión entre cultivos, falta de desarrollo rural y conflicto armado que ha caracterizado la historia agraria en el país.

El caso colombiano ha sido el caso paradigmático a nivel continental de lo que está detrás de una narrativa simplificada de esta denominada “guerra”. Es la profundización del modelo neoliberal en la agricultura lo que ha acelerado la extinción de las y los pequeños agricultores. El campesinado enfrenta la falta de acceso y tenencia de la tierra, así como la exclusión social y económica, el desempleo, la opresión y marginación, lo que se ve agravado por la debilidad de las políticas públicas, salud y educación rurales inadecuadas, y la imposibilidad de acceder a vivienda digna. En Colombia, la crisis se intensifica aún más por el acaparamiento de tierras, la usurpación y la legalización, la “regularización” de tierras ilegalmente despojadas, llevada a cabo a través de un modelo paramilitar con financiamiento y consentimiento estatal al servicio de grandes corporaciones transnacionales.

El campesinado no sólo es el blanco principal del discurso moralista de los medios de comunicación, que ignora su realidad económica y social; las grandes ganancias del negocio se la llevan los grandes capitalistas que, como ha insistido en varias oportunidades el presidente de Colombia, Gustavo Petro, se encuentran en lugares como La Florida y están perfectamente identificados por las autoridades estadounidenses que asisten a los mismos círculos sociales donde circula la cocaína que tanto señalan y por la que han muerto cerca de 1 millón de latinoamericanos y latinoamericanas.

Por otro lado, es importante anotar que el movimiento campesino en Colombia también ha construido herramientas para organizarse en territorios donde se cultiva coca. Desde históricas marchas campesinas a mediados de los 90’s, hasta la actualidad, las comunidades campesinas productoras de la hoja de coca exigen al Estado la sustitución voluntaria de los cultivos y el cese de métodos de erradicación forzada con glifosato, que lo único que han traído a los territorios es un aumento del pie de fuerza militar, generando violencia y despojo en los territorios.

“El problema no es la planta de coca, sino el sistema económico que criminaliza a las y los pobres de las zonas rurales mientras absorbe y recicla la enorme liquidez generada por los mercados ilícitos. El sector financiero depende de estos flujos. Los bancos mundiales los acogen con agrado. Y las naciones más ricas que promueven la erradicación dependen al mismo tiempo de la estabilidad que proporciona este capital oculto. Tratar al campesinado como el enemigo es ocultar la verdadera arquitectura del narcotráfico, que se extiende hacia arriba, hasta los circuitos de las finanzas legales, las commodities globales y el poder estatal”, afirma la investigación.

Si el objetivo es terminar con la violencia y la dependencia económica del cultivo de coca, entonces el punto de partida no debe ser ni la militarización ni la erradicación, sino la reconstrucción de la vida rural: reforma agraria, precios garantizados para cultivos lícitos, infraestructura, servicios públicos y derechos políticos para quienes cultivan la tierra. Sin transformar las condiciones sociales y económicas que empujan a las familias a la agricultura ilícita, el ciclo simplemente se reproducirá. Sin confrontar a las instituciones financieras que lavan las ganancias, la economía mundial de las drogas continuará funcionando como un pilar no oficial de la liquidez capitalista." 

(Laura Capote, De Frente, 13/02/26, Este artículo ha sido elaborado por Globetrotter)

4.2.26

Lecciones norteamericanas sobre la legalización del cannabis recreativo, de uso lúdico, ya no medicinal... Es decir, se legaliza el cannabis recreativo en el contexto de sociedades de consumo... delitos relacionados con el cannabis se han desplomado entre un 70 % y un 90 %... aumentan los ingresos fiscales y la posibilidad de someter al cannabis a controles sanitarios, etiquetado y límites de contaminantes, lo que reduce los riesgos asociados al producto adulterado o contaminado, comunes en el mercado negro... pero la legalización depende en gran medida de cómo se diseñe, implemente y supervise... requiere periodos de transición y campañas sobre sus riesgos, así como marcos regulatorios sólidos que controlen el producto y su precio, restrinjan la publicidad e impidan el acceso a menores (Luis Sordo)

 "La legalización del cannabis recreativo (hablamos solo del uso lúdico, no del medicinal) es una realidad consolidada en parte de Norteamérica. Tanto Canadá como 24 estados de EE. UU. (además de tres territorios y el distrito de Columbia) permiten este tipo de consumo. Esta coexistencia ha creado un laboratorio natural que permite observar los efectos sociales, sanitarios y económicos de la legalización en contextos culturales muy semejantes.

Aumento del consumo y sus consecuencias

Uno de los aspectos observados tras la legalización es un aumento del uso de cannabis en algunos segmentos de la población, tanto de manera esporádica como frecuente. Este cambio pueden inferirse de encuestas de consumo, pero también de consecuencias derivadas del mismo. En Canadá, tras un periodo de contención inicial, las urgencias médicas y los ingresos hospitalarios relacionados con el cannabis y los brotes psicóticos inducidos por esta droga aumentaron. En parte podría explicarse por la disminución de la percepción de riesgo.

Alteración en la percepción del riesgo

Cuando un producto pasa de la ilegalidad a la venta regulada, la percepción social del riesgo tiende a disminuir y se produce un proceso de normalización que afecta especialmente a los jóvenes, favoreciendo la iniciación o el aumento del consumo. La legalización del cannabis no elimina sus efectos adversos, ampliamente documentados a nivel físico y mental, pero puede contribuir a ocultarlos bajo una apariencia de sustancia “segura” o “natural”. Así ocurrió históricamente con el alcohol y el tabaco, cuya integración en el mercado legal fue acompañada de estrategias que minimizaron sus riesgos.

Cambios en el mercado legal

Más allá del cambio en la percepción, la gran transformación está en el mercado. Sus principales consecuencias son tres:

  1. La legalización ha hecho más accesibles y visibles los lugares de venta.

  2. El porcentaje del compuesto del cannabis responsable de los efectos que busca el consumidor recreativo (THC) ha aumentado. Es decir, mismas cantidades tienen más efectos psicoactivos, aumentando los casos de intoxicación por su uso.

  3. La venta legal ha impulsado la aparición de una gran variedad de formas de administrar el cannabis: flores, aceites, comestibles, extractos y, quizá lo más preocupante, bebidas que empiezan a ser muy populares entre la población joven. Ya no solo se fuma y eso abre un nuevo horizonte a las empresas que lo comercializan. Es decir, se ha legalizado el cannabis recreativo en el contexto de sociedades de consumo.

Persistencia del mercado negro

Uno de los propósitos más importantes de la legalización era reducir el mercado negro. Aunque la comercialización legal supone muchas ventajas que veremos más adelante, no ha eliminado la venta ilegal. De hecho, en lugares como Nueva York, el cannabis más consumido se sigue consiguiendo de forma clandestina. Al no estar controlado con impuestos, el producto se vende más barato, haciendo que las ventajas de la legalización se diluyan. En Canadá, se estima que el porcentaje de consumo ilegal está en torno al 30 %.

Buenas noticias

Existen elementos positivos de la legalización. La evidencia es clara: se ha registrado una reducción de los delitos relacionados con el cannabis. Tanto en Canadá como en los estados de EE. UU. donde se ha aprobado, los arrestos y detenciones por delitos relacionados con el cannabis se han desplomado entre un 70 % y un 90 %, lo cual libera recursos para delitos de mayor gravedad, reduce la carga policial sobre sectores poblacionales más penalizados por infracciones menores y facilita su reinserción laboral y educativa (en muchos estados, los delitos previos a la legalización han sido borrados).

Las otras buenas noticias derivan del aumento de ingresos fiscales y la posibilidad de someter al cannabis a controles sanitarios, etiquetado y límites de contaminantes. Esto reduce los riesgos asociados al producto adulterado o contaminado, comunes en el mercado negro. Además, la legalización ha abierto espacio para un discurso más racional y menos estigmatizante sobre el consumo y sus riesgos, favoreciendo políticas de reducción de daños más realistas. Y permitiendo investigar mejor los efectos de su consumo.

La legalización sin simplismos

La legalización no es intrínsecamente negativa o positiva: depende en gran medida de cómo se diseñe, implemente y supervise. En Norteamérica, los beneficios esperados (recaudación fiscal, reducción del mercado ilegal, mejora del control del producto y disminución de condenas penales) están presentes, aunque el balance es incierto.

La implantación de la venta legal requiere periodos de transición y campañas sobre sus riesgos, así como marcos regulatorios sólidos que controlen el producto y su precio, restrinjan la publicidad e impidan el acceso a menores. En Europa, solo Alemania, desde 2024, permite el uso recreativo (en Países Bajos, no es exactamente legal). Pronto veremos qué lecciones sacar de su experiencia." 

( , The Conversation  , 02/02/26)

7.12.25

La industria del cannabidiol, o CBD, está floreciendo y, según cálculos conservadores, se esperaba que alcanzara los 16.000 millones de dólares en Estados Unidos para 2025. El extracto de la planta ya se está incorporando a hamburguesas con queso, palillos de dientes y aerosoles para el aliento. Más del 60 por ciento de los consumidores de CBD lo han tomado para la ansiedad... El CBD se promociona como un alivio para la ansiedad, la depresión y el trastorno de estrés postraumático. También se comercializa como ayuda para dormir. Parte de la popularidad del CBD radica en que afirma ser “no psicoactivo”, lo que permitiría obtener beneficios para la salud sin el efecto psicoactivo de la marihuana... La FDA aprobó el Epidiolex, un extracto purificado de CBD, para tratar trastornos convulsivos raros en pacientes de 2 años o más, después de tres ensayos clínicos aleatorizados, doble ciego y controlados con placebo realizados con 516 pacientes que demostraron que el fármaco, administrado junto con otros medicamentos, ayudaba a reducir las convulsiones (Dawn MacKeen, The New York Times)

 "La industria del CBD está floreciendo y, según cálculos conservadores, se esperaba que alcanzara los 16.000 millones de dólares en Estados Unidos para 2025. El extracto de la planta ya se está incorporando a hamburguesas con queso, palillos de dientes y aerosoles para el aliento. Más del 60 por ciento de los consumidores de CBD lo han tomado para la ansiedad, según una encuesta realizada a 5000 personas por Brightfield Group, una empresa de investigación del mercado del cannabis. Le siguen el dolor crónico, el insomnio y la depresión. Kim Kardashian West, por ejemplo, recurrió al producto cuando “estaba enloqueciendo” ante el nacimiento de su cuarto bebé. El golfista profesional Bubba Watson se queda dormido gracias a él. Y el bulldog francés de Martha Stewart también lo consume.

¿Qué es el CBD?

El cannabidiol, o CBD, es el hijo menos conocido de la planta de cannabis sativa; su hermano más famoso, el tetrahidrocannabinol, o THC, es el componente activo de la marihuana que produce su efecto psicoactivo en quienes la consumen. Con raíces en Asia Central, se cree que la planta se utilizó por primera vez con fines medicinales —o para rituales— hacia el 750 a. C., aunque existen otras estimaciones.

El cannabidiol y el THC son solo dos de los más de 100 cannabinoides de la planta. El THC es psicoactivo, y el CBD puede serlo o no, algo que aún se debate. El THC puede aumentar la ansiedad; no está claro qué efecto tiene el CBD, si es que tiene alguno, en reducirla. El THC puede causar adicción y generar ansias de consumo; el CBD se está estudiando como posible ayuda para quienes están en recuperación.

El cannabis que contiene un 0,3 por ciento o menos de THC se considera cáñamo. Aunque la Ley Agraria de 2018 legalizó en Estados Unidos el cáñamo según la ley federal, también mantuvo la supervisión de la Administración de Alimentos y Medicamentos sobre los productos derivados del cannabis.

¿Cuáles son las afirmaciones?

El CBD se promociona como un alivio para la ansiedad, la depresión y el trastorno de estrés postraumático. También se comercializa como ayuda para dormir. Parte de la popularidad del CBD radica en que afirma ser “no psicoactivo”, lo que permitiría obtener beneficios para la salud sin el efecto psicoactivo de la marihuana (ni los antojos de pizza a medianoche).

Así como los cultivos de cáñamo están brotando por todo Estados Unidos, también lo hace su mercadotecnia. Desde aceites y aerosoles nasales hasta paletas y supositorios, parece que ningún espacio es demasiado sagrado para el CBD. “Es el monstruo que se adueñó de la habitación”, dijo Brad Ingram, profesor asociado de pediatría en el Centro Médico de la Universidad de Misisipi, sobre todos los usos disparatados que se le están dando al CBD. Dirige un ensayo clínico sobre la administración de CBD a niños y adolescentes con epilepsia resistente a los medicamentos.

¿Funciona el CBD?

“Es prometedor en muchas vías terapéuticas diferentes porque es relativamente seguro”, dijo James MacKillop, codirector del Centro Michael G. DeGroote de Investigación del Cannabis Medicinal de la Universidad McMaster de Hamilton en Ontario.

La FDA aprobó el Epidiolex, un extracto purificado de CBD, para tratar trastornos convulsivos raros en pacientes de 2 años o más, después de tres ensayos clínicos aleatorizados, doble ciego y controlados con placebo realizados con 516 pacientes que demostraron que el fármaco, administrado junto con otros medicamentos, ayudaba a reducir las convulsiones. Este tipo de estudios son el estándar de oro en medicina, en los que los participantes se dividen al azar, y ni el sujeto ni el investigador saben qué grupo toma el placebo o la medicación.

Aunque hay esperanzas de tratar otras afecciones con el extracto vegetal, el Epidiolex sigue siendo el único fármaco derivado del CBD aprobado por la FDA. La mayor parte de las investigaciones sobre el cannabidiol se han realizado en animales, y su popularidad actual ha superado a la ciencia. “Aún no tenemos resuelto el curso básico sobre el CBD”, dijo Ryan Vandrey, profesor asociado de Ciencias del comportamiento y psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.

¿El CBD ayuda con la ansiedad y el TEPT?

Para los estudiantes con ansiedad social generalizada, una charla de cuatro minutos, con un tiempo mínimo para prepararse, puede resultar debilitante. Pero un pequeño experimento publicado en la revista Neuropsychopharmacology descubrió que el CBD parecía reducir el nerviosismo y el deterioro cognitivo en pacientes con ansiedad social en una tarea simulada de hablar en público.

Sin embargo, un estudio doble ciego reveló que los voluntarios sanos a los que se administró CBD experimentaron poco o ningún cambio en su reacción emocional ante imágenes o palabras desagradables, en comparación con el grupo placebo. “Si se trata de un fármaco calmante, debería modificar sus respuestas a los estímulos”, dijo Harriet de Wit, coautora del estudio y profesora del Departamento de psiquiatría y neurociencia del comportamiento de la Universidad de Chicago. “Pero no fue así”.

Muchos soldados regresan a casa atormentados por la guerra y el trastorno de estrés postraumático, y suelen evitar ciertas actividades, lugares o personas asociadas con sus experiencias traumáticas. El Departamento de Asuntos de Veteranos está financiando su primer estudio sobre el CBD, combinándolo con la psicoterapia.

“Nuestras terapias intentan romper la asociación entre los recuerdos del trauma y la respuesta de miedo”, dijo Mallory Loflin, profesora adjunta de la Universidad de California en San Diego e investigadora principal del estudio. “Creemos que el CBD, al menos en modelos animales, puede acelerar mucho ese proceso”. Si bien se están realizando ensayos clínicos a gran escala, los psicólogos afirman que aún no hay evidencia concluyente que demuestre si este es un tratamiento viable.

¿El CBD ayuda con el sueño y la depresión?

¿Despierto a altas horas de la madrugada, viendo videos de perritos? El CBD podría ser prometedor como ayuda para dormir; uno de los efectos secundarios observados en los ensayos de Epidiolex para la epilepsia fue la somnolencia, según MacKillop, coautor de una revisión sobre los cannabinoides y el sueño. “Si estás buscando nuevos tratamientos para dormir, eso podría ser una pista”, dijo.

Pero advierte que los efectos secundarios podrían deberse a una interacción con otros medicamentos que los niños tomaban para controlar las convulsiones. Hasta ahora no se ha realizado ningún ensayo aleatorizado, controlado con placebo y doble ciego (el estándar de oro) sobre los trastornos del sueño y el CBD.

Una revisión reciente de expedientes de 72 pacientes psiquiátricos tratados con CBD encontró que la ansiedad mejoró, pero no el sueño. “En general, no nos pareció que fuera un tratamiento útil para el sueño”, dijo Scott Shannon, profesor clínico adjunto de psiquiatría de la Universidad de Colorado en Denver, y autor principal de la revisión en The Permanente Journal.

El sueño puede verse alterado por muchas razones, incluida la depresión. Los roedores parecieron adaptarse mejor a condiciones estresantes y exhibieron un comportamiento menos depresivo después de tomar CBD, según una revisión en Journal of Chemical Neuroanatomy. “Sorprendentemente, el CBD parece actuar más rápidamente que los antidepresivos convencionales”, escribió una de las autoras de una nueva revisión, Sâmia Joca, investigadora del Instituto Aarhus de Estudios Avanzados de Dinamarca y profesora asociada de la Universidad de São Paulo, Brasil, en una entrevista por correo electrónico. Claro que es difícil detectar la depresión en animales, pero los estudios que Joca y sus colegas revisaron sugirieron que, en modelos de exposición crónica al estrés, los ratones y ratas tratados con CBD fueron más resilientes.

Pero sin ensayos clínicos en humanos, los psicólogos afirman que el efecto del CBD sobre la depresión sigue siendo una hipótesis, y no un tratamiento basado en pruebas.

¿Es perjudicial el CBD?

“Si tomas CBD puro, es bastante seguro”, dijo Marcel Bonn-Miller, profesor adjunto de la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania. Entre los efectos secundarios observados en el ensayo de Epidiolex se encontraron diarrea, somnolencia, fatiga, debilidad, erupciones cutáneas, disminución del apetito y niveles elevados de enzimas hepáticas. Además, aún se desconoce cuál es la cantidad segura para consumir en un día, o si es seguro consumirlo durante el embarazo.

Recientemente, la FDA envió una carta de advertencia a Curaleaf Inc. sobre sus “afirmaciones sin fundamento” de que el extracto de la planta trata diversas afecciones, desde la ansiedad y la depresión en mascotas hasta el cáncer y la abstinencia de opioides. (En un comunicado, la empresa dijo que algunos de los productos en cuestión habían sido retirados y que estaba colaborando con la FDA).

Smita Das, presidenta del grupo de trabajo sobre cannabis del Consejo de Psiquiatría de Adicciones de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, no recomienda el CBD para la ansiedad, el TEPT, el sueño o la depresión. Dado que los pacientes recurren a estos productos sin eficacia comprobada, le preocupa que puedan retrasar la búsqueda de una atención médica adecuada para la salud mental: “Me preocupa doblemente cómo la exposición a los productos de CBD puede llevar a alguien a seguir consumiendo cannabis”.

Algunos productos con CBD pueden contener sorpresas indeseadas. Toxicólogos forenses de la Virginia Commonwealth University analizaron nueve líquidos para cigarrillos electrónicos que se anunciaban como extractos de CBD 100 por ciento naturales. Encontraron uno con dextrometorfano, o DXM, utilizado en medicamentos sin receta para la tos y considerado adictivo cuando se abusa de él; y cuatro con un cannabinoide sintético, a veces llamado Spice, que puede causar ansiedad, psicosis, taquicardia y la muerte, según un estudio publicado el año pasado en Forensic Science International.

Una investigación anterior encontró que menos de un tercio de los 84 productos analizados contenían la cantidad de CBD indicada en sus etiquetas. Algunos usuarios de CBD también han fallado pruebas de detección de drogas cuando el producto contenía más THC del señalado.

Este año, 1090 personas se han puesto en contacto con centros de control de intoxicaciones por casos relacionados con el CBD, según la Asociación Estadounidense de Centros de Control de Intoxicaciones. Se estima que más de un tercio recibió atención médica, y 46 fueron ingresadas en una unidad de cuidados intensivos, posiblemente debido a la exposición a otros productos o interacciones con medicamentos. Además, se reportó preocupación por 318 animales al Centro de Control de Envenenamiento Animal de la Sociedad Estadounidense para la Prevención de la Crueldad contra los Animales.

¿El CBD es una estafa o no?

 “El CBD no es una estafa”, dijo Yasmin Hurd, directora del Instituto de Adicciones del Monte Sinaí de Nueva York, quien dirigió un estudio doble ciego con 42 heroinómanos en recuperación y descubrió que el CBD reducía tanto los antojos como la ansiedad provocada por estímulos, ambas capaces de empujar a las personas de vuelta al consumo. “Puede tener un valor medicinal potencial, pero cuando lo metemos en el rímel y en los tampones, por el amor de Dios, para mí eso ya es una estafa”.


5.12.25

De aquellos narcotráficos, estas migraciones... la producción, la manufactura y la distribución de cocaína lleva más de cuatro décadas bañando en sangre el suelo de Latinoamérica... en el conjunto de países que integran América Central y Sudamérica se produjeron más de 291.000 crímenes y delitos relacionados con el tráfico y la posesión de drogas durante el año 2023... El reguero de violencia se produce al conectar las zonas productoras con las rutas de tránsito hacia los destinatarios finales... a excepción de Chile, todo el continente está a merced de esta actividad mercantil... El recorrido de la mercancía concluye en los los big five de recepción y de consumo de cocaína a nivel mundial: Estados Unidos, Francia, Países Bajos, Bélgica y España. Para que los ciudadanos del norte desarrollado tengan acceso a sus golosinas del fin de semana, hay un continente entero que debe vivir bajo la tiranía de los cárteles... Si los ricos se drogan, a los pobres no les queda más remedio que ponerse a traficar o, con suerte, salir por patas de donde se está traficando... una foto es la del actual líder del PP Alberto Núñez Feijóo a bordo del yate del narcotraficante Marcial Dorado... El PP que deja éste sonado rastro de compadreo con el narcotráfico, es el mismo PP que agita a diario el mantra de la inmigración... En ningún caso pone sobre la mesa el origen del fenómeno. Más que nada, porque eso obligaría a señalar que el yate de Marcial Dorado reposa sobre las extorsiones, la corrupción y los asesinatos que fuerzan el grueso de las migraciones procedentes de Latinoamérica (Emma Zafón)

 "A principios de este pasado mes de octubre, el youtuber Jordi Wild afrontaba una peliaguda polémica tras haber afirmado, durante una de sus entrevistas, que tiene por costumbre llevar una “vida sana” pero que de vez en cuando se da el gusto de meterse una rayita de cocaína. Los pistoleros habituales del viejo Twitter no tardaron en desenfundar: qué despropósito, ¿cómo puede decir que se cuida si luego se droga? ¿Es que nadie va a pensar en los niños?  

Como siempre, el barullo tuitero se quedaba en la superficie, en la anécdota, y nadie fue capaz de reparar en el verdadero mal mayor que se escondía tras el planteamiento de Wild. Esto es: hay que ser muy hipócrita para reconocer que consumes cocaína mientras te dedicas a esparcir discursos de odio contra la inmigración a través de tus diferentes canales. 

Por si acaso queda algún despistado, la producción, la manufactura y la distribución de cocaína —así como de otras drogas sintéticas— lleva más de cuatro décadas bañando en sangre el suelo de Latinoamérica. La ONU, en su último informe World Drug Report, documenta que en el conjunto de países que integran América Central y Sudamérica se produjeron más de 291.000 crímenes y delitos relacionados con el tráfico y la posesión de drogas durante el año 2023, el último del que se tienen registros. 

En menos de una semana, entre finales de octubre y principios de noviembre, México vivía un tiroteo a plena luz del día en la Colonia Tepito de la capital con un saldo de tres víctimas mortales. Poco después se producía el sonado asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, quien había mostrado su firme intención de combatir el crimen organizado. Entremedias, en Río de Janeiro, el gobernador bolsonarista Claudio Castro daba la orden de asaltar una favela del norte de la ciudad y causaba más de 130 víctimas mortales, la mayor masacre de estas características en la historia de Brasil.  

La ley de la sangre y la demanda

Los procesos de violencia que sacuden Latinoamérica no son homogéneos, ni permanentes en el tiempo, pero sí que son transversales y se enquistan latentes en el territorio. Todo depende del auge, de la expansión y del declive de los cárteles. O del escenario geopolítico. En los años 80 y 90, Medellín era el punto más caliente del continente, con casi 7.000 personas asesinadas durante el año 1991. Tras la caída de Pablo Escobar, la ciudad fue dando pequeños pasos hacia la paz y la convivencia y actualmente es hasta destino turístico. 

Lo que fue bueno para Medellín fue malo para las regiones cercanas. El periodista hondureño Óscar Estrada, en su libro Tierra de narcos, afirma que el desmantelamiento del cártel de Escobar acabó expandiendo la guerra contra las drogas al resto del continente. “Para inicios del 2000, la guerra que ya se reconocía como una estrategia fracasada, fue exportada a México a través del Plan Mérida, que tendría grandes repercusiones en Centroamérica”, explica. 

Los cárteles mexicanos asumieron parte de la cuota de mercado de Pablo Escobar y, según el periodista guadalajarense Antonio Nieto, el narco conocido como ‘El Abuelo’ llegó a entrar 35 toneladas de cocaína anuales a los Estados Unidos a través del aeropuerto internacional de la Ciudad de México. 

El reguero de violencia se produce al conectar las zonas productoras con las rutas de tránsito hacia los destinatarios finales. De acuerdo con el mismo World Drug Report de la ONU, a excepción de Chile, todo el continente está a merced de esta actividad mercantil. Colombia, Perú y Bolivia son los ejes productores y cada año incrementan sustancialmente la superficie de cultivo dedicada a la planta de coca: de las 120.000 hectáreas destinadas en 2013 se había pasado a las 375.300 en 2023.

El resto de países, sobre todo Brasil, Venezuela y Ecuador, son el punto de gestión intermedia hacia el destino final de esta cadena de distribución. También lo es Honduras, convertido en puerto de entrada y de salida de la droga cuando Nicaragua se salió del circuito en los años 80 tras el triunfo de la Revolución Sandinista. Desde entonces, suma más de 30.000 víctimas de asesinatos y un presidente, Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años de prisión por asociación “con algunos de los traficantes más grandes del mundo para transportar toneladas de droga hacia Estados Unidos”.  

El recorrido de la mercancía concluye en los los big five de recepción y de consumo de cocaína a nivel mundial: Estados Unidos, Francia, Países Bajos, Bélgica y España. Para que los ciudadanos del norte desarrollado tengan acceso a sus golosinas del fin de semana, hay un continente entero que debe vivir bajo la tiranía de los cárteles. 

Farloperos de pueblo y sobredosis de racismo

Dos fotografías. La primera, de sobras conocida, es la del actual líder del PP Alberto Núñez Feijóo a bordo del yate del narcotraficante Marcial Dorado. La segunda, solo conocida a nivel local, es la de un edil de un pueblo de Castellón, José Vicente Adsuara, pintando una raya de coca sobre una mesa que sostiene media decena de cubatas. 

La primera imagen no impidió que Núñez Feijóo se hiciese con el liderazgo del PP tras la liquidación de Pablo Casado y la segunda imagen no ha impedido que Adsuara haya sido recompensado este verano con un puesto de asesor en la Diputación de Castellón. 

El PP que deja estos sonados rastros de compadreo con el narcotráfico es el mismo PP que jamás titubea a la hora de subirse al carro de los cuestionamientos demográficos. Con la ultraderecha pisándole los talones, los líderes populares agitan a diario el mantra de la inmigración. Ahora bien, lo hacen limitándose a vociferar conceptos relacionados con la seguridad y con la delincuencia, para luego ponerse a exigir que no venga ya nadie más. 

En ningún caso ponen sobre la mesa el origen del fenómeno. Más que nada, porque eso obligaría a señalar que tanto el yate de Marcial Dorado como el pollo de cocaína de José Vicente Adsuara reposan sobre las extorsiones, la corrupción y los asesinatos que fuerzan el grueso de las migraciones procedentes de Latinoamérica. Si los ricos se drogan, a los pobres no les queda más remedio que ponerse a traficar o, con suerte, salir por patas de donde se está traficando."                       ( Emma Zafón, , El Salto, 24/11/25) 

15.11.25

Una breve historia de la larga guerra contra las drogas en América Latina... los campesinos mexicanos, que durante mucho tiempo habían sido una fuente de marihuana, comenzaron a cultivar amapola para satisfacer la demanda de los soldados veteranos de Vietnam, habituados allí a la heroína... la CIA operaba su propia aerolínea, Air America, en el sudeste asiático, que contrabandeaba opio y heroína como una forma de apoyar la guerra secreta de esa agencia en Laos... Y el FBI utilizó el pretexto de la lucha contra las drogas para incriminar al activista afroamericano Martin Sostre, y a muchos otros, quién operaba una librería que se había convertido en el centro de la política radical negra de esa ciudad, con cargos falsos de venta de heroína... en Bolivia, la CIA ayudó a derrocar a un gobierno levemente izquierdista en el primero de una serie de lo que se conoció como "golpes de cocaína". Los "coroneles de la cocaína" de Bolivia entonces aceptaron tanto dinero como Washington estaba dispuesto a ofrecer para luchar contra su versión de la guerra contra las drogas, mientras facilitaban la producción de cocaína para la exportación al extranjero... los aliados de Pinochet comenzaron "a traficar drogas con impunidad," con la familia de Pinochet ganando millones exportando cocaína a Europa (con la ayuda de agentes de sus infames fuerzas de seguridad)... El cartel de Medellín donó millones de dólares a la campaña de Reagan contra el gobierno sandinista de izquierda de Nicaragua... Clinton lanzó el Plan Colombia, con aviones y productos químicos para la erradicación aérea de drogas, lo que mató a miles de campesinos colombianos, y a una devastación ecológica generalizada... Trump insiste en que la "guerra contra las drogas" no es una metáfora, que es una guerra real, y como tal posee poderes extraordinarios en tiempos de guerra, incluyendo la autoridad para bombardear México y atacar Venezuela. Considerando esta historia, ¿quién podría discutirlo? (Greg Grandin)

 "Hay una regla en la era de Donald Trump. Cuando se trata de él, simplemente no puedes descartar nada. Es cierto que, hace poco, cuando se le preguntó sobre la posibilidad de que ordenara ataques militares no solo contra barcos frente a la costa de Venezuela, sino también dentro de Venezuela, él respondió de manera contundente "no". Pero también ha dicho que las opciones militares siguen "sobre la mesa". Y qué extraño, si está planeando no hacer nada, que los buques de guerra estadounidenses ahora estén supuestamente posicionados para posibles ataques dentro de ese país, con destructores frente a su costa y un grupo de portaaviones que también ha entrado recientemente en el Caribe. Y no olvides las acciones encubiertas que su administración ya ha autorizado en secreto a la CIA para llevar a cabo dentro de ese país. O, para el caso, los supuestos barcos de "drogas" que su administración ha estado hundiendo regularmente en el Caribe (y el Océano Pacífico), aunque no tiene ni idea de quiénes están a bordo.

Ten en cuenta que estamos hablando del presidente que afirma haber terminado ocho guerras y se considera la persona más digna en la Tierra (sin excepción) para un Premio Nobel de la Paz. Pero el mundo de Donald Trump simplemente no podría ser más extraño o, al mismo tiempo, más predecible y — ¡sí! — más impredecible. Recientemente, en una publicación en las redes sociales, el senador Bernie Sanders señaló lo que es constitucionalmente obvio, aunque no, por supuesto, para el presidente y su equipo: "Trump está amenazando ilegalmente con la guerra con Venezuela, después de matar a más de 50 personas en ataques no autorizados en el mar." La Constitución es clara: solo el Congreso puede declarar la guerra. El Congreso debe defender la ley y poner fin al militarismo de Trump.

Qué verdaderamente extraño — y, aún más extraño, los recientes ataques de Trump a esos “barcos de drogas” en el Caribe y la continua “guerra contra las drogas” de este país tienen una historia distinta, que el habitual de TomDispatch, Greg Grandin, expone hoy de manera demasiado vívida. Cuando se trata de los Estados Unidos de América y sus presidentes, aunque Donald Trump ahora está subiendo la apuesta de manera notable, no hay nada remotamente nuevo en la desastrosa "guerra contra las drogas". 

 Hoy, Donald Trump preside sobre su propia Asesinato Incorporado, menos un gobierno que un escuadrón de la muerte.

Muchos desestimaron su proclamación a principios de su segundo mandato de que el Golfo de México a partir de ahora se llamaría el Golfo de América como una demostración de dominio tonta, pero inofensiva. Ahora, sin embargo, ha creado una masacre continua en el mar Caribe adyacente. El Pentágono ha destruido hasta ahora 18 lanchas rápidas allí y en el Océano Pacífico. No se ha presentado ninguna evidencia ni se han presentado cargos que sugieran que esos barcos estuvieran transportando drogas, como se afirma. La Casa Blanca simplemente ha seguido publicando videos de vigilancia desde una vista aérea (realmente, películas snuff) de un barco objetivo. Luego viene un destello de luz y desaparece, al igual que los humanos que llevaba, ya sean contrabandistas de drogas, pescadores o migrantes. Hasta donde sabemos, al menos 64 personas ya han sido asesinadas en tales ataques.

La tasa de eliminación está acelerándose. A principios de septiembre, Estados Unidos estaba atacando un barco cada ocho a diez días. A principios de octubre, uno cada dos días. Durante un tiempo, a partir de mediados de octubre, fue todos los días, incluyendo cuatro ataques solo el 27 de octubre. La sangre, al parecer, anhela sangre.

Y la zona de caza se ha estado expandiendo desde las aguas caribeñas frente a Venezuela hasta las costas colombianas y peruanas en el océano Pacífico.

Muchos motivos podrían explicar la compulsión de Trump por asesinar. Quizás disfrute de la emoción y la prisa de poder que proviene de dar órdenes de ejecución, o él (y el Secretario de Estado Marco Rubio) esperan provocar una guerra con Venezuela. Quizás considera que los ataques son distracciones útiles del crimen y la corrupción que definen su presidencia. El asesinato a sangre fría de latinoamericanos también es carne roja para las filas vengativas de los trumpistas, que han sido incitados por guerreros culturales como el vicepresidente JD Vance a culpar la crisis de opioides, que afecta desproporcionadamente a la base rural blanca del Partido Republicano, de una "traición" de la élite.

Los asesinatos, que Trump insiste son parte de una guerra más amplia contra los carteles de drogas y los traficantes, son horribles. Destacan la cruel insensibilidad de Vance. El vicepresidente ha bromeado sobre asesinar a pescadores y ha afirmado que "no le importa un carajo" si los asesinatos son legales. En cuanto a Trump, ha desestimado la necesidad de la autoridad del Congreso para destruir lanchas rápidas o atacar a Venezuela, diciendo: "Creo que simplemente vamos a matar gente." ¿De acuerdo? Vamos a matarlos. Van a estar, como, muertos.

Pero, como con tantas cosas trumpianas, es importante recordar que no podría hacer lo que hace si no fuera por las políticas e instituciones establecidas por demasiados de sus predecesores. Sus horrores tienen largas historias de fondo. De hecho, Donald Trump no está tanto escalando la guerra contra las drogas como escalando su escalada.

Lo que sigue entonces es una breve historia de cómo llegamos a un momento en que un presidente podría ordenar el asesinato en serie de civiles, compartir públicamente videos de los crímenes y encontrar que la respuesta de demasiados reporteros, políticos (Rand Paul siendo una excepción) y abogados fue poco más que un encogimiento de hombros, si no, en algunos casos, un aliento.

Una breve historia de la guerra más larga

Richard Nixon (1969-1974) fue nuestro primer presidente en la guerra contra las drogas.

El 17 de junio de 1971, con la Guerra de Vietnam aún en pleno apogeo, anunció una "nueva ofensiva total" contra las drogas. Nixon no usó la frase "guerra contra las drogas." Sin embargo, dentro de las 48 horas, decenas de periódicos en todo el país lo habían hecho, lo que sugiere que los miembros del personal de la Casa Blanca habían alimentado la frase militarizada a sus reporteros.

La llamada de Nixon a una ofensiva contra las drogas fue una respuesta directa a una historia explosiva publicada un mes antes en el New York Times, titulada "Epidemia de Adicción a la Heroína entre los G.I. en Vietnam." Decenas de miles de soldados estadounidenses eran adictos, con algunas unidades informando que más del 50% de sus hombres estaban usando heroína.

En las conferencias de prensa, Nixon ahora estaba siendo cuestionado no solo sobre cuándo y cómo planeaba terminar la guerra en Vietnam, sino también sobre si los usuarios de drogas en el ejército serían enviados a rehabilitación o castigados. ¿Qué, preguntó un periodista, iba a hacer él con los "soldados que están regresando de Vietnam con una adicción a la heroína?"

Lo que hizo fue lanzar lo que hoy podríamos considerar como el segundo acto de Vietnam, una expansión global de operaciones militares, enfocadas no en comunistas esta vez, sino en la marihuana y la heroína.

En 1973, poco después de que el último soldado de combate estadounidense abandonara el sur de Vietnam, Nixon creó la Agencia de Control de Drogas (DEA). Su primera gran operación en México se parecía inquietantemente a Vietnam. A partir de 1975, los agentes estadounidenses se adentraron en el norte de México, uniéndose a las fuerzas policiales y militares locales para llevar a cabo barridos militares y fumigaciones aéreas. Un informe lo describió como una campaña de terror de asesinato y tortura extrajudicial contra los productores rurales de marihuana y opio, en su mayoría campesinos pobres. La campaña trató a todos los aldeanos como si fueran el "enemigo interno." Bajo la cobertura de luchar contra las drogas, las fuerzas de seguridad mexicanas, suministradas con inteligencia por la DEA y la Agencia Central de Inteligencia, suprimieron ferozmente a los activistas campesinos y estudiantiles. Como escribió la historiadora Adela Cedillo, en lugar de limitar la producción de drogas, esa campaña llevó a su concentración en unas pocas organizaciones paramilitares estructuradas jerárquicamente que, a finales de la década de 1970, llegaron a ser conocidas como "cárteles".

Entonces, el primer frente de batalla completamente militarizado en la Guerra contra las Drogas ayudó a crear los cárteles que la actual iteración de la Guerra contra las Drogas está combatiendo ahora.

Gerald Ford (1974-1977) respondió a la presión del Congreso —notablemente del congresista demócrata de Nueva York Charles Rangel— comprometiéndose con una estrategia de "oferta" de atacar la producción de drogas en su origen (en lugar de intentar reducir la demanda en el país). Mientras que los países del sudeste asiático, junto con Afganistán, Pakistán e Irán, habían sido los principales proveedores de heroína para los EE. UU., los mexicanos, que durante mucho tiempo habían sido una fuente de marihuana, habían comenzado a cultivar amapola para satisfacer la demanda de los veteranos de Vietnam habituados a la heroína. Para 1975, estaba suministrando más del 85% de la heroína que entraba en los Estados Unidos. "Los acontecimientos en México no son buenos," le dijo un asistente de la Casa Blanca a Ford en preparación para una reunión con Rangel.

Ford aumentó las operaciones de la DEA en América Latina.

Jimmy Carter (1977-1981) apoyó la despenalización de la marihuana para uso personal y, en sus discursos y comentarios, enfatizó el tratamiento sobre el castigo. En el extranjero, sin embargo, la DEA continuó expandiendo sus operaciones. (Pronto estaría operando 25 oficinas en 16 países de América Latina y el Caribe.)

Ronald Reagan (1981-1989) reinó en una época en la que la política de drogas tomaría un giro hacia lo surrealista, fortaleciendo los vínculos entre la política de derecha y las drogas ilícitas.

Pero retrocedamos un poco. La convergencia entre la política de derecha y las drogas comenzó al final de la Segunda Guerra Mundial cuando, según el historiador Alfred McCoy, la inteligencia estadounidense en Italia empezó a depender del creciente "sindicato internacional de narcóticos" del jefe del crimen Lucky Luciano, que se extendería desde el mar Mediterráneo hasta el mar Caribe y desde Estambul hasta La Habana, para llevar a cabo operaciones encubiertas anticomunistas. Luego, en 1959, después de que la Revolución Cubana cerrara el lucrativo comercio de drogas de la isla, los traficantes se trasladaron a otros lugares de América Latina o a los Estados Unidos, donde también se unieron a la causa anticomunista.

La CIA luego utilizó a esos exiliados gánsteres en operaciones destinadas a desestabilizar el gobierno cubano de Fidel Castro y socavar el movimiento pacifista interno. Al mismo tiempo, la CIA operaba su propia aerolínea, Air America, en el sudeste asiático, que contrabandeaba opio y heroína como una forma de apoyar la guerra secreta de esa agencia en Laos. Y el FBI notoriamente utilizó el pretexto de la lucha contra las drogas para "exponer, interrumpir, desviar, desacreditar o de alguna otra manera neutralizar" a los disidentes políticos, incluidos los Panteras Negras. Trabajaron, por ejemplo, con la policía local en Buffalo, Nueva York, para incriminar al activista afroamericano Martin Sostre, quien operaba una librería que se había convertido en el centro de la política radical negra de esa ciudad, con cargos falsos de venta de heroína.

La creación de la Administración de Control de Drogas por parte de Nixon unió esos hilos, ya que sus agentes trabajaron en estrecha colaboración tanto con el FBI en los EE. UU. como con la CIA en América Latina. Cuando, después de que la guerra en Vietnam terminó en derrota, el Congreso intentó controlar a la CIA, sus agentes utilizaron la extensa red de la DEA en el extranjero para continuar sus operaciones encubiertas.

Para cuando Reagan se convirtió en presidente, la producción de cocaína en la región andina de América Latina estaba en pleno apogeo, con una dinámica curiosamente distintiva en funcionamiento: la CIA trabajaba con gobiernos de derecha y represivos involucrados en la producción de coca, mientras que la DEA trabajaba con esos mismos gobiernos para suprimir la producción de coca. Esa dinámica se captó perfectamente ya en 1971 en Bolivia, cuando la CIA ayudó a derrocar a un gobierno levemente izquierdista en el primero de una serie de lo que se conoció como "golpes de cocaína". Los "coroneles de la cocaína" de Bolivia entonces aceptaron tanto dinero como Washington estaba dispuesto a ofrecer para luchar contra su versión de la guerra contra las drogas, mientras facilitaban la producción de cocaína para la exportación al extranjero. El presidente Carter cortó la financiación para la interdicción de drogas a Bolivia en 1980. Reagan lo restableció en 1983.

El ascenso del dictador chileno General Augusto Pinochet siguió la misma dinámica. Pinochet enmarcó en parte su golpe de estado de 1973, apoyado por la CIA, contra el presidente socialista Salvador Allende como un frente en la guerra contra las drogas de Nixon. Trabajando estrechamente con la DEA, el general torturó y mató a narcotraficantes junto con activistas políticos como parte de su ola de represión posterior al golpe. Mientras tanto, los aliados de Pinochet comenzaron "a traficar drogas con impunidad," con la familia de Pinochet ganando millones exportando cocaína a Europa (con la ayuda de agentes de sus infames fuerzas de seguridad).

Una vez en el cargo, Reagan comenzó a escalar la guerra contra las drogas como lo hizo con la Guerra Fría — y el vínculo entre la cocaína y la política de derecha se estrechó. El cartel de Medellín donó millones de dólares a la campaña de Reagan contra el gobierno sandinista de izquierda de Nicaragua. Los lazos eran oscuros y conspirativos, parte de lo que McCoy ha denominado el "submundo encubierto", por lo que es fácil caer en el agujero de conejo del estado profundo tratando de rastrearlos, pero los detalles se pueden encontrar en los reportajes de Gary Webb, Robert Parry, Leslie Cockburn, Bill Moyers, John Kerry y 60 Minutes de CBS, entre otros.

George H.W. Bush (1989-1993) llevó a cabo un movimiento muy similar al de Trump al presentar al público su argumento de que la guerra contra las drogas necesitaba ser escalada. Hizo que la DEA fuera a la parte más pobre de Washington, D.C., para atrapar a un narcotraficante afroamericano de bajo nivel, Keith Jackson, pagándole para que viajara a la Casa Blanca y vendiera a un agente encubierto tres onzas de crack. Bush luego mostró las drogas en la televisión nacional para ilustrar lo fácil que era comprar narcóticos. Un estudiante de último año de secundaria, Jackson pasó ocho años en prisión para que Bush pudiera hacer una demostración en televisión.

El presidente entonces aumentó la financiación para la guerra contra las drogas, expandiendo las operaciones militares y de inteligencia en los Andes y el Caribe. Estos fueron los años de Miami Vice, cuando los esfuerzos por suprimir el contrabando de cocaína hacia Florida solo desplazaron las rutas de transporte por tierra a través de Centroamérica y México. La contribución más destacada de Bush a la Guerra contra las Drogas fue la Operación Causa Justa, en la que, unas semanas después de la caída del Muro de Berlín a finales de 1989, envió a 30,000 marines a Panamá para arrestar al autócrata Manuel Noriega bajo cargos de tráfico de drogas. Noriega había sido un activo de la CIA cuando Bush era el director de esa agencia. Pero con el fin de la Guerra Fría, ya no era útil.

Bill Clinton (1993-2001) intensificó las políticas "duras con las drogas" de su predecesor republicano. Mantuvo las sentencias mínimas obligatorias y aumentó el número de personas que cumplen condenas de cárcel por delitos relacionados con las drogas.

En su último año en el cargo, Clinton lanzó el Plan Colombia, que comprometió miles de millones de dólares más en la interdicción de drogas, pero con un giro: la privatización. Washington otorgó contratos a corporaciones mercenarias para llevar a cabo operaciones en el campo. DynCorp proporcionó pilotos, aviones y productos químicos para la erradicación aérea de drogas (lo que tuvo horribles consecuencias ambientales) y trabajó estrechamente con el ejército colombiano. Una start-up cibernética, Oakley Networks, ahora parte de Raytheon, también recibió dinero del Plan Colombia para proporcionar "software de vigilancia por Internet" a la Policía Nacional de Colombia, que utilizó la tecnología para espiar a los activistas de derechos humanos.

El Plan Colombia llevó a la muerte de cientos de miles de civiles y a una devastación ecológica generalizada. ¿El resultado? Las estimaciones varían, pero se cree que aproximadamente el doble de tierras colombianas están ahora dedicadas al cultivo de coca en comparación con el inicio del Plan Colombia en 2000 y la producción de cocaína se ha duplicado.

George W. Bush (2001–2009) volvió a escalar la guerra contra las drogas, aumentando la financiación para la interdicción tanto a nivel nacional como internacional. También instó al presidente de México, Felipe Calderón, a lanzar su propio asalto militar brutal contra los cárteles de drogas. Para cuando Calderón dejó el cargo, las fuerzas de seguridad y los carteles juntos habían matado o desaparecido a decenas de miles de mexicanos.

Conceptualmente, Bush vinculó la Guerra Global contra el Terrorismo posterior al 11-S con la Guerra Global contra las Drogas. "El tráfico de drogas financia el mundo del terror," afirmó.

Barack Obama (2009–2017), al igual que el presidente Carter, enfatizó el tratamiento sobre el encarcelamiento. No obstante, no tomó ninguna medida para poner fin a la guerra contra las drogas, continuando con la financiación del Plan Colombia y ampliando el Plan Mérida, que su predecesor había implementado para combatir a los carteles en Centroamérica y México.

En febrero de 2009, los expresidentes de Brasil, México y Colombia —Fernando Cardoso, Ernesto Zedillo y César Gaviria— publicaron un informe titulado “Drogas y Democracia: Hacia un Cambio de Paradigma,” que pedía el fin de la guerra contra las drogas, proponiendo en su lugar la despenalización y el tratamiento del consumo de drogas como un problema de salud pública. Los autores eran políticos del establishment, y Obama podría haber utilizado su informe innovador para ayudar a construir un nuevo consenso de salud pública sobre el consumo de drogas. Pero su Casa Blanca ignoró en gran medida el informe.

Donald Trump (2017–2021) aumentó el financiamiento ya elevado para las operaciones militarizadas contra las drogas en la frontera y en el extranjero, pidiendo la "pena de muerte" para los narcotraficantes. También sugirió la idea de lanzar “misiles a México para destruir los laboratorios de drogas,” pero hacerlo “silenciosamente” para que “nadie supiera que éramos nosotros.”

En el primer mandato de Trump, ofreció un adelanto ahora olvidado (al menos en los EE. UU.) del asesinato de civiles en barcos. El 11 de mayo de 2017, agentes de la DEA y sus contrapartes hondureños que viajaban en barco por el río Patuca abrieron fuego contra un taxi acuático que transportaba a 16 pasajeros. Desde arriba, un agente de la DEA en un helicóptero en círculo ordenó a un soldado hondureño que disparara su ametralladora contra el taxi. Cuatro murieron, incluyendo a un niño pequeño y dos mujeres embarazadas, y tres más resultaron gravemente heridas. El incidente involucró a 10 agentes estadounidenses, ninguno de los cuales sufrió consecuencias por la masacre.

Joe Biden (2021–2025) apoyó la desescalada en principio y de hecho disminuyó la financiación para la fumigación aérea de drogas en Colombia. También otorgó indultos generales a miles de personas condenadas por cargos federales relacionados con la marihuana. No obstante, al igual que los presidentes antes que él, continuó financiando la DEA y las operaciones militares en América Latina.

Donald Trump (2025-?) ha abierto un nuevo frente en la guerra contra los cárteles de drogas de México en Nueva Inglaterra. La DEA, trabajando con ICE y el FBI, afirma que en agosto realizó 171 "detenciones de alto nivel" de "miembros del cartel de Sinaloa" en todo Massachusetts y New Hampshire. El equipo de investigación "Spotlight" del Boston Globe, sin embargo, informa que la mayoría de los arrestados estaban involucrados en "ventas de drogas de bajo valor" o eran simplemente adictos, y no tenían ningún vínculo con el cartel de Sinaloa.

Trump insiste en que la "guerra contra las drogas" no es una metáfora, que es una guerra real, y como tal posee poderes extraordinarios en tiempos de guerra, incluyendo la autoridad para bombardear México y atacar Venezuela.

Considerando esta historia, ¿quién podría discutirlo? ¿O pensar que tal guerra podría terminar de otra manera que mal — o, para el caso, terminar alguna vez?" 

( Greg Grandin , TomDispatch, 13/11/25, traducción Quillbot, enlaces en el original)

31.10.25

Narcos 2025: lo que realmente sucede... El campesino colombiano que cultiva coca recibe el 1% del precio de la cocaína en las calles de Nueva York. Sin embargo, más del 90% de las ganancias se quedan en EE.UU. – en las etapas de transporte, distribución, venta minorista y blanqueo... Responsabilidad: Toda la culpa recae en los productores. Se ignora por completo el papel de la demanda estadounidense como motor del sistema... los estadounidenses consumen $150 mil millones en drogas al año... La ONU estima el blanqueo global en $400 mil millones/año. Los mayores bancos han sido pillados y multados, pero nadie ha ido a la cárcel... Gastos totales en la "guerra contra las drogas": 1973 - $100 millones... 2025 - 51 mil millones/año... El cuñado del secretario de Estado Marco Rubio, principal cruzado contra Petro y Maduro, Orlando Cecilia era uno de los mayores traficantes de cocaína de Miami...

 "A las puertas de una casi inevitable operación militar estadounidense contra Venezuela, pretextando la lucha antidroga, vale la pena entender: ¿a qué viene este repentino interés?

 1. EE.UU. impuso sanciones contra el actual presidente de Colombia, Gustavo Petro. ¿Su crimen? Dijo en voz alta lo que todos saben, pero nadie debe pronunciar:

"Los narcotraficantes viven en Miami, Nueva York, París. Muchos de ellos son de ojos azules y rubios. Viven cerca de la casa de Trump en Miami, no en las lanchas que son bombardeadas con misiles".

Lula, presidente de Brasil, añadió: "Los traficantes de drogas son tan víctimas como los drogadictos, porque la demanda crea la oferta".

Petro está ahora en la misma lista de sanciones que Putin, Maduro y Assad. EE.UU. bombardea embarcaciones en el Caribe (aprox. 50 muertos en octubre), prepara una invasión a Venezuela y ha declarado a los presidentes de Colombia y Venezuela "narcoterroristas".

 2. Tres asimetrías clave

Economía: El campesino colombiano que cultiva coca recibe el 1% del precio de la cocaína en las calles de Nueva York. Sin embargo, más del 90% de las ganancias se quedan en EE.UU. – en las etapas de transporte, distribución, venta minorista y blanqueo.

Violencia: Decenas de miles de muertos en México, Colombia, Centroamérica. Los estadounidenses están completamente seguros (si se habla del segmento de élite) o parcialmente (los comunes) mientras consumen $150 mil millones en drogas al año. Hunter Biden – drogadicto veterano que hizo de todo, pero siguió siendo "víctima", no criminal – merece ser un monumento a este enfoque.

Responsabilidad: Toda la culpa recae en los productores. Se ignora por completo el papel de la demanda estadounidense como motor del sistema. EE.UU. se posiciona como víctima de una agresión externa. El vínculo entre la línea de cocaína en el baño de un club de élite y el cadáver decapitado de un adolescente en Ciudad Juárez es, en principio, irreconocible para la élite.

 Florida como capital del narcocapitalismo

En los años 80, a través de Miami se blanqueaban $7-12 mil millones al año y se armaba la fiesta al estilo Scarface. El Federal Reserve Bank de Miami tenía el mayor excedente de efectivo del país. Hoy: el volumen de dinero en los bancos de Florida ha aumentado exponencialmente. Pero se ha vuelto "sin efectivo", "gris", "invertido".

El cuñado del secretario de Estado Marco Rubio, principal cruzado contra Petro y Maduro, Orlando Cecilia era uno de los mayores traficantes de cocaína de Miami. Su arresto ocurrió en la casa de Rubio – el DEA derribó la puerta.

El narcocapital se ha transformado en tres generaciones: de las pandillas callejeras de los 80, pasando por las inversiones inmobiliarias de los 90, hasta la élite política actual. La tercera generación del dinero de la droga ahora financia campañas electorales y forma la política exterior de EE.UU.

 4. ¿Quién gana dinero además de los "cárteles"?

Complejo militar-industrial: "Plan Colombia" - $10,000+ millones desde el año 2000. Es el más grande, pero no el único. La Iniciativa Mérida en México continúa el modelo.

Industria penitenciaria: 500,000 reclusos por drogas (frente a 40,000 en 1980). Las prisiones privadas utilizan mano de obra prácticamente gratuita.

Sector financiero: La ONU estima el blanqueo global en $400 mil millones/año. Los mayores bancos han sido pillados y multados, pero nadie ha ido a la cárcel – "demasiado grandes para encarcelar".

 5. PARADOJA DE LA EFICACIA

Si el objetivo de la Drug Enforcement Administration, creada en 1973, fuera desarrollar la industria de la droga, y no suprimirla, sería la empresa más eficaz de la historia humana.

Cifras:

1973 (creación del DEA): mercado de drogas en EE.UU. ~$10-15 mil millones

2025: mercado de drogas en EE.UU. ~$150 mil millones

 

Presupuesto del DEA 1973: ~$75 millones

Presupuesto del DEA 2025: ~$3,100 millones

 

Gastos totales en la "guerra contra las drogas"

1973: ~$100 millones

2025: ~$51 mil millones/año (federal + estados)"     (La casa de mi tía, 31/10/25, fuente surf noise)

17.5.25

¿Quieres cannabis más seguro? ¡Retíralo de las calles y ponlo en el mostrador! A diferencia del alcohol y muchas otras sustancias psicoactivas, la marihuana es incapaz de provocar una sobredosis letal. Sin embargo, siguen proliferando los relatos sensacionalistas de sobredosis por productos de marihuana supuestamente adulterados... Eso no quiere decir que algunos productos de cannabis no regulados no tengan sus propios problemas de control de calidad... Además, estos productos no regulados contienen a menudo porcentajes muy superiores o inferiores de los ingredientes activos identificados en sus etiquetas. Como resultado, los consumidores pueden estar recibiendo mucho más -o en otros casos, mucho menos- de lo que esperaban... La solución a estos problemas de control de calidad es eliminar la exposición de los consumidores a productos potencialmente adulterados o mal etiquetados legalizando y regulando la fabricación y venta de cannabis... Según una encuesta de 2023, el 52% de los consumidores que residen en estados legales afirmaron que adquirían sus productos de cannabis principalmente en establecimientos físicos. Por el contrario, sólo el 6 por ciento de los encuestados dijeron que compraban principalmente cannabis a un «distribuidor». En Canadá, que legalizó la venta de cannabis en todo el país hace cinco años, alrededor del 70% de los consumidores afirman adquirir productos de marihuana exclusivamente en el mercado legal... al retirar los productos de cannabis de las esquinas y colocarlos detrás del mostrador, los legisladores están proporcionando a los consumidores de cannabis experiencias más seguras y reduciendo en gran medida el riesgo de verse expuestos inadvertidamente a productos contaminados (Paul Armentano)

 "A diferencia del alcohol y muchas otras sustancias psicoactivas, la marihuana es incapaz de provocar una sobredosis letal. Sin embargo, siguen proliferando los relatos sensacionalistas de sobredosis por productos de marihuana supuestamente adulterados.

Una y otra vez se desmienten estas afirmaciones. Pero muy poca gente se entera de las inevitables retractaciones.

Un ejemplo de ello: La policía de Warwick, Rhode Island, se retractó recientemente de sus afirmaciones de que la exposición a «cannabis con fentanilo» fue la causa de la trágica muerte por sobredosis de una mujer de la localidad. Aunque el fentanilo callejero puede sin duda ser mortal, la sustancia rara vez o nunca está presente en el cannabis.

Sin embargo, siguen abundando los titulares alarmistas y los testimonios policiales dudosos que afirman lo contrario.

Por ejemplo, la policía de Brattleboro, Vermont, generó titulares en 2021 cuando detuvo a varias personas acusadas de distribuir cannabis contaminado con fentanilo. Días después, sin embargo, las pruebas de laboratorio confirmaron que no había fentanilo en ninguna de las muestras de marihuana incautadas por las fuerzas del orden.

En Connecticut se produjo un caso similar, muy publicitado, en el que las autoridades alegaron que la marihuana mezclada con fentanilo era responsable de más de tres docenas de casos de sobredosis. Los análisis forenses determinaron posteriormente que sólo en uno de esos casos se había ingerido fentanilo. (Ese caso, según las autoridades sanitarias, fue probablemente el resultado de una contaminación accidental).

Estas declaraciones sensacionalistas, seguidas de refutaciones mucho menos publicitadas, no son nada nuevo.

 Según un informe de 2023 publicado por la Oficina de Gestión del Cannabis del Estado de Nueva York: «La desinformación relacionada con el peligro de sobredosis accidental debido al cannabis “contaminado” con fentanilo sigue estando muy extendida». Estas afirmaciones «siguen siendo falsas, a fecha de esta publicación».

De hecho, un estudio reciente de la Facultad de Medicina de Harvard reveló que los laboratorios forenses casi nunca encuentran fentanilo en las incautaciones de cannabis ilícito. «Nuestros resultados no muestran pruebas de que el fentanilo esté muy extendido junto con el cannabis», concluyeron los autores del estudio.

Eso no quiere decir que algunos productos de cannabis no regulados no tengan sus propios problemas de control de calidad.

Por ejemplo, un reciente análisis científico de flores de cannabis no reguladas incautadas por la policía determinó que el 16% de las muestras «tenían niveles detectables de micotoxinas y metabolitos fúngicos».

Se ha descubierto que algunos productos cannabinoides derivados del cáñamo, que suelen venderse en gasolineras y «fumaderos» y no suelen estar sujetos a ninguna normativa estatal o federal, contienen agentes de corte sin etiquetar y metales pesados potencialmente peligrosos, como magnesio, cromo, níquel y mercurio.

También se ha descubierto que algunos productos de CBD disponibles en el mercado, que tampoco están regulados en su mayor parte, contienen aditivos psicoactivos, como el dextrometorfano, un antitusígeno común.

 Además, estos productos no regulados contienen a menudo porcentajes muy superiores o inferiores de los ingredientes activos identificados en sus etiquetas. Como resultado, los consumidores pueden estar recibiendo mucho más -o en otros casos, mucho menos- de lo que esperaban.

La solución a estos problemas de control de calidad no es amplificar las afirmaciones sensacionalistas (y a menudo ficticias) sobre hierba contaminada. Es eliminar la exposición de los consumidores a productos potencialmente adulterados o mal etiquetados legalizando y regulando la fabricación y venta de cannabis.

En virtud de la normativa estatal que regula los mercados del cannabis medicinal y para adultos, los productos se ponen a la venta en tiendas minoristas autorizadas por el Estado a través de fabricantes con licencia. Este cannabis se cultiva, y estos productos se fabrican, de acuerdo con las buenas prácticas de fabricación. Los productos se someten a pruebas de laboratorio y se etiquetan en consecuencia, lo que garantiza que los consumidores tengan acceso a productos de pureza y potencia verificadas.

A medida que estos mercados legales estatales maduran, alteran el mercado no regulado del cannabis. Según una encuesta de 2023, el 52% de los consumidores que residen en estados legales afirmaron que adquirían sus productos de cannabis principalmente en establecimientos físicos. Por el contrario, sólo el 6 por ciento de los encuestados dijeron que compraban principalmente cannabis a un «distribuidor».

 En Canadá, que legalizó la venta de cannabis en todo el país hace cinco años, alrededor del 70% de los consumidores afirman adquirir productos de marihuana exclusivamente en el mercado legal. Además, en las jurisdicciones que han legalizado los mercados de marihuana se observa un descenso del consumo de productos de cannabis derivados del cáñamo, tanto sintéticos como no regulados.

¿Acabará la crisis del fentanilo con la legalización de la marihuana? Pero al retirar los productos de cannabis de las esquinas y colocarlos detrás del mostrador, los legisladores están proporcionando a los consumidores de cannabis experiencias más seguras y reduciendo en gran medida el riesgo de verse expuestos inadvertidamente a productos contaminados."

(

16.5.25

La disminución del 27% en las muertes por sobredosis se debe al aumento de la financiación y el apoyo a los grupos de primera línea de reducción de daños y a las clínicas de atención sanitaria que prestan servicios vitales allí donde vive la gente... distribuyen primeros auxilios y otros suministros que ayudan a los consumidores de drogas a tomar el control de su propia salud, incluida la naloxona, el medicamento que puede salvar vidas y revertir una sobredosis de opiáceos potencialmente mortal... vigilan las redes sociales y las alertas de salud pública para detectar picos de sobredosis y suministrar naloxona directamente a las personas... o instalan dispensadores gratuitos de naloxona en las cabinas de los periódicos... dispensadores gratuitos de naloxona en las cabinas de los periódicos... el reciente descenso de las muertes por sobredosis se debe al aumento de la disponibilidad de naloxona y otras ayudas (Mike Ludwig)

 "Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) anunciaron el 14 de mayo que el número de muertes por sobredosis de drogas en Estados Unidos se redujo casi un 27% en 2024. La cifra representa un descenso significativo después de más de una década de fuerte aumento de las tasas de mortalidad relacionadas con las drogas que miles de millones de dólares en gasto federal en vigilancia policial y control de fronteras no lograron contener.

A principios de 2015, los CDC informaron de menos de 50.000 muertes anuales por sobredosis. Para 2021, esa cifra había superado las 100.000 antes de alcanzar un máximo de 111.451 durante el verano de 2023. Los CDC encontraron enormes disparidades raciales en los datos, ya que el número de muertes registradas entre 2019 y 2020 disminuyó entre las poblaciones blancas con mejor acceso a las intervenciones de salud pública, mientras que se disparó en las comunidades negras e indígenas donde la fuerte vigilancia policial triunfó sobre la atención médica, por ejemplo.

Cada una de las 80.391 muertes por sobredosis registradas en 2024 es una tragedia y un fracaso político, y las sobredosis siguen siendo la principal causa de muerte entre los estadounidenses de 18 a 44 años. Sin embargo, los datos locales agregados por los CDC muestran disminuciones en las tasas de mortalidad por drogas en los 50 estados en comparación con los niveles máximos, y de 2023 a 2024, las muertes vinculadas al fentanilo y otros opioides sintéticos disminuyeron de un estimado de 76,282 a 48,422 a nivel nacional. El número de muertes relacionadas con estimulantes también disminuyó.

 «Si nos fijamos en el gráfico de los CDC, el mes pico en los datos de muertes por sobredosis fue junio de 2023 o julio, por lo que si utilizamos el pico como punto de partida, entonces estamos un 30% por debajo del pico», dijo Nabarun Dasgupta, un científico senior en el Centro de Investigación de Prevención de Lesiones de la Universidad de Carolina del Norte y el laboratorio de datos de opioides, en una entrevista.

Dasgupta, al igual que otros defensores de la salud pública, alberga la esperanza de que por fin se esté superando una grave crisis de salud pública. Pero los profundos recortes a las agencias federales de salud y el gasto en programas como Medicaid bajo el presidente Donald Trump y un Congreso controlado por los republicanos amenazan con frenar el progreso visto en 2024.

Dasgupta y otros expertos no aplauden a los legisladores estadounidenses por gastar miles de millones de dólares cada año luchando contra una «guerra contra las drogas» global y profundamente impopular que dejó a las comunidades de bajos ingresos devastadas por la criminalización masiva, o por arrastrar los pies durante años antes de votar para eliminar las barreras a los medicamentos contra la adicción que salvan vidas, aunque las barreras a los medicamentos todavía existen, incluso dentro de las cárceles y prisiones.

Tampoco atribuyen el mérito a una amplia ofensiva policial contra la prescripción de analgésicos opiáceos que alimentó la crisis de sobredosis al empujar a pacientes desesperados hacia una oferta ilícita de opiáceos cada vez más peligrosa.

 En cambio, los datos federales sugieren que la disminución de las sobredosis mortales está relacionada con los cambios en el suministro de drogas y en la forma en que la gente consume potentes sustancias sintéticas como el fentanilo, junto con el aumento de la financiación y el apoyo a los grupos de primera línea de reducción de daños y a las clínicas de atención sanitaria que prestan servicios vitales allí donde vive la gente.

«En todas y cada una de las comunidades del país hay personas que han respondido a esta enorme tragedia que todos estamos viviendo», afirmó Dasgupta. «Y el trabajo y el esfuerzo que se realiza día tras día, donde las personas de las comunidades se cuidan unas a otras, es lo que está impulsando este declive».

Uno de esos esfuerzos es el Proyecto Mayday, un colectivo de reducción de daños formado exclusivamente por voluntarios y con sede en Charleston (Virginia Occidental), el estado con la tasa de mortalidad por sobredosis más alta del país. A pesar de las restricciones no científicas impuestas a los servicios de reducción de daños por los legisladores conservadores del estado, el grupo distribuye primeros auxilios y otros suministros que ayudan a los consumidores de drogas a tomar el control de su propia salud, incluida la naloxona, el medicamento que puede salvar vidas y revertir una sobredosis de opiáceos potencialmente mortal.

Tasha Withrow, cofundadora de Project Mayday, explicó que el grupo vigila las redes sociales y las alertas de salud pública para detectar picos de sobredosis y suministrar naloxona directamente a las personas. El grupo también ha instalado dispensadores gratuitos de naloxona en las cabinas de los periódicos de dos comunidades de Virginia Occidental, una de las diversas iniciativas de base para la reducción de daños en el estado. Withrow atribuye el reciente descenso de las muertes por sobredosis al aumento de la disponibilidad de naloxona y otras ayudas.

«Hemos puesto más naloxona en manos de los consumidores de drogas. Hay más organizaciones comunitarias que la distribuyen y la llevan a las personas que más la necesitan», dijo Withrow en una entrevista. «Es lo que tenemos que hacer porque no hay nada más. La infraestructura no existe».

La caída del 27 por ciento es notable después de aproximadamente tres décadas de aumento de las muertes por sobredosis, pero Dasgupta dijo que la policía de drogas y los responsables políticos federales no pueden atribuirse el mérito de la disminución señalando las acciones específicas adoptadas en 2024. La nación ha visto una disminución gradual en las muertes desde 2021, cuando las tasas de mortalidad por sobredosis se dispararon a medida que la pandemia de COVID-19 causó grandes trastornos que aislaron a los usuarios de drogas de la atención médica y los apoyos comunitarios.

«No se trata de un descenso repentino. Es algo que ocurrió gradualmente durante tres años estado por estado», dijo Dasgupta.

Tanto el gobierno de Trump como el de Biden gastaron miles de millones de dólares e instalaron equipos de alta tecnología en un intento por incautar drogas fabricadas en México y pasadas de contrabando por la frontera sur, pero los datos federales sugieren que la aplicación de la ley fronteriza tiene poco impacto en el número de muertes por sobredosis. La Patrulla de Aduanas y Fronteras incautó un número similar de «dosis» de fentanilo en la frontera en 2023 y 2024 -aproximadamente 1.000 millones cada año, probablemente un recuento excesivo-, pero la disminución de las muertes por sobredosis fue mucho más drástica en 2024 que en 2023.

De hecho, la investigación muestra que las incautaciones de drogas por parte de las fuerzas del orden pueden en realidad hacer que las drogas sean más peligrosas, al menos en un área local, un fenómeno conocido como la «paradoja de la redada antidroga.» Estudios llevados a cabo recientemente en Indianápolis y San Francisco han detectado un aumento de las sobredosis tras las redadas policiales, que interrumpen el suministro local y obligan a los consumidores a buscar nuevas fuentes o a enfrentarse a un síndrome de abstinencia debilitante. Esto aumenta el riesgo de sobredosis al exponer a las personas a drogas de potencia muy variable.

«Se trata de dos ciudades muy diferentes con respuestas muy distintas en el ámbito de la salud pública, pero el efecto de la interdicción policial es exactamente el mismo en ambas», afirma Dasgupta.

La disminución de las muertes no refleja una política específica. Trump emitió una orden en 2017 declarando la crisis de las sobredosis una emergencia de salud pública que sigue en vigor, pero su primera administración centró los recursos federales en la aplicación de la ley y la represión de los analgésicos, mientras que desestimó las innovaciones que salvan vidas en la reducción de daños, incluidos los sitios de consumo seguro donde las personas pueden acceder a la atención médica básica y usar drogas bajo supervisión médica.

La administración Biden fue aplaudida por dirigir los fondos federales de salud hacia los esfuerzos de reducción de daños de primera línea después de años de presión por parte de los activistas, aunque el presidente Joe Biden se enfrentó a la reacción en forma de una campaña de desinformación de la derecha sin fundamento como resultado.

La comisión creada por la primera administración Trump para abordar la adicción a los opioides no logró frenar la crisis de las sobredosis. El Partido Republicano se dio la vuelta y utilizó esa crisis como forraje para la propaganda antiinmigración. Ahora, Trump 2.0 está utilizando el tema como ariete político. Desde que asumió el cargo por segunda vez, Trump ha declarado múltiples «emergencias nacionales» para justificar una toma de poder federal autoritaria. También ha señalado el contrabando de fentanilo como excusa para intimidar a sus socios comerciales en Canadá y México.

En lugar de la política federal, Dasgupta y sus colegas identificaron tres razones principales del descenso de las muertes tras escarbar en los datos. En primer lugar, los estudios de campo sugieren un descontento general con el suministro de opiáceos sintéticos. «Fentanilo» es una droga específica que se utiliza en las salas de urgencias, pero se ha convertido en un término comodín para designar a los potentes sintéticos que han sustituido a la heroína en muchas comunidades en los últimos 15 años. En algunas zonas, el fentanilo está adulterado con aditivos como el tranquilizante xilacina, que puede causar efectos secundarios desagradables, alejando a la gente de un suministro de drogas vinculado a la mayoría de las muertes por sobredosis.

«La gente tiene miedo. Tienen un suministro de drogas inestable, y no tienen los recursos, y los recursos que están disponibles son muy mínimos porque eso es todo lo que somos legalmente capaces de proporcionar», dijo Withrow, añadiendo que la gente sigue muriendo de sobredosis en Virginia Occidental a pesar de la disminución. «Hay mucho riesgo ahí fuera, pero muchos realmente quieren tomar el control de su propia salud y seguridad».

El consumo de drogas también está disminuyendo entre los jóvenes. El grueso de las muertes por sobredosis se está produciendo entre personas de mediana edad, especialmente hombres, mientras que menos jóvenes se inician en el consumo de opiáceos que en el pasado, según el análisis de Dasgupta.

El tercer factor, y tal vez el más importante, son los cambios en el comportamiento de los consumidores de drogas, con más personas que acceden a los servicios de reducción de daños y adoptan estrategias para mantenerse sanos y vivos. Junto con la ampliación de Medicaid en el marco de la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible, el aumento de la financiación de la administración Biden y los acuerdos legales con los fabricantes de opioides han apoyado una oleada de intervenciones de salud pública a nivel comunitario, como la distribución de naloxona y kits de análisis de drogas.

«Si hacemos que esto se limite a la política gubernamental y la financiación federal, lo que hacemos en realidad es eliminar las voces de todas las demás personas del medio que han estado haciendo el trabajo sobre el terreno», afirmó Dasgupta.

Aun así, el trabajo en primera línea conlleva su propio conjunto de retos que el Congreso podría eliminar fácilmente con una legislación integral de reducción de daños. De vuelta en Virginia Occidental, Withrow y otros voluntarios del Proyecto Mayday prosiguen su labor a pesar de las restricciones legales que ya no existen en otros estados. Las restricciones incluyen una ley estatal draconiana que regula los servicios de intercambio de jeringuillas y que hace ilegal que los voluntarios lleven y distribuyan agujas limpias, necesarias para mantener a la gente sana y evitar la propagación de enfermedades.

«Es duro ver cómo la gente se siente desgraciada por no poder acceder a recursos que sí están disponibles en otros lugares», afirma Withrow. «Si estuvieran en otro estado, simplemente podría entregarles lo que necesito entregarles, y no me meterían en la cárcel»."

(Mike Ludwig , Scheer Post, 16/05/25, traducción DEEPL, enlaces en el original, fuente: Truthout )