Artículo 129 de la Constitución española: Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción - Implantar la democracia económica en España es constitucional
"Esto podría no ser un ataque aislado con fines políticos internos, sino el comienzo de una campaña destinada a arrebatar a Nigeria del BRICS y restaurar su papel como el ejecutor regional de Occidente.
Trump sorprendió al mundo al anunciar en Navidad que Estados Unidos bombardeó a los "escoria terrorista del ISIS en el noroeste de Nigeria", cuyo gobierno cooperó con la operación. Esto sigue a su atención global sobre la masacre de cristianos en el norte de Nigeria el otoño pasado, que fue analizada aquí en ese momento. Se concluyó que a EE. UU. "podría interesarle tener el derecho de atacar ocasionalmente a los islamistas allí, al menos una base militar, Nigeria distanciándose de los BRICS y Nigeria desempeñando el papel de ejecutor del Oeste".
Tal como están las cosas en este momento, el primero de estos objetivos se ha logrado. Esperar hasta Navidad para bombardear al ISIS en Nigeria fue probablemente un cálculo político de Trump para apelar al máximo a su base. El momento también dificulta que sus oponentes lo critiquen. Por lo tanto, esto podría ser más que un ataque aislado con fines políticos internos. Aunque se descartan las tropas estadounidenses en el terreno, son posibles más ataques, y estos podrían llevarse a cabo en coordinación con las operaciones terrestres nigerianas en la zona.
La nueva Estrategia de Seguridad Nacional declara que “debemos mantenernos cautelosos ante la resurgente actividad terrorista islamista en partes de África mientras evitamos cualquier presencia o compromiso estadounidense a largo plazo”, por lo que tiene sentido trabajar en coordinación con las fuerzas locales en lugar de intentar unilateralmente frustrar estas amenazas. Una presencia militar no oficial de EE. UU., posiblemente compuesta por fuerzas especiales y/o agentes de inteligencia, podría ayudar a coordinar una campaña en el norte de Nigeria y así lograr el segundo objetivo identificado.
A cambio de ayudar a Nigeria a derrotar al menos a algunos de los terroristas que han estado causando problemas durante un tiempo, lo cual las fuerzas armadas nacionales no han podido hacer hasta ahora debido a la corrupción y el mal liderazgo, es probable que Estados Unidos espere un acceso privilegiado a su emergente industria minera. Esto también se mencionó en el análisis hipervinculado en la introducción y se alinea con el tercer objetivo de Nigeria de distanciarse de los BRICS en el sentido de que Estados Unidos le gane la carrera a China con esta oportunidad.
El logro de los tres objetivos anteriores llevaría al cuarto y último, mediante el cual Nigeria podría entonces restaurar su papel de liderazgo regional bajo el auspicio de Estados Unidos. A Estados Unidos no le gusta la Alianza/Confederación del Sahel aliada con Rusia, cuyos miembros – Burkina Faso, Malí y Níger – acaban de anunciar un batallón militar conjunto tras su última cumbre para abordar mejor las amenazas terroristas. Aunque sus objetivos antiterroristas formalmente avanzan los intereses de EE. UU., el ejemplo multipolar que ellos establecen no lo hace.
La oleada de golpes militares patrióticos que arrasó esos países eliminó la influencia francesa y, por ende, occidental de sus fuerzas armadas y liderazgos políticos. Esto, a su vez, llevó a enormes oportunidades mineras para Rusia, incluyendo uranio en Níger, que limita con la conflictiva Nigeria del Norte. Por lo tanto, se debe suponer que Estados Unidos prevé "Liderar desde Atrás" mientras Nigeria reafirma la influencia occidental sobre el Sahel en su nombre, pero probablemente después de algún tiempo y no de inmediato.
Es prematuro predecir si esto podría llevar a una invasión nigeriana respaldada por Estados Unidos de Níger, como lo que estaba en las cartas justo después del golpe de este último en el verano de 2023. Cooptar su junta u orquestar otro golpe, después de todo, serían formas más fáciles de romper su relación con la Alianza/Confederación del Sahel. Dicho esto, los ataques anti-ISIS de EE. UU. se llevaron a cabo en proximidad a la frontera nigerina, por lo que es posible que puedan expandirse a través de ella para debilitar a Níger antes de una posible invasión nigeriana respaldada por EE. UU. algún día."
"Mientras Marruecos se prepara para acoger la Copa Africana de
Naciones y la Copa del Mundo de 2030, un movimiento juvenil
descentralizado exige una inversión real en servicios públicos en lugar
de en espectáculos deportivos.
«Las imágenes se están difundiendo por todo el mundo, justo cuando
Marruecos se prepara para acoger la Copa Africana de Naciones en
diciembre», afirma Othman, periodista y director de cine afincado en
Rabat. Durante seis días, se desarrollaron manifestaciones pacíficas
lideradas por la Generación Z de Marruecos en todo el país. Pero el
martes 30 de septiembre, las tensiones se intensificaron y se produjeron
enfrentamientos con la policía. El Ministerio del Interior informó de
409 detenciones y alrededor de 300 heridos, la mayoría de ellos entre
las fuerzas del orden.
El miércoles 1 de octubre, tres personas murieron a manos de la
policía tras intentar asaltar una comisaría de la gendarmería. El
movimiento de protesta, bautizado como GenZ212 —en referencia tanto a la
Generación Z (los nacidos entre 1996 y 2011) como al código telefónico
de Marruecos—, ha dirigido sus reivindicaciones directamente al primer
ministro Aziz Akhannouch, pidiendo su dimisión e insistiendo en que el
movimiento actúa «por amor al país y al rey».
A pesar de su furia contra el Gobierno y la élite política, el
movimiento expresa una firme lealtad a la monarquía y a la identidad
nacional. Esto puede suponer una diferencia estratégica con respecto a
anteriores oleadas de protestas, como el Movimiento 20 de febrero de
2011 y el levantamiento Hirak de 2016 en el Rif, que fueron acusados de
antimonarquismo o tendencias separatistas.
Esa aparente contradicción refleja algo esencial sobre el poder en
Marruecos: los manifestantes entienden que el rey, como jefe de Estado,
sigue siendo la única figura con autoridad para implementar un cambio
significativo desde arriba. Su objetivo no es trastocar el orden
existente, sino obligar a actuar, y con urgencia.
Aunque Marruecos ha vivido importantes ciclos de protestas en el
pasado, especialmente en 1981 y 2011, estos solían estar respaldados por
partidos políticos, sindicatos u organizaciones de la sociedad civil.
GenZ212 marca una ruptura. Rechaza rotundamente la jerarquía.
Horizontal, sin líderes y escéptico con respecto a las instituciones
heredadas, el movimiento canaliza un impulso generacional para
cuestionar y desafiar todas las formas de autoridad. También siente un
profundo desprecio por los principales medios de comunicación de
Marruecos, que muchos manifestantes consideran cómplices del statu quo.
En su lugar, su coordinación se lleva a cabo en Discord, donde su
servidor público actúa como sede digital del movimiento. Las decisiones
se votan mediante encuestas. Las horas y los lugares de las
manifestaciones se comparten en canales específicos con solo unas horas
de antelación. Las imágenes de la violencia policial se suben a otro
hilo. Incluso hay una red de apoyo legal para los detenidos por la
policía. Se trata de una máquina sorprendentemente organizada y
descentralizada, diferente a cualquier otra formación de protesta que
haya visto el país.
Más de 180 000 personas se han unido al servidor Discord para
coordinar las manifestaciones. La gran mayoría sigue haciendo hincapié
en el carácter pacífico del movimiento. Sus demandas son claras: sanidad
y educación públicas de calidad y el fin de la corrupción
institucional. Algunos manifestantes incluso piden un boicot a la Copa
Africana de Naciones a menos que se tomen en serio estas demandas.
Es una reprimenda a las prioridades del Estado. Marruecos ha
invertido fondos en proyectos de infraestructura deslumbrantes, pero
sigue sin estar dispuesto o sin poder invertir en su juventud. Más de
10,9 millones de marroquíes tienen menos de 35 años, lo que representa
casi el 30 % de la población.
En 2024, el Consejo Económico, Social y Medioambiental de Marruecos
informó de que al menos 4,3 millones de jóvenes no estaban
escolarizados, ni recibían formación, ni tenían empleo. El rey Mohammed
VI, en un discurso reciente, declaró que «no hay lugar para un Marruecos
de dos velocidades». Sin embargo, este es precisamente el sentimiento
que anima a muchos de los jóvenes del país en la actualidad. Las
apuestas políticas son cada vez mayores: el mandato del Gobierno termina
en septiembre de 2026 y las próximas elecciones legislativas marcarán
el rumbo del país de cara a la Copa Mundial de la FIFA 2030, que
Marruecos coorganizará.
La actual ola de protestas se desarrolla en un contexto de creciente
indignación pública. En las últimas semanas, ocho mujeres embarazadas
fallecieron tras ser ingresadas para someterse a cesáreas en un hospital
público de Agadir. En respuesta, el director del centro y varios
funcionarios locales fueron destituidos, se inició una investigación
interna y el Gobierno prometió nuevas inversiones. Pero estas medidas
llegaron demasiado tarde para calmar la indignación. A mediados de
septiembre, se produjeron enfrentamientos entre la policía y los
manifestantes que protestaban por las pésimas condiciones del hospital,
incluida la falta de equipos y medicamentos básicos. Una semana más
tarde, las autoridades prohibieron dos sentadas en Tiznit y Essaouira.
Una docena de manifestantes, entre ellos miembros de la ONG local de
derechos humanos Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), fueron
detenidos y posteriormente puestos en libertad.
¿Puede Marruecos realmente acoger la Copa Africana de Naciones
mientras reprime a sus propios jóvenes? Es una pregunta que se cierne
sobre el momento. Para muchos manifestantes, la Copa Africana de
Naciones se ha convertido en un símbolo de la creciente desigualdad del
país.
Durante las manifestaciones, las pancartas pintadas a mano mostraban
contrastes mordaces: «Al menos los estadios de la FIFA tendrán
botiquines de primeros auxilios, nuestros hospitales no». «Los estadios
están listos, pero ¿dónde está el hospital?».
En preparación para el torneo de 2025, se han renovado seis estadios
con un coste de 900 millones de euros. Mientras tanto, se prevé que el
Gran Estadio de Casablanca, que acogerá los partidos de la Copa del
Mundo de 2030, cueste 470 millones de euros adicionales.
Al mismo tiempo, los proyectos de modernización urbana están
desplazando a los más vulnerables del país. En Rabat y Casablanca, miles
de familias están siendo reubicadas en las afueras, mientras que los
centros de las ciudades se someten a una remodelación de alto nivel. En
Casablanca, un proyecto de gentrificación a gran escala que afecta al
núcleo urbano está desplazando a unas 16 000 familias.
El gasto desenfrenado también ha puesto de manifiesto graves fallos
de gobernanza. En Rabat, el Théâtre Royal —diseñado por la fallecida
superestrella de la arquitectura Zaha Hadid y terminado hace tres años
con un coste de más de 200 millones de euros— sigue cerrado. Fue
inaugurado solemnemente en octubre de 2024 durante la visita de Emmanuel
Macron, con la presencia de Brigitte Macron y la princesa Lalla Hasna,
pero aún no se ha abierto al público.
En Casablanca, otro gran teatro, diseñado por el arquitecto francés
Christian de Portzamparc, lleva seis años inactivo desde su
finalización, con un coste de 130 millones de euros. Estos dos
«elefantes blancos» culturales cuestan juntos tres veces el presupuesto
anual del Ministerio de Cultura de Marruecos. Según un estudio, solo el
10,2 % de los marroquíes asiste a representaciones teatrales.
Los miembros de la selección nacional de fútbol de Marruecos han
expresado su solidaridad con los manifestantes. «Mi corazón está con
todo lo que está sucediendo», dijo el defensa del Olympique de Marsella
Nayef Aguerd, pidiendo que el movimiento siga siendo pacífico. El
portero del Al Hilal y héroe nacional Yassine Bounou publicó una foto
con la leyenda: «Por nuestros derechos, por la dignidad, por la salud y
la educación». La imagen fue rápidamente compartida por ocho de sus
compañeros de equipo, entre ellos la superestrella Hakim Ziyech, ya
conocido por su apoyo vocal a Palestina durante el asalto de Israel a
Gaza. Incluso el entrenador de la selección nacional, Walid Regragui, se
pronunció al respecto. «No hay un solo marroquí en el mundo que no
quiera una mejor educación y enseñanza», afirmó en una rueda de prensa.
«Lo que queremos es que todo esto se haga con respeto y sin violencia».
El movimiento ha puesto de manifiesto los profundos fallos del modelo
político marroquí. Mientras los políticos siguen celebrando la
histórica clasificación para el Mundial de 2022, las desigualdades
básicas que marcan la vida cotidiana siguen sin abordarse. Para muchos
de estos jóvenes, y para quienes los observan, la Copa Africana de
Naciones y el Mundial de 2030 se están promocionando como soluciones
mágicas. Una especie de lógica del espectáculo: si se organizan
suficientes torneos y se construyen suficientes estadios, Marruecos
finalmente será considerado una de las naciones desarrolladas del mundo.
La primera respuesta oficial del Gobierno se produjo casi una semana
después del inicio de las protestas. «El jefe del Gobierno ha expresado
claramente su comprensión de estas demandas y su voluntad de entablar un
diálogo serio y responsable», declaró el portavoz del Gobierno.
Pero la naturaleza de ese diálogo, tal y como se ha propuesto,
suscita dudas. Los funcionarios quieren que sea «institucional», «cara a
cara» y «completamente transparente»: un proceso de negociación formal
en el que los manifestantes presenten su lista de demandas, reciban las
respuestas del Gobierno y hagan un seguimiento de los avances mediante
un calendario de aplicación acordado. Sin embargo, GenZ212 es un
movimiento que cuestiona la propia legitimidad de las instituciones
políticas. No está nada claro que esta oferta de diálogo vaya a conducir
a alguna parte.
Hace dos semanas, cuando el Parlamento reanudó su sesión de otoño, el
país esperaba con ansiedad las primeras declaraciones públicas del rey
Mohammed VI sobre los disturbios. Pero la montaña parió un ratón. En su
discurso, el monarca reafirmó las «cuestiones prioritarias» habituales:
apoyo a las iniciativas locales, creación de empleo para los jóvenes,
mejora de la educación y la salud, y desarrollo regional equilibrado.
Pero, a pesar de la extraordinaria coyuntura, su discurso solo incluyó
una mención a los «jóvenes» y ninguna al movimiento GenZ212 que había
sacudido al país en las últimas semanas.
Fue un silencio estudiado, una negativa a romper con los códigos del
discurso real. Muchos esperaban algo más: un gesto dramático, un
llamamiento a la renovación nacional o incluso la destitución del
Gobierno. En cambio, la respuesta fue más de lo mismo: un monarca que se
refugió en un lenguaje simbólico en un momento en el que se exigía
claridad real.
Para muchos, el discurso real fue una decepción. Este sentimiento se
vio agravado por las sentencias dictadas por los tribunales contra
varios manifestantes unos días después: se impusieron penas que sumaban
un total de 162 años de prisión a 17 personas procesadas por su
participación en disturbios violentos en el municipio de Aït Amira, en
las afueras de Agadir. Tres personas fueron condenadas a 15 años de
prisión, otra a 12 años, mientras que nueve acusados fueron condenados a
10 años cada uno. Los delitos imputados incluyen: «incendio de un
vehículo», «daños a la propiedad pública y privada» y «obstrucción de la
vía pública con barricadas». Los hechos tuvieron lugar la noche del 1
de octubre, al margen de las manifestaciones convocadas por el
movimiento GenZ212.
Esta frustración solo podía conducir a un resultado: el regreso a las
calles. Se celebraron manifestaciones, aunque pequeñas, en las
principales ciudades del reino. Esta vez, la respuesta del Palacio fue
rápida. El domingo, finalmente llegó la respuesta adecuada del rey a las
protestas. Presidió una decisiva reunión del Consejo de Ministros,
apenas unas semanas antes de la votación del presupuesto para 2026 y
menos de un año antes de las elecciones generales. Los anuncios son
significativos: 15 000 millones de dólares destinados a la educación
pública y la salud, lo que supone un aumento de aproximadamente el 18 %
con respecto a 2025. Esto permitiría la contratación de 27 000 nuevos
empleados en estos dos sectores. Las futuras elecciones legislativas
excluirán a cualquier persona condenada por fraude o violación de la
integridad, y se endurecerán las sanciones contra cualquier manipulación
del voto. Una nueva ley introducirá una medida para animar a «los
jóvenes menores de 35 años a entrar en política» simplificando las
«condiciones para su candidatura, tanto dentro como fuera del marco de
los partidos». Esta ley prevé «ofrecer importantes incentivos económicos
para ayudarles a sufragar los gastos de la campaña electoral,
ofreciéndoles una ayuda económica que cubra el 75 % de los gastos de su
campaña electoral».
¿Será eso suficiente para calmar la ira de los jóvenes? En Discord,
la sensación general es: «¡Lo hemos conseguido!». Pero la mayoría de los
miembros siguen creyendo que estos anuncios no son más que tinta sobre
papel hasta que se erradique la corrupción. Mientras tanto, la
generación Z de Marruecos sigue impresionando: la selección nacional de
fútbol sub-20 de Marruecos acaba de ganar la Copa Mundial Sub-20, tras
derrotar a Argentina en la final (2-0). Es todo un símbolo."
"El 15 de abril se cumplieron dos años de una guerra civil en Sudán
que ha dejado decenas de miles de muertos y millones de desplazados. Dos
días después del comienzo de la guerra, publiqué en Sidecar un ensayo
titulado «Disparos en Jartum», en el que intentaba trazar sus líneas
emergentes. En un principio, el conflicto enfrentó al ejército sudanés
con las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), una organización paramilitar
creada durante el reinado del dictador Omar al Bashir (1989-2019). En
las primeras semanas de la guerra, las RSF invadieron gran parte de
Jartum, la capital sudanesa, incluido el Palacio Presidencial.
Construido inicialmente en 1825, durante la colonización turco-egipcia
de Sudán, el palacio fue la sede de un régimen imperial empeñado en
esclavizar y saquear el resto del país. El último gobernador del Sudán
turco-egipcio (1820-1885), Charles Gordon, fue asesinado por insurgentes
mahdistas en la escalinata del palacio en 1885. Los sucesivos regímenes
mantendrían tanto las tendencias explotadoras de los colonialistas
turco-egipcios como su obsesión por el Palacio Presidencial. Después de
que los mahdistas lo derribaran, los británicos lo reconstruyeron
durante su ocupación colonial de Sudán (1898-1955). Tras la
independencia sudanesa en 1956, se convirtió en el «Palacio Republicano»
y luego, aunque brevemente, en el «Palacio del Pueblo» durante el
reinado de Jafaar Nimeiri (1969-1985). Bashir, que tomó el poder
mediante un golpe de estado en 1989, ordenó la construcción de un nuevo
palacio, junto al antiguo, construido y financiado por los chinos. No
llegó a permanecer mucho tiempo en su nueva morada. Una oleada de
protestas en 2018-19, desencadenada por los recortes a las subvenciones
de cereales y combustible, acabó con su régimen.
En 2019 se
estableció un gobierno de transición, en el que políticos civiles
compartieron incómodamente el poder con los líderes de los servicios de
seguridad de Sudán: Abdul Fattah Al Burhan, jefe de las Fuerzas Armadas
de Sudán (FAS), fue nombrado jefe de un Consejo Soberano, mientras que
Mohamed Hamdan Daglo (también conocido como Hemedti), líder de las FAS,
se convirtió en su adjunto. Los dos hombres pronto conspiraron para
expulsar a los civiles del poder. En octubre de 2021, deambulé por una
protesta Potemkin organizada frente al palacio, ideada por los servicios
de seguridad, que utilizaron los disturbios amañados como justificación
retórica para una autogolpe ese mismo mes. Bashir había multiplicado
sus servicios de seguridad para blindar su régimen y asegurarse de que
ningún órgano fuera lo bastante fuerte como para hacerse con el poder.
Cada uno tenía su propio imperio económico, que incluía la construcción,
el sector inmobiliario y los bancos. Quizá fuera inevitable que las dos
cabezas más poderosas de la Hidra, la RSF y el ejército sudanés, se
enfrentaran entre sí y compitieran por el control de la capital. Tras
casi dos años de conflicto, el 21 de marzo de 2025, el ejército sudanés
finalmente recuperó el Palacio Presidencial y expulsó a las milicias RSF
de casi todo Jartum. Soldados jubilosos posaban frente al palacio en
ruinas, con las paredes agujereadas por las balas. Hace dos semanas, un
diplomático europeo me preguntó expectante: ¿significa esto que la
guerra ha terminado?
El palacio, como la soberanía sudanesa, yace
ahora vacío. Lo que comenzó como una batalla por el control del Estado
se ha transformado en una guerra que no tiene un final claro a la vista.
Tanto las RSF como el ejército sudanés eran inicialmente débiles
actores militares sin amplias bases sociales. Han librado la guerra a la
manera de su mentor, Bashir, que enfrentaba a los grupos étnicos entre
sí y subcontrataba sus campañas de contrainsurgencia a las milicias.
Tanto las RSF como el ejército han creado coaliciones rebeldes de
fuerzas de autodefensa comunitarias y combatientes mercenarios. La
dinámica local puesta en marcha por esta estrategia se ha desarticulado
de la lucha por el control del Estado sudanés. Para los jóvenes hamar y
misseriya que luchan en la región de Kordofán, en el sur de Sudán, las
luchas por la tierra y los recursos se han convertido en existenciales, y
han dejado heridas que un alto el fuego a nivel nacional no podría
curar, si es que alguna vez se acordara uno. La lucha por el control del
palacio ha desatado un centenar de guerras en todo el país.
La fragmentación centrífuga del conflicto sudanés ha sido financiada
por actores regionales, para quienes la tierra de Kordofán no es mas que
una oportunidad de negocio. El principal patrocinador de las RSF son
los Emiratos Árabes Unidos (EAU), que esperan aumentar su dominio del
lucrativo comercio de oro de Sudán con la adquisición de un puerto en el
Mar Rojo y el control de las ricas tierras agrícolas del país. Detrás
del ejército sudanés se encuentra su partidario de siempre, Egipto,
junto con un variopinto grupo compuesto por Qatar, Turquía y Arabia
Saudí. Los esfuerzos diplomáticos internacionales para poner fin a la
guerra civil de Sudán parten de la presunción de que las naciones
implicadas preferirían un Sudán estable y soberano, con un gobierno
único. Esto no es necesariamente así. Para quienes arman a los
beligerantes de Sudán, la guerra puede traer consigo tantas
oportunidades de beneficio como la paz, y podría ser más fácil ejercer
influencia sobre un Sudán fracturado y roto. Puede que la soberanía no
vuelva a palacio.
Al principio, era casi posible creer en una rápida victoria de las
RSF. Bashir había creado la organización paramilitar a partir de grupos
de identificación árabe de Darfur, en el oeste de Sudán, para luchar
contra la insurgencia de rebeldes procedentes en su mayoría de
comunidades no árabes de la región, como los fur, los masalit y los
zaghawa. Al principio de la guerra actual, la superioridad numérica de
las RSF permitió hacerse rápidamente con el control de Darfur, que se
convirtió en su reducto, aparte de la ciudad de El Fasher, donde se
enfrentó a la resistencia de los zaghawa. En Kordofán, las RSF forjaron
alianzas con las milicias locales ofreciéndoles lo que en la práctica
eran franquicias en el monopolio de la violencia. El ejército sudanés
pronto se vio reducido a una serie de guarniciones asediadas. Al final
del primer año del conflicto, las RSF habían aprovechado su impulso para
golpear profundamente en el centro de Sudán, lejos de su corazón
Darfuri, capturando dos importantes ciudades al sur de Jartum: Wad
Medani, capital del estado de Al Jazira, uno de los graneros de Sudán, y
Sinjah, en el estado de Sennar. Estas pérdidas humillaron al ejército,
que se había esfumado ante los avances de las RSF.
Los paramilitares eran los mejores combatientes. Ya estaban curtidos
en combate en Darfur y Yemen, donde las RSF había servido como fuerza
mercenaria para los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí en su guerra
contra los huthis. Su avance hacia el centro de Sudán se vio favorecido
por los envíos de armas de los Emiratos -incluidos misiles antitanque- y
de Wagner, que ha puesto sus ojos en las minas de oro controladas por
las RSF en el sur de Darfur. Sin embargo, la verdadera historia del
éxito de las RSF es el fracaso del ejército sudanés. A pesar de su
abrumadora superioridad aérea, en el primer año de guerra el ejército
contaba con pocos soldados dispuestos a morir por un esclerótico cuerpo
de oficiales que había huido a Port Sudan, en el Mar Rojo, que se
convirtió en la capital de facto del ejército. Aunque las Naciones
Unidas reconocieron absurdamente al ejército como gobierno legítimo de
Sudán -lo que le permitió bloquear el paso de convoyes humanitarios al
territorio controlado por las RSF-, en junio de 2024 su control de gran
parte del país era nominal.
Sin embargo, incluso en la cima de su éxito, las RSF se enfrentaron a
retos que Hemedti fue incapaz de resolver. Antiguo contrabandista de
camellos y propietario de una tienda de muebles de la rama Awlad Mansour
de la Mahariya Riziegat, una comunidad árabe darfuri, Hemedti ha sido
considerado durante mucho tiempo por sus rivales de Jartum un intruso
inculto procedente de la periferia. Desde que comenzó la guerra, ha
tenido que desempeñar varios papeles, a veces contradictorios, a la vez:
no sólo líder de una máquina de guerra, sino director general de un
imperio empresarial transnacional con intereses en el oro y las armas.
Las RSF no son un ejército permanente, sino una serie de milicias,
reclutadas en gran parte mediante movilizaciones marciales conocidas
como faza’a, organizadas por las autoridades consuetudinarias de las
comunidades árabes de Darfur. Las RSF utilizaron estas milicias para
luchar en Jartum, pero la instrumentalización fue mutua: las comunidades
darfuríes también utilizaron los recursos de las RSF para librar sus
propias luchas locales. En El Geneina, Darfur Occidental, las milicias
árabes llevaron a cabo una limpieza étnica de los masalit, obligando a
los supervivientes a cruzar la frontera con Chad, en lo que el gobierno
estadounidense declaró un genocidio.
Los objetivos políticos de Hemedti a menudo están reñidos con las
concesiones que debe hacer para mantener unida la coalición de milicias
comunitarias árabes que constituyen su maquinaria de guerra. La limpieza
étnica de los masalit fue un éxito militar para estas milicias, pero un
desastre político para Hemedti. El oprobio internacional resultó menos
problemático que las repercusiones en Darfur. Que las RSF se hubieran
convertido en un vehículo del supremacismo árabe minó las perspectivas
de Hemedti de posicionarse como un líder revolucionario capaz de unir a
las periferias oprimidas de Sudán, una idea con la que había coqueteado
cuando intentaba encontrar aliados políticos tras la caída de Bashir.
Preocupados por compartir pronto el destino de los masalit, muchas de
las comunidades no árabes de Darfur, como los zaghawa, se unieron al
ejército, a pesar de que llevaban más de dos décadas luchando contra el
Estado sudanés. Los zaghawa chadianos cruzaron la frontera nominal entre
los dos países hacia el norte de Darfur, y participan en la defensa de
El Fasher, que -a 17 de abril- aún no ha caído.
La ciudad se ha convertido en un sumidero para las RSF, engullendo
hombres y recursos y desviando su atención de Jartum y del centro de
Sudán. Para la población de Darfur septentrional, los paramilitares han
resultado ser una maldición: bajo el asedio de las RSF, las condiciones
humanitarias se deterioraron hasta tal punto en Zamzam, un campo de
desplazados contiguo a El Fasher, que se vio afectado por la hambruna,
antes de que, el 13 de abril, las RSF lo invadiera, matando a cientos de
civiles y obligando a huir a casi medio millón de personas.
La
maquinaria bélica de Hemedti se basa en la expansión continua. Dado que
las RSF ofrecen a sus reclutas licencia para saquear y asaltar en lugar
de un salario, a falta de nuevos objetivos, sus fuerzas tienden a
dispersarse. En cada ciudad que capturan, las RSF emplean el mismo
manual: destruir las instituciones del Estado, saquear los recursos
humanitarios, arrasar la propiedad civil. Sus asaltos han funcionado
como un enorme motor de acumulación primitiva que ha destruido tierras
agrícolas, desplazado a millones de personas y efectuado una
transferencia de riqueza de los más pobres de Sudán a una clase de
líderes milicianos respaldados por capital emiratí. Aunque las RSF
afirman haber establecido administraciones civiles en las zonas bajo su
control, con demasiada frecuencia se han enfrentado a las poblaciones
locales. A medida que sus avances en el campo de batalla se
ralentizaban, las RSF se dedicaron a extraer beneficios de los propios
cuerpos de aquellos a los que domina; los secuestros en las zonas
controladas por los paramilitares se han convertido en una práctica
desenfrenada. Por supuesto, sus miembros no ven la situación de esta
manera.
Los jóvenes milicianos que se filman alegremente transportando chapas
robadas de Jartum a Darfur hablan de «derrocar al Estado de 1956». El
Estado sudanés, desde el principio, estuvo estructurado por relaciones
centro-periferia en las que las ciudades ribereñas del norte se
agrupaban en torno a la capital y explotaban el interior del país en
busca de mano de obra y recursos. Según los jóvenes combatientes que se
sirven del botín de guerra, las RSF no hacen más que devolver a Darfur
lo que le fue robado. La retórica no se corresponde con la realidad. Las
ciudades de Darfur, como Nyala y Zalingei, también fueron saqueadas por
las RSF. Los paramilitares han generalizado la economía política
depredadora del régimen de Bashir. Mientras que Bashir explotaba las
periferias para enriquecer el centro, las RSF han convertido todo el
país en una periferia a saquear.
El modo de guerra de las RSF ha acabado siendo su perdición. Su uso
de la violencia sexual y las ejecuciones masivas como armas de guerra ha
sido un regalo propagandístico para el ejército sudanés, que ha
reclutado sus propias milicias conjurando espectros demasiado creíbles
de invasores merodeadores del oeste. En octubre de 2024, el péndulo
comenzó a inclinarse de nuevo hacia el ejército. Tras pagar por la
deserción de un importante comandante de las RSF, Abu Aqla Keikal,
recuperó Wad Medani y, a finales de 2024, había conseguido revertir casi
todos los avances del grupo paramilitar en el centro de Sudán. Desde el
17 de abril de 2025, las RSF han perdido Jartum y se ha limitado en
gran medida a Darfur y Kordofán.
El resurgimiento del ejército
sudanés se debe, en parte, a que ha conseguido solicitar apoyo
extranjero. Qatar -dispuesto a bloquear a su rival emiratí- financió la
compra de cazas chinos y rusos por parte del ejército, mientras que la
inteligencia militar egipcia ha supervisado las operaciones de
localización de drones recién llegados de Irán y Turquía. Sin embargo,
sería un error exagerar la importancia del nuevo equipo. El éxito del
ejército se debe principalmente a que ha emulado a Bashir,
externalizando los combates a las milicias, al tiempo que ha vuelto al
bloque político islamista que sustentó los primeros años de la
dictadura. Los partidarios islamistas de Bashir habían sido derrocados
por la revolución de 2019; «la guerra», me explicó el año pasado un
antiguo miembro de su servicio de inteligencia, «nos ofrece una segunda
oportunidad». El conflicto ha brindado a los islamistas la oportunidad
de reconstituir sus fuerzas militares y expandirse a los escalones
superiores del ejército sudanés. Los grupos islamistas, como el Batallón
Al Bara’ Ibn Malik, luchan junto a mustanfereen, o movilizaciones
populares: comunidades que han tomado las armas que les ofrece el
ejército. Burhan ha creado una fuerza de combate, pero sólo cediendo el
poder a los miembros de su coalición. La victoria en el campo de batalla
se ha conseguido al precio de una mayor fragmentación que hace más
difícil que nunca la reconstitución del país y el logro de una paz
duradera. En el estado de Al Jazira, me dijo un amigo, «antes no
preguntábamos… Pero ahora la primera pregunta que hacemos a un forastero
es de qué pueblo es». Las comunidades se han replegado sobre sí mismas,
y el pacto nacional se ha reducido en consecuencia.
Los dos últimos años de guerra han asolado el país. Se calcula que
han muerto más de 150.000 personas. Sudán es la peor crisis humanitaria
del mundo. También es la peor crisis de desplazados del mundo: 13
millones de personas han huido de sus hogares. Casi dos tercios de la
población necesita ayuda humanitaria urgente, incluidos 16 millones de
niños. En diciembre de 2024, el Comité de Revisión de la Hambruna de la
Clasificación Integrada de Fases -el patrón oro mundial para medir la
inseguridad alimentaria- predijo que se produciría una hambruna en
Darfur del Norte y Kordofán del Sur. Sin embargo, la respuesta
humanitaria para 2025 está financiada en menos de un 10%. Los recortes
de Trump a la ayuda exterior han hecho aún más intolerable esta
situación invivible: El 75% de las salas de respuesta de emergencia,
organizaciones creadas por activistas sudaneses para proporcionar
alimentos y atención médica en todo el país, han cerrado, tras quedarse
sin dinero. El sistema sanitario de Sudán se ha colapsado por completo.
Gran parte de Jartum es un cementerio. Los beligerantes gobiernan sobre
ruinas. Tras una serie de derrotas, y en un ambiente cada vez más
paranoico creado por la deserción de Keikal, las RSF intentaron cambiar
su suerte celebrando una conferencia en Nairobi a finales de febrero, en
la que se anunció una carta política que conduciría a la formación de
un gobierno paralelo. Líderes comunitarios de Darfur llegaron con
pasaportes chadianos falsos y abarrotaron los hoteles de la capital
keniana, donde se reunieron con líderes rebeldes de facciones que han
decidido respaldar a las RSF. La propia Kenia recibió un suculento pago
de los EAU por acoger la conferencia. Su proximidad a Hemedti forma
parte de un realineamiento regional en torno a las RSF que también ha
visto fluir dólares emiratíes hacia Sudán del Sur, Chad, Etiopía y
Uganda. Ninguno de estos países se ha declarado oficialmente partidario
de las RSF, al igual que los EAU han negado que financien al grupo
paramilitar. Los petrodólares emiratíes engrasan las ruedas de las redes
empresariales: todos los países de su esfera de influencia se
benefician del oro que sale de Sudán, casi todo el cual fluye hacia los
EAU. El 15 de abril, las RSF declararon un «Gobierno de Paz y Unidad»,
justo cuando sus fuerzas arrasaban el campamento de Zamzam. El ejército
sudanés también establecerá su propio gobierno. A algunos les preocupa
que se esté gestando una segunda partición de Sudán, poco más de una
década después de la escisión del sur.
En realidad, el país ya está dividido, y el establecimiento de un
gobierno de las RSF es un ejercicio de relaciones públicas; sus
territorios seguirán gobernados por milicias respaldadas por actores
regionales que esperan beneficiarse de la continua inserción de Sudán en
los mercados mundiales de materias primas.
A pesar de su
conflicto en el campo de batalla, es mucho lo que une a las dos partes
beligerantes. Ambas son remanentes del régimen de Bashir -aunque el
ejército tiene una historia mucho más larga- y ambas dependen del apoyo
exterior. Ambas han exacerbado las divisiones sociales en el país como
medio para aumentar sus fuerzas. Ambos han utilizado la hambruna como
herramienta de guerra y han restringido el acceso de la ayuda
humanitaria. La unidad de los dos beligerantes no es sólo formal. Los
negocios nunca han ido mejor. Ambos bandos exportan oro a los EAU, y
sólo las exportaciones anuales oficiales -la mayor parte del oro es de
contrabando- se han duplicado desde que comenzó la guerra. Las
exportaciones de animales al Golfo también se han disparado (de 2 a 4,7
millones de cabezas de ganado entre 2022 y 2023). La mayor parte del
ganado de Sudán procede de Darfur, pero se exporta a través de Port
Sudan. En esta liquidación de los activos del país colaboran las dos
partes.
Las partes beligerantes también están unidas por su papel compartido
en la división del país. Tanto las zonas controladas por las RSF como
las controladas por el ejército están divididas internamente. Un Darfur
«unificado» bajo el gobierno de las RSF será escenario de
enfrentamientos entre los paramilitares y los grupos rebeldes no árabes,
muchos de ellos respaldados por el ejército sudanés, que estará
encantado de que arda Darfur, igual que antes, con tal de mantener el
centro del país. También se producirán enfrentamientos entre los
formalmente leales a las RSF. Los grupos árabes darfuríes han utilizado
el apoyo de la RSF para promover reclamaciones de tierras en disputas
con otras comunidades que se remontan a las migraciones inducidas por el
cambio climático que comenzaron en la década de 1970. También han
surgido tensiones interétnicas por los nombramientos políticos en el
seno de las RSF. Hemedti se encuentra ahora en la misma situación que
Bashir, mediando constantemente entre las milicias rivales de las que
depende su poder. La declaración de un gobierno paralelo no superará
estas dinámicas subyacentes.
La variopinta coalición del ejército sudanés también está muy
dividida, y aún puede producirse una escisión. Los islamistas están más
interesados en construir una base de poder en el centro de Sudán que en
ir a la guerra en Darfur y Kordofán. Algunos de los oficiales que rodean
a Burhan son hostiles a los islamistas, al igual que algunos de los
partidarios del ejército, incluido Egipto. Es posible que los islamistas
impulsen un golpe de Estado. Quienquiera que esté al timón de un
gobierno dirigido por el ejército tendrá que enfrentarse a los monstruos
que ha desatado: el ejército ha dado poder a los líderes de las
milicias que sólo son leales a Jartum en teoría y ya han llevado a sus
comunidades a un conflicto con las que les rodean.
Los esfuerzos
diplomáticos de la llamada comunidad internacional han sido risibles.
Estados Unidos pasó un año intentando llevar a las dos partes a Jeddah,
Arabia Saudí, para acordar un alto el fuego, a pesar de que el ejército
sudanés tenía toda la intención de ganar la guerra en el campo de
batalla. En agosto de 2024, ni siquiera se presentó a las conversaciones
de paz en Ginebra; estaba ocupado utilizando dinero qatarí para comprar
aviones de combate chinos. La diplomacia se ha centrado en garantizar
un alto el fuego, y luego volver a la receta internacional que se
intentó -y fracasó- tras la caída de Bashir: un gobierno de transición,
la integración de las RSF en el ejército y elecciones. Este enfoque
parece una fantasía de los años noventa, cuando las estanterías de los
expertos en política estaban llenas de títulos como «Cómo construir un
Estado».
Esa era ha terminado. La guerra civil sudanesa es a la vez demasiado
local y demasiado internacional para abordarla mediante un proceso
diplomático centrado en las dos partes beligerantes, que tienen un
control inestable sobre las milicias que han reclutado y cuyos negocios
se benefician de la guerra. Las fuerzas que están desintegrando Sudán
son estructurales, y tienen paralelismos en otros lugares de la región:
el colapso de la capacidad estatal, las fuerzas militares respaldadas
por mercenarios estatales y no estatales, y la fragmentación del cuerpo
político, son también características del conflicto en Yemen, la
República Centroafricana y Somalia. Cada vez más, parece que las piezas
no volverán a encajar. Al menos en el Cuerno de África, la época del
Estado-nación parece estar llegando a su fin, y se perfilan los
contornos de un nuevo siglo XIX, en el que la soberanía da paso a países
desarticulados, controlados por intereses externos y fragmentados por
dinámicas locales.
Si está surgiendo un Régimen de Guerra Global, como han sugerido
Hardt y Mezzadra, no tendrá dos polos, como durante la Guerra Fría, sino
múltiples coordenadas. En Sudán, los EAU financian a las RSF, pero
también compran oro al ejército y apoyan a algunos de los islamistas
alineados con él. Puede que Turquía venda drones a Burhan, pero Ankara
también ha acogido recientemente una visita oficial de Saddam Haftar, el
hijo del general que controla el este de Libia, que canaliza armas y
combustible a las RSF. Aquí no hay una lógica geopolítica de
alineamiento: cada país funciona como una sociedad anónima, sacando sus
beneficios de donde puede, aunque las consecuencias sean políticamente
incoherentes. La política transaccional de Trump ha sido durante mucho
tiempo el modus operandi de los países de potencia media a cuyas filas
Estados Unidos parece decidido a unirse.
En un Régimen de Guerra Global tan transaccional, el espacio para la
resistencia es fragmentario. Los comités de resistencia de Sudán -los
activistas locales organizados horizontalmente que derrocaron a Bashir-
han sido objetivo tanto del ejército como de los paramilitares. Algunos
han tomado las armas y luchan junto a los islamistas a los que
expulsaron del poder. Otros formaron las salas de respuesta de
emergencia que, a falta de apoyo estatal y de organizaciones
humanitarias internacionales, han proporcionado heroicamente servicios
sanitarios y alimentos en todo el país. Si se mira con atención, se
puede ver, entre las ruinas de Sudán, una auténtica red nacional de
grupos de ayuda mutua. Su supervivencia es incierta. Las fuerzas que
desgarran Sudán tienen poco interés en poner fin a esta guerra, que ha
creado el tipo de capitalismo de enclave que probablemente será
característico del Cuerno de África en las próximas décadas."
"Este país devastado por la guerra ha acusado al gigante tecnológico mundial radicado en Estados Unidos de crímenes de guerra, falsificación y engaño al utilizar en los productos que elabora minerales extraídos ilegalmente y de contrabando.
La República Democrática del Congo (RDC) ha emprendido procesos penales contra Apple acusando al gigante tecnológico mundial radicado en Estados Unidos de alimentar la guerra contra la región oriental del país al utilizar en sus productos lo que se ha dado en llamar «minerales de sangre». «Apple ha vendido año tras año tecnología fabricada con minerales procedentes de una región cuya población está siendo sufriendo graves violaciones de los derechos humanos», afirma Robert Amsterdam, socio fundador de Amsterdam & Partners LLP. El gobierno de la RDC contrató a finales del año pasado a este bufete de abogados establecido en Washington DC para investigar las cadenas de suministro de minerales extraídos y trasportados ilegalmente del Congo, especialmente las «3 T.» [«tin» (estaño), «tungsten» (tungsteno) y «tantalum» (tantalio)]. El estaño, el tungsteno y el tantalio son fundamentales para las industrias electrónica, automovilística y aeroespacial.
Desde entonces, el M23 genera 300.000 dólares mensuales de ingresos gracias a las minas de coltán de Rubaya, según declaró el 30 de septiembre al Consejo de Seguridad el Jefe de la Misión de la ONU en el Congo, Bintou Keita. «El criminal blanqueo de los recursos naturales de la RDC que se sacan de contrabando del país está fortaleciendo a los grupos armados».
Se afirma que hay más de cien grupos armados que luchan por sacar provecho de la rica en minerales región oriental del país, que hace frontera con Ruanda y está asolada por un conflicto de décadas que ha desplazado a más de siete millones de personas. El M23, uno de los más poderosos y más tristemente célebres de estos grupos armados, empezó su actual ofensiva para controlar la riqueza minera de las provincias de Kivu a finales de 2021.
A pesar de tener pocos yacimientos en su propio territorio, en 2022 Ruanda vendió minerales 3T y oro (que se conocen como 3TG [de «gold», «oro» en inglés]) por valor de mil millones de dólares. «Es obvio que todo proviene de la RDC», declaró a Financial Times en marzo de 2023 el ministro de Finanzas de Congo. En junio de ese año varios expertos de la ONU informaron de que el M23 y el ejército ruandés habían tomado juntos el control de todas las rutas principales para el transporte de estos minerales, incluidas las carreteras hacia Ruanda y Uganda. En marzo de 2024 ambos cercaron Goma y cortaron todos los accesos por carretera a la capital de Kivu del Norte, excepto desde Ruanda, antes de tomar Rubaya en abril. Desde entonces también han caído bajo su control otras ciudades de la provincia, incluida Matembe, el 16 de diciembre. También se ha informado de que han hecho avances hacia la provincia de Kivu del Sur.
«Hoy en día el gobierno de la RDC no tiene de un verdadero control de las provincias de Kivu, ricas en minerales. Quien ejerce el control allí, directa o indirectamente, es Ruanda», afirma el informe Blood Minerals. En su campaña de saqueo de los minerales de la RDC el agente por procuración de Ruanda [el M23] ha asesinado y violado a miles de personas civiles, y ha desplazado a más de un millón de personas, que se añade a los siete millones que ya habían sido desplazadas.
La afirmación de las grandes empresas tecnológicas de utilizar una cadena de suministro limpia es «a todas luces falsa»
«Las grandes empresas tecnológicas, como Apple e Intel, envían regularmente a Ruanda a sus equipos de diligencia debida y salen de allí haciendo audaces afirmaciones […] de que los productos se fabrican con minerales libres de conflicto. Sus afirmaciones son a todas luces falsas». Apple lo afirma desde 2014. Sin embargo, el informe Blood Minerals añadía que el responsable de derechos humanos y sostenibilidad de Apple había sido informado por whistleblowers [denunciantes dentro de la propia empresa] de que las fundiciones y refinerías de su cadena de suministro se abastecían de tantalio de la empresa ruandesa Minerals Supply Africa (MSA), una empresa que se sabe que blanquea grandes cantidades de este mineral sacado de contrabando de la República Democrática del Congo.
Días antes de que se publicara este informe el 22 de abril, un grupo de abogados encabezado por Amsterdam y William Bourdon, fundador de un bufete de abogados radicado en París y que también ha contratado el gobierno de la RDC, había exigido respuestas a una serie de preguntas planteadas al director ejecutivo de Apple, Tim Cook, y a sus filiales francesas. «La ausencia de respuesta supone admitir implícitamente que las preguntas que hicimos a Apple eran pertinentes», afirmó Bourdon el 22 de mayo, una vez que se cumplió el del plazo de tres semanas que se había dado a la empresa para responder. «Desde que se publicó el informe Blood Minerals, hemos recibido en las últimas semanas nuevas pruebas de whistleblowers», añadió Amsterdam. «Dado que estamos valorando nuestras opciones legales, es más urgente que nunca que Apple dé respuestas genuinas a las gravísimas preguntas que le hemos hecho».
El 27 de septiembre, el día que se lanzaba el iPhone 16, hubo protestas frente a tiendas de Apple de varias ciudades de todo el mundo contra el aprovisionamiento por parte de Apple de minerales extraídos de zonas controladas por grupos armados en la RDC. Entre las ciudades en las que hubo protestas estaban Londres, capital de Inglaterra, y otras ciudades británicas como Bristol, Reading y Cardiff; Ámsterdam, capital de los Países Bajos; Bruselas, capital de Bélgica; Tokio, capital de Japón; Montreal, en Canadá; Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, y Ciudad de México.
El 16 de diciembre los abogados de la RDC presentaron una demanda contra Apple en Francia, a la que siguió otra en Bélgica el 17 de diciembre.
«A fecha del 31 de diciembre de 2023, por noveno año consecutivo, el 100% de las fundiciones y refinerías identificadas en nuestra cadena de suministro de todos los productos de Apple fabricados en 2023 fueron objeto de una auditoría independiente de terceros sobre minerales de conflicto para 3TG», afirmó Apple en el dossier presentado a la SEC. «Basándonos en nuestros esfuerzos de diligencia debida, entre los que se incluye el análisis de la información proporcionada por programas de auditoría de terceros […] no encontramos ninguna base razonable para concluir que ninguna de las fundiciones o refinerías […] de nuestra cadena de suministro haya beneficiado “directa o indirectamente” a ninguna de las milicias que asolan la RDC».
¿Un mecanismo mundial para blanquear los minerales de sangre de la RDC a través de las cadenas de suministro?
La International Tin Supply Chain Initiative (ITSCI, Iniciativa Internacional de la Cadena de Suministro del Estaño) es uno de los principales proveedores de los «programas de auditoría de terceros» que Apple cita para respaldar su afirmación de que sus cadenas de suministro no están contaminadas por «minerales de sangre». La ITSCI fue creada en 2009 por los gigantes de la industria del sector y la OCDE certificó en 2018 que se adecuaba plenamente a sus propias directrices de diligencia debida. La ITSCI afirma haber establecido un sistema de trazabilidad por medio del etiquetado de bolsas selladas de minerales que van de las minas a las fundiciones. Por una parte, se supone que esto garantiza que la ITSCI solo certifica los minerales extraídos de las zonas autorizadas por el gobierno de la RDC. Por otra, con esto se pretende garantizar que los minerales 3T exportados desde Ruanda no han sido sacados de contrabando de la RDC por grupos armados.
En abril de 2022 Global Witness elaboró un informe titulado The ITSCI Laundromat [La lavandería de la ITSCI] que investiga este «plan de diligencia debida». El informe afirma que «solo en torno al 10%» de los minerales que Ruanda «exportó fueron extraídos realmente [del país] […] el resto se sacó de contrabando de la RDC». Según este informe, «aunque el ITSCI ha tomado medidas contra algunos incidentes menores de contrabando de minerales, según se informa no se molestó a las grandes empresas que han exportado la mayor parte de los minerales de contrabando. La principal de esas empresas era Minerals Supply Africa (MSA)».
Varios expertos de la ONU también han demostrado que los minerales extraídos de zonas que están bajo control de grupos armados han entrado año tras año en la cadena de suministro certificada por el ITSCI. En 2022 la Responsible Minerals Initiative (RMI, Iniciativa de Minerales Responsables), de la que Apple es miembros, también excluyó a la ITSCI de su lista de supervisores de confianza de minerales de conflicto. Con todo, Apple siguió citando a la ITSCI, incluso en el dossier que presentó ante la SEC en 2023. «Se trata de una empresa que factura un billón de dólares y que se debe suponer que conoce las consecuencias de sus actos. Basta ya de negar su responsabilidad y de esconderse tras el relato falso de las defensas de la cadena de suministro», declaró Amsterdam el 17 de diciembre.
Según se ha informado, entre las acusaciones se incluye encubrir crímenes de guerra, blanquear minerales de contrabando, falsificaciones y prácticas engañosas para convencer a sus consumidores de que sus productos no contienen minerales de conflicto. «Desmentimos rotundamente estas afirmaciones», declaró Apple en un comunicado publicado el 21 de diciembre. Sin dar más detalles, añadía: «Dado que a principios de este año se agravó el conflicto en la región, notificamos a nuestros proveedores que sus fundiciones y refinerías deben suspender el abastecimiento de estaño, tantalio, wolframio y oro procedentes de la RDC y Ruanda. Tomamos esta medida porque nos preocupaba que los auditores independientes o los mecanismos de certificación del sector ya no pudieran llevar a cabo la diligencia debida necesaria para cumplir nuestras exigentes normas».
Tras señala que hay que verificar sobre el terreno estas afirmaciones sobre los cambios que Apple ha introducido en su cadena de suministro, los abogados de la RDC han afirmado que seguirán adelante con las causas abiertas contra la empresa.
El acuerdo de la Unión Europea (UE) con Ruanda también está teñido de sangre congoleña
Después de calificar estas denuncias penales simultáneas de «doble iniciativa judicial sin precedentes», Bourdon afirmó que era el «primer paso para lograr que uno de los mayores actores de la tecnología rinda cuentas por su política de enriquecimiento ilimitado a costa de los más graves delitos que manchan las cadenas de suministro africanas». Amsterdam calificó este paso de «primera salva» y dejó entrever futuras acciones judiciales contra otras empresas. El informe Blood Minerals menciona también a las empresas Intel, Sony, Motorola y al fabricante de armas estadounidense Lockheed Martin. «Sin lugar a dudas Apple es uno de los objetivos más simbólicos debido a su fortaleza financiera y a su desenfrenada propaganda sobre el tema “Lo estamos haciendo bien por el planeta”», afirmó.
Los abogados también escribieron a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para informarle de los procesos judiciales y pedirle que inicie un diálogo sobre la responsabilidad de la Unión Europea (UE). A principios de este año, el 19 de febrero, cuando Ruanda consolidaba su control de las zonas mineras de la región de la RDC de Kivu del Norte y de las rutas de transporte transfronterizo desde las minas de esta región hasta Ruanda, la UE firmó un acuerdo con este país «para fomentar cadenas de valor sostenibles y resistentes para materias primas críticas». La UE explicó en un comunicado de prensa que «para la UE, esta asociación contribuirá a garantizar un suministro sostenible de materias primas, especialmente de materias primas críticas, como requisito previo esencial para cumplir los objetivos de energía verde y limpia». Calificó a Ruanda de «actor fundamental en la extracción mundial de tantalio. También produce estaño, wolframio, oro y niobio, y tiene potencial para [la extracción de] litio y elementos de tierras raras. Con su clima favorable a la inversión y su Estado de derecho, Ruanda puede convertirse, además, en un centro de valor añadido en el sector mineral».
Ruanda «no tiene en su subsuelo ni siquiera un gramo de estos llamados minerales “críticos”», replicó el presidente de la RDC, Tshisekedi. «Ruanda ni siquiera los procesa […]. Los exporta y obtiene dividendos de ello, a costa de la sangre de nuestros compatriotas». Condenó el acuerdo [de la UE] con Ruanda por ser una «provocación de muy, muy mal gusto» y afirmó que la UE estaba fomentando el saqueo de la RDC por parte de Ruanda.
El Presidente de Ruanda, Paul Kagame afirmó en una declaración reciente: «Pero la mayor parte» de los minerales procedentes de la RDC «no se queda aquí», sino que «pasa por aquí» hacia Asia Occidental y Europa, con lo que daba a entender que Ruanda no es el único país que «roba minerales del Congo». Si Ruanda tiene que rendir cuentas, Europa también se verá manchada por la misma acusación."
"En su discurso en la Reunión Anual de
1973, el presidente del Banco Mundial, Robert McNamara, acuñó el
término “pobreza absoluta”, describiéndola como “una condición de vida
tan degradante que insulta la dignidad humana y, sin embargo, una
condición de vida tan común que es la suerte de alrededor del 40% de los
pueblos de los países en desarrollo”. Luego planteó una pregunta
difícil: “¿Y acaso los que toleramos esa pobreza, cuando está en nuestro
poder reducir el número de los que la padecen, no estamos incumpliendo
con las obligaciones fundamentales aceptadas por los [pueblos]
civilizados desde el principio de los tiempos?” Este discurso
programático solidificó los nuevos objetivos del Banco en ese momento:
acelerar el crecimiento económico y reducir la pobreza." Genoni Larkner 2024 Banco Mundial
Eso
fue en 1973. Medio siglo después, la masa de publicaciones del Banco
Mundial nos dice que la lucha contra la pobreza absoluta enfrenta un
desafío histórico nuevo y urgente.
A partir de la década de 1990,
el desarrollo económico trajo consigo un progreso gigantesco hacia el
objetivo de terminar con la pobreza absoluta. Pero ese progreso se
detuvo hace diez años.
Desde
2015, el esfuerzo por sacar a la población mundial de las privaciones
más extremas se ha estancado. Como reconocen los autores del Banco
Mundial, nos enfrentamos a “una década perdida en la lucha contra la
pobreza mundial”.
"Nos
enfrentamos a una serie de crisis superpuestas e interconectadas que
están afectando las vidas y los medios de subsistencia en casi todas
partes. Los efectos combinados del lento crecimiento económico, el
aumento de los conflictos y la fragilidad, la desigualdad persistente y
los fenómenos meteorológicos extremos han enviado ondas de choque a todo
el mundo. Las economías de altos ingresos están mostrando signos de
resiliencia, pero las perspectivas para las economías de bajos ingresos y
los países más frágiles siguen siendo profundamente preocupantes.
Hace
apenas una década, teníamos motivos para ser más optimistas. Entre 1990
y 2015 se produjeron avances significativos en materia de desarrollo
sostenible, cuando más de mil millones de personas salieron de la
pobreza extrema. Se trató de un logro monumental, impulsado
principalmente por el fuerte crecimiento económico de China y la India,
que acercó a las economías más ricas y a las menos favorecidas en
términos de niveles de ingresos. Sin embargo, lo que parecía un camino
claro hacia la erradicación total de la pobreza se ha desvanecido desde
entonces. … las tasas de pobreza mundial han vuelto a los niveles
previos a la pandemia, y las previsiones indican una trayectoria para
los próximos años que, en el mejor de los casos, es desalentadora. Casi
la mitad de la población mundial (unos 3.500 millones de personas) vive
con menos de 6,85 dólares al día, la línea de pobreza para los países de
ingresos medios altos. En un nivel más extremo, casi 700 millones de
personas viven con menos de 2,15 dólares al día, la línea de pobreza
para los países de ingresos bajos. La pobreza extrema se ha concentrado
cada vez más en el África subsahariana o en lugares afectados por
conflictos y fragilidad".
Una vez que desglosamos los datos
globales, las disparidades regionales son marcadas. Si nos centramos en
la pobreza absoluta más grave, la dinámica mundial está determinada por
el movimiento relativo de Asia y África.
Una
forma de hacer esto más concreto es observar los países
individualmente. En 1987 había 51 países de ingresos muy bajos
repartidos por África y Asia. Desde entonces, 29 de esos países muy
pobres han salido de la pobreza y se han unido a las filas de los países
de ingresos medios. Veintidós países siguen siendo profundamente
subdesarrollados. Uno es Afganistán, los otros 21 están todos en el
África subsahariana.
Mientras
que el resto del mundo ha crecido, la abrumadora mayoría de los países
africanos de bajos ingresos no han experimentado un progreso mensurable
en el ingreso per cápita durante medio siglo.
Si
pasamos de las economías nacionales a observar el número de personas
pobres: mientras que la proporción de personas que viven por debajo del
umbral de pobreza absoluta de 2,15 dólares por día ha disminuido en todo
el mundo, y mientras que el número de personas en situación de pobreza
absoluta en Asia se ha desplomado, el número de personas que viven en
pobreza absoluta en el África subsahariana ha aumentado.
"Hasta
2013, la reducción de la pobreza extrema mundial estuvo liderada por el
rápido crecimiento económico de China, que sacó a más de 800 millones de
personas de la pobreza extrema en tres décadas. Entre 1990 y 2024, el
resto de Asia oriental y el Pacífico también logró avances notables, con
210 millones de personas que salieron de la pobreza extrema durante
este período. La pobreza extrema también se redujo significativamente en
Asia meridional... Aunque la tasa de pobreza extrema en África
subsahariana ha disminuido en las últimas tres décadas, lo hizo a un
ritmo mucho más lento que en otras regiones, y el número de personas que
viven en la pobreza extrema en la región ha estado bastante cerca de
duplicarse, aumentando de 282 millones en 1990 a 464 millones en 2024.
De manera similar, en Oriente Medio y el norte de África, el número de
personas que viven en la pobreza extrema se duplicó de 15 millones en
1990 a 30 millones en 2024. La pobreza extrema en esa región ha
aumentado desde 2014, impulsada por la fragilidad, los conflictos, y la
inflación".
En la actualidad, en África subsahariana hay tres veces más personas en situación de pobreza absoluta que en Asia meridional.
“En
1990, Asia oriental y el Pacífico tenían una tasa de pobreza más alta
que África subsahariana, y Asia meridional tenía tasas similares a las
de África subsahariana”.
"En 2000, solo una cuarta parte de los
pobres extremos vivían en un país del África subsahariana o en un país
en situaciones frágiles y afectadas por conflictos (SFC). En 2014, una
de cada dos personas en situación de pobreza extrema vivía en África
subsahariana o en SFC. La proporción de pobres extremos en SFC en África
subsahariana aumentó marcadamente a fines de la década de 2010,
impulsada por países con grandes poblaciones pobres que se volvieron
frágiles (por ejemplo, Níger o Nigeria). En 2024, la proporción de
personas en situación de pobreza extrema en África subsahariana (SFC)
había aumentado a tres cuartas partes, y el 42 por ciento de los pobres
extremos a nivel mundial se encontraban en SFC en África subsahariana".
El Banco Mundial continúa:
"En
África subsahariana, donde se encuentran aproximadamente la mitad de
los países parte de la ADI (Asociación de Desarrollo Internacional del
Banco Mundial), el crecimiento económico no ha sido lo suficientemente
grande ni lo suficientemente inclusivo como para reducir la pobreza de
manera significativa, especialmente desde 2015 (Wu et al. 2024). Entre
1990 y 2022, el PIB per cápita en África subsahariana solo creció un 0,7
por ciento anual (en comparación con el 1,6 por ciento a nivel
mundial). Se prevé que el crecimiento del PIB en los países clientes de
la ADI se fortalezca en 2024-25, pero siga siendo más débil que en la
década anterior a la pandemia" (Banco Mundial 2024d).
Nigeria es
un buen ejemplo. En términos de países, ha pasado de ser un país de
bajos ingresos a uno de ingresos medios bajos y, sin embargo, ahora es
el tercer país del mundo con mayor número de personas absolutamente
pobres, después de la India y la República Democrática del Congo.
Tanzania, destino turístico, es el cuarto en la lista de países con
mayor número de personas con ingresos inferiores a los 2,15 dólares
diarios.
En toda África, son comunes las enormes disparidades de ingresos entre las zonas urbanas más favorecidas y el campo.
"Por
ejemplo, en algunas partes de Namibia, un país de ingresos medios
altos, más del 30 por ciento de la población vive con menos de 2,15
dólares. Las zonas más pobres del país están escasamente pobladas y no
están bien conectadas con el resto del país. En Sudáfrica, también un
país de ingresos medios altos, la provincia de Eastern Cape tiene una
tasa de pobreza del 36 por ciento, que es cinco veces más alta que la
tasa de pobreza en Western Cape y Gauteng y más similar a las tasas de
pobreza en regiones de Guinea-Bissau o Lesotho. En la región de la
capital del Chad, sólo el 3% de la población vive con menos de 2,15
dólares, mientras que la tasa de pobreza en todo el país es del 31%".
En
general, es cierto que la pobreza extrema es más frecuente en las zonas
rurales que en las urbanas. Por difíciles que sean las condiciones en
los barrios marginales urbanos, es la perspectiva de mejora lo que atrae
a decenas de millones de personas del campo a la ciudad.
"En
2022, más de las tres cuartas partes de los pobres extremos del mundo
vivían en zonas rurales, y la mitad de ellos vivían en zonas rurales del
África subsahariana. En casi todas las regiones, la tasa de pobreza
extrema es mayor en las zonas rurales que en las urbanas: la pobreza
rural es del 16% y la urbana del 5% en el mundo en su conjunto. La
diferencia entre la pobreza rural y la urbana es más pronunciada en el
África subsahariana, donde la tasa de pobreza rural es del 46% y la
urbana del 20%".
Las causas de la pobreza son múltiples y se agravan entre sí.
"Aproximadamente
la mitad de la población de África subsahariana y los países del África
central y del África occidental carece de electricidad o saneamiento.
También persisten grandes brechas educativas. En 20 países de bajos
ingresos con datos disponibles, más del 90 por ciento de los niños no
pueden leer o comprender un texto básico al final de la escuela
primaria. Sin embargo, las inversiones en educación en los países de
bajos ingresos siguen siendo muy bajas. En 2021, el país de bajos
ingresos promedio gastó solo 54 dólares por estudiante por año, en
comparación con más de 8.500 dólares en el país típico de altos
ingresos. En algunos de los países más pobres de África subsahariana,
solo el 20 por ciento de los encuestados supera la educación de sus
padres, en comparación con el 80 por ciento en Asia oriental".
En
los países más pobres, la pobreza y la privación son multifactoriales y,
en todo caso, las medidas puramente monetarias, como el estándar de
2,15 dólares, subestiman el nivel de privación. En África subsahariana,
la falta de infraestructura básica de electricidad y saneamiento es
incluso más pronunciada de lo que sugeriría la masa monetaria.
Así
pues, este es el resultado de las tendencias de desarrollo del último
medio siglo. Gracias al notable crecimiento de Asia, la pobreza absoluta
ya no es una condición global generalizada. Ahora se concentra en un
cinturón que recorre toda la anchura de África occidental, el Sahel,
África central y oriental y se extiende hasta el Cuerno de África. En
esta vasta región, una población en rápido crecimiento que pronto
ascenderá a más de 500 millones de personas lucha por sobrevivir en
medio de condiciones ambientales cada vez más duras e impredecibles, más
obstaculizada que ayudada por los Estados que no proporcionan ni
siquiera la infraestructura y los servicios básicos y donde, como
demuestra un estudio reciente sobre Nigeria, la violencia
intercomunitaria se ve amplificada por las perturbaciones ambientales.
Los
conflictos, la violencia y la inestabilidad política hacen imposible la
acción pública o privada para escapar de la pobreza, como señala el
Banco Mundial.
"La importancia de la estabilidad para la reducción
futura de la pobreza se puede ver en el gráfico siguiente sobre África
occidental y central. Los países que lograron evitar la fragilidad
(Benin, Cabo Verde, Gabón, Ghana, Guinea Ecuatorial y Senegal) lograron
reducir la pobreza de manera constante. En comparación con los países
que actualmente son frágiles o que entraron y salieron de la fragilidad,
los países estables redujeron la pobreza en 15 a 20 puntos porcentuales
adicionales. La estabilidad, por cierto, va más allá de la capacidad de
mantener la paz. La sostenibilidad macrofiscal y de la deuda son
igualmente críticas, como lamentablemente demuestra Ghana, que
recientemente incumplió el pago de su deuda externa. La pobreza (2,15
dólares) aumentó del 25% en 2020 al 33% en 2023".
"La
implicación es clara. La reducción futura de la pobreza dependerá cada
vez más de la capacidad de garantizar la estabilidad, ya que la
estabilidad es una condición previa para el crecimiento económico y la
reducción de la pobreza. En un mundo en el que los conflictos y la
inestabilidad están en aumento, y el endeudamiento crece, esta es una
constatación aleccionadora y una mala noticia para la capacidad de la
comunidad mundial de erradicar la pobreza en un futuro cercano".
Está muy lejos del lenguaje civilizatorio propugnado por McNamara hace medio siglo."
"Si nos ponemos a buscar la figura que mejor represente las peores
tendencias de nuestra era brutal, nos vendrán a la mente ante todo
nombres como Yahya Sinwar (líder de Hamás en Gaza), Binyamin Netanyahu,
Kim Jong‑un o Vladímir Putin. Pero eso se debe, más que nada, a que
estamos todo el tiempo bombardeados con noticias sobre estos líderes. Si
ampliamos la mirada, para tener en cuenta los horrores que en general
los principales medios occidentales pasan por alto, sobresalen aún más
los participantes de la guerra civil en Sudán. Estos nuevos caudillos
guerreros muestran un grado impactante de crueldad e indiferencia hacia
su propio pueblo (o hacia los habitantes de las regiones que controlan),
con actos como poner obstáculos sistemáticos al flujo de ayuda
humanitaria y quedarse para sí mismos con una parte exorbitante de esa
ayuda.
La situación en Sudán revela una lógica económica global que en otros
casos ha permanecido oculta. En 2019, protestas generalizadas forzaron
la salida del dictador local, Omar Al Bashir, quien durante su largo
reinado al menos había mantenido una apariencia de paz y estabilidad
tras la secesión de Sudán del Sur (un país predominantemente cristiano
que ahora está sumido en su propia guerra civil). Luego, tras un breve
período de gobierno transicional y renovadas esperanzas de
democratización, estalló una guerra brutal entre dos jefes militares
musulmanes: el general Abdel Fattah Al Burhan, líder de las Fuerzas
Armadas de Sudán (FAS) y todavía jefe de Estado nominal, y Mohamed
Hamdan Dagalo (o Hemedti, es decir «pequeño Mohamed»), comandante de las
Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) y uno de los hombres más ricos del país.
Las FAR son responsables por algunas de las peores atrocidades de
este conflicto, entre ellas la masacre de Jartum del 3 de junio de 2019,
en la que murieron más de 120 manifestantes, cientos más resultaron
heridos, miles de mujeres fueron violadas y numerosas casas fueron
saqueadas. Luego, el 15 de abril de 2023 las fuerzas de Dagalo desataron
un nuevo ciclo de violencia lanzando un ataque general contra las bases
de las FAS en todo el país, incluida la capital, Jartum.
Aunque las dos partes expresan un vago compromiso con la democracia,
nadie toma estas afirmaciones en serio. En realidad, lo que ambas
quieren decir es «primero tenemos que ganar la guerra; luego veremos».
Es una posición comprensible. Es posible que para todos los
involucrados, una dictadura básicamente benévola como el régimen de Paul
Kagame en Ruanda sea lo mejor que se pueda esperar con realismo.
A complicar la situación contribuye la actuación de fuerzas externas.
A modo de ejemplo, hay informes de que el Grupo Wagner ruso, el
Ejército Nacional Libio (bajo el mando de Khalifa Haftar) y los Emiratos
Árabes Unidos han suministrado a las FAR equipos militares,
helicópteros y armas, confiriéndoles así superioridad respecto de las
FAS. Estas, en tanto, también han buscado apoyo externo (en particular,
de China).
Pero las FAR tienen otra gran ventaja: Dagalo controla una región con
abundantes reservas de oro que le permiten comprar todas las armas que
necesita. Esto nos recuerda una triste verdad a la que se enfrentan
muchos países en desarrollo: tanto pueden los recursos naturales ser
fuente de violencia y pobreza como sustento de paz y prosperidad.
El ejemplo por excelencia es la República Democrática del Congo,
maldecida largo tiempo por sus reservas de minerales críticos, diamantes
y oro. Si no tuviera esos recursos, seguiría siendo pobre, pero quizá
fuera un lugar más feliz y pacífico para vivir. La RDC también es un
caso ejemplar de cómo el Occidente desarrollado contribuye a las
circunstancias que producen migraciones en masa. Tras la fachada de un
nuevo estallido de pasiones étnicas «primitivas» en el «corazón de las
tinieblas» africano, se pueden discernir, inconfundibles, los contornos
del capitalismo global.
Después de la caída de Mobutu Sese Soko en 1997, la RDC dejó de
existir en cuanto estado funcional. La región oriental ahora comprende
una multiplicidad de territorios gobernados por caudillos locales, cuyos
ejércitos reclutan niños por la fuerza y los drogan, y mantienen
vínculos comerciales con corporaciones extranjeras que explotan las
reservas minerales de la región. Este arreglo sirve a ambos socios: las
corporaciones obtienen licencias mineras sin pagar impuestos y los
caudillos obtienen dinero para comprar armas. Muchos de estos minerales
terminan luego en nuestros portátiles, teléfonos móviles y otros
productos de alta tecnología. El problema no es el «salvajismo» de la
población local, sino las empresas extranjeras y los consumidores
adinerados que compran sus productos. Bastaría quitarlos de la ecuación
para que todo el edificio de la guerra étnica se venga abajo.
La RDC no es una excepción, como demuestra el desmembramiento (o
digamos, «congolización») de facto que padeció Libia tras la
intervención de la OTAN y la caída de Muammar Al Gaddafi en 2011. Desde
entonces, gran parte del territorio libio está bajo control de bandas
armadas locales que venden petróleo directamente a clientes extranjeros,
otro recordatorio de la tenacidad del capitalismo para asegurarse un
suministro constante de materias primas baratas. Por eso tantos estados
que padecen la «maldición de los recursos» están condenados a seguir
sufriendo.
El trágico resultado es que ninguna de las partes en los conflictos
actuales puede declararse inocente. En Sudán, el problema no son sólo
las FAR; las dos partes juegan el mismo juego brutal. No puede reducirse
la situación a la existencia de un pueblo «atrasado» que no está listo
para la democracia; de lo que realmente se trata es de la continuidad de
la colonización económica de África, no sólo por Occidente sino también
por China, Rusia y los países árabes ricos. No debería sorprendernos
que África Central esté cada vez más bajo el dominio de mercenarios
rusos y fundamentalistas musulmanes.
Yanis Varoufakis ha hecho una descripción elocuente de la transición
del capitalismo al «tecnofeudalismo», de la que dan prueba los
monopolios de facto que disfrutan las megatecnológicas sobre sus
respectivos mercados. Pero en países como Sudán y la RDC tenemos algo
más cercano al feudalismo de los tiempos medievales. De hecho, ambas
descripciones son ciertas: vivimos cada vez más bajo una combinación de
feudalismo analógico y feudalismo high‑tech. Por eso Hemedti (incluso
más que Elon Musk) es el verdadero rostro de nuestra era."
"El creciente costo de vida en África ha desatado una ola de protestas
en los últimos meses, lo que subraya los costos económicos y sociales
desproporcionadamente más altos de la inflación en un continente con una
pobreza generalizada persistente y una mayor vulnerabilidad a la
volatilidad global. El mundo, al parecer, hoy vive una historia de dos
inflaciones.
En un principio, el actual ciclo inflacionario -producto de los
shocks de oferta pandémicos y de una escalada de las tensiones
geopolíticas- afectó a los países desarrollados y en desarrollo por
igual. Pero las presiones inflacionarias se han vuelto menos
sincronizadas con el tiempo. Mientras que el crecimiento de los precios
ha caído marcadamente en las economías avanzadas, en África sigue siendo
persistentemente alto -y, en algunos casos, hasta está en alza-. Y
aunque la inflación en muchos países desarrollados está bajando hacia la
meta del 2% de los bancos centrales, ha alcanzado dos dígitos en casi
un tercio de los países africanos (un ratio que es aún mayor si se
excluye a los países que usan el franco CFA, donde la paridad con el
euro ha contribuido a la estabilidad monetaria).
Por ejemplo, la tasa de inflación anualizada en Nigeria, una de las
economías más grandes de África, alcanzó el 34% -un pico de 28 años- en
mayo, y se pronostica que se mantendrá elevada en la segunda mitad del
año, en gran medida debido a una disparada de la inflación de los
alimentos, que se aceleró al 40%. Esto va a reducir el poder de compra
de los hogares y hará subir aún más el riesgo de inseguridad
alimentaria, especialmente para los ciudadanos afectados por la pobreza y
más vulnerables de Nigeria, que cada vez son más. El país tiene la
mayor población sumida en la pobreza del mundo después de India. Por su
parte, las reformas gubernamentales, entre ellas la pronunciada
devaluación de la naira -que ha perdido el 70% de su valor frente al
dólar desde junio de 2023-, destinadas a atraer a los inversores
extranjeros, no hicieron más que agravar las cosas para un país que
depende marcadamente de las importaciones de alimentos y de otros
productos esenciales.
En agosto, las protestas contra la penuria económica resultante se
propagaron por varias ciudades grandes de Nigeria. A ellas les siguieron
semanas de disturbios en Kenia contra el proyecto de ley de finanzas
del gobierno, que propuso alzas de impuestos a productos básicos como el
petróleo, el pan y las toallas sanitarias, a pesar de que a millones de
personas ya les costaba llegar a fin de mes. Decenas de manifestantes
en ambos países fueron asesinados durante los intentos oficiales por
sofocar los levantamientos.
La inflación de los precios de los alimentos afecta más a los hogares
de bajos ingresos que a sus contrapartes de altos ingresos porque
gastan un porcentaje mayor de su presupuesto en necesidades. Hay que
considerar que los costos de los alimentos representan el 16% del gasto
de consumo en las economías avanzadas, pero alrededor del 40% en el
África subsahariana (ASS). Esta diferencia en la composición del gasto
explica la naturaleza más regresiva de la inflación en ASS, donde vive
el 60% de las personas más pobres del mundo, y por qué la inflación allí
conlleva un riesgo mayor de agitación política.
La falta de oportunidades de empleo formal también ha exacerbado la
crisis del costo de vida de África. Sin duda, los salarios de los
trabajadores de bajos ingresos con empleos formales no acompañan el
ritmo de los aumentos de precios. Pero las actividades del sector
informal -una forma solapada de desempleo y de acceso limitado a una
prosperidad compartida- representan aproximadamente el 85% del empleo
total en el continente, y estos trabajadores también deben lidiar con
una volatilidad de ingresos y componentes inesperados de la inflación,
lo que aumenta aún más la presión sobre los hogares.
Una investigación reciente que evaluó los efectos distributivos del
ciclo inflacionario en los hogares en Estados Unidos detectó un fenómeno
conocido como “desigualdad inflacionaria”:
los precios han subido más rápidamente para quienes están en la parte
inferior de la distribución de ingresos que para quienes están en la
parte superior. La propagación de las protestas en África sugiere que se
está gestando una dinámica similar en el continente, donde la subida
desproporcionada de los precios de los alimentos causada por los traslados del tipo de cambio a los precios ha hecho subir drásticamente los costos de bienestar de este ciclo inflacionario.
Las políticas gubernamentales también han agravado la crisis del
costo de vida. En lugar de apoyar a los grupos vulnerables a través de
intervenciones dirigidas, los gobiernos africanos han aumentado
indiscriminadamente los impuestos y recortado el gasto para cumplir con
obligaciones externas. Los pagos de intereses sobre la deuda soberana
hoy consumen alrededor de un tercio de los ingresos de Kenia y más de
dos tercios de los de Nigeria. En ambos países, una política fiscal
procíclica y medidas de austeridad han tenido un efecto dominó en los
precios, atizando la inflación y agudizando la crisis del costo de vida.
Pero, en respuesta a las protestas, los gobiernos están revirtiendo
algunas de sus políticas procíclicas o implementando medidas
complementarias para mitigar su impacto. El presidente keniata, William
Ruto, hizo renunciar a todo su gabinete y retiró el polémico proyecto de
ley de finanzas que, según se esperaba, recaudaría 2.700 millones de
dólares en ingresos adicionales para cumplir con las metas fiscales
fijadas por el Fondo Monetario Internacional. En Nigeria, el gobierno ha
anunciado una suspensión de 150 días de los derechos de importación
para ciertos alimentos a fin de aliviar la presión sobre los hogares con
dificultades.
De todos modos, debe hacerse más para achicar la brecha entre el
crecimiento real y potencial, y para ampliar las oportunidades para los
jóvenes. África es el continente más rico en recursos naturales del
mundo y, sin embargo, los africanos enfrentan futuros lúgubres en países
que carecen de suficientes ingenieros y voluntad política para
transformar estos recursos, crear suficientes empleos bien remunerados y
expandir la prosperidad. La excesiva dependencia de África de las
importaciones como una alternativa para expandir la producción agregada
ha mantenido desequilibrios externos y perjudicado el mercado laboral,
haciendo que más gente caiga en la destitución.
Para satisfacer las aspiraciones de las poblaciones jóvenes, los
gobiernos africanos deberían repensar las restricciones del gasto
público y superar las crisis recurrentes de la balanza de pagos que han
moldeado durante mucho tiempo la política en el continente. Una mayor
inversión en crear una fuerza laboral que domine las tecnologías
emergentes es esencial para fomentar la industrialización. Esto, a su
vez, impulsaría al sector manufacturero
de África, que en otras partes del mundo ha servido durante mucho
tiempo como factor de movilidad social y acelerador del crecimiento,
catalizando la convergencia con los países de altos ingresos. La
transformación de las economías africanas también impulsará el
desarrollo de cadenas de valor regionales, fomentará el comercio al
interior de África (y, por ende, mitigará la exposición de la región a
la volatilidad global) y creará grandes reservas nacionales para liberar
a la región de la dependencia debilitante de la ayuda.
Los responsables de las políticas en África no solo deben invertir en
capital humano para hacer subir a sus países en la escalera de valor en
una economía global donde la tecnología se ha vuelto un motor clave de
crecimiento. También deben esforzarse por igualar el acceso de
oportunidades y alcanzar una prosperidad compartida para fortalecer el
concepto del estado-nación y mejorar la seguridad nacional. Para citar a
Samora Machel, el primer presidente de Mozambique, “Para que viva la
nación, debe morir la tribu”. Durante demasiado tiempo, una estrategia
de gobernanza tribal ha minado el desarrollo nacional, perpetuando la
pobreza intergeneracional y exacerbando la desigualdad inflacionaria."
(Hippolyte Fofack, ex economista jefe y director de investigación del Banco Africano de Exportación e Importación, Project Syndicate, 12/09/24)
"La presencia militar estadounidense en África Central y Occidental resulta cada vez menos grata. El miércoles, el Departamento de Estado anunció que Estados Unidos iniciaría en breve "una retirada ordenada y responsable" de sus más de 1.000 militares desplegados actualmente en Níger".
Apenas 24 horas más tarde, se informó de que el Pentágono retiraría a sus 75 efectivos de las Fuerzas Especiales del Ejército la semana próxima del vecino Chad, en medio de la incertidumbre sobre si el acuerdo sobre el estatuto de las fuerzas que Washington mantiene con ese extenso país puede continuar o renegociarse.
Estados Unidos ha tratado de congraciarse con los regímenes militares de ambos países, con la esperanza de preservar los antiguos lazos antiterroristas y mantener los activos militares, incluida una base de drones de 110 millones de dólares en la ciudad nigeriana de Agadez que actuaba como centro de vigilancia de gran parte de todo el Sahel, incluso en su anuncio del 24 de abril, el Departamento de Estado subrayó que Washington "acoge con satisfacción el interés [de la junta] en mantener una sólida relación bilateral".
Sin embargo, el creciente rechazo al ejército estadounidense en la región africana del Sahel demuestra que Estados Unidos, sacrificando descaradamente los principios democráticos en aras de unos supuestos lazos de seguridad, al final no ha conseguido ni lo uno ni lo otro.
En los últimos cuatro años se ha producido una agitación política en el Sahel, que incluye dos tendencias que han interactuado para producir los actuales reproches a Washington: una serie de golpes militares y un fuerte aumento del sentimiento antioccidental, especialmente antifrancés. El sentimiento antifrancés no es nuevo en el Sahel, donde existen quejas legítimas tanto por el pasado colonial como por la intensa influencia política, económica y militar de Francia en el presente.
Sin embargo, en la última década el sentimiento antifrancés ha adoptado nuevas formas y ha llegado a una nueva generación. En particular, muchos sahelianos se sintieron desilusionados por las secuelas de la Operación Serval de Francia en Malí en 2013; una misión antiyihadista inicialmente exitosa se convirtió en un interminable atolladero regional antiterrorista, todo ello mientras la seguridad cotidiana de muchas personas se degradaba en Malí y en dos de sus vecinos, Burkina Faso y Níger.
Los golpes de Estado en el Sahel, que se sucedieron en la región a partir de 2020, respondieron a las protestas populares por la inseguridad y destituyeron a las élites civiles que durante tanto tiempo habían sido deferentes con Francia.
El golpe de Níger en 2023, tras los de Malí y Burkina Faso, ha reproducido un guión que las juntas de Malí y Burkina Faso habían esbozado antes: cubrirse con la bandera, proclamar un vigor y una determinación renovados contra los yihadistas, expulsar al ejército francés y a otros socios de seguridad respaldados por Occidente y aumentar la cooperación con Rusia.
El gobierno estadounidense leyó las señales cambiantes de forma lenta y deficiente, y pensó que podría ganarse a la junta nigeriana y, al mismo tiempo, dictar las condiciones: un enfoque incoherente y, en última instancia, ineficaz.
La situación chadiana tiene una dinámica diferente, pero tiende claramente hacia un resultado similar. El golpe de Estado de Chad en 2021 no pretendía derrocar el sistema, sino preservarlo: cuando el presidente autocrático Idriss Deby (y leal amigo de París y Washington) murió en combate, su hijo Mahamat y un grupo de partidarios del régimen dieron un golpe en palacio para mantener el poder. Francia y Estados Unidos no fingieron preocuparse por la democracia, sino que abrazaron a Mahamat Deby y parecieron aceptar la "transición" (a veces sangrienta) como un hecho consumado. De hecho, Washington parecía deseoso de profundizar su relación con Yamena.
Al igual que con otros países de África, Washington intentó asustar preventivamente al gobierno chadiano en relación con el Grupo Wagner, vinculado al Kremlin, y las supuestas ambiciones rusas en la región. En última instancia, sin embargo, parece que las autoridades chadianas están sopesando imperativos internos, y podrían estar distanciándose de Estados Unidos mientras Deby hace campaña para las elecciones presidenciales -que casi con toda seguridad ganará- del 6 de mayo.
Una de las razones por las que los llamamientos de Estados Unidos a las juntas parecen fracasar es que el enfoque de Washington sobre la lucha contra el yihadismo en la región está plagado de contradicciones: en un momento dado, Estados Unidos entrena a soldados africanos para realizar llamativas incursiones urbanas (ignorando las tendencias reales de la violencia) y, al siguiente, alecciona a los militares africanos, de forma no muy convincente, sobre el respeto a los derechos humanos.
Aunque los ejércitos de la región parecen agradecidos por el material y la formación estadounidenses, confían más en las operaciones terrestres y aéreas de mano dura contra presuntos yihadistas, un enfoque que a menudo resulta contraproducente, pero al que las juntas no muestran signos de renunciar. Mientras que París y Washington valoran los asesinatos y las incursiones contra objetivos de alto valor, los ejércitos saharauis prefieren el recuento de bajas. (Ninguno de los dos enfoques, que conste, se ha traducido en mejoras constantes de la seguridad para el ciudadano de a pie).
Estados Unidos no sólo ha malinterpretado a las juntas, sino que sigue estropeando incluso la retirada de Níger. En sus últimas negociaciones con Níger, Estados Unidos se ha mostrado desesperado. En un testimonio ante el Senado el mes pasado, el jefe del Mando de África de Estados Unidos, o AFRICOM, el general del Cuerpo de Marines Michael Langley, advirtió de que Rusia está "tratando de apoderarse de África central, así como del Sahel [a un ritmo acelerado]".
El mismo día del anuncio del Departamento de Estado sobre Níger, el vicepresidente del Estado Mayor Conjunto, almirante Christopher Grady, declaró a Associated Press: "Sin duda queremos estar allí. Queremos ayudarles, queremos darles poder, queremos hacer cosas por, con y a través de (ellos)". El tópico de "por, con y a través de" es antiguo, y resulta sorprendente que el lenguaje militar siga plagado de frases hechas incluso cuando la política que rodea a los despliegues en África cambia con tanta rapidez.
Estados Unidos podría enviar una señal diferente si no se resistiera tanto a su expulsión, si simplemente redujera sus pérdidas y se retirara. Mientras tanto, los llamamientos para que Estados Unidos actúe vengativamente y recorte la ayuda al desarrollo llevarían a Washington por un camino aún peor. Lo mejor que podría hacer Washington ahora sería retirar las tropas, esperar a que evolucione la situación política en el Sahel y considerar entonces qué tipo de asociaciones no relacionadas con la seguridad podrían ser beneficiosas para todas las partes."
( Alex Thurston es miembro no residente del Quincy Institute, Brave New Europe, 28/04/24, traducción DEEPL, enlaces en el original)