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6.8.26

Dos propuestas que hace apenas unos años parecían extravagantes: supermercados públicos y/o seguridad social alimentaria... la propuesta de supermercados públicos del alcalde de Nueva York, Mandani, busca garantizar que todo el mundo tiene acceso a los alimentos que necesita... en Francia se debatió la creación de una seguridad social de la alimentación. Si la sanidad, la educación y las pensiones son —en Europa— derechos consagrados en la constitución y garantizados mediante provisión pública, ¿por qué no podría serlo también la alimentación? Consistiría en un programa de unos 100-150 euros al mes a toda la población, para gastar en establecimientos asociados... establece incentivos para que los patrones de consumo cambien progresivamente... pues el programa solo funciona para ciertos productos que han sido declarados “producto agroecológico”, y porque el productor encuentra una demanda estable que le da garantías para convertir su producción en agroecológica. El reciente estudio de la cooperativa El Pa Sencer, por ejemplo, calcula que la propuesta costaría 76.800 millones de euros (un 5,7% del PIB español)... En España hace ya se cuenta con un proyecto piloto en Getafe... y Podemos ya propuso la creación de un supermercado público... En la medida en que el sector primario se está convirtiendo, cada vez más rápido, en un sector crítico y vulnerable, queda justificada la intervención directa por parte del Estado para planificar su reorientación. Algo similar a lo que está sucediendo en el sector industrial... pero aplicado al sistema que nos da de comer. Esto conllevaría la necesidad de programas específicos que pueden incorporar la compra de tierras, ayudas y subsidios suficientes a la producción agroecológica, creación y reforzamiento de nuevas infraestructuras públicas (entre ellas, los supermercados), etc. Todo ello destinado a que más temprano que tarde cualquier país, por ejemplo, España, disponga de un sistema agroalimentario ecológico con el que producir alimentos saludables (Alberto Garzón Espinosa)

"La disyuntiva entre supermercados públicos o seguridad social alimentaria está mal formulada. Las dos son necesarias y, al mismo tiempo, insuficientes: la primera actúa sobre la distribución; la segunda, sobre la demanda, pero ninguna puede transformar por sí sola la forma en que producimos los alimentos. Y ese es uno de los elementos críticos del siglo XXI

En pocos meses, dos propuestas que hace apenas unos años parecían extravagantes han entrado en el debate político internacional. Por un lado, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdami, ha dado un nuevo paso en su proyecto para crear cinco supermercados públicos en la ciudad, con el objetivo declarado de reducir los precios de la cesta de consumo de la clase trabajadora. La iniciativa es eco del socialismo municipal de Milwaukee, ciudad estadounidense que tuvo alcaldes del Partido Socialista durante la mayoría del período entre 1910 y 1960, y que municipalizó muchos servicios otrora privados. Como ha recordado recientemente el sociólogo del trabajo Eric Blanc, aquella experiencia histórica es hoy una lección para construir una alternativa al neoliberalismo demócrata y el autoritarismo trumpista en los Estados Unidos. En este caso, la propuesta de supermercados públicos busca garantizar que todo el mundo tiene acceso a los alimentos que necesita.

Por otro lado, en Francia se debatió el año pasado en la Asamblea nacional otra propuesta con espíritu similar: la creación de una seguridad social de la alimentación. Si la sanidad, la educación y las pensiones son —en Europa— derechos consagrados en la constitución y garantizados mediante provisión pública, ¿por qué no podría serlo también la alimentación? La propuesta no llegó a aprobarse por el boicot de los diputados conservadores, pero consiste en un programa de unos 100-150 euros al mes a toda la población para gastar en establecimientos asociados. En Francia, hay varias decenas de proyectos piloto, siendo el más destacado el de Montpellier. Aunque a primera vista parezca una propuesta asistencialista, el programa va mucho más allá de la necesidad de combatir el hambre entre las familias con menos recursos. En España hace poco tuvo lugar un debate, promovido por la Fundación Carasso, en el que además de debatir la experiencia francesa se presentó una propuesta para España (que ya cuenta con un proyecto piloto en Getafe).

Esta renovada preocupación por el derecho a la alimentación coincide con la resaca del proceso inflacionario desencadenado en 2022 tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia y también con la guerra en Irán iniciada este febrero de 2026. Como se ve en el siguiente gráfico, los precios de los alimentos a nivel mundial se mantuvieron relativamente estables durante la década de los noventa y principios de siglo, pero han mostrado una gran volatilidad y una tendencia alcista desde la crisis de 2007-08. Además, en la mayoría de países los precios de los alimentos han subido mucho más que los salarios, provocando un deterioro preocupante en los presupuestos familiares, especialmente entre las clases trabajadoras (que dedican más recursos a la alimentación).

En el debate público, sin embargo, rara vez se menciona que la inflación alimentaria no es sólo el resultado de episodios coyunturales provocados por guerras, tensiones geopolíticas o especulación financiera. Es también el síntoma de un sistema agroalimentario extremadamente dependiente de combustibles fósiles, cadenas logísticas globales y recursos naturales cada vez más escasos, todo ello en tiempos de nemercantilismo y proteccionismo. En este sentido, a la pregunta de cómo conseguimos abaratar los alimentos debe sumarse la idea de cómo garantizar que puedan seguir produciéndose.

En todo caso, el crecimiento de los precios de los alimentos ha provocado reacciones políticas también en España, donde en el año 2023 el partido Podemos ya propuso la creación de un supermercado público; en febrero de este año 2026, Más Madrid presentó en la Asamblea regional una propuesta para crear una red de supermercados públicos —fue rechazada por la derecha, pero tampoco la apoyó el Partido Socialista—; en junio, a propuesta de Sumar, el Congreso aprobó una proposición no de ley que insta al gobierno a crear “infraestructuras públicas que distribuyan productos saludables, ecológicos y de proximidad”; y hace unas semanas Adelante Andalucía anunció que propondrá la creación de supermercados públicos.

A primera vista, el debate parece reducirse a una elección entre dos instrumentos: crear supermercados públicos o implantar una seguridad social alimentaria. Pero, en realidad, como dice el economista político de la alimentación Raj Patel, ambas son más compatibles que antagónicas, y sólo tienen sentido si se entienden como piezas de una transformación mucho más profunda del sistema agroalimentario, que actualmente afronta límites económicos, ecológicos y geopolíticos cada vez más importantes.

Democratizar el acceso a los alimentos

La primera de las propuestas, la de Mamdani, consiste en crear un supermercado público. Debe recordarse que un supermercado es parte de la infraestructura necesaria para que los alimentos que se producen en el mundo agrario lleguen a los hogares —que se concentran generalmente en las ciudades—. La mayoría de esa infraestructura es hoy de naturaleza privada, por lo que las redes de producción, transporte, distribución y comercialización siguen la lógica de la rentabilidad a través de las señales del mercado. Esto es importante porque bajo el capitalismo los productores no producen alimentos para nutrir a las poblaciones, sino para ganar dinero. Y todos los agentes de la cadena siguen invariablemente esa lógica.

Lo que sucede es que la estructura de esa cadena es muy desigual, y muchísimos productores venden sus productos a un número muy reducido de grandes empresas de distribución y comercialización, que concentran un enorme poder de negociación. Por ejemplo, en España las cinco principales cadenas de distribución reúnen algo más de la mitad del mercado y una sola empresa, Mercadona, concentra en torno al 27 % del gasto en distribución alimentaria. Ese poder se ejerce en toda la cadena: condiciona los precios que reciben agricultores y ganaderos, determina las condiciones de suministro e incluso decide qué productos llegan finalmente a los lineales. Tal estructura atrapa a los productores entre la provisión industrial de inputs (semillas, fertilizantes, pesticidas, gasoil, etc.) y la compra de su producción por parte de grandes cadenas.

Esta estructura ayuda también a entender una parte importante de la inflación alimentaria reciente. Como ha señalado la economista Isabella Weber, cuando se produce un shock de oferta —como ocurrió tras la invasión de Ucrania o ante las tensiones en el estrecho de Ormuz— las empresas con poder de mercado pueden trasladar e incluso ampliar esos incrementos de costes para proteger o aumentar sus márgenes de beneficio. Y estos shocks de oferta están afectando al canal de la alimentación no solo a través de la energía sino también de los fertilizantes. Al final, el resultado son precios más elevados para los consumidores, mientras los salarios no crecen al mismo ritmo.

En este contexto, la propuesta de crear supermercados públicos pretende introducir un contrapeso a ese poder privado. Al no estar sometido a la lógica de maximizar beneficios, un operador público podría trabajar con márgenes menores y contribuir tanto a abaratar la cesta de la compra como a aumentar la competencia en un mercado muy concentrado. Ésa es la principal argumentación económica de la propuesta, que también es aplicable, por ejemplo, al defender una empresa pública de energía.

No obstante, las experiencias pasadas nos recuerdan que el proyecto no es en absoluto sencillo. Hay precedentes de supermercados públicos en lugares donde ya no llega la iniciativa privada —los llamados desiertos alimentarios—, o creados para competir directamente con ella; y muchos han fracasado. Entre los principales problemas está la escala, ya que contar con unos pocos supermercados no es suficiente para servir realmente de contrapeso al poder privado o para negociar precios mayoristas baratos con los productores y distribuidores; pero también está la problemática de la gestión profesionalizada, la financiación, la oferta de productos (los supermercados de Mamdani no ofrecerán carne ni comida caliente), y la viabilidad política a medio y largo plazo, entre otros. La idea es buena y necesaria, pero la mejor forma de conseguir que funcione un supermercado público es integrarlo dentro de un programa más amplio y ambicioso capaz de transformar realmente el sistema alimentario.

Pero antes de entrar en ello, conviene subrayar un elemento ciego en esta propuesta. Un supermercado público nace con un mandato muy claro: vender más barato. Ahora bien, para vender barato hay que comprar barato. ¿Y dónde se compra barato hoy? En la cadena industrial: producción intensiva, insumos importados de países con salarios y recursos baratos, grandes volúmenes y operaciones a escala, contratos con centrales de compra. Es decir, exactamente en el modelo agroalimentario convencional. En ese sentido, el supermercado público es una buena política de coste de la vida, si bien bajo el ropaje de política alimentaria, pero el objetivo debería ser más audaz.

La razón es que vivimos en el contexto de una crisis ecosocial. Usar este concepto significa aceptar que la degradación ecológica y el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría no son dos crisis distintas que coinciden por casualidad en el tiempo, sino dos manifestaciones del mismo proceso de acumulación. Y, sobre todo, que no se pueden jerarquizar. La formulación habitual de la izquierda es “primero garanticemos que la gente coma, y ya después nos ocuparemos de la sostenibilidad”. Pero la realidad es que los dos plazos han acabado coincidiendo, como demuestran los episodios de Ucrania u Ormuz: la inflación que hoy erosiona el presupuesto de un hogar trabajador tiene entre sus causas el encarecimiento de la energía y los recursos naturales, y ese encarecimiento anticipa la restricción biofísica de mañana. No son dos problemas sino uno. De modo que la pregunta no puede ser sólo cómo facilitamos a la clase trabajadora el acceso a los alimentos, sino también a qué alimentos y cómo se producen.

Estamos comiendo petróleo

Cada vez que llenamos el carro de la compra creemos estar comprando alimentos, pero también estamos comprando petróleo, gas natural y una enorme cantidad de energía fósil incorporada en fertilizantes, pesticidas, transporte, refrigeración y envases. Decía con razón el ecólogo Howard Odum que una de las características centrales de las sociedades industriales era que habíamos aprendido a comer patatas hechas en parte de petróleo. El punto crítico es que, si consideramos toda la energía que gastamos para producir, distribuir y consumir alimentos, teniendo presente toda la cadena, resulta que es muy superior a la energía que obtenemos de esos mismos alimentos: un sistema completamente insostenible porque depende de lo que Joan Martínez Alier y Vaclav Smil llaman subsidio o dopaje fósil. Esto es parte de la anomalía de la era de los combustibles fósiles, ya que ninguna sociedad humana anterior pudo mantener durante mucho tiempo (antes de colapsar) rendimientos netos negativos de la energía.

Ese subsidio fósil sirve, sobre todo, para remendar una fractura. Marx, leyendo la química agrícola de su tiempo, describió una ruptura en el intercambio de materia entre el ser humano y la tierra: la ciudad consume los nutrientes que el campo produce y no los devuelve, de modo que el ciclo se rompe y hay que reponerlo desde fuera. John Bellamy Foster convirtió aquella intuición en concepto —la ruptura metabólica— y Kohei Saito la ha situado en el centro de la lectura ecológica del último Marx. Siglo y medio después la descripción sigue sirviendo, sólo que la fractura ha ido creciendo de escala: primero fue entre la ciudad y su campo, después entre unas comarcas y otras, y hoy es entre países enteros. En España se ve con toda claridad en la ganadería. Casi una cuarta parte de la biomasa que come nuestra cabaña se produce fuera, y con ese pienso entra también el nitrógeno que después se queda aquí. Como el animal está donde no está el cultivo, los nutrientes hacen un viaje de ida sin vuelta: allí donde se produce el pienso el suelo se empobrece, y donde se concentra el ganado el nitrógeno sobra hasta acabar en los acuíferos, contaminando ríos y suelos.

Todo esto tiene enormes implicaciones porque está afectado no sólo el consumo de una energía no renovable sino también porque se sostiene sobre relaciones ecológicas desiguales: por ejemplo, el nivel de consumo alimentario de los países del Norte global sería imposible si no fuera por la cantidad de alimentos importados en los países del Sur Global y que consumen allí los recursos naturales, destacadamente la tierra y el agua. Por ejemplo, la Unión Europea consume una superficie del tamaño de España en tierras agrícolas en otras partes del mundo. Como es evidente, dado que la disponibilidad de tierra en el planeta es finita, no es posible generalizar a todos los países este tipo de modelo de abastecimiento alimentario.

Por estas razones, en un mundo que aspira a vivir sin combustibles fósiles la producción alimentaria tiene que cambiar radicalmente. Por eso mismo, garantizar el acceso universal a los alimentos dentro de un sistema metabólicamente insostenible es garantizar el acceso a algo que va a dejar de existir en la forma en que hoy existe. En consecuencia, el objetivo debe ser transformar el modelo productivo agroalimentario y, como inmediatamente se verá, los patrones de consumo.

Transformar la demanda a través de la Seguridad Social Alimentaria

La segunda propuesta, la de Seguridad Social Alimentaria, es un instrumento de política pública que trata de modificar la demanda de alimentos a través de incentivos. El programa concede a cada ciudadano una cantidad determinada de dinero para que se gaste en establecimientos acreditados, lo que permite condicionar a qué tipo de gasto se destina. Por esa razón las diferentes formulaciones del programa postulan que el objetivo no es sólo inyectar recursos económicos para compra de alimentos, sino también estimular la compra de alimentos con características tales como su sostenibilidad ecológica y su impacto positivo en la salud de los consumidores.

El programa de la seguridad social alimentaria no obliga a los ciudadanos a consumir ciertos tipos de alimentos, sino que establece incentivos para que los patrones de consumo cambien progresivamente. Por un lado, porque el programa solo funciona para ciertos productos que han sido declarados previamente. Por otro lado, porque el productor encuentra una demanda estable que le da garantías para convertir su producción en agroecológica. Es una forma menos invasiva de orientar el sistema alimentario hacia un nivel sostenible y saludable, lo que quiere decir que es también una herramienta de transición ecológica. El reciente estudio de la cooperativa El Pa Sencer, por ejemplo, calcula que la propuesta costaría 76.800 millones de euros (un 5,7% del PIB español), pero asegura que los costes sanitarios ocultos con el patrón de consumo actual son de hasta 23.379 millones de euros anuales debido a las enfermedades asociadas.

La lógica de la propuesta es parecida a la que se usa actualmente con la compra pública alimentaria, que afecta a comedores escolares, hospitales, residencias, centros de día, cocinas centrales, etc. Cuando fui ministro de Consumo pusimos en marcha la redacción de nuevos criterios para esas compras, siguiendo guías científicas, y el ministerio actual, con Pablo Bustinduy al frente, ha continuado y culminado con éxito varios momentos críticos de esa hoja de ruta. Se trata de mover un volumen de demanda grande y planificable a varios años, que es justamente la señal que un agricultor necesita.

Sin embargo, la propuesta de seguridad social alimentaria no está exenta de dificultades. Desde la definición exacta de “producto agroecológico” hasta el diseño de sus instituciones de gobierno, que pretenden acercarse a una democracia participativa donde decide la comunidad implicada más que el Estado. Pero también ocurre que para que una propuesta como esta sea exitosa y vaya más allá de los canales cortos (donde el productor vende casi de forma directa) necesitará del apoyo de la infraestructura. Un agricultor puede producir estupendamente y no tener dónde almacenar, cómo enfriar, dónde transformar ni cómo llegar a un comprador grande. Es un problema de logística. Como en el caso de los supermercados públicos, en España podría utilizarse una infraestructura pública ya existente: la red de Mercas —los mercados mayoristas de titularidad mixta, estatal y municipal—, que junto con los mercados municipales de abastos constituyen un sistema de acopio, frío y distribución mayorista que ya está construido, ya está amortizado y ya está ubicado exactamente donde tiene que estar.

En resumen, si los supermercados públicos actúan sobre la distribución y la seguridad social alimentaria sobre la demanda, entonces falta necesariamente un tercer elemento: intervenir sobre la propia capacidad de producir alimentos.

Política Industrial para el sector primario

Ya he mencionado que el sistema alimentario actual es ecológicamente insostenible, así como internacionalmente desigual e injusto. Ello también implica que es vulnerable a los shocks geopolíticos o climáticos, en tanto puede quedar comprometida la capacidad de abastecimiento. Transformar este sistema en uno que proporcione alimento suficiente al tiempo que se reducen sus impactos ecológicos debe ser el objetivo principal.

El problema es que los combustibles fósiles son precisamente la varita mágica principal que ha permitido la multiplicación de los rendimientos de las explotaciones agrarias, produciendo muchos más alimentos por superficie. Sin ellos, la capacidad de producción queda comprometida. No obstante, hay un debate muy importante abierto al respecto, ya que hay formas de producción agroecológica que ofrecen rendimientos iguales o más elevados para ciertos productos. Sin embargo, hay otro tipo de productos alimentarios cuya producción no puede de ningún modo generalizarse, como es el caso de la carne procedente de grandes explotaciones industriales y altamente dependiente de inputs importados (conocidas como macrogranjas).

Por esta razón, no se trata tampoco sólo de transformar un sistema agroalimentario basado en combustibles fósiles en otro basado en prácticas agroecológicas. Para cumplir con los objetivos de sostenibilidad ese desplazamiento exige, además, un cambio en las dietas o patrones de consumo. Sé que aquí entramos en terreno minado, porque es el de la famosa polémica sobre el consumo de carne que tanto me persiguió —o que tanto perseguí, según se mire— durante mi etapa política. Pero conviene plantearlo bien, porque casi siempre se plantea mal.

Los costes de la dieta actual no se reparten al azar. Las enfermedades asociadas a malos hábitos alimentarios, como el alto consumo de ultraprocesados, presentan un gradiente social inverso a la renta: cuanto menos dinero tienes, más las sufres. Quien peor lo pasa con el patrón alimentario dominante es la clase trabajadora. De manera que la transición dietética consiste precisamente en la retirada de una carga que las familias más pobres vienen soportando de forma desproporcionada. Y debemos deshacer un malentendido sobre qué dieta estamos hablando. La que prescriben los sanitarios y dibujan los modelos biofísicos —con más peso de la legumbre, cereal, aceite de oliva, hortaliza de temporada y proteína animal ocasional y de calidad— no es un invento de nutricionistas urbanos. Es, básicamente, lo que llamamos dieta mediterránea, y que exportamos como marca país y celebramos como patrimonio de la humanidad, a pesar de que está en franco retroceso.

El problema es que el sistema alimentario actual está profundamente distorsionado, y transformarlo no es sencillo. Por ejemplo, como se ve en el siguiente gráfico, en España se importa una gran cantidad de grano para pienso, con el que se alimentan animales cuya carne se exportará luego: es el modelo típico de la ganadería intensiva, sostenida sobre desequilibrios ecológicos muy serios. Es una dinámica muy arraigada y de la que viven muchos actores económicos, lo que dificulta la transformación.

Sin embargo, el informe del think tank Alimentta, publicado a instancias de Greenpeace, sostiene que tal transformación es perfectamente viable para España. Según su modelización, España puede llegar a tener un modelo agroalimentario perfectamente sostenible para 2050. En la actualidad, el sistema español emite 107 megatoneladas de dióxido de carbono, contribuyendo a un cambio climático que, como recuerda el propio informe, «producirá una reducción mayor de la producción nacional» en el futuro. Esto no es en absoluto desconocido para el sector: hace unos años COAG presentó su informe “Empieza la cuenta atrás” en el que valoraba el impacto del cambio climático en la agricultura española. Según Alimentta, la modelización ecológica permite imaginar que en 2050 el sistema alimentario español podría convertirse en sumidero neto, es decir, no emitir dióxido de carbono, sino absorber 17 megatoneladas anuales. Las condiciones para lograrlo son una enorme transformación en el tipo de producción y consumo alimentario, acabando con modelos como la ganadería intensiva y promoviendo la producción de alimentos típicos de la dieta mediterránea.

Como se puede ver, todos estos elementos —supermercado público, seguridad social alimentaria, cambio del modelo— están profundamente interrelacionados. Piénsese en que pasaría si, siguiendo la política de reorientación de la demanda inducida por la seguridad social alimentaria, de repente entraran miles de millones de euros de nueva demanda de productos ecológicos. En España, actualmente sólo el 12% de la superficie cultivada se corresponde con estas características, un porcentaje del todo insuficiente para abastecer a la población. La consecuencia sería un proceso inflacionario tremendo en ese nicho de mercado, razón por la cual los programas de seguridad social alimentaria aconsejan el gradualismo a la hora de implantarse.

Sin embargo, hay otra opción: política industrial. En la medida en que el sector primario se está convirtiendo, cada vez más rápido, en un sector crítico y vulnerable, queda justificada la intervención directa por parte del Estado para planificar su reorientación. Algo similar a lo que está sucediendo en el sector industrial en los nuevos tiempos neomercantilistas, y particularmente en la transición energética, pero aplicado al sistema que nos da de comer. Esto conllevaría la necesidad de programas específicos que pueden incorporar la compra de tierras, ayudas y subsidios suficientes a la producción agroecológica, creación y reforzamiento de nuevas infraestructuras públicas (entre ellas, los supermercados), etc. Todo ello destinado a que más temprano que tarde cualquier país, por ejemplo, España, disponga de un sistema agroalimentario ecológico con el que producir alimentos saludables.

Conclusiones

Volvamos entonces a la pregunta del principio: ¿supermercados públicos o seguridad social alimentaria? La respuesta es que la pregunta está mal formulada. No porque ambas propuestas sean equivocadas, sino porque las dos son necesarias y, al mismo tiempo, insuficientes. Una actúa sobre la distribución; la otra, sobre la demanda, pero ninguna puede transformar por sí sola la forma en que producimos los alimentos. Y ese es uno de los elementos críticos del siglo XXI."

( Alberto Garzón Espinosa , Rebelión,  05/08/2026)

19.7.26

Un bloqueo en Ormuz es una crisis para toda la humanidad... La actual escalada militar en Oriente Medio está exponiendo profundas vulnerabilidades materiales y morales en nuestra sociedad globalizada e hiperoptimizada... los productos agrícolas y los envíos de ayuda humanitaria no pueden sobrevivir a interrupciones prolongadas; están sujetos a la caducidad y operan con márgenes financieros extremadamente estrechos.... los corredores intermodales terrestres, como el Corredor Medio, no pueden servir como una válvula de seguridad, equivalen al 5% del volumen de carga desplazado por un único buque portacontenedores moderno... y desviar los buques comerciales alrededor de África añade eleva los costes por viaje en un 34,6%... los transportistas agrícolas y las organizaciones humanitarias no pueden absorber un aumento del 34,6% en las tarifas de flete, para productos agrícolas de bajo margen como el trigo y el maíz, por lo que el coste se transfiere íntegramente a los consumidores... En un plazo de 30 días posteriores al cierre de un punto de estrangulamiento, habrá un aumento del 15% al 22% en el precio de los productos alimenticios básicos en todo el Sur Global... Para las poblaciones que ya gastan más del 40% de los ingresos del hogar en alimentos, esta inflación aumenta drásticamente el riesgo de hambruna generalizada... Para evitar que estos cuellos de botella logísticos se conviertan en shocks humanitarios catastróficos, la comunidad internacional debe utilizar los marcos marítimos internacionales para designar y hacer cumplir zonas de tránsito desmilitarizadas y legalmente vinculantes —conocidas como "Corredores Azules"— para los buques comerciales civiles que transportan productos agrícolas esenciales para la vida a través o cerca de zonas de conflicto activo. El transporte de alimentos esenciales debe ser aislado de las disputas geopolíticas más amplias y estrictamente protegido bajo el derecho internacional humanitario ( Julian Korab-Karpowicz)

15.6.26

Nueva York amplía los bancos de alimentos para paliar el hambre... “en un momento en que el gobierno federal está dando la espalda a los programas críticos de nutrición”... cousas veredes (mpr21)

 "La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, ha anunciado que gastará 10 millones de dólares en un nuevo fondo destinado a ampliar los bancos de alimentos y otros colectivos de lucha contra el hambre.

La propuesta está diseñada para ayudar a las organizaciones a construir, renovar y modernizar las instalaciones utilizadas para combatir el hambre.

Los solicitantes podrán disponer de dinero para la construcción y renovación de instalaciones, mejoras de infraestructura y la compra de equipos como unidades de refrigeración, congeladores y vehículos de transporte de alimentos.

“Los bancos de alimentos y las despensas en Nueva York trabajan todo el día para asegurarse de que ninguna familia pase hambre, y merecen las instalaciones y el equipo para hacer ese trabajo de manera efectiva”, dijo Hochul en un comunicado.

Las subvenciones están destinadas a abordar las necesidades de infraestructura que van más allá de las entregas de alimentos, lo que permite a las organizaciones almacenar, transportar y distribuir comida a más vecinos.

El programa es una inversión directa en infraestructura para paliar el hambre “en un momento en que el gobierno federal está dando la espalda a los programas críticos de nutrición”.

En consecuencia, es obvio que el anuncio se produce en medio de la batalla electoral que Hochul mantiene con Trump a causa de la persecución de los emigrantes.

El miércoles hablando en una mesa redonda en el barrio de Queens, la gobernadora dijo que los funcionarios estatales y locales se están preparando para un posible aumento en la represión de los inmigrantes en la ciudad de Nueva York."

(mpr21, 14/06/26) 

13.11.25

Las políticas contra el hambre del tercer mundo ya se aplican en el primero: "Colorado vota para gravar a los ricos y financiar las 'increíblemente populares' comidas escolares gratuitas"... La Proposición, que aumenta los impuestos a los hogares con ingresos anuales superiores a $300,000 para financiar el programa de comidas, fue aprobada con un 58.07%... La medida está destinada a llenar los vacíos de financiación provocada por los recortes de Trump en la Asistencia Nutricional Suplementaria... "Creo que el hambre está en la mente de muchas personas en este momento, y es realmente visible para la gente... ya que hay muchas personas que luchan por llegar a fin de mes y los recursos se han agotado para muchos" (Brett Wilkins)

 "Los votantes de Colorado aprobaron el martes con facilidad un par de medidas en la boleta para financiar completamente las comidas gratuitas para todos los estudiantes de escuelas públicas K-12, otorgar aumentos o estipendios a los trabajadores de las cafeterías escolares y establecer subvenciones para que las escuelas compren alimentos frescos a los agricultores locales.              

Según los resultados no oficiales publicados el miércoles por la mañana por la oficina del Secretario de Estado de Colorado, la Proposición LL pasó abrumadoramente con un 64.66% frente a un 35.34%. La propuesta permite al estado conservar y gastar 2.4 millones en ingresos fiscales, incluidos los intereses, ya recaudados bajo la Proposición FF para financiar el Programa de Comidas Saludables para Todos en las Escuelas, una iniciativa aprobada por los votantes en 2022 para proporcionar desayuno y almuerzo gratuitos a los estudiantes y otorgar subvenciones para la compra de alimentos a las escuelas públicas.

La Proposición MM—que aumenta los impuestos a los hogares con ingresos anuales superiores a $300,000 para financiar el programa de comidas—fue aprobada con un 58.07% a favor y un 41.93% en contra. La medida está destinada a llenar los vacíos de financiación en la Proposición FF y fue impulsada por la firma del presidente estadounidense Donald Trump de la llamada Ley de Una Gran y Hermosa Factura, que impuso los mayores recortes en la Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP) de la historia, en gran parte para financiar recortes de impuestos para los ultrarricos y las corporaciones.

"Estamos aliviados de que los niños de Colorado seguirán teniendo acceso a comidas gratuitas en la escuela," dijo Anya Rose, directora de políticas públicas del grupo de defensa Hunger Free Colorado, a Colorado Public Radio (CPR) después de la aprobación de las medidas. "Creo que el hambre está en la mente de muchas personas en este momento, y es realmente visible para la gente." Y sabemos que este es un programa increíblemente popular que es más importante ahora que nunca, ya que hay muchas personas que luchan por llegar a fin de mes y los recursos se han agotado para muchos.

Joe Kabourek, quien gestionó la campaña Keep Kids Fed, dijo en un comunicado: “Gracias a cada votante, voluntario, socio comunitario y organización que apoyó las Propuestas LL y MM, asegurando que cada niño en Colorado pueda seguir recibiendo una comida saludable en la escuela.”

Nueve estados de EE. UU. han promulgado leyes que proporcionan comidas gratuitas a todos los estudiantes de escuelas públicas, independientemente de los ingresos familiares: California, Colorado, Maine, Massachusetts, Michigan, Minnesota, Nuevo México, Nueva York y Vermont. Ciudades como Boston, Chicago, Detroit, Los Ángeles, San Francisco y Washington, DC han implementado programas similares.

Betsy Hayes de Denver recordó la crueldad que sus hijos enfrentaron por parte de otros estudiantes por necesitar comidas escolares gratuitas.

"Fue muy embarazoso para ellos y estigmatizante, y realmente me gustaría que otros niños no tuvieran que pasar por eso," le dijo a CPR." 

 , Common Dreams, 05/11/25, traducción Quillbot, enlaces en el original)

31.5.25

Si se produce comida suficiente para alimentar a 11.000 millones de personas, ¿por qué tantas de las 8.000 millones que habitan nuestro planeta siguen pasando hambre? Las guerras destruyen los sistemas agrícolas y de distribución de alimentos... Un quinto de todos nuestros alimentos se pierde o desperdicia (el equivalente a mil millones de comidas al día). En los países más ricos, la mayor parte del desecho alimentario ocurre en las etapas de venta al por menor y de consumo, debido en gran parte al alto grado de procesamiento y envasado, así como el desecho en los hogares y restaurantes. En los países más pobres, la mayor parte del desecho ocurre en el punto de producción (por causas como el mal clima, las plagas y las enfermedades) y en el almacenamiento (por instalaciones inadecuadas, con refrigeración deficiente y sistemas de transporte ineficientes)... pero la principal razón por la que muchas personas no comen es porque no tienen dinero para hacerlo. En otras palabras, la desigualdad es el motor del hambre (Más de 700 millones de personas en el mundo viven con menos de 2,15 dólares al día y no pueden permitirse comprar alimentos. Unas 3.400 millones de personas viven con menos de 5,50 dólares al día, lo que hace poco probable que puedan alimentarse adecuadamente). Si queremos terminar con el hambre, debemos terminar con la pobreza. En 2021, el pueblo chino erradicó la pobreza extrema en su país. Para noviembre de 2025, la población de Kerala (India) habrá erradicado la pobreza extrema. Vietnam está en camino de eliminar la extrema pobreza (Vijay Prashad)

 "Queridas amigas y amigos,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

He escrito este boletín antes. De hecho, podría escribirlo cada año cuando se publica un nuevo Informe mundial sobre las crisis alimentarias. El informe se basa en cuatro puntos:

  1. El número de personas que padecen hambre hoy es mayor que el año pasado.
  2. La cantidad de alimentos producidos este año supera la del año pasado.
  3. Hay suficientes alimentos para alimentar a toda la población mundial, y más.
  4. ¿Cómo explicamos entonces que haya personas con hambre?

Veamos los datos.

Punto n° 1: unas 733 millones de personas padecieron hambre crónica en 2023, según estudios de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Punto n° 2: agricultorxs y empresas agroalimentarias de todo el mundo produjeron 11 mil millones de toneladas métricas de alimentos en 2022 (incluidos carne, pescado y 9,6 mil millones de toneladas métricas de cultivos primarios como maíz, arroz y trigo), según la FAO.

Punto n° 3: se aclara con un cálculo sencillo basado en una premisa.

Premisa: una persona consume una tonelada, es decir, 1.000 kilogramos de alimentos al año (el estándar de la FAO para el consumo alimentario medio mundial es de 2.800 kilocalorías por persona al día).

Cálculo: si se necesita una tonelada de alimentos por persona y se producen 11.000 millones de toneladas, entonces hay suficiente comida para 11.000 millones de personas.

Conclusión: actualmente hay 8.000 millones de personas en el planeta. Por lo tanto, hay alimentos suficientes para toda la población mundial, con un excedente capaz de alimentar a 3.000 millones más.

Punto n° 4: ¿Cómo explicamos entonces que haya personas con hambre?

Las causas de la crisis alimentaria son múltiples, pero ninguna de ellas puede atribuirse a una escasez de alimentos provocada por el crecimiento poblacional, como afirman lxs maltusianxs, quienes sostienen que el crecimiento de la población supera la capacidad de producción de alimentos.

Existen al menos tres razones por las que muchas regiones del mundo siguen enfrentando niveles de hambre extremos, cercanos a la hambruna:

  1. En primer lugar, las guerras destruyen los sistemas agrícolas y de distribución de alimentos. Esta es la causa más evidente del hambre. Por esta razón hay hambruna en Sudán, el país con la mayor superficie cultivable de toda África y que, si no estuviera en guerra, podría convertirse en el granero del continente. A pesar de la guerra, Sudán es el mayor exportador mundial de semillas oleaginosas (maní, cártamo, sésamo, soja y girasol). Cerca del 80 % de la goma arábiga del mundo se produce en las zonas rurales del país. Sin embargo, la mayoría de los campos no pueden cultivarse y muchxs agricultorxs han sido expulsadxs de sus tierras u obligadxs a empuñar un arma a causa de la guerra.

  1. En segundo lugar, el desecho de alimentos sigue siendo una antigua y lamentable práctica habitual. Un quinto de todos nuestros alimentos se pierde o desperdicia (el equivalente a mil millones de comidas al día) Dos tercios de los residuos alimentarios a nivel de consumo se da en los países más ricos y el 60 % del desperdicio global ocurre en los hogares. En los países más ricos, la mayor parte del desecho alimentario ocurre en las etapas de venta al por menor y de consumo, debido en gran parte al alto grado de procesamiento y envasado, así como el desecho en los hogares y restaurantes. En los países más pobres, la mayor parte del desecho ocurre en el punto de producción (por causas como el mal clima, las plagas y las enfermedades) y en el almacenamiento (por instalaciones inadecuadas, con refrigeración deficiente y sistemas de transporte ineficientes).

  1. En tercer lugar, la principal razón por la que muchas personas no comen es porque no tienen dinero para hacerlo. En otras palabras, la desigualdad es el motor del hambre. Veamos, una vez más, los datos:

      • Más de 700 millones de personas en el mundo viven con menos de 2,15 dólares al día y no pueden permitirse comprar alimentos.
      • Unas 3.400 millones de personas viven con menos de 5,50 dólares al día, lo que hace poco probable que puedan alimentarse adecuadamente.
      • En 2023, la riqueza total se estimó en aproximadamente 432 billones de dólares. De esa cifra, el 1 % más rico de la población adulta global poseía en conjunto el 47,5 % de la riqueza total, es decir, 213,8 billones de dólares (un promedio de 2,7 millones por persona). El 50 % más pobre, unos 4.000 millones de personas, poseía menos del 1 % de la riqueza mundial, unos 4,5 billones de dólares (1.125 dólares por persona). Esta brecha abismal en la distribución de la riqueza sigue creciendo cada año.
      • Las personas con ingresos más bajos simplemente no pueden costear su alimentación. La inflación de los precios de los alimentos y los combustibles consume sus presupuestos.
      • Las tasas de hambre son más altas entre las mujeres que entre los hombres, porque, cuando hay menos comida en un hogar, las mujeres comen menos. En los hogares encabezados por mujeres, las tasas de hambre son más elevadas.
      • Aunque los pueblos indígenas representan menos del 5 % de la población mundial, concentran el 15 % de la pobreza extrema y padecen tasas de hambre más altas que otras comunidades.

Como sostiene la FAO en 2021: “La pobreza sigue siendo la principal causa de la inseguridad alimentaria en el mundo, ya que las personas carecen de los recursos para acceder a una alimentación adecuada, incluso cuando esta está disponible”.

Un boletín como este, fundamentado por estadísticas, no puede explicar el daño que causa la pobreza al espíritu humano. La amargura de la pobreza engendra un tipo de fatalismo que dificulta a la persona empobrecida explicar su propia situación. Las frías estadísticas por sí solas no revelan al empobrecido la realidad de sus circunstancias, que ya conoce muy bien. A veces, es la poesía la que mejor articula la estructura capitalista de la pobreza y su impacto en el espíritu humano.

Nicolás Guillén (1902–1989) fue uno de lxs más grandes poetas cubanxs, tanto antes como después de la revolución. En 1931 publicó el poema “Caña” en su colección Sóngoro Cosongo, título inspirado en el sonido de los tambores afrocubanos:

El negro
junto al cañaveral.

El yanqui
sobre el cañaveral.

La tierra
bajo el cañaveral.

¡Sangre
que se nos va!

¿No es esa la verdad?

Si queremos terminar con el hambre,  debemos terminar con la pobreza. En 2021, el pueblo chino erradicó la pobreza extrema en su país. Para noviembre de 2025, la población de Kerala (India) habrá erradicado la pobreza extrema, un año antes de la fecha prevista. Vietnam está en camino de eliminar la extrema pobreza. Esa fue la ambición de Burkina Faso bajo Thomas Sankara (1949–1987) y ha vuelto a renacer con el nuevo líder del país, el capitán Ibrahim Traoré. No mediante la caridad ni la ayuda extranjera, sino a través de la autosuficiencia.

En la Conferencia Nacional de los Comités para la Defensa de la Revolución, celebrada en Uagadugú el 4 de abril de 1986, Sankara declaró: “Debemos triunfar produciendo más —produciendo más, porque es natural que quien te alimenta, también imponga su voluntad”. En 2023, Traoré, evocando el espíritu de Sankara, afirmó, “Nuestrxs antecesorxs nos enseñaron una cosa: un esclavo que no asume su propia revuelta no merece compasión. No nos compadecemos de nosotrxs mismxs, ni pedimos a nadie que se compadezca de nosotrxs. El pueblo de Burkina Faso ha decidido luchar, luchar contra el terrorismo para relanzar su desarrollo”.

Lxs habitantes de Burkina Faso, hoy, están planteando las siguientes preguntas:

No entendemos cómo África, con tanta riqueza en nuestro suelo, con una naturaleza generosa, con abundancia de agua y sol, es hoy el continente más pobre. África es un continente hambriento. ¿Y cómo es que hay jefes de Estado por todo el mundo mendigando? Estas son las preguntas que nos hacemos y, hasta ahora, no tenemos respuestas.

Pero pronto tendrán respuestas y, cuando las obtengan, plantearán nuevas preguntas, y entonces la historia avanzará.

Cordialmente,

Vijay"                               (Vijay Prashad, Tricontinental, 29/05/25)

24.10.24

Construir un amortiguador contra las crisis de los precios de los alimentos... A pesar de que la producción agrícola global es más que suficiente para satisfacer las necesidades nutricionales del mundo, la inseguridad alimentaria es importante y está en aumento en todas partes, inclusive en los países ricos... La dependencia de los países en desarrollo de los mercados globales de materias primas y capital está minando sus esfuerzos por garantizar la seguridad alimentaria... pero los países en desarrollo pueden reducir los efectos destructivos de esta dependencia si forjan alianzas para acumular reservas de estabilización de materias primas esenciales y coordinar políticas de gestión de cuentas de capital...Las reservas de estabilización públicas de ciertos productos -especialmente granos- pueden ayudar a prevenir las alzas de los precios, que afectan a los consumidores, y evitar colapsos de los precios, que afectan a los agricultores. Algunos países, entre ellos India y China, han utilizado reservas de estabilización durante mucho tiempo para permitir ese tipo de operaciones de mercado abierto contracíclicas, así como para garantizar suministros durante situaciones de emergencia. Otra ventaja de las reservas de estabilización es que les permiten a los gobiernos implementar políticas de contrataciones públicas que incentiven prácticas de cultivo sostenibles y la diversificación de cultivos

 "De los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que se deben alcanzar de aquí a 2030, eliminar el hambre solía considerarse el más factible. Pero tras la pandemia del COVID-19 y la invasión rusa de Ucrania, se han perdido 15 años de progreso en cuanto a mejorar el acceso a los alimentos. A pesar de que la producción agrícola global es más que suficiente para satisfacer las necesidades nutricionales del mundo, la inseguridad alimentaria es importante y está en aumento en todas partes, inclusive en los países ricos. Especialmente preocupantes son las alzas significativas del hambre en los países de más bajos ingresos.

Los incrementos de los precios de los alimentos son los responsables de esta reversión perjudicial. Peor aún, es probable que surjan más shocks como estos en tanto el cambio climático empeore y las tensiones geopolíticas aumenten. El G20, bajo la presidencia de Brasil este año y de Sudáfrica en 2025, debe diseñar un nuevo manual de estabilización para hacer frente a estos riesgos.

Si bien los precios de los alimentos han caído a nivel global respecto de sus picos de 2022, se han mantenido altos o siguieron aumentando en muchos países, y los aumentos más marcados muchas veces tienen lugar en las economías más pobres. Para septiembre de 2023, el índice de precios de alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura había caído alrededor del 11,5% con respecto al año anterior. Durante ese mismo período, los precios promedio de los alimentos en los países de bajos ingresos aumentaron el 30% -una situación alarmante, dado que la gente en estos países gasta el 30-60% de su ingreso disponible en comida.

Una razón importante para la inflación persistente en los precios de los alimentos en el Sur Global, a pesar de que los precios agrícolas se hayan enfriado en el mundo, es la depreciación de la moneda, que ha hecho que los alimentos y el combustible importados sean más caros. El ingreso de capital en los países en desarrollo después de la crisis financiera global de 2008, impulsado por un alivio cuantitativo en las economías avanzadas, se ha revertido en los últimos años, tras las alzas de las tasas de interés en Estados Unidos y Europa. Estas salidas de capital han debilitado a las monedas de los países en desarrollo, obligando a sus bancos centrales a aumentar las tasas de interés aún a riesgo de desatar una crisis económica. Al mismo tiempo, las alzas de las tasas de interés han generado costos altos para el pago de deuda, agotando las reservas de moneda extranjera de estos países y afectando su capacidad para pagar por alimentos importados.

La dependencia de los países en desarrollo de los mercados globales de materias primas y capital está minando sus esfuerzos por garantizar la seguridad alimentaria. Para contrarrestarlo, las economías avanzadas y en desarrollo deberían trabajar en conjunto para desarrollar estrategias internacionales destinadas a regular los mercados financieros y de materias primas y abordar los problemas de deuda soberana. Pero aun si este tipo de cooperación no existiera, los países en desarrollo pueden reducir los efectos destructivos de esta dependencia si forjan alianzas para acumular reservas de estabilización de materias primas esenciales y coordinar políticas de gestión de cuentas de capital.

Las reservas de estabilización públicas de ciertos productos -especialmente granos- pueden ayudar a prevenir las alzas de los precios, que afectan a los consumidores, y evitar colapsos de los precios, que afectan a los agricultores. Algunos países, entre ellos India y China, han utilizado reservas de estabilización durante mucho tiempo para permitir ese tipo de operaciones de mercado abierto contracíclicas, así como para garantizar suministros durante situaciones de emergencia. Otra ventaja de las reservas de estabilización es que les permiten a los gobiernos implementar políticas de contrataciones públicas que incentiven prácticas de cultivo sostenibles y la diversificación de cultivos.

Los países que carecen de espacio fiscal para tener reservas de estabilización sustanciales podrían trabajar con socios regionales para crear acopios conjuntos. Por ejemplo, Sudáfrica, al ser la economía más grande del continente, podría liderar una iniciativa regional de reservas de estabilización en coordinación con la Unión Africana.

Los países en desarrollo también deberían considerar la implementación de políticas macroprudenciales y de gestión de cuentas de capital para impedir una desestabilización de los flujos de capital. Estas políticas podrían incluir la estipulación de límites y períodos de permanencia mínima para la inversión extranjera en activos financieros locales, la imposición de requerimientos de reservas para los ingresos de capital y el uso de tasas impositivas diferenciales para las tenencias de activos nacionales y extranjeros. Los gobiernos del Sur Global utilizaron con éxito esta estrategia en los años 1990 y deberían volver a hacerlo.

Los bancos centrales de los países ricos han comenzado a recortar las tasas de interés, debido al enfriamiento de la inflación. El incremento anticipado de la liquidez global debería hacer que resulte más fácil introducir políticas de gestión de cuentas de capital, mientras que hacerlo ahora, cuando las condiciones financieras son más estrictas, amenaza con exacerbar la fuga de capitales. Asimismo, los países en desarrollo tienen menos probabilidades de enfrentar un contragolpe de los centros financieros globales si coordinan sus esfuerzos para gestionar las cuentas de capital, en lugar de hacerlo por cuenta propia. Por ser países de ingresos medios, Brasil y Sudáfrica están bien posicionados para liderar este esfuerzo.

Por último, se deben regular de manera más estricta los mercados de materias primas, de los cuales los más importantes están en Estados Unidos y Europa. Los gobiernos allí deberían exigir que todas las operaciones de materias primas se realicen en bolsas reguladas, con requerimientos estrictos de capital y margen y límites de posición para los operadores individuales. También deberían eliminar la “laguna jurídica de corredores de permutas financieras” a fin de restringir la especulación en los mercados de materias primas por parte de inversores sin ningún interés en los productores o en los consumidores.

Además de exigir este tipo de cambios de regulación financiera en las economías avanzadas, los países en desarrollo también deberían considerar intervenciones sistemáticas y coordinadas en los mercados de materias primas para complementar sus iniciativas de reservas de estabilización. Estas medidas desalentarían la actividad especulativa, reduciendo así la cantidad de reservas de granos exigidas para intervenir en el mercado físico.

Los países en desarrollo del G20 son plenamente conscientes de la seria amenaza que plantea la inseguridad alimentaria. Las sucesivas presidencias de Brasil y Sudáfrica ofrecen la oportunidad de traducir este entendimiento en una acción global."

( , and publicado originalmente en Project Syndicate)

20.10.23

Bolsa para la caca del perro por 370 euros... la industria mundial dedicada a facilitar el cuidado y disfrute de mascotas movió 235.000 millones de dólares en 2022 y sólo en Europa se gastaron 24.000 millones de euros anuales en alimentarlas... En 2021, la FAO estimó que para haber evitado la inanición de casi 45 millones de personas en todo el mundo se hubieran necesitado 6.600 millones de dólares. Más o menos, unos tres meses de ese gasto europeo en comida para perros, gatos y otras mascotas. Se calcula, sin embargo, que casi 10 millones murieron de hambre ese año... Hay gente, académicos, líderes políticos, periodistas, que todavía sigue diciendo que en el mundo se muere tanta gente de hambre porque no hay recursos. Y, cuando se pide solidaridad y esfuerzo fiscal a quienes pueden gastarse cientos o miles de dólares en un collar, en un abrigo o en la bolsa donde recogen los excrementos de sus perros, nos dicen que eso es una confiscación que limita su libertad (Juan Torres López)

 "En la web de articulos de lujo pagerie.com se presenta la bolsa para recoger la caca del perro que vale 146,95 euros como “un complemento imprescindible para su paseo”. Es barata, si se tiene en cuenta que la de Valentino Garavani cuesta 370 euros.

Otras firmas ofrecen productos mucho más caros para las mascotas. Para las mascotas de los ricos, se entiende.

Gucci Pet vendía hace un tiempo sofás para perros por 6.500 euros y abrigos por 710. También tirados de precio, al menos en relación con los collares de Versace para esos animalitos que pueden superar los 35.000 euros. E igualmente muy poca cosa si se compara con uno de diamantes de 3,2 millones de dólares que se puede ver en Internet.

Para pasear el perro, Louis Vuitton vende un transportín para chuchos por más de 4.000 euros (en algunas web he leído que hasta por 58.000, pero me cuesta creerlo). Otras firmas, arneses por 1.500 euros, recipientes para comer por 1.000, e incluso casitas de juego para perros, refrigeradores, lavabos, camas y todo tipo de elementos de distracción y confort a precios por el estilo.

En total, la industria mundial dedicada a facilitar el cuidado y disfrute de mascotas movió 235.000 millones de dólares en 2022 y sólo en Europa se gastaron 24.000 millones de euros anuales en alimentarlas.

En 2021, la FAO estimó que para haber evitado la inanición de casi 45 millones de personas en todo el mundo se hubieran necesitado 6.600 millones de dólares. Más o menos, unos tres meses de ese gasto europeo en comida para perros, gatos y otras mascotas.

Se calcula, sin embargo, que casi 10 millones murieron de hambre ese año.

Hay gente, no del montón, sino académicos, líderes políticos, periodistas… que todavía sigue diciendo que en el mundo se muere tanta gente de hambre porque no hay recursos. Y, cuando se pide solidaridad y esfuerzo fiscal a quienes pueden gastarse cientos o miles de dólares en un collar, en un abrigo o en la bolsa donde recogen los excrementos de sus perros, nos dicen que eso es una confiscación que limita su libertad. Aunque es cierto que, afortunadamente, ya no todos piensan igual, como los 200 millonarios de todo el mundo que en enero pasado reclamaron a sus gobiernos que subieran los impuestos a “los ultrarricos”.

Thomas Hobbes tenía clara la naturaleza del problema y proponía una solución rotunda: “Cuando un hombre, por causa de su aspereza natural, pretende retener lo que, siendo superfluo para él, es necesario para los demás, y cuando, debido a la terquedad de sus pasiones, no puede corregirse, habrá de ser expulsado de la sociedad por constituir un peligro para ella”.         (Juan Torres López, Ganas de escribir)

4.11.21

El 2% de la riqueza de Elon Musk podría resolver el hambre mundial... «6.000 millones de dólares para ayudar a 42 millones de personas que literalmente van a morir si no los ayudamos. No es complicado»

 "«Conocemos el hambre, estamos acostumbrados al hambre: sentimos hambre dos, tres veces al día. No hay nada más frecuente, más constante, más presente en nuestras vidas que el hambre –y, al mismo tiempo, para la mayoría de nosotros, nada más lejos que el hambre verdadero», escribía hace ya tiempo Martín Caparrós en su larga crónica sobre el hambre.

Este hambre verdadero, podría resolverse con el 2% de la riqueza de Elon Musk, dijo el director del Programa Mundial de Alimentos de la ONU en una entrevista con CNN el pasado martes.

Los multimillonarios deben «dar un paso al frente ahora, por una sola vez», dijo Beasley, citando específicamente a los dos hombres más ricos del mundo, Jeff Bezos y Elon Musk.

«6.000 millones de dólares para ayudar a 42 millones de personas que literalmente van a morir si no los ayudamos. No es complicado», agregó.

 En estos momentos, por el contrario, se confabulan en «tormenta perfecta», varias crisis, como el cambio climático y la pandemia de covid-19 y esto significa que muchas naciones están «llamando a la puerta de la hambruna», dijo Beasley.

«Por ejemplo, tomemos a Estados Unidos y a la región de Centroamérica, el Corredor Seco, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, solo en esa área», matizó.

«Estamos alimentando a mucha gente allí y el clima está cambiando con huracanes e inundaciones repentinas; es simplemente devastador», concluía."                ( Ricard Jiménez , Contrainformación, 30 octubre 2021)

3.4.20

Dinero hay, lo que falta es voluntad de salvar a las personas... según el Banco Internacional de Pagos, en el mundo se mueven cado años 14.900 Billones (millones de millones) de dólares... con una tasa de 15 céntimos por cada 100 dólares de transacción financiera, y sin necesidad de pagar ni un solo impuesto más en ningún lugar del mundo, se podría sufragar todo el gasto público necesario para acabar con el hambre y la pobreza mundial... además los Bancos Centrales imprimen el dinero que quieren... La Reserva Federal de Estados Unidos anunció que realizará "compras ilimitadas de títulos"... o sea, va a crear dinero sin límite para comprar acciones de empresas... dinero hay... pero no para las personas

"El primer caso de coronavirus se detectó el 1 de diciembre de 2019 en Wuhan. Han pasado, por tanto, 120 días y, según las estadísticas internacionales que acabo de leer cuando escribo estas líneas, desde entonces han muerto en el mundo 37.091 personas. Es seguro que muchas más, porque en algunos países no se está contabilizando, por ejemplo, a quien muere en su casa o en una residencia de ancianos.  (...)

Es un drama, pero no es el único que se está produciendo en el mundo. En el mismo periodo en el que, según las cifras oficiales, han muerto esas 37.091 personas por el coronavirus, también han fallecido 2,95 millones (80 veces más) por hambre; 1,2 millones (33 veces más) por no haber podido recibir atención médica; 720.000 (20 veces más) por accidentes laborales; 96.000 mujeres (2,5 veces más) por no tener suficiente atención médica en el embarazo y 672.000 niños (18,1 veces más) han nacido muertos por esa misma razón. Y tantas muertes de seres humanos por estas causas evitables se vienen produciendo todos los años, aunque es cierto que se pueden ir reduciendo.  (...)

En nuestro planeta no hay escasez de recursos, no falta dinero, sino que hay un orden de prioridades que antepone el beneficio, el armamento, el despilfarro o su concentración en pocas manos a la satisfacción de las más básicas necesidades humanas. Eso es lo que de verdad explica que los recursos y el dinero que hay de sobra en nuestro planeta para proporcionar una vida digna a todos los seres humanos no se utilicen para ello. 

 (...) con lo que ha cobrado cualquiera de las grandes figuras del fútbol europeo en estos cuatro meses últimos se podrían comprar unos 2.000 respiradores (el doble de los que parece que ahora va a comprar España con ugencia); con el presupuesto anual del F.C. Barcelona  unos 45.000 (...)

Los gastos de todos los Gobiernos del mundo suman unos 20 billones de dólares. Si se tiene en cuenta que, según los datos que proporciona el Banco Internacional de Pagos, en todo el mundo se mueven cado años unos 14.900 billones (millones de millones) de dólares, resulta que, con una tasa de menos de 15 céntimos por cada 100 dólares de transacción financiera, y sin necesidad de pagar ni un solo impuesto más en ningún lugar del mundo, se podría sufragar todo ese gasto público. 

Y cubrir la satisfacción adicional de las necesidades básicas y dignas de toda la población mundial costaría unos pocos céntimos más, en términos porcentuales, de todo ese astronómico volumen de transacciones, la mayor parte del cual no paga impuesto alguno.

Sin necesidad de recurrir a esa tasa –hoy día no es muy difícil de establecer porque la gran mayoría de esas transacciones dejan huella digital–, hay otras fórmulas quizá más inmediatas de obtener dinero: según el Fondo Monetario Internacional, en los paraísos fiscales se ocultan unos siete billones de dólares de las grandes empresas y fortunas; lo escondido allí por españoles supondría unos  140.000 millones de euros y la evasión fiscal anual en España se mueve entre 40.000 y 70.000 millones, según las estimaciones. 

Si todas las grandes empresas y bancos cumplieran con sus obligaciones fiscales (se calcula que evaden un 30% de sus ingresos) y se prohibieran de verdad los paraísos fiscales, habría bastante dinero para resolver una buena parte de las principales carencias del mundo de nuestros días.


Ahora bien, ni siquiera combatir la elusión fiscal y generar nuevos tipos de impuestos (que podría permitir que la presión fiscal fuera 200 veces más baja que la actual) son la única fuente de creación de dinero. Si se necesita con mayor urgencia, los bancos centrales pueden proporcionar todo el que sea necesario de un día para otro.

La Reserva Federal de Estados Unidos anunció hace unos días que realizaría "compras ilimitadas de títulos" para evitar que su precio se desplome. Eso significa que se va a crear dinero sin límite para comprar, entre otras, las acciones de empresas que durante años han estado dedicando miles y miles de millones a comprar sus propias acciones. Así las revalorizaban y sus propietarios aumentaban su capital. Y ahora que sus cotizaciones se vienen abajo, la Reserva Federal pone dinero sin límite para evitar que se arruinen.


El actual candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, el senador Bernie Sanders, solicitó en 2011 una auditoría de la Reserva Federal y al realizarse se encontró con que ésta había gastado en secreto, sin dar ningún tipo de información, 16 billones de dólares en dar préstamos sin interés a las mayores empresas y bancos del planeta. Para ellos tampoco hubo escasez cuando necesitaron ayuda y la recibieron prácticamente regalada: el banco central de Estados Unidos creó dinero de la nada para sacar a flote a quienes habían provocado la crisis.


Ahora, asustados por la enorme tragedia económica que puede suponer la pandemia del coronavirus, los bancos centrales vuelven a poner dinero, aunque, como acabo de decir, para comprar acciones o dando dinero al 0% a la banca privada para que ésta haga negocio prestando a tipos de interés bastante más altos a los Gobiernos y a las empresas.

Y mientras tanto, los hospitales se saturan careciendo de medios, muchas personas mueren por falta de recursos materiales y de personal, miles de empresas están a punto de cerrar por la inactividad forzada y millones de personas se van al paro.


Es una doble tragedia. La del virus y la del comportamiento criminal -vamos a llamar ya a las cosas por su nombre- de quienes pueden disponer de todo el dinero necesario para afrontar con medios suficientes la emergencia sanitaria y, sin embargo, prefieren crea artificialmente la escasez, la que produce el miedo con el que se favorece el sometimiento y la carencia que mata a millones de seres humanos.


No estoy reclamando que los bancos centrales despilfarren el dinero, ni que los gobernantes puedan disponer de él a sus anchas para malgastarlo. Hay multitud de vías para establecer controles que garanticen su buen uso. Se trata, simplemente, de ponerlo allí donde ahora mismo es imprescindible que esté para evitar una catástrofe humana y económica.


Nos están engañando cuando dicen que no hay más recursos.


No es que falte el dinero sino que sobran la maldad, la avaricia y la mentira, "los tres monstruos -como dijo Máximo Gorki- que han socavado y amedrentado al mundo con la fuerza de su cinismo".            (Juan Torres López, Público, La Tramoya, 31/03/20)

24.10.19

¿Se puede alimentar al mundo entero y garantizar que nadie pase hambre? Sí, actualmente las cadenas de producción alimentaria elaboran suficiente comida para nutrir a todos los habitantes del planeta...

"Actualmente las cadenas de producción alimentaria elaboran suficiente comida para nutrir a todos los habitantes del planeta, pero el hambre continúa aumentando en algunas partes del mundo y más de 820 millones de personas sufren desnutrición crónica.  (...)

El rápido crecimiento económico y el aumento de la productividad agrícola durante las últimas dos décadas redujeron a la mitad el número de personas que no reciben suficientes alimentos, e incluso en regiones como Asia Central y Oriental y en América Latina y el Caribe se lograron grandes avances en la erradicación del hambre extremo. Sin embargo, esta situación se produce en un contexto en el que la población mundial aumenta en casi dos mil millones de personas.


De igual forma, las recientes tendencias sugieren que persiste el problema del hambre: particularmente en África y América del Sur, donde hay nuevos datos que nos indican que la subnutrición y la grave inseguridad alimentaria están en aumento.  

(...) lograr el objetivo de Hambre Cero previsto para el año 2030, es decir, garantizar que nadie padezca hambre en ningún lugar del mundo, sigue siendo un enorme desafío.
Además, por si fuera poco, un reciente informe del Programa Mundial de Alimentos (PMA), señala que entre las causas del aumento del hambre figuran la degradación del medio ambiente y las sequías, ambas afectadas por el cambio climático, así como los conflictos.


La falta de biodiversidad en la agricultura también representa un motivo adicional de preocupación, y se la considera responsable de la homogeneización de las dietas que restringen el acceso a los alimentos, con la consiguiente persistencia de la malnutrición y la pobreza: la producción agrícola actual gira en torno a solo 12 cultivos, y alrededor de 60 por ciento de todas las calorías consumidas provienen de sólo cuatro de ellos, el arroz, el trigo, el maíz y la soja, pese a la riqueza de productos alimenticios en todo el mundo.


Pero pese a todos estos aspectos negativos, la buena noticia es que la innovación y la tecnología para mejorar una amplia gama de desafíos en la producción de alimentos se están usando en todo el mundo.

 Veamos a continuación algunos ejemplos concretos:

Eliminando las sustancias químicas en la India


Aunque en principio se les atribuye el aumento del rendimiento de los cultivos y el ahorro de millones de dólares de la hambruna, los fertilizantes y otros productos químicos están actualmente bajo escrutinio en la India.

Se les culpa de la degradación del suelo, lo que provoca un estancamiento de la productividad, problemas de salud y altos costos que llevan a los agricultores a endeudarse. Una trágica consecuencia colateral son los miles de suicidios que se reportan cada año en la comunidad agrícola.


Sin embargo, en Andhra Pradesh, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente apoya una iniciativa diseñada para eliminar los productos químicos de las granjas mediante una técnica llamada “Zero Budget Natural Farming” (ZBNF), o Agricultura Natural de Presupuesto Cero en español, que busca transformar y proteger los sistemas alimentarios locales, y el bienestar a largo plazo de los agricultores.


Esta modalidad agrícola se beneficia de los últimos avances científicos y elimina la necesidad de utilizar productos químicos. Los principios básicos de ZBNF consisten en recubrir las semillas con preparados hechos de orina y estiércol de vaca; aplicar estos ingredientes al suelo; cubrir el suelo con cultivos y residuos de cultivos; y asegurar que el suelo esté bien ventilado.


Este uso de los recursos propios y de fácil acceso permite a los agricultores participar en el proyecto de aumentar la biodiversidad y rejuvenecer sus suelos, reduciendo así los costos y aumentando los ingresos. El Gobierno regional de Andhra Pradesh tiene previsto ampliar el programa a unos seis millones de agricultores para 2024, lo que lo convertiría en el primer estado de “agricultura natural” de la India.


(...)  Cinco iniciativas para lograr el Hambre Cero


Aunque no existe una solución milagrosa para resolver el hambre, el Programa Mundial de Alimentos ha delineado una estrategia que se divide en cinco pasos.

  • -Incrementar la protección para los más vulnerables. Ampliar la protección social para los más pobres aumentaría el poder adquisitivo de los dos mil millones de personas más pobres, lo que impulsaría las economías locales
  • -Mejorar las infraestructuras. Garantizar que los consumidores y proveedores puedan comprar y vender con más facilidad, construyendo mejores carreteras, dependencias de almacenamiento y ampliando las redes de electrificación
  • -Reducir el desperdicio de comida. Alrededor de un tercio de los alimentos producidos cada año se pierden o se desperdician, lo que cuesta a la economía mundial un 1 billón de dólares al año
  • -Sembrar una mayor variedad de cultivos. Alrededor del 60 por ciento de todas las calorías consumidas provienen de sólo cuatro cultivos: arroz, trigo, maíz y soja. Garantizar el acceso y la disponibilidad de alimentos frente al cambio climático requerirá la producción de una gama más amplia de alimentos
  • -Centrarse en la nutrición infantil. Una buena salud y nutrición en los primeros 1000 días de vida de un niño son esenciales para prevenir el retraso en el crecimiento y promover un desarrollo saludable."                    (Other News, 15/10/19. Este artículo fue publicado originalmente por ONU Noticias.)

19.6.19

Comer o pagar la luz: la ciencia demuestra los daños a la salud física y mental que causa la pobreza... especialmente en los niños. Los movimientos sociales y de autogestión que surgen entre las personas afectadas pueden paliar, aunque solo en parte, esas carencias...

"O como, o pago la luz y el agua". Es la premisa de la que partió un trabajo de investigación en España que acabó demostrando cómo la pobreza y la inseguridad alimentaria, agravada por los recortes en las políticas públicas, afectan a la salud física y mental de las personas y en especial de los menores.

En el reverso de esa realidad, un dato positivo, corroborado también por la ciencia: los movimientos sociales y de autogestión que surgen entre las personas afectadas pueden paliar, aunque solo en parte, esas carencias.

Un equipo de investigadoras del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) del Instituto de Salud Carlos III ha llegado a estas conclusiones tras realizar un estudio en el barrio madrileño de Tetuán, especialmente azotado por la crisis y el paro, y en el que residen miles de personas sin empleo, sin prestación y sin renta básica.

El estudio, cuyas conclusiones se han publicado en la revista "Health and Social Care in the Community", se centró en un conjunto de hogares en los que viven menores de 18 años en un contexto de inseguridad alimentaria, y en conocer cómo la autogestión, y en concreto la puesta en marcha de un banco de alimentos, pudo compensar sus carencias.

Una situación agravada por la crisis 

En el trabajo participaron investigadores de la Escuela Nacional de Sanidad, el Hospital Nuestra Señora del Prado de Talavera de la Reina (Toledo), la Universidad Autónoma de Madrid y del CIBERESP.

La investigación muestra los intentos y dificultades de las madres y los padres para contrarrestar las carencias materiales y las consecuencias psicosociales y sobre la salud de sus hijos que tiene la situación de pobreza que viven, y que se vio agravada por la crisis económica y los recortes sociales.
Para compensar esas carencias, un grupo de familias impulsó un banco de alimentos, y el estudio ha destacado los aspectos sociales e institucionales que influyen e interactúan con los intentos que hacen los padres para proteger a sus hijos de las consecuencias de la inseguridad alimentaria y la pobreza.

Según los investigadores, las iniciativas de autogestión, como la de poner en marcha un banco de alimentos, pueden satisfacer positivamente las necesidades materiales de los menores y reducir la angustia psicosocial que sufren los mayores, y por lo tanto son determinantes para mejorar el cuidado familiar.

El papel de los grupos de apoyo 

Los grupos de apoyo comunitario no deben ser vistos como un reemplazo de los servicios públicos, ya que el soporte que ofrecen "es siempre parcial", según han publicado los investigadores, que han insistido en que las políticas públicas en España deberían ser "revisadas y reforzadas" para asegurar una protección efectiva de la infancia, y por extensión de las familias que viven en situaciones de pobreza extrema.

Los autores han comprobado las consecuencias negativas en la salud derivadas de una mala alimentación, pero también el fuerte impacto que esa inseguridad alimentaria causa en la salud mental de los menores.

La falta de alimentos, la preocupación por la falta de éstos, la exclusión de espacios de socialización o aprendizaje, las situaciones graves como un desahucio o la amenaza de que se produzca y la percepción de los problemas en el hogar son causas directas que pueden deteriorar la salud mental de las personas que lo sufren.

Las excesivas dificultades cotidianas provocan además una sensación de agotamiento entre los padres que deteriora también su salud mental y dificulta aún más el cuidado de los menores, y el estudio ha analizado las estrategias que se pusieron en marcha para tratar de amortiguar esas consecuencias.
Esas estrategias de los mayores, concluye la investigación, pasan por tratar de mantenerse como figuras de protección y cuidado, y la puesta en marcha del banco de alimentos sirvió en esta caso no solo para asegurar la provisión de alimentos, "también como un espacio de gratificación personal y de renovación de la sensación de valía propia".

El estudio ha analizado y comprobado también cómo las posibilidades reales de cuidar de los hijos están limitadas a causa de la falta de recursos públicos, debido a las exclusiones que se producen a través de mecanismos legales -los investigadores lo describen como "acceso diferencial a derechos en función de la situación legal) o burocráticos -como el laberinto de papeles y requisitos para conseguir una ayuda social."                 (Jaque al neoliberalismo, 12/06/19)