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18.4.24

Mario Draghi, la competitividad europea y el nuevo Sur... su receta: emitir -más que hasta ahora1- deuda pública europea para financiar, de forma cooperativa entre los países de la eurozona, inversiones públicas destinadas, en particular, a la transición medioambiental y digital. Se estima un coste total de 500.000 millones anuales, a los que hay que añadir los gastos de defensa

 "1 - La economía europea pierde posiciones en la competencia internacional y experimenta, dentro de sí misma, un crecimiento constante de las divergencias regionales (el empobrecimiento relativo del Sur frente al Norte forma parte de esta dinámica).

Como es bien sabido, Mario Draghi ha recibido el encargo de elaborar el informe sobre la competitividad europea, que probablemente estará terminado el próximo mes de junio. En su discurso del 15 de febrero en la Conferencia de Política Económica de Washington (durante la entrega del premio Paul A. Volcker Lifetime Achievement Award), que debe leerse conjuntamente con su discurso en el Ecofin del 24 de febrero, esbozó sus ingredientes fundamentales.

Empecemos por el diagnóstico. El antiguo Gobernador del BCE formula dos críticas. La primera se dirige al modelo de globalización experimentado en las últimas décadas, que habría conducido a desequilibrios comerciales en un contexto de creciente participación en el comercio internacional de países que tenían puntos de partida muy diferentes, en términos de nivel de desarrollo.

Draghi reconoce que las deslocalizaciones producidas por la globalización han reducido considerablemente la participación de los salarios en el PIB, creando hostilidad en quienes se han visto perjudicados por ella. Al igual que, en contra de las promesas, la globalización no se ha asociado a la difusión de valores orientados al respeto de las libertades individuales y la democracia.

 La segunda crítica se refiere a la política económica y de ahí parte su propuesta.

Draghi observa con acierto que la Unión Monetaria Europea (UME) se ha basado para su crecimiento en un modelo impulsado por las exportaciones, en condiciones de competencia entre los Estados miembros, que sale perdiendo a largo plazo.

De ahí su receta: emitir -más que hasta ahora1- deuda pública europea para financiar, de forma cooperativa entre los países de la eurozona, inversiones públicas destinadas, en particular, a la transición medioambiental y digital. Se estima un coste total de 500.000 millones anuales, a los que hay que añadir los gastos de defensa.

Para ello, se considera importante un uso más productivo de los ahorros europeos, muchos de los cuales están congelados en las cuentas corrientes de los bancos. En el planteamiento de Draghi, el papel del Banco Europeo de Inversiones (BEI) podría ser relevante.

La relevancia de estas consideraciones para el Mezzogiorno radica, en primer lugar, en la aplicación del diagnóstico de Draghi a esta zona. No cabe duda de que el Sur se ha visto afectado -como muchos otros Sur europeos (Portugal, España, Grecia y la propia Italia en su conjunto: lo que los ingleses llaman PIGS, o "pigs") y como los Sur del mundo (África in primis)- por la doble dinámica de la globalización y la emergencia del modelo basado en las exportaciones en Europa.

 En el primer caso, se ha visto penalizada por la competencia de los países del Este; en el segundo, el énfasis en las medidas de austeridad y la competencia basada en la moderación salarial han comprimido su demanda interna, sin compensarla con incrementos adecuados de las exportaciones netas, dada la baja propensión exportadora de sus empresas.

El interés del discurso de Draghi reside también en el énfasis puesto en la legitimidad de las instituciones y, por tanto, en la necesidad de que la política económica europea se apoye en -y produzca- consensos adecuados.

El diagnóstico de Draghi es útil para subrayar el hecho de que una economía de mercado genera espontáneamente efectos de polarización entre el centro y las periferias (y, en una dinámica de doble movimiento, entre las zonas del interior y las ciudades). En efecto, una vez determinada la agregación industrial en una zona determinada, ésta sigue creciendo debido sobre todo a los flujos migratorios que atrae de las zonas más pobres y al ahorro procedente de ellas, convirtiéndose en un atractor de recursos.

Se trata de un efecto conocido en ciencias sociales como causalidad acumulativa y es lo que está ocurriendo en detrimento del Mezzogiorno. Se ha calculado que, dadas 100 inversiones fijas realizadas en el Sur de Italia, sólo 54 son satisfechas por la producción nacional, frente a 38 realizadas por el Centro-Norte (o en el extranjero). En cambio, 100 euros de inversión en el Norte requieren hasta 87 euros de producción nacional y una parte insignificante de producción intermedia del Sur.

Esta evidencia sugiere que el Norte no es la locomotora del país: la economía del Sur no crece cuando crece la economía del Norte.

En sí mismo, un aumento del gasto público en Europa (deseable en cualquier caso respecto a las medidas de austeridad que han caracterizado la historia reciente del continente) no mitiga estas dinámicas, ya que sólo podría dar lugar a un crecimiento de la dependencia de las zonas periféricas respecto a las centrales, por efecto de mayores importaciones2.

El problema se deriva de la consideración de que las zonas periféricas (entre las que se encuentra, sobre todo, el Mezzogiorno) no disponen de mecanismos de crecimiento autopropulsivos y participan en la formación de cadenas de valor europeas con una producción de bajo valor añadido y un uso más intensivo de mano de obra precaria (véase, infra, la sección 2).

Profundicemos en este aspecto, para entender (i) por qué la economía europea se desarrolla produciendo espontáneamente desigualdades regionales y (ii) si este entramado productivo e institucional, precisamente en la lógica seguida por Draghi, puede competir eficazmente con otros actores globales (a saber, EEUU y China).

 2 - La unificación monetaria europea se ha construido sobre la convicción -formalizada en la teoría de las áreas monetarias óptimas, propuesta originalmente por Robert Mundell en 1961- de que la existencia de una moneda única permite absorber los choques asimétricos (es decir, que afectan a unos países y no a otros) mediante la plena flexibilidad de los precios y/o mediante la ausencia de restricciones a la circulación de los factores productivos, a saber, el factor trabajo, es decir, sin variaciones de los tipos de cambio3.

Esta es la hipótesis de convergencia, es decir, la suposición de que las economías de la UEM tenderían espontáneamente a alcanzar la misma tasa de crecimiento4.

Una aproximación crítica a la hipótesis de la convergencia puede encontrarse en el denominado enfoque de la causalidad circular acumulativa, que remite a las aportaciones de Myrdal y Kaldor. Se trata de un esquema según el cual un acontecimiento B, efecto de un acontecimiento A, retroactúa sobre su causa, generando alternativamente círculos viciosos o virtuosos, según el cual se concluye, en el estudio de los fenómenos económicos aplicados a la dimensión espacial, que una economía de mercado desregulada produce espontáneamente divergencias espaciales5.

Los datos empíricos parecen respaldar este planteamiento, al mostrar que Europa se desarrolla cada vez más según un patrón de polarización creciente, entre un núcleo (Alemania y los países del centro-norte del continente) y dos periferias: la de Europa del Este, especialmente tras la ampliación de 2004 para incluir a los países de Visegrado, y la mediterránea, que incluye a Italia en su conjunto.

Aunque a primera vista pueda parecer contrario a la opinión dominante, los datos empíricos demuestran que hubo convergencia del PIB per cápita en el continente antes de la unificación monetaria (en particular, desde después de la Segunda Guerra Mundial hasta la primera crisis del petróleo en 1973) y que, sobre todo después de la adopción de la moneda única, hubo, si acaso, divergencia o, en el mejor de los casos, estacionariedad.

 La economía italiana profundiza su papel de proveedora de producción intermedia para el capital del norte de Europa, al tiempo que genera un movimiento interno de crecientes divergencias regionales (Cresti et al., 2023), acentuando el sur su configuración como exportador de insumos (en particular, mano de obra cualificada) en un régimen de dependencia de los centros de decisión externos (Dosi et al., 2015).

Este modo de participación en la red de producción mundial y europea empeora considerablemente la calidad de la mano de obra en Italia y, aún más, en el Mezzogiorno (Ardeni y Gallegati, 2024). La degradación de la producción italiana, sobre todo en lo que se refiere a la pérdida progresiva de intensidad tecnológica6, va de la mano de la compresión de la tasa de crecimiento relativo del país, que, como es lógico, lleva veinticinco años aumentando menos que la media europea (véase Forges Davanzati y Giangrande, 2020).

Las emigraciones, especialmente las intelectuales, reducen el potencial de crecimiento del Sur y, también debido a este efecto, estimulan nuevas migraciones, lo que implica aumentos de productividad en la zona de atracción y pérdidas simétricas de productividad en la zona de origen.

SVIMEZ (2023) estima que, de 2002 a 2021, más de 2,5 millones de individuos abandonaron el Sur, principalmente en dirección al Centro-Norte (81%). El Mezzogiorno perdió 1,1 millones de residentes en el mismo periodo. Las emigraciones hacia el Centro-Norte afectaron principalmente a los jóvenes: entre 2002 y 2021, el Sur experimentó un éxodo de 808.000 individuos menores de 35 años, de los cuales 263.000 eran titulados universitarios.

A esto cabe añadir otra consideración. En unos diez años, Alemania ha logrado la hazaña histórica de reducir las diferencias internas entre el Oeste y el Este del país. Italia, en cambio, las ha visto aumentar casi constantemente en las últimas décadas, tras un breve periodo de convergencia en los años 1951-1971.

El PIB per cápita de Lombardía se estima en 37.300 euros, el de Calabria en 17.100 euros y el de Apulia en 18.100 euros. La región más pobre de Europa es Bulgaria (Severozapen, con un PIB per cápita de 8.600 euros). El aumento de las diferencias no sólo afecta a las relaciones Norte-Sur, sino también a las que se establecen con las zonas del interior, que de hecho van sistemáticamente a la zaga de las zonas urbanas en términos de crecimiento económico.

Esta dinámica se produjo en un contexto a largo plazo dominado por la reducción continua de las transferencias al Sur, lo que demuestra que las diferencias regionales tienden a aumentar cuando se contrae el gasto público en el Sur y en un contexto de centralización institucional sustancial. Como prueba de esta conclusión, cabe recordar que el único período de convergencia entre las dos zonas del país se produjo en una fase no sólo de marcada expansión de las transferencias a las zonas menos desarrolladas (piénsese en la Cassa per il Mezzogiorno), sino también de industrialización pública.

Se calcula que la tasa de crecimiento de las regiones meridionales entre los años cincuenta y setenta se situó en torno al altísimo valor del 6% anual, lo que permitió generar en un periodo de veinte años una riqueza igual a la de los noventa años anteriores.

 3 - Del análisis aquí esbozado se desprenden dos aspectos críticos relativos a la mejora de la competitividad europea que no parecen emerger explícitamente en las consideraciones de Draghi.

 La primera tiene que ver con la implicación de que la base industrial de las zonas periféricas debe reforzarse para evitar que la compresión salarial se traslade a ellas. La moderación salarial es, de hecho, la única estrategia que se da la UEM como sustituto de la devaluación (de hecho se conoce como devaluación interna) y amplifica las divergencias sobre todo porque comprime -especialmente si se combina con medidas de austeridad- la demanda interna en detrimento de aquellas áreas (las periferias) con una estructura productiva más débil y menor capacidad exportadora (Colacchio y Forges Davanzati, 2023).

Además, refiriéndonos precisamente al diagnóstico de Draghi, el ya precario sentimiento de pertenencia a la UEM se debilita aún más, con toda evidencia, con estas estrategias (De Grawe, 2018).

El segundo aspecto crítico se refiere a la incapacidad del euro para desempeñar el papel de moneda de reserva internacional, habiendo permanecido fundamentalmente como moneda regional (Marani, 2023), lo que confirma la conclusión de que, en la competencia con China y Estados Unidos, la Unión Europea también experimenta pérdidas de competitividad en esta dimensión.

 No es de extrañar que las instituciones europeas sean tan impermeables a las observaciones críticas basadas en pruebas7 si se tiene en cuenta la reciente exteriorización de Christine Lagarde (en el Foro de Davos de enero de 2024), según la cual los economistas "son una camarilla tribal, se citan unos a otros, pero son incapaces de ir más allá de ese mundo" y sus modelos "en los que tienen una fe ciega tienen poco que ver con la realidad".

De hecho, la investigación académica en economía, bien mirado, se vuelve cada vez más autónoma y autorreferencial, autogenerando por inercia una modelización progresivamente menos útil para comprender los hechos y construir políticas económicas."

(Guglielmo Forges Davanzati, Universidad de Salento, Sinistrainrete, 05/03/24; traducción DEEPL, notas en el original)

10.12.21

España menos productiva y más desigual como consecuencia de la reforma laboral de 2012

 "El informe ‘Los costes económicos y sociales de la inestabilidad en el empleo y las reformas laborales de 2010 y 2012’ elaborado por el Gabinete Económico de Comisiones Obreras, ha sido presentado por por la secretaria confederal de Acción Sindical y Empleo, Mari Cruz Vicente, y el responsable del Gabinete Económico confederal, Carlos Martín.

 En el mismo se recoge que España tiene una tasa de temporalidad muy superior a la existente en Europa: “Las diferencias son abismales”. “No es solo un caso que obedezca a un sector productivo, sino que todos los sectores están afectados por esta alta tasa de temporalidad” “Tenemos que centrar esa tasa en la media europea. Los objetivos y lo que estamos tratando en la mesa de diálogo social es ajustar las causas y eliminar las fórmulas de contratación temporal que generan el mayor número de fraude”, ha subrayado Mari Cruz Vicente.

 El economista Carlos Martín ha afirmado que se tienen que restringir las causas de contratación temporal, penalizar más el fraude para evitar la rotación de los trabajadores que se da a lo largo de todo el ciclo económico y dotar a las empresas de un mecanismo alternativo para cuando cae la demanda. “CCOO está en el proceso de organizar el proceso de otra manera y de copiar el modelo de Centro Europa”, indicó el responsable del Gabinete Económico de CC.OO.

El empleo temporal afecta a 4,4 millones de asalariados, un 26,3% del total. Este dato constituye una gran anomalía cuando se compara con la Unión Europea, donde la tasa de temporalidad es del 15%. La comparación alcanza niveles aberrantes en la construcción, con una temporalidad del 40%; la agricultura con el 57%, o las actividades artísticas, de ocio y entretenimiento, con casi un 40%.

Esos 4,4 millones de asalariados temporales se reparten al año más de 20,3 millones de contratos, lo que implica una muy corta duración media de los contratos y una altísima rotación en el empleo. Además, las reformas laborales de 2010 y 2012 han supuesto otra vuelta de tuerca a esta modelo, provocando una devaluación salarial y de las condiciones de empleo más profunda que la que ya estaba operando el mercado durante la recesión.

Concretamente, en 2019, el año antes de la pandemia y once años después del estallido de la burbuja inmobiliaria, se cobraba un salario real un 6,2% inferior por realizar el mismo trabajo que en 2008, según el Índice de Precios del Trabajo del INE.

“ECONOMÍA MENOS PRODUCTIVA”

Recortar las condiciones de trabajo o trasladar el riesgo a las personas trabajadoras, al igual que rebajar los impuestos a los ricos, no solo no ha llevado al pleno empleo, sino que ha conducido a una economía menos productiva, menos generadora de empleo y menos inclusiva.

La reforma de la regulación laboral en España no se mueve en la búsqueda de un equilibrio entre seguridad y flexibilidad

El capital ha encontrado maneras de rentabilizarse sin asumir riesgos a través de la financiarización, la privatización de lo público o el logro de una regulación que le permitiera obtener beneficios rebajando las condiciones de trabajo sin invertir, innovar, ni arriesgar. Todo esto se ha traducido en una rebaja de la inversión productiva que ha provocado a su vez una caída en el ritmo de mejora de la productividad.

Además, el abuso de la contratación temporal ha roto los procesos de aprendizaje orgánico de oficios o el acceso de las personas trabajadoras temporales a cursos de formación en la empresa.

VIDAS INESTABLES Y APLAZADAS

La regulación laboral ineficiente y desnivelada en favor de los intereses empresariales no solo ha conducido a una economía menos productiva y generadora de empleo, también ha producido vidas inestables y aplazadas, sobre todo para los jóvenes a los que ha dejado con unas malas perspectivas de futuro.

La alta temporalidad que padecen los jóvenes, y también las personas mayores de 30 años que se quedan atrapadas en la inestabilidad, unido a los bajos salarios y a las dificultades de acceso a la vivienda (por el rentismo y la falta de un parque público de viviendas), han retrasado los hitos vitales de muchas personas: fin de la etapa reglada de estudios, emancipación (de las más tardías de Europa), reproducción y jubilación.

La reforma de la regulación laboral en España no se mueve en la búsqueda de un equilibrio entre seguridad y flexibilidad. Plantear el debate en esos términos es un ejercicio de cinismo. Las relaciones laborales en España están profundamente desniveladas en favor de los intereses empresariales gracias a una regulación laboral que propicia una fuerte inestabilidad en el empleo y una importante devaluación de los salarios. Este desequilibrio ni siquiera ha llevado al pleno empleo precario, sino que por el contrario está conduciendo a una economía cada vez menos productiva y más dependiente."            (Rafael Muñoz, Nueva tribuna.es, 06/12/21)

3.12.21

La devaluación estructural de los salarios introducida por las reformas laborales de 2010 y 2012 dispararon los márgenes empresariales en casi 261.000 millones entre 2014 y 2020, que se aparcan en la economía financiera restando dinamismo a la inversión productiva y la creación de empleo

Carlos Martín Urriza @carlosurriza

 El dinamismo de la economía española se ha logrado en gran parte en los últimos lustros no mediante la inversión productiva, la innovación y la asunción de riesgos por los empresarios sino mediante la precarización de las condiciones de trabajo. La última vuelta de tuerca de…

este modelo de crecimiento ha sido la devaluación estructural de los salarios introducida por las reformas laborales de 2010 y 2012. Como resultado, el salario por realizar el mismo trabajo no recuperó su poder de compra durante la etapa de crecimiento iniciada en 2014:

Las reformas laborales de 2010 y 2012 aceleran la reducción de la participación de los trabajadores en el producto de su trabajo (productividad), con sus salarios (...)

Como resultado, los márgenes empresariales se disparan y no se normalizan durante la etapa de crecimiento, acumulando las empresas casi 261.000 millones entre 2014 y 2020 que se aparcan en la economía financiera restando dinamismo a la inversión productiva y la creación de empleo

Todo esto se detalla en el estudio presentado hoy por @CCOO https://ccoo.es/01ff8757c0b4f9

3:16 p. m. · 2 dic. 2021
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21.7.21

El fracaso de la devaluación salarial: a causa del impacto de la devaluación salarial en la distribución del ingreso, la tasa de desempleo aumentó en 1.9 puntos porcentuales en el período 2010-2013

Paloma Villanueva @pvillenueve

 Happy to share some good news. Together with wonderful coauthor, Luis Cárdenas, we have published our last paper "Unemployment in Spain: the failure of wage devaluation" in the Economic and Labour Relations Review

Feliz de compartir buenas noticias. Junto al maravilloso coautor, Luis Cárdenas, hemos publicado nuestro último trabajo "El paro en España: el fracaso de la devaluación salarial" en la Revista de Relaciones Económicas y Laborales

Pro-flexibility proponents defend that the lack of flexibility in the labour market was at the root of the vast unemployment increase during the crisis. Thanks to wage devaluation, less employment was destroyed and a larger employment creation took place during the recovery years

Los defensores de la flexibilidad defienden que la falta de flexibilidad en el mercado laboral fue la causa del gran aumento del desempleo durante la crisis. Gracias a la devaluación salarial, se destruyó menos empleo y se produjo una mayor creación de empleo durante los años de recuperación

This implied that the Okun's law coefficient fell; i.e. a lower GDP growth rate was required to reduce the unemployment rate.

Esto implicó que el coeficiente de la ley de Okun disminuyó; es decir, se requería una tasa de crecimiento del PIB más baja para reducir la tasa de desempleo.

We reexamine the effects of the labour market reforms on the unemployment rate in Spain from a Keynesian perspective with the help of a Bhaduri-Marglin model. This allows us to capture the dual characteristic of wages (production cost and major source of demand)

Reexaminamos los efectos de las reformas del mercado laboral sobre la tasa de desempleo en España desde una perspectiva keynesiana con la ayuda de un modelo de Bhaduri-Marglin. Esto nos permite capturar la característica dual de los salarios (costo de producción y principal fuente de demanda)

Our results show the following: 1) the Okun's law coefficient did not fall after the labour market reforms - the reduction of the unemployment rate with similar GDP growth rates is explained by the fall in the labour participation rate and ...

Nuestros resultados muestran lo siguiente:

1) el coeficiente de la ley de Okun no cayó después de las reformas del mercado laboral - la reducción de la tasa de desempleo con tasas de crecimiento del PIB similares se explica por la caída en la tasa de participación laboral y ...

2) through the impact of wage devaluation on income distribution, the unemployment rate rose by 1.9 percentage points in the period 2010q2-2013q4

 2) a través del impacto de la devaluación salarial en la distribución del ingreso, la tasa de desempleo aumentó en 1.9 puntos porcentuales en el período 2010q2-2013q4

12:50 p. m. · 20 jul. 2021
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17.2.20

El FMI considera que la reforma laboral contribuyó a aumentar la pobreza entre los trabajadores... su principal objetivo

 "CCOO responde al FMI: “la reforma laboral no ha creado empleo, lo ha precarizado”.

“Las reformas laborales de 2010 y 2012 no han servido para crear más empleo, sino para precarizarlo, provocando una fuerte devaluación salarial, un reparto más desigual de la riqueza generada por las empresas y un incremento de la rotación laboral y el tiempo parcial”.

Así se ha pronunciado CCOO en respuesta al FMI que esta semana apuntaba en un nuevo informe que la reforma laboral había impulsado el empleo en España, si bien reconoce que ha sido en términos precarios.  

El sindicato considera el informe del FMI como “un ejercicio sin seriedad metodológica”, pues compara la evolución del empleo en España con países con economías muy heterogéneas, tanto de la nuestra como entre ellos, y de ahí deduce los efectos de la reforma laboral de 2012.

CCOO recuerda que el empleo repuntó en España por encima de la media europea tras el fin de la crisis debido, no a la reforma laboral, sino a que aquí la caída previa fue más profunda y a la relajación de la dura política de austeridad impuesta desde Bruselas y avalada por el FMI, el cambio en el signo de la política monetaria y el viento de cola generado por la reducción del precio del petróleo y las materias primas. "Desde el momento en el que se relajó el austericidio fiscal (posteriormente reconocido como equivocado hasta por sus promotores en la Comisión Europea) en 2014, el empleo y la actividad saltaron hacia arriba como una goma de la que se había estado tirando hacia abajo con políticas procíclicas", explica el sindicato.

En consecuencia, la reforma laboral no ha producido ningún impulso adicional sobre el empleo, de hecho, el ritmo de creación de empleo ha sido inferior en esta salida de crisis que en las dos anteriores. El crecimiento del empleo fue del 2,3% en los primeros cuatro años de recuperación (2014–2017), por debajo del 2,7% producido en los cuatro años posteriores a la recesión de mediados de los noventa (1994–1998) y del 3,5% de la iniciada a mediados de los setenta hasta mediados de los ochenta, que fue más larga que la última vivida por la economía española. (...)"           (Nueva Tribuna.es, 14/02/20)


"(...) El Fondo Monetario Internacional ha publicado justo este miércoles un estudio sobre las reformas laborales que el Gobierno de Mariano Rajoy llevó a cabo en ese año. Entre los resultados, el organismo concluye que la legislación contribuyó a crear más empleo, pero también que los datos apuntan a que contribuyó a aumentar la tasa de pobreza entre los trabajadores y que no disminuyó significativamente "el alto grado de dualidad del mercado laboral español", con mucho empleo temporal.

Son algunas de las principales conclusiones del informe 'Implicaciones distributivas de las reformas del mercado laboral: Aprendiendo de la experiencia de España', que pretende analizar "el impacto de estas reformas laborales en la desigualdad de ingresos y la inclusión social", que el FMI considera que no ha sido muy analizado. (...)

Para ello, el organismo internacional utiliza una metodología propia, con la que pretende medir la incidencia que tuvieron las reformas en la legislación laboral de 2012 respecto a cuestiones como la creación de empleo, la reducción del desempleo, juvenil, el aumento del trabajo a tiempo parcial involuntario o la incidencia de estas políticas sobre la pobreza y la desigualdad.   (...)

El crecimiento del empleo después de la reforma "fue sistemáticamente mayor y el desempleo juvenil menor en comparación con una posible evolución del crecimiento del empleo y el desempleo juvenil en ausencia de reformas", recoge el estudio. 

La investigación señala, no obstante, un impacto negativo de la reforma laboral: la reducción del número de horas trabajadas. "Las conclusiones sugieren que las reformas contribuyeron a una reducción del promedio de horas trabajadas y a un aumento del empleo a tiempo parcial involuntario" (...)

El aumento de la flexibilidad de los contratos a tiempo parcial, debido a la reforma laboral de 2012, "podría ser uno de los factores que impulsan estos resultados", según la institución, pero también "el cambio estructural de la economía", en el que se ha debilitado la construcción, que emplea sobre todo a trabajadores a tiempo completo, y reforzando el sector servicios, con bastantes empleados contratados a tiempo parcial.  (...)

El FMI tampoco considera que la reforma laboral incidiera en el nivel de pobreza de la población en general, pero sí en la del colectivo de trabajadores, que considera que contribuyó a aumentar. "Esto podría ser una consecuencia del aumento de la proporción de empleo a tiempo parcial involuntario y la reducción de las horas de trabajo, ya que la distribución de los salarios por hora en los deciles de ingresos no cambió mucho con el tiempo", recoge el estudio.  (...)

La tasa de pobreza de los trabajadores en España era del 11,6% en 2012, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, y en 2014 escaló al 14,2%. El dato, aunque se ha reducido, era en 2018 del 13,8%, superior a los niveles del inicio de la crisis. El relator especial de Naciones Unidas sobre pobreza extrema, Philip Alston, acaba de concluir tras dos semanas de visita en España que el país presenta niveles de pobreza muy altos y señaló en concreto colectivos vulnerables, como los trabajadores migrantes. (...)"               (Laura Olías, eldiario.es, 13/02/20)

23.1.20

La OIT cifra en 64.500 millones de euros al año la pérdida en la renta de los trabajadores en España desde 2009... 3.200 euros al año por trabajador... ¿Quién se los queda a deber?

"Las rentas de los trabajadores pierden peso sobre la riqueza a nivel mundial y España es uno de los países que más destaca en ello. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha puesto este lunes el foco en la "enorme" caída de las rentas del trabajo en España, en favor de las del capital, respecto al Producto Interior Bruto: han pasado de suponer el 66,6% en 2009 al 61,2% en 2017.

 "Significa unos 64.500 millones de euros que anualmente en vez de estar en manos de los trabajadores ya no lo están", ha explicado Joaquín Nieto, director de la Organización Internacional del Trabajo para España.  (...)

Una de las novedades de la edición del informe de la OIT para este 2020, y donde se menciona a España, es el estudio de la pérdida de participación de las rentas del trabajo sobre la riqueza. Con una metodología desarrollada por la OIT, que incluye no solo los salarios de los empleados sino también las rentas que obtienen los autónomos, el estudio señala que "la proporción de la renta del trabajo –en contraposición a la proporción de la renta nacional que va a parar a los poseedores del capital– disminuyó a nivel mundial del 54% en 2004 al 51% en 2017".

En 2004, el dato en España era del 63,4%. "En España la caída ha sido muy superior a la que se ha observado en todo el mundo", ha subrayado Joaquín Nieto, que ha puesto el acento en el efecto de la crisis económica. "Desde el año 2009 son cinco puntos menos, es una cantidad inmensa", ha advertido el responsable de la OIT en España. En euros, equivale a una disminución para las rentas de los trabajadores de "64.500 millones de euros al año". "Eso representa una pérdida también enorme desde el punto de vista de cada uno de los trabajadores: estamos hablando de 3.200 euros al año por trabajador".

Nieto ha achacado este descenso a la crisis económica y las medidas que se implementaron para superarla. "Al final todas las políticas de austeridad de la crisis y la manera que ha habido de afrontarla han tenido como resultado esa pérdida". La OIT subraya que, al contrario que la media de la UE, España no ha logrado aún superar el nivel de empleo de 2007. No hay tantos trabajadores y sus salarios se ha devaluado en estos años, con más precariedad en el empleo, lo que se traduce en total en un menor peso de las rentas del trabajo sobre el PIB nacional.  (...)"             (Laura Olías, eldiario.es, 20/01/20)

24.7.19

La regresión salarial en el mundo capitalista empezó antes de la crisis... lo que hizo ésta fué agravar esta tendencia ya evidente mucho tiempo antes (con anterioridad también al euro)

"La base de datos online de la Unión Europea (Ameco, http://ec.europa.eu/economy_finance/ameco/user/serie/SelectSerie.cfm) ofrece información estadística sobre la participación de los salarios en la renta nacional, en términos agregados y para un amplio abanico de países, incluidos los comunitarios; concretamente, se puede encontrar información completa para 40 economías a lo largo del período 1997-2018 (ver figura). 

Pues bien, en esos años, los salarios retrocedieron en términos relativos -es decir, perdieron peso en la distribución de la renta nacional- en 26 de las 40 economías consideradas; lo mismo sucedió en 18 de las 28 comunitarias. La caída en la zona euro fue superior a la registrada en el conjunto de la Unión Europea.

Una primera consideración a cuenta de estos datos. Es frecuente leer y escuchar que la “moderación salarial”, eufemismo con el que se pretende ocultar que muchos trabajadores vieron sus retribuciones estancadas o perdieron capacidad adquisitiva, es consecuencia de la crisis económica que se desencadenó con el crack financiero de 2008. 
Sin embargo, como pone de manifiesto la información contenida en la figura, en realidad, la crisis -y, sobre todo, le gestión que de la misma hicieron las elites- agravó una tendencia que ya era evidente, para quien quisiera verla, mucho tiempo antes; con anterioridad también a la implantación del euro.

La segunda reflexión, evidente al hilo de la información estadística, es que el crecimiento económico es compatible con el aumento de la desigualdad salarial, que también ha progresado en los períodos de auge. La lógica de las cantidades -cuanto más, mejor- y de los automatismos -más crecimiento equivale a salarios más elevados- ni funcionaba antes ni funciona ahora.

Un tercer comentario. La aproximación crítica a la Unión Económica y Monetaria -etapa en la que la degradación salarial ha seguido su curso a un ritmo todavía más intenso- en términos de déficit institucional o gobernanza insuficiente para entender esa deriva es al mismo tiempo insuficiente y errónea. 

El marco institucional con el que nació el euro -y las reformas que se han introducido en el mismo- han contribuido al fortalecimiento de las políticas de represión salarial; en especial, el protagonismo adquirido por los mercados y los actores financieros, la intensificación del proceso de concentración empresarial, la debilidad de las políticas redistributivas y el papel central dispensado a la competitividad-coste como eje vertebrador de las estrategias económicas(...)"                (Fernando Luengo, Sin Permiso, 11/07/19)                           

21.6.19

¿Cómo se ha convertido el empleo en España en un barril de pólvora? Tres son los elementos que han dado lugar al comportamiento tan volátil del empleo en España...

"(...) La mayor capacidad de adoptar decisiones empresariales que supongan destrucción de empleo es el verdadero fondo de todo este asunto, y aquí es donde se concentran las mayores diferencias entre los otros países (con regulaciones y prácticas muy restrictivas) y el nuestro (donde sucede todo lo contrario).

Tres son, a nuestro juicio, los elementos que han dado lugar al comportamiento tan volátil del empleo en España y a la sobre reacción del empleo a las caídas del PIB.

En primer lugar, la considerable proporción de empleo temporal, la más elevada de la UE: más de la cuarta parte de los asalariados, si lo medimos como stock en un momento del tiempo, pero varios millones más si consideramos el flujo de personas diferentes que a lo largo del año trabajan con algún contrato temporal o con más de uno.

Una constante desde hace más de treinta años que no está relacionada con la presencia de actividades estacionales, como hace unos días volvió a reconocer la Unión Europea: “El uso aún generalizado de contratos temporales, incluso en los sectores menos tendentes a la actividad estacional o cíclica, si bien está disminuyendo progresivamente, figura entre los más altos de Europa y podría suponer un obstáculo para la capacidad de crecimiento de España y su cohesión social” (Recomendación del Consejo relativa al Programa Nacional de Reformas de 2019 de España y por la que se emite un dictamen del Consejo sobre el Programa de Estabilidad de 2019 de España). Por cierto que las estadísticas no muestran reducción alguna.

Esa utilización excesiva de la contratación temporal en actividades que no lo son no responde a lo regulado y autorizado por el ordenamiento jurídico y pone de manifiesto la existencia de un elevado y permanente nivel de fraude en el uso de los contratos temporales (cuyas causas y soluciones han sido analizadas en trabajos anteriores). Lo cual implica que el ajuste del empleo sea, al inicio de las crisis, de enorme rapidez e intensidad desde el primer síntoma de depresión del crecimiento del PIB.

La segunda causa de la volatilidad del empleo tiene que ver con la (des)regulación del despido. Cuantitativamente, esta ha sido mucho mayor que la pérdida de empleo temporal. Sucesivas reformas de su regulación (1980, 1994, 1997, 2002, 2012) han reducido drástica y repetidamente las indemnizaciones, cuyo coste es hoy solo una minoritaria fracción del que era a mediados de los años noventa (recuerden el aumento de la intensidad en la pérdida de empleo, que se constata en el gráfico del Banco de España, de la anterior crisis de 1992 a esta última) y con ello se han estimulado considerablemente los despidos.  (...)

La tercera causa se encuentra en la ausencia en el ordenamiento laboral español de una regulación de la prevalencia en los sistemas de ajuste, así como de mecanismos de adaptación de las empresas a las crisis que protejan el empleo.

Por una parte, no existe una regulación que jerarquice los métodos de respuesta de las empresas a las necesidades de ajustes, ni una prelación de esos métodos según la intensidad de esas necesidades:
  • La legislación define un menú amplio de posibilidades, entre las cuales la empresa opta libremente (regulaciones temporales de empleo, inaplicación de los convenios, reducciones salariales y de condiciones de trabajo, despidos individuales o colectivos).
  • La trivialización de las causas económicas (y también las restantes) de los despidos realizada por la reforma laboral de 2012 hace que cualquier eventualidad de la empresa, por mínima que sea, pueda dar lugar a las medidas más duras: los despidos.
  • Dado que no existe prelación alguna, las empresas pueden utilizar cualquiera de las medidas disponibles o incluso una combinación simultánea de las mismas.
Por otra parte, tampoco existe en la regulación una diferenciación entre las causas o naturaleza de los ajustes que permita diferenciar los métodos y medidas que se deben utilizar, según las razones sean:
  • Coyunturales (adaptación a una caída temporal de las ventas, o a una recesión económica cíclica).
  • O estructurales (respuesta a la falta de viabilidad económica de la empresa, falta permanente de competitividad y adaptación al mercado, o necesidad de realizar ajustes tecnológicos u organizativos).
La regulación (o su ausencia) permite que se adopten decisiones permanentes (destrucción de empleo) para causas puramente coyunturales.  (...)

En suma, las tres causas apuntadas constituyen los tres aspectos esenciales que explican por qué la elasticidad y volatilidad del empleo en España, evidenciadas por el Banco de España, son tan superiores a los restantes países del entorno. (...)"              (Antonio González , Economistas frente a la crisis, 11/06/19)

Mi pregunta a Banco de España es directa: ¿Cuándo van a pedir perdón a la ciudadanía por el uso de los modelos de equilibrio general dinámico estocástico? ¡Fallan más que una escopeta de ferias! Pero están llenos de ideología. La AIREF, por ejemplo, ya ha pedido disculpas y ha reconocido públicamente que el alza del salario mínimo no está teniendo ningún efecto negativo en el empleo.

 
La subida del salario mínimo y sus efectos en el empleo es el enésimo ejemplo de cómo funcionan las cosas y análisis en esta España nuestra, llena de servilismo hasta niveles nauseabundos. Frente a la búsqueda de la verdad y la contrastación de hipótesis,

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se impuso la mentira y la manipulación descarada. Eso sí, con la ayuda de algún que otro informe académico. Mi pregunta a Banco de España es directa, ¿cuándo van a pedir perdón por uso modelos de equilibrio general dinámico estocástico?

¡Fallan más que una escopeta de ferias! Pero están llenos de ideología. Las medidas acordadas en la legislatura anterior entre el gobierno de Pedro Sánchez y Unidos Podemos suponía un cambio de rumbo en la política económica española.

Pretendían en última instancia una mejora del nivel de renta de las familias españolas. En un contexto donde la política fiscal es expansiva y el Banco Central financia al Tesoro con enorme facilidad el efecto de la subida del SMI iba a ser positivo.

Es necesario un cambio todavía más radical de la política económica española, que tienda a modificar en el medio y largo plazo el modelo productivo patrio para que sea compatible con unos salarios más dignos.



"La subida del salario mínimo y sus efectos en el empleo es el enésimo ejemplo de cómo funcionan las cosas y análisis en esta España nuestra, llena de servilismo hasta niveles nauseabundos. 

Frente a la búsqueda de la verdad y la contrastación de hipótesis, se impuso la mentira y la manipulación descarada. Eso sí, con la ayuda de algún que otro informe académico.

 Mi pregunta a Banco de España es directa: ¿Cuándo van a pedir perdón a la ciudadanía por el uso de los modelos de equilibrio general dinámico estocástico? ¡Fallan más que una escopeta de ferias! Pero están llenos de ideología. La AIREF, por ejemplo, ya ha pedido disculpas y ha reconocido públicamente que el alza del salario mínimo no está teniendo ningún efecto negativo en el empleo.

Una cosa es que ciertas revistas académicas publiquen cosas exotéricas no ajustadas a la realidad, pero de profunda carga ideológica; otra distinta es trasladar sus falsas recomendaciones distópicas a la vida real. En este caso hablaríamos de psicopatías. (...)

La realidad es la siguiente: la subida del salario mínimo no ha provocado un aumento en los despidos, todo lo contrario. Pero la realidad todavía va más allá. Los salarios acumulan seis trimestres consecutivos con subidas superiores al 1%, lo que significa el mayor avance desde el año 2011, pero es que además suben sin generar inflación y con una fuerte creación de empleo, lo que refuerza el incremento. Pero vayamos a los argumentos que hay detrás de algo que para los economistas postkeynesianos es trivial, pero que para la mayoría de los economistas y ciertas huestes mediáticas sonaba a alquimia.

Mientras que para los economistas ortodoxos, dado un gasto autónomo real, existe una relación negativa entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas, para aquellos que defendemos el principio de demanda efectiva, bajo unos supuestos microeconómicos realistas, existe una relación positiva entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas.

 Un aumento del salario real comporta un desplazamiento a lo largo de la curva de demanda efectiva de trabajo, de manera que la subida del salario real acarrea por tanto un nivel de ocupación más elevado. Esta relación positiva es paradójica. Lo que es cierto para una empresa, puede ser falso a nivel macroeconómico. Es la paradoja kaleckiana de costes.

Pero hay más. Como bien conocen ustedes fue el propio Banco Central Europeo quien en el documento de trabajo “On the sources of business cycles: implications for DSGE models” realizó, sin duda, una de las mayores críticas a la teoría económica que ha sido usada por nuestros mass media para contar el relato falso del salario y del empleo. 

En ese documento, como ya he relatado hasta la saciedad, sus autores invalidan los modelos de equilibrio general dinámico estocástico: "los modelos más destacados de DSGE hoy en día no son compatibles con nuestros hallazgos empíricos sobre la cantidad de factores y la naturaleza del movimiento conjunto en los datos macroeconómicos”.

Frente a las políticas de devaluación salarial implementadas por el anterior ejecutivo, aderezada con regalos constantes a los distintos oligopolios patrios, y un abandono irresponsable de la inversión en I+D, las medidas acordadas en la legislatura anterior entre el gobierno de Pedro Sánchez y Unidos Podemos suponía un cambio de rumbo en la política económica española. 

 Pretendían en última instancia una mejora del nivel de renta de las familias españolas. En un contexto donde la política fiscal es expansiva y el Banco Central financia al Tesoro con enorme facilidad el efecto de la subida del SMI iba a ser positivo. ¡Elemental querido Watson!

La realidad es distinta a la relatada hasta el infinitum por los mass media patrios. La reforma laboral implementada por el gobierno de Rajoy solo sirvió para modificar el reparto de la tarta en favor del factor capital, sin que ello se tradujera ni tan siquiera en una mejora de la productividad patria. La devaluación interna fue utilizada por el agregado de las empresas no para mejorar su teórica competitividad-precio, sino para incrementar su margen de beneficio unitario (lo que los postkeynesianos definimos como mark-up).

Sin embargo, para que estas políticas, como la subida del salario mínimo, tengan los efectos deseados sobre la economía española es necesario un cambio todavía más radical de la política económica española, que tienda a modificar en el medio y largo plazo el modelo productivo patrio para que sea compatible con unos salarios más dignos. El dinamismo de nuestro sector exterior, gracias a la sorprendente pericia de pequeñas y medianas empresas patrias, es insuficiente.

 La tasa de paro patria sigue siendo descomunal, nuestro mercado laboral frágil y precario. Sumemos a ello las limitaciones derivadas de esa superestructura que surge de la interacción política y económica -Ibex 35-, y que da origen y soporte a la búsqueda de rentas o apropiación de la riqueza por parte de ciertos grupos (buscadores de rentas), a través de mecanismos no competitivos. Es de esta manera como se ha ido modelando a lo largo del tiempo el modelo productivo hispano: predominio de rentistas y una serie de oligopolios que no han hecho prácticamente nada por cambiar el marco productivo de nuestro país. 

El impacto en nuestra Hacienda de esta superestructura del poder es brutal. Además de ser un sistema tributario socialmente injusto, es ineficiente. Los ingresos fiscales patrios son muy volátiles en función del ciclo económico y lo sustentan trabajadores, y pequeños y medianos productores, que ya no admiten ninguna subida adicional de impuestos.

Bajo estas premisas, sin disponer de soberanía monetaria, es urgente rediseñar un sistema impositivo que bajo el principio de equidad redistribuya la riqueza de los más acaudalados a los más pobres sin castigar la actividad productiva, en definitiva, la creación de riqueza. Pero además es necesaria y urgente una política industrial activa centrada en todo aquello que España puede y sabe hacer bien. Para empezar un nuevo modelo energético, un new deal verde. Pero de ello Casado y Rivera ni mu."                  (Juan Laborda, Vox Populi, 13/06/19)

6.6.19

¿Desempleo masivo en la próxima crisis? Por favor, otra vez, no... pues sí... Se acerca una nueva recesión y el mercado de trabajo español parece condenado a repetir sus pautas de las crisis anteriores. Los eres que se anuncian (Caixabank, Santander, Codorniú, Nissan, Supersol… ) anticipan ya un nuevo ciclo de ajustes de plantilla... Si Pedro Sánchez no toma medidas urgentes volveremos a cotas de desempleo superiores al 25%.

"Se acerca una nueva recesión y el mercado de trabajo español parece condenado a repetir sus pautas de las crisis anteriores. Los eres que se anuncian ante los primeros atisbos (Caixabank, Santander, Codorniú, Nissan, Supersol…) anticipan ya un nuevo ciclo de ajustes de plantilla.

 Si Pedro Sánchez y el gobierno del PSOE no se muestra consecuente con sus planteamientos en la oposición y toma medidas urgentes que cambien nuestro patrón de comportamiento y llega una crisis, una nueva oleada de desempleo masivo parece inevitable. Y volverá a ocurrir que el índice de desempleo triplica la caída del PIB y que volveremos a cotas de desempleo superiores al 25%. (...)

La realidad es que España sigue siendo singular en el mundo por lo contrario de lo que nos cuentan: su economía es la más elástica del mundo, la que se caracteriza por una creación de empleo más intensa que ninguna otra en momentos de auge y una destrucción más intensa en momentos de crisis. Ese tobogán, en el que España es líder mundial, no es precisamente un síntoma de rigidez sino de todo lo contrario.

El mercado de trabajo de España no es un accidente, es la consecuencia del tipo de flexibilización buscada por las 17 reformas laborales aplicadas desde 1980, impulsadas desde Bruselas, el FMI o la OCDE, que no han hecho otra cosa que agravar el patrón histórico de comportamiento de nuestra economía. Una y otra vez, las mismas instituciones han repetido las mismas recetas para acentuar las enfermedad con los mismas consecuencias.

En 2010, mientras el gobierno del PSOE preparaba su reforma laboral, un informe del FMI reconocía que España presentaba la mayor elasticidad del empleo entre los países desarrollados. En 2012, mientras el PP preparaba su gran reforma-hachazo, otro informe, en este caso del Banco de España 2012, asumía esa misma elasticidad mientras se quejaba de otras reformas laborales anteriores “que fomentaban el empleo de baja productividad y una excesiva volatilidad del mismo”. Reconocía además que nuestra demostrada capacidad para destruir empleo no podía “atribuirse al peso de la construcción o a la estructura del sistema productivo ya que todas ramas muestran cambios similares entre las distintas fases del ciclo”.

El informe del BdE decía que era consecuencia del “marco institucional vigente” y proponía como solución más “moderación salarial” para “amortiguar la intensidad de la destrucción de empleo en las (siguientes) fases cíclicas recesivas”. Pasados siete años, cuando se vislumbra la próxima recesión, conocemos sus consecuencias: el último análisis sobre la EPA, realizado por mis compañeros de EFC, (abril 2019), señala justamente que “la devaluación de los salarios se ha convertido en un elemento permanente de la evolución del mercado de trabajo”. Lo que era coyuntural se ha vuelto estructural.

 La persistencia en el diagnóstico no tiene detrás ninguna justificación científica. Simplemente las reformas dieron argumentos al camino cómodo demandado por las asociaciones patronales: acentuar la flexibilización de salida (a través de despidos) y de entrada (subvencionando cada vez más contratos y flexibilizando los temporales) acompañado de altísima tolerancia con el abuso de la temporalidad en fraude de ley, mientras en otros países europeos se implantaban programas de reparto de empleo y de reducción del tiempo del trabajo.

La elasticidad del empleo camina en sentido contrario al progreso de un país, es decir, debe decrecer mientras aumenta la calidad y productividad de su empleo. Los países “en desarrollo”, con abundancia de empleo barato, se sitúan en una elasticidad del empleo de alrededor del 0,7. 

La elasticidad promedio del mundo se sitúa entre el 0,32 y el 0,37 es decir que cada aumento del 1% en el PIB global genera una tercera parte de empleo, lo que significa que los dos tercios restantes deben atribuirse a incrementos de productividad. En la medida que los países escalan en el desarrollo su elasticidad decrece hasta situarse para los países avanzados en un 0,25 de promedio y aproximarse a cero (o ser negativa) en los punteros.

España es una excepción por un doble motivo: es la única nación cuya elasticidad se mantiene por encima de 1, como promedio, de los últimos 20 años (también ahora en 2019) lo que significa que sólo aumenta su productividad en momentos de crisis. Esa rara enfermedad tiene otros síntomas: es la única en la que la elasticidad crece sistemáticamente en cada ciclo, hasta situarse en 2,01 en los cinco años que siguieron a la crisis de 2008. 

España es mucho más flexible que Grecia y Portugal, más que Hungría y Bulgaria; más que Malta y Chipre; más que Indonesia, México, Turquía, Rusia o Sudáfrica. Todo eso aparece explicitado en un informe preparado conjuntamente por los expertos de la OIT, la OCDE, el Banco Mundial y el FMI en el que analiza 42 países, titulado Los mercados de trabajo en 2015: fortalecimiento del vínculo entre crecimiento y empleo. para la reunión del G20 celebrada en Turquía a finales de 2015.

Cuanto más se “profundiza en las reformas” laborales más nos alejamos de los comportamientos normales, más se fomenta la baja productividad de la economía y más la volatilidad del empleo.

Una referencia histórica: en el periodo 1979/1989, antes del desmontaje acelerado de nuestra industria que provocó la entrada en el Mercado Común, la elasticidad del empleo, era mucho más baja, del 0,11 en línea con otros países europeos. Entonces la productividad crecía al 2,4% anual.

El gobierno del PSOE aporta una nueva oportunidad para que España cambie el destino suicida de las anteriores reformas laborales que nos alejan de la normalidad. Pero, para ello, debe atreverse a enfrentarse a la miopía demandada por las asociaciones patronales.

La campaña del lobby que las apoyan ya está en marcha. Por un lado, el Banco de España parece asombrarse de que “las reformas laborales no han cambiado el patrón basado en la precariedad como puerta de entrada al trabajo” y vuelve a demandar soluciones que “profundicen en las reformas” para acabar con la “dualidad entre fijos y temporales”. Por otro, surgen voces que achacan los EREs y los despidos al miedo de las empresas a una contrarreforma laboral unilateral de los socialistas. Los que se oponen a la eliminación de los aspectos más lesivos de las reformas de 2010 y 2012, aprobadas unilateralmente, solicitan un “consenso imposible” que pretende perpetuarlas.

No queda otro camino que fortalecer los convenios colectivos y reducir la unilateralidad empresarial si queremos conseguir que España se plantee los ajustes empresariales a partir de políticas públicas que favorezcan el reparto de rentas (salarios, beneficios, dividendos) y/o reducción de tiempo del trabajo antes que en el despido, como han hecho siempre otros países. Solo mediante la corrección de los desequilibrio del poder a favor del empresario, introducidos en esas reformas se evitarán las soluciones fáciles cuyos resultados ya conocemos.

Esa es la responsabilidad imperiosa del gobierno del PSOE. Por ella será juzgado."                 (  , Economistas frente a la crisis, 02/06/19)

15.5.19

Sigo sin entender como en España, pudiendo las empresas contratar por cuatro duros, explotar al personal y obtener un beneficio tremendo, hay un 14% de paro...


 
Sigo sin entender como en España, pudiendo las empresas contratar por cuatro duros, explotar al personal y obtener un beneficio tremendo, hay un 14% de paro...

 
Pues porque hay falta de demanda y un 14% de desempleo. Tú puedes pagar en cacahuetes, que si no te entra gente por la puerta del restaurante da igual.

14.3.19

Los salarios de la clase media no suben (e incluso bajan), y las razones no son nada buenas

"Los trabajadores, especialmente los más jóvenes, están hastiados de oír que son la generación más preparada de la Historia, pero no ven que ello se refleje ni de lejos en sus muchas veces raquíticos salarios

El hecho es que ya no es sólo el salario de por sí, sino que además asisten atónitos a cómo se ha roto con la tendencia natural tradicional por la que, cuando el desempleo bajaba y el mercado laboral se tensionaba, los salarios subían. Ahora ya no es así desde hace varios años, y debemos ser conscientes de que no es que vivamos en la era de los trabajos de baja cualificación, sino que vivimos en la era de los salarios bajos: quieren (y tienen) “los duros a cuatro pesetas”.

Efectivamente, los economistas ven ahora cómo el nivel de desempleo por ejemplo en Estados Unidos se sitúa en un escaso 4%, pero sin embargo los salarios vienen manteniendo una eterna letanía, por la que no arrancan al alza (en términos reales), cuando en otros ciclos económicos hace trimestres que ya lo habrían hecho.

Como bien explicaba The Guardian hace unos días, aquí no vale el clásico razonamiento de que los salarios suben sólo si también lo hace la productividad. Realmente ésta era la tónica habitual hasta hace unas décadas, durante la época que va desde el fin de la Segunda Guerra Mundial a principios de los años 80: productividad y salarios sí que mostraban una fuerte correlación.

Pero desde entonces las cosas ya no han vuelto a ser iguales, y los salarios han emprendido la senda de la atonía (o incluso descenso en amplios grupos de población laboral), que hoy por hoy ya puede ser calificada de auténtica letanía. 

De hecho, una nueva investigación del Instituto para Política Económica ha arrojado la reveladora estadística de que, desde 1970 hasta la actualidad, la productividad se ha incrementado un contundente 73.7%, mientras que los salarios (descontada la inflación) lo han hecho un raquítico 12.3%. Y la parálisis salarial sólo se vuelve más severa conforme pasa el tiempo, con datos que revelan que en 2018 el salario real del sector privado de EEUU no creció en absoluto, algo especialmente revelador en un contexto de crecimiento económico como el del año pasado.

Como comentaba The Guardian, hay otra importante correlación tradicional en torno a los sueldos que también ha quedado rota. Se trata de que, hasta hace unas décadas, cuando los salarios subían, lo hacía también la bolsa. Hoy por hoy ocurre lo contrario, y hace unas semanas ya asistimos a cómo los mercados de EEUU se dieron una zambullida por el simple hecho de que salieron unos datos en Febrero que revelaban que, por fin, los salarios parecía que estaban revitalizándose. El terror a la inflación (y a la subida de los tipos de interés) arraigó por unas horas fuertemente entre los operadores bursátiles.

Finalmente, los mercados recuperaron la calma cuando se supo que, en realidad, ese incremento salarial resultó no serlo en mediana, sino tan sólo en una media que ocultaba que los que habían tenido esas subidas salariales eran precisamente los que mayores salarios tienen ya. Lo nunca visto: esto es un divorcio contra-natura entre Wall Street y Main Street.

Llegados a este punto, hay que preguntarse: ¿Pero y por qué no suben los salarios?

 Es la pregunta del millón de dólares (valga la paradoja por el tema) para todo economista. Se han escrito ríos de tinta para poder dilucidar qué está ocurriendo en los mercados laborales para que los salarios no tengan ningún brío, con las evidentes consecuencias macroeconómicas que ello implica en el largo plazo. (...)

Generalmente, y para la mayoría de las incógnitas económicas, para saber la verdad hay simplemente que esperar y ver (aparte de hacer un análisis correcto, claro está).

Así ha sido también para el tema de los salarios anémicos, pero antes de pasar a los datos, vayamos con los razonamientos, porque algunos de ellos son perversos (según la lógica matemática) como podrán observar. Uno de esos argumentos perversos, que desmontaba Business Insider y que está muy extendido, es que los salarios no suben porque los empleadores no encuentran en el mercado las capacidades que buscan. 

Cualquier técnico de Recursos Humanos sabe perfectamente que, si buscan un perfil que necesitan sí o sí, y los candidatos que han postulado no se adaptan a sus expectativas, lo que hace la empresa generalmente es subir la retribución. Si eso ocurriese, estaríamos viendo el “teórico” buen funcionamiento de los mecanismos del libre mercado aplicados al mercado laboral.
En realidad, esto sí que ha ocurrido en algunos submercados laborales, como por ejemplo en el de la Inteligencia Artifical (IA), según les analizamos hace unos meses. Pero no ha ocurrido así en (prácticamente) todo el resto de los rincones del mercado laboral 

(...) los beneficios empresariales siguen creciendo fuertes, pero no así los sueldos.
De hecho, esos beneficios siguen manteniéndose elevados, representando un porcentaje históricamente alto de los ingresos corporativos. Si no suben los salarios en este contexto tan propicio para ello es literalmente porque no quieren, algo especialmente probable en un mercado laboral en el que además un reciente estudio del Roosevelt Institute revela que actualmente hay una alta tasa de concentración en la oferta laboral. Este estudio además aporta datos reveladores, que permiten concluir que esa concentración laboral está influyendo fuertemente en mantener los salarios sin los incrementos que el contexto actual crecimiento económico actual justificaría.

Es lo que se conoce hoy en día por “monopsony”, y trae la citada tasa de concentración laboral que en otros mercados del sistema capitalista ya habría justificado la intervención de las todopoderosas autoridades anti-monopolio. Siendo esto así, efectivamente, es un motivo más (y muy coherente) por el que el mercado laboral no está funcionando lo eficientemente que debiera, puesto que la manipulación de los precios (salarios) es mucho más sencilla en un escenario de concentración de la oferta laboral.

(...)  hay ya numerosos sectores que están sufriendo efectos dramáticos a causa de esos salarios que parecen querer mantenerse bajos indefinidamente. Así lo ha revelado Bloomberg recientemente con un análisis, que tomaba por caso de estudio tres sectores caracterizados por su sostenidamente baja retribución: construcción, transporte por carretera de largo radio, y guarderías. Y no va la cosa simplemente de los efectos nocivos derivados de forzar a que no haya subidas salariales. 

El tema es más grave, con el claro perjuicio macroeconómico de una penalización evidente en coste de oportunidad y con un crecimiento económico perdido y por debajo de su potencial, todo como consecuencia de esos salarios artificialmente bajos. 

(...)  el sector laboral de los salarios bajos ya supone un porcentaje muy importante de la economía estadounidense, tras nueve años desde el inicio de la Gran Recesión. Ésta ha hecho que, desde entonces, el sector de bajos sueldos terciarios haya sido el sector económico-laboral que ha crecido más rápidamente. Pero, además, este bajo rango salarial ha disparado su peso en la economía de ese todopoderoso sector servicios, hasta convertirse en el sector económico-laboral de mayor peso en el conjunto de la economía nacional.

Así, como informaba la CBS News, Florida ha llegado a afirmar contundentemente que, para revertir la dañina tendencia de la polarización económica, se necesita hacer un “upgrade” de los rangos laborales del extremo más inferior. De hecho, llegó a concluir en otro artículo de investigación que el único modo de crear un amplio número de trabajos que permitan mantener una familia es reconstruir la clase media, y que esto sólo puede hacerse realizando ese “upgrade” de esos trabajos más precarios y con menores salarios del sector servicios, cuyas condiciones laborales cada vez se degradan más.

De no hacerlo, lo más probable es que algún día ese divorcio entre Wall Street y Main Street del que hablábamos antes lo acabemos pagando todos muy caro. El capitalismo ya no puede sobrevivir como tal sin su apellido “popular”: es precisamente una clase media amplia y acomodada lo que da estabilidad al sistema, y le imprime una prosperidad sostenible en el tiempo (que además resulta así ser para -casi- todos).

 Así ha sido de hecho durante la época dorada del capitalismo en el siglo XX, aquella que llegó cuando se disipó el olor a muerte de la fatídica Segunda Guerra Mundial. No debemos volver a cometer los mismos terribles errores del pasado, porque no se puede olvidar que sólo fue tras aquel sufrimiento extremo de la sociedad, cuando las élites político-económicas ya llegaron en su momento a la conclusión de hoy. Y es que esa clase media amplia y acomodada era absolutamente necesaria para evitar que se volviesen a repetir aquellos macabros desastres.

 No sé por qué ahora vamos a reinventar la rueda (de la muerte), y encima algunos creer que van a salir indemnes de lo que pueda traer de nuevo: en esta ocasión, tampoco nadie estará a salvo de un sufrimiento socioeconómico de aquel calibre. Nadie."              ( , El blog salmón, 12/03/19)