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1.9.26

Crisis en Ceuta: Fuera tonterías: creo que asistimos a un intento de forzar un cambio de gobierno en España promovido por fuerzas extranjeras en alianza con sectores de la derecha y el poder económico ligado a Estados Unidos, e Israel con Marruecos –cuya agenda propia está siendo utilizada— como instrumento. La suerte y la vida de la gente de Marruecos y de Ceuta no les importa nada. Para el gobierno resistir es muy complejo... En el Estrecho, España está en los dos lados. Nadie más está en las orillas como estado. Y eso les molesta a algunos en este momento histórico... No dudamos de la dependencia existente de Estados Unidos que padecemos. La relación que marca el Tratado Bilateral y todos los acuerdos les confiere una influencia enorme... No les basta la genuflexión. No cuando Madrid se permite creerse con cierta autonomia porque apoya políticamente a los Demócratas y la facción contraria a Trump. No se trata de lo que hacen sino de lo que podrían hacer... Si mantienen la presión pueden al menos favorecer un cambio de gobierno... La entrada en escena de la triada Trump Israel Marruecos implica un cambio cualitativo en la tensión de la zona... Marruecos tiene su agenda histórica uy juega sus cartas, se sabe pretendido por USA e Israel, se siente fuerte y tiene sus aliados en España, Israel habita en el fango del crimen y respira por la herida, Usa es trumpista y ve oportunidades de negocio y aliados internos. Añade la lucha por los Estrechos... USA va a perder en Ucrania, han perdido en Ormuz, quieren ganar en el Estrecho de Gibraltar y echarnos de las dos orillas. Nos ven con unas elites vendidas dispuestas a ceder lo que sea... la podrida oligarquía española sacrificará lo que sea para mantenerse y venderá a la nación para luego echar la culpa a otros y eludir su responsabilidad. Ya lo están haciendo. Las complicidades de elementos españoles con el Majzén marroquí son ya conocidas. El desastre está anunciado... España tiene margen y el gobierno, si tuviera voluntad de ello, podría reconducir la situación y hasta unir a una mayoría del país si adoptara una posición digna y valiente en esta crisis. Marruecos es muy vulnerable, solo se precisa presionar en ciertos factores. ¿lo harán? Alemania tuvo su su Gaseoducto y España su asalto a Ceuta. Así de grave está la cosa (Pedro A. García Bilba)

"Crisis en Ceuta:

  • España no tiene apoyos internacionales, tiene dependencia de Potencias que tienen sus propios intereses. (...)
  • Las Potencias están tan habituadas a que España no defienda sus intereses y papel en el mundo que ante la posibilidad de que lo haga, aunque sea puro postureo, reaccionan con agresión y amenazas.
  • No dudamos de la dependencia existente de Estados Unidos que padecemos. La relación que marca el Tratado Bilateral y todos los acuerdos les confiere una influencia enorme. El problema es cuando la racionalidad de un cierto status quo no les basta. Dinamarca está genuflexa, Groenlandia abierta a las empresas USA. ¿porqué la tensión? Pueden obtener lo que precisan sin esa presión. En el Estrecho, España está en los dos lados. Nadie más está en las orillas como estado. Y eso les molesta a algunos en este momento histórico.
  • El problema es el potencial. Si lo está y tiene un gobierno que lo ponga en valor de alguna forma puede haber problemas. No quieren problemas. No les basta la genuflexión. No cuando Madrid se permite creerse con cierta autonomia porque apoya políticamente a los Demócratas y la facción contraria a Trump. No se trata de lo que hacen sino de lo que podrían hacer. Cuando dependes de un poderoso tan asimetricamente como nosotros no apliques la racionalidad del «ya tienen lo que quieren». No actua hoy esa racionalidad. No basta. La entrada en escena de la triada Trump Israel Marruecos implica un cambio cualitativo en la tensión de la zona. Añada las cuestiones internas españolas y la divisió que sufrimos. Sanchez sirve muy bien al capital español y el IBEX y no digamos a los Fondos extranjeros. Asume toda la agenda UE. ¿Porqué la inquina para echarle? Es un vendehumo de primera. Ah, porque las cosas no son tan sencillas. Ha cambiado la estructura de las alianzas internas y la contradicción entre Pp Vox con las derechas catalana y vasca (otanistas, neoliberales, sionistas, antirrusas) dificulta mayorias alternativas a la sanchista. De ahí el odio manifiesto. Incorpore esa variable. Esas fuerzas de derecha quieren echarle como sea, Marruecos tiene su agenda histórica uy juega sus cartas, se sabe pretendido por USA e Israel, se siente fuerte y tiene sus aliados en España, Israel habita en el fango del crimen y respira por la herida, Usa es trumpista y ve oportunidades de negocio y aliados internos. Añada la lucha por los Estrechos en otras zonas Que una potencia decadente y vencida siga teniendo la potencialidad de controlar un espacio vital molesta a estos actores. Se nos ve débiles y saqueables más todavía. Si mantienen la presión pueden al menos favorecer un cambio de gobierno a uno más arrastrado y vendido todavia.
  • España tiene la potencialidad y capacidad para resistir estas presiones. El problema es si tiene o no un gobierno dispuesto a hacerse valer y con dignidad. (...)
  • USA va a perder en Ucrania, han perdido en Ormuz, quieren ganar en el Estrecho de Gibraltar y echarnos de las dos orillas. Nos ven un despojo vulnerable con unas elites vendidas dispuestas a ceder lo que sea y vienen a por los restos. El desastre está anunciado.
  • Estamos asistiendo a un nuevo 98. Y como entonces, la podrida oligarquía española sacrificará lo que sea para mantenerse y venderá a la nación para luego echar la culpa a otros y eludir su responsabilidad. Ya lo están haciendo. Lo llevan haciendo al menos 128 años.
  • España tiene margen y el gobierno, si tuviera voluntad de ello, podría reconducir la situación y hasta unir a una mayoría del país si adoptara una posición digna y valiente en esta crisis. Marruecos es muy vulnerable, solo se precisa presionar en ciertos factores. ¿lo harán? No creo que lo hagan. Lo lamento, pero nadie debe hacerse ilusiones con el PSOE. La estrategia Sanchez puede pasar por capear el temporal al precio que sea y esperar a las elecciones USA de otoño y confiar en una debacle trumpista que lleve a ese nuevo frente alli afloje la presión.
  • Es el PSOE quien está en el gobierno y eso implica que la responsabilidad es suya. Lo que pasa es que no es únicamente suya. Las relaciones de Marruecos con las elites españolas es profunda y desde luego desborda al PSOE, no acaba en ellos. De entrada PP y Vox mantienen relaciones muy profundas con Marruecos. De hecho PSOE y PPVox coinciden en que Marruecos es aliado fiel, seguro y esas cosas lo que es un completo absurdo que solo se explica que se enuncie así como una estrategia diplomática y de comunicación, pues todos ellos saben que Marruecos tiene su propia agenda en todo esto. En cualquier caso nInguno responsabiliza a Marruecos, todos le cubren. PPVOX emplea la crisis para desgastar al PSOE, el PSOE intenta capear el temporal y no afrontarlo en sus justas dimensiones haciendo así que la crisis se profundice. Ninguno se salva. De la negación de todos estos actores del papel de EE.UU e Israel y el momento internacional no se salva ninguno de ellos. Las contradicciones negativas para España surgen de la naturaleza del R78 del que el PSOE es un actor necesario y convencido.
  • Fuera tonterías: creo que asistimos a un intento de forzar un cambio de gobierno en España promovido por fuerzas extranjeras en alianza con sectores de la derecha y el poder económico ligado a Estados Unidos, e Israel con Marruecos –cuya agenda propia está siendo utilizada— como instrumento. La suerte y la vida de la gente de Marruecos y de Ceuta no les importa nada. Para el gobierno resistir es muy complejo porque implicaría enfrentarse con sus otras lealtades (OTAN, R78, otras facciones de poder incluidas en USA). (...) Sanchez jugo con fuego al hacer declaraciones sobre Israel, Gaza y Trump. eran superficiales y cosméticas, para consumo de su base electoral, pero España está sometida desde 1939-1953-1978 y no tiene margen ninguno, ni para cosméticas, La alianza de la oligarquia local y la derecha con Estados Unidos, Israel y Marruecos es muy fuerte y se le ha echado encima. No sabe como rechazar el golpe.
  • Es necesario favorecer la marcha de Mohamed VI a abu dhabi donde ya se encuentra su buen amigo y colega Juan Carlos Borbón. Marruecos no tiene con que chantajear a España. Las complicidades de elementos españoles con el Majzén marroquí son ya conocidas y los excesos de Mohamed VI también. (...)
  • Todos podemos entender que en algunas cuestiones graves, un gobierno pida prudencia y confianza en que gestionará las cosas de la mejor forma posible, atendiendo a lo urgente y a lo necesario. Es lo que procede. Pero no solo. Si en su proceder hay notorias contradicciones, en una sociedad democrática se tiene derecho a señalarlas y exigir cuanto menos aclaraciones. Y sea el gobierno o quienes lo apoyan en el Parlamento deben dar explicaciones y razones, deben argumentar y explicar. La credibilidad no se impone, se merece o no a través de las acciones. No es creíble el gobierno cuando afirma que Marruecos es aliado fiel y colaborador. La realidad lo desmiente. No es creíble cuando afirman que esto es solo una crisis humanitaria. No es «solo» una crisis de ese tipo. La oposición de derecha, PP y VoX coinciden con el gobierno en negar la parte de responsabilidad de Marruecos, para de inmediato pasar a atacarles por su gestión deficiente en la frontera, la seguridad de la población o la resolución del problema humano urgente que se plantea en calles y playas de Ceuta.
  • El gobierno español prefiere hacer pasar al CNI, al CIFAS y a los servicios de información de la policía por inútiles y negligentes, antes que reconocer el casus Belli que ha protagonizado Marruecos contra España.
  • El gobierno español ha preferido pasar por desinformado, descoordinado y con contradicciones, antes que aceptar que #Marruecos ha cometido una agresión en toda regla, todo un Casus Belli. Alemania tuvo su su Gaseoducto y #España su asalto a #Ceuta. Así de grave está la cosa. (...)
  • No habrá solución en Ceuta y Melilla mientras no se reconozca oficialmente la implicación de Marruecos en lo que es un acto de agresión que amenaza la seguridad nacional y que tendrá consecuencias.
  • Hasta la guerra civil en Siria, aun hace poco, la Armada Rusa en tránsito paraba en Ceuta con toda normalidad. Hacían escalas de varios días para repostaje, descanso etc. Inglaterra protestó. OTAN protestó. El gob. español cedió y vetó de hecho las visitas rusas."

  (Pedro A. García Bilbao, Sociología Crítica, 30/08/26)

26.8.26

Ceuta como momento de reflexión: lo que la crisis reveló sobre nuestro mundo... Quienes llegaron a Ceuta no eran un ejército. No portaban armas ni representaban una amenaza organizada. Eran personas cuya única «arma» era su propia vulnerabilidad. Y esta podría ser la paradoja más profunda de nuestro tiempo: los desvalidos se transforman cada vez más en instrumentos de poder, mientras que quienes manipulan su destino permanecen ajenos a las consecuencias de sus decisiones... quizás la lección más inquietante de Ceuta no se refiere solo a por qué la gente se desplaza, sino también a cómo otros utilizan cada vez más su desplazamiento. ¿Estamos presenciando el surgimiento de una nueva categoría de migrantes: no solo refugiados, solicitantes de asilo o migrantes económicos, sino personas que, en la práctica, son «alquiladas» para intereses geopolíticos? Son seres humanos que arriesgan sus vidas, a veces impulsados ​​por la desesperación, a veces por la esperanza, y a veces por ambas. Cruzan mares y fronteras porque no ven otro camino hacia la supervivencia o la dignidad. Sin embargo, su vulnerabilidad puede transformarse en un instrumento estratégico por actores mucho más poderosos que ellos. Detrás de sus viajes pueden esconderse no solo pobreza, guerra y desigualdad, sino también cálculos políticos, presiones diplomáticas y luchas por la influencia... La tragedia reside en que quienes se convierten en instrumentos de estos juegos rara vez son tratados como seres humanos con sus propias historias y aspiraciones. Se les cuenta como números, se les describe como oleadas o invasiones, y se les reduce a problemas de seguridad... Lo que gran parte del mundo occidental (no solo la derecha) comparte, sin embargo, es un profundo temor a las personas. Personas sin armas. Personas sin poder, pero que dan tanto miedo... La crisis de Ceuta, que bien pudo haber sido alentada o incluso explotada por los círculos políticos de Trump, se transformó de inmediato en un instrumento de propaganda. El presidente estadounidense se presentó como defensor del territorio nacional frente a una supuesta «invasión», una masa amenazante de personas retratadas como casi infrahumanas.. Mientras Europa construye su fortaleza, los países del Sur Global ofrecen un ejemplo diferente. Las naciones africanas, a pesar de enfrentar desafíos económicos mucho mayores, han acogido a millones de refugiados durante décadas: solo Uganda acoge a más de 1,5 millones de refugiados de Sudán del Sur, Congo y Ruanda, otorgándoles tierras y el derecho a trabajar... Mientras Occidente levanta muros y externaliza sus problemas migratorios, China propone un enfoque diferente.. ha invertido más de un billón de dólares en proyectos de infraestructura en África, Asia y América Latina. China no busca generar dependencia, sino abordar las causas profundas de la migración: la pobreza, la falta de infraestructura y el subdesarrollo económico (Biljana Vankovska)

"Ceuta como momento de reflexión: lo que la crisis reveló sobre nuestro mundo

 En una época en la que tanto la esfera pública convencional como la alternativa se rigen por la lógica de la inmediatez —donde la rapidez de reacción determina la visibilidad, la relevancia y la audiencia— muchos se apresuran a comentar situaciones complejas como si fueran comida rápida. Al hacerlo, a menudo se comportan de forma muy similar a los gestores de crisis políticas superficiales, que carecen tanto de la voluntad como del interés por realizar un análisis más profundo antes de tomar decisiones.

Quizás esto sea lo que hace que los observadores más perspicaces parezcan menos atractivos: llegan a la escena después del suceso, «demasiado tarde», y se les acusa de comportarse como generales tras la batalla, pretendiendo poseer una sabiduría adquirida solo después de los acontecimientos. Por otro lado, es difícil culpar a los periodistas y comentaristas habituales por no querer «aprovechar» una buena crisis, una que ofrezca un titular sensacionalista y la promesa de descubrir «quién está involucrado, quién está detrás de escena y qué está sucediendo realmente».

Por estas razones, aun a riesgo de parecer alguien que se perdió el evento principal y solo leyó los análisis después (al igual que las reseñas de La Odisea de Nolan , que parecieron atraer más atención que el genocidio en Gaza y Cisjordania, o el que se desarrolla en Sudán), decidí deliberadamente escribir sobre Ceuta desde una perspectiva diferente. Quizás aún pueda llegar a alguien …

Permítanme comenzar con lo más obvio que muchos prefieren no admitir: nuestra propia ignorancia.

La pequeña y aparentemente “crisis migratoria” en la pequeña ciudad española de Ceuta se convirtió en una lección de geografía, ya sea sobre España o Europa. Cuando las imágenes de una “invasión” o una “ola” de personas inundaron los medios de comunicación de todo el mundo, como muchos observadores describieron el evento, la primera impresión fue que la propia España continental había sido atacada. El temor se extendió hasta Dinamarca y Finlandia. Italia reaccionó discutiendo restricciones relacionadas con el espacio Schengen, a pesar de que ni siquiera comparte frontera con la España continental.

Más tarde aparecieron los mapas geográficos, que «revelaban» que España, al igual que Gran Bretaña, los Países Bajos, Portugal y Francia, también posee territorios fuera de Europa. Y, sorprendentemente para algunos, Europa y África comparten una frontera terrestre.

Pero, ¿qué no aprendimos de esta “crisis” obviamente fabricada?

No comprendimos que tras los acontecimientos visibles se esconden raíces más profundas y complejas cadenas de causa y efecto. La respuesta más fácil, como siempre, fue recurrir de inmediato a la geopolítica: ¿Qué actores o estados tienen intereses visibles u ocultos? ¿Quiénes están involucrados? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Por qué ahora?

La conexión más evidente se estableció con el «sospechoso habitual»: Estados Unidos, o más precisamente Donald Trump, y sus socios estratégicos más cercanos: Marruecos en África e Israel en Asia. La red de intereses que los une se basa no solo en alianzas, dinero y poder, sino también en los llamados Acuerdos de Abraham: un acuerdo destinado a remodelar la región y establecer un nuevo orden respaldado por Estados Unidos en el que Palestina desaparecería como realidad política (salvo quizás como una futura «Riviera»), al tiempo que se enfrenta al enemigo arquetípico: Irán.

Otra dimensión concierne a los llamados puntos estratégicos marítimos. Cada estrecho y angosto paso del comercio mundial adquiere una nueva importancia en materia de seguridad: según la perspectiva, puede representar una ventaja o una vulnerabilidad.

Esta interpretación no está del todo alejada de la realidad, especialmente dada la franqueza sin precedentes con la que Trump, eufemísticamente descrito como alguien que practica una «política transaccional», ha hablado de adquirir territorios (Groenlandia o Taiwán) e incluso estados enteros (Venezuela, Canadá y Panamá).

Aunque parezca un asunto global complejo, en realidad se trata del enfoque analítico más sencillo para los sucesos de Ceuta: identificar los intereses de las grandes potencias y la competencia geopolítica. Estados Unidos ha dejado de ocultar sus ambiciones imperiales.

En relación con esta crisis en particular, un informe reciente del Congreso de los Estados Unidos, elaborado por la Cámara de Representantes, sugiere que Ceuta y Melilla deberían considerarse territorio marroquí.

Las afirmaciones que circulan en las redes sociales, incluidas las atribuidas al hijo de Netanyahu, no merecen una atención analítica seria, aunque se citan con frecuencia como prueba de la supuesta implicación israelí.

Estas observaciones no deben interpretarse como un intento de descartar el enfoque geopolítico. Más bien, constituyen un intento de ir más allá de lo visible y alcanzar las estructuras más profundas que dan forma al mundo actual.

La incómoda verdad es que la crisis migratoria no es un accidente, sino la consecuencia directa de las políticas imperialistas occidentales. Estados Unidos y sus aliados de la OTAN llevan décadas desestabilizando Oriente Medio y el Norte de África mediante intervenciones militares (Irak en 2003, Libia en 2011, Siria desde 2011), regímenes de sanciones y apoyo a regímenes autoritarios. La destrucción de Libia, por sí sola, provocó una catástrofe humanitaria que convirtió al país en un centro de trata de personas. Occidente crea a los refugiados y luego construye muros para impedir su entrada. Esta no es una crisis migratoria, sino una crisis del imperialismo occidental y sus consecuencias.

Occidente habla de un «orden internacional basado en normas», pero este orden no es más que una herramienta de la hegemonía occidental. El caso de Ceuta, por sí solo, abre un debate mucho más amplio. Cada actor implicado se mueve por su propia búsqueda de poder, pero también por la dependencia y la interconexión con redes de intereses más amplias. Esto requiere mucho más que un breve ensayo analítico. Porque la pregunta inevitable persiste: si puede ocurrir aquí, ¿por qué no podría ocurrir en algún otro lugar del mundo?

Pero quizás la lección más inquietante de Ceuta no se refiere solo a por qué la gente se desplaza, sino también a cómo otros utilizan cada vez más su desplazamiento. ¿Estamos presenciando el surgimiento de una nueva categoría de migrantes: no solo refugiados, solicitantes de asilo o migrantes económicos, sino personas que, en la práctica, son «alquiladas» para intereses geopolíticos?

Son seres humanos que arriesgan sus vidas, a veces impulsados ​​por la desesperación, a veces por la esperanza, y a veces por ambas. Cruzan mares y fronteras porque no ven otro camino hacia la supervivencia o la dignidad. Sin embargo, su vulnerabilidad puede transformarse en un instrumento estratégico por actores mucho más poderosos que ellos. Detrás de sus viajes pueden esconderse no solo pobreza, guerra y desigualdad, sino también cálculos políticos, presiones diplomáticas y luchas por la influencia.

La tragedia reside en que quienes se convierten en instrumentos de estos juegos rara vez son tratados como seres humanos con sus propias historias y aspiraciones. Se les cuenta como números, se les describe como oleadas o invasiones, y se les reduce a problemas de seguridad. Sus vidas se convierten en variables en los cálculos de los Estados y los actores poderosos que miden el éxito en términos de influencia, territorio y ventaja política, no en términos de sufrimiento humano.

Quienes llegaron a Ceuta no eran un ejército. No portaban armas ni representaban una amenaza organizada. Eran personas cuya única «arma» era su propia vulnerabilidad. Y esta podría ser la paradoja más profunda de nuestro tiempo: los desvalidos se transforman cada vez más en instrumentos de poder, mientras que quienes manipulan su destino permanecen ajenos a las consecuencias de sus decisiones.

Ahora pasemos a España, al presidente del Gobierno Pedro Sánchez y a los límites de los discursos progresistas. Por ejemplo, Sánchez se ha convertido en una figura particularmente admirada en muchos círculos de izquierda. En una época marcada por una inquietante combinación de populistas y kakistócratas , gobiernos liderados por algunos de los actores políticos más incompetentes y egoístas, un político como Sánchez inevitablemente genera admiración. Esta imagen positiva se basa no solo en el reconocimiento de Palestina por parte de España y su cooperación con Argelia, sino también en la humillación pública a la que Sánchez ha sido sometido por Donald Trump. Hoy, para el líder de un país relativamente pequeño, ser blanco de la hostilidad de Trump se percibe casi como una medalla de honor: crea de inmediato la imagen de David frente a Goliat.

Sin embargo, en aras de la honestidad intelectual, debemos dejar de idealizar lo que a menudo se queda en una mera política de palabras: una política sin acciones suficientes, y a veces incluso una política de complicidad. Es bien sabido que España mantiene la cooperación militar con Israel, incluyendo la cooperación en materia de armamento, mientras la catástrofe humanitaria en Gaza continúa desarrollándose. La condena pública de ciertas políticas por parte de un gobierno no borra automáticamente las contradicciones de sus relaciones exteriores y de seguridad en general.

La política migratoria española, supuestamente de izquierdas pero incoherente, también ha sido objeto de críticas, incluso a través de recursos legales y escrutinio judicial. Los críticos la han descrito como un factor de acogida para los inmigrantes no deseados que supuestamente amenazan la seguridad nacional de los Estados miembros de la UE. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja, y las conclusiones simplistas tienen motivaciones políticas o se basan en la ignorancia. Un tribunal español impugnó la práctica de rechazar a los inmigrantes que llegan por mar, considerando tales medidas incompatibles con los principios humanitarios básicos. Detrás de estas políticas se esconde la cruda realidad del Mediterráneo, que se ha convertido en uno de los mayores cementerios silenciosos de personas no identificadas. No obstante, estas prácticas no son únicas. Australia ha recurrido abiertamente a enfoques similares, mientras que Frontex y varios Estados costeros europeos también han practicado la disuasión y la exclusión, presentándolas como una necesaria «autodefensa».

Al mismo tiempo, España no se limitó a «abrir sus fronteras» como suele asociarse con la política de Angela Merkel en 2015. En cambio, adoptó un enfoque más pragmático al regularizar la situación de los inmigrantes indocumentados, principalmente de América Latina, que ya llevaban varios meses viviendo en el país, no tenían antecedentes penales y contaban con empleo.

De esta forma, España abordó parte de su escasez de mano de obra mediante un proceso de legalización controlado. Mientras tanto, como ha señalado repetidamente el director de la Iniciativa Europea de Estabilidad, países como Italia y Grecia siguen lidiando con un número mucho mayor de migrantes económicos irregulares y con una presión mucho mayor en sus fronteras.

Esto nos lleva a una cuestión más profunda que muchos prefieren no afrontar: el valor que se le otorga a la vida humana y la hipocresía del Occidente desarrollado.

Antes de continuar, cabe hacer una aclaración. La crisis de Ceuta, que bien pudo haber sido alentada o incluso explotada por los círculos políticos de Trump, se transformó de inmediato en un instrumento de propaganda. El presidente estadounidense se presentó como defensor del territorio nacional frente a una supuesta «invasión», una masa amenazante de personas retratadas como casi infrahumanas: criminales, enfermos mentales, pobres, desesperados, una multitud anónima y peligrosa. Su mensaje era claro: así es como debe ser un buen liderazgo; así es como se evita «otra Ceuta». Sin embargo, no profundizaré en el espectáculo electoral estadounidense, donde casi cualquier mentira, distorsión o crueldad puede convertirse en propaganda política para el movimiento MAGA.

Lo que gran parte del mundo occidental (no solo la derecha) comparte, sin embargo, es un profundo temor a las personas. Personas sin armas. Personas sin poder, pero que dan tanto miedo. Personas reducidas a lo que Giorgio Agamben llamó homo sacer . No se las puede matar sin consecuencias, pero tampoco se las puede aceptar, o mejor dicho, no se las quiere.

Esta “maldición” afecta particularmente a Europa, que desde hace más de una década ha adoptado cada vez más la imagen de la Fortaleza Europa: un continente que debe defenderse desde todas las direcciones y por todos los medios disponibles. La defensa contra una “invasión rusa” puede, al menos, integrarse en un discurso tradicional de seguridad nacional, ya que se plantea en términos militares clásicos. Pero ¿qué ocurre con los migrantes? La distinción más inhumana en el trato legal a los migrantes es la separación entre los llamados migrantes económicos y los refugiados de guerra. Quienes se asustaron con las imágenes de Ceuta a menudo no se preguntan por las fronteras selladas y las condiciones de hacinamiento en las que se encuentran atrapados los palestinos. Nadie espera una “ola” de palestinos; no se les percibe como una amenaza, aunque ellos mismos se enfrentan a la amenaza de una posible extinción. El dilema del Occidente desarrollado se asemeja al intento imposible de cuadrar un círculo: cómo garantizar un suministro continuo de mano de obra para los servicios públicos, la agricultura, el cuidado de personas y otros trabajos difíciles en una sociedad que envejece rápidamente. Esta mano de obra suele provenir de lugares asociados —de manera injusta pero persistente— con el color de piel, la religión o la cultura considerados «equivocados». Se les da la bienvenida como trabajadores, pero se les teme como vecinos o miembros de la comunidad.

Vengo de un país que en su día se encontraba en la ruta de tránsito de la llamada ruta migratoria desde Turquía, y antes de eso, desde Irak, Siria, Libia e incluso Afganistán. Todavía recuerdo vívidamente el trato que recibían estas personas desafortunadas. Para la mayoría, el mayor «alivio» era que solo estaban de paso. No planeaban quedarse ni buscar un futuro en lo que muchos percibían como un rincón pobre y periférico de los Balcanes. Su partida generó una sensación de tranquilidad colectiva. Pero ahora parece que el círculo se cierra. La Unión Europea convocó de inmediato una reunión de emergencia de ministros del interior en respuesta a la «crisis migratoria», una crisis que duró apenas dos o tres días, tras los cuales el 90% de los que llegaron ya habían regresado a sus hogares. Sin embargo, esto no impidió que los gobiernos europeos intensificaran su retórica y sus exigencias de una barrera de seguridad más fuerte y unificada, diseñada para estar abierta únicamente a las categorías deseables de personas: aquellas con educación, cualificaciones, antecedentes penales limpios y otras características consideradas útiles para los mercados laborales europeos. Todos los demás, es decir, los indeseables, deben ser reubicados en algún lugar.

Mientras Europa construye su fortaleza, los países del Sur Global ofrecen un ejemplo diferente. Las naciones africanas, a pesar de enfrentar desafíos económicos mucho mayores, han acogido a millones de refugiados durante décadas: solo Uganda acoge a más de 1,5 millones de refugiados de Sudán del Sur, Congo y Ruanda, otorgándoles tierras y el derecho a trabajar. Turquía ha acogido a más de 3,5 millones de refugiados sirios (a cambio de dinero, por supuesto). Esto no se debe a la caridad, sino al reconocimiento de que la solidaridad entre las naciones poscoloniales es esencial. Occidente, que creó estas crisis a través de siglos de colonialismo y décadas de intervención neocolonial, ahora se niega a aceptar las consecuencias de sus propios actos.

Mientras Occidente levanta muros y externaliza sus problemas migratorios, China propone un enfoque diferente. A través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, ha invertido más de un billón de dólares en proyectos de infraestructura en África, Asia y América Latina. China no busca generar dependencia, sino abordar las causas profundas de la migración: la pobreza, la falta de infraestructura y el subdesarrollo económico. A diferencia de las potencias occidentales que extraen recursos y dejan inestabilidad a su paso, el modelo chino de cooperación Sur-Sur se centra en la construcción de ferrocarriles, puertos, hospitales y escuelas que generan empleo y dignidad. ¿El resultado? Países que antes producían oleadas de migrantes se están convirtiendo en destinos para quienes regresan e incluso atraen a trabajadores de regiones vecinas. Esto no es caridad, sino el reconocimiento de que la única solución sostenible a la migración es el desarrollo, no los muros.

Los periodistas me han preguntado si existen soluciones para los estados más pequeños y débiles en un mundo donde incluso los seres humanos reclutados y movilizados mediante el engaño, la desesperación, los incentivos financieros, los traficantes de personas, los monarcas y los oligarcas que manipulan los destinos humanos son descritos cada vez más como «armas».

La expresión «instrumentalización de la migración» ya forma parte del vocabulario de las instituciones de seguridad, los medios de comunicación y, lamentablemente, de gran parte de una población atemorizada. Podría hablar aquí de soluciones constructivas: cooperación regional y europea, vías legales, mecanismos humanitarios o incluso (si fuera necesario) barreras físicas como vallas y muros.

Pero todos sabemos que nuestros gobiernos suelen ser tan corruptos y moralmente cuestionables que podrían fácilmente convertir incluso el sufrimiento humano en otra transacción: ofrecer su territorio para la contención de personas no deseadas a cambio de dinero, favores políticos o supuestas «alianzas estratégicas». Estos acuerdos se han debatido durante años. Un ejemplo reciente es la denominada alianza estratégica con el Reino Unido, que refleja una tendencia más amplia a externalizar el control migratorio más allá de las fronteras de los estados poderosos.

En definitiva, se podría descartar esto como una mera perspectiva moral, humanitaria o incluso «femenina». Pero sigue siendo impactante que los seres humanos se hayan convertido no solo en depredadores unos de otros, sino también en migrantes indeseados. Muchos de nosotros hemos estado cerca de experimentar la condición de refugiados o migrantes (yo incluido). Quienes provenimos de la antigua Yugoslavia aún recordamos la incertidumbre, el desplazamiento y la vulnerabilidad de aquellos años. Y nuestro propio futuro aún no está garantizado.

Nuestros hijos ya se han convertido en migrantes económicos. Quizás algún día nosotros mismos tengamos que cruzar fronteras en busca de dignidad y supervivencia. O quizás se nos pida que abramos nuestras puertas a personas cuyo destino ya ha sido decidido por otros, tachadas de indeseables y desechables por actores poderosos, pero consideradas lo suficientemente útiles como para ser trasladadas a algún “tercer país seguro”.

A lo largo de la historia, la seguridad nacional y la soberanía se han antepuesto con frecuencia a la vida de los ciudadanos comunes. La instrumentalización de la migración es quizás la expresión más clara de un conflicto de clases más amplio en nuestros tiempos. Se trata de un brutal juego de lucro, poder y dominación, orquestado por sistemas políticos corruptos en el siglo XXI: un siglo que aún queremos creer que representa la cúspide del progreso humano.

La ironía más profunda reside en que la humanidad misma no existiría sin la migración. La historia humana es, ante todo, la historia del movimiento, el encuentro, la mezcla y la transformación entre pueblos de diferentes regiones del mundo. La civilización que hoy levanta muros fue creada por quienes alguna vez los cruzaron.

Quizás sea hora de que Occidente aprenda de la sabiduría de civilizaciones que han perdurado durante milenios: los muros no resuelven los problemas, solo los posponen. La única solución sostenible a la migración no es la exclusión, sino la cooperación; no el miedo, sino el desarrollo; no los muros, sino los puentes."

(Biljana Vankovska  , blog, 06/08/2, traducción Salvador L. Arnal) 

19.8.26

¿Por qué los analistas chinos vinculan el papel de Marruecos en Gaza con la crisis de Ceuta en España? A primera vista, la participación de Marruecos en la propuesta fuerza internacional de estabilización en Gaza y la extraordinaria crisis migratoria en el enclave español de Ceuta parecen ser dos historias separadas... los círculos estratégicos y analíticos chinos están examinando si estos dos acontecimientos deben entenderse dentro una "extensión funcional" de la influencia occidental... Una fuerza de estabilización integrada por personal árabe en Gaza puede brindar un grado de legitimidad regional que sería difícil de lograr mediante una presencia militar exclusivamente estadounidense o israelí... y así, los estados árabes, como Marruecos, se convierten en participantes del mecanismo de seguridad estadounidense... y la crisis de Ceuta constituye otro ejemplo de cómo el conflicto de Oriente Medio puede extenderse a las disputas políticas europeas... y demuestra la vulnerabilidad de España y de la Unión Europea en general ante una presión repentina en sus fronteras exteriores... Cuando un país europeo se ve profundamente involucrado en las disputas políticas y de seguridad de Oriente Medio, puede sufrir consecuencias en otras partes de su entorno estratégico... esto ilustra lo que podría describirse como el "costo de los roles regionales". España tiene que gestionar sus relaciones con Marruecos, su posición sobre Israel y Gaza, sus responsabilidades con la Unión Europea y el reto práctico de controlar sus fronteras exteriores... La crisis de Ceuta demuestra la otra cara de la moneda: los realineamientos geopolíticos en Oriente Medio pueden tener consecuencias que van mucho más allá de la propia región... pero el interés de China en este asunto va más allá de Marruecos o España... Para Pekín, Oriente Medio ya no es simplemente un proveedor de energía o un escenario diplomático. Forma parte, cada vez más, de la competencia más amplia entre sistemas internacionales y redes de seguridad rivales... Si Washington logra incorporar a más países árabes a un marco de seguridad coordinado, el margen de maniobra de China podría reducirse con el tiempo. La cuestión ya no es simplemente quién proporcionará seguridad en la Gaza de la posguerra. Se trata de quién configurará la red más amplia de alianzas, asociaciones y dependencias que surja de la actual convulsión en la región, y si Estados Unidos o China ejercerán mayor influencia sobre ella (Dra. Nadia Helmy)

"A primera vista, la participación de Marruecos en la propuesta fuerza internacional de estabilización en Gaza y la extraordinaria crisis migratoria en el enclave español de Ceuta parecen ser dos historias separadas.

A primera vista, la participación de Marruecos en la propuesta fuerza internacional de estabilización en Gaza y la extraordinaria crisis migratoria en el enclave español de Ceuta parecen ser dos historias distintas. Una concierne a la futura estructura de seguridad de Gaza; la otra, a la frontera de España con Marruecos. 

Sin embargo, los círculos estratégicos y analíticos chinos están examinando si estos dos acontecimientos deben entenderse dentro de un realineamiento regional más amplio que involucre a Estados Unidos, Israel y Marruecos.

Esto no significa que Pekín haya establecido una relación causal directa entre el papel de Marruecos en Gaza y la crisis migratoria en Ceuta y Melilla. Tampoco existen pruebas públicas que demuestren que ambos sucesos formen parte de una operación coordinada. Más bien, la interpretación china se centra en lo que la convergencia de estos acontecimientos podría significar para la distribución de la influencia en el Mediterráneo y Oriente Medio.

Desde la perspectiva de Pekín, la cuestión importante no es simplemente el despliegue de personal marroquí en Gaza, sino la posibilidad de que los estados árabes se conviertan cada vez más en componentes operativos de una arquitectura de seguridad regional respaldada por Estados Unidos e Israel.

Ahí es donde cobra relevancia lo que algunas evaluaciones estratégicas chinas describen como una "extensión funcional" de la influencia occidental.

El papel emergente de Marruecos en Gaza

Marruecos se ha convertido en uno de los contribuyentes fundadores de la Fuerza Internacional de Estabilización para Gaza. Un informe de las Naciones Unidas sobre la implementación del plan para Gaza indica que Marruecos, junto con Albania, Indonesia, Kazajistán y Kosovo, firmó la Declaración de Contribuyentes Fundadores en febrero de 2026 y expresó su intención de aportar tropas. El mismo informe señala que los preparativos para la fuerza están muy avanzados y que su misión incluye la supervisión del alto el fuego, el apoyo al desarme, la capacitación policial, la protección de civiles y las operaciones humanitarias.

En agosto, el asunto pasó de la planificación diplomática a un acuerdo militar más concreto, cuando la Junta de Paz adjudicó un contrato de construcción para un pequeño puesto militar destinado a albergar a unos 150 soldados marroquíes. La instalación proyectada se ubica en una zona de Gaza controlada por Israel, cerca de la frontera, y está diseñada para apoyar un despliegue rotatorio de tropas marroquíes.

Esto es significativo porque Marruecos no solo participaría políticamente en los acuerdos de posguerra. Su personal podría integrarse al mecanismo de seguridad que opera sobre el terreno.

Para Washington y sus socios, la participación de los estados árabes ofrece una importante ventaja política. Una fuerza de estabilización integrada por personal árabe puede brindar un grado de legitimidad regional que sería difícil de lograr mediante una presencia militar exclusivamente estadounidense o israelí.

Para Israel, la participación árabe también podría reducir parte de la carga operativa y política asociada con los acuerdos de seguridad de la posguerra.

Para China, sin embargo, este acontecimiento plantea una cuestión diferente: ¿representa la participación de Marruecos y otros estados árabes el surgimiento de una nueva arquitectura de seguridad regional en la que Washington y sus socios conservan la influencia decisiva?

Esa es la base de la interpretación china.

La teoría de la “extensión funcional”

Los círculos estratégicos chinos ven cada vez más los acuerdos de seguridad regional a través del prisma de la competencia entre Estados Unidos y sus principales rivales geopolíticos.

Según la interpretación presentada en este análisis, el papel de Marruecos en Gaza puede entenderse como una forma de "extensión funcional": Washington y sus socios pueden utilizar a los actores regionales para extender el alcance y la legitimidad de una estructura de seguridad sin depender exclusivamente de las fuerzas estadounidenses o israelíes.

La lógica es sencilla.

En lugar de un acuerdo dominado visiblemente por Israel y Estados Unidos, los estados árabes, como Marruecos, se convierten en participantes del mecanismo de seguridad. Su presencia puede otorgarle al acuerdo un carácter regional más amplio, sin dejar de operar dentro del marco general definido por Washington y sus socios.

Por lo tanto, Pekín ve con cautela este tipo de acuerdos.

Desde la perspectiva china, la cuestión no radica simplemente en si los soldados marroquíes participan en Gaza. La mayor preocupación es si los gobiernos árabes se están incorporando gradualmente a estructuras de seguridad que refuerzan la influencia estadounidense en un momento en que China intenta expandir su papel diplomático y económico en Oriente Medio.

Esta interpretación también explica por qué los analistas chinos prestan especial atención a Marruecos.

Marruecos ocupa una posición estratégicamente importante entre Europa, el norte de África y Oriente Medio. Ha desarrollado estrechas relaciones con Estados Unidos e Israel, al tiempo que mantiene importantes vínculos con socios europeos y árabes.

Por lo tanto, su participación en Gaza tiene implicaciones que van más allá del propio territorio.

De tener éxito, estos acuerdos podrían crear un modelo en el que las potencias árabes regionales se conviertan en componentes importantes de una nueva arquitectura de seguridad en Oriente Medio, en lugar de ser meros participantes diplomáticos.

¿Por qué España y Ceuta entran en escena?

La segunda parte del análisis chino se refiere a España.

A finales de julio y principios de agosto de 2026, Ceuta vivió una crisis migratoria extraordinaria, con decenas de miles de personas que cruzaron desde Marruecos. Las autoridades españolas se vieron desbordadas, y la crisis generó una disputa política más amplia sobre migración, control fronterizo y las relaciones entre España y Marruecos. Según los informes actuales, el número de llegadas ronda las 72.000 personas, aunque las estimaciones varían.

Este episodio también ha reavivado cuestiones de larga data sobre el estatus políticamente delicado de Ceuta y Melilla, los dos territorios administrados por España en la costa norte de Marruecos.

La crisis es particularmente significativa porque se desarrolló en un contexto de deterioro generalizado de la cohesión política europea en materia de migración. Posteriormente, Italia y España se vieron envueltas en una disputa diplomática sobre el control de fronteras y la política migratoria.

Las autoridades marroquíes han negado ser responsables de haber provocado deliberadamente la crisis. Otras explicaciones se han centrado en la movilización a través de las redes sociales, los cambios en los procedimientos legales españoles y la propia dinámica de la migración irregular. Por lo tanto, la existencia de la crisis no debe interpretarse automáticamente como prueba de una estrategia estatal marroquí.

No obstante, desde una perspectiva estratégica, este episodio demuestra la vulnerabilidad de España y de la Unión Europea en general ante una presión repentina en sus fronteras exteriores.

Esa vulnerabilidad es lo que hace que la crisis de Ceuta sea relevante para los analistas chinos que examinan el panorama general del Mediterráneo.

La intervención de Israel añade otra capa.

La situación se volvió aún más delicada políticamente después de que el embajador de Israel ante las Naciones Unidas, Danny Danon, criticara a España por la crisis de Ceuta y cuestionara la continua soberanía de España sobre Ceuta y Melilla, describiéndolas como "enclaves coloniales".

La intervención resultó llamativa porque España ha sido uno de los gobiernos europeos más críticos con la política israelí hacia los palestinos.

Desde una perspectiva estratégica china, el momento en que se utiliza esta retórica es significativo. Constituye otro ejemplo de cómo el conflicto de Oriente Medio puede extenderse a las disputas políticas europeas.

Al mismo tiempo, las declaraciones de Danon no deben interpretarse automáticamente como prueba de la política oficial israelí hacia España ni del estatus de ambos territorios. Es importante distinguir entre la declaración política de un diplomático y la postura oficial del gobierno.

Para los analistas chinos, sin embargo, este episodio ilustra un fenómeno más amplio: el conflicto de Gaza interactúa cada vez más con disputas políticas y de seguridad que van mucho más allá de Oriente Medio.

La cuestión de la migración marroquí

Aquí es donde comienza la parte más controvertida de la interpretación china.

Según se informa, algunas evaluaciones estratégicas chinas analizan si la crisis migratoria en Ceuta debería considerarse junto con la creciente cooperación en materia de seguridad de Marruecos con Washington e Israel.

El argumento no es necesariamente que la crisis migratoria haya sido organizada deliberadamente por Israel, Estados Unidos o Marruecos. Más bien, los analistas chinos están interesados ​​en determinar si ambos acontecimientos podrían tener consecuencias geopolíticas que se refuercen mutuamente.

La participación de Marruecos en Gaza refuerza potencialmente su importancia dentro de la emergente arquitectura de seguridad respaldada por Estados Unidos.

Al mismo tiempo, la crisis de Ceuta ha sometido a España a una considerable presión tanto a nivel nacional como europeo.

Eso crea una situación complicada para Madrid.

España tiene que gestionar sus relaciones con Marruecos, su posición sobre Israel y Gaza, sus responsabilidades con la Unión Europea y el reto práctico de controlar sus fronteras exteriores.

Desde la perspectiva de Pekín, esto ilustra lo que podría describirse como el "costo de los roles regionales".

Cuando un país europeo se ve profundamente involucrado en las disputas políticas y de seguridad de Oriente Medio, puede sufrir consecuencias en otras partes de su entorno estratégico.

Una competencia más amplia entre Estados Unidos y China

El interés de China en este asunto va, en última instancia, más allá de Marruecos o España.

Pekín observa con atención el surgimiento de un nuevo orden en Oriente Medio, en el que Estados Unidos intenta reconstruir y reorganizar sus alianzas tras las guerras y crisis de los últimos años.

La inclusión de los estados árabes en los acuerdos de seguridad es particularmente importante.

China ha dedicado años a expandir su presencia económica y diplomática en Oriente Medio mediante el comercio, la inversión en infraestructura, la cooperación energética e iniciativas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Asimismo, ha buscado presentarse como un actor diplomático capaz de mantener relaciones con potencias regionales rivales.

Estados Unidos, por el contrario, conserva capacidades militares mucho mayores y una red mucho más amplia de alianzas formales en materia de seguridad.

Por lo tanto, la competencia entre ambos modelos se está haciendo más evidente.

Washington busca mantener su influencia estratégica a través de alianzas, cooperación militar y asociaciones de seguridad.

Pekín hace hincapié en la interdependencia económica, el compromiso diplomático y el desarrollo, al tiempo que amplía gradualmente sus propias relaciones de seguridad.

Por lo tanto, Pekín puede considerar la participación de Marruecos en Gaza como parte de una cuestión más amplia: ¿se convertirán los estados árabes cada vez más en pilares de una arquitectura de seguridad liderada por Estados Unidos, o conservarán suficiente autonomía estratégica para mantener el equilibrio entre las grandes potencias?

Más allá de las teorías de la conspiración

La convergencia de los acuerdos de estabilización de Gaza, el papel de Marruecos, la crisis de Ceuta y las tensiones entre Israel y España genera inevitablemente especulaciones.

Pero no hay que confundir la especulación con la evidencia.

Actualmente no existen pruebas públicas que demuestren que la crisis migratoria en Ceuta fue creada deliberadamente como parte de una estrategia coordinada entre Estados Unidos, Israel y Marruecos vinculada a Gaza.

La cuestión analítica más importante es diferente.

¿Por qué los círculos estratégicos chinos están interesados ​​en relacionar estos acontecimientos?

La respuesta reside en la estructura cambiante del poder regional.

Para Pekín, Oriente Medio ya no es simplemente un proveedor de energía o un escenario diplomático. Forma parte, cada vez más, de la competencia más amplia entre sistemas internacionales y redes de seguridad rivales.

Si Washington logra incorporar a más países árabes a un marco de seguridad coordinado, el margen de maniobra de China podría reducirse con el tiempo.

Si, por otro lado, los estados árabes mantienen su autonomía estratégica y continúan buscando el equilibrio entre Estados Unidos, China, Rusia y otras potencias, Pekín tendrá mayores oportunidades de expandir su influencia.

Marruecos se sitúa en una encrucijada inusualmente importante de estas dinámicas.

Su posición geográfica conecta Europa, el norte de África y el Atlántico. Sus relaciones con Washington e Israel le otorgan un papel en la emergente arquitectura de seguridad de Oriente Medio, mientras que su relación con Europa hace que los acontecimientos en torno a Ceuta y Melilla sean estratégicamente sensibles.

Para los analistas chinos, estos no son hechos aislados.

Son piezas de un panorama más amplio en el que se pide a los actores regionales que elijan hasta qué punto participarán en arquitecturas de seguridad contrapuestas.

Por lo tanto, la fuerza de estabilización de Gaza podría convertirse en algo más que un mecanismo para gestionar la seguridad de la posguerra. Podría ser una prueba temprana de si los estados árabes pueden integrarse en un nuevo orden regional respaldado por Estados Unidos, preservando al mismo tiempo su propia autonomía estratégica.

La crisis de Ceuta demuestra la otra cara de la moneda: los realineamientos geopolíticos en Oriente Medio pueden tener consecuencias que van mucho más allá de la propia región.

Para China, esa es precisamente la razón por la que Marruecos es importante.

La cuestión ya no es simplemente quién proporcionará seguridad en la Gaza de la posguerra. Se trata de quién configurará la red más amplia de alianzas, asociaciones y dependencias que surja de la actual convulsión en la región, y si Estados Unidos o China ejercerán mayor influencia sobre ella."

(Dra. Nadia Helmy, Profesora asociada de Ciencias Políticas,  Universidad de Beni Suef - Egipto. Experta en política china, Investigadora sénior visitante en el Centro de Estudios de Oriente Medio (CMES) / Universidad de Lund, Suecia, Other News, 12/08/26) 

10.8.26

«Si no pasó nada más grave, fue porque supimos reaccionar desde los barrios»... En la crisis fronteriza de Ceuta, con un trasfondo geopolítico que les desborda, la organización de vecinas y vecinas está siendo crucial para afrontar la situación y mantener lejos de la ciudad autónoma a la extrema derecha... Abdallah Mustafá, presidente de la asociación vecinal del barrio Sidi Mbarek, confrontó junto a decenas de ceutíes, a los grupos de neonazis cuya convocatoria “contra la invasión”, concluyó con un rápido retorno a península tras ser bloqueados por la acción vecinal... Abdallah enfatiza que si acudieron a detener a la gente de Núcleo Nacional era para evitar que atacaran a las personas migrantes. No era un peligro para nosotros, era un peligro para estas personas”... “Esto es un complot internacional, un intento de causar caos y conmoción con el objeto clarísimo de un cambio de gobierno en España. Y no les ha salido bien”, aventura Ali... no fue una invasión “quienes lo llaman así mienten a sabiendas. Cuando vienen a invadirte, la gente entra a los edificios, entra a romper puertas, a destrozar. Aquí no han destrozado nada, esta gente que ha entrado ha sido utilizada”... “al principio todo el mundo se bloqueó, miles de personas te preguntaban en la calle, ‘¿me puedes dejar avisar a mi familia de que estoy bien? “En Ceuta, si hay algo que nos identifica es la solidaridad. Digamos que la llevamos en el ADN. En las primeras horas todo el mundo desde las ventanas estaba tirando ropa, tirando botellas de agua, sacando todo lo que tenía en la despensa”... el ejército fué el único que aparició finalmente. Los regulares, como les llaman, en muchos casos son ceutíes y musulmanes, y se encargaron de encaminar hacia la frontera a las personas que habían entrado, contando con la colaboración de los vecinos... “tenemos que enfatizarlo, si no ha habido ese caos sangriento es gracias a la acción vecinal”, aunque considera que el ejército también cumplió con su labor... La sensación que queda es la de haber pasado de ser primera línea como ciudad fronteriza, a pasar a primer plano de la geopolítica internacional (Sarah Babiker)

"En una crisis fronteriza con un trasfondo geopolítico que les desborda, la organización de vecinas y vecinas está siendo crucial para afrontar la situación y mantener lejos de la ciudad autónoma a la extrema derecha.

El pasado jueves 30 de julio pasó algo para lo que nadie estaba preparado, miles de personas, 72.000 según las estimaciones del gobierno,atravesaron la frontera entre Marruecos y España. Una frontera que separa dos estados con una realidad económica muy desigual, aunque la economía marroquí esté experimentando un importante crecimiento entérminos macroeconómicos, su renta per cápita es de aproximadamente 4.000€ frente a los 34.000€ per cápita de la economía española, números que quizás no dicen tanta de la situación económica de las poblaciones de cada país, pero que sí ilustran la desigualdad entre dos realidades nacionales separadas por muros  y espigones. 

Durante los días anteriores al pasado 30 de julio, las entradas a nado en la ciudad autónoma se habían incrementado de manera sostenida, registrándose cuatro personas ahogadas hasta aquella jornada. Después, el alto número de personas intentando alcanzar la playa del Tarajal, el caos, fue ampliando la tragedia: Según Caminando Fronteras, son 144 personas las que perdieron su vida intentando llegar a Ceuta. Mientras escalaba la situación, en la mañana del jueves, todos los partidos ceutíes demandaban que se declarase laemergencia nacional, mientras en Marruecos Mohamed VI protagonizaba los fastos de laFiesta del trono, y la derecha nacional e internacional agitaba el fantasma de la invasión.

Ya en la tarde del jueves 30, tras acordar la devolución masiva de quienes se habían jugado la vida para llegar a territorio español, España y Marruecos señalaban a las mafiascomo causa de la crisis y se felicitaban por la cooperación entre ambos países. Una tesis abrazada también por la Unión Europea, mientras algunos países miembros aprovechaban la ocasión para cargar contra el gobierno español, con Giorgia Meloni suspendiendo el tratado de Shengen con España —provocando que el 8 de agosto, Madrid instaurara controles a las llegadas de personas provenientes de Italia, en respuesta a la actitud de Roma. Pero no solo fue la ultraderecha europea la que vio su momento con la crisis fronteriza, mientras las imágenes de caos tomaban los medios, los grupos ultras españoles llamaban en la redes sociales a “limpiar Ceuta”organizando su desembarco en la ciudad. Pero ellos no eran los únicos que se estaban organizando.

Ya ha pasado una semana desde que Abdallah Mustafá, presidente de la asociación vecinal del barrio Sidi Mbarek, confrontara, junto a decenas de ceutíes, a los grupos de neonazis cuya convocatoria “contra la invasión”, concluyó con un rápido retorno a península tras ser bloqueados por la acción vecinal. “Nosotros estábamos en el puerto esperando a que llegase la gente de Núcleo Nacional, entonces vi a Alvise y tuve un enfrentamiento con él. Un enfrentamiento verbal, nosotros no somos ellos, si son violentos con nosotros físicamente, pues responderemos, evidentemente, hasta que la policía haga su trabajo. Pero en este caso ellos han hablado y nosotros hemos respondido”. Abdallah enfatiza que si acudieron a detener a la gente de Núcleo Nacional era para evitar que atacaran a las personas migrantes “al fin y al cabo nosotros no nos sentimos débiles, nos sentimos en nuestra casa y siempre estamos en comunidad. No era un peligro para nosotros, era un peligro para estas personas”.

Al ver a Alvise, el activista empezó un directo en Facebook: “me dije, esta gente viene aquí a aprovechar esta situación para su propio rédito político y no me da la gana”. Otras vecinas y vecinos empezaron a llegar durante la hora y media que la policía mantuvo retenidos a los ultras. “Fue algo espontáneo, nuestra gente es antifascista, es absolutamente así, eso la mueve, todo el mundo ha dejado lo que estaba haciendo para venir”, relata.

Abdallah puntualiza que en Ceuta también hay fascismo, solo que, en general, al convivir con personas musulmanas,  quienes se sitúan próximos a la extrema derecha, o no comulgan del todo con su islamofobia o, si lo hacen, no se atreven a decirlo en voz alta: “Saben que somos un gran número de musulmanes aquí y que podemos sentirnos ofendidos o puede haber un conflicto”. Además, no es la primera vez que espantan líderes ultraderechistas, ya hicieron lo propio con Santiago Abascal, en la crisis fronteriza demayo de 2021. “Teníamos un grupo que se llamaba Unidad Contra la Injusticia en Ceuta, un grupo formado por gente de aquí precisamente para combatir al fascismo. Desde ese grupo hicimos un llamamiento a la gente y no dejamos a Abascal salir de su hotel para dar un mitin”. 

Ali (no es su verdadero nombre) es miembro de la asociación Al Ámbar, y “miembro honorífico” de la asociación vecinal. Evoca, junto a Abdallah, el día en que los vecinos ceutíes echaron a los fascistas. “Ellos creían que se iban a encontrar una ciudad en pleno caos de violencia, y se encontraron una ciudad que ya estaba vacía en comparación a lo que había sido. Llegaron pensando, con su discurso totalmente aprendido de sus jefes, que los iban a aclamar como héroes, y lo que hicimos fue echarles”. Para Ali es esa ultraderecha lista a sembrar el odio la que supone una auténtica amenaza. “Entre todos esos que a lo mejor pueden ser una treintena tienen muchísimo más peligro que las decenas de miles de personas que han entrado en esta ocasión a Ceuta”. 

La actual vicepresidenta segunda de la Asamblea de Ceuta e Fátima Hamed Hossain, comparte el hastío ante las arremetidas de la extrema derecha, con la que lleva años enfrentándose desde el partido Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC). “Hemos visto desembarcar en nuestra ciudad a Alvise Pérez, Vito Quiles, Santiago Abascal, a líderes de Revuelta y Núcleo Nacional. Por supuesto, el señor Feijóo también ha recogido el guante de esta desgracia”,  apunta Hamed en conversación con El Salto, lamentando la instrumentalización de toda una ciudad para apuntalar un discurso anti inmigración, “quebrar su convivencia y crispar el ambiente”. Una ciudad, explica la representante política, que es “muy consciente de su realidad fronteriza”, pero cuya población se niega a “ser las víctimas colaterales de situaciones como la vivida”.

Una ciudad frontera

El jueves, cuando se precipitaron los hechos, Ali estaba en Tetuán. Al salir a la calle por la mañana se encontró con un montón de negocios cerrados. Cuando preguntó porque no había nada abierto le dijeron que simplemente se habían quedado sin trabajadores. Ali recuerda que Ceuta, como ciudad fronteriza, está acostumbrada a la llegada de gente, pero que lo que pasó el jueves 30 no tiene precedentes. “Esto es un complot internacional, un intento de causar caos y conmoción con el objeto clarísimo de un cambio de gobierno en España. Y no les ha salido bien”, aventura Ali su hipótesis. 

El activista vecinal comparte su satisfacción por haber evitado que la entrada de miles de personas en el enclave tuviera consecuencias aún peores, “no ha ocurrido porque ha habido una reacción vecinal espontánea”. Recuerda que es precisamente la gente de los barrios de la periferia, barrios que vienen históricamente denunciando su marginación en una ciudad muy desigual donde los recursos se quedan en los barrios del centro, la que ha dado respuesta a la situación, y esto “ha sido gracias a que llevamos años de un activismo social grande en esta ciudad, con todas nuestras dificultades”.  

No fue nada fácil la respuesta: Abdallah quiere dejar claro que lo que vivieron el 30 de julio no fue una invasión “quienes lo llaman así mienten a sabiendas. Cuando vienen a invadirte, la gente entra a los edificios, entra a romper puertas, a destrozar. Aquí no han destrozado nada, esta gente que ha entrado ha sido utilizada”. El líder vecinal relata que, cuando vieron llegar a tanta gente al barrio se sintieron abrumados, su número superaba ampliamente a los vecinos, “al principio todo el mundo se bloqueó, miles de personas te preguntaban en la calle, ‘¿me puedes dejar avisar a mi familia de que estoy bien?’”.

En plena agitación y desconcierto, explica Abdallah, cada uno hizo lo que pudo para ayudar, de manera individual: “En Ceuta, si hay algo que nos identifica es la solidaridad. Digamos que la llevamos en el ADN. En las primeras horas todo el mundo desde las ventanas estaba tirando ropa, tirando botellas de agua, sacando todo lo que tenía en la despensa”, pero no había forma de proveer agua o ropa a tanta gente y los barrios se sintieron superados. Las tiendas colapsaban y cerraban porque era imposible atender a miles de personas intentando comprar agua o comida. Con los comercios cerrados, ni los recién llegados ni los ceutíes podían comprar nada, recuerda el joven.

Autoorganización

Mientras las necesidades desbordaban la capacidad de los barrios de responder, Abdallah y Ali explican que no se veía policía en las calles de la periferia: “Vi muchas imágenes del centro en las que sí había agentes, pero en la zona del Príncipe, los Rosales, Hadú, Benítez, La Almadraba, en Miramar Bajo, el Morro, la ciudad estaba absolutamente colapsada”, siendo el ejército, recuerda Abdallah, el único que aparició finalmente. Los regulares, como les llaman, en muchos casos son ceutíes y musulmanes, y se encargaron de encaminar hacia la frontera a las personas que habían entrado, contando con la colaboración de los vecinos, que de un lado intentaban convencer a la gente para que volviera, y del otro, fueron conduciendo a las personas fuera de los barrios y cerrando los accesos, pues, aunque la gran mayoría de las personas no era violenta, sí hubo unos pocos que —en ese marco de tensión— podían responder con agresividad, aclara Abdallah.

El líder vecinal describe la escena, con personas corriendo y avanzando delante de los militares. Eran muy pocos, apunta, quienes intentaban escurrirse hacia las barriadas, no solo porque los accesos estuvieran tapados por los vecinos, si no porque enseguida se dieron cuenta del engaño, de que no iban a conseguir regularizarse, y además, después de arriesgar su vida, sentían ya hambre, sed y frío, tras pasar la noche con la ropa aún mojada. 

Ali añade que además de la coordinación en los barrios con el ejército, y la conclusión entre muchos de quienes cruzaron de que habían sido engañados, estuvo la coordinación entre España y Marruecos: “la primera noche hubo unos incidentes atroces en la parte marroquí de la frontera con enfrentamientos, e incendios de coches”, y es que, como documentaban los medios de comunicación, miles de personas se encontraron lejos de sus casas, frustradas, sin saber cómo volver, lo que provocó días muy duros en Castillejos. “Poco a poco fueron reaccionando, conforme iba saliendo la gente, la iban metiendo en autocares y se los iban llevando”.

Tras estar en ambas partes de la frontera, Ali saca sus propias conclusiones, y tienen que ver con la diferencia entre lo que pasó en 2021, y lo que acaba de pasar. Por un lado piensa que, mientras la gente no se organizó hace cinco años, esta vez sí reaccionó, y lo hizo evitando que la situación deviniera en un desastre humano mayor en la ciudad “tenemos que enfatizarlo, si no ha habido ese caos sangriento es gracias a la acción vecinal”, aunque considera que el ejército también cumplió con su labor. 

No fue fácil, pues, como apunta Hamed, “hemos denunciado el abandono por parte del Gobierno central, sí, pero también de la Unión Europea, porque en Ceuta también está la frontera entre Europa y África. Si nos cuesta sangre, sudor y lágrimas que el Gobierno de la Nación mire hacia Ceuta, imagínate una Unión Europea”. La Unión Europea sí que ha mirado finalmente a Ceuta, pero para cuestionar la continuidad de España en Schengen, atacar al gobierno español relacionando la crisis con el proceso de regularización extraordinaria o considerar cómo aplica el Pacto Europeo de Migraciones y Asilo, o el nuevo reglamento de retorno, en terreno. Mientras la extrema derecha no ha cesado con su ataque, el Comisario europeo de Asuntos de Interior y Migración, Magnus Brunner, la presidenta de la Comisión Europea Ursula Von der Leyen, acabaron finalmente avalando la reacción de España y Marruecos y adscribiéndose al argumento de las mafias.

Primera línea geopolítica

La sensación que queda es la de haber pasado de ser primera línea como ciudad fronteriza, a pasar a primer plano de la geopolítica internacional. “Esto no ha sido una crisis migratoria, esto ha sido una acción de guerra híbrida”, apunta Ali, quien además señala más allá de Marruecos: “detrás están los sospechosos habituales, los que la están liando en el mundo entero: Un imperio que cae y un estado genocida que pretende palestinizar el mundo, tratar al mundo como trata a los palestinos y a Gaza. Así lo sentimos aquí”. Para Ali la diferencia de 2021 a 2026 es que el marco ha pasado de ser regional, con un conflicto entre dos países vecinos —en aquel momento Rabat castigó la hospitalización en España del líder del Frente Polisario Brahim Ghali—, a un “complot internacional”.  

El integrante de Al Ámbar apunta cómo la celebración de la Fiesta del Trono, tras 27 años desde la llegada de Mohamed VI al poder contó “con más fastos que nunca”, y “con un discurso del rey en el que decía que todo es maravilloso y que todo el mundo vive estupendamente en Marruecos, y al día siguiente vemos la marea humana más grande que hemos conocido en toda la historia”. Ali cree que detrás de la movilización de tanta gente, hubo una especie de “psicosis colectiva”, en la que miles de personas abandonaron sus hogares, sus trabajos, lo que estaban haciendo, para dirigirse a la frontera. Recuerda que a muchos de ellos les llegaron mensajesincitándoles a marchar, y sospecha que detrás de esto, estuvo el uso de la inteligencia artificial, de algoritmos pensados para provocar semejante éxodo. “Yo no creo ni siquiera que Marruecos tenga esa tecnología, pero sus socios claro que la tienen. Lo han hecho en Colombia hace poco, los están haciendo en Sudamérica. Y están en plena ofensiva”. 

El argumento oficial de las mafias, le parece a Ali poco sostenible: “aunque si por mafia entiendes una agrupación criminal, quizás sí que podemos hablar de mafia, pero de otro tipo”.  Ali está entre quienes creen que a esta crisis subyace el objetivo de cambiar un gobierno que no es del gusto de Marruecos, Estados Unidos e Israel y recuerda cómo Trump ha puesto su mirada en el Estrecho de Gibraltar, otro motivo para apoyar a Marruecos. “Nosotros no es que seamos fans de Pedro Sánchez, pero a pesar de todo, por lo menos, ha sido medianamente decente en algunas cosas. Desde luego, el sentir general, es que como caiga Sánchez y entre la marabunta esta fascista lo vamos a tener fatal”, por ello, ambos activistas vecinales se enorgullecen de cómo han respondido a la ofensiva.

Una ciudad en trauma

Más allá de los juegos geopolíticos de los estados, están quienes han muerto, quienes se han quedado en Ceuta buscando una grieta por la que conseguir continuar su camino, o la propia sociedad ceutí. “Estamos todavía en shock. Ya estamos respirando un poquito de tranquilidad, pero no hemos vuelto a nuestra vida normal, a la vida cotidiana”, explica Abdallah, quien recuerda que durante días la ciudad ha estado paralizada, con las tiendas cerradas o la pérdida de citas médicas, y que aún queda gente deambulando por la ciudad sin saber qué hacer. “Hemos sido utilizados nosotros, la gente de Ceuta y ha sido utilizada la gente que ha venido. Considero que esto ha sido un ataque a Ceuta y una falta de respeto”. A esta sensación de agravio, Abdallah suma el temor de que en cualquier momento un incidente similar se vuelva a repetir, y además, pronto, “simplemente por el hecho de que no se están tomando  medidas concretas para salvaguardar la integridad de la ciudad”.

Sobre todo, es difícil que no pase de nuevo, si se tiene en cuenta cuál es la situación a pocos kilómetros: “La gente ha perdido la vida buscando una vida mejor. No se lo merecen. Muchos de ellos estaban en sus tiendas, en sus trabajos y han escuchado que les iban a dar papeles y han venido corriendo a aprovechar la ocasión”, lamenta Abdallah, que conoce la realidad del otro lado de la frontera, habla de personas que tienen que tener dos trabajos para apenas sobrevivir, personas a quienes, como en España, no les alcanza a pagar un alquiler cada vez más costoso. “Muchos de ellos han muerto en el mar, siguen llegando los cadáveres a las costas marroquíes”. 

Más allá de la angustia vivida por la ciudad y de su frustración, desde la asamblea de la ciudad autónoma, ante la sensación de desborde y la tardanza en responder por parte del gobierno nacional, lo que Hamed destaca también es la tragedia humana que se ha sufrido estos días: “Ha sido muy duro ver a decenas de miles de personas deambular por nuestras calles sin rumbo aparente, sin comida, sin un techo bajo el que dormir y, por supuesto, sin un itinerario más allá que el mensaje de quienes les han alentado a cruzar la frontera. La mayor prueba es que la mayoría emprendió el camino de vuelta progresivamente a las pocas horas”.

Además, recuerda la política, la situación todavía es crítica: “Son muchos los que siguen aún en nuestra ciudad, una ciudad sin recursos asistenciales para todos. Muchos de ellos son menores, por lo que la vulnerabilidad es aún mayor”. En este marco, insiste la diputada de MDyC, Ceuta sigue en un momento de tensión y desborde. “No podemos olvidar que esta tragedia deja ya más de un centenar de cadáveres. Por mucho que desde el Gobierno central se diga que estamos volviendo a la normalidad, la realidad de nuestras calles demuestra que no es así, ¿cómo se va a recuperar la ciudadanía ceutí después de ver sus playas convertidas en un auténtico cementerio?”."

(Sarah Babiker  , El Salto, 08/08/26)

9.8.26

Israel y la extrema derecha europea intentaron explotar Ceuta para socavar la solidaridad con Palestina... casi tan rápido como surgieron las dimensiones humanitarias de la crisis, fueron eclipsadas por otro relato... en cuestión de horas, las redes sociales se llenaron de advertencias sobre una "invasión islámica"... los hechos alimentaron una narrativa promovida por el gobierno israelí y secundada por sus aliados políticos en Europa: que la inmigración musulmana, el creciente criticismo a Israel y las preocupaciones sobre el antisemitismo están cada vez más interconectados... Netanyahu ha presentado a Israel y Europa como socios en una lucha compartida contra el Islam... La oposición a la política israelí ya no se presenta principalmente como una respuesta a una catástrofe humanitaria, la ocupación o violaciones del derecho internacional, se enmarca como una consecuencia de la influencia política de las comunidades musulmanas... Las campañas por los derechos palestinos se presentan, en algunos círculos, no como movimientos basados en los derechos humanos o el derecho internacional, sino como vehículos para el antisemitismo importado... Para sectores de la derecha nacionalista europea, el apoyo a Israel brinda la oportunidad de presentarse como defensores de las comunidades judías mientras aplican políticas dirigidas contra las minorías musulmanas y los migrantes... el apoyo a Israel se ha entrelazado con un proyecto político más amplio definido por la oposición a la inmigración, el multiculturalismo y el Islam... Ceuta debería haber sido recordada ante todo como una tragedia humanitaria. En cambio, se convirtió en otro capítulo de las guerras culturales europeas (Ahmed Najar)

 "Cómo Israel y la extrema derecha europea intentaron explotar Ceuta.

Está surgiendo una narrativa poderosa que vincula la migración con el antisemitismo en un esfuerzo por socavar la solidaridad con Palestina.

Las imágenes desde Ceuta fueron trágicas. Miles de personas desesperadas intentaron cruzar desde Marruecos hacia el enclave español, lo que dejó decenas de muertos y reavivó uno de los debates políticos más polémicos de Europa. Sin embargo, casi tan rápido como surgieron las dimensiones humanitarias de la crisis, fueron eclipsadas por otra cosa.

En cuestión de horas, las redes sociales se llenaron de advertencias sobre una "invasión islámica". El hashtag #StopIslam se difundió rápidamente entre las redes de extrema derecha. Políticos que habían hecho campaña durante mucho tiempo contra la inmigración aprovecharon los hechos como prueba de que Europa no enfrentaba simplemente un desafío fronterizo, sino uno civilizatorio. Los llamados a endurecer los controles fronterizos no se hicieron esperar, mientras que Italia anunció que restablecía los controles fronterizos con España.

La velocidad de esa transformación es quizás el aspecto más revelador de la crisis.

Antes de que los investigadores establecieran las circunstancias completas de los cruces, antes de que muchos de los fallecidos hubieran siquiera sido identificados, políticos prominentes, comentaristas y activistas en línea ya parecían estar seguros de lo que significaba Ceuta. Esa certeza merece tanto escrutinio como la propia tragedia.

La pregunta que cabe plantearse ahora, por tanto, es quién se benefició de la forma en que se interpretaron inmediatamente los hechos en Ceuta.

Los beneficiarios se hicieron evidentes rápidamente. La derecha nacionalista europea encontró material fresco para reforzar sus advertencias de larga data sobre la migración y el Islam. Los activistas anti-musulmanes obtuvieron otra oportunidad para presentar a los musulmanes como una amenaza interna para la seguridad. Al mismo tiempo, los hechos alimentaron una narrativa más amplia promovida por el gobierno israelí y secundada por sus aliados políticos en Europa: que la inmigración musulmana, el creciente criticismo a Israel y las preocupaciones sobre el antisemitismo están cada vez más interconectados.

Esa narrativa se ha vuelto más pronunciada desde la guerra en Gaza. A medida que la indignación pública por el genocidio de Israel ha crecido en toda Europa, los funcionarios israelíes han argumentado repetidamente que el cambio en las actitudes europeas está impulsado menos por la escala de la destrucción en Gaza que por el cambio demográfico y la creciente influencia política de las comunidades musulmanas.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha sido uno de ellos. En discursos y declaraciones públicas, ha presentado a Israel y Europa como socios en una lucha compartida contra el Islam radical, la migración masiva y lo que él describe como un desafío más amplio a la civilización occidental. En este relato, Israel ya no solo se está defendiendo a sí mismo; está defendiendo a la propia Europa.

Este marco tiene profundas consecuencias políticas.

Desvía el debate de la conducta genocida de Israel en Gaza hacia la identidad de quienes la critican. La oposición a la política israelí ya no se presenta principalmente como una respuesta a una catástrofe humanitaria, la ocupación o violaciones del derecho internacional. En cambio, se enmarca cada vez más como una consecuencia del cambio demográfico y la influencia política de las comunidades musulmanas.

No importa que, en varios países europeos, mayorías de hasta el 78% tengan opiniones desfavorables de Israel, naciones donde los musulmanes representan menos del 10%.

Aun así, líderes políticos como Viktor Orbán, Geert Wilders y Marine Le Pen se aferran a esta narrativa, expresando un fuerte apoyo a Israel mientras persiguen agendas antiinmigración de línea dura. En Gran Bretaña, figuras como Tommy Robinson han presentado de manera similar a Israel como la primera línea en una lucha civilizatoria más amplia con el Islam. Cada vez más, el apoyo a Israel se ha entrelazado con un proyecto político más amplio definido por la oposición a la inmigración, el multiculturalismo y el Islam.

La convergencia es llamativa.

Para sectores de la derecha nacionalista europea, el apoyo a Israel brinda la oportunidad de presentarse como defensores de las comunidades judías mientras aplican políticas dirigidas contra las minorías musulmanas y los migrantes. Para el gobierno israelí actual, estos movimientos ofrecen un apoyo diplomático fiable al tiempo que refuerzan una narrativa que vincula las críticas a Israel con ansiedades más amplias sobre la migración y la seguridad. Los intereses políticos son distintos, pero se refuerzan mutuamente cada vez más.

Las consecuencias se extienden mucho más allá de la política electoral.

En toda Europa, los debates sobre Palestina se discuten cada vez más a través del lenguaje de la seguridad. Las manifestaciones contra la guerra en Gaza a veces se presentan menos como expresiones de disidencia política que como posibles problemas de orden público. Las organizaciones musulmanas son vistas a través de la lente de la lucha contra el extremismo. Las campañas por los derechos palestinos se presentan, en algunos círculos, no como movimientos basados en los derechos humanos o el derecho internacional, sino como vehículos para el antisemitismo importado.

Nada de esto disminuye la realidad del antisemitismo. Sigue siendo una forma grave y persistente de racismo que debe ser combatida dondequiera que aparezca.

Pero hay una distinción importante entre combatir el antisemitismo y ampliar su significado para abarcar las críticas a la política del gobierno israelí. Cuando esa distinción se difumina, se limita el debate legítimo y se corre el riesgo de debilitar, por uso excesivo y politización, una herramienta vital para enfrentar el antisemitismo genuino.

Visto en este contexto, Ceuta se convierte en algo más que una historia de migración.

La notable velocidad con la que políticos, comentaristas y activistas convergieron en torno a temas familiares sugiere que la infraestructura política para interpretar tales eventos ya existía.

Ya sea coordinado o totalmente independiente, el efecto político es el mismo. Una narrativa refuerza a la siguiente. El miedo a la migración alimenta la hostilidad hacia los musulmanes. La hostilidad hacia los musulmanes hace que la solidaridad con los palestinos parezca cada vez más sospechosa. Una vez que el apoyo a los derechos palestinos se replantea como una cuestión de seguridad en lugar de una cuestión política o humanitaria, es más fácil descartar el escrutinio de las acciones de Israel.

Esto importa porque el debate ya no es solo sobre fronteras.

Se trata de legitimidad. Se trata de qué voces se consideran creíbles, qué sufrimiento merece reconocimiento y qué causas políticas se consideran legítimas. Si la solidaridad con los palestinos puede ser retratada como el producto del cambio demográfico en lugar de una respuesta moral a la devastación de Gaza, entonces la atención se aleja de la conducta de los estados y se dirige hacia las identidades de quienes plantean preocupaciones.

Ceuta debería haber sido recordada ante todo como una tragedia humanitaria. En cambio, se convirtió en otro capítulo de las guerras culturales europeas.

Cuando los desastres humanitarios se entienden menos por las vidas que destruyen que por las narrativas políticas que pueden sostener, la verdad corre el riesgo de volverse secundaria frente a la utilidad política. El miedo deja de ser meramente una reacción a los eventos y se convierte en una ideología rectora.

Y una vez que el miedo se convierte en ideología, la impunidad nunca está lejos." 

(Ahmed Najar , AlJazeera, 03/08/26, enlaces en el original)  

8.8.26

Los sucesos acaecidos en Ceuta han sido un arma utilizada contra España por distintas potencias internacionales... Se giraron facturas desde distintos lugares, pero no todo puede explicarse desde esa perspectiva... la Casa Blanca, ha obligado a la UE a tomar nuevos rumbos. De momento, la tendencia más frecuente ha sido que cada Estado haya mirado por sí mismo. Los pilares comunes se debilitan y los proyectos en términos nacionales se multiplican. Friedrich Merz sugirió a Donald Trump que hiciese de Alemania "su socio principal" en Europa, ya que no encontraba la afinidad suficiente en el conjunto de Europa. Las medidas tomadas por Merz van en una dirección que se integra en la visión del actual Gobierno estadounidense en lo que se refiere a inversión en defensa, posición frente a la inmigración, conexión energética y vinculación financiera... Francia ve con enorme preocupación la deriva germana, y buena parte de las posibilidades electorales de Le Pen pasan por reunir el malestar de su población contra una Europa dirigida por Alemania... en Italia, los vínculos entre el programa de Merz y el de Meloni, tiene temas muy relevantes la posibilidad abierta de sumarse a la fabricación de armamento... Queda España. Sánchez aboga por una mayor integración europea, se ha mostrado reacio a gastar el 5% en defensa, se ha posicionado a favor de Palestina, rechaza la austeridad como programa de futuro, es proinmigración, tiene buenas relaciones con China y rechaza la visión trumpista. Nada de este programa encaja con los propósitos germanos... así, el programa de Merz es mucho más fácil de conseguir de la mano de las derechas que con ejecutivos socialistas... y la nueva entente alemana prefiere a Marruecos como socio (Esteban Hernández)

 "Más allá de los hechos en sí, del papel de Marruecos en la instigación o en la falta de control de las masas que se dirigieron a la ciudad española, de si los servicios de seguridad españoles estaban o no alertados, de hasta qué punto el Gobierno confió ciegamente en que Marruecos detendría la invasión, de los menores que aún quedan en la ciudad o de si se deben reforzar y cómo los controles de frontera, lo cierto es que los sucesos acaecidos en Ceuta han sido un arma utilizada contra España por distintas potencias internacionales.

Meloni, y después casi toda Europa, culpó al Gobierno español de diseñar políticas que generaban efecto llamada: había que cerrar el espacio Schengen y hacer cortafuegos respecto de los problemas que causaban las medidas torpes e ideológicas de Pedro Sánchez (una medida de control fronterizo a la que ayer mismo respondió el Gobierno español imponiendo restricciones similares a los vuelos y rutas marítimas procedentes de Italia). EEUU no se limitó solo a eso, sino que insistió en que las políticas coloniales de España debían terminar. Israel y el Mossad promovieron una acción de inteligencia destinada a desestabilizar a España, asegura El Mundo, citando fuentes chinas. Por si fuera poco, la relación entre España y Argelia está de fondo.

No solo fue el sector MAGA; también Manfred Weber, el presidente del PPE, participó de las recriminaciones a España

Buena parte de estas tensiones han sido interpretadas desde posiciones ideológicas: las políticas españolas sobre inmigración, la OTAN o Gaza generaron mucha animadversión entre las derechas globales, y la invasión de Ceuta fue el momento adecuado para cobrar las deudas pendientes. No solo fue el sector MAGA; también Manfred Weber, el presidente del PPE, participó de las recriminaciones a España. Se giraron facturas desde distintos lugares, pero no todo puede explicarse desde esa perspectiva.

Berlín y la UE

El aspecto más llamativo es la soledad de Pedro Sánchez frente a la mayoría de las capitales europeas, y lo es porque revela los movimientos tectónicos que están teniendo lugar en la UE. La ruptura de las bases de la alianza con EEUU, que tomó cuerpo definitivo con el segundo mandato de Trump, aunque llevaba tiempo tambaleándose, también con Biden en la Casa Blanca, ha obligado a la UE a tomar nuevos rumbos. De momento, la tendencia más frecuente ha sido que cada Estado haya mirado por sí mismo. Los pilares comunes se debilitan y los proyectos en términos nacionales se multiplican.

Europa tenía dos opciones. Situada como está en la esfera estadounidense, no podía desafiar directamente a EEUU, ni siquiera bajo las condiciones de presión de Trump, pero sí buscar un margen mayor de acción que el que Washington pretendía. Se llamó autonomía estratégica. Hubo un instante en que la expresión se hizo popular, solo para ir decayendo conforme avanzaban los meses. La otra opción era ceder a la agenda de EEUU e ir incorporando poco a poco sus diferentes demandas.

En Washington, Friedrich Merz sugirió a Donald Trump que hiciese de Alemania "su socio principal" en Europa

El momento presente, con la fragmentación y las tensiones entre distintos países, ofrece una imagen nítida de la situación europea. El punto de partida fue la reacción alemana. El Gobierno germano decidió invertir grandes cantidades de capital para mejorar su competitividad y sus infraestructuras y para crear un ejército poderoso, al mismo tiempo que promovía políticas de ajuste presupuestario. Abogó por firmar acuerdos de libre comercio, como Mercosur, a pesar de las resistencias francesas, y cedió ante las exigencias arancelarias estadounidenses.

Fueron políticas nacionales que no se quedaron en Alemania, sino que trataron de ampliarse al conjunto de países que componen la UE. Excepto en un punto, la inversión. Berlín se ha negado repetidamente a ampliar sus políticas fiscales al conjunto de la Unión. Alemania tenía recursos, ya que sus superávits comerciales recurrentes le han permitido un endeudamiento bajo, con lo que posee margen de maniobra del que intenta sacar partido, pero únicamente en provecho propio. Las iniciativas para dar pasos adelante hacia una Unión Europea más firme han decaído y los programas de las capitales toman mayor peso.

En ese escenario, la decisión alemana la subrayó Merz en una visita a Washington en diciembre pasado, donde le sugirió a Trump, ya que no encontraba la afinidad suficiente en el conjunto de Europa, que hiciese de Alemania "su socio principal". Las medidas tomadas por Merz van en una dirección que se integra en la visión del actual Gobierno estadounidense en lo que se refiere a inversión en defensa, posición frente a la inmigración, conexión energética y vinculación financiera.

Las tres piezas

Hay quienes insisten en que la brecha norte-sur define Europa, del mismo modo que la definió durante la crisis de los años 2010, en la era de los PIGS. Ahora vuelven a recurrir a la geografía y a los intereses diferentes a los que obliga. Hay mucha verdad en ello, pero no es toda la historia. Una vez que decayó la voluntad de salir de este mal momento unidos, la hoja de ruta pasa por las alianzas entre distintos países de la Unión para propósitos concretos. Austria, Dinamarca, Países Bajos y Suecia se unen a Alemania para promover la austeridad presupuestaria; Polonia, Finlandia, Suecia y Dinamarca, además de los países bálticos, se alían con Alemania para promover la inversión en defensa. Berlín intenta cumplir su programa aunando fuerzas diversas.

Con Italia, la alianza se ha hecho más sólida a partir de los vínculos entre el programa de Merz y el de Meloni

En ese marco de alianzas quedan tres piezas importantes por encajar, los tres países más relevantes de la UE en población y recursos, exceptuando Alemania: Francia, Italia y España. Los galos ven con enorme preocupación la deriva germana, y buena parte de las posibilidades electorales de Le Pen pasan por reunir el malestar de su población contra una Europa dirigida por Alemania. Francia desconfía enormemente del papel principal que Berlín quiere atribuirse en defensa, ya que supone una pérdida de poder significativa para los franceses, y tampoco se siente cómoda con los tratados de libre comercio.

Con Italia, la alianza se ha hecho más sólida a partir de los vínculos entre el programa de Merz y el de Meloni, con temas muy relevantes para los transalpinos, como la competitividad de su industria y la posibilidad abierta de sumarse a la fabricación de armamento. También hay muchos puntos en común en el programa para poner freno a la inmigración. Ambos países se sitúan firmemente en la órbita atlántica.

Hay partidos europeos que estarían de acuerdo con el programa de Sánchez, pero no son muchos y no están en el poder

Queda España. Sánchez aboga por una mayor integración europea, se ha mostrado reacio a gastar el 5% en defensa, se ha posicionado a favor de Palestina, rechaza la austeridad como programa de futuro, es proinmigración, tiene buenas relaciones con China y rechaza la visión trumpista. Nada de este programa encaja con los propósitos germanos. Meloni fue la primera que se lanzó contra Sánchez. Hay partidos europeos que estarían de acuerdo con este programa, pero no son muchos y no están en el poder. La soledad de Sánchez es grande en nuestro continente.

Ceuta y el "Orbán rojo"

Lo ocurrido en Ceuta debe afrontarse teniendo en cuenta varios planos. El primero de ellos, el pragmático, es el referido a la forma en que España debe actuar con Marruecos, la necesidad o no de reforzar los controles fronterizos, el destino de los jóvenes inmigrantes y demás asuntos que deben afrontarse. El segundo plano es el ideológico, ya que la soledad de Sánchez en la UE proviene de una intención expresa de que Europa tome nuevos rumbos. Lo avisaba el diputado danés del PPE que llamó a Sánchez el "Orbán rojo": los populares europeos deberían entenderse con partidos como AfD. El programa de Merz es mucho más fácil de conseguir de la mano de esas derechas que con ejecutivos socialistas. Incluso el mismo Merz es cuestionado, y existen rumores cada vez más vivos sobre su pronta salida del Gobierno. Esa situación abriría una brecha en los conservadores alemanes por la que podría penetrar la alianza con la AfD.

El tercer plano es el de los intereses. Más allá del actual Gobierno español, el instante geopolítico dicta que cada país está intentando reforzar sus capacidades y su influencia, en general a costa del resto. La nueva entente prefiere a Marruecos como socio. Tiene Tánger Med, ha firmado acuerdos que le dan acceso a la Unión Europea, posee fosfatos, sus amistades son poderosas y sus costas dan al Estrecho de Gibraltar. Pero, para que este último punto tenga peso, necesita Ceuta. Las presiones están sobre la mesa."

(Esteban Hernández, El Confidencial, 08/08/26)