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5.4.22

Borrell: “Nadie puede invocar la resolución pacífica del conflicto. Nos acordaremos de aquellos que en este momento solemne no estén a nuestro lado”... pues vaya, todo un aviso para quienes se opongan a la deriva belicista de la UE abogando por una resolución pacífica ante la intolerable invasión de Ucrania por parte del régimen dictatorial de Putin... Nuestra simpatía está con el pueblo ucraniano que sufre la guerra y con el pueblo ruso que se opone a ella... no asumimos ningún compromiso con los partidos, regímenes y gobiernos que han contribuido a esta situación de guerra... Esta es una guerra imperialista trágica, que podría haberse evitado. Pero la lógica de los imperialismos ha empujado a ella y ni Putin, el único responsable de haberla desencadenado, ni la OTAN, con su estrategia intervencionista creciente, serán perdonados... se utiliza la guerra y el sufrimiento ucraniano como coartada para remilitarizar Europa, proponiendo el aumento del gasto militar en una escalada belicista que solo beneficia a las multinacionales de la muerte... ante esto, apostamos por apoyar a los pueblos ucraniano y ruso y, a la vez, por parar la guerra lo más pronto posible mediante un proceso de negociación como el único camino para frenar la escalada militar, evitar un caos geopolítico todavía mayor y lograr frenar este conflicto antes de que sea demasiado tarde... El futuro de nuestro siglo se está escribiendo hoy en las llanuras ucranianas. Las fuerzas transformadoras europeas debemos tomar una posición activa con agenda propia, que rechace sin ambigüedades el proyecto político imperial de la oligarquía rusa y la autocracia putinista, pero también la agenda militarista de la OTAN y de los dictados imperialistas de Washington

 "Hace unos días, el alto representante para la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, utilizó la tribuna del Parlamento Europeo para pronunciar un discurso belicista propio del General Broulard en Senderos de Gloria. (...)

“Nadie puede invocar la resolución pacífica del conflicto. Nos acordaremos de aquellos que en este momento solemne no estén a nuestro lado”, afirmó Borrell en tono amenazador e inquisitorial. Todo un aviso para quienes se opongan a la deriva belicista de la UE abogando por una resolución pacífica ante la intolerable invasión de Ucrania por parte del régimen dictatorial de Putin.

 Pero resulta que algunos no asumimos ningún compromiso con los partidos, regímenes y gobiernos que han contribuido a esta situación de guerra. Nuestra simpatía está con el pueblo ucraniano que sufre la guerra y con el pueblo ruso que se opone a ella. Las y los anticapitalistas no hacemos política desde los intereses de las clases dominantes y sus artefactos políticos, sino desde el interés internacionalista de la clase trabajadora. Esta es una guerra imperialista trágica, que podría haberse evitado. Pero la lógica de los imperialismos ha empujado a ella y ni Putin, el único responsable de haberla desencadenado, ni la OTAN, con su estrategia intervencionista creciente, serán perdonados por ella. El primero, por agredir al pueblo ucraniano y tratar de imponer su proyecto imperial gran ruso. Los segundos, por vaciar de soberanía a Ucrania, convirtiendo el país en un peón de su geopolítica en alianza con la élite corrupta que ha saqueado Ucrania en complicidad con Occidente durante todos estos años.

Es lógico que quienes se encuentran en estos momentos en Ucrania luchando contra Putin decidan tomar las armas o adoptar otras formas de resistencia civil y hacer todo lo posible para evitar esta ocupación. La honestidad política exige que en la respuesta europea reconozcamos que, ante esta guerra, existen varias posiciones. Por un lado, la de quienes han apostado por una carrera armamentística y están dispuestos a llegar hasta el final, arrastrando incluso al planeta a la guerra total entre potencias nucleares. Una opción que hoy parece menos lejana de lo que nos parecía hace tan solo dos semanas ante la dinámica crecientemente agresiva emprendida por Putin. Pero existen otras posiciones. Como la de quienes apostamos por apoyar a los pueblos ucraniano y ruso y, a la vez, por parar la guerra lo más pronto posible mediante un proceso de negociación como el único camino para frenar la escalada militar, evitar un caos geopolítico todavía mayor y lograr frenar este conflicto antes de que sea demasiado tarde.

 Las veleidades militaristas de nuevo cuño parecen haber conquistado las moquetas y despachos de Bruselas. La semana pasada el Parlamento Europeo aprobó una resolución que supuestamente denunciaba la ocupación de Ucrania por parte de Putin y se solidarizaba con el pueblo ucraniano, algo que desde Anticapitalistas hemos defendido en todo momento. Pero la resolución era mucho más que una condena de Putin, ya que utilizaba la guerra y el sufrimiento ucraniano como coartada para remilitarizar Europa, proponiendo el aumento del gasto militar en una escalada belicista que solo beneficia a las multinacionales de la muerte y refuerza el papel de la OTAN como gendarme mundial al servicio de la agenda de Washington, a la que se subordinan las potencias europeas. 

(...) a las élites políticas y económicas europeas no les importaría empantanar el conflicto en Ucrania durante años, aunque sea a costa del pueblo ucraniano, de fortalecer a gobiernos títeres y, de paso, reforzar y justificar la dictadura de Putin. Por eso no están mostrando ningún interés en impulsar iniciativas diplomáticas y han desplazado el debate y las medidas hacia el callejón sin salida del reduccionismo militar. De lo que no hay ninguna duda es que esta escalada armamentística está llenando las arcas de una industria militar que ya ha ganado más de 24.000 millones de euros desde que se inició la guerra. (...)

Ante la deriva militarista y belicista que está azotando a Europa, y a pesar del ambiente macartista de intimidación intelectual y de demagogia belicista, algunas personas hemos decidido levantar la bandera de una tradición socialista que ha luchado siempre por la paz y contra los imperialismos, vengan de donde vengan. Y no por eso voy a dejar de reconocer que no existen recetas mágicas que vayan a solucionar repentinamente esta situación. Al votar en contra de la resolución del Parlamento Europeo, desde Anticapitalistas asumimos las contradicciones de este posicionamiento. Pero es un posicionamiento que hemos adoptado colectiva, consciente y autónomamente, no condicionados por el qué dirán o por cálculos espurios. Hemos votado no a remilitarizar Europa. Y lo hemos hecho porque rechazamos utilizar la inaceptable y criminal invasión del régimen tiránico de Putin contra Ucrania para fortalecer la OTAN y cargar la amenaza de un choque entre potencias imperialistas sobre las vidas de trabajadoras y trabajadores ucranianos y rusos. Hemos dicho no a quienes quieren devolvernos a la lógica de la Unión Sagrada de albores de la Primera Guerra Mundial, obligándonos a aceptar unos nuevos créditos de guerra. 

Porque, si bien es cierto que, por el momento, solo una potencia ha lanzado una agresión y el pueblo ucraniano tiene derecho a su resistencia, armada y no armada, y a luchar por su soberanía (algo que debería pasar por el no alineamiento, precisamente lo contrario de convertirse en un satélite de la OTAN o de Rusia), no es menos cierto que en Ucrania la OTAN se prepara cada vez más a intervenir contra Rusia. Y esto no hace más que volver la situación cada vez más peligrosa, aumentando el riesgo de degenerar en un choque abierto entre potencias nucleares cuanto más se prolongue el conflicto.

Esto no va de no tomar partido con una u otra potencia imperialista. Porque cuando se trata de convertir esta guerra de agresión en disputa entre imperios, las y los anticapitalistas no podemos caer en esa trampa binaria, sino romperla. Nuestra posición es de parte, activa y clara a favor de los pueblos ucraniano y ruso, por la paz sin anexiones, por la retirada incondicional de las tropas rusas de Ucrania y por garantizar el derecho de los pueblos sin excepciones a decidir libremente su futuro. (...)

Y para todo ello, la UE debería apoyar las negociaciones que ya se están produciendo entre Putin y el Gobierno ucraniano, contribuyendo así a detener esta barbarie lo antes posible. Presionando por todos los medios a la oligarquía rusa que sostiene el régimen de Putin, sancionar a los oligarcas y no al pueblo, con medidas como la expropiación de los activos y pasivos de los millonarios rusos para financiar la reconstrucción de Ucrania.  Para ello será necesario crear un registro financiero internacional, que nos permita conocer los propietarios reales, una medida que seguramente no agradará a las fortunas occidentales.

La  geopolítica y la real politik suelen olvidarse de los pueblos. Y para apoyar al pueblo ucraniano, la reivindicación de anular la deuda externa es hoy en día una de las más poderosas herramientas para aliviar la presión sobre la economía ucrania (y, de paso, de todos los países ahogados por ella), sobre su población y sus finanzas, permitiendo esbozar un futuro que no pase por el empobrecimiento de su pueblo. Una propuesta que, por razones obvias, a ninguna de las partes imperiales en conflicto parece haberles importado nunca mucho y menos ahora.

Pero más allá de Ucrania, resulta fundamental que levantemos un plan de choque social ante las previsibles y ya presentes consecuencias económicas y sociales de la guerra en Europa. Hay que redoblar los esfuerzos en ayuda humanitaria al pueblo ucraniano y a quienes huyen buscando refugio en el que ya es el mayor éxodo en Europa desde la II Guerra Mundial. Y esto requiere un reparto equitativo y solidario de las cargas de los esfuerzos de acogida entre el conjunto de Europa. 

Así mismo, hay que enfrentar con medidas valientes la crisis económica que se cierne sobre el conjunto del continente para que no sean las clases populares las que, una vez más, paguen las consecuencias de esta guerra. Para ello, además de controlar el aumento de los precios de la energía y de tantos otros bienes, debe producirse una subida de los salarios y de la capacidad adquisitiva de la clase trabajadora para evitar un crecimiento de la carestía de la vida. Pero no nos hagamos trampas: el control de precios no es posible sin una planificación social y ecológica de la economía, ni sin la nacionalización de sectores estratégicos como la energía. Y, evidentemente, nada de esto llegará solo ni por voluntad propia de quienes nos gobiernan, sino que requerirá una movilización activa y consciente de la clase trabajadora. (...)

El futuro de nuestro siglo se está escribiendo hoy en las llanuras ucranianas. Las fuerzas transformadoras europeas debemos tomar una posición activa con agenda propia, que rechace sin ambigüedades el proyecto político imperial de la oligarquía rusa y la autocracia putinista, pero también la agenda militarista de la OTAN y de los dictados imperialistas de Washington"                    (Miguel Urbán , Rebelión, 23/03/2022)

4.11.09

Afganistán y los narco-talibanes

"Un informe presentado a principios de septiembre al Congreso norteamericano advierte de que Afganistán podría convertirse en un narco-Estado. La dirección de esa metamorfosis está a cargo del poderosísimo cártel del opio, compuesto por antiguos señores de la guerra y por grupos criminales nacidos al día siguiente de la invasión del país hace ya ocho años. El modelo, por lo tanto, podría ser el colombiano, donde la actividad terrorista se ha convertido en instrumental para el negocio de la droga. Ello explica por qué Al Qaeda ha perdido su importancia y, según afirman los norteamericanos, está ya escasa de dinero.

Naciones Unidas teme que los réditos del narcotráfico se hayan hecho ya más importantes que la ideología y ello explicaría la desbordante corrupción presente en el país. Como sucedió en Colombia en los años 80, el cártel del opio compra a los políticos y de este modo consolida el control sobre el territorio nacional. A diferencia de las FARC, integradas plenamente en el narcotráfico hasta el punto de convertirse en su milicia armada, los talibanes mantienen su independencia, aun siendo instrumentos útiles para la consolidación de los feudos del opio. Paradójicamente, la guerra favorece la narcotización de Afganistán, puesto que impide al Gobierno legítimo instaurar su autoridad, crea las condiciones ideales para englobar en el narcotráfico a gran parte de la economía y facilita el contrabando hacia Occidente. (...)

Para comprender lo que pasa en Afganistán, así como para interpretar los documentos secretos de las cúpulas militares de las fuerzas de coalición, es preciso utilizar la lente de aumento del tráfico de drogas. Y a través de este telescopio se da uno cuenta de que el enemigo es hoy más fuerte que nunca y que su fuerza proviene de una serie de factores económicos. Para hacer frente a la coalición militar más potente del mundo es verdad que se necesitan hombres dispuestos a morir, pero también dinero para adoctrinarles, armarles, adiestrarles y protegerles.

El centro de la economía de guerra del enemigo lo ocupa el opio, del que Afganistán produce el 90% del mundo. Este año la producción ha caído un 10% y los cultivos se han reducido un 22%. Un pequeño porcentaje de agricultores ha aceptado producir trigo en lugar de opio, estimulados por la reducción de las diferencias de los precios. Gracias al aumento de las cotizaciones del trigo, la relación es ahora de 1 a 3, es decir, que una hectárea destinada al cultivo de opio vale tres veces su equivalente con cultivo de trigo, mientras que antes era de 1 a 10. A la vista de ello hay quien sostiene que estas modestas mejoras son atribuibles a las políticas de erradicación que persigue el Gobierno con el apoyo de las fuerzas de coalición. Se propende a pensar que se trata de una victoria, pero no es así.

La contracción es debida a una caída de la demanda mundial ligada a la competencia de los narcos colombianos. En Occidente, la cocaína a buen precio ha desplazado a la heroína. En cuestión de ganancias, aunque es probable que los señores de la droga afganos se encuentren con beneficios ligeramente inferiores a los de 2008, la contracción de la producción es superior a la de la demanda y por lo tanto se producirá un aumento del precio al por menor de la heroína.

Los norteamericanos sostienen además que los narco-talibanes y sus socios han acumulado 10.000 toneladas de opio ilegal, suficientes para satisfacer la demanda mundial durante dos años. Están sentados, en definitiva, sobre una bomba de relojería que podría proporcionarles cantidades ingentes de dinero además de desplazar a los narcos de la coca del mercado global.

Como en el modelo colombiano, en torno a la producción y al tráfico de la droga se desarrolla una economía de guerra que obliga a la población atrapada en su interior a formar parte de ella. La experiencia colombiana nos enseña que el masivo despliegue de tropas no funciona si antes no se exfolia el núcleo central. Para hacerlo se necesita atacar su savia vital, el tráfico de droga, lo que quiere decir que el problema de Afganistán no es local sino internacional. Aplicar a estas guerras las modalidades de la de Irak no nos aportará los resultados esperados, es mejor mirar a la experiencia colombiana. Y el tiempo aprieta, los occidentales están cansados de enterrar cadáveres." (Loretta Napoleoni: Afganistán y los narco-talibanes. El País, ed. Galicia, Opinión, 25/10/2009, p. 29)

15.12.06

Los Señores de la Guerra

"Somalia, el paradigma de las nuevas guerras. La mayoría de los conflictos se producen en países donde el estado se ha desintegrado y dónde las estructuras del ejército no son importantes. No hay armemento pesado, sino armas ligeras a base de Ak-47; no hay tampoco ni aviones, ni carros de combate, sustituídos por simples vehículos y camiones. Todo se pone al servicio de la guerra: no hay distinción ya no solo entre civiles y militares, sino entre adultos y niños, hombres y mujeres, cuyo papel se circunscribe en el frente y no solo en la rataguardia.

En estos conflictos, la figura clave es el Señor de la Guerra que crea estructuras paraestatales, y que vive por el conflicto y para el conflicto; estos señores de la guerra son los que reparten la ayuda internacional, y se alimentan precisamente de ella. Los embargos con los que la comunidad internacional intenta mermar estas guerras, producen, paradójicmente, lo contrario: un equilibrio de fuerzas y una perpetuación del conflicto, además de la entrada de terceros países que ayudan a los bandos violando el embargo y haciendo un gran negocio. Somalia es el mejor laboratario para observar esta triste realidad".

Fuente: Guerra y paz, 14-12-06