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2.5.26

Donald Trump ha cerrado el estrecho de Ormuz, ha aislado a Latinoamérica y ha reescrito el orden marítimo mundial, todo a costa de China... El Departamento de Estado emitió una declaración conjunta "en solidaridad con Panamá", después de una campaña de guerra jurídica dirigida por funcionarios estadounidenses y panameños para desposeer la infraestructura logística china en las terminales de Balboa y Cristóbal... Los cosignatarios de la declaración incluyen a Costa Rica, Bolivia, Paraguay, Guyana y Trinidad y Tobago... estos cosignatarios que se unen a Estados Unidos en esta declaración de "libertad" pueden parecer aleatorios; sin embargo, se ajustan perfectamente a las prioridades económicas y de seguridad a largo plazo de Estados Unidos en la región... Guyana produce un crudo ligero... Trinidad, urea y amoníaco... Costa Rica opera el puerto más avanzado tecnológicamente del Caribe... y Bolivia tiene las mayores reservas de litio del mundo... el Departamento de Estado está trabajando diligentemente en el Caribe para despojar al capital logístico chino a través de la coerción diplomática y la guerra jurídica... Es imposible decir si Estados Unidos tendrá éxito, pero el Departamento de Estado promueve un nuevo consenso marítimo con países latinoamericanos que producen las materias primas principales para las industrias energética, agrícola y logística, así como productos básicos de metales y minerales "verdes", muchos de los cuales han rechazado recientemente ofertas de inversión chinas... se ha creado una inestabilidad sin precedentes en el orden marítimo global, que el Departamento de Estado está totalmente preparado para capitalizar al servicio de los intereses energéticos, agrícolas y mineros de Estados Unidos (Logan McMillen)

"El 28 de abril, el Departamento de Estado emitió una declaración conjunta "en solidaridad con Panamá" en respuesta a un aumento en las detenciones de buques con bandera panameña en puertos chinos, lo que caracterizó como "un intento flagrante de politizar el comercio marítimo".

Esto se produce inmediatamente después de una campaña de guerra jurídica dirigida por funcionarios estadounidenses y panameños para desposeer la infraestructura logística china en las terminales de Balboa y Cristóbal, y dentro de un contexto marítimo más amplio en el que Estados Unidos ha bloqueado el Estrecho de Ormuz, ha establecido una asociación de defensa con Indonesia y ha emitido declaraciones agresivas sobre el Puerto de Chancay de Perú.

Los cosignatarios de la declaración incluyen a Costa Rica, Bolivia (más sobre eso más adelante), Paraguay, Guyana y Trinidad y Tobago.

Es difícil exagerar la ironía de este cambio de rumbo sobre Panamá. Hace solo unos meses, Estados Unidos estaba aplicando una estrategia de doble filo: la coerción diplomática a través de diálogos bilaterales de seguridad y la guerra jurídica mediante una auditoría altamente politizada de las concesiones chinas cerca del Canal de Panamá.

Esto culminó en un fallo predecible de la Corte Suprema de Panamá contra el operador portuario CK Hutchinson, lo que resultó en su desalojo y reemplazo por una subsidiaria de la firma logística danesa Maersk.

Recuerde que la posición inicial de la administración Trump en estas negociaciones fue amenazar con retomar el Canal de Panamá por la fuerza, y la grandilocuente retórica del Departamento de Estado sobre la defensa de la "soberanía" de Panamá y el rechazo a la "politización" empieza a sonar hueca.

Los cosignatarios que se unen a Estados Unidos en esta declaración de "libertad" pueden parecer aleatorios; sin embargo, se ajustan perfectamente a las prioridades económicas y de seguridad a largo plazo de Estados Unidos en la región.

Guyana es el productor mundial emergente de crudo ligero dulce y se beneficia de nuevas inversiones en el sector downstream en medio del bloqueo estadounidense del Golfo Pérsico, mientras que Trinidad es un importante productor de petroquímicos como la urea y el amoníaco.

Costa Rica es un aliado americano confiable que opera el puerto más avanzado tecnológicamente del Caribe, y Paraguay probablemente esté en la mezcla como el único país sudamericano restante que reconoce a Taiwán.

Pero quizás el cofirmante más interesante sea Bolivia, una nación andina sin salida al mar que parece irrelevante para defender la "seguridad" marítima en el Caribe, hasta que se consideran los objetivos energéticos a largo plazo de Estados Unidos.

 Bolivia se encuentra sobre las mayores reservas de litio del mundo, pero la alta proporción de magnesio a litio en su salmuera de origen requiere procesos de extracción intensivos en capital (y en gran medida experimentales).

También existe el desafío logístico de transportar miles de toneladas de litio a través de cientos de kilómetros de terreno accidentado hasta los puertos chilenos en el Pacífico y, finalmente, a través del Canal de Panamá.

Por decirlo suavemente, estos factores ponen una prima masiva en cada tonelada de litio destinada a la exportación para fabricar baterías de vehículos eléctricos (VE) y sistemas de almacenamiento de energía a escala de red. El presidente boliviano, Rodrigo Paz, es claramente consciente de esto.

Su reciente decisión de reemplazar al jefe de la empresa estatal de litio, Yacimientos de Litio Bolivianos, indica que está dispuesto a romper los acuerdos realizados con China y Rusia bajo el anterior gobierno socialista de Bolivia, siempre que el capital occidental pueda ofrecer un mercado garantizado.

Para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Paz, firmar una declaración dirigida por Estados Unidos que reconozca a Panamá como un "pilar de nuestro sistema de comercio marítimo" es una jugada diplomática transaccional y de baja fricción.

El potencial de Bolivia como potencia exportadora de materias primas depende de la cooperación con su rival de larga data, Chile, para el acceso portuario. (Chile tiene su propio sector de litio altamente rentable, y es la razón por la que Bolivia no tiene costa para empezar).

Al alinearse con Estados Unidos contra China, Bolivia está señalando a países como Panamá y Chile que está dispuesta a jugar según las mismas reglas dirigidas por Estados Unidos que todos los demás, a cambio de acceso a su infraestructura logística.

Por supuesto, las maniobras diplomáticas de Estados Unidos en Panamá y Bolivia no pueden entenderse en el vacío. En el Golfo Pérsico, el ejército estadounidense está bloqueando el flujo de crudo ligero y pesado insignia a los mercados asiáticos.

Mientras tanto, el Departamento de Estado está trabajando diligentemente en el Caribe para despojar al capital logístico chino a través de la coerción diplomática y la guerra jurídica.

En este contexto, cada vez queda más claro que el objetivo de la llamada "Doctrina Monroe" no es integrar benévolamente las economías de Estados Unidos y América Latina, sino forzar la salida de capital de Asia Occidental y su retorno al hemisferio occidental mediante el establecimiento de nuevas rutas comerciales marítimas.

Es imposible decir si Estados Unidos tendrá éxito, pero no se debe asumir que el Departamento de Estado promueve por accidente un nuevo consenso marítimo con países latinoamericanos que producen las materias primas principales para las industrias energética, agrícola y logística, así como productos básicos de metales y minerales "verdes", muchos de los cuales han rechazado recientemente ofertas de inversión chinas.

A estas alturas, cualquiera que siga viendo a Estados Unidos como un árbitro neutral o un policía del comercio marítimo mundial está ignorando la realidad a sabiendas. El ejército estadounidense está incautando barcos en Asia Occidental, mientras que el Departamento de Estado exige simultáneamente que China juegue según sus reglas en Centro y Sudamérica.

En el momento en que Trump abdicó la responsabilidad de Estados Unidos de defender el Golfo Pérsico bajo la Doctrina Carter, murió la noción romántica de un "libre" dominio marítimo global.

A largo plazo, esto probablemente beneficiará a China y a otras naciones costeras, pero a corto plazo, ha creado una inestabilidad sin precedentes en el orden marítimo global, que el Departamento de Estado está totalmente preparado para capitalizar al servicio de los intereses energéticos, agrícolas y mineros de Estados Unidos." 

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16.4.26

La guerra de la Administración Trump contra Cuba... quieren que la economía cubana esté en ruinas para poder decir que el comunismo no funciona, que la gente se rebele, y que construyamos campos de golf estadounidenses y Trump Towers por toda la isla... algunas de las formas en que Estados Unidos ha saboteado la economía cubana durante tanto tiempo, dificultando las remesas, dificultando el turismo, y luego hay una fuente de ingresos que siempre me pareció brillante para Cuba y para el mundo. Y eran los profesionales médicos que iban tanto a países pobres —a menudo financiados por agencias de la ONU— como a países más ricos, como Italia durante la COVID, donde los costes los sufragaban los propios países. Eso se convirtió en una importante fuente de ingresos para Cuba. Y el Gobierno de EE. UU. intervino y amenazó sistemáticamente a los países para que no aceptaran a médicos cubanos... tampoco se puede utilizar el sistema financiero internacional, el sistema SWIFT, lo que implica que no se puede comerciar en la arena internacional, pero no poder obtener combustible supone un nivel completamente nuevo. Y nadie puede decir en este momento que no existe un bloqueo sobre Cuba. Ahora todo el mundo puede verlo, y es devastador... en un momento dado fue una amenaza por ser un buen ejemplo, una amenaza porque contaba con un próspero sistema sanitario que llevó a Cuba a tener una tasa de mortalidad infantil más baja que en la mayoría de lugares de Estados Unidos, y sigue siendo un sistema totalmente gratuito. Y eso supone una amenaza para todas las personas en EE. UU. que se benefician de nuestro pésimo sistema sanitario con ánimo de lucro... Cuba se ha abierto a la empresa privada, no a gran escala, pero sí de una manera muy significativa. Se pueden tener empresas privadas. Se puede contratar hasta a 100 personas. Yo diría que la mayoría de los cubanos trabajan ahora de una forma u otra en el sector privado, porque el sector público se ha derrumbado en muchos aspectos, pero lo que quiere la administración Trump son cosas a lo grande. Quiere poseer tierras. Quiere poder construir lo que quiera y que las empresas estadounidenses entren y se hagan cargo de lo que ha sido nacionalizado (Medea Benjamin)

 "Esta entrevista también está disponible en plataformas de podcast y Rumble.

Medea Benjamin, cofundadora de la organización pacifista CODEPINK, habla con Chris Hedges sobre su reciente visita a Cuba como parte de una de las muchas delegaciones humanitarias que han visitado la isla en respuesta al severo bloqueo económico impuesto por la Administración Trump. Benjamin describe la situación actual como «desesperada», la peor que ha vivido en sus 50 años de trabajo solidario con Cuba, y se refiere a la escalada del bloqueo como un «asedio medieval».

La escasez de combustible ha tenido consecuencias mortales, provocando cortes de electricidad en todo el país. Las sanciones y el bloqueo han provocado escasez de alimentos, medicinas y otros productos de primera necesidad. Benjamin relata: «La gente no puede ir a trabajar porque los autobuses no funcionan o, si llegan al trabajo, no hay electricidad ni materiales». Afirma que médicos y profesores están abandonando el país porque sus salarios son demasiado bajos para sobrevivir.

Los medios de comunicación estadounidenses achacan las penurias de Cuba a su gobierno comunista, pero Benjamin destaca los avances logrados desde la Revolución, a pesar de haber soportado más de sesenta años de sanciones impuestas por Estados Unidos. Cuba, un país pobre de diez millones de habitantes, creó un sistema de sanidad universal que en su día fue envidiable y un excelente sistema educativo gratuito para los residentes. Ahora, muchos de esos logros, como la reducción de la mortalidad infantil y la mejora de la esperanza de vida, se están deteriorando bajo el yugo del imperialismo estadounidense.

Este año han viajado a Cuba delegaciones de todo el mundo para llevar paneles solares, medicamentos y otros artículos de primera necesidad. Los palestinos participaron en la delegación que Benjamin ayudó a organizar y fueron testigos de muchas similitudes entre Cuba y Gaza. Además de la escasez, otra similitud es el creciente poder del lobby cubano-estadounidense que apoya el bloqueo, el cual sigue el modelo del lobby israelí-estadounidense, el AIPAC.

A pesar de ello, la situación en Cuba es tan grave que incluso muchos miembros del Congreso ya no pueden negar la crueldad de la situación. Hay dos nuevos proyectos de ley en el Congreso que CODEPINK y otras organizaciones de solidaridad con Cuba apoyan. Benjamin insta a la gente a actuar de cualquier forma que pueda, ya que cree que los cubanos no podrán soportar las penurias del bloqueo por mucho más tiempo.

Chris Hedges: La administración Trump, tras haber puesto en el punto de mira a Venezuela e Irán, parece decidida a derrocar al Gobierno cubano. Ha orquestado un asedio a la isla, cortando los envíos vitales de petróleo venezolano hace tres meses. Esto ha dejado a la economía cubana sin petróleo importado, así como sin diesel, gasolina, combustible para aviones y gas licuado de petróleo. Cuba depende de esos envíos para aproximadamente el 60 % de su energía.

Cuba está sufriendo ahora cortes de electricidad masivos, incluidos dos apagones en toda la isla en los últimos días. La orden ejecutiva de Trump del 29 de enero de 2026 establece: «Las políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba constituyen una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos». La orden acusa al Gobierno cubano de permitir abiertamente que Rusia y China —que, según se informa, cuenta con cuatro puestos de escucha en la isla— establezcan allí sofisticadas capacidades militares y de inteligencia que amenazan la seguridad nacional de Estados Unidos. Señala que Cuba alberga la mayor instalación de inteligencia de señales de Rusia en el extranjero, que intenta sustraer información sensible de seguridad nacional de Estados Unidos. La Casa Blanca de Trump ha invocado la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977, que faculta a EE. UU. a imponer aranceles a los países extranjeros que «suministren, directa o indirectamente, petróleo al Gobierno cubano».

Esto ha provocado escasez de transporte, reducción de la jornada laboral y cancelaciones de vuelos, además de la escasez no solo de combustible, sino también de alimentos, medicamentos y equipos vitales, incluido el material médico. El Departamento de Justicia ha imputado a varios funcionarios y entidades cubanas por su presunta implicación en el tráfico de drogas, una táctica que también se está utilizando para atacar al presidente de Colombia, Gustavo Petro. «Cuba va a caer muy pronto», anunció Trump. «Quieren llegar a un acuerdo. Así que voy a enviar a Marco allí y veremos cómo sale eso. Ahora mismo estamos muy centrados en este [se refería a Irán]. Tenemos mucho tiempo, pero Cuba está lista tras 50 años. Llevo 50 años observándola y me ha caído del cielo gracias a mí, ha caído, pero, en cualquier caso, me ha caído del cielo y nos está yendo muy bien».

El objetivo es la reafirmación del imperialismo estadounidense sobre la isla, que la revolución cubana liderada por Fidel Castro derrotó en 1959. Si Trump no logra sus objetivos en Irán, lo cual parece cada vez más probable, parece dispuesto a centrar su atención en Cuba. Con el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y el colapso de la Unión Soviética, Cuba cuenta con pocos aliados que puedan acudir en su ayuda, aunque un petrolero ruso que transporta 730 000 barriles de crudo parece dirigirse a Cuba.

Me acompaña para hablar de la guerra contra Cuba Medea Benjamin, cofundadora del grupo pacifista CODEPINK, que acaba de regresar de un viaje a Cuba donde ella y otros grupos solidarios entregaron ayuda humanitaria y suministros, entre ellos medicamentos, paneles solares, bicicletas y alimentos. Así pues, Medea, ha sido usted duramente criticada en el Washington Post. Aunque creo que esto dice mucho más del Washington Post que de usted. El titular reza: «Idiotas útiles visitan Cuba justo a tiempo». Voy a leerle un par de frases y le dejaré responder:

«El comunismo ha empobrecido la isla. A los izquierdistas estadounidenses solo les importa ahora porque pueden culpar a Trump. Izquierdistas de todo el mundo se desplazaron a Cuba durante el fin de semana para un “viaje humanitario” [entre comillas] destinado a protestar contra el bloqueo petrolero de Estados Unidos y desempeñaron a la perfección el papel de idiotas útiles. Nada demuestra más solidaridad que ir a un país empobrecido y alojarse en un hotel de cinco estrellas». Más abajo: «La mejor manera de ayudar al pueblo cubano, por supuesto, sería liberarlo de una dictadura que lleva más de medio siglo sin satisfacer sus necesidades. Sin embargo, la lista de asistentes estaba más interesada en criticar a Estados Unidos. Y luego, mientras que los turistas socialistas pueden culpar a las sanciones estadounidenses por el declive de la isla, los cubanos creen de forma abrumadora que la culpa es de quienes han dirigido su economía desde 1959». Y la última línea: «La verdad es que a estos activistas solo les importan los cubanos ahora que tienen una excusa para arremeter contra Estados Unidos. El numerito podría haber sido más convincente sin las fiestas». Estoy segura de que estuvieron de fiesta día y noche en Cuba. Pero, en fin, es que no me lo podía creer. Suena a algo sacado de la National Review, o quizá de The Onion, no lo sé.

Medea Benjamin: O del New York Post.

Chris Hedges: Sí.

Medea Benjamin: ¿Quiere que comente eso, Chris?

Chris Hedges: Bueno, sí, es decir, es un ataque tan duro y una distorsión tan grande de la historia. Quiero decir, hemos estado estrangulando a Cuba desde sus inicios.

Medea Benjamin: Bueno, por supuesto. Y, ya sabe, fue interesante que se tratara de un grupo tan multigeneracional. Llevábamos 170 personas en nuestro avión fletado con todos esos medicamentos. Y algunos de ellos eran jóvenes cubanos, se hacen llamar «Cubanoamericanos por Cuba». Algunos nunca habían estado en Cuba antes. Y muchos de nosotros, los de más edad, llevamos décadas trabajando en temas relacionados con Cuba. Así que decir que solo vinimos a esto para criticar a Trump es un poco gracioso, porque yo llevo yendo a Cuba desde 1979 e intentando cambiar la política estadounidense desde entonces. Así que eso es una cosa.

La otra es esta cuestión de echar toda la culpa al gobierno comunista. Ya sabe, hay una respuesta muy fácil para eso, Chris, que es: bueno, levanten las sanciones y entonces podrán echarle toda la culpa al gobierno comunista. Llevamos años y años y años diciendo eso, pero no quieren hacerlo porque quieren que la economía cubana esté en ruinas para poder decir que el comunismo no funciona, que la gente se rebele, y que construyamos campos de golf estadounidenses y Trump Towers por toda la isla. Y en cuanto a que nos alojáramos en hoteles de lujo, eso también me parece bastante gracioso, porque hay una lista que podríamos ir desplazando, que no tendría fin, de hoteles en los que el Gobierno de EE. UU. dice que no se nos permite alojarnos porque, según ellos, están relacionados de alguna manera con el ejército cubano. Así que solo hay cinco hoteles en los que se nos permite alojarnos. Todos son «hoteles de lujo» y todos son propiedad de empresas extranjeras.

Nos alojamos en uno que se llamaba Iberostar. Es una empresa de propiedad española. Y también nos alojamos allí por, bueno, otras dos razones. Una, nos hicieron un precio muy bueno, y dos, estaba en el centro, porque los demás están más lejos y no queríamos usar autobuses. No queríamos consumir mucho combustible. Así que solo utilizamos los autobuses para ir del aeropuerto al hotel y volver al aeropuerto. Y la mayor parte del tiempo, caminamos y caminamos y caminamos bajo el sol abrasador. Y fue muy bueno para la gente hacer eso, porque es algo que los cubanos hacen todos los días. Cuando desayunábamos en el hotel y preguntábamos a los trabajadores: «¿Cómo han llegado aquí esta mañana?», nos respondían: «He caminado tres millas. He caminado cuatro millas». Así que intentamos dejar una huella ecológica mínima, pero supongo que eso no impresionó al Washington Post.

Chris Hedges: Hablemos de la situación de Cuba. Quiero decir, Cuba lleva, por supuesto, décadas sometida a sanciones. Y, brevemente, todo tipo de intentos de la CIA para derrocar al gobierno de Castro, la invasión de Bahía de Cochinos, que fue frustrada por Cuba durante la administración Kennedy. Creo que hubo siete intentos concertados de asesinato contra el propio Castro. Me refiero a todo tipo de cosas extrañas, como puros explosivos, si no recuerdo mal, y, no sé, trozos de coral envenenados o algo así. No recuerdo qué era todo eso. Pero esta guerra contra Cuba nunca ha remitido, aunque en muchos sentidos lo que está ocurriendo ahora —y le dejaré a usted que comente al respecto— es quizás lo más grave.

Medea Benjamin: Sí, quiero decir que sí amainó un poco durante la presidencia de Obama, cuando hubo algunas aperturas y se levantaron algunas de las sanciones, y vimos un florecimiento de la empresa privada y de la llegada de turistas, y la economía realmente repuntó, lo cual fue bueno para el pueblo estadounidense y para el pueblo cubano; pero, lamentablemente, la administración Trump revirtió todo eso, y la administración Biden no hizo nada para mejorar las relaciones, y ahora nos hemos quedado atascados con Trump de nuevo. Ahora bien, cuando usted dice que la situación es peor que nunca, sí, eso es absolutamente cierto debido a esa fanfarronada de Trump de que ni una gota de petróleo ha llegado a la isla en más de tres meses. Estados Unidos impidió que Venezuela enviara petróleo y obligó a México a no enviarlo. Veremos qué ocurre con este petrolero ruso, y eso debería ser interesante. Pero, como usted ha dicho, Chris, esto no es nada nuevo.

Y solo quiero señalar algunas de las formas en que Estados Unidos ha saboteado la economía cubana durante tanto tiempo. Una de ellas es que se trata de una isla caribeña, y en países pequeños como los de Centroamérica y el Caribe, una de las principales fuentes de ingresos son las remesas, es decir, lo que las personas de esos países que se trasladan a países más ricos, como Estados Unidos o España, envían a sus familiares. Estados Unidos ha complicado mucho incluso el simple hecho de enviar dinero a la familia en la isla.

Luego está la cuestión del turismo. También un pilar fundamental de los países caribeños. Estados Unidos ha puesto tantas trabas que es muy difícil que el turismo prospere en la isla. No se puede ir como turista a tumbarse en las playas. Hay que encajar en una de las categorías para poder ir. No es tan difícil. La gente cree que es más complicado de lo que es, y por eso hay tanta gente que no va. Pero nuestros amigos europeos no pueden obtener el mismo visado estadounidense si han estado en Cuba. Y desde la COVID, el turismo ha sufrido un auténtico desplome. Y ahora, con Donald Trump, las condiciones son aún más difíciles para los turistas si no se puede desplazarse, si los autobuses no funcionan, ese tipo de cosas. Así que el turismo se ha visto realmente afectado.

Y luego hay una fuente de ingresos que siempre me pareció brillante para Cuba y para el mundo. Y eran los profesionales médicos que enviaban por todo el mundo. Estos médicos y enfermeros cubanos que iban tanto a países pobres —a menudo financiados por agencias de la ONU— como a países más ricos, como Italia durante la COVID, donde los costes los sufragaban los propios países. Eso se convirtió en una importante fuente de ingresos para Cuba. Y el Gobierno de EE. UU. intervino y amenazó sistemáticamente a los países para que no aceptaran a médicos cubanos, para que expulsaran a los que ya estaban allí, llegando incluso a decirles que no enviaran a sus estudiantes a estudiar gratuitamente en la facultad de medicina de Cuba.

Así pues, estas son solo algunas de las formas en que Estados Unidos ha estado saboteando. Y, por supuesto, estar en la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo significa que no se puede utilizar el sistema financiero internacional, el sistema SWIFT, lo que implica que no se puede comerciar en la arena internacional. Por lo tanto, esto no es nuevo, pero no poder obtener combustible supone un nivel completamente nuevo. Y nadie puede decir en este momento que no existe un bloqueo sobre Cuba. Ahora todo el mundo puede verlo, y es devastador.

Chris Hedges: La isla solo tiene 10 millones de habitantes. ¿Por qué, a lo largo de su historia, Estados Unidos ha considerado a Cuba una amenaza tan grande?

Medea Benjamin: Bueno, creo que en un momento dado fue una amenaza por ser un buen ejemplo, una amenaza porque contaba con un próspero sistema sanitario que llevó a Cuba a tener una tasa de mortalidad infantil más baja que en la mayoría de lugares de Estados Unidos, una mayor esperanza de vida y un sistema de médicos de familia que era la envidia de personas de todo el mundo. Quiero decir, imagínese, Chris, tener a su médico en su barrio. Había un médico por cada 125 familias. De hecho, le conocían. Sabían cuál era su estado de salud. Le visitaban en su casa. Quiero decir, era un sistema maravilloso. Ahora está muy deteriorado porque los pobres médicos ganan un sueldo miserable y muchos están abandonando la profesión, y no disponen de materiales con los que trabajar. Pero sigue siendo un sistema totalmente gratuito. Y eso supone una amenaza para todas las personas en EE. UU. que se benefician de nuestro pésimo sistema sanitario con ánimo de lucro.

La otra cuestión es que, al principio, el programa educativo y de alfabetización supuso un avance realmente trascendental: se pasó de una sociedad pobre con una alta tasa de analfabetismo a una población educada en la que se podía obtener educación gratuita hasta el doctorado.

También se consideró una amenaza debido a la relación con Rusia, ya que, incluso después de la crisis de los misiles en Cuba, Estados Unidos mantuvo relaciones con lo que era la Unión Soviética hasta el momento de su desintegración en 1991.

Y luego están todos los cubanoamericanos —aunque no debería decir «todos», ya que en realidad se trata de un pequeño grupo de cubanoamericanos— que abandonaron la isla tras la revolución y que, desde entonces, se han sentido indignados por haber perdido parte de sus propiedades y han estado presionando constantemente al Gobierno de EE. UU. para que derrocara al Gobierno cubano y así poder recuperar sus propiedades. Y finalmente, quiero decir que este grupo cubanoamericano se ha vuelto muy poderoso. Ellos se han inspirado en el grupo de presión proisraelí llamado AIPAC, y son un grupo de presión extranjero muy, muy poderoso para una población tan pequeña. Reciben millones de dólares de nuestros impuestos. Los obtienen año tras año para difundir propaganda contra el Gobierno cubano. Han elegido a cubanoamericanos para cargos públicos, como María Elvira Salazar, Carlos Giménez y Díaz-Balart, cuyas carreras se basan íntegramente en esta política contra el Gobierno cubano. Y esas son algunas de las razones.

Y, por último, permítame decir que ha habido una pugna por Florida entre demócratas y republicanos, y los demócratas han pensado que podrían recuperar algunos escaños en Florida si adoptaban esta postura de línea dura. No les ha salido bien, pero siguen creyendo que les beneficia no solo atacar al Gobierno cubano, sino también perjudicar al pueblo cubano.

Chris Hedges: Así pues, la respuesta del Gobierno cubano ha sido ofrecer concesiones. Creo que incluso han dicho que negociarían con los exiliados cubanos sobre las indemnizaciones por sus propiedades. Han hablado de flexibilizar las restricciones a la inversión extranjera. ¿Podría hablar un poco sobre cómo está respondiendo el Gobierno cubano?

Medea Benjamin: Bueno, el Gobierno cubano siempre ha estado abierto al diálogo y, de hecho, ha mantenido conversaciones con EE. UU. sobre cuestiones migratorias y sobre drogas. Y el Gobierno cubano ha sido de gran ayuda en la lucha contra las drogas en el Caribe. Pero en cuanto a estas cuestiones actuales sobre la inversión, Cuba se ha abierto a la empresa privada, no a gran escala, pero sí de una manera muy significativa. Se pueden tener empresas privadas. Se puede contratar hasta a 100 personas. Yo diría que la mayoría de los cubanos trabajan ahora de una forma u otra en el sector privado, porque el sector público se ha derrumbado en muchos aspectos. Y a los cubanoamericanos se les permite apoyar a empresas en Cuba. De hecho, todas esas pequeñas tiendas que se ven al pasear por las calles, no solo en La Habana, sino también en otras ciudades, existen en su mayoría gracias a las inversiones de sus familiares en Estados Unidos.

Pero lo que quiere la administración Trump son cosas a lo grande. Quiere poseer tierras. Quiere poder construir lo que quiera y que las empresas estadounidenses entren y se hagan cargo de lo que ha sido nacionalizado.

Así pues, esas son cuestiones sobre las que, de hecho, el Gobierno cubano está dispuesto a dialogar. Y, como usted ha dicho, recientemente han manifestado que están dispuestos a hablar sobre indemnizaciones. Ahora bien, cuando el Gobierno cubano comenzó a nacionalizar las propiedades extranjeras a principios de la década de 1960, todos los demás países negociaron y llegaron a un acuerdo con el Gobierno cubano. Estados Unidos fue el único país que se negó a llegar a un acuerdo. Pero los cubanos están diciendo ahora mismo: «Vamos a resolverlo. Mantengamos relaciones comerciales normales con Estados Unidos».

Chris Hedges: ¿Cuáles serán las consecuencias si este bloqueo continúa, cosa que supongo que sucederá? ¿Cuáles serán las consecuencias dentro de Cuba?

Medea Benjamin: Sabe, Chris, ni siquiera puedo imaginar que este bloqueo continúe, porque realmente está destruyendo la capacidad de llevar una vida normal. La gente no puede ir a trabajar porque los autobuses no funcionan o, si llegan al trabajo, no hay electricidad ni materiales. Entonces, ¿qué se supone que deben hacer? A los niños les cuesta mucho llegar a la escuela. Muchos de los profesores se han marchado porque sus salarios son muy bajos. Los hospitales apenas funcionan. Los médicos de allí son héroes, siguen aguantando, siguen intentando atender a sus pacientes con lo poco que tienen. Pero cuando ni siquiera se tiene acceso a agua caliente en el hospital, y mucho menos a analgésicos y todo tipo de cosas como suturas, elementos básicos necesarios para las operaciones, el Gobierno ha dicho que hay 60 000 personas esperando a ser operadas y 11 000 de ellas son niños.

La tasa de mortalidad infantil está aumentando. Los pacientes con cáncer no pueden recibir su tratamiento. Los pacientes con diabetes no pueden recibir sus tratamientos. Por lo tanto, esto está causando un gran sufrimiento en Cuba en este momento. Se ve la basura amontonada en las calles porque no tienen gasolina para los camiones. En los meses más calurosos, eso provocó un brote de tres enfermedades diferentes transmitidas por mosquitos que afectaron a un tercio de la población. ¿Cuánto tiempo puede durar esto? No lo sé. No lo sé. No creo que esto pueda prolongarse otros seis meses, por ejemplo, porque la gente está simplemente desesperada.

Y espero que haya conversaciones entre Estados Unidos y Cuba. Y oímos que las hay, pero no sé en qué consisten. Pero espero que las haya, porque algo tiene que cambiar. Y también espero que cada vez más gente empiece a darse cuenta de lo grave que es la situación en Cuba, de lo medieval que es este asedio al pueblo cubano, de lo hipócrita que es decir que le importan los derechos humanos en Cuba y, sin embargo, negar a la gente lo básico para vivir. Así que espero que cada vez más gente se informe y se movilice.

Acabamos de regresar de nuestro viaje a Cuba y hoy me he acercado al Congreso para unirme a un grupo de diez personas que iban de oficina en oficina pidiendo apoyo para una Ley de Poderes Bélicos, alegando que Trump no tiene derecho a invadir Cuba, así como para una ley denominada Ley de Comercio entre EE. UU. y Cuba, con el fin de levantar estas restricciones. Al visitar las oficinas, empezamos por las de los demócratas, y se mostraron extremadamente comprensivos porque habían oído hablar de las condiciones en la isla. Así que creo que la gente está tomando conciencia de lo que está sucediendo, y espero que podamos ejercer una presión significativa sobre nuestro Gobierno.

Chris Hedges: Aunque cada intento del Gobierno cubano por tender la mano es rechazado por Marco Rubio.

Medea Benjamin: Bueno, sin duda ese ha sido el caso, pero ya sabe, como estamos viendo en Irán y vimos en Venezuela, no siempre hay un acuerdo al 100 % entre Marco Rubio y Trump en lo que respecta a las políticas. Estoy segura de que Marco Rubio quería derrocar a todo el Gobierno de Venezuela, pero Trump se conformaba con secuestrar a Maduro y a su esposa y mantener al resto del Gobierno en su sitio siempre que pudiera obtener un mayor acceso —puesto que Chevron ya operaba en Venezuela—, pero un mayor acceso para las empresas estadounidenses.

Lo mismo podría ocurrir en el caso de Cuba, donde Marco Rubio sin duda quiere tener la oportunidad histórica de derrocar al Gobierno cubano, pero quizá Trump se conforme con algún tipo de acuerdo menor en Cuba en el que hubiera una mayor apertura a las inversiones. Así que ya veremos. No creo que debamos pensar que Marco Rubio tiene la última palabra sobre lo que sucederá con Cuba.

Chris Hedges: ¿Qué probabilidad le parece que haya una invasión terrestre real?

Medea Benjamin: Estados Unidos sigue diciendo que no está contemplando una invasión terrestre en Cuba, pero no podemos fiar de la palabra de nuestro Gobierno para nada. No puedo imaginar una invasión terrestre, pero tampoco podía imaginar que Estados Unidos invadiera e iniciara esta guerra con Irán. Creo que el ejército cubano tendría muchas dificultades para repeler un ataque militar de EE. UU. Pero una invasión terrestre sería otra historia. Y no creo que los cubanoamericanos quieran realmente ver a sus familiares bombardeados, aunque a muchos de ellos pareciera no importarles verlos morir de hambre. Así que no sé cuál sería la probabilidad de una invasión militar.

Chris Hedges: Cuando estuvo en Cuba, ¿qué fue lo que más le sorprendió?

Medea Benjamin: Lo que me sorprendió fue el grado de resignación que mostraban muchas personas. Que, a pesar de que detestaban la idea de que Trump dijera que iba a tomar el control del país y hacer lo que quisiera, muchas personas con las que hablé en la calle decían: «Da igual, solo sáquenos de esta miseria. No podemos seguir así».

Y eso es algo que no había visto antes. Y quiero decir, Chris, que llevo muchos años yendo a Cuba. Esta no es la Cuba que yo conocía. Hay muchísima gente mendigando en las calles. Nunca vi mendigos cuando fui por primera vez a Cuba. Hay gente, no muchos sin techo, pero los hay. Eso no lo había visto antes. Y el nivel de desigualdad es enorme porque los salarios son de 20 dólares al mes, 25 dólares al mes, y los precios son muy altos para la población local. Por lo tanto, es una situación similar a la que vemos en un lugar como Gaza, donde se ve comida en el mercado, pero la gente no tiene dinero para comprarla.

Por otro lado, aquellas personas que tienen familiares en el extranjero se encuentran en una situación mucho mejor, y ahora hay cubanos muy ricos. Y una de las cosas de las que nos hablaron nuestros ponentes fue del aumento de las disparidades raciales, ya que quienes tienen familiares en el extranjero que pueden enviar dinero suelen ser cubanos blancos. Por lo tanto, quienes suelen tener negocios dentro de Cuba son cubanos blancos. Y son los cubanos negros quienes suelen soportar la peor parte de este estrangulamiento económico.

Chris Hedges: Cuando habla de que los autobuses no circulan, ¿en qué medida se ve afectado el transporte? ¿Están las calles vacías?

Medea Benjamin: Las calles están increíblemente desiertas; hay algunos coches. Hay algunos vehículos eléctricos. Hay algunos vehículos que han conseguido gasolina en el mercado negro, que era muy, muy cara. Y lo que se les está ocurriendo son unos vehículos eléctricos muy innovadores. Hay unos vehículos llamados «tricicletas», de tres ruedas, eléctricos, en los que caben seis personas en la parte trasera y que se utilizan tanto para transportar mercancías como personas. Hay motocicletas eléctricas que tiene la gente. Y, con los pocos coches que hay en la carretera, la gente hace autostop, y quienes tienen coche se muestran muy comprensivos y se detienen constantemente para recoger a la gente. Les preguntamos a nuestras guías: «¿Cómo llegan hasta aquí?». Y una de ellas respondió: «Hago autostop todos los días, de ida y vuelta». A veces tiene que esperar bastante tiempo a que un coche la recoja.

Pero existe esta economía solidaria en la que la gente realmente se ayuda entre sí. Así que, aunque en un país donde no existe ese sentido del colectivismo se vería mucho más hambre, mucha más miseria, en Cuba se las arreglan para salir adelante gracias a este tipo de solidaridad. He estado recientemente en la parte oriental de la isla. Allí había aún menos tráfico. Pero lo que encontré en Holguín, por ejemplo, fue un resurgimiento del uso del caballo y la carreta. Y las carretas llevaban a la gente de un lado a otro. Las carretas también recogían la basura de la calle. Y eso hacía que estuviera mucho más limpio que en La Habana. Pero pregunté por los caballos en La Habana. Y estoy segura de que hay algunas restricciones, pero la gente me dijo que ni siquiera hay comida suficiente para mantener a los caballos lo suficientemente sanos como para proporcionar ese tipo de transporte.

Chris Hedges: Y esta iniciativa fue multinacional. Hubo una flotilla que partió de México, pero participaron personas de todo tipo de nacionalidades en este intento de llevar —que al final resulta simbólico— ayuda humanitaria y protestar contra el bloqueo, ¿es así?

Medea Benjamin: Ya sabe, nuestra presencia realmente animó a los cubanos. No podíamos caminar por la calle sin que la gente se nos acercara y nos dijera: «Gracias por su solidaridad. Les vi en la televisión. Gracias». Así que veníamos de toda Europa. Había delegaciones de Italia, de España. Había gente de Colombia, de Brasil, mucha gente de México y éramos muchos de Estados Unidos. Éramos 170 en nuestro grupo, pero también había grupos que venían con diferentes organizaciones, como el People’s Forum y Global Exchange. Había gente de la Red Nacional sobre Cuba, ese grupo de cubanoamericanos que mencioné, los Cubanoamericanos por Cuba. Así que éramos cientos de personas y fue maravilloso recorrer la ciudad, ver a la gente, recibir tantos saludos y muestras de solidaridad; realmente fue un gran estímulo. Y tuvimos un problema con los barcos, porque las compañías de seguros no querían asegurar barcos para ir a Cuba. Y también temían las amenazas de Trump. Así que conseguimos un barco que transportaba a unas 30 personas y luego un par de veleros. Y el barco más grande acaba de llegar hoy a Cuba, donde recibió una bienvenida realmente maravillosa. Y en ese barco había gente procedente de todas partes.

Y uno de los vínculos reales que se forjó fue el movimiento de solidaridad en torno a Gaza y Palestina y en Cuba. En nuestra delegación contábamos con profesionales palestinos, escritores palestinos, trabajadores sanitarios palestinos, Médicos contra el Genocidio, y se reunieron en Cuba con los palestinos que habían estado estudiando en la facultad de medicina y con algunos que ya se habían graduado. Y fue un encuentro precioso.

Además, en el barco, y también en nuestra delegación, hay muchas personas que forman parte de la Flotilla Global Sumud y que participarán en la próxima Flotilla Global Sumud que tendrá lugar en abril. Así pues, se establecieron muchos vínculos entre personas que han estado defendiendo al pueblo palestino y que ahora, en su mayoría, son conscientes de los problemas de Cuba y de las numerosas similitudes a las que se enfrentan los cubanos y los palestinos.

Chris Hedges: Cuando se reúnen con los legisladores, si se muestran comprensivos, ¿qué les piden?

Medea Benjamin: Pues bien, a partir de hoy se debate en el Senado y en la Cámara de Representantes la Ley de Poderes Bélicos, un proyecto de ley que establece que Trump no puede invadir Cuba sin pasar por el Congreso. Es muy importante, incluso simbólicamente, que se celebre ese tipo de votación. Y, por supuesto, estamos presionando a todos los demócratas e intentando que algunos republicanos también se sumen a la iniciativa. El Congreso está muy polarizado, y los republicanos tienen mucho miedo de ir en contra de Trump.

Pero esperamos conseguir que algunos de ellos también se sumen a esto, porque muchos no están contentos con lo que está sucediendo en Irán. Y esta sería una oportunidad para que demostraran que no apoyan que Estados Unidos se entrometa en todos esos otros países. Así que esa es una.

Y luego hay otro proyecto de ley que presentó recientemente Jim McGovern. Se trata de la Resolución 1721 de la Cámara de Representantes, la Ley de Comercio entre EE. UU. y Cuba, que levantaría el embargo y permitiría a las empresas estadounidenses comerciar con Cuba. Así que esto es lo que estamos pidiendo.

Y debo decir que hoy hemos recibido mucha simpatía. He podido hablar directamente con algunos miembros del Congreso y me han dicho: «Oh, estoy tan, tan indignado por lo que está ocurriendo en Cuba y me alegro de que por fin haya algún proyecto de ley al que puedan mostrar su apoyo». Por supuesto, estas personas podrían haber presentado su propio proyecto de ley hace mucho tiempo y no lo hicieron. Pero creo que obtendremos un apoyo bastante bueno en el Congreso.

Chris Hedges: ¿Hay algo más que quiera añadir, Medea, antes de terminar?

Medea Benjamin: Sí. También estamos intentando organizar viajes a Cuba de forma regular, yendo una y otra vez, porque nos hemos dado cuenta de que las personas que no pudieron venir en este viaje tienen muchas ganas de ir. Así que pueden consultar la página web de CODEPINK para ver los próximos viajes. Y otra cosa es organizar sus propias recaudaciones de fondos para Cuba. Es una forma estupenda de reunir a la gente, de hablar de lo que está pasando, de recaudar algo de dinero y de donarlo a alguna de las muchas organizaciones que recaudan fondos para paneles solares o para medicamentos destinados a Cuba. Así que esas son otras cosas que la gente puede hacer.

Chris Hedges: Estupendo. Gracias, Medea. Y quiero dar las gracias a Sophia, Thomas y Max, que han producido el programa. Pueden encontrarme en chrisedges.substack.com" 

(Entrevista con Medea Benjamin, Chris Hedges , blog, 15/04/26, traducción DEEPL)  

18.3.26

Nadie debería dudar de que esto se haría bajo coacción, ya que toda la población está siendo tomada como rehén... Estados Unidos es responsable de la crisis energética de Cuba que amenaza con tener consecuencias humanitarias muy graves cuanto más tiempo continúe, y el gobierno de la isla no tiene ninguna posibilidad realista de romper su bloqueo petrolero de facto... lo mejor para el pueblo cubano en este momento es la renuncia de su presidente a cambio de aliviar parte de su crisis energética, probablemente priorizando hospitales, escuelas y otras instalaciones similares para el combustible que Estados Unidos describirá egoístamente como "ayuda humanitaria"... Las posibilidades de que el gobierno de la isla sobreviva a este asedio ileso son nulas, por lo que o se martirizan (esperando que el ejército, la policía y la ciudadanía también lo hagan) o se someten a Estados Unidos para salvar a todos, aunque a partir de entonces sean sus clientes... "Los estadounidenses han señalado a los negociadores cubanos que el presidente debe irse, pero dejan los siguientes pasos en manos de los cubanos", aunque con la condición de que acepten convertir su país en un "estado cliente" de Estados Unidos (Andrew Korybko)

 "Nadie debería dudar de que esto se haría bajo coacción, ya que toda la población está siendo tomada como rehén por esta Guerra Híbrida, que no es justa ni legalmente internacional, pero esta es la realidad tal como existe objetivamente.

A principios de febrero se evaluó que "Estados Unidos está al borde de subordinar a Cuba" debido al predecible efecto paralizante de su bloqueo petrolero de facto en la nación insular, tras obtener el control indirecto sobre el proveedor venezolano de La Habana al capturar al presidente Nicolás Maduro el mes anterior. Al igual que en ese caso, en el mismo análisis también se evaluó que "el precedente venezolano demuestra que Estados Unidos puede aceptar 'ajustes de régimen' en lugar de un cambio de régimen".

Este concepto "se refiere a mantener la estructura de poder del estado objetivo después de algunos cambios (a veces significativos) que promueven los intereses del estado entrometido". Según un informe reciente del New York Times justo después del apagón en toda la isla de Cuba causado por el bloqueo petrolero de facto de Estados Unidos, "Los estadounidenses han señalado a los negociadores cubanos que el presidente debe irse, pero dejan los siguientes pasos en manos de los cubanos", aunque con la condición de que acepten convertir su país en un "estado cliente" de Estados Unidos.

El medio describió la política de Trump 2.0 como "cumplimiento del régimen" en lugar de cambio de régimen, enlazando a uno de sus informes sobre esto desde dos días antes, donde atribuyen esta política a Marco Rubio, uno de los funcionarios más poderosos de Estados Unidos en décadas. Esencialmente, es lo mismo que el concepto de "ajuste de régimen" que se utilizó por primera vez para describir la operación militar especial de Estados Unidos en Venezuela. Tanto el "ajuste de régimen" como el "cumplimiento de régimen" tienen como objetivo subordinar a los estados objetivo a la hegemonía estadounidense.

Volviendo al caso cubano a la luz del apagón en toda la isla y del reciente informe del New York Times sobre el objetivo de "cumplimiento del régimen" de Trump 2.0 allí, este es verdaderamente el resultado más realista de su crisis instigada por Estados Unidos y, posiblemente, el mejor resultado realista (palabra clave) para el pueblo cubano también. Sin duda, todos los cambios políticos en su país deberían ser iniciados por ellos en lugar de por fuerzas extranjeras, como en cualquier otro lugar, pero esa no es la realidad allí hoy en día y pretender lo contrario es ilusorio.

Estados Unidos es responsable de la crisis energética de Cuba que amenaza con tener consecuencias humanitarias muy graves cuanto más tiempo continúe, y el gobierno de la isla no tiene ninguna posibilidad realista de romper su bloqueo petrolero de facto. Ni Rusia, ni China, ni nadie más va a arriesgarse a una guerra con Estados Unidos por el futuro político de Cuba, por mucho que algunos en casa y en el extranjero deseen que lo hicieran. Para que quede claro, reconocer la realidad no significa aprobarla, por lo que nadie debería confundir ambas cosas.

Con esto en mente, lo mejor para el pueblo cubano en este momento es la renuncia de su presidente a cambio de aliviar parte de su crisis energética, probablemente priorizando hospitales, escuelas y otras instalaciones similares para el combustible que Estados Unidos describirá egoístamente como "ayuda humanitaria". Nadie debería dudar de que esto se haría bajo coacción, ya que toda la población está siendo tomada como rehén por esta Guerra Híbrida, que no es justa ni legalmente internacional, pero esta es la realidad tal como existe objetivamente.

Más concesiones serían inevitables, pero es difícil imaginar alguna alternativa ya que Estados Unidos podría expandir su bloqueo petrolero de facto a ataques contra instalaciones militares, policiales y políticas, e incluso más tarde a importantes áreas productoras de alimentos para obligar a una Cuba desafiante a someterse. Las posibilidades de que el gobierno de la isla sobreviva a este asedio ileso son nulas, por lo que o se martirizan (esperando que el ejército, la policía y la ciudadanía también lo hagan) o se someten a Estados Unidos para salvar a todos, aunque a partir de entonces sean sus clientes." 

(Andrew Korybko , blog, 18/03/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)  

17.3.26

Cuba sobrevivirá... diario de Vijay Prashad sobre una reciente visita a Cuba y cómo el bloqueo petrolero de Donald Trump ha afectado a la vida cotidiana... No ha habido ningún envío de petróleo refinado a Cuba desde principios de diciembre de 2025. Esto significa que todos los aspectos de la vida moderna se han visto totalmente trastornados. Las calles de La Habana están tranquilas porque, sencillamente, no hay suficiente combustible para que los coches y los autobuses transporten a la gente. Las escuelas y los hospitales —los templos de la Cuba revolucionaria— luchan por mantener los servicios básicos. Los agricultores se esfuerzan por llevar alimentos a las ciudades, y los medicamentos son caros, si es que están disponibles... Imagínese ser un paciente que necesita someterse a una neurocirugía, con médicos que simplemente no están dispuestos a arriesgarse a introducir una sonda en su cerebro en medio de fluctuaciones eléctricas y apagones continuos... Es casi como si los yanquis quisieran arrojar a diez millones de ciudadanos cubanos a la Edad de Hierro... Ver el deterioro de la vida debido al duro embargo de casi 70 años y al nuevo bloqueo petrolero es desgarrador. La prioridad sigue siendo garantizar que todos los cubanos puedan llevar una vida digna... La mañana de mi partida desde el Aeropuerto José Martí, que lleva el nombre del padre de la nación, abracé a todo el mundo. El día anterior había abrazado con fuerza a todos mis amigos, mientras mis lágrimas luchaban por derramarse por mi rostro. Sentí como si, a través de esos abrazos, quisiera transmitir de alguna manera mi inquietud por lo que podría sucederle a Cuba, a los cubanos, a la Revolución Cubana —a todo ello— a causa de la locura de Donald Trump

 "La mañana de mi partida desde el Aeropuerto José Martí, que lleva el nombre del padre de la nación, abracé a todo el mundo: a la mujer que me facturó, al hombre que selló mi pasaporte, al personal de tierra. El día anterior había abrazado con fuerza a todos mis amigos, mientras mis lágrimas luchaban por derramarse por mi rostro. Sentí como si, a través de esos abrazos, quisiera transmitir de alguna manera mi inquietud por lo que podría sucederle a Cuba, a los cubanos, a la Revolución Cubana —a todo ello— a causa de la locura de Donald Trump.

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¿En qué se ha convertido el mundo? Es como si miles de millones de personas se hubieran convertido en meros espectadores de las atrocidades impuestas por Estados Unidos e Israel: el genocidio del pueblo palestino, el secuestro del presidente venezolano, el ataque sin motivo contra Irán y, por supuesto, el intento de asfixiar a Cuba. La brutalidad decadente del Gobierno estadounidense, agudizada por la temeridad de Trump, es impredecible y peligrosa. Nadie puede decir con certeza qué vendrá después. Trump parece atrapado en Irán, donde no previó la sabiduría política de los iraníes al rechazar un alto el fuego ahora, solo para que Estados Unidos e Israel se rearmen y destruyan sus ciudades con mayor ferocidad en una semana. Trump parece incapaz de poner fin a la guerra en Ucrania o al genocidio contra los palestinos. El aliado de Trump, Israel, ha ampliado una vez más su guerra al Líbano y, con ello, amenaza con sacudir las calles del mundo árabe, donde ya existe inquietud ante la total sumisión de sus gobiernos. ¿Atacará a Cuba a continuación, pensando que será una victoria rápida?

Me resulta difícil describir el impacto del cruel embargo petrolero de Trump contra Cuba. No ha habido ningún envío de petróleo refinado a Cuba desde principios de diciembre de 2025. Esto significa que todos los aspectos de la vida moderna se han visto totalmente trastornados. Las calles de La Habana están tranquilas porque, sencillamente, no hay suficiente combustible para que los coches y los autobuses transporten a la gente. Las escuelas y los hospitales —los templos de la Cuba revolucionaria— luchan por mantener los servicios básicos. Los agricultores se esfuerzan por llevar alimentos a las ciudades, y los medicamentos son caros, si es que están disponibles. Imagínese ser un paciente que necesita someterse a una neurocirugía, con médicos que simplemente no están dispuestos a arriesgarse a introducir una sonda en su cerebro en medio de fluctuaciones eléctricas y apagones continuos. Este fue el ejemplo más crudo de los peligros del bloqueo petrolero de Trump que escuché durante mi estancia en La Habana. Mientras paseaba por el Malecón, vi pasar algunos carros tirados por caballos. Es casi como si los yanquis quisieran castigar a la Revolución Cubana y arrojar a diez millones de ciudadanos cubanos a la Edad de Hierro.

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Vine a Cuba como parte de una delegación de solidaridad de la Asamblea Internacional de los Pueblos, una plataforma de cientos de organizaciones de todo el mundo que intentan restablecer el internacionalismo de movimiento a movimiento. Nuestra delegación estaba encabezada por João Pedro Stedile (dirección nacional del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra de Brasil) e incluía a Fred M’membe (presidente del Partido Socialista de Zambia y candidato de la oposición a la presidencia este año), Brian Becker (uno de los líderes del Partido por el Socialismo y la Liberación de Estados Unidos), Manolo De Los Santos (director de The People’s Forum),

Giuliano Granato (uno de los líderes de Potere al Popolo de Italia), así como a Manuel Bertoldi y Laura Capote (coordinadores de los Movimientos del ALBA). Visitamos muchos lugares, entre ellos la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), el Instituto de Neurología, el Centro Martin Luther King y la Casa de las Américas. Nos reunimos con el Comité Central del Partido Comunista de Cuba y con el presidente de Cuba, así como con innumerables cubanos de a pie. Fuimos al cementerio principal de La Habana para rendir homenaje a los 32 cubanos que perdieron la vida defendiendo la soberanía venezolana, y paseamos por la ciudad de La Habana para conocer a personas que se dedicaban a sus quehaceres cotidianos.

Durante una de las conversaciones, un amigo me preguntó qué me había parecido Cuba, un lugar que he visitado en innumerables ocasiones durante los últimos 30 años. Le respondí que la situación me parecía difícil, pero que la gente parecía incontenible. Mi amigo fue claro: la sensibilidad predominante en el país era que los cubanos lucharían hasta el final para defender su derecho a un futuro y su rechazo a volver a 1958, el año anterior a la Revolución.

Durante los primeros años de la Revolución, Fidel Castro dejó claro que lo urgente era resolver las necesidades y los problemas inmediatos del pueblo. Esto significaba que la Revolución Cubana ponía el énfasis en acabar con el hambre y la pobreza, el analfabetismo y la mala salud, así como en proporcionar vivienda y espacios culturales. Ver el deterioro de la vida debido al duro embargo de casi 70 años y al nuevo bloqueo petrolero es desgarrador. La prioridad sigue siendo garantizar que todos los cubanos puedan llevar una vida digna. Este fue también el mensaje del presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, un hombre de gran humildad: resistiremos, dijo, pero no permitiremos que la Revolución desperdicie sus logros y su énfasis en el bienestar de nuestro pueblo.

Sentarme en una mecedora junto a mi amigo Abel Prieto, exministro de Cultura, en la Casa de las Américas, fue un bálsamo. Como de costumbre, Abel, mi compañero marxista-lennonista (!), me hizo reír a carcajadas y, al mismo tiempo, sentir tristeza. Sus comentarios abarcaron desde una valoración de Trump (siendo «locura» la palabra más utilizada) hasta su percepción de la vitalidad de la realidad cubana (las impresionantes multitudes que permanecieron bajo una lluvia torrencial para rendir homenaje a los restos de los cubanos asesinados por las fuerzas estadounidenses en Venezuela el 3 de enero). Me sentí reconfortado por su equilibrio entre el humor y la claridad, por la sensibilidad literaria de Abel al frente de una situación que evoluciona rápidamente.

Acepté la opinión de Abel de que tal vez Estados Unidos, en su forma actual, sea un error gigantesco: la arrogancia de Trump es un reflejo de algo inherente al idealismo extremo de que Estados Unidos y sus administraciones saben más que nadie. Creen saber mejor qué se debe hacer con los palestinos, los venezolanos, los iraníes y los cubanos. En nombre de la «democracia», los derechos democráticos y los derechos existenciales de los pueblos de estas naciones más sombrías son totalmente absorbidos por el presidente de Estados Unidos —el detentador del poder preponderante—. Es una visión desagradable, pero real, una realidad que aleja a las personas sensibles de todo el mundo de su propio deseo de forjar una realidad que no sea tan espantosa. Un tercio de las personas asesinadas en Irán por Estados Unidos e Israel son niños, y los niños de Palestina, cuyos nombres honramos, nunca llegarán a ser adultos.

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En mi último día, vi a un grupo de escolares cubanos jugando en un parque, vestidos con sus uniformes escolares y con sus pañuelos revolucionarios alrededor del cuello. Reían y charlaban alegremente. Los observé desde el otro lado de la calle mientras jugaban, supervisados por dos profesores sonrientes, con unos conos en el suelo —un juego que les obligaba a zigzaguear entre ellos—. Estos niños debían de tener unos cinco o seis años, niños y niñas que jugaban envueltos en un capullo de gran felicidad. Les envié un abrazo virtual. Cuídense, niños. Siempre. Abracen a Cuba por mí todos los días." 

(Vijay Prashad, peoples dispach, 15/03/26, traducción DEEPL)  

9.3.26

Miami: la cumbre de la genuflexión... Trump se planta frente a 10 presidentes hispanoparlantes y les suelta un “no voy a aprender su maldito idioma”... Trump declaró que el “consenso” es que la única manera de derrotar al crimen organizado... lo más notorio del encuentro reside en que cada uno de los mandatarios asistentes usa discursos de mano dura contra el crimen al mismo tiempo que arrastra un extenso prontuario: Milei ha promovido en dos ocasiones estafas mediante criptomonedas; puso en primer lugar de sus listas al Congreso a José Luis Espert, cuando ya era de dominio público que éste recibió 200 mil dólares del narcotraficante Fred Machado... Paz fue imputado por corrupción, malversación y contratos lesivos al Estado por impulsar obras con graves irregularidades y sobreprecios cuando era alcalde de Tarija... Chaves tiene decenas de causas abiertas por corrupción, incluyendo prevaricato, peculado, tráfico de influencias y financiamiento ilegal de campaña... Noboa, quien mantiene a Ecuador bajo Estado de excepción, ha justificado los constantes hallazgos de cargamentos de cocaína en buques de la compañía naviera de su familia... La Unidad Fiscal Especializada contra Redes de Corrupción (Uferco) de Honduras acusa a Asfura de estructurar un esquema de lavado de dinero, malversación de caudales públicos y fraude... La lista de faltas se extiende al resto de dirigentes latinoamericanos y caribeños y, por supuesto, el anfitrión es el primer presidente de Estados Unidos condenado por un delito grave (La Jornada)

 "El presidente Donald Trump recibió en su campo del golf de Doral, Miami, a sus homólogos de Argentina, Javier Milei; Bolivia, Rodrigo Paz; Costa Rica, Rodrigo Chaves; República Dominicana, Luis Abidaner; Ecuador, Daniel Noboa; El Salvador, Nayib Bukele; Guyana, Irfaan Ali; Honduras, Nasry Asfura; Panamá, José Raúl Mulino; Paraguay, Santiago Peña y Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, junto con el presidente electo de Chile, José Antonio Kast.

Los asistentes, seleccionados a dedo por su afinidad ideológica y su vasallaje político hacia el magnate, no acudieron a la presentación del denominado Escudo de las Américas en condición de iguales que comparten preocupaciones y puntos de vista, sino como subordinados que reciben órdenes y aplauden con estruendo todas las ocurrencias de su jefe, incluso cuando éste se planta frente a 10 hispanoparlantes y les suelta un “no voy a aprender su maldito idioma”. En su recepción, Trump declaró que el “consenso” es que la única manera de derrotar al crimen organizado y los inexistentes grupos narcoterroristas es “desatar el poder de nuestras fuerzas armadas”, para lo cual desplegará “el poder supremo de Estados Unidos” que, gracias a él, es “otra vez” la máxima potencia militar del planeta. En realidad, nunca ha dejado de serlo ni ha experimentado ningún incremento sustancial en sus capacidades bajo el trumpismo, sólo cambió el nivel de disposición al uso unilateral y arbitrario de la fuerza.

Más allá de los dislates del republicano y de su manía de culpar a México por el insaciable consumo de sustancias ilícitas de la sociedad estadunidense, lo más notorio del encuentro reside en que cada uno de los mandatarios asistentes usa discursos de mano dura contra el crimen al mismo tiempo que arrastra un extenso prontuario. Milei ha promovido en dos ocasiones estafas mediante criptomonedas; puso en primer lugar de sus listas al Congreso a José Luis Espert, cuando ya era de dominio público que éste recibió 200 mil dólares del narcotraficante Fred Machado; vendió las candidaturas de su partido; consintió que su hermana cobrara “comisiones” a proveedores de la Agencia Nacional de Discapacidad. Paz fue imputado por corrupción, malversación y contratos lesivos al Estado por impulsar obras con graves irregularidades y sobreprecios cuando era alcalde de Tarija. Chaves tiene decenas de causas abiertas por corrupción, incluyendo prevaricato, peculado, tráfico de influencias y financiamiento ilegal de campaña. Fue sancionado y degradado por el Banco Mundial tras comprobarse un patrón de acoso sexual hacia subalternas. Noboa, quien mantiene a Ecuador bajo Estado de excepción y maneja una imagen de gángster dispuesto a todo contra el narcotráfico, ha justificado los constantes hallazgos de cargamentos de cocaína en buques de la compañía naviera de su familia. La Unidad Fiscal Especializada contra Redes de Corrupción (Uferco) de Honduras acusa a Asfura de estructurar un esquema de lavado de dinero, malversación de caudales públicos y fraude desde la alcaldía de Tegucigalpa. La lista de faltas se extiende al resto de dirigentes latinoamericanos y caribeños y, por supuesto, el anfitrión es el primer presidente de Estados Unidos condenado por un delito grave. Así, queda claro que el Escudo de las Américas no tiene nada que ver con el combate al crimen, sino con avanzar en la imposición de la Doctrina Monroe.

Un par de días antes de la cumbre, la presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández, calificó a México de “un referente de a dónde no queremos llegar” en materia de violencia, crimen organizado y narcotráfico. Fernández fue ministra de la Presidencia y ministra de Planificación Nacional y Política Económica en la administración de Chaves, cuya agenda suscribe sin matices. Si en verdad la futura mandataria quiere evitar a su país los grandes sufrimientos padecidos por el nuestro en las dos últimas décadas, debería tener en cuenta que la crisis de inseguridad inició cuando un político de su misma corriente ultraderechista hizo lo que ella se apresta a hacer: abrir México de par en par a las agencias de espionaje estadunidenses, supeditar las decisiones internas a los intereses de Washington, ignorar las raíces socioeconómicas del fenómeno delictivo, y declarar una guerra contra sus propios ciudadanos, en la que la violencia de Estado se convirtió en criterio de éxito de la estrategia de control disfrazada como de seguridad. Las lecciones del calderonato valen también para el resto de gobernantes (y gobernados) que todavía ven o fingen ver en la “guerra contra las drogas” de la Casa Blanca una ofensiva contra las estructuras criminales y no el mecanismo de dominio imperialista que es."                       (La Jornada, 08/03/26) 

11.2.26

El bloqueo como arquitectura del sufrimiento... sin bloqueo, el PIB cubano habría crecido un 9,2% en 2024. Con bloqueo, lo que crece es la diáspora (400.000 cubanos entre 2021-2026), la desnutrición (28% infantil crónica) y la desesperanza... Si el bloqueo tiene un epicentro visible en 2026, ese es la crisis energética... La persecución sistemática de buques petroleros—una práctica que Washington ejerce con celo casi religioso—y la prohibición absoluta de importar piezas de repuesto para centrales termoeléctricas (muchas con tecnología estadounidense obsoleta pero irremplazable) han creado un colapso premeditado... El término «genocidio alimentario», empleado por académicos y activistas de derechos humanos, deja de ser retórica cuando se examinan los datos médicos: 364 medicamentos esenciales permanecen fuera de inventario... La paradoja es macabra. Cuba, nación con extraordinaria capacidad médica y biotecnológica, ve morir pacientes por falta de medicamentos que existen en el mercado global, pero a los que no puede acceder debido a exclusiones financieras... El sistema SWIFT—la red nerviosa del comercio internacional—opera como muro infranqueable... Florida — con sus 30 votos electorales, cruciales en cualquier elección presidencial — ha convertido el «anticastrismo» en industria política. Mantener una postura de «máxima presión» garantiza la movilización de la base cubano-americana conservadora, particularmente en condados clave como Miami. La ecuación es simple: sufrimiento cubano = votos en Florida = poder en Washington. Este cálculo explica por qué el bloqueo persiste. Su rentabilidad electoral supera cualquier consideración humanitaria o geopolítica... Miriam Adelson, séptima mujer más rica del mundo según Forbes—inyectó 100 millones de dólares en la campaña de Trump en 2024, y ejerce influencia considerable sobre Marco Rubio, secretario de Estado. Su interés no es ideológico, sino prospectivo. El eventual colapso del sistema cubano abriría oportunidades de inversión masivas en turismo, casinos y bienes raíces, exactamente el negocio familiar de los Adelson... Cada año, la Asamblea General de la ONU vota una resolución condenando el bloqueo. Cada año, el resultado es similar: 187 países en contra, ahora 3 a favor (EE.UU., Israel y Argentina)... Estados Unidos utiliza a Cuba como ejemplo disuasorio final para la región. El mensaje es claro: cualquier modelo alternativo al capitalismo liberal será asfixiado hasta la rendición o el colapso... La ironía es profunda, mientras EE.UU. acusa a Cuba de violar derechos humanos, emplea el hambre y la enfermedad como herramientas de disciplinamiento geopolítico... La pregunta que la comunidad internacional evade es ética: ¿a partir de qué punto el sufrimiento deliberado de once millones de personas deja de ser «política exterior» para convertirse en crimen contra la humanidad? En el horizonte, mientras tanto, se vislumbra otra Gaza—otro laboratorio de control mediante privación—recordando que lo que hoy ocurre en el Caribe podría mañana replicarse donde sea que el poder decida que el hambre es mejor mensajero que la diplomacia (Alejandro Marcó del Pont)

 "El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba— iniciado en 1960 bajo Eisenhower y formalizado por Kennedy en 1962 —representa el capítulo más prolongado de coerción económica en la historia moderna. Lo que comenzó como instrumento de presión geopolítica durante la Guerra Fría ha mutado en una compleja arquitectura de asfixia, perfeccionada a través de once administraciones estadounidenses.

Su objetivo declarado siempre ha sido el mismo: debilitar al gobierno cubano. Su resultado empírico, sin embargo, revela una verdad más oscura, la transformación deliberada del sufrimiento humano en moneda de cambio político. Mientras el mundo avanza hacia 2026, este mecanismo no solo persiste, se ha refinado hasta alcanzar niveles de sofisticación cruel que desafían la conciencia internacional.

La orden ejecutiva del 30 de enero de 2026—firmada por un Donald Trump reinstalado en la Casa Blanca—no representa una novedad, sino la culminación lógica de una escalada metódica. Al declarar que Cuba constituye una «amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional«, el documento reactiva y amplía el marco jurídico del bloqueo, amenazando ahora con aranceles punitivos a cualquier nación que «directa o indirectamente» venda o suministre productos petroleros a la isla. Esta medida, aparentemente técnica, es en realidad el eslabón final de una cadena diseñada para estrangular la energía vital de una nación.

Pero la verdadera naturaleza del bloqueo trasciende lo legal para adentrarse en lo existencial. Hablamos de una política que ha generado daños cuantificables por 2.103 billones de dólares durante seis décadas, según cálculos cubanos—cifra que, contextualizada, supera el PIB anual de países como Austria o Noruega. Solo entre marzo de 2024 y febrero de 2025, el impacto material ascendió a 7.556,1 millones de dólares, un aumento del 49% respecto al período anterior. Estas no son meras estadísticas: representan 20.700 mil dólares de daño diario862.568 dólares por cada hora de bloqueo sostenido.

Si el bloqueo tiene un epicentro visible en 2026, ese es la crisis energética. La persecución sistemática de buques petroleros—una práctica que Washington ejerce con celo casi religioso—y la prohibición absoluta de importar piezas de repuesto para centrales termoeléctricas (muchas con tecnología estadounidense obsoleta pero irremplazable) han creado un colapso premeditado. En febrero de 2026, el 60% del territorio cubano experimenta apagones simultáneos que duran entre 8 y 14 horas diarias.

La dimensión estratégica de esta asfixia energética se revela en números crudos: Cuba necesita importar aproximadamente 80.000 barriles diarios de petróleo para funcionar mínimamente, pues su producción nacional apenas alcanza los 32.000 barriles diarios de crudo extrapesado—inadecuado para la mayoría de usos y dañino para las ya deterioradas infraestructuras. El consumo total de la isla (120.000 barriles diarios) representa apenas el 0,1% del consumo mundial, una demanda minúscula que, sin embargo, se convierte en campo de batalla geopolítico.

El término «genocidio alimentario», empleado por académicos y activistas de derechos humanos, deja de ser retórica cuando se examinan los datos médicos. En febrero de 2026:

  • El 69% del cuadro básico de medicamentos presenta faltas o bajas coberturas
  • 364 medicamentos esenciales permanecen fuera de inventario
  • La inclusión de Cuba en la lista de «Estados Patrocinadores del Terrorismo» encarece las importaciones de alimentos en un 30% adicional por sobrecostos de fletes y seguros

La paradoja es macabra. Cuba, nación con extraordinaria capacidad médica y biotecnológica, ve morir pacientes por falta de medicamentos que existen en el mercado global, pero a los que no puede acceder debido a exclusiones financieras. El sistema SWIFT—la red nerviosa del comercio internacional—opera como muro infranqueable, mientras que la Ley de Comercio con el Enemigo (aún vigente) criminaliza transacciones humanitarias.

La crudeza actual encuentra su hoja de ruta en un documento desclasificado, el memorando de Lester Mallory, subsecretario de Estado adjunto para Asuntos Interamericanos, fechado el 6 de abril de 1960. Allí se establecía con claridad meridiana: «Debemos utilizar rápidamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba […] negándole dinero y suministros para reducir sus ingresos reales y sus salarios, provocando hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno».

Sesenta y seis años después, esa lógica no solo persiste, se ha automatizado. La pandemia COVID-19 — que debería haber suscitado solidaridad global— fue aprovechada para intensificar las sanciones bajo las administraciones Trump y Biden, contribuyendo a una contracción económica del 10,9% en 2020 y manteniendo números rojos hasta 2025. Lo que Mallory esbozó como estrategia coyuntural se ha convertido en política de Estado permanente.

Aquí emerge la dimensión más cínica del bloqueo, su transformación en herramienta de política doméstica estadounidense. Florida — con sus 30 votos electorales, cruciales en cualquier elección presidencial — ha convertido el «anticastrismo» en industria política. Mantener una postura de «máxima presión» garantiza la movilización de la base cubano-americana conservadora, particularmente en condados clave como Miami.

La ecuación es simple: sufrimiento cubano = votos en Florida = poder en Washington. Este cálculo explica por qué, pese a que el 62% de los estadounidenses (y el 70% de los cubano-americanos menores de 40 años) favorecen la normalización, el bloqueo persiste. Su rentabilidad electoral supera cualquier consideración humanitaria o geopolítica.

La figura de Marco Rubio—secretario de Estado en 2026 bajo la administración Trump—encarna esta simbiosis entre sufrimiento ajeno y ascenso político. Rubio ha perfeccionado el arte de canalizar «dinero negro, dark money» hacia su carrera. Fondos de Comités de Acción Política (Super PACs) que no revelan donantes, provenientes frecuentemente de sectores que visualizan en el colapso cubano oportunidades futuras de negocio inmobiliario y privatización de servicios.

Detrás de este financiamiento opaco emerge un nombre revelador: Miriam Adelson. La viuda del magnate de casinos Sheldon Adelson—séptima mujer más rica del mundo según Forbes—inyectó 100 millones de dólares en la campaña de Trump en 2024 y ejerce influencia considerable sobre Rubio. Su interés no es ideológico, sino prospectivo. El eventual colapso del sistema cubano abriría oportunidades de inversión masivas en turismo, casinos y bienes raíces—exactamente el negocio familiar de los Adelson.

Existe en Estados Unidos toda una infraestructura económica que depende del mantenimiento del bloqueo. Agencias gubernamentales y contratistas privados reciben miles de millones anuales para monitorear transacciones financieras, rastrear buques petroleros y ejecutar programas de «promoción de la democracia»—muchos de los cuales sirven como fachadas para financiar oposición interna en Cuba.

Las firmas legales en Miami y Washington D.C. han convertido la complejidad burocrática en negocio lucrativo: asesoran a corporaciones multinacionales sobre cómo evitar violar las 2.000+ páginas de regulaciones del bloqueo, facturando honorarios que alcanzan los 500 dólares por hora. El bloqueo, así, genera su propio ecosistema de beneficiarios. Abogados, lobbistas, analistas de riesgo y empresas de inteligencia económica que prosperan mientras Cuba se asfixia.

Cada año, la Asamblea General de la ONU vota una resolución condenando el bloqueo. Cada año, el resultado es similar: 187 países en contra, ahora 3 a favor (EE.UU., Israel y Argentina). Sin embargo, este consenso moral choca con una realidad política: el rédito interno para Washington supera el costo diplomático.

Febrero de 2026 trae una novedad inquietante: bajo el gobierno de Javier Milei, Argentina rompe su tradición histórica y vota a favor del bloqueo—o al menos se abstiene—proporcionando a EE.UU. el oxígeno retórico para afirmar que «no está solo». Este giro refleja una tendencia preocupante, la instrumentalización de la política exterior latinoamericana en función de alineamientos ideológicos, incluso cuando contradicen principios históricos de soberanía y no intervención.

Tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela en enero de 2026, Estados Unidos utiliza a Cuba como ejemplo disuasorio final para la región. El mensaje es claro: cualquier modelo alternativo al capitalismo liberal será asfixiado hasta la rendición o el colapso. Cuba funciona como escaparate del «Estado fallido» por diseño—una advertencia a cualquier nación que contemple políticas soberanas.

Esta lógica se extiende a la competencia con potencias globales. Al limitar mediante sanciones secundarias la presencia de China y Rusia en la isla, Washington reafirma la Doctrina Monroe en versión siglo XXI: el Caribe como patio trasero inexpugnable. La ironía es profunda, mientras EE.UU. acusa a Cuba de violar derechos humanos, emplea el hambre y la enfermedad como herramientas de disciplinamiento geopolítico.

Más allá de las votaciones simbólicas en la ONU, ¿qué hace concretamente la comunidad internacional para aliviar el sufrimiento cubano? El balance es:

  • Rusia: Envía 19.000 toneladas de trigo en 2025 sin ofrecer apoyo energético.
  • China: Proporciona respaldo diplomático y aumenta el comercio bilateral—incluida una visita ministerial en febrero de 2026—pero evita confrontaciones directas con Washington.
  • México: Despacha dos buques con 800 toneladas de ayuda humanitaria y explora contratos petroleros alternativos, que nunca llegaran por la revisión del acuerdo de libre comercio con EEUU en 2026.
  • Sudáfrica: Intenta una donación de 3,2 millones de dólares en alimentos y medicinas, bloqueada temporalmente por procedimientos judiciales.
  • UE/ONU: Establecen programas de alivio por 3 millones de dólares canalizados a través de la Iglesia Católica—condicionados a evitar al gobierno cubano—en lo que parece más gesto humanitario que solución estructural.

El denominador común es la limitación: nadie quiere asumir los costos de desafiar frontalmente las sanciones estadounidenses, particularmente las secundarias que pueden excluir a bancos y empresas del sistema financiero global.

Cuba ha explorado vías de escape con resultados dispares:

  • BRICS y desdolarización: El intento de comerciar en yuanes o rublos tropieza con la realidad: el dólar sigue siendo el oxígeno del comercio global. Aunque los BRICS+ producen el 43-45% del petróleo mundial, sus mecanismos de pago alternativos son incipientes y burocráticos.
  • Criptomonedas: Su uso para remesas ofrece un respiro marginal, pero la volatilidad y las regulaciones las hacen inviables para transacciones estatales masivas.
  • Energías renovables: Inversiones en solar y eólica avanzan, pero no pueden reemplazar a corto plazo la dependencia petrolera.
  • Reformas internas: La expansión del sector privado y la agricultura sostenible muestran potencial, pero chocan con las limitaciones estructurales del bloqueo.

A febrero de 2026, el bloqueo contra Cuba representa algo más que una política exterior fallida: es la normalización institucional de un experimento humano a escala nacional. Lo que comenzó como herramienta de la Guerra Fría ha evolucionado en monstruo burocrático-automático, alimentado por intereses electorales, lucro empresarial y una dosis considerable de crueldad indiferente.

Los datos hablan claro: sin bloqueo, el PIB cubano habría crecido un 9,2% en 2024. Con bloqueo, lo que crece es la diáspora (400.000 cubanos entre 2021-2026), la desnutrición (28% infantil crónica) y la desesperanza. La pregunta que la comunidad internacional evade es ética: ¿a partir de qué punto el sufrimiento deliberado de once millones de personas deja de ser «política exterior» para convertirse en crimen contra la humanidad?

Mientras Washington celebra la «firmeza» de su postura y Miami capitaliza electoralmente el dolor ajeno, Cuba respira bajo una arquitectura de asfixia tan meticulosa que resulta casi admirable en su perversidad. El bloqueo ya no es medio para un fin: es el fin mismo, un monumento a la capacidad humana para sostener el sufrimiento ajeno mientras se normaliza la propia indiferencia.

En el horizonte, mientras tanto, se vislumbra otra Gaza—otro laboratorio de control mediante privación—recordando que lo que hoy ocurre en el Caribe podría mañana replicarse donde sea que el poder decida que el hambre es mejor mensajero que la diplomacia." 

(Alejandro Marcó del Pont, blog, 11/02/26) 

5.2.26

Ignacio Ramonet recuerda reunión con el presidente Maduro antes de invasión estadounidense... A pesar de estos peligros, encontré una ciudad tranquila en Caracas. Para mi sorpresa, desde la plaza Altamira hasta los mercados populares, todo estaba tranquilo, sereno y normal... No había fortificaciones, barreras, controles o soldados en las carreteras... Hablé con varios amigos y diplomáticos extranjeros, subrayaron que las autoridades hacían un esfuerzo por infundir calma y no alarmar a la población... Maduro quería insistir en la necesidad del diálogo y la negociación con Estados Unidos. "Todo es posible excepto la confrontación militar. Hay que empezar a hablar en serio, con datos en la mano. El gobierno de EE.UU. lo sabe, porque se lo hemos dicho a muchos de sus portavoces: si quieren discutir seriamente un acuerdo para luchar contra el narcotráfico, estamos listos. Si quieren petróleo, Venezuela está lista para la inversión estadounidense, como con Chevron. Cuando quieran, donde quieran y como quieran. Y si quieren acuerdos de desarrollo económico integral, aquí en Venezuela, también estamos listos"... El presidente arrancó el coche, y durante una hora y cuatro minutos pudimos hablar con calma sobre el momento crucial que vivía Venezuela. Maduro continuó: "La opinión pública estadounidense debe entender que nuestros pueblos del Sur tienen derecho a existir, a vivir. Que no se puede pretender imponer, con la Doctrina Monroe o cualquier doctrina, un nuevo modelo colonial, un nuevo modelo hegemónico, un nuevo modelo intervencionista, un modelo según el cual los países del Sur tendríamos que resignarnos a ser colonia de una potencia y esclavos de nuevos amos. Eso es inviable"... Condujimos por Caracas, una capital caótica pero entrañable, abriéndonos paso entre atascos. Cualquier otro conductor habría perdido la paciencia. Pero Maduro había sido conductor de autobús durante muchos años... "Si hubiera racionalidad y diplomacia un día, todos los temas que quieren podrían discutirse perfectamente"... Nos despedimos sin saber que, apenas dos noches después, el destino se abatiría sobre ellos con la ferocidad de una bestia rabiosa. Pero afortunadamente están vivos, y regresarán

 "El periodista y filósofo español Ignacio Ramonet relató este martes su reciente encuentro con el presidente venezolano, Nicolás Maduro, y la primera dama, Cilia Flores.

A continuación, el testimonio de Ramonet sobre una conversación ocurrida días antes de la incursión estadounidense en territorio venezolano el 3 de enero, cuando fuerzas Delta secuestraron a Maduro y a Flores, lo que resultó en aproximadamente 100 muertes.

Fue hace un mes. En la noche del 2 al 3 de enero. Faltaban apenas minutos para las 2 a.m. de aquel siniestro sábado. Estábamos aturdidos por la brutalidad del ataque bajo una luna llena. Por la violencia de las sucesivas explosiones. Las columnas de humo oscuro. La intensidad de las llamas que iluminaban, aquí y allá, a una Caracas conmovida, insomne y silenciosa. Y luego, como un puñetazo en el estómago, la noticia del rapto.

Todo me parecía increíble. Menos de dos días antes yo había estado con el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Por décima vez consecutiva, el presidente había accedido a concederme la 'entrevista de fin de año'.

La grabamos al final de la tarde del 31 de diciembre, cuando la noche comenzaba a caer sobre la hermosa capital de Venezuela y el año 2025 llegaba a su fin. Esta vez, el presidente sugirió que hiciéramos algo así como una 'entrevista itinerante'.

Es decir, el presidente Maduro quería que sostuviéramos nuestra conversación a bordo de su vehículo personal, que él mismo conducía mientras recorríamos las calles animadas de una ciudad preparada para celebrar la llegada del nuevo año. Nos acompañaban Cilia Flores y el ministro de Comunicaciones, Freddy Ñañez. Sin escolta visible, sin personal armado.

Había aterrizado en Caracas unos días antes en medio de una intensa presión y peligrosas amenazas. El presidente de EE.UU. no había cesado de proferir intimidaciones contra la soberanía de Venezuela. Se temía que el país pudiera ser atacado en cualquier momento.

En los meses previos al 2 de septiembre de 2025, Washington acumuló una fuerza militar frente a la costa venezolana, la mayor desde la Guerra del Golfo de 1990, y lanzó ataques contra embarcaciones que calificó, sin pruebas, como "barcos narcos".

Estas acciones ilegales habían sido calificadas por organizaciones internacionales como Naciones Unidas de "ejecuciones extrajudiciales" y "violaciones del derecho internacional". Desde el punto de vista del derecho interno estadounidense, el Congreso no había autorizado ningún conflicto armado contra Venezuela, ni siquiera había confirmado que una banda narcotraficante pudiera ser calificada como "terrorista".

A pesar de estos peligros, encontré una ciudad tranquila en Caracas. Para mi sorpresa, desde la plaza Altamira hasta los mercados populares, todo estaba tranquilo, sereno y normal. La capital estaba limpia, más bella que nunca, ajardinada, iluminada y decorada por las fiestas.

Visité varios centros comerciales y observé un ambiente festivo de consumo, con las terrazas de los cafés desbordadas. No detecté ninguna "compra de pánico". Tampoco observé, entre la multitud, ansiedad o miedo. Conduje por el entramado de autopistas urbanas y no percibí el ambiente de una ciudad sitiada a la espera de bombardeos.

No había fortificaciones, barreras, controles o soldados en las carreteras. No vi vehículos blindados, tanques o vehículos de combate. Se podía transitar por toda la capital con absoluta normalidad.

Hablé con varios amigos, incluidos líderes empresariales y diplomáticos extranjeros. Todos coincidieron en que era un momento de tensión y preocupación, pero que los ciudadanos continuaban con su vida habitual. También subrayaron que las autoridades hacían un esfuerzo por infundir calma y no alarmar a la población.

Esa tarde, el 31 de diciembre, me informaron que el presidente Maduro me recibiría y que grabaríamos la entrevista. Salí inmediatamente hacia el Palacio de Miraflores. Era una tarde soleada y calurosa, unos 30 grados a la sombra.

Al llegar, me sorprendió la tranquilidad del ambiente. La seguridad en torno a la sede del gobierno era mínima, al menos en apariencia. Entré en el palacio y me llevaron al despacho presidencial.

Poco después, llegaron el presidente y su esposa. No parecían en absoluto preocupados o inquietos. Nicolás Maduro lucía un espectacular estado físico. Parecía ágil, dinámico y activo.

Durante las largas semanas de esta crisis asfixiante, el presidente había buscado audazmente seguir cumpliendo su agenda, como un desafío lanzado a sus poderosos enemigos, a pesar de las nuevas y estrictas precauciones de seguridad que tuvo que tomar porque se había puesto una recompensa de 50 millones de dólares por su vida para quien facilitara su captura o asesinato.

Admiración por la entereza de Nicolás Maduro

Por eso contemplé con mayor admiración la entereza de Nicolás Maduro, quien ahora hablaba conmigo sin inmutarse y comentaba con naturalidad diversos aspectos de la entrevista, que no debía durar más de una hora. Quería insistir en la necesidad del diálogo y la negociación con Estados Unidos.

"Todo es posible excepto la confrontación militar. Hay que empezar a hablar en serio, con datos en la mano. El gobierno de EE.UU. lo sabe, porque se lo hemos dicho a muchos de sus portavoces: si quieren discutir seriamente un acuerdo para luchar contra el narcotráfico, estamos listos.

Si quieren petróleo, Venezuela está lista para la inversión estadounidense, como con Chevron. Cuando quieran, donde quieran y como quieran. Y si quieren acuerdos de desarrollo económico integral, aquí en Venezuela, también estamos listos", dijo.

Salimos al patio del palacio y comenzamos a filmar lo que él llamó un 'podcar', es decir, un podcast grabado en un coche. El presidente me invitó a subir a su vehículo, aparcado a unos metros. Me senté a su lado. No había guardaespaldas con nosotros.

El presidente arrancó el coche, y durante una hora y cuatro minutos pudimos hablar con calma sobre el momento crucial que vivía Venezuela.

"La opinión pública estadounidense debe entender que nuestros pueblos del Sur tienen derecho a existir, a vivir. Que no se puede pretender imponer, con la Doctrina Monroe o cualquier doctrina, un nuevo modelo colonial, un nuevo modelo hegemónico, un nuevo modelo intervencionista, un modelo según el cual los países del Sur tendríamos que resignarnos a ser colonia de una potencia y esclavos de nuevos amos. Eso es inviable", dijo el líder bolivariano.

Conocía a Nicolás Maduro desde hacía unos 20 años, desde que era el brillante ministro de Relaciones Exteriores del presidente Hugo Chávez. Siempre he apreciado su modestia, su asombrosa inteligencia, su profunda cultura política, su apego al diálogo y la negociación, su firme lealtad a los valores y principios progresistas, su refinado sentido del humor, su austera concepción de la vida arraigada en sus orígenes populares y su inquebrantable fidelidad al legado del comandante Chávez.

Condujimos por Caracas, una capital caótica pero entrañable, abriéndonos paso entre atascos. Cualquier otro conductor habría perdido la paciencia. Pero no el presidente, que parecía estar en su ecosistema natural. ¿No había sido, después de todo, conductor de autobús durante tantos años en medio de los típicos atascos apocalípticos de la ciudad? Conducir lo relajaba. Conducía con calma y flema mientras exponía con claridad su análisis de las relaciones con Estados Unidos.

"Si hubiera racionalidad y diplomacia un día, todos los temas que quieren podrían discutirse perfectamente. Tenemos la madurez y la estatura. Somos gente de palabra, gente seria. Y algún día todo podría discutirse con el actual gobierno de EE.UU. o con quien venga después", dijo.

Al final de nuestra conversación, entramos en el Paseo de los Próceres, en el corazón de Fuerte Tiuna. Nos acercamos al monumento principal. Bajamos del coche. Caminamos unos pasos mientras él me mostraba y comentaba las diferentes estatuas de los héroes y heroínas de la liberación de Venezuela y América Latina.

Nos despedimos, no sin antes pedirle que se tomara algunas fotos con nosotros. Como siempre, accedió con amabilidad y sonrisas. Me alejé con un nudo en el pecho, viendo, en la bella y apacible noche caraqueña, a mi amigo Nicolás Maduro, serio y concentrado, quedarse allí con Cilia, solos, afectuosos y confiados.

Sin saber que, apenas dos noches después, el destino se abatiría sobre ellos con la ferocidad de una bestia rabiosa.

Pero afortunadamente están vivos, y regresarán.

 Vídeo  https://twitter.com/i/status/2006887753489809493

 (Entrevista a Nicolás Maduro, Ignacio Ramonet, MROnline, 05/02/06, traducción Deep Seek) 

1.2.26

Del bloqueo a la asfixia: la guerra de Estados Unidos contra Cuba entra en su fase más brutal... "A medida que el avión se acercaba, el suelo debajo estaba casi completamente a oscuras, salpicado solo por la luz de los microsistemas, que siguen funcionando incluso en momentos de corte de energía"... el estado insular seguía funcionando a duras penas con los suministros de petróleo venezolano, cada vez más restringidos por las sanciones de Estados Unidos, al tiempo que recurría a otras fuentes: México, Rusia, Argelia; las barcazas eléctricas turcas ancladas en La Habana inyectaban un poco más de energía a la red... El objetivo declarado de las sanciones de Estados Unidos a Cuba desde principios de la década de 1960 ha sido deslegitimar al Gobierno infligiendo miseria económica a la población; el hecho de que la esperada revuelta aún no se haya producido dos tercios de siglo después ha suscitado poca reflexión estratégica... Cuba cuenta con cierto suministro interno de crudo y capacidad de refinado, que representa una parte nada desdeñable de lo que consume —el 41 % en 2023, incluso antes del colapso de los suministros venezolanos—; aparentemente suficiente para mantener en funcionamiento las destartaladas centrales termoeléctricas que constituyen la columna vertebral de la red eléctrica cubana... Cuba podría tener cierta capacidad para resistir incluso un embargo total de combustible, pero no obstante será un reto: no hay que restar importancia al hecho de que, en ese mismo año, la mayor parte del suministro de petróleo de Cuba —que representa el 84 % de su consumo total de energía— procedía de Venezuela. ¿Podrían las energías renovables venir al rescate? «Por mucho que quieran, no pueden quitar el sol», dijo un funcionario... China ha estado financiando recientemente proyectos solares en todo el país, y es imaginable que la situación pueda transformarse con relativa rapidez... La cuestión es si el Estado cubano tiene la capacidad de aguantar lo suficiente como para alcanzar un nuevo terreno estratégico... Aunque cualquier enfrentamiento directo sería claramente una lucha entre David y Goliat, un enfoque directo de «botas sobre el terreno» podría resultar costoso e impopular para Estados Unidos. Por lo tanto, el llamamiento de Trump a los cubanos para que vengan «por voluntad propia» y «lleguen a un acuerdo» es probablemente el camino más realista hacia la victoria de Estados Unidos... Pero no hay que subestimar la fuerza del nacionalismo cubano. El Estado-nación aquí es algo prácticamente sui generis: el producto tardío no de iniciativas criollas de la élite, como era habitual en América, sino del vuelco de una lucha de independencia convencional en una guerra social por la liberación de los esclavos... y la consolidación de un tipo de Estado peculiar —internacionalista, social, popular— distinto de los típicos de su región... los gritos de «patria o muerte», a menudo realizados en las altas esferas del Estado, no carecen de bases populares residuales. E incluso en lo más profundo de la desmoralización tras años de crisis y el desvanecimiento de la generación revolucionaria, las amenazas externas pueden soplar oxígeno sobre esas brasas (Rob Lucas)

 "La última vez que visité La Habana, en marzo de 2025, la ciudad se encontraba en medio de lo que entonces era el peor apagón en años. A medida que el avión se acercaba, el suelo debajo estaba casi completamente a oscuras, salpicado solo por la luz de los microsistemas, que siguen funcionando incluso en momentos de corte de energía. Esa noche de sábado, la mayoría de los bares de la ciudad estaban cerrados, salvo aquellos que podían permitirse sus propios generadores. Por casualidad, mi vecino durante la travesía del Atlántico era un ingeniero muy hablador de una delegación de la UE que proponía parques solares descentralizados y baterías que, según él, podrían resolver los problemas crónicos de suministro eléctrico de Cuba durante los próximos treinta años. Pero el progreso era lento, una cuestión de años, en lugar de una solución a corto plazo para la crisis energética, y él culpaba a la burocracia. Mientras tanto, el estado insular seguía funcionando a duras penas con los suministros de petróleo venezolano, cada vez más restringidos por las sanciones de Estados Unidos, al tiempo que recurría a otras fuentes: México, Rusia, Argelia; las barcazas eléctricas turcas ancladas en La Habana inyectaban un poco más de energía a la red. Cuba ha sufrido apagones desde 2024, cuando las importaciones de petróleo venezolano se redujeron drásticamente, un problema agravado por el envejecimiento de la tecnología, en gran parte de la era soviética. La electricidad limitada se raciona mediante cortes programados, mientras que los excesos momentáneos de demanda se gestionan mediante «descargas de carga» y apagones parciales. Ningún lugar se libra por completo de los cortes de electricidad —en algunos momentos se ha caído toda la red—, pero fuera de la capital la situación es mucho peor.

Tras un periodo de relativo optimismo con la apertura de Obama y el inicio de un programa de «reformas» por parte de La Habana, la reescalada del bloqueo bajo Trump y Biden, en un contexto de desastres agravados —la COVID-19 y el colapso del turismo internacional, la inflación mundial, el desorden macroeconómico local, la escasez de productos básicos y la migración masiva de jóvenes—, han dejado al Estado cubano en su momento más débil desde la revolución. Incluso en el «período especial» postsoviético, cuando también sufrió problemas de suministro eléctrico y las restricciones en el abastecimiento de alimentos provocaron brotes de enfermedades hasta entonces desconocidas, la isla logró mantener una población en crecimiento; ahora se enfrenta a un colapso demográfico. Desgracia tras desgracia, en 2025, un resurgimiento internacional de enfermedades transmitidas por mosquitos, el chikunguña y el dengue, azotó un país que sufría escasez de medicamentos, mientras el huracán Melissa dejaba una estela de destrucción en su parte oriental. Mientras tanto, un amenazante despliegue estadounidense —el más grande en la región desde el final de la Guerra Fría— se estaba concentrando en el Caribe, ejecutando sumariamente a los llamados «narcoterroristas» frente a la costa venezolana. Lo absurdo de las afirmaciones de la administración Trump sobre el «Cartel de los Soles», al tiempo que aumentaba la presión sobre Maduro, reforzó la sensación de que los verdaderos objetivos no se decían abiertamente; ¿era Cuba el verdadero objetivo?

Las estrechas relaciones entre los Estados venezolano y cubano comenzaron a formarse a principios de la primera presidencia de Chávez, sobre la base de convicciones políticas compartidas y la amistad entre Chávez y Castro, quienes, según me han dicho, solían llamarse regularmente a altas horas de la madrugada para debatir sobre política mundial y literatura. En 2000, el Convenio Integral de Cooperación entre ambos países estableció acuerdos según los cuales Cuba enviaría personal médico y técnico a cambio de petróleo; el tratamiento por parte de médicos cubanos se convirtió en algo habitual en Venezuela. Un intento de golpe militar en 2002, un referéndum revocatorio en 2004 y un referéndum constitucional perdido en 2007 llevaron sucesivamente a Chávez a pedir el apoyo de Cuba para reforzar su gobierno mediante la reestructuración de los servicios militares y de inteligencia. Este es el origen de la presencia de guardaespaldas cubanos que serían asesinados en el secuestro de Maduro el 3 de enero. En la febril imaginación de la derecha de Miami, estos acuerdos se convirtieron en la base de una tesis según la cual la isla era el verdadero gobernante de un país muchas veces superior en población, superficie y riqueza. El derrocamiento del chavismo por parte de Washington podría así reconceptualizarse implícitamente como un acto de liberación nacional del dominio cubano.

Desde el comienzo de su carrera política, Marco Rubio ha pulido sus credenciales anticomunistas para la escena de Miami, presentando a sus padres como refugiados de la Cuba de Castro, a pesar de que se convirtieron en residentes estadounidenses tres años antes de la revolución. Ya durante la primera Administración Trump —un contexto receptivo a los halcones de América Latina—, desempeñó un papel en la configuración de políticas agresivas hacia Caracas y La Habana. Por lo tanto, se esperaba que su nombramiento como secretario de Estado supusiera una mayor presión sobre ambos. Desde que, tras el 11-S, se empezara a perseguir la financiación de Al Qaeda, Estados Unidos ha perfeccionado sus herramientas de guerra económica, reclutando a los Departamentos del Tesoro y de Comercio para causar estragos en las economías de sus oponentes designados —Corea del Norte, Irán, Rusia, Venezuela— excluyéndolos de los mercados financieros mundiales, de los mecanismos de compensación del dólar, del sistema de pagos SWIFT o, simplemente, haciendo que sea demasiado arriesgado para los bancos tratar con ellos. Los resultados típicos son la inflación, la depreciación de la moneda y la escasez. Estas medidas se han convertido en las armas preferidas en un periodo en el que las intervenciones militares directas han perdido su atractivo, dado el desastre que dejó la invasión de Irak y la humillación de la derrota ante los talibanes.

El objetivo declarado de las sanciones de Estados Unidos a Cuba desde principios de la década de 1960 ha sido deslegitimar al Gobierno infligiendo miseria económica a la población; el hecho de que la esperada revuelta aún no se haya producido dos tercios de siglo después ha suscitado poca reflexión estratégica. Al parecer, este acuerdo ha persistido durante tanto tiempo que la voluminosa literatura reciente sobre sanciones tiene dificultades para encontrar algo que decir al respecto. La política estadounidense hacia Cuba ha sido tan persistentemente punitiva desde la revolución que parece razonable preguntarse si hay algo más que puedan hacer. Sin embargo, las sanciones a Cuba han cambiado durante la nueva era de la guerra económica, comenzando con la focalización en la industria turística en 2003 y continuando con la reimposición por parte de Trump y Biden del Título III de la Ley Helms-Burton, cuyo objetivo es disuadir la inversión extranjera mediante amenazas legales. Con el interés por los «puntos de estrangulamiento» geoeconómicos ganando protagonismo en la política exterior estadounidense —y un «giro hemisférico» en el horizonte—, la dependencia cubana del petróleo venezolano ofrecía un objetivo obvio y la posibilidad de matar dos pájaros de un tiro. Si bien Cuba ha mantenido un grado significativo de apoyo internacional, los remanentes impopulares del chavismo oficial —que reinaban de forma antidemocrática sobre una sociedad sumida en la corrupción y en sus propias crisis económicas recurrentes— eran un objetivo que pocos lamentarían a nivel internacional, excepto Cuba.

A partir de 2017, la primera Administración Trump intensificó las sanciones contra Venezuela. Pero, al igual que con Rusia, la guerra económica aquí no ha sido una simple cuestión de bloqueo a la antigua usanza —independientemente del reciente espectáculo de los petroleros capturados en el mar—, ya que la larga imbricación de los sectores petroleros venezolano y estadounidense persistió de forma reducida incluso bajo Chávez, mientras que Chevron obtuvo una dispensa especial del Departamento del Tesoro para seguir operando en Venezuela a pesar de las sanciones, un acuerdo que finalmente se les ordenó concluir solo en la primavera de 2025. Debido a estas complicaciones, las medidas estadounidenses han amenazado con resultar contraproducentes en algunos momentos: en un cómico paso en falso, el Estado ruso, a través de Rosneft, estuvo a punto de heredar una importante infraestructura petrolera en Estados Unidos tras el naufragio de la empresa venezolana PdVSA, de la que Rosneft poseía una gran parte, lo que llevó a los funcionarios del Tesoro a apresurarse a cerrar la puerta.

Tras una pausa entre 2020 y 2022, las importaciones estadounidenses de crudo venezolano se reanudaron en 2023, mucho antes de la reciente intervención militar, a un ritmo muy superior al de los envíos de Venezuela a Cuba (compárense la figura 2, más abajo, y la figura 1, más arriba). En lugar de centrarse simplemente en la producción, las sanciones se aplicaron, al igual que en el caso de Rusia, al transporte marítimo, creando una distinción que los propios Estados Unidos han vigilado entre petroleros lícitos e ilícitos. No hay duda de en qué lado de esta línea se situaban los envíos a Cuba: parte de la campaña de presión naval sobre Maduro incluyó la incautación en diciembre de un envío con destino a Cuba, en un año en el que los propios Estados Unidos ya habían aceptado una cantidad mucho mayor de crudo venezolano. Los responsables de las sanciones estadounidenses no suelen preocuparse mucho por la coherencia de los discursos legalistas y morales que acompañan a sus actos de guerra económica.

En 2025, México desplazó a Venezuela como principal proveedor de Cuba, probablemente ofreciendo parte del petróleo con descuento o de forma gratuita, aunque a niveles muy inferiores a los que Caracas había estado enviando anteriormente. Ahora incluso esto está en duda, ya que México ha suspendido los envíos, una decisión que Sheinbaum ha calificado de «soberana», aunque la postura amenazante de Estados Unidos hacia México en un momento en que se está revisando el acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos, México y Canadá es un contexto relevante. Cuando se publicó este artículo, la Administración Trump acababa de declarar que impondría aranceles a cualquier país que suministrara petróleo, basándose en el argumento claramente ridículo de que Cuba había tomado «medidas extraordinarias que perjudican y amenazan» a Estados Unidos, y que «apoya el terrorismo y desestabiliza la región a través de la migración y la violencia».

El cerco se estrecha, pero Cuba cuenta con cierto suministro interno de crudo y capacidad de refinado, que representa una parte nada desdeñable de lo que consume —el 41 % en 2023, incluso antes del colapso de los suministros venezolanos—; aparentemente suficiente para mantener en funcionamiento las destartaladas centrales termoeléctricas que constituyen la columna vertebral de la red eléctrica cubana. También cuenta con gas natural, que representó el 12,6 % de la generación de electricidad y el 23,6 % de la producción energética nacional en 2023; en conjunto, estos combustibles fósiles por sí solos representan una escasa mayoría de la producción energética procedente de fuentes «soberanas». Por lo tanto, Cuba podría tener cierta capacidad para resistir incluso un embargo total de combustible, pero no obstante será un reto: no hay que restar importancia al hecho de que, en ese mismo año, la mayor parte del suministro de petróleo de Cuba —que representa el 84 % de su consumo total de energía— procedía de Venezuela.

¿Podrían las energías renovables venir al rescate? «Por mucho que quieran, no pueden quitar el sol», dijo un funcionario al que pregunté en 2025. China ha estado financiando recientemente proyectos solares en todo el país, y es imaginable que la situación pueda transformarse con relativa rapidez: en 2023, el total de electricidad generada ascendió a 54 304 MWh al día, de los cuales solo 457,5 MWh, el 0,8 %, procedían de la energía solar, pero la capacidad solar es ahora aparentemente de 3250 MWh al día, lo que supone un aumento del 610 % en solo un par de años. Aunque todavía es una parte bastante pequeña de lo que se necesita (alrededor del 6 % del total de 2023), se prevé que esta cifra se triplique, como mínimo, para 2030, lo que situaría a la energía solar en torno al 18 % del total. La cuota combinada de las energías renovables en la combinación energética ya había aumentado de manera significativa, hasta el 5,2 % en 2021. Aunque todavía no se trata de una revolución energética, hay indicios de que podría producirse una transición relativamente rápida, con la energía solar llenando cada vez más el vacío dejado por las fuentes de energía no soberanas. Es posible que la actual crisis energética represente un momento crucial en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, entre el punto crítico de la dependencia del petróleo venezolano y una alternativa ecológica a este.

La cuestión es si el Estado cubano tiene la capacidad de aguantar lo suficiente como para alcanzar un nuevo terreno estratégico. Además de la ampliamente difundida exigencia de Trump del 11 de enero de que Cuba «llegue a un acuerdo, ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE», y a pesar de mantener su habitual tono amenazante, ha mostrado cierta ambivalencia sobre las perspectivas de Estados Unidos en este sentido, quizá basándose en alguna evaluación de los servicios de inteligencia:

"No creo que se pueda ejercer mucha más presión, salvo entrar y arrasar el lugar. Mire, ellos son… toda su savia, toda su vida era Venezuela. […] Creo que Cuba pende de un hilo. […] Mire, Cuba obtenía todo su dinero por proteger. Eran como protectores. Son gente dura, fuerte. Son gente estupenda. Marco tiene un poco de sangre cubana. […] Creo que Cuba está realmente en serios problemas. Pero, para ser justos, la gente lleva muchos años diciendo eso de Cuba. Cuba lleva 25 años en problemas. Y, como usted sabe, no han caído del todo, pero creo que están muy cerca de hacerlo por voluntad propia."

A pesar de su debilidad, vale la pena recordar algunos detalles sobre Cuba que pueden poner en duda las perspectivas de una victoria fácil de Estados Unidos.

No hace falta decir que, en cualquier enfrentamiento militar directo, Estados Unidos tendría una capacidad destructiva absolutamente abrumadora; podría «reducir el lugar a cenizas» con mucha facilidad. Pero Estados Unidos tiene un historial deficiente en lo que se refiere a ganar incluso guerras pequeñas, algo que puede estar relacionado con su dependencia de la superioridad tecnológica. Es más, su población se sitúa en general bastante a la izquierda del lobby de Miami en lo que respecta a la política hacia Cuba: una clara mayoría apoyó la apertura de la era Obama y el fin de las sanciones. Cuba, por su parte, cuenta con un arsenal pequeño y decrépito, en su mayor parte de la era soviética, con algunos suministros rusos más recientes. Sin embargo, a nivel mundial, su gasto militar es relativamente alto: el 4,2 % del PIB en 2020, según la última estimación publicada por la CIA (aunque cabe señalar que la proporción del PIB puede deberse en parte a la prioridad dada al gasto militar en un contexto de reducción de la producción total). Según el informe de 2025 de Global Firepower, su presupuesto de defensa fue de 4500 millones de dólares, lo que le sitúa en el puesto 54 de 145 países: una cifra bastante considerable para un país pobre con una población inferior a 10 millones de habitantes.

Cuba tiene un historial de superar sus posibilidades: es el único país de su tamaño con un historial de campañas militares extranjeras exitosas, emprendidas por iniciativa propia y por invitación de los movimientos de independencia nacional de Angola, Guinea-Bissau y Mozambique, por no mencionar los sorprendentes logros de sus servicios de inteligencia contra los Estados Unidos. Por supuesto, Cuba se ha estado preparando para una invasión estadounidense más o menos desde la revolución. Sus fuerzas armadas cuentan con unos 50 000 miembros en activo y están estrechamente integradas en el régimen civil del Partido Comunista, mientras que una gran parte de la población está nominalmente disponible para el reclutamiento. Gozan de un alto nivel de legitimidad entre la población cubana, ya que se han mantenido al margen de la represión interna y controlan los sectores más rentables de la economía: turismo, finanzas, construcción, inmobiliaria, etc. Y, salvo la base estadounidense de la bahía de Guantánamo, Cuba tiene la ventaja insular de contar con fronteras naturalmente defendibles.

Aunque cualquier enfrentamiento directo sería claramente una lucha entre David y Goliat, un enfoque directo de «botas sobre el terreno» podría resultar costoso e impopular para Estados Unidos, factores que a menudo son decisivos para ganar una guerra. Por lo tanto, el llamamiento de Trump a los cubanos para que vengan «por voluntad propia» y «lleguen a un acuerdo» es probablemente el camino más realista hacia la victoria de Estados Unidos. Es intrínsecamente más difícil evaluar si parte del ejército, la burocracia o el Gobierno podrían ser receptivos a tales súplicas, como parece haber sido el caso en Venezuela; estas cosas son opacas por naturaleza. El hecho de que las Fuerzas Armadas Revolucionarias controlen partes clave de la economía en un contexto de liberalización parcial y crisis generalizada tal vez conlleve un riesgo de corrupción. La experiencia generalizada de familias divididas entre Cuba y Florida, con la inevitable comparación de riqueza, puede suponer un atractivo subjetivo para personas de todo el Estado cubano y las fuerzas armadas.

Pero no hay que subestimar la fuerza del nacionalismo cubano. El Estado-nación aquí es algo prácticamente sui generis: el producto tardío no de iniciativas criollas de la élite, como era habitual en América, sino del vuelco de una lucha de independencia convencional en una guerra social por la liberación de los esclavos, en un último reducto de la economía de plantación atlántica. Esto dotó al proyecto cubano de un aspecto social mucho antes de Castro, y fue esencialmente esto lo que se reprimió cuando Estados Unidos invadió en 1898 —con el pretexto de apoyar la independencia del pueblo cubano— para reclamar las últimas colonias de España y apoderarse de gran parte de la economía local. Por esta razón, lo que Fernando Martínez Heredia denominó la primera y la segunda «repúblicas» de Cuba resultaron finalmente inestables: bajo el dominio estadounidense, lucharon por establecer un tipo de asentamientos que pudieran resolver las demandas sociales pendientes. Si bien las presiones geopolíticas han empujado durante mucho tiempo a Cuba hacia la condición de protectorado de Estados Unidos, sus fuerzas sociales —plenamente conscientes de ello— han supuesto un importante freno. Así ocurrió incluso bajo el régimen de Batista, un momento simbolizado de forma famosa en El padrino, parte II, cuando la mafia corta un pastel que representa la isla.

Estas tensiones solo pudieron resolverse en última instancia mediante una revolución y la consolidación de un tipo de Estado peculiar —internacionalista, social, popular— distinto de los típicos de su región. La forma de Estado arquetípica aquí es tan extrovertida y socialmente dividida que apenas puede considerarse «nacional»: propensa a los golpes de Estado, con una pequeña élite rica que controla gran parte de la economía y tiende a alinearse con los intereses extractivos extranjeros; plagada de delincuencia y corrupción; solo fugazmente democrática, si es que lo es. Esta es una configuración de la que Cuba salió en gran medida gracias a la revolución, que, a pesar de sus aspectos autoritarios y burocráticos, ha mantenido un aspecto demótico inusual y una capacidad intermitente de participación masiva durante décadas. La identidad cubana es algo complejo, dada su dispersión diaspórica y la contradicción que encarna el estrecho de Florida, pero en la medida en que todavía se identifica con un territorio y una vívida experiencia de trato dominante por parte de su vecino del norte, puede adoptar fácilmente una forma militante. La identificación con la guerrilla mambise, la invocación de la carga con machetes, el ensayo de los gritos de «patria o muerte», a menudo realizados en las altas esferas del Estado, no carecen de bases populares residuales. E incluso en lo más profundo de la desmoralización tras años de crisis y el desvanecimiento de la generación revolucionaria, las amenazas externas pueden soplar oxígeno sobre esas brasas.

La famosa afirmación de Charles Tilly de que «la guerra hizo al Estado» tiene cierta plausibilidad en este caso. El gobierno revolucionario tuvo que rehacer los aparatos represivos internos y las fuerzas militares externas prácticamente desde cero, bajo la amenaza inminente de una invasión estadounidense, y pudo hacerlo con una historia nacional convincente: la epopeya de la independencia, desde Martí hasta Castro. Bajo una intensa presión, se crearon estructuras para imponer la disciplina frente a las amenazas conjuntas de la contrarrevolución interna y la intervención externa. No es de extrañar que esto diera lugar a un Estado parcialmente militar-autoritario: vale la pena recordar que Francia y Gran Bretaña formaron Estados de este tipo en sus momentos revolucionarios, por no mencionar, por supuesto, la experiencia más amplia de las revoluciones comunistas del siglo XX. Algunos aspectos del modelo estatal cubano —el monolito, la desconfianza hacia las corrientes críticas, la intolerancia cultural— se importaron posteriormente de una Unión Soviética ya conservadora, pero también se conservó una independencia y una capacidad de actuar de forma diferente que eran artefactos de su propio momento anticolonial; no se puede simplemente injertar otro modelo estatal al por mayor sin bases materiales. De hecho, si ha habido una influencia externa significativa en la formación del Estado cubano, es la presión persistente a la que ha estado sometido por parte de Estados Unidos. Sin duda, esto ha acentuado las tendencias hacia la consolidación autoritaria y ha obstaculizado las perspectivas de una plena participación democrática, mientras que la aceptación de migrantes por parte de Estados Unidos ha tenido el efecto perverso de proporcionar una válvula de escape a los sectores descontentos de la población, al tiempo que debilita demográficamente a Cuba.

En comparación, a pesar de la larga historia de golpes de Estado y corrupción anterior a Chávez, y de una constitución popular y democrática bajo su mandato, el Estado venezolano nunca experimentó el mismo tipo de remodelación revolucionaria. A pesar de que Chávez contó con el apoyo de Cuba para reestructurar parte del ejército y los servicios de inteligencia, las transformaciones chavistas tuvieron un alcance más limitado. Es probable que esto haya creado más oportunidades para que los servicios de inteligencia estadounidenses ganen terreno o encuentren posibles traidores con los que negociar. Es difícil imaginar que esto sea igualmente cierto en el caso de Cuba. Sin duda, los espías han estado estudiando cuidadosamente el terreno para ver dónde podrían hacer su magia, pero los mecanismos creados precisamente para evitarlo pueden seguir teniendo cierta vigencia. El ejemplo reciente de Alejandro Gil Fernández, ministro de Economía hasta su caída en 2024 —condenado por espionaje, corrupción, malversación, soborno, evasión fiscal y blanqueo de capitales— puede ser una señal de ello, aunque la mezcla de acusaciones y la opacidad del proceso sugieren que no hay que tomarse al pie de la letra la versión oficial. Han circulado rumores sobre casos de corrupción de alto nivel y cooptación por parte de servicios de inteligencia extranjeros, pero es difícil saber qué creer. Ahí radica el mayor peligro. Los Estados revolucionarios no permanecen inalterables a lo largo del tiempo, y sus mutaciones suelen estar relacionadas con la pérdida de sus fundadores. Con el paso de la cohorte revolucionaria, Cuba se encuentra en territorio desconocido. ¿Encontrará su antiguo antagonista finalmente colaboradores adecuados, o sus últimas agresiones movilizarán a las nuevas generaciones?" 

(Rob Lucas , New Left Review, 30/01/26, traducción DEEPL)