"(...) ¿En qué grado Europa depende realmente de Rusia? ¿Veremos un apagón energético este invierno?
En Europa veo impactos importantes, sobre todo en Francia, Reino
Unido y Alemania, que van a tener problemas para mantener la estabilidad
de su red eléctrica. En Suiza ya están contemplando tener apagones
rotatorios de cuatro horas este mismo invierno, zonificando el país.
Ahora mismo, Rusia está enviando un 70% menos de gas comparado con las
mismas fechas del año pasado, lo que supone casi el 30% del consumo de
gas de Europa. En cuanto al diésel, comienza a faltar en Austria, que ha
empezado a tirar de sus reservas estatales, en Croacia y en la propia
Alemania.
Es importante destacar que las medidas de ahorro son en realidad
medidas de racionamiento, ya que no se trata de un descenso consciente
del consumo, sino de uno obligado por las circunstancias que tendrá un
impacto económico. Pero es que además ese 15% de racionamiento es
insuficiente. Se avecinan nuevas medidas de racionamiento, tanto de gas
como de diésel. Estamos importando más diésel de Rusia que nunca
simplemente porque es más barato, pero este grifo también se nos va a
cortar.
¿Ha actuado más acertadamente España que otros países
europeos en la planificación de su modelo energético? ¿Tendrá que
ampliar su compromiso del 7% de ahorro energético este invierno?
España en principio está bien suministrada de gas porque tiene el 35%
de toda la capacidad de gasificación de la Unión Europea. Contamos con
seis puertos con capacidad para recibir buques metaneros y regasificar
ese gas que llega en barco de forma licuada de grandes suministradores,
como son EEUU y Australia. A nivel del consumo industrial, ya se ha
producido una caída del 20% del consumo debido a los altos precios del
gas y de la energía. Solo con esa reducción de la industria y, pese a
que hayamos consumido más de lo normal en la producción de electricidad
este verano por las condiciones climáticas, España ya tendría de sobra
para cumplir con sus compromisos. De cara a Europa eran necesarias esas
medidas estéticas y pedagógicas. Es solo el primer paquete de medidas.
Europa va a aplicar más medidas de racionamiento del gas este mismo
invierno, porque con un 15% no va a ser suficiente. Lo lógico sería que
no se le aplicaran más medidas a España en este sentido, porque nuestro
país no puede exportar más gas del que ya está suministrando a través de
los gaseoductos de Irún, en el País Vasco, y Larrau, en Navarra.
Caso diferente es el del diésel. Aunque España tiene una gran
diversificación de proveedores y exporta diésel, vamos a tener que
aplicar medidas de solidaridad con el resto de Europa. El diésel se
puede llevar con camiones, y aquí aplicando el REPowerEU es fácil que
nos impongan medidas de racionamiento este mismo invierno. Viendo las
reacciones tan negativas que han tenido unas medidas pensadas para crear
el mínimo de incomodidad y de impacto económico, no me imagino lo que
puede pasar cuando empecemos a tomar medidas más incómodas y con
verdadero impacto económico.
¿Por qué Francia se ha posicionado en contra del MIDCAT?
A Francia nunca le ha interesado este proyecto. Cuando se planteó fue
para darle seguridad energética a España y, en su día, exigieron
incluso una compensación económica. Incluso ahora, su falta de interés
radica en que lo ha apostado todo a la nuclear, manteniendo tropas en
Níger para asegurarse el 40% del uranio de sus centrales nucleares, y no
tiene muchas centrales de gas de ciclo combinado para aprovechar un
mayor envío de gas desde España.
Lo cierto es que Francia está en una situación crítica, de sus 57
centrales nucleares, 29 están paradas. Técnicamente, porque han
detectado un gran problema de corrosión en el circuito primario, lo que
es muy difícil de reparar. Y hay que tener en cuenta que el uranio es la
fuente energética tradicional que más ha caído, un 24% desde 2016.
Actualmente, Francia tiene menos de la mitad de capacidad de producción
eléctrica nuclear y este tipo de energía representa algo más del 70% de
su producción de electricidad. Ha pasado de ser un exportador de
electricidad a Alemania a un importador, en cantidades un poco mayores a
las que exportaba. En el momento en el que a Alemania le empiece a
faltar gas, dejará de exportar electricidad hacia Francia.
Adicionalmente, aprovechan la electricidad y el gas enviado desde
España, que bombea 7.000 millones de metros cúbicos al año, algo más del
20% del consumo anual de España, pero dependen principalmente de
Alemania.
En el contexto de la guerra, primero Bruselas declaró verdes
el gas y las nucleares y ahora ha decidido volver al carbón. ¿Ha
renunciado Europa a sus objetivos en la lucha contra el cambio
climático?
Con sus últimos movimientos, la UE ha tirado a la basura cualquier
objetivo que pudiera tener de lucha contra el cambio climático y ha
contradicho tres décadas de legislación europea. Lo cierto es que la
forma de descarbonizarse que ha tenido la UE ha sido externalizando sus
actividades más contaminantes hacia China y hacia otros países
subdesarrollados. Desde 1990, los únicos dos momentos en los que las
emisiones no han crecido tan deprisa a nivel global han sido durante la
crisis de 2008 y durante la etapa de confinamiento por la Covid-19.
Cuando se analizan las emisiones de C02 se ve que nuestras emisiones
reales son un 30% superiores a nuestras emisiones anunciadas u
oficiales. No puede ser que siendo Europa una región tan potente y
estando en teoría tan implicada en el cambio climático no se note un
cambio en las concentraciones de C02 en la atmósfera. No se puede
achacar a que los demás no hacen los deberes. Ni Europa ni ninguna
región del mundo ha hecho nada real por el cambio climático. A mi
parecer, lo más probable es que con el tiempo la UE vaya mutando su
discurso, desde uno centrado en la lucha contra el cambio climático a
uno enfocado en la seguridad energética.
¿Las energías renovables son la solución?
El problema es que tenemos un sistema económico que está totalmente
apuntalado por los combustibles fósiles y que no se puede transformar de
la noche a la mañana. Las renovables tienen una menor huella de
carbono, pero la tienen, porque a día de hoy nadie ha cerrado el ciclo
de vida de un sistema de producción energética renovable utilizando
solamente energía eléctrica no contaminante. En todas las fases del
proceso, de extracción de los materiales en mina, transporte,
elaboración de las piezas, instalación, mantenimiento y
desmantelamiento, siempre intervienen combustibles fósiles. Los sistemas
renovables eléctricos actuales tienen tres inconvenientes: el primero,
que dependen de los combustibles fósiles; el segundo, que dependen de
materiales que son escasos; yel tercero, que se orientan a la producción
de electricidad, y la electricidad es solo una parte minoritaria de
nuestro consumo energético. En el conjunto del planeta representa solo
el 20% de la energía final consumida. En países como España, el 23,6%.
Se podría aumentar el porcentaje, pero la utilización de la electricidad
para un 50% de los usos no está resuelta. Por poner algunos ejemplos,
no hay excavadoras, tractores o camiones eléctricos, y probablemente
nunca los haya por una imposibilidad térmica aerodinámica. Y no hay
suficiente litio, cobalto o níquel para generalizar el uso del coche
eléctrico. El hidrógeno verde se presenta como la gran apuesta europea,
pero su tecnología no está madura. En los usos industriales o químicos
se perdería el 50% de la energía en el proceso de transformación, y a
eso hay que añadir que el agua hay que calentarla a 80 grados y la forma
más factible es a base de gas. Para maquinaria pesada, las pérdidas
totales de energía inicial serían del 90%. A todo esto se suma que, una
vez pasado el despliegue renovable de principios de siglo, estas fuentes
de energía tienen un problema de rentabilidad, razón por la cual se
están financiando con fondos públicos Next Generation.
¿Qué tipo de modelo económico vería viable?
El único modelo que yo veo posible es uno en el que haya un descenso
del consumo. La clave para salir de esta crisis es aceptar que el
planeta es finito, que nos da mucho, seguramente mucho más de lo que
necesitamos para vivir, pero no para seguir creciendo. El modelo
capitalista, tal y como lo conocemos, ya no funciona, por lo que va a
ser cada vez más disfuncional. Al final, lo único factible es un
descenso del consumo, de forma que se necesiten menos materiales y menos
energía. En mi opinión, hay que ir hacia una economía ecológica, hacia
una verdadera economía circular, que integre el hecho económico dentro
del ecosistema. En España hay grandes expertos, por ejemplo en la
Universidad Autónoma de Barcelona, que han trabajo con experiencias de
campo con bastante éxito.
¿Podría ponernos un ejemplo de ese sistema?
Uno muy sencillo es el de la lavadora. Si tu lavadora tiene una
garantía de tres años, al fabricante lo que le interesa es que se te
estropee a los tres años y un día. Pero imagínate que, en vez de
venderte la lavadora, el fabricante te la alquilase por una cantidad
económica mensual. Sin embargo, en cuanto no funcionara, tuviera que
pagarte una indemnización por cada día que no estuviera en
funcionamiento o cambiártela por una nueva. El fabricante se vería
obligado a hacer una lavadora resistente, fácil de reparar, con piezas
fáciles de reutilizar. Le estarías dando los incentivos necesarios para
que su modelo de negocio sea sostenible, porque no se orientaría al
crecimiento, sino al mantenimiento. El mundo productivo no tendría
problema alguno con este modelo. El problema radica en el mundo
financiero, porque el mundo del capital sí que necesita el crecimiento y
no quiere saber nada de este modelo.
¿Es ingenuo pensar que, tras el conflicto bélico, podría
haber un impulso en términos de compromiso por la sostenibilidad del
planeta?
Con el tiempo se acabarán aceptando los límites biofísicos del
planeta. Desafortunadamente, me temo que se producirá más por la
carestía energética y de materiales que por el cambio climático y por un
verdadero compromiso con la sostenibilidad." (Entrevista a Antonio Turiel, Cataluña Económica, 29/09/22)