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11.9.26

La Jornada: Trump: demolición de la democracia... Trump se comprometió a enviar un cheque por 5 mil dólares a cada adulto estadunidense si el Partido Republicano mantiene el control de la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones de mitad de mandato... El intento de soborno del magnate al electorado tiene un componente delirante y otro preocupante. Hay un delirio en la pretensión de que el gobierno estadunidense tiene recursos para repartir libremente un billón 375 mil millones con una deuda pública de 40 billones... Lo preocupante es que eso supone la demolición de los restos de democracia que pudieran quedar en esa nación.... en cualquier otro país, una declaración semejante sería un escándalo, pero en el Washington de Trump es sólo un día más... hace tiempo que Estados Unidos es una plutocracia, porque el voto no lo decide la voluntad libre e informada de los ciudadanos, sino la capacidad de la oligarquía para invertir en las campañas como un negocio más... en Estados Unidos los grupos criminales tienen las puertas abiertas para financiar legalmente a un político y nadie puede preguntar de dónde salió el dinero

"El presidente Donald Trump se comprometió el miércoles a enviar un cheque por 5 mil dólares a cada adulto estadunidense si el Partido Republicano mantiene el control de la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones de mitad de mandato que tendrán lugar el próximo 3 de noviembre. El mandatario comparó su oferta de compra de votos con los pagos de una corporación a sus accionistas, por lo que la denominó “dividendos Trump”, y aludió a “nuestra enorme fortaleza y éxito económicos”. Según aseguró, la única condición será que el dinero se gaste dentro de Estados Unidos, pero no especificó cómo se verificará esto.

El intento de soborno del magnate al electorado tiene un componente delirante y otro preocupante. Hay un delirio en la pretensión de que el gobierno estadunidense tiene recursos para repartir libremente: en estos momentos su deuda pública de 40 billones (millones de millones) de dólares ya representa 120 por ciento del producto interno bruto y cada año se añaden 1.8 billones adicionales, por lo que no se entiende de dónde sacaría el billón 375 mil millones necesario para entregar 5 mil dólares a 275 millones de adultos. Lo preocupante es que, cumpla o no con su promesa, el hecho de ofrecer un pago directo a cambio del triunfo electoral de su partido supone la demolición de los restos de democracia que pudieran quedar en esa nación. La muestra más clara del deterioro de la institucionalidad estadunidense es que, en cualquier otro momento y en cualquier otro país, una declaración semejante sería un escándalo mayúsculo que derivaría en sanciones y posiblemente pondría fin a la carrera política del implicado, pero en el Washington de Trump es sólo un día más.

Con todo, es importante remarcar que el desmantelamiento de la democracia ha sido acelerado por el magnate, pero comenzó décadas atrás. Desde hace medio siglo, sucesivas sentencias de la Suprema Corte han destruido todos los controles sobre el financiamiento electoral, de tal modo que hoy día la normalidad estadunidense sería considerada corrupción en el resto del mundo. En 1976, el máximo tribunal equiparó al dinero con una opinión y determinó que limitar el gasto en campañas viola la libertad de expresión. Desde entonces, no hay límite alguno al gasto independiente ni al dinero que un candidato puede gastar de su propio bolsillo. En junio pasado, eliminó también los límites sobre la cantidad que los partidos políticos pueden gastar en publicidad y otros conceptos en coordinación con los candidatos. Entre una y otra sentencia, la Suprema Corte permitió también donaciones ilimitadas por parte de individuos y el uso de recursos donados para que los candidatos se paguen a sí mismos todos los recursos propios que hayan destinado a la campaña. Es decir, un aspirante puede comprarse el cargo con su dinero y luego recaudar fondos de los interesados en ser “amigos” de un senador, gobernador o presidente. Además, cualquier organización con registro sin fines de lucro puede gastar sin ningún tope en las elecciones y reservar la identidad de sus donantes. Es decir, en Estados Unidos los grupos criminales a los que Washington dice combatir tienen las puertas abiertas para financiar legalmente a un político y nadie puede preguntar de dónde salió el dinero.

En suma, hace tiempo que Estados Unidos es una plutocracia, porque el voto no lo decide la voluntad libre e informada de los ciudadanos, sino la capacidad de la oligarquía para invertir en las campañas como un negocio más. El desprecio de Trump por las leyes y las formas que suelen regir la conducta de los servidores públicos ha puesto a la vista de todos la degradación de la vida pública. Frente a ese desastre, es causa de alivio que el proceso electoral iniciado ayer en México sea mucho más democrático, verificable y transparente y que no se encuentre reducido a la grotesca e impúdica subasta que son hoy los comicios en el país vecino del norte." 

(Editorial de La Jornada , 11/09/26) 

27.8.26

Se acerca el fin... Trump quiere cambiarle el nombre al lago Ontario por Lago América... sería gracioso si no fuera porque este tipo es el Presidente de los Estados Unidos... no es ninguna novedad que Trump es un egocéntrico, desconectado de la realidad y, que al mismo tiempo, logró un nivel de deferencia y obediencia de todo el aparato del gobierno federal que ningún presidente había tenido antes. Así que esto es realmente muy serio... Y entonces llegó Irán, donde, además de demostrar que no somos dignos de confianza, que no se puede contar con nosotros, también demostramos que éramos mucho más débiles de lo que la gente imaginaba... a estas alturas, no somos amados, no somos respetados y ni siquiera nos temen. Y no vamos a recuperar eso. Incluso si Trump es sucedido por alguien decente —Dios nos libre si no lo es— el mundo ahora sabe que somos capaces de poner a alguien como Trump en una posición de poder sin precedentes, casi absoluto, y que puede volver a suceder. Y el mundo también sabe que no somos tan temibles como aparentamos... se comporta como alguien que sabe que sus días de poder supremo están a punto de terminar. Él, por supuesto, no va a aceptar que sea su culpa. Es culpa, obviamente, de los demócratas, que son todos comunistas. Es culpa de los republicanos, que no estuvieron a la altura de su liderazgo. La culpa es de todos menos de él. ¿Qué hace cuando pierde? Suponiendo que pierda gran parte, si no toda, su capacidad para influir en los acontecimientos de noviembre, ¿cuánto daño causará básicamente vengándose de Estados Unidos? Porque siempre hay que tener en cuenta que Trump odia a Estados Unidos. Odia los valores sobre los que se fundó Estados Unidos. Odia la democracia. Odia el estado de derecho. Odia todo aquello que se supone que representamos como nación. Pero cada vez parece más que simplemente odia a este país porque no lo quiere. ¿Cuánto daño causará? No quiero hacer una predicción concreta, pero estoy preocupado (Paul Krugman)

"El Hundimiento. ¿Hasta qué punto castigará Trump a Estados Unidos?

 Nota: Después de grabar esto, se ha informado de que los responsables de Trump están amenazando con demoler el Kennedy Center si no se puede renovar a gusto de Trump (y, presumiblemente, añadiendo su nombre). Esto coincide exactamente con mi argumento.

Se acerca el fin.

Disculpad mi pronunciación del alemán. Hoy voy a tomarme un respiro de los análisis económicos complicados y voy a hablar de, bueno, Donald Trump, pero de una forma ligeramente diferente a la que creo que utiliza la mayoría de la gente. No de forma positiva, obviamente.

Justo antes de grabar esto, vi que Trump quiere cambiar el nombre del lago Ontario por el de «lago América». Lo cual es una tontería, sería gracioso, si no fuera porque este tipo es el presidente de los Estados Unidos. Y resulta realmente preocupante que alguien en ese cargo esté tan fuera de lugar, sea tan mezquino y esté tan desconectado de la realidad.

Y mirad, a nadie le sorprende que Trump sea un egocéntrico, desconectado de la realidad y que, al mismo tiempo, de alguna manera inspire un nivel de deferencia y obediencia por parte de toda la maquinaria del Gobierno federal que ningún presidente ha tenido jamás. Así que esto es realmente muy grave. 

 Lo que creo que la gente no tiene del todo claro es hasta qué punto puede llegar la situación, teniendo en cuenta que Trump está, de forma tan evidente, desconectado y desequilibrado, que ya no está en sus cabales.

Evidentemente, ya era una personalidad muy problemática, lo que estaba causando un gran daño a Estados Unidos. No creo que, ni siquiera ahora, la gente aprecie plenamente la magnitud del daño que se ha causado. Incluso antes de la guerra con Irán, las provocaciones de Trump, sus insultos y sus guerras comerciales destruyeron realmente la confianza del mundo en Estados Unidos.

Estados Unidos se convirtió en un país en el que no se podía confiar para cumplir los acuerdos. Era un país que intentaba constantemente intimidar a otros países. Nuestra palabra no valía nada. Nuestra cordura no se podía dar por sentada. Y luego, por supuesto, llegó Irán, donde, además de demostrar que no se puede confiar en nosotros, que no se puede contar con nosotros, también demostramos que éramos mucho más débiles de lo que la gente imaginaba.

Si hay algo que la gente pensaba, es que Estados Unidos tiene un ejército poderoso. Resulta que, bueno, no es tan poderoso ni ni de lejos tan competente como la gente creía. Cuánto de eso se debe a que Trump y Hegseth lo han degradado y cuánto ya existía de antemano es una cuestión interesante. Pero, en cualquier caso, a estas alturas, no nos quieren, no nos respetan y ni siquiera nos temen. 

 Y eso ya no lo recuperaremos. Aunque a Trump le suceda alguien decente —que Dios nos ayude si no es así—, pero incluso si a continuación tenemos un gobierno más o menos racional y bienintencionado, el mundo sabe ahora que somos capaces de poner a alguien como Trump en una posición de poder sin precedentes, casi absoluto, y que eso puede volver a ocurrir.

Y el mundo también sabe que, en realidad, no somos tan temibles como parecemos. Que incluso países relativamente pequeños pueden plantarnos cara con mucho más éxito de lo que nadie hubiera imaginado.

Y eso ya no lo recuperaremos. Espero con ansiedad el día en que dejemos de ser un país gobernado por Trump, pero este es mi país, y ¿qué quedará de nosotros, qué quedará de nuestro papel en el mundo, incluso cuando él ya no esté? 

 Bien, el título que he elegido, la forma en que he empezado esta charla, es «Der Untergang», que es el título alemán de la película «El hundimiento», sobre los últimos días de Adolf Hitler. Espero que nadie se queje de que utilice el alemán, ¿verdad? Hace tiempo que hemos superado el momento en el que se consideraba impensable e increíblemente grosero establecer paralelismos con los nazis. Hay mucha gente en esta administración o cercana a ella que, en la práctica, son nazis; en algunos casos, nazis explícitos. Estados Unidos aún no es la Alemania de Hitler. Pero la razón por la que no tenemos una Gestapo en funcionamiento en este país no es por falta de ganas de tenerla. Es porque esta gente, al menos hasta ahora, no tiene el poder necesario. Así que todo esto, todos los paralelismos, parecen apropiados.

Y los paralelismos están ahí. Quiero decir, los paralelismos están ahí incluso en cosas aparentemente insignificantes. Hitler estaba obsesionado con construir un gigantesco y ostentoso salón de baile. Así que hay muchos paralelismos ahí.

Ahora bien, el mensaje principal de la película *Der Untergang* es que trata sobre Hitler en sus últimos días, cuando sabía que estaba perdiendo. Sabía que la derrota se cernía sobre él. Sabía que su poder se estaba derrumbando. Y su reacción fue, entre otras cosas, desquitarse con su propio país. 

 Hitler nunca aceptó que le hubiera fallado a Alemania. Sentía que era Alemania la que le había fallado a él. Por eso tenía un plan, a menudo denominado «el Decreto de Nerón», que consistía en destruir la mayor parte posible de la infraestructura alemana. Supuestamente para privar de ella a los aliados victoriosos, pero en gran parte para castigar a Alemania.

Pues bien, Trump lo sabe. Puede que lo niegue, puede que tenga sus momentos en los que realmente crea que las encuestas son todas falsas y todo eso, pero en muchos aspectos se está comportando como alguien que sabe que sus días de poder supremo están a punto de terminar. Él, por supuesto, no va a aceptar que sea culpa suya. La culpa es, obviamente, de los demócratas, que son todos comunistas. Es culpa de los republicanos, que no estuvieron a la altura de su liderazgo. La culpa es de todos menos de él.

¿Qué hace cuando se ve en una situación de derrota? Probablemente no se suicidará en el búnker del Führer, pero sí se encuentra en una situación en la que va a perder todo su poder. Bueno, lo que haces en esa situación, si eres alguien como Trump, que es un recipiente vacío: no hay nada ahí dentro, el único placer que parece obtener de la vida proviene de dominar a otras personas.

Pues bien, una cosa que haces es intentar poner tu nombre en todas partes, o dejar tu huella en todas partes. Así que Trump, según informan Swan y Haberman, se pasa la mayor parte del tiempo pensando en sus proyectos de construcción e intentando dejar su huella en todo lo que hay en Washington. 

 Lo que creo que no estamos valorando del todo, incluso en relación con esos proyectos, es que no hay mucha construcción propiamente dicha. Se están poniendo muchas cosas en marcha, pero hasta ahora ha sido sobre todo destrucción, sobre todo derribos. No tenemos un arco del triunfo, pero sí un agujero donde se supone que debía estar el salón de baile. Lo único que tenemos es una gran cantidad de daños causados a la capital de nuestra nación y a las estructuras emblemáticas que se suponía que debían definir y simbolizar quiénes somos como país. La magnitud de la destrucción es realmente asombrosa.

Así que no voy a intentar hacer ningún montaje de vídeo sofisticado aquí. Simplemente os voy a mostrar una foto de cómo se ve ahora mismo los alrededores de la Casa Blanca. Ahí la tenéis. Esa zona desnuda es el Jardín Sur, destrozado a causa de la «pelea en jaula» de Trump. Se puede ver en esa esquina el agujero en el suelo, que es donde solía estar el ala este de la Casa Blanca. Básicamente, Trump ha dejado, hasta ahora, escombros a su paso.

Incluso las cosas que no han implicado derribar nada, como el dorado de las estatuas o la horrible redecoración de la Casa Blanca, son de una fealdad insuperable. Eso se debe en parte a que Trump tiene un gusto terrible, pero también es, creo, una clara señal de agresividad. Está diciendo: «Ah, sí, ¿me vais a dar un índice de aprobación del 33 %? Pues voy a hacer que la capital del país sea lo más fea posible en este poco tiempo que me queda». 

 Ahora bien, todo esto es superficial. Son cosas que se pueden reparar y que se repararán. Costará mucho dinero, pero no pasa nada. Así que reconstruiremos la Casa Blanca. Volveremos a sembrar el Jardín Sur. Quitaremos el dorado de las estatuas. Haremos que la Casa Blanca vuelva a ser un lugar digno.

Pero, ¿cuánto más está por venir? Cuando hablamos de los últimos días de Hitler, como ya he dicho, uno de sus últimos intentos fue lo que se conoce como el «Decreto de Nerón», que consistió en un intento de destruir la mayor parte posible de la infraestructura alemana, supuestamente para privar de ella a los aliados victoriosos. Pero está claro, e incluso hay pruebas de que, en realidad, él lo consideraba claramente una forma de castigar al pueblo alemán por haberle fallado.

Ahora bien, la historiografía es un poco más complicada que eso, como suele ser habitual, pero esa es claramente la esencia del asunto: que los últimos actos de Hitler consistieron básicamente en intentar arrastrar a todos los demás con él.

¿De verdad quieres decir que eso no es lo que va a pasar con Trump? Suponiendo que pierda gran parte, si no todo, su poder para influir en los acontecimientos este noviembre —y, por supuesto, a todos nos preocupa cómo podría intentar perturbar o invalidar las elecciones—, pero suponiendo que no consiga hacerlo, se encontrará en una posición muy debilitada. ¿Cuánto daño causará, básicamente, al vengarse de Estados Unidos?

 Porque hay que tener siempre presente que Trump odia a Estados Unidos. Odia los valores sobre los que se construyó este país. Odia la democracia. Odia el Estado de derecho. Odia todo aquello que se supone que nos define como nación.

Pero cada vez parece más claro que, sencillamente, odia este país porque este no le quiere. ¿Cuánto daño causará? ¿Cuánto daño puede hacer? No quiero hacer una predicción concreta, pero estoy preocupado.

Y no digáis que no lo hará o que no puede hacerlo. Esas han sido las famosas «últimas palabras» una y otra vez durante la última década. Así que esto va a ser aún peor, aún más feo, creo que más de lo que la mayoría de la gente imagina.


Que paséis un buen resto del día."

(Paul Krugman , blog, 26/08/26, traducción DEEPL)  

20.8.26

Vivimos en una era de «normalización»: la aceptación gradual, si no sutil, de realidades que son reprochables, a menudo criminales y, con frecuencia, absurdamente anormales... El terror sionista ahora está normalizado. La complicidad de Estados Unidos en este terror cotidiano ahora está normalizada; el régimen criminal de Tel Aviv está normalizado... Simplicius atribuyó esta tendencia al “sesgo de normalidad”, es decir, la aceptación generalizada de lo que es, simplemente porque es... Claramente perturbado e incompetente, Donald J. Trump se ha normalizado como presidente... Jared Kushner y Steve Witkoff, los enviados de Trump para las relaciones don Moscú y Teherán, son casos verdaderamente trascendentales de incompetencia normalizada... La premisa que comparten Jared Kushner, Steve Witkoff y el hombre que los designó —y este es el punto clave— es que no hay necesidad de saber nada sobre los asuntos. Estos tres son propietarios de inmuebles en Nueva York. Esto se menciona ocasionalmente en los medios, pero nunca como algo más que una curiosidad pasajera sin mayor importancia... En el mundo de las transacciones inmobiliarias, no importa en absoluto lo que piensen quienes están al otro lado de la mesa de caoba. Lo único que importa es defender los propios intereses... Comprender las perspectivas de los demás es fundamental para una diplomacia eficaz... En más de una ocasión, las negociaciones resultaron ser una tapadera para ataques inminentes. Esta puede ser una excelente táctica si se quiere engañar a un competidor en el mercado inmobiliario de Nueva York con el fin de arruinarlo, pero, los diplomáticos iraníes ni siquiera quieren estar en la misma sala que estos dos... Putin y Sergei Lavrov ni siquiera les hablan, pues ven sentido en hacerlo... Kushner y Witkoff seguirán adelante. Su ignorancia, incompetencia, corrupción, lealtades divididas y perfidias reiteradas se han normalizado; no olvidemos que esto es una traición a todos nosotros (Patrick Lawrence)

"Vivimos en una era de «normalización»: la aceptación gradual, si no sutil, de realidades que son reprochables, a menudo criminales y, con frecuencia, absurdamente anormales. Cabe mencionar de inmediato que la normalización es una táctica esencial de los poderosos en un mundo tan aberrante y autodestructivo como el nuestro. 

En los casos más evidentes, este proceso de normalización resulta imposible de pasar por alto.

¿El poder oficial y los medios de comunicación al servicio del poder tardaron aproximadamente un año en normalizar el genocidio en Gaza? El terror sionista ahora está normalizado. La complicidad de Estados Unidos en este terror cotidiano ahora está normalizada; el régimen criminal de Tel Aviv está normalizado.

Claramente perturbado e incompetente, Donald J. Trump se ha normalizado como presidente, ocupando el mismo lugar que Jefferson, Lincoln, FDR y Kennedy.   

En su boletín de Substack del otro día, Simplicius atribuyó esta tendencia al “sesgo de normalidad”, es decir, la aceptación generalizada de lo que es, simplemente porque es. Históricamente, esta es una característica común de los imperios en su fase final. Bajo el titular “ Bis en el Circo de Hormuz: el mayor espectáculo del mundo ”, esto:

“La sociedad estadounidense vive en un estado de sesgo de normalidad, mientras políticos con bronceado artificial se lamentan de una especie de ‘Edad de Oro’, mientras que prácticamente todo lo asociado con el imperio estadounidense se va lentamente al traste.” 

Yo diría que PDG. Quizás incluso PFG.

Luego están los casos de normalización que no suelen mencionarse. Y aquí me centro en la diplomacia y la diplomacia del régimen de Trump. 

Nunca se lee en la prensa corporativa sobre hasta qué punto los emisarios de Trump se extralimitan en sus funciones, ni sobre lo ruinosas que son sus compulsiones ideológicas, ni sobre sus lealtades divididas, ni sobre su incapacidad para cumplir con sus deberes, ni sobre su ignorancia destructiva del mundo: no, todo esto se ha normalizado.   

Está el caso de Charles Kushner, embajador de Trump en París. Charles Kushner es un delincuente convicto —evasión fiscal, manipulación de testigos, contribuciones políticas ilegales— con antecedentes penales. Charles Kushner es un sionista fanático que, a principios de este año, se negó a comparecer ante el Ministerio de Asuntos Exteriores francés cuando se le citó para responder por sus provocaciones antisemitas generalizadas, lo que llevó al ministerio a señalar su «incomprensión» y a prohibirle, brevemente, el contacto con funcionarios franceses. 

Francia, Bélgica, Polonia, Italia: los designados por Trump causan estragos en toda Europa, generalmente interviniendo en los asuntos internos del país anfitrión, algo que hasta un estudiante de primer año de relaciones internacionales sabe que es una práctica diplomática inaceptable. Todos comparten ciertas características: son sionistas, no tienen ni idea de lo que hacen como embajadores y, actuando más bien como cónsules imperiales, no muestran ningún interés evidente en una política exterior estadounidense viable y constructiva.

Esto me lleva a Jared Kushner y Steve Witkoff, los enviados de Trump. Estos son casos verdaderamente trascendentales de incompetencia normalizada. Son, como todos los demás, sionistas siempre atentos a los intereses del Estado judío. Y, como los demás, tampoco demuestran comprender lo que hacen ni, de hecho, nada que pueda considerarse una política estadounidense coherente. Nada de esto se menciona jamás en los medios corporativos: así es como se normaliza lo anormal.  

Juntos, Kushner y Witkoff han estado a cargo de las relaciones diplomáticas de Trump con Irán y Rusia. No saben nada de Irán, ni de Asia Occidental más allá de lo que les dicta la ideología sionista a la que se adhieren, ni de Rusia ni de Ucrania, ni de Europa en general. Desconocen por completo la historia de todas estas naciones y regiones. 

Normalizar la incompetencia

La premisa que comparten Jared Kushner, Steve Witkoff y el hombre que los designó —y este es el punto clave— es que no hay necesidad de saber nada sobre los asuntos mencionados. Estos tres, junto con Charles Kushner, padre de Jared K., son propietarios de inmuebles en Nueva York. Esto se menciona ocasionalmente en los medios, pero nunca como algo más que una curiosidad pasajera sin mayor importancia. 

Sería difícil exagerar la gravedad de esta normalización de la incompetencia.

Quizás creas que sabes poco o nada sobre las prácticas de los agentes inmobiliarios de Nueva York, pero si has seguido la trayectoria de Witkoff y Kushner el joven —¿es «trayectoria» mi palabra?— sabes más de lo que piensas. En el mundo de las transacciones inmobiliarias, no importa en absoluto lo que piensen quienes están al otro lado de la mesa de caoba, ni a qué aspiren, ni cuáles sean sus intereses. Lo único que importa es defender los propios intereses.

Se lee por aquí y por allá que las gestiones de Kushner y Witkoff con Moscú y Teherán reflejan un «estilo» diplomático. Seguimos con la normalización de la estupidez y la arrogancia como una simple nueva forma de hacer política. Comprender las perspectivas de los demás es fundamental para una diplomacia eficaz. Esta idea parece no cruzar jamás por la mente de las personas que menciono aquí. «Estúpidos» no es un término demasiado fuerte para todos ellos.   

En el caso ruso, los lectores recordarán el plan de 28 puntos que Kushner y Witkoff negociaron con los rusos el pasado noviembre para lograr una solución a la crisis de Ucrania. Como escribí en su momento , consideré que ese documento era notable por el grado en que reconocía los legítimos intereses diplomáticos y de seguridad de Moscú. 

Pero, al final, esto se debió únicamente a que ni Witkoff ni Kushner entendían nada sobre la relación de seguridad entre Oriente y Occidente, y el plan de 28 puntos, después de que los europeos lo desmantelaran, pronto quedó obsoleto.

Ahora leen que Vladimir Putin y Sergei Lavrov ni siquiera hablan con estos dos, pues el presidente ruso y su ministro de Asuntos Exteriores no ven sentido en hacerlo. Aparte de lo que pueda estar ocurriendo en secreto, por el momento no existen contactos diplomáticos entre Moscú y Washington. Buen trabajo, enviados especiales Kushner y Witkoff. 

Lo mismo ocurre con los iraníes. Witkoff y Kushner traicionaron a Teherán de forma infame el año pasado y a principios de este, cuando se hizo evidente que trabajaban tanto o más en favor de Israel que de Estados Unidos.

En más de una ocasión, las negociaciones resultaron ser una tapadera para ataques inminentes. Esta puede ser una excelente táctica si se quiere engañar a un competidor en el mercado inmobiliario de Nueva York con el fin de arruinarlo, pero, una vez más, según se informa, los diplomáticos iraníes, desde Abbas Araghchi , el altamente profesional ministro de Asuntos Exteriores de Teherán, ni siquiera quieren estar en la misma sala que estos dos.

Esto no es diplomacia. Aquí no hay maestría, solo, para usar el término francés, incomprensión. Y es el colapso de la diplomacia estadounidense en manos de estos dos, tanto como cualquier otro fracaso estrepitoso, lo que explica el peligro generalizado con el que debe vivir la humanidad. 

Así es como mejor se entiende a Kushner y Witkoff. Seguirán adelante. Su ignorancia, incompetencia, corrupción, lealtades divididas y perfidias reiteradas se han normalizado; no olvidemos que esto es una traición a todos nosotros.

(Patrick Lawrence, Consortium news, 19/08/26, traducción Gaceta Crítica)

9.8.26

Guillermo Fesser: Estados Unidos es ya una dictadura de facto... A ver, la gente está despertando... aquí hemos vivido muchos meses con esto no puede suceder aquí, esto no puede suceder aquí, pero claro, cuando se llevan a tu vecino, cuando se llevan al trabajador de tu empresa, cuando se llevan al cocinero del restaurante al que sueles ir, empiezas a plantearte qué diantes está pasando aquí, ¿no? La dictadura, que ya es una dictadura de facto, eh, ha avanzado rápidamente, firmemente y en muchos frentes y ha desbaratado completamente a la oposición... una oposición, un partido demócrata que sigue pensando que las reglas del juego son las mismas, que sigue pensando que escribir una carta de protesta al New York Times va a valer para algo... el sistema no está preparado para defenderse de un presidente que es un traidor. El sistema no está preparado para eso... ha venido Trump, que piensa que este país no es un country, que es un country club y que solo es para miembros blancos de descendencia europea, de religión cristiana y que todo está preparado para forrarse ellos mismos y sus familias... El tema está que hasta ahora los malos disimulaban, "No, no, yo no te lo quiero pitar." y por la espalda sacaban la mano. Ahora ya van con la cara descubierta porque la gente es tan burra que han conseguido manipularla, ¿no? Y han conseguido lo que lo que anticipó Orwell en su en su novela de 1984. No te creas lo que ves, no hagas caso de lo que oyes. Haz caso al al amo y señor que en estos momentos se llama Donald Trump

"Entrevista a Guillermo Fesser, periodista y escritor: Estados Unidos es ya una dictadura de facto

 Guillermo, nos saludas, creo, desde Rinebec, no sé si lo digo bien. 

Lo dices, como se escribe, que es como deberían ser los idiomas, pero los ingleses para engañarnos ponen todo de una manera que luego no saben ni ellos mismos cómo decirlo. Entonces dice Rinebet, que al final es un viene de los holandeses que llegaron aquí. Rin es del Ring, del río Ring que les recordaba al río Rin de Europa y Beck es como la la curva, o sea, es donde el río donde el río Hson hace una gran curva. A 10 minutos del centro te vendería cualquier cualquier inmobiliario un chalecito por aquí a 10 minutos del centro de Noel. 

A ver, la gente está despertando, ¿no? Porque claro, es muy difícil por muchos motivos eh que la gente se crea que lo que está ocurriendo es es cierto, ¿no? Desde pequeñitos les han dicho que Estados Unidos es el país número uno del mundo, que es el más puntero, que todo Dios quiere venir a Estados Unidos y los que no vienen se mueren de pena y se muerden las uñas soñando que algún día podrán hacerlo. 

Y claro que que ahora eh eh es un despertar pues muy fuerte, ¿no? O sea, aquí hemos vivido muchos meses con esto no puede suceder aquí, esto no puede suceder aquí, pero claro, cuando se llevan a tu vecino, cuando se llevan al trabajador de tu empresa, cuando se llevan al cocinero del restaurante al que sueles ir, empiezas a plantearte qué diantes está pasando aquí, ¿no? 

La dictadura, que ya es una dictadura de facto, eh, ha avanzado rápidamente, firmemente y en muchos frentes y ha desbaratado completamente a la oposición, ¿no? una oposición, un partido demócrata que sigue pensando que las reglas del juego son las mismas, que sigue pensando que escribir una carta de protesta al New York Times va a valer para algo y que sigue eh intentando hacer una moción a una ley que dura 7 semanas, mientras que cada 24 horas este monstruo hace una cosa nueva, ¿no? 

Entonces, eh el sistema no, el sistema no está preparado para defenderse de un presidente que es traidor. El sistema no está preparado para eso. Aquí, por ejemplo, estos llevan veintitantos años metidos en guerras con Irak, con Afganistán. Aquí no se entera nadie. Salvo que tengas un cuñado o un primo que viene de hacer por ahí una ronda o que te toque que un compañero del colegio, le han matado allí. Aquí la gente, o sea, son como dos realidades distintas, ¿no? El interior de Estados Unidos y el exterior de Estados Unidos. Esto ha sido siempre, eh, es decir, lo de lo de Groenlandia no es nuevo. Eh, en 1893 tomaron Hawaii y en el 97 se lo anexionaron por el morro, pero era fuera en el extranjero. 

Y aquí la gente le explicaban, ¿no?, que que es mejor para ellos porque al final no saben gobernarse y mira, les hemos llevado la paz y la democracia y tal y todo el mundo contento. La gran diferencia es que ahora es dentro de Estados Unidos, es decir, Estados Unidos sacaba las garras fuera y aquí no pasaba nada, pero ahora está utilizando las garras hacia dentro y está desgarrando a su propia población. Y es lo que todo el mundo está sorprendido. A los que les toca cerca directamente envalentonado se han convertido en héroes, como lo estamos viendo en Minneápolis. 

Pero hay mucha gente en otras ciudades que como todavía no les ha tocado, todavía están pensando, bueno, a ver si en las elecciones de noviembre eh cambiamos esto. Bueno, a ver si tenemos elecciones en noviembre. Ese es el gran problema. Es decir, aquí hay una enorme preocupación porque a esto eh se pueda parar. 

Eh, ¿cómo ves desde allí o cómo se ve desde Estados Unidos ese anuncio de Pedro Sánchez de regularizar a 500,000 inmigrantes en España cuando allí están persiguiéndolos y tiroteándolos por las calles, ¿no? 

A ver, esto obedece a una retórica que es la de criminalizar la pobreza, ¿no? Esta gente son héroes, no son criminales. Entonces, el intento de de convertirles en el problema es simplemente para que no veamos que Elon Musk y que que el señor Besos se están llevando el dinero de los impuestos que nos corresponde a todos y que haría que tuviéramos una seguridad social más interesante, una sanidad más llevadera, unas aceras más anchas, eh servicios, servicios, porque la gente no quiere tener, quiere tener acceso a esos servicios. 

¿Cómo creo yo que podemos cambiarlo y empezar a cambiarlo desde la calle? Es decir, aquí cuando tú vas [carraspeo] por la calle del pueblo, cuando pasas por una avenida de Nueva York, cuando recorres un supermercado Minnesota, si te aparece un estadounidense vestido de uniforme militar que sabes que viene de Afganistán, que acaba de llegar de de Irak, que acaba de llegar de una base en Alemania de servir a su país donde le haya tocado servirlo, lo normal es pararte, mirar a los ojos y decir, "Thank you for your service. Muchas gracias por los servicios prestados, señor o señora, si es una una chica, ¿no? 

Pues yo creo que ahora eh en Estados Unidos cada vez que te encuentres un latino que seguramente es estamos hablando de la señora que ha venido a limpiarte la casa, que estamos hablando del señor que ha venido a cortarte el césped, que estamos hablando de los señores que están cocinando en el restaurante que tú vas a comer, que estamos hablando del grupo que te ha pintado la casa o que están pintando la casa del vecino, que estamos hablando de la gente que está en los mataderos haciendo posible que te comas una hamburguesa, que están recogiendo eh eh las verduras para que tú te puedas hacer una menestra, pues cada vez que veas un latino o una latina en la calle, lo mejor es pararse, mirarles a los ojos, decirles muchas gracias por su servicio, señor. 

Lo que ha hecho eh Zoran Mandani es romper eh dos estereotipos hasta ahora mantenidos fictici en Estados Unidos. Uno es que este país no está preparado para gente tan de izquierdas. el susto de que si es socialista, el susto de que si eh es comunista que me va a quitar lo mío, el susto de no sé, la idea siempre de comparar eh la social democracia, que es lo que tenemos en España o que es lo que ahora mismo o qué es lo que tienen los huecos con King Un, ¿no? Como si una cosa fuera exactamente lo mismo. 

Y entonces estos bocazas de de las redes sociales cada vez que comentas algo de este tipo te dicen, "Pues vete a vivir a Venezuela." No tiene una cosa que ver con la otra. Entonces, eh en primer lugar hemos visto que no es verdad que no sería nunca posible elegir o no esto porque lo han elegido. Hemos visto a gente con 18 años recién cumplidos, con 19, con 20, con 21, con 24, con 32, que no salen nunca a votar, eh, y como muchos las generales que han ido a votar en masa a unas primarias y han conseguido que salga como candidato de las primarias Mandani. Luego ya después Nueva York es demócrata. 

El candidato que había era Mandani, pues Nueva York ha votado Mandani, todo menos votar a a lo que ofrecían los republicanos, ¿no? Porque además el partido demócrata ha hecho una cosa que yo creo que es terrible, que es como ha salido Trump votado por tanta gente y Trump es tan fascista, igual es que este país no puede soportar que seamos tan liberales. Y en lugar de de decir con dos estas las ideas que tengo, voy a defenderlas, es ay, me arrugo un poco y me hago un poco más facha. para ver si me votan a mí también. O sea, impresable.

 Bueno, pues entonces eh vamos a ver, vamos a ver si esta gente asustadiza eh con más primarias que están llegando de aquí a noviembre eh se dan cuenta que este país ya está preparado eh para ideas tan revolucionarias como que la gente tenga un seguro médico. El asunto de la sanidad es uno de los asuntos más graves de este país, especialmente teniendo en cuenta que a través de impuestos el estadounidense contribuye proporcional proporcionalmente mucho más que cualquier europeo al tema de la sanidad. 

Es decir, aquí los estadounidenses pagan más por una sanidad y reciben mucho menos. Para que te ha una idea, yo acabo de cumplir 65. Yo tengo el seguro gratis universal de jubilados en Estados Unidos y yo pago 1,200 € todos los meses. Como era tantísima gente la que no podía contratar un seguro privado, eh, Obama lo que inventa Obamacare es unas subvenciones federales para que puedas pagarte ese seguro. Es decir, mire usted, si el seguro le pide que pague 00 todos los meses y usted no puede, eh, si lo hace a través de con estas características que tiene usted que cumplir, pues el seguro le vale a lo mejor 400. Eso es lo que hace Obama. Como que son ayudas para poder pagar el seguro. Eso es lo que se ha ha cargado, acaba de cargar el presidente Trump y sus minions en el Senado y en el Congreso con la big beautiful bill, con la con la gran eh ley para cortar impuestos a a billonarios que ha dejado sin Obamacare, sin subvenciones para el seguro a 14 millones de ciudadanos. 

¿Qué significa eso? que hay 14 millones de ciudadanos ahora más que no pueden permitirse el seguro, no está mal, pero que al resto de los que tienen seguro, como las compañías de seguros pierden de golpe 4 millones de clientes, tienen que subírselo. Entonces, estamos viendo gente que se queda sin seguro y gente que estaba pagando gracias al Obamaquer 400, que ahora le dicen que son 750 y tampoco pueden. Con un país que no es un país, que es un negocio y que aquí se premia a todo el que haga caza, pues no vamos a ningún lado.

 Entonces, la gran pelea de este país es, ¿queremos que sea un país o queremos que sea un club privado. En esa guerra estábamos entre Trump y Camala Harris o Biden, que no son la madre Teresa de Calcuta ni Gandhi, pero que por lo menos pensaban que este país tenía que empezar a irse hacia convertirse en un país que da servicio a los ciudadanos. Y este que ha venido Trump, que piensa que este país no es un country, es un country club y que solo es para miembros eh blancos de descendencia europea, de religión cristiana y eh preparar para forrarse ellos mismos y a sus familias, o sea, es impresentable. Entonces, claro, en manos de estos borricos no vamos a ningún lado. 

¿Cómo se soluciona esto? pues con conciencia social desde pequeñitos en la escuela de decir, "Señores, esto de tener un país y una democracia no es gratis, no es que hay unos listos que ya no sacan adelante todo." Tener héroes como Superman que vuelan con capa vuela mucho porque te solucionan los problemas mientras tú estás en casa. Pero es que a veces a veces hay que ponerse la capa y no puedas volar, salir por la calle a darte una vuelta, ¿no? Porque yo creo que o esto lo defendemos todos, como se está viendo ahora mismo en Minneapolis, o los malos no lo quitan y y y los malos quieren quitárnoslo. 

El tema está que hasta ahora los malos disimulaban, "No, no, yo no te lo quiero pitar." y por la espalda sacaban la mano. Ahora ya van con la cara descubierta porque la gente es tan burra que han conseguido manipularla, ¿no? Y han conseguido lo que lo que anticipó Orwell en su en su novela de 1984. No te creas lo que ves, no hagas caso de lo que oyes. Haz caso al al amo y señor que en estos momentos se llama Donald Trump. [música]"

( Entrevista a Guillermo Fesser, Sociología Crítica, 06/08/26)

4.8.26

Trump ha descubierto nuevos usos de su red social. A pesar de ser el presidente de los Estados Unidos y, por tanto, una de las pocas personas del planeta que cada una de sus palabras puede causar un movimiento inmediato en los mercados financieros, el buen hombre tiene la costumbre de especular en bolsa en sus ratos libres. Una de sus costumbres, según parece, es comprar o vender acciones poco antes de que mencione una empresa en Truth Social, sabiendo que sus exabruptos o halagos harán que su valor cambie de inmediato. Así que, pasito a pasito y trolleo a trolleo, Trump ha ido ganando sus cientos de millones de dólares a golpe de manipular el mercado todo contento y feliz. ¿Que esto es técnicamente especular utilizando información privilegiada y que si lo hiciera cualquier otra persona acabaría en la cárcel? Ah, pero es que el presidente es distinto, ya sabéis, porque el Tribunal Supremo le dio inmunidad casi total, y todo el mundo sabe que la corte pasaría absolutamente todo si alguien lo denunciara... y ya puestos, sabiendo que tu palabra mueve montañas, Truth Social ha innovado, creando una servicio para financieros: por unos meros $100.000 al mes, tu fondo de inversión, chiringuito especulador infame puede conectarse con la Truth API, ganando acceso avanzado y prioritario a las sagradas proclamas del líder... Imaginad que el CEO de General Motors fuera pillado cobrando mordidas de $100.000 por filtrar a personas interesadas los resultados trimestrales de la empresa, horas antes de que se hicieran públicos. Todos los implicados serían inmediatamente denunciados por al menos media docena de reguladores... Esta es una Casa Blanca con decenas de escándalos de corrupción, pero lo de pasar el cepillo para vender potenciales secretos de estado se lleva la palma (Roger Senserrich)

"Anales de corrupción creativa Y otras historias del trumpismo

Cuando Twitter decidió expulsar a Trump de su plataforma por animar a una masa enfurecida a asaltar el Capitolio y dar un golpe de estado, el entonces expresidente tomó la decisión de que nunca más iban a echarle de una red social. Convencido de la lealtad de sus seguidores y el poder de su inigualable capacidad de trolleo, el buen hombre tomó la decisión de crear una red social de la nada.

 La página en cuestión, modestamente llamada Truth Social (“verdad”, así como el Pravda de toda la vida) fue lanzado a principios del 2022, y fracasó estrepitosamente. Aunque Trump lo usaba con entusiasmo, la página sólo atrajo un puñado de pelotas del movimiento MAGA hiperventilados, unos cuantos superfans, y una horda de bots. Las estimaciones más optimistas le dan algo más de seis millones de usuarios mensuales, una fracción de Twitter o incluso de la muy modesta BlueSky.
Corrupciones creativas

Aún con esta audiencia lamentable y escandalosas pérdidas acumuladas, la familia Trump se las ha apañado para ganar una pequeña fortuna con su red social. Su salida a bolsa fue un maravilloso ejercicio de ingeniería financiera diseñado para sablar dinero a bobos que querían “invertir” en la presidencia / hacer un donativo directo al presidente fingiendo ser un lerdo.

Aunque sigue perdiendo dinero a espuertas, Trump Media (la empresa propietaria de la paginita) ha seguido una especie de paseo aleatorio de timos semi-obvios, incluyendo criptomonedas y bitcoin, y una (incomprensible) fusión empresarial con TAE, una compañía que dice estar trabajando en fusión nuclear.

Ninguno de estos proyectos está ganando demasiado dinero, pero Trump ha descubierto nuevos usos de su red social. A pesar de ser el presidente de los Estados Unidos y, por tanto, una de las pocas personas del planeta que cada una de sus palabras puede causar un movimiento inmediato en los mercados financieros, el buen hombre tiene la costumbre de especular en bolsa en sus ratos libres. Una de sus costumbres, según parece, es comprar o vender acciones poco antes de que mencione una empresa en Truth Social, sabiendo que sus exabruptos o halagos harán que su valor cambie de inmediato. Así que, pasito a pasito y trolleo a trolleo, Trump ha ido ganando sus cientos de millones de dólares a golpe de manipular el mercado todo contento y feliz.

¿Que esto es técnicamente especular utilizando información privilegiada y que si lo hiciera cualquier otra persona acabaría en la cárcel? Ah, pero es que el presidente es distinto, ya sabéis. Primero, porque las leyes que exigen a los funcionarios públicos a no jugar en el mercado de valores incluyen a todo el ejecutivo menos al presidente, porque en su día nadie se imaginó que un jefe de este iba a ser tan extravagantemente corrupto como Trump. Segundo, porque el Tribunal Supremo le dio inmunidad casi total, y todo el mundo sabe que la corte pasaría absolutamente de todo si alguien lo denunciara.
Sobornos, de oferta

Esto, supongo, le habrá dada a Trump una idea. Es muy bonito ver como tu fortuna aumenta tras dar un pelotazo usando tu posición en el centro del país más rico del planeta para mover los mercados, pero no deja de ser una oportunidad perdida. Estaría bien, por ejemplo, que otros especuladores se sumaran a la fiesta para hacer que tu enriquecimiento personal fuera aún más exagerado. Ya puestos, sabiendo que tu palabra mueve montañas, no estaría de más monetizar ese poder, cobrando a esos especuladores el privilegio de leer todo lo que vas a enviar unos minutejos antes de salga publicado para las masas.

Así que Truth Social ha innovado, creando una servicio con un valor añadido único para profesionales financieros: por unos meros $100.000 al mes, tu fondo de inversión, chiringuito especulador infame o saco de estafas fiduciario puede conectarse con la Truth API, ganando acceso avanzado y prioritario a las sagradas proclamas del líder.

Imaginad, por un momento, que el CEO de General Motors, Apple, Siemens o Inditex fuera pillado cobrando mordidas de $100.000 para filtrar a personas interesadas los resultados trimestrales de la empresa horas antes de que se hicieran públicos. Todos los implicados serían inmediatamente denunciados por al menos media docena de reguladores en uno de los casos de fraude más bonitos, fáciles y divertidos de la historia del departamento de justicia.

Hace apenas unos meses la administración Trump detuvo a un soldado que ganó $400.000 en uno de esos mercados de predicciones apostando que iban a atacar Venezuela. El tipo iba a tomar parte en la operación, y su apuesta le costó ser acusado de uso indebido de información confidencial para beneficio personal, robo de información restringida del gobierno y fraude mercantil. El mes pasado despidieron al encargado del teleprompter de Trump porque estaba haciendo lo mismo apostando en lo que iba a decir en sus discursos.

El presidente, en cambio, no solo está haciendo esto personalmente todo el santo rato, sino que está cobrando dinero para que otros se unan al chanchullo.
¿Consecuencias? Je.

No está claro cuántas empresas se han apuntado hasta ahora a este “negocio”. Al presidente la fiscalía no le dirá ni pío, y no lo pueden trincar ni siquiera por revelación de secretos, ya que goza de autoridad ilimitada para desclasificar lo que le plazca. Está mucho menos claro sobre la situación legal de aquellos que paguen esta especie de soborno presidencial para tener acceso a información privilegiada, y existe un riesgo limitado pero en absoluto trivial de que una administración futura se lie a denunciar a gente. Si los demócratas ganan las elecciones en noviembre, la posibilidad de una investigación del congreso tampoco es nada agradable.

Incluso si nadie da el paso, el mero hecho de que a alguien dentro de Truth Social esto le pareciera una buena idea y el presidente accediera a ello es delirante. Esta es una Casa Blanca con decenas de escándalos de corrupción, pero lo de pasar el cepillo para vender potenciales secretos de estado se lleva la palma.

El maldito estanque

La fiscal de distrito de Washington DC, Jeanine Pirro, ha retirado los cargos a un pobre tipo al que había acusado de “sabotear” el estanque reflectante del memorial de Lincoln. En el escrito pidiendo al juez parar el caso, Pirro dice que el departamento de interior (quien lleva los parques nacionales) les dio información incorrecta sobre el estado del estanque.

Esto ha provocado una histérica respuesta del secretario de ese departamento, Doug Burgnum, insistiendo que fueron vándalos los que atacaron y destruyeron el estanque, y que lo que dice la fiscal de que el proyecto era una chapuza no es cierto:

Trump se ha puesto del lado de su secretario de interior, a pesar de que es obvio que todo el proyecto fue un desastre y que las hordas de antifa sólo existen en su mente malsana.

Porque lo normal estos días es tener un presidente que niega la realidad alegremente doce veces por semana.
La guerra tonta

Tras pasarse unos cuantos días amenazando con arrasar Irán, pausar los bombardeos, ver como Irán sigue atacando cosas, amenazar más ataques, prometer a Israel que iban a acabar con todo, etcétera, Trump ha vuelto a declarar otro alto el fuego porque dice que Irán está dispuesto a negociar y van a aclarar el estatus del estrecho de Ormuz.

El precio del petróleo ha vuelto a bajar de inmediato, a pocas horas de que los mercados reabran el lunes. Trump ha perdido la guerra, y parece que lo sabe todo el mundo menos él.
Fondo de corrupción desaforada, volumen II

Tras la enorme polémica levantada por su intento de crear un fondo para dar miles de millones de dólares de “indemnización” a los co-golpistas del 2021, incluyendo a los asaltantes al Capitolio, Trump aparentemente se echó para atrás. Al menos un ratito.

Semanas más tarde, el buen hombre decidió nominar a fiscal general a Todd Blanche, el abogado que tuvo la idea y “acordó” crear ese fondo. Dos senadores republicanos (que Trump se ha cargado en sus primarias) se han plantado y han dicho que a no ser que Blanche prometa no crear fondo alguno, no votarán su nominación. Trump se ha cabreado como una mona e insiste que van a poner ese dinero y que los senadores son unos vendidos.
Patanes y becarios

En el departamento de cosas obvias que no dan pena a nadie, Politico tiene un divertido artículo en el que cargos dentro del partido republicano se quejan amargamente en privado de que todos los becarios y nuevos empleados que vienen a trabajar al congreso son poco menos que nazis idiotizados con el cerebro podrido por Twitter.

Quizás eso de nombrar Presidente a Trump era mala idea, no sé.
Anales presidenciales

Para celebrar que su popularidad está sobre el 35% en los sondeos, con sólo Richard Nixon pre-dimisión por debajo de él en la serie histórica, con el país en guerra, etcétera, etcétera, Trump celebraba ayer su victoria en el torneo de golf en su club de Nueva Jersey."


(Roger Senserrich , blog, 03/08/26)

28.7.26

Paul Krugman: Hay incendios forestales de gran magnitud en Francia y España... es algo que era previsible y que ya se había pronosticado. En un informe de 2012 de la ONU se pronosticaba muy claramente un aumento de los fenómenos meteorológicos extremos. Esto estaba claramente anunciado... los científicos del clima lograron algo extraordinario desde el punto de vista intelectual. Acertaron las líneas generales de lo que se avecinaba y, en muchos aspectos, incluso las cifras concretas con décadas de antelación. En cualquier mundo racional, los estaríamos aclamando como héroes... la realidad es que los científicos climáticos son vilipendiados. El cambio climático está prácticamente excluido del debate político y existe una persecución personal bastante notable contra personas a quienes se castiga por el «pecado» de haber acertado... La industria de los combustibles fósiles está agonizando, pero lo hace lentamente y están haciendo todo lo posible por arrastrarnos a todos con ellos... Esto se relaciona con las personas que dirigen el Gobierno federal, y que odian la ciencia... no estoy seguro de que tengan siquiera el concepto de que exista una realidad objetiva. Y sin duda odian a cualquiera que intente argumentar que lo que dicen no es cierto desde un punto de vista objetivo y empírico... y el gran capital —y el gran capital nunca ha sido tan grande— ha puesto todo su peso detrás de estas personas profundamente antiintelectuales y anticientíficas

"La ignorancia deliberada, quema.

 Hay quien dice que el mundo acabará en llamas. Hay quien dice que en hielo. Robert Frost escribió eso en 1920. Tras más de un siglo, ya tenemos el veredicto: ganan las llamas.

Hola, soy Paul Krugman. He pensado en hablar hoy de una noticia que debería estar recibiendo aún más atención de la que está recibiendo. Es que están pasando muchas cosas, pero, ya sabéis, Europa está en llamas. Hay incendios forestales de gran magnitud en Francia y España que han obligado a evacuar a cientos de miles de personas, amenazan Burdeos y no están muy lejos de Madrid. Esto, por supuesto, viene tras los enormes incendios forestales de Canadá que, durante un tiempo, hicieron que Toronto tuviera la peor calidad del aire del planeta y tiñeron de naranja los cielos y contaminaron el aire en gran parte del este de Estados Unidos.

Y eso, a su vez, vino tras esa mortífera ola de calor en Europa que mató a miles de personas.

Vale. Es bastante terrible. Pero también es algo que era previsible y que ya se había pronosticado. Si echamos la vista atrás —he estado consultando un informe de 2012 de la ONU, su proyecto sobre el clima—, en él se pronosticaba muy claramente un aumento de los fenómenos meteorológicos extremos, olas de calor extremas, tormentas, inundaciones y, al menos de forma implícita, incendios forestales. Esto estaba claramente anunciado. 

 De hecho, la historia que, por alguna razón, no se ha convertido en la versión oficial es que los científicos del clima lograron algo extraordinario desde el punto de vista intelectual. Acertaron las líneas generales de lo que se avecinaba y, en muchos aspectos, incluso las cifras concretas con décadas de antelación. En cualquier mundo racional, los estaríamos aclamando como héroes y prestándoles mucha atención sobre lo que deberíamos estar haciendo ahora.

Por supuesto, la realidad es que los científicos climáticos son vilipendiados. El cambio climático está prácticamente excluido del debate político y existe una persecución personal bastante notable contra personas como Michael Mann y otros, a quienes se castiga por el «pecado» de haber acertado.

Vale, claro, es más que solo eso. Ahora bien, la cuestión del clima tiene múltiples niveles.

Por un lado, ya sabes, hay poderosos intereses creados que no quieren que te tomes en serio el calentamiento global. Los intereses de los combustibles fósiles están agonizando como industria, pero lo hacen lentamente y están haciendo todo lo posible por arrastrarnos a todos con ellos. Y tienen una enorme influencia en esta administración. 

 Esto se relaciona con otra cosa, que se aplica perfectamente a las personas que ahora dirigen el Gobierno federal, y es que odian la ciencia. Así que esto es algo generalizado. Casi siempre hay algún interés económico de por medio, pero no se trata solo de seguir el rastro del dinero. Es simplemente un odio genuino hacia toda la actividad científica. Y así, en un sentido obvio, el negacionismo climático va de la mano con la determinación del departamento de salud de RFK Jr. de encontrar una relación entre las vacunas y el autismo. Ha habido muchos estudios que dicen que no, que esa relación no existe, pero esa no es la respuesta que ellos quieren.

Y es que, en cierto modo, odian la idea misma de los científicos; odian la idea de cualquier tipo de investigación objetiva. Y eso alimenta directamente el negacionismo climático.

Y luego, en realidad, es incluso más amplio y profundo que eso. No creo que se pueda entender realmente lo que está pasando en esta administración sin señalar que existe una especie de odio hacia el intelecto, no solo hacia la ciencia, sino hacia cualquier tipo de reflexión profunda. Quiero decir que, en cierto modo —aunque no a un nivel muy profundo—, existe una correlación obvia entre que Trump diga que la razón por la que tuvimos incendios en Canadá es porque los canadienses no rastrillaron sus bosques —por cierto, dos millones de millas cuadradas de bosque boreal en Canadá—. Ya sabes, hay simplemente este absurdo, este tipo de absurdo perverso en toda la situación. 

 Y Pete Hegseth, que ha presidido la humillación del ejército estadounidense porque no estábamos preparados para la guerra del siglo XXI y los iraníes sí lo estaban. Así que está ocupado sufriendo bajas y, por supuesto, intentando ocultarlas, sufriendo daños enormes y un fracaso total de los objetivos bélicos ante los drones y los misiles y, básicamente, este nuevo mundo en el que los ucranianos están marcando el camino.

Esta es la guerra, que sigue requiriendo a algunas personas, sigue requiriendo un enorme valor personal. Pero las armas decisivas en la batalla son las máquinas, máquinas bastante avanzadas, aunque baratas en comparación con el costoso equipamiento que tenemos. Y así, aquí tenemos a Pete Hegseth, enfrentado a todo eso, y piensa que lo que necesita el ejército estadounidense es más testosterona. Y eso no es una metáfora. Literalmente, quiere administrar inyecciones de testosterona.

La verdad es que ni siquiera los antiguos espartanos ganaban batallas solo con flexionar los bíceps. El intelecto era una parte importante de la guerra, incluso en el siglo V a. C. Pero ahora, sobre todo, pensad en la locura que supone creer que todo se reduce a fuerza bruta, músculos y buena apariencia. Dios mío. 

 Pero todo esto no es más que odio hacia, básicamente, cualquier cosa que implique pensar en profundidad. Una vez más, la cuestión fundamental es que ni siquiera se trata exactamente, creo, de que la gente de este Gobierno mienta sobre el clima o sobre asuntos militares. Quiero decir, sí, claro que mienten mucho, pero no estoy seguro de que tengan siquiera el concepto de que exista una realidad objetiva. Y sin duda odian a cualquiera que intente argumentar que lo que dicen no es cierto desde un punto de vista objetivo y empírico.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? He estado escribiendo sobre la oligarquía, y es cierto que el gran capital —y el gran capital nunca ha sido tan grande— ha puesto todo su peso detrás de estas personas profundamente antiintelectuales y anticientíficas. A largo plazo —y no a muy largo plazo— esto va realmente en contra de sus propios intereses, pero supongo que el aliciente a corto plazo de las rebajas fiscales y de un gobierno corruptible —porque tienen el dinero para llevar a cabo la corrupción— pesa más que eso.

Y además, por supuesto, bastantes de los megamillonarios están ellos mismos metidos en esto. Si todos superamos esto, Elon Musk y la espantosa actitud general de la gente que de alguna manera acaba acumulando cientos de miles de millones de dólares se convertirán en una lección aleccionadora para las generaciones venideras. 

 En fin, ahí es donde estamos. ¿Qué puedo decir? Me gustaría mucho no hablar de cosas deprimentes, y de vez en cuando lo haré, pero vaya, estamos en una situación bastante complicada.

Y ahora mismo el cielo está azul, así que supongo que debería salir y pasar un rato al aire libre mientras aún podamos. 

Cuídate."

 (Paul Krugman blog, 27/07/26, traducción DEEPL,   

12.7.26

Para entender el crecimiento del trumpismo hay que ver qué ocurrió antes de su aparición y expansión, y comprender lo sucedido en EE.UU. desde los años 80... el enorme crecimiento de la polarización por clase social, que se ha estado desarrollando en dicho país, es el resultado del gran declive de la capacidad adquisitiva de la clase trabajadora —98 millones de personas en EE.UU. — que representa el 60% de la población laboral del país... Esta pérdida de poder adquisitivo ha generado graves problemas de asequibilidad, más del 40 % de la población no puede costearse los medicamentos... El 38 % de las personas con enfermedades terminales expresa preocupación por no poder pagar los tratamientos necesarios... 35.000 personas mueren cada año por falta de seguro médico... La creciente comercialización del sistema sanitario ha sido clave en este proceso dominado por empresas privadas con ánimo de lucro... La crisis de asequibilidad de los servicios sanitarios en Estados Unidos es estructural: este país gasta más en atención médica, incluso más en fondos públicos per cápita que cualquier país comparable, y, sin embargo, tiene la mayor proporción de población incapaz de acceder a o pagar la atención. Esto no es una paradoja; es el resultado previsible de un sistema sanitario organizado en torno a la extracción de beneficios económicos particulares en lugar de la atención al paciente... La comercialización es el principal motor de este problema: la creciente comercialización del sistema de salud estadounidense desde la década de 1980 —desde aseguradoras hasta hospitales y consultas médicas— ha desviado sistemáticamente los recursos de la prestación de servicios hacia los rendimientos para inversionistas, los costos administrativos y la consolidación del mercado. Esta realidad, claramente existente en EE.UU., se está expandiendo ahora en la Unión Europea... Privatizar la sanidad mata. Lo dicen los datos (Vicenç Navarro)

6.7.26

Ahora que Washington D.C. se parece más que nunca a Pyongyang, la capital de Corea del Norte, con retratos tamaño mural y loas al líder supremo en cada esquina y plaza de la ciudad, cuesta trabajo renovar la fe en “la democracia en América”... No deja de resultar irónico que aquella monumental y brutalista puesta en escena soviética haya acabado marcando tendencia en el mismísimo imperio del dólar... Si se observan con atención los fastos del 250 aniversario trumpista por la fundación de los USA y los desplazamientos de masas para atender al funeral de Jamenei en Irán, saltan a la vista los parecidos razonables: culto al líder, muerte al enemigo y la fuerza como única fuente de toda legitimidad. No es de extrañar que sincronicen tan bien para romper estratégicamente sus supuestos acuerdos de paz cada vez que les conviene a ambos... Sobran las razones para el pesimismo. La mítica relojería de pesos y contrapesos diseñada por el federalismo norteamericano está rota... Llevará al menos una década reparar el profundo daño institucional causado por el trumpismo, si es que alguna vez nos ponemos a ello en los USA y en el resto del mundo... Ya sabemos todos como era el mundo antes de Trump: violento, cínico y brutal cuando le convenía a un Occidente que solo respeta el derecho internacional cuando le convenía; pero, aun con todo, era mejor (Antón Losada)

"Trump agita el fantasma del enemigo interno en el 250 aniversario de EEUU: “El comunismo es como un cáncer, hay que extirparlo”

Ahora que Washington D.C. se parece más que nunca a Pyongyang, la capital de Corea del Norte, con retratos tamaño mural y loas al líder supremo en cada esquina y plaza de la ciudad, cuesta trabajo renovar la fe en aquello que el ilustrado Alexis de Tocqueville denominó con envidia “la democracia en América”. Pero no pierdan la fe pues siempre nos quedará el hombre que mató a Liberty Valance para contarnos la historia como realmente fue.

No deja de resultar irónico, con un punto de justicia poética, que aquella monumental y brutalista puesta en escena soviética haya acabado marcando tendencia en el mismísimo imperio del dólar, el emperador naranja parezca cada día más un primo lejano aunque con menos porte de King Yong-Un y ambas familias compitan en un duelo cerrado por el liderazgo en la liga de las estrellas del nepotismo.

Si se observan con atención los fastos del 250 aniversario trumpista por la fundación de los USA y los desplazamientos de masas para atender al funeral de Jamenei en Irán, cuesta trabajo encontrar las ocho diferencias y saltan a la vista los parecidos razonables: culto al líder, muerte al enemigo y la fuerza como única fuente de toda legitimidad. No es de extrañar que sincronicen tan bien para romper estratégicamente sus supuestos acuerdos de paz cada vez que les conviene a ambos.

Sobran las razones para el pesimismo. La mítica relojería de pesos y contrapesos diseñada por el federalismo norteamericano está rota, aunque siga dando la hora correctamente al menos dos veces al día; como ha sucedido con las sentencias que limitan el poder presidencial para establecer aranceles y cortan de raíz su intento por anular el principio de nacimiento en el territorio para acceder a la nacionalidad que hizo posible la propia República norteamericana.

Llevará al menos una década reparar el profundo daño institucional causado por el trumpismo, si es que alguna vez nos ponemos a ello en los USA y en el resto del mundo. Antes que los miles de millones que se ha embolsado el presidente más corrupto de la historia yanki, —un puesto de mucho mérito al disputarlo entre una larga lista de mandatarios tan corruptos como incompetentes— costará más amortizar la reinstitucionalización de unas reglas que nos devuelven al siglo XIX y que pensábamos haber dejado atrás; al menos cuando alguien nos estuviera mirando.

No se confundan. No se trata de idealizar aquel pasado. Se trata de controlar los daños de este presente. Ya sabemos todos como era el mundo antes de Trump: violento, cínico y brutal cuando le convenía a un Occidente que solo respeta el derecho internacional cuando le convenía; pero, aun con todo, era mejor. Ya lo dijo Maxwell Scott, el editor del Shinbone Star que no publica quién mató de verdad a Liberty Valance, “Esto es el Oeste, señor, cuando la leyenda se convierte en un hecho, imprime la leyenda”. 

(Antón Losada , eldiario.es, 06/07/26)

5.7.26

Si quieres conocer tu país tal como es realmente, mira las caras de la gente. ¿Y hay mejor lugar para estudiar los rostros que en el supermercado local?... Leo en sus rostros una silenciosa desesperación. Son participantes reacios y resentidos en la corporativización de toda la vida—la pesadilla del nihilismo del consumidor. Quizás lo más destacado, lo más estadounidense de mis exploraciones en sus pasillos, es que su nación los ha despojado de todo orgullo, lo que se refleja en su vestimenta y actitud. Desprovistos de esperanza, es su extravío lo que más directamente se impone... espíritus demacrados, rostros surcados por la alienación y la soledad—un aislamiento insalvable del uno al otro... mi supermercado local es un reflejo infinitamente más preciso de Estados Unidos en su 250 aniversario que cualquier cosa que lea en los medios... Seguimos atrapados entre nuestras mitologías y las fuerzas de la historia, pero no anticipé lo adicta que sigue siendo la nación a los mitos y delirios incluso cuando se sabe que son mitos y delirios. Los estadounidenses aprenderán algún día a vivir sin su conciencia excepcionalista, pero esto solo llegará cuando el mundo los obligue a hacerlo, no antes... Hay un precio que pagar mientras los estadounidenses continúan refugiándose en sus mitos y se aferran a su pretensión de un estatus excepcionalista en la comunidad humana. Otros pagan este precio, en sangre, sufrimiento, represión y privaciones. Y los estadounidenses lo pagan ellos mismos... es el precio de no afrontar la realidad... Así es como encontramos a Estados Unidos a sus 250 años... presidido por un régimen cuyos miembros, con el presidente a la cabeza, exhiben las características de una personalidad imperial, y una tendencia a la infantilidad, recreaciones de la sexualidad adolescente, una obsesión con la muerte... Bill Astore titula: "Declarando la Independencia de Estados Unidos de la Tiranía del Militarismo y la Guerra"... Díganme, ¿es esta la mejor idea que han escuchado en todo el día o no? ¿Tiene sentido someterse a las mitologías y delirios a los que nos invita la cultura dominante? Así pues, no deseo a mis lectores un "Feliz 4 de julio" (Patrick Lawrence)

"Yankee Doodle Dandy está acabado y muriendo.". Algunas notas sobre Estados Unidos a sus 250 años.

3 de julio—La semiología que circula estos días y semanas, mientras los estadounidenses se preparaban para el 4 de julio—o han sido preparados para ello, creo que es mejor decirlo—me ha fascinado. Entre todas las imágenes, los temas de los interminables comentarios, las citas históricas, nada parece más importante que lo felices que son los estadounidenses mientras siguen felizmente haciéndose felices. Hay una fijación absoluta en "la búsqueda de la felicidad", esa frase que Jefferson se cuidó de incluir en la Declaración.

¿Por qué es esto?, hay que preguntarse. Para ir directamente al grano, lo interpreto como una de esas ocasiones en que aquello que se insiste en afirmar demuestra precisamente lo que pretende refutar.

"La búsqueda adopta muchas formas", observó The New York Times en un artículo publicado hace un par de semanas:

    Algunas son relativamente concretas, como perseguir el sueño perdurable de la movilidad ascendente—riqueza material, éxito profesional, fama. Pero muchas personas se dedican a búsquedas mucho más nebulosas, en pos de claridad o propósito, euforia o serenidad.

Y así sucesivamente. Me encanta la lista. Dinero, éxito en la forma miserablemente vacía en que los estadounidenses lo conciben, la fama por encima de todo, y luego cosas "nebulosas", extrañas y difíciles de comprender, como darle un significado real a la propia vida.

Hay un video que acompaña el artículo de The Times, ya que el periódico se ha extendido mucho sobre la felicidad estadounidense. En él aparecen, entre otros, un hombre panzudo recostado en una silla fumando un puro, una mujer ligeramente excedida de peso sosteniendo una flor en la mejilla y sonriendo, un ala delta aterrizando sobre unos árboles. Satisfacción contenta con el estado de las cosas, alegría tranquila ante la belleza de todo, un "¡Yupi!" divertido en una nación sin preocupaciones: esto es lo que quiero decir con la semiología asociada al 250 aniversario. Cabe señalar: todas estas personas están solas. No hay nadie más con ellos en su contento, alegría o diversión despreocupada.

"La tiranía de la felicidad estadounidense" es mi término para este tipo de cosas. Está en el aire que respiran los estadounidenses y en el agua que beben. Se ve en cada anuncio que muestra a alguien haciendo cualquier cosa—manipulando un teléfono celular, mirando una pantalla de computadora, bebiendo un café para llevar, conduciendo por una carretera, caminando por la calle con un vestido elegante. Nunca encontrarás un anuncio en el que el modelo, hombre, mujer o niño, no esté sonriendo. Así funciona la publicidad. ¿Y qué ha sido la cobertura mediática del 250 aniversario estas últimas semanas sino un anuncio de un producto—a veces algo así como una venta dura, ciertamente?

¿Y cuál es el producto? En una sola palabra, es la ideología del excepcionalismo estadounidense. No está bien visto ser estadounidense y no ser feliz.

"Ser estadounidense, parece, es esforzarse", informa The Times en el artículo vinculado anteriormente. Esta debe ser nuestra característica distintiva, porque ¿qué tiene de excepcional en un mundo donde nadie más busca, aspira o se esfuerza como los estadounidenses? ¿Dónde nadie más es tan feliz como los estadounidenses?

¿Qué tan lejos de la realidad deben desviarse los estadounidenses para convencerse de que el gran cumpleaños de su nación es motivo de celebración?



HACE ALGÚN TIEMPO desarrollé un nuevo hábito al regresar de los viajes ocasionales que hago al extranjero para cumplir con obligaciones profesionales. La publicidad y los informes de los medios—¿y dónde está la línea que separa a ambos?—son asaltos inmediatos a la sensibilidad al volver a estos Estados Unidos, como también descubren muchos otros. Quieres conocer tu país tal como es realmente, decidí, mira las caras de la gente. ¿Y mejor lugar para estudiar los rostros que en el supermercado local? El mío está ubicado en una de las ciudades postindustriales de Nueva Inglaterra, lo que lo hace aún más conmovedor.

¿Qué verdades se pueden encontrar al observar a los compatriotas mientras empujan un carrito de compras y los demás empujan el suyo? ¡Qué amargamente lejos están los pasillos de todas las imágenes que nuestro país nos impone incesantemente! Los anuncios, a veces de los mismos productos que la gente busca, adquieren un aspecto de crueldad—de una tiranía, ciertamente. Rara vez te encuentras con una sonrisa como las de todos los anuncios, y cuando sucede, es un evento menor.

Lo que encuentro en cambio es una prevalente… permítanme elegir estas palabras con cuidado… una tristeza prevalente pero nunca expresada entre la gente que veo en los supermercados. Leo en sus rostros la silenciosa desesperación de la que escribió Thoreau. Son participantes reacios y resentidos en la corporativización de toda la vida—la pesadilla del nihilismo del consumidor, es decir.

Quizás lo más destacado, lo más estadounidense de mis exploraciones en los pasillos, es que su nación los ha despojado de todo orgullo, lo que se refleja en su vestimenta y actitud. Desprovistos de esperanza, es su extravío lo que más directamente se impone. A veces recuerdo, en mis expediciones en busca de lechuga, queso azul y una conexión con Estados Unidos tal como es, los famosos bronces de Giacometti, espíritus demacrados, rostros surcados por la alienación y la soledad—un aislamiento insalvable del uno al otro.

Ningún supermercado puede representar a Estados Unidos. Ningún pensamiento podría ser más tonto. Pero mi supermercado local es un reflejo infinitamente más preciso de Estados Unidos en su 250 aniversario que cualquier cosa que lea en los medios o encuentre en la conciencia popular y aprobada. ¿Acaso la gente en los pasillos no son los sobrinos reales y vivos de nuestro Tío Sam?

Una amiga de Manhattan llamó mientras escribía estas notas y le conté un poco sobre ellas. Suspiró con la sabiduría de sus años, y luego: "Estados Unidos es una nación que no está interesada en la realidad. Vive de sus mitos. ¿Por qué crees que Walt Disney ha tenido tanto éxito durante quién sabe cuántos años? Están creando mitos. Y vivimos en nuestros mitos, no en la realidad de lo que somos".



ESCRIBÍ UN LIBRO hace algunos años, Time No longer: Americans After the American Century (Yale, 2013), en el que postulaba que los estadounidenses, desde los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, estaban suspendidos entre el mito y la historia, "el uno fallándonos por fin, la otra con un dedo que nos llama hacia adelante". Más tarde publiqué un ensayo en el número de otoño de 2019 de Raritan titulado "After Exceptionalism". The Independent republicó el ensayo bajo un titular que exponía suficientemente bien mi argumento: "El último resplandor del crepúsculo: ¿Pueden los estadounidenses aprender a aceptar la noción del post-excepcionalismo?"

Es extraño pensar, en vísperas del cuarto de milenio de la nación, en cosas que escribí hace años. Seguimos atrapados entre nuestras mitologías y las fuerzas de la historia, pero no anticipé lo adicta que sigue siendo la nación a los mitos y delirios incluso cuando se sabe que son mitos y delirios. Los estadounidenses aprenderán algún día a vivir sin su conciencia excepcionalista, pero esto solo llegará cuando el mundo los obligue a hacerlo, no antes.

Mientras tanto, todos esos monstruos contra los que Gramsci nos advirtió siguen apareciendo. Estados Unidos continúa patrocinando y participando en el genocidio de otro pueblo: leo hoy que la "Junta de Paz" está estableciendo la infraestructura necesaria para una limpieza étnica en toda regla: los palestinos de Gaza serán forzados a un vasto campo de concentración en preparación para su traslado a otro país.

El régimen de Trump, con el estado terrorista que es su cliente y socio en Asia Occidental, libra una guerra de agresión ilegal contra la República Islámica y amenaza con su "aniquilación" si los iraníes no se someten a su lista de demandas imperialistas. Dicho régimen propone dar al Pentágono 1,5 billones de dólares en el próximo año fiscal, un aumento de más del 40% en un solo año sobre un presupuesto militar ya obsceno. La Corte Suprema acaba de autorizar—ilegalidad en nombre de la ley es mi término para esto—la destrucción del marco judicial previsto en la Constitución. Muy oportuno, esto último—justo a tiempo para el gran día, mientras celebramos nuestra felicidad y la resistencia de nuestra república.

Hay más, mucho más en esta línea. Pretendo hacer este punto a través de esta lista muy parcial de grotesquerías: Hay un precio que pagar mientras los estadounidenses continúan refugiándose en sus mitos contra el insistente llamamiento de la historia y mientras se aferran desesperadamente a su pretensión de un estatus excepcionalista en la comunidad humana. Otros pagan este precio, en sangre, sufrimiento, represión y privaciones. Y los estadounidenses lo pagan ellos mismos, ya que, al igual que con los romanos, lo que queda de la república da paso a los imperativos del imperio.

Este es el precio de no afrontar la realidad. Vergüenza para The New York Times y todos los demás medios corporativos por fomentar esta retirada colectiva. Y vergüenza para todos los que ceden a ella. Hay una responsabilidad asociada a esto.



HE DEFENDIDO DURANTE MUCHO TIEMPO una interpretación particular de la historia de posguerra y de "la era de la independencia", cuando decenas de naciones—unas sesenta, creo—lucharon para liberarse del yugo colonial. La aspiración predominante entre ellas—y en todo el mundo, en realidad—ha sido para mí inequívoca: era por uno u otro tipo—dejen que florezcan cien flores—de socialdemocracia. Esta fue la aspiración común del mundo después de las victorias de 1945.

Y fue la socialdemocracia lo que más preocupó a quienes dieron forma inicial al imperio global estadounidense. La socialdemocracia estaba destinada a extenderse si triunfaba: las camarillas políticas temían esto más que al comunismo, en mi lectura. Grecia e Italia de posguerra, el Irán de Mossadegh, el Guatemala de Árbenz, el Congo de Lumumba, y así sucesivamente: en una medida que no suele apreciarse, fue contra la promesa de la socialdemocracia que el nuevo imperio actuó con mayor frecuencia.

Y ahora esta lucha llega a casa. Naturalmente: estaba destinada a hacerlo desde que F.D.R. dio a los estadounidenses un modesto gusto de socialdemocracia durante la Depresión—para salvar al capitalismo del colapso, irónicamente.

Las recientes victorias en las primarias de una nueva generación de socialistas demócratas, comenzando con la exitosa candidatura de Zohran Mamdani a la alcaldía de la ciudad de Nueva York el año pasado, traen de vuelta toda la vieja paranoia. Deberíamos prestar atención a dónde se están trazando las líneas.

Los demócratas convencionales—y son estas personas congénitamente deshonestas las que provocan mi desprecio por el liberalismo estadounidense—han estado en un evidente dilema desde que los Socialistas Demócratas de América comenzaron a ganar terreno en las primarias de todo el país. A finales del mes pasado, un grupo de "demócratas de la Cámara moderados"—¿moderados en comparación con qué y con quién?—publicó una carta abierta declarando en parte: "Somos capitalistas, no socialistas". Titularon esta carta "La Promesa de América". Muchos "moderados" hacen ahora el mismo punto. Era un favorito de Nancy Pelosi, debo mencionar.

Me pregunto si los firmantes de la carta abierta tomaron prestado su título de The Promise of American Life, la célebre (en algunos círculos) defensa del liberalismo estadounidense de Herbert Croly, publicada en 1909. Aunque la ironía aquí sería suprema, dudo que estas personas sean lo suficientemente cultas como para conocer el libro. Dejando esto de lado, también me pregunto de dónde sacan estos individuos el derecho a hablar por Estados Unidos y su promesa cuando afirman que Estados Unidos, por su propia definición, es capitalista y no sería Estados Unidos si fuera de otra manera. Supongo que la implicación es que "D-Soc", como solíamos llamar al partido Socialista Demócrata en el pasado, es—¡Cúbranse!—antiestadounidense.

Presenciamos, de hecho, un enfrentamiento entre el capitalismo y el socialismo. Nunca tuve mucha fe en la capacidad de resistencia de D-Soc, para ser honesto, pero esto no cambia la verdad del momento. ¿Puede Estados Unidos ser algo más que capitalista y seguir siendo Estados Unidos? Triunfen o fracasen, los Socialistas Demócratas han vuelto a poner la cuestión sobre la mesa por primera vez en quién sabe cuánto tiempo. Bien por ellos.

La muy celebrada The Market Revolution: Jacksonian America, 1815–1846, de Charles Sellers, difícilmente podría ser más pertinente para el argumento. Un historiador de Berkeley, Sellers (1923–2021), la escribió para que formara parte de una serie sobre historia estadounidense que Oxford University Press había planeado, pero cuando la presentó, sus editores de O.U.P. la consideraron demasiado radical. La publicaron por separado, en 1991, y fue reconocida al instante como una obra maestra de la historia revisionista.

El argumento de Sellers se resume en esto, a riesgo de simplificar: la transformación de Estados Unidos de una sociedad agraria a una industrial se entiende mejor como un enfrentamiento tenso e intenso entre la democracia y el capitalismo. La primera era anterior a la segunda en la joven república—Estados Unidos era una democracia antes de ser capitalista—y la idea de que Estados Unidos fuera capitalista en su composición genética no es más que el aceite de serpiente de los ideólogos, completamente carente de historia. Para el final del marco temporal de Sellers, mediados del siglo XIX, era evidente que una América democrática y una América capitalista eran incompatibles y que esta última había triunfado.

Qué bien que esos dedicados socialistas demócratas que se postulan para cargos públicos, y todos los que trabajan para apoyarlos, defiendan el argumento de Sellers mientras Estados Unidos cumple 250 años, ya sea que entiendan su empresa de esta manera o no.



EN SU 250 CUMPLEAÑOS, Estados Unidos está presidido por un régimen cuyos miembros, con el presidente a la cabeza, exhiben las características de lo que voy a llamar una personalidad imperial. En esto tomo prestado de lo que Adorno y otros publicaron en 1950 como The Authoritarian Personality (Harper & Brothers). Afirmaciones agresivas de autoridad pero también sumisión a la autoridad, una preocupación por la hipermasculinidad inflexible, actitudes diferentes a las normales hacia el sexo: estos rasgos, entre los nueve que Adorno y sus coautores identificaron, están todos presentes en Trump, Pete Hegseth y muchos otros en el régimen reinante. A estos añado una tendencia prevalente a la infantilidad, recreaciones de la sexualidad adolescente, una obsesión con la muerte, una inclinación a la rebeldía mientras se insiste en las reglas.

1950, la fecha en que se publicó el libro de Adorno, me parece significativa. Cinco años después de las victorias de 1945, Estados Unidos estaba bien encaminado a construir un imperio global. El imperio crea el tipo de personalidad que describo y luego depende de él—creándolo, de hecho, porque el imperio necesita personas de este tipo para ejecutar sus imperativos.

Así es como encontramos a Estados Unidos a sus 250 años.



¿CÓMO NO VOY A PENSAR, en esta ocasión, en Empire as a Way of Life (Oxford, 1980), el último libro que William Appleman Williams (1921–1990) escribió y publicó? No está clasificado entre sus obras principales. Estas aparecieron durante los años de mayor actividad de Williams como historiador de la política exterior en la Universidad de Wisconsin. Pero ha sido importante para mí desde que lo leí por primera vez. Desde su título hasta sus 240 páginas, nos presenta la más amarga de las verdades: Viviendo en un imperio, todos participamos de sus frutos. No, no todos poseemos la personalidad imperial, pero el imperio es nuestra forma de vida. Salvo el exilio, por ahora no se puede remediar. Hace medio milenio, los frutos del imperio eran el oro, el azúcar, el algodón, los esclavos, el dominio. En nuestro tiempo son el petróleo y numerosos otros recursos, la mano de obra barata, las condiciones comerciales favorables, la proyección de la ortodoxia neoliberal, el beneficio a través de la explotación incesante de otros.

Williams subtituló su libro, Un ensayo sobre las causas y el carácter de la situación actual de Estados Unidos junto con algunas reflexiones sobre una alternativa. La situación de Estados Unidos ahora es la misma o aún más grave que en 1980—consecuencia del refugio que la nación toma en el mito y el delirio. Las reflexiones de Williams sobre alternativas aún merecen ser leídas y consideradas.

Instó sobre todo a una forma de socialdemocracia—¿me escuchan, gente de D-Soc?—basada en una descentralización radical, una mayor autonomía regional, más autogobierno local. En el ámbito exterior, este distinguido historiador de la diplomacia estadounidense pensaba que el repudio del imperio era la condición sine qua non de cualquier tipo de renovación nacional, junto con el compromiso con la autodeterminación auténtica y un verdadero respeto por la soberanía de todas las naciones.

Leo esto ahora y me pregunto, ¿estaba Ap, como lo conocemos en nuestra casa, perdido en el angélisme, esa maravillosa palabra francesa para el idealismo sin esperanza? Rechazo mi propia acusación, al final. El grado de dificultad de una empresa es una medida de la urgencia con que debe emprenderse. Señalo, en este sentido, lo último de Bill Astore en su boletín Bracing Views. Lleva fecha de hoy y aparece bajo el titular: "Declarando la Independencia de Estados Unidos de la Tiranía del Militarismo y la Guerra".

Díganme, ¿es esta la mejor idea que han escuchado en todo el día o no? ¿Tiene sentido someterse a las mitologías y delirios a los que nos invita la cultura dominante?



No deseamos a nuestros lectores un "Feliz 4 de julio", por razones que serán evidentes para cualquiera que haya llegado hasta aquí. Deseamos a todos nuestros lectores un 4 de julio reflexivo y honorable. (...)" 

(Patrick Lawrence , blog, 04/07/26, traducción Deep Seek, enlaces en el original)