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28.7.24

La derecha antisistema, contra Felipe VI... La ultraderecha acabará haciendo que hasta la izquierda republicana parezca garante del orden monárquico... que alguien considere —desde las filas de la derecha— que el monarca debía hacer algo para impedir la ley de amnistía es la derivada última de un clima inducido de gravedad y deslegitimación institucionalEl republicanismo ultra es hoy más peligroso para la permanencia de la monarquía que los partidos independentistas o el tándem Sumar-Podemos

 "La ultraderecha acabará haciendo que hasta la izquierda republicana parezca garante del orden monárquico. A algunas voces, como Alvise Pérez y demás afines a su ideología, no les sentó bien que Felipe VI cumpla su función de sancionar la ley de amnistía al procés. La Corona se ha vuelto así incómoda para quienes quizás la sentían suya. Se demuestra que los antisistema no están hoy en esa izquierda que llegó a hablar de “régimen del 78″, sino del lado de la derecha de corte republicano.

Basta observar la evolución de los llamados “enemigos de España”, independentistas y Podemos, para ver que no suponen ya ninguna amenaza al orden constitucional. Los primeros, que venían de montar un referéndum ilegal, hacen hoy llamamientos a que la Justicia española les aplique la amnistía. Los segundos, que impugnaban la Transición, se volvieron establishment con su entrada al Gobierno. En definitiva, hasta los socios de Pedro Sánchez más combativos con el statu quo se han ido dando cuenta de que, frente al auge de las pulsiones reaccionarias, mantener lo que hay supone en estos momentos la mayor salvaguarda de nuestros derechos y libertades. Lo asumió Pablo Iglesias, en relación con la Constitución en 2019. “Con todos sus defectos y con todos sus límites, contiene una serie de artículos que son la mejor vacuna y el mejor cinturón de seguridad para proteger a las mayorías sociales del auge de la extrema derecha”, afirmó; eran los tiempos en que incluso recitaba el texto constitucional.

La Constitución de 1978 se está resignificando, aunque sea por vía pragmática, entre sus hasta ahora detractores dentro del bloque de izquierdas y plurinacional. Y con ella, curiosamente, también lo hace la Corona. En esta turbulenta y presente España de tentaciones reaccionarias entre algunos, el mero hecho de que el monarca cumpla con la neutralidad y el papel que le otorga la Constitución da sentido a la existencia de dicha institución en democracia. Lo contrario, habría incurrido en una acción de parte: oponerse a las decisiones de los poderes emanados del Parlamento y del Ejecutivo de Sánchez.

Sin embargo, que alguien considere —desde las filas de la derecha— que el monarca debía hacer algo para impedir la ley de amnistía es la derivada última de un clima inducido de gravedad y deslegitimación institucional. Alberto Núñez Feijóo lo ha podido notar esta semana: la ultraderecha seguirá viendo como una derrota la renovación del Poder Judicial porque ninguna institución del Estado les acabará pareciendo suficiente si no sirve de moneda de cambio para pagar sus fobias contra la izquierda o la política territorial de Sánchez.

Aunque los climas de opinión en la propia ultraderecha no son todos iguales. De un lado, se aprecian las facciones más antisistema, que esperaban un “gesto” del monarca y se han dedicado a descalificarlo, por ejemplo, en manifestaciones como la de Ferraz. Del otro, están los que saben que el problema no es el Rey, porque este no decide qué firmar: culpan de forma realista al PP y Vox, que no sumaron suficiente en las urnas como para haber impedido una mayoría de la izquierda y sus socios.

A la postre, la derecha republicana es hoy más peligrosa para la permanencia de la monarquía que partidos independentistas como ERC, Junts, Bildu o el tándem Sumar-Podemos. Primero, porque de estos ya se espera que sean antimonárquicos, a diferencia de la derecha patriotera. Segundo, porque las afrentas del independentismo van de capa caída: cuando el Rey visita Barcelona ya no se encuentra la misma afluencia de afines a la ruptura increpándole que en 2017. Por su parte, la “república plurinacional” de Podemos se ha vuelto un constructo populista, folclórico, vendiendo a los ciudadanos que con otra jefatura de Estado se solucionarán sus problemas sociales y económicos, cuando nada tiene que ver lo uno con lo otro. El mismo PSOE se mantiene como pilar de la institución frente a sus socios plurinacionales, tanto en la oposición como en el Gobierno. Alfredo Pérez Rubalcaba contribuyó a que el Grupo Socialista apoyara la transición monárquica entre el rey Juan Carlos I y Felipe VI. Es Sánchez quien estaba en La Moncloa cuando el monarca emérito se marchó de España, pero el presidente nada notificó a Unidas Podemos, en un gesto de discreción institucional. En cambio, la ultraderecha ha podido asistir a la normalización de exabruptos emitidos desde el centroderecha sobre la función de la Corona: Isabel Díaz Ayuso fue la primera en sugerir eso de que cómo iban a involucrar al Rey en la firma de los indultos, usando su amplio altavoz.

Con todo, la izquierda a la izquierda del PSOE acusa el coste electoral de su entrada de lleno al sistema, al no ser una fuerza realista de choque como en 2015. La ultraderecha ha conseguido así parte de su objetivo sistémico último: que el statu quo sea percibido como el mejor escenario por parte de las fuerzas de progreso, tal que conservar se vuelva lo más revolucionario en la actualidad. Aunque de tanto discurso reaccionario, algunos han acabado por romper la baraja, poniendo en jaque hasta la figura misma del monarca Felipe VI. Menuda paradoja: la derecha republicana y antisistema es casi el único cuestionamiento verdadero que recibe la Corona en España hoy. Por pocos que sumen, ya es alarmante que provengan de ese espacio."                    (Estefanía Molina , El País, 28/06/24)

30.1.24

Letizia está triste, y con razón... El chantaje regio y la tensión dinástica que vive ahora mismo la Casa Real la ha elegido como proxy, como objetivo, aireando su privacidad, hurgando en su intimidad y dejando circular rumores y abyectas informaciones sobre su vida y también la de sus hijas y hermanas (ellas, siempre ellas). Estas han sido tan innobles que han despertado la solidaridad de muchas mujeres... De los suyos, ni mu, de momento... sería inocente pensar que los tuits de Jaime del Burgo son una campaña espontánea de este esperpento, o que Peñafiel en su infinita misoginia está actuando solo y enajenado... Ante esto, surgen varias preguntas: ¿Qué posicionamiento debería tener una feminista ante estos ataques? ¿Y el republicanismo de izquierdas? Cuando son la extrema derecha y el sistema Bribón-putero en el exilio los que articulan una vendetta misógina para llevarse por delante a una mujer en su real cruzada, ¿dónde nos colocamos nosotras? (Irene Zugasti)

 "(...) Según Pilar Eyre, que de estas cosas sabe un rato y las explica con mucha retranca, Letizia está triste, y con razón. El chantaje regio y la tensión dinástica que vive ahora mismo la Casa Real la ha elegido como proxy, como objetivo, aireando su privacidad, hurgando en su intimidad y dejando circular rumores y abyectas informaciones sobre su vida y también la de sus hijas y hermanas (ellas, siempre ellas). Estas han sido tan innobles que han despertado la solidaridad de muchas mujeres, curiosamente y como apuntaba la propia Eyre, mujeres que suelen acompañar su sororidad de un “yo no soy monárquica, pero”. De los suyos, ni mu, de momento. 

Yo no sé si la reina está triste o todo esto le importa un carajo, –como le dijo a su compiyogui, “todo lo demás, merde”–, pero sería inocente pensar que los tuits de Jaime del Burgo son una campaña espontánea de este esperpento, o que Peñafiel en su infinita misoginia está actuando solo y enajenado. El primero carga tras de sí una grimosa genealogía –su abuelo, en el requeté, tiene en su haber la mayor matanza de republicanos y republicanas de Navarra, y desde ahí, todo han sido éxitos y buenos cargos en la familia– y el segundo suma a su tradicionalismo monárquico y sus labores de real lacayo un odio genuino contra Letizia en su condición de plebeya que le ha llevado a retratarla con un amargor que raya la envidia y en el que ha vomitado todos los clichés machistas sobre perfidia de las mujeres poderosas. 

Este “emérito rencor” como lo ha definido, magistral, Maruja Torres, sacude ahora mismo Casa Real, y hoy existen de facto, no una sino dos Cortes –el colmo para las republicanas, amigas–: la de Zarzuela, y la de Abu Dabi. De ambas comen muchas, muchas bocas, y casi ninguna lleva corona. El último movimiento ha sido el cese de Jaime Alfonsín, que pasa a consejero privado, y la entrada en la jefatura de la institución de Camilo Vilariño, diplomático, militar reservista, gabinetero del bipartidismo en el noble arte de la política exterior española: Dastis, Laya, Borrell, por si a alguien le quedaban dudas de que en las relaciones exteriores, tanto montan, montan tanto. Todo un full pack del Régimen del 78 con el reto de bregar con la actual crisis como hacen con todo en Casa Real, llámalo discreción y sigilo, llámalo opacidad, ocultamiento, cloaca. 

Ante esto, surgen varias preguntas: ¿Qué posicionamiento debería tener una feminista ante estos ataques? ¿Y el republicanismo de izquierdas? Cuando son la extrema derecha y el sistema Bribón-putero en el exilio los que articulan una vendetta misógina para llevarse por delante a una mujer en su real cruzada, ¿dónde nos colocamos nosotras? (...)"       (Irene Zugasti , CTXT,  22/01/24)

23.1.24

Objetivo: domar al Rey... los que mandan quieren más poder y están dispuesto a conseguirlo cueste lo que cueste... Las derechas, aquí y en todas partes, quieren más poder, mayor libertad para sus negocios y, sobre todo, usar a fondo el Estado para cambiar a la sociedad y fortalecer su poder de clase. Es el modelo Madrid... Lo que hay detrás, a mi juicio, de esta ofensiva mediática en las redes es erosionar al Rey para embridarlo, domarlo, debilitarlo para que juegue un papel central en la restauración y el cambio de régimen en país (Manolo Monereo)

 "Estas cosas siempre me interesaron poco; más bien, nada. Las cuitas amatorias de los Borbones son hereditarias, como la Corona. Esta vez es distinto. Llevamos meses viviendo en dos mundos enfrentados y paralelos. El primero, el oficial: entronización de la heredera, cantos, loas y alabanzas mil a la monarquía y a los ejemplares reyes. Nos hemos enterado de todo lo que hace la princesa Leonor hasta el mínimo detalle y, faltaba más, de sus posibles pretendientes. La prensa oficiosa del corazón nos llenó de titulares rimbombantes. La clase política y la prensa seria acompañó con entusiasmo la operación. Estabilidad, continuidad e institución reforzada.

Había, sin embargo, otro mundo que tomaba las redes, que hablaba de escándalos amorosos que tenían como referente principal a la reina Leticia, a la plebeya esposa del Rey Felipe VI. Ana Pardo de Vera nos avisó de un libro que iba a salir pronto de Jaime Peñafiel donde se daban datos de diversas y recurrentes infidelidades de la reina. Aparecía un personaje singular: Jaime Ignacio del Burgo como actor y delator de unas actividades que dejarían a Don Juan atónito y apesadumbrado, un español de bien nunca hablaría en público de su amante y menos si esta está casada. Todo es decadencia y deshonor.

Sigamos. Estos dos mundos entraron en conflicto. Uno siguió con su estrategia como si nada pasara; eso sí, los grandes medios (los serios y los del corazón) hicieron todo lo posible por ocultar lo que se movía en las redes y apoyar a una monarquía acosada y acusada. El otro, el paralelo, a lo suyo. Hablando cada vez más alto y fuerte de las infidelidades y dando supuestas informaciones que tenían siempre a Don Jaime como delator e intérprete principal. Como diría el castizo: los Borbones son así y hay que asumirlos tal como son. El Rey emérito nos ha dado lecciones muy precisas de un estilo de ejercer la jefatura del Estado y, sobre todo, de la infinita capacidad de los medios y de la clase política para camuflarlo y marginar a los que se atrevieron a cuestionarlo.

Hay muchas hipótesis. Un rey destronado, apartado vergonzosamente del país dispuesto a saldar cuentas con una nuera ingrata y usurpadora; un periodista palaciego despechado; un amante vengativo con afanes de notoriedad. Todo parece posible; sin embargo, creo que hay algo más que tiene que ver con la coyuntura política, más precisamente con la crisis de Régimen presente, con mayor o menor fuerza, desde la crisis del año 9 de este siglo. Lo que ha cambiado, adelanto, es que esta, la crisis política, tenía como causa y efecto un impulso plebeyo, democrático y que ahora está claramente marcada por la revuelta de las elites; los que mandan quieren más poder y están dispuesto a conseguirlo cueste lo que cueste.

El papel del Rey es muy importante para una estrategia restauradora. En el imaginario reconstruido por las derechas unificadas Dios, Patria, Rey se ha ido organizando en torno a una versión singular de la Constitución del 78 consistente en apropiarse de ella y, a la vez, desnaturalizarla. No están de acuerdo con elementos sustanciales de la misma, pero la defienden con fiereza para convertirla en un símbolo cada vez más desconectado de una realidad que debería ordenar y dirigir; mientras, se va consolidando una «constitución material» a la medida de los poderes reales y de su (creciente) influencia en los aparatos e instituciones del Estado.

Se trata, en definitiva, de fortalecer y de privilegiar el núcleo duro del texto constitucional, a saber, el «principio monárquico». No es solo teoría. Esto se hizo visible en el discurso del Rey del 3 de octubre del 2017. Ahí terminó algo y empezó otra cosa. Terminó el ciclo de la renovación democrática y comenzó el proceso de restauración aún inacabado. Felipe VI llamó a las fuerzas vivas, a los que tienen los resortes del poder, a los sujetos básicos y fue escuchado; fue entendido y seguido; más allá y más acá del Gobierno de Rajoy, más allá de las derechas existentes y comprendido por una parte significativa del PSOE. La autonomización y el activismo de los aparatos e instituciones del Estado se hizo muy visible. La batalla sigue abierta hasta hoy.

Ahora las derechas están a la ofensiva. Digirieron mal la derrota electoral y se preparan para una guerra de desgate. El gobierno tiene demasiados frentes abiertos, no gestiona bien los conflictos y sigue sin un proyecto de país visible, capaz de ser compartido y de suscitar compromiso. Lo suyo es seguir, mantenerse, haciendo del miedo a la derecha el eje de la cohesión de su gobierno y de instrumento de vertebración de su contradictoria mayoría. Sánchez sigue el consejo de Andreotti: lo que desgasta es la oposición.

Las derechas, aquí y en todas partes, quieren más poder, mayor libertad para sus negocios y, sobre todo, usar a fondo el Estado para cambiar a la sociedad y fortalecer su poder de clase. Es el modelo Madrid. El miedo cambia de bando y está donde siempre, en las clases subalternas, a las que hay que acostumbrarlas a venderse en las condiciones fijadas por el capital y poner fin de una vez por todas a la cultura de los derechos sindicales y sociales; para eso hace falta una derrota política, cultural estratégica. La condición previa: liquidar el poder social y sindical de las clases trabajadoras, romper los vínculos con los territorios, dividir y diluir lo que queda de la autonomía política de los sectores obreros más conscientes.

Lo que hay detrás, a mi juicio, de esta ofensiva mediática en las redes es erosionar al Rey para embridarlo, domarlo, debilitarlo para que juegue un papel central en la restauración y el cambio de régimen en país. Convertirlo es custodio y defensor de la Constitución, en su intérprete supremo. La transición: una democracia militante que limite el pluralismo político y que excluya a los extremos de la vida pública. No hay que engañarse demasiado, el verdadero objetivo es el de siempre: poner fin al siglo de la revolución, desintegrar a los trabajadores como sujeto político y norteamericanizar la vida pública. Todo está ya muy avanzado. Georgia Meloni representa como nadie esta Europa subordinada y sin proyecto."             (Manolo Monereo , El Viejo Topo, 23/01/24)

13.12.23

Editorial de CTXT: ¿Chantaje a la Casa Real? Que Jaime del Burgo haya elegido el momento de la investidura de Pedro Sánchez para contar que mantuvo una relación adúltera con la reina no es casual. Los mensajes en X iban dirigidos a la Casa Real y al presidente Sánchez y, en uno de ellos, explicaba que su motivación para actuar de este modo era su disgusto por la formación de un Gobierno con apoyo de Bildu, que Del Burgo asimila a ETA sin más. A su juicio, resulta intolerable que Felipe VI haya consentido la formación de un Gobierno de esta naturaleza... Se mezcla, pues, un posible intento de chantaje o desestabilización de la monarquía y del gobierno desde la extrema derecha, con la difusión de supuestas historias privadas o de bulos que afectan a la imagen y la reputación de la reina y la familia real... Claramente, ha intentado chantajear, o al menos coaccionar, a la monarquía y debilitar al nuevo Gobierno. Y esto no es un asunto privado, sino un problema político. Por un lado, confirma el desprecio de la extrema derecha por las instituciones y por la Constitución. Por otro, coloca al jefe del Estado en una situación de riesgo y vulnerabilidad, puesto que no es descartable que el excuñado de la reina tuviera acceso a informaciones, diálogos o imágenes que puedan poner en peores aprietos a la institución. Por eso no resulta convincente que los medios miren hacia otro lado, ni tiene sentido alegar que se trata de un simple bulo o de un asunto estrictamente privado... no se trata de confirmar o desmentir la presunta relación adúltera de la reina, sino para saber si la jefatura del Estado ha corrido o corre todavía riesgo de ser chantajeada... No importa nada saber si Del Burgo ha sido un “entrañable amigo” o un amante de Letizia. La reina tiene derecho a que nadie airee su intimidad en público: sea verdad o mentira, es un delito. Ella es el eslabón más débil, como mujer, y por eso Peñafiel y Del Burgo la atacan a ella... Desde CTXT creemos que la Casa Real debe aclarar este aparente intento de chantajear, desestabilizar o coaccionar al jefe del Estado y a otras instituciones

 "Media España anda comentando en redes sociales y conversaciones privadas los mensajes que ha puesto (y luego borrado) Jaime del Burgo en la red social X, dando detalles e imágenes de la supuesta relación amorosa que mantuvo con Letizia Ortiz antes y después de que esta se casara con el actual rey de España, Felipe VI. El asunto puede parecer mero chismorreo y sospechamos que ese es el pretexto que están utilizando la mayoría de medios españoles para no mencionarlo, a pesar de que ha recibido amplia cobertura en otros países. ¿Debe CTXT seguir al resto de medios y pasar por alto la historia sobre las supuestas infidelidades de la reina con el que fue concuñado del rey? ¿Realmente callan los demás porque consideran que el tema no tiene relevancia, o hay otros motivos para no darse por enterados? (...)

Todo en este asunto resulta turbio. Quien lanza la noticia sobre la relación es el periodista Jaime Peñafiel, cuyo desprecio por Letizia Ortiz es bien conocido. El cortesano octogenario afirma en su nuevo libro, Letizia y yo, que Jaime del Burgo fue novio de Ortiz entre 2002 y 2004; que, después de que esta se casara con Felipe VI ambos fueron “amigos y confidentes”, y que, entre 2012 y 2016, después de que la reina presentara a su exnovio a su hermana Telma, fueron cuñados y, según añade luego el propio Del Burgo, también amantes.

 Jaime del Burgo es hijo de Jaime Ignacio del Burgo, un conocido político navarro, que fue presidente de la Comunidad foral, y dirigente primero de la Unión de Centro Democrático y más tarde del Partido Popular. Que haya elegido el momento de la investidura de Pedro Sánchez para contar que mantuvo una relación adúltera con la reina no es casual. Los mensajes en X iban dirigidos a la Casa Real y al presidente Sánchez y, en uno de ellos, explicaba que su motivación para actuar de este modo era su disgusto por la formación de un Gobierno con apoyo de Bildu, que Del Burgo asimila a ETA sin más. A su juicio, resulta intolerable que Felipe VI haya consentido la formación de un Gobierno de esta naturaleza. 

El silencio atronador que la prensa española mantuvo sobre las andanzas sexuales, económicas y fiscales del anterior rey fue una página de vergüenza para los medios y la democracia española. El jefe del Estado fue chantajeable durante muchos años, y de hecho hoy sabemos que fue chantajeado por Bárbara Rey y demandado ante los tribunales por Corinna Larsen, y que los servicios secretos movieron agentes, fondos reservados e influencias para proteger al exmonarca. (...)

 Los medios que callaron entonces tienen ahora el deber y el derecho de inquirir a la Casa Real sobre los tuits de Del Burgo. 

 No para confirmar o desmentir la presunta relación adúltera de la reina, sino para saber si la jefatura del Estado ha corrido o corre todavía riesgo de ser chantajeada. (...)

No importa nada saber si Del Burgo ha sido un “entrañable amigo” o un amante de Letizia. La reina tiene derecho a que nadie airee su intimidad en público: sea verdad o mentira, es un delito. Ella es el eslabón más débil, como mujer, y por eso Peñafiel y Del Burgo la atacan a ella. Sorprende por cierto que la Fiscalía no actúe contra quienes intentan vejar o difamar a la reina y a su familia desde la extrema derecha, mientras se aplica toda la fuerza de la ley contra un rapero o una revista satírica por contar hechos irrefutables. 

(...) una democracia saludable debe ser capaz de debatir en público sobre las debilidades y los riesgos que supone mantener lejos del escrutinio público a la jefatura del Estado."                  (Editorial de CTXT, 10/12/23)