"(...) Según Pilar Eyre, que de estas cosas sabe un rato y las explica con mucha retranca, Letizia está triste, y con razón. El chantaje regio y la tensión dinástica que vive ahora mismo la Casa Real la ha elegido como proxy, como objetivo, aireando su privacidad, hurgando en su intimidad y dejando circular rumores y abyectas informaciones sobre su vida y también la de sus hijas y hermanas (ellas, siempre ellas). Estas han sido tan innobles que han despertado la solidaridad de muchas mujeres, curiosamente y como apuntaba la propia Eyre, mujeres que suelen acompañar su sororidad de un “yo no soy monárquica, pero”. De los suyos, ni mu, de momento.
Yo no sé si la reina está triste o todo esto le importa un carajo, –como le dijo a su compiyogui, “todo lo demás, merde”–, pero sería inocente pensar que los tuits de Jaime del Burgo son una campaña espontánea de este esperpento, o que Peñafiel en su infinita misoginia está actuando solo y enajenado. El primero carga tras de sí una grimosa genealogía –su abuelo, en el requeté, tiene en su haber la mayor matanza de republicanos y republicanas de Navarra, y desde ahí, todo han sido éxitos y buenos cargos en la familia– y el segundo suma a su tradicionalismo monárquico y sus labores de real lacayo un odio genuino contra Letizia en su condición de plebeya que le ha llevado a retratarla con un amargor que raya la envidia y en el que ha vomitado todos los clichés machistas sobre perfidia de las mujeres poderosas.
Este “emérito rencor” como lo ha definido, magistral, Maruja Torres, sacude ahora mismo Casa Real, y hoy existen de facto, no una sino dos Cortes –el colmo para las republicanas, amigas–: la de Zarzuela, y la de Abu Dabi. De ambas comen muchas, muchas bocas, y casi ninguna lleva corona. El último movimiento ha sido el cese de Jaime Alfonsín, que pasa a consejero privado, y la entrada en la jefatura de la institución de Camilo Vilariño, diplomático, militar reservista, gabinetero del bipartidismo en el noble arte de la política exterior española: Dastis, Laya, Borrell, por si a alguien le quedaban dudas de que en las relaciones exteriores, tanto montan, montan tanto. Todo un full pack del Régimen del 78 con el reto de bregar con la actual crisis como hacen con todo en Casa Real, llámalo discreción y sigilo, llámalo opacidad, ocultamiento, cloaca.
Ante esto, surgen varias preguntas: ¿Qué posicionamiento debería tener una feminista ante estos ataques? ¿Y el republicanismo de izquierdas? Cuando son la extrema derecha y el sistema Bribón-putero en el exilio los que articulan una vendetta misógina para llevarse por delante a una mujer en su real cruzada, ¿dónde nos colocamos nosotras? (...)" (Irene Zugasti , CTXT, 22/01/24)
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