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23.5.24

15M: actualidad de un ‘fantasma’... ¿De qué nos puede servir convocar e interrogar hoy al fantasma del 15M? Ninguno de los anhelos del 15M –democracia real, igualdad efectiva, vida vivible– se ha materializado. Aún es preciso materializar al fantasma... Una salida posible es retomar las preguntas, volver a los problemas, reformular las promesas incumplidas... El espectro del 15M nos habla de una posibilidad de hibridación (tensa, compleja, no garantizada) entre lo público y lo común. Si recordamos aquellos años de política callejera encontraremos que se buscó conectar, poner en sintonía, las luchas por la defensa de lo público (ahí estaban las Mareas para demostrarlo) junto a la producción de nuevos comunes por fuera de las lógicas burocrático-representativas (huertos urbanos, cooperativas integrales, okupaciones, centros sociales, asambleas barriales, etc.)... Es la promesa que aupó a tantas candidaturas municipalistas al poder, una promesa que no se pudo mantener y que precipitó después su caída (Amador Fernández-Savater)

 "Sería demasiado fácil, ahora que se vuelven a levantar por todas partes acampadas de protesta, ya sea contra el genocidio en Gaza o contra el ecocidio en las islas Canarias, señalar ahí la herencia actual del movimiento de las plazas de 2011 o del 15M en particular; afirmar la continuidad de un impulso de movimiento a partir de la persistencia de una práctica, de una técnica, de una serie de gestos.

Sin desestimarla, nosotros preferimos ahora pensar la actualidad del 15M como la insistencia de una serie de preguntas, de problemas no resueltos, de posibilidades históricas incumplidas. En definitiva, como la presencia de una ausencia: el 15M como espectro, como fantasma.

Hauntología

La “hauntología” (ciencia de lo fantasmagórico) fue un término acuñado por el filósofo Jacques Derrida para referirse a la misteriosa continuidad espectral de la obra de Marx tras la caída del Muro de Berlín. Algo que se da por muerto sigue, sin embargo, acechando el presente con incómodas preguntas. Sus enemigos sienten sudores fríos aparentemente ya sin motivo (“comunismo o libertad”), mientras sus simpatizantes se esfuerzan en convocar al fantasma de vuelta.

Antes de Derrida, otros pensadores en la órbita de la Escuela de Frankfurt, como los alemanes Walter Benjamin o Herbert Marcuse, señalaban que todo presente político está asediado siempre por fantasmas del pasado que lo acechan e incomodan, sin dejarle dormir en paz los sueños de un “final de la Historia”. Son los fantasmas de todas las potencialidades de cambio que en la historia han sido, derrotadas y refrenadas –muchas veces a sangre y fuego– pero no por ello desaparecidas.

En el siglo XXI, ha sido el pensador británico Mark Fisher –ya fallecido– quien más ha insistido en convocar a los espectros contra los presentes que se cierran sobre sí mismos de modo autocomplaciente: los fantasmas de todo lo que pudo ser y no fue, de los fracasos revolucionarios y sus promesas incumplidas, de esa memoria herida que trae una y otra vez recuerdos de otra vida posible, por fuera de esa que nos propone el mercado.

Si la melancolía según nos enseña Freud nos fija a algo que fue y ya no es, congelándonos en la repetición de un pasado falsificado e idealizado, la nostalgia por el contrario es la añoranza activa de un posible, de una experiencia vivida que trata de regresar y reactivarse en el presente. Como la nostalgia por la infancia, por un amor, por una aventura del pasado. No nos convoca a repetir, sino a traducir, recrear, reinventar.

La figura del fantasma nos habla de una latencia subterránea, invisible y difícil de percibir pero efectiva. La latencia de una serie de preguntas, problemas y desafíos pendientes. Esa latencia nos conduce, no al lamento quejoso por lo que hubo y ya no hay (el Partido, la Organización, la Clase Obrera), sino a la exigencia de detectar y encender las brasas de la historia, para reabrir de nuevo el presente hacia un futuro desconocido.

Los cinco mensajes del fantasma

¿De qué nos puede servir convocar e interrogar hoy al fantasma del 15M? Puede sugerirnos vías de salida posibles a algunas trampas políticas en las que estamos encerrados. Sugerencias, no recetas. El fantasma siempre habla de forma encriptada y nos exige un esfuerzo activo de interpretación, de recreación, de traducción.

En concreto, pensamos en cinco trampas políticas que asfixian hoy lo posible, cinco “alternativas infernales” en palabras de Isabelle Stengers, cinco binarismos o dicotomías fatales que estrangulan la acción y la imaginación, la subversión del presente.

En primer lugar, la trampa de las identidades solipsistas. En las identidades se coagula la sangre por donde manan las heridas de nuestra modernidad, el problema con ellas no es otro que esa coagulación. ¿Qué significa esto?

La “herida del poder colonial” da como resultado una respuesta antirracista, indígena y decolonial que pugna por existir frente al olvido y la violencia. La “herida heteropatriarcal” engendra una potencia feminista/queer dispuesta a recategorizar lo vivo y las formas de vida. La “herida de clase” sigue ofreciendo a los cuerpos un canal fértil para experimentar disposiciones anticapitalistas. La “herida ecológica” incuba un nuevo imaginario capaz de empujar nuestra conciencia más allá del antropoceno.

Estas heridas manan sangre de manera inevitable y necesaria, un flujo dinámico de respuestas e imaginarios frente a la pedagogía de la crueldad. El problema es que la sangre se coagule en forma de trinchera y dogma, imposibilitando el encuentro con el otro, jerarquizando los daños, frenando la configuración de un flujo común de rechazo y transformación. En ese caso las identidades se vuelven solipsistas, jaulas del pensamiento y la acción, identidades identitarias.

El fantasma del 15M nos trae imágenes de una lógica compositiva y transversal, dirigida no tanto a jerarquizar o borrar las heridas, como a buscar mecanismos de encuentro, presencia común y alianza estratégica entre ellas; nos devuelve la interrogación por la composición entre diferencias, por la alianza entre extraños, como la única posibilidad de que algo se mueva, de que el suelo del poder tiemble.

En segundo lugar, la trampa del Estado-nación como único modo de tejer la convivencia entre territorios. Nacionalismo español versus nacionalismo catalán, pero ambos con los mismos problemas de esencialización de la identidad, de ocultación de las desigualdades, de centralización y expulsión de la diferencia.

En paralelo a esta, otra brecha territorial se ha abierto durante los últimos años. La hipertrofia de las metrópolis frente a la España Vaciada. Lo urbano frente a lo rural, con las tractoradas de agricultores ocupando las grandes ciudades como resultado del hartazgo, del malestar y el abandono secular al que han estado sometidos ciertos territorios y mundos desde la década de los sesenta.

El fantasma del 15M nos trae imágenes distintas para pensar todo esto. Fulguraciones y vislumbres de otros posibles. La solidaridad entre las plazas, por ejemplo. La activación de la protesta en Madrid cuando la acampada de Barcelona fue desalojada brutalmente (“¡Barcelona, no estás sola!”). Las decenas de ciudades y pueblos de todos los tamaños conectados a una misma inteligencia colectiva, desde Granada a León pasando por Cáceres, Murcia, Valencia, Cádiz, Sevilla, Zaragoza. Los lazos de cooperación y solidaridad interterritorial para articular movimientos como el de vivienda (la PAH, Stop Desahucios), las Mareas Ciudadanas, las Marchas de la Dignidad, con sus diferentes columnas procedentes de las distintas geografías del país.

Estas otras imágenes nos hablan de una articulación diferente de lo territorial. Otra forma de reconstruir los lazos sin negar las adscripciones locales, las historicidades culturales y lingüísticas, políticas y geográficas, ni las legítimas demandas de independencia y autonomía, sino buscando, frente a un neoliberalismo feroz que jerarquiza territorios e instala fronteras a su conveniencia, un frente de auxilio mutuo, una lógica compositiva de emancipación, una concepción emancipadora de la inter-dependencia a la que el mundo actual nos convoca.

En tercer lugar, la trampa de la alternativa entre lo público y lo común. Según los modos progresistas de pensar más convencionales, la defensa de lo público agota todas las posibilidades de la acción política, así la opción de lo común se ve con desconfianza: “cómplice del neoliberalismo”, etc.

¿Cuántas veces hemos escuchado desde 2015 que el objetivo era tomar el Estado porque ahí se juega la verdadera batalla del poder? ¿Cuántas veces se nos ha dicho que controlando el Estado se podía cambiar, de manera profunda, la vida de la gente?

La realidad durante estos años, sin embargo, nos ha devuelto una imagen más compleja. Se puede tener el Estado y no disponer del poder. Se puede controlar el BOE y no necesariamente cambiar de manera radical la vida de la gente. Se puede estar en el gobierno y no ser capaz de embridar el empuje de las élites que buscan condicionar buena parte de la vida social, económica y cultural del país.

El espectro del 15M nos habla de una posibilidad de hibridación (tensa, compleja, no garantizada) entre lo público y lo común. Si recordamos aquellos años de política callejera encontraremos que se buscó conectar, poner en sintonía, las luchas por la defensa de lo público (ahí estaban las Mareas para demostrarlo) junto a la producción de nuevos comunes por fuera de las lógicas burocrático-representativas (huertos urbanos, cooperativas integrales, okupaciones, centros sociales, asambleas barriales, etc.).

También es posible defender lo público desde lo común, defender lo público reinventándolo, radicalizándolo y profundizándolo, abriéndolo a más capas de participación de los usuarios, a experimentos de gestión ciudadana, de una vida política más allá de los partidos y los políticos profesionales. Es la promesa que aupó a tantas candidaturas municipalistas al poder, una promesa que no se pudo mantener y que precipitó después su caída.

En cuarto lugar, la trampa de la alternativa entre masividad y radicalidad. Por un lado, los pequeños grupos en los que se encarna la diferencia cualitativa, la promesa de una vida distinta, el ejemplo práctico de otro hacer. Por otro lado, los movimientos de masas, capaces sólo de demandar cambios cuantitativos, en una lógica de delegación y representación.

El fantasma del 15M nos trae nuevamente otros recuerdos. La gente común se volvía un poco “anarquista”, tomando iniciativas en nombre propio, encontrándose con otros para hacer, poniéndose en marcha. A la vez, los “anarquistas” salían de sus guetos homogéneos y autocomplacientes, para dialogar con sus vecinos y vecinas en pie de igualdad, sin lecciones que dar sino en un aprendizaje recíproco.

Las consignas más radicales, aquellas que tocan el corazón de nuestro sistema político (“lo llaman democracia y no lo es”, “no nos representan”), eran coreadas por miles en las calles y sostenidas por millones en las encuestas. Se cortocircuitó así la falsa alternativa entre verdades radicales de pequeños grupos y conformismo de masas.

El clima 15M atravesaba incluso, con sus afectos alegres de iniciativa y cooperación, el mismo espacio comunicativo, las redes sociales y los medios mainstream. Hoy esto parece imposible, las redes sociales se han vuelto pasto de las pasiones tristes de la acusación y el resentimiento hacia el otro, pero el 15M muestra que una atmósfera afectiva puede cambiar y torcer el destino de los instrumentos más banales y cotidianos.

Los medios mainstream hablaban del 15M y esto, lejos de integrarlo o recuperarlo, lo propagaba, lo expandía, lo extendía. No existía tanto el miedo a ser “manipulados”, como la confianza en la propia fuerza de contagio. Es posible que la comunicación extienda las resonancias de un movimiento, cuando esta se impregna de territorios y prácticas, de cuerpos y mundos de vida. Hoy, sin embargo, la comunicación política es lo que es porque está sostenida sobre nada.

Por último, la trampa de la alternativa entre utopía y normalidad. Entre enclaves utópicos altamente autorreferenciales y normalidad masiva que sólo reclama “una vida sin problemas”.

Como nos enseñan los mayores teóricos de la utopía del siglo XX, como Ernst Bloch o Herbert Marcuse, el impulso utópico no es una especulación o un ideal de pureza inalcanzable, sino un pasaje, un umbral, una tensión entre lo que hay y lo que podría haber, entre lo que es y lo que podría ser, entre la normalidad y el otro mundo posible.

El hogar de la utopía es siempre “aquí-ahora”, pero al mismo tiempo “todavía no”. La utopía es potencialidad: está inscrita y arraigada en el presente inmediato, pero al mismo tiempo apunta y se proyecta “más allá”. Su crecimiento y expansión requiere tiempo y la negación-superación de lo que existe, en el sentido de que lo que hay ahoga y asfixia el embrión de lo por venir.

Durante los meses y años en los que el clima 15M estuvo vivo, una tensión fecunda se estableció entre lo que hay y lo que puede haber. Ni la gente en las calles reivindicaba simplemente “más de lo mismo”, ni se construían “mundos alternativos” sin pie ninguno en la realidad, sino que lo extraordinario se hizo mundo común y al revés. En la normalidad habitaban los potenciales de una realidad otra, sin perder nunca de vista el mundo presente y compartido.

Materializar el fantasma

Las respuestas que trataron de dar curso a lo que propuso el 15M pudieron ser fallidas: desde el municipalismo hasta Podemos, pasando por el regreso a un autonomismo identitario. Pero lo fallido de las respuestas no invalida en ningún caso la pertinencia de las preguntas.

¿Cómo tejer lo común entre las diferencias? ¿Cómo radicalizar lo público, abriéndolo a la participación de cualquiera? ¿Cómo salir de los imaginarios centralizadores a la hora de componer territorios? ¿De qué modo romper la alternativa entre masividad y radicalidad? ¿Cómo arraigar el impulso utópico en lo cotidiano?

Los problemas que no se responden acaban pudriéndose. El campo de la transformación social (lo que por comodidad llamamos “izquierda”) vive hoy en una descomposición acelerada. El presente parece desesperado y sin salida: sostener una izquierda paliativa por arriba o regresar a las identidades cerradas por abajo.

Una salida posible supone retomar las preguntas, volver a los problemas, reformular las promesas incumplidas. Una acción política de cualquiera y para cualquiera, capaz de tejer en la diferencia y alojar lo extraño como fuerza y no como debilidad. Desde nuevos lugares, a partir de otros objetos, mediante otras prácticas.

Ninguno de los anhelos del 15M –democracia real, igualdad efectiva, vida vivible– se ha materializado. Aún es preciso materializar al fantasma."

(Amador Fernández-Savater ha publicado recientemente Capitalismo libidinal; antropología neoliberal, políticas del deseo, derechización del malestar... Ernesto García López es antropólogo y escritor. Autor de Hospital del aire (Candaya, 2022). Destacan sus investigaciones sobre la construcción social del activismo en Madrid durante el ciclo 15M. CTXT, 14/05/24)

11.5.24

El legado del 15M... Todo fue tan fulgurante que resultó devastador para quienes lo protagonizaron desde las distintas líneas del frente... el 15M ha dejado muchas huellas. Hubo avances sociales que cristalizaron en leyes que han aumentado los derechos y las libertades. El feminismo aprovechó el empuje y los mimbres del 15M para ser un movimiento transformador y vanguardista. Puso sobre la mesa muchos de los debates actuales, desde la precariedad hasta la vivienda... Los avances son innegables, al igual que el desgaste... La reacción retrógrada es tan feroz precisamente porque se ha avanzado mucho. Mucho más de lo que pensaban y mucho más de lo que querían la derecha y los ultras, por lo que han intentado destruir cualquier avance de las maneras más ruines, desde las cloacas del Estado hasta las campañas de persecución, acoso y derribo. Eso quiere decir que se ha ido lejos (Javier Gallego Crudo)

 "(...) Todo fue tan fulgurante —a pesar de que parezca lejano, ha ocurrido en muy poco tiempo— que resultó devastador para quienes lo protagonizaron desde las distintas líneas del frente. Pese a la decepción que le provocó a mucha gente, el 15M ha dejado muchas huellas. Por ejemplo, consiguió lanzar a un partido político que en una década cambió el país de manera radical, implantar la actual pluralidad del Congreso y democratizar España.

Hubo avances sociales que cristalizaron en leyes que han aumentado los derechos y las libertades. El feminismo aprovechó el empuje y los mimbres del 15M para ser un movimiento transformador y vanguardista. Puso sobre la mesa muchos de los debates actuales, desde la precariedad hasta la vivienda. Fue un vuelco a la conciencia, aunque ha quedado mucho por hacer, pero vamos lentos porque vamos lejos.

Los avances son innegables, al igual que el desgaste, porque fue demoledor el cambio que se intentó hacer y demoledora también la respuesta para acabar con una transformación que les pareció excesivamente radical.

La reacción retrógrada es tan feroz precisamente porque se ha avanzado mucho. Mucho más de lo que pensaban y mucho más de lo que querían la derecha y los ultras, por lo que han intentado destruir cualquier avance de las maneras más ruines, desde las cloacas del Estado hasta las campañas de persecución, acoso y derribo. Eso quiere decir que se ha ido lejos, de ahí que la respuesta fuera brutal. (...)"

(Entrevista a Javier Gallego Crudo, Henrique Mariño, Público, 15/05/24)

21.12.21

Laudatio de Xoán Hermida: Conozco a Yolanda Díaz hace años, es una persona que no se mueve por el sectarismo y es elegante en la contienda política... Si hay alguien que por su capacidad de trabajo y seducción puede reflotar el espacio radical democrático es sin duda ella... porque el episodio de cambio, abierto simbólicamente por el 15M, no está cerrado en la medida que los motivos que dieron lugar a su aparición siguen sin tener respuesta una década después... y cualquier iniciativa que pase por superar Podemos y retomar la senda del 15M puede tener éxito electoral, bien para frenar la caída, bien para retomar una senda ascendente... mis mejores deseos a Yolanda Díaz en su nuevo proyecto, porque sería un orgullo –y casi una revancha poética- que como gallega alcanzara sus objetivos

 "Recientemente tanto José Félix Tezanos como Iván Redondo han destacado las fortalezas demoscópicas de Yolanda Díaz. El primero dándole un crecimiento significativo en las encuestas a UP, el segundo llegando a pronosticar que podría ser la próxima presidenta del gobierno. (...) ¿y si esta vez tuvieran algo de razón estos ‘gigantes’ de la sociología aplicada?

 Llevo diciendo hace tiempo que si bien es cierto que la nueva política en general -Podemos en particular- está muerta, y asistimos a un repliegue bipartidista; al contrario, el episodio de cambio, abierto simbólicamente por el 15M, no lo está en la medida que los motivos que dieron lugar a su aparición siguen sin tener respuesta una década después y que la desafección -por lo tanto, la crisis de representatividad- no solo no se ha resuelto, sino que se ha ampliado la brecha entre la sociedad y sus representantes.

En ese contexto cualquier iniciativa que pase por superar Podemos y retomar la senda del 15M puede tener cierto éxito electoral, bien para frenar la caída, bien para retomar una senda ascendente.

En ese sentido, solamente la sustitución de Pablo Iglesias por Yolanda Díaz en el liderazgo del espacio de Unidas Podemos ya ha tenido un resultado práctico, que es la bajada de decibelios en la política española, que en un momento de crisis institucional como en el que estamos instalados es una buena noticia para la democracia.

Se dice que el proyecto de Yolanda Díaz es personalista, nada diferente a lo que cualquier otro proyecto viejo o nuevo de la política española de los últimos tiempos. También se critica su ambición. Podría echar mano de un argumentario feminista, pero demasiado simple. Mejor referenciarse en la respuesta que Thaddeus Stevens, líder del sector radical del partido republicano, dio a los congresistas cuando pusieron en cuestión la moralidad de Lincoln: "¿Confianza? ¡Oh, lo siento! Estaba bajo el malentendido de que la profesión elegida por ustedes era la política". 

Conozco a Yolanda Díaz hace años y es una persona que no se mueve por el sectarismo y es elegante en la contienda política. Cuando la crisis de los noventa de Izquierda Unida nos tocó estar en posiciones enfrentadas lo cual no impidió mantener la amistad ni que volviéramos a colaborar en Alternativa Galega de Esquerdas. 

El final de En Marea merecería un apartado específico y bien se podría decir: ‘el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra’ (A saída da encrucillada, Epitafio para a nova política en Galicia; OBenComún; 2021). Si hay una persona que por su capacidad de trabajo y seducción puede reflotar el espacio radical democrático es sin duda ella. No obstante, el proyecto de ‘frente amplio’ –voy a respetar la denominación aparecida en prensa en este tiempo- tiene cuatro problemas para su avance.

1. La corriente de fondo que juega a favor de la derecha en España, con datos demoscópicos muy preocupantes, solo explicables ante la sensación de una parte importante del electorado de que la izquierda ha renunciado a tener un proyecto nacional. Y digo bien, proyecto nacional, porque las construcciones de identidad no son en el siglo XXI exclusivistas y por lo tanto se puede tener un proyecto nacional para España, desde el convencimiento de la existencia de realidades nacionales en su interior o del deseo democrático –casi una necesidad en una globalización bipolar chino-americana- de culminar la construcción nacional de Europa.

2. La reducción del nuevo proyecto a la esquina del tablero, a la tentación de refundación del espacio de la izquierda del PSOE o a la nostálgica recreación de un frentepopulismo sectario que lo situaría como una alianza no constructiva, arrinconada y sin capacidad de llegar a amplios sectores sociales. La cosa es así: no existe unidad de la izquierda sin la participación del PSOE y no existe una alternativa de radicalidad y regeneracionismo democrático con el PSOE

O, dicho de otra forma: la nueva política no venía para refundar los espacios de la izquierda y de la derecha extrema y convertir la democracia española en el galimatías en el que se tiene convertido, sino a substituir las viejas élites por unas nuevas y al PP y PSOE por Cs y Podemos, respectivamente.  Las últimas declaraciones de Yolanda Díaz apuntan a una apuesta por construir un proyecto transversal, recuperando el impulso originario del 15M y el ideario del primer Podemos. Imagino que es consciente que con esa apuesta se cruza un punto de no retorno que no gustará a los actuales dirigentes de Podemos.

3. El papel de los partidos. Sé de la coincidencia intelectual de Yolanda Díaz con muchos de los que desde el ciudadanismo formulamos diferentes salidas al papel asfixiante de los partidos -no confundir con la necesidad de una cultura organizativa y una metodología eficaz-. Son numerosas las intervenciones en los últimos años, algunas compartiendo palestra, en las que tenemos reflexionado sobre ello, pero una cosa es la expresión sincera de una idea y otra si en la práctica es posible abordar esa renovación o si algunos de los activos para un proceso de esa magnitud no tienden a atajar por un cierto tacticismo cortoplacista que antepone las urgencias a las necesidades. Y volver a empezar. En Galicia seria el cuarto punto de partida en 8 años.

Y esto enlaza con el cuarto problema.

4. La desconfianza compartida por muchos en esta última etapa.(...) la crisis de la nueva política tiene un desarrollo de poca honestidad militante e intelectual.  Las personas que se incorporaron -o reincorporaron- a la política a raíz del 15M lo hicieron movidos por unos estándares de regeneracionismo ético y de radicalidad democrática que para nada fueron abordados. Asistimos a una crisis de mayor calado por su dimensión, pues afectaba a sectores más amplios que los tradicionales de la izquierda, y por la sensación de estafa. Eso va a significar que una buena parte de los posibles receptores de la oferta de Yolanda Díaz no se vean esta vez interpelados o miren con desconfianza la enésima propuesta de unidad.

En todo caso mis mejores deseos a Yolanda Díaz en su nuevo proyecto, porque sería un orgullo –y casi una revancha poética- que como gallega alcanzara sus objetivos.

Tres fueron los primeros ministros gallegos en la España contemporánea y todos asumieron su cargo en momentos de crisis institucional. Dos de ellos, Casares Quiroga y Mariano Rajoy, actuaron como el avestruz, mirando para otro lado delante de los importantes retos a abordar. Quiroga no fue capaz de reconducir cara a la concordia el ambiente radicalizado de la España del 36, asegurando el respecto al estado de derecho y prestando atención a las numerosas advertencias de golpe de estado. Rajoy no abordo la dinámica catalana con la audacia política requerida, esperando al incumplimiento de la legalidad y no dejando más salida que abordar está con soluciones policiales y judiciales. El tercero, Pórtela Valladares, actuó llevado por una posición escrupulosamente democrática y con la calidad humana necesaria para evitar el conflicto.

Intuyo que la aventura de Yolanda Díaz no va a acabar -por ahora- en la Moncloa, pero de ser así, deseo que su presidencia se mueva en el marco de la corriente humanista de Pórtela Valladares y no en la del escaqueo irresponsable que caracterizo la presidencia de los otros dos para que no se siga confundiendo la desgana y la irresponsabilidad con un carácter tan propio de los gallegos como la capacidad de engañar a la realidad para soñar nuevas esperanzas."                  (Xoán Hermida , Historiador y director del Foro OBenComún, Público, 18/12/21)

3.11.21

Óscar Guardingo: Si Errejón se hubiera echado una novia en Cornellá podría haber visto como esa bandera rojigualda que a él no le dejaron sacar en enero de 2015, colgaba en 2017 de casi todos los balcones de los bloques de pisos en muchos barrios de Cataluña. También podría haber conocido una Cataluña que no sintió alegría en octubre, sino miedo y angustia... Ganar la Cataluña mestiza del área metropolitana de Barcelona es ganar un cuarto de España

 "Las tempranas memorias Con todo. De los años veloces al futuro (Planeta) son un ajuste de cuentas con el pasado. (...) “detrás de nosotros, la ventana de oportunidad de la que tanto hablamos ha terminado por cerrarse casi del todo. En ese sentido, cabe pensar que estar vivos es ya una cierta victoria”. 

También insiste en las reflexiones finales: “Hemos abierto un lugar político propio y ahora toca ver cómo abrirle camino. Estamos vivos” (página 371). Parece como si hablar de “futuro” fuese solo una manera de situarse fuera de la nostalgia, pero que su “futuro” se reduce ya a seguir vivo. Ser diputado. 

 El objetivo principal de Con Todo es revelar al público de las causas de su enfrentamiento con Pablo Iglesias y certificar la defunción de Podemos. (...)

Según su relato, Podemos se torció porque dejaron de hacer caso en su hipótesis. Para él, no se jodió cuando Iglesias se compró un chalé. Tampoco cuando la Unión Europea le tuerce el brazo a Tsipras y Syriza para dar un ejemplo al resto de países del sur de Europa. Cree que la política es autónoma y estos procesos importan poco si tienes una buena construcción narrativa de los sujetos. Es la hipótesis nacional-popular. La hipótesis es su biografía y su biografía es la hipótesis. (...)

“Nosotros” contra “ellos”

La hipótesis de Errejón requiere trascender de las divisiones ideológicas para crear un sujeto “nosotros” frente a otro “ellos”. En la propuesta nacional-populista de Errejón, el sujeto será el pueblo español y el “ellos” serán las élites, la famosa casta. En otros populismos de derechas, el “nosotros” es el pueblo y el “ellos” son los inmigrantes.

 Errejón articula un populismo democrático. Podemos funciona como un tiro cuando sigue la hipótesis y empieza a averiarse cuando recupera los clichés de la izquierda. Al menos así lo entiende Errejón, y seguramente tenga razón. Si eres la izquierda de verdad te votarán los que se sienten de izquierdas de verdad. Si amplias el sujeto, ensanchas tu espacio.

 Como nadie escribe un libro para dejarse mal, Errejón habla de la corte de Iglesias. Los comunistas que acompañan a Pablo se dedican al control interno del partido, mientras que a Errejón -según explica él mismo- solo le interesa lo bonito de la política. Estas referencias a los comunistas son constantes y de alguna manera Errejón ya parecía estar predestinado al choque con ellos. Sus padres militan en la izquierda que no es comunista, él mismo milita siempre en el no comunismo. 

Pero este anticomunismo no parece ideológico, sino inserto en una lógica de grupos de afinidad, o pandillas, para entendernos. Errejón no tiene un problema con los comunistas, porque para las listas electorales de Cataluña recurre a ellos. Del mismo modo, cuenta con algunos destacados cuadros que provienen de Izquierda Unida y el Partido Comunista de España en su partido.

El problema de Errejón es de una pandilla contra la otra y la otra son “Irene (Montero), Rafa (Mayoral), Juanma (del Olmo), Ione (Belarra), Yolanda (Díaz) y ya tristemente Pablo (Iglesias)” (página 162). No aparecen entre estos comunistas otros como Tania Sánchez ni Pedro Palacios, lo que nos da a entender esa lógica de pandilla de ‘los que están conmigo y los que están con los otros’. 

Tampoco ve Errejón la corte en ojo propio, aunque lo admita en su texto: “El equipo de campaña que montamos es como mi fiesta de cumpleaños; la gente que llevamos junta desde el principio, que nos conocemos de muchos años y que funcionamos con una compenetración perfecta. (…) ¿Sabes la canción esa de Amaral de ‘Son mis amigos’? Pues era eso”, admite en la página172.

El líder de Más País parece convencido de que los comunistas vencieron en Vistalegre 2, pero él hubiera conquistado España. “Nosotros ganamos fuera, que quiere decir que ganamos más cuanto más lejos llega nuestro mensaje, somos más queridos y comprensibles entre las partes quietas que en los militantes” (página 211). 

Parece convencido de que las bases de Podemos no le quieren, pero los españoles le adoran. No hay ninguna duda: si el país fueran los medios de comunicación liberales y Vistalegre 2 se hubiera votado en las redacciones de los periódicos progresistas, Errejón hubiera arrasado. El entorno errejonista era intelectualmente brillante, pero sus rivales internos no eran mancos.

Echenique y la mediocridad

El autor de Con todo concede pocos méritos a sus rivales. Su escondida soberbia, que sí reconoce en su entorno, le impide aún hoy ver que le ganaron dejendo que el mismo se situara donde querían. Cuanto más intelectual se presentaba, menos líder político parecía. Cuanto mejor hablaban de él en la prensa, menos populista era. El entorno de Errejón era intelectualmente brillante, pero sus rivales internos no eran mancos. A esa corte de Iglesias se le puede acusar de “estalinismo cuqui” o de implantar una relación psicopática con las personas a través del poder y tendría razón. Pero le ganaron también el afuera, dejándole que él mismo se situara donde ellos querían.

¿Otro problema grave de Podemos? Personas a las que se podía leer, porque tenían algo que decir, como el sociólogo Jorge Moruno y muchos otros, fueron sustituidas con un criterio de selección inverso. Para brillar te puedes rodear de gente brillante, pero también puedes destacar rodeándote de gente más mediocre que tú. Imagínense que cada escalafón hacia abajo es voluntariamente más mediocre que el superior, e imagínense que encima de todo el aparato del partido está Echenique. Si el segundo nivel del aparato ya tiene que ser más mediocre que Echenique, echen cuentas del tercero o del cuarto.

Los cronistas políticos Enric Juliana y Esther Palomera narraron en la primavera de 2017 la operación Jaque Pastor que costó la continuidad en el cargo al entonces secretario de organización de Podemos, Sergio Pascual. El suceso es tal que así: un ordenador que queda abierto en la sede de Podemos y la pantalla muestra un chat donde Pascual, Errejón, Maestre y otros afines a Íñigo conspiraban, según los cronistas Juliana y Palomera, para hacer caer a Iglesias. 

En Con Todo Errejón quita bastante hierro al asunto (“es uno de esos grupos, que se llama ‘Dinamización’, estamos varios compañeros, entre ellos yo. Claro que tenemos grupos en los que compartimos línea y elaboramos nuestras posiciones, ¿pero quién no?”, página 196). Nos quedamos sin saber ni quién encuentra el ordenador encendido y se lo enseña a Iglesias, ni el contenido que hizo que el periodismo bautizara la operación como ‘Jaque Pastor’. El lector solo puede quedar decepcionado por este técnica del libro de ‘mencionar sin explicar’.

Gerona mola, Cornellá no tanto

El 31 de enero de 2015 Podemos colapsa Madrid con la Marcha del Cambio, donde cien mil personas se manifiestan convocadas por un partido y una idea. Es una demostración de fuerza impresionante. Íñigo se queda ronco los días previos pidiendo que “en esa marcha lleváramos la bandera de España, que nos reivindicáramos de esa bandera y, sobre todo, nos hiciéramos cargo de ella” (página 136) porque “no hay izquierda hegemónica sin país ni país sin bandera”. 

Errejón incluso recalca que hoy, después de la España de los balcones, “sigo pensando exactamente lo mismo; es más, si cabe, lo siento más” (página 138). Tendremos que esperar al siguiente libro para saber quiénes son los que le impiden sacar hoy la bandera española en Más País, si tan convencido está.

Al mismo tiempo que Íñigo defiende la rojigualda, se enfrenta con Iglesias por Cataluña. Errejón cree que el Procés es “una expresión de voluntad democrática transversal” (página 134) y pone un tuit desmarcándose de un acto de Iglesias en Barcelona donde ha dado candela a los independentistas, incluyendo a la CUP. El líder de Más País apela a su biografía en Cataluña (página 160) y siente “una cuestión meramente biográfica, de piel” (página 133). 

¿A qué se está refiriendo? Incluso antes de Bolivia, Errejón admite que su primer acercamiento a lo nacional-popular es conviviendo con una novia en Gerona. Es decir, el primer acercamiento es en los ambientes independentistas de Gerona en lo nacional y en la provincia más rica de España en lo popular.

Íñigo Errejón acusa a Iglesias de acercarse inicialmente a Cataluña con las gafas de Madrid, y llega a acusarle de introducir la división entre los catalanes (“Pablo protagoniza una agria polémica con el catalanismo cuando reintroduce una división ya superada en la sociedad catalana”, comparte en página 158). 

Incluso llega a despreciar a los barrios de clase trabajadora de Barcelona: “un área metropolitana congelada e idealizada a lo Marsé que estaría harta de la cuestión nacional”. Errejón desprecia este sentimiento. Curiosamente los que “salen catapultados” (página 160) en las elecciones autonómicas catalanas son Ciudadanos. Algo incomprensible cuando llevas una gafas con una lente de Madrid y otra de Gerona.

Si el Procés no divide a los catalanes y era algo tan transversal, ¿cómo es posible que Ciudadanos fuera el partido más votado? ¿Y posteriormente el PSC? Parece un misterio insondable para el líder de Más País. Como buena parte de la izquierda madrileña flipada por toda la estética indepe catalana y vasca, Errejón reconoce la pluralidad de España, pero desconoce la catalana. Como si la Cataluña de Estopa fuera un barrio de Vallecas y no fuera tan catalana como la Cataluña de Txarango

 El desprecio por las áreas metropolitanas de Barcelona y Tarragona acabaría siendo letal para esa izquierda, cuando se descubra cómo un factor clave para el sistema electoral español: primero disparó a Ciudadanos y ahora estabilizó a los socialistas. Ganar la Cataluña mestiza es ganar un cuarto de España. El voto que convirtió a Podemos en una fuerza al alza, que le hizo ganar Cataluña en unas generales, hoy seguramente tenga una parte en ERC, pero el grueso de municipios que fueron morados se convirtieron en naranja y ahora vuelven a ser rojo PSOE. 

Conclusión

Si Errejón, en lugar de una novia de Gerona, se hubiera echado una de Cornellá podría haber visto como esa bandera rojigualda que a él no le dejaron sacar (presuntamente) en enero de 2015 colgaba en 2017 de casi todos los balcones de los bloques de pisos en muchos barrios de Cataluña. También podría haber conocido una Cataluña que no sintió alegría en octubre, sino miedo y angustia. Quizás porque solo quienes tienen la vida solucionada pueden permitirse que se disuelva su patria: los que no tienen que preocuparse de qué país le va a pagar la pensión o de perder el empleo si su empresa se va de Cataluña.

España superó la división de izquierda y derecha en el momento en que en los consejos de administración de las cajas que desahuciaban había miembros de IU y CCOO mientras que parando desahucios podía haber votantes de Convergencia o PP. El movimiento popular y la movilización definieron que el eje era el de arriba y abajo. ¿Es hoy realizable una propuesta política que no obligue a elegir entre España y subir el SMI? ¿Pueden los españoles ir a las urnas sin tener que optar entre seguridad ciudadana y seguridad laboral? ¿Entre familia y libertades? Esa es la pregunta que queda flotando cuando alguien termina de leer Con Todo y lo archiva en el cajón del pasado."

(Óscar Guardingo fue senador de Podemos. Actualmente ha vuelto a trabajar en la inyectora de aluminio de la fundición de SEAT Componentes. Vox Populi, 02/11/21)

18.5.21

Dónde están diez años después Democracia Real Ya, Juventud sin Futuro y la galaxia de colectivos que llenaron Sol

 "Dónde están diez años después Democracia Real Ya, Juventud sin Futuro y la galaxia de colectivos que llenaron Sol.

 (...) El 7 de abril, un mes antes de la toma de Sol, alrededor de dos millares de estudiantes marcharon por la capital convocados por el colectivo Juventud Sin Futuro (JSF), un sujeto activo gestado en el ámbito universitario que no tardó en ganarse los apoyos de otros tantos colectivos de la sociedad civil. “Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo” podía leerse en la pancarta que abría la manifestación. (...)

 Pero un par de meses antes de aquello, algo se estaba gestando ya en las redes sociales. En febrero, un joven abogado puso en marcha la “Plataforma de coordinación de grupos pro movilización ciudadana”. Un grupo en Facebook que terminó convirtiéndose en el germen de Democracia Real Ya (DRY), encargada de convocar las manifestaciones del 15M en diversas ciudades españolas. Al colectivo se fueron acercando Juventud Sin Futuro y otros tantos movimientos como Attac o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). (...)

Una década después de que Sol se convirtiese en una suerte de ciudad indignada dentro de la capital, JSF ha desaparecido. La que fuera una de las semillas del 15M dijo adiós una vez saltó por los aires el sistema bipartidista en las elecciones generales de 2015. “Hoy nos despedimos siendo conscientes de que aún miles de jóvenes de todo el país siguen sufriendo la precariedad laboral, siguen encadenando becas por trabajo, siguen sin poder acceder a una vivienda, siguen sin poder acceder a la universidad, siguen haciendo la maleta y dejando atrás su vida para buscar esa oportunidad que aquí no tienen. Pero, a pesar de esto, nos despedimos sabiendo que hoy día esos problemas no se sufren en silencio”, señalaban en el artículo “Quisieron robarnos el futuro, pero nos quitaron el miedo”, publicado en marzo de 2017 en elDiario.es y que sirvió como carta de despedida del colectivo.

 Democracia Real Ya: de la división a la inactividad

Mucho más complicada fue la etapa post 15M en la marca Democracia Real Ya. Solo once meses tardó la unidad en saltar por los aires. Cuando apenas quedaban tres semanas para el primer aniversario del movimiento, el colectivo se partió en dos tras una asamblea extraordinaria en la que se decidió convertir a DRY en una asociación sin ánimo de lucro. La parte encabezada por Fabio Gándara, el abogado que puso en marcha el grupo en redes sociales en febrero de 2011, consideraba necesario cambiar la estructura para dejar atrás la parálisis generada por algunos procesos asamblearios. La otra, sin embargo, restaba legitimidad a aquel encuentro y creía que el cambio de estatus jurídico significaría una pérdida de la horizontalidad

Al final, Gándara y otros cuatro de los miembros que trataron de impulsar la reconversión de la plataforma fueron expulsados de la misma. Surgió así la Asociación DRY, que un año después contaría con el espaldarazo explícito desde Italia del Movimiento 5 Estrellas (M5S) de Beppe Grillo. “Aquella asociación no tuvo mucho recorrido. De hecho, algunos de sus impulsores pronto se quitaron de en medio”, cuenta Francisco Jurado, entonces miembro del sector crítico con la idea de cambiar el estatus jurídico y hoy responsable de Sociedad y Participación de Más País Andalucía.

 El letrado Eric Sanz de Bremond cuenta a infoLibre que estuvo en la Puerta del Sol “desde la primera noche”. Entonces, tenía 27 años. Ahora, con 37, sigue trabajando, además de en la cooperativa de abogados madrileña Red Jurídica, en la Comisión Legal Sol, un grupo que se dio cita desde el primer momento en el kilómetro cero para asesorar a los participantes en lo referido a los derechos de reunión, a las comisiones y grupos de trabajo en la formulación jurídica de sus propuestas o para personarse en la defensa de los detenidos y lesionados aquel mes de mayo de 2011 y que todavía sigue funcionando.

“Seremos entre diez y veinte personas, nos reunimos semanalmente y damos apoyo a quien nos pida cobertura”, cuenta. (...)

El 15M terminó originando un enorme entramado de colectivos. “No desapareció el movimiento, sino que se difundió por el tejido social, con asambleas de barrio, acciones de defensa contra las injusticias y extensión de prácticas económicas alternativas”, reflexionaba el sociólogo Manuel Castells en “¿Adónde van los ‘indignados’?”, un artículo publicado en La Vanguardia un par de meses antes del primer aniversario del movimiento.

Al calor de aquel mayo de 2011 nació, por ejemplo, 15MpaRato, la plataforma ciudadana impulsada por el colectivo Xnet que se querelló contra el exvicepresidente del Gobierno Rodrigo Rato y propició el estallido del caso Bankia o las tarjetas black. O cogieron impulso las famosas mareas ciudadanas en defensa de los servicios públicos –la verde para la educación y la blanca para la sanidad, entre otras–, unas marchas que fueron multitudinarias, aunque poco a poco han ido perdiendo fuelle, y que solía amenizar la Solfónica, el coro de los indignados que floreció en la asamblea de Cultura del 15M y que, todavía en la actualidad, sigue ensayando.

 Una década después también siguen trabajando a pleno rendimiento otras organizaciones que, aunque ya estaban constituidas antes de que se tomara la Puerta del Sol, contribuyeron al impulso del movimiento. Una de ellas es la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), que echó a andar en Barcelona en 2009 cogiendo el testigo del colectivo conocido como V de Vivienda y llegó a Madrid en febrero de 2011. Diez años más tarde, solo distribuidas por la geografía madrileña tienen casi una treintena de nodos, que van desde Carabanchel o Vallecas hasta Móstoles, Torrejón de Ardoz o la Sierra Norte. Más de dos centenares de delegaciones distribuidas por todo el país que han conseguido paralizar algo más de dos millares de desahucios, según las cifras de la propia organización. (...)

En artículo de despedida, Juventud Sin Futuro recordaba que había nacido “con el ansia de fracturar un régimen” que no les “representaba”, promoviendo “un cambio político”. “Ahora hay otros espacios en los que se puede militar, todo lo que teníamos que hacer ya lo hemos hecho”, decían. Algunos de los integrantes del colectivo estuvieron en el nacimiento de Podemos. De hecho, al menos siete formaron parte de la primera dirección –Consejo Ciudadano Estatal– de la formación morada, de los cuales algunos se encuentran hoy formando parte de Más Madrid: Miguel Bermejo, Rita Maestre, Sara Bienzobas, Eduardo Fernández Rubiño, Miguel Ardanuy, Segundo González y Jesús Gil Molina. Juventud Sin Futuro fue, del mismo modo, cantera de otros dirigentes políticos como el exsecretario general del partido en la Comunidad de Madrid Ramón Espinar o la diputada madrileña Isa Serra.

Podemos fue, en parte, fruto de aquel descontento político que cristalizó en el 15M. Los impulsores del partido morado supieron leer bien el momento y canalizar ese hartazgo social que se respiraba en el ambiente. Algo que otros no supieron hacer. Un ejemplo de ello se encuentra en el Partido X, impulsado en 2013 por personas que participaron activamente en el movimiento indignado. En las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, las primeras a las que concurrieron, cosecharon algo más de 100.000 papeletas, un 0,64%.

 Unos meses más tarde, anunciaban que no se presentaría a los siguientes comicios. “Estamos aportando nuestro método de trabajo y nuestra competencia a muchos grupos ciudadanos que se organizan para acabar con el caciquismo y conseguir una democracia real”, exponían.(...)"        (Álvaro Sánchez Castrillo, InfoLibre, 15/05/21)

17.5.21

15M: Posada: no engaño a nadie si digo que yo en 2011 creí que estaba haciendo la revolución, asistiendo al fin del individualismo y del capitalismo. Pensé que saldríamos con un proceso constituyente en marcha. Pero pronto se intensificó la brutalidad policial. Al final no podía una ni sentarse en el Retiro a celebrar una asamblea... Taibo: Aunque esperaba más, ha dado un impulso innegable a la construcción de espacios autónomos autogestionados, desmercantilizados... Doy por seguro que llegarán nuevos 15-M

 "(...) Lidia Posada tenía 26 años entonces y militaba en Democracia Real Ya, el colectivo que convocó la manifestación aquel 15 de mayo. En la acampada participó en la Comisión de Comunicación y Extensión. También en StopDesahucios, el origen de la Oficina de Vivienda. Entonces era, y sigue siendo, abogada. 

El escritor y divulgador Carlos Taibo contaba 55 años y tres días cuando dirigió unas palabras al final de la manifestación. “Lo hice cargado de dudas, por cuanto el manifiesto de convocatoria era más bien moderado. Aunque pensé que lo que tenía previsto decir podía resultar en exceso radical, el problema quedó rápidamente resuelto: apenas se oía nada”, recuerda. 

Poco tiempo después publicaría Nada será como antes. Sobre el movimiento 15-M y El 15-M en sesenta preguntas (los dos con Catarata en 2011). Diez años después, los dos personajes comparten su experiencia .

El 15-M fue una demostración de alegría y de entusiasmo contagiado. ¿Qué recordáis de aquellos primeros días en las plazas?

Lidia Posada: Yo pienso que el 15-M nació el 17-M cuando todas esas personas volvieron a aparecer por la plaza para mostrar solidaridad con las detenidas y persistencia contra el régimen.

Recuerdo sentir mucha ilusión y una creciente confianza en el resto de la gente. Todos los días conocías a decenas de personas nuevas. También recuerdo mucho cansancio porque yo trabajaba hasta las 18:00 y hacía mis tareas de la Asamblea hasta las 3:00. Estuve semanas durmiendo muy poco.

Carlos Taibo: Recuerdo sí, la alegría y el entusiasmo, que revelaban que por fin habían estallado de forma creativa muchas tensiones. Pero por encima de todo lo que recuerdo es la irrupción de un discurso y de unas prácticas radicales, que, asentadas en la asamblea, hasta entonces habían sido privativas de determinados cenáculos propios del mundo libertario y de algunas instancias de la izquierda de siempre. Ahora alcanzaban, de manera casi milagrosa, a mucha gente. Yo fui, en cualquier caso, el primer sorprendido.    (...)

¿Qué acampadas presenciasteis? ¿Visteis alguna diferencia entre ellas?

LP: Acampadas físicas sólo vi la de Madrid. Visité otras ciudades durante 2012 pero ya no era lo mismo. Como curiosidad, diré que existía un documento en tomalaplaza.net llamado Cómo hacer una acampada con consejos básicos materiales y legales.

CT: En mi condición de charlista inmoderado estuve en un par de centenares. Las había de todos los pelajes. Y ello tanto en el terreno generacional como en lo que respecta a la ubicación espacial o a la profesional. En unas predominaban las activistas de los movimientos sociales y en otras lo que se dio en llamar, a mi entender con poco criterio, jóvenes indignados. La abrumadora mayoría eran, en cualquier caso, asambleas urbanas, algo que no dejó de ser un problema en el marco general del 15-M, que, por otra parte, y desgraciadamente, apenas acogió inmigrantes. 

En las más de 200 acampadas en España, el único órgano soberano de decisión era la asamblea ¿Alguna vez habíais visto algo parecido en vuestra vida? ¿Lo habíais imaginado?

LP: Durante los meses anteriores yo ya había practicado el asamblearismo. Todo lo que sé lo aprendí en el Patio Maravillas y del libro Asambleas y Reuniones. Pero la magnitud del 15-M no la hubiera podido pronosticar ni en el mejor de mis sueños. Sobre esto quiero ensalzar la figura de las compañeras de la Comisión de Dinamización y lo mucho que nos enseñaron a todas sobre cómo formular y reformular una idea cuando de verdad se busca un consenso.

CT: Lo había visto pero siempre en pequeños circuitos y al amparo de lo que en los hechos eran activistas con años de experiencia. Ya he dicho que en modo alguno entraba dentro de mi cabeza que eso iba a suceder. Por momentos tengo la impresión de que lo ocurrido entonces ha sido para mí un estímulo para buscar la lucidez y el coraje de muchas gentes comunes que tienen que estar en el núcleo de cualquier proyecto emancipador.   (...)

La transversalidad del 15-M se vio en el grito mudo del día 21, desafiando la legalidad y en el que participaron 20.000 personas. ¿Qué podríamos aprender de ello en una actualidad repleta de extremismos y odio?

LP: El grito fue mudo por algo. Yo quisiera distinguir entre transversalidad de los y las participantes y la verdadera transversalidad del contenido de lo que se pide. No creo que el 15-M tuviera un contenido especialmente transversal. De hecho, uno de los retos principales fue cómo establecer mecanismos de participación más justos que huyeran del maniqueísmo.

Lo que sí posibilitó el 15-M fue el espacio y el clima adecuados para debatir contenido y no limitarse a reaccionar con virulencia a lo que otro ha dicho, como pasa ahora, que es diferente. Yo opino que al fascismo hay que odiarlo y, sobre todo, que, cada tanto, hay que recordar por qué. También echo de menos un espacio en el que debatir nuevos modelos de sociedad, incluso radicales o extremos. Ambas cosas no deberían ser incompatibles pero hemos perdido la paciencia y la actitud.

CT: No creo que podamos aprender mucho. Lo ocurrido en la última década demuestra, a mi entender, que cuando hablamos de ‘la izquierda’ empleamos un concepto muy vaporoso y manipulable. Mi ‘izquierda’ la configuran las gentes que creen en la autogestión y la practican, y que son conscientes del riesgo de un colapso general. Hablo de una izquierda anticapitalista, decrecentista, antipatriarcal e internacionalista, que no es abrazada, en los hechos, por la mayoría de las gentes que se sitúan en lo que convencionalmente se entiende por izquierda. Un poco de extremismo no me parece mal.

El impulso que supuso la toma de las plazas en la primavera de hace una década se vio después en las mareas por los servicios públicos, la PAH, los Yayoflautas, el 15MpaRato, Rodea el Congreso, etc. ¿Qué puede decir de la forma en que la ciudadanía adquirió conciencia?

LP: No me atrevo a decir que el 15-M hiciera adquirir conciencia a determinados grupos. Los Yayoflautas, por ejemplo, son personas que llevan danzando ya varias décadas. Pero el intercambio de ideas en las plazas sí sirvió, deduzco, para nutrir el repertorio de ideas y acciones de esos grupos. También para tejer una red de solidaridad y sinergias entre colectivos, de tal manera que la Marea Verde sabe que cuenta con la Marea Blanca y ambas con LegalSol.

CT: Aunque efímero, fue un soplo de aire fresco que desnudó las miserias de lo que con alguna liberalidad voy a llamar ‘izquierda tradicional’. Hablo de su culto a los líderes, las jerarquías y los liberados, de su lenguaje a menudo incomprensible, de su desprecio de la gente común, de una escasa voluntad de revisar conceptos y certezas, de un sectarismo sin límite y, al cabo, de la aceptación soterrada, vía socialdemocracia o vía leninismo, de la miseria existente. Cierto es que el 15-M no permitió dejar atrás todo eso. Se limitó a señalar que había otros caminos y que sobraban los motivos para recorrerlos.    

La acampada de Madrid se terminó el 12 de junio y la de Barcelona seis días antes. Aunque estas dos grandes ciudades atrajeran la mayor parte de los focos, fue un movimiento totalmente descentralizado en el territorio español y muy similar entre sí. ¿Qué compartían los activistas para que esto sucediera?

LP: Yo identifico dos claves. La primera es que las manifestaciones del 15-M eran una especie de coronación de un ciclo de protestas que cada vez eran más multitudinarias. Así que todo el mundo estaba en la misma página reivindicativa, por decirlo así. La segunda es que durante las acampadas había muchísimo flujo de comunicación. En el caso de Madrid, la Comisión de Extensión se encargaba de este contacto con otras ciudades. Las Acampadas tenían mucho curro entre bambalinas.

CT: Padecían problemas similares, producto de la crisis sin fondo del régimen de la transición y del desvarío capitalista que se revelaba en la trastienda. Pero diferencias, las hubo. Me limitaré a señalar, por un lado, que, no sin paradoja, donde los movimientos sociales alternativos eran fuertes, el 15-M se desarrolló con menor poderío. Y, por el otro, que en aquellos lugares en los que había problemas vinculados con la cuestión nacional, la presencia y la deriva del 15-M fueron distintas. Tal y como lo señalas, y en cualquier caso, el 15-M fue un movimiento felizmente descentralizado.    

Con el tiempo, el movimiento viró hacia otras posiciones. Una de ellas es la creación de Podemos. ¿Qué tiene Podemos del 15-M y qué tenía el 15-M que no tiene Podemos?

LP: Yo no he participado en Podemos, por lo que puedo caer en algún juicio injusto opinando desde la periferia. Me parece que Podemos y el 15-M guardan una identidad parcial en sus integrantes y, en consecuencia, Podemos ha mantenido contenido, códigos y expresiones del folclore quincemayista. Pero no me parece que Podemos sea el producto del viraje del movimiento. Fue otra cosa nueva. Otros participantes iniciaron proyectos laborales integrados en el Mercado Social o propuestas autogestionadas de economía como el Nodo de Producción o de apoyo mutuo como el Sindicato del Barrio de Hortaleza. Estos también son descendientes pero ninguno es el sucesor. Todo son metonimias de aquella otra ciudad dentro de la ciudad.

CT: Es difícil responder, siquiera sólo sea porque en los hechos hubo varios 15-M distintos. El que yo defendí y defiendo, asambleario, horizontal, antiautoritario, autogestionario, anticapitalista y con voluntad de rechazo de liderazgos y personalismos, nada tenía que ver con Podemos, que es la representación mayor de lo contrario. Cuando muchas gentes, hoy, añoran la reaparición del 15-M, creo que en la mayoría de los casos buscan ese 15-M que acabo de mencionar y expresan en un grado u otro su desdén por lo que ha supuesto, en forma de integración en un sistema lamentable, Podemos. 

Ya en el plano más personal, ¿qué sentíais al ver lo que estaba consiguiendo el 15-M hace diez años? Y en retrospectiva, ¿qué sentís ahora?

LP: No engaño a nadie si digo que yo en 2011 creí que estaba haciendo la revolución. Con todas las letras. Creí que estaba asistiendo al fin del individualismo y del capitalismo. Pensé que saldríamos de 2012 con un proceso constituyente en marcha. Pero pronto se intensificó la brutalidad policial. Al final no podía una ni sentarse en el Retiro a celebrar una asamblea. Pasé mucho miedo durante algunos meses, la verdad. Algunos culpan a Podemos de la desarticulación de la lucha en la calle pero lo cierto es que ya estaba tocada de muerte por la represión. Rocío Lanchares lo retrata muy bien en su novela Hotel Madrid, historia triste. Hoy sé que éramos un poco inocentes pero, como Édith Piaf, no me arrepiento de nada.

CT: Aunque esperaba más del 15-M, creo que su legado no es despreciable, pues ha permitido reabrir debates que estaban cerrados y en ese sentido ha invitado a cuestionar la naturaleza del sistema –el capitalismo, la explotación, la alienación, la plusvalía, la sociedad patriarcal, las guerras imperiales, la crisis ecológica, el colapso– y ha otorgado un relieve limitado a las disputas relativas al régimen que tanto interesan, por ejemplo, a Podemos. 

También ha dado un impulso innegable a la construcción de espacios autónomos autogestionados, desmercantilizados y, ojalá, despatriarcalizados. Doy por seguro que, lejos de elecciones, instituciones y separaciones, llegarán nuevos 15-M."                 (Guillermo Martínez, CTXT, 15/05/21)

11.6.19

Santiago Alba Rico: Yo creo que hay una izquierda a la que durar le parece de derechas, que apuesta por no durar, una izquierda que considera que la buena dirección es la derrota. No voy a sobrestimar lo que ha hecho Carmena, pero creo que Podemos no ha sido precisamente favorable a la renovación de Carmena como alcaldesa...

"(...) Habla desde el pesimismo y antes focalizaba en el 15M, ¿el 15M se ha liquidado, ha desaparecido?

Estamos en un momento de restauración clara y casi tenemos que alegrarnos de que haya una restauración del bipartidismo, al contrario que en otras partes de Europa. Pero esto significa que buena parte de ese impulso y esa voluntad de transformación se ha perdido. Al mismo tiempo, es probable que no se haya perdido del todo, que queden restos. 

Creo que los votos a Kichi, Más Madrid, en el ayuntamiento y en la comunidad, o a Ada Colau en Barcelona, esos votantes sí que se reconocen claramente como herederos del 15M. Y creo que todavía hay muchos votantes que intentan votar al 15M.

Son partidos que ya no son Podemos, un partido del que llegó a ser candidato al Senado por Ávila, con el que ha sido crítico desde hace ya algunos años. En 2017 escribía una columna en eldiario.es en la que ya señalaba que no todo iba bien en Podemos.

Sí, hace mucho tiempo ya. Yo no quisiera que desapareciese aunque veo más probable que desaparezca a que se recupere. Ni siquiera sé si querría yo que se recuperase. Creo que necesitamos otra cosa que desborde a Podemos. No digo que Podemos no pueda formar parte de eso que surja, pero necesitamos otra cosa porque es obvio que Podemos no es ya el motor de una transformación de este país.

¿Y lo es el partido de Íñigo Errejón más allá de Madrid?

El otro día Íñigo, con buena sensatez, decía que de ninguna de las maneras Más Madrid debía extenderse al resto de España. Es todo lo contrario, en el resto de España hay rescoldos todavía vivos que deben sumar con los rescoldos vivos que hay en Madrid y tratar de aprovechar una tregua si nos las dan los próximos cuatro años. 

Habría que aprovecharla para tratar de construir una constelación que obligase a Podemos a aceptar sus verdaderas dimensiones que hoy son muy modestas. Habrá que contar con Podemos, pero en algo que sea mucho más grande, que esté más descentralizado y que tenga la capacidad de recuperar tanto el primer discurso como las primeras prácticas del 15M. (...)                      (Entrevista a Santiago Alba Rico, Paula Carroto, eldiario.es, 06/06/19)


"(...) En un reciente artículo se mostraba preocupado por la polarización entre Madrid y Barcelona, escribía: 

"Si Madrid es gobernada por Vox y Barcelona por el independentismo España tiene un grave problema"

Es que es un riesgo muy grande el que corremos. Creo que hemos entrado en una dinámica de polarización que nos sitúa frente a una cuestión sin resolver que no es la de Catalunya o el País Vasco, sino que es la cuestión de España. Estamos muy lejos en ese sentido de alcanzar una amortiguación del problema, creo que todo va a depender de la sentencia del Supremo.    

Me preocupa mucho el hecho de que durar sea tan difícil para la izquierda. Yo creo, de hecho, que hay una izquierda a la que durar le parece de derechas, que apuesta por no durar, una izquierda que considera que la única brújula que indica la buena dirección es la derrota. 

No voy a sobrestimar lo que ha hecho Carmena, tengo muchas críticas y reservas en lo referido a sus políticas económicas, pero al mismo tiempo creo que Podemos no ha sido precisamente favorable a la renovación de Carmena como alcaldesa. 

Conservar Madrid y Barcelona hubiera puesto un freno a esta nueva derecha que crece y hubiera también limitado los efectos de esta nueva restauración a la que estamos asistiendo."                (Entrevista a Santiago Alba Rico, Juan Losa, Público, 07/06/19)

24.4.19

De los sueños del 15M a “la política del zasca”

"(...) Entre elección y elección se cumple el octavo cumpleaños del 15M. Durante estos días, la posibilidad de que un gobierno de derecha y extrema derecha ocupe la Moncloa se junta con el recuerdo de las plazas vibrando. Si echamos la vista ocho años atrás para voltearla al día presente, resulta complicado comprender todos los cambios que han ido sucediéndose.

 Porque el 15M fue muchas cosas, tantas como gente que le dio vida. Fue el síntoma de un hartazgo que, al principio, no tenía nombre. Luego, con el paso de los días, tuvo muchos. Por ejemplo, que no, que no nos representan. Era un grito de cansancio, de rechazo y de esperanza. Éramos los indignados. 

Entre muchas otras cosas, se quería recortar esa distancia abismal que nos separa del político profesional que tanta vergüenza nos genera cuando se nos aparece con un brillo desmedido durante la campaña electoral. No, con el 15M se decía que ya no había confianza. Que el sistema del turno, el bipartidismo, era en el fondo una ratonera de la que no se podía escapar. (...)

Esto pasó hace ocho años. 

El movimiento no se instaló en nada, demanda que una y otra vez de repetía desde el poder por necesidad de encasillar algo que no podían controlar. Por eso algunos gobernantes, (por ejemplo, los mismos que hoy abanderan el camino de la libertad nacional catalana) mandaron a limpiar las plazas. 

Por limpiar se entiende vaciar, y esto se resuelve con una combinación de agua a presión, lanzamiento de pelotas de goma, swing de porra y otras técnicas de violencia legal-institucional. No se instaló en nada, pero mutó en muchas cosas. Transformó el árido terreno de lo político en un campo fértil para futuros movimientos y partidos políticos que acabarían con el bipartidismo.

 La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y Podemos, por ejemplo. Los comicios electorales en estas fechas señaladas retoman el recuerdo de aquellos días con una serie de preguntas: ¿de qué sirvió todo aquello?¿Hemos cambiado en algo? ¿hasta qué punto lo que antes era que no, es ahora que sí? ¿estamos representados, al fin? 

 (...) A modo de conclusión anticipada, diríamos que hemos pasado del paradigma de la apatía política a los tiempo de la política del “zasca”. La política devino, en algún momento posterior al 15M y anterior al nacimiento de Podemos, en un fenómeno de masas. Si los primeros tres años de crisis los expertos economistas acaparaban todos los focos, después del 15M hubo un cambio de lo que se consideraba importante. Nunca antes había sido concebible que cadenas privadas de televisión emitieran tertulias políticas en horario de prime time. (...)

La política está en los bares, como antes lo estaba el fútbol. Pero, sin embargo, no la ha ensanchado. Que la difusión general dependa del interés particular de una empresa privada te hace rehén de las dinámicas de poder que las vehiculan. Eso nunca ha sido una buena noticia. La tertulialización de la política es el primero de los elementos de la nueva política del “zasca”. 

Otro cambio que podemos identificar es la tuiterización del lenguaje político. Si en el punto anterior sí que podemos imaginar cierta relación causal, aquí ya parece más complicado. Twitter ha impuesto un nuevo código de comunicación alrededor del globo. 

La tuiterización de la política implica la simplificación del lenguaje a su partícula más elemental. Huelga decir que, si se gana en capacidad de expandir un mensaje, se pierde en contenido. También ha incorporado un nuevo modo de lucha política, que va acorde con la lógica capitalista elemental de la acumulación desmedida: gana quien tenga más likes

No importan el contenido ni la razón del mismo, simplemente la acumulación progresiva. A su vez, sin embargo, la existencia de ese tipo de redes sociales crea una sensación de proximidad que antes no había. Vemos a políticos colgando stories de Instagram y respondiendo por Twitter de forma desacomplejada, casi, diríamos, humana. 

Ahora bien, las comparencias delante de los medios de comunicación siguen siendo escasas. Por eso, si nos referimos a los sueños del 15M, seguramente no era eso lo que se entendía por reducir la distancia entre gobernantes y gobernados. La tuiterización de la política es el segundo elemento de la política del zasca. 

El tercer y último elemento de la política del zasca es la política de fichajes. El 15M atacaba a la figura del político profesional, profesión que ni se estudia ni es profesión. Una figura que vincula el partido partido con la corrupción y el político con las puertas giratorias. Esto sigue más o menos igual. No se han hecho las leyes adecuadas, y esa puerta que tan bien simboliza el dominio del poder empresarial sobre el poder político sigue vigente. 

Eso no quita que después del 15M ha habido un cambio respecto del ideal de político perfecto, en el que precisamente se castiga al político de “carrera”. Colau y Carmena en el centro como el camino a seguir. Cuanto más alejados estén del mundo de la política, mejor. Como Trump, Beppe Grillo, o el nuevo presidente de Ucrania, el cómico Volodymyr Zelensky. 

Sin embargo, y a propósito de estos últimos comicios, estamos viviendo una mutación de la misma que entrona con el espíritu de la política del zasca, donde importa más el ser capaz de herir el rival ajeno que de curar la herida propia. Se trata de fichar a políticos que jugaran en otro equipo. Ejemplos: Celestino Corbacho, exministro de Trabajo e Inmigración con Zapatero, ficha por Ciudadanos. O Toni Comín, que deja ERC y se une a la lista de Puigdemont.

Estas tres dimensiones (tertulización de la política, tuiterización del lenguaje y política de fichajes) marcan los tiempos actuales de la política del zasca. Si lo analizamos punto por punto, es difícil afirmar que los deseos del 15M se hayan materializado durante estos años. Es cierto que el bipartidismo ha muerto, aunque parece que avanzamos hacia una versión descafeinada (y sin duda mejorada) de la misma, la política de bloques.

Sin embargo, lo que consiguió el 15M fue finalizar con ese sentimiento de apatía y desazón, a la vez que dio voz a un pensamiento sencillo pero con tremendo potencial: que sí, que sí se puede. Que no debemos conformarnos con el bienestar del alma que otorga la marginalidad. Porque el grito del 15M no apuntaba tanto a la política como lo Político con mayúscula.

 Lo político tiene que ver con las formas en las que nos relacionamos en sociedad, cómo nos cuidamos, cómo construimos dimensiones y campos de actuación que vayan más allá de la esfera de la representación política. En el octavo cumpleaños del 15M, merece la pena recordarlo. Ah, y que aunque no nos lleve a la tierra prometida, es mejor tirar de la cadena que no hacerlo."                  (Guillem Pujol, El Salto, 23/04/19)

21.11.17

Soy otra de esos tantos “cerebros fugados”... sí, nos volvemos todos juntos a España, ¿pero a qué?... la España de la que nosotros nos fuimos hace muy pero que muy poco tiempo era una España interesante. en estos pocos años, el destrozo ha sido tal, que sólo queda la morriña...

"Llevo algo más de dos años viviendo en San Francisco. Me vine aquí después de haber estudiado una carrera y haber hecho una tesis en una universidad pública española. Soy otra de esos tantos “cerebros fugados”. Y ni tan mal, porque hoy no se trata de eso.

El caso es que últimamente, sin embargo, noto una morriña un tanto más irracional de lo habitual. El porqué requiere una explicación no demasiado lineal, pero creo que se me acabará entendiendo. 
Parece que España es una palabra que no se puede decir, porque la han prostituido hasta equiparar la ñ con (des)calificativos como fascista.

 Durante los últimos meses ha sido francamente imposible no hablar de Cataluña, que también tiene ñ, pero es una ñ diferente. E inicialmente parecía todo un reto, porque mi círculo español es, evidentemente, de toda España: Asturias, Cataluña, Castilla y León, Andalucía, La Rioja, Aragón, Madrid… 

Todos somos relativamente similares: hemos viajado por el mundo, nos hace gracia cantarnos el cumpleaños feliz de Parchís, en cuanto sale un rayito de sol nos vamos a comer al aire libre, y nos repartimos el jamón de contrabando. Pero, también de manera evidente, no todos tenemos la misma opinión sobre si la independencia de una región en una Europa como la Europa que tenemos es o no una buena idea. 

Y, a pesar de todo ello, todos hemos sido capaces de expresarnos, aceptar que no pensamos igual, y decidir que en Navidad vamos a cenar cordero todos juntos y que en Nochevieja alguien tendrá que encargarse de comprar las uvas. 

Hasta aquí todo normal, o al menos, mi normal. 

(...)  la España de la que nosotros nos fuimos hace muy pero que muy poco tiempo era una España interesante, que estaba empezando a darle voz a nuevas fuerzas políticas de varias índoles, que se quejaba de la flagrante corrupción de las instituciones, y de la que daba pena irse, porque parecía que algo bueno iba a pasar. 

En cambio, en estos pocos años, el destrozo ha sido tal, la manipulación de la información y de la sociedad tan brutal, que ahora hay una España por la que se sigue sintiendo morriña, porque casa siempre será casa, como si fuéramos los monos de Harlow, pero a la que no sabemos cómo referirnos. 

Por eso, cuando se acaba el círculo y las conversaciones vuelven a San Francisco, terminan con un “sí, nos volvemos todos juntos a España, ¿pero a qué?”. Con morriña de lo que pudo ser y no fue, de lo que nos gustaría que fuera. Morriña, que también tiene ñ."                 (Argentina Lario Lago, CTXT, 15/11/17)

26.5.17

¿Ya sabemos qué pasó en el 15M? Fue el inicio de un nuevo ciclo político. Se ha dibujado un ecosistema nuevo

"La politóloga zaragozana Cristina Monge (1975) presenta esta semana 15M. Un movimiento político para democratizar la sociedad (editorial Prensas de la Universidad, Universidad de Zaragoza), un libro que tiene su origen en su tesis doctoral sobre los impactos del 15M en la gobernanza, la participación ciudadana y la calidad democrática (...)

¿Ya sabemos qué pasó en el 15M?

Empezamos a entender que fue el inicio de un nuevo ciclo político, eso que algunos han llamado acertadamente “la segunda transición”, que se diferencia fundamentalmente de la primera en que, mientras aquella puso el foco en asuntos de carácter institucional, jurídico y formal, esta probablemente es una apelación mucho mayor al conjunto de la sociedad.  (...)

Aquello fue el comienzo de un ciclo que ha cambiado de manera sustancial la política española, en la que han aparecido nuevos partidos y otros han desaparecido --o casi-- o se han reformado, y en el que ha habido impactos notables en el ámbito de la comunicación y en la economía, con el avance de fórmulas colaborativas muy en la línea del 15M. Se ha dibujado un ecosistema nuevo.

Sumando todos esos ámbitos hablaríamos de una revolución en toda regla, pero se trata de cambios que no han terminado. ¿No es precisamente el hecho de encontrarnos en un proceso de cambio lo que nos tiene alterados?

Claro. Estamos en una transición. De la del 75 salió un sistema de partidos que ha saltado por los aires, pero los datos no nos dicen que haya cristalizado uno nuevo. Ha cambiado sustancialmente el espacio de los medios de comunicación, pero todavía no hay una concreción consolidada de la alternativa a los medios tradicionales que veníamos conociendo. 

Ocurre lo mismo en la economía, en la que van surgiendo alternativas pero no podemos decir que se haya consolidado un nuevo modelo de empresa capaz de generar economía a una escala suficiente. Estamos en el “entre tanto”, en una transición, y eso es, efectivamente, lo que nos tiene nerviosos.

Si no acabamos de entender qué pasó, mal podremos aventurar qué va a ocurrir.

Sin embargo tenemos la certeza de que estamos en un momento de cambio. Y en los momentos de cambio aparecen muchos miedos: miedo a saber que lo que fue no será, a no saber qué viene ni cómo nos afectará. (...)

El franquismo basó su supervivencia en la consolidación de una amplia clase media, la misma para la que fue diseñado el sistema de la transición de 1975. Pero en 2011 fue esa misma clase media la que salió a las plazas. ¿Qué pasó?

A las plazas fueron jóvenes y no tan jóvenes; fundamentalmente, clases medias y gente formada. A esos jóvenes les habíamos dicho que se formaran. Ellos hicieron los deberes, se sacaron un grado y un máster y aprendieron un par de idiomas, pero de repente vieron que no podían acceder al trabajo: el 15M estalla con un 50% de desempleo juvenil, y cuando acceden al trabajo este es muy precario. Vieron que eso se había truncado y salieron a las plazas. 

Sus padres, indignados porque veían que eso se había truncado, les acompañaron. Y todo coincide con un momento en el que la corrupción repunta y en el que la respuesta neoliberal a la crisis hace aparecer a la clase política como alguien más preocupado de socorrer a las grandes corporaciones y las entidades financieras que de defender los intereses de los ciudadanos.

¿Eso fue lo que provocó el alejamiento entre ciudadanos y poderes?

El 15M evidencia que se ha abierto una brecha tremenda entre representantes y representados y que hay una incapacidad de comunicación y de comprensión por parte de unos y de otros. El “No nos representan” expresa el sentir de indignación de una parte de la población.

Seis años después del 15M, España bate al mismo tiempo sus récords de creación de riqueza y de pobreza. ¿Alguien no se ha enterado de lo que pasó en las plazas? ¿O es que los poderes carecen en la práctica de herramientas para intervenir?

Cuando estalla el 15M comienza un ciclo. Gente como Nicolas Sarkozy hablaba entonces de la necesidad de “reinventar el capitalismo”, que se ha reinventado, pero para defender sus intereses. La desigualdad ha crecido a pasos agigantados. Los ricos son cada vez más ricos, los pobres cada vez más pobres y las clases medias se reducen. 

Y cuando crece la desigualdad se ponen muchas cosas en peligro; entre otras, la propia democracia, que solo se puede dar con igualdad. Y, sin embargo, la gestión de la crisis se ha hecho en beneficio de los poderosos, lo que ha dado lugar a un sistema en el que la desigualdad es mayor.  (...)

¿Ese ‘participando que es gerundio’ no es algo difícil de implementar en la práctica?

¿Qué hace falta para que eso sea así? Primero, una sociedad muy formada y capaz de entender todas las decisiones que hay que tomar cada día; también se necesitan canales de comunicación ágiles, diseñar procesos de deliberación, etcétera. Se van dando pasos, pero estamos lejos. 

Si el objetivo es aumentar la calidad democrática, hay que seguir investigando y experimentando con procesos de prueba y error. El 15M hizo una aportación muy interesante con el concepto de “coproducción política”, con el que no se trata tanto de participar sino de cocrear. No consiste tanto en articular procesos de participación sino en ponerse a coproducir con la gente esos procesos.  (...)

¿El 15M tiene hijos? ¿Y herederos? ¿Quiénes son?

No se puede hablar de un 15M. Hubo muchos. Y también tuvo varios hijos, entre los que destacan las mareas y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). A partir de ahí, en un nuevo ciclo, aparecen nuevos partidos.

 ¿Representan al 15M? Eso lo están discutiendo ellos. El 15M actúa como referencia, los hijos y los herederos son otra cosa, pero también tengo claro que Podemos y las candidaturas municipales de confluencia no existirían sin el 15M.  (...)"                (Entrevista a Cristina Monge, Eduardo Bayona, CTXT, 24/05/17)

24.5.16

Gracias al 15M en España no ha emergido el fascismo, como en Europa... porque el 15M supo identificar a los culpables, que no son los migrantes, sino la banca y los políticos. Entre los voluntarios en Lesbos se escucha más castellano que ninguna otra lengua, con excepción del griego

"(...) La primera vez que escuché hablar del 15M, por ejemplo, fue unos meses antes. 

Carecía de nombre. "Iba a pasar algo", escuché de varias personas que hablaban el dialecto de su generación. 

Algo relacionado con palabras como 11M, con No a la Guerra, con No tendrás Casa en Tu Puta Vida, con No nos Representan, con la corrupción, con la austeridad,  con desahucios, con un Régimen, y también unos medios, que lo modularon durante 30 años, le dieron la razón o, como dice Amador Fernández-Savater, crearon en torno de él un sentido común, una idea de la normalidad, que era imposible de modificar o, ni tan siquiera, criticar sin caer en la marginalidad más absoluta. 

 Todo eso, toda esa energía y complicidad, ya estaba sucediendo en la Red, que hervía. Era difícil para un miembro de otra generación valorar ese hervor. Yo, sencillamente, por ejemplo, y en mi pesimismo, no lo valoré, o lo valoré como, únicamente, un hecho, lo dicho, generacional. No fue así. 

En un primer momento el 15M fue una manifestación extraña, en la que sucedió algo extraño, visto en otras manifestaciones anteriores. Pequeñas pancartas, individuales, con lemas eléctricos, poseedores de otra lógica, tan alejada de la hegemónica que parecía casi poética. 

Después, un par de pequeñas acampadas. A los dos días, muchas más, moduladas por las dos grandes acampadas, a su vez, exóticas y mastodónticas. En el topos de las banderas, carecían de banderas. Estaban organizadas. 

Con una organización funcional, impecable. Con metodologías propias de aquella generación y, tal vez, con metodología científica. Aquellos chicos y chicas, en fin, no eran de letras. Provenían de las ciencias sociales y duras. Sabían lo que era trabajar en grupo, sin verticalidad, en torno a una hipótesis. La cosa fue tan descomunal que fue sobrepasada. Desbordada. Tanto que los activistas/el activismo inicial cambió, tal vez definitivamente, y dejó de parecerse a lo que había sido tan sólo unos días antes. 

"Un activista era, antes, un miembro de una suerte de tribu urbana, después pasó a ser uno más, otra cosa", dice el periodista Hibai Arbide, en una frase que dibuja ese cambio producido, incluso, en los promotores de ese cambio. 

Nacía una lógica nueva, una agenda nueva, una ampliación de límites sin precedentes recientes, y con unos mecanismos, sencillamente, únicos: descentralizados, capaces de superar ideologías y caracteres contrapuestos y efectivos. La iniciativa no era de ningún grupo o tendencia, sino de, precisamente, quien emitía más iniciativa.

Aquella agenda democrática, sencillamente, envió al garete al Régimen y a sus medios, que durante décadas habían detentado el monopolio de señalar lo que era democracia y lo que era violencia.  (...)"        (Guillem Martínez, CTXT, 13/05/16)

"(...) Bajo la perspectiva “elitista”, las crisis más angustiantes son las políticas, precisamente porque es el nivel del poder explícito de una sociedad lo que se ve cuestionado. Este es el gran logro del 15M. 

El movimiento de las plazas convirtió una crisis económica, que se vivía en la congoja que produce la vida propia cuando se despeña (paro, deudas, desahucios, emigración, retorno al país de origen), en una crisis política. El silencio se había vuelto grito de masas, esto es, en una crisis devuelta a las élites.

 De una forma quizás ilusoria, en el 15M decíamos “el miedo ha cambiado de bando”. Pero por desproporcionado que parezca había algo de real en todo aquello. Durante un año y medio, pareció que todo era posible: desde el abismarse de un Estado que superaba el umbral de los 600 puntos en la prima de riesgo hasta la posibilidad de darle la vuelta a ese mismo Estado a través de una asamblea constituyente ciudadana.

Después vino el impasse, el agotamiento tras 18 o 20 meses de actividad frenética. En Europa se dio orden de rebajar la tensión, el BCE compró deuda pública y controló la presión de los mercados. La troika había visto las orejas al lobo griego y no quería un contagio a España e Italia. 

Para algunos pareció claro que era el tiempo de probar otra cosa, incluso de asumir el reto que se lanzó contra el 15M: “Si no nos queréis a nosotros, montad un partido”. Y así hicimos: no sólo se organizó uno grande (Podemos), sino una miríada de ellos, las candidaturas municipalistas.

Nos sorprendió que fuera tan fácil llegar a las instituciones. Seguramente la razón estaba en la orden de retirada de las élites, que primero fue en desbandada y luego más ordenada. Lo cierto es que si al primer PSOE le costó 31 años conseguir un asiento en Cortes, a nuestra generación le llevó unos meses tener 69, amén de centenares de diputados autonómicos, alcaldes y concejales. Hemos visto nacer una nueva clase política.
La cuestión es: ¿y ahora qué nos inventamos? (...)"                   (Emmanuel Rodríguez, Isidro López, CTXT, 14/05/16)

"Los días siguientes al 15 de mayo de 2011 viví algunos de los momentos más felices de mi vida. Sin embargo, o tal vez por eso, este aniversario me da mucha pereza.

 Me temo --ojalá me equivoque-- que las tres interpretaciones que más se repetirán estos días son las siguientes. El cargo político: “El 15M empezamos algo en las plazas pero luego maduramos y nos dimos cuenta de que había que hacer política en mayúsculas, por eso ahora soy diputado”.

 El guardián de las esencias: “El 15M fue, ante todo, el ‘No nos representan’ y ahora hay partidos que traicionan su espíritu”. Y el nostálgico: “El 15M fue mágico, nunca se repetirá algo así; ya nada es como antes”. No sé cuál de las tres me da más pereza.

Pero vamos al grano. Me pide CTXT que escriba sobre qué ha pasado desde el 15 de mayo de 2011 y empiezo por lo que no ha pasado. Gracias al movimiento de las plazas, en el Estado español no han emergido movimientos de extrema derecha, al contrario de lo que ha sucedido en casi toda Europa.

La descomposición de la clase media y la crisis política han sido utilizadas por partidos oportunistas, como el Frente Nacional en Francia, para presentarse como el adalid del antiausteritarismo euroescéptico.

 PEGIDA (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente) ha creado el caldo de cultivo para que, desde enero de 2015, en Alemania se produzca un ataque al día de media contra centros de refugiados.

 En Grecia, a pesar de la lección de dignidad y solidaridad que está dando el pueblo griego con los refugiados, Amanecer Dorado sigue siendo la tercera fuerza parlamentaria. Hungría, Eslovaquia, Suecia, Holanda… Los fachas se sienten fuertes en la medida en que los gobiernos --también los liderados por socialdemócratas y liberales-- asumen sus tesis y refuerzan las fronteras.

En el Estado español no ha sido así porque el 15M supo identificar a los culpables, que no son los migrantes: no somos mercancías en manos de políticos y banqueros. La PAH constituye uno de los ejemplos antirracistas más exitosos de las últimas décadas al crear alianzas entre migrantes y autóctonas y señalar al enemigo común, la banca.

No es casualidad que entre las voluntarias en Lesbos o Idomeni se oiga más castellano o català que ninguna otra lengua, con excepción de griego. Es consecuencia del 15M. (...)"              (Hibai Arbide Aza, CTXT, 15/05/16)