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19.8.26

Ahora que algunos han vuelto a descubrir su preocupación por la deuda pública... Rajoy recibió una deuda pública en torno al 69,5% del PIB y dejó España con una deuda cercana al 98%. Casi 30 puntos más. Conviene recordarlo... y con Sánchez, antes de la pandemia, la ratio ya había empezado a bajar... Entonces llegó la COVID y hubo que sostener empresas, ERTEs, autónomos, empleo y rentas mientras buena parte de la economía estaba paralizada. Como ocurrió en toda Europa, la deuda se disparó. En España llegó a alcanzar un máximo del 125,3% del PIB en el primer trimestre de 2021... ¿Y qué ha pasado desde entonces? El dato publicado hoy por el Banco de España sitúa la deuda en junio de 2026 en el 101,5% del PIB, casi 24 puntos menos desde el máximo de la pandemia. ¡24 puntos menos! Mientras en el último año la deuda sobre PIB ha aumentado tanto en la UE como en la eurozona, España está entre la minoría de países que la han reducido... Además, está reducción no se está haciendo mediante austeridad, recortes y hundimiento de la actividad, sino con crecimiento y creación de empleo... España tiene ya un récord de 22,7 millones de ocupados, medio millón más que hace un año, y la tasa de paro ha bajado al 9,87%, su nivel más bajo desde 2008... Aquí está el debate... Rajoy aumentó la deuda casi 30 puntos sin una pandemia mundial. Sánchez tuvo que afrontar el mayor shock económico en décadas y, una vez superado, España ha reducido casi 24 puntos la deuda sobre PIB mientras sigue creciendo y batiendo récords de empleo... Reducir deuda creciendo, no empobreciendo. Esa es la diferencia (Julen Bollain)

Julen Bollain @JulenBollain

Rajoy recibió una deuda pública en torno al 69,5% del PIB y dejó España con una deuda cercana al 98%. Casi 30 puntos más. Conviene recordarlo ahora que algunos han vuelto a descubrir su preocupación por la deuda pública. 

Con Sánchez, antes de la pandemia, la ratio ya había empezado a bajar. Entonces llegó la COVID y hubo que sostener empresas, ERTEs, autónomos, empleo y rentas mientras buena parte de la economía estaba paralizada. Como ocurrió en toda Europa, la deuda se disparó. En España llegó a alcanzar un máximo del 125,3% del PIB en el primer trimestre de 2021. 

¿Y qué ha pasado desde entonces? El dato publicado hoy por el Banco de España sitúa la deuda en junio de 2026 en el 101,5% del PIB, 1,9 puntos menos que hace un año y casi 24 puntos menos desde el máximo de la pandemia. 24 puntos menos! 

Y creo que es importante señalar que, mientras en el último año la deuda sobre PIB ha aumentado tanto en la UE como en la eurozona, España está entre la minoría de países que la han reducido. 

Además, está reducción no se está haciendo mediante austeridad, recortes y hundimiento de la actividad, sino con crecimiento y creación de empleo. España tiene ya un récord de 22,7 millones de ocupados, medio millón más que hace un año, y la tasa de paro ha bajado al 9,87%, su nivel más bajo desde 2008. 

Asi que creo que aquí está el debate. Rajoy aumentó la deuda casi 30 puntos sin una pandemia mundial. Sánchez tuvo que afrontar el mayor shock económico en décadas y, una vez superado, España ha reducido casi 24 puntos la deuda sobre PIB mientras sigue creciendo y batiendo récords de empleo. 

Reducir deuda creciendo, no empobreciendo. Esa es la diferencia.

1:50 p. m. · 18 ago. 2026 ·72,8 mil Visualizaciones

4.12.25

Tenía ganas de leer algo así: La economía española, en proceso de desendeudamiento... La deuda pública está estabilizada, la deuda privada se reduce con gran intensidad y la deuda externa de España está en su cifra más baja desde hace 25 años... Estamos reduciendo —de forma intensa y rápida— el elevado nivel de deuda que se disparó en la década de la austeridad... en 2025 la deuda pública es del 103,4% del PIB, esto es, prácticamente la misma cifra que hace diez años... La mayor transferencia de fondos del Gobierno central —gracias al aumento de los ingresos públicos— explica la reducción en tres puntos de la deuda autonómica... en 2025, la deuda privada está en su cifra más baja desde hace 25 años... Los hogares están destinando una parte significativa del aumento de su renta —tienen más ingresos porque hay más gente trabajando y con mejores empleos y salarios— a desendeudarse... Y lo mismo está sucediendo con las empresas, que están reduciendo su deuda todavía con más rapidez e intensidad... Este desendeudamiento de las empresas y las familias permite que también se reduzca la deuda externa de nuestro país. Nuestra deuda neta con el exterior equivale al 44% del PIB, su cifra más baja desde 2001. En 2019 la deuda neta de España con acreedores extranjeros era del 72 % del PIB. Por lo tanto, en estos cuatro años se ha reducido en casi 30 puntos, gracias a los saldos positivos de nuestro sector exterior... conformando así un proceso de saneamiento del elevado nivel de deuda acumulado en la década anterior (Manuel Lago)

 "Uno de los bulos más recurrentes de la derecha sobre la economía española es que crecemos dopados por la deuda, esto es, que nuestro PIB crece por una supuesta explosión del endeudamiento. La realidad es exactamente la contraria: España está en un intenso proceso de desendeudamiento, tanto público como privado. Estamos reduciendo —de forma intensa y rápida— el elevado nivel de deuda que se disparó en la década de la austeridad.

Empecemos por el análisis de la deuda pública, la que es responsabilidad del conjunto de las administraciones. En 2008, la deuda pública era equivalente al 40% del PIB, pero se disparó hasta el 102,5% en 2015.  A pesar de los recortes del gasto, de la mal llamada austeridad, la deuda se disparó en 62 puntos de PIB.

Por el contrario, en 2025 la deuda pública es del 103,4% del PIB, esto es, prácticamente la misma cifra que hace diez años: en concreto, un punto porcentual más. Para que se entienda mejor: en la década de la crisis financiera, la deuda pública creció 60 veces más que entre 2015 y 2025. Es evidente que la deuda pública no es el factor que explica el crecimiento de nuestro PIB.

La positiva evolución de la deuda pública es especialmente destacable en el caso de las comunidades autónomas. En la crisis financiera, la deuda autonómica se multiplicó casi por cuatro, pasando de menos del 7% en 2008 a situarse por encima del 24% de su PIB en apenas siete años. Hoy, en 2025, la deuda de las comunidades es del 21% de su PIB: lejos de aumentar, la deuda se ha reducido en tres puntos.

La mayor transferencia de fondos del Gobierno central —gracias al aumento de los ingresos públicos— explica esta reducción de la deuda autonómica en un escenario tan complejo como el que hemos vivido desde 2020 hasta ahora.

Menos deuda publica pero, sobre todo, menos deuda privada, porque el endeudamiento del sector privado el de las empresas y los hogares se ha reducido de forma significativa. De hecho, en 2025, la deuda privada está en su cifra más baja desde hace 25 años.

Entre 1995 y 2007, la economía española vivió un ciclo expansivo —a caballo de la burbuja inmobiliaria— que se construyó sobre una montaña de deuda. Y la gran recesión posterior agravó aún más el problema, llevando la deuda de los hogares españoles hasta el 76% del PIB.

Hoy, en 2025, la deuda está por debajo del 44%, casi la mitad, porque las familias llevan diez años amortizando deuda. Los hogares están destinando una parte significativa del aumento de su renta —tienen más ingresos porque hay más gente trabajando y con mejores empleos y salarios— a desendeudarse. Hoy, el endeudamiento de las familias españolas se sitúa por debajo del valor medio de los países de la UE.

Y lo mismo está sucediendo con las empresas, que están reduciendo su deuda todavía con más rapidez e intensidad. La deuda empresarial se disparó hasta alcanzar el 97% del PIB en 2014, como resultado de los años disparatados de la especulación, primero, y de la larga recesión, después. Por el contrario, desde 2014 la deuda empresarial se ha reducido en 34 puntos hasta situarse por debajo de la media de la UE.

Este desendeudamiento de las empresas y las familias permite que también se reduzca la deuda externa de nuestro país. Nuestra deuda neta con el exterior equivale al 44% del PIB, su cifra más baja desde 2001. En 2019 la deuda neta de España con acreedores extranjeros era del 72 % del PIB. Por lo tanto, en estos cuatro años se ha reducido en casi 30 puntos, gracias a los saldos positivos de nuestro sector exterior.

Esta es la realidad de las cifras: la deuda pública está estabilizada, la deuda privada se reduce con gran intensidad y la deuda externa de España está en su cifra más baja desde hace 25 años, conformando un proceso de saneamiento del elevado nivel de deuda acumulado en la década anterior. Desde 2018, al menos, estamos resolviendo un grave problema de deuda que sufrían las empresas, los hogares, las administraciones publicas y España como país."                 (Manuel Lago , 20Minutos, 02/12/25) 

15.10.25

Los datos son tozudos. La gestión del PP aumentó la deuda pública en 31,6 puntos porcentuales con respecto al PIB. Recortando y con austericidio. Desde la moción de censura, el gobierno de coalición la ha incrementado catorce veces menos. Con escudo social. No es lo mismo... Es evidente que había dos formas de gestionar las crisis con el actual sistema y las reglas fiscales de la UE. Y la del PP no solo hace daño socialmente. Además dificulta cumplir con las exigencias de la Comisión Europea. El austericidio es letal para el crecimiento... Cambiemos el chip con la deuda pública y dejemos de demonizarla. Y es que la clave no es cuánto se incrementa sino para qué se aumenta. Hacerlo para rescatar a la banca o para multiplicar el gasto militar, mal. Si es para levantar un escudo social, proteger a la gente o estimular la economía, bien (Carlos Sánchez Mato)

 "Los datos son tozudos. La gestión del PP aumentó la deuda pública en 31,6 puntos porcentuales con respecto al PIB. Recortando y con austericidio. Desde la moción de censura, el gobierno de coalición la ha incrementado catorce veces menos. Con escudo social. No es lo mismo.

La evolución de la deuda pública desde 2011 muestra la variación experimentada y el impacto de las tres grandes crisis. La variación entre final de 2011 y la moción de censura ascendió a 31,6% del PIB (gran recesión) Desde ahí a final de 2024, solo 2,3% (pandemia e inflación derivada de la guerra en Ucrania).

En la pandemia y debido a las políticas públicas de escudo social, la deuda creció a un ritmo más rápido (un 50% más que con el PP en la gran recesión) Pero la reducción por parte del gobierno de coalición ha sido 6 veces más veloz que la del austericidio perpetrado por Rajoy.

Es evidente que había dos formas de gestionar las crisis con el actual sistema y las reglas fiscales de la UE. Y la del PP no solo hace daño socialmente. Además dificulta cumplir con las exigencias de la Comisión Europea. El austericidio es letal para el crecimiento.

Por eso se ponen tan nerviosos y, en vez de hablar de la deuda con respecto a la riqueza (PIB), la derecha cambia la portería y se refiere a importe. Ni así. Con el PP se aumentó la deuda en 511.405 millones (+69%). Con el gobierno de coalición 436.472 millones (+35%).

Con el PP, la deuda pública se incrementó en sus casi 7 años de gobierno a un ritmo diario de 216 millones de euros. Con el gobierno de coalición, un 21% menos, a un ritmo de 171 millones diarios.

Cambiemos el chip con la deuda pública y dejemos de demonizarla. Y es que la clave no es cuánto se incrementa sino para qué se aumenta. Hacerlo para rescatar a la banca o para multiplicar el gasto militar, mal. Si es para levantar un escudo social, proteger a la gente o estimular la economía, bien." 

(Carlos Sánchez Mato , attac España, 11/10/25, gráficos en el original, artículo original publicado en matoeconomia.blogspot.com  

14.9.25

Marruecos: ¿Cómo se manifiesta la nueva crisis de la deuda que afecta a los países del Sur? Desde la pandemia de la Covid-19, los países del Sur se enfrentan a una explosión de su deuda pública. En Marruecos, esta situación es aún más crítica debido a una persistente sequía hídrica, que está aumentando las presiones económicas y sociales... Este aumento se explica, en particular, por el uso masivo del endeudamiento para hacer frente a la crisis sanitaria y económica en un contexto de subida de los tipos de interés en los mercados financieros internacionales. Esta deuda genera un servicio de la deuda que ha aumentado del 13% del PIB en 2019 al 19% del PIB en 2023. Esto reduce los presupuestos sociales: el servicio de la deuda equivale a más de 9 veces el presupuesto de salud pública en 2023... Marruecos se prepara para albergar dos prestigiosos eventos deportivos: la Copa Africana en 2026 y la Copa del Mundo en 2030. Detrás de estos grandes proyectos de infraestructura hay un proceso programado de disipación de recursos públicos... Estas inversiones solo sirven a los grandes inversores capitalistas, las multinacionales y para ofrecer una visión de marketing de país «emergente». Es un Marruecos falsamente modernizado, escenario de inversores extranjeros, mientras la mayoría del pueblo sufre... Nos enfrentamos a una situación en la que las prioridades se invierten, la deuda se vuelve más importante que la vida, la imagen más importante que la justicia social... En ATTAC- CADTM Marruecos consideramos que las deudas públicas y privadas de los hogares obreros son deudas ilegítimas (Asma El Mandour)

 "Situación de la deuda en Marruecos

Desde la pandemia de la Covid-19, los países del Sur se enfrentan a una explosión de su deuda pública. En Marruecos, esta situación es aún más crítica debido a una persistente sequía hídrica, que está aumentando las presiones económicas y sociales.

Marruecos, como muchos otros países, ha visto aumentar su deuda pública total (externa, interna y garantizada) del 78% del PIB en 2019 (antes de la COVID) al 91% del PIB en 2023 (datos del Ministerio de Finanzas marroquí).

Este aumento se explica, en particular, por el uso masivo del endeudamiento para hacer frente a la crisis sanitaria y económica en un contexto de subida de los tipos de interés en los mercados financieros internacionales.

Esta deuda genera un servicio de la deuda que ha aumentado del 13% del PIB en 2019 al 19% del PIB en 2023. Esto reduce los presupuestos sociales: el servicio de la deuda equivale a más de 9 veces el presupuesto de salud pública en 2023.

Una fuerte intervención de las Instituciones Financieras Internacionales (IFI)

El FMI y el Banco Mundial intervinieron en Marruecos con el pretexto de apoyar la recuperación económica y social. En realidad, sus líneas de financiación y crédito han servido principalmente para garantizar la estabilidad macroeconómica y tranquilizar a los mercados financieros, a costa de una nueva deuda masiva. Detrás de este discurso de ayuda hay condicionalidades y reformas estructurales que acentúan la liberalización, debilitan la soberanía económica y hacen que las clases trabajadoras carguen con el costo de la crisis. La intervención de estas instituciones ha reforzado el control de Marruecos sobre la deuda y la dependencia de los dictados neoliberales: recortes en los presupuestos sociales, recortes de puestos de trabajo en la función pública, generalización de los contratos de duración determinada, congelación y reducción de salarios, pensiones y subvenciones para los principales productos de consumo, desmantelamiento de los servicios públicos en beneficio de las grandes empresas extranjeras y locales a través de la gestión delegada y la asociación público-privada (APP), facilitación para que los grandes capitalistas monopolicen los recursos naturales del mar, la tierra (minas y agua) y el cielo (plantas de energía solar y eólica) en detrimento de las poblaciones locales, orientación de la producción hacia la exportación y destrucción de la agricultura de subsistencia...)

Estas dos instituciones han elegido Marruecos para acoger sus reuniones anuales celebradas en Marrakech en octubre de 2023. Es una decisión política para promover el modelo de desarrollo neoliberal seguido por el régimen de Marruecos.

ATTAC CADTM Marruecos, la red CADTM Internacional y varios socios en la lucha iniciaron una contracumbre a estas asambleas que reunió en Marrakech a más de 300 representantes de movimientos sociales de cuatro continentes: Europa, África, Asia y América. Fue un espacio real para discutir, desde el punto de vista de la gente, la dictadura financiera del FMI-BM y sus impactos sociales y ambientales, las crisis del capitalismo y las alternativas.

Una aguda crisis social: las mujeres y los jóvenes son los más afectados

Son las mujeres y los jóvenes los que están pagando el precio más alto por esta crisis. Para las mujeres, ya sobrecargadas de trabajo invisible, la eliminación de los servicios públicos, el descuido de los cuidados o de las infraestructuras básicas, es una forma constante de violencia.
En cuanto a los jóvenes, su futuro ha nacido muerto: empleos inexistentes, educación descuidada y precariedad exacerbada.

El verdadero costo de esta deuda se puede medir sobre el terreno:

  • La tasa de desempleo general alcanzó el 13,3% en 2024 [1], con un 36,7% entre los jóvenes [2]. Para los graduados, es del 19,6% [3] y para las mujeres del 19,4%. [4]
  • En el mercado laboral, casi 8 millones de mujeres no tienen un empleo remunerado, a pesar de tener a veces un alto nivel de educación.
  • Los jóvenes son víctimas de las políticas públicas fallidas y las mujeres se ven afectadas por los recortes en los servicios sociales, ya sea salud, educación o asistencia básica.

Los microcréditos en Marruecos

Los dictados neoliberales impuestos por las instituciones financieras internacionales y aplicados por el régimen en beneficio de una minoría, han acentuado el deterioro de las condiciones de vida de amplias capas populares: aumento del desempleo, caída de los ingresos, precariedad, colapso de microproyectos y pequeñas actividades de subsistencia... Todo ello en un contexto marcado por el aumento de los precios de los alimentos y los servicios esenciales. Hoy en día, la mayoría de los hogares de clase trabajadora luchan para satisfacer sus necesidades diarias más básicas y se encuentran sobreendeudados con las instituciones de microcrédito.

En 2011, el sector del microcrédito experimentó un gran movimiento de protesta con una mayoría de mujeres (más de 4.500), particularmente en el sureste de Marruecos, una de las regiones más pobres del país. Estas víctimas denunciaron las tasas de interés exorbitantes (30 a 40% y a veces más) y los abusos de las instituciones de microcrédito.

ATTAC-CADTM Marruecos y la red internacional CADTM llevaron a cabo grandes muestras de solidaridad y apoyo a las luchas de las víctimas de microcréditos de 2011 a 2015. ATTAC- CADTM Marruecos ha realizado y publicado un estudio sobre el sistema de microcréditos en Marruecos. La red CADTM ha producido un gran número de análisis publicados en su sitio web y ha organizado varios seminarios internacionales, regionales y nacionales en África y Asia del Sur para consolidar la formación, compartir experiencias de lucha y estudiar alternativas contra el microcrédito y las deudas ilegítimas.

Costosas puestas en escena: eventos deportivos y deudas

Marruecos se prepara para albergar dos prestigiosos eventos deportivos: la Copa Africana en 2026 y la Copa del Mundo en 2030. Detrás de estos grandes proyectos de infraestructura hay un proceso programado de disipación de recursos públicos.

Estas inversiones solo sirven a los grandes inversores capitalistas, las multinacionales y para ofrecer una visión de marketing de país «emergente». Es un Marruecos falsamente modernizado, escenario de inversores extranjeros, mientras la mayoría del pueblo sufre.

Es esta puesta en escena la que nos asfixia, un desarrollo de fachada, financiado por una deuda que las generaciones tendrán que pagar.

Hacia un cambio radical

Nos enfrentamos a una situación en la que las prioridades se invierten: la deuda se vuelve más importante que la vida, la imagen más importante que la justicia social.

Deudas ilegímas

En ATTAC- CADTM Marruecos consideramos que las deudas públicas y privadas de los hogares obreros son deudas ilegítimas. Exigimos la cancelación de estas deudas ilegítimas para recuperar nuestra soberanía popular y alimentaria. También exigimos la ruptura de los vínculos de dependencia con los centros de decisión externos, ya sean instituciones financieras y comerciales internacionales o las diversas fuerzas imperialistas.

Auditar la deuda para abolirla

El papel de la auditoría de la deuda pública es determinar sus diversas partes para repudiarlas. La auditoría de la deuda es un paso necesario para una amplia movilización contra la deuda y sus implicaciones y para preparar las condiciones subjetivas para exigir la cancelación de la deuda pública.

Anclar la demanda de abolición de la deuda en el centro de las protestas populares y obreras.

Nuestro desafío fundamental en ATTAC- CADTM Marruecos sigue siendo nuestra capacidad y la de las organizaciones obreras y populares de lucha para anclar la demanda de auditoría de la deuda, para abolirla, en el corazón de las protestas y luchas populares y obreras contra el despotismo, el alto costo de la vida y la austeridad y trabajar para que sea asimilada por las diversas víctimas del sistema de la deuda. ATTAC- CADTM Marruecos está tratando de contribuir a este trabajo con sus modestas capacidades."

(Asma El Mandour , CADTM, 11/09/25) 

18.4.25

¿Podemos salir de un mundo de deuda? La deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado, hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023)... este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de sus ingresos por exportaciones... La mitad de la población mundial (3300 millones) vive en países que destinan una mayor parte de su presupuesto al pago de intereses de la deuda que a la educación o la salud... los países del Sur Global simplemente venden sus bienes y servicios para saldar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el desplome de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de covid-19 y la inflación derivada de la guerra de Ucrania... La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, dispuesto a devorar los restos de nuestras sociedades... Atrapados en la red de deuda, austeridad, bajo crecimiento, endeudamiento externo y deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en aras de la supervivencia a corto plazo... Con la inestabilidad del orden global, ahora podría existir la oportunidad de crear nuevas estrategias financieras para el desarrollo centrada en cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social... si un país invierte para aumentar su capital fijo, experimentará un aumento secular en su tasa de crecimiento. Esta es la razón por la que países como China, Vietnam, India e Indonesia han mantenido altas tasas de crecimiento en un período en el que la mayoría de los países (por ejemplo, los del Norte Global) han tenido tasas de crecimiento bajas o negativas (Vijay Prashad)

 "En las últimas dos décadas la deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado, hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023). Es importante comprender que este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de sus ingresos por exportaciones. Esto significa que casi cada dólar ganado por la exportación de bienes y servicios es un dólar adeudado a un banco o tenedor de bonos extranjero. Por lo tanto, los países del Sur Global simplemente venden sus bienes y servicios para saldar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el desplome de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de covid-19 y la inflación derivada de la guerra de Ucrania. La mitad de la población mundial (3300 millones) vive en países que destinan una mayor parte de su presupuesto al pago de intereses de la deuda que a la educación o la salud. En el continente africano, de los cincuenta y cuatro países, treinta y cuatro gastan más en el servicio de la deuda que en la sanidad pública. La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, dispuesto a devorar los restos de nuestras sociedades.

¿Por qué están endeudados los países? La mayoría de los países están endeudados por varias razones:

  • Cuando obtuvieron la independencia hace aproximadamente un siglo, sus antiguos gobernantes coloniales los dejaron empobrecidos.
  • Pidieron prestado dinero a sus antiguos gobernantes coloniales a tasas elevadas para proyectos de desarrollo, lo que hizo imposible devolverlo ya que los fondos se utilizaban para proyectos públicos como puentes, escuelas y hospitales.
  • Los términos comerciales desiguales (exportación de materias primas a bajo precio a cambio de importación de productos terminados a alto precio) agravaron aún más su débil situación financiera.
  • Las políticas despiadadas de organismos multilaterales (como el Fondo Monetario Internacional – FMI) obligaron a estos países a recortar el gasto público interno, tanto en consumo como en inversión, y en su lugar a pagar la deuda externa. Esto desencadenó un ciclo de bajas tasas de crecimiento, empobrecimiento y endeudamiento.

Atrapados en la red de deuda, austeridad, bajo crecimiento, endeudamiento externo y deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en aras de la supervivencia a corto plazo. La agenda a su disposición para lidiar con esta trampa de la deuda estaba motivada exclusivamente por la conveniencia del pago y no del desarrollo. Típicamente, se promovieron los siguientes métodos en lugar de una teoría del desarrollo:

  1. Alivio y reestructuración de la deuda . Buscamos reducir la carga de la deuda y una gestión más sostenible de los pagos a largo plazo.
  2. Un llamado a la inversión extranjera directa (IED) y un intento de impulsar las exportaciones . Aumentando la capacidad de los países para generar ingresos para pagar esta deuda, pero sin un cambio real en la capacidad productiva nacional.
  3. Recortes al gasto público , en gran medida una reducción del gasto social . Modificar el panorama fiscal para que un país pueda utilizar una mayor proporción de su riqueza social para pagar a sus tenedores de deuda extranjeros y ganarse la confianza en el mercado internacional, pero a expensas de la vida y el bienestar de sus ciudadanos.
  4. Reformas fiscales que beneficiaron a los ricos y reformas del mercado laboral que perjudicaron a los trabajadores . Recortes de impuestos para incentivar la inversión de los ricos en la sociedad —algo que rara vez ocurre— y una modificación de las leyes sindicales para permitir una mayor explotación de la mano de obra y así aumentar el capital para la inversión.
  5. Reforma institucional para reducir la corrupción mediante un mayor control internacional de los sistemas financieros. Abrir el proceso presupuestario de un país a la gestión internacional (a través del FMI) y permitir que economistas extranjeros controlen la toma de decisiones fiscales.

Ninguno de estos planteamientos por separado ni todos ellos en conjunto proporcionaron una evaluación de los problemas subyacentes que produjeron la deuda ni ofrecieron una vía para salir de la dependencia de la deuda.

En efecto, si este es el mejor planteamiento disponible, entonces los países en desarrollo necesitan una nueva teoría del desarrollo.

Una nueva teoría del desarrollo

Ya se entiende que la entrada de IED y la exportación de materias primas de bajo precio no incrementan por sí solas el producto interno bruto (PIB) de un país en desarrollo. De hecho, la IED, en una era de liberalización financiera y sin control de capitales, puede generar enormes problemas para un país pobre, ya que el dinero puede desestabilizar la economía. Esto último requiere inversiones a largo plazo en lugar de transacciones de capital especulativo.

Una investigación de Global South Insights (GSI) y el Instituto Tricontinental de Investigación Social muestra que no es la IED la que incrementa el PIB a largo plazo, sino que existe una alta correlación entre el aumento de la inversión neta en capital fijo y el crecimiento del PIB (la inversión neta en capital fijo es el aumento del gasto en capital fijo por encima de la depreciación). En otras palabras, si un país invierte para aumentar su capital fijo, experimentará un aumento secular en su tasa de crecimiento. Esta es la razón por la que países como China, Vietnam, India e Indonesia han mantenido altas tasas de crecimiento en un período en el que la mayoría de los países (por ejemplo, los del Norte Global) han tenido tasas de crecimiento bajas o negativas (en particular, considerando el aumento de la inflación). Incluso el Banco Mundial coincide en que la salida de la «trampa del ingreso medio» pasa por aumentar la inversión, incorporar tecnologías extranjeras e innovar en tecnologías internamente (lo que denominan el «método 3i»). El eje central del proyecto debe ser un aumento de la inversión neta en capital fijo.

Nuestra investigación muestra que, a medida que crece el PIB, también aumenta la esperanza de vida. Hay muchos elementos que requieren investigación: por ejemplo, si la calidad del crecimiento del PIB mejora (más industria, mejor gasto social), ¿qué impacto tiene esto en los resultados sociales? Hablar de la calidad del PIB implica plantear cuestiones de asignación de la riqueza social a sectores específicos, lo que pone de relieve la importancia de una planificación económica sólida y una política fiscal adecuada, motivada no por el pago a los tenedores de bonos extranjeros, sino por la creación de capital fijo neto en un país a largo plazo.

Pero ¿cómo se consigue la financiación necesaria tanto para el servicio de la deuda como para la creación de capital? No es imposible, ya que la mayoría de los países en desarrollo son ricos en recursos y solo necesitan desarrollar la capacidad para gestionarlos. Las respuestas podrían encontrarse menos en las leyes de la economía que en las desiguales relaciones de poder en el mundo. Con la inestabilidad del orden global, ahora podría existir la oportunidad de crear nuevas estrategias financieras para el desarrollo.

La base de una conversación sobre la teoría del desarrollo no debería ser cómo sostener una economía en una espiral de deuda permanente que conduce a la desindustrialización y la desesperación. Debería, en cambio, centrarse en cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social. Es esta perspectiva la que nos motiva a iniciar una nueva conversación, no sobre la necesidad de esta o aquella política económica para salvar una situación difícil, sino sobre una nueva teoría del desarrollo en su conjunto."               

( Vijay Prashad , Rebelión, 18/04/25, fuente peoples dispach)

El 9 de abril, cuando se derrumbaban las acciones en Wall Street y en el resto del mundo, hubo ventas masivas de títulos del Tesoro... cuando estalló la crisis financiera de 2008-2009 los títulos del Tesoro subieron. ¿Por qué no ocurrió algo similar en la presente crisis? Por la desconfianza de los inversores... Se plantea la posibilidad de que EE UU se esté convirtiendo en un lugar menos atractivo para invertir a largo plazo... el dólar como moneda mundial flota sobre un mar de deudas, y esto es intrínsecamente contradictorio con su papel de dinero mundial. Las necesidades de financiamiento de los dos déficits (cuenta corriente y fiscal) siguen creciendo... en 2025 el gobierno de EEUU debe refinanciar deuda por US$ 7 billones... las medidas proteccionistas que acaba de implementar Washington solo empeorarán las cosas. La perspectiva de una recesión global (en el marco de sobreproducción, guerras de precios y enfrentamientos geopolíticos) es real. Una depresión global dispararía una gigantesca destrucción de valores. El dólar no sería inmune a ella... China, Arabia Saudita y Brasil han bajado la tenencia de títulos del Tesoro... se podría desembocar, en algún punto, en una crisis monetaria y financiera de proporciones. Por ejemplo, si los inversores comienzan a pedir más tasa para financiar el déficit fiscal de EEUU; o si se frena la entrada de capitales a EEUU. En esta última eventualidad habría una crisis en la balanza de pagos que empujaría a una devaluación del dólar. Con el agravante que EEUU puede pagar sus deudas emitiendo su propia moneda. Si ocurriera, se aceleraría la depreciación del dólar y los acreedores (bancos centrales, entidades financieras, empresas y otros tenedores de títulos del Tesoro) sufrirían pérdidas gigantescas (Rolando Astarita)

 "El 9 de abril, cuando se derrumbaban las acciones en Wall Street y en el resto del mundo, hubo ventas masivas de títulos del Tesoro. “Los bonos del Tesoro estadounidense se están liquidando a un ritmo poco común, niveles que históricamente han provocado algún tipo de intervención por parte de la Reserva Federal”, señaló Lale Akoner, analista Global de Mercados de eToro. Producto de estas ventas cayeron los precios de los títulos, con su contrapartida, el aumento de los rendimientos: el miércoles 9 de abril la tasa del bono a 10 años pasó del 3,9% al 4,5%; la tasa del bono a 30 años subió a 4,79%. Fue la mayor suba desde la pandemia, en 2020. Dado que se referencia en la tasa de los bonos públicos, la tasa hipotecaria a 20 años llegó a subir 20 puntos básicos. También subieron los rendimientos de los bonos corporativos con menor calificación (junk bonds). Y bonos de Gran Bretaña, Australia y Japón.

En los días posteriores los rendimientos bajaron (o sea, se recuperaron los precios de los bonos), pero queda el interrogante del por qué de la caída de los títulos. En especial porque fue a contramano de lo ocurrido en crisis anteriores, en las que los inversores que salían del mercado bursátil demandaban títulos del Tesoro, a modo de refugio. Por ejemplo, cuando estalló la crisis financiera de 2008-2009 los títulos del Tesoro subieron. ¿Por qué no ocurrió algo similar en la presente crisis?

Tres explicaciones

Una primera explicación que se ha dado de la caída de los precios de los títulos del Tesoro es que China salió a vender masivamente, en respuesta a la guerra comercial desatada por Washington. Es una explicación plausible, pero nada indica que China haya aumentado significativamente la venta de bonos en los últimos días. Más importante, la tenencia china de bonos del Tesoro de EEUU ha venido disminuyendo en los últimos años; hoy ronda los US$ 0,8 billones.

Una segunda explicación (adelantada entre otros por analistas del UBS) es que fondos de cobertura (hedge funds) se vieron forzados a desarmar posiciones que apostaban a la suba de los activos. Estos fondos operan con alto grado de apalancamiento. De ahí que cuando el mercado no se mueve en el sentido en que han hecho sus apuestas (al alza o a la baja) necesitan hacerse de liquidez a cualquier precio, ya sea porque deben reponer garantías estipuladas en los contratos con los prestamistas, como devolver el dinero a los clientes que piden el reembolso de sus inversiones. De ahí las ventas forzadas de títulos del Tesoro, que son altamente líquidos (sobre los mecanismos del apalancamiento, aquí).

La tercera explicación de la caída de los precios de los bonos tiene que ver con una cuestión fundamental: la desconfianza de los inversores. Esto es, la demanda de los títulos del Tesoro no habría aumentado en la medida en que aumentó la oferta porque estaría disminuyendo la confianza de los inversores. Por eso, los bonos y letras del Tesoro no fungieron, ante la crisis, como reservas de valor. En palabras de un analista de Bloomberg, “se ha mandado un mensaje… la confianza del inversor ya no se puede considerar garantizada. Se plantea la posibilidad de que EE UU se esté convirtiendo en un lugar menos atractivo para invertir a largo plazo. La imprevisibilidad de las políticas y el menor crecimiento pueden generar una mayor preocupación por la sostenibilidad fiscal”.

Señalemos dos antecedentes: en 2011 Standard & Poor bajó, por primera vez en la historia, la calificación de la deuda de EEUU, de AAA a AA+. Y Fichte hizo lo mismo en 2023. El argumento fue el creciente déficit fiscal y “la falta de gobernanza”. El efecto no fue relevante, en términos prácticos, pero manifiesta el temor de que en algún momento EEUU no pueda pagar su deuda. O que deba aumentar significativamente las tasas ofrecidas para refinanciar la deuda. Lo que agravaría considerablemente el peso de los servicios de deuda, además de repercutir en el valor del resto de los activos financieros. (...)

La perspectiva de una crisis del dólar en tanto dinero mundial

Por lo desarrollado, se plantea una contradicción entre el rol del dólar como moneda nacional y su rol como dinero mundial. Es que, en tanto moneda nacional, y según los patrones clásicos del comercio internacional, debería depreciarse, dado el déficit en la cuenta corriente. Pero en su rol de dinero mundial, es imprescindible que encarne valor y sea medio de atesoramiento. Agregando que ese rol explica la entrada de capitales y el consiguiente financiamiento de los déficits.

El tema es, sin embargo, que el dólar como moneda mundial flota sobre un mar de deudas, y esto es intrínsecamente contradictorio con su papel de dinero mundial. Las necesidades de financiamiento de los dos déficits (cuenta corriente y fiscal) siguen creciendo. Por caso, en 2025 el gobierno de EEUU debe refinanciar deuda por US$ 7 billones. El déficit en cuenta corriente no se achica y las medidas proteccionistas que acaba de implementar Washington solo empeorarán las cosas. La perspectiva de una recesión global (en el marco de sobreproducción, guerras de precios y enfrentamientos geopolíticos) es real. Una depresión global dispararía una gigantesca destrucción de valores. El dólar no sería inmune a ella. Sin embargo, en tanto moneda mundial, debe ser poder, “la forma siempre pronta, absolutamente social de la riqueza” (Marx, El capital, p. 160, t. 1). Es desde ese lugar que “funciona como medio general de pago, medio general de compra y concreción material, absolutamente social de la riqueza en general” (ibídem, p. 175). Esta contradicción, entre el rol del dólar como dinero mundial, y las gigantescas deudas que se acumulan, es la causa última de la desconfianza de los inversores.

Los síntomas no son nuevos. En los últimos años China, Rusia (antes de la invasión a Ucrania) y Turquía han estado comprando oro. También India, en 2024. Entre 2022 y 2024 bancos centrales compraron más de 1000 toneladas de oro por año. El justificativo: “es el dinero sin riesgo”. También “es el único activo que no es pasivo de ningún gobierno”. A su vez, China, Arabia Saudita y Brasil han bajado la tenencia de títulos del Tesoro.

La caída de los precios de los títulos del Tesoro en la crisis en curso es otro llamado de alerta. Todo indica que la mencionada contradicción que atraviesa al dólar debería desembocar, en algún punto, en una crisis monetaria y financiera de proporciones. Por ejemplo, si los inversores comienzan a pedir más tasa para financiar el déficit fiscal de EEUU; o si se frena la entrada de capitales a EEUU. En esta última eventualidad habría una crisis en la balanza de pagos que empujaría a una devaluación del dólar. Con el agravante que EEUU puede pagar sus deudas emitiendo su propia moneda. Si ocurriera, se aceleraría la depreciación del dólar y los acreedores (bancos centrales, entidades financieras, empresas y otros tenedores de títulos del Tesoro) sufrirían pérdidas gigantescas. Cualquiera de esos escenarios, desataría crisis al interior de los países afectados. En particular, será necesario seguir la evolución de la crisis inmobiliaria que se está desarrollando en China. Así como los cambios que están ocurriendo a nivel geopolítico, que por momentos apuntarían a la formación de bloques económicos en creciente tensión." 

( , blog, 15/04/25)

29.3.25

¿Podemos salir de un mundo de deuda? En las últimas dos décadas, la deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023). Es importante entender que este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de los ingresos por exportaciones de los países en desarrollo... los países del Sur Global se limitan a vender sus bienes y servicios para pagar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el colapso de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de COVID-19 y la inflación debida a la guerra de Ucrania... La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, listo para devorar el cadáver de nuestras sociedades... Atrapados en la red de deuda-austeridad-bajo crecimiento-endeudamiento externo-deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en favor de la supervivencia a corto plazo... debería tratarse de cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social (Vijay Prashad)

 "En las últimas dos décadas, la deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023). Es importante entender que este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de los ingresos por exportaciones de los países en desarrollo. Esto significa que casi cada dólar ganado por la exportación de bienes y servicios es un dólar adeudado a un banco extranjero o a un tenedor de bonos. Por lo tanto, los países del Sur Global se limitan a vender sus bienes y servicios para pagar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el colapso de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de COVID-19 y la inflación debida a la guerra de Ucrania. La mitad de la población mundial (3300 millones) vive en países que destinan una mayor parte de su presupuesto a pagar los intereses de la deuda que a financiar la educación o los servicios sanitarios. En el continente africano, de los cincuenta y cuatro países, treinta y cuatro gastan más en el servicio de la deuda que en la sanidad pública. La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, listo para devorar el cadáver de nuestras sociedades.

¿Por qué están endeudados los países? La mayoría de los países están endeudados por varias razones:

  • Cuando obtuvieron la independencia hace aproximadamente un siglo, sus antiguos gobernantes coloniales los dejaron empobrecidos.
  • Pidieron dinero prestado a sus antiguos gobernantes coloniales a tipos de interés elevados para proyectos de desarrollo, lo que hizo imposible el reembolso, ya que los fondos se utilizaron para proyectos públicos como puentes, escuelas y hospitales.
  • Las desiguales condiciones comerciales (exportación de materias primas a bajo precio para importar productos acabados a alto precio) agravaron aún más su débil situación financiera.
  • Las políticas despiadadas de las organizaciones multilaterales (como el Fondo Monetario Internacional, FMI) obligaron a estos países a recortar el gasto público nacional tanto para consumo como para inversión y, en su lugar, pagar la deuda externa. Esto puso en marcha un ciclo de bajas tasas de crecimiento, empobrecimiento y endeudamiento.

Atrapados en la red de deuda-austeridad-bajo crecimiento-endeudamiento externo-deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en favor de la supervivencia a corto plazo. La agenda de la que disponían para hacer frente a esta trampa de la deuda estaba totalmente motivada por la conveniencia del reembolso y no del desarrollo. Por lo general, se promovieron los siguientes métodos en lugar de una teoría del desarrollo:

  1. Alivio y reestructuración de la deuda. Buscar una reducción de la carga de la deuda y una gestión más sostenible de los pagos de la deuda a largo plazo.
  2. Un llamamiento a la inversión extranjera directa (IED) y un intento de impulsar las exportaciones. Aumentar la capacidad de los países para obtener ingresos para pagar esta deuda, pero sin ningún cambio real en la capacidad productiva del país.
  3. Recortes en el gasto público, en gran medida una merma del gasto social. Cambiar el panorama fiscal para que un país pueda utilizar más de su riqueza social para pagar a sus tenedores de bonos extranjeros y ganarse la «confianza» en el mercado internacional, pero a expensas de la vida y el bienestar de sus ciudadanos.
  4. Reformas fiscales que beneficien a los ricos y reformas del mercado laboral que perjudiquen a los trabajadores. Recortes de impuestos para animar a los ricos a invertir en su sociedad, lo que ocurre muy pocas veces, y un cambio en las leyes sindicales para permitir una mayor explotación de la mano de obra a fin de aumentar el capital para la inversión.
  5. Reforma institucional para garantizar una menor corrupción mediante un mayor control internacional de los sistemas financieros. Abrir el proceso presupuestario de un país a la gestión internacional (a través del FMI) y permitir que economistas extranjeros controlen la toma de decisiones fiscales.

Cada uno de estos enfoques por separado y todos ellos juntos no proporcionaron ninguna evaluación de los problemas subyacentes que produjeron la deuda, ni ofrecieron una vía para salir de la dependencia de la deuda.

Efectivamente, si este es el mejor enfoque disponible, entonces los países en desarrollo necesitan una nueva teoría del desarrollo.

Una nueva teoría del desarrollo

A estas alturas se entiende que la entrada de IED y la exportación de productos básicos a bajo precio no aumentan por sí solas el producto interior bruto (PIB) de un país en desarrollo. De hecho, la IED, en una época de liberalización financiera y sin control de capitales, puede crear enormes problemas para un país pobre, ya que el dinero puede desestabilizar la economía. Esto último requiere inversiones a largo plazo en lugar de transacciones de dinero especulativo.

La investigación de Global South Insights (GSI) y Tricontinental: Instituto de Investigación Social muestra que no es la IED la que aumenta el PIB a largo plazo, sino que existe una alta correlación entre el aumento de la inversión neta de capital fijo y el crecimiento del PIB (la inversión neta de capital fijo es el aumento del gasto en capital social por encima de la depreciación). En otras palabras, si un país invierte dinero para aumentar su capital social, verá un aumento secular en su tasa de crecimiento. Esa es la razón por la que países como China, Vietnam, India e Indonesia han mantenido altas tasas de crecimiento en un período en el que la mayoría de los países (por ejemplo, en el Norte Global) han tenido tasas de crecimiento bajas o negativas (sobre todo si se tiene en cuenta el aumento de la inflación). Incluso el Banco Mundial está de acuerdo en que la salida de la «trampa del ingreso medio» consiste en aumentar la inversión, introducir tecnologías del extranjero e innovar internamente en materia de tecnología (lo llaman el «método 3i»). En el centro del proyecto debe haber un aumento de la inversión neta de capital fijo.

Nuestra investigación muestra que a medida que el PIB crece, la esperanza de vida también aumenta. Hay muchos elementos que requieren investigación: por ejemplo, si la calidad del crecimiento del PIB mejora (más industria, mejor gasto social), ¿qué efecto tiene esto en los resultados sociales? Hablar de la calidad del PIB es plantear cuestiones de asignación de la riqueza social a sectores específicos, lo que pone de manifiesto la importancia tanto de una planificación económica sólida como de una política fiscal adecuada que no esté motivada por el pago a los tenedores de bonos extranjeros, sino por la construcción del capital fijo neto en un país a largo plazo.

Pero, ¿cómo se consigue la financiación necesaria para pagar las deudas y crear capital social? No es imposible, ya que la mayoría de los países en desarrollo son ricos en recursos y solo necesitan desarrollar la capacidad para gestionarlos. Las respuestas podrían encontrarse menos en las leyes de la economía que en las relaciones desiguales de poder en el mundo. Con la agitación del orden mundial, ahora podría haber una oportunidad para crear nuevas estrategias financieras para el desarrollo.

La base de una conversación sobre la teoría del desarrollo no debería ser cómo sostener una economía en una espiral de deuda permanente que conduce a la desindustrialización y la desesperación. En su lugar, debería tratarse de cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social. Es esta idea la que nos motiva a iniciar una nueva conversación, no sobre la necesidad de esta o aquella política económica para salvar una mala situación, sino sobre una nueva teoría del desarrollo en su conjunto."                     (

16.2.25

Si la deuda pública fuese un problema grave en todos los casos y para la economía mundial en su conjunto, los «expertos» tendrían que preocuparse por lo que ocurre con el país que registra la mayor deuda pública de todos: Estados Unidos... el crecimiento de la deuda pública no es un mal en sí mismo, ni para todas las economías por igual. Su efecto depende de circunstancias variadas. Fundamentalmente, de quiénes sean los acreedores (en Japón, por ejemplo, casi toda la deuda pública está en manos de japoneses) y de la capacidad que se tenga para hacerle frente. Estados Unidos puede permitírselo porque financia su deuda con su propia moneda: el dólar. Hoy en día, puede emitir prácticamente sin límite... Mientras se pueda pagar y no haya acreedores que presionen a los gobiernos, la deuda pública no es un problema grave. De hecho, puede ser un motor importante de impulso económico, sobre todo, cuando los demás –consumo privado, inversión empresarial y comercio exterior– funcionan a medio gas, como viene ocurriendo últimamente... aquello que de verdad puede provocar y ha provocado crisis peligrosas, no ha sido la evolución de la deuda pública, sino la de la deuda privada... la deuda pública elevada es muy dañina, principalmente, para los países más pobres... el crecimiento de la deuda pública, sino el coste de los intereses asociados lo que puede hacerla insoportable... el crecimiento de la deuda gubernamental que tanto les preocupa podría frenarse en gran medida si las administraciones públicas no fueran financiadas con criterios de mercado, es decir, pagando intereses, sino por los bancos centrales. Esto ocurría antes de que comenzaran a aplicarse las políticas neoliberales, a partir de los años setenta del siglo pasado. Antes de eso, la deuda pública promedio en el mundo se situaba en torno al 30% del PIB... Para controlar el incremento de la deuda, lo necesario es reformar el sistema financiero e impedir que los bancos privados se lucren financiando bienes públicos y sociales y, en el caso de los países más pobres, compensar las injusticias que se han cometido con ellos y acordar internacionalmente la reestructuración y el jubileo general de su deuda (Juan Torres López)

 "Los medios de comunicación se han hecho eco del «temor de los expertos de Davos» sobre el crecimiento de la deuda pública, tal como titulaba literalmente una información publicada en la propia web del World Economic Forum.

Sin embargo, la opinión de esos «expertos» es un engaño por dos razones. En primer lugar, porque ponen la atención donde no se encuentra el principal peligro al que pueden enfrentarse las economías en relación con la deuda. Y, en segundo, porque no mencionan las causas reales que, en todo caso, provocan el incremento de la deuda pública.

Un problema grave, pero no el principal

La deuda pública es la que acumulan las administraciones públicas de un país como consecuencia de haber gastado más de lo que ingresan a lo largo del tiempo. Es, sin duda, un problema importante, incluso podría decirse que muy grave, para muchos países y, sobre todo, para los más pobres. Es fundamental entender por qué y cuándo es grave.

Según el informe sobre deuda mundial 2024 de las Naciones Unidas, la deuda pública global fue de 97 billones de dólares en 2023, lo que equivalía al 93% del producto bruto mundial de ese año, que fue de aproximadamente 105 billones. Y, según las últimas estimaciones, en 2024 habría superado los 102 billones.

Si la deuda pública fuese un problema grave en todos los casos y para la economía mundial en su conjunto, los «expertos» tendrían que preocuparse por lo que ocurre con el país que registra la mayor deuda pública de todos: Estados Unidos. Según el Fondo Monetario Internacional, la deuda de todas sus administraciones públicas (36 billones de dólares) representa nada más y nada menos que la tercera parte de toda la deuda mundial. Y si se preocupan por países concretos, deberían poner atención, antes que nada, en Japón, cuya deuda pública representa, según la misma fuente, el 250% de su producto interno bruto (PIB).

No es casualidad que los países más ricos sean los que tienen una deuda pública más elevada. En volumen, por supuesto, e incluso casi siempre en porcentaje sobre su PIB. La que acumulan equivale, según la ONU, a casi el 70% del producto mundial.

¿Cuándo la deuda pública representa un problema?

En realidad, el crecimiento de la deuda pública no es un mal en sí mismo, ni para todas las economías por igual. Su efecto depende de circunstancias variadas. Fundamentalmente, de quiénes sean los acreedores (en Japón, por ejemplo, casi toda la deuda pública está en manos de japoneses) y de la capacidad que se tenga para hacerle frente.

Estados Unidos puede permitírselo porque financia su deuda con su propia moneda: el dólar. Hoy en día, puede emitir prácticamente sin límite, ya que es la divisa utilizada para pagar casi el 40% del comercio mundial y, además, es la principal divisa de reserva para los demás países. De hecho, representa casi el 60% del total de reservas en el mundo.

Mientras se pueda pagar y no haya acreedores que presionen a los gobiernos, la deuda pública no es un problema grave. De hecho, puede ser un motor importante de impulso económico, sobre todo, cuando los demás –consumo privado, inversión empresarial y comercio exterior– funcionan a medio gas, como viene ocurriendo últimamente. De hecho, no se ha podido probar con evidencias empíricas que volúmenes más elevados de deuda pública frenen el crecimiento económico, ni que sean una rémora para crear actividad económica y empleo.

Los «expertos» de Davos se olvidan, como ocurre siempre con los economistas convencionales, de que el peligro real de las economías, aquello que de verdad puede provocar y ha provocado crisis peligrosas, no ha sido la evolución de la deuda pública, sino la de la deuda privada. Así lo indican los datos: las crisis y recesiones se producen justamente cuando su crecimiento se frena tras un periodo de fuerte expansión.

Y se olvidan también del factor que realmente explica el aumento extraordinario, tanto de deuda privada, como de deuda pública en casi todo el mundo.

Lo que nadie cuenta sobre el aumento de la deuda

Sin necesidad de quitarle importancia a lo que ocurre en los países ricos, lo cierto es que la deuda pública elevada es muy dañina, principalmente, para los países más pobres. 54 países más empobrecidos tienen que dedicar más de un 10% de sus ingresos al pago de intereses y, según Naciones Unidas, 3.300 millones de personas viven en países donde se gasta más por ese concepto que en salud o educación.

Los «expertos» olvidan que no es el crecimiento de la deuda pública, sino el coste de los intereses asociados lo que puede hacerla insoportable. El caso de la Unión Europea, perfectamente extrapolable al resto de los países, lo demuestra: según datos oficiales de Eurostat, desde el año 2000, la deuda pública aumentó en 8,6 billones de euros en los 27 países miembros y, en ese periodo, se pagaron 6,56 billones en intereses. Eso quiere decir que tres de cada cuatro euros del aumento de la deuda en ese periodo, corresponden a este último concepto. Y, si se toma la Eurozona, resulta que 88 de cada 100 euros de aumento de la deuda pública, corresponden a intereses.

El beneficio oculto de los bancos

Los «expertos» no mencionan que el crecimiento de la deuda gubernamental que tanto les preocupa podría frenarse en gran medida si las administraciones públicas no fueran financiadas con criterios de mercado, es decir, pagando intereses, sino por los bancos centrales. Esto ocurría antes de que comenzaran a aplicarse las políticas neoliberales, a partir de los años setenta del siglo pasado. Antes de eso, la deuda pública promedio en el mundo se situaba en torno al 30% del PIB.

Por otra parte, los «expertos» se olvidan de la deuda privada porque, en realidad, no desean que se reduzca la deuda. No puede olvidarse que esta es el negocio del grupo más poderoso del planeta: la banca. Lo último que quisieran los financieros que dominan el mundo, es que se aplicaran políticas que redujeran de verdad la deuda, fuente de sus beneficios millonarios.

De hecho, la experiencia demuestra que, cuando se reclama que se reduzca la deuda pública, no se pide que baje todo el gasto público, sino tan sólo el social. Los datos históricos de los gobiernos aparentemente más enemigos del gasto público muestran claramente que, en realidad, no lo reducen en su totalidad: con la excusa de la deuda, disminuyen el gasto social y en bienestar, pero aumentan mucho más el militar y las ayudas directas o fiscales a las grandes empresas. Al final, suben la deuda más que nadie, y lo hacen con el aplauso de los bancos que se lucran con ella.

Los grandes bancos, las grandes empresas y fortunas y los políticos que defienden sus intereses utilizan el miedo a la deuda pública para recortar gastos del gobierno que no les hacen falta pero, en realidad, desean y hacen todo lo posible conseguir que la economía esté medio paralizada y endeudada porque, cuanta más deuda se genera, más renta improductiva extrae el sistema financiero en forma de intereses.

La deuda pública y privada es esclavitud. Lo ha sido siempre a lo largo de la historia, pero hay que entender bien que esta esclavitud existe porque es un negocio de los poderosos, de los que hablan de reducirla cuando, en realidad, hacen todo lo posible para que eunente porque se lucran con ella.

El conservador Mark Rutte, actual secretario general de la OTAN, es una muestra palpable de ese discurso fariseo. Reclama un aumento del gasto militar a los mismos países a los que, hasta hace poco, cuando era primer ministro de Países Bajos, regañaba porque gastaban mucho.

Para controlar el incremento de la deuda, lo necesario es reformar el sistema financiero e impedir que los bancos privados se lucren financiando bienes públicos y sociales y, en el caso de los países más pobres, compensar las injusticias que se han cometido con ellos y acordar internacionalmente la reestructuración y el jubileo general de su deuda."

(Juan Torres López, blog, 15/02/25)

14.8.24

Bangladesh: la crisis de la deuda del “Sur Global” se intensifica... El derrocamiento del gobierno dictatorial de Sheikh Hasina, es un sorprendente resultado de la pesadilla económica que muchas de las llamadas economías en desarrollo están experimentando ahora: estancamiento del comercio, aumento de los costes de los intereses de la deuda y severa austeridad impuesta por el FMI y el capital privado a cambio de «ayuda financiera»... La crisis económica de Bangladesh se está repitiendo en todo el Sur Global: en Kenia, donde se han producido disturbios para revertir la subida de impuestos exigida por el FMI; en Pakistán, donde el gobierno ha recurrido por séptima vez al FMI en busca de financiación; en Egipto, que está al borde del impago; y en Nigeria, donde impera el hambre. Y, por supuesto, Argentina... Y el FMI cobra recargos a cualquier deudor que no pague a tiempo, lo que no hace sino dificultar el reembolso de los préstamos (Michael Roberts)

 "El derrocamiento del gobierno dictatorial de Sheikh Hasina en Bangladesh por los estudiantes y la población la semana pasada es un sorprendente resultado de la pesadilla económica que muchas de las llamadas economías en desarrollo están experimentando ahora: estancamiento del comercio, aumento de los costes de los intereses de la deuda y severa austeridad impuesta por el FMI y el capital privado a cambio de «ayuda financiera».

Hasta la caída del gobierno, Bangladesh era considerado un éxito económico, al menos en los medios de comunicación occidentales y entre los principales economistas.  El FMI pronosticaba que el PIB de Bangladesh pronto superaría al de Dinamarca o Singapur. Su PIB por persona era ya mayor que el de la vecina India.  El crecimiento medio del PIB del país en la última década, según las estadísticas del gobierno, rondaba el 6,6%. En abril de este año, el Banco Mundial calculaba que Bangladesh crecería un 5,6% este año, impulsado por su próspera industria de la confección, que depende de talleres de explotación de mano de obra barata para ganar cuota de mercado en todo el mundo.  Representa más del 80% de las exportaciones del país. El Gobierno prevé que en 2025 las fábricas bangladeshíes produzcan el 10% de las prendas de vestir del mundo.

Pero bajo la superficie, el auge de la economía se basaba en una rentabilidad vacilante para el capital bangladeshí.  La relativa recuperación de la rentabilidad tras la Gran Recesión mundial de 2008-9 empezó a revertirse a partir de 2013, hasta desembocar en el desplome pandémico de 2020.

 La crisis llegó rápidamente este año.  Pocas semanas después del optimista informe de abril del Banco Mundial, se hizo patente la realidad: la economía se estaba deteriorando rápidamente.  Enormes proyectos de infraestructuras, plagados de corrupción, fracasaban y mermaban los recursos.  El aumento de los intereses de los préstamos, la subida de la inflación y la caída de la demanda de exportaciones llevaron a muchas empresas al impago, con más de 20.000 millones de dólares en «préstamos morosos».  El gobierno concedió enormes subvenciones (miles de millones) a empresas privadas para garantizar la cobertura eléctrica del país.  Los accionistas ricos prosperaron y aprovecharon la oportunidad para desviar su riqueza fuera del país; mientras, las remesas de los bangladeshíes que trabajaban en el extranjero retrocedían.

En contraste con los ricos, la mayoría de los 170 millones de habitantes del país sufrieron.  La mayoría de los trabajadores de la confección de Bangladesh son mujeres (50-80%), mientras que los supervisores de fábrica mejor pagados suelen ser hombres. La mayoría de las mujeres ganan el salario mínimo: 8.000 takas, unos 80 dólares al mes. Con la subida de los precios de los alimentos, eso no es ni de lejos suficiente. «Todos los productos cotidianos, como el arroz, los huevos y las verduras, son cada vez más caros», afirma Taslima Akhter, presidenta de Bangladesh Garment Workers Solidarity, una organización sindical. «También el precio del gas para cocinar [en casa] y de la electricidad [en las fábricas]. Así que es un gran problema para los trabajadores y la industria».

Una encuesta de la BBS realizada a mediados de 2023 reveló que alrededor de 37,7 millones de personas sufrían inseguridad alimentaria de moderada a grave en el país. Más de una cuarta parte de las familias pedían préstamos para cubrir sus necesidades diarias, incluida la alimentación. Una encuesta realizada por el grupo de reflexión South Asia Network on Economic Modeling reveló que el 28% de los hogares recurrían a préstamos para sobrevivir. El importe medio de los préstamos por hogar en el país casi se duplicó entre 2016 y 2022.

Bangladés llevaba décadas registrando aumentos en la esperanza de vida. En 2020, alcanzó los 72,8 años, la más alta hasta la fecha. Pero desde entonces, el patrón de crecimiento se ha roto. En 2021, se produjo un descenso hasta los 72,3 años en adelante. La tasa de mortalidad de menores de cinco años, recién nacidos y menores de un año ha aumentado.

Se ha producido un descenso de los estudiantes de enseñanza secundaria y un aumento de los NETT (personas sin empleo, educación o formación) entre la población joven. Según la BSVS-2023, la proporción de niños de entre cinco y veinticuatro años que no asisten a centros educativos ha aumentado desde la pandemia de COVID-19. En 2020, al inicio de la pandemia, el 28% no asistía a centros educativos. En 2020, al inicio de la pandemia, el 28% no estaba escolarizado; en 2023, ¡el porcentaje alcanzaba el 41%!  Alrededor del 40% no estudiaba ni trabajaba, un 10% más en ocho años. Las protestas estudiantiles que derrocaron al gobierno fueron provocadas por el sistema de cuotas de empleo, que reservaba el 30% de los puestos de trabajo públicos a las familias de los veteranos de la guerra de 1971 (principalmente familias del gobierno). Los manifestantes exigieron la sustitución de la cuota por un sistema basado en el mérito.

En junio de 2024, el FMI admitió que «los precios internacionales de las materias primas, obstinadamente altos, y la continua restricción financiera mundial han amplificado las vulnerabilidades macroeconómicas» Las reservas de divisas se redujeron drásticamente debido a las intervenciones para apuntalar la moneda de Bangladesh, el taka.  Las reservas de divisas se desplomaron de 46.000 millones de dólares en 2021 a sólo 19.000 millones.

El taka cayó más de un 20% frente al dólar estadounidense, lo que disparó el coste del servicio de la deuda externa.  La cuenta exterior entró en déficit hasta un 4% del PIB al año. 

El gobierno se vio obligado a recurrir al FMI en busca de «alivio».  El FMI aprobó un pequeño paquete de 3.300 millones de dólares a principios de 2023. Este año se elevó a 4.700 millones para aliviar la presión sobre el tipo de cambio. Y el FMI entregó 1.100 millones de dólares en junio. 

Pero ahora todo cambia.  Tras un brutal intento de reprimir las protestas, en el que el ejército y la policía mataron a más de 300 personas, Hasina finalmente huyó del país. Se ha formado un gobierno provisional presidido por el economista Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz.  Pero no esperes ninguna mejora bajo su administración (lee esto: https://www.cadtm.org/Bangladesh-Who-is-Muhammad-Yunus-the-new-primer-minister).  

Yunus acudirá de nuevo al FMI en busca de apoyo, a cambio de lo cual el FMI impondrá severas medidas de austeridad.

La crisis económica de Bangladesh se está repitiendo en todo el Sur Global: en Kenia, donde se han producido disturbios para revertir la subida de impuestos exigida por el FMI; en Pakistán, donde el gobierno ha recurrido por séptima vez al FMI en busca de financiación; en Egipto, que está al borde del impago; y en Nigeria, donde impera el hambre.  Y, por supuesto, Argentina.

Y el FMI cobra recargos a cualquier deudor que no pague a tiempo, lo que no hace sino dificultar el reembolso de los préstamos. El número de países que pagan recargos anuales casi se ha triplicado en 5 años, pasando de 8 en 2019 a 23 en 2024. En los últimos seis años, el FMI cobró 7.000 millones de dólares en recargos.

Hasta 2033, el CEPR calcula que el FMI cobrará aproximadamente 13.000 millones de dólares en recargos. Sólo Argentina deberá unos 6.000 millones de dólares, seguida de Ucrania, con una deuda de casi 3.000 millones. Por término medio, los recargos representarán el 26% de todos los cargos e intereses cobrados a los países que pagan recargos. Para algunos prestatarios, como Costa Rica y Ecuador, los recargos representarán incluso más.

En mi próxima entrada, hablaré de un nuevo informe del Banco Mundial que demuestra que el Sur Global no sólo no está «alcanzando» al Norte Global, sino que se está quedando aún más rezagado."                   

(Michael Roberts, blog, 14/08/24, traducción DEEPL, gráficos y enlaces en el original)

10.6.24

Paul Krugman: El Gobierno de Estados Unidos tiene una deuda de más de 34 billones de dólares... es aproximadamente la misma que al final de la Segunda Guerra Mundial... ¿Cómo pagamos la deuda de la Segunda Guerra Mundial? No lo hicimos. La deuda federal cuando John F. Kennedy asumió el cargo era ligeramente superior a la de 1946. Pero la deuda como porcentaje del PIB había descendido mucho, gracias al crecimiento y a la inflación... ¿qué haría falta para estabilizar la deuda como porcentaje del PIB durante los próximos 30 años? Tendríamos que aumentar los impuestos o recortar el gasto en un 2,1% del PIB. Eso no es mucho. Estados Unidos recauda un porcentaje mucho menor de su PIB en impuestos que la mayoría de los demás países ricos; recaudar dos puntos porcentuales más no cambiaría el hecho de que somos un país de impuestos bajos y es improbable que perjudicara a la economía. Si estabilizar la deuda parece difícil, es solo porque, con lo dividida que está nuestra política, hasta los pasos más pequeños hacia la responsabilidad son extremadamente difíciles de dar... De modo que el problema es la política —y más concretamente, la política de derechas— y no el tamaño de la deuda

 "El Gobierno de Estados Unidos tiene una deuda de más de 34 billones de dólares. ¿Sabían que nuestro Gobierno debe 34 billones de dólares? ¡Hablamos de 34 billones de dólares! Cada vez que escribo sobre política económica, recibo muchos correos y muchos comentarios preguntándome básicamente por qué no hablo más de la deuda nacional. Así que pensé que podría ser útil explicar cómo veo la cuestión de la deuda pública y por qué no ocupa un lugar preponderante en mis preocupaciones.

En concreto, permítanme hacer tres observaciones. En primer lugar, aunque 34 billones de dólares es una cifra muy elevada, da mucho menos miedo de lo que muchos imaginan si se sitúa en un contexto histórico e internacional. En segundo lugar, en la medida en que la deuda es una preocupación, hacerla sostenible no sería en absoluto difícil en términos de economía pura y dura; es casi enteramente un problema político. Por último, los que afirman estar profundamente preocupados por la deuda son, con demasiada frecuencia, unos hipócritas; el nivel de su hipocresía raya a menudo en lo surrealista.

¿Hasta qué punto asusta la deuda? Es una cifra alta, incluso si excluimos la deuda que es básicamente dinero que una rama del Gobierno debe a otra; la deuda en manos de los ciudadanos sigue rondando los 27 billones de dólares. Pero nuestra economía también es enorme. Hoy en día, la deuda como porcentaje del PIB no es algo sin precedentes, ni siquiera en Estados Unidos: es aproximadamente la misma que al final de la Segunda Guerra Mundial. Es considerablemente inferior a la cifra que se registra en Japón en estos momentos y muy inferior al coeficiente de deuda del Reino Unido al final de la Segunda Guerra Mundial.

Pero, ¿acaso no ha habido muchas crisis de deuda en la historia? Bueno, casi todas las crisis de deuda que he podido encontrar en la historia implicaban a un país que se endeudaba en la moneda de otro, lo que lo hacía vulnerable a una crisis de liquidez cuando los prestamistas, por la razón que fuere, huían hacia las salidas y el país no podía imprimir efectivo para pagarles hasta que se calmara el pánico. De hecho, la crisis del euro se disipó rápidamente después de que Mario Draghi, entonces presidente del Banco Central Europeo, dijera cuatro palabras —”lo que haga falta”— que daban a entender que el banco proporcionaría efectivo a las naciones deudoras sometidas a presiones.

El único ejemplo claro que conozco de una crisis nacional provocada por una deuda elevada contraída en la propia moneda del país es el de Francia en 1926, y esa historia es extremadamente complicada. Así y todo, hasta muchos de los que no creemos que el nivel actual de deuda vaya a provocar una implosión financiera y económica, no podemos evitar sentirnos un poco intranquilos ante los pronósticos que muestran un aumento constante de la deuda como porcentaje del PIB a lo largo de los próximos 30 años. Por tanto, ¿qué habría que hacer para disipar esta inquietud?

Tengan en cuenta que los gobiernos, a diferencia de los particulares, nunca tienen que pagar su deuda. ¿Cómo pagamos la deuda de la Segunda Guerra Mundial? No lo hicimos. La deuda federal cuando John F. Kennedy asumió el cargo era ligeramente superior a la de 1946. Pero la deuda como porcentaje del PIB había descendido mucho, gracias al crecimiento y a la inflación.

Entonces, ¿qué haría falta para estabilizar la deuda como porcentaje del PIB durante los próximos 30 años? Bobby Kogan y Jessica Vela, del Centro para el Progreso Estadounidense, trabajando con cifras de la Oficina Presupuestaria del Congreso, calculan que tendríamos que aumentar los impuestos o recortar el gasto en un 2,1% del PIB. Eso no es mucho. Estados Unidos recauda un porcentaje mucho menor de su PIB en impuestos que la mayoría de los demás países ricos; recaudar dos puntos porcentuales más no cambiaría el hecho de que somos un país de impuestos bajos y es improbable que perjudicara a la economía. Si estabilizar la deuda parece difícil, es solo porque, con lo dividida que está nuestra política, hasta los pasos más pequeños hacia la responsabilidad son extremadamente difíciles de dar.

Y por política profundamente dividida me refiero sobre todo a los republicanos, que proclaman los males de la deuda al tiempo que aplican políticas que ponen la sostenibilidad fiscal a largo plazo aún más lejos de nuestro alcance. En un análisis relacionado, Kogan y Vela estiman que prorrogar permanentemente las rebajas fiscales de Trump de 2017 empeoraría considerablemente las perspectivas fiscales. Sin embargo, es difícil encontrar republicanos en el Congreso que se opongan a dicha prórroga.

Y lo que es aún peor, los republicanos de la Cámara de Representantes presionan para recortar drásticamente el presupuesto del Servicio de Impuestos Interno (IRS), lo que privaría a este organismo de los recursos que necesita para tomar medidas enérgicas contra los ricos que defraudan impuestos. Es decir, al tiempo que vociferan por el déficit presupuestario, pretenden recortar los impuestos e intentan bloquear los esfuerzos para recaudar los tributos que los estadounidenses de altos ingresos deben conforme a la ley actual.

De modo que el problema es la política —y más concretamente, la política de derechas— y no el tamaño de la deuda.

Lo que explica por qué no hablo más de la deuda. Estados Unidos, con su enorme economía y sus impuestos relativamente bajos, no se enfrenta a un problema fundamental de sostenibilidad fiscal. Con voluntad política, podríamos resolver los problemas de deuda con bastante facilidad. En la medida en que la deuda constituye un problema, es un reflejo de la disfunción política, principalmente de la radicalización del Partido Republicano. Esa radicalización me preocupa profundamente por varias razones, empezando por el destino de la democracia. La deuda federal no es ni mucho menos una de las primeras de la lista."                 (Paul Krugman, El País Negocios, 08/06/24)

13.4.24

Las cancelaciones de deudas también se producían durante el Jubileo para los cristianos y la Torá para los judíos... el sufrimiento y la parálisis que el sistema de la deuda provoca en nuestra vida cotidiana es que hay baches en las calles, pero no se pueden arreglar porque no hay dinero, la gente no recibe atención médica porque no tiene recursos financieros... la deuda pública italiana, según el análisis de Bersani, no se pagará nunca, por dos razones. La primera se refiere al hecho de que la cifra ha alcanzado una suma exorbitante, que nunca podrá ser reembolsada; la segunda explicita una transformación del crédito en usura... Desde 1992, el superávit primario es positivo, Sin embargo, la deuda sigue creciendo, debido a los intereses que se están pagando, gastos por intereses que en 2022 ascienden a 83.000 millones de euros, cifra que aumentó en 14.000 millones de euros en 2023, debido al aumento de los tipos de interés por parte del BCE. Se calcula que en 2024 los intereses de la deuda superarán los 100.000 millones, cifra cercana al gasto público en sanidad (Eugenio Donnici)

 "La cuestión de la deuda pública y privada, aunque se haya convertido en tabú, pesa como un peñasco en las decisiones de política económica. Las deudas y los créditos son pilares sobre los que descansa el modo de producción capitalista, pero estas relaciones sociales, aunque de forma rudimentaria, influyeron en la vida asociada de los individuos pertenecientes a las ciudades-estado, reinos e imperios del mundo antiguo, cuando sus gobernantes empezaron a acuñar monedas o, mejor dicho, cuando el comercio, mediado por el dinero, sustituyó en cierta medida al trueque.

En las relaciones entre deudores y acreedores, debe quedar claro que para que una deuda sea reembolsada, en primer lugar no debe ser astronómica, pues de lo contrario se vuelve a caer en el círculo vicioso de la usura, al que volveré en el curso del discurso.

 En el mundo antiguo, según fuentes históricas, se produjeron cuatro cancelaciones de deuda durante el reinado de Hammurabi, rey de Babilonia (1792-1750 a.C.), precisamente porque se partía de la base de que los súbditos no podían pagar esas sumas. Las cancelaciones de deudas también se producían durante el Jubileo para los cristianos y la Torá para los judíos. El significado de una oración como el Credo, con la que los creyentes se dirigen a Dios, encierra el concepto de "perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores". Evidentemente, antes de que se impusiera el modo de producción capitalista, la cancelación de las deudas era más fácil, ya que la suma prestada no generaba intereses, o al menos no se aplicaba la ley del interés compuesto. Con el desarrollo de las relaciones de producción capitalistas, primero en Inglaterra, como nos recuerda Marx, la deuda pública se convirtió en una de las palancas más enérgicas de la acumulación originaria.

 La emisión de bonos públicos para financiar la infraestructura necesaria para la expansión del capital industrial permite a sus compradores transformar el crédito público en el credo del capital. En el primer libro de El Capital, Marx escribe: "Como por un golpe de varita mágica, (el credo del capital) dota al dinero improductivo de la capacidad de procrear, y lo convierte así en capital sin que tenga que exponerse a los trabajos y riesgos de la inversión industrial e incluso usuraria. (1)

Se forma una especie de "aristocracia financiera", una fracción de la burguesía que suscribe bonos del Estado fácilmente convertibles en dinero y que producen un rendimiento asegurado.

Los que compran bonos del Estado, la llamada clase de los rentistas, ven llover sobre ellos el "maná caído del cielo", pues mientras ellos siguen ociosos, ven cómo su dinero engendra dinero adicional. Ellos, como explica Marx, por un lado erosionan la plusvalía de los capitalistas industriales, y por otro, como acreedores, se llevan un porcentaje de los ingresos fiscales anuales.

 Sí. Los intereses no son neutrales: el devengo de intereses (ingresos) por dinero prestado presupone el devengo de intereses (costes). Los deudores están obligados a devolver más de lo que reciben de sus acreedores. En el caso de la deuda pública, lo que ocurre es que si los ingresos (impuestos) son insuficientes para pagar los intereses y el principal recibidos por los préstamos, entonces se emiten nuevos bonos para hacer frente a las deudas antiguas. Esta "cadena" que une a acreedores y deudores recuerda, en cierto modo, al esquema Ponzi, en el sentido de que para garantizar privilegios financieros a los antiguos inversores es necesario ampliar la base de nuevos bonistas.

Marco Bersani, en 2017, publicó Give us our daily debt today, que es una pedagogía de la financiarización de la economía y, en general, de la nueva estructura que ha asumido el modelo capitalista en los últimos 40 años. Asumiendo que economía real y finanzas están estrechamente entrelazadas, ya desde las formas más crudas de las relaciones mercantiles, aquí trataría de describir las fuertes distorsiones que las burbujas financieras provocan sobre las relaciones sociales en las que estamos inmersos a nivel planetario.

 Bersani, en su obra, señala que la deuda pública mundial es de 44 billones de dólares, si luego añadimos la deuda privada, es decir, la de los ciudadanos, las familias y las empresas, que es de 152 billones, llegamos a un total de casi 200 billones, una cifra estratosférica, que corresponde a tres veces el PIB mundial producido en un año. (2)

La distorsión financiera puede representarse como un gigantesco casino: si el comercio mundial de bienes y servicios entre Estados asciende a 20 billones de dólares en un año, en los mercados financieros esta cifra se mueve en 5 días. Durante 360 días al año, en los mercados financieros se realizan transacciones que no tienen ninguna relación con nada que exista en la realidad.

De cada 100 transacciones en el comercio de grano, dice Bersani, una la hace alguien que produce grano, las otras 99 las hacen personas que no saben nada de la producción de grano, pero determinan el precio del grano.

A las transacciones que tienen lugar en los llamados "mercados regulados", las bolsas como Piazza Affari, la City londinense, etc., prosigue el autor del libro, hay que añadir las de las finanzas en la sombra (los intercambios entre particulares que no se registran) cuya estimación, basada en conjeturas contables, ronda las 12 veces el PIB.

 Las orgías financieras cosmopolitas, celebradas por los rentistas, tras el 18 Brumario de Luis Bonaparte en Francia, sobre las que escribe Marx, se han convertido en orgías intergalácticas en nuestros tiempos.

La mezcla de finanzas y economía real es difícil de desenredar, su grado de rigidez es muy alto, muchas grandes empresas obtienen más beneficios de la negociación de valores en los mercados financiados que de la venta de bienes y servicios. Por estas razones, las relaciones entre acreedores y deudores deben investigarse como lo que son, a saber, relaciones de poder entre quienes poseen dinero y quienes lo necesitan para satisfacer una necesidad, como pedir una hipoteca para comprar una casa.

La deuda y la mistificación de la realidad

No son sólo los Estados, sino también los trabajadores y trabajadoras, las familias y las empresas, los que caen en esta trampa de la deuda desde los años ochenta: la tendencia del endeudamiento total, resultante de la suma de la deuda pública y privada, no ha dejado de aumentar.

En esta coyuntura, Bersani se pregunta: "¿Cómo hemos llegado a este camino?".

 También él, como muchos otros autores, sostiene que el quid de la cuestión se encuentra en la crisis iniciada a principios de los años setenta, aunque pasa por alto las relaciones entre sobreproducción y desempleo, las dificultades del Estado para crear trabajo adicional, las oportunidades de sobrepasar los límites del desarrollo mediado por el Estado del bienestar, etc. La fábula liberalista, a la que alude Bersani, de que el mercado habría garantizado el más alto nivel de vida para toda la población si se le hubiera dejado flotar libremente, es decir, si se le hubiera permitido funcionar sin trabas, sin control estatal, ha cuajado, entre otras cosas porque, en la contradicción entre capital y trabajo, el movimiento obrero no ha conseguido aflojar las "cadenas" del trabajo asalariado.

 Por lo demás, la tesis de Bersani es acertada: la opresiva restricción de la deuda paraliza a toda la sociedad. La derrota del movimiento tiene como consecuencia la restricción de los salarios, de modo que si los salarios no permiten llevar una vida digna, los que viven de su trabajo se ven obligados a endeudarse; asimismo, el endeudamiento del Estado con los particulares implica un aumento de los costes debido a la subida de los tipos de interés y a la reducción del gasto público, es decir, de todos aquellos servicios gratuitos o de precio limitado (transportes, educación, sanidad, bienestar, etc.) que constituyen formas de salario social, para las clases menos pudientes.

Bersani prefiere seguir la pista de la financiarización de las relaciones sociales y no se detiene en la crisis del Estado del bienestar, entendido como modo de producción, que ha impuesto el pleno empleo, la reducción de los beneficios empresariales o más bien su transferencia a los salarios.

 Esto supondría abrir una compleja digresión, mientras que mi intención aquí es comunicar, compartir el sufrimiento y la parálisis que el sistema de la deuda provoca en nuestra vida cotidiana: hay baches en las calles, pero no se pueden arreglar porque no hay dinero, la gente no recibe atención médica porque no tiene recursos financieros, la decadencia invade muchos espacios públicos, pero los administradores de las autoridades locales no tienen fondos para intervenir, etcétera.

Ahora bien, si la ideología de la deuda permite a los "cravats" tensar la cuerda alrededor del cuello del individuo, de la empresa individual, estamos ante una pérfida crueldad, pero si los rentistas consiguen luego enrollar esa cuerda alrededor del cuello de la inmensa mayoría de la comunidad, persuadiéndola de que es toda la nación la que está endeudada, cuando los parásitos de las finanzas se benefician enormemente, entonces estamos ante una mistificación de la realidad.

Legalización de la usura

La deuda pública italiana, que no debe asociarse a la deuda de la nación, sino que, como escribe Roberto Ciccone en su libro electrónico Más allá de la austeridad, consiste en una deuda de una parte de la colectividad hacia la parte restante de la misma colectividad, el endeudamiento hacia sujetos extranjeros es sólo una complicación, pero no introduce cambios sustanciales en lo que se acaba de decir(3); la deuda pública italiana, según el análisis de Bersani, no se pagará nunca, por dos razones.

La primera se refiere al hecho de que la cifra ha alcanzado una suma exorbitante, que nunca podrá ser reembolsada; la segunda explicita una transformación del crédito en usura. En el plano psicológico, el usurero teme dos acontecimientos, que considera catastróficos: la muerte del deudor y la liquidación de la deuda.

Él, en ambos casos, pierde

(a) la extracción periódica de valor, es decir, el pago de intereses;

b) la posibilidad de determinar la energía, el pensamiento, la vida y las posesiones del deudor.

 Figura 1. Historia de la deuda pública italiana desde 1970 - Fondazione Luigi Einaudi

Por último, en la historia contemporánea de la deuda pública italiana, hay dos temas que son ignorados por el pensamiento dominante, en todas las formas en que se transmite:

1. En 1981, el Banco de Italia se divorció del Tesoro y prácticamente dejó de comprar bonos del Estado. A partir de esa fecha, los bonos acabaron, con intereses crecientes, en las fauces de la especulación financiera nacional y extranjera; el recurso al mercado para financiar la emisión de bonos del Estado forma parte de las políticas de privatización de la deuda. Del gráfico de la Figura 1 se desprende que la explosión de la deuda se produjo a partir de 1981. En 1980, a pesar del crecimiento registrado desde 1970, la tasa de endeudamiento se sitúa por debajo del 60%, una tasa de endeudamiento que se ajusta al parámetro - arbitrario - fijado por la Troika y que expresa el "virtuosismo" de algunos países de la UE.

2. Hay otro hecho que pugna por emerger, yace cubierto por un manto de polvo, sin ser percibido por quienes tienen la responsabilidad de contribuir a la libertad de información: se cree que el gasto público se financia con deuda. Eso es mentira. Desde 1992, el superávit primario es positivo, lo que significa que los ingresos monetarios (impuestos) superan a los gastos (gasto público). Sin embargo, la deuda sigue creciendo, debido a los intereses que se están pagando, gastos por intereses que en 2022 ascienden a 83.000 millones de euros, cifra que aumentó en 14.000 millones de euros en 2023, debido al aumento de los tipos de interés por parte del BCE. Se calcula que en 2024 los intereses de la deuda superarán los 100.000 millones, cifra cercana al gasto público en sanidad."

 Note 

1 Marx Karl, Il Capitale, libro I, cap. XXIV, Utet, 2013, p. 942.

2 Dacci oggi il nostro debito quotidiano, 05/06/2017, https://www.youtube.com/watch?v=wHNVpqzcGLk

3 Che cos’è il debito pubblico e perché non è “il” problema, https://keynesblog.com

 (Eugenio Donnici  , Sinistrainrete, 10/04/24, traducción DEEPL)

17.1.24

En 2024, Ghana, Egipto, Sri Lanka o Pakistán invertirán más del 50% de su presupuesto nacional en el retorno de deuda —cuyo valor original ya ha sido pagado con creces— a costa de inversión en salud, educación, protección social o la lucha contra el cambio climático. La República Democrática del Congo, uno de los países más pobres del mundo, tiene solo la mitad de las enfermeras que necesita. En solo cuatro meses, el país gasta en deuda el equivalente al salario anual de las 141.000 enfermeras adicionales necesarias para brindar atención médica a toda su población... no es un problema de recursos y los gobiernos tienen el deber de centrarse en las verdaderas prioridades de nuestro tiempo y trabajar para el 99% de la sociedad (Franc Cortada, director general de Oxfam Intermón)

 "(...) Desde 2020, la riqueza conjunta de los cinco hombres más ricos del mundo se ha duplicado. Durante el mismo período, la riqueza en manos del 60% de la población del planeta se ha reducido. Vivir con hambre, estrecheces y la angustia de no poder pagar todas las facturas es la realidad diaria de millones personas, también en España.(...)

 Mientras millones de personas viven en condiciones de extrema pobreza, sin acceso a agua potable, atención sanitaria, vivienda digna o educación para sus hijos o hijas, los milmillonarios, en su codicia desmedida, han aumentado su riqueza en más de tres billones de dólares solo en los últimos tres años. Es obsceno.

Estos magnates milmillonarios son todavía más ricos y los beneficios de las grandes empresas han alcanzado niveles récord, provocando una explosión de desigualdad. En 2021 y 2022, los beneficios de los grandes monopolios y corporaciones globales crecieron casi un 90% y los datos preliminares muestran que en 2023 volverán a tener cifras muy superiores. Unos beneficios que van directos a los bolsillos de los más ricos: ese 1% más rico que posee más del 43% de todos los activos financieros a nivel mundial, que amasa fortunas y, tras 40 años de rebajas fiscales, no pagan lo que corresponde.

 Las prácticas monopolísticas dominan nuestras economías, acaparan poder y concentran los recursos en manos de unos pocos, controlando los mercados: fijan precios, condiciones y obtienen más ganancias sin temor a perder negocios. Los salarios que nos pagan, los alimentos y medicamentos que podemos permitirnos, la vida que vivimos está condicionada por esta concentración de poder. En un sector tras otro, vemos una mayor concentración: dos empresas internacionales poseen ahora más del 40% del mercado mundial de semillas, cuatro controlan más del 60% del de pesticidas. ¡Incluso la variedad de productos en los lineales del supermercado es un espejismo! Una empresa como Anheuser-Busch es ya la propietaria de más de 500 marcas de cerveza.

Y en este contexto global de crisis, a muchos gobiernos les resulta imposible mantenerse financieramente a flote ante la creciente deuda y la escalada de costes de importación de combustibles, alimentos y medicinas. Ahora mismo, seis de cada 10 países entre los más empobrecidos del mundo se enfrentan a la quiebra como consecuencia del pago de deuda.

 En 2024, Ghana, Egipto, Sri Lanka o Pakistán invertirán más del 50% de su presupuesto nacional en el retorno de deuda —cuyo valor original ya ha sido pagado con creces— a costa de inversión en salud, educación, protección social o la lucha contra el cambio climático. La República Democrática del Congo, uno de los países más pobres del mundo, tiene solo la mitad de las enfermeras que necesita. En solo cuatro meses, el país gasta en deuda el equivalente al salario anual de las 141.000 enfermeras adicionales necesarias para brindar atención médica a toda su población.

Podemos garantizar la asistencia sanitaria como un derecho universal, así como combatir el cambio climático, salvar el planeta y generar empleos de calidad. Los avances en tecnología pueden servir para mejorar nuestras vidas, acabar con la pobreza y aumentar la esperanza de vida. Tenemos la certeza de que no es un problema de recursos y los gobiernos tienen el deber de centrarse en las verdaderas prioridades de nuestro tiempo y trabajar para el 99% de la sociedad. (...)"                    (Franc Cortada es director general de Oxfam Intermón. El País, 16/01/24)