17.1.24

En 2024, Ghana, Egipto, Sri Lanka o Pakistán invertirán más del 50% de su presupuesto nacional en el retorno de deuda —cuyo valor original ya ha sido pagado con creces— a costa de inversión en salud, educación, protección social o la lucha contra el cambio climático. La República Democrática del Congo, uno de los países más pobres del mundo, tiene solo la mitad de las enfermeras que necesita. En solo cuatro meses, el país gasta en deuda el equivalente al salario anual de las 141.000 enfermeras adicionales necesarias para brindar atención médica a toda su población... no es un problema de recursos y los gobiernos tienen el deber de centrarse en las verdaderas prioridades de nuestro tiempo y trabajar para el 99% de la sociedad (Franc Cortada, director general de Oxfam Intermón)

 "(...) Desde 2020, la riqueza conjunta de los cinco hombres más ricos del mundo se ha duplicado. Durante el mismo período, la riqueza en manos del 60% de la población del planeta se ha reducido. Vivir con hambre, estrecheces y la angustia de no poder pagar todas las facturas es la realidad diaria de millones personas, también en España.(...)

 Mientras millones de personas viven en condiciones de extrema pobreza, sin acceso a agua potable, atención sanitaria, vivienda digna o educación para sus hijos o hijas, los milmillonarios, en su codicia desmedida, han aumentado su riqueza en más de tres billones de dólares solo en los últimos tres años. Es obsceno.

Estos magnates milmillonarios son todavía más ricos y los beneficios de las grandes empresas han alcanzado niveles récord, provocando una explosión de desigualdad. En 2021 y 2022, los beneficios de los grandes monopolios y corporaciones globales crecieron casi un 90% y los datos preliminares muestran que en 2023 volverán a tener cifras muy superiores. Unos beneficios que van directos a los bolsillos de los más ricos: ese 1% más rico que posee más del 43% de todos los activos financieros a nivel mundial, que amasa fortunas y, tras 40 años de rebajas fiscales, no pagan lo que corresponde.

 Las prácticas monopolísticas dominan nuestras economías, acaparan poder y concentran los recursos en manos de unos pocos, controlando los mercados: fijan precios, condiciones y obtienen más ganancias sin temor a perder negocios. Los salarios que nos pagan, los alimentos y medicamentos que podemos permitirnos, la vida que vivimos está condicionada por esta concentración de poder. En un sector tras otro, vemos una mayor concentración: dos empresas internacionales poseen ahora más del 40% del mercado mundial de semillas, cuatro controlan más del 60% del de pesticidas. ¡Incluso la variedad de productos en los lineales del supermercado es un espejismo! Una empresa como Anheuser-Busch es ya la propietaria de más de 500 marcas de cerveza.

Y en este contexto global de crisis, a muchos gobiernos les resulta imposible mantenerse financieramente a flote ante la creciente deuda y la escalada de costes de importación de combustibles, alimentos y medicinas. Ahora mismo, seis de cada 10 países entre los más empobrecidos del mundo se enfrentan a la quiebra como consecuencia del pago de deuda.

 En 2024, Ghana, Egipto, Sri Lanka o Pakistán invertirán más del 50% de su presupuesto nacional en el retorno de deuda —cuyo valor original ya ha sido pagado con creces— a costa de inversión en salud, educación, protección social o la lucha contra el cambio climático. La República Democrática del Congo, uno de los países más pobres del mundo, tiene solo la mitad de las enfermeras que necesita. En solo cuatro meses, el país gasta en deuda el equivalente al salario anual de las 141.000 enfermeras adicionales necesarias para brindar atención médica a toda su población.

Podemos garantizar la asistencia sanitaria como un derecho universal, así como combatir el cambio climático, salvar el planeta y generar empleos de calidad. Los avances en tecnología pueden servir para mejorar nuestras vidas, acabar con la pobreza y aumentar la esperanza de vida. Tenemos la certeza de que no es un problema de recursos y los gobiernos tienen el deber de centrarse en las verdaderas prioridades de nuestro tiempo y trabajar para el 99% de la sociedad. (...)"                    (Franc Cortada es director general de Oxfam Intermón. El País, 16/01/24)

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