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30.9.25

¿Qué está pasando en Francia? Algo más que un problema de deuda... Francia ha pasado en muy poco tiempo de la negación a la constatación de que el problema es serio. Los mantras que culpabilizan a los de siempre no faltan a la cita: “Los jubilados cobran demasiado”, “los emigrantes viven de las paguitas”, “los jóvenes no saben lo que es trabajar”... Francia aparece más que nunca como el mal alumno de la clase europea. Aquel que ya no tiene derecho a indulgencia... Mientras España ha sabido aprovechar la nueva coyuntura, el motor de la economía francesa parece estar gripado. La retórica oficial oculta un ángulo decisivo del problema. No estamos ante un Estado que simplemente gaste demasiado, sino de un Estado empobrecido mientras la riqueza privada se dispara y, cada vez, se concentra más... Francia nunca fue tan rica y, al mismo tiempo, su Gobierno nunca fue tan pobre. La desigualdad es abismal... No sorprenden, por tanto, los lemas del movimiento Bloquons tout: “que paguen los millonarios y no las abuelas”... el “bloque central” impone una austeridad selectiva contra el trabajo y el Estado social... se llama la “gestión de la ruina”: dar oxígeno a un capitalismo en crisis a costa de destruir las condiciones de vida de la mayoría... Quien ha gobernado a golpe de decretazo por el 49.3 y sin mayoría parlamentaria durante casi una década responsabiliza a otros de su fracaso... Francia no necesita más sacrificios ni sermones televisivos, sino justicia fiscal y una salida política a la profunda crisis de la V República. Sacrificar a Bayrou no cambiará nada, si Francia se deja arrastrar al camino de la penitencia (Lilith Verstrynge)

 "¿Qué está pasando en Francia? La pregunta se repite allá donde vayas. Porque Francia ha sido, históricamente, objeto de deseo o animadversión, pero nunca antes de tanta incomprensión. Ante el desconcierto, se señala a los sospechosos habituales: economía en decadencia, política sin horizonte. Y el insoportable vacío corren a llenarlo los diagnósticos rápidos: la sobredimensión del Estado, el infierno fiscal, el bloqueo de “los extremos”... Francia ha pasado en muy poco tiempo de la negación a la constatación de que el problema es serio. Los mantras que culpabilizan a los de siempre, por supuesto, no faltan a la cita: “Los jubilados cobran demasiado”, “los emigrantes viven de las paguitas”, “los jóvenes no saben lo que es trabajar”... Entonces, acudimos a escenas que hace poco más de una década habrían parecido inconcebibles y que, sin embargo, se han vuelto parte de nuestra cotidianidad. Hace unos días, en el telediario de TF1, un economista desplegaba un cuadro comparativo con los niveles de deuda de los países del sur de Europa. Portugal, Grecia, España e Italia —los antaño denostados PIGS— aparecían ahora como ejemplos de disciplina por haber reducido su deuda. Francia, en cambio, quedaba en evidencia: un rendimiento deficiente y una conclusión obvia. Si los países del sur expiaron sus pecados con austeridad, a Francia le ha llegado su San Martín.

Esos días, la agencia Fitch rebajó la calificación de la deuda francesa por la crisis política. Por primera vez en la historia, la prima de riesgo francesa superó a la italiana. “En el plano financiero, Francia aparece más que nunca como el mal alumno de la clase europea. Aquel que debe demostrar sus capacidades y ya no tiene derecho a indulgencia”, sentenciaba Le Monde. Según el relato, la inestabilidad, los extremos y la polarización empujaban a la segunda economía del euro hacia el abismo. La economía se convertía en la víctima perfecta de la política.

Emergía entonces François Bayrou, el ya dimitido primer ministro, como figura moralizante de la grandeur francesa. Bayrou que habría aceptado sacrificarse para mostrar al pueblo su reflejo en el espejo ― “habéis vivido por encima de vuestras posibilidades”― pretendía mirar más allá de intereses personales o políticos. Y avisaba de que la penitencia colectiva sería inevitable.

El Gobierno insistió durante semanas en un mismo argumento: “Francia lleva 50 años sin aprobar un presupuesto equilibrado”. Décadas de irresponsabilidad habrían dejado una deuda insostenible y, por lo tanto, como si de la ley de la gravedad se tratase, solo quedaría reducir el Estado, retrasar jubilaciones o eliminar días festivos. Como en una familia, el Estado no puede gastar más de lo que ingresa. Sin embargo, casi inevitablemente, irrumpe el sentido común con un contraargumento keynesiano: ¿cómo es posible que un país mal gestionado durante cinco décadas siga en pie sin haber sucumbido antes a la quiebra? ¿No será que un Estado no funciona como el hogar de una familia parisina o marsellesa? ¿No será que las reglas de la contabilidad doméstica no pueden aplicarse mecánicamente a la economía nacional?

Es evidente que la explicación de la actual crisis francesa no puede reducirse solo a la deuda. De hecho, la mayoría de los países europeos se endeudó durante los últimos años debido a la pandemia. Durante esa crisis, los gobiernos europeos adoptaron medidas de gasto sin precedentes. Como subrayó el economista francés Olivier Blanchard, las respuestas fiscales fueron rápidas y contundentes: ayudas equivalentes al 5,9% del PIB en Francia, frente al 7,8% en Estados Unidos y al 11,3% en Alemania. Esa intervención masiva ―subvenciones directas, moratorias, protección del empleo― evitó un desastre social y económico. El contraste con 2008 es revelador. Mientras las políticas de austeridad impuestas en Europa condenaron a países como España a una década perdida, tras la crisis de la covid-19, la recuperación ha sido mucho más veloz. Por primera vez en años, la respuesta europea a una crisis fue coordinada, dejó atrás la Europa a dos velocidades y apostó decididamente por la protección estatal de trabajadores y empresas.

Superada la emergencia, sin embargo, los datos de recuperación de unos y otros divergen. En 2024, España creció un 3,2%, casi el triple que Francia (1,1%). Este año, las estimaciones apuntan a que España rozará el 2,5%-2,7%, mientras Francia apenas alcanzará el 0,6%-0,8%. Mientras España ha sabido aprovechar la nueva coyuntura, el motor de la economía francesa parece estar gripado. La retórica oficial oculta un ángulo decisivo del problema. No estamos ante un Estado que simplemente gaste demasiado, sino de un Estado empobrecido mientras la riqueza privada se dispara y, cada vez, se concentra más. Como recuerda Thomas Piketty, la deuda pública francesa —120% del PIB, esto es, actualmente unos tres billones de euros— equivale a la de antes de la Revolución francesa. Sin embargo, los patrimonios privados han pasado en medio siglo del 300% al 500% del PIB, unos 15 billones. Francia nunca fue tan rica y, al mismo tiempo, su Gobierno nunca fue tan pobre. La desigualdad es abismal: en 2023, el 20% más rico ingresaba de media 4.700 euros al mes frente a los 1.000 del 20% más pobre; el patrimonio del 40% superior casi se duplicó en dos décadas, mientras el de los más humildes permanecía estancado o caía. No sorprenden, por tanto, los lemas del movimiento Bloquons tout, aunque su lucidez supera a la de muchos analistas: “Macron, presidente de los ricos”, “vuestros privilegios, nuestra cólera”, “que paguen los millonarios y no las abuelas”.

 La crisis francesa no responde a la inestabilidad de la política, sino que es la fragilidad económica y los malestares sociales los que explican la situación de impasse. Lo que ocurre hoy entre Matignon y el Elíseo responde menos a un proyecto político para el país que a la pura supervivencia de Macron, cuyo mandato se ha caracterizado por favorecer a las élites —con, entre otras cosas, notables rebajas fiscales— y erosionar la confianza ciudadana.

El “bloque central” busca mantener a toda costa la unidad del capital, imponiendo una austeridad selectiva contra el trabajo y el Estado social. Es lo que el filósofo Alfred Sohn-Rethel ha llamado la “gestión de la ruina”: dar oxígeno a un capitalismo en crisis a costa de destruir las condiciones de vida de la mayoría. Quien ha gobernado a golpe de decretazo por el 49.3 y sin mayoría parlamentaria durante casi una década responsabiliza a otros de su fracaso.

Y el marco internacional no da tregua. Los aranceles de Trump añaden presión a una Europa que ya arrastra déficits estructurales en sectores industriales como el automovilístico y en ámbitos estratégicos como la inteligencia artificial. Frente a China y a Estados Unidos, Francia y la UE carecen de una estrategia industrial. La crisis energética, derivada de la guerra de Ucrania, y los costes de la dependencia energética solo agravan el diagnóstico. Por contraste, España se beneficia de un diferencial competitivo en precios de la energía: la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) estima que se mantendrán un 30% por debajo de Francia y Alemania en la próxima década.

Más que mirar al Sur para repetir errores del pasado, Francia y Europa deberían hacerlo para encarar las transformaciones presentes. Lo que está en juego no es la deuda, sino quién paga la factura de la crisis y con qué proyecto de futuro. Francia no necesita más sacrificios ni sermones televisivos, sino justicia fiscal y una salida política a la profunda crisis de la V República. Sacrificar a Bayrou no cambiará nada, si Francia se deja arrastrar al camino de la penitencia."                               ( Lilith Verstrynge , El País, 29/09/25)

4.8.24

Frédéric Lordon: Crisis total en Francia... Es difícil imaginar con qué rapidez puede destruirse una sociedad una vez que está en manos de una camarilla de pervertidos e idiotas... el proceso de destrucción que primero se hizo visible en la esfera material, con la explosión de la pobreza y la demolición de los servicios públicos, acaba por alcanzar las altas esferas... La crisis se hace total en el momento en que ninguna de las instituciones, ninguna de las mediaciones, es capaz de asumir las tensiones económicas y sociales... ni la mediación política, ni la mediación mediática, ni la mediación sindical están a la altura de la tarea de «regular» el curso de la vida colectiva... en la cúspide de las instituciones autocráticas de la V República, y autorizado por ellas, hay un tipo especial. Que, llevado por las necesidades de su complexión psíquica, ya no responde ante nadie... y así, sin pestañear, planea dejar en funciones al gobierno dos veces derrotado por tiempo indefinido, y multiplicar los escándalos democráticos hasta el golpe de Estado... De todas las destrucciones de las que Macron y el macronismo son culpables, quizá la peor sea la destrucción de toda moral política, sin la cual no puede haber legitimidad... Y mientras, los medios de comunicación lo avalan todo... Cuando ya no queda ningún lugar al que acudir, ni en las instituciones superiores (Arcom, Consejo Constitucional) ni en las «inferiores » (sindicatos), entonces sí, la crisis es total... hay procesos de desbordamiento del orden institucional. Esto lo entendieron los 'chalecos amarillos', en su triple rechazo de la «política», los medios de comunicación y los sindicatos, y en su salida a la calle, ante la ausencia de alguien que escuchara sus problemas, y mucho menos que los resolviera... sabemos de dónde debe venir la dirección del desbordamiento: del trabajo, de la producción y de los bastiones de combatividad que todavía existen... y planteando las cuestiones fundamentales, las del control de los trabajadores y la soberanía de los productores

" Desde los cirujanos ortopédicos del Hospital Georges Pompidou que, por falta de medios, tuvieron que improvisar fémures con clavos de tibia, hasta la elección de Braun-Pivet por personas que a su vez se habían convertido en ministros y diputados (sin la ayuda de Schrödinger): el mismo arco de una crisis. Una crisis total.

Es difícil imaginar con qué rapidez puede destruirse una sociedad una vez que está en manos de una camarilla de pervertidos e idiotas. Lógicamente, el proceso de destrucción que primero se hizo visible en la esfera material, con la explosión de la pobreza y la demolición metódica de los servicios públicos, acaba por alcanzar las altas esferas, la de las instituciones políticas, cuando el cuerpo social, expresando electoralmente su rechazo, produce un acuerdo parlamentario-gubernamental que envía a todo el régimen al error-sistema.

Epifenómeno de una crisis ante todo material, la crisis política cristaliza todas sus contradicciones en el lugar donde normalmente tienen cabida, y donde evidentemente ya no pueden tenerlo. La crisis se hace total en el momento preciso en que ninguna de las instituciones, ninguna de las mediaciones, es capaz de asumir las tensiones económicas y sociales que ahora han superado su capacidad para alojarlas: ni la mediación propiamente política, ni la mediación mediática, ni la mediación sindical están a la altura de la tarea de «regular » el curso de la vida colectiva. La fenomenal formación de energía política enfurecida se ve ahora privada de toda solución de recuperación institucional. Como la naturaleza aborrece el vacío, esta energía no se evaporará: inevitablemente encontrará un medio alternativo de expresión – pero, de nuevo lógicamente, fuera de las instituciones. Dicho de otro modo: demasiadas fuerzas conspiran ahora para que las cosas exploten, aunque nadie pueda decir todavía dónde ni cuándo, ni de qué forma ni cómo. 

La «democracia» de la confiscación

La esfera político-institucional, donde se registran las tensiones y contradicciones del conjunto de la sociedad, es la que está en quiebra más espectacular. Sabemos que esta mediación ya no medita nada, ni registra nada, ni reprocesa nada, desde la secuencia 2005-2008 del «no-ECT » convertido en el «sí-Tratado de Lisboa » . Pero las tensiones no han dejado de aumentar desde entonces. Incluso se han elevado a niveles sin precedentes bajo el gobierno de los matones que violan a la sociedad con el mismo candor e indiferencia que arrancan dos briznas de hierba, y hemos experimentado el gobierno de las sonrisas estúpidas.

También trata de la psicosis y la perversión en sus formas más agresivas, y de algo más que «hacer trampas en el Monopoly » o » niños temperamentales» . Porque en la cúspide de las instituciones autocráticas de la V República, y autorizado por ellas, hay un tipo especial. Que, llevado por las necesidades de su complexión psíquica, ya no responde ante nadie. Ya no conoce ninguna norma social, ya no se somete a ningún «espíritu » (el de las leyes, o el de las instituciones), ya no acata ninguna decencia… y así, sin pestañear, planea dejar en funciones al gobierno dos veces derrotado por tiempo indefinido, hacer votar a sus ministros-parlamentarios en la Asamblea y multiplicar los escándalos democráticos hasta el golpe de Estado.

De todas las destrucciones de las que Macron y el macronismo son culpables, las de las construcciones invisibles que sustituyen a las instituciones formales, y que de hecho condicionan su buen funcionamiento, están quizá entre las peores: la destrucción de los principios que, si no están escritos, deberían regir los comportamientos; la destrucción de toda moral política, sin la cual no puede haber legitimidad de la institución política. No es casual que se mencionara el escándalo del TCE de 2005: el escándalo del robo de las elecciones legislativas de 2024 -pues no hay otra forma de decirlo- lo confirma, aunque a un nivel que nos hace preguntarnos si una sola papeleta podrá sobrevivir a él. ¿No ven el «espíritu de la ley»? No ocurrirá exactamente lo mismo con los efectos de su ruina.


Medios fascistas

Y mientras todo esto ocurre, los medios de comunicación lo avalan todo: todas las demoliciones, todos los cambios de rumbo, todas las regresiones democráticas: Desde los procedimientos más lamentables -los «inevitables códigos QR » para las Olimpiadas- hasta las tropelías más formidables -al negarse a nombrar primer ministro a quien el FNP ganó el título por su resultado electoral-, Macron no está dando un golpe de Estado: está «dando largas». El » diario de referencia » ha llegado a ese punto. Puede imaginarse el resto.

El resto es la cloaca audiovisual. Cómo se le puede seguir aplicando la categoría de «periodismo » es un misterio. ¿Quién puede sostener decentemente que Ruth- » Je suis à votre disposition » -Elkrief es periodista? ¿Que Nathalie-«JLM1PB » -Saint Criq es periodista? Todos son directores de medios de propaganda. Mélenchon declara que «Tub iana es el mejor situado para entender que estamos en contra de su candidatura «, la cabecera de BFM titula: «Mélenchon : Tubiana ‘el mejor situado ‘». LCI muestra gráficos de tarta con el reparto de escaños, en los que el CCN, primero, se lleva una tajada menor que RN, tercero. Un multimillonario católico pone en marcha una máquina de guerra abiertamente dedicada a promover ideas de extrema derecha, France Info titula que quiere «hacer ganar a la derecha» . Pone una foto de Ruffin cuando Mathilde Panot presenta un proyecto de ley para derogar la edad de jubilación de 64 años. Nos sorprende la extraordinaria bajeza de estos procedimientos, que muestran a qué se ha reducido una hegemonía para mantenerse cuando se ha vuelto odiosa para todos. Hay algo más franco, y de hecho más recto, en la televisión norcoreana. En el mundo libre no reina más que la manipulación desvergonzada, la difamación abierta, las mentiras de una crudeza ilimitada… y literalmente, si llegamos a Gaza, el delirio.

Probablemente hace mucho tiempo que «los medios de comunicación», normalmente encargados de esa mediación llamada » debate público», y por tanto de representar en él las diversas corrientes de opinión, ya no median más que los intereses de la burguesía dominante. Pero la profundización de la crisis orgánica ha llevado el devenir-oficioso de los medios de comunicación a un punto que difícilmente hubiera previsto una distopía razonablemente imaginativa. Se ha establecido, por tanto, que ninguna vida mínimamente democrática puede pasar por ellos.

La imagen global de esta degradación otorga un lugar de honor al «regulador » : Arcom. No regula nada, pero lo fomenta todo. Se ha convertido en la institución de la vergüenza por excelencia, y en colaboradora del proceso de fascistización. Manteniendo la concesión de CNews y el delicioso grado de desprecio mostrado tanto por sus obligaciones de «pluralismo » como por los comités solicitados para escuchar a sus directores; rechazando la única solicitud de un medio de comunicación de izquierdas (Le Média); preferir añadir, en la cadena Kretinsky-Printemps républicain, una cadena más abiertamente islamófoba -un punto de vista, es cierto, injustamente infrarrepresentado en el panorama mediático actual-, todo ello constituye una especie de hazaña que habrá que analizar seria y metódicamente: Habrá que analizar seria y metódicamente a cada uno de los miembros del consejo de administración de Arcom, empezando por su presidente, sus intereses y redes sociales, las trayectorias y lealtades anteriores que han conducido a tales desplomes individuales, las relaciones de poder y el vicioso funcionamiento colectivo de la propia institución, etc. El fracaso institucional general puede verse en el fracaso de aquellas instituciones que se colocan en una posición de » apelación», o de último recurso. En Arcom, no ofrecemos ni apelación ni recurso a nada, y no hacemos nada para detener el deslizamiento hacia el desastre: ¡al contrario! ¡Petróleo, mucho petróleo, en el tobogán de los medios de comunicación racistas y fascistas! Una vocación – y una responsabilidad.

El colapso de las instituciones de rango superior, las mismas que se supone deben ponerse al día con las desviaciones de las instituciones ordinarias, es el punto final de la catástrofe institucional – en el ámbito de las instituciones políticas como en el de las instituciones mediáticas: al igual que Arcom sólo trabaja para renovar lo peor, el Consejo Constitucional así como el Consejo de Estado se declaran incompetentes para juzgar a los ministros-parlamentarios. Pero entonces, sin recurso en ninguna parte, ¿quién queda para salvar a los ciudadanos de la consternación… y de la rabia? 

Sindicalismo de dirección

Normalmente, la tercera y última forma de mediación es la sindical, una institución de tipo especial, que ciertamente también forma parte del sistema institucional general, pero que procede por su propia vía singular: la manifestación, la huelga. Sobre el papel, se trata de vías extrainstitucionales, pero se han codificado tan estrechamente y están tan desprovistas de toda combatividad real que la palabra «extra » ya no tiene sustancia. Por su propia naturaleza, el sindicalismo era una institución «liminal» , una institución al margen, al borde del sistema institucional «estándar «. Se ha convertido en una institución intermedia. Se dice que Sophie Binet y la CGT están logrando avances sin precedentes en el terreno político – Le Monde lo considera «un giro importante«, y está un poco asustado por ello. Es cierto: Binet ha dicho algo más que » Ni un voto para la RN «, ha dicho: «Votad por el CCN » . Estamos petrificados.

Digamos que el aprendizaje de Sophie Binet de la » política » es gradual, muy gradual. Por el momento, la » política » sólo se entiende en términos institucionales-electorales; ésa es realmente la primera lección. La siguiente lección es que existe otro significado de la palabra » política» y que es hacia este significado hacia el que debe progresar el aprendizaje, bastante rápido si es posible dadas las condiciones actuales. Pero todavía está muy lejos. Así que la dirección confederal se va de vacaciones. Un golpe de Estado está en marcha, pero «JO» significa «vacaciones» . La CGT Cheminots y la UD CGT-Paris salvan su honor. En cuanto a la dirección confederal, emitió comunicados, pidió a Macron que, declaró que tenía que – bajo qué amenaza seria, qué equilibrio real de poder, sin duda lo sabremos después de los Juegos Olímpicos, después de las vacaciones.

Ahora, cuando la democracia ha sido pisoteada hasta tal punto, cuando todas las demás instituciones han quebrado y ya no existe ninguna fuerza reguladora en el sistema general aparte de un movimiento de masas, cuando dicho movimiento tiene a la institución sindical como iniciadora y coordinadora, y cuando la institución sindical también ha fracasado hasta tal punto, se ha llegado al fondo de la cuestión: una incomprensión radical de una situación y una responsabilidad históricas, y una incapacidad para afrontarlas empantanándose en las prácticas de la maquinaria institucional. La historia abre ventanas: el sindicalismo institucional mira pasar los trenes. 2023, 49,3, 90% (de empleados opuestos a la reforma de las pensiones): una ventana, nada. Stefano Palombarini 2024, claramente dirigido a la CGT: esta vez, si no os ponéis las pilas, tendréis la agenda de Wauquiez. Y os lo tendréis merecido.

La propia naturaleza de las osificaciones institucionales es hacer que la gente pierda todo sentido de sus intereses vitales. Puede que haya habido un «despertar» en las urnas, pero está claro que no en la dirección del sindicato -aunque éste sería un buen momento para pensar en hacer algo diferente. Algo distinto a la única jornada de acción de septiembre que ahora toma cuerpo -bajamos, no cuela, nos vamos a casa, estuvo bien-. Perderse las ventanas abiertas por la historia es no tener percepción de las colosales oleadas de energía política que allí se están formando, de la relativa pequeñez que bastaría para coordinarlas y ponerlas en marcha – y no tener previsión tampoco de los sensacionales efectos que podrían sobrevenir, si tan sólo lo intentáramos.

Está claro que tampoco podemos contar con la última mediación sindical para intentarlo. A su manera, sin embargo, también tiene el estatus de último recurso, el que se activa para volver a poner en marcha los procedimientos ordinarios cuando empiezan a descarrilar. Pero el sindicalismo institucional se ha convertido en un procedimiento ordinario entre los procedimientos ordinarios, a despecho de lo que era originalmente su fuerza: su capacidad para poner en movimiento multitudes, es decir, para remodelar la base preinstitucional de toda política institucional.

Cuando ya no queda ningún lugar al que acudir, ni en las instituciones superiores (Arcom, Consejo Constitucional) ni en las «inferiores » (sindicatos), entonces sí, la crisis es total.

Irrupción

«Crisis total» no significa en absoluto que no ocurra nada. Lo que ocurre es que entran en juego procesos completamente distintos. Por construcción: procesos de desbordamiento del orden institucional -ya que éste ha fracasado. Esto lo entendieron perfectamente los gilets jaunes en su triple rechazo de la «política», los medios de comunicación y los sindicatos – y en su salida autoautorizada a la calle, ante la ausencia de alguien que escuchara sus problemas, y mucho menos que los resolviera. Eso fue en 2018, y su movimiento fue clarividente. Cinco años más tarde, el macronismo se hundiría definitivamente en la violencia de los poderes policiales, para júbilo de los medios de comunicación; y el sindicalismo institucional, animado por una movilización sin precedentes, sufriría su derrota más amarga por no haber comprendido a qué persona y situación extraordinarias se enfrentaba. 

Los chalecos amarillos: un ensayo general.

La «primera » tendrá lugar. Ocurrirá porque la acumulación de energía furiosa sigue creciendo, alimentada por la negación del capital, la negación del último encanto legitimador en la «democracia » de la captura: la negación de las urnas. Como en la química de las recombinaciones moleculares, nada se pierde, nada se crea, todo se transforma: esta energía política, que se está volviendo fenomenal, no se disipará suavemente y, puesto que sus soluciones institucionales de expresión han desaparecido, encontrará otras: transformarse. Dónde, cuándo y de qué forma, nadie puede decirlo. En cierto modo, eso es bueno: esta indeterminación deja espacio para la intervención, es decir, para la configuración. Para que la furiosa inundación fluya al menos en una dirección políticamente ventajosa.

¿Quién estaba implicado? Tampoco lo sabemos. Pero sí sabemos de dónde debe venir la dirección. Del trabajo, de la producción y de los bastiones de combatividad que todavía existen. Así que por iniciativa de un sindicalismo de base, no confederal, político y no de gestión, que no se sienta atado por las buenas maneras institucionales y sus censuras, no se detendrá en la cristalería, en un Gran Debate o en una Convención Ciudadana, planteará las cuestiones que resurgen cuando la crisis es total, las cuestiones fundamentales, vedadas por el curso ordinario, las del control de los trabajadores y la soberanía de los productores.

Desde este punto de partida, el desbordamiento encontrará inmediatamente sus coordenadas correctas -las mismas que el movimiento de las pensiones, por su propia naturaleza, había establecido: las que invierten todas las alienaciones electorales, todas las desfiguraciones mediáticas de la vida colectiva, y garantizan que cuando el país se levanta, es para ir a la izquierda. "

( Frédéric Lordon, blog Salvador López Arnal, fuente Le Monde Diplomatique)

2.7.24

Si Macron es tan impopular, ¿cómo es que la que se está beneficiando es extrema derecha y no la izquierda? Parte de la respuesta reside aparentemente en la derrota de los recientes movimientos sociales y el consiguiente escepticismo ante la perspectiva de revertir la remodelación de la legislación social y laboral francesa llevada a cabo por Macron. Si el movimiento del año pasado contra las reformas de las pensiones fue impresionante, su composición real (huelgas continuas en los sectores más afectados, además de manifestaciones socialmente más amplias) no demostró concretamente que el trabajo organizado puede ganar... Le Pen se benefició de la derrota de la resistencia (David Broder)

 "(...) deberíamos enfrentarnos a otro problema clave: si Macron es tan impopular, ¿cómo es que se está beneficiando la extrema derecha y no la izquierda? Y si Le Pen suele ganar gracias a la abstención masiva, ¿por qué no ha ayudado esta vez el aumento masivo de la participación? El moderado aumento del resultado de la izquierda (del 25,7 al 28%) desde la primera vuelta de la contienda de 2022 es mejor de lo que una izquierda dividida podía temer hace unos meses, pero queda empequeñecido por la subida paralela de la RN (del 18,7 al 33).

Parte de la respuesta reside aparentemente en la derrota de los recientes movimientos sociales y el consiguiente escepticismo ante la perspectiva de revertir la remodelación de la legislación social y laboral francesa llevada a cabo por Macron. Si el movimiento del año pasado contra las reformas de las pensiones fue impresionante, su composición real (huelgas continuas en los sectores más afectados, además de manifestaciones socialmente más amplias) no demostró concretamente que el trabajo organizado puede ganar. Como ha señalado Ugo Palheta, Le Pen se benefició tanto de la medida antisocial de Macron como de la derrota de la resistencia.

Esto está relacionado con un giro más profundo en los planteamientos de una parte del electorado, mal captado por ideas como el «populismo económico». Explica la base sobre la que, más allá de políticas concretas, la extrema derecha ha construido una especie de contrahegemonía, que acepta muchos postulados ya mainstream. De nuevo, una gran parte de los obreros (el 51% de los que votaron, según el sondeo de Ipsos de anoche) apoyaron a la candidata Le Pen, pero lo hicieron junto con un número creciente de la clase media más estable, así como de pensionistas, antes más escépticos respecto al partido.

Como muestra el politólogo Luc Rouban con datos de sondeos recientes en su La vraie victoire du RN, los supuestos de los votantes de este partido son, de hecho, cada vez menos fuertemente antisistémicos, menos diferentes de los de otros partidos, y expresan una confianza creciente en la empresa privada en particular. Lo que Bardella y Le Pen reivindican es la meritocracia y el mercado, pero no «sesgados» políticamente contra los franceses y los pequeños productores. Esto se plantea en términos nacionalistas y racializados: es decir, que las minorías y los extranjeros se ven hoy favorecidos por los políticos de izquierdas y necesitan que se les muestre su lugar (subordinado). Pero se imagina como una lucha contra la competencia desleal y las élites que trabajan contra la mayoría. Este es el llamamiento de Bardella a los propietarios de viviendas, a los autónomos y a los votantes de clase media que temen la presión social a la baja, no sólo a los «dejados atrás». (...)

Un gobierno dominado por la Agrupación Nacional, o dirigido por Bardella, no aceptará dócilmente una condición subordinada, sino que se opondrá a la presidencia de Macron, rechazando las restricciones a su propia autoridad, en la larga campaña para las elecciones presidenciales de 2027. Puede entablar batallas sobre la ciudadanía por derecho de nacimiento, los poderes policiales, la «preferencia nacional» y la contratación de ciudadanos con doble nacionalidad, también con la esperanza de que la resistencia de los jueces superiores o de las autoridades de la UE alimente su impulso.

Aún queda mucho por decidir. La segunda vuelta del 7 de julio puede privar a Le Pen de una mayoría absoluta, y sus números podrían reducirse más seriamente si otros partidos se unen contra ella. Pero no cuenten con ello. El llamado centro de Francia está haciendo las paces con la perspectiva de un gobierno dominado por Le Pen."                      ( , JACOBINLAT, 01/07/24)

26.1.24

Es el momento de los campesinos en Francia... Han estallado acciones espontáneas en todo el país y una movilización más estructurada está en camino. Su rencor no es sólo contra los altos costos, sino también contra la avalancha de regulaciones del gobierno y de Bruselas. Por ejemplo, para levantar un seto alrededor de un campo, lo que ayuda al cultivo y protege los hábitats, tendrían que consultar 10 leyes diferentes para cumplir con la ley

 "(...)  Los agricultores están pasando por un momento en Francia. Han estallado acciones espontáneas en todo el país y una movilización más estructurada está en camino. Su rencor no es sólo contra los altos costos, sino también contra la avalancha de regulaciones del gobierno y de Bruselas.  

Por ejemplo, para levantar un seto alrededor de un campo, lo que ayuda al cultivo y protege los hábitats, tendrían que consultar 10 leyes diferentes para cumplir con la ley. La sobrerregulación y la reducción de los ingresos debido a los altos costos y los bajos precios llevaron recientemente a las calles a los agricultores de varios países de la UE. 

 A sólo cuatro meses de las elecciones, esos agravios agrícolas ya están pasando a formar parte de la agenda de campaña. Se espera que el conservador PPE se incline fuertemente en este tema, en competencia con los partidos de extrema derecha, que afirman ser defensores de la vida tradicional.  

Los liberales también buscan redescubrir los valores rurales. Hay una larga historia de liberalismo europeo proagrario. Renew todavía incluye numerosos partidos de centro nórdicos y bálticos. Obtienen gran parte de su apoyo de las zonas rurales y su objetivo es defender a los agricultores y la vida agrícola. El grupo ha consolidado esto más recientemente al elegir ayer a la eurodiputada francesa Valérie Hayer como su nueva líder.

 Los liberales no podrían haber encontrado un mejor candidato para abordar el mundo rural. "Soy hija de un granjero, hermana de un granjero, cuñada de un granjero y nieta de un granjero", dijo Hayer ayer tras su elección por 100 eurodiputados de 24 países. Es la segunda mujer que dirige a los liberales después de Simone Veil, y es la líder más joven, con 37 años. Originaria de Mayenne, pasaba todos los fines de semana en la cercana Laval, en la región del Loira, donde consultaba con representantes locales de la agricultura, las empresas, gobierno local, escuelas y el ejército de forma regular. En el Parlamento Europeo, rápidamente se hizo conocida por ser una diputada que trabaja duro, aborda temas complicados y posee una memoria fenomenal. Ella será la lugarteniente de Emmanuel Macron en Bruselas, mientras que Gabriel Attal liderará los esfuerzos en París en esta campaña."               (Wolfgang Münchau , eurointelligence, 26/01/24)

8.8.23

Piketty: Francia y sus divisiones territoriales... Los suburbios que se incendian actualmente tienen mucho más en común con los pueblos abandonados y las ciudades medianas de lo que a veces se imagina... existen desigualdades considerables entre los municipios de todo el país, tanto dentro de las grandes conurbaciones como entre las ciudades y pueblos medianos... Las distintas zonas desfavorecidas se caracterizan también por su integración específica en la estructura productiva. Los suburbios más pobres incluyen a un gran número de trabajadores de los servicios (comercio minorista, restauración, limpieza, sanidad, etc.) que siguen votando a la izquierda. Por el contrario, en las ciudades y pueblos más pobres hay más obreros expuestos a la competencia internacional.Muchos de ellos se han sentido abandonados por los gobiernos de izquierda y de derecha de las últimas décadas (acusados de haber apostado todo a la integración comercial europea y mundial, sin límites ni reglas) y se han unido al FN-RN.Pero contrariamente a lo que imaginan los dirigentes políticos del bloque nacionalista, estos electores esperan ante todo respuestas socioeconómicas a sus problemas, y no una estrategia de confrontación identitaria, que no corresponde en absoluto al estado real de la sociedad francesa, como demuestran los elevadísimos niveles de mestizaje y de matrimonios mixtos... en lo que se refiere al acceso a los servicios públicos y a los presupuestos municipales, las autoridades locales dependen ante todo de las bases impositivas locales, y las medidas nacionales supuestamente puestas en marcha para atajar estas desigualdades abismales sólo han reducido una pequeña parte de las mismas... y el bloque liberal sigue explicando hoy que no es concebible una mayor redistribución... corresponde ahora al bloque de izquierdas reunir a los territorios desfavorecidos en torno a una plataforma común

 "Francia y sus divisiones territoriales

Para analizar los disturbios urbanos de 2023 -con mucho, los más graves desde los de 2005- y los malentendidos políticos a los que dan lugar, es esencial remontarse a las raíces del malestar territorial de Francia. Los suburbios que se incendian actualmente tienen mucho más en común con los pueblos abandonados y las ciudades medianas de lo que a veces se imagina. La única manera de salir de las contradicciones actuales es unir políticamente estas diferentes zonas desfavorecidas.

 Echemos la vista atrás. Entre 1900-1910 y 1980-1990, las desigualdades territoriales disminuyeron en Francia, tanto en términos de diferencias de producto interior bruto per cápita entre departamentos como de desigualdades de riqueza inmobiliaria o de renta media entre municipios y departamentos. Desde 1980-1990 ocurre lo contrario (J. Cagé et T. Piketty, Une histoire du conflit politique, Seuil, 2023). La relación entre el PIB per cápita de los 5 departamentos más ricos y más pobres, que había bajado de 3,5 en 1900 a 2,5 en 1985, ha pasado a 3,4 en 2022. Estamos asistiendo a una concentración sin precedentes del PIB en unos pocos departamentos de la región de Île-de-France (sobre todo París y Hauts-de-Seine), vinculada a la expansión sin precedentes del sector financiero y de las sedes de grandes empresas, y en detrimento de los centros industriales provinciales. Esta espectacular evolución se ha visto agravada por la desregulación financiera y la liberalización del comercio, así como por las inversiones públicas en beneficio de la región capital y las grandes ciudades (TGV frente a trenes regionales).

 Se observan tendencias similares en las desigualdades entre municipios. La relación entre la riqueza inmobiliaria media del 1% de los municipios más ricos y más pobres ha pasado de 10 en 1985 a 16 en 2022. En Vierzon, Aubusson y Château-Chinon, el valor inmobiliario medio es de apenas 60.000 euros. Supera los 1,2 millones de euros en el distrito 7 de París, así como en Marne-la-Coquette, Saint-Jean-Cap-Ferrat y Saint-Marc-Jaumegarde. La relación entre la renta media del 1% de los municipios más ricos y más pobres ha pasado de 5 en 1990 a más de 8 en 2022. La renta media en Creil, Grigny, Grande-Synthe y Roubaix es de apenas 8.000-9.000 euros por habitante y año. Alcanza los 70.000-80.000 euros en Neuilly-sur-Seine, Le Vésinet o Le Touquet. Incluso supera los 100.000 euros por habitante (¡incluidos los niños!) en los distritos 7 y 8 de la capital.

 El punto central es que existen desigualdades considerables entre los municipios de todo el país, tanto dentro de las grandes conurbaciones como entre las ciudades y pueblos medianos.
 
En la cúspide de la jerarquía territorial se encuentran los suburbios más ricos de las grandes metrópolis, algunos de los centros urbanos y varias ciudades y pueblos ricos.En la base de la pirámide, los suburbios más pobres se han visto duramente afectados por la desindustrialización.Ahora son tan pobres como las ciudades y pueblos más pobres, lo que no era el caso históricamente.Estas diferentes zonas desfavorecidas se enfrentan sin duda a retos específicos.Los suburbios pobres tienen mucha más experiencia de diversidad de origen y discriminación probada en las prácticas policiales y el acceso a la vivienda y el empleo.Es urgente que las autoridades públicas se doten por fin de los medios necesarios para objetivar y medir con rigor la evolución de esta discriminación, cuya existencia ha sido demostrada por multitud de estudios de investigación.

 Las distintas zonas desfavorecidas se caracterizan también por su integración específica en la estructura productiva.

 Los suburbios más pobres incluyen a un gran número de trabajadores de los servicios (comercio minorista, restauración, limpieza, sanidad, etc.) que siguen votando a la izquierda.
 
Por el contrario, en las ciudades y pueblos más pobres hay más obreros expuestos a la competencia internacional.Muchos de ellos se han sentido abandonados por los gobiernos de izquierda y de derecha de las últimas décadas (acusados de haber apostado todo a la integración comercial europea y mundial, sin límites ni reglas) y se han unido al FN-RN.Pero contrariamente a lo que imaginan los dirigentes políticos del bloque nacionalista, estos electores esperan ante todo respuestas socioeconómicas a sus problemas, y no una estrategia de confrontación identitaria, que no corresponde en absoluto al estado real de la sociedad francesa, como demuestran los elevadísimos niveles de mestizaje y de matrimonios mixtos.

 La verdad es que los suburbios pobres y las ciudades y pueblos pobres tienen mucho en común con las zonas más ricas, sobre todo en lo que se refiere al acceso a los servicios públicos y a los presupuestos municipales.

 La razón es sencilla: los recursos de que disponen las autoridades locales dependen ante todo de las bases impositivas locales, y las medidas nacionales supuestamente puestas en marcha para atajar estas desigualdades abismales sólo han reducido una pequeña parte de las mismas.
 
Al final, el presupuesto per cápita es mayor en los municipios más ricos que en los más pobres, de modo que el dinero público agrava las desigualdades de partida en lugar de corregirlas, a conciencia. Las propuestas realizadas en 2018 por el informe Borloo para objetivar esta realidad y acabar con ella han sido abandonadas, y el bloque liberal sigue explicando hoy que no es concebible una mayor redistribución.Ante el callejón sin salida de los otros dos bloques, corresponde ahora al bloque de izquierdas reunir a los territorios desfavorecidos en torno a una plataforma común."                      (

7.7.23

Eran los años 60 y 70. El crecimiento económico estaba en pleno apogeo, los salarios se disparaban y la industria necesitaba mano de obra. La patronal exigió una política de inmigración masiva para reducir el aumento de los sueldos. Renault, Peugeot, Citroën, Talbot… todas las grandes empresas recorrieron el Magreb para contratar trabajadores... la empresa automovilística llegaba al pueblo, montaba casas prefabricadas en una esquina y plantaba césped delante de ellas, con un camino de grava que las unía. Y los jóvenes iban de cabeza. Tenían entre 18 y 20 años. Soñaban con salir de su agujero, soñaban con un futuro distinto al que les esperaba en los campos rocosos de un pueblucho sofocante. Cuando llegaban, les medían y les pesaban, les miraban los dientes... En Peugeot, Citroën y Talbot el racismo estaba institucionalizado. Tenían que llevar regalos al capataz cuando volvían de las vacaciones. Y la humillación era la norma... en 1994, durante las huelgas contra el CIP, "bandas de alborotadores" lo destruyeron todo en la plaza Bellecour de Lyon... Tenían un deseo inconsciente de vengar el exilio y los sueños humillados de sus padres

 "Hoy, cuando las calles de los suburbios vuelven a arder, me gustaría hablar de los "cero-uno".

Aunque sea un acontecimiento del pasado y, sin embargo, esté muy presente estos días en Mantes o Vénissieux.

Aunque todavía me duela un poco.

Eran los años 60 y 70. El crecimiento económico estaba en pleno apogeo, los salarios se disparaban y la industria necesitaba mano de obra. La patronal exigió una política de inmigración masiva, que debía consagrarse en la Planificación francesa. Así pues, el VI Plan y el VII Plan optaron por esta solución para reducir el aumento de los sueldos. Renault, Peugeot, Citroën, Talbot… todas las grandes empresas del sector automovilístico recorrieron el Magreb para contratar trabajadores.

Cuando empecé en el periodismo hice el seguimiento de las grandes huelgas de la industria automotriz de 1982 y 1983. Por las noches, en las fábricas ocupadas, todos me contaban la misma historia: la empresa automovilística llegaba al pueblo, montaba casas prefabricadas en una esquina y plantaba césped delante de ellas, con un camino de grava que las unía. Y los jóvenes iban de cabeza. Tenían entre 18 y 20 años. Soñaban con salir de su agujero, soñaban con la canción 'Salut les copains', con música y con chicas. Y con un futuro distinto al que les esperaba en los campos rocosos de un pueblucho sofocante.

Cuando llegaban, les medían y les pesaban. Les miraban los dientes, separándoles los labios con el pulgar y el índice. Los jóvenes sabían que era una técnica que usaban con los caballos y no les gustaba, pero querían irse de allí. Me dijeron que también les miraban las manos: si las tenían demasiado limpias o lisas eran rechazados. Por eso, al salir, se lo decían al siguiente que, antes de entrar, se hería las manos con gravilla hasta que sangraban. Finalmente, les preguntaban su fecha de nacimiento. Por lo general no había registro civil en el pueblo. Solo sabían el año. Lo decían tímidamente. "Pero, ¿qué día?", insistía el médico, pero ellos repetían el año. Entonces el médico, cansado, le decía a la secretaria: "Vale, apúntalo como cero-uno/cero-uno". El 1 de enero del año indicado. Sus papeles llevarían siempre esa fecha de nacimiento.

Si queremos saber dónde están los suburbios que arden estos días, solo hay que averiguar cuántos de los abuelos de quienes les prenden fuego son "cero-uno".

Cuando llegaron a Francia fueron alojados en barrios de chabolas, donde los niños se hacían pis encima por la noche, porque ir al baño significaba salir al barro con las ratas. Después, cuando los barrios de chabolas fueron arrasados, los trasladaron a los albergues de Sonacotra. Los crearon en aquella época, lejos del centro de la ciudad, porque tras la guerra de Argelia, estas poblaciones se consideraban "peligrosas". Luego, en las ciudades, también estaban lejos de todo. Así me lo contaron. Les hicieron trabajar en Flins, Mantes, Berliet y Vénissieux. La situación era mejor en Renault. En Peugeot, Citroën y Talbot el racismo estaba institucionalizado. Tenían que llevar regalos al capataz cuando volvían de las vacaciones. Y la humillación era la norma.

Akka Ghazi, líder de la CGT en la Citroën de Aulnay, me contó su historia en 1983. Era un coronel del ejército que había huido de Marruecos por razones políticas. No era un "cero-uno", pero como tenía fama de intelectual, sus superiores le obligaban a subirse a una máquina, delante de todos, y a tocar la flauta para ellos. En 1982 se pusieron en huelga, a pesar de la CGT "blanca". Se la llamó la "primavera de la dignidad". En 1984 fueron despedidos con expedientes de regulación de empleo que afectaron a miles de personas. Todo ello en nombre de la "modernización" de la que alardeaba el gobierno de Laurent Fabius. Por lo general, los "cero-uno" no volvieron a encontrar trabajo. Se quedaron su vivienda social y han perdido el estatus frente a sus hijos.

Recuerdo que en 1994, durante las huelgas contra el CIP, "bandas de alborotadores" lo destruyeron todo en la plaza Bellecour de Lyon. "Bandas de alborotadores", así fue el titular de la TF1 durante semenas en su telediario de las 20:00h. Como reportero del diario Libération, me propuse averiguar quiénes eran esos "alborotadores". Tuve que dejar que los antidisturbios me apalearan varias veces y tuve que pelearme con algunos de los "grandes" alborotadores para que los jóvenes me aceptaran. Pero, al final, me pude unir a una banda y seguirlos durante varios días.

A veces tenía problemas porque ellos corrían rápido, rompían escaparates... y yo era mayor. Pero por la noche, en lo alto de las oscuras escaleras de Vénissieux, mientras fumaban canutos, me hablaban en voz baja. Excepto uno, que se hacía llamar Rachid para encajar. En realidad, era de origen normando y se llamaba André. Estos seis chicos y dos chicas eran chavales simpáticos, pero tenían una rabia en el estómago que no sabían analizar. Una de las primeras cosas que me dijeron fue: "Somos hijos de cero-uno". Lo decían con desprecio hacia sus padres, que ni siquiera sabían su fecha de nacimiento. Pero, a la vez, les tenían mucho respeto. El peor de los alborotadores me dijo: "Nunca me atrevería a fumar delante de mi padre". Tenían un deseo inconsciente de vengar el exilio y los sueños humillados de sus padres.

Les leí el artículo antes de lanzarlo. No estaban de acuerdo con algunas cosas, pero no se sintieron traicionados, así que lo publiqué. De los ocho miembros de la banda, dos murieron. Otros dos fueron a prisión y tuvieron una vida problemática hasta que se casaron. Las dos chicas, quizás a raíz de mi reportaje, se hicieron periodistas y se dedican a la radio en el Magreb. No tengo noticias del resto. Puede que también tengan hijos, que ahora toman las calles por la noche con una rabia que no quieren analizar. Porque por la noche, quizá, todavía está en el aire esa vieja historia: las casas prefabricadas en el pueblo, los sueños de música y chicas, la gravilla y el gesto del pulgar y el índice para ver los dientes.

En mi artículo de 1994 sobre los "alborotadores", también señalé que eran hijos de "cero-uno". Cuando se lo leí se avergonzaron un poco y me pidieron que lo quitara. Al final me dijeron: "No, déjalo. Es importante". Así que, no sé por qué, pero hoy vuelvo a repetirlo."       (François Camé , Kamchatka, 04/07/23)

1.7.23

Francia está en llamas... ante esto, el principal bloque sindical de la policía francesa ha publicado hoy un comunicado que impresiona... uno cree encontrarse ante un panfleto redactado por un grupo de extrema derecha cuya violencia iría unida a su marginalidad. Pero no es así: "Frente a estas hordas salvajes, ya no basta con pedir calma, ¡hay que imponerla!... No es el momento de la acción sindical, sino de la lucha contra esos «parásitos»... Por estas razones, la Alliance Police Nationale y UNSA Police asumirán sus responsabilidades y advierten ahora mismo al gobierno que, al final, estaremos en acción y sin medidas concretas para la protección jurídica del Policía, una respuesta penal adecuada, recursos sustanciales, serán los Policías los que juzgarán el alcance de la consideración. Hoy, los policías están en combate porque estamos en guerra... Mañana estaremos en resistencia, y el gobierno tendrá que darse cuenta de ello"... El término «resistencia» sugiere que los sindicatos policiales podrían optar por desobedecer al gobierno si no se satisfacen sus demandas... este comunicado lleva la retórica un paso más allá y, en nombre de la presión sobre el gobierno, roza la amenaza

 "Desde hace tres noches, tras el asesinato de un joven francés de 17 años durante un control policial, Francia está en llamas. De los suburbios de París a Vaulx-en-Velin, miles de fuegos y coches han sido incendiados, casi mil personas han sido detenidas y unos quinientos policías han resultado heridos. 

Esta fase de violencia extrema ha provocado una respuesta en la confluencia de problemas casi sin precedentes, tanto en lo que se refiere al mantenimiento del orden público como a los procedimientos judiciales –en un momento en que el Gobierno anuncia la movilización de vehículos blindados, toques de queda sectoriales y el Presidente de la República hace un llamamiento a la responsabilidad de los padres. En efecto, una parte muy importante de las detenciones afecta a menores («adolescentes muy, muy jóvenes: entre 13 y 18 años»): el Ministro de Justicia ha anunciado que espera que plataformas como Snapchat ayuden a la fiscalía a identificar a los menores implicados, y que los padres podrían ser considerados penalmente responsables por no ejercer la patria potestad cuando están en condiciones de hacerlo. Esta estrategia es representativa de la singularidad del momento.

Al leer este comunicado, ampliamente comentado por la tarde, uno tiene la impresión de encontrarse ante un panfleto redactado por un grupo de extrema derecha cuya violencia iría unida a su marginalidad. Pero no es así. El bloque sindical Alliance-UNSA Police, firmante de este texto, ganó las elecciones de la policía nacional con casi el 50% de los votos el pasado mes de diciembre. La policía tiene la mayor densidad sindical de la función pública francesa, casi el 90%. Se trata, por tanto, de un poderoso bloque sindical capaz de entablar una lucha de poder con el Ministerio del Interior, expresando una posición política que debe ser leída y comprendida más allá de las fronteras de Francia. Lo traducimos y comentamos por primera vez en español:

 "Ahora ya basta…

Frente a estas hordas salvajes, ya no basta con pedir calma, ¡hay que imponerla!

 Las únicas señales políticas que hay que enviar deben ser restablecer el orden republicano y neutralizar a los detenidos.

Ante tales abusos, la familia policía debe debe ser solidaria.

 Nuestros colegas, como la mayoría de los ciudadanos, están hartos de sufrir los dictados de esas violentas minorías.

 No es el momento de la acción sindical, sino de la lucha contra esos «parásitos».

 Someterse, capitular y complacerles deponiendo las armas no son las soluciones dada la gravedad de la situación.

Hay que poner todos los medios para restablecer el Estado de derecho lo antes posible. 

Una vez restablecido, ya sabemos que tendremos que revivir el desmadre (“chienlit”) que sufrimos desde hace décadas.

 Por estas razones, la Alliance Police Nationale y UNSA Police asumirán sus responsabilidades y advierten ahora mismo al gobierno que, al final, estaremos en acción y sin medidas concretas para la protección jurídica del Policía, una respuesta penal adecuada, recursos sustanciales, serán los Policías los que juzgarán el alcance de la consideración. 

Hoy, los policías están en combate porque estamos en guerra.

 Mañana estaremos en resistencia, y el gobierno tendrá que darse cuenta de ello.

 Las oficinas nacionales Alliance Police Nationale y UNSA Police.

París, 30 de junio de 2023"

- «Hordas salvajes» reaviva el imaginario sedentario característico del neo-nacionalismo contemporáneo, que juega en particular con la proyección en las antiguas metrópolis de un imaginario colonial que enfrenta a los representantes de una sociedad civilizada con «salvajes» violentos e inquietantes. De entrada, este texto introduce un argumento que llevará hasta el final: la policía es la única institución capaz de defender la civilización amenazada.

- Al calificar a la policía de «familia», los dos sindicatos policiales llevan al extremo la lógica corporativista cada vez más extendida en el seno de la policía francesa. Por un lado, existe un cuerpo organizado que refleja una unidad familiar estructurada; por otro, una sociedad amenazante al borde de la guerra civil. Obsérvese cómo el horizonte performativo del paratexto («Ahora ya basta») propone una visión de la autoridad vacilante. Como escribió Alexandre Kojève: «un Poder fundado en la Autoridad puede, por supuesto, hacer uso de la fuerza; pero si la autoridad engendra la fuerza, la fuerza nunca podrá, por definición, engendrar ningún tipo de Autoridad».

 - ("violentas minorías") Aquí, los autores del comunicado juegan claramente con la ambigüedad del término «minoría». ¿Se trata simplemente de señalar que los alborotadores sólo representan una pequeña proporción de la población francesa? ¿O es una forma de promover la idea de que la mayoría de ellos son inmigrantes?

- ("parásitos")  Este término, sin duda entrecomillado para matizar su fuerza, es una referencia deliberada a la retórica de la extrema derecha violenta. Fue durante el periodo de entreguerras cuando se generalizó en toda Europa la comparación sistemática de extranjeros y judíos con parásitos, alimañas o nocivos. Como han señalado historiadores como Pierre-André Taguieff y Johann Chapoutot, al aplicar un discurso biológico al cuerpo social, esta retórica deshumaniza y allana el camino para la eliminación de los grupos objetivo. Después de la Segunda Guerra Mundial, esta retórica nunca desapareció de las franjas más violentas de la extrema derecha –resurge en este comunicado–.

- (“chienlit”) Originalmente, chienlit se refería a un personaje del carnaval de París –por extensión, el término se utilizaba para describir el desorden–. Entró en el léxico político en 1968, cuando se citó a Charles de Gaulle diciendo: «Reforma, sí; chienlit, no». Charles de Gaulle no era ajeno a este término de argot anticuado, ya que lo había utilizado en 1944 en relación con el desfile de la Liberación de París en los Campos Elíseos. 

Para los redactores de este texto, esta referencia es evidentemente una manera de situarse del lado del orden y, como ocurre a menudo en la política francesa, de reivindicar una parte de la herencia gaullista en una connotación particular de «la herencia gaullista».

 - ("estamos en guerra.") Esta última frase parece una referencia al discurso de Emmanuel Macron anunciando el primer confinamiento en marzo de 2020. Pero también es una forma de difundir un tropo habitual en los círculos de extrema derecha sobre la guerra civil que amenaza –o que ya está en marcha– en territorio francés: enfrentaría a jóvenes de barrios populares, en su mayoría de origen inmigrante, con una población «autóctona» que se vería físicamente amenazada. Eric Zemmour ha declarado que Francia está en «una guerra civil, étnica, racial».

 - ("estaremos en resistencia") Aunque los policías franceses no tienen derecho a la huelga, pueden manifestar en determinadas condiciones. Los sindicatos Alianza y UNSA fueron algunas de las organizaciones policiales que manifestaron en masa frente a la Asamblea Nacional en el verano de 2021 –marchas a las que se unieron entonces parte de la clase política y el Ministro del Interior, Gérald Darmanin–. Los movimientos de indignación de policías y gendarmes no son nada nuevo. En 2001, por primera vez en la historia reciente de Francia, un movimiento de descontento vio marchas de gendarmes portando armas y uniformes en varias ciudades francesas –mientras que las manifestaciones policiales de 2021 estuvieron marcadas por silbidos–. Al utilizar recursos militares para apoyar una manifestación –desde uniformes hasta vehículos y equipos de comunicaciones–, estos gendarmes se habían situado al margen de la ley, que les impone un deber absoluto de reserva como personal militar.

Si bien es cierto que los policías no son militares, este comunicado de prensa de los dos principales sindicatos nacionales de policía lleva la retórica un paso más allá y, en nombre de la presión sobre el gobierno, roza la amenaza. El término «resistencia» sugiere que los sindicatos policiales podrían optar por desobedecer al gobierno si no se satisfacen sus demandas.

Tal vez como reacción a este texto, el Ministro del Interior emitió un comunicado de prensa una hora más tarde, reafirmando su apoyo a los policías, pero también refiriéndose al respeto de las normas deontológicas y de la ley: «Estas próximas horas serán decisivas y sé que puedo contar con vuestro compromiso inquebrantable con el respeto de la ley y de las normas deontológicas. Los refuerzos humanos y materiales que estamos enviando en estos momentos os darán, junto con los alcaldes, y bajo la autoridad de los prefectos que he reunido una vez más, los medios para defender la República y sus valores.»"         (El Grand Continent, 30/06/23)

23.6.23

Macron disuelve un movimiento ecologista y abre la puerta a la ilegalización de la protesta climática en Europa... Es la primera vez que Francia utiliza los medios antiterroristas contra activistas ambientales... la policía realizó un gigantesco operativo en varias ciudades para detener a 18 integrantes de la organización... 100.000 personas se identifican con este movimiento

 "Al calor (literal) de una crisis ecosocial que es más palpable y tangible que nunca, las protestas climáticas empiezan a extenderse con fuerza por toda Europa. Estos movimientos,  liderados en muchos casos por profesionales y científicos, se enfrentan en la mayoría de los países a causas judiciales y penas de prisión por la desobediencia civil de sus acciones. 

En el caso de España, como ya contó LPO, quince investigadores están siendo juzgados (el expediente está en fase de instrucción) por el lanzamiento de tinta roja biodegradable (zumo de remolacha) a la fachada del Congreso en abril del año pasado. 

La Fiscalía los acusa por el delito de "daños a bienes de valor histórico, artístico, científico, cultural o monumental" agravado "por tratarse de daños de especial gravedad por lo "relevante" del inmueble. 

En Francia, el gobierno de Emmanuel Macron ha intensificado esta persecución con una decisión política sin precedente: la ilegalización de un colectivo ecologista. 

Este miércoles, el Consejo de Ministros resolvió la disolución de "Soulèvements de la terre" (Levantamientos de la tierra), una agrupación formada en 2021 que aglutina a grupos ecologistas, agricultores y habitantes de territorios amenazados por la sobreexplotación de recursos naturales.

Se trata de un movimiento que gana cada vez más adhesiones. En su primera convocatoria de protesta, juntaron 700 personas. El 25 de marzo, en una multitudinaria acción por el agua en la localidad de Sainte-Soline, reunieron a 30 mil manifestantes. Actualmente, el grupo está disperso por 180 comités locales a la largo de todo el país.

La queja tiene cierta analogía con el conflicto político en España por los regadíos de Doñana. El movimiento se opone a las llamadas "reservas de sustitución", un trasvase que el Gobierno quiere habilitar en unos embalses de gran envergadura, alimentados por el agua de las capas freáticas. La medida pretende que los agricultores puedan regar sus campos en los periodos de sequía. Para los ecologistas es totalmente "insostenible".  

En esa acción de protesta -prohibida por el Gobierno-, la policía francesa intervino y reprimió al tener orden de desalojar el espacio público. El enfrentamiento dejó un saldo de 28 gendarmes y 200 manifestantes heridos, siete de los cuales tuvieron que ser hospitalizadas, tres de ellas de gravedad.

 El Ejecutivo de Macron acusó al movimiento de "acciones violentas e insurrección". Y amparándose en la llamada ley de "separatismo" anunció su disolución. 

Esta normativa se sancionó en 2021 como herramienta política y jurídica para poder perseguir a milicias armadas o grupos terroristas ante el auge del radicalismo islamista. Más tarde se agregó un controvertido artículo que fue cuestionado por el Defensor de los Derechos Humanos: la atribución a una asociación de la responsabilidad por actos cometidos por uno de sus miembros.

La represión antiecologista gana terreno en una Europa cada vez más entregada a la ultraderecha, cuyas políticas asumen progresivamente incluso los gobiernos "de centro", como muestra el caso francés

"Un arsenal legislativo utilizado contra los ecologistas cuando estaba reservado a la lucha contra el terrorismo", sintetiza Greenpeace Francia.

La ilegalización de "Soulèvements de la terre" se consumó este miércoles tras un decreto firmado por el Consejo de Ministros. "Bajo el pretexto de defender la preservación del medio ambiente este movimiento incita a la comisión de sabotajes y daños materiales, incluso con violencia", reza la resolución gubernamental. 

El Ministro del Interior, Gérald Darmanin, impulsor de la medida, acusó al movimiento de "eco-terrorista" para justificar la inédita persecución. Es la primera vez que Francia utiliza los medios antiterroristas contra activistas ambientales.

El martes, antes del Consejo de Ministros, la policía realizó un gigantesco operativo en varias ciudades para detener a 18 integrantes de la organización. "Estos arrestos confirman la fiebre del gobierno y su temor a un movimiento cada vez más popular y legítimo", denunció el colectivo, que emitió un comunicado tras el decreto de disolución.

"Intentar silenciarnos es un intento inútil de romper el termómetro en lugar de preocuparse por la temperatura. Un movimiento supuestamente prohibido pero colectivamente imparable apuntado por el poder pero anclado en los territorios, presente en lugares de trabajo y estudio, galpones y trastiendas, incluso dentro de las administraciones. El gobierno pretendía hacernos desaparecer, en realidad seremos cada día más visibles", repudiaron sus miembros.

 "Ni las detenciones masivas ni la amenaza de disolución administrativa disuadirán a las más de 100.000 personas que hoy se identifican con este movimiento de continuar su acción en favor de la posibilidad misma de un futuro en la Tierra, llevando a cabo acciones de ocupación de tierras, bloqueo y desarme de las infraestructuras tóxicas que, hoy por hoy, están en proceso de asolar completamente el mundo", agregó Basile Dutertre, representante del colectivo.

Por lo pronto, los abogados de la organización ya anunciaron la interposición de un recurso ante el Consejo de Estado. Y los portavoces convocaron a nuevas manifestaciones para denunciar una "decisión política que forma parte de un movimiento más amplio para criminalizar a los ecologistas".

Para Greenpeace, hay una tendencia creciente de "estigmatizar y criminalizar a las personas y organizaciones de la sociedad civil que trabajan por la defensa de los derechos humanos y el medio ambiente". 

Los "discursos manipuladores y sin fundamento ("ecoterrorismo", "terrorismo intelectual"...) están, a juicio de esta organización internacional, dando paso a una "represión cada vez más violenta": "En su escalada represiva, el gobierno acaba de dar un paso peligroso. Más que nunca, debemos movilizarnos para defender las libertades fundamentales y apoyar a quienes denuncian los ataques al medio ambiente".

El arsenal legislativo utilizado contra los ecologistas cuando estaba reservado a la lucha contra el terrorismo, va acompañado de discursos manipuladores y sin fundamento ("ecoterrorismo", "terrorismo intelectual"...) y una represión cada vez más violenta

Un actor clave -pero oculto- en la ilegalización es la Federación Nacional de Campesinos (FNSEA), denuncian los ecologistas franceses. El lobby agroindustrial encabezó una "ofensiva sin cuartel" para conseguir que el Gobierno tomara esta decisión. 

A la presión estatal se le sumó una campaña masiva de desprestigio en los principales medios de comunicación. "Este grupo nos llevará a una guerra civil", repite desde hace semanas Arnaud Rousseau, presidente de este poderoso sindicato.

Las reacciones en España

El ecologismo español se ha volcado a las redes sociales para repudiar la decisión del Gobierno de Francia y alertar de una escalada en la persecución de quienes, con datos científicos en la mano, están advirtiendo de la gravedad de la crisis climática y exigiendo reformas estructurales para evitar escenarios catastróficos. 

"Es extremadamente grave que en Francia se haya decretado por vía gubernamental (ni siquiera judicial) la disolución de una alianza de grupos ecologistas, agricultores y habitantes de territorios amenazados, tras una represión brutal", afirmó en su cuenta de Twitter Helios Escalante Moreno, licenciado en Ciencias Ambientales y Geografía y miembro de Ecologista en Acción, organización que emitió un comunicado en solidaridad con Les Soulèvements de la Terre.

"La represión antiecologista gana terreno en una Europa cada vez más entregada a la ultraderecha, cuyas políticas asumen progresivamente incluso los gobiernos "de centro", como muestra el caso francés", agregó el filósofo Jorge Riechmann.

Para el investigador social -también integrante de Ecologistas en Acción, Tom Kucharz, es inaceptable que "en un momento de grandes desafíos para preservar los bienes comunes (crisis climática, pérdida de biodiversidad, pobreza) un gobierna debe mejorar las políticas públicas y promover el debate en la sociedad en lugar de intentar disolver a sus oponentes".

"El intento de disolución de este colectivo marca otro giro autoritario y peligroso del gobierno Macron que ya se vio con la represión a los "Chalecos Amarillos", las movilizaciones contra la reforma de pensiones o las personas migrantes", reflexionó. 

Es extremadamente grave que en Francia se haya decretado por vía gubernamental (ni siquiera judicial) la disolución de una alianza de grupos ecologistas, agricultores y habitantes de territorios amenazados, tras una represión brutal

Un análisis similar hace Serlinda Vigara, licenciada en Periodismo y especializada en Política Internacional por la Universidad Complutense de Madrid, miembro del Instituto Internacional para la Acción No Violenta. 

La activista climática disertó esta semana en la ONU para denunciar, justamente, la persecución al activismo climático. 

"En Europa, activistas ambientales son etiquetados de eco-terroristas. Es preocupante que algunos líderes políticos hayan empezado a adoptar este concepto con el objetivo de deslegitimar a estos movimientos climáticos, como el caso de Francia, Alemania, Reino Unido y España". "                      (Andrés Actis, LPO, 21/06/23)

29.3.23

Soy un doctorado francés en ciencias sociales en una universidad extranjera. Con demasiada frecuencia he escuchado a mis colegas expresar la tergiversación de que Emmanuel Macron es un campeón de la democracia liberal. Me gustaría compartir mi experiencia de la manifestación de ayer para deconstruir esta imagen... estoy acostumbrado a participar en manifestaciones, incluso las más violentas como las de los chalecos amarillos en París. Pero aún así, la manifestación de ayer fue realmente un shock... Hasta ayer, generalmente veía a la policía esperando una "buena" razón para intervenir violentamente... La manifestación de ayer no fue una manifestación" salvaje " como sucedió en las últimas noches en París. Fue una manifestación legal organizada y declarada por el consejo intersindical... vi a sindicalistas de 50-60 años en medio de la manifestación siendo golpeados con porras y gases lacrimógenos sin razón por policías que llegaban por sorpresa desde una pequeña calle perpendicular... Los cascos de los policías los enmascararon y quitaron sus números de registro de sus chaquetas para no ser identificados en caso de procedimientos legales, lo cual es ilegal. Me lanzaron gases lacrimógenos tres veces sin poder moverme o huir en una multitud muy densa... los policías aprovecharon que la gente no podía moverse a más de 20 cm de distancia y ver a más de 2 metros debido al smog blanco, para abalanzarse sobre nosotros y golpearnos de una manera totalmente arbitraria... Entonces decidimos abandonar la manifestación, pero, como de costumbre, la policía bloqueó ilegalmente todas las calles adyacentes a la plaza en la que estábamos para evitar que nos fuéramos, lo que nos obligó a soportar más persecuciones con gas y policía... Después de la negativa de Emmanuel Macron a someter a votación la reforma de las pensiones, es el derecho a manifestarse lo que ahora se está violando en Francia

 "Soy un doctorado francés en ciencias sociales en una universidad extranjera. Con demasiada frecuencia he escuchado a mis colegas expresar una tergiversación de Emmanuel Macron como campeón de la democracia liberal. Me gustaría compartir mi experiencia de la demostración de ayer para deconstruir esta imagen

En primer lugar, estoy acostumbrado a participar en manifestaciones, incluso las más violentas como las de los chalecos amarillos en París. Pero aún así, la manifestación de ayer fue realmente un shock.

Hasta ayer, generalmente veía a la policía esperando una "buena" razón para intervenir violentamente en las manifestaciones, por ejemplo, manifestantes que levantaban barricadas o rompían el vidrio de una  marquesina de autobús.

Independientemente de lo que pensemos sobre la legitimidad política de estos actos, son realizados por una parte muy pequeña de los manifestantes y no pueden utilizarse para justificar la violencia policial aleatoria contra todos los manifestantes, incluidos los pacíficos.

Pero ayer, el nivel de violencia policial arbitraria claramente aumentó.
La policía no pretendía cumplir su misión tradicional, es decir, el mantenimiento del orden, sino la represión contra los opositores a la reforma, black blocks y sindicalistas, manifestantes violentos y pacíficos.

La manifestación de ayer no fue una manifestación" salvaje " como sucedió en las últimas noches en París. Fue una manifestación legal organizada y declarada por el consejo intersindical, compuesto por todos los sindicatos más importantes de mi país.

Geográficamente lejos de las acciones violentas de los black blocks en la línea del frente, vi a sindicalistas de 50-60 años en medio de la manifestación siendo golpeados con porras y gases lacrimógenos sin razón por policías que llegaban por sorpresa desde una pequeña calle perpendicular.

Los cascos de los policías los enmascararon y quitaron sus números de registro de sus chaquetas para no ser identificados en caso de procedimientos legales, lo cual es ilegal.

Me lanzaron gases lacrimógenos tres veces sin poder moverme o huir en una multitud muy densa, con todas las consecuencias que puedas imaginar, es decir, dificultades para respirar, ardor en la piel y los ojos, estar rodeado de cientos de personas en pánico que se encontraban en la misma situación física que yo.

La última vez que me gasearon, los policías aprovecharon que la gente en una multitud muy densa no podía moverse a más de 20 cm de distancia y ver a más de 2 metros debido al smog blanco para abalanzarse sobre nosotros y golpearnos de una manera totalmente arbitraria.

Mi hermano pequeño estaba a pocos metros de distancia y recordaré por el resto de mi vida sus gritos de miedo, gritando mi nombre, haciéndome saber que un policía estaba tratando de golpearme justo a mis espaldas.

Entonces decidimos abandonar la manifestación, pero, como de costumbre, la policía bloqueó ilegalmente todas las calles adyacentes a la plaza en la que estábamos para evitar que nos fuéramos, lo que nos obligó a soportar más persecuciones con gas y policía. Para entonces eran las 6 de la tarde y la manifestación seguía siendo legal hasta las 7 de la noche.

Amnistía Internacional, Human Rights Watch, el Defensor Francés de los Derechos y un relator especial de la ONU han denunciado la violencia policial y / o las detenciones abusivas de manifestantes en los últimos días.

Después de la negativa de Emmanuel Macron a someter a votación la reforma de las pensiones, es el derecho a manifestarse lo que ahora se está violando en Francia.

El simple hecho de estar en una manifestación constituye un riesgo de ser sometido a una violencia física potencialmente irreparable sobre usted sin ninguna justificación legal y sin ninguna posibilidad real de encontrar al perpetrador para un proceso legal.

En un contexto donde el 71% de la población está en contra de la reforma."  
             

(Maxime Borg es economista político en el Departamento de Ciencias Políticas y Sociales del Instituto Universitario Europeo, Brave New europe, 26/03/23, traducción Yandex)

13.9.22

El antecedente francés del Sumar de Yolanda Díaz... Las “primarias populares” en Francia: Se trataba de una plataforma para reunir en un mismo proceso de designación a una serie de candidatos presidenciales de izquierda preseleccionados por voto popular... Taubira ganó las primarias, que más parecían un sondeo a gran escala. Inmediatamente, llamó a la unión bajo su candidatura... el resto de los candidatos de izquierda se negaron... La situación actual es frustrante porque los partidos pierden la capacidad de movilizar y de entusiasmar a sus simpatizantes y la sociedad civil organizada carece, por el momento, de legitimidad orgánica

 "La arritmia entre el escenario francés y el español permite identificar fenómenos o prácticas comunes sobre el terreno político y, sobre todo, abre la posibilidad para tratar de deducir conclusiones. Uno de los hechos más notorios en ambos países es la necesidad para la izquierda de generar una dinámica común frente a la derecha y la extrema derecha, ambas con voluntad de gobernar juntas. En España, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, desea ejercer el liderazgo del campo progresista desde Sumar, la plataforma que lanzó el pasado mes de julio. (...) 

En ese sentido, vamos a examinar la trayectoria de una candidatura que, finalmente, no consiguió cuajar porque tiene que ver con la iniciativa de Yolanda Díaz. Se trata de la candidatura que encarnó Christiane Taubira, una mujer que representa de todo, salvo ser una outsider. Exdiputada nacional, exdiputada europea, exministra de Justicia, excandidata presidencial en 2002, Taubira lleva casi 30 años en la primera línea de la política. Y, sin embargo, su designación para entrar a la carrera presidencial fue el resultado de un proceso inédito en Francia, organizado fuera y en contra de los partidos políticos de izquierdas. Veamos cómo se llevó a cabo y qué conclusiones podemos extraer de su fracaso. (...)

Más allá de las dificultades sobre el terreno teórico, sí parece claro que asistimos a una erosión progresiva del interés ciudadano por las instituciones y los procesos que permiten la existencia de una representación política. La participación en las elecciones, la tasa de sindicalización, el militantismo en los partidos políticos, la confianza en los cargos públicos han conocido, en España como en el extranjero, una notable degradación.

En Francia, este fenómeno, unido a la desesperada (y desesperante) situación de una izquierda fragmentada en siete candidatos (cinco de ellos con numerosas convergencias programáticas), condujo a la creación de un objeto político inédito a inicios de 2021. Se trataba de una plataforma para reunir en un mismo proceso de designación a una serie de candidatos presidenciales de izquierda preseleccionados por voto popular.

 La sociología de este movimiento quedó rápidamente muy clara. Se trataba, en su mayoría, de gente más bien diplomada y más bien urbana, tecnófila (todo el proceso se desarrolla online), adepta de la desintermediación política y relativamente internacionalizada, puesto que se inspiraba en la experiencia estadounidense (recordemos la campaña de Bernie Sanders y de Alexandria Ocasio-Cortez). El ejemplo engarza perfectamente con la tendencia descrita: un conjunto de ciudadanos que interfieren en el juego de los partidos porque sienten que tienen una legitimidad diferente y más potente que la de los partidos.

 No parece, por tanto, sorprendente que ninguno haya deseado que su candidato participase en estas “primarias”. Algunos pidieron incluso no ser sometidos al voto de los internautas. La única candidata en aceptar las reglas fue Christiane Taubira, ministra de Justicia entre 2012 a 2016 bajo la presidencia de François Hollande, y prácticamente desaparecida de la escena política desde entonces. El domingo 30 de enero se conoció la decisión de 392.000 votantes: Taubira ganó las primarias, que más parecían un sondeo a gran escala. Inmediatamente, llamó a la unión bajo su candidatura. La respuesta de los interlocutores principales (Yannick Jadot, el ecologista; Jean-Luc Mélenchon, el insumiso, y Anne Hidalgo, la socialista) fue, como no podría ser de otro modo, negativa.

 ¿Qué se puede concluir de esta secuencia? A primera vista, la organización de un proceso de selección sin debates, en el que participaron candidatos que no deseaban inscribirse, y algunos de los cuales incluso pidieron explícitamente que no se les tuviera en cuenta, difícilmente puede parecer generador de legitimidad. Finalmente, no solo no se consiguió crear una dinámica unitaria, sino que se agregó una candidatura más.  (...)

Atravesamos un momento bisagra, en el que instituciones y formas históricas de legitimación política (los partidos con sus procedimientos internos de designación de cuadros dirigentes) se enfrentan a la competencia de objetos políticos no identificados emergentes. Estos últimos pretenden renovar las prácticas democráticas, reivindicando para sí mismos el dinamismo, la voluntad de cambio y una forma de pureza como emanación vaporosa de la sociedad civil organizada. En cierta manera, el movimiento de Emmanuel Macron (En Marche!), Podemos o la Francia Insumisa de Mélenchon se presentaron en su momento como estructuras innovadoras y, sobre todo, no asimilables directamente a un partido político. Todos pretendían distinguirse de las estructuras partidarias tradicionales con nuevas formas para establecer procesos de legitimación política. 

Parece que la evolución ulterior les ha llevado a parecerse cada vez más a las organizaciones de las cuales pretendían desmarcarse, al no haber podido desarrollar una estructura auténticamente híbrida e innovadora. La situación actual es frustrante porque los partidos pierden la capacidad de movilizar y de entusiasmar a sus simpatizantes y la sociedad civil organizada carece, por el momento, de legitimidad orgánica.

 La tensión entre una democracia de partidos y una democracia de ciudadanos movilizados plantea, por lo tanto, nuevas incógnitas: ¿cuál es la composición sociológica de estas nuevas organizaciones?, ¿cuál es el ratio entre el militantismo de terreno y el militantismo del fav y del retuit? Y, sobre todo, ¿qué papel deben desempeñar los partidos políticos en estos dispositivos? Como muestra la experiencia de las “primarias populares”, estos últimos siguen siendo los actores principales de los procesos electorales. Lo deseable sería que los partidos políticos, sin desaparecer, sean capaces de regenerarse. La llamada de atención que suponen experimentos como las “primarias populares” en Francia debería servir de aliciente para que los partidos y los ciudadanos se vuelvan a reencontrar en España."           (Guillermo arenas, CTXT, 10/09/22)

14.6.22

El documental que explica el giro del voto obrero hacia la ultraderecha en Francia... Gente que se siente abandonada, que ve que aquellos que se autocalifican como de izquierdas no toman ninguna medida en favor de los más desfavorecidos y se comportan de la misma forma que la derecha. Su traición hace que nunca vuelvan a confiar en ellos y vean en los discursos populistas de Le Pen la solución donde escuchan, por primera vez en mucho tiempo, alguien que se dirige a ellos... empieza la película en un momento donde la izquierda estaba moribunda y ahora parece que las cosas se están moviendo, y eso se ve al final de la película, con los chalecos amarillos, el feminismo... termina con los chalecos amarillos, y hace referencia así a una clase obrera desesperada... “Hay una incomprensión hacia ellos, sobre todo desde intelectuales y representantes de la izquierda. Es la primera vez desde el 68 en el que hay un movimiento popular tan amplio en toda Francia... era la primera vez que mi familia se interesaba por la información política y tengo primos que se han manifestado por primera vez. Cuando vi este efecto en mi familia, me di cuenta de que era importante y veía cómo los partidos y los sindicatos pasaban de ellos, y cómo los intelectuales de izquierda los miraban con distancia y arrogancia”

 "El escritor Didier Eribon huyó de Reims cuando tuvo la oportunidad. Salió hacia la universidad y dejó atrás un pueblo donde ser gay era complicado. Negó su pasado hasta que la muerte de su padre lo hizo volver a sus orígenes y aceptarlos, así como cuestionar sus contradicciones. Lo plasmó todo en Regreso a Reims, un ensayo político donde radiografió la historia de la clase obrera a través del testimonio real de sus padres y abuelos. Hombres condenados a trabajar en la fábrica y mujeres condenadas a ser esposas abnegadas y sufridoras. Al bucear en su pasado, entendía también su propia historia. 

 Cuando el director Jean-Gabriel Périot se enfrentó al reto de adaptar al cine en forma de documental Regreso a Reims, volvió a leer el texto que ya lo había cautivado tiempo atrás. En esa revisión, se dio cuenta de que la clave para contarlo desde la actualidad estaba en un momento de la obra en el que el autor cuenta cómo su madre le confesó, casi con vergüenza, que en el año 81 votó al Frente Nacional. Una mujer obrera, que siempre se había manifestado como comunista, había llegado a dar su voto a Le Pen. El escritor, y ahora el director, querían entender cómo era posible que una clase obrera explotada y sin oportunidades terminara apostando por la extrema derecha. 

 Años después, aquella anécdota de la madre de Didier Eribon cobra más fuerza, especialmente tras unas elecciones francesas donde el dilema ha sido elegir entre la derecha de Macron y la extrema derecha de Marine Le Pen. (...)

No solo la acompañan, también dialogan con ella y muestran cómo la ficción ha retratado varios de los momentos de la historia de la izquierda. Una idea con la que, además, aporta “otras voces, cuerpos e historias de la clase obrera”.

 La película cambia el punto de vista. Mientras que en la obra es un hombre, aquí es una mujer. El director explica que esa decisión surge en el momento en el que tiene claro que lo que más le interesa es esa madre que vota al Frente Nacional e “intentar explicar su gesto”, pero también aprovechar esta película para hablar “sobre las condiciones de la parte femenina de la clase obrera”. Lo hace como hijo de mujeres que pertenecen a ella, convirtiendo su filme en un relato íntimo a la vez que político. (...)

A través de su película, intenta que la izquierda se haga preguntas y mostrar cómo es posible que muchos obreros voten a la extrema derecha. Gente que se siente abandonada, que ve que aquellos que se autocalifican como de izquierdas no toman ninguna medida en favor de los más desfavorecidos y se comportan de la misma forma que la derecha. Su traición hace que nunca vuelvan a confiar en ellos y vean en los discursos populistas de Le Pen la solución donde escuchan, por primera vez en mucho tiempo, alguien que se dirige a ellos. No demoniza a esos obreros, pero tampoco les salva, ya que muestra cómo el racismo de cierta clase obrera francesa impera desde los años 60 y ha sido un caldo de cultivo perfecto para la xenofobia del Frente Nacional. 

 “Creo que debemos interrogarnos sobre nuestra historia y sobre sus fracasos, porque para muchos militantes parece que todo se hace muy bien, incluso cuando los resultados no son buenos, y por eso hay que traer la historia de nuestro bando y contar que ser una mujer de clase obrera no era genial, que había mucho racismo, que la pureza no existe y que si no empezamos por cuestionarnos a nosotros mismos no podremos hablar a los demás. Empecé esta película en un momento donde la izquierda estaba moribunda y ahora parece que las cosas se están moviendo, y eso se ve al final de la película, con los chalecos amarillos, el feminismo… quería mostrar luchas concretas, porque la izquierda real está en la calle, no en los partidos políticos”, opina el realizador. 

Su película termina con los chalecos amarillos, y hace referencia así a una clase obrera desesperada. Muestra su lucha sin demonizarla, como cree que han hecho muchos medios y mucha parte de la izquierda: “Hay una incomprensión hacia ellos, sobre todo desde intelectuales y representantes de la izquierda. Es la primera vez desde el 68 en el que hay un movimiento popular tan amplio en toda Francia. Hay opiniones de todo tipo de gente, y focalizarlo en aquellos elementos que votan a la extrema derecha era una manera de intentar quitar credibilidad al movimiento, cuando era algo increíble. Yo vengo de una familia que ha pasado de votar a la izquierda al abstencionismo, pero era la primera vez que todos se interesaban por la información política y tengo primos que se han manifestado por primera vez ahora. Cuando vi este efecto en mi familia, me di cuenta de que era importante y veía cómo los partidos y los sindicatos pasaban de ellos y cómo los intelectuales de izquierda los miraban con distancia y arrogancia”. 

 Tanto Didier Eribon como Jean-Gabriel Périot son ejemplos de hijos de clase obrera que consiguieron ascender en el llamado 'ascensor social', pero el director deja claro que eso son casos aislados que se utilizan de forma política para fomentar el concepto de meritocracia. “Cuando llegamos a posiciones que no estaban previstas que fueran para nosotros, el sistema nos utiliza para decir, 'mirad, si lo hacéis bien en el colegio podéis lograrlo'. Mis hermanas y mis primos no llegaron a mi situación, y si yo lo logré no es porque el sistema funcione, sino por azar. Usarlo como ejemplo, además, hace que una parte de la clase obrera lo utilice de contraejemplo y piensen que si ellos no lo logran es porque lo han hecho mal”, apunta. 

 Regreso a Reims destila verdad, y contrasta con el retrato maniqueo de la clase obrera que a menudo hace la ficción. Algo que, según su director, en Francia ocurre desde los años 80, ya que “hasta ese año, una parte de la industria hacía películas dirigidas a la clase obrera y debían parecerse a su público, además parte de la industria estaba afiliada al Partido Comunista”. Todo cambió a partir de entonces. Esas películas dejaron de hacerse, y cuando aparece la clase obrera “hay un discurso terrible”. “O hay una caricatura, con el parisino que va a provincias y se burla de la gente que trabaja, o es un cine de reconciliación social que cuenta que si hay una huelga también es duro para el patrón y que si trabajamos juntos podemos reconstruir la sociedad, y eso es inadmisible. Eso de que si nos tomamos un café juntos lo resolvemos es una traición todavía peor”, dice. (...)"               (Javier Zurro  , eldiario.es, 9 de junio de 2022)

19.4.22

Wolfgang Münchau: Esta batalla será entre los que quieren un cambio de régimen y los que buscan la continuidad. Le Pen es la candidata de los gilets jaunes, los que ganan menos de 2.000 euros y que no quieren sólo una tirita, que es lo que acusaron al gobierno de Macron de haberles ofrecido en respuesta a la actual crisis energética. Quieren que el sistema cambie... Los jóvenes, ávidos de cambio, votaron esta vez a Mélenchon o a Le Pen... Esta es una batalla entre los indignados contra los conservadores. Macron parece entenderlo. Su primera visita fue a una ciudad obrera del norte, mezclándose entre la multitud. ¿Puede ser a la vez empático y competente? Esto será lo que se necesita para salvar la brecha

 "(...) Esta batalla será entre los que quieren un cambio de régimen y los que buscan la continuidad. Le Pen es la candidata de los gilets jaunes, los que ganan menos de 2.000 euros y que no quieren sólo una tirita, que es lo que acusaron al gobierno de Macron de haberles ofrecido en respuesta a la actual crisis energética. Quieren que el sistema cambie.

La ironía es que en 2017, Macron llegó al poder con la promesa de cambiar el sistema. Después de cinco años en el cargo, su electorado es la generación más antigua, la burguesía de la izquierda y de la derecha. La revolución que Macron y su movimiento En Marche prometieron con brío y dinamismo juvenil en 2017 fue un caballo de Troya para la continuidad del statu quo. 

Los jóvenes, ávidos de cambio, votaron esta vez a Mélenchon o a Le Pen. Luego están los que viven en la periferia, en pueblos y ciudades desgastadas. Trabajan en empleos mal pagados en ciudades como Montpellier, Rennes, Nantes y Marsella. También han votado a Mélenchon o a Le Pen.

Esta es una batalla entre los indignados contra los conservadores. Macron parece entenderlo. Su primera visita fue a una ciudad obrera del norte, mezclándose entre la multitud. ¿Puede ser a la vez empático y competente, un candidato que hable a la gente de la calle, y al país en su conjunto? Esto será lo que se necesita para salvar la brecha."       
              

(Wolfgang Münchau , Eurointelligence, 12/04/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

12.4.22

Francia, el voto de la angustia... Como ha sucedido en otros países desarrollados, la clase media-baja se ve amenazada, se siente fragilizada. Es la población que gana menos de 2.000 euros al mes, un amplio colectivo que incluye a obreros, empleados, agricultores y pequeños autónomos... hoy son los más afectados por el alza de los carburantes y por la inflación en general... estas clases humildes bajo acoso utilizan “las marionetas populistas” (Le Pen, Zemmour y otros) como un grito desesperado para denunciar su situación, pero pueden cambiar de marioneta en cualquier momento o abstenerse... El descontento de estos sectores alimenta los populismos de extrema derecha. La izquierda radical también pesca votos, aunque menos

 "(...) hay interés por Muret porque es un microcosmos político interesante. Sus resultados electorales siempre coinciden con los nacionales. De ahí que su alcalde, André Mandement, socialista, se vea solicitado como analista.

–¿Cómo ve el ambiente?

–Estoy inquieto porque veo a la gente decepcionada e irritada. Muchos no quieren ir a votar. No ha habido casi debate, debido a la guerra de Ucrania. La estrategia del presidente ha sido neutralizar estas elecciones.

 –¿Por qué hay tanto malestar? Los datos oficiales son buenos. El paro ha bajado mucho.

–En Francia la información está muy controlada por el Gobierno y los medios afines. Los datos que dan no corresponden a lo que se constata sobre el terreno. Aquí en nuestra zona sigue habiendo chalecos amarillos en las rotondas cada sábado. Temo que vuelva a haber violencia. Ya sabe que en Francia se monta con rapidez una minirrevolución.

–¿Qué sucederá si gana Marine Le Pen?

–Si gana ella, será un electrochoque para la izquierda. Habrá una reacción de cara a las legislativas (en junio).

–La gente no tardará en echarse a la calle, contra la reforma de las pensiones y otras medidas. Será más violento de lo que vimos. (...)

La inquietud del alcalde de Muret se basa en la auscultación diaria del latido social. Francia es una democracia angustiada. En los últimos años ha sufrido diversas sacudidas fuertes. La revuelta de los chalecos amarillos destapó una gran rabia latente que duró largos meses y paralizó el centro de las grandes ciudades, con decenas de miles de policías movilizados cada sábado. A esa grave crisis de orden público siguió la pandemia de la covid, que en algunos sectores reforzó el sentimiento de desconfianza hacia el Estado, de complotismo y de rechazo al recorte de libertades decretada en nombre de la salud. (...)

En Francia ha seguido creciendo, además, la sensación de que hay amplios territorios de la república sin control donde imponen su ley los islamistas y que quien lo denuncia, como ocurrió con un reportaje sobre Roubaix, cerca de la frontera belga, es amenazado de muerte y debe vivir bajo escolta policial.

Un sector de la ciudadanía –y eso explica el auge de Le Pen y el surgimiento de Éric Zemmour– piensa que el Estado es débil, que no realiza su trabajo. Hace pocas semanas hubo una manifestación de exmilitares en París, un hecho insólito, para expresar su desazón por el rumbo del país. El año pasado decenas de miles de antiguos miembros de las Fuerzas Armadas y de la policía firmaron un manifesto, casi de tono golpista, en el que hablaban del peligro de guerra civil y la inevitabilidad, si las cosas seguían agravándose, de una intervención militar.

Como ha sucedido en otros países desarrollados, la clase media-baja se ve amenazada, se siente fragilizada. Es la población que gana menos de 2.000 euros al mes, un amplio colectivo que incluye a obreros, empleados, agricultores y pequeños autónomos. El sociólogo Jérôme Sainte–Marie habla de “bloque popular”. Esta población, decisiva en las elecciones, ha huido en parte de las grandes ciudades porque les resultan demasiado caras. Viven en la Francia periférica, de las ciudades pequeñas y medianas, y en medios rurales. Dependen del coche. De ahí que salieran de entre ellos muchos chalecos amarillos. Hoy son los más afectados por el alza de los carburantes y por la inflación en general.

 El descontento de estos sectores alimenta los populismos de extrema derecha. La izquierda radical también pesca votos, aunque menos. Según el geógrafo Christophe Guilluy, autor de Fractures françaises (2010), una obra de referencia, y Le Temps des gens ordinaires (2020), estas clases humildes bajo acoso utilizan “las marionetas populistas” (Le Pen, Zemmour y otros) como un grito desesperado para denunciar su situación, pero pueden cambiar de marioneta en cualquier momento o abstenerse.

 Jacline Mouraud, cuyo indignado vídeo, grabado en su móvil, corrió como la pólvora por las redes sociales y estuvo en el origen del movimiento de los chalecos amarillos , en octubre del 2018, está hoy en el equipo de Zemmour. Desde su domicilio en Bretaña, Mouraud, de 55 años, hipnoterapeuta y música, insiste en el menosprecio que, según ella, Macron muestra hacia el pueblo. El último ejemplo habría sido negarse a un debate con los otros candidatos de la primera vuelta.

“La Francia popular, la Francia de los territorios, detesta a Macron –remacha la iniciadora de la insurrecciónamarilla–. Su mandato ha sido lamentable. Nos menospreció, nos encerró (durante la pandemia), dijo que quería fastidiarnos (a los no vacunados) y, además, nos ha arruinado. Eso es imperdonable. En toda la historia de la V República nunca tuvimos a un presidente que menospreciara tanto a su pueblo. El problema de Emmanuel Macron es el pueblo francés. Amaría una Francia sin el pueblo francés. Nos ha maltratado. Es un presidente maltratador. Es muy grave”.               (Eusebio Val, La Vanguardia, 10/04/22)