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23.11.23

Análisis del ascenso de la extrema derecha en Italia: el fascismo renace vigoroso en el miedo de los europeos a perder su forma de vida frente a los que huyen de África y Oriente Medio... En una encuesta de 2019, casi la mitad de los italianos se declaraba partidario del acceso al poder de un hombre fuerte, que no tuviera que depender de parlamentos ni elecciones... en este sentido, a Berlusconi le corresponde un papel esencial en el blanqueo del fascismo... pero la Democracia Cristiana fue el instrumento, auspiciado por la Iglesia católica y el gobierno norteamericano, para controlar el país y a ella se afiliaron muchos camisas negras. Este partido fue la matriz de la política actual en Italia... lo decisivo fue la ausencia de alternativas de oposición verídicas y fiables, y la inconsciencia ante el peligro de retroceso democrático... la mayor parte de la izquierda ha renunciado a afrontar la realidad y se empecina en un discurso errático, disperso en bagatelas y espejismos, incapaz de ofrecer alternativas al desastre

 "(...) Hace un siglo, cuando el fascismo irrumpió en escena con sus planteamientos antidemocráticos y su violencia, ya se discutió la conveniencia de imponerle un cordón sanitario. El periodista y político socialista Giacomo Matteotti (1885-1924), asesinado por los “camisas negras”, defendía que “el fascismo no es una opinión, es un crimen”, y que en consecuencia no se le debía tratar como a una ideología más. Él documentó en un libro publicado el año de su muerte las atrocidades de los fascistas, dispuestos a mantener el poder a través del miedo. Esto sin embargo es poco conocido hoy, y se ha impuesto la idea de que la violencia sólo comenzó tras la promulgación de las leyes raciales de 1938 contra la población judía. En cualquier caso, tras el acceso al poder de Mussolini en 1922, la pérdida de libertades se produjo de forma progresiva.

Para los movimientos actuales que se inspiran en el fascismo o el nazismo, suelen usarse los términos neofascista o neonazi, que se sobreponen con otros como extrema derecha, para los grupos cuyos postulados van más allá de la derecha tradicional conservadora, y ultraderecha, para los que recurren a la violencia para lograr sus metas. Aclarado esto, el rasgo distintivo de toda la extrema derecha de hoy día es una xenofobia en la que no se suele hablar como antaño de “razas superiores”, sino de “culturas incompatibles”. Además de esto, el viejo antisemitismo ha sido sustituido en general por la islamofobia. Se combate la “extranjerización” de la sociedad, y suele haber una resistencia a atacar abiertamente la democracia, porque no se renuncia a llegar al poder a través de ella. Otras fobias comunes tienen por objeto el feminismo y los derechos LGTBI. Respecto a la economía, pueden hallarse desde proteccionistas e intervencionistas, hasta ultraliberales.

A Silvio Berlusconi (1936-2023) le corresponde un papel esencial en el blanqueo del fascismo en Italia. Magnate de los medios amenazado por múltiples causas judiciales, él diseñó un plan maestro para hacerse con el poder político y librarse de ellas, al tiempo que se presentaba nada menos que como un adalid de la lucha contra la corrupción. Así es como en 1994 ganó las elecciones y formó gobierno, apoyándose en los neofascistas del Movimiento Social Italiano y los populistas de la Liga Norte, campeones de xenofobia. En un país en el que el antifascismo se consideraba una seña de identidad, esto supuso un vuelco. Unos años después, Berlusconi tuvo que ver cómo la LigaNorte, metamorfoseada en la Liga, con liderazgo de Matteo Salvini y sacando provecho de las estrategias de la buena amiga de éste, Marine Le Pen y su Frente Nacional, se ganaba al electorado que tan fiel había sido al exCavaliere.

El “telefascismo” impuesto en Italia en la era Berlusconi llegó para quedarse, y no sólo en Italia. Las masas lobotomizadas en programas de entretenimiento ajenos a cualquier análisis o debate sobre la realidad, asimilan opiniones prefabricadas y votan previsiblemente cada cuatro años. Sidera analiza la contribución del centro izquierda a este desastre con un repaso de la biografía política de Matteo Renzi. Al perder en 2016 el referéndum de reforma constitucional que le demandaban los poderes económicos, éste dejó el país a punto para el golpe definitivo. La ausencia de alternativas de oposición verídicas y fiables, y la inconsciencia ante el peligro de retroceso democrático, fueron decisivas para el triunfo de la derecha extrema.

Otros actores y escenarios en la comedia identitaria

La degradación de la política en el capitalismo terminal propicia la aparición de fenómenos estrambóticos. El Movimiento 5 Estrellas, auspiciado por el cómico multimillonario Beppe Grillo, entusiasta admirador de Donald Trump, juega a una pretendida ambigüedad, que le hace proclamarse “ni fascista ni antifascista”, pero su obsesión son los inmigrantes, con lo que tras vencer en las elecciones de 2018 aceptó compartir el poder con Matteo Salvini, aquejado de la misma fobia. Con el nuevo gobierno, las agresiones xenófobas se incrementaron preocupantemente. Otra pieza original del neofascismo italiano es el movimiento CasaPound, okupas de extrema derecha cruzados de la identidad cultural europea y por ello enemigos jurados de la inmigración.

En la reactivación del fascismo italiano se aprecia también la larga sombra del “amigo americano”. En 2017, cuando Steve Bannon, asesor de Donald Trump, dejó su cargo en la Casa Blanca, comenzó a orquestar una campaña de promoción de partidos de extrema derecha en Europa a través de The Movement, la organización que fundó, considerada una Internacional de la derecha populista. En un principio apostó fuerte por Salvini en Italia, y cuando éste cayó en desgracia por sus conexiones rusófilas y su gestión de la pandemia, por Giorgia Meloni, flamante triunfadora de las elecciones de 2022. (...)

La Democracia Cristiana fue el instrumento, auspiciado por la Iglesia católica y el gobierno norteamericano, para controlar el país y a ella se afiliaron muchos camisas negras. Este partido fue la matriz de la política actual en Italia, del centro a los neofascistas.

Memoria y movilización contra los fantasmas de un futuro incierto

El libro concluye con dos testimonios relevantes. El primero es el de Umberto Eco, que en una conferencia en 1995 alertaba contra el resurgimiento del fascismo y señalaba los aspectos clave para identificarlo: culto a la tradición y la acción, sin renunciar a la violencia, nacionalismo y xenofobia, denuncia permanente del peligro de un enemigo externo y persecución de la disidencia. Estos rasgos los vamos a encontrar a pesar de los ropajes inesperados que puede llegar a vestir el monstruo.

El otro testimonio es el de Liliana Segre. Esta mujer judía, nacida en 1930 y deportada a Auschwitz en 1943, desde 1990 ofrece conferencias por toda Italia y encarna hoy el espíritu de resistencia contra las nuevas formas de xenofobia. Sus protestas cuando en 2018 Matteo Salvini planteó realizar un censo de gitanos en el país para expulsar a cuantos fuera posible, tuvieron enorme resonancia y la convirtieron en objetivo de los ultras, hasta el punto de necesitar escolta.

En una encuesta de 2019, casi la mitad de los italianos se declaraba partidario del acceso al poder de un hombre fuerte, que no tuviera que depender de parlamentos ni elecciones. Es un hecho que el fascismo renace vigoroso en el miedo de los europeos a perder su forma de vida frente a los que huyen de los estragos del capitalismo en otras regiones. Alba Sidera nos muestra en Fascismo persistente los detalles de lo que está ocurriendo en Italia, pero todos estamos en el mismo barco y en otros países el escenario no es muy diferente.

En estas condiciones, lo fundamental para que los pueblos de la vieja Europa resistan los cantos de sirena de totalitarismos que regresan sólo puede ser una toma de conciencia sobre la situación del mundo y sus causas. El velo tejido desde el poder, con sus instrumentos de desinformación y control ideológico, debe caer para que veamos que los problemas económicos y sociales que nos aquejan sólo pueden tener solución a través de una profunda y auténtica democracia y una política radical que se enfrente al sistema económico letal que rige el planeta.

Sin embargo, y para acabar de nublar el panorama, la mayor parte de la izquierda que opera desde dentro del sistema ha renunciado a afrontar la realidad y se empecina en un discurso errático, disperso en bagatelas y espejismos, incapaz de ofrecer alternativas al desastre."                (Jesús Aller , Rebelión,  22/11/2023)

13.6.23

Silvio Berlusconi ha ganado. Por goleada. La santificación exprés tras su muerte es la prueba fehaciente de su inapelable victoria... Sí, Berlusconi quiso transformar Italia a su imagen y semejanza. Y lo ha conseguido... La cultura es un lastre y es aburrida. La política no es un servicio público para la comunidad, sino sólo una manera para ganar dinero. Gocemos. Enriquezcámonos. Pasémoslo bien. Como decía una canción de los 883 de principios de los noventa, “aparentas ser como Berlusconi, lleno de chicas y de millones”. Este ha sido el sueño húmedo de muchos italianos. Y lo sigue siendo... Lo que se ha leído en superventas y lo que se ha oído en tertulias televisivas durante años y años ha sido la banalización constante del fascismo y la criminalización de la Resistencia. ¿Puede extrañar ahora que los nietos de Giorgio Almirante, jefe de gabinete en la República de Saló y fundador del Movimiento Social Italiano, se sientan tan panchos en el Consejo de Ministros? Italia es un país mucho peor que hace treinta años, cuando Berlusconi entró en política. Duele decirlo, pero es un país en declive cultural, social y político... Limpiar la escoria del berlusconismo será tarea de años. Habrá que dar la batalla cultural para conquistar la hegemonía que él arrebató a la izquierda y al antifascismo... La hegemonía la tienen ellos. Este es su triunfo (Steven Forti)

 "Aceptémoslo y reconozcámoslo de una vez: Silvio Berlusconi ha ganado. Por goleada. La santificación exprés tras su muerte es la prueba fehaciente de su inapelable victoria. No extraña, obviamente, que los medios de derechas del país transalpino hayan convertido inmediatamente en santo al fundador de Forza Italia. Que, dicho de paso, era también, en muchos casos, su propietario. Ya lo hacían cuando estaba vivo, imagínense ahora. La cuestión es que también los medios progresistas y buena parte de la izquierda, o lo que queda de ella, están haciendo lo mismo. Sí, Berlusconi quiso transformar Italia a su imagen y semejanza. Y lo ha conseguido. Su muerte certifica su triunfo.   

Como explicó Giovanni Orsina, en tiempos de la denostada y añorada Primera República, la política tenía una función educativa. Más allá de lo que hiciesen bien o mal, los políticos y los partidos se proponían mejorar al pueblo. Berlusconi le dio la vuelta a la tortilla. Le dijo a los italianos que no tenían que cambiar: debían sentirse orgullosos de cómo eran. Como él estaba orgulloso de sí mismo. Y los italianos compraron el relato, sin dudarlo demasiado: quisieron ser como Berlusconi. Lo mostró muy bien Paolo Sorrentino en esa espeluznante fotografía de la Italia de los años diez en forma de película, Ellos. En definitiva, basta ya de sesudos discursos de intelectuales de izquierdas. Basta ya de incomprensibles expresiones del politichese, como se denominó de forma despreciativa al lenguaje de los políticos. La cultura es un lastre y es aburrida. La política no es un servicio público para la comunidad, sino sólo una manera para ganar dinero. Gocemos. Enriquezcámonos. Pasémoslo bien. Como decía una canción de los 883 de principios de los noventa, “aparentas ser como Berlusconi, lleno de chicas y de millones”. Este ha sido el sueño húmedo de muchos italianos. Y lo sigue siendo. 

Lo bueno que Italia construyó tras el fin del fascismo fue destruido poco a poco por el inefable Caimano. Obviamente, Berlusconi no fue el único. Tuvo un sinfín de aliados y compinches que se aprovecharon de las prebendas que el emperador de Arcore elegía con esmero y bonhomía. Y se benefició del silencio, la incapacidad o la falta de ideas de los demás. Berlusconi no sólo moldeó la mente de los italianos gracias a su imperio televisivo –construyendo un imaginario consumista, posmoderno y neoliberal–, sino que convirtió la política en un vodevil cutre y esperpéntico. Lo que debía avergonzar se convirtió en un mérito que resaltar en la primera página del currículum. La ignorancia y el insulto eran las nuevas virtudes de moda. 

El legado del berlusconismo no es solo esto. Al Cavaliere le debemos más cosas. En primer lugar, la normalización de la extrema derecha. Recordemos que fue él quien legitimó como fuerzas de gobierno a los neofascistas del Movimiento Social Italiano de Gianfranco Fini y a la Liga Norte de Umberto Bossi allá por 1994. Cuando eso pasa, no hay vuelta atrás. Bossi, Fini y sus acólitos, los del saludo romano y los de la Padania céltica libre de terroni e inmigrantes, fueron socios de gobierno durante una década larga, y acabaron, ellos también, convertidos en supuestos estadistas, celebrados y alabados por todo el mundo. Ahora recogemos los frutos podridos de todo aquello. No es casualidad que en Roma gobierne Giorgia Meloni. La líder de Hermanos de Italia sería incomprensible sin los treinta años de berlusconismo. 

En segundo lugar, a Berlusconi le debemos la definitiva demolición del paradigma antifascista que había marcado la historia republicana de la segunda mitad del Novecento. La narrativa antiantifascista o directamente neofascista pasó a ser dominante. Los partisanos fueron unos criminales que mataron a millares de inocentes con el objetivo de instaurar una macrocárcel estalinista. Mussolini hizo también cosas buenas y el fascismo fue una dictadura benigna que no solo construyó vivienda social y recuperó territorios pantanosos, dando trabajo a pobres campesinos, sino que enviaba de vacaciones a los opositores a islas paradisíacas del Mediterráneo. Lo que se ha leído en superventas y lo que se ha oído en tertulias televisivas durante años y años ha sido la banalización constante del fascismo y la criminalización de la Resistencia. ¿Puede extrañar ahora que los nietos de Giorgio Almirante, jefe de gabinete en la República de Saló y fundador del Movimiento Social Italiano, se sientan tan panchos en el Consejo de Ministros?

El Caimano fue un genio en lo suyo. ¿Por qué negarlo? Consiguió todo lo que quiso, excepto ser elegido presidente de la República. Y ser inmortal. Fuese amado u odiado, tuvo un país a sus pies durante al menos dos décadas. La agenda la marcaba siempre él, también cuando estaba en la oposición. Creó escuela con su forma de comunicar. Ahora bien, ¿la suya es una victoria pírrica? Si miramos a su partido, posiblemente sí. Morirá con él. Sin embargo, al Cavaliere le interesaba solo su persona y su patrimonio. Lo demás era accesorio. (...)

 Tras el funeral, los que quedaban en Forza Italia buscarán reubicarse. Cada uno por su cuenta, porque lo único que les unía era la devoción al capo. Muchos acabarán, tarde o temprano, con Meloni. Algunos, quizás, irán con Matteo Renzi, heredero política y psicológicamente del berlusconismo. 

Lo demás de su legado queda. Y quedará durante mucho tiempo. Italia es un país mucho peor que hace treinta años, cuando Berlusconi entró en política. Duele decirlo, pero es un país en declive cultural, social y político. Se tardará años en limpiar las escorias del berlusconismo. Siempre que se consiga. Tocará picar piedra, arremangarse, dar la batalla cultural. Porque en la Italia de hoy, esto debería ser evidente, la batalla cultural la ha ganado el berlusconismo. La hegemonía la tienen ellos. Este es su triunfo. "             (Steven Forti  , CTXT, 13/06/2023)

30.6.17

Es un momento de confusión, es también la construcción de un movimiento en torno a un nombre, Berlusconi o Macron, con el pleno apoyo de la élites sociales y económicas, para deshacerse de una potencial radicalización de la izquierda (Sanders, Podemos)

"Una vieja maldición china dice “Que vivas en tiempos interesantes!” – Los tiempos interesantes son tiempos de problemas, confusión y angustia. 

Y parece que en algunos países “democráticos”, estamos asistiendo últimamente un raro fenómeno que muestra que vivimos en tiempos interesantes: surge un candidato de la “nada” y gana las elecciones. Es un momento de confusión pero, es también la construcción de un movimiento en torno a un nombre – Berlusconi y Macron son un ejemplo.

¿De qué signo es este proceso? Definitivamente no se trata de un movimiento popular que vaya más allá de los partidos tradicionales – por el contrario, las nuevas fuerzas políticas cuentan con el pleno apoyo de establishment social y económico. Su función es ocultar los antagonismos sociales reales – y hacer aparecer una unidad mágica contra lo que algunos denominan la amenaza “fascista”.

Hace décadas, Vaclav Havel fue el primero en dejar escapar este sueño: después de haber sido elegido Presidente, hizo una original sugerencia a Helmut Kohl, “¿Por qué no trabajamos juntos para disolver todos los partidos políticos? ¿Por qué no creamos simplemente el gran partido de Europa ?” Podéis imaginar sonrisa escéptica de Kohl.

Este excepcional fenómeno es una las consecuencias visibles de un reordenación, de largo plazo, del espacio político en Europa. Hasta hace poco, el espacio político estaba dominado por dos Partidos que cubrían todo el cuerpo electoral, un Partido de Centro- Derecha (democristiano, liberal-conservador) y un Partido de Centro- Izquierda ( socialista, socialdemócratas), acompañados de partidos más pequeños (ecologistas, neofascistas, etc.).

Ahora, esta surgiendo progresivamente un Partido que representa al capitalismo Global, que por lo general tiene una relativa tolerancia al aborto, los derechos de los homosexuales y de las minorías religiosos o étnicas; se opone a este naciente Partido Globalista un Partido anti-inmigración, que, en su periferia, es acompañado de grupos directamente xenófobos.

Un caso ejemplar es Polonia: después de la desaparición de los ex-comunistas, los principales partidos son; el “anti-ideológico” partido liberal centrista del ex primer ministro Donald Tusk y el partido conservador cristiano de los hermanos Kaczynski.

La pregunta es: ¿cuál de estos dos partidos – conservadores o liberales – tendrá éxito en presentarse como la encarnación de la política pos-ideológica contra aquellos que “todavía están atrapados en los viejos espectros ideológicos”?  (...)

Este proceso nos lleva de nuevo a Berlusconi y Macron: estos nuevos movimientos surgen de la “nada” cuando ninguno de los viejos partidos – conservadores o liberales- logra imponerse como el nuevo “ extremo centro”. Entonces, el establishment entra en pánico y tiene que inventar un nuevo movimiento, precisamente, con el fin de mantener las cosas como están.

Los nombres de estos respectivos movimientos suenan similares por su “universalidad vacía”, que se ajusta a todos y a todo. ¿Quién no está de acuerdo con “Forza Italia”! o con “La Republique En Marche!” . Ambos nombres designan el sentido abstracto de un movimiento victorioso que va hacia adelante sin especificar la dirección y su objetivo.

Hay, por supuesto, una diferencia obvia entre los dos procesos, acentos diferentes:

Berlusconi entró en escena después de una gran campaña contra la corrupción, que derrumbó toda la configuración política tradicional en Italia (solo los ex comunistas se mantuvieron como fuerza viable) mientras Macron entra en escena contra el “populismo xenófobo” de Le Pen.  (...)

Como históricamente, la izquierda ha denunciado la xenofobia , no es de extrañar que con un enemigo diabolizado, la izquierda radical no tenga espacio político ante una imagen diabolizada. En las últimas elecciones en Francia, el escepticismo de la izquierda sobre Macron fue denunciado inmediatamente como un apoyo a Le Pen. Así podemos aventurar la hipótesis que la eliminación de la izquierda fue el verdadero objetivo de la operación, y que el enemigo demonizado consistió en un provechosa estratagema.

Julian Assange escribió recientemente que la elite del Partido Demócrata ha adoptado la consigna “No hemos perdido – Rusia ganó” porque si no lo hicieran, la insurgencia creado por Bernie Sanders, en las recientes elecciones, terminaría ganando al Partido para la izquierda.

 De la misma manera que los demócratas estadounidenses diabolizan a Trump para deshacerse de Sanders (porque este representa una amenaza para el establishment Demócrata) el establishment francés diaboliza a Le Pen para deshacerse de una potencial radicalización de izquierda.

El Reino Unido es un caso especial , allí uno de los viejos partidos – El Partido Laborista, bajo el liderazgo de Corbyn – está resultando ser la principal amenaza. Así que tal vez, debemos imaginar un nuevo “extremo centro ” anti-Brexit compuesto por el ala Blair del Laborismo, los demócratas liberales y los conservadores anti-Brexit .

 Todos ellos van a utilizar el Brexit como pretexto, pero en realidad su objetivo es deshacerse del Laborismo de Corbyn. Vivimos efectivamente en tiempos interesantes."               (Slavoj Žižek*, filósofo, Socialismo21, 28/06/17, Publicada por  https://www.counterpunch.org/)

7.12.16

Hace 5 años advertí del riesgo de una presidencia de Trump. Vengo de Italia, así que ya había visto esta película con Berlusconi. La de desatar una reacción en la izquierda que generase simpatía en los electores moderados

"Hace cinco años, advertí acerca del riesgo de una presidencia de Donald Trump. La mayoría se rio. Creyeron que era algo inconcebible.

No se debió a ningún poder de clarividencia en particular. Vengo de Italia, así que ya había visto esta película con Silvio Berlusconi, el primer ministro que encabezó el gobierno italiano por un total de nueve años entre 1994 y 2011, como protagonista. Sabía bien cómo se desenvolvería la trama.

Ahora que Trump es presidente, analizar las similitudes con Berlusconi podría ofrecer una importante lección para saber cómo evitar que una victoria que se alcanzó con una diferencia mínima se transforme en un percance de dos décadas. 

Si alguien cree que los límites del mandato presidencial y la edad de Trump podrían salvar al país de ese destino, más vale que lo piense bien. El mandato del nuevo presidente podría convertirse con toda facilidad en la dinastía Trump.

La principal razón por la cual Berlusconi logró mantenerse en el poder en Italia por un periodo tan largo fue la incompetencia de la oposición. Se obsesionaron con tal saña con su personalidad que, en esencia, desapareció el debate político; se concentraron tan solo en ataques personales, cuyo único efecto fue aumentar la popularidad de Berlusconi. 

Su secreto fue tener la habilidad de desatar una reacción en sus oponentes de izquierda que generaba una simpatía instántanea en la mayoría de los electores moderados. Trump no es diferente.

 Ya vimos esta dinámica durante la campaña presidencial. Hillary Clinton se concentró tanto en explicar cuán malo era Trump que muchas veces no promovió sus propias ideas, no dio razones positivas por las cuales votar por ella. Los medios se dedicaron con tanto empeño a ridiculizar el comportamiento de Trump que solo consiguieron darle publicidad gratuita. (...)

La experiencia italiana nos muestra cómo es posible vencer a Trump. Solo dos hombres en Italia han ganado una competencia electoral contra Berlusconi: Romano Prodi y el primer ministro actual, Matteo Renzi (aunque solo en una elección europea en 2014). Ambos trataron a Berlusconi como a un oponente ordinario. Se concentraron en los problemas, no en su carácter. 

Aunque de distintas maneras, a ambos se les consideraba como outsiders, no formaban parte de la casta política de Italia.
El Partido Demócrata debería aprender la lección. Debería evitar lo que hicieron los republicanos después de que el presidente Obama asumió al poder. La oposición preconcebida a cualquiera de sus iniciativas no solo envenenó el pozo de Washington, sino que enardeció la reacción en contra de la clase gobernate (aunque fue una estrategia electoral exitosa para el partido).

 Hay muchas propuestas de Trump con las que pueden estar de acuerdo los demócratas, como las nuevas inversiones en infraestructura. La mayoría de los demócratas, incluidos políticos como Hillary Clinton y Bernie Sanders, y economistas como Lawrence Summers y Paul Krugman, han respaldado la idea de que la infraestructura puede hacer que aumente la demanda y también el número de empleos entre los trabajadores sin estudios universitarios. 

Quizá algunos detalles difieran del plan republicano, pero la oposición demócrata ganará credibilidad si intenta encontrar los puntos que tienen en común en vez de enfrascarse en las diferencias.

Además, si la oposición se concentra en la personalidad, coronaría a Trump como el líder del pueblo en la lucha contra la casta de Washington. También debilitaría la voz de la oposición en temas problemáticos, donde es importante sostener una batalla de principios.

Los demócratas también deberían ofrecer a Trump ayuda para combatir el grupo en el poder dentro del Partido Republicano, una oferta que revelaría si su populismo es discurso hueco o una posición real. Por ejemplo, con el apoyo de Trump, la plataforma republicana solicitó que se volviera a instituir la Ley Glass-Steagall, la cual separaría la banca de inversión de la banca comercial. Los demócratas deberían declarar que apoyan esta separación, una política a la que se oponen muchos republicanos.

 Lo último que quieren es que Trump use a la clase dominante republicana para ocultar sus propias fallas y haga caer sobre sus hombros la responsabilidad de bloquear las reformas populares que prometió durante la campaña y quizá nunca pretendió aprobar. Lo único que conseguirían con ello es alimentar su imagen de héroe del pueblo encadenado por las élites.

Por último, el Partido Demócrata debería encontrar un candidato creíble entre sus líderes jóvenes, alguien que no pertenezca a los brahmanes del partido. La noticia de que Chelsea Clinton piensa postularse como candidata es la peor posible. Si el Partido Demócrata se convierte en una monarquía, ¿cómo podrá combatir las tendencias autócratas de Trump?"                (, The New York Times, en Revista de prensa, 28/11/16)

8.12.13

La pesada herencia de Berlusconi. La mala educación se convierte en una característica de la élite

"Después de la votación de la expulsión de Berlusconi del Senado existe la gran tentación de cerrar el doble decenio berlusconiano [pues ha sido cuatro veces presidente del Consejo desde 1994], poniéndolo entre paréntesis.

 Es una tentación que conocemos bien: una vez que la anomalía se neutraliza, volvemos a la normalidad. Como si la anomalía, una digresión momentánea, no nos hubiera afectado jamás. (...)

Resulta un alivio saber que ya no será determinante en el Parlamento ni en el Gobierno. Pero el berlusconismo sigue ahí. Y no será sencillo desengancharse de esta droga que ha fascinado no sólo a los políticos y a los partidos, sino también a toda la sociedad.

Digo "la supuesta caída" porque, después de la decadencia, el berlusconismo perdurará. Esto significa que la batalla continúa también para los que aspiran a reconstruir la democracia y no sólo a estabilizarla. Es necesario evaluar por fin los veinte años de berlusconismo: ¿cómo surgió el berlusconismo, cómo ha podido arraigarse?

Una vez depuesto y una vez que se le han asignado trabajos de utilidad social, el líder de Forza Italia seguirá disponiendo de dos armas temibles: un aparato mediático intacto y enormes medios financieros. Unos medios que resultan mucho más poderosos en tiempos de vacas flacas. Al no estar presente en el Senado, se comunicará con los italianos mediante mensajes de vídeo interpuestos.
 
Pero lo que perdurará sobre todo es la herencia cultural y política: sus maneras de pensar, de actuar, el "mal del siglo". Sin un profundo examen de conciencia, esta herencia no dejará de intoxicar a Italia. Para empezar, los conflictos de interés y las relaciones incestuosas entre política y mercantilismo: estos dos aspectos persisten como modus vivendi en el mundo político. La exclusión de Berlusconi no los hace en ningún caso ilegítimos.

Otra herencia es el hecho de que la política se encuentre totalmente separada de la moral, incluso opuesta a ella. Es algo que se ha convertido en una costumbre, en un credo epidémico. (...)

El mito de la sociedad civil es otra herencia de estos dos últimos decenios. La idea de que el pueblo es mejor que su líder y que sus veredictos también dominan los tribunales. Por si fuera poco, a la sociedad civil "a menudo no sólo se la considera como algo distinto al Estado, sino también como su adversaria, casi como si el Estado (encarnado por los Gobiernos temporales) fuera por naturaleza el enemigo del bien común", como afirmaba Salvatore Settis [historiador del arte e intelectual italiano]. (...)

Esta fórmula tan desfigurada ha encontrado a una serie de imitadores. La recuperación oligárquica de la sociedad civil (o de los "técnicos") hace que la política se desacredite cada vez más y se tenga más en cuenta la cultura de la amoralidad y de la desigualdad. 

La mala educación se convierte en una característica de la élite, que lo único que pretende es utilizar la política como un elemento para impulsarse, incluso contra las normas. Y esta élite acaba creando excepciones permanentes, coincidencias perfectas entre la necesidad, la ausencia de alternativa y la estabilidad.

Sucede lo mismo con la laicidad. En estos últimos veinte años, ya no se ha mantenido a raya, sino que se ha aborrecido. El pontificado del papa Francisco no cambia nada, ya que la Iglesia se beneficia más que nunca de un prejuicio favorable, incluso sobre cuestiones como la reforma de la Iglesia prometida por el nuevo papa. Las batallas laicas difícilmente ocuparán un lugar en una Italia política que se enorgullece de su dependencia con respecto al Vaticano.

Y luego está Europa. El relato de su caída en 2011 es un concentrado de astucia: acusa a la Unión Europea, a Alemania, a Francia. De nuevo, con proezas demagógicas, señala el mayor defecto de los italianos: "la Italia esclava" denunciada por Dante [Purgatorio, canto VI].

No, no hemos acabado con el berlusconismo, porque la sociedad está inmersa en la corrupción. Únicamente saldremos de estos veinte años de amoralidad, de inmoralidad y de desigualdad si nos miramos en el espejo y vemos nuestra propia imagen detrás del monstruo. La guerra civil y la política de emergencia dirigida por Berlusconi ha bloqueado el crecimiento civil y económico de nuestro país. Se ha sacrificado a una generación entera sobre el altar de la falsa estabilidad."               ( , Presseurop,  28 noviembre 2013, La Repubblica Roma)

19.1.11

Las prostitutas... de Berlusconi

"El auto de acusación de la Fiscalía de Milán, que atribuye al primer ministro italiano sendos delitos de prostitución de menores y abuso de poder, llegó ayer al Parlamento, donde una comisión debe decidir mañana si autoriza a los investigadores a registrar el despacho milanés del contable de Berlusconi en busca de nuevas pruebas. (...)

Algunos diputados que han leído los documentos de la fiscalía afirman que se trata de un golpe devastador para la ya quebrantada imagen del magnate y político. Los documentos revelan amenazas, chantajes y un ambiente siniestro de sexo duro y competición entre las jóvenes para convertirse en favorita del primer ministro.

"O estás dispuesta a todo, o si no coges un taxi y te vas", le dice al teléfono una de las 15 jóvenes prostitutas interceptadas por la policía a una compañera. "Es alucinante, un puttanaio [una casa de putas], no te puedes siquiera imaginar lo que pasa allí", añade, en referencia a la casa de Arcore, la residencia privada de Il Cavaliere en las afueras de Milán. "Los periódicos dicen mucho menos de la verdad incluso cuando le masacran. Me pregunto cómo consigue trabajar al día siguiente", agrega.

La acusación tampoco recurre a juegos de palabras: "Un relevante número de mujeres jóvenes se ha prostituido con Silvio Berlusconi en sus casas, a cambio de pagos de dinero por parte de este último", afirma el escrito del equipo dirigido por la prestigiosa fiscal Ilda Boccassini.

El centro de la investigación es Karima el Maghoud, Ruby, la joven marroquí que estuvo al menos ocho veces entre febrero y mayo de 2010 en la mansión de Berlusconi. Según afirma Ruby a una amiga, el primer ministro sabía que era menor: "Voy a su casa desde que tengo 16 años, pero siempre lo he negado para salvaguardarlo".

Y añade: "Me ha llamado [Berlusconi] diciéndome 'Ruby, te doy todo el dinero que quieras, te pago, te hago de oro, pero lo importante es que escondas todo. No digas nada a nadie".

En otra llamada, la joven afirma que el precio de esa salvaguardia son cinco millones de euros. "Mi caso es el que asusta a todos y está superando el de [Patrizia] D'Addario [la célebre prostituta de Bari] y [Noemi] Letizia.

He hablado con Silvio y le he dicho que quiero salir con algo: cinco millones. Cinco millones comparado con manchar mi nombre...". Hablando con su ex novio, Ruby explica: "No estamos preocupados para nada porque Silvio me llama continuamente. Me ha dicho 'intenta pasar por loca, cuenta bobadas".

A cambio de las prestaciones sexuales, las jóvenes recibían, según la acusación, dinero en metálico y la posibilidad de vivir gratis en varios apartamentos de un edificio de la urbanización Milano Due, construida por Berlusconi en los años setenta." (El País, 18/01/2011, p. 7)

29.10.10

El primer ministro del 'bunga bunga'

"Italia se ha despertado hoy convertida en el país del bunga bunga. Según ha declarado a los fiscales de Milán la menor marroquí Ruby Robacorazones, llamada en realidad Karima K., después de las cenas en la villa de Arcore, Silvio Berlusconi invitaba a algunas chicas seleccionadas a hacer bunga bunga, explicando que era un juego que practica Muammar El Gaddafi con su harén africano.

En realidad, el bunga bunga o unga bunga es, según enseña el Urbandictionary, una "sodomización salvaje y en grupo figuradamente practicada por algunas tribus africanas". Silvio Berlusconi, de 74 años, suele explicar el concepto a las visitas de sus noches bunga bunga contando un chiste protagonizado por dos ministros de Romano Prodi en viaje por África.

De forma que hoy los periódicos y las redes sociales dedican amplísimos espacios y reflexiones al caso bunga bunga, muestran las fotos atrevidísimas de la descocada Ruby en diversas discotecas, y dejan caer críticas entre irónicas y desesperadas al primer ministro bunga bunga de un país bunga bunga al que un Gobierno bunga bunga dirigido desde la villa de Hardcore está llevando al ridículo internacional y a una muerte indigna por bunga bunga.

Las novedades judiciales y políticas, en todo caso, son más serias de lo que parece. De momento hay tres personas del entorno íntimo de Berlusconi formalmente acusadas de inducción a la prostitución: el agente del espectáculo Dario Lele Mora; el anciano presentador del telediario del canal 4, Emilio Fede; y la bailarina del programa Colorado Café Nicole Minetti, supuesta ex higienista dental de Berlusconi ascendida en marzo pasado a consejera regional de Lombardía, la región más rica de Italia. (...)

La prensa seria, en cambio, pone el acento en la espesura política del caso; La Repubblica e Il Corriere della Sera critican el "abuso de poder" ejercido por el primer ministro al exigir la liberación de la joven con una mentira sobre su filiación, y destacan el hecho de que la muchacha llegara a Arcore una de las noches en un coche que iba escoltado por los Carabineros.

Il Corriere della Sera llama la atención sobre la confusión público-privado de la vida nocturna del Cavaliere, alerta del constante "peligro de ser chantajeado" al que Berlusconi se expone invitando a sus fiestas a todo tipo de prsonas, revela que hay numerosas fotos de las noches locas circulando y documenta el cambio de guardia en la estructura de los "reclutadores" de velinas de confianza del primer ministro: además de los encausados Mora y Fede, Fiorenza Sarzanini cita a Luigi Ciardiello, director de Publitalia 80, una de las empresas del imperio Berlusconi.

En este clima bocacciano, el caso promete dar todavía sustos y disgustos a otros protagonistas de la política nacional, ya que la joven gogó ha declarado a los fiscales que en las fiestas de Arcore participaron también parlamentarios y otros exponentes del Gobierno, masculinos y femeninos. Il Corriere afirma que Paolo Romani, flamante ministro de Desarrollo Económico, es uno de los frecuentadores asiduos de las noches locas del presidente.

Lo cual parece sugerir que practicar bunga bunga puede ser una actividad tan dolorosa como rentable. (El País, 29/10/2010)

"Liberadla, es la sobrina de Mubarak". La presidencia del Gobierno italiano presionó a la policía para que pusiera en libertad a una menor marroquí amiga de Berlusconi, según 'La Repubblica'. - Berlusconi admite haberla ayudado: "Tengo buen corazón".- Dos personas del entorno de Il Cavaliere están acusadas de inducción a la prostitución." (El País, 28/10/2010)

21.9.09

El berlusconismo

"P. ¿Cómo empezó a cocerse el berlusconismo?

R. Cuando nadie se lo podía esperar, del proceso Manos Limpias surgió un político que encarnaba justamente la corrupción que se quería combatir. Ahí se vio la capacidad genial de Berlusconi para presentarse como lo contrario de lo que es. Ahorase muestra como es de verdad: insulta a los periodistas, a los adversarios, les llama farabutti (canallas), coglioni (capullos, gilipollas)... ¿Dónde se ha visto un primer ministro que insulte? (...)

P. ¿Cree que al no haber habido guerra civil subsiste un conflicto larvado, no resuelto?

R. El Movimiento Social Italiano se creó seis meses después de acabar la II Guerra Mundial. 18 meses más tarde, ya tenían diputados en el Parlamento. En el 45 llegué a Roma y había pintadas que decían: "Devolvednos al cabezón". ¡Querían a Mussolini otra vez! Recuerdo un artículo fabuloso de Herbert Matthews, periodista de The New York Times. Decía: "No habéis matado al fascismo realmente, y es una enfermedad que sufriréis durante décadas, reaparecerá en formas que no reconoceréis". Aquí estamos, preguntándonos si Berlusconi es fascista o no.

P. Pasolini también profetizó algo así.

R. Pasolini era discutible al opinar de sí mismo; pero su percepción sobre los otros era absolutamente aguda. Él y Sciascia son las dos grandes conciencias civiles que nos faltan. Siento una necesidad monstruosa de ellos." (ANDREA CAMILLERI: "No será la Iglesia la que acabe con Berlusconi". El País, ed. Galicia, Intrnacional,18/09/2009, p. 5)