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19.11.18

"Arabia Saudí es el germen fundamental del que han surgido grupos yihadistas"

"El sueño del ISIS de crear un gran califato se ha acabado y se abre un escenario lleno de incertidumbres. El libro Dáesh: el porvenir de la amenaza yihadista, de Jesús A. Núñez, codirector del  Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) arroja algo de luz sobre este asunto. (...)

¿Qué efecto tiene el discurso que utilizan algunos sobre terrorismo yihadista como guerra contra Occidente?

Desgraciadamente ese discurso viene de muy atrás y tiene mucha fuerza porque también tiene actores muy potentes con una maquinaria mediática de creación de opinión que va consiguiendo efecto. Si vamos para atrás, yo pondría el punto de partida a principios de los años 90 con el Choque de civilizaciones de Samuel Huntington como principal representante. 

Lo que ocurre en aquel momento, simplificándolo mucho, es que nos encontramos desorientados y por lo tanto hay una nostalgia de Guerra Fría en el sentido de juego de buenos y malos al que ya sabemos jugar.

Así es más fácil manejar a la opinión pública.

Y aunar voluntades para actuar frente a alguien. Cuando Bush dijo que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva, tal y como reconoció después el vicepresidente Dick Cheney, fue porque ese argumento servía para aunar voluntades para lanzarse a la invasión. El islam se dibuja como el nuevo enemigo a batir. 

Esto se refleja incluso en los colores, donde se pasa de la amenaza roja, la del comunismo, a la amenaza verde, la del islam. Desde entonces se ha venido trabajando en la misma línea y obviamente esto se multiplicó tras el 11-S.

Alega que se ha magnificado la amenaza del ISIS de forma interesada. ¿Cuál ha sido ese interés en el caso de Occidente?

Para mí, la razón fundamental es que se trata de provocar una sensación de temor generalizado y permanente que sirve para poder recortar derechos y libertades. En ese clima de temor es más fácil que la opinión pública acepte el recorte de derechos y libertades porque se le está garantizando algo que es imposible de cumplir: una seguridad plena. Aunque el terrorismo yihadista internacional es una amenaza muy real, si no eres capaz de definir bien a tu adversario, la respuesta no será la correcta.

¿Ha sido un proceso generado por los medios de comunicación o por los políticos?

Quiero creer que es una motivación originariamente política. Pero es evidente que hay medios de comunicación que no son independientes ni libres que han entrado muy fácilmente en el juego y hay otros que probablemente lo han hecho de manera inconsciente. 

Por ejemplo, cuando se habla del islamismo como equivalente al terrorismo yihadista hay quien lo hace por ignorancia y hay quien lo hace con una intención determinada para provocar ese estado de opinión.

Si el origen del yihadismo es la falta de alternativas creíbles, la Primavera Árabe fue una gran oportunidad, pero no ha sido así.

La mal llamada Primavera Árabe muestra en primer lugar el fracaso absoluto de Al Qaeda y del terrorismo yihadista, puesto que su pretensión es provocar actos que contaran con el apoyo de la población y que de forma masiva esa población se movilizara para echar a los gobernantes. No ha habido ni un solo gobernante que haya sido derribado por algo derivado directamente de acciones de Al Qaeda. Por el contrario, en Túnez, Yemen, Egipto y Libia los dictadores cayeron por movilizaciones ciudadanas.

Efectivamente esas movilizaciones respondían a las causas estructurales que también fomentan el terrorismo yihadista. ¿Dónde hemos estado nosotros, Occidente, apoyando esas movilizaciones ciudadanas? Pues no hemos estado.

Basta con mirar Egipto: si alguien cree a estas alturas que apoyar a un golpista como Abdel Fatá al Sisi es la solución a los problemas de los egipcios y supone para Occidente tener un aliado más fiable es que no hemos entendido nada de lo que ha ocurrido. Y desgraciadamente creo que estamos en eso, puesto que todos los países occidentales han apoyado ese golpe de Estado.

¿Tiene miedo Occidente al auge del islam político?

Lo hemos demostrado continuamente. Bastan tres ejemplos: en Argelia, tras el proceso electoral de 1992 que le da la victoria al  Frente Islámico de Salvación (FIS) se produce un golpe de Estado bendecido por todo le mundo occidental que ilegaliza el FIS y mete al país en una tragedia de 200.000 muertos. Le habíamos dicho al islamismo político que si quería gobernar tenía que pasar por las urnas, lo hicieron y ese fue el resultado.

El 25 de enero de 2006, en el territorio ocupado palestino, Occidente presionó a Israel y a la Autoridad Palestina para que Hamás pudiese presentarse para dar la sensación de unas elecciones libres. Hamás ganó y al día siguiente Israel dijo que no reconocía a Hamás como interlocutor porque era una organización terrorista y todo el mundo occidental siguió a Israel en esa línea. Segunda tomadura de pelo.

La tercera tomadura de pelo es Egipto. Tras el derribo del régimen de Mubarak hay unas elecciones que gana Mohamed Mursi –primera vez que se legalizan los Hermanos Musulmanes y se presentan a las elecciones– y un año después hay un golpe de Estado y lo bendecimos.

En definitiva, hemos dicho al islamismo radical que no es cierto que tengan posibilidad de acceder al poder a través de las urnas, después de haberles dicho que esa era la forma en que tenían que actuar si querían integrarse en el juego político y gobernar sus países. ¿Nos puede extrañar que a partir de ahí el islamismo radical se radicalice todavía más? Evidentemente no.

¿Está condenado ISIS a pasar a la posteridad como una rama rebelde y efímera de Al Qaeda o sobrevivirá a largo plazo como organización terrorista

Hay autores que plantean la fusión de ambos grupos, pero se me hace  muy difícil llegar a ese punto con los dos líderes actuales por las tensiones que se han generado entre ambos grupos. Fusionados o no, es evidente que Dáesh va a seguir adelante. También puede ocurrir que dentro de unos años tengamos que aprendernos otro nombre del grupo y otro nombre de su líder máximo, puesto que esto es lo que hemos vivido hasta ahora. 

En la medida en que no hay posibilidad ninguna de solución militar a la amenaza del terrorismo yihadista, y de momento esa es la respuesta que se está dando, podemos dar por seguro que el pseudocalifato se va a desmantelar, pero que Dáesh seguirá vivo. (...)"              

2.10.18

Los grupos dominantes nunca sintieron tanto poder ni nunca tuvieron tan poco miedo de los grupos dominados... Pero, sin embargo, tienen un miedo abisal de lo que aún no controlan, una apetencia desmedida por lo que aún no poseen... En el fondo, sospechan ser señores de un mundo que se puede volver en su contra en cualquier momento y de forma caótica...

"(...) Los grupos dominantes nunca sintieron tanto poder ni nunca tuvieron tan poco miedo de los grupos dominados. Su arrogancia y ostentación no tienen límites. Sin embargo, tienen un miedo abisal de lo que aún no controlan, una apetencia desmedida por lo que aún no poseen, un deseo incontenido de prevenir todos los riesgos y de tener pólizas de protección contra ellos. 

En el fondo, sospechan ser menos definitivamente vencedores de la historia como pretenden, ser señores de un mundo que se puede volver en su contra en cualquier momento y de forma caótica. 

Esta fragilidad perversa, que los corroe por dentro, los hace temer por su seguridad como nunca, imaginan obsesivamente nuevos enemigos, y sienten terror al pensar que, después de tanto enemigo vencido, son ellos, al final, el enemigo que falta vencer.

Por su parte, los grupos dominados nunca se sintieron tan derrotados como hoy, las exclusiones abisales de las que son víctimas parecen más permanentes que nunca, sus reivindicaciones y luchas más moderadas y defensivas son silenciadas, trivializadas por la política del espectáculo y por el espectáculo político, cuando no implican riesgos potencialmente fatales.

 Y, sin embargo, no pierden el sentido profundo de la dignidad que les permite saber que están siendo tratados indigna e inmerecidamente. Días mejores están por llegar. No se resignan, porque desistir puede resultar fatal. 

Sienten que las armas de lucha no están calibradas o no se renuevan hace mucho; se sienten aislados, injustamente tratados, carentes de aliados competentes y de solidaridad eficaz. Luchan con los conceptos y las armas que tienen pero, en el fondo, no confían ni en unos ni en otras. Sospechan que mientras no tengan confianza para crear otros conceptos e inventar otras luchas correrán siempre el riesgo de ser enemigos de sí mismos.

Al igual que todo lo demás, los conceptos también están al borde del abismo y miran atrás. Menciono, a título de ejemplo, uno de ellos: derechos humanos. (...)

En poco tiempo, el lenguaje de los derechos humanos pasó a ser el lenguaje hegemónico de la dignidad, un lenguaje consensual, eventualmente criticable por no ser lo suficientemente amplio, pero nunca impugnable por algún defecto de origen.  (...)

Cincuenta años después, ¿cuál es el balance de esta victoria? ¿Vivimos hoy en una sociedad más justa y pacífica? Lejos de eso, la polarización social entre ricos y pobres nunca fue tan grande; guerras nuevas, novísimas, regulares, irregulares, civiles, internacionales continúan siendo entabladas, con presupuestos militares inmunes a la austeridad y la novedad de que mueren en ellas cada vez menos soldados y cada vez más poblaciones civiles inocentes: hombres, mujeres y, sobre todo, niños. 

Como consecuencia de esas guerras, del neoliberalismo global y de los desastres ambientales, nunca como hoy tanta gente fue forzada a desplazarse de las regiones o de los países donde nació, nunca como hoy fue tan grave la crisis humanitaria. 

Más trágico todavía es el hecho de que muchas de las atrocidades cometidas y de los atentados contra el bienestar de las comunidades y los pueblos se perpetran en nombre de los derechos humanos. (...)

¿No habrán sido los derechos humanos un artificio para centrar las luchas en temas sectoriales, dejando intacta (o hasta agravada) la dominación capitalista, colonialista y patriarcal?  (...)

Y lo más trágico es que, con algunas diferencias, lo que ocurre con los derechos humanos sucede también con otros conceptos igualmente consensuales. Por ejemplo, democracia, paz, soberanía, multilateralismo, primacía del derecho, progreso.

 Todos estos conceptos sufren el mismo proceso de erosión, la misma facilidad con la que se dejan confundir con prácticas que los contradicen, la misma fragilidad ante enemigos que los secuestran, capturan y transforman en instrumentos dóciles de las formas más arbitrarias y repugnantes de dominación social.(...)

 Nada de esto tiene que ser inevitablemente así para siempre. La madre de toda esta confusión, inducida por quien se beneficia de ella, de toda esta contingencia disfrazada de fatalismo, de toda esta parada vertiginosa al borde del abismo, reside en la erosión, bien urdida en los últimos cincuenta años, de la distinción entre ser de izquierda y ser de derecha, una erosión llevada a cabo con la complicidad de quienes más son perjudicados por ella.

 Por vía de esa erosión desaparecieron de nuestro vocabulario político las luchas anticapitalistas, anticolonialistas, antifascistas, antiimperialistas. Se concibió como pasado superado lo que al final era el presente, más que nunca determinado a ser futuro. En esto consistió estar en el abismo y mirar atrás, convencido de que el pasado del futuro nada tiene que ver con el futuro del pasado. Es la mayor monstruosidad del tiempo presente."                  (Boaventura de Sousa Santos, Other News en Español, 02/08/18)

20.9.18

Manolo Monereo: en toda Europa ha surgido una necesidad ontológica de seguridad. La sociedad lo que quiere es protección, seguridad y orden... para unas masas desheredadas, heterogéneas ideológicamente, que tienen miedo porque llevan perdiendo derechos años y años. Y ese miedo choca con el tema de la inmigración... mientras África siga siendo explotada por Occidente, convertida por las potencias europeas en Estados fallidos, mientras se siga escapando su riqueza, el problema no hará más que aumentar

"(...) la inmigración. ¿Cuál es la posición de Podemos y la tuya personal frente a esta supuesta avalancha que nos dicen que se está forjando?

 (...) Has de perdonarme el giro teoricista que voy a dar, pero quiero partir de ahí porque sino no entendemos lo que está ocurriendo. Tú has visto que en mis libros, en mis artículos, digo que estamos en un momento Polanyi, quien hablaba de que había un ciclo A y un ciclo B en la sociedad. La fase A sería el capitalismo salvaje, el capitalismo de amiguetes, y habría una segunda fase, la B, que sería la reacción de la sociedad a esa fase A. 

La reacción de la sociedad a esa fase A surge porque las políticas neoliberales llevadas hacen incompatible e inviable cualquier sociedad. Para decirlo en plata, la única posibilidad según Polanyi de que el capitalismo pueda pervivir es siendo un capitalismo planificado, organizado, donde el Estado tenga la “capacidad” de regular las relaciones entre la economía y la sociedad. Hoy estamos en la fase B. 

Hemos visto durante los años 80, 90, hasta 2008, la aplicación de políticas neoliberales en todo el mundo con diversas consecuencias, con cambios geopolíticos, y ahora estamos en una segunda fase en la que el principal instrumento para aplicar estas políticas neoliberales ha sido la Unión Europea, y eso está llevando en todas partes a una reacción de la sociedad civil contra las políticas neoliberales. 

Las políticas de la izquierda socialdemócrata, el liberalismo progresista, han terminado por romper los lazos entre los partidos de izquierda y una parte sustancial de las clases trabajadoras, los miles de hombres y mujeres que son perdedores en esta globalización, y si la izquierda no es capaz de protagonizar la reacción de la sociedad será la derecha quién lo haga. 

En esta fase, en toda Europa ha surgido una necesidad ontológica de seguridad. La sociedad lo que quiere es protección, seguridad y orden.

—¿Protección frente a qué?

—Frente al capitalismo, aunque quizá ellos no son plenamente conscientes. Seguridad de futuro, de tener un trabajo decente, que se respete el derecho a la pensión… hay una necesidad ontológica de seguridad por parte de unas masas desheredadas, heterogéneas ideológicamente, que tienen miedo porque llevan perdiendo derechos años y años. Y ese miedo choca con el tema de la inmigración.

 Miedo a seguir perdiendo derechos y miedo a que cualquier terrorista de ocasión pueda clavarte cuatro puñaladas o aplastarte con un coche.

—Con miedo o sin él, sigue habiendo un problema…

—Sin ese contexto no se entiende lo que voy a decir. La segunda idea es la hipocresía de lo que podemos llamar el humanismo buenista. Una hipocresía inmensa porque todos los que están defendiendo, desde los gobiernos y desde la élite económica, una política más humana con la inmigración, una política aparentemente de puertas abiertas, que de alguna manera defienda los derechos humanos de aquellas personas que están sufriendo en sus carnes una dolorosísima situación, saben que son las instituciones europeas las que dirigen realmente la política migratoria. 

Una política que yo calificaría de político-militar. 

Las autoridades europeas sabe perfectamente que África va a ser una fuente permanente de oleadas migratorias. África está viviendo decenas de conflictos étnicos, políticos, climáticos, de hambre, de guerra… hoy se puede decir que hay muchos Estados que se han convertido de facto en Estados fallidos. 

A esa situación hay que añadir la intervención militar permanente de los Estados europeos, en algunos países como por ejemplo Libia, que había sido un tapón para la inmigración. Ese era el papel de Gadafi, como hoy es el papel de Marruecos. Se sostenía a algunos gobiernos porque son un tapón para la inmigración, se practicaba con ellos lo que militarmente se llama una frontera adelantada. Europa adelanta la frontera y hay que decir que ha tenido cierto éxito en eso, se adelanta la frontera al Sahel, a Mali, Mauritania, Senegal… Europa está usando el dinero de la cooperación para fortalecer la seguridad de esos países, fortalecer su policía, su ejército, convertirlos en Estados que se comprometan con Europa a no dejar pasar inmigrantes.

 Esa es la política real que Pedro Sánchez sabe, que Macron sabe, Merkel, todos lo saben. Esa es la política real. Por otro lado, está el tráfico de personas. El papel que África cumple ahora es muy parecido al papel que ha tenido antes en la división internacional del trabajo: el de productora de seres humanos que se venden en el mercado mundial. Antes ese tráfico de personas lo hacían agencias especializadas en los Estados, y ahora son mafias organizadas con conexiones con estructuras y aparatos del Estado. 

Y aunque todo apunta a que la presencia de inmigrantes incluso ha disminuido con respecto a épocas anteriores, sigue siendo un gravísimo problema acoger a miles de personas que llegan ilegalmente gracias a mafias poderosísimas que hacen un gran negocio con el tráfico de personas. Se da además la paradoja de que las sociedades de acogida, a las que se exige que den la bienvenida a miles de inmigrantes,  son las de la periferia, precisamente las que han sufrido durísimas políticas de austeridad.

Si no se estabiliza la situación socioeconómica en África, si no se hacen políticas locales reales de desarrollo y se transfieren rentas, el problema continuará indefinidamente. Miles y miles de personas quieren venir a Occidente, y hay unas mafias que se dedican a traficar con ellas. Y eso en las sociedades europeas, no solo por sus elementos xenófobos, sino por una parte significativa de la población, se ve como una inseguridad que incluso pone en riesgo sus vidas.

 Frente a ese enorme problema la izquierda tiene una actitud buenista, ingenua, que no afronta el problema real, que es el de que mientras África siga siendo explotada por Occidente, convertida por las potencias europeas en Estados fallidos, mientras se siga escapando su riqueza, el problema no hará más que aumentar.  (...)"                                              

14.5.18

“Os jodéis y santas pascuas”... los caminos del odiio, desde los parados y los pensionistas... hasta los extremeños, gallegos, andaluces que emigraron al norte de España, a los que ni se les menciona en la historia oficial de esas regiones nor-autonómicas

"Os jodéis”. Secretaria de Estado de Comunicación al colectivo de pensionistas (Alicante, 05/05/2018). ¡Y esto es el centro derecha!, ¿qué más tendrá que pasar para que definamos a la derecha gobernante española como lo que es: ultraderecha?

“Y santas pascuas” como toda disculpa frente a un delito de odio que a otros (de ideología distinta) les costaría un buen pleito y hasta la cárcel. La justicia divina y la impunidad terrenal para quienes profesan la ideología de la extrema derecha populista, y aquí no pasa nada y a esto se le llama patriotismo.

Ahora les ha tocado a los pensionistas, pero ayer les tocó a los parados: El mismo deseo recibieron desde las filas parlamentarias del mal llamado ‘centro-derecha’ (el 11/07/2012 en boca de la diputada Andrea Fabra).

 Con el mismo odio, pero sin intimidación ni prevalimiento, se jactaba en febrero de 2012 el señor de Guindos en Europa de su agresiva reforma laboral, pero, ¡ojo!, eso no es agresión laboral, si acaso un abuso económico consentido… “¡Vaya tropa!”

Hagan lo que hagan hay un suelo de votantes para sostener la estructura del miedo y la represión (...)

Y quien no lo quiera ver es que es un desagradecido, un no constitucionalista, etc., ¡vaya!, en otras palabras, un extraño, un extranjero (en sentido amplio): uno que no es ‘de los nuestros’. ¿No es ésa precisamente la marca distintiva de la ultraderecha: La xenofobia?

La quintaesencia ideológica de la xenofobia y el rechazo al inmigrante es la xenofobia plus o micro-xenofobias: el odio a nacionales de otras regiones o Comunidades Autónomas. No sólo se odia a los extranjeros por razón de su nacionalidad (o Comunidad Autónoma), sino que se odia también y más a los ‘extranjeros’ por razón de clase, esto es, la extranjería de clase, eso que algunos llaman ahora ‘aporofobia’ (...)

La evidencia muestra que la xenofobia, en sentido estricto –por razón de nacionalidad extranjera–, se activa cuando aumenta la presencia real o percibida de inmigrantes [1]. Lo que puede extenderse hacia el concepto amplio de xenofobia o micro-xenofobias que hemos indicado antes.

De manera que la amenaza percibida que sienten quienes rechazan al ‘extranjero’ crece con su volumen, precariedad económica y exposición mediática. De ahí, por ejemplo, que a los extremeños que emigraron al norte de España ni se les mencione en la historia oficial de esas regiones nor-autonómicas y que el impulso insolidario en forma de opción nacionalista y/o independentista gane cada vez más adeptos [2].

Dicho de otra forma, se ha avanzado tan poco en la democracia real, que a la ultraderecha española no le ha hecho falta apelar al último clavo ardiendo de la xenofobia, en sentido estricto, el que se ciñe a la nacionalidad extranjera, que es al que sí se están agarrando las derechas radicales europeas, donde las democracias a priori están más avanzadas. (...)"        (Agustínb Franco Martínez, profesor universitario, Econonuestra, 09/05/18)

10.5.18

Estamos en un período de transición, aunque no sepamos a donde vamos. El sistema político, económico y social que nos ha acompañado desde el final de la segunda Guerra Mundial no se puede sostener más. Las desigualdades crecen de manera exponencial, hemos vuelto a los niveles de la época de la reina Victoria... estamos en el ciclo del miedo. Vivimos en una sociedad que se barbariza...

"Ahora ya nos queda claro que estamos en un período de transición, aunque no sepamos a donde vamos. Lo que resulta evidente es que el sistema político, económico y social que nos ha acompañado desde el final de la segunda Guerra Mundial no se puede sostener más. 

Las desigualdades que crecen de manera exponencial, nos han retrotraído a los niveles de la época de la reina Victoria, según Amnesty International; pero ahora en el nivel global.
Hace diez años, 652 personas poseían la misma riqueza que el conjunto de dos mil trecientos millones de personas.

 Hoy sólo son ocho. Según las proyecciones de la Organización Internacional del Trabajo, los jóvenes que ahora tienen 18 años se jubilarán con una pensión mensual promedio de 632 euros. A pesar de los discursos oficiales, nos estamos sumando a la indiferencia general sobre el límite de dos grados centígrados de aumento en la atmósfera desde 1854, considerado como el límite para que en nuestro planeta ocurran cambios irreversibles.

Las finanzas ya salieron de la economía y han creado su propio mundo en el que, actuando sin organismos internacionales de control, las transacciones financieras de sólo un día son cuarenta veces superiores a la producción mundial de bienes y servicios. Los bancos más importantes han pagado de 2009 al día de hoy, algo así como 800 mil millones de dolares en multas por operaciones ilegales. La participación política descendió un promedio de 86 por ciento en 1960 al 63.7% de hoy.  (...)

Las reflexiones son siempre sugerentes. Las que se presentan a continuación, se plantean a partir de hechos en los que yo he participado. Pero sólo son hechos…

 Reflexión No. 1

(...) Hasta la Cumbre de Cancún en 1981 que reunió a los 22 jefes de Estado más importantes del mundo (con excepción de los del campo comunista) se vivía con la ilusión del final de las desigualdades sobre la base de una democracia mundial en la que la mayoría de los países decidiría el curso a seguir en aras del el bien común.

En Cancún participó el recién electo presidente Reagan quien anuncia que los Estados Unidos no aceptarán más sujetarse a las reglas de una abstracta democracia mundial. Los Estados Unidos no son un país como los demás y regresarán a decidir sus políticas internacional y comercial. A la misma reunión asistió Margaret Thatcher que se convierte en el lado europeo de Reagan. Nace entonces una nueva visión del mundo.

 La sociedad no existe, existen los individuos (Thatcher). Las fábricas no contaminan, son los árboles (Reagan). La pobreza produce pobreza y la riqueza produce riqueza. De ahí que hay que reducir al mínimo los impuestos a los ricos a efecto de que ellos distribuyan la riqueza.

Reflexión No. 2

Algunos años después de Cancún, en 1989, cae el muro de Berlín, lo que significa el fin de las ideologías, las camisas de fuerza que nos llevaron al nazismo y al comunismo. La idea es que hay que ser pragmáticos. (...)

Sin programas con ideales se incrementa la importancia personal del político, posiblemente fotogénica y por analogía telegénica, que se mide en la tv y no en las plazas públicas. Es el marketing y no las ideas o los programas el instrumento principal de las campañas electorales.

Reflexión No.3

Al mismo tiempo, aparece un solo pensamiento sin alternativa TINA (por sus siglas en inglés, There Is No Alternative) acuñado por la Thatcher, la globalización neoliberal. Resulta curioso que antes de la caída del muro de Berlín, el término globalización no aparece en los medios de comunicación. 

Se fundamenta en el modelo socioeconómico y político del llamado Consenso de Washington, el paradigma de desarrollo impuesto por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos que establece la adopción de las siguientes reformas: estabilización macroeconómica, liberalización (comercial, financiera y de inversión) privatización y desregulación.  (...)

Reflexión No. 4

Las reacciones de la izquierda frente al pensamiento único que llega y puede llamarse Tercera vía, propuesta con buen éxito por Tony Blair, son abandonar las viejas ideas de la izquierda, cabalgar con la globalización y aceptar la falta de alternativas. 

La socialdemocracia, desde Blair a Renzi busca transformarse en un partido transversal que incluya aún al centro con una política proactiva basada en hechos concretos, sin jaulas ideológicas ya superadas.  (...)

Reflexión No. 5

(...) No cabe duda de que, desde la caída del Muro, los valores de la globalización (competencia, lucro, individualismo, exaltación de la riqueza), al igual que la desaparición del debate político sobre la justicia social (solidaridad, transparencia, equidad, etc.) han creado una ética fundamentada en la codicia. 

Veinte años después, en 2009, la crisis económica y financiera en los Estados Unidos, primero con la especulación inmobiliaria y luego en Europa con los bonos soberanos, abre un segundo ciclo, el del miedo.

Reflexión No. 6

El ciclo del miedo, en el que nos encontramos plenamente (sin haber abandonado la codicia mientras vuelven las trampas en nombre de Dios, de las Naciones y del lucro), crea una nueva derecha sin ideas y está sustentada en emociones. El Brexit y Trump son fenómenos que fácilmente lo demuestran.

 Pero el fenómeno es mucho más profundo. Vivimos en una sociedad líquida, sin estructura de ideologías o de clases. En esta sociedad resulta fácil para los dirigentes montarse en el miedo y la codicia para brincar al escenario público…

 No llega la democracia, pero sí el caos, la guerra civil, la sangre y la destrucción. En 2003 George Bush inicia la invasión de Iraq. En 2011 estalla la guerra civil en Siria que se convierte en un desencuentro que opone a las potencias árabes, europeas, la americana y la rusa (con seis millones de desplazados y medio millón de muertos),

 En 2011 Sarkozy propicia la invasión de Libia. De las ruinas de Iraq nace el ISIS, el terrorismo en el nombre de Dios que propugna un retorno al islam original (el wahabismo financiado en el mundo por Arabia Saudita con 80 mil millones de dólares en los últimos veinte años).  (...)

Como dice el famoso caricaturista el Roto del País: “nosotros mandamos bombas y ellos nos mandan refugiados”. Los refugiados que llegan disparan dos trampas: el nombre de Dios y el de la Patria. En la Europa de hoy los partidos de extrema derecha y los soberanistas representan la segunda fuerza política frente a los socialistas. 

Si hoy se llevaran al cabo elecciones europeas, la derecha radical obtendría 40 millones de votos, en adición a los gobiernos de Hungría, Polonia, las RR. Checa, Eslovaca y Austria, pero también afecta a los gobiernos nórdicos, Holanda y la misma Alemania desde que el AFD obtuvo 92 curules.  (...)

Un fenómeno trágico es que los jóvenes, muchos menos que los jubilados ya no están activos políticamente. En el curso de la historia, los jóvenes irrumpían en la escena política para cambiar el mundo que encontraban.

 Si hubieran votado el Brexit no habría ocurrido. Pero el sistema político de los viejos los ignora. El gobierno Renzi asignó 30 mil millones de euros para salvar a cuatro bancos. El presupuesto total anual dedicado a los jóvenes italianos es de dos mil millones.  (...)

Reflexión No.7

Los intelectuales y los politólogos están siempre sorprendidos por la pasividad de los ciudadanos que parecen completamente anestesiados y ya no reaccionan a nada, aunque la política vaya en contra de sus intereses.  (...)

El ejemplo macroscópico de esta anestesia general es el cambio climático. Los ciudadanos comunes lo ven todos los días en su vida cotidiana: fotos impresionantes de la desaparición de glaciares, nevadas en el Sahara, huracanes, incendios, tormentas… Todos tienen los datos de la comunidad científica que comprometió en París a los gobiernos de todo el mundo mediante la firma de un acuerdo insuficiente y sin controles. 

No necesitan estudiar para saber. Pueden ver cómo los gobiernos hablan de ello, mas no hacen nada. Continúan gastando para financiar tres veces más en la industria fósil que lo que invierten en la industria renovable. (...)

Reflexión No. 8

(...) La Tercera Revolución se ubica al final de la segunda Guerra Mundial cuando el progreso de la tecnología y después, con el internet a la cabeza cambia la manera de trabajar. Ahora, como consecuencia, está iniciando la Cuarta que se fundamenta en la inteligencia artificial y la robotización que producen el 17 por ciento de los bienes y servicios, mas se calcula que en el 2030 generarán el 30%. 

Sólo la autonomía del transporte desplazará en Europa a seis millones de taxistas, camioneros, choferes de medios públicos; cambiará totalmente el sistema de transporte, la industria automovilística, las aseguradoras, etc.

Empero, esta vez, ¿sabrán reciclarse los conductores de taxis en una sociedad que privilegia el conocimiento tecnológico frente al trabajo tradicional? Vamos hacia un problema estructural que la política ya dirigida hacia tiempos brevísimos ignora todavía. 

Todo esto, ¿no corre el riesgo de aumentar el desempleo, el miedo y las tensiones sociales y políticas? Es sólo un ejemplo de cómo la distancia entre la política y la tecnología, las finanzas y la globalización se va ampliando dramáticamente.  (...)

Rusia, China y los Estados Unidos regresan a la era de los cañonazos que parecía ya desaparecida. El presente y futuro inmediato se asemejan a una peligrosa reedición de los años treinta, borrosos y desenfocados por la segunda Guerra Mundial.

 ¿Tendrán conciencia de ello los que votan por el nacionalismo? Como dice el Papa Francisco, estamos ya en una fraccionada tercera Guerra Mundial… ya superamos el número de refugiados de entonces.

 A las guerras en nombre de la patria en África, se agregan aquellas en el nombre de Dios, de los Rohyngia en Birmania a los terroristas islámicos… Habíamos pasado decenios derribando muros y ahora estamos construyendo más que antes…  (...)

Reflexión No. 10

Resulta evidente que la reflexión final es la necesidad de encontrar una gobernabilidad de la globalización y de la Cuarta Revolución Industrial. No es verdad que carezcamos de ideologías. 

La globalización neoliberal es una ideología de una fuerza sin precedentes que ha producido nuevos fenómenos, como las finanzas globales, un sistema multinacional más fuerte que los gobiernos en el que el ejemplo de uso del Facebook para usar a los ciudadanos como mercancía, para influir en sus preferencias políticas y comerciales demuestra que estamos inmersos en una profunda crisis de democracia.

Entramos en un mundo inimaginable descrito por los pioneros de la ciencia ficción, Orwell y Clark, fundamentado en las máquinas y el poder de pocos. Hace sólo diez años en China era impensable el ascenso al poder total como el de de Xi, de Erdogan en Turquía o de Putin en Rusia. Eran impensables el Brexit y Trump.

 Era impensable que los paraísos fiscales acumularan la cifra colosal de 80 billones de dólares. Era impensable que ocho personas poseyeran la riqueza de 2.3 mil millones. Era impensable que Noruega tuviese un invierno con temperaturas cercanas a las de primavera. 

Hace diez años la crisis financiera abría un período de profundas y dramáticas transformaciones. A este ritmo de la aceleración de la historia como lo llamaba Toynbee ¿dónde estaremos dentro de diez años?  (...)

Vivimos en una sociedad que se barbariza, en la que se dialoga y se lee cada vez menos. Se gasta el doble más en publicidad que en educación. El elector no tiene brújula. Si algún lector se siente animado a otras reflexiones, bienvenido. ¡Lo que importa ahora es reflexionar!"                      

(Roberto Savio, presidente  de Other News, asesor de INPS-IDN y del Consejo Global de Cooperación, Other news en español, 05/04/18)

13.3.18

Miedo y pobreza se han convertido en las fuerzas que dibujan la politica italiana. El miedo que se afirma como ideología de la Liga; la pobreza como condición del éxito del de los Cinco Estrellas. En lugar de izquierda y derecha, la política del miedo y el lamento de los empobrecidos

"El mapa de la Italia que ha votado pinta sobre todo  dos fenómenos: miedo y pobreza.

(...) El enraizamiento liguista en el Norte ha interpretado la defensa de un bienestar en peligro, la demanda de menos impuestos, el egoísmo local y nacional. El Sur 'relegado' por la política y por la economía, abandonado por la nueva emigración, marcado por la degradación social y los poderes criminales, toma el rumbo de una protesta que  reclama un nuevo poder. 

La operación de Matteo Salvini de construir un 'Frente Nacional' a lo Le Pen ha encontrado en estas diferencias regionales su límite principal.

Detrás de esto hay diez años de crisis económica y social del país. La renta per cápita en Italia ha descendido a los niveles de hace veinte años; detrás de esta media hay un auténtico y absoluto desplome – del 30% aproximadamente – de los ingresos del 25% más pobre de los italianos, los que viven en el Sur o en las periferias en declive del Centro-Norte.

 Veinte años de estancamiento y declive quiere decir una generación con expectativas de ingresos, de trabajo y de vida cada vez peores. El empobrecimiento se ha convertido en una realidad para una parte muy amplia de los italianos. El voto a los Cinco Estrellas refleja la pobreza del Sur – y se entiende bien el aliciente de su demanda de renta mínima.

 El voto de la Liga expresa el temor a empobrecerse del Norte. Sólo en los centros de las ciudades máyores, donde viven los más ricos, los más instruidos, y la economía va mejor, el voto toma rumbos distintos, hacia Forza Italia y el PD.

La pobreza se acopla al miedo: a estar peor, a tener al lado a inmigrantes y demás pobres con los que se tiene que competir por trabajos menos cualificados y servicios públicos más escasos. En estas elecciones el miedo que más se ha agitado ha sido el de los inmigrantes: los que desembarcan en Lampedusa, l a acogida imposible, las tragedias de Macerata [en la región de las Marcas, escenario de recientes disturbios racistas].

 Salvini ha hecho de ello su bandera más peligrosa, Los Cinco Estrellas expresan la misma hostilidad: los salvamentos de las ONG, vistas como 'taxis del mar', la negativa a reconocer la ciudadanía a las segundas generaciones.

Miedo y pobreza, en este extraño entrelazamiento, se han convertido en las fuerzas que dibujan  la politica italiana. El miedo que se afirma como ideología de la Liga; la pobreza como condición del éxito del de los Cinco Estrellas. En lugar de izquierda y derecha, la política del miedo (también el de estar peor) y el lamento de los empobrecidos, de los excluidos de la 'casta'. 

La tragedia de la izquierda es que desigualdad, seguridad social y solidaridad han sido sus emblemas durante doscientos años. Poco a poco desaparecidas en la pérdida de identidad colectiva, en prácticas políticas cada vez menos cautivadoras, en políticas de gobierno cada vez más en contraposición a esos valores.  (...)"              (Mario Pianta , profesor de Economía Política en la Universidad de Urbino,

28.11.17

Los grupos étnicamente mayoritarios demuestran mayor sensación de inseguridad en sociedades con índices de desigualdad altos. El miedo a la delincuencia también puede esconder perjuicios raciales y estereotipos en contra de los extranjeros. Así crece el fascismo...

"Inseguridad, sensación de vulnerabilidad y miedo. Casi diez años después del estallido de la crisis económica, la desigualdad –disparada durante los últimos años en algunos países como España– sigue causando estragos en el bienestar de las sociedades europeas. Este fenómeno no solo impacta en los niveles económicos de la sociedad: la salud mental, el descontento social o la participación política y cultural son otras de sus consecuencias. En marzo de este año, un estudio de la publicación European Journal of Criminology profundizaba en el deterioro subjetivo que provoca la desigualdad en las sociedades.  

De esta forma, la inequidad económica, vinculada a los ingresos de la población, genera también una importante sensación de vulnerabilidad ante el crimen y la delincuencia en las distintas capas sociales de los países.

El estudio, que se basa en datos del consistorio de investigación European Social Survey, asegura que los ciudadanos de sociedades con importantes desigualdades monetarias son más temerosos ante este fenómeno social, y que esta inseguridad se reproduce de forma destaca entre algunos grupos vulnerables, como las personas mayores o discapacitadas.

Según la investigación, llevada a cabo por los académicos Christin-Melanie Vauclair y Boyka Bratanova, si bien hasta el momento las investigaciones partían de variables socio-demográficas individuales para explicar cómo el miedo a la delincuencia tiene importantes consecuencias en los aspectos físicos, psicológicos, de conducta y sociales de las personas, incorporar otros factores estructurales confirma que el bienestar subjetivo, aquel relativo a los intangibles que perciben los ciudadanos en sus sociedades, es inversamente proporcional al nivel de desigualdad de ingresos en sus países.

Partiendo de la relación que existe entre la desigualdad y la violencia –es decir, de la teoría que apunta a la desigualdad como forma de violencia estructural–, los autores señalan que la sensación de inseguridad y el miedo no están necesariamente asociados a un incremento en la tasas de criminalidad. Más bien, son las percepciones que genera el clima inestable de desigualdad las que terminan por construir los prejuicios y miedos de la población.

 Entre las conclusiones, los académicos señalan que la relación entre la desigualdad de ingresos y el miedo y la inseguridad ante el crimen sigue siendo muy significativa indiferentemente de las tasas de delincuencia o las características socioeconómicas, estructurales y sociales concretas de los países. 

Solo tres países, Grecia, Bulgaria y Eslovaquia, proyectan en los resultados un desajuste importante entre su percepción de inseguridad y su índice de desigualdad. La correlación también se mantiene si se tienen en cuenta las variables individuales, como pueden ser experiencias personales con la delincuencia y el crimen.  (...)

Entre las conclusiones, los académicos señalan que la relación entre la desigualdad de ingresos y el miedo y la inseguridad ante el crimen sigue siendo muy significativa indiferentemente de las tasas de delincuencia o las características socioeconómicas, estructurales y sociales concretas de los países. Solo tres países, Grecia, Bulgaria y Eslovaquia, proyectan en los resultados un desajuste importante entre su percepción de inseguridad y su índice de desigualdad

. La correlación también se mantiene si se tienen en cuenta las variables individuales, como pueden ser experiencias personales con la delincuencia y el crimen.

Pese a ello, el estudio también confirma que algunos grupos sociales, incluidos los más vulnerables, demuestran mayor miedo ante la delincuencia. Es el caso de ancianos y personas con discapacidad. También se mantienen algunas variables sociodemográficas, como el sexo, con una mayor predisposición a este temor entre las mujeres.

Sin embargo, este fenómeno no es recurrente entre minorías étnicas. Sorprendentemente, señala el estudio, son precisamente los grupos étnicamente mayoritarios los que demuestran mayor sensación de inseguridad en sociedades con índices de desigualdad altos. 

El miedo a la delincuencia, por lo tanto, también puede esconder perjuicios raciales y estereotipos en contra de los extranjeros. Esto, según los académicos, confirma la hipótesis de que el sentimiento de amenaza en contextos de desigualdad no se corresponde con la existencia de una amenaza real.

La jerarquización en sociedades desiguales genera, por lo tanto, identificadores negativos en los grupos de bajo estatus, alimentando la superstición y la marginación."              (CTXT, 15/10/17)

8.11.17

El miedo a la pérdida del estatus material es el motor del gran resentimiento de una parte de la ciudadanía, el motor de los fascismos actuales

"Un fantasma recorre las democracias, el de los populismos. Y el miedo a la pérdida del estatus material es el motor del gran resentimiento de una parte de la ciudadanía que los genera. El adjetivo populista se utiliza con profusión para cosas muy distintas.  (...)

El sociólogo francés Pierre Rosanvallon ha escrito que el populismo nace de una crisis derivada del punto de encuentro entre el desencanto político y la creciente conciencia de su impotencia por parte de la ciudadanía, la ausencia de alternativas y la opacidad del mundo resultante. Vallespín y Bascuñán recuerdan que no hay explicaciones unidireccionales o monocausales. 

Para entender el populismo de nuestro tiempo, y su crecimiento, hay que tener en cuenta, entre otros, los siguientes factores: los socioeconómicos, los culturales y psicosociales, los políticos, y las nuevas formas de comunicación (las redes sociales), producto de una profunda reestructuración del espacio público.

El analista José María Lasalle desarrolla en otro libro (Contra el populismo. Cartografía de un totalitarismo pomoderno, Debate), el papel de los factores económicos: la Gran Recesión ha hecho nacer una especie de proletariado emocional que se ha visto privado de la fe en el progreso. 

La conciencia de clase de ese proletariado emocional surge con la difusión de las imágenes de los empleados de Lehman Brothers abandonando con sus cajas las oficinas del templo de prosperidad neoliberal tras el seísmo que supuso su quiebra el 15 de septiembre de 2008. Sus componentes se saben parte de una clase despojada de su derecho a confiar en el futuro, a ser feliz y a disfrutar de mayor prosperidad.

 Una clase transversal airada que vive deseosa de que se haga justicia con ellos, al precio que sea, formada por ciudadanos acostumbrados a una estructura de sucesivas generaciones de derechos que se propagaban incesantemente gracias al desarrollo del Estado de Bienestar. La profundidad y extensión de la crisis los ha dejado instalados en un ánimo de pérdida de expectativas de progreso y prosperidad, que estimula los populismos.

Vallespín y Bascuñán profundizan en ello: la revitalización de los populismos por las formidables sacudidas de una globalización acompañada de la multiplicación de las nuevas tecnologías digitales; la economía internacional financiera, las interdependencias comerciales crecientes entre países, grandes empresas multinacionales operando como verdaderos señores feudales con capacidad para esquivar los controles fiscales soberanos de los Estados y con una efectiva capacidad de chantaje a los más débiles de entre ellos, la digitalización, la inteligencia artificial y la robotización con todas sus imprevisibles consecuencias sobre el empleo y el poder económico, el cambio climático y su potencial para agitar algunas economías nacionales, las migraciones en gran medida resultado de fallos y disrupciones económicas, militares, ecológicas, producidas en algunas regiones del mundo… todo ello genera perdedores de la globalización, que también podrían calificarse de perdedores de la modernización.  (...)

la crisis económica ha traído la resurrección de los populismos, de uno y otro signo: se ha levantado el espectro de un enemigo del pueblo: el neoliberalismo. Para unos, el enemigo del pueblo es el banquero codicioso, el capitalista sin escrúpulos, el que atendiendo a su particularismo insaciable condena al pueblo a la miseria; como sujetos de este tipo no han faltado en los últimos años, las acusaciones se han sustentado en pruebas y el populismo ha reafirmado la victoria de la economía (no democrática) sobre la política (democrática). 

Pero hay un populismo de signo inverso, el que entiende que la política ha matado a la eficacia de la economía, y que la intromisión de los políticos en el terreno económico es manifestación de ignorancia y arrogancia, de la pretensión de los políticos de desempeñar el papel de Dios en la creación, de modo que la única manera de tener una economía sana es justamente librándose de los políticos y la política.

Así, los factores socioeconómicos son identificados como responsables principales del desorden producido por una globalización que nadie gobierna, y que ha hecho de la gran crisis financiera el punto de referencia fundamental.

 La certeza de muchos ciudadanos de que se les ha dejado en la estacada ante las dificultades los ha hecho conscientes de formar parte de una clase huérfana de futuro y maltratada por la hegemonía de una minorías extractivas que se ha protegido de la crisis “mediante blindaje de casta y privilegios” (Lasalle)."                    ( , El País, 27/10/17) 

26.4.17

Michael Moore "Trump conoce bien la ecuación estadounidense: la ignorancia lleva al miedo y el miedo al odio"

"(...) Moore y el pionero de los documentales D.A. Pennebaker ofrecieron su desalentadora perspectiva sobre el clima político en la era de Donald Trump.

"Creo que hemos pasado por 40 años de un país en el que se ha bajado el nivel intelectual", dijo Moore. "Hemos desinvertido en nuestras escuelas y hemos dejado que queden en un estado deplorable. Las clases de arte han sido canceladas y, en la actualidad, las clases de educación cívica han desaparecido de un tercio de nuestras escuelas", añadió.

La de Moore fue una de las pocas voces que durante las elecciones de EEUU se atrevieron a predecir la presidencia de Trump. En Tribeca recordó la vez en que fue abucheado durante de la grabación del programa de HBO Real Time with Bill Maher por decir que el magnate republicano se convertiría en una especie de rey supremo. "No lo dije porque quería que pasase, estaba tratando de advertir de algo que podía suceder".

Moore opinó además sobre esa idea que caracteriza a las zonas urbanas como burbujas aisladas. "Hay una burbuja en Brooklyn, amigos, y es tóxica. Vi lo que sucedía en otras partes del país [tras la victoria de Trump] y todo el mundo estaba de fiesta".

Pennebaker también dio su punto de vista sobre el presidente. "Trump es como alguien a quien le acabas de dar una Ferrari, no sabe conducir y, sin embargo, se aleja de tu vida con el coche". "Con tu niño en el asiento delantero", completó Moore con ironía. (...)

Moore dice con ironía que las razones detrás de la victoria de Trump y de la falta de acción por la violencia con armas de fuego son dos caras del mismo problema. "Es la ecuación estadounidense: baja el nivel intelectual de la población; conviértelos en ignorantes y estúpidos. La ignorancia lleva al miedo, y el miedo, al odio. Trump conocía muy bien esa parte de la ecuación. Y el odio lleva a la violencia".  (...)

Pese a todo, Moore compartió una visión esperanzadora del futuro. "Una gran cantidad de nuestros compatriotas estadounidenses ha empezado a moverse. Los políticos ya no son los únicos involucrados activamente en política. Ahora mismo hay mucha gente que está informada y participando".                  (Entrevista a Michael Moore, Público, 24/04/17)

4.4.17

Estamos dentro de la mayor oleada reaccionaria que ha conocido el mundo desde los años treinta del siglo pasado... porque la crisis multiplica por mil el miedo, a todo

"El estrago mayor que ha causado la gran crisis en nuestras sociedades ha sido el de truncar el futuro de una generación. O de más generaciones. Ha reducido brutalmente las expectativas materiales y, sobre todo, las emocionales, de muchos jóvenes que se sienten privados del futuro prometido. Se ha detenido la escalera del progreso. 

Al revés que nosotros, sus padres o abuelos, que hemos vivido siempre en paz y con una prosperidad al alza, ellos se van a la cama angustiados: o porque no tienen trabajo ni expectativa de tenerlo, o porque tienen unos ingresos que nos les dan para pagar sus gastos e independizarse o, los menos, porque tienen un buen empleo y pueden perderlo en cualquier momento.

 La paradoja es que la incertidumbre y la decepción no provocan el deseo de cambio mayoritario, sino que, más bien, fuerzan un repliegue conservador en tanto que lo que más se desea es algo de seguridad y de garantías. 

 Así se manifiesta elección tras elección, en casi todas las partes del mundo. Estamos dentro de la mayor oleada reaccionaria que ha conocido el mundo desde los años treinta del siglo pasado, de infausta memoria, y los estados de excepción comienzan a normalizarse. Hay una brecha creciente entre las expectativas creadas y las posibilidades de cubrir esas expectativas. Así ha nacido la era Trump (...)

 En las últimas cuatro décadas, entre 1975 y la actualidad, el mundo ha sufrido transformaciones radicales, hasta volverse irreconocible para alguien que hubiese estado ausente de él y regresase de pronto.

 (...) se volvió a emitir por las radios y por los canales digitales una conflictiva canción de los Sex Pistols (...) El grito ¡No future! de la canción representaba los sentimientos rebeldes de una buena parte de esa generación. 

La letra de este ‘Dios salve a la reina’ tan distinto del himno oficial reitera en una y otra estrofa que los jóvenes no tienen futuro en el sueño británico, y establece la brutal metáfora de que los tratamos como "flores en la basura". También se pregunta cómo puede haber pecado en esos jóvenes, que son como bombas atómicas en potencia, si no tienen futuro (...)

Desde al menos esa década de los ochenta, los ciudadanos han tenido que aprender a vivir en una incertidumbre creciente. (...)

hoy mucho más que entonces hemos de calificar  lo que sucede a nuestro alrededor como “la era de la incertidumbre”, de la ansiedad, de las sensaciones de falta de control. Por ello, el concepto que más se repite en las promesas de cualquier político, de cualquier aspirante a la esfera pública, es el de “garantía”: dar “garantías de que…”. 

Por ejemplo, ahora que se habla tanto de reformas constitucionales para adaptar los textos que rigen nuestra convivencia a las nuevas circunstancias del siglo XXI, hay partidos políticos que defienden que los derechos sociales —que figuran en la Constitución española de 1978 como derechos desiderativos: tener derecho a una vivienda o un trabajo digno, por ejemplo— posean en el futuro carácter normativo, de modo que no puedan violarse: que los ciudadanos, y entre ellos nuestros jóvenes, vosotras, tengan “garantías” de un trabajo digno o de una vivienda digna. ¿Será eso posible? Entre la incertidumbre y el miedo hay un solo paso: el de la vulnerabilidad.

El historiador Tony Judt, en su testamento intelectual, teoriza sobre la enfermedad social del miedo. En Algo va mal rebate la tópica idea de que el miedo es libre y analiza cómo cualquier tipo de crisis —política, económica, social, de la naturaleza— lo multiplica por mil. 

Ahora se sufre el miedo al terrorismo, pero también el miedo al “otro”, al que viene a competir por nuestro puesto de trabajo y nuestro Estado de Bienestar; a la inseguridad económica, a la incontrolable velocidad de los cambios, a quedar atrás en una redistribución de la renta y la riqueza cada vez más desigual, a perder el control de las circunstancias y de las rutinas de la vida cotidiana, etcétera. 

Cuando unos padres deben llevar a sus hijos al colegio en periodo vacacional para que puedan comer, sufren dos tipos de temores (quizá fuera más oportuno hablar de dos tipos de humillaciones): que no ocurra nada imprevisto (por ejemplo, que no los acepten porque no cumplan las condiciones teóricas para acceder a este servicio social, que haya comida para todos,...) y la humillación de tener que ir y que lo sepan los demás compañeros de los niños, o los vecinos del barrio.

Este miedo es el germen de muchos de los populismos que aparecen como setas en países muy diferentes, tanto pobres como avanzados. Populismos de distinta naturaleza. Nadie parece estar a salvo de este fenómeno, desaparecido desde la década de los años treinta del siglo pasado. (...)

La Gran Recesión ha introducido nuevas variables en el modelo, ya que ha arrojado un escenario dominado por la inseguridad vital, que no es solo económica sino cultural: de civilización. Muchas personas, jóvenes y mayores de cuarenta y cinco años que se han quedado al margen, sobreviven en la incertidumbre, la frustración y sin opciones laborales; no esperan gran cosa del futuro, al que presuponen más amenazas que oportunidades, y tampoco entienden del todo los cambios en los que estamos envueltos (...). 

Un muro infranqueable se ha levantado entre vosotras y nosotros. Habrá que derribarlo, como hicieron los berlineses con el suyo hace casi tres décadas: derruirlo piedra a piedra. Es un muro que separa a los jóvenes del resto de la sociedad. Es una división generacional que se añade a las tradicionales diferencias de clase social.  (...)

Desde hace algún tiempo y, sobre todo, desde la Gran Recesión, el proceso de selección de las élites dirigentes de la sociedad a través de la educación universal, el esfuerzo personal, la perseverancia,… está siendo sustituido en buena parte por una selección (quizá inversa) basada en la herencia o en la riqueza de los antecesores. 

Así es como surgió la llamada curva del Gran Gatsby (...) es un gráfico que representa la relación entre la desigualdad y la inmovilidad social intergeneracional en varios países del mundo. 

Mencionada por el jefe de los asesores económicos de Obama en el año 2012, Alan Krueger, en base a los estudios del economista canadiense Miles Corak, trata de explicar cómo el futuro económico de los hijos está condicionado por la renta de los padres: en una sociedad igualitaria existiría un alto grado de movilidad social, algo que no ocurre cuando las oportunidades no se reparten con criterios de esfuerzo, y sí de herencia. (...)

La conferencia de Krueger, vinculada a la situación de EEUU, llegaba a la conclusión de que los países del norte de Europa eran los que presentaban menos desigualdad de oportunidades y mayor movilidad social, mientras los datos de EEUU significaban prácticamente el fin del “sueño americano” (todos los ciudadanos pueden lograr sus objetivos en la vida a base de esfuerzo y determinación) (...). 

Nos ha parecido oportuno el concepto de Quinta Internacional, acuñado por Garton Ash, para definir la explosión de la indignación y su reconstrucción en movimientos y partidos políticos, fundamentalmente de naturaleza juvenil. Siguiendo la misma lógica se podría hablar de una Sexta Internacional, la que unifica y representa a los Trump, Theresa May, Marine Le Pen, los líderes de Alternativa por Alemania, el húngaro Orban, el polaco Kaczynski, etcétera. 

Conservadores extremos. Es factible que imitemos lo que las autoridades venecianas hacen en la novela de Thomas Mann Muerte en Venecia: negar que existe una epidemia de cólera. Pero sería de una ceguera histórica que rememoraría otros momentos nefastos del siglo XX y pondría aún más en precario la evolución de la democracia representativa. Hay que estar muy vigilantes y no mirar hacia otro lado. (...)"                   (‘Abuelo, ¿cómo habéis consentido esto? Los graves errores que nos han llevado a la era Trump’. Joaquín Estefanía. Editorial Planeta. 2017, en CTXT, 15/03/17)

28.3.17

Los europeos están permitiendo que los gestores del miedo dominen el discurso público y arrastren al resto de fuerzas políticas a los postulados del cierre identitario, las murallas y la seguridad a cualquier precio... solución: construir un nuevo estado de bienestar postnacional y comunitario

"(...) En un interesante capítulo del libro ¿Dónde vas, Europa? (Herder), la socióloga Eva Illouz sostiene que Europa está pasando de una crisis de esperanza a una crisis de miedo.

Y es cierto, ya no lo vemos, pero la idea de la Unión y su materialización ha sido la más fabulosa expresión de esperanza que la política haya sido capaz de alumbrar. Unirse con la esperanza de acabar con siglos de conflictos y guerras devastadoras.

 Pero esa esperanza parece agotada. Tras el Brexit, “el desencanto está dando paso poco a poco a un sentimiento de crisis a gran escala, una crisis de miedo” dice Illouz. Miedo al futuro, miedo al extraño, miedo a la desintegración, miedo a perder la identidad, y no menos importante, a perder las seguridades básicas de la vida protegidas por el Estado de bienestar.

Quienes busquen un diagnóstico para la zozobra que nos invade encontrarán en el libro, coordinado por Miquel Seguró y Daniel Innerarity, mucho y buen material de reflexión porque reúne a 18 filósofos, pensadores, sociólogos y políticos llamados a pensar sobre qué le pasa a Europa. “La capacidad de generar esperanza es crucial para la política”, dice Illouz. Pero cuando la esperanza da paso al temor, aparecen los monstruos.

 El triunfo de Obama se debió a que supo generar ilusión y esperanza. En cambio Trump ha ganado por el voto del miedo. Entre esos dos sentimientos bascula nuestro mundo de hoy. Y aunque la esperanza se imponga en algunos casos, como en las recientes elecciones de Austria, no está claro que el miedo no vaya a ganar. (...)

Si queremos salvar Europa tenemos que recuperar la esperanza. Pero eso exige revocar las políticas que, como las que han gobernado Holanda, la mayor parte de Europa y la propia Unión, al aumentar la desigualdad y la inseguridad, han acabado minando la legitimación social del proyecto europeo. Como dice Innerarity, “no hay ninguna razón para que el avance de la Unión Europea tenga que seguir una lógica de desregulación neoliberal”.

 “En un momento en que tenemos una economía desbocada y una política impotente, la única fuente de legitimidad funcional que le queda a Europa es la recuperación del equilibrio entre lo político, lo social y lo económico, el rattrapage político de la economía”, añade.

 Esta es la receta que se desprende del libro: reforzar el papel de la política mediante una profundización democrática, embridar la economía y construir un nuevo Estado de bienestar postnacional y comunitario. (...)"                 (Milagros Pérez Oliva, El País, 19/03/17)

17.3.17

Es común la indignación contra la UE, pero el determinante fundamental de las elecciones europeas ha sido, y sigue siendo, el miedo. La salida del euro aterroriza incluso a quiénes saben cuánto han sufrido por esa moneda. Hay más miedo que ira

"Brexit, victoria de Trump, movimientos populistas de Europa: desde la izquierda a la derecha, Occidente protesta contra las ortodoxias neoliberales y globalistas de los últimos 40 años. 

Hace 25 años era usual utilizar el término “movimientos antisistema” (1) para caracterizar a fuerzas de la izquierda que se alzaban contra el capitalismo. Actualmente no ha perdido relevancia en Occidente, aunque ha cambiado su significado.

 Los movimientos de revuelta que se han multiplicado en la última década ya no se rebelan contra el capitalismo, sino contra el neoliberalismo —flujos financieros desregulados, servicios privatizados y aumento de la desigualdad social, esa variante específica del reinado del capital establecido en Europa y Estados Unidos desde la década de 1980. 

El orden económico y político resultante ha sido aceptado casi indistintamente por gobiernos de centro derecha y de centro izquierda, de acuerdo con el principio fundamental de la pensée unique, el dictado de Margaret Thatcher de que “no hay alternativa”. Actualmente se presentan dos tipos de movimientos contra este sistema. El orden establecido los tilda de amenaza del populismo, ya sea de derecha o de izquierda.

No es casual que estos movimientos aparecieran antes en Europa que en Estados Unidos. Sesenta años después del Tratado de Roma, la razón es clara. (...)

Desde la unión monetaria (1990) al Pacto de Estabilidad (1997) y después el Acta del Mercado Único (2011) se anularon los poderes de los parlamentos nacionales en una estructura supranacional de autoridad burocrática protegida de la voluntad popular, tal como había profetizado el economista ultraliberal Friedrich Hayek. 

 Una vez instalada esta maquinaria se pudo imponer a los electorados indefensos la austeridad draconiana bajo la dirección conjunta de la Comisión y una Alemania reunificada, ahora el Estado más poderoso de la Unión, donde importantes pensadores anuncian francamente su vocación de hegemonía continental.

 Externamente, en el mismo periodo la UE y sus miembros dejaron de desempeñar cualquier papel significativo en el mundo contrario a las directrices estadounidenses y se convirtieron en la vanguardia de las políticas de una nueva Guerra Fría respecto a Rusia establecidas por Estados Unidos y pagadas por Europa.  (...)

Así pues, no es de extrañar que al desobedecer la voluntad popular en los sucesivos referendos e incorporar al derecho constitucional los decretos presupuestarios, el cada vez más oligárquico elenco de la UE haya generado tantos movimientos de protesta en su contra. ¿Qué panorama ofrecen estas fuerzas?  (...)

En España, Grecia e Irlanda han predominado los movimientos de izquierda: Podemos, Syriza y Sinn Fein. De manera excepcional, Italia tiene tanto un fuerte movimiento antisistémico de derecha en Lega como otro aún mayor más allá de la división izquierda/derecha en el Movimiento Cinco Estrellas (M5S): su retórica extraparlamentaria sobre las tasas y la inmigración lo sitúa a la derecha aunque a la izquierda lo sitúan su trayectoria parlamentaria de continua oposición a las medidas neoliberales del gobierno de Matteo Renzi (particularmente respecto a la educación y a la desregulación del mercado laboral) y su papel fundamental en la derrota de la apuesta de Renzi para debilitar la constitución democrática de Italia (3). 

 Se puede añadir Momentum, que surgió en Gran Bretaña tras la inesperada elección de Jeremy Corbyn como líder del Partido Laborista. Todos los movimientos de derecha excepto AfD son anteriores a la crisis de 2008; algunos se remontan a la década de 1970 e incluso antes. Syriza creció y M5S, Podemos y Momentum nacieron a consecuencia directa de la crisis financiera.  

El hecho fundamental es el mayor peso global de los movimientos de derecha respecto a los de izquierda, tanto por la cantidad de países donde tienen ventaja como por fuerza de voto. Ambos son reacciones a la estructura del sistema neoliberal, que encuentra su expresión más marcada y concentrada en la actual UE, con su orden basado en la reducción y privatización de los servicios públicos, la derogación del control y la representación democráticos, y la desregulación de los factores de producción. (...)

Los movimientos de derecha predominan sobre los de izquierda porque desde muy pronto hicieron suya la cuestión de la inmigración jugando con las reacciones xenófobas y racistas para lograr un amplio apoyo entre los sectores más vulnerables de la población.

 Con excepción de los movimientos en los Países Bajos y Alemania, que creen en el liberalismo económico, eso está típicamente vinculado (en Franca, Dinamarca, Suiza y Finlandia) no a la denuncia del Estado de bienestar sino a su defensa; se afirma que la llegada de inmigrantes lo mina. Pero sería erróneo atribuir toda su ventaja a esta carta, en ejemplos importantes (el Frente Nacional (FN) en Francia es el más significativo) también tienen ventaja en otros frentes. (...)

La unión monetaria es el ejemplo más obvio. La moneda única y el Banco Central, diseñados en Maastricht, han hecho de la austeridad y la negación de la soberanía popular un sistema único. Los movimientos de izquierda pueden atacarlos tan vehementemente como cualquier movimiento de derecha, si no más.

 Pero las soluciones que proponen son menos radicales. A la derecha, el FN y Lega tiene remedios claros para las tensiones de la moneda única y la inmigración: salir del euro y detener el flujo. A la izquierda, con excepciones aisladas, nunca se han hecho unas demandas tan inequívocas.

 En el mejor de los casos, se sustituyen por ajustes técnicos de la moneda única, demasiado complicados para tener mucha aceptación popular, y por alusiones vagas y avergonzadas a las cuotas, que los votantes no entienden tan fácilmente como las francas propuestas de la derecha.  

(...) las aventuras neoimperialistas en las antiguas colonias del Mediterráneo —el bombardeo de Libia y el alimentar por intermediación la guerra civil en Siria— han provocado grandes oleadas de refugiados a Europa, junto con represalias terroristas por parte de militantes procedentes de una región en la que Occidente continua instalado como cacique, con sus bases, sus bombarderos y sus fuerzas especiales.

Todo esto ha provocado xenofobia: los movimientos antisistema de derecha se han alimentado de ella y los movimiento de izquierda han luchado contra ella leales a la causa del internacionalismo humano. Los mismos compromisos subyacentes han llevado a la mayor parte de la izquierda a oponer resistencia a cualquier idea de acabar con la unión monetaria, lo que se considera una regresión a un nacionalismo responsable de las pasadas catástrofes de Europa.

 Para ellos el ideal de unión europea sigue siendo un valor esencial. Pero la actual Europa de integración neoliberal es más coherente que cualquiera de las vacilantes alternativas que han propuesto hasta ahora.

 Austeridad, oligarquía y movilidad de factores forman un sistema interrelacionado. La movilidad de factores no se puede separar de la oligarquía: históricamente no se ha consultado a ningún electorado europeo acerca de la llegada de mano de obra extranjera o sobre la magnitud de esta; esto siempre ocurría a su espalda. 

La negación de la democracia, que se convirtió en la estructura de la UE, excluía desde el principio cualquier opinión acerca de la composición de su población. El rechazo de esta Europa por parte de movimientos de derecha es más consecuente políticamente que el de la izquierda, otra razón de la ventaja de la derecha.   (...)

En realidad, existe una enorme diferencia entre el grado de desilusión popular con la actual UE neoliberal (el verano pasado las mayorías en Francia y España expresaron su aversión a ella e incluso en Alemania apenas la mitad de las personas encuestas tenía una opinión positiva de ella) y la magnitud del apoyo a fuerzas que se declaran contrarias a ella. 

Es común la indignación o la aversión por aquello en lo que se ha convertido la UE, pero desde hace algún tiempo el determinante fundamental de las pautas de las elecciones europeas ha sido, y sigue siendo, el miedo.(...)

 La moneda única no ha acelerado el crecimiento en Europa y ha infligido enormes penalidades a los países del sur más afectados. Pero la posibilidad de una salida aterroriza incluso a aquellas personas que ahora saben cuánto han sufrido por ella. Hay más miedo que ira. De ahí la conformidad del electorado griego con la capitulación de Syriza ante Bruselas, los reveses de Podemos en España, el arrastrar de pies del Parti de Gauche en Francia.

 Lo que subyace en todas partes es lo mismo. El sistema es malo, hacerle frente es arriesgarse a un castigo. Entonces, ¿cómo se explica el Brexit? En toda la UE se teme a la inmigración masiva. Ese temor lo fomentó la campaña a favor de la salida en Reino Unido, campaña en la que Nigel Farage fue un destacado orador y organizador, junto con importantes conservadores.

 Pero por sí misma la xenofobia no es en absoluto suficiente para tener más peso que el temor a un colapso económico. (...)

Había otros factores. Después de Maastricht la clase política británica rechazó la camisa de fuerza del euro, solo para seguir con un neoliberalismo nativo más drástico que cualquiera de los del continente: en primer lugar, el desmedido orgullo financializado del Nuevo Laborismo que sumió a Gran Bretaña en una crisis bancaria antes que cualquier otro país de Europa, a continuación un gobierno conservador-liberal demócrata de una austeridad más drástica que cualquiera de las generadas en Europa sin una coacción externa.

 Los resultados de esta combinación son únicos económicamente. Ningún otro país europeo se ha polarizado tan drásticamente por regiones entre metrópolis encerradas en una burbuja y con altos ingresos en Londres y el sudeste, y un norte y noreste empobrecidos y desindustrializados donde los votantes consideran que tienen poco que perder votando a favor de salir (que, significativamente, es una perspectiva más abstracta que abandonar el euro), pasara lo que pasara a la City y la inversión extranjera. El miedo contó menos que la desesperación. (...)

¿Por qué un Estado que había derrotado dos veces el poder de Berlín habría de someterse a la mezquina intromisión de Bruselas o Luxemburgo? Las cuestiones de identidad podrían superar más fácilmente a las cuestiones de interés que en el resto de la UE.

 Así pues, no funcionó la fórmula normal (el miedo a un castigo económico es superior al miedo a la inmigración extranjera), resentida por una combinación de desesperación económica y amour-propre nacional. (...)

Estas fueron también las condiciones en las que un candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos con unos antecedentes y un temperamento sin precedentes (abominable a ojos de la opinión bipartidista dominante, sin hacer el menor intento de ajustarse a los códigos aceptados de conducta civil o política, y que no gusta a muchos de sus votantes) pudo atraer a suficientes trabajadores blancos del cinturón industrial despreciados como para ganar las elecciones. 

Como en Gran Bretaña, la desesperación fue mayor que la aprensión en las regiones proletarias desindustrializadas. También ahí y de una manera mucho más cruda y abierta, en un país con una historia más profunda de racismo nativo, se denunció a los inmigrantes y se exigieron muros, tanto físicos como procedimentales.  (...)

La victoria de Trump ha sumido a la clase política europea, centro derecha y centro izquierda unidos, en una indignada consternación. Es bastante malo romper las convenciones establecidas sobre la inmigración. 

Puede que la UE haya tenido pocos escrúpulos en encerrar a los refugiados en la Turquía de Recep Tayyip Erdoğan, con sus decenas de miles de presos políticos, su tortura policial y la suspensión de lo que se entiende por el imperio de la ley, o en mirar hacia otro lado ante las barricadas de alambre de espino en toda la frontera norte de Grecia para mantener a los refugiados en las islas del Egeo. Pero, respetando las convenciones diplomáticas, la UE nunca se ha vanagloriado abiertamente de sus exclusiones. 

La falta de inhibición de Trump en estas cuestiones no afecta directamente a la UE. Lo que sí le afecta, y es motivo de una preocupación mucho más grave, es su rechazo de la ideología del libre movimiento de factores de producción y, aún más, su displicente indiferencia por la OTAN y sus comentarios acerca de mantener una actitud menos beligerante con Rusia. 

Habrá que ver si algo de esto es más que un gesto que pronto caerá en el olvido, como muchas de sus promesas referentes a cuestiones internas. Pero su elección ha materializado una importante diferencia entre una serie de movimientos antisistema de derecha o de un centro ambiguo y partidos de izquierda, rosas o verdes convencionales. 

En Francia e Italia los movimientos de derecha se han opuesto sistemáticamente a las políticas de la nueva Guerra Fría y a las aventuras militares aplaudidas por los partidos de izquierda, incluyendo el bombardeo sobre Libia y las sanciones a Rusia. 

El referéndum británico y las elecciones estadounidenses fueron unas convulsiones antisistema de la derecha, aunque estuvieron flanqueadas por significativos incrementos antisistema de la izquierda (el movimiento de Bernie Sanders en Estados Unidos y el fenómeno de Corbyn en el Reino Unido), de menor escala, aunque menos esperados. 

 No estará claro qué consecuencias tendrán Trump o el Brexit, aunque sin duda serán más limitadas que las predicciones actuales. El orden establecido está lejos de estar derrotado en ninguno de los dos países y, como ha demostrado Grecia, es capaz de absorber y neutralizar a una velocidad impresionante las revueltas desde cualquier dirección. 

Entre los anticuerpos que ya ha generado están los simulacros yuppies de avances populistas (Albert Rivera en España, Emmanuel Macron en Francia), que arremeten contra los callejones sin salida y corrupciones del presente, y prometen una política más limpia y dinámica en el futuro, más allá de los partidos decadentes.

Está clara la enseñanza de los últimos años para los partidos antisistema de izquierda en Europa. Para no ser superados por los movimientos de derecha no se pueden permitir ser menos radicales a la hora de atacar el sistema y deben ser más coherentes en su oposición a este.

 Eso significa hacer frente a la probabilidad de que la UE sea ahora tan dependiente de decisiones previas en su condición de construcción neoliberal que ya no se pueda pensar seriamente en reformarla. 

Habría que deshacerla antes de poder construir algo mejor, ya sea rompiendo la actual UE o reconstruyendo Europa sobre otras bases y arrojando Maastricht al fuego. A menos que se produzca otra crisis económica más profunda, ninguna de las dos opciones es muy probable."             

 (Perry Anderson  enseña historia en la Universidad de California, Le Monde Diplomatique)