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4.7.25

Toledo crea la primera comunidad energética en un casco histórico: “Era injusto que no pudieran acceder a una energía limpia”... Se prevé que la primera fase esté operativa en septiembre y entre sus 65 miembros hay particulares, comunidades de vecinos, empresas y varios de los conventos de clausura emplazados en el casco. También el Ayuntamiento que, a cambio de ceder los tejados, recibirá un 10% de la energía generada... No es solo el ahorro económico o que la inversión se amortice en un plazo muy corto de tiempo. Se debe, sobre todo, a un compromiso de estos vecinos con el medio ambiente (José C. Rejas)

 "Vivir en un casco histórico como el de Toledo es lo más parecido a hacerlo en una especie de museo de Historia al aire libre, pero tiene algunas limitaciones que condicionan la vida de sus vecinos. Una de ellas era, hasta ahora, la colocación de paneles solares en los tejados para evitar cualquier impacto en su cono visual. Algo común en las 15 ciudades Patrimonio de la Humanidad en nuestro país. Toledo las ha sorteado creando la primera comunidad energética de ese selecto grupo. La normativa permite que estos paneles se sitúen a un máximo de dos kilómetros de los puntos de consumo y alrededor del perímetro protegido. Y la Comunidad ya cuenta con dos cubiertas municipales cedidas por el Ayuntamiento para colocar las dos primeras instalaciones, cada una de ellas con una capacidad de 100 kilovatios, el máximo permitido para autoconsumo.

La demanda ha superado las previsiones. Ya se han cubierto las dos primeras instalaciones y se trabaja en una segunda fase a finales de año con otras dos cubiertas para dar salida a la lista de espera. Seguirán teniendo prioridad los vecinos del casco, pero sus impulsores no descartan abrirla a otros barrios de Toledo fuera de la zona amurallada, si no se cubre el mínimo necesario.

La iniciativa busca facilitar el acceso a una energía limpia a los residentes del Casco y, al mismo tiempo, abaratar la factura. “Con estas primeras dos instalaciones dejaremos de emitir 170 toneladas de CO₂ de forma inmediata y cuando estemos en marcha, en unas semanas, la energía que consumiremos durante el día será prácticamente gratuita”, explica a EL PAÍS Enrique García, presidente de la Comunidad Energética Casco Histórico Ciudad de Toledo.

Se prevé que la primera fase esté operativa en septiembre y entre sus 65 miembros hay particulares, comunidades de vecinos, empresas y varios de los conventos de clausura emplazados en el casco. También el Ayuntamiento que, a cambio de ceder los tejados, recibirá un 10% de la energía generada, que se volcará a la red general sin tener que cambiar de compañía. “Era injusto que los residentes del Casco no pudieran acceder a una energía limpia. No es solo el ahorro económico o que la inversión se amortice en un plazo muy corto de tiempo. Se debe, sobre todo, a un compromiso de estos vecinos con el medio ambiente”, sostiene José Manuel López, residente del barrio amurallado y gerente de la Empresa Municipal del Suelo y la Vivienda que, a través de la Oficina de Transformación Comunitaria, ha ayudado con toda la tramitación.

El mínimo a contratar para los interesados es de 0,5 kilovatios y el máximo de cinco, aunque las empresas pueden llegar a los 7,5, para evitar la concentración de la energía en pocas manos. En función de eso, la aportación monetaria para ingresar en la Comunidad es mayor o menor. “Tengo dos hermanos que viven en viviendas unifamiliares con placas solares y después está el medio ambiente. Me interesó mucho y quise conocer en qué consistía”, explica Inmaculada Labrador, vecina del casco y miembro de esta comunidad. Sus integrantes cambiarán los hábitos de consumo sin estar tan pendientes de los tramos horarios. “Hasta ahora ponía la lavadora o el lavavajillas por las noches y ahora lo pondré durante el día. Aunque por la noche sea más barato, por el día será gratis”, subraya su presidente.

Ese mismo fin persiguen los ocho conventos de Toledo que ya forman parte de la comunidad y que aglutinan a unas 130 religiosas. “Hay conventos que pagan más de 1.500 euros de luz al mes”, recuerda Francisco Rodríguez, presidente de la Asociación de Amigos de los Conventos de Toledo, que ha ayudado a estas congregaciones con todo el papeleo y que esgrime los pocos conocimientos en materia energética que suelen tener sus moradoras. “Son conventos que no han actualizado los contratos, con calefacciones rudimentarias y toda su gestión energética se ha ido deteriorando a lo largo de los años. Es un impulso que va también en línea con la inquietud que tienen por el medio ambiente”, precisa Rodríguez. “Creemos que esto puede ayudar a aminorar los gastos ordinarios y extraordinarios que estos edificios tienen debido a su antigüedad”, agrega.

 Iniciativa pionera

La empresa encargada de la instalación de las placas solares —seleccionada por los propios vecinos entre las ofertas recibidas— ultima estos días la colocación de los primeros paneles en la cubierta de la pista de patinaje de la Escuela Central de Gimnasia, una de las dos cedidas por el Ayuntamiento, junto a la situada en la piscina cubierta del complejo deportivo del Salto del Caballo.

La experiencia ha llamado la atención de muchas otras ciudades —con entornos protegidos y sin ellos— que quieren imitar el ejemplo de Toledo. Hasta entonces, ciudades como Úbeda, Ávila, Segovia o Alcalá de Henares permiten la instalación de estos paneles con restricciones en su color, reflectancia y ubicación, y nunca en espacios visibles desde el exterior de las viviendas, miradores o bienes patrimoniales.

“Tenemos en lista de espera más de 50 solicitudes”, recuerda el promotor de la iniciativa, convencido de que una vez esté en marcha, y los resultados sean palpables, provocará un efecto llamada. El alcalde de Toledo, Carlos Velázquez, ensalzaba el pasado mes de mayo la iniciativa, que enmarca en las medidas del bipartito de PP y Vox para hacer más habitable el casco histórico y fijar población en un barrio aquejado por la turistificación y la escasez de servicios. “Es evidente que vivir en el Casco sigue teniendo más desventajas que ventajas, y una de ellas era no poder beneficiarte de las energías renovables para reducir la factura de la luz y la huella de carbono. Llevamos dos años trabajando para mejorar la vida de los vecinos del barrio, que no se marche ninguno y que vengan más”, defendió Velázquez." 

José C. Rejas , El País, 02/07/25)

1.12.24

Sabes o que é unha comunidade sostible? Tería futuro en Galicia? Baséase no desenvolvemento de tecnoloxía localmente, mesmo empregando para iso materiais locais. "Esa capacitación permite que haxa na comunidade persoas que poidan xestionar esa tecnoloxía"... "Se se poñen paneis solares, pero, logo, non se é quen de xestionar a enerxía que estes están producindo, ou se cando teñen un problema hai que ir á mesma compañía que os instalou para solucionalo, non podemos dicir que esa sexa unha comunidade sostible"... "Ti fas, ti produces e ti pos en funcionamento"... en Cedofeita, en Lugo, temos todo un centro de transformación dos produtos agrícolas baseado na innovación frugal, que está en funcionamento con enerxía solar pero que, nos días nos que non hai sol, tamén contan cun deshidratador que lle permite seguir funcionando... e na miña aldea "temos unha comunidade de augas e xestionámonos o noso propio manantial"... traballo bastante con comunidades de montes e atopei con que "verdadeiramente poderían ser os motores reais deste cambio"... "cando nós estamos falando de enerxía, estamos falando dunha enerxía que sexa local". E cal é a diferenza entre unha enerxía renovable e outra que non o sexa? "Que unha enerxía renovable debe ser democrática, no sentido de que todo o mundo na cortorna dun quilómetro de onde vive teña enerxía suficiente e recursos enerxéticos suficientes como para poder cubrir todas as súas necesidades cos niveis de confortabilidade aos que os seres humanos de hoxe en día estamos acostumados" (María de los Ángeles López Agüera, profesora de Física Atómica, USC)

 "Nestes tempos nos que a preocupación polo cambio climático e por poñer en marcha accións que favorezan a reducción das emisións nocivas para o noso planeta é cada vez maior, hai unha medida moi eficaz á que aínda non se lle está dando toda a importancia que merece: a implantación e promoción de comunidades sostibles. Hoxe, dende o Galicia Confidencial falamos coa profesora da área de Física Atómica, Molecular e Nuclear da Universidade de Santiago de Compostela (USC) María de los Ángeles López Agüera, que nos conta que son estas comunidades, cales son as súas vantaxes e como de fácil pode chegar a ser a súa posta en funcionamento, se houbese realmente interese institucional e social por poñelas en marcha.

O primeiro é saber que é como tal unha comunidade sostible? "Unha comunidade sostible, no fondo, é unha comunidade o suficientemente resiliente como para ser quen de adaptarse aos cambios, sen por iso facer perder confortabilidade aos seus integrantes", explica López Agüera, que advirte de que ao falar de comunidade sostible "debemos ter unha visión moi holística", porque "non se pode plantexar unha comunidade sostible só dende o punto de vista enerxético", senón que "hai que falar de todos os recursos precisos para a confortabilidade humana", isto é "ter tamén en conta a parte de abastecemento da auga, a parte social, a parte económica e todos os aspectos que se recollen nos obxectivos de desenvolvemento sostible", é dicir, "esta comunidade ten que ser resiliente a todos os niveis". En xeral fálase dunhas sete ou oito liñas de traballo.

Esta profesora da USC leva traballando no deseño de protocolos de comunidades sostibles dende o ano 2015, no ámbito dos Obxectivos de Desenvolvemento Sostible das Nacións Unidas. En concreto, a iniciativa na que participa López Agüera está destinado a poboacións máis vulnerables, das cales xa se conseguiu facer sostibles a máis de 100, ao longo e ancho do planeta. Eses lugares poden actuar como prototipos para atopar puntos comúns que se poidan adaptar a outros territorios. A parte común que si que se pode aplicar a calquera lugar é o concepto de confortabilidade, que, como indica López Agüera, "para case todo o mundo quere dicir o mesmo", mentres que "hai outras partes que teñen que ser adaptadas a cada territorio". O que, na súa opinión, non se pode facer, é exportar un modelo que funciona nun lugar de maneira idéntica a outro.

Así as cousas, coa iniciativa de Nacións Unidas estase vendo cales son as liñas comúns, como é o caso da confortabilidade, e cales son as que por non ser comúns hai que adaptar moito máis ao territorio. "A idea final sería chegar a protocolizar o xeito de desenvolvemento deste tipo de comunidades", asevera. Ante a pregunta de se esta habendo neste senso avances cara comunidades sostibles dentro da nosa sociedade, López Agüera apunta que "depende bastante do país"e indica que "naqueles nos que levamos moitos anos traballando no tema si se están facendo proxectos europeos". Por exemplo, dentro de Europa, apunta a comunidades sostibles que se están desenvolvendo seguindo un mesmo protocolo, pero adaptado ás súas particularidades, como é o caso de varios proxectos en Suecia, Irlanda e Romanía. Pero, como exemplo, expón o caso dunha comunidade en Alenteixo, ao sur de Portugal, que "non vai nada mal".

"A INNOVACIÓN FRUGAL CONSISTE EN PLANTEXAR ESTRATEXIAS QUE NON CHE FAGAN DEPENDER DOS OUTROS, CREANDO TECNOLOXÍAS 'APROPIADAS'"

Ao falar de comunidades sostibles tamén entra en xogo outro concepto: o de innovación frugal. Que é isto? Como apunta a profesora da USC, ese é un dos principios das comunidades sostibles, que pasa por "evitar, sobre todo, a obsolescencia programada, esa sensación de que estamos totalmente espidos e non temos capacidade de decisión ante a tecnoloxía". En concreto, exemplifica que "a maioría de nós non somos quen de arranxar un móbil, nin temos na nosa contorna próxima quen o saiba facer", pois toda esa tecnoloxía chega ata nós dende moi lonxe, China ou Estados Unidos, fundamentalmente. Nese punto é onde xorde a innovación frugal, que se basea no desenvolvemento de tecnoloxía localmente, mesmo empregando para iso materiais locais. "Esa capacitación permite que haxa na comunidade persoas que poidan xestionar esa tecnoloxía", afirma López Agüera, que insiste na necesidade dese "desenvolvemento de tecnoloxía coñecida como 'non cativa', porque cativos e presos somos nos, que somos os que temos que acudir a terceiros países para que nos arreglen os móbiles", por exemplo.

Trasladando este exemplo a unha comunidade que trata de ser sostible ou resiliente, a profesora da USC apunta ao caso de que se instalen nela paneis solares. "Se se poñen paneis solares, pero, logo, non se é quen de xestionar a enerxía que estes están producindo, ou se cando teñen un problema hai que ir á mesma compañía que os instalou para solucionalo, non podemos dicir que esa sexa unha comunidade sostible", plantexa López Agüera. Así as cousas, resume que "a innovación frugal é plantexar estratexias que non che fagan depender desa maneira dos outros, creando tecnoloxías 'apropiadas', tecnoloxías das que se apropia a persoa que as usa, sen depender de ninguén, de xeito autosuficiente". Ademais, apunta a que "a maior parte da innovación frugal pódese entender tamén como modelos de economía circular, porque cando estamos falando de utilizar materiais locais, podemos permitirnos reutilizar materiais". A modo de exemplo apunta á fabricación de mesas cos paneis solares que van quedando vellos e inservibles. 

"TRÁTASE DE OPTIMIZAR RECURSOS E VER COMO RECURSOS OS MATERIAIS DESBOTADOS NUNHA SOCIEDADE QUE FAI OS PUNTOS LIMPOS, PUNTOS SUCIOS"

Dende o seu departamento da USC, asegura que foron quen de facer en Cedofeita, en Lugo, todo un centro de transformación dos produtos agrícolas baseado na innovación frugal, que está en funcionamento con enerxía solar pero que, nos días nos que non hai sol, tamén contan cun deshidratador que lle permite seguir funcionando. "Ti fas, ti produces e ti pos en funcionamento", apunta López Agüera, que explica que cada vez hai máis proxectos deste estilo, que fan que as comunidades sexan fondamente resilientes, diminúan a cantidade de residuos e entren nun proceso de economía circular". Outro exemplo dunha tecnoloxía non cativa sería o redeseño da produción dos excesos de lá para usala logo en agricultura e despois reprocesar todo iso mediante, novamente, tecnoloxía non cativa que permita autoxestionar todos os procesos. En resumo, trátase de "optimizar recursos e considerar como recursos materiais desbotados por unha sociedade que enche os puntos limpos de puntos sucios, enchéndoos de cousas que logo non se utilizan".

Dentro destas comunidades renovables, que papel xogarían as enerxías renovables? López Agüera non ten dúbidas: "O 100 %". O concepto de comunidade, tal e como o trata Nacións Unidas, é un todo que ten que xestionar os recursos á súa disposición da maneira o máis óptima posible, e, neste senso, "cando nós estamos falando de enerxía, estamos falando dunha enerxía que sexa local". E cal é a diferenza entre unha enerxía renovable e outra que non o sexa? "Que unha enerxía renovable debe ser democrática, no sentido de que todo o mundo na cortorna dun quilómetro de onde vive teña enerxía suficiente e recursos enerxéticos suficientes como para poder cubrir todas as súas necesidades cos niveis de confortabilidade aos que os seres humanos de hoxe en día estamos acostumados", plantexa a profesora da USC. "A autonomía enerxética, a resiliencia absoluta enerxética depende da utilización dun recurso local nas condicións que para cada quen sexan aceptables", reflexiona.

"TODOS NACIMOS NUN MUNDO NO QUE NOS CREARON MOITOS TEMORES INVALIDANTES, QUE NOS OBRIGAN A CHAMAR A OUTROS PARA OS ARRANXOS"

Agora ben, a sociedade xeral coñece estas opcións? Que é o que está fallando para que non se implanten en maior medida comunidades sostibles? En opinión de López Agüera, "hai moita desinformación, e iso é culpa de todos, pero en parte creo que os propios investigadores non somos quen de transmitir efectivamente o coñecemento, sobre todo no tocante á información enerxética, pero tamén a nivel da auga e de todo o demais". A profesora pon o exemplo da propia aldea na que vive dende hai 7 anos: "Temos unha comunidade de augas e xestionámonos o noso propio manantial", algo que, como apunta, "non é que teña que ver coa miña chegada, senón que xa se facía así de antes, e eu aprendín como se fai porque mo ensinaron os veciños". Esta muller confesa que "toda a miña vida vivín en cidades nas que me parecía imposible que alguén puidera xestionar a súa propia auga e, sen embargo, se tes a información adecuada, podes facelo, e vendo a experiencia doutros lugares nos que funciona". "Ao segundo día de estar nesta aldea, os veciños demostráronme que xestionar a auga era posible, dándome unha información adecuada, precisa, suficiente e non sesgada", expón. 

Con todo, a nivel enerxético, concede que "é moito máis complicado, porque todos nacimos no mundo no que tocas un botón e acéndese a luz e no que cando tes un fallo na electricidade chamas á compañía eléctrica para que cho repare", un mundo cómodo, pero no que a xente "non conta coa información suficiente sobre o seu funcionamento". Un mundo no que, ademais, López Agüera afirma que "se crearon moitos medos ao redor, deses temores 'invalidantes', cos que crean a sensación de que se eu toco algo vouno facer peor ou a compañía eléctrica vai morrer", chancea. E, no tocante ás enerxías renovables, asegura que "a pesar de que son absolutamente democráticas, hai moitísimos intereses creados que fan que a xente teña a sensación de que non o son, creándose así unha relación amo-vasalo dentro da cal nós, como sociedade, somos vasalos daquel que distribúe, xestiona e produce a enerxía e daquel que se esforza en transmitirnos esa sensación de que nós sós non poderiamos facelo", é dicir, das grandes multinacionais. E é que o certo é que, como confesa esta profesora, "tampouco hai información suficiente de que é o que queremos como matriz enerxética, é dicir, de como eu quero producir a miña enerxía", cando, en verdade, "é algo que se pode explicar facilmente".

"EN GALICIA TEMOS UNHA VANTAXE TREMENDA, E É QUE AÍNDA HAI SITIOS NOS QUE NON SE PERDEU A XESTIÓN COMUNAL DA AUGA E DA ELECTRICIDADE"

Pois non hai que esquecer que non fai tanto tempo, e aínda a día de hoxe, moitas comunidades rurais seguen xestionando a auga e a electricidade en por elas mesmas. Isto, para López Agüera, significa que os que non o fan é porque "deron un paso atrás pola comodidade". Con todo, tamén concede que "temos unha vantaxe tremenda, e é que non está tan lonxe o tempo no que iso se facía e aínda hai sitios nos cales non se perdeu". E é que esta profesora traballa bastante con comunidades de montes e atopouse con que "verdadeiramente poderían ser os motores reais deste cambio". "Son comunidades que teñen ese concepto cooperativo, que non se ten noutros lugares, e están acostumadas a xestionar comunitariamente, comunidades das que poderiamos aprender moito e que mesmo poderían ser o motor de todo este cambio", plantexa a profesora da USC. Pero, cal é o problema co que se atopan? Para López Agüera ese problema é "a Administración; hai que dicilo así, directamente, porque é verdade, a Administración ponllo moi complicado".

Ao igual que complicado resulta tamén que a xente acepte este tipo de proxectos, porque "falta conciencia colectiva, pero, de todos os xeitos, eu sigo crendo que a conciencia colectiva hai que traballala, tes que ter un porque, porque esa mesma persoa que che di 'comigo non contes para loitar polo cambio climático, que o fagan outros', é quen de involucrarse noutro tipo de accións que son absoluta e totalmente comunitarias". É por iso que insiste en que "a conciencia colectiva hai que traballala, fomentala, e hai un traballo de fondo que non se está facendo". O principal problema ao que apunta é o descoñecemento: "Se che din que podes facer isto e isto outro, pero non che din como, nin che dan a información suficiente, non vas saber facelo". E é que reivindica que a xente funciona moito por imitación: "Se ves que unha comunidade implantou un sistema que lle funcionou e iso se fala no mercado e se ven as melloras, a comunidade do lado vai querer facer o mesmo". Así, "se en lugar de seguir fomentando esas comunidades enerxéticas que fan e que consisten en poñer tres paneis na casa do concello e dous na escola, se poñen os exemplos doutras comunidades que xa funcionan, lograranse mellores resultados", aprendendo tanto dos seus acertos como dos seus erros para facelo mellor en cada novo caso.

"AÍNDA NON É TARDE, TARDE SERÍA SE REALMENTE NON FIXÉSEMOS NADA, PERO ADOPTANDO PEQUENAS MEDIDAS PODEMOS EVITAR IR A PEOR"

De cara ao futuro, López Agüera asegura que aínda non é tarde para mudar as cousas, pois "tarde sería se realmente non fixésemos nada, pero adoptando pequenas medidas podemos evitar ir a peor". Ademais, apunta a unha cuestión pola cal sería medianamente optimista, pola que crería que pode haber avances: "A sociedade cada vez máis interésase por poder manexar a súa propia contorna e tomar as rendas da súa vida", de tal maneira que "se conseguimos facerlle entender á sociedade que os de arriba, os que gobernan, non nos van representar no tocante ás nosas necesidades, e que están tomando decisións que non son as mellores para nós, probablemente consigamos mudar a súa opinión". "Habería que facer un esforzo, iso está claro, pero creo que ese é o camiño, senón non levaría traballando sobre o tema dende o 2015", chancea a profesora da USC, convencida de que, "se hai xa máis de medio millón de persoas vivindo en comunidades sostibles no mundo, moitas delas en países máis desfavorecidos, e eles poden logralo, todos os demais tamén podemos e, afortundamente, Galicia ten moito camiño xa percorrido nese senso coas comunidades de montes e os núcleos rurais", conclúe."

(Entrevista a María de los Ángeles López Agüera, profesora da USC, Ángela Precedo, Galicia Confidencial , 30/11/24) 

27.8.24

Cooperativas energéticas: la lucha de David contra Goliat

 "La catalana Som Energia o la vasca Goiener son exponentes de socialización de la energía verde gracias al apoyo de sus socios, mientras en Madrid Ecooo se promueve la economía social.

“Tenemos que funcionar en un mercado transparente, con las mismas normas, pero no estamos en las mismas condiciones ni hemos partido del mismo sitio”. Así resume Alfonso García, presidente de Unión Renovables, la mayor federación de cooperativas de energía en España, por qué la suya es una lucha de David contra Goliat en un mercado, el eléctrico, tradicionalmente dominado por tres, a lo sumo cinco empresas.

“Desde el punto de vista de tamaño y poder, el desequilibrio es obvio. Pero nuestro día a día no es una lucha directa por derrotar a nadie”, apunta Erika Martínez, la presidenta de la cooperativa vasca Goiener, que aboga por “dar herramientas para que la ciudadanía pueda tomar decisiones conscientes. Creemos que esto es lo que realmente provocará el cambio de modelo por el que trabajamos. Lo que solicitamos es que las reglas del juego sean las mismas para todos”, dice Martínez.

El cooperativismo energético tiene una tradición de décadas. A escala europea, en la red REScoop hay inscritas 2.250 entidades de este tipo relacionadas con la energía o la movilidad que dan servicio a 1,5 millones de personas. En la Generalitat Valenciana, donde está la sede de Unión Renovables, que aglutina a 24 cooperativas energéticas con 124.000 personas socias, hay varias centenarias como Enercoop (no adscrita a esa entidad), fundada en Crevillent (Alicante) en 1925 y que incluso tiene una pequeña pata de generación en Portugal; y otras como Eléctrica de Alginet, Eléctrica de Meliana y la Cooperativa Eléctrica de Castellar. En Madrid está la Eléctrica del Pozo, creada en Vallecas en plena dictadura franquista (1957).

A esas entidades de larga trayectoria, muy vinculadas al territorio y previas a la liberalización del sector de 1998, se han sumado en los últimos años otras de espectro más amplio, también sin ánimo de lucro, centradas en comercializar electricidad renovable e impulsar el cambio de modelo energético democratizando su uso. En ellas los socios hacen una aportación obligatoria al capital social de 100 euros, que se les devuelve si se dan de baja, y pueden realizar aportaciones voluntarias para proyectos de generación renovable.

El caso más notable es Som Energia. Empezó a vender luz en 2011 y “ahora mismo somos la cooperativa energética sin ánimo de lucro más grande en número de personas socias de toda Europa: 84.500”, resume su coordinador general Víctor Carreño. Con sede en Girona, su plantilla suma ya 135 personas. Sus socios, el 70% en Catalunya, han aportado en la última década más de 18 millones para proyectos renovables, la mayoría, plantas fotovoltaicas sobre suelo, y algunas muy puntuales de eólica e hidráulica. Ahora tienen en estudio más de 40 y su dimensión es un tema de debate. Han abierto un proceso participativo en colaboración con la asociación Antígona para ver qué se considera un proyecto “normal”, en un momento en el que resuena la polémica por el impacto de las macroplantas, que nunca han promovido.

Los proyectos de Som generaron el año pasado 30 MWh, que solo cubrieron el 8,3% del consumo de sus socios. Bastante más (unos 38 MWh) generaron las placas de autoconsumo de los miembros de la cooperativa. El autoconsumo individual y colectivo “ha tenido un crecimiento exponencial desde 2019”, explica Carreño. Ahora supone cerca del 11% de sus contratos activos, unos 13.000. Hace poco lanzaron su batería virtual, Flux Solar, y organizan compras colectivas de paneles para sus socias.

La segunda cooperativa a nivel estatal es Goiener. Centrada en Euskadi y Navarra, tiene casi 18.000 socios (alcanzó los 10.000 en 2019) y su cooperativa de generación lleva invertidos más de 1,5 millones. Tienen en propiedad una minihidráulica en Fagollaga y un 10% de la sociedad del Ayuntamiento de Oñati (Guipúzcoa), que gestiona saltos hidroeléctricos del municipio.

La presidenta de Goiener reconoce que para superar la crisis de precios de 2021-2022 “el apoyo de las socias fue clave. Solicitamos aportaciones voluntarias al capital social de la cooperativa, lo que nos permitió obtener liquidez de inmediato para seguir operando en el sistema y lo que es más importante, acceder a financiación externa”.

En Som ocurrió algo parecido. Como explica su coordinador general, “nos encontramos que para seguir operando tenemos que presentar unas garantías al operador que pasaron en dos semanas de un millón a 15. Un salto que para la cooperativa supuso un reto y también una fortaleza. En aquel momento pedimos aportaciones voluntarias a las socias y en menos de un mes teníamos 12 millones de nuestra base societaria”.

Ese contexto extraordinario también les obligó a recurrir a dos bancos de la economía social, Coop57 y Fiare. En 2022, con el mercado mayorista eléctrico disparado, sufrieron la primera caída de contratos de su historia, algo en lo que fue determinante la baja forzosa de unas 8.000 personas que no eran socias o carecían de vinculación con alguien de la cooperativa. El ejercicio se cerró con un resultado extraordinario, un beneficio de 7,3 millones, porque el precio de la energía fue finalmente inferior a las coberturas que se habían contratado. 

Hoy la situación de Som Energia es “totalmente diferente” y la tesorería está saneada, explica Carreño. En el último año han aprobado seis cambios de tarifas. Con los dos previstos para 2024 (el próximo en abril), esperan volver a ser tan competitivos como lo eran en 2020. 

En Goiener “es precisamente ahora cuando nos estamos recuperando”, pero “hablar de competitividad en este sector es complicado”, dice su presidenta. “Tenemos claro que nuestra estrategia no es competir por precios sino que sean justos dentro de nuestras posibilidades y atendiendo a los objetivos marcados por la Asamblea General. Además, vemos en el mercado ofertas que solo se pueden ofrecer desde una clara posición de ventaja o privilegio”, dice Martínez.

Alfonso García, también miembro del consejo rector de Goiener y presidente de Unión Renovables, ve en las comunidades energéticas, asociaciones basadas en el autoconsumo energético local, una oportunidad para empoderar a los ciudadanos en el uso de la energía. Muchos nuevos miembros de esa unión de cooperativas son comunidades como Sapiens, en Valencia; EnHerKom, en Euskadi; o las que promueve EnergÉtica, en Valladolid.

En el caso de Goiener, han acompañado la creación de 23 comunidades de este tipo ya constituidas y otras seis que están en ello. Y Som ha impulsado junto a otras cooperativas y empresas Som Comunitats, para pulsar el interés por lanzarlas en Catalunya. Pronto esperan poder conformarla como cooperativa de segundo grado. 

En Madrid, sin la tradición cooperativista de Catalunya y Euskadi, opera desde 2015 La Corriente, que gestiona el proyecto europeo Accting de comunidades energéticas y pobreza energética y comercializa electricidad de forma autónoma desde 2018. Con 1.000 socios y casi 1.100 contratos, esta cooperativa también desarrolla plantas de autoconsumo en la comunidad.

Llegar hasta aquí no ha sido fácil. “En 10 años hemos sufrido dificultades y problemas, el mercado energético tiene muchas barreras de entrada y requiere de un gran desembolso económico; para una gran empresa, 100.000 euros de pérdidas en un mes no supone un gran problema, pero para un proyecto como este, puede suponer la desaparición”, reconoce Diego Algaba, uno de sus socios.

El caso de Ecooo

También en Madrid está Ecooo, cooperativa de trabajo asociado de no lucro centrada en la acción colectiva en sus distintas vertientes. Cerca de cumplir 20 años desde que la fundó en febrero de 2005 el economista Mario Sánchez-Herrero, no tiene actividad de comercialización. Su actividad se distribuye en tres grandes patas: inversiones en energías renovables, instalación de plantas de autoconsumo, y fomento de la economía social y solidaria.

La pata de inversión pasa por animar a los ciudadanos a invertir (a partir de 100 euros) en fotovoltaicas construidas entre 2008 y 2013 y acogidas al antiguo régimen de primas de las renovables a cambio de una rentabilidad de entre el 1,5% y el 4% en función del plazo de la inversión. Hasta ahora han socializado 236 pequeñas plantas sobre cubierta o suelo con algo más de 10 megavatios. En estos años, 4.201 personas han aportado casi 37 millones y han recibido beneficios de 13,55 millones. 

Autoconsumo colectivo

Actualmente tienen tres plantas abiertas a la inversión, una de ellas en Alcarrás (Lleida), donde se rodó la película de Carla Simón. “No tenemos macroplantas y ese es el modelo que estamos fomentando”, explica en su sede en el barrio de Lavapiés Luis Esteban Rubio, responsable de Gestión de Proyectos de Economía Social y Solidaria, Coordinador de la Escuela de Activismo Económico e integrante de Ecooo.

En la pata de autoconsumo, han montado más de 1.000 plantas. Se enorgullecen de haber puesto en marcha en 2017, con el sector completamente paralizado por el impuesto al sol del PP, 100 instalaciones con su campaña Oleada Solar, en un momento en el que solo había 150 en toda España. “Decíamos que la gente se iba a instalar placas como neveras y nos llamaban locos” y ahora “se ha producido una revolución”, dice Esteban. 

Ahora están volcados en autoconsumo colectivo. Lanzaron los primeros en Euskadi y en Madrid, en el edificio que alberga su sede. Y están construyendo el que ha sido calificado como el mayor de toda la UE, La Pablo Renovable, en Rivas Vaciamadrid. Más de 500 familias les eligieron tras un proceso participativo para un proyecto con el que no han notado el parón de 2023 en la instalación de autoconsumo doméstico.

En un momento en el que al mundo cooperativista le está costando encontrar reemplazo generacional a quienes se lanzaron a esta aventura en los 80, Ecooo tiene una escuela de activismo económico que va por su quinta edición y forma durante doce semanas las capacidades cooperativistas de jóvenes profesionales de distintas áreas. Han lanzado una suerte de infojobs de la economía social y solidaria, Up me Up, para competir con los buscadores tradicionales de empleo, seleccionado por el PERTE de economía social del Ministerio de Trabajo y Economía Social.

Con 31 personas trabajando, la gran mayoría de la plantilla de Ecooo son socios trabajadores. La política es que, para garantizar el compromiso de los empleados, al cabo de un año se conviertan en socios. “La ambición”, resume Luis Esteban, es pasar de “un modelo hegemónico capitalista a otro con diversidad de formas de propiedad, de producción y de consumo” que sean “sostenibles, ecologistas, feministas y con justicia social”. Se trata de pensar en “cómo mañana se cambia un millón de personas de Iberdrola a Som Energía. El día que eso pase, cambiamos este país, y no tendremos que hacer una revolución”. 

( Antonio A. Vélez, eldiario.es, 24/08/24)

22.9.23

La lucha de las comunidades energéticas: obstáculos injustificados en la tramitación del autoconsumo colectivo

 "Impulsadas por la creciente conciencia ambiental y la necesidad de diversificar la matriz energética, las comunidades energéticas en España están experimentando un crecimiento significativo.

Decenas de personas han encontrado en esta nueva alternativa una manera más democrática y participativa de convertirse en protagonistas de la transición energética. Desde pequeñas aldeas rurales hasta áreas urbanas densamente pobladas, diversas poblaciones en toda España están adoptando esta modalidad colaborativa para producir, compartir y gestionar energía renovable localmente.

A inicios de este año, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) publicó la primera fase del mapa de comunidades energéticas del programa CE IMPLEMENTA, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR).

Nueve meses después, los datos del mapa revelan que en la actualidad España cuenta con 68 comunidades energéticas que fueron adjudicatarias de la ayuda de CE Implementa 1 y 2. Comunidades Autónomas como País Vasco (14), Cataluña (13) y la Comunidad Valenciana (6) toman la delantera en esta carrera por la sostenibilidad.

Sin embargo, hay quienes aun consideran que el despliegue de las comunidades autónomas en el país ibérico necesita mejores decisiones y más ambición. Pedro Fresco, director general de Avaesen,compartió sus opiniones respecto a la situación actual de las comunidades energéticas en el país y explicó a Review Energy cuáles son las medidas más urgentes para abrir un camino más adecuado en su proceso de desarrollo.

La entrevista completa a continuación:

Review Energy (R.E.): Hace poco el gobierno dio entidad jurídica a las comunidades energéticas. ¿Considera el texto como adecuado? ¿Es un factor de aceleración para las mismas?

Pedro Fresco (P.F.): El texto me parece insuficiente, ya que no pasa de ser una definición de las figuras y poco más. Probablemente fue hecho así por la situación especial que produjo la disolución de las cortes generales y la convocatoria electoral, pero ha dejado sin establecer los mecanismos concretos para impulsar estas figuras y que puedan competir con otros actores.

La mera definición jurídica clara ayudará a evitar problemas que se estaban encontrando los promotores de Comunidades Energéticas, pero deberíamos ser más ambiciosos.

 R.E: La Comunidad Valenciana es uno de los referentes en el desarrollo de las comunidades energéticas. ¿Cuáles han sido los pasos que le ha permitido ir un paso adelante?

P.F.: Han contribuido varias cosas. Tener el pionero en nuestra Comunidad, Enercoop, obviamente ayudó. También hubo un compromiso por parte del anterior Consell para su promoción, donde había una convicción general de que debían ser promocionadas y se les daba bastante visibilidad. Las ayudas que se establecieron fueron varias y eso obviamente ayuda.

Este dinamismo creó un ecosistema interesante. Por ejemplo, nosotros en AVAESEN impulsamos el programa ‘Acelera tu CEL’, un programa mediante el que asesoramos y mentorizamos a ayuntamientos y asociaciones para que puedan impulsar una Comunidad Energética. Es un programa que está funcionando muy bien gracias a que existe mucho interés social en estas figuras.

 R.E.: ¿Qué otras CCAA considera ejemplo de desarrollo de comunidades energéticas en España?

P.F.: Creo que Euskadi está haciendo un buen trabajo de la mano del Ente Vasco de Energía, y también Navarra. Las destacaría porque lo están haciendo a pesar de su menor recurso solar.

 R.E: ¿Qué otros vehículos, además de la fotovoltaica, mueven a las comunidades energéticas?

P.F.: Es normal que las Comunidades Energéticas comiencen por la fotovoltaica, porque es la energía más rentable y su modularidad de adapta bien a cualquier entorno. Lo ideal es que empiecen por ahí, pero con el objetivo de ampliar posteriormente a otras energías o servicios energéticos.

Aquí en la Comunidad Valenciana tenemos por ejemplo a Alterna Coop. Que ofrece Vehículos eléctricos en carsharing para los miembros de la Cooperativa. Esto también puede ser considerado una Comunidad Energética. Pero podríamos hablar igualmente de eólica, redes de calor o servicios energéticos de cualquier tipo.

 R.E.: ¿Se está pensando lo suficiente en las comunidades energéticas no sólo en cuestión de generación sino también de consumo?

P.F.: Es una buena pregunta. El problema es que la regulación de la generación en autoconsumo está mucho más desarrollada que las cuestiones de demanda flexible y gestión de consumos. Al final los promotores se adaptan a lo que hay, además de ser conceptualmente más sencillo. La figura de la Comunidad de Energías Renovables, además, está como muy pensada para la generación.

En mi opinión las cosas irán poco a poco avanzando también en ese terreno conforme la regulación avance y las comunidades se consoliden. Obviamente es mucho más fácil e intuitivo para los vecinos hablar de un autoconsumo compartido que de cuestiones de demanda.

 R.E: ¿Cuál será el panorama de las comunidades energéticas en España para lo que queda de este año y el siguiente?

P.F.: En principio, los fondos europeos destinados y las ayudas vigentes van a mantener el dinamismo. También es verdad que el relajamiento de los precios eléctricos también puede reducir el impulso, como pasa con el autoconsumo individual. No obstante, aquí hay un gran caballo de batalla para las comunidades energéticas con la tramitación del autoconsumo colectivo, que se está encontrando enormes complejidades administrativas que no están justificadas.

En la Comunidad Valenciana, en el segundo trimestre de 2023, solo el 0,5% de las instalaciones de autoconsumo eran colectivas, dato que no será muy diferente a nivel estatal y que nos muestra que existe un gran cuello de botella administrativo que afecta no solo a las comunidades energéticas sino también a las personas que viven en bloques de edificios, que son mayoritarias en España.

Esa es una de las principales cuestiones a trabajar, porque cuando estos procedimientos sean ágiles la puesta en marcha de las Comunidades será mucho más rápida y su ejemplo será mucho más contagioso. 

 R.E.: ¿Se están aprovechando de manera adecuada los fondos Next Generation y todas las ayudas para acelerar a las comunidades energéticas?

P.F.: Como en todo en la vida, hay ayudas mejor y peor pensadas, más o menos efectivas. Hay ayudas muy costo-efectivas, como creo que es una que creamos en la Dirección General de Transición Ecológica cuando yo era director, aunque quizá no soy la persona más objetiva para decir esto. Luego hay otras que quizá tienen una intensidad demasiado elevada, tramitaciones tediosas u otras cuestiones, y eso hace que abarquen a pocos beneficiarios o se conviertan en subvenciones paralizantes.

No quiero que se me malinterprete: una intensidad de ayuda muy elevada es esencial cuando quieres hacer cosas que todavía no existen y necesitas pioneros. Pero esto evoluciona muy rápido y cada momento es distinto. Mi paso por la administración me demostró que muchas veces es mejor y más incentivador una simplificación de los trámites y una deducción fiscal inteligente que subvenciones maravillosas sobre el papel, pero ingestionables para beneficiarios y administración.

En todo caso, los fondos Next Generation tienen una serie de restricciones que las hacen inherentemente burocráticas y que impiden subvencionar determinadas cosas, y eso también hay que tenerlo en cuenta para que la crítica sea justa.

Finalmente, tengo mucho interés en ver cómo funciona el CE Oficinas, que si se ha acertado con los beneficiarios puede ser más incentivador que enormes subvenciones directas.

 R.E.: ¿Cómo trabajar en comunidades vulnerables y hacerlas parte de esta transición energética?

P.F.: Este es uno de los focos donde las ayudas de mucha intensidad son necesarias, es más, debemos hablar de fórmulas imaginativas. Durante mi tiempo de cargo público ideamos un programa para beneficiar a familias vulnerables de autoconsumos colectivos de edificios públicos, sin coste para ellas. La idea era buena y escalable y la quise extender de la mano de organizaciones sociales, como la propia Cáritas, aunque no me dio tiempo a hacerlo.

En este campo no hay que perder de vista que las energías renovables representan algo más que la mera descarbonización, pueden representar accesibilidad a estándares de consumo mínimos. Ese es el enfoque del desarrollo de la energía solar en determinadas zonas del mundo donde la electrificación no ha llegado mediante las energías tradicionales. En España no tenemos ese problema, pero sí el de la pobreza energética.

La energía debe convertirse en un input más de la política social, pero adaptada a los estándares de generación renovable y eficiencia. Que no se trate solo de pagar facturas de suministros sino de cómo crear estructura energética para que estas facturas sean mínimas y poder destinar el excedente a mejorar otras cuestiones. Creo que ese enfoque es óptimo, es eficiente y además ayudaría a que los segmentos más vulnerables de la sociedad viesen la transición energética como una oportunidad y no como una amenaza."              (Entrevista a Pedro Fresco, Review Energy, 17/09/23)

14.9.23

Qué son y por qué son fundamentales las comunidades energéticas... El camino no es fácil, pero puede lograrse con constancia. “Si lo hemos hecho nosotros lo puede hacer cualquiera, eso está clarísimo. Tienes que implicarte, tienes que hacerlo tú. Esto no se puede dejar en manos de las grandes eléctricas o de los políticos”... “Sin modificar esos hábitos de consumo actuales, el ahorro inicial siempre se plantea en torno al 30-40 % sin modificar nada, luego obviamente teniendo en cuenta cuando estás produciendo y teniendo una monitorización puedes optimizar muchísimo, llegando pues al 60-70 % de tu consumo”

 "Las comunidades energéticas son, según los datos de la UE, cada vez más habituales. Los estados que cuentan con un mayor número de estas asociaciones basadas en el autoconsumo energético local son Alemania, Dinamarca y Países Bajos. En España, hay más de 40 comunidades proyectadas, según datos del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE). Según la proyección de un estudio de la asociación ecologista Amigos de la Tierra, solo con comunidades energéticas basadas en autoproducción se podría llegar a satisfacer para 2030 un 58% de la demanda eléctrica, si se pusieran en marcha ya.

Para concienciar sobre esto, la asociación Amigos de la Tierra ha lanzado una serie documental de tres capítulos que desgrana, con los testimonios de participantes de varias comunidades energéticas, el proceso de estos proyectos, desde el germen y la primera idea hasta que las comunidades son una realidad palpable. La serie documental, que se enmarca en la campaña “Tomemos la Energía” de Amigos de la Tierra, cuenta las experiencias de las comunidades energéticas de Monachil (Granada), Luco de Jiloca (Teruel), Arroyo Alumbra (Huelva), Buchabade (Pontevedra) y Gares Energía y Gares Bide (Navarra). 

 “La mayoría no teníamos ni idea, teníamos ganas”, explica Carlos Urra, presidente de Gares Energía en el primer capítulo. Las motivaciones iniciales no son las mismas para todos, en algunos casos es el miedo a la despoblación, en otros la expropiación de un monte comunal o el cambio climático, pero lo que sí es común son las ganas de cambiar las reglas establecidas y hacerlo en comunidad. “El objetivo era producir energía, autoconsumirla, empoderarnos y generar alrededor de este proyecto otra riqueza en el pueblo, otros proyectos que pudiesen surgir y luego colaborar también de una manera práctica o más activa a esta idea de renovables sí, pero así no”, resume María Navarro, miembro motor de Luco Energía. 

 Y es que ¿qué son las comunidades energéticas? Se trata de grupos de personas que se constituyen legalmente para llevar a cabo un proyecto de energías limpias basado en la descentralización de la energía y con las personas como protagonistas de este cambio energético. Las comunidades energéticas se muestran como elementos clave para democratizar la energía y luchar contra la emergencia climática, pero también son un potente germen que favorece la creación de un fuerte sentimiento de pertenencia a una comunidad. “Lo importante no es llegar al punto y conseguir el hito, sino el camino que uno pasa a través de todas esas fases y las cuestiones que va sorteando, las relaciones que se van trabando, los aprendizajes que uno va adquiriendo”, cuenta Rosario Alcantarilla, de la cooperativa Comunidad Arroyo Alumbra.

El papel de la administración y la burocracia

Para avanzar hacia la comunidad energética es necesario llevar a cabo una serie de pasos, muchas veces de forma paralela, como decidir la forma jurídica, el tipo de instalación que más conviene, las licencias y autorizaciones o con qué instituciones y administraciones hay que hablar. “Al final cada proyecto va a tener que ir aprendiendo y adaptándose a las circunstancias propias de su propio proyecto”, afirma Navarro en el capítulo dos de esta serie, el dedicado al papeleo derivado de este tipo de comunidades.

El camino no es fácil, pero puede lograrse con constancia. “Si lo hemos hecho nosotros lo puede hacer cualquiera, eso está clarísimo. Tienes que implicarte, tienes que hacerlo tú. Esto no se puede dejar en manos de las grandes eléctricas o de los políticos”, asegura Urra. Y Navarro lo tiene claro: “Creo que es la manera de que la ciudadanía pueda dar pasos por sí misma de manera autónoma y empoderándose”, sentencia.

Monitorización y ahorro

Para ser autónomo, y una vez está funcionando la instalación, es fundamental la monitorización para que la optimización sea máxima. “Uno de los puntos fuertes de una comunidad energética y en este caso de un autoconsumo colectivo es que lo que se genera aquí se pueda consumir aquí, es decir, que la exportación a la red sea la mínima posible y que el consumo instantáneo sea lo mayor posible. Para eso es necesaria la monitorización, tenemos que tener datos de cuánto se está produciendo y cuánto estamos consumiendo para así poder, en la medida de las posibilidades, adaptar los consumos a cuando hay generación”, explica Álvaro Fernández, miembro de la comunidad energética del Río Monachil. “Una de las transiciones necesarias que debemos hacer es adaptarnos a las posibilidades físicas de nuestro entorno”, sentencia.

 Y aquí llega uno de los puntos que podría aparecer como clave pero que, a medida que aumenta el sentimiento de comunidad y pertenencia, se revela como algo más secundario: el ahorro. “Sin modificar esos hábitos de consumo actuales, el ahorro inicial siempre se plantea en torno al 30-40 % sin modificar nada, luego obviamente teniendo en cuenta cuando estás produciendo y teniendo una monitorización puedes optimizar muchísimo, llegando pues al 60-70 % de tu consumo”, ejemplifica Carlos Ariñez, del grupo motor de Luco Energía.

¿Lo mejor para todos ellos? Que estas comunidades tienen un fuerte y positivo efecto contagio y se van extendiendo y creando otros proyectos paralelos de gestión común."          (Azahara García, eldiario.es, 27 de julio de 2023)

3.8.23

Dirk Vansintjan, cooperativista energético: “Los ciudadanos deben tener en propiedad parte de las renovables”... Ecopower, la cooperativa que fundó alrededor de una mesa de cocina con un pequeño grupo de amigos en un pueblecito de Flandes en 1991, proporciona electricidad a 70.000 ciudadanos y ofrece una alternativa en un sector casi exclusivo de grandes empresas, y demuestra que los ciudadanos pueden generar, y consumir, su propia energía con éxito... Por ejemplo, en una zona rural de España, no se trataría de dar dinero al ayuntamiento para tener el permiso de usar el terreno, sino que la comunidad tenga en propiedad parte de esos aerogeneradores para que el dinero se reinvierta en la economía local. Quizá no el 100% de la propiedad, pero sí el 25% o el 50%. La transición energética implica reemplazar el sistema centralizado de la nuclear y los combustibles fósiles por otro descentralizado de energías renovables donde tenga más importancia lo local... Por eso decidimos crear una federación con cooperativas de toda la Unión Europea... hemos conseguido que la Comisión Europea reconozca la necesidad de que la ciudadanía participe en la transición energética

 "Dirk Vansintjan (Halle, Bélgica, 64 años) está orgulloso de que hace un tiempo le otorgaran en Bélgica el título de “rebelde energético del año”. Se lo dieron, asegura, por impulsar ideas que amenazan el modo actual de hacer las cosas. Pero también por haber demostrado que las comunidades energéticas tienen la capacidad de realizar un cambio significativo en la vida de muchas personas. 

 La cooperativa que Vansintjan fundó alrededor de una mesa de cocina con un pequeño grupo de amigos en un pueblecito de Flandes en 1991 proporciona hoy electricidad a 70.000 ciudadanos. Al viejo molino de agua que restauraron buscando electricidad limpia en un momento en que las renovables apenas existían se han ido añadiendo adquisiciones de aerogeneradores, turbinas hidráulicas y paneles solares distribuidos por diversos lugares de la populosa región belga. Hoy, Ecopower ofrece una alternativa en un sector casi exclusivo de grandes empresas y demuestra que los ciudadanos pueden generar, y consumir, su propia energía con éxito.

 Para Vansintjan, la transición energética necesita que los ciudadanos tomen el control de la producción de energía y que nuestro sistema recupere el modelo descentralizado que ayudó a establecer, en sus orígenes, la electricidad en el mundo rural en Europa. El motivo es sencillo: quizá a nadie le guste tener un aerogenerador cerca de su casa, pero la cosa cambia bastante cuando el generador es de uno y da beneficios, explica riendo. Con el tiempo, este activista se ha convertido en un experto en comunidades energéticas, tanto por la experiencia en su propia cooperativa como por su labor en Europa. Además de coordinar Ecopower, es presidente de REScoop.eu, la federación europea de cooperativas de energías renovables, donde ayuda a personas en diversos países a implementar sus proyectos. (...)

“En el esquema actual tienes a los jugadores públicos como las compañías de electricidad y los rivales privados. Los ciudadanos son simples espectadores. Pero nosotros pensamos que el mercado debe reformarse para que las comunidades y las cooperativas también tengan su lugar. Queremos dejar de ser simples espectadores o colaboradores para que haya un nuevo equilibrio en Europa. No se trata de elegir entre capitalismo o comunismo, sino que queremos encontrar nuestro propio camino basado más en la cooperación que en la competición, y en introducir la democracia también en la economía”.

¿Cómo se consigue meter a la comunidad de ciudadanos en el campo energético?

Miremos un momento al pasado. Los grupos de ciudadanos, pequeños empresarios, comunidades o municipalidades siempre han actuado cuando ha habido un problema. Las cooperativas de cualquier sector han surgido para hacer frente a una dificultad, como una crisis, una guerra o un accidente como un desastre nuclear. En esos casos, las personas actúan juntas e intentan encontrar soluciones. (...)

¿Qué es lo que están pidiendo cuando hablan de descentralización?

Nosotros queremos parte del pastel. Los ciudadanos consumen directamente alrededor del 25% de la electricidad. Queremos producir esa electricidad nosotros mismos con paneles solares en nuestros tejados, con aerogeneradores, con parques solares. Queremos los medios de producción y tenerlos en propiedad es fundamental. Por ejemplo, en una zona rural de España, no se trataría de dar dinero al ayuntamiento para tener el permiso de usar el terreno, sino que la comunidad tenga en propiedad parte de esos aerogeneradores para que el dinero se reinvierta en la economía local. Quizá no el 100% de la propiedad, pero sí el 25% o el 50%. La transición energética implica reemplazar el sistema centralizado de la nuclear y los combustibles fósiles por otro descentralizado de energías renovables donde tenga más importancia lo local. Es una oportunidad única para encontrar un equilibrio entre lo rural y lo urbano, entre el norte y el sur global y entre la nuestra y las generaciones futuras. Las cooperativas no buscan el beneficio a corto plazo, son estructuras que pueden durar cientos de años.

¿En qué lugar se está favoreciendo un sistema como el que usted defiende?

Uno de los lugares más avanzados para el desarrollo de cooperativas es Escocia. En este país, además de compromisos de energías renovables, tienen también objetivos para alcanzar un número de comunidades energéticas. Tienen un sistema gestionado por una organización, Local Energy Scotland, muy efectivo. Cuando un grupo de ciudadanos quiere, por ejemplo, construir un parque de aerogeneradores, esta organización les ofrece el dinero para realizar los estudios de impacto ambiental. Estos informes, en los que se mira el impacto en las aves o el entorno, pueden ser muy caros, por lo que representan un gran obstáculo. En este esquema, aquellos grupos que no consiguen un informe positivo para establecer el parque, la ayuda se transforma en una subvención que no tienen que devolver. En el caso de que consigan un informe favorable y puedan poner en marcha su proyecto, la ayuda se transforma en un crédito que tienen que retornar con un interés. También ofrecen consultorías técnicas, jurídicas e incluso consejos sobre gestión. Es un servicio que ayuda a reducir las barreras. Los escoceses están muy orgullosos de ello.

Además de un sistema favorable, ¿qué se necesita para crear un modelo con más cooperativas energéticas?

También tiene que ver con el tipo de cultura. En Dinamarca, por ejemplo, hay alrededor de mil cooperativas. Una vez, un profesor de ese país me explicó que en parte tenía que ver con que los daneses tenían una tradición de formar parte de asociaciones, ya sean deportivas, culturales o de cualquier tipo. Un danés medio pertenecía, me dijo, a 13 asociaciones. Yo, por ejemplo, soy miembro de seis asociaciones, pero a medida que te mueves hacia el Este, a los antiguos países comunistas, la participación disminuye. En el sur, aunque en menor medida, también hay menos. (...)

¿Qué tipo de personas son las que más se interesan en este tipo de proyectos?

Uno de nuestros problemas es que atraemos a muchos hombres de pelo gris con perfil técnico. Nos faltan jóvenes y mujeres. En las cooperativas se necesitan todo tipo de personas. Que entiendan de tecnología pero también de contabilidad, o de comunicación, o que ayuden a organizar los aspectos sociales del movimiento. Luego tenemos algunas señales de alarma que empezamos a ver, como cuatro cooperativas, una de ellas en España, que solo aceptan mujeres. Las cooperativas deben estar abiertas a cualquiera, independientemente de su género, religión o color, si no se va en contra de sus principios.

¿Por qué decidieron crear una federación con cooperativas de toda la Unión Europea?

En 2008, mis colegas y yo descubrimos que no estábamos solos y que había cooperativas muy antiguas en España, Italia, Alemania o Portugal. Sin embargo, en Francia apenas había alguna ya que, al tener un sistema monopolista público, a los bancos les parecía una locura que alguien quisiera establecerse como proveedor independiente de energía verde. Un grupo de ciudadanos franceses que querían crear una cooperativa se pusieron en contacto con nosotros para pedirnos ayuda para establecer un banco de garantía. En ese momento, conocimos a alguien de la Comisión Europea que nos habló de ayudas para poner en contacto a ciudadanos de distintos países y así empezó nuestra federación. Ahora mismo, estimamos que hay unas 5.000 cooperativas energéticas alrededor de Europa. Y el número está creciendo. En Países Bajos, por ejemplo, tenían unas 70 cooperativas energéticas hace 10 años y hoy son más de 700.

¿Qué es lo que querían conseguir cuando se unieron?

La Unión Europea empezó como una unión de negocios, del carbón y el acero, pero no como una democracia. Luego se estableció el Parlamento, la Comisión y los Estados miembros. Lo que necesitamos ahora es que todos los ciudadanos de la Unión Europea tengan las mismas posibilidades para establecer comunidades y tomar el control.

Han conseguido que la Comisión Europea reconozca la necesidad de que la ciudadanía participe en la transición energética. ¿Por qué es importante?

Ha sido importante que nos reconozca como jugadores independientes. Que hayamos ganado derechos y también responsabilidades. Aunque no conseguimos todo lo que queríamos, logramos un 90% de nuestras peticiones. Pero ahora hemos tenido que empezar a pelear para que las compañías públicas no utilicen nuestra definición. Incluso las grandes empresas empiezan a intentar disfrazarse como comunidades energéticas."        

¿Qué les queda por hacer?

La Unión Europea debe minimizar los obstáculos que impiden que los ciudadanos se organicen en grupos a través de una regulación y medidas que los ayuden a organizarse. Para que la promesa de la Unión Europea de apoyar a todos los ciudadanos europeos para constituir este tipo de comunidades sea real, se necesita un sistema que lo apoye y elimine las barreras. Se necesita que los ciudadanos confíen en el Gobierno y que sepan que la legislación no va a cambiar según quién esté en el poder. "                 (Laura Rodriguez, eldiario.es, 01/06/23)

16.6.23

“El autoconsumo compartido es la energía de la clase trabajadora, los que tienen un chalé no tienen problemas”... por eso, el tapón de las distribuidoras frena el despegue del autoconsumo en los bloques de vecinos... Los trámites de las eléctricas dificultan la conexión a la red de las instalaciones asentadas sobre las azoteas comunes... "sentimos que hay un impuesto al sol encubierto”

 "Llevamos desde octubre de 2022 queriendo activar nuestro contrato. Los comerciales con los que hablamos no tienen ni idea, ni saben qué es el autoconsumo, porque la gente preparada no da la cara. Ojalá a nadie le pase lo que a mí, me deberían indemnizar por los cabreos, que no me dejan dormir”. El enfado de Ángeles Gago, vecina de 61 años de Sevilla que recibe desde hace siete meses largas de la distribuidora de Endesa, está muy extendido: los casos de ciudadanos y promotores con instalaciones comunitarias de paneles solares suspendidas en un limbo se multiplican. Todo, a pesar de que la ley estipula un plazo máximo de 60 días que es ignorado por sistema.

Este tapón llega en plena ola de interés ciudadano por el autoconsumo —que el año pasado se duplicó—, ejerciendo de freno sobre su crecimiento y afectando a miles de vecinos que habían decidido unir fuerzas para reducir sus facturas y echar una mano frente al cambio climático. “Se están poniendo muchas trabas, con tiempos de espera que llegan a superar el año y medio”, constata Raquel Paule, directora general de la Fundación Renovables. “El principal cuello de botella está en los permisos de acceso y conexión, y eso es algo que recae directamente en las distribuidoras. Son trámites administrativos extra que no terminan de retirarse”.

La jefa de la Fundación Renovables cree que las compañías distribuidoras han dotado “pocos recursos humanos para desbloquear la situación” y observa una “clara falta de voluntad y muchas excusas”. José María González Moya, de la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA), también reconoce los “importantes” retrasos: “Es cierto que la normativa es compleja, pero hay que mejorar las cosas porque el autoconsumo colectivo es la gran asignatura pendiente. El autoconsumo individual ya ha despegado, y el que falta ahora es el colectivo; por eso es tan importante acelerar en los trámites”.

La estructura de la población española convierte el problema en especialmente acuciante: algo más de seis de cada diez personas viven en pisos, mucho más que en la mayoría de países del entorno europeo. De ahí que su potencial de crecimiento sea mucho mayor.

Hoy, sin embargo, es muchísimo más sencillo conectar una instalación en un tejado individual que en una azotea comunitaria, lo que frena el necesario despegue de estas instalaciones en las ciudades, donde —a diferencia de lo que ocurre en el ámbito rural— el espacio es limitado. Todo, a pesar de que la normativa hace que solo sea necesario el visto bueno de un tercio de los vecinos de cada bloque para instalar placas, lo que debería acelerar este tipo de instalaciones. En el caso de Gago —con 780 placas sobre las azoteas de 10 bloques y a un paso de la estación sevillana de Santa Justa—, se apuntaron 150 vecinos de los 210 que comparten la urbanización.

 “No somos conscientes de ser un problema y no tenemos constancia de ningún caso que haya acabado en penalización para nosotros por haber superado el plazo de dos meses”, niegan fuentes de Endesa Distribución, la mayor empresa del sector en España por kilómetros de red —una herencia de cuando era pública—, con gran presencia en el sur y el noreste de la Península. “Es un proceso en el que entran muchos agentes, también la comercializadora”, alegan. Aunque ya están conectadas a la red más de 200.000 instalaciones de autoconsumo, apenas el 0,6% (menos de 1.200) son colectivas; el resto, son individuales.

En el caso de i-DE, la rama de distribución de Iberdrola y la segunda mayor empresa de este segmento en España, el autoconsumo colectivo es el 1,9% del total (algo menos de 2.800 sobre 146.000), aunque admiten un “aumento significativo este año, con 1.300 solicitudes en curso”. La empresa también argumenta que el proceso de alta es “muy complejo” y “altamente regulado”, con “muchos agentes” interviniendo y “ciertos aspectos pendientes de desarrollo normativo”. La tercera mayor distribuidora de España, UFD (Naturgy), se limita a afirmar que “está gestionando todas las solicitudes conforme a los procesos definidos por el regulador”.

“Es verdad que, en muchos casos, la frontera entre la responsabilidad de la comercializadora y la distribuidora es difusa, porque puede haber una comercializadora por vecino y se tienen que entender entre las dos partes. Pero en la mayor parte de los casos la cuota de culpa de las distribuidoras es mayor”, apuntan fuentes del sector. Otra voz autorizada en el sector eléctrico admite, bajo condición de anonimato, un “problema claro de dimensionamiento” de las firmas de distribución de luz a raíz del bum del autoconsumo: “Hacen falta incentivos para que pongan los recursos necesarios y aceleren en la tramitación de todos estos casos”.

“Es la energía de la clase trabajadora”

“El autoconsumo compartido es la energía de la clase trabajadora, los que tienen un chalé no tienen problemas”, esboza Joan Herrera, director de acción ambiental y energía del Ayuntamiento de El Prat de Llobregat (Barcelona). “Llevamos 14 meses de espera para 15 instalaciones, y podemos acreditar que se debe a errores de Endesa Distribución”. Solo cuatro de las 19 instalaciones de este municipio están activas, con unos 1.600 paneles solares listos para salir a la red pero taponados a la espera del visto bueno de la distribuidora. Herrera reclama al Gobierno que acelere el cambio de criterio retributivo a las distribuidoras, previsto para 2025: “¡No podemos esperar tanto! Quien haga mal su trabajo y le demostremos los retrasos, que cobre menos. Es la única solución ante la mala praxis y la discrecionalidad de las distribuidoras”. Endesa Distribución achaca los retrasos a errores en las solicitudes y al rechazo de sus condiciones técnico-económicas, aunque admite que el procedimiento es “mejorable”.

Desde la acera empresarial, Laura Feijóo, coordinadora del área de autoconsumo de la cooperativa Ecooo, que tiene en marcha 30 instalaciones comunitarias en edificios de Madrid, abunda en la queja por un retraso que cifra entre 10 y 12 meses, y que achaca a las distribuidoras de Iberdrola y de Naturgy. “Nuestro día a día es una labor pedagógica con los técnicos de sus subcontratas, sin formación y que desconocen lo que es el autoconsumo”, se lamenta. “El Gobierno no puede estar tranquilo y alegrarse de que crezca el autoconsumo: debe obligar a las distribuidoras a respetar los plazos. Hay mucha gente que aún no puede acceder a él y abaratar su factura por el hecho de vivir en bloques, como la mayoría de la población”. Y cierra: “Cuando empezamos en 2017 teníamos la sensación de que estas instalaciones eran ilegales, ahora sentimos que hay un impuesto al sol encubierto”.

 Para reducir su factura, los clientes deben mandar una extensa documentación que habitualmente preparan las empresas instaladoras, pero hay un archivo txt que es necesario que remita digitalmente el propio interesado con su número de identificación (Cups) y el porcentaje de la instalación comunitaria que le pertenece (con seis decimales), según Endesa Distribución. “En febrero descubrimos que a un vecino le venía rechazada la información con una a minúscula o un signo +, marcas y detalles que no coincidían con el documento original. Fue entonces cuando nos pusimos en alerta”, relata Ignacio Contreras, socio de la empresa instaladora The Arty Sun.

La única respuesta que recibían los vecinos del bloque por parte de Endesa a sus correos electrónicos era “documentación incompleta” o “documentación incorrecta”, sin más explicaciones. “Rechazo tras rechazo, volvían a mandar la misma documentación todos los vecinos, y a algunos se las aceptaban y a otros no, y algunos archivos venían retocados. Todo muy desesperante”, añade el otro socio de la firma sevillana, José Miguel Bago. Ante la nula resolución del problema por parte de Endesa, los empresarios acudieron a la Junta de Andalucía, que les recomendó denunciar la situación de manera pública. Para sortear las respuestas evasivas de la distribuidora, decenas de vecinos han puesto reclamaciones ante la Consejería de Industria, Energía y Minas. Ahora están a la espera de contestación oficial.

Endesa achaca el retraso a la Junta y a las comercializadoras, y alega que no es responsable de los misteriosos cambios en los documentos: “Los ficheros txt no son modificados por la distribuidora, sino que los envían las comercializadoras y nosotros los validamos”. El Gobierno andaluz admite el problema pero se lo achaca a Endesa y las comercializadoras, y dice que mantiene reuniones para “agilizarlo”.

Los que sí lo consiguen: la factura baja de 85 a 18 euros

En esa misma urbanización sevillana, Mari Ángeles Redondo sí está pudiendo volcar sus excedentes, a diferencia de Gago. “He bajado mi factura de 85 a 18 euros. Estoy muy satisfecha”. En su caso, invirtió 3.486 euros, pero ya ha recibido incentivos que le cubren el 77% del desembolso.

Ante la lenta implantación de las instalaciones comunitarias en los bloques, el Colegio de Ingenieros Industriales de Sevilla ha ido un paso más allá para que la energía producida por paneles solares comunitarios se reparta en todo momento entre los vecinos de un bloque de la manera más eficiente. Es decir, que en vez de volcar a la red los excedentes, la energía que no consume el vecino del noveno la aproveche la del tercero y así evitar los actuales prorrateos estancos. “El reparto es instantáneo y la energía generada va a los vecinos de la manera más óptima. Pero claro, perjudica a las eléctricas”, lamenta Bago sobre la nula respuesta del Ministerio para la Transición Ecológica.

Aunque el cuello de botella de la distribución es —según prácticamente todas las fuentes consultadas— el más importante, Enrique García, de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), señala a otro punto que también está ralentizando a las comunidades de vecinos —o las empresas— que se lanzan al autoconsumo: los trámites para legalizar la instalación. “Es algo que compete a las comunidades autónomas, pero la mayoría de ellas no está cumpliendo los plazos”, apunta por teléfono. “Eso hace que haya muchas instalaciones que están vertiendo a la red sin recibir nada a cambio. Es decir, está regalando a las distribuidoras la electricidad que genera y no consume”.              (Javier Martín-Arroyo , Ignacio Fariza , El País, 11/06/23)

12.6.23

Así arranca la primera aceleradora de Comunidades Energéticas Locales de España

 "Con siete proyectos participantes y con varias sesiones en torno a 3 ejes temáticos: grupos motores y modelo de participación; estudios técnicos y permisos; y financiación, instalación y gestión. De esta forma, los vecinos y ayuntamientos de los que nacen estas iniciativas, una vez formados, dispondrán de todos los conocimientos para desarrollar su comunidad.

La Comunidad Valenciana continúa siendo el motor de la revolución de las comunidades energéticas locales. En esta ocasión, la primera aceleradora de Comunidades Energéticas Locales (CELs) impulsada por la asociación de empresas de energías renovables y otras tecnologías limpias de la Comunitat Valenciana (Avaesen) comenzará a funcionar en los próximos días, con siete proyectos participantes que han sido seleccionados para impulsar, como punto de partida, el autoconsumo colectivo. Entre las iniciativas seleccionadas hay dos que parten de la unión de vecinos en los municipios valencianos de Sagunt y Almoines. Las otras cinco iniciativas parten de los ayuntamientos de Alcoi, en Alicante, Senyera y Albaida en la provincia de Valencia, y Cortes de Arenoso y Onda en la provincia de Castellón. Serán varias sesiones durante los próximos meses con tres ejes temáticos: grupos motores y modelo de participación; estudios técnicos y permisos; y financiación, instalación y gestión. De esta forma, una vez formados, dispondrán de todos los conocimientos para desarrollar su comunidad energética.

Las siete CELs seleccionadas serán asesoradas y mentorizadas por expertos en diferentes ámbitos para que puedan acelerar el proceso de iniciar una comunidad energética desde cero. Juan Sacri, de Sapiens; Arturo Zea, de Valencia Clima i Energía; Emmanuel Silva de la Oficina de Transición Energética; Paula Sánchez de León, de Smart to People; Ramón Gero, de Eiffage Energía Sistemas; Jordi Sarrió, de INEL; Ximo Masip, de ImpactE; Amparo Balbastre de Alfa Globla; y Mariola Guarinos y Sònia Valiente, de Avaesen. La aceleradora de CELs está impulsada por Avaesen, con el apoyo de la Conselleria de Vivienda y Arquitectura Bioclimática, porque "tienen un importante papel en la transición energética de la Comunitat. Con un modelo de democratización en la producción y consumo de energía que empodera a la ciudadanía en tres aspectos: reduciendo la factura de la luz, protegiéndose de las fluctuaciones de precios a la vez que mitiga el cambio climático".

 Mapa de comunidades energéticas

Desarrollado por Avaesen con la financiación de la Conselleria de Vivienda y Arquitectura Bioclimática, este mapa -presentado hace dos meses- permite localizar las 62 CELs existentes en la Comunitat e interactuar con ellas. "No se trata -explican desde la Asociación- de un simple repositorio de instalaciones, sino que permite obtener información sobre la CEL en cuestión, la empresa que la gestiona y unirse a ella". En el caso de no existir una CEL cerca de la persona usuaria, el mapa ofrece además la posibilidad de crear una "y, al recibir la información, en menos de 48 horas -concretan desde Avaesen- el solicitante recibe respuesta de, al menos, tres empresas de experiencia contrastada en este tipo de iniciativas energéticas".                  (Energías renovables, 26/05/23)

15.5.23

Andalucía da los primeros pasos para su propio grupo cooperativo de energía barata y limpia... Córdoba lidera un proyecto pionero para construir 15 miniplantas fotovoltaicas en régimen de cooperativa y desligarse del oligopolio eléctrico... Más de 14.000 familias, pymes y entidades locales de Córdoba y provincia producirán su propia energía... El objetivo es construir 15 miniplantas solares distribuidas por todo el territorio provincial. Cada instalación fotovoltaica ocupará una hectárea de superficie y generará un megavatio de energía, con capacidad para abastecer a unas 800 familias. Todos los terrenos ya están reservados y las 15 cooperativas constituidas... Cada socio cooperativista hará frente a una inversión máxima de 1.500 euros... Si la iniciativa se culmina con éxito, Faecta ya está pensando en extender el plan a las ocho provincias andaluzas con la creación de un grupo regional de energía. En ese caso, más de 112.000 familias, pymes y entidades locales podrán beneficiarse de la generación de electricidad renovable

 "Más de 14.000 familias, pymes y entidades locales de Córdoba y provincia producirán su propia energía verde y barata, gracias a un innovador proyecto de producción eléctrica bajo un modelo de gestión cooperativa. El plan ha sido impulsado por la Federación Andaluza de Empresas Cooperativas de Trabajo, Consumo y Servicios (Faecta), en colaboración con el grupo vasco Mondragón, la mayor cooperativa de Europa.

La de Córdoba será la primera experiencia provincial de generación eléctrica en régimen de cooperativa. En otros puntos de la comunidad autónoma existen otros proyectos comunitarios, pero son puntuales y no integran a miles de familias.

El objetivo es construir 15 miniplantas solares distribuidas por todo el territorio provincial. Cada instalación fotovoltaica ocupará una hectárea de superficie y generará un megavatio de energía, con capacidad para abastecer a unas 800 familias. Todos los terrenos ya están reservados y las 15 cooperativas constituidas. Después del verano, según las previsiones de Faecta, se acometerán los huertos solares.

 Si la iniciativa se culmina con éxito, Faecta ya está pensando en extender el plan a las ocho provincias andaluzas con la creación de un grupo regional de energía. En ese caso, más de 112.000 familias, pymes y entidades locales podrán beneficiarse de la generación de electricidad renovable a buen precio.

Cada socio cooperativista hará frente a una inversión máxima de 1.500 euros, que podría verse reducida a la mitad si, como está previsto, se beneficia de una ayuda ya solicitada al Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). En total, las 15 miniplantas han solicitado una subvención de 17 millones de euros. Cada huerto solar exigirá una inversión ligeramente superior a los dos millones de euros.

Faecta hará un estudio personalizado de las necesidades energéticas de cada socio y le reservará la superficie de placas fotovoltaicas que necesite. Para un consumo medio de unos 3.000 kilovatios al año, la inversión requerida asciende a 1.470 euros aproximadamente para un ahorro del 42% en la factura eléctrica. Si el consumo medio se sitúa en 2.000 kilovatios, la inversión desciende a unos 980 euros y el ahorro será de un 35%, según los datos estimativos facilitados por la Federación de Empresas Cooperativas.

El precio del kilovatio no superará los 3,5 céntimos, cuando la media ronda los 16 céntimos en el mercado convencional. Los costes fijos de la factura no variarán. El ahorro por kilovatio consumido roza los 13 céntimos aproximadamente. Los socios deben residir a un máximo de 25 kilómetros de la planta solar. Toda la energía generada durante el día en la instalación fotovoltaica se integra en la red eléctrica y, por la noche, cuando las placas se encuentran inactivas, la cooperativa compra la energía necesaria.

"Lo que nosotros hacemos es construir una empresa energética y se le entrega a 800 familias para que la gestionen democráticamente", asegura Francisco Molina, presidente de Faecta. En el futuro, los socios pueden decidir libremente poner más placas solares para aminorar los costes fijos de la factura. Justo por esa razón, la mayor parte de las fincas adquiridas superan la hectárea de la miniplanta fotovoltaica.

Cada planta ahorra la emisión equivalente a una plantación de 39.000 árboles

Todos los terrenos corresponden a espacios baldíos sin uso agrícola, como es el caso de escombreras o vertederos municipales. El objetivo es minimizar el impacto medioambiental al máximo. Porque la sostenibilidad es otro de los propósitos del proyecto. Cada planta solar ahorrará la emisión de 513 toneladas de gases de efecto invernadero al año, lo que equivale a una plantación de 39.000 árboles. "No queremos que se construyan macroplantas que ocupen nuestro territorio y se lleven la energía fuera de Andalucía para especular", explica Molina. Es, por lo tanto, una iniciativa sin ánimo de lucro, que persigue el "autoconsumo", la generación de energía no contaminante y evitar que los ciudadanos hagan "una transferencia de renta pagando más por la luz que generan las grandes empresas".

Paqui Navarrete es promotora de una de las cooperativas puestas en marcha en Córdoba capital. "Yo no tengo posibilidad de montar placas solares en mi vivienda y esta es una buena solución", afirma. El pasado enero llegó a pagar 128 euros en la factura de la luz, y con este régimen de generación de energía cooperativa espera poder ahorrar casi un 50%. "Nadie se lleva beneficios y seremos socios de un proyecto de energía renovable", subraya convencida de los beneficios económicos y sociales del proyecto.

Tacha el mercado eléctrico actual de "barbaridad". Un sistema energético controlado por un oligopolio, que obtiene gruesos beneficios, gracias a un modelo tarifario que privilegia a los accionistas y penaliza a los consumidores. "Vivimos muy mediatizados por el gasto de la luz", razona, "y hay gente invirtiendo mucho dinero en placas solares" para lograr escapar de una espiral diabólica de precios excesivamente altos. Esta es una salida para "desvincularse" del dominio de las compañías eléctricas y poner en el "eje de la gestión energética" a los ciudadanos.

Además de las 15 cooperativas cordobesas, ya hay constituidas otras 8 en Cantabria, Galicia, País Valencià, Jaén, Granada, Almería y Huelva, según refleja el mapa energético impulsado por la comercializadora Ekiluz, ligada al grupo Mondragón. En total, serán ya 21.000 hogares los que se beneficien de este modelo eléctrico cooperativo. Este parque fotovoltaico generará 48 millones de kilovatios al año y ahorrará la emisión de 9.122 toneladas de CO2."              (Aristóteles Moreno, Público, 14/05/23)