Artículo 129 de la Constitución española: Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción - Implantar la democracia económica en España es constitucional
Cada semana, una monja de Filadelfia conduce hasta el tribunal de inmigración en Harlingen, Texas, para sentarse junto a niños no acompañados, algunos tan pequeños como de cuatro años, que se enfrentan a un juez de deportación sin abogado y sin padre ni madre. Esta semana, un migrante indocumentado que enfrenta una deportación inminente llamó a la hermana Rose Kuhn su “ángel”. Esto ocurre mientras católicos de todo el país, inspirados por el Papa León XIV, se están levantando contra las políticas de inmigración de la Casa Blanca.
"León XIV: conciliación; Argüello: “¡Banda de ladrones!”
"Cuando el Estado se olvida de la ética se convierte en una banda de ladrones”. Palabras de Luis Argüello,
arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal
Española, un mes después de la visita del Papa a España. El paréntesis
apaciguador de aquella visita se ha cerrado. Vuelve el Ruedo Ibérico y
el presidente del episcopado se une al combate. Le gusta el Ruedo
Ibérico a Argüello, uno de cuyos objetivos pastorales es poder reabrir
en Roma la causa para la beatificación de la reina Isabel de Castilla.
León XIV
viajó a España durante toda una semana (Madrid, Barcelona y Canarias),
del 6 al 12 de junio, se cumple ahora un mes, con el manifiesto
propósito de atemperar los ánimos y pedir un poco más de concordia en el
país con la monarquía católica más antigua de Europa. León XIV pidió
serenidad y entendimiento a los españoles y fue aplaudido durante siete
minutos en el Congreso de los Diputados por casi todos los grupos.
Cuatro semanas después de aquel significativo acontecimiento, el
presidente del episcopado local echa leña a la caldera digital con unas
declaraciones que todo el mundo ha leído como una invectiva contra el
Gobierno: “¡Banda de ladrones!”
La reacción del Ejecutivo ha sido fulminante. El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños,
una de cuyas funciones es la relación institucional con la Iglesia
católica, ha remitido una carta a Argüello preguntándole al presidente
del episcopado que le parecería si el Gobierno se refiriese a la Iglesia
católica como una “banda de agresores sexuales”. Fogonazo político en
un verano tórrido que se está cobrando vidas en incendios infernales,
mientras el país disfruta con el Mundial de Fútbol. Hemos regresado,
sí, al Ruedo Ibérico, con el termostato averiado. El incendio de
Almería es mal presagio.
Ante la fuerte
reverberación de sus palabras en un coloquio en la sede de la Fundación
Pablo VI de Madrid, el arzobispo Argüello ha precisado que se refería al
Estado en su conjunto. Y ha añadido con ironía: “Cada uno verá por qué
se siente aludido, porque yo no he hablado del Gobierno”. El presidente
de la conferencia episcopal ha añadido que se limitó a citar una frase
de san Agustín, extraída del libro La ciudad de Dios.
Cada
vez más gente cita a san Agustín en el interior de la Iglesia católica.
Hay una curiosa fiebre agustiniana. El vicepresidente de Estados
Unidos, por ejemplo, no dudó en acudir a san Agustín para criticar al
papa Francisco a propósito de la inmigración. Dijo que el orden
natural del amor católico empieza con los más cercanos, formando un
orden concéntrico, en el que los “extraños” se hallan en el último
círculo. JD Vance, que estudió a san Agustín en su periodo de
conversión al catolicismo, quiso dar clases de teología al obispo de
Roma. El cardenal Robert Francis Prevost, entonces prefecto del
Dicasterio de los Obispos, que alguna cosa sabe de san Agustín, le
corrigió: “JD Vance se equivoca”, escribió en las redes sociales.
Febrero del 2025.
Muchos
citan hoy a san Agustín para situarse bajo la capa de León XIV. Como es
bien sabido, el sucesor de Francisco es fraile agustino y ejerció
durante doce años como Prior General de la orden de san Agustín. Citar
al santo que escribió sobre la Ciudad de Dios se está convirtiendo en
una suerte de salvonducto. Los argumentos que incluyen una cita de san Agustín parecen timbrados por el Papa.
En el caso que nos ocupa no es así. Ni siquiera puede afirmarse que monseñor Argüello hay citado literalmente a Agustín de Hipona,
padre de la Iglesia, nacido en el siglo V en el norte de África, en una
localidad bereber que actualmente pertenece a Argelia, muy cercana a la
frontera con Túnez. San Agustín escribió lo siguiente. “Sin la
justicia, ¿que serían los reinos sino grandes bandas de ladrones?” El
sentido de sus palabras podría ser este: la práctica de la justicia
hace que un reino -un Estado, diríamos hoy- no sea un mero instrumento
depredador.
Monseñor Argüello ha evitado
cuidadosamente la palabra “justicia” en su cita agustiniana, puesto que
este horno no está para bollos en España. Si el presidente del
episcopado hubiese dicho: “Cuando la justicia no funciona bien en un
Estado, este se convierte en una banda de ladrones”, hoy tendría un
serio problema con el Consejo General del Poder Judicial y con buena
parte del sistema de poderes articulado en Madrid. Hábil en el manejo de
la retórica, Argüello ha adaptado san Agustín a la coyuntura política,
ha dicho lo que algunos oídos querían escuchar y ha encendido la
polarización que el Papa parecía querer rebajar hace un mes.
León
XIV vino a España a intentar apaciguar los ánimos. El presidente del
episcopado, por el contrario, está tomando posición en la refriega.
Recordemos las palabras del Papa nada más llegar a Madrid, durante su
discurso en el Palacio Real, el día 6 de junio: “La Iglesia hoy está
dispuesta a ponerse al servicio del futuro de un pueblo que busca la
reconciliación y la paz. Invito a todos, por amor a la verdad, a
abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad
social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a
la apreciación fecunda de la complejidad”.
“Apreciación
fecunda de la complejidad”. Es impresionante esa afirmación de León
XIV. Nadie, o casi nadie, utiliza hoy ese tipo de lenguaje en la arena
pública. Es una expresión conmovedora, en la medida que contradice la
furia de los tiempos. Las palabras de Luis Argüello, con una creativa
adaptación de san Agustin a la coyuntura, difícilmente pueden ser
consideradas como una apreciación fecunda de la complejidad, más bien
han sido demostración de un hábil sentido de la oportunidad. Y la
reacción del Gobierno ha sido exagerada. Hay nervios en el Gobierno.
El
presidente del episocopado ha querido cerrar el paréntesis abierto por
la visita del papa a España, para ubicarse en las coordenadas del
combate político, forzosamente a título personal, puesto que no ha
hablado en nombre de todos los obispos.
Argüello,
que no tiene en estos momentos el rango de cardenal, ha querido señalar
que la Pax Romana ha finalizado en España. El combate político se
acentúa y él se ubica en el mismo. En diciembre del año pasado, Luis Argüello ya sorprendió a muchos pidiendo la convocatoria inmediata de elecciones en una entrevista con La Vanguardia.
Estuve presente en aquella entrevista, le hice varias preguntas, y me
sorprendió su instinto político; le gusta la política, piensa en
términos políticos.
“Mación de censura, moción
de confianza o elecciones”, nos dijo en aquella entrevista. Me
sorprendió también la soltura con la que proponía una reforma de la
Constitución para revisar la actual ordenación territorial española.
Al
arzobispo Argüello no le gusta el término ‘nacionalidades’ incluido en
el artículo 2 de la Constitución, cree que debería haber una
clarificación al respecto, y también cree necesario reformar la Carta
Magna para dejar claro la preminencia de la lengua castellana en todo el
territorio español. Argüello tiene un programa y nos lo explicó en
diciembre del 2025. Acabada la visita del Papa a España, apagados los
ecos de la misma, el presidente del episcopado ha estimado oportuno
tomar posición, acercándose al lenguaje del Partido Popular y Vox,
partidos que pueden formar bloque de Gobierno dentro de unos meses. Todo
está bastante claro, con el permiso de san Agustín.
La
Iglesia católica es un organismo muy complejo, con muchas opiniones y
miradas en su interior, que deben obediencia al Papa en las cuestiones
doctrinales, pero que a la vez pueden expresar posiciones muy diversas
sobre la realidad social y política. La Iglesia católica es muy
jerárquica y a la vez muy flexible. Dos mil años de historia nos
contemplan. Las palabras del presidente del episcopado llegan en un
momento en el que Roma debe decidir el relevo del arzobispo de
Barcelona, cardenal Juan José Omella, que ya ha superado con
creces el periodo de jubilación. En las actuales circunstancia, el
nombre del nuevo arzobispo de Barcelona cobra una singular importancia.
¿Monseñor Argüello ha querido enviar un mensaje cifrado a Roma, o más
bien ha calibrado mal el alcance de sus palabras?"
"El presidente de los obispos achaca a la falta de ética
que el Estado se convierta en “una banda de ladrones”: “A los hechos me
remito”.
El tema de conversación era el “colapso de la democracia”.
La primera de las palabras ha asegurado que lo “asusta” el presidente de
la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Valladolid, Luis
Argüello, que este jueves ha advertido en una ponencia que “cuando un
Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones”
parafraseando a Agustín de Hipona. “A los hechos me remito”, ha
insistido el prelado en su charla en la Fundación Pablo VI de Madrid,
una reflexión sobre cómo regenerar la democracia en la que ha pedido que
quienes participan en los sistemas democráticos pongan sobre la mesa su
forma de “acoger, aceptar, proponer una referencia ética”. Los
católicos españoles, entre ellos.
La intervención de
Argüello ha derivado en encontronazo con el Gobierno. El ministro de
Presidencia, Félix Bolaños, le ha replicado por carta este mismo jueves
mostrando su “sorpresa” y aludiendo directamente a la expresión “banda
de ladrones”. “Para mostrarle que su razonamiento no es solo injusto,
sino profundamente contraproducente para la institución que usted
preside, permítame hacerle una pregunta”, adelanta el ministro. “¿Qué le
parecería si un miembro del Gobierno calificase a la Iglesia entera
como ‘banda de agresores sexuales, a las pruebas me remito’?
Evidentemente sería falso y profundamente injusto”, le dice. Bolaños ha
instado al prelado a que las relaciones de la Conferencia Episcopal con
el Gobierno estén “marcadas por la moderación, el respeto y la justicia
en lugar de por la exageración y el partidismo en favor de las fuerzas
de la derecha y la ultraderecha”, y le ha recordado unas palabras que
atribuye a León XIV en su reciente viaje apostólico a España: “Quienes
ejercen una responsabilidad pública tienen una especial obligación de
custodiar la palabra para desarmar el lenguaje”.
En
la misma charla en la que ha rescatado a San Agustín (“Si de los
Gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de
ladrones a gran escala? Y estas bandas, ¿qué son sino reinos en
pequeño?“, afirma el filósofo en La ciudad de Dios), Argüello ha
recalcado que esa exigencia ética a los dirigentes políticos tiene que
partir del buen ejemplo de los ciudadanos. “Si hemos hecho trampas en el
solitario a la hora de hacer la declaración de la renta, porque
pensamos que ese es el pan de nuestros hijos, o si pedimos un contrato o
mejor una factura en negro, ¡ojo!, porque las referencias éticas son
para todos. Porque si no hay un pueblo, un demos, con referencia
ética, ¿cómo vas a exigirlo a alguien que sea tu representante?“, se ha
preguntado en la clausura de la Escuela de Verano organizada por la
Conferencia Episcopal Española, la Universidad Pontificia de Salamanca y
la Fundación Pablo VI.
Pero el obispo de Valladolid ha
cargado también contra algunas leyes aprobadas por Gobiernos
progresistas en los últimos años, que él enmarca en un plan para
“deconstruir”. “Basta leer las exposiciones de motivos de las leyes
aprobadas en España en los últimos diez años, referidas a las cuestiones
de sexo y género, para ver cómo hay un proyecto de deconstrucción
antropológica”. Y ahí ha atacado la legislación pro-LGTBI y hasta al
Orgullo, porque ese proyecto deconstructor, ha dicho, es de “autonomía
para decidir yo mi propio género, despreciando a Dios y cuerpo, como
expresión máxima orgullosa —género del orgullo, orgullosa, porque es el
pecado de Satanás el orgullo—, para decir: ‘Yo puedo hacer lo que quiera
y el cuerpo no es más que un instrumento”.
Argüello ve
en esa legislación una falta de “neutralidad”. Es más, detecta incluso
una falta de “aconfesionalidad” del Estado. “Nuestras leyes están
consolidando en cuestiones que tienen que ver con lo que antes se
llamaba disforia de género y hoy se llama territorio del orgullo
LGTBIQ+”, ha criticado. “Se prohíben las terapias de conversión y al
mismo tiempo que se consolidan las terapias afirmativas”, un concepto
este último que parece salir de su cosecha. “En cuestiones que son
límites, de la vida y la muerte, cuestiones del aborto, eutanasia,
tampoco hay vacío antropológico ni neutralidad del Estado, sino
afirmaciones de cuándo empieza la vida, de cuándo termina, de qué
criterios morales seguir”, ha señalado en el marco de un curso en el que
también ha participado el ministro de Exteriores, José Manuel Albares.
“Lo
peor que podría ocurrir es que, hablando de la democracia y de su
crisis, pensáramos, esto no va con nosotros”, ha apelado el obispo, que no es novato en enfrascarse en polémicas.
Al estallar los casos de pederastia en la Iglesia, aseguró primero que
solo eran “pequeños casos” y que España era una excepción en el mundo
católico.
El
jefe de los obispos españoles también ha criticado que “las democracias
liberales” se hayan “convertido en democracias asistencialistas” en las
que se da “una paguita” porque les “interesan ciudadanos pasivos
comprados por las subvenciones” y ha subrayado que el Estado no debe
“convertirse en una Cáritas laica que da limosnas”. Sin dejar
casi ningún gran asunto de actualidad en el tintero, el obispo
vallisoletano también ha apelado a los inmigrantes, que “tienen deberes a
la hora de su integración porque, si no, aprenden rápido el camino de
los derechos”.
No han faltado alusiones a la bajada de la
natalidad, habituales en un preboste de la Iglesia. Pero con una
llamativa coincidencia que Argüello ha visto entre el capitalismo y la
izquierda europea a cuenta de la disminuciónen el número de hijos. “El
capitalismo mundial tiene una estrategia, llevada a cabo
fundamentalmente por sus grandes fundaciones, que surgen desde
laboratorios fundamentalmente estadounidenses, y que luego han tenido en
la izquierda europea a sus cómplices, sus sicarios, en el cumplimiento
de este proyecto de disminuir los comensales a la mesa”."
Las
declaraciones de Luis Argüello fueron sorprendentes. Puedes ser
católico o neoliberal, pero no las dos cosas a la vez. Por supuesto,
puedes ser protestante y neoliberal, o evangélico y neoliberal, pero el
catolicismo está muy alejado del marco antropológico que fija el
neoliberalismo.
Esta es una realidad que la iglesia católica
olvidó desde hace varias décadas. Y llama la atención que ahora, cuando
estamos viviendo un cambio de época, la iglesia española insista en que
ambas visiones del mundo son compatibles.
Luis Argüello se alejó
de la 'Magnifica Humanitas' para acercarse al magnífico mercado.
Deberían tener cuidado: caminar con los mercaderes del templo es
extraño, pero también contraproducente.
Los evangélicos, esos que
han arrebatado Latinoamérica a los católicos, se mueven mucho mejor en
esa alianza entre éxito económico terrenal y salvación eterna.
Actuar de ese modo beneficia el desarrollo de los evangélicos en España.
Por
algún motivo, los católicos españoles no están empujando en la
dirección del bien común, ese que señalaba León XIV como objetivo, sino
en la del bien individual. Es una señal de su debilidad.
"La Iglesia
Católica española se ha apropiado desde 1998 de más de 35.000 bienes que
no eran suyos, al amparo del privilegio excepcional que le otorgó la
reforma de la Ley Hipotecaria de aquel año. Un privilegio que ningún
otro individuo ni institución disfrutó y que permitió registrar como
propios miles de inmuebles, muchos de ellos de enorme valor histórico y
cultural.
Decenas de
sacerdotes destrozaron la vida de miles de niñas y niños mediante abusos
sexuales. Y durante demasiado tiempo su jerarquía hizo cuanto pudo por
ocultar esos crímenes, proteger a los responsables y eludir sus
responsabilidades hacia las víctimas.
La Iglesia
Católica española sigue beneficiándose de un Concordato heredado de la
dictadura franquista y de unos privilegios incompatibles con un Estado
que se declara no confesional. Durante décadas ha recibido financiación
pública, exenciones fiscales y un trato de favor que ninguna otra
confesión ni organización disfruta en semejante medida.
La Conferencia
Episcopal Española guardó un silencio clamoroso mientras destacados
dirigentes del Partido Popular eran condenados por corrupción y mientras
el propio partido era condenado como partícipe a título lucrativo en la
trama Gürtel. Entonces no hubo grandes sermones sobre la degradación
moral de la vida pública.
Ahora, sin
embargo, la Conferencia Episcopal Española pretende erigirse en tribunal
ético y califica al Gobierno legítimo de España de "banda de ladrones".
No es una
casualidad. Una vez más, la jerarquía eclesiástica se sitúa donde ha
estado siempre, junto a quienes concentran el poder económico y político
y combaten con todos los medios a un gobierno elegido democráticamente.
Ahora se une al golpe de Estado en ciernes que se da sin que hagan
falta uniformes ni tanques para intentar derribar al gobierno. Basta con
la deslegitimación permanente, con intoxicar desde los medios, con el
uso partidista de las instituciones y en especial de la judicatura, con
el desprecio sistemático a las reglas democráticas por parte de quienes
consideran que España les pertenece en exclusiva y que cualquier
gobierno que no sea el suyo carece de legitimidad.
Es muy difícil
aceptar lecciones de moral de una institución que no es coherente con lo
que predica, que aún no ha asumido plenamente sus responsabilidades por
los abusos sexuales, que se ha beneficiado de privilegios
extraordinarios durante décadas y que rara vez ha levantado la voz con
la misma contundencia frente a las grandes injusticias, la desigualdad o
la corrupción cuando esta procede de quienes defienden sus intereses y
les conceden las prebendas que disfrutan.
Tengo la impresión de que, si existiera
de verdad el infierno del que tanto hablan, serían esos jerarcas de
doble moral quienes lo iban a conocer con más detalle."
"Cuando
el papa León se reúna con el presidente del gobierno español, Pedro
Sánchez, de tendencia izquierdista, el lunes por la mañana, muchos
liberales de todo el mundo lo verán como la unión de un dúo dinámico que
lidera la oposición al presidente Donald Trump.
“Coinciden en la misma voz” cuando se trata de hablar contra Trump, dijo el cardenal José Cobo de Madrid.
El
papa León ha provocado la furia del presidente de Estados Unidos por
criticar la guerra en Irán y decir después: “no le temo” al gobierno de
Trump. Sánchez se ha opuesto a Trump en muchos temas, desde el gasto en
la OTAN hasta la política migratoria, pasando por su oposición a las
guerras en Gaza e Irán.
Sus motivaciones, sin embargo, son aparentemente diferentes.
El
papa fue arrastrado a la lucha por Trump, pero Sánchez se metió con
alegría en ella. Sánchez es quizá el escapista político más consumado de
Europa, tras librarse de innumerables crisis durante sus ocho años en
el poder. Su actuación más reciente en la cuerda floja ha consistido en
aprovechar las disputas internacionales con Trump para elevar su perfil
mundial y distraer la atención de los problemas internos, especialmente los escándalos de corrupción y las acusaciones que ahora se ciernen sobre sus antiguos aliados y su familia.
A
Sánchez, aparecer con el papa “le ayudará a reforzar su imagen
exterior”, dijo Joseba Louzao, profesor de la Universidad Cardenal
Cisneros y autor de Breve historia de la Iglesia católica en España.
En
sí mismo, eso puede no importar mucho en España, un país cada vez más
polarizado donde los sentimientos hacia el presidente del gobierno ya
estaban profundamente consolidados, dijo Louzao. La gran esperanza para
Sánchez, sugirió, sería que Trump aprovechara la reunión del lunes en
Madrid para atacarlos juntos, lo que podría mejorar el estatus global
del presidente del gobierno español y vigorizar su base.
A primera vista, los dos hombres tienen poco en común. Sánchez se declara ateo,
es un firme defensor del derecho al aborto y se opone a la
participación de la Iglesia católica en la educación pública. Pero, por
lo que dice, también canta el mismo himno que el papa León.
Él
y el papa tienen “un cierto grado de sintonía”, dijo durante un viaje
el 27 de mayo para reunirse con León en el Vaticano, ya sea por su
oposición común a la guerra, su preocupación por las grandes empresas tecnológicas
o su defensa de los emigrantes. “La Iglesia católica y el también el
gobierno de España tenemos, creo que una sintonía bastante elevada”,
añadió Sánchez.
Calificó a León de “brújula moral” mientras navegaban con “sentido común frente a la sinrazón y la ley de la selva”.
Cuando
en mayo España dejó atracar en Canarias a los pasajeros de un crucero
con un brote de hantavirus, Sánchez respondió a las críticas locales
citando “el reconocimiento explícito que ha hecho nada más y nada menos
que el papa a la solidaridad y a la empatía del pueblo canario”.
Los prelados católicos españoles han intentado evitar compararlos en exceso.
Joan
Planellas, arzobispo de Tarragona, reconoció la comparación en lo
referente a la inmigración, la oposición a la guerra y la necesidad de
regular a los gigantes tecnológicos. “Es cierto que en estos temas que
parecen más de izquierdas, si hablamos políticamente, hay una cierta
sintonía”. Pero no sobre el aborto, la eutanasia y otros “temas
delicados”, dijo.
El cardenal Cobo
añadió que el hecho de que Sánchez coincida con el papa en algunos temas
no significa que deba utilizarlo como escudo político, sobre todo
porque siguen discrepando en muchos asuntos.
Funcionarios
del gobierno también han dicho que el presidente del gobierno recela de
acercarse demasiado al papa. Dijeron que corría el riesgo de parecer de
mal gusto y transparentemente político, y que podría provocar una
reacción negativa en la base izquierdista del presidente del gobierno,
que discrepa profundamente de la Iglesia católica en cuestiones como los
derechos de las personas homosexuales, el aborto y el feminismo. En
este sentido, Sánchez y León comparten el interés de no parecer
demasiado compinches.
“El alineamiento
es tan visible que no hay necesidad de enfatizarlo en exceso ni de
intentar cooptar su figura”, dijo Jorge Tamames, miembro del Real
Instituto Elcano, un laboratorio de ideas en Madrid.
La
Iglesia, dijo, se moverá con cautela en medio del “avispero” de la
política española, pero las posiciones del papa sobre los grandes temas
del momento “son tan irreconciliables con la derecha o con la extrema
derecha” que “el contraste es inevitable y el gobierno no necesita
forzarlo”.
Los
aliados de Sánchez también esperan que la visita del papa ayude a
señalar la distancia entre los líderes de derecha que alardean de su
catolicismo y el líder real de la Iglesia católica. El partido de
extrema derecha español, Vox, ha intentado ganarse a los votantes
católicos al presentarse como protector de las tradiciones de esta
religión, aunque también ha criticado a los obispos católicos por apoyar
a los inmigrantes.
Para
evitar que Sánchez obtenga capital político de la visita, los
conservadores han intentado caracterizarla como un intento de utilizar a
León como escudo.
Isabel Díaz Ayuso,
presidenta de la Comunidad de Madrid, quien también visitó al papa en el
Vaticano este mes, ha acusado a Sánchez de “intentar apropiarse” de la
visita del papa León. “En los últimos ocho años, ha sido incapaz de
tener un solo gesto con los católicos”, dijo Ayuso.
Alberto
Núñez Feijóo, líder del principal partido conservador de la oposición
española, se burló de Sánchez por intentar envolverse en las limpias
vestiduras del popular papa.
“Si
quiere acercarse al papa, debería recordar el séptimo mandamiento”, dijo
Feijóo, “‘no robarás’, y el octavo mandamiento, ‘no mentirás’”.
Luis
Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia
Episcopal Española, también advirtió a Sánchez y a la izquierda de no
insinuar que “la iglesia está más cerca de nosotros”. La izquierda
española, dijo el arzobispo, debe aplicar las enseñanzas de la Iglesia a
las acciones “dentro de nuestro propio país”, incluso, dijo, “en
asuntos relacionados con la corrupción”."
"El Papa León XIV criticó el jueves a los gobiernos europeos por su "indiferencia" ante la difícil situación de los migrantes durante su visita a la isla española de Gran Canaria.
Hablando desde el puerto de Arguineguín, donde miles de migrantes africanos pasaron los primeros días de la pandemia de Covid confinados en un muelle sin acceso a comida o refugio adecuados, Leo pidió a las autoridades que mostraran mayor compasión por aquellos que "arriesgan la vida para buscarla."
"No es suficiente gestionar las llegadas, distribuir estadísticas, reforzar las fronteras o lamentar las muertes después de que hayan ocurrido," dijo, dirigiéndose a una audiencia que incluía a migrantes. "No son solo números o archivos." Son personas que han dejado atrás familias y hogares. Tienen sueños que nadie tiene derecho a despreciar.
El papa criticó a Europa por afirmar defender la dignidad humana mientras "se acostumbra a que el Mediterráneo y el Atlántico sirvan como cementerios sin lápidas."
"La dignidad humana no tiene pasaporte y no pierde su valor al cruzar una frontera," añadió.
El Primer Ministro español, Pedro Sánchez, acompañó a Leo en su viaje al archipiélago de las Islas Canarias, subrayando su apoyo común a las políticas pro-migrantes.
En abril pasado, el gobierno de centro-izquierda en Madrid anunció que otorgaría estatus legal a medio millón de migrantes no autorizados. La medida es rechazada por el Partido Popular de centro-derecha y el grupo de extrema derecha Vox. Ambos partidos han adoptado recientemente la llamada política de prioridad nacional, que busca dar a los ciudadanos españoles acceso preferencial a los beneficios y servicios estatales.
Leo hizo sus declaraciones un día antes de que entre en vigor el nuevo Pacto de Migración y Asilo de la UE. La reforma tiene como objetivo fortalecer las fronteras externas del bloque y hacer posible enviar a los solicitantes de asilo rechazados a centros fuera de la UE.
"León XIV defiende la dignidad de los inmigrantes en el Congreso y
reclama que tengan acceso a "posibilidades reales de integración" en la
sociedad. Feijóo dijo que estaba de acuerdo "desde la primera a la
última de sus palabras", aunque no es probable que cambie su rechazo a
la regularización de extranjeros.
El Papa defiende la “acogida respetuosa” de migrantes y critica el rearme: “La seguridad nace del derecho internacional”
León XIV no cree que los extranjeros sean una amenaza para
Europa y sus sociedades. No apoya que los inmigrantes sean ciudadanos de
segunda clase a los que se pueden negar servicios y derechos básicos. No piensa que los españoles de origen deban contar con privilegios o ayudas que no se conceden a los de fuera.
Los extranjeros que viven en España deben contar con “posibilidades
reales de integración”. Todos, incluidos los políticos, saben que sin
papeles están expuestos a la marginalidad y los abusos.
El Papa pronunció un discurso prudente en el Congreso ante
diputados y senadores con la previsible intención de que ningún grupo
político pudiera apropiarse de él, en el caso de que eso sea posible.
Recibió una larga ovación de siete minutos, aunque eso no garantiza que
le vayan a hacer caso. No ya por las lógicas diferencias ideológicas,
sino por la persistencia de una violencia verbal que ya es consustancial
a la vida política española. “La pluralidad política no debería
degenerar en descalificación permanente del adversario”, dijo. “La
firmeza no exige desprecio. La discrepancia no conlleva humillación”. Lo
contrario de lo que se ve en el Parlamento todas las semanas, en
especial en la oposición al Gobierno. Humillar al rival forma parte de
la dieta parlamentaria cotidiana.
Robert Francis Prevost nació en Chicago hace 70 años. La suya es
una ciudad que recibió desde las dos últimas décadas del siglo XIX a un
altísimo número de inmigrantes procedentes de Europa —desde Italia,
Irlanda a varios países de Europa Central y del Este—, que formaron la
base de la clase trabajadora en sus industrias.
La migración interna también hizo que la ciudad creciera con la llegada de centenares de miles de negros en lo que se llamó la Gran Migración.
Abandonaron los estados del Sur para buscar en el Norte un lugar menos
hostil para sus vidas, lo que no siempre consiguieron. Tras un declive
demográfico a partir de 1950, la tendencia en Chicago se revirtió a
finales del siglo XX gracias a la inmigración.
Viniendo de allí, León XIV es muy consciente de las tensiones
sociales y políticas que se originan con las migraciones y las
respuestas reaccionarias a su ascenso. Pero, como católico y ahora jefe
de la Iglesia en todo el mundo, no está dispuesto a dejarse arrastrar
por el clima político que ahora se aprecia en su país y en Europa. Ni a
dejarse intimidar por las ideas ultranacionalistas y la persecución al
inmigrante promovidas por Donald Trump y su Gobierno.
“El extranjero debe ser acogido conforme a su dignidad”, dijo en
el Congreso. El principio moral que le mueve es la defensa de esa
dignidad para la que no hay excepciones: “Allí donde una persona es
discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o
por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio
universal de la igual dignidad de todos los seres humanos”.
El Papa también desplegó los argumentos de la Iglesia contra el aborto y la eutanasia:
“Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción
hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia”. Es una
posición conocida de la Iglesia que no puede sorprender a nadie a estas
alturas y que también defendía el Papa Francisco. No está de más
recordar que es una posición minoritaria en la sociedad española. Eso no
quiere decir que no sea significativa o que pueda presentarse como
irrelevante.
El derecho al aborto forma parte de la parte de la defensa de
los derechos de la mujer, un asunto en el que la Iglesia siempre ha
llegado tarde a lo largo de la historia.
Entre las ausencias poco comprensibles en el discurso estuvieron
los escándalos de los abusos a menores por religiosos en todo el mundo.
Habrían tenido un encaje perfecto en la parte dedicada a la defensa de
los más vulnerables. León XIV sí mencionó esa herida que avergüenza a la
Iglesia y a los católicos en su intervención posterior ante la
Conferencia Episcopal. Ordenó a obispos y arzobispos que respondan “con
la escucha, la verdad, la justicia y la reparación” ante un hecho que definió como “plaga”.
Por la tarde, el Papa se reunió con algunas de las víctimas que
reclamaron una respuesta a la comisión puesta en marcha por la
Conferencia Episcopal.
Acabado el discurso, todos se apresuraron a destacar lo mucho
que coincidía con sus propias ideas. Era inevitable, aunque dio lugar a
algunos ejercicios de contorsionismo. Alberto Núñez Feijóo dijo que le
gustaba todo: “Desde la primera a la última de sus palabras, lo que ha
dicho y cómo lo ha dicho. Desde la A a la Z”. Él sabrá cómo casa la
defensa de la dignidad de los inmigrantes con negarles la regularización
que acaba de aprobar el Gobierno, es decir, los documentos que los
convertirán en sujetos de derechos. Y todo ello mientras su partido
pacta con Vox en las comunidades autónomas distintas versiones de la
“prioridad nacional” que niega a los que han llegado en los últimos años
de Perú o Ecuador aquello a lo que tienen derecho los nacidos en Zamora
o Alicante.
Casi lo mismo hizo Santiago Abascal, que no apreció “ninguna
contradicción” en las posiciones de su partido con el discurso del Papa
después de varias semanas en que dirigentes de Vox le han dicho de todo a
Prevost por su apoyo a los inmigrantes y contra los obispos que “hacen negocio con la inmigración”, en palabras de su líder.
El ministro Félix Bolaños prefirió centrarse en el rechazo a la
guerra mostrado por el pontífice y se alegró de que el discurso fuera
“absolutamente concordante y coherente con la posición del Gobierno” en
la defensa de la paz y el Derecho Internacional.
León XIV tendrá esta semana en Canarias otra oportunidad de
insistir en su mensaje favorable a la integración de los inmigrantes y
el respeto a su dignidad como seres humanos. Es poco probable que los
políticos que estén en otra onda vayan a cambiar sus intereses y sus
prejuicios. Pero los católicos ya deben tener claro lo que opina su
pontífice sobre la dignidad de los extranjeros que levantan este país
con su trabajo y su esfuerzo. Respetarlos es de alguna manera una
prioridad moral."
"El Papa León XIV ha comenzado su visita oficial a España elogiando la oposición de su gobierno a las guerras, así como su apoyo a los migrantes.
Hablando en una recepción con el Rey Felipe VI y la Reina Letizia en el Palacio Real de Madrid, el Papa León habló del "compromiso activo de España con la paz y la solidaridad entre los pueblos".
El Primer Ministro Pedro Sánchez ha chocado con el Presidente de EE. UU. Donald Trump por Irán, y con Israel por la guerra en Gaza, y el Papa elogió la "fiel adhesión de España al derecho internacional y al multilateralismo".
Durante su visita de siete días, el Papa León se reunirá con víctimas que han sufrido abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica, así como con grupos que velan por el bienestar de los migrantes.
El Papa León dice que la IA debe ser 'desarmada' en su primera gran enseñanza
La inmigración es un tema divisivo en España, y el enfoque del Papa en este asunto durante su gira podría verse como un apoyo al primer ministro socialista.
También pronunciará un discurso sin precedentes ante el parlamento español.
El pontífice nacido en Chicago ha sido criticado duramente por Trump por sus opiniones anti-guerra.
El mensaje de paz, dijo el Papa en Madrid, "en la actualidad desafortunadamente a algunos les parece ingenuo y a otros les parece provocador" pero debería ser "bienvenido por aquellos que no se encierran en ideologías preconcebidas".
Se esperaba que alrededor de 400,000 personas, en su mayoría jóvenes, asistieran a una vigilia de oración cerca del estadio Santiago Bernabéu del Real Madrid el sábado.
Hablando con los reporteros en el avión antes de aterrizar, el Papa dijo que el abuso sexual seguía siendo "una herida abierta" para la Iglesia.
El gobierno de Sánchez y la Iglesia Católica en España firmaron un acuerdo en marzo para compensar a las víctimas después de años de quejas de que los líderes religiosos no habían abordado el problema adecuadamente.
Un estudio de 2023 realizado por la oficina del defensor del pueblo español, que investiga denuncias públicas, estimó que el 1.1% de la población había sufrido abusos sexuales a manos de miembros del clero o individuos vinculados a la Iglesia, lo que equivale a 440,000 personas.
La Iglesia ha impugnado estos hallazgos.
El sábado, el Rey Felipe elogió la "claridad y firmeza" del Papa León sobre el tema, diciendo que era "esencial en el proceso de sanación y reparación del daño infligido".
En las Islas Canarias más adelante en el viaje, el Papa estará acompañado por Sánchez para honrar a los miles de migrantes que han muerto tratando de llegar a Europa.
Casi 47,000 personas llegaron a las Islas Canarias en 2024 y la organización no gubernamental española Caminando Fronteras estima que más de 9,000 migrantes han muerto en el intento.
La política de inmigración de España bajo su gobierno de izquierda contrasta marcadamente con la de gran parte de Europa e incluye planes para otorgar estatus legal a unos 500,000 migrantes indocumentados, lo que les permitirá integrarse formalmente en el mercado laboral.
En una nota más ligera, cuando un reportero le preguntó en el vuelo a España si prefería al Barcelona o al Real Madrid, Leo respondió con el típico tacto diplomático que el Papa apoyaba a todos los equipos.
"Pero Prevost es del Real Madrid," añadió, usando su nombre de nacimiento Robert Francis Prevost."
(Tom McArthur, BBC, 07/06/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)
"El Papa advierte sobre los peligros de la IA, critica las guerras, reivindica la dignidad humana… Las lecturas de la primera encíclica de León XIV
han puesto el foco en asuntos concretos que, estando presentes en ella,
son parte de una mirada mucho más amplia. Hay muchas cosas nuevas en Magnifica Humanitas, pero la inteligencia artificial ha atraído el interés porque funciona como espejo de una época que avanza hacia las fantasías de omnipotencia, hacia un tipo de poder que desprecia la existencia de límites y hacia la centralidad de la ciencia y de la técnica.
Los temores sobre el escenario catastrófico
a que nos podía conducir la unión entre ciencia y poder dominaron buena
parte del siglo XX, con la bomba atómica como su máxima expresión. Hoy,
ese peligro radica en unos instrumentos que fácilmente pueden ser
utilizados para la negación de lo humano. La encíclica arranca con una
contraposición que no es baladí. En ningún sentido. Evoca dos imágenes bíblicas,
la construcción de la Torre de Babel frente a la reconstrucción de los
muros de Jerusalén: la “ciudad edificada sobre el orgullo” frente a la que “reconstruye los vínculos ante que las piedras”.
El poder frente a lo humano
La inteligencia artificial es un asunto pertinente por varios motivos, y especialmente por las promesas que tiñen el horizonte,
que expresan de forma tangencial, cuando no directa, que sobran muchos
seres humanos. Las visiones sobre el futuro hablan de trabajos
cualificados que serán realizados mediante IA, tareas manuales que las
desarrollarán robots, guerras que tendrán lugar mediante drones y
misiles. La población que se precisará en ese escenario será escasa: no harán falta mano de obra ni soldados ni apenas ciudadanos;
quizá algunos sirvientes en empleos que no puedan ser reemplazados por
robots. Qué hacer con los que sobran no es una pregunta menor. El último
Foro de Davos se dedicó casi en su totalidad a discutir cómo preparar a las sociedades para esta nueva revolución que acorta las necesidades poblacionales. No hay un horizonte utópico al final del camino, sino uno distópico, porque muchos seres humanos carecerán de función, ya que no serán útiles al sistema.
"La tecnología no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza"
No es solo una cuestión de futuro, también de presente. Llevamos décadas ya conviviendo con las tecnologías digitales y, a lo largo de este tiempo, lo humano es cada vez más desdeñado,
porque se entiende poco eficiente. Las personas son sinónimo de error,
de prejuicios de sesgos y de ausencia de control, por lo que la toma de
decisiones debe apoyarse en lo cuantificable y medible, en los datos, en
lo objetivamente apreciable. La era algorítmica quiere llevar esa
visión mucho más allá: los diagnósticos médicos, la concesión de una
hipoteca, el fallo de un juicio o la gestión de una empresa deben estar
informados, cuando no decididos, por una IA perfeccionada. Es una visión que cae fácilmente en la soberbia, y que desatiende fácilmente a las señales de la experiencia, pero también a eso intangible que constituye lo humano. Las personas no pueden ser reducidas al rendimiento.
Pero, sobre nuestro presente, debe constatarse, y así lo hace la encíclica, que la tecnología no puede solucionar por sí misma los problemas de la humanidad,ni es un mal en sí,
pero no es neutral: toma el rostro de quien la concibe, la financia, la
regula y la utiliza. Y, en estos años, la tecnología ha concentrado el
poder, y ha servido como instrumento de control y vigilancia, y de conformación de costumbres y creencias sociales.
Puesto que las conquistas de la ciencia y de la técnica,
"desvinculadas del progreso moral y social, terminan por volverse
contra el hombre, es necesario distinguir con claridad: una cosa es
integrar las tecnologías en una visión humana y relacional; otra es dejarse guiar por un imaginario que desprecia el límite y promete una salvación puramente técnica”.
No
hay, por tanto, una discusión sobre la esencia de la IA, sino sobre
hacia dónde nos dirige el poder y sobre las necesidades de lo humano
La
IA es un instrumento que, como todos los demás, depende del uso que se
le conceda: “Hay un progreso que sirve a la persona y a los pueblos, y un progreso que los doblega a lógicas de poder”. No hay, por tanto, una discusión sobre la esencia de la IA, sino sobre el tipo de poder que existe y hacia dónde nos dirige, y sobre las necesidades de lo humano.
La repercusión política
Sin embargo, la encíclica, en última instancia, no son más que las palabras de un Papa. La Iglesia católica
tiene alrededor de 1.400 millones de fieles repartidos por el mundo,
pero su poder efectivo es mucho más difuso que el político o el
económico. No solo porque el Papa carezca de divisiones, como afirmaba
burlonamente Stalin, sino porque en su naturaleza no está el ejercicio
del poder físico y concreto. Su misión, como dice la encíclica citando
al papa Francisco, está “en el tiempo, no en el espacio”.
Esa visión, sin embargo, no aparta a la Iglesia de la política, dada su
capacidad para ejercer influencia sobre las sociedades. La última gran
conexión entre ambos mundos se denominó democracia cristiana y
contribuyó a construir la segunda parte del siglo XX, el posterior a la
Segunda Guerra Mundial. Poco queda de aquello, aunque existan partidos
que continúen adscribiéndose a esa corriente. La presencia del catolicismo en la vida occidental
ha decaído significativamente, muchos de los creyentes no son
practicantes y las iglesias ya no son espacios en los que se articula la
vida social. Los evangélicos o los musulmanes poseen esa capacidad, pero la Iglesia la está perdiendo en Occidente.
En cuanto a la ideología, la democracia cristiana está desaparecida. Las formaciones que la defendían se convirtieron en neocon, se arrodillaron ante la postura utilitaria del neoliberalismo económico
y dejaron la religión para asuntos relacionados con la natalidad y las
costumbres sexuales. Como asegura el intelectual católico Sohrab Ahmari,
muchos católicos “abrazaron el fundamentalismo de mercado de una manera
tal que habría que preguntarse por qué simplemente no se hicieron
luteranos”.
La encíclica pone punto final a esa época, y ni siquiera tiene necesidad de mencionarlo expresamente. La doctrina social de la Iglesia regresa al primer plano,
después de un tiempo de haberla ocultado bajo la alfombra. El texto
pone en el centro el bien común, entendido como algo superior a la suma
de las partes: nada hay aquí de esa sociedad en la que cada cual busca
su interés y misteriosamente el resultado conviene a todos: el ser humano precisa de vínculos y de solidaridad. Nada hay de una caridad sostenida filantrópicamente, sino una reclamación de dignidad y justicia. La encíclica vuelve a colocar los grandes temas sobre la mesa.
Esto mete en un lío a los partidos de la derecha adscritos a la democracia cristiana,
porque sus programas poco o nada tienen que ver con lo que la encíclica
describe: están pendientes del rearme, de la desregulación, de las
bajadas de impuestos, del desarrollo de la inteligencia artificial a
gran escala. La posición de León XIV puede favorecer, en apariencia, a opciones socioliberales,
ya que coinciden en la defensa de la tierra y el combate contra el
cambio climático, así como en la inmigración, pero poco más. Y no solo
porque el asunto religioso los separe de manera radical, sino porque
poco tiene que ver lo que León XIV cuenta en la Encíclica con unos
partidos que se dedican, en el mejor de los casos, a diseñar políticas
públicas que tratan de ayudar a los jóvenes a alquilar vivienda o a
elevar el salario mínimo. La mirada antropológica de Magnifica
Humanitas, su visión sobre el progreso y sus recetas para encarar los
nuevos tiempos son mucho más ambiciosas que las de una izquierda que, al igual que los democristianos, no es capaz de plantearse grandes preguntas y, menos aún de contestarlas
en una época que lo exige. La política ya no es capaz de dar sentido a
la vida en común, y en su vertiente más benévola, consiste en un breve
catálogo de acciones de un grupo de gestores que ha perdido de vista el
bien común. León XIV contra la derecha representada por Trump es
la gran pelea ideológica de esta época, y eso deja en un lugar muy poco
favorecedor a democristianos y socialistas. El Papa acaba de señalar el
camino para una nueva democracia cristiana. Otra cosa es que haya
alguien ahí fuera para recoger el guante."
"En el corazón de la vieja Bagdad se alza orgullosa la iglesia
ortodoxa armenia de la Santa Madre de Dios, construida en 1639 en la
zona de Al-Midan cerca de la mezquita Al-Muradiyya. Tanto la iglesia
como la mezquita fueron erigidas en torno a las mismas fechas, durante
la reconstrucción otomana del casco antiguo de Bagdad, mientras se
asentaban los cimientos de una vida civil y religiosa estrechamente
entrelazadas. Se dice que la iglesia alberga reliquias de los Cuarenta Mártires de Sebaste, soldados romanos brutalmente ejecutados por su fe. Siglos más tarde, desde la propia Roma, un Papa alza ahora la voz por las antiguas comunidades cristianas
de lugares como Irak y el resto de Oriente Medio, a las que una gran
parte de la derecha afín al movimiento MAGA apenas presta atención.
La comunidad de la zona, que en su día fue un centro próspero de vida
cristiana armenia en Mesopotamia, ha pasado a ser un mero vestigio. Los
cristianos asirios, caldeos, griegos ortodoxos y melquitas de Irak se
enfrentan a un destino similar. Se cuentan entre las comunidades
cristianas más antiguas del planeta, pero una gran parte del imaginario
político estadounidense ni siquiera las tiene en cuenta. Al otro lado de
la frontera, ya en Irán, comunidades cristianas
pequeñas, pero con profundas raíces históricas, entre ellas las de los
cristianos armenios y caldeo-asirios, siguen menguando en un clima de
marginación creciente. Esa circunstancia ayuda a explicar los motivos
por los que el último ataque del presidente estadounidense Donald Trump
al Papa León XIV no es un mero desaire al Vaticano, sino un guiño
dirigido a una base evangélica que la única Cristiandad que reconoce es
aquella que refleja su propia imagen y semejanza.
Apenas una semana después de asistir al funeral del Papa Francisco en Roma, Trump publicó una imagen de sí mismo generada por inteligencia artificial (IA)
vestido de Papa, tan sólo unos días antes de que se celebrara el
cónclave en mayo de 2025. En fechas más recientes, recurrió a la
plataforma Truth Social para publicar otra imagen de IA en la que se
presentaba con una apariencia similar a la de Cristo, “administrando una
luz etérea sobre la cabeza de un hombre afligido, mientras figuras
translúcidos descendían de los cielos”. Muchos descartaron estas
bravuconadas como una provocación infantil más, pero tras atacar
públicamente al Papa León XIV, está claro que, en la cabeza de Trump,
ninguna figura mundial, ya sea religiosa o política, debe atreverse a
eclipsar su protagonismo hegemónico en la escena pública.
Es muy probable que no haya habido otro momento en la Historia en el
que dos estadounidenses hayan tenido tanta capacidad de influir en el
mundo. Uno tiene en su mano el poder militar. El otro, la autoridad
moral. La ironía evidente es que, cuando el cónclave eligió a un
estadounidense, optó básicamente por la antítesis de Trump. El Papa
León, oriundo de Chicago, se ha consolidado como un pastor universal al
hablar de paz, dignidad y el coste humano de la guerra. En su eucaristía
inaugural del 19 de mayo, el vicepresidente J. D. Vance y el secretario
de Estado Marco Rubio estuvieron entre la concurrencia en
representación de una Casa Blanca cuya política choca de frente con el
lenguaje moral del nuevo pontífice. Si las imágenes de los medios de
comunicación fuesen un cuadro renacentista, su presencia en aquel
momento trascendental quedaría plasmada en un lienzo sorprendente sobre
esa nueva realidad en la que otro estadounidense ejerce ahora una
influencia mundial desde fuera de Washington.
Es poco probable que los ataques posteriores de Trump al Papa fuesen
reacciones impulsivas o arrebatos espontáneos. El presidente, hombre de
negocios astuto con perspicacia para interpretar el estado de ánimo y el
carácter de la opinión pública, comprende que, dentro de su movimiento
político, la confrontación puede convertirse en una fuente de energía.
El drama sensacionalista, por muy polémico o irreverente que sea,
mantiene la atención puesta en él y transforma cualquier desavenencia en
una prueba de lealtad.
Al presentar al Papa León como una figura internacional distante que
se entromete en los asuntos mundanos, Trump encasilla al pontífice en
una categoría familiar para sus seguidores: la del globalista de élite
que sermonea a la gente corriente mientras ignora sus preocupaciones. Al
burlarse de los llamamientos a la paz y la moderación, Trump apunta a
que la cautela es sinónimo de debilidad y que la fuerza es el verdadero
lenguaje del poder. Además, al poner en el punto de mira al líder de la
Iglesia católica, saca partido de los antiguos recelos contra Roma en
los círculos evangélicos, desde los que se suele mirar a la autoridad
papal con desconfianza.
Visto así, el destinatario real de la injuria no era tanto el Vaticano, sino el electorado estadounidense.
El entorno de Trump encarna una forma de política claramente
civilizacional en la que la fe, la identidad y el poder se entrelazan
sin remedio; hay quien diría que se inspira en el antiguo modelo
imperial en el que la teología y la autoridad se reforzaban mutuamente.
Baste pensar en la retórica de Marco Rubio, que en ocasiones recurre al
discurso del “choque de civilizaciones” o el tatuaje “Deus Vult” de Pete Hegseth,
que evoca imágenes de la época de las Cruzadas y se utiliza desde hace
tiempo en los discursos antimusulmanes. Ese simbolismo cala en un
pensamiento político evangélico estadounidense que contempla Oriente
Medio a través del prisma de la profecía apocalíptica y la dominación
estratégica, en vez de considerar la coexistencia pluralista. El
resultado es una visión binaria del mundo más cercana en esencia a las
divisiones maniqueas que a la complejidad ética del pensamiento
cristiano mayoritario.
Por el contrario, el Papa León XIV opta por un tono bien distinto,
centrado en la dignidad humana, la protección de los refugiados, el
sufrimiento de las víctimas de la guerra, la gestión responsable del
medio ambiente y la coexistencia pacífica. Además, recoge el testigo de
los últimos pontífices que dirigieron la atención a las vicisitudes de
los cristianos de Oriente Medio. Al igual que el Papa Francisco, cuya
visita a Irak en 2021 durante la pandemia hizo de ese mensaje un eje
central, el Papa León no se refiere a estas comunidades como reliquias
del pasado, sino como parte integral del futuro plural de la región. La
histórica visita del Papa Francisco sirvió de espaldarazo moral para las
comunidades cristianas en declive y puso el foco en la preocupación por
las minorías cuya supervivencia depende más de la coexistencia que de
la mera protección política. Heredó también un papado que, con el Papa
Francisco, convirtió Gaza, el desplazamiento y el sufrimiento de la
población civil de Oriente Medio en imperativos morales, extendiendo la
mirada de la Iglesia mucho más allá de las guerras culturales de la
política estadounidense. Según la Organización de las Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), entre los casi 200
lugares de Gaza dañados o destruidos durante la guerra, se encuentra la
iglesia bizantina de Jabaliya, construida en el año 444 y destruida en
octubre de 2023.Esa misma preocupación quedó patente en la reunión del
Papa Francisco con el gran ayatolá Ali al-Sistani en Náyaf, donde los dos líderes religiosos hicieron gala de una autoridad moral
que el fracturado Estado iraquí no ha logrado igualar. La versión de
Trump de la geopolítica sólo se pregunta quién gana, mientras que la
geoteología del Papa León se cuestiona qué queda de nuestra humanidad
común una vez terminada la lucha por el poder.
Para las antiguas comunidades cristianas de Oriente Medio,
se trata de una pregunta exenta de polémica. Su mera existencia aporta
complejidad al mapa ultrasimplista que sólo divide entre “Oriente” y
“Occidente”, y su supervivencia no suele encajar con los relatos o
intereses políticos modernos. Mucha de la gente que habla en Estados
Unidos (EEUU) de defender la Cristiandad pasa por alto a estos
cristianos cuyas raíces en la región datan de varios siglos antes de la
propia existencia de EEUU. En el discurso político estadounidense, estas
comunidades autóctonas quedan relegadas al olvido cuando se reduce la
región a un concepto simplista como “el mundo islámico”. No hablamos de
personas recién llegadas a Oriente Medio, sino de poblaciones
autóctonas. Viven ahí desde antes de que existiesen las banderas que
ahora los gobiernan.
Las sucesivas convulsiones en lugares como Irak han desestabilizado
de una manera irreversible la vida cristiana tradicional, sobre todo en
los años posteriores a la invasión estadounidense. La violencia
confesional, los secuestros, los bombardeos de iglesias y la emigración
en masa han ido esquilmando poco a poco la vida de unas comunidades que
habían perdurado durante siglos. El auge del denominado Estado Islámico
en Mosul y en la llanura de Nínive exacerbó la ruptura al acelerar lo
que muchos describen como un desmoronamiento existencial de la presencia
comunitaria. Algo que había sobrevivido a imperios, dinastías y siglos
de cambios en la región se vio abocado al borde de la desaparición en un
lapso sorprendentemente breve. La guerra se vendió a la opinión pública
estadounidense con el discurso de la democracia y la liberación, pero
para muchos cristianos de la zona trajo consigo desplazamiento, miedo y
aniquilación.
En esencia, los ataques de Trump al Papa León representan un
encontronazo entre dos formas de entender EEUU. Lo que hace que el
discurso del Papa León sea tan chocante para Trump y sus acólitos es su
rechazo categórico a ese lenguaje tan característico de la
simplificación y la excepcionalidad. Al igual que el niño que se atreve a
afirmar que el emperador está desnudo, el Papa León saca a la luz la
brecha que separa la retórica estadounidense de la vivencia real en
lugares como Irak, Siria, el Líbano y Tierra Santa. Da voz a una región
que ya no confía en el discurso made in America. Si Occidente
no es capaz de reconocer la Cristiandad a menos que hable su propio
acento, puede llegar el día en el que se percate de que algunas de las
voces cristianas más antiguas sobre la faz de la Tierra ya habrán
callado para siempre."
1/5. Quiero intentar amplificar este punto: Vance no cree que la moralidad sea una esfera autónoma de la vida en absoluto; solo los tontos piensan eso, en su mundo.
2/5. Lo que él quiere decir con la palabra "moralidad" es propaganda de alguna institución religiosa que justifica el mundo tal como es, incluyendo su propio poder personal y su corrupción.
3/5. Todo el punto de la noción de Dios de Vance es justificar la oligarquía fascista — considera su grotesca invocación de Dios hace solo el otro día en Budapest como una razón por la que los húngaros deben votar por Orbán.
4/5. Desde esta perspectiva, un cristiano genuino como Leo, que realmente cree en Dios y en predicar la ética de Jesús, es intolerable.
5/5. Para Vance, la tarea de un papa debería ser ceñirse a la "moralidad", en el sentido propagandístico especial de sacar clichés de sonido religioso para justificar el statu quo en nombre de los poderosos y ricos.
"El
papa León XIV dijo el lunes que no tenía miedo del gobierno de Donald
Trump, horas después de que el presidente de Estados Unidos arremetiera contra el pontífice en las redes sociales.
León,
en declaraciones a los periodistas en un vuelo a Argelia antes de una
gira de 10 días por varias naciones africanas, dijo: “No le temo al
gobierno de Trump, ni a hablar en voz alta del mensaje del Evangelio,
que es para lo que creo que estoy aquí”. Al preguntarle directamente por
los comentarios de Trump en Truth Social, el papa respondió: “Es
irónico: el propio nombre del sitio. No se diga más”.
Los comentarios de León se produjeron tras el extenso ataque de Trump al papa
el domingo por la noche, en el que el presidente acusó al pontífice de
ser “débil ante el crimen” y de “complacer a la izquierda radical”.
Trump también dijo que León, el primer papa estadounidense, debería
“concentrarse en ser un Gran Papa, no un Político”.
Las
tensiones entre ambos líderes han aumentado en las últimas semanas. El
papa ha criticado los ataques del presidente Trump contra Irán y ha parecido distanciarse de los esfuerzos de Pete Hegseth, secretario de Defensa, por presentar la campaña estadounidense-israelí contra Irán como una misión cristiana.
El
lunes, el papa León afirmó que seguiría oponiéndose públicamente a la
guerra, al tiempo que restó importancia a la idea de que estuviera
enzarzado en una disputa directa con Trump.
“Las cosas que digo no pretenden ser ataques contra nadie”, dijo León a los periodistas.
Y
añadió: “No considero que mi papel sea político, de un político. No
quiero entrar en un debate con él. No creo que se deba abusar del
mensaje del Evangelio del modo en que lo están haciendo algunas
personas”.
Añadió:
“Seguiré hablando alto y claro contra la guerra, tratando de promover
la paz, fomentando el diálogo y las relaciones multilaterales entre los
Estados para buscar soluciones justas a los problemas. Demasiadas
personas sufren en el mundo hoy. Demasiados inocentes están siendo
asesinados. Y creo que alguien tiene que alzar la voz y decir que hay
una mejor manera”.
"El Vaticano, con el primer Papa estadounidense al frente,
está intensificando sus llamamientos a la paz en una posición que le
enfrenta cada vez más a la Casa Blanca, un choque que nunca ha sido
explícito y que León XIV trata de evitar desde su elección, hace 10
meses. Pero además es que en esta crisis la Santa Sede ve cada vez más
claro un matiz que no está en primer plano, pero que despierta gran
preocupación: el riesgo de que se quiera plantear como una guerra de
religión.
En la contienda no solo se escuchan las proclamas de los ayatolás y las citas bíblicas de Netanyahu, la imagen del jueves de Donald Trump en el Despacho Oval rodeado de predicadores evangélicos
añade un matiz ausente hasta ahora en las intervenciones de Estados
Unidos en el extranjero. No sale de la nada, sigue a la retórica
religiosa que utilizan muchos de los altos cargos de la Casa Blanca,
empezando por el secretario de Defensa, Pete Hegseth,
exmilitar que combatió en Irak y Afganistán, que lleva tatuajes de las
cruzadas y este domingo destacaba en una entrevista el valor de la fe
cristiana en esta guerra. El portavoz republicano en el Congreso, Mike
Johnson, también dijo la semana pasada que Irán tiene “una religión
equivocada”.
Todo ello está haciendo cada vez más evidente el auténtico conflicto ideológico de profundidad entre Roma y Washington: la deriva del cristianismo ultraconservador
que aspira a erigirse como fe verdadera, y la inquietud del Papa por la
apropiación política del mensaje cristiano desde la extrema derecha. Es
una de las grandes preocupaciones de León XIV, y como desveló EL PAÍS, así se lo advirtió también a los obispos españoles el pasado mes de noviembre, al alertarles del “riesgo de manipulación de los extremismos”, según confirmó el Vaticano.
En
sus palabras desde la ventana del Palacio Apostólico este domingo,
antes del Ángelus, el Papa advirtió que “no es tiempo de oposiciones
entre un templo y otro, entre nosotros y los otros, los
adoradores que Dios busca son hombres y mujeres de paz”. En su saludo
posterior, Robert Prevost expresó su “profunda consternación” por las
noticias que llegan de Irán y Oriente Próximo. “A los episodios de
violencia y devastación, y al difundido clima de odio y miedo, se añade
el temor de que el conflicto se amplíe y que otros países de la región,
entre ellos el querido Líbano, puedan volver a caer en la
inestabilidad”, dijo León XIV, que visitó hace solo tres meses este
país, donde vive la mayor comunicad cristiana de la región. Concluyó
pidiendo que “cese el estruendo de las bombas, callen las armas y se
abra un espacio de diálogo en el que se puedan escuchar las voces de los
pueblos”.
El Vaticano no tiene problema en señalar con claridad la violencia que condena. El Osservatore Romano,
el diario de la Santa Sede, colocó en su portada del viernes una enorme
foto aérea de las fosas cavadas para enterrar los cuerpos de 180
menores muertos en el bombardeo de una escuela infantil en Irán. Bajo el
titular El rostro de la guerra. El día anterior, el número dos de la Santa Sede, el secretario de Estado Pietro Parolin, había condenado el concepto de guerra preventiva y la demolición del derecho internacional.
Las
declaraciones desde la Iglesia católica son cada vez más explícitas, y
como el Papa delega en los obispos de EE UU el choque directo con Trump
es de ahí de donde salen las palabras más claras. El cardenal y
arzobispo de Washington, Robert W. McElroy, ha puesto en duda este lunes
en una entrevista la legitimidad del ataque de EE UU. “La decisión
estadounidense de declarar la guerra contra Irán no cumple con el
requisito de guerra justa para una guerra moralmente legítima en al
menos tres aspectos”, ha argumentado repasando la doctrina católica al
respecto. Esos tres criterios, apunta, son la causa justa, la intención
correcta, y que los beneficios de la guerra sean mayores que los daños
cusados.
El sábado fue aún más severo el cardenal de Chicago, Blase J. Cupich,
amigo del Papa, muy cercano a él y cabeza del sector más progresista de
la Iglesia estadounidense. Tras la difusión de la cuenta oficial en X
de la Casa Blanca de un vídeo que intercalaba escenas de películas de
acción con imágenes reales del ataque a Irán, Cupich lo calificó como
“repugnante”. “Una guerra real con muerte real y sufrimiento real,
siendo tratada como si fuera un videojuego, es repugnante. Cientos de
personas han muerto, madres y padres, hijas e hijos, incluyendo decenas
de niños que cometieron el fatal error de ir a la escuela ese día”,
censuró.
Cupich no dejó de subrayar que el vídeo llevaba por título Justicia a la manera estadounidense
y fue divulgado “mientras más de 1.000 hombres, mujeres y niños iraníes
yacían muertos tras días de bombardeos con misiles estadounidenses e
israelíes”. El cardenal también mencionó los juegos de apuestas sobre la
guerra que están en marcha estos días y advirtió de que “nuestro
gobierno está tratando el sufrimiento del pueblo iraní como telón de
fondo para nuestro propio entretenimiento”.
“Al final,
perdemos nuestra humanidad cuando nos emocionamos con el poder
destructivo de nuestras fuerzas armadas. Nos volvemos adictos al
espectáculo de las explosiones. Y el precio de este hábito es casi
imperceptible, a medida que nos volvemos insensibles a los verdaderos
costos de la guerra. Pero cuanto más tiempo permanezcamos ciegos ante
las terribles consecuencias de la guerra, más arriesgaremos el don más
preciado que Dios nos dio: nuestra humanidad. Yo sé que el pueblo
estadounidense es mejor que esto”, señaló."
"Señor arzobispo de Oviedo: deje de avergonzar a esta Iglesia"
“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran
luz” (Mt. 4, 16) se nos decía en la liturgia de la Navidad. La
medida de regularización de inmigrantes, que el Arzobispo cuestiona, es
una gran luz para las 500.000 personas que se beneficiarán del real
decreto para una regularización extraordinaria; una medida que
responde a una demanda ciudadana sostenida durante años con 700.000
firmas de apoyo. Es un hecho que nos debería llenar de alegría, porque
se hace realidad que ese “pueblo” migrante ve una luz grande para sus
vidas. Parroquias, comunidades cristianas, creyentes en general, viendo
esta realidad desde la mirada de Jesús, apoyan y se alegran por este
paso necesario, independientemente de circunstancias de oportunidad
política u otras que se están mencionando con intención de confundir y
amedrentar a la gente.
Pero las manifestaciones públicas del
Arzobispo de Oviedo sobre esta materia, reiteradamente usan argumentos y
expresiones que se alejan de los mandatos bíblicos y se aproximan mucho
más a las voces extremistas que tratan de presentar al inmigrante como
sospechoso, delincuente, invasor… En concreto, en su última
“aportación” hasta ahora, insiste en que “todos no caben”, expresión
absurda, entre otras cosas porque los que serán regularizados ya están
aquí. Y siembra de nuevo la sospecha con la frase: “descartando a
cuantos se nos cuelan”.
En otras ocasiones ha sugerido la invasión demográfica musulmana planificada o que “algunos traen carnet de terrorista”.
Sus palabras traslucen una visión del inmigrante alejada de los valores
cristianos y de la doctrina católica, insistentemente reiterada desde
antiguo por el magisterio de la Iglesia y actualizada con gran empeño
por el papa Francisco y ahora por León XIV.
¿Todos no caben?
Debe recordar el Arzobispo que el ministerio sagrado no le confiere
competencia alguna para dilucidar la capacidad (y necesidad) que tiene
un país, en este caso España, o una región, en este caso Asturias, para
incorporar población inmigrante. Se trata de una valoración que
corresponde a los técnicos en la materia y que, más allá del recurso de
las regularizaciones (usado varias veces por gobiernos de diferente
signo en las últimas décadas), debería ser establecida políticamente
mediante leyes adecuadas. Por cierto, que en la Fundación FOESSA de
Cáritas hay excelentes técnicos en estas materias que le podrán
asesorar.
Y en vez de sembrar sospechas y reticencias, sería
muy pertinente que hiciera una llamada a todos los políticos para buscar
un acuerdo cuanto antes que proporcione un marco legal estable y
generoso a las migraciones en España; sería mucho más constructivo y
propio de su ministerio eclesial, en lugar de apuntarse al “bombardeo”
tendencioso, usando argumentos extremistas que ofenden a la inteligencia, faltan a la misericordia e insultan a las personas extranjeras, en su inmensa mayoría gente honrada y trabajadora, que están entre nosotros buscando una vida mejor.
¿Ha visto el Arzobispo a los grupos de trabajadores senegaleses
recogiendo las manzanas en las pumaraes de Asturias este pasado otoño?
Pues ahí han estado, ganándose apenas la manutención del día. Con su
humildísimo trabajo están aportando a esa “Cultura de la Sidra”, orgullo
de Asturias y Patrimonio de la Humanidad; pero lo hacen en condiciones
de gran precariedad. Y muchos nos alegramos de que ahora, ellos y otros
muchos hombres y mujeres trabajadores vayan a tener una vida algo mejor,
puedan trabajar legalmente y tener los derechos que corresponden a la
dignidad de toda persona (repase por favor Dignitas Infinita, del Papa Francisco).
¿No todos caben? ¿Quiere decir que hay ya más de los que caben? ¿Se está apuntando a la política de las deportaciones? ¿Va
a desautorizar a las organizaciones de Iglesia que apoyaron esta medida
de regularización y a su propia Cáritas? Y en cuanto a su discrepancia
con la posición acordada en la Conferencia Episcopal a favor de la ILP
que reclamaba esta regularización excepcional, es todo lo contrario de
una expresión de comunión y lealtad con sus iguales en el ministerio.
¿Cuántos caben? Lo que está claro y es de notorio
sentido común, es que cada vez van a “caber” más, dada nuestra evolución
demográfica y el contexto de nuestro mercado laboral. Por ello, en
lugar de preocuparse por cuántos hay o cuántos vienen, al ministerio
pastoral corresponde la tarea de enseñar e implementar la doctrina católica que manda “acoger, proteger, promover e integrar” al migrante (repase Fratelli Tutti de Francisco) y que recuerda, en palabras de León XIV (Dilexi Te),
que la misión de la Iglesia es construir puentes, no muros, ver hijos
donde otros ven amenazas y descubrir que cada migrante rechazado es
Cristo llamando a la puerta de la comunidad.
Le rogamos encarecidamente a monseñor Sanz que deje de avergonzar
reiteradamente, con sus manifestaciones impropias, a esta Iglesia de
Asturias, que hace dieciséis años también le acogió a él para
ejercer entre nosotros no otra cosa que la función de pastor, maestro de
la fe y testigo del evangelio de la misericordia.
Firmantes:
José
Manuel Parrilla, profesor de Sociología (Universidad de Oviedo) y
Doctrina Social de la Iglesia (Seminario de Oviedo), y con él Alegría
García García, Alejandro Alas Suárez, Alfonso Mascuñana Bordas, Alicia
González García, Alida Hevia Alonso, Amparito Valles Asenjo, Amparo
Prieto Carvajales, Ana Álvarez Fernández, Ana M. Begoña Sariego
Martínez, Asociación Pro Inmigrantes en Asturias (APIA), Asunción Beitia
Ochoa, Beatriz Blanco García, Begoña María Cerra Lorenzo, Belén
Negreira Barcia, Carmen Garrido González, Charo del Blanco de la Red,
Colectivo “Revuelta de Mujeres en la Iglesia” de Asturias, Covadonga
Carreño Morán, Cristina Aguilar Galindo-Bustio, Encarnación Suárez
Sánchez, Estefanía García Pérez, Faustino Castaño Vallina, Faustino
Villabrille Linares, Fernando Albuerne López, Flor González Muñiz,
Francisco Barba Navas, Gloria Fernández Martínez, Gloria María Blanco
González, Guillermo González Pire, Hosanna Fernández Negreira, Irene
Flórez Blanco, Itziar Celigueta Pérez-Cuadrado, Itziar Munuera
Fernández, Jesús Gallo Alonso, Jesús Manuel Álvarez Álvarez, Jesús
Rodríguez Rubio, José Ángel González Arias, José Félix Botrán Gil, José
Ignacio Alonso Gómez, José Luis Fonseca Orviz, José Luis Suárez Sánchez,
José Manuel García Paz, José María Alvarez Rodriguez, José María Murias
González, Juan Carlos Fernández Fernández, Juan Carlos Parada Yáñez,
Julia López Ruiz, Julio Cesáreo Álvarez Baizán, Justo López García,
Lourdes Prieto Carbajales, Lucía-Pía Fernández Gutiérrez, Luis Alonso
Traviesas, Luis Laureano Castañón González, Luis Manuel Flórez García,
Luis Manuel Lobera García, M. Josefa Sánchez Menéndez, Manolo Sánchez
Murias, Manuel José Calzada Mier, Manuel Rodrigo Fernández García, Marco
Antonio Luengo Castro, Mari Carmen Fernández González, María Angels
Carabassa Rubio, María del Carmen Rosón Álvarez, María Dolores Patón
Sabucedo, María Elena Galán Hevia, María Fernández Fernández, María
Gallo Suárez, María Hortensia Fernández Vidal, María Jesús Álvarez
García, María Jesús Cortina Argüelles, María Jesús Fanjul Mori
(Comunidades cristianas), María Jesús Lavandero Ruiz, María Jesús
Negreira Barcia, María José Capellín Corrada (Forum de Política
Feminista de Asturias), María Luisa Intriago Pastor, María Paz Suárez
Suárez, María Pilar Suárez Castaño, María Pilar Vázquez Antuña, María
Rosa de la Concha García-Mauriño, Marisa Martínez González, Matilde Díaz
González de Lena, Mina Blanco Juárez, Pablo Toral Gutiérrez, Pedro
Álvarez Martínez, Raquel Palacio Villazón, Remedios Vázquez Diz, Rosa A.
Gómez Fenández, Rosa Fernández García, Rosario Gonzalez Carreño, Rubén
Orihuela Sancho, Teresa Celigueta Crespo, Toñi Quirós Muñiz, Verónica
del Fueyo Alvarez, Victor García Ordás, Victoria Mejuto Vila, Cristina
Menéndez Vega, Fernando Díaz Malanda, Nieves Vallina Palacio, María
Luisa Asprón García y Jesús Ángel Fernández Fernández." (Religión Difgital, 02/02/06)
"Cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago: “Nuestros
sacerdotes han sido detenidos por agentes de inmigración debido al color
de su piel”.
El cardenal Blase Cupich (Omaha, Nebraska, 76 años) es una de las voces más destacadas del sector progresista de la Iglesia católica estadounidense
en un momento en que el ala ultraconservadora, envalentonada por la
Administración de Donald Trump, gana terreno rápidamente en un país
fuertemente politizado. Salvo que él no se ve a sí mismo de ese modo, ni
tampoco a la Iglesia. “Siempre trato de ser fiel a lo que dice la
doctrina de la Iglesia sobre las cuestiones sociales, y esa es mi guía.
No quiero jugar al juego de suma cero de quién va a ganar, los
conservadores o los progresistas”, afirma. En una entrevista con EL
PAÍS, omite mencionar al presidente por su nombre y, en su lugar,
advierte sobre las “implicaciones morales” de las políticas del
republicano. “Es la doctrina social de la Iglesia la que puede ayudarnos
en este momento”, asegura por videollamada.
El mes
pasado, el arzobispo de Chicago —donde nació el papa León XIV, el primer
pontífice estadounidense— se unió a los cardenales Robert McElroy y
Joseph Tobin, arzobispos de Washington y de Newark, respectivamente,
para firmar una declaración
en la que se critica la política exterior de Trump. En ella, los tres
máximos responsables de archidiócesis católicas romanas en Estados
Unidos citan los casos de Venezuela y Groenlandia, al considerar que las
acciones de Washington “han planteado cuestiones básicas sobre el uso
de la fuerza militar” y han amenazado los “derechos soberanos de las
naciones”. Aunque no entran en detalles, la declaración del 19 de enero
se publicó después de que EE UU capturara a Nicolás Maduro y de que Trump presionara para hacerse con el control de Groenlandia.
“Nuestro
papel moral como país al enfrentar el mal en el mundo, sostener el
derecho a la vida y la dignidad humana, y apoyar la libertad religiosa
está siendo examinado. Y la construcción de una paz justa y sostenible,
tan crucial para el bienestar de la humanidad ahora y en el futuro, se
está reduciendo a categorías partidistas que fomentan la polarización y
políticas destructivas”, escribieron.
Pregunta. ¿Qué los llevó a pronunciarse de manera tan contundente?
Respuesta. Viajamos
[en enero] a Roma para reunirnos con cardenales de todo el mundo,
quienes expresaron su alarma por la forma en que se estaban tomando
decisiones, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo, que
parecían, en muchos sentidos, apartarse del consenso que existe desde la
Segunda Guerra Mundial sobre cómo gestionar los conflictos. Al día
siguiente del consistorio, el papa León dio su discurso al cuerpo diplomático, y eso nos dio el lenguaje necesario para poder abordar las preocupaciones que teníamos.
P. ¿Por qué decidieron no nombrar a nadie en la declaración? No se menciona a Trump.
R. Queríamos
ofrecer a la gente, a todos los ciudadanos del mundo y especialmente de
nuestro país, el lenguaje para abordar estas cuestiones, porque el
componente moral de lo que se estaba haciendo parecía ser ignorado, y
queríamos subrayar que hay otros asuntos en juego, más allá de
simplemente satisfacer el afán de dominio y dominación de un país sobre
otro, que parecía imponerse en ese momento e ignorar el Estado de
derecho.
P. Parte de la declaración dice:
“Renunciamos a la guerra como instrumento de intereses nacionales
estrechos y proclamamos que la acción militar debe considerarse solo
como último recurso en situaciones extremas, no como un instrumento
habitual de la política nacional”. En el caso de Venezuela, muchos
venezolanos, en particular los exiliados en EE UU, celebraron la captura de Maduro.
R.
Lo que ocurre es que, si se dice que el fin justifica los medios,
entonces se empieza a abrir un camino sobre cómo las naciones pueden
actuar legítimamente en distintas situaciones. Eso debe considerarse con
mucho cuidado, porque entonces uno podría decir que hay personas que
podrían estar contentas de que Rusia haya invadido Ucrania. No se puede
medir con ese criterio. La soberanía de las naciones es importante.
P.
La mayoría de los católicos estadounidenses votó por Trump en 2024.
¿Tiene la sensación de que están de acuerdo con la forma en que
gobierna?
R. No tengo estadísticas que me den una idea clara sobre eso, salvo el hecho de que existen encuestas en las que un amplio grupo de estadounidenses que votaron por el presidente Trump
cuestionan los medios mediante los cuales está avanzando con su
política migratoria. Eso es importante tenerlo en cuenta. Pero en la
Iglesia nunca podemos jugar al juego de preguntarnos si algo será
popular o no. Tenemos que decir lo que es verdad y tenemos que hablar
desde los principios.
P. La Administración Trump
suele citar versículos bíblicos para promover o justificar sus
políticas, incluido su programa de deportaciones masivas.
R.
Voy a dejar que digan lo que quieran. Eso siempre ha sido así; hay
políticos a los que les gusta envolver sus políticas en un lenguaje
bíblico. Eso siempre entraña un peligro, simplemente porque un mismo
pasaje de las Escrituras puede citarse de distintas maneras. Lo que hay
que examinar no es un argumento basado en la Escritura, sino un
argumento que nos ayude a comprender cuáles son las implicaciones
morales de una política determinada.
P. En noviembre, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos emitió un Mensaje Especial sobre inmigración. Fue la primera vez que la conferencia lo hizo en más de 10 años. ¿Por qué era importante que se emitiera ese pronunciamiento?
R.
En el centro de esa cuestión estaba la falta de respeto a la dignidad
humana, y por eso hubo unanimidad por parte de los obispos. Siempre
hemos hablado con mucha firmeza sobre ese tema, ya sea el niño en el
vientre materno, la persona en el corredor de la muerte o el inmigrante.
Por ejemplo, la Conferencia Episcopal también emitió un comunicado
cuando hubo un recorte de la ayuda exterior, y nuevamente fue por la
vulneración de la dignidad humana.
P. Chicago fue una de las ciudades atacadas recientemente por Trump. Miles de agentes federales descendieron sobre la ciudad para llevar a cabo redadas migratorias. Sabemos que estas operaciones han afectado a parroquias en todo el país.
R.
La gente tiene miedo de salir. Esto siembra el terror en una ciudad en
la que no solo los inmigrantes, sino la población en general, siente que
está siendo aterrorizada por la forma en que se están llevando a cabo
estas redadas. Algunos de nuestros sacerdotes han sido detenidos por
estos agentes de inmigración debido al color de su piel y se les ha
exigido que muestren su ciudadanía y sus documentos. Esto es realmente
inaudito. Ese tipo de tácticas está alimentando la indignación de la gente, no solo por los asesinatos que tuvimos en Minneapolis, sino también por lo que estamos viviendo aquí.
P.
En Minneapolis, varios miembros del clero fueron arrestados por
protestar contra el ICE (Servicio de Inmigración) y las políticas de
Trump. ¿Cuál cree que es el papel de la Iglesia en este momento?
R.
Ofrecer atención pastoral a las personas marginadas y vulnerables.
Tenemos que seguir haciendo de eso una prioridad. También debemos alzar
la voz y abogar de manera no violenta. Mi principal preocupación no es
criticar a una persona en particular dentro de la administración, sino
que la gente necesita involucrarse como ciudadanía para que haya
avances. Tenemos que ayudarles a comprender lo que está en juego.
P.
Usted ha hablado antes del sistema migratorio “roto” de Estados Unidos y
de la importancia de atribuirle la responsabilidad al Congreso. ¿Qué
cambios le gustaría ver ahora que los legisladores negocian nuevas reformas?
R.
La gran pregunta es cómo vamos a permitir, de manera ordenada, que la
gente entre a este país, pero también cómo darles una visa de trabajo,
como se hace en muchas partes de Europa, donde hay una frontera porosa
que permite a las personas ir y venir y atender las necesidades de sus
familias. Justo esta semana, un juez anuló la orden de la secretaria de
Seguridad Nacional, [Kristi] Noem, con respecto al Estatus de Protección Temporal (TPS) de los haitianos.
Se trata de personas trabajadoras: por ejemplo, el 20% de quienes
trabajan en centros de salud y residencias de ancianos en Florida son
haitianos. Necesitamos esa fuerza laboral.
P.
Usted es cercano al papa León, que nació en Chicago. ¿Cuál es su opinión
sobre sus primeros ocho meses como pontífice? Algunos dicen que ha
avanzado lentamente.
R. Yo diría que arrancó con
fuerza desde el primer día. Dejó claro que iba a gobernar de una manera
colaborativa. No le teme a tomar decisiones difíciles y elige con mucho
cuidado lo que dice. Este año va a demostrar lo que vale y se convertirá
en una figura de peso a nivel mundial.
R.
Es una cuestión de precisión. Quiere usar las palabras de una manera
que realmente haga avanzar el debate en la sociedad. Sé que, por
ejemplo, hubo personas en el Gobierno a las que les molestó cuando
utilizó la palabra “inhumano” para referirse a la forma en que se estaba
aplicando la política migratoria aquí. Así que no tiene miedo de llamar
a las cosas por su nombre, pero no lo personaliza. Porque, a largo
plazo, considera que el tema es más importante que criticar a una
persona en particular."